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25.4.20

YANN TIERSEN:
"Eusa"

La proliferación de nuevos artistas, dada la cada vez mayor facilidad para realizar cualquier grabación desde casa, y el gran número de estilos y subestilos implicados en el gran circo del negocio musical, provoca que en la actualidad haya tantos tipos de oyente como personas, cada uno con sus preferencias y debilidades, que pueden acceder de manera casi aburrida a cualquier álbum o canción prácticamente al instante. Es difícil sin embargo que esta marea de oyentes no hayan escuchado alguna vez a un artista multifuncional como Yann Tiersen, que lo mismo juega con pianos de juguete como construye piezas ambientales, gira con una banda de sonido rockero o introduce en el imaginario colectivo melodías folclóricas inseparables de las imágenes de ciertas películas de éxito. Intérprete de numerosos instrumentos en su dilatada trayectoria (sus estudios en conservatorio fueron de violín y piano y su primera publicación data de 1995), en 2016 fue el piano la vía de expresión elegida por este músico bretón que hacía ya años había alcanzado la madurez artística y la fama mundial. El trabajo en cuestión se tituló simplemente "Eusa", y fue publicado por su compañía de los últimos años, Mute Records.

Siempre se espera mucho de músicos como Yann Tiersen, que cada nuevo trabajo sea otro "Amélie", pero la dificultad es máxima, y el músico ha de evolucionar, aceptando el oyente sus éxitos y sus fracasos sin necesidad de reprochar nada a cada paso, siempre que estos conlleven un trabajo. En este caso, su acercamiento al rock derivó además en un estilo fuerte, chocante con las formas más dulces que caracterizaron los tiempos de aquella inolvidable banda sonora. La injusticia es aún mayor por parte de cierto tipo de público cuando, pasado el tiempo, retornando a admirables sonidos delicados, el artista genera una obra tan válida como esta. El origen de "Eusa" es muy natural y espontáneo, y a pesar de que en más de una ocasión declarara "no creo en la inspiración, creo en el trabajo", los paisajes de Ouessant fueron la mejor de las inspiraciones. Ouessant (Eusa en bretón) es la pequeña isla al oeste de la costa bretona (muy cerca, de hecho, de su lugar de nacimiento, la ciudad de Brest) en la que Yann vive y compone desde hace años. De menos de 1000 habitantes, este pedazo de tierra es conmemorado en este trabajo ("quiero compartir mi casa con mi público", decía), al elegir diez de sus lugares, hacer grabaciones de campo, respirar sus atmósferas e incluso tocar directamente en ellos. "La idea era crear un mapa de la isla, y por extensión, un mapa de quién soy yo". Así surgió en primer lugar un libro de partituras para que la gente pudiera tocarlas en casa, diez composiciones que, presentadas en directo con éxito, acabaron convirtiéndose en disco tras la grabación en los estudios Abbey Road. Entre las piezas más desarrolladas del disco se deslizan como enlaces pequeñas improvisaciones tituladas genéricamente "Hent" y simplemente numeradas de la I a la VIII, donde se abre paso la melancolía hecha paisaje, y es más importante el sonido que el instrumento. Aparte de recoger grabaciones de campo de todo tipo de manifestaciones naturales en la isla (agua, viento, animales), en la primera y la última (recibiendo y cerrando la obra) se escuchan poemas escritos por la poetisa bretona Angela Duval. De hecho, "Eusa" comienza como un disco de relajación ("Hent 1"), para continuar con melodías tan sugerentes como "Pern" (una pausada impresión de los paisajes bretones, una pieza deliciosa) o "Porz goret" (el primer sencillo del trabajo, un baile impresionista al piano que recuerda a su época pasada, a maravillosas miniaturas como "Comptine d'un autre été: L'après midi"). La magia paisajística del piano minimalista continúa en "Lok Gweltz", y "Penn Ar Roc'h" es otra bonita tonada melancólica en el repertorio del de Brest. En sus paisajísticas composiciones parecen atisbarse recuerdos tanto de grandes clásicos como de pioneros de la new age (George Winston en "Kereon" o "Yuzin" -otras dos piezas destacadas del trabajo- o Michael Jones en "Roc'h Ar Vugale" -que llegó como un adelanto del disco-), así como al Einaudi más llamativo y encantador (en la mencionada "Pern"), y se fusionan con sonidos de las naturaleza ("Penn Ar Lann", otra de las grandes composiciones del álbum, es una excepcional comunión con la fauna, al escucharse sonidos de aves, que recuerdan especialmente a las ballenas de aquel glorioso disco de Michael Gettel titulado "San Juan suite", dedicado también a unas islas maravillosas). Algunas partituras, como "Kadoran", se saltan el espíritu contemplativo, aunque el artista retorna enseguida a la paz de Eusa. Concienciado con la ecología, Tiersen es libre, hace lo que quiere, no está sometido a rigores estéticos ni atrapado en un tiempo o estilo determinados. Es como esa naturaleza que adora, se abre camino sin planes, según cómo le dicte el paso del tiempo. Aunque títulos como "Pern", "Porz goret", "Yuzin" o "Penn ar lann" puedan ser algunas de las melodías destacadas en el conjunto de una obra de tonadas directas y agradables, realmente cada una de las partituras que la componen tienen algo, y ayudados por los sonidos ambientales, somos conducidos directamente a la tierra habitada más occidental de la Francia metropolitana, la casa de Tiersen, la isla de Eusa.

