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14.8.25

YOUSSOU N'DOUR:
"The Guide (Wommat)"

No fue hasta 1987 cuando se creó en Londres la etiqueta 'world music' para denominar a las músicas de raíz de todo el globo, aunque el término evoque sin remedio un cierto e inevitable viaje hacia países en vías de desarrollo, aquellos en los que la industria occidental no había hecho negocio todavía, y que se iba a lanzar a devorar sin miramientos. Al menos, el aprovechamiento iba a ser mutuo, ya que muchos artistas no occidentales encontraron desde entonces fama y reconocimiento fuera de sus países y continentes, rompiendo fronteras físicas y musicales. En muchos casos el viaje conllevaba además un mensaje social, se trataba de reivindicar la diferencia, demandando a su vez la igualdad. El paso siguiente en este negocio iba a ser la lógica interactuación entre elementos, originando fusiones étnicas sin precedentes entre músicas tradicionales africanas, asiáticas o de otras partes del globo, con el rock occidental. Uno de los nombres más reconocidos en estas lides, por su labor y su carisma, es el del músico senegalés Youssou N'Dour.

Los griots son un grupo social que aceptaron la tarea de narrar y transmitir la historia y la memoria del pueblo africano. Todo país necesita tanto historiadores como tradición musical, y los griots fueron los encargados en muchos países de África desde el siglo XIV. Un ejemplo de griot del siglo XX es Youssou N'Dour, cantante nacido en Dakar en 1959, un compositor comprometido socialmente, que incluso ha sido ministro de Cultura y Turismo en Senegal. N'Dour ha explorado durante su larga carrera en la variedad de estilos, melódicos y rítmicos, que se reúnen en su país, una nación con variedad de etnias donde los wólof son dominantes, y es precisamente en idioma wólof en lo que canta Youssou en la mayoría de sus canciones, ya que desde los diez años había comenzado a cantar con la vigilancia de su padre, para que no dejara de lado sus estudios. No tardó en darse cuenta de la dificultad de esta tarea, ante el talento emergente del joven, descendiente de una gawlo (quien lleva la música en la sangre, se traduce) por parte materna. El popular mbalax fue la música de sus inicios y la base de su trabajo, pero la ha sabido mimetizar con sus dispares influencias, ya sean jazz, rock u otras derivadas de su religión musulmana. La efervescencia musical y la mencionada confluencia de tradiciones de Dakar, fue un enorme impulso para las bandas que fundó, ya en la adolescencia, las importantes L'Etoile de Dakar y la Super Etoile de Dakar. Pero la insistencia de N'Dour por despuntar con su concepto musical y alcanzar popularidad mundial, dio frutos desde que a finales de los años ochenta actuó como telonero del infatigable buscador de figuras emergentes del folclore en los cinco continentes, Peter Gabriel, con el que había colaborado en "So". Muchos otros quisieron contar con su particular voz desde entonces, y no fue difícil verle en los escenarios con Sting, Bruce Springsteen, Paul Simon o Ryuichi Sakamoto, entre otros. En 1989 Virgin Records le publicó "The Lion", un disco muy afable -aunque sobreproducido- en el que Peter Gabriel está presente sólo en uno de los temas -y se nota verdaderamente su mano-, el titulado "Shakin' the Tree". Su siguiente paso en Virgin, "Set" (1990), estaba producido por Michael Brook, todoterreno guitarrista canadiense que desde ese mismo año iba a conseguir grandes momentos con Nusrat Fateh Ali Khan en Real World. Ese trabajo fue un paso adelante, con hits como "Set" o "Toxiques" (único tema del álbum producido por Daniel Lanois), aunque no faltaron las críticas de nuevo por la sobreproducción occidental y escaso atrevimiento. Tal vez por eso decidió volver a Dakar para grabar su siguiente obra, "Eyes Open" (1992), donde aparte de la composición el propio N'Dour tomaba las riendas de la producción. Columbia fue la distribuidora en Europa y Norteamérica de este disco donde Jean-Philippe Rykiel (teclista francés invidente, que ya había estado en 1985 en "Nelson Mandela") tocaba los teclados. Era importante no perder la estela de la fama que habían generado "The Lion" o "Set" entre el abierto público de principios de los noventa fuera de África, por eso N'Dour se decidió fusionar conceptos con estilo y sin límite de gasto, pues Columbia sabía que tenía entre manos una baza de enormes posibilidades. Así nació "The Guide (Wommat)", el gran éxito comercial de Youssou N'Dour, grabado durante 1993 en Nueva York y Dakar, y publicado por Columbia en 1994. Y si algún recuerdo ha quedado especialmente de este disco ha sido su tema estrella, "7 Seconds", cantado por N'Dour (en francés, inglés y wólof) y la cantautora sueca Neneh Cherry (en inglés), que además incluyó la misma canción en su álbum "Man". "7 Seconds", que fue número 1 en Francia durante 16 semanas y alcanzó el puesto número 8 entre los sencillos españoles, posee un excitante tratamiento de atrayente pop sintetizado (poco se parece al resto de las canciones de este disco, crossover de música africana con toques occidentales), afianzado por la presencia de un curioso solo de violín, de esas dos voces de excepción y de un estribillo difícil de olvidar, que hace referencia, según Neneh Cherry, a los primeros momentos de la vida de un niño. Lo placentero y seductor de la escucha de esta balada no esconde el hecho de que se trata de una de las quince canciones de un álbum que empieza con una alegre celebración de la vida en el África occidental, "Leaving (Dem)", el punto de partida de esta aventura que empujó definitivamente la carrera de Youssou en Europa. Hay otros ejemplos de júbilo totalmente africano en el álbum, especialmente el que fue segundo sencillo del mismo, el estupendo "Mame Bamba", referida a la santa sufi Mame Diarra Bousso, madre del fundador de la Hermandad Mouride, Amadou Bamba. Cada año se celebra una peregrinación anual a su lugar de fallecimiento, pero además N'Dour le dedicó este completo tema lleno de alma y energía, una demostración de sus capacidades. Es fabulosa y complaciente la integración de elementos en esta música, por ejemplo en canciones como "Old Man (Gorgui)" se disfruta de la voz, del ritmo, pero también de la personalidad de los teclados y de la calidez de los metales, trompeta, trombón y especialmente del saxofón, el mismo que ayuda de otra manera más calmada (y en esta ocasión interpretado por el reputado intérprete de jazz Branford Marsalis) en el desarrollo de "Without a Smile (Same)", sobre la que despunta una estupenda percusión del grupo Sing-Sing Rythms. Después de un comienzo entusiasta y dos sencillos tan fuertes como "7 Seconds" y "Mame Bamba" es difícil despertar y mantener el nivel, aunque no existen momentos de transición en el álbum, de hecho no hay que dejar de disfrutar de piezas como "How You Are (No Mele)" (con rapeado incluido) o "Generations (Diamono)", que nos llevan hasta el tercer sencillo, "Undecided", comedido en su recuerdo aunque siempre interesante por la fuerza de su cálido desarrollo, que le hizo entrar en algunas listas (al contrario que "Mame Bamba"), aunque en posiciones discretas. Con baladas como "My People (Samay Nit)" (un homenaje a sus fans de Senegal) o composiciones como "Love One Another (Beuguente)" o "Oh Boy", continúa esta radiante celebración que concluye con el cuarto sencillo, ese emocionante alegato por la libertad titulado "Chimes of Freedom", compuesto décadas atrás por Bob Dylan, que Youssou aprendió en la gira de Amnistía Internacional. "The Guide (Wommat)" se mantuvo 8 semanas en las listas de ventas españolas, llegando hasta el número 24.

