30.3.23

PAT METHENY:
"Secret Story"

A Pat Metheny no se le puede encasillar porque es un género en sí mismo. Todos le conocen, todos le admiran, sean o no oyentes de jazz. Este guitarrista nacido en Misuri en 1954 coincidió con el teclista Lyle Mays en un festival en Wichita a mediados de los 70 y sus caminos fueron de la mano, transitando por el sendero de ese jazz acústico y eléctrico que habían marcado Weather Report, aunque con unas ideas particulares y un sonido fresco y luminoso. Desde sus comienzos, el conocido como Pat Metheny Group fue una familia, Lyle (que estuvo en el grupo hasta su muerte en 2020), Steve Rodby, Dan Gottlieb, Paul Wertico, Mark Egan, Naná Vasconcelos..., y este necesario líder carismático de profunda melena, cuya guitarra ha sido factor destacado en el jazz fusión durante décadas, un sonido de ensueño que ha atraído a su mundo a público de muchas otras categorías e intereses. Una vez allí, difícil despegarse de los sentimientos que con su rebosante sonoridad provoca Metheny, tanto en grupo ("Pat Metheny Group", "American Garage" -en los 70-, "Still Life (Talking)", "Letter from Home" -en los 80-, "Imaginary Day" -en los 90-, y el camino continúa hasta la actualidad) como con su nombre en solitario, donde apabulla una grabación en la que Pat supo acoplar eficazmente a su sonido influencias de otros mundos musicales: "Secret Story".

"Secret Story" es una joya que surge del amor de Metheny por la brasileña Shuzy Nascimento, y de una larga y cansada gira de "Letter from Home" (Geffen, 1989), tras la que necesitaron un pequeño parón (a excepción de la grabación de "Question and Answer"). Durante ese descanso, confesó, surgieron los ambientes, las historias que habitan en "Secret Story", álbum que fue publicado por Geffen Records en 1992. Decía Metheny que no concibe el jazz como un idioma (que suele estar asociado a la improvisación), sino como un proceso, una manera de encontrar su verdad a través del sonido, de la música, o más bien, lo que está oculto bajo su envoltura. En "Secret Story" hay muchos descubrimientos: "Above the Treetops" es una muy efectiva introducción con voces infantiles de carácter global (se trata de su versión de una canción espiritual camboyana), acompañadas -acunadas prácticamente- por las notas de la guitarra. Pero es "Facing West" el primer impacto con el sonido esperado en Metheny, un todo pegadizo de asombrosa perfección haciendo asequible y melódico el jazz, que nos lleva muy lejos en sus seis minutos de duración, tal vez montados en un tren, por su cierto parecido a aquel inolvidable "Last Train Home" del trabajo "Still Life (Talking)" de 1987, época de la que es el germen de este tema. En un comienzo de álbum asombroso, "Cathedral in a Suitcase" es una nueva lección de cómo hacer fácil de escuchar ese jazz electrificado que Metheny llevaba desarrollando con su grupo desde mediados de los 70. Hay una enorme cercanía y facilidad en esta pieza que no le resta absolutamente nada de mérito, de hecho la instrumentación es ciertamente completa gracias a la ayuda de The London Orchestra. Si bien posiblemente hayamos escuchado los dos cortes estrella del álbum, nos queda mucho por admirar: un atrevido cruce de estilos es "Finding and Believing", experimentando en su primer tramo con formas minimalistas -recordando tal vez su colaboración con Steve Reich ("Electric Counterpoint")-, continuando con un interludio orquestal, para acabar con voces que nos pueden acercar a la world music, y con su mítica guitarra. Es arriesgado, pero el resultado puede calificarse de grandioso. El piano se abre sencillo y romántico en "The Longest Summer", conduciéndonos hacia un solo de guitarra sintetizada marca de la casa. Otra delicia, que tuvo su propio videoclip para promocionar a Metheny en los momentos de auge de la new age. Algo en "Sunlight" nos conduce con alegría desbordada a otras décadas y al easy-listening con el que encantaba Burt Bacharach, al que Pat dijo que quería recordar en esta pieza ligera en la que está presente Lyle Mays a los teclados. Cualquier tema del disco se deja escuchar sin necesidad de que parezca que estemos asistiendo a una sesión de jazz, sino que la mezcolanza abre la mente hacia algo especial, abierto y desenfadado, como una "Rain River" con inclusión del sitar eléctrico, hilo conductor ambiental del tema junto a la percusión, dos motivos sobre los que Metheny sólo tiene que jugar, distraerse. Y tras esta parte media amena, de nuevo tocamos la excelencia con una emotiva "Always and Forever" (dedicada por Pat a sus padres) que cuenta con el contrabajo de Charlie Haden, pieza que da paso al tramo final del álbum, donde Pat se divierte con las cuerdas en "See the World", se adivina porteño en la excepcional "Antonia", juega con el ambiente en "The Truth Will Always Be" y se abre a la magnitud orquestal en los acertados cortes finales ("Tell Her You Saw Me", "Not to Be Forgotten (Our Final Hour)". En un trabajo donde Metheny es el autor de todas las composiciones, sólo comparte autoría en una de ellas, "As a Flower Blossoms (I Am Running to You)", con la pianista y cantante japonesa Akiko Yano. En la reedición publicada en 2007 se incluyeron cinco cortes nuevos. Pat firma con su nombre "Secret Story" porque desde el principio era un proyecto en solitario, con él mismo interpretando todos los instrumentos, aunque esa idea fue creciendo inesperadamente: "Por muchas razones se fueron uniendo más y más músicos, y el asunto cambió tanto que, al final, no es difícil caer en la cuenta de que todo se reduce a cómo conseguir la intensidad de lo que hacemos en directo en un disco, y no al revés, como suele ser habitual". Hablaba Pat así mientras estaba inmerso en la gira del álbum, de la que destacaba un sonido potente que iba a llenar todo el graderío, con el consiguiente y perpetuo entusiasmo del público. Un público que aceptó el disco como una de sus grandes obras, con la que logró un nuevo premio Grammy al mejor álbum de jazz contemporáneo. Ayudando a la guitarra, bajo y teclados de Metheny (que también produce el álbum), nombres tan conocidos en su trayectoria como Charlie Haden, Lyle Mays, Steve Rodby, Paul Wertico, Dan Gottlieb, Nana Vasconcelos, Armando Marçal, Mark Ledford, Mike Metheny, Gil Goldstein, y un buen número de músicos de estudio, además de la London Orchestra.

"Este disco rompe con mi anterior línea de álbumes de grupo (...) simplemente decidí en un momento determinado no seguir haciendo las mismas cosas y abrirme, introducirme más en profundidad en el sonido y en el concepto intimista que he estado diseñando desde 'As Falls Wuchita, so Falls Wichita Falls' o 'New Chatauqua', emplear unos años y explorar de verdad esas posibilidades. Este es el paso más reciente en esa búsqueda. Lo que distingue a este disco del resto es que hay más resonancia y profundidad, tanto musical como espiritualmente". Pat Metheny empezó a tocar la guitarra a los 13 años, pero a los 20 ya era profesor en la universidad. Él es por méritos un icono del jazz fusión, una figura imprescindible durante su estancia en el mítico sello alemán ECM y con posterioridad en otras grandes compañías como Geffen, Warner o Nonesuch. Su secreto es posiblemente su falta de secretos, sencillamente su trabajo con lo que le gusta, sin pensar en si agradará o no al público: "Si intentas adivinar lo que le gustará a la gente, te vas a equivocar siempre. Tienes que hacer aquello que debes hacer". Así es como Pat Metheny ha alcanzado el elevado estatus en el que se encuentra desde hace décadas: "En estos discos hay una prueba del valor potencial del concepto de jazz-rock, mezclando sonidos de instrumentos eléctricos con acústicos, buscando la fusión de distintas culturas, esforzándonos por ser mejores cada vez. Si puedes escuchar estos álbumes y decir que no ocurre nada musicalmente hablando, entonces es que no vivimos en el mismo universo". Estemos en su onda musical o no, bravo por sus ideas.