Dice Tiersen que cada disco le lleva al siguiente. "Infinity" fue su anterior propuesta, publicada en 2014 y derivada de un viaje a Islandia. Dos años después, este todoterreno emerge en el mundo neoclásico de la mano del piano, con una serie de composiciones de muy bella factura, cada una de las cuales lleva silueteada la rúbrica de su autor, un ya veterano bardo que de vez en cuando se deja llevar por la melancolía de las teclas blancas y negras. Con el tiempo queda cada vez más claro que Yann se desmarca de la utilización de su música en "Amélie", su trabajo no era en absoluto parisino (de hecho, él se considera bretón, no francés), y aquellas tonadas tan folclóricas eran más naturaleza que ciudad. Bastantes años después, y elevado a un nivel popular gracias en gran parte a dicho film, este joven veterano que dijo que "todos los días hay música oculta entre los ruidos, sólo hay que hallarla", la encontró en los paisajes naturales de su lugar de residencia, y conectado con la tierra el ruido se hizo música, y la música fue un delicioso paréntesis en el bullicio de nuestro día a día. 

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27.2.12

YANN TIERSEN:
"C´était ici"

Seis años después de su debut discográfico con "La valse des monstres" en 1995, el músico bretón Yann Tiersen fue reclutado por el realizador francés Jean-Pierre Jeunet para realizar la música de una hermosa película, "Le fabuleux destin d'Amélie Poulain", film que iba a cambiar su rumbo y le iba a reportar una enorme popularidad. "Amélie" contenía canciones de los antiguos trabajos de Tiersen, además de otros temas compuestos para la ocasión que se llegaron a hacer muy populares, en especial los dos valses dedicados a la protagonista de la película. Yann Pierre Tiersen volvió a componer una banda sonora un par de años después, la de "Good bye, Lenin!", pero con la excepción de "Tabarly" en 2008, acabó renegando de esa disciplina porque, según él, "no se puede poner música a una imagen", y además, en su carácter solitario y multiinstrumental (si bien matiza que no toca muchos instrumentos sino que usa muchos instrumentos), no es un artista que soporte que le dirijan o le den consejos. Escuchando sus primeros discos, que poseen un especial encanto y frescura, y directos como el que nos ocupa, plenos de emoción y espectáculo, se puede entender su reticencia.