Después de grabar en París ("Inmigrés" y "Nelson Mandela") y Londres ("The Lion", "Set"), Youssou N'Dour sintió la profunda necesidad de volver a grabar en su país, en Senegal. Así nació el estudio Xippi, que inauguró con "Eyes Open". Ya en la grabación de "Set", N'Dour se quejaba de la cantidad de dinero que había utilizado Virgin Records en su producción: "Habrían podido construir un estudio en Dakar donde grabarme a mí y a muchos otros más", dijo en ese momento, y en el estudio Xippi cumplió con esa pulsión, consiguiendo una oportunidad para muchos de sus paisanos, como la cantante Yandé Codou Sène, Omar Pene, Ablaye Mbaye, y especialmente el compositor, cantante y multiinstrumentista Cheikh Lô, al que produjo en 1996 "Né la thiass" (fue también telonero de su siguiente gira) y en 1999 "Bambay Gueej". Así, Youssou N'Dour devolvía algo de lo que pensaba que la música le había dado a él sin pertenecerle, y ese talento se quedaba así en su amado Senegal.

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24.5.23

ISMAËL LO:
"Jammu Africa"

A finales de los años setenta, dos grandes bandas convivieron en Senegal, revolucionando las ondas sonoras de esa zona de África. Por un lado, Youssou N'Dour se convirtió en un mito al frente de la Super Étoile Dakar (formada a partir de la anterior Étoile de Dakar). Por otro, también en Dakar, nació la Super Diamono (con un estilo basado en la percusión tradicional definido por su líder, el cantante Omar Pene, como 'afro-feeling'), favorecida con el ímpetu de otra figura relevante, Ismaël Lô, nacido en Nigeria en 1956 pero criado desde muy pronto en Dufisque, cerca de Dakar. De niño, Ismaël comenzó a improvisar sus canciones con una guitarra y una armónica, lo que a la larga le ha valido el calificativo de 'el Dylan africano'. Él dice jocoso que más bien Bob Dylan es 'el Ismaël Lô americano'. Poco tiempo estuvo en la banda, porque buscó el éxito en solitario y lo logró vendiendo numerosas casetes, el formato con el que él, N'Dour, Baaba Maal y muchos otros músicos senegaleses encontraron fama y fortuna durante los ochenta. Siguiendo la estela de otros compatriotas, como los hermanos Toure Kunda, Ismaël Lô se decidió entonces a viajar a París para dar un salto cualitativo en la grabación de su música.