15.3.23

DAVID LANZ:
"Return to the Heart"

Aclamado, admirado, apuesto, premiado, superventas en las listas de música new age. Ese era David Lanz en los 80 y gran parte de los 90. Aunque pianistas siempre ha habido y habrá, su estilo sólo parecía tener una importante competencia en la compañía rival por parte de George Winston. Ese era el nivel, ni más ni menos. Pero este artista estrella de Narada Productions no quería estancarse en su sonido melódico puro. Primero se hizo acompañar de otros intérpretes de su propio sello (Eric Tingstad y Nancy Rumbel en el disco "Woodlands"), después por una gran orquesta (en "Skyline Firedance"). También diversificó su propuesta hacia algo más elaborado y con toques ambientales junto a su amigo, el guitarrista Paul Speer (en los álbumes "Natural States", "Desert Vision" y "Bridge of Dreams"). Su siguiente paso, salir de gira lejos de Norteamérica, una gira que se tradujo en el excepcional álbum "Skyline Firedance", antes mencionado. Poco después llegaba a España para presentar su siguiente álbum, "Return to the Heart", publicado en 1991 por Narada como la quinta referencia en su colección Narada Artist Series, que el propio Lanz había inaugurado el año anterior con "Skyline Firedance".

El carisma y las composiciones adictivas de este norteamericano, superaron las ventas en su propia compañía del canadiense Michael Jones, otro pianista de excepción, y es que Lanz dio de lleno en el corazón de la audiencia con su música melódica, tan directa que casi podía parecer que cada trabajo, cada composición, cada nota, fueran creaciones privadas para el oyente. En 1991 necesitó 'regresar al corazón' de su instrumento puro y de los fieles consumidores de su arte, así que pensando en ellos desplegó su poesía en blanco y negro en este "Return to the Heart", un disco que es a la vez un directo y un recopilatorio, pero con un puñado de nuevos temas. Interesado por la historia y las culturas del otro lado del Atlántico, Lanz viajó por Europa durante el verano de 1991 para buscar inspiraciones lejanas a las que le envolvían en Norteamérica. Así surgió la semilla de este trabajo: "Quería absorber toda Europa que pudiera y permitir que esas impresiones dieran forma a la música. A los ojos del artista, es una tierra de tesoros infinitos. En teatros, iglesias, universidades y palacios de Holanda, Alemania, Italia y España, el pianista grabó los 17 cortes que componen "Return to the Heart", algunos de sus éxitos con otros tratamientos, varios temas nuevos y siete improvisaciones, dejándose llevar por su belleza, tan distinta a la de Seattle. Amsterdam es la primera parada del viaje europeo del músico, una ciudad que, en la calma de sus canales, guarda secretos y una mezcla de razas y credos. Allí grabó los cinco primeros temas del álbum, en la Koepelkerk (iglesia luterana del siglo XVII, ahora centro cultural). "Return to the Heart" es ese tema pegadizo que tiene que servir como incentivo al comprador de este tipo de música. Lanz es un hábil compositor de melodías directas, exultantes, y esta que titula a la obra se ha convertido sin duda en una de sus composiciones clásicas, en un ritmo lento, lluvioso, romántico. Su inspiración, el reencuentro de Pamela, la hija adoptada por la esposa de David, con su madre biológica a sus más de 20 años de edad. "Improvisation: Near the Still Waters of Amsterdam" es la primera improvisación del trabajo, la recreación de un paseo por la ciudad al atardecer, donde Lanz demuestra su capacidad para dejar que sus manos vuelen sobre las teclas y se adueñen del entorno. "Madre de la Tierra" (así, en español) es otro tema bonito, melodioso, que fluye con una elegancia insólita; publicado por vez primera de manera orquestal un año antes en la compilación de Narada "The Narada Wilderness Collection", Lanz nos cuenta que "se escribió originalmente para conmemorar el 20 aniversario del Día de la Tierra, debería recordarnos que vivimos en un planeta hermoso y que debemos brindarle a la Madre Naturaleza todo el amor, el cuidado y el respeto que se merece". "Improvisation: Sounds from the Koepel" es otra bella improvisación ("mientras tocaba, la música parecía ascender en espiral hacia el centro de la cúpula"), de esas cortas delicias que, aunque puedan parecer meros temas puente, demuestran el estado de forma del autor, y recogen las impresiones de los lugares en los que graba. Acabando su estancia en Holanda, Lanz añade a "Heartsounds" una entradilla de lo más efectivo, aunque lo que más emociona es escuchar lo que grabó en 1983 en su primer álbum. Madrid es la siguiente parada, ciudad que acoge tres composiciones, y de la que se destaca el sol, la luz y el calor, que moldean con fuerza la vida de esta urbe "de ojos brillantes, sonrisas cálidas y una bienvenida espontánea cuando se acercan a extraños como yo. Para devolver la hospitalidad sureña de estas personas vibrantes, descubrí que los norteños tenemos que deshacernos de las sombras internas, abrirnos y ser como son estas personas, ser uno con el sol". "Improvisation: Mañana, mi amor" es una improvisación con ñ en el caluroso Palacio de Gaviria (edificio del siglo XIX que actualmente acoge eventos y exposiciones), a la que sigue "Corre, río, corre (Run, River, Run)", otra gran pieza, plena de técnica y sentimiento. La estancia española culmina con "Medley: Behind the Waterfall / Desert Rain", un rescate afortunado de dos de las melodías más reconocibles del duo Lanz / Speer en los álbumes "Natural States" y Desert Vision". Paul Speer es, de hecho, el productor de este álbum. El viaje continúa en Múnich, la ciudad del sur de Alemania cuyo monumento Friedensengel (Ángel de la Paz) resistió los ataques aéreos de la Segunda Guerra Mundial: "Se puso de pie para recordarnos a todos algo que alguna vez se supo pero se olvidó en medio del fragor de la guerra: que el apocalipsis pasaría y que habría un mañana. Llegó el mañana, y con él una ciudad renacida. Piedra a piedra, madera sobre madera". Seis son las piezas grabadas en el aula magna de la Universidad Ludwig-Maximilians: "Improvisation: Friedensengel (Angel of Peace)" es una improvisación muy sencilla pero que, afirma Lanz, guarda la esperanza de que el espíritu de la paz pueda estar en el centro de todo lo que hacemos. Original de la banda británica de rock Procol Harum, "A Whiter Shade of Pale" es una recordadísima canción, que David Lanz ya había grabado en su álbum "Cristofori's Dream"; la adaptación es soberbia, es sorprendente cómo se presta esta pieza, de composición impoluta, a ser desarrollada en el piano. Otras dos improvisaciones fueron grabadas en Múnich ("Improvisation: Heart of the Night" y "Improvisation: Out of the Darkness"), así como la pieza nueva "Dream of the Forgotten Child" (acongoja el latido de este tema sereno pero profundo, en el que David piensa, ¿cómo se debe sentir un niño sin hogar en Navidad?; parte de los beneficios de este disco se destinaron a causas humanitarias) y "Cristofori's Dream", posiblemente la gran composición de David, majestuosa, con el desarrollo perfecto, cuya escucha no cansa ni cansará. El viaje culmina en el norte de Italia, en la ciudad de Carpi, en cuyo Teatro Comunale se grabaron la fantasiosa "Improvisation: Gli uccelli di Carpi (The Birds of Carpi)", el otro enorme clásico, imprescindible, del disco ("Variations on a Theme from Pachelbel's Canon in D Major", ese conocidísimo tema que también versionó George Winston en "December", pocos años antes de que lo hiciera Lanz para su disco junto a Michael Jones "Winter Solstice") y un guiño final al tema principal ("Reprise: Return to the Heart"). 

David Lanz ya pasaba en esta época de los 40 años, y es que el éxito no le llegó joven. Es innegable que su notoriedad es totalmente merecida, pero también que en un determinado momento de los años 90 hubo un florecimiento de nuevos pianistas, especialmente desde la misma Europa que se convirtió en plató de "Return to the Heart", que acapararon nueva parte del mercado con propuestas frescas y dinámicas (Yann Tiersen, Ludovico Einaudi, Dustin O'Halloran o Wim Mertens son sólo unos pocos ejemplos), aparte de los que ya estaban ofreciendo sus píldoras desde años atrás (Michael Jones, John Boswell, Peter Kater, Philip Aaberg, Michael Gettel...). En ese concurrido panorama, Lanz no dejó de ofrecer su música a un público fiel, y lo sigue haciendo en la actualidad, porque sus manos continúan acariciando las teclas del piano con la enorme clase que le acompañaba, tres décadas antes o incluso más, en aquellos recordados "Heartsounds", "Nightfall" o "Cristofori's Dream", así como en esta excelente selección de piezas titulada "Return to the Heart", un cuaderno de viajes majestuoso por la vieja Europa, cuyo arte centenario fascinó al músico.