"C'était ici" era el segundo álbum en directo de Yann Tiersen, tras "Black session" en 1999. La fama adquirida con "Amélie" provocó que su gira del año 2002 fuera apoteósica, con un público entregado a la música y al espectáculo que originaban el piano de juguete o las ondas Martenot, momentos inhabituales en cualquier otro directo, que ya se han convertido en importantes instantáneas en la carrera de Tiersen. Aunque grabado en Febrero (en la Cité de la Musique de París), fue a finales de septiembre de 2002 cuando Labels (subsello de EMI) publicó el doble CD, que se podía encontrar en formato normal o en una edición especial de carácter limitado, una pequeña caja que incluía el disco y doce postales. En algunos países una pegatina destacaba que contenía la música de "Amélie", y es efectivamente "La valse d'Amélie" lo primero que suena en el primer disco, que además finaliza con "L'autre vals d'Amélie". "Rue des cascades", memorable momento pianístico deudor de un minimalismo también de habla francesa, el del belga Wim Mertens, o temas vocales interpretados por Claire Pichet ("La rupture") y Christian Quermalet ("Les jours tristes") destacan en este primer CD, pero es "Sur le fil", espectacular composición contenida originalmente en su trabajo "Le phare", la cumbre de su conexión con el público y el mejor momento de sus conciertos, pasados y presentes. Su espejo en el segundo CD (menos vistoso en general) sería "Comptine d'un autre été: l'après midi", melancólico y prodigioso descarte de "L'absente" incluído posteriormente en "Amélie", sin olvidar otros maravillosos detalles como "La noyée II" o "Monochrome", con la voz de Dominique A. El cartel anunciador de los conciertos destacaba la faceta de acordeonista de ese Yann Tiersen folkie, y aires circenses más o menos característicos, provenientes en su mayoría de dicho instrumento, inundan la escena ("Le jour d'avant", "La noyée II", "Plus au sud"), junto a una extraordinaria plasticidad, mejor encauzada en los temas cortos. Haciendo buena su frase "lo más excitante a la hora de hacer música es no saber a dónde te lleva", da muestras en ocasiones de algún desfase experimental ("La terrasse", "Le banquet", "La crise", "Février"), mucho más interesantes sin duda que sus posteriores devaneos rockeros. En definitiva, los prolongados aplausos del final dan buena muestra del éxito obtenido en un público de edades y condiciones muy variadas.

"Me siento más europeo que francés", dice este bretón cuyos conciertos han cambiado con el paso del tiempo, antaño casi en solitario en el escenario, posteriormente con un gran conjunto y pequeña orquesta, y más adelante acompañado de una pequeña banda de esencia rock. "C'était ici" pertenece a esa segunda época, y entre los amigos que acompañaban a Yann se encontraban Christian Quermalet (bajo, percusión, voz), Marc Sens (guitarra), Christine Ott (ondas Martenot), Ronan Le Bars (gaita), Jean-François Assy (bajo), Iso -Grègoire Simonde, del grupo folk-rock Les Têtes Raides- (saxo), Lisa Germano (voz) y por supuesto Claire Pichet (voz, piano de juguete, tambourine, melódica y percusión) y Dominique A (guitarra y voz), además del Ensemble Orchestral Synaxis. El propio Tiersen ejerce de multiinstrumentista al interpretar piano (normal y también de juguete), violín, acordeón, bajo, guitarra y melódica, incluso cantando varios de los temas. En la figura de este músico auténtico, encantador, por momentos inclasificable, conviven conceptos no tan fáciles de conjugar con éxito, música popular con radiofórmulas, folk con rock, academicismo con experimentalidad, para acabar conformando melodías esenciales en las vidas de miles de personas. Jeunet encontró la música de los mismos sueños en los discos de Yann Tiersen.

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YANN TIERSEN: "Le phare"







15.10.07

YANN TIERSEN:
"Le phare"


Cualquiera que haya visitado Bretaña ha podido quedar embelesado por la belleza de esa tierra gala de raíces celtas, de sus paisajes, sus gentes y sus ancianas tradiciones. Una vez allí se puede comprender mejor la música de este bretón, natural de Brest, que en gran parte de su discografía es capaz de transportarnos hasta el noroeste francés. Lo difícil no es quedarse atrapado por esa música sino comprender por qué tardó tanto en llegar hasta el gran público, tuviendo que esperar al año 2001 cuando el cineasta Jean-Pierre Jeunet utilizó varias composiciones de sus trabajos primerizos en la banda sonora de esa maravillosa película que fue "Amélie" ('Le fabuleux destin d'Amélie Poulain'), cuyo éxito catapultó a Jeunet, a Audrey Tautou (la protagonista del film) y, cómo no, a nuestro protagonista, de nombre Yann Tiersen.