Aunque enamorado de la cultura y la música africana ("todas las músicas del mundo proceden de África", decía), y orgulloso de su procedencia, Ismaël no tuvo problemas para adaptarse a la vida occidental y a las nuevas condiciones de trabajo, convirtiéndose en un artista emergente desde sus primeras grabaciones francesas. Si unimos la calidad al factor exótico, y especialmente a la numerosa población centroafricana que habita en determinados países europeos, el resultado es inevitable: los músicos africanos más sobresalientes tienen un enorme éxito en países como Francia o Bélgica, extendido fácilmente a toda Europa si el producto es indudablemente satisfactorio. Es el caso de Ismaël Lo (su apellido puede encontrarse como Lô o sin circunflejo, Lo, y así nos vamos a dirigir a él a partir de ahora), que llegó masivamente a España gracias a Pedro Almodóvar, al incluir su canción "Tajabone" entre las que sonaban en su exitosa película 'Todo sobre mi madre'. Esa canción y otras de su discografía fueron recogidas en la compilación "Jammu Africa", publicada por Mercury en 1996. Lo que consigue transmitir el artista con sus canciones es extraordinario, Ismaël es un gran compositor, un intérprete excepcional y un vocalista fabuloso. No hay que hurgar mucho más. Acercándose a patrones occidentales, la fusión conseguida aporta por igual de uno y otro lado. El disco comienza con el tema que lo titula, "Jammu Africa", una nueva canción para este trabajo, que es una fantástica oda por la paz en el continente negro, un tema sin sobresaltos, conducido por cuerdas y percusión, en la que la voz de Ismaël es el reflejo de la esperanza. Un sencillo incluía el lema 'Urgence Zaïre', y recaudaba dinero para que Médicos Sin Fronteras actuara en dicho país centroafricano. "Tajabone" es la gran canción del álbum, la más conocida y radiada con todo merecimiento, una especie de himno musulmán sobre el fin del ramadán que ha llegado a todo el mundo por su calidad, su lirismo y su belleza: "Desde muy jóvenes, nosotros cantamos 'Tajabone' en el último día del año musulmán. Es una canción para tener amor, suerte... Es muy vieja, pero la escribí para ese momento (...) A mí me resulta triste porque en ocasiones me recuerda a mi infancia, pero cada persona tiene su propia sensibilidad". La armónica aporta un maravilloso tono folclórico sobre el sencillo acompañamiento de cuerdas, y es que la canción es esplendorosa en su sencillez. Incluida en el álbum "Natt" en 1987 con el título inicial de "Tadieu Bone", cambió su título a "Tajabone" en 1991 para el álbum "Ismael Lo", en el que venían recogidas otra dos de las canciones de este recopilatorio, "Raciste" (evidentemente clamando a los cuatro vientos contra el racismo) y "Souleymane" (la pieza menos africana del conjunto salvo por las voces, una fusión bastante eficaz que incluye un solo de guitarra eléctrica muy del rock occidental, cerca de bandas como Pink Floyd). A pesar de dicha grabación europea con instrumentos propios de occidente, la música nos lleva sin remedio a África en piezas alegres como "Nafanta" en la que los metales ayudan a dar color y ritmo al conjunto. "Nafanta" venía incluída en el enorme álbum de 1994 "Iso", al igual que otras cuatro piezas rescatadas para "Jammu Africa": "Without Blame" (de la que se hablará más adelante), "Samayaye" (que cierra el álbum), "Dibi Dibi Rek" (puro ritmo centroafricano, una canción amena con sello senegalés) y "Nabou", que se acerca a la esencia y al entusiasmo de "Tajabone", de nuevo con un tímido bucle de cuerdas dejando protagonismo a la aparición del cantante, y la suave aportación de teclados, percusión y, por supuesto, armónica, antes de un clímax final algo más dinámico. Otra preciosa balada de este senegalés de adopción. De 1989 (en el álbum "Diawar") proviene "Sofia", otra de esas canciones con nombre de mujer que consiguen lograr un buen nivel de inspiración, por amor, cariño o admiración. Y del álbum de 1984 "Xalat" es "Lotte Lo", una balada que no es sino una oración por su hermana difunta. Las últimas canciones nuevas del disco son "Samba et Leuk" y "Takou Deneu", pero resta por destacar la que se utilizó como primer lanzamiento (en realidad fue un sencillo un año anterior) de "Jammu Africa": "Without Blame" es la otra canción derivada del álbum "Iso", si bien allí se titulaba "La Femme sans Haine" y la letra, de Étienne Roda-Gil, era en francés; esa 'mujer sin odio' fue reinterpretada en inglés con dos importantes colaboraciones, la de Roger Waters adaptando la letra en inglés, y la de Marianne Faithfull cantando junto a Ismaël Lo para conformar un emocionante tema de diáfano acabado folk que trata sobre las mujeres, el amor, el compromiso y la libertad, pero que ante todo nos deja la seguridad de que el nombre de Ismaël Lo había conseguido ser reconocido internacionalmente.