25.2.23

ENNIO MORRICONE & DULCE PONTES:
"Focus"

Cuando la calidad es claramente inherente a una vocalista, tarde o temprano han de llegar los frutos de su trabajo. La portuguesa Dulce Pontes, antes de alcanzar la fama mundial, fue cantante en el casino de Estoril, participó en el festival de Eurovisión y publicó un trabajo poco cuidado como fue "Lusitana". Tuvo que llegar el productor Guillerme Inês para que la diva alcanzara un punto álgido en su discografía en 1993 con el disco "Lágrimas". Tras su gran éxito, apareció en la vida de Dulce el grandísimo compositor Ennio Morricone. No hay nada que contar que no se sepa ya del creador de cientos de bandas sonoras inolvidables, como 'La misión', 'Érase una vez en América', 'El bueno, el feo y el malo', 'Los Intocables de Eliot Ness' o 'Cinema Paradiso'. El italiano hizo la música de la película de Roberto Faenza (basado en la novela de Antonio Tabucchi) 'Sostiene Pereira' en 1995, en cuyo metraje se incluyó la canción "A brisa do coraçao", primera y fantástica relación entre estos dos artistas tan dispares. Ennio emplazó a Dulce a colaborar juntos en el futuro, y la fecha llegó ocho años después, tras otros encuentros puntuales en los conciertos de un Morricone que parecía haber conectado con la fulgurante voz de la portuguesa.

Aparte de la voz sin palabras específicas que especialmente Edda Dell'Orso deslizó en sus bandas sonoras, no era Dulce Pontes la primera diva de la canción que cruzaba su camino con el compositor, que en los 60 había compuesto algunas canciones para las voces de Mina, Rita Pavone, Lisa Gastoni o Joan Baez (imprescindible, ya a comienzos de los 70, esa "Here's to You" incluida en la película 'Sacco y Vanzetti'). También la francesa Mireille Mathieu había publicado en 1974 el curioso trabajo "Mireille Mathieu canta Ennio Morricone", interpretando temas del italiano. Ya corría el siglo XXI y Dulce Pontes había desgranado sus habilidades vocales desde aquel fabuloso "Lágrimas", por medio de trabajos aclamados como "Caminhos" o "O primeiro canto", momento en el que llegó un pequeño descanso que la portuguesa rompió con "Focus". Ella lo cuenta así: "Cuando hicimos 'A brisa do coração', [Ennio] me dio un DAT con grabaciones de Mireille Mathieu cantando temas suyos, y me dijo que le gustaría grabarlos algún día conmigo en inglés, pero que debíamos esperar a que yo cumpliera 30 años. Y ya tengo 34". Efectivamente, era el momento adecuado, aunque ambos tuvieron que superar dos trabas, el embarazo y posterior alumbramiento de la cantante, y que su compañía tuviera otros proyectos para ella. Al final, Universal publicó "Focus" en 2003. El repertorio de este trabajo en el que Dulce interpreta en italiano, portugués, inglés y español, fue muy cuidado y difícil de escoger, dada la cantidad de conocidas obras maestras del compositor, pero acabó siendo variado y totalmente satisfactorio para ambos artistas y para la compañía, que acabó por imponer únicamente el tema "Chi mai". Toda la música de este álbum producido por Francesco de Melis está compuesta, orquestada y dirigida por Ennio Morricone, que efectuó cambios en los títulos y letras que no tenían que ver con las temáticas de los films en cuestión. Dulce participó en las letras de "Renascer", "Nosso mar" y "Voo". Además, hay cinco temas nuevos de enorme calidad, "Amalia por amor" (homenaje a Amalia Rodríguez), "Antica palabra", "Voo", "I girasoli" y "Luz prodigiosa" (con textos de Federico García Lorca). "Cinema Paradiso (Tema de amor de Cinema Paradiso)" es un gran comienzo, una hermosísima canción que fue sencillo del disco, en la que se empieza a notar la enorme complicidad entre los dos artistas, entre la voz y una completa orquesta. 'La misión' es una de esas bandas sonoras inolvidables en la carrera de Ennio, y "A Rose Among Thorns (The Mission)" era una apuesta segura en el disco, una maravilla reconocible por todos no sólo gracias a la película sino a otras versiones anteriores (con el título "Nella fantasia") en las gargantas de Sarah Brightman, Il Divo o Katherine Jenkins; Dulce hace un esfuerzo para acercar su versátil voz a la categoría de soprano. "Renascer (Moses)" es la otra gran canción de la terna que abre el álbum, y uno de los mejores temas del mismo, intenso, lleno de matices, con unos grandes metales mientras Dulce tararea a mitad de la pieza. Pero "Focus" continúa por caminos de enorme recuerdo ("No ano que vem (Come Maddalena)", "Nosso mar (Metti una sera a cena)", "Antica palavbra", "La luz prodigiosa (Luz progidiosa)"), entre los que también hay que destacar, en este tramo medio, las más conocidas -por pertenecer a películas más populares- "Your Love (Once Upon a Time in the West)" o "The Ballad of Sacco and Vanzetti (Sacco e Vanzetti)" -con una interpretación sobrecogedora de la Pontes, dedicada a su amigo Carlos Cruz-, y uno de los temas nuevos pensados para ella, "Amália por amor", presa de la enorme sensibilidad de un compositor que no perdía facultades a los casi 75 años. En la parte final del álbum, nuevas delicias orquestales en "Someone you Once Knew (Per le antiche scale)", "Voo" o "I Girasoli", con las piezas destacadas "House of No Regrets (Chi mai)" -uno de los temas más populares y más evocadores del italiano, utilizado en varias películas, series y anuncios televisivos- y ese enorme final titulado "Barco abandonado (Per le antiche scale)". Dulce Pontes hablaba así de su voz en esa época: "Soy multitímbrica, y eso me permite interpretar de formas diferentes, cosas completamente distintas. Eso también me da la posibilidad de reinventar cada vez que interpreto (...) Tengo una necesidad de exprimir todas mis posibilidades como artista, ¿por qué no desarrollar mi instrumento?".

La unión de una voz tan hermosa con los arreglos orquestales de un compositor de ese calibre sólo puede ser una experiencia extasiante. Lo es, por supuesto, y el oyente asiste gozoso a un panorama musical que se encuentra en la frontera de la canción melódica, del folclore y del sinfonismo, un disco elegante desde la portada, dos personajes fabulosos que acercan sus manos en la penumbra, pero en un gesto caballeresco de pura admiración. Entre las dedicatorias de la cantante, "al gran maestro Ennio Morricone, por la oportunidad de cantar su maravillosa música y compartir generosamente su ser sabio y amable (...) A mi amor y compañero de caminos Helder Nelson por su constante apoyo y profesionalismo sin igual (...) A mi querido hijo José Gabriel por transformar mi vida en una existencia mucho más completa, profunda y verdadera: te amo infinitamente". El cuadernillo del disco incluye un texto original de Paulo Coelho, un escritor destacado por Dulce (especialmente su obra 'El alquimista'), que concluye su aportación así de tajante: "Este disco tiene el misterio de las cosas no anunciadas, y nos hace querer compartirlo no solo con la persona que amamos, sino con todo el universo silencioso e intenso que nos rodea".

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9.2.23

JEAN-MICHEL JARRE:
""Electronica 1: The Time Machine"

Después de padecer los últimos pasos del otrora gigante músico francés Jean-Michel Jarre (definitivamente con guion entre Jean y Michel, aunque en muchos de sus discos nunca lo portara), pocas alegrías se esperaban sus muchos seguidores en la segunda década del siglo XXI. Desde el final del XX, con un perfectamente audible (aunque desde luego no genial como sus obras de antaño) "Metamorphoses", sólo se habían sucedido zancadillas de las que, eso sí, Jean-Michel conseguía levantarse siempre con moral inquebrantable. Y es que hay músicos que no saben o no quieren ver cuándo han llegado a un límite creativo, a una especie de punto sin retorno en el que necesitan encontrar nuevas vías de expresión o retomar viejas inspiraciones. Tal vez ambas cosas. Jarre, otrora ídolo de masas y creador de hits electrónicos sin igual, llevaba unos años sin encontrar ese rumbo idóneo. Incluso renegó oficialmente de algunos de sus discos, desde productos inventados y mezclados en pocas horas por puro compromiso (con "Geometry of Love" acabó contrato por las malas con Disques Dreyfus) como de obras que prometían cosas que no cumplieron e incluso acarreaban sonidos preexistentes en algunos teclados de última generación ("Teo & Tea", su primer disco con Warner). Pero como muerto renacido, la pasión por la electrónica retornó al alma de un Jarre que estaba más cerca de los 70 que de los 60 años, edad que no le impidió contactar con músicos mucho más jóvenes que le ayudaron a sacar adelante un nuevo y ambicioso proyecto que realmente llevaba en su cabeza desde hacía tiempo.