La historia desde ahí merece un punto y seguido, ya que había pasado la primera etapa en la obra de Tiersen, posiblemente la mejor y la más desconocida, lejos de las populosas giras que, conforme pasaba la primera década del XXI, nos acercaban a un sucedáneo alternativo, en exceso rockero, del delicado hombre del violín y del acordeón. Posiblemente sea esta evolución la que esté más acorde con la personalidad y los intereses de Tiersen, al que se podía ver como un nuevo Kevin Ayers -tanto en el físico como en algunas de sus trovadoras melodías-, pero es innegable que en los 90, recién salido del conservatorio con ideas explosivas, publicó en Francia unos primeros trabajos cautivadores por su búsqueda de la experimentación entre el folk bretón, el pop, el rock, el clasicismo y la canción popular: "La valse des monstres" en 1995 (cuyo origen son dos obras de teatro), "Rue des cascades" en 1997 y por fin, en 1998, el completísimo "Le Phare". Los dos primeros, en su huída de la comercialidad, parecen como cuadernos de notas, llenos de detalles pero sin llegar a profundizar en exceso, dejándonos en muchas ocasiones con la miel en los labios en su presunta presentación de demos de corta duración. Valses, canciones de fiesta, melodías circenses... un eclecticismo que nos lleva sin prejuicios del folk más lúdico a la contemporaneidad más irreverente. "Le phare" es un pequeño paso adelante, más elaborado, también encontrando otra forma de expresión en las voces, y en especial consolidando su sonido, ese espíritu festivo y portuario en el cual acordeón y violín no son meras comparsas sino que tienen un papel tan importante, por básico y distintivo, como guitarra, batería o un teclado que enamora con esa melancolía que Yann sabe imprimirle (sencillamente espectacular en piezas como "La dispute"). La vena folkie domina todo el trabajo y nos acerca a los arrabales bretones, comenzando por los sonidos que nos reciben en "Le quartier" antes de la entrada del fenomenal violín en dos minutos tan cortos como frenéticos. Dos canciones nos confirman el gran momento de este multiinstrumentista, "La rupture", cantada por Claire Pichet con un ritmo rápido, y en contraposición una de las cumbres del álbum, la melancólica y en cierta medida infantil "Monochrome", con la voz del conocido cantante y compositor francés Dominique Ané, cuya contribución al disco fue parte importante de su éxito. "Monochrome" tuvo además un divertido videoclip, y el de "Le quartier" fue su continuación. Seguidamente llega la mencionada "La dispute", que tras su entrada de acordeón nos lega posiblemente los dos mejores minutos del álbum, sinceras y sencillas notas al piano que de por sí ya elevan el nombre de Yann Tiersen a la categoría de genio. "La dispute" fue incluída en la banda sonora de "Amélie", como "La noyee" y "Sur le fil", otras de las piezas magistrales del disco (y de la obra de Yann, pues se trata de una tonada excepcional), que asombran al acordeón y al violín tras hacerlo en la anterior con el piano. Muchos más detalles se pueden encontrar en el resto del disco, un trabajo imprescindible en sus catorce temas, desde el infantilismo de "Les jours heureux" o "L’Effondrement" (con ese curioso sonido de fondo como de bicicleta y la voz del propio Tiersen) hasta el aroma festivalero de "L'arrivée sur l'île", "Le fromveur" o "La crise", pero sobre todo esa melancolía portuaria cuyo salitre puede respirarse en "L'homme aux bras ballants" o "Les bras de mer", también cantada por Dominique A. Algunas de ellas ("Monochrome", "Les bras de mer" o "La rupture" en cuanto a las canciones, y "Le quartier", "La Noyée" o "Sur le fil" de las piezas sin voz) venían incluídas, en 1999, en su primer álbum en vivo, titulado "Black session".

La historia dió muchas vueltas de tuerca a partir de aquí para este hombre orquesta que de la noche a la mañana fue objeto de elogios y reconocimiento por una película para la que, realmente, él consideraba que su música no era la apropiada (aunque una vez asimilada, es difícil de dejar de realizar la asociación de esas melodías con el París de la risueña Amélie). La emoción que respiran sus composiciones y las múltiples influencias en ellas aunadas las hacen absolutamente únicas y dificilmente imitables, y aunque en sus siguientes travesías parecía haber perdido ese aroma circense y arrabalero tan atractivo, pronto volvió a recobrar su aura natural y ecologista, especialmente con el piano como protagonista para honrar en 2016 a su lugar de residencia, la isla de "Eusa". Más allá del piano, no sería extraño que Yann Tiersen volviera a sorprendernos algún día con títulos cercanos a aquellos "Monochrome", "La dispute" o "Sur le fil", presentes en el indispensable "Le phare".