Ismaël creció en Senegal escuchando a Otis Redding, quería tener una guitarra como él, o como Jimi Hendrix. Al no tener dinero, tuvo que fabricarse una muy rudimentaria con madera y una cuerda de pescar, y luego unió un soporte para la armónica, aprendiendo a usar ambas de forma autodidacta. Concretamente, la música que hace Lo se denomina mbalax, un género de la etnia wólof muy popular en Senegal y Gambia, dominado por poderosos ritmos tradicionales. Varias décadas después de sus tímidos inicios, y tras grandes éxitos como la canción "Tajabone" o el álbum "Iso", Lo recopiló en el muy recomendable "Jammu Africa" sus mejores canciones, cantadas en su mayoría en wólof (la lengua de su etnia, aunque advierte que toda música tiene la misma lengua), centrado en encontrar la paz ("con la paz podemos hacer muchas cosas -dice Ismaël-, sin ella nada"), pero también recordando sus otras inspiraciones: "Yo canto a la vida, a la mujer africana o a la mujer en general. Canto a los niños, contra el racismo, por la paz, por el respeto. Pido una vida feliz para todas las personas que habitamos en el mundo, porque todos somos extranjeros en esta tierra".









26.10.22

ANA ALCAIDE:
"La cantiga del fuego"

Tercer trabajo de esta compositora e intérprete madrileña que encontró su inspiración en las calles de Toledo y su instrumento esencial en la lejana Suecia. Ana Alcaide afirma que se ha formado a sí misma, que en su familia no había antecedentes musicales. A partir de los 7 años estudió solfeo y violín, aunque a los 15 decidió dejarlo, para retomarlo años después en el Conservatorio de Madrid. Una plaza en la Universidad de Malmö la volvió a acercar a Suecia, donde ya había acudido anteriormente por una beca de biología, concretamente a Uppland, donde descubrió el rico folclore sueco, la pasión de sus gentes por la música, y la nyckelharpa o viola de teclas, instrumento tradicional sueco de cuerda frotada, con un cierto parecido a la zanfona. Ana comenzó a estudiar de manera autodidacta la nyckelharpa que se trajo a Toledo, y poco a poco la adaptó al lenguaje musical hispano. Tanto se enganchó a este instrumento que de hecho tituló así a su primer trabajo, "Viola de teclas", disco instrumental producido por Carlos Beceiro (La Musgaña) en 2006, compuesto por piezas tradicionales y alguna propia, que exploraban en el variado repertorio hispano con sonoridades de antaño, pero exclusivamente ibéricas. Tras la sorpresa, en 2007 llegó la confirmación con "Como la Luna y el Sol", de nuevo con la producción de Carlos Beceiro. La voz se hace presente y confirma el nacimiento de esta trovadora del siglo XXI, que se inspira totalmente en la tradición sefardí y la actualiza en la lengua judeo-española. 