De ahí la tímida esperanza cuando se comenzaron a anunciar unos nuevos pasos de extraordinario interés, que acercarían la música del francés a la de otros nombres propios de excepción en el panorama electrónico mundial, el mismo panorama en el que el de Lyon siempre había sido, con toda razón, admirado. Es cierto que el mundo de la música había cambiado enormemente con el paso de las décadas, pero trabajos como "Oxygène", "Equinoxe", "Zoolook" o el más cercano "Chronologie", no habían perdido ni un ápice de su grandiosidad. Ni lo harán. Durante la ausencia de ocho años de discos de estudio, el músico, cuya vida privada iba en consonancia con su rumbo artístico, no cesó sin embargo de acumular ofertas para ofrecer espectáculos en vivo, y a raíz de su regrabación del glorioso "Oxygène", acumuló varios tours de conciertos de pago que colgaban fácilmente el cartel de no hay billetes. Con la actividad constante, Jean-Michel pareció recobrar la chispa adecuada, y su inspiración obtuvo esas numerosas y aplaudidas ayudas de varias generaciones de músicos, en un proyecto muy especial que iba a volver a otorgarle la popularidad desvanecida. Además, iba a tener contacto directo con ellos, no sólo a través de internet. Columbia Records, subsidiaria de Sony Music, publicó "Electronica 1: The Time Machine" en 2015, con una portada en la que nos recibía un refrescante primer plano del protagonista; y efectivamente se trataba de un divertido viaje en una máquina del tiempo con este listado de temas: el DJ alemán Boys Noize inaugura el álbum en "The Time Machine", un comienzo discreto que no anticipa el aluvión de interesante tecno y pop electrónico que se viene encima a partir del segundo corte, "Glory", sugerente canción con el sello del emergente grupo francés M83, y sencillo principal del álbum. Bien construida, en un suave tono retro deudor de esos colaboradores de lujo que son la banda francesa Air, es "Close Your Eyes", que en un intento de fusión de sus visiones impresionistas (así denomina Jarre al estilo francés) incluyen instrumentos de décadas pasadas como el Moog, el Theremin o el Fairlight, hasta llegar a la tecnología actual, y no se olvidan de las voces distorsionadas por el vocoder. Comienza aquí un acertado viaje a la pista de baile en los dos cortes "Automatic (Part 1)" y "Automatic (Part 2)", separados sin razón aparente, compuestos a dúo con Vince Clarke (Depeche Mode, Erasure, Yazoo), un recuerdo a las melodías del Jarre de años atrás. "If..!" (que fue quinto sencillo) es una nueva canción elegante y pegadiza, que acerca a Jean Michel a nuevos públicos, más jóvenes que sus seguidores de siempre, junto a la cantante británica Little Boots. En su combinación de ritmo y ambiente misterioso, "Immortals" posee un gran encanto electrónico, a dúo con la banda inglesa Fuck Buttons, disuelta en el momento de publicar este álbum. Un toque transcendental pero igual de atrayente posee la siguiente canción, "Suns Have Gone", no en vano la voz y el estilo del tema son de otro nombre de excepción, el de Moby, que no podía faltar a esta cita. Un ritmo aceptable, sin letra, es el del que fuera primer adelanto del disco (aunque el sencillo principal acabó siendo "Glory"), "Conquistador", junto al DJ francés Gesaffelstein, mientras que "Travelator (Part 2)" es más roquera, con la participación del músico británico, conocido por su presencia en la banda The Who, Pete Townshend. La calma retorna con la atmósfera lisérgica de "Zero Gravity", sobre la que emerge el secuenciador como en los tiempos en que Tangerine Dream, los colaboradores en este gran corte, que fue el cuarto sencillo del disco, eran grandes magnates de este tipo de ambientes cósmicos; lo que hace aún más especial a este tema es que el líder de la banda alemana, el gran Edgar Froese, falleció al poco de su grabación. A las mismas galaxias en las que reposa el alma de Froese, parecen ir dirigidas las ondas protagonistas de "Rely on Me", con el recitado de una antigua colaboradora de Jarre ("Zoolook", "Metamorphoses"), la excepcional y también veterana multiartista norteamericana Laurie Anderson. "Stardust" es un nuevo corte tecno que hace despegar los pies del suelo, no en vano es la colaboración con el conocido DJ holandés Armin van Buuren, fan reconocido de Jarre. La protagonizada por 3D (Robert del Naja, de la veterana banda Massive Attack), "Watching You", es posiblemente la pieza más extraña del trabajo, pero eso no le hace ser sobrante en el mismo y convertirse de hecho en su tercer sencillo. "A Question of Blood" es una melodía misteriosa y de película; efectivamente, su coautor es un emblema en esas lides, el fantástico director de cine John Carpenter, creador de piezas de gran recuerdo para películas suyas como 'La noche de Halloween' o 'La niebla'. Por último, piano y sintetizadores hermanados en un final vanguardista junto al chino Lang Lang, "The Train & The River", que no desentona en el conjunto de un álbum que fue bien recibido por público y crítica, logrando muy buenos puestos en las listas de ventas, especialmente en las europeas.

A pesar de que en un principio la noticia aparentaba ser un desfile de nombres ayudando a un músico veterano, a un amigo en muchas de las ocasiones, "Electronica 1: The Time Machine" es más coherente y consistente de lo que podría haber resultado. De hecho, es un trabajo admirable, un golpe sobre la mesa de un Jarre que tenía mucho más que ofrecer de lo que sus últimos pasos advertían, y que a sus 66 años se sentía más joven que nunca para acometer no sólo uno, sino dos discos de colaboración con grandes nombres de la música electrónica. Efectivamente, "Electronica 2: The Heart of Noise" fue la continuación, menos de un año después y con parecido acierto (aunque posiblemente, y esto depende de cada uno, los temas más grandes vinieran contenidos en "The Time Machine"), del primer volumen. Los ayudantes del galo circulaban de nuevo por carreteras electrónicas de prestigio (Pet Shop Boys, Gary Numan, The Orb, Yello, Sébastien Tellier), pinchadiscos o productores de tecno (Jeff Mills, Siriusmo), grandes de la banda sonora (Hans Zimmer) o de la música francesa (Christophe), otras figuras más jóvenes (Rone, Julia Holter, Peaches), elementos destacados del rock (Primal Scream, Cyndi Lauper) o nombres de actualidad que nada tenían que ver con lo musical (Edward Snowden), con mayor presencia del propio Jarre como compositor e intérprete en solitario. "Electronica", en sus dos volúmenes, fue un proyecto mastodóntico de buen recuerdo en el que, lamentablemente, se echaron en falta nombres importantes de los de siempre (Mike Oldfield, Vangelis, Alan Parsons, Klaus Schulze, Michael Cretu...). A cambio, los que había estaban fuera de toda duda, por lo que solo podemos aplaudir la idea del músico de Lyon, que a partir de aquí recobró fama y renombre.

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25.1.23

JORGE GRUNDMAN:
"We Are the Forthcoming Past, Take Care of It"

Jorge Grundman porta un apellido extranjero, pero es español, nació en Madrid en 1961. Es ingeniero de telecomunicaciones y músico, de hecho lleva escribiendo música desde los 12 años, y sus composiciones alcanzan grandes niveles de excelencia. Su reconocimiento en el campo de la música contemporánea, en el que ha publicado varios trabajos, no quita que adore otro tipo de géneros más terrenales y populares, como el rock o el pop, campo en el que militó en bandas de la época de la movida madrileña como Farenheit 451 o Trópico de cáncer (en cuyo único elepé, "Detrás del espejo", estuvieron producidos por Julián Ruiz). Pero Jorge añade otra rareza a su lista de trabajos, es uno de esos artistas que no tiene reparos en afirmar que en algún momento de su carrera ha compuesto música englobada en la denominada como música new age. Claro, él puede decirlo sin pudor, porque su new age ha sido de gran calidad, lejos de lamentables ejemplos que pululaban por las compañías discográficas en los años 90, de esos que no van a desfilar por aquí. 

Es el propio Grundman el que contaba así su idilio con la new age en la emisora Radio 3: "En 1996 decidí compartir la música que estaba haciendo con la gente de alrededor, y la publiqué en el portal mp3.com. Así pude recaudar fondos, colaborar con Médicos sin Fronteras y Médicos Mundi, crear una discográfica y una fundación. Llevaba varios años recaudando unos 3.500 dólares para Médicos sin Fronteras, todos los beneficios eran para ellos, y a propuesta de ellos creé esa sociedad limitada para hacer discos, en la que invité a mucha gente, a David Caballero, Eduardo Laguillo, Joaquín Taboada... Eso me permitió también con el paso del tiempo, convertir esa discográfica en una fundación". Esa fundación, creada en 2004, se llamó Non Profit Music, y surgió como respuesta a la cada vez más escasa presencia de la música clásica en el mundo, y a la pérdida de sensibilidad hacia la acción social y humanitaria; sus intenciones, crear iniciativas que ayuden a solucionar estas deficiencias y promover la música contemporánea. Fue en 2004 cuando esa fundación que también era sello discográfico, Non Profit Music, publicó el disco firmado por Jorge Grundman "We Are the Forthcoming Past, Take Care of It", CD que a sus 52 minutos en formato de audio había que añadir una capa de música adicional en formato mp3. Una edición sólo con los 52 minutos iniciales fue publicada en los Estados Unidos por la compañía Only New Age Music. Son estas 13 pistas las que vamos a comentar aquí, comenzando por la pieza que da título a la obra, un maravilloso tema corto, muy emocional, que sorprende al oyente ocasional y que encierra un origen puramente pianístico: "Las obras para piano me las hacía para mí, para practicar en casa, pero el que denominé como "Estudio número 1" me ha dado muchas alegrías, la han tocado muchos pianistas en España y fuera de ella, y con el tiempo ha tenido muchas versiones con varios tratamientos". Ese estudio, elaborado con orquesta de cuerdas, es "We Are the Forthcoming Past, Take Care of It", una pieza que, exclusivamente para piano, fue grabada también por Eduardo Frías junto a otras obras para piano de Jorge Grundman. "Tying the Heart that Helps" (dedicada al Jefe de Misión en Daguestán para Médicos Sin Fronteras Arjan Erkel, secuestrado en Makhachkala en agosto de 2002 y liberado en abril de 2004 -Erkel aún seguía secuestrado cuando Jorge escribió y grabó este tema-) guarda una profundidad ligada tanto al polaco Henryk Górecki como al noruego Øystein Sevåg, mientras que en su final se atisban formas rítmicas que podríamos asociar a bandas sonoras de Hans Zimmer, como sucede en otras composiciones, como "Looking Through the Brooken Window", sobre las guerras y el perdón. Jorge es atrevido, su clasicismo no huye de aderezos modernos, no extiende demasiado las composiciones, aunque algunas podrían convertirse en pequeñas y hermosas suites, si se les aplicara un tratamiento más neoclásico. "The Sons of the Cold" está más cercana a la danza contemporánea que al mundo clásico, con un cierto componente infantil, ya que el autor la denomina como "una canción de cuna electrónica sobre la guerra contra la naturaleza y la manipulación genética del ser humano". Las formas melódicas new age se esbozan en la utilización del piano junto a los vientos, como en la esperanzadora "Tears at Bedtime", tanto que se podría pensar en algunos artistas de Narada, incluso a nombres de Windham Hill como el mencionado Sevåg (que es citado en los agradecimientos) en "Memory Holes", con el toque jazzístico del saxo, o también sin él, en "Teach Me to Whisper a Shout". "Denying the Evident" presenta un piano sencillo y danzarín, con el que parecen aflorar sentimientos interiores (concretamente los que sintió el compositor al ver el derrumbe de las torres gemelas: "Me repetí a mí mismo 'no puede ser posible, no puede ser posible'; estaba negando lo evidente"), mientras que "Nunca mais!" es especie de clímax visual muy peliculero, dedicado a la triste marea negra del Prestige en las costas gallegas. Muy acertado es "The Day After" ("esta pieza trata sobre la magia y la ilusión al adivinar y abrir los regalos de Navidad"), con un juego de teclados que se acerca a los movimientos de notas luminosas ambientales que proponía William Orbit en algunas de sus obras y producciones. En "You Weren't to Know" el piano introduce y conduce en definitiva otra pieza reflexiva e intensa que trata sobre la belleza de la solidaridad, y en "Where my Frieds Rest" voces sintéticas acercan este tema hacia una especie de oración que acaba arrastrándonos sin remedio hacia ese adagio final titulado sencillamente "Adagio for Viola, Oboe and Piano" ("este es mi himno a los sentimientos que el cielo y las nubes me inspiran en los días de tormenta"). A través de la fundación, Jorge Grundman tuvo la fortuna de conocer al gran violinista libanés​ (de ascendencia armenia y nacionalidad española) Ara Malikian, que decidió que la música tonal que él componía sí que tenía futuro, y le instó a escribirla para interpretarla él mismo al frente de la Non Profit Music Chamber Orchestra: "Él despegó definitivamente, pero me ayudó a contactar con mucha gente, a que perdiera el miedo a hablar de mi música, porque seguro que encontraría mi hueco". Álbumes como "No Seasons" o "Tears of Beauty", entre otros, son testimonios de ese encuentro entre Malikian y Grundman.

Una portada impactante presagia un contenido afortunado, pero en absoluto tormentoso. Más bien, sería como la calma del ojo de esa terrible tormenta. Con "We Are the Forthcoming Past, Take Care of It", Jorge Grundman dio muestras de su tremenda versatilidad y ofreció, plagado de nobles sentimientos y con una loable causa caritativa, un disco para reivindicar, como la obra en general del autor. Inmerso en la new age y en una suave ambientalidad, este trabajo encierra una escucha deliciosa en general, y especialmente ante algunas de sus epatantes melodías, en un campo que nunca ha sido tomado con la seriedad que, en muchos de los casos, se merecía. "Somos el pasado inminente, cuídalo -decía Jorge-, un título para reflexionar: el futuro no existe porque no ha ocurrido; el presente tampoco existe porque cuando te pones a hablar de él ya ha pasado; y el pasado es lo único que ha existido, pero no lo hemos cuidado, porque si pensáramos que cada segundo que perdemos se va a convertir en pasado y la gente se va a fijar en eso y podría significar mucho para las personas que nos rodean, intentaríamos hacerlo lo mejor posible, hacer el mundo un poco mejor, que lo que dejamos sea lo mejor de nosotros". Hermosas palabras, hermosa música.
















15.1.23

ROBERT SCHROEDER:
"Brain Voyager"

Alemania ha sido tradicionalmente la cuna de grandes grupos y artistas de música electrónica. Uno de los que merecería más reconocimiento del que posee actualmente es Robert Schroeder, creador de una serie de trabajos de calidad en los años 80, y que se mantiene prolífico en la actualidad bordeando la setentena. Nacido en Aquisgrán (al oeste de Alemania) en 1955, Schroeder se interesó desde muy joven por las aplicaciones electrónicas en el desarrollo musical. De hecho, acabó trabajando en el campo de la ingeniería electrónica, aprendiendo poco a poco a desarrollar aplicaciones con los mastodónticos equipos de la época, esos que sorprenden en las fotografías por su aparatosa mezcla de cables y botones. A finales de los 70, cuando la tecnología se hizo más portable, e influenciado por maestros de la talla de Kraftwerk, Pink Floyd, ELP o Klaus Schulze, se consideró preparado para comenzar su carrera musical, y el propio Schulze confió en él para publicar en su recién fundado sello, el recordado Innovative Communication.