El siguiente paso de Ana Alcaide se tituló "La cantiga del fuego", y fue publicado en 2012 por The Voice of Nature y reeditado internacionalmente por ARC Music. A partir de aquí, Ana toma definitivamente las riendas de sus creaciones, e incluso produce ella misma sus propios trabajos. La tradición sigue siendo importante pero desciende la importancia en sus discos, de forma que aquí son solamente cuatro los temas tradicionales arreglados por ella para el disco. Podríamos comparar esta obra con una novela histórica, el trabajo de investigación es de efluvios muy reales, y le proporciona un encanto especial. El comienzo es sencillamente maravilloso, "El pozo amargo" es una gran canción de trovador, efectiva y emocionante, combinación de la letra de Beatriz Moreno-Cervera (basada en una leyenda toledana) y la música de Ana, en un tema donde además de la nyckelharpa también se pueden escuchar guitarra, psalterio, santur, lira griega y percusiones variadas. Los músicos que acompañan a Ana en este trabajo son de gran calidad y experiencia: Bill Cooley (psalterio, santur o laúd, entre otros), Josete Ordóñez (guitarras), Rafa del Teso (bouzouki, mandola, guitarra), Jaime Muñoz -La Musgaña de nuevo- (clarinete, ney, kaval, gaitas, furulya, acordeón), Renzo Ruggiero (bajo, zanfoña), Diego López (percusiones), Sergey Saprychev (percusiones), Ido Segal (hansa veena -una especie de sitar ideado por Ravi Shankar-), Dimitri Psonis (lira griega) y Reza Shayesteh (voces). Ana incorpora la nyckelharpa, moraharpa, violín, arpa celta, atmósferas varias y su propia voz, esa voz tan importante en la música sefardí como transmisora de su tradición, de tal modo que en su música conjuga lo instrumental con lo vocal ("tenía muchas ganas de cantar", afirmó en la promoción de su anterior disco, "Como la Luna y el Sol"). "Baila donde el mar" es otra gran canción, algo más melódica, creación exclusiva de Ana Alcaide, con un cuidado tratamiento musical acompañando a los versos. Si la producción se hubiera centrado en un campo más popular, podría haberse tratado de un sencillo de gran interés radiofónico. De este modo, siendo mejor que la mayoría, sólo suena en Radio 3 y emisoras independientes. "La cantiga del fuego - El viaje" es una muy animada pieza instrumental tradicional, nuevo acierto en el sorprendente comienzo de la obra. "Luna serfardita", soñadora y romántica, presenta de nuevo la letra de Beatriz Moreno-Cervera y la música de Ana, con un toque Enya en la parte tarareada. Bello tema sin palabras con efluvios árabes es "Khun caravan", que parece conducir a antiguos palacios, o sencillamente a floreados pueblos entre pequeñas montañas. "La reina Ester" y "En el jardín de la reina" son las siguientes piezas tradicionales sefardís arregladas por Ana Alcaide, y cantadas por ella en español y judeoespañol. "El agua del río", por contra, es creación de la madrileña, y en ella de nuevo hay asomos de Enya y, merced al arpa celta que destacaba también en la canción anterior, de Loreena McKennitt. "La cantiga del fuego - La canción" es otro gran corte tradicional que combina letra con música de manera notoria, y que vuelve a subir el interés de un disco que realmente no tiene altibajos. "Ay que casas!" es una canción de boda, una animada pieza tradicional que suena a la España rural, la que nos acercan grupos como La Musgaña o Acetre. Para finalizar este gran álbum, dos piezas conectadas, "Mikdash intro" y "Mikdash", que son un hermoso canto árabe con la colaboración de Reza Shayesteh, que tendrá protagonismo en el futuro de Ana Alcaide. Tal vez esta ruptura del ritmo general hubiera sido más acertada a mitad del disco, pero como final es rotundo, generoso y sencillamente espectacular. "La cantiga del fuego", cuenta ella misma, nos habla de amores imposibles entre judíos y cristianos, antiguas leyendas toledanas y del viaje de destierro de los sefardíes, y lo hace, añadimos, con una maestría y una poesía musical y narrada, fuera de lo común, encontrando conexiones admirables.

"Un gran viaje es un reflejo de lo que somos. Nos obliga a despojarnos de capas, a tomar conciencia de quiénes somos y a descubrir nuestro verdadero yo. Nos permite escuchar la poderosa voz antigua que continúa resonando dentro de nosotros. 'La cantiga del fuego' es la voz que siempre ha estado ahí y que nos guía en nuestro viaje de autodescubrimiento". Son las notas interiores de un trabajo que, aclara también la autora, compuso durante el embarazo de su primer hijo, Bruno, una experiencia transformadora cuya fuerza se plasmó en tan fabulosa obra. Loreena McKennitt se fijó en ese estilo antiguo tan afín a sus propios intereses, y pocos años después de "La cantiga del fuego", en 2018, Ana Alcaide colaboraba con la canadiense en su trabajo "Lost Souls" interpretando la nyckelharpa, así como en la gira que siguió al disco, incluyendo su concierto grabado en el Royal Albert Hall de Londres y publicado oficialmente en CD. No sería justo denominar a Ana Alcaide como la Loreena McKennitt española, pero las cercanías en sus estilos e intereses permiten al menos efectuar una breve comparación con tan fabulosa dama. Ajena a todo eso, Ana continúa con su carrera y con esa nyckelharpa de la que afirmaba: "La nyckelharpa, aparte de su repertorio tradicional sueco, encaja muy bien dentro de otros estilos estilos musicales (...) y es increíble lo bien que se lleva con las melodías sefardíes". "La cantiga del fuego" es un maravilloso ejemplo.

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17.11.21

BRENDAN PERRY:
"Ark"

La esencia de la admirable banda Dead Can Dance está incrustada, con toda lógica, en los trabajos en solitario de sus dos miembros, Lisa Gerrard y Brendan Perry. Es algo inevitable, aunque cada uno tenga su estilo personal, también perfectamente identificable. Concretamente el irlandés, sin desdeñar un tratamiento musical que camina entre el folk y el rock, se deja llevar por la poesía en sus letras, accediendo a terrenos introspectivos que en la mayoría de las ocasiones están poseídos por una bendita locura. El primer trabajo en solitario de este vocalista y multi-intérprete de enorme personalidad fue en 1999 un atrevido desvío, extraño pero placentero, hacia un folk más americano que británico, un disco de título "Eye of the hunter", donde su propia voz intentaba encontrar su sitio y acoplarse al country en piezas tan satisfactorias como "Voyage of Bran". Tuvo que pasar más de una década para que Brendan continuara esa interesante andadura. 

Fue esta una etapa en la que Dead can Dance, aunque sí que se les pudo ver en vivo en 2005, tampoco publicaron obras nuevas, que retornarían con enorme eficacia a partir de 2012. En el listado de canciones de aquella gira había algunos temas nuevos que Brendan utilizó en 2010 para su segundo álbum, "Ark", publicado por la independiente británica Cooking Vinyl, plausible intento de mantener alto el nivel de ambientalidad global de la banda, aunque se note la ausencia del punto étnico de su compañera, por cierto mucho más activa en cuanto a sus discos y colaboraciones, alcanzando una enorme fama gracias a su participación en la banda sonora del film de Ridley Scott 'Gladiator'. La tranquilidad del irlandés le condujo por otros caminos, también admirables, como lo es el impulso creador de Brendan Perry, las atmósferas que sabe crear con cuerdas, teclados y ritmos, transportadoras a épocas lejanas y lugares sagrados. Este Leonard Cohen de lo ignoto comienza el disco con el tono épico de "Babylon", un majestuoso paseo casi apocalíptico con sonidos de metales contundentes en el climax final. "The bogus man" es una canción muy personal, azotada por un oleaje de sutil electrónica. En tercer lugar del álbum aparece "Wintersun", un temazo por los cuatro costados, la voz, los arreglos que combinan lo moderno y lo antiguo, los cambios de ritmo..., en definitiva una pieza inolvidable con el sello auténtico de Brendan Perry y de Dead can Dance, guitarras, teclados y percusión al servicio de un druida del siglo XXI. "Utopia" fue sin embargo el sencillo del trabajo, la base trip hop y los arreglos con un toque del estilo de Craig Armstrong nos conducen por momentos cerca de Bristol, pero la garganta retorna al conjunto a la iglesia donde están instalados los Quivvy Studios, que Brendan había renovado convenientemente para grabar este álbum. A continuación, un sugerente comienzo para una pieza onírica como es "Inferno" (donde el Infierno de Dante le sirve para ejecutar una comparación con la generación que vive pegada a la televisión), marcada por un ritmo de bajo, y una composición sugerente y delicada, también muy personal o interior, titulada "This boy", modificando otra anterior del autor titulada "Can you fee it?". Es el momento de otra pequeña joya escondida al final del disco, una maravilla de esas por las que deseas dejarte atrapar durante muchos minutos, con un título tan maravilloso como "The devil and the deep blue sea". Aunque es difícil igualar ese nivel, la calma tensa de la despedida ("Crescent") no desmerece en el conjunto de un disco fabuloso, del que lo primero que se puede ver es una espectacular portada (fotografía de Dan van Winkle). Los problemas del mundo y ecológicos, así como reflexiones sobre el amor ("todos los aspectos del amor, material, humano, naturaleza, vida, esencia y espíritu") fueron una cierta inspiración para este disco en que Perry lo hace todo, y advierte del uso conveniente de samplers y sintetizadores como material principal de instrumentación, sin que por ello se pierda la esencia poética; más aún, queriendo reflejar aspectos sobre la alienación en un mundo cada vez más dependiente de las máquinas para realizar cualquier tarea sencilla. "A pesar de los temas distópicos que impregnan estas ocho composiciones -explica Brendan-, también hay expresiones de gran esperanza y optimismo por un mundo mejor en el subtexto de las canciones, porque un 'Arca', además de ser un refugio de las realidades más duras del mundo, es también un vehículo de regeneración y renovación". En cuanto al proceso de trabajo, "por lo general, la música es lo primero (...) Una vez que se escuchan las letras, el tema se vuelve más claro. La música se articula en torno al lirismo y la poesía. Hay un cambio de énfasis en el proceso de composición".

En "Ark", que contó con una edición limitada autografiada de 2000 copias (vendidas en conciertos de presentación), es el tono depresivo que tan buen resultado le otorga a las piezas firmadas por Brendan Perry en Dead can Dance el cauce natural de un disco sólido y equilibrado que consigue atraer el interés en su primer tramo con composiciones radiantes ("Babylon"), personales ("The bogus man", "Utopia", "This boy") o en terrenos algo más oscuros e intensos ("Inferno"), con los puntos álgidos de "The devil and the deep blue sea" y de la enorme "Wintersun", con la que podemos cerrar los ojos y soñar con que irlandés y australiana volvían a colaborar. Ciertamente, sólo hubo que esperar dos años para poder disfrutar del fenomenal "Anastasis", pero "Ark" fue sin duda el detalle perfecto para hacer ver al mundo que seguía muy en forma este cantautor sombrío y avanzado, mitad masculina de uno de los conjuntos más admirados de los últimos tiempos, esos que hacen que los muertos bailen.