El primer disco publicado en ese sello por Robert Schroeder en 1979 se tituló "Harmonic Ascendant", un álbum de buena aceptación, muy aconsejable, con el que comenzó a forjarse un nombre. Más éxito incluso tuvo con "Floating Music" (1980), y con "Mosaique" (1981), algo más experimental. "Galaxie Cygnus-A" (1982) se entrenó como un show multimedia en el festival austriaco Ars-Electronica. En "Paradise" (1983), su música adquiere nuevos desarrollos, o al menos es lo que él dijo sobre ese trabajo que finalizó su aventura en Innovative Communication, al menos en solitario, ya que su dúo Double Fantasy con C. Buechel (que aquí se hacía llamar Charly McLion, mientras que Robert era Dreamstar), publicó un par de discos en dicho sello a partir de entonces, "Universal Ave." (1986) y "Food for Fantasy" (1994). Su paso a Racket Records atrajo malas críticas en su primera referencia, una deriva hacia el pop electrónico pero experimental titulado "Computer Voice" (1984). Fue en este momento cuando llegó el disco clave de la carrera de Robert Schroeder, "Brain Voyager": grabado en julio y agosto de 1985 y publicado por Racket Records ese mismo año, se trata de la banda sonora de la película alemana con efecto 3D 'Glücksgedanken' ('Life's Abundance'), basada en la novela de ciencia-ficción de Ludwig Tieck 'Des Lebens Überfluss'. Es el primer CD mundial grabado con la tecnología de cabeza muda (o de cabeza artificial), desarrollada por el doctor Genuit, de la Universidad Técnica de Aquisgrán. Lo electrónico y lo clásico comulgan y navegan por estas nuevas autopistas tecnológicas, marcando uno de sus hitos como compositor y uno de sus éxitos en otros países, llegando hasta norteamérica. El muestrario de argumentos y capacidades de Schroeder se muestra agazapado con motivo del encargo efectuado, pero aparece de este modo un músico delicado que combina distintas facetas, algunas escondidas sin razón, como la romántica. De hecho, ese corte de principal titulado igualmente "Brain Voyager" es un comienzo de teclado melancólico, en la onda de películas románticas de la época con la ayuda de la guitarra acústica de tres intérpretes, Brigitte Sehle, Charly Buechel y Reiner Brücker. El trabajo es mucho más reflexivo que obras anteriores plenas de ritmo y efectos. Así, las melodías son por lo general introspectivas y edificantes, como en "Lost Humanity". "Frozen Breath of Life" es un nuevo ambiente cargado de magia electrónica conducido por unas teclas limpias sobre las que se despliega un manto de sintetizadores. En "Invisible Danger", la serena melodía es cortada abruptamente por efectos sonoros y una cargada atmósfera, como avisando de ese peligro invisible del título. El teclado del tema homónimo se vuelve más romántico con la inclusión de la voz de Monika Rath en "Glücksgedanken", que vuelve a contar con el aporte acústico de las guitarras. "Love Symphonie" es un nuevo ambiente terrenal muy asequible, sin riesgo, lo cual puede ser la única pega que se le puede hacer al disco, esa ausencia de elementos atrevidos. En "Slaves of Civilization", la nueva melodía semiclásica es rota por sonidos disruptivos logrando no sólo una cierta incomodidad sino todo el interés, aunque al final se suavice y se desarrolle; se echa de menos sin embargo un mayor metraje, una prolongación de ese ambiente. Por último, "The Inside of Feelings" es un final con mayor carga misteriosa que el inicio, aunque de nuevo se vea a un Schroeder contenido.

'Sin batería', se recalca en las notas interiores de este disco electrónico con detalles acústicos, que en el año 2009 fue reelaborado y publicado por el sello del propio Robert News-Music, según explica el músico en su web: "Sin remezclas, sin cambios en el contenido, sino una revisión de sonido puro de la versión original en CD con las posibilidades del software de computadora más nuevo. El resultado es un sonido potente y dinámico que también te permite redescubrir las sutilezas". Robert Schroeder-Trebor, que es como se hacía llamar este autor en el libreto del álbum, compuso, grabó y produjo esta celebrada banda sonora. La mezcla fue elaborada en una iglesia de la ciudad alemana de Stolberg (Rheinland) con una cabeza artificial. La premiere de la película y de paso la presentación del álbum se produjo en Düren en 1986. Unas cuantas décadas después de aquello, "Brain Voyager" sigue siendo una referencia válida y su sonido, aunque pueda parecer desfasado, no ha perdido interés y se mantiene como un importante recuerdo de la vieja escuela en la música electrónica.







28.12.22

MIKE OLDFIELD:
"Platinum"

¿Es un ángel?, ¿una deidad atlante tal vez?, ¿una estatua del Olimpo? Sus rasgos, inexistentes en un principio, cobran relieve mientras suena "Woodhenge", gracias a la luz divina que de repente la envuelve, atributos robóticos que sorprenden especialmente cuando con las notas de inicio de "Punkadiddle" abre los ojos y despliega sus alas de ángel, provocando una tormenta eléctrica de gran magnitud que le lleva lejos. Muy lejos, a años luz de aquí, transportado por una inimaginable tecnología, probablemente alienígena. Allí, en el otro confín de la galaxia, comienza una nueva existencia, una gota llena de vida que se reproduce y da lugar a "Platimum", el álbum más esotérico de Mike Oldfield y un renacimiento, tras esa terapia denominada Exégesis que cambió su personalidad, la del músico y la de la persona que responde al nombre de Michael Gordon Oldfield. Ian Emes fue el autor de esta animación arriba descrita que presentaba el álbum (se puede ver en su web), como lo fue de las que se podían disfrutar en el tour europeo de 1979 conocido como Exposed, inspirado en litografías del grabador holandés M. C. Escher. El talento de Emes, artista que había trabajado con gran éxito con Pink Floyd, se unió al de Oldfield, que en "Platinum" mostró otra cara, un gran cambio estilístico respecto a sus obras épicas de los años 70, desde "Tubular Bells" a "Incantations".

Aunque en 1973, dado el éxito y el tirón de la película 'El exorcista', se comercializara un single de "Tubular Bells" (y el disco entero) en los Estados Unidos, el primer intento serio de triunfar en Norteamérica por parte de Mike Oldfield y su compañía se dio seis años después, al final de la década. Oldfield, que conoció personalmente a personajes importantes del panorama musical neoyorquino como Peter Baumann o Philip Glass, se lanzó a grabar con músicos de sesión en la ciudad de los rascacielos un álbum distinto, como distinto había sido un sencillo interpretado en directo en su primera gira y publicado unos meses antes, el discotequero "Guilty", grabado también en Nueva York con la supervisión de Kurt Munkasci -el hombre que le presentó a Philip Glass-. Aunque fue rematado en Inglaterra, el concepto original de "Platinum" era  mucho más abierto, donde un jazz camuflado y la electrónica que permitían los sintetizadores de la época, se agolpaban entre sus compases, además de una batería más contundente que la usada hasta la fecha. El platino es un metal noble muy apreciado en joyería por su pureza y brillo, así que teniendo en cuenta la brillantez del Mike de los 70, el título "Platinum" es bastante acertado. En él, Oldfield iba a homenajear precisamente a Philip Glass (con una fantástica versión libre de su "North Star") y a otro neoyorquino ilustre como George Gershwin (del que adapta la canción "I Got Rhythm"). Publicado por Virgin Records en 1979 con la eficaz producción de Tom Newman y una bonita y artística portada de Trevor Key, "Platinum" presenta una cara A monumental, donde Oldfield divide en cuatro partes una animada suite, repleta de guitarras y metales, en la que desarrolla un trepidante comienzo ("Airborne"), seguido de una aguerrida melodía de las que dificilmente se te van de la cabeza ("Platinum"), se escucha acto seguido un animado "Charleston" (otra concesión a lo americano), para concluir con el desestructurado al modo Oldfield (y muy conseguido, haciéndolo realmente suyo) "North Star" del maestro Glass. Tras esta primera cara realmente genial, y aun portando grandisimos minutos de música, el segundo lado del plástico demuestra que Oldfield no era tan infalible como se podría pensar, especialmente en unos cortes vocales simpáticos y diferentes, pero no tan inspirados como sus excelsos instrumentales. Esta cara B se abre con la ambiental "Woodhenge" (fantástica pieza compuesta años atrás para el documental "Reflection") y contiene las mencionadas primeras canciones propiamente dichas aparecidas en un LP de Mike Oldfield ("Into the Wonderland" -que sustituye a la bisoña "Sally"- y "I Got Rhythm", ambas cantadas por una más que correcta Wendy Roberts), amén de una divertida protesta contra el punk llamada "Punkadiddle". La anécdota del álbum fue la exclusión tras las dos primeras ediciones del mismo, de la extravagante canción "Sally (I'm Just a Gorila)", que fue sustituida por la mencionada "Into the Wonderland".

Una versión con portada distinta del disco (obra una vez más de Ian Emes), que además incluía el éxito discotequero "Guilty" en vez del esotérico "Woodhenge", se publicó en Estados Unidos y Canadá con el título de "Airborn"; una edición especial portaba un segundo vinilo con "Tubular Bells" e "Incantations" en directo en el reciente tour europeo. Sin embargo, "Platinum" no consiguió triunfar al otro lado del charco, como no lo hará Oldfield en toda su trayectoria. Son las injusticias de la industria y de los gustos de todo un país. Pese a ello, y aunque no se llegue a considerar como una de sus obras mayores, "Platinum" es un trabajo eléctrico, resuelto y adictivo, una exquisita rareza en la discografía del músico británico, cuyo mayor problema deriva precisamente de ir cronológicamente detrás de sus casi insuperables cuatro primeros plásticos -"Tubular Bells", "Hergest Ridge", "Ommadawn" e "Incantations"-, sin la presencia de los cuales sería sin duda un clásico en su monumental carrera.