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20.1.20

NOA:
"Noa"

Achinoam Nini era una adolescente que vivía en el Bronx neoyorquino, cuando antes de cumplir la mayoría de edad tuvo lo que ella llamó una iluminación, un despertar como artista, y decidió volver a su Israel natal. Esa joven que también posee raíces yemeníes es actualmente conocida por su nombre artístico, Noa. En Israel hizo el servicio militar obligatorio, estudio música y conoció al guitarrista Gil Dor, su pareja artística, en la escuela Rimon de música contemporánea de Tel-Aviv, de la que él era director académico. En 1990 Dor invitó a Noa a cantar con él en directo en un festival, naciendo una extraordinaria relación musical. Su primer disco juntos fue un compendio de canciones pop y jazz en hebreo, que interpretaron en vivo. También en hebreo fue el segundo que les fue publicado en Israel, en 1993, titulado simplemente "Achinoam Nini Gil Dor" como para darse definitivamente a conocer, con música suya y letras de poetisas israelíes, que obtuvo un cierto éxito en su país ("He" o "Nocturno" son dos grandes canciones del álbum). Sin embargo, y aunque fue publicado un año antes, este álbum fue grabado posteriormente al que iba a suponer la explosión internacional del dúo Noa-Gil Dor. Pat Metheny, que cerca de la cuarentena era ya un guitarrista afamado, una estrella de hecho en el mundo del jazz, estaba de gira en 1988 en Israel, y Dor le invitó a dar una 'clase magistral' en su escuela. En un momento de debilidad y enorme visión, accedió a escuchar unos bocetos de algunas canciones y posteriormente a mantener una reunión en Nueva York, tras lo cual no dudó en apostar por esos jóvenes israelíes. A partir de ahí el nombre de Noa se hizo internacional, y de hecho Gil Dor decidió mantenerse en la sombra para que prevaleciera el carisma de la joven vocalista, "Noa".

Las andanzas norteamericanas de ambos músicos fueron decisivas en este éxito, primero porque Noa había sido educada en el bilingüismo, sus estudios fueron en inglés y en su casa se hablaba hebreo. Aunque mientras se esperaba a la publicación de "Noa" vio la luz el mencionado "Achinoam Nini Gil Dor", cantado íntegramente en hebreo, la vocalista no consideraba tan fluida esa lengua materna como la que hablaba en la calle y en el colegio, por lo que el inglés fue su idioma artístico. Además, Gil Dor conocía a Pat Metheny (este había sido profesor de Dor en Boston, en la Berklee School of Music), lo que influyó decisivamente en que decidiera actuar cuando descubrió al grupo. El norteamericano colaboró en la grabación del álbum, los llevó hasta Geffen, aportó la colaboración de sus músicos de confianza, y él mismo produjo el álbum, de claro sonido occidental muy asequible con visos lejanos étnicos, clásicos o de jazz. Geffen Records publicó por fin "Noa" en 1994, que arrastrado por el éxito de "Achinoam Nini Gil Dor", fue disco de oro en Israel, y vendió miles de copias en Europa, Estados Unidos e incluso en Japón. Noa cuenta que Gil Dor (guitarra y voces), Steve Rodby (bajo y voces), Lyle Mays (teclados) y ella misma (voz principal y alguna percusión) grabaron todo en cuatro días, en vivo, en Nueva York. "Más tarde, Lyle agregó muchos de sus hermosos sonidos originales en pistas adicionales, y Pat llamó a Steve Ferrone para tocar un poco de batería y a Luis Conte para tocar la percusión. Bill Evans contribuyó con un saxo en "Desire", Danny Gottlieb tocó en "Wildflower" y Gil Goldstein honró a "Uri" con algunas notas de buen gusto en acordeón". Metheny, que sólo aporta voces de fondo en "Child of man", produce junto a Steve Robdy. Las composiciones, de Gil Dor y Noa. "I don't know", que fue uno de los sencillos del trabajo, es una canción pegadiza dominada por la alegría y una garganta fabulosa que se daba a conocer con descaro. Algo más interesante es "Wildflower", completísima en su composición (el desarrollo instrumental de la pieza es tan extasiante como su interpretación vocal), un auténtico temazo de fácil radiodifusión, que supuso otro gran éxito. Tres de las canciones del álbum estaban cantadas en hebreo: "Mishaela" (una canción desenfadada que presenta un tarareado muy particular), "Eye opener" (con un indebido aspecto folclórico) y la dulce "Uri". Mientras tanto, "Child of man" era la tercera pieza destacada (en España contó con un CDsingle promocional para anunciar la gira por ocho ciudades en octubre), con una sencilla guitarra que se abre a un ritmo cálido, propio de otras latitudes (cercano a la bossa nova, pero basado realmente en los haikus orientales). El sello de Lyle Mays se escucha especialmente en canciones como "Path to follow" o "It's obvious", y el saxo de Bill Evans se hace notar en "Desire". Una gran sorpresa es el final del disco, una gloriosa adaptación del clásico "Ave María" de J.S. Bach y Charles Gounod (la melodía del compositor francés fue escrita para superponerse sobre un preludio en do mayor de Bach) con la nueva letra de Noa, que en este disco se reivindica no sólo como vocalista de excepción sino como gran compositora y letrista. Esta versión es una oración por la paz mundial, especialmente atrayente por estar cantada por una artista israelí que la compuso durante la guerra del golfo, en 1991, cuando repartió copias de este tema en casete entre los soldados que manejaban los misiles "Patriot" en Israel. "Ave María" fue interpretada ante el Papa Juan Pablo II en el Vaticano, y fue uno de los grandes éxitos y sencillo navideño del disco. 