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12.12.22

KLAUS SCHULZE:
"Mirage"

La personalidad de Klaus Schulze siempre fue complicada, su relación con los periodistas tuvo momentos difíciles, al igual que con algunos de sus propios colegas, como con Edgar Froese en los meses que pasó en Tangerine Dream. Tampoco duró en Ash Ra Temple, y su dúo Timewind con Michael Hoenig fue efímero, en esta ocasión más por discrepancias musicales que personales. No es de extrañar que Klaus se instalara desde bien pronto de su carrera en una casa en el bosque, apartada de la urbe. Desde allí, aprovechó el desconcierto electrónico de la década para convertirse en un puntal de la conocida como Escuela de Berlín, y la filosofía new age acogió su propuesta (más que al revés, pues el músico nunca comulgó con los dictados de dicho movimiento) con los brazos abiertos, incluso con la carga tenebrosa de obras como "Irrlicht". En su concepción musical algo alucinógena en ocasiones, la consigna todo vale tenía, afortunadamente, ciertos momentos de lucidez, y de igual forma que un virus letal puede ser bello al microscopio, algunas disonancias pueden acabar complaciendo al oído. Así, "Timewind" o "Moondawn" fueron clarísimos triunfos del berlinés, que continuó su eficaz andadura con un trabajo aparentemente más placentero, "Mirage".

Publicado en 1977 por Brain en Alemania y por Island Records en Gran Bretaña, así como por otras numerosas compañías dependiendo del año o país, "Mirage" está dedicado al hermano mayor de Klaus, Hans-Dieter Schulze, que murió de cáncer ese año, lo que se acaba plasmando en una música lacrimosa, en la que proliferan ambientes irreales, pero no necesariamente sombríos. Dulcificado pero profundo, asomándose a un abismo de misterio entre el sueño y la realidad, se presenta "Velvet Voyage", el corte que ocupaba la primera cara del plástico. Como una luz fantasmal entre las sombras, tal vez el túnel de luz del que hablan los retornados de una ECM (Experiencia Cercana a la Muerte), se atisba una lánguida melodía en la lejanía, acercándose tintineante con un creciente sentimiento turbio y la presencia de un desasosegante sonido como de bajo. El tramo final de este largo viaje de terciopelo es luminoso, ayudado por una álgida secuencia de notas de sintetizador. La atmósfera tenebrosa, sin embargo, lo acaba engullendo todo de nuevo. Este "Velvet Voyage", a pesar de ser una suite de 28 minutos, se componía de seis títulos de difícil ubicación: "1984", "Aeronef", "Eclipse", "Exvasion", "Lucid Interspace" y "Destination Void". En la cara B se alzan los recordados 29 minutos de la cristalina "Crystal Lake", otra suite compuesta por seis cortes: "Xylotones", "Chromwave", "Willowdreams", "Liquid Mirrors", "Springdance" y "A Bientot". Es un Schulze en color, la sonoridad es excepcional, sus pequeños cambios de ritmo acertados. La cadencia de teclado, sencilla y repetitiva, sustituye a las robóticas secuencias de otros tiempos. Esta suite se completa con un nuevo ambiente planeador, mas tranquilo que el del primer acto, con un clímax final grandioso, muy cósmico, como una llamada a otras galaxias o planos de existencia. Posteriores reediciones incorporaban una tercera pieza, 20 soñadores minutos de título "In Cosa Crede chi non Crede?". "Mirage" huye de la estridencia de otras obras anteriores, tanto en la ambientalidad de su primera cara como por lo melodioso de la segunda, y se posiciona como uno de los trabajos favoritos del alemán entre sus seguidores menos experimentales y oscuros. Tal vez demasiado largos, en las duraciones de estos temas está sin embargo la esencia del viaje, de este minimalismo electrónico cósmico de variaciones lentas que puede llegar a hipnotizar. "El desarrollo simultáneo del sintetizador llegó en el momento justo para nosotros. La forma en que todo se unió fue perfecta: nueva tecnología, una nueva forma de pensar en la música, y un clima cultural que aceptaba la creación de música no comercial", dijo el malogrado Klaus Schulze, que a pesar de su no comercialidad, ha contado siempre con una legión de fans, como otros padres del movimiento y la música electrónica en general, que nunca deja de atraer en cualquiera de sus vertientes. 

El mundo del misterio y la música electrónica estuvieron muy ligados en algunos momentos de mayor popularidad del género en los años 70 y 80. Los ambientes oscuros de bandas como Tangerine Dream, el esoterismo de Ashra o Popol Vuh, las melodías cósmicas tan sugerentes de Vangelis o Jean Michel Jarre, o el terror más puro conectado a los inicios de Mike Oldfield, se unían a las oníricas o incluso tenebrosas portadas de Klaus Schulze. Su irreal música era asimismo una obra de lo ignoto que profundizaba en el surrealismo daliniano como también lo hicieron los trabajos de Edgar Froese, Michel Huygen (Neuronium), Steve Roach y muchos otros sintesistas de la época. La cubierta de "Mirage", en concordancia con la música contenida, era sin embargo más afable y presentaba la efigie del músico (que ya habíamos visto en "Moonwind") en un suave claroscuro. En las notas interiores del álbum, Klaus aclara sobre la esencia onírica del mismo: "La música es un sueño, pero la interpretación exacta debe ser realizada por el oyente". Cada persona debe encontrarla, por lo tanto, disfrutando por el camino de una nueva escucha. No será la última.

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24.11.22

ENIGMA:
"The Screen Behind the Mirror"

La inercia de ventas y popularidad de Michael Cretu bajo el nombre de Enigma tras su tercer álbum, el fabuloso "Le Roi est Mort, Vive le Roi!", continuaba siendo muy exitosa. Aparte de su impulso rítmico y de lo acertado de sus canciones, la crítica (al menos la que poseía criterio y no se dejaba llevar simplemente por los estantes en los que se vendía el producto, que podían abarcar denominaciones como new age, pop, tecno o electrónica) también alababa su incursión en músicas mundiales de diferentes latitudes, a las que este músico nacido en Rumanía sabía imprimir su toque de calidad tecnológica sin entrar ni salir en estilos concretos: "Desde el principio, Enigma ha sido un tipo de música que no está conectada con ninguna tendencia", decía. En 1999, cerca de una década después de su irrupción en el panorama musical internacional con "MCMXC, a.D.", que popularizó los cantos gregorianos modernizados, llegó a las tiendas el cuarto paso de su atrayente aventura, grabado en Ibiza en los A.R.T. Studios, publicado en 1999 de nuevo por una grande, Virgin Records, y con el interesante título de "The Screen Behind the Mirror". 

A la vez que tecnológica, la música de Cretu se volvía más alquímica en cada disco, este artista combinaba elementos dispersos construyendo a partir de la nada y del todo un producto musical que, al que entraba en su juego, le transportaba a lugares únicos, apoderándose del espacio y del tiempo para crear una fantasía musical propia, donde se confunden lo utópico y lo distópico, lo de antes, lo ahora y lo de siempre. "El título del álbum, 'The Screen behind the Mirror', casi podría ser el título de un libro de Jean-Paul Sartre. Lo que quiero decir es que si alguien se mira en un espejo, se ve a sí mismo de la forma en que quiere verse a sí mismo". El Michael Cretu que se ve en el espejo de este álbum es un músico humilde pero conocedor de su clase, de que su música es algo que atrae a mucha gente e incluso les puede conmover y condicionar: "Las canciones y los arreglos del disco tienen varias capas. El álbum ofrece capas emocionales en función de vuestros estados de ánimo y sentimientos, que podéis reconocer y que gustarán a todos. Eso fue lo primero que noté cuando lo terminé". El comienzo, "The Gate", es excitante. A la fanfarria característica de Enigma hay que unir la voz recitante, tan bien utilizada que es capaz de enaltecer al oyente, y el enlace definitivo con una pieza maestra de la música coral como es "Carmina Burana" -concretamente "O Fortuna"- del alemán Carl Orff, en la versión de Schott Musik International, con su correspondiente permiso para evitar polémicas pasadas. Este breve acercamiento será desarrollado enseguida, pero antes llega la energía sin control del segundo sencillo del disco, "Push the Limits", nueva unión de elementos dispersos (cantos de apariencia folclórica, una sensual voz femenina susurrante, un ritmo bien construido que acerca lo tribal a la cultura de club) que se aunan con estilo en una fenomenal labor de producción. Como todos los videoclips de Enigma, el de "Push the Limits" es oscuro, sensual y ciertamente extraño. "Carmina Burana" regresa para adornar "Gravity of Love", el sencillo principal del disco, nuevo éxito de Cretu con la voz de Ruth-Ann Boyle, de la que destaca el compositor rumano su frescura e ingenuidad juvenil. "Probablemente esta parte sea uno de los momentos más fuertes jamás escritos en la música clásica", afirma Michael sobre la pieza de Orff, que añade "atrae instintos básicos". Efectivamente, el músico habla de la gravedad como magnetismo, atracción, esa implicación sensual, incluso sexual, que desbordaba en obras de Enigma como "MCMXC a.D.", y que aparece claramente en la letra y en el videoclip de esta canción. Si "Gravity of Love" tiene la gravedad en su título, "Smell of Desire" parece ingravida. Grandísimo tema, cuyas guitarras poseen un estilo muy cercano a uno de los amigos de Michael Cretu, con el que coincidió pocos años atrás en su lugar de residencia (la isla balear de Ibiza), Mike Oldfield. Muchos han deseado una colaboración de Oldfield en los discos de Enigma, pero no se dio aquí, las guitarras estaban interpretadas, como de costumbre, por Jens Gad, que tiene mucho que ver en algunas de las músicas del álbum y lo co-produce junto a Cretu. "Modern Crusaders" es otra buena canción, con la voz de Cretu y un toque especial por la que bien podría estar incluida en un musical. Suena otra vez Orff, y al final, la "Tocata y fuga en re menor, BWV 565" de Bach. Aunque lo más profundo y descarnado del trabajo se encuentre en este primer tramo, no por ello lo que sigue deja de ser por momentos fascinante, comenzando por "Traces (Light and Weight)", sencilla pero bien construida, elegante en su producción, como la canción que da título al álbum, "The Screen Behind the Mirror". "Endless Quest" es el retorno de las flautas shakuhachi sampleadas que marcaron el comienzo del sonido Enigma, en un instrumental sugerente y con poderosos guitarreos. En "Camera Obscura" vuelve a aparecer "O Fortuna" en un total más deshilvanado, pero realmente es sólo un tema puente hacia la sensual "Between Mind & Heart", que porta un componente angelical y otro muy mundano, incluso étnico. "La gente habla demasiado para lo que tiene que decir", opina Michael al final del disco en "Silence Must be Heard", un clímax final que vuelve a demostrar el buen sonido presente en la obra. Se disfruta de cada detalle de la pieza, los ritmos, los graves, las voces... Cretu demuestra de nuevo que es un maestro del estudio, aunque se había pensado en hacer un gran concierto tras sus tres primeros discos, lo cual se desestimó en favor de trabajar en este nuevo y acertado proyecto. Sandra, Andru Donalds, Elisabeth Houghton y el propio Michael Cretu ponen otras voces, que son tratadas como una ambiental y sugerente instrumentación más. "The Screen Behind the Mirror" estuvo 7 semanas en las listas españolas, alcanzando el puesto número 14 en las mismas.

Michael Cretu afirmaba que a estas alturas el éxito comercial ya no era prioritario para él, que se alegraba de seguir respondiendo musicalmente en un mundo tan competitivo, con un producto fresco y moderno a sus más de 40 años. No sólo la música, el diseño de "The Screen Behind the Mirror" continúa siendo enormemente atractivo, mezclando épocas y conceptos como sucedía en sus obras anteriores, especialmente destacable en "Le Roi Est Mort, Vive le Roi!". El alemán Johann Zambryski, que estuvo nominado al premio Grammy en la categoría de mejor diseño de embalaje por el disco antes mencionado, es el creador de esa imaginería tan fabulosa. Un vinilo naranja publicado en 2018 cambiaba el diseño original por otro de Dirk Rudolph, y aportaría en números romanos la posición de este trabajo en la discografía de Enigma, es decir: 'Enigma IV'. La música era la misma, ese impoluto producto de estudio que desborda magia y lujuria, o como decía la compilación publicada en 2001 con todos sus grandes temas, amor, sensualidad y devoción ("Love Sensuality Devotion").

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11.11.22

PETER DAVISON:
"Winds of Space"

"Creemos que hay un lugar que vive dentro de todos nosotros. Es un lugar de visión y claridad donde el ritmo de la vida se mueve en armonía con una conciencia superior. El propósito de nuestra música es llevarte allí". Estas espirituales frases eran la máxima de la compañía discográfica Higher Octave Music tras su fundación por parte de Matt Marshall en 1986 en California. Las primeras referencias de su catálogo se basaban en trabajos de músicos como Peter Davison o William Aura, algunos de los cuales habían sido publicados con anterioridad en compañías menores de la floreciente new age. La asociación de Higher Octave con EMI y Narada para una distribución mundial le permitió crecer en aspiraciones y fichar a artistas importantes en el mundo la música instrumental, y tras su comienzo en esa suave y sugerente new age, se expandió en influencias y géneros hacia las músicas del mundo, el smooth jazz, algo de electrónica, y el conocido como nuevo flamenco, con el que el sello logró su mayor éxito gracias al guitarrista alemán Ottmar Liebert. Cusco o Craig Chaquico fueron otros de sus artistas importantes. Pero volviendo al comienzo de todo, no hay que olvidar algunos de esos relajantes discos originales, como el primero de ellos, "Winds of Space" del estadounidense Peter Davison. 

Meditación, yoga o tai-chi son algunas de las disciplinas hacia las que iba dirigida la música de Peter Davison. En la línea de otros artistas espirituales más conocidos como Deuter o Terry Oldfield, Davison elabora en la mayoría de sus trabajos una música new age serena y relajante, pero no exclusivamente ambiental, pues determinadas melodías flotan entre sus brumas, donde lo acústico cobra vida (flauta, saxo, piano o guitarra son los instrumentos que suele interpretar, con añadidos eventuales de arpa, chelo, violín y diversas percusiones) y se deja conducir por una sutil electrónica que está presente por medio de los sintetizadores y la percusión electrónica. Higher Octave Music le publicó "Winds of Space" en 1986, inaugurando con él su extenso catálogo. Tras varios años de estancia en Avocado Records, su primer trabajo con una grande (si bien no tenía en esos momentos esa elevada categoría) supuso un pequeño aumento de esa capacidad electrónica del artista, que unida a lo acústico de las flautas o el saxo, no difiere mucho de la que se estaba comercializando en Europa, con algo de Tangerine Dream, por ejemplo, así como de otros artistas de cierta comercialidad, pero especialmente presenta síntomas de sintesistas japoneses como Kitaro o Yoshiaki Hoshi (Himekami). Sin embargo, no está exenta de personalidad propia en su capacidad de síntesis y en su cierto intento melódico. "Turn to Dust" es un amanecer ambiental que nos conduce, guiados por unas pocas notas repetitivas de teclado, a un relajante pasaje espacial muy acertado al que se une la calidez del saxo en un clímax lisérgico. Atmósfera más calmada la de "The Sage", con ecos burbujeantes. Sencillamente para escuchar y relajarse, como con "Shadow" (un pasaje romántico con algo de espacial) o otro sencillo momento tranquilo titulado "Soft Light". Bellas florituras acompañan "Leaves Shimmering", una pieza candorosa que es todo un plácido baile con la naturaleza. Davison retorna entonces al fulgor espacial al comienzo de la cara B del plástico, en una melodía más aventurera que las anteriores y cercana a la que abría el disco, la importante "Bold Flow", que retorna parecida pero ralentizada en "Night Vision". Etérea con efectos sonoros, muy new age, es la pieza que titula el álbum, "Winds of Space". De hecho, este disco entra perfectamente en la definición de aquella primaria new age, por la que circulan también, aunque con mayor cosmicidad, "Circles within Circles" y el corto tema final, "Winds of Space II". Antes de eso, "Lullaby for Tera Rose" es una nana envuelta en sonidos aflautados, soñadores, mientras que en "Lunar Halo" retorna el inconfundible sonido, presente en la mayor parte del álbum, que nos recuerda al Kitaro más espacial. En general, doce composiciones para disfrutar del amable sonido de la nueva era que triunfaba en los años ochenta.

Sorprende en "Winds of Space" el sencillísimo arte gráfico del álbum, un diseño en blancos y azules que contribuía a la relajación, y una portada casi infantil diseñada por Dan Levin, que desde entonces fue adoptada por la compañía que inauguraba, como emblema durante su larga trayectoria en el campo de la música instrumental. Levin fue director creativo de Higher Octave Music en sus primeros años de existencia. La publicidad acogió el nuevo sello y concretamente este su primer trabajo con buenas palabras, que se mencionan en el libreto del mismo: "Melódicamente encantador, relajante, espacial y agradablemente colorido (...) Piezas emocionalmente e intelectualmente variadas", fueron algunas frases destacadas. La propia compañía comentaba lo interesante del compromiso y la inspiración de este músico con la naturaleza y nuestro planeta, así como su labor como compositor de películas y teatro. Lamentablemente, su nombre y sus siguientes obras no acabaron de encontrar su hueco entre los más reconocidos del género, pero siempre se recordará "Winds of Space" como un buen trabajo y la primera referencia de Higher Octave Music.