Noa comenzó con las ideas muy claras en la estructura y estilo de unas canciones melosas, pasionales, verdaderamente hermosas, que posibilitaron la incursión internacional del dúo, puesto que no hay que olvidar la presencia de Gil Dor en toda su carrera. La composición es variada y pegadiza, la instrumentación exquisita y la voz sensual y dura a la vez (reflejo del propio idioma israelí, que aparece en los tres temas antes mencionados), que desvela una personalidad arrolladora, guerrera, aunque también con una gran sensibilidad, en esta producción de lujo de Pat Metheny que supuso un debut internacional de ensueño. Noa se presentaba como una estrella emergente en una world music girada hacia el pop (su origen yemení y un cierto tono étnico pueden comparar su estilo con el de Ofra Haza, aunque en realidad tienen poco en común, su música es más pop y menos de raíz), y enseguida llegaron las ventas y el reconocimiento. Noa tenía en esos momentos un sonido muy melódico, apacible y positivo ("soy una persona feliz, que no está enfadada con el mundo"), que se volvió algo más adulto en los siguientes trabajos, con cambio de producción y nuevos éxitos presentados regularmente hasta la actualidad.









25.5.19

ANDREAS VOLLENWEIDER:
"Eolian minstrel"

Uno de los primeros proyectos de éxito de Andreas Vollenweider en Suiza a finales de los años 70 fue musicando poemas, con sonoridades medievales, en un trío experimental llamado 'Poesía y música' junto a René Bardet y Orlando Valentini, cuando el arpa de Andreas ni siquiera había comenzado a electrificarse, un sonido personal y auténtico que acudiría en su ayuda pocos años después, a comienzos de los 80. Más años tuvieron que pasar para que la voz volviera a ser protagonista en un trabajo de Vollenweider, si bien esta vez de manera más convencional, es decir, en forma de canciones, cambiando de algún modo la forma y la imagen de su música. Esto se produjo en 1993 con la publicación de "Eolian minstrel" por parte de Columbia Records, y la esencia nueva de su música la iba a otorgar la voz de la norteamericana Eliza Gilkyson, una cantante de folk con cierta experiencia que además iba a tocar la guitarra acústica y co-escribir las letras de las canciones. Eliza probó con esta experiencia poco antes de un momento extraño en su carrera ("un proceso de duelo", reconoció, del que se recuperó años después), y la combinación de elementos fue pieza clave en el buen sonido del álbum. 

Vollenweider había alcanzado un enorme éxito en los 80 con discos como "White winds", "Down to the moon" (el primer ganador del grammy en la categoría New Age) o "Dancing with the lyon"; "Book of secrets", sin embargo, era un disco extraño, que contrastaba con los anteriores, un trabajo que llegó a destiempo y sobre todo sin melodías excepcionales para la radiodifusión como las que habían caracterizado las anteriores obras del arpista suizo. Este viaje por el mundo supuso una cierta apertura a otros sonidos, buscando una conexión entre lo étnico y lo sinfónico, un atrevido intento que repitió en sus siguientes trabajos, comenzando por "Eolian minstrel", que iba a suponer su última obra para Columbia, a pesar de tratarse del regreso del Vollenweider más afortunado, basado esta vez en algo tan comercial y radiable como las canciones. Con una de ellas comienza, "Song of Isolde" es una delicia de voz y arpa solitaria pero profundamente expresiva. El arpa sigue mandando en "Across the iron river (The return)", una pieza con la fuerza de la guitarra eléctrica y voces atmosféricas, en un alarde de estilo, una especie de pop sinfónico, que continua con "Reason enough", una canción suave apoyada por elementos folclóricos (violín), que no deslumbra pero ayuda a crear un conjunto variado y ameno. "Elian minstrel" sí que es una de las grandes canciones del álbum, inspirada, con un equilibrio perfecto en la instrumentación (arpa, acordeón, percusión, flauta) y la voz suntuosa y con enorme personalidad de la bella cantante de Hollywood. "Jaden maiden" es otra gran canción en ese mismo estilo, con un componente dramático muy colorido con saxo y rasgados sones de guitarras acústica y eléctrica. Hay sin embargo otras dos grandes canciones en el disco, "Desert of rain" y "Painter's waltz" (con un toque de bluegrass que le otorga el dobro). No sólo Eliza canta en el álbum, también otra estadounidense, Carly Simon (que volverá a colaborar con Andreas en futuros álbumes), comparte una canción en el mismo, "Private fires", un acercamiento a un estilo frontera, entre pop, rock y sinfónico, como otras canciones del trabajo ("Harvest", por ejemplo, que contó con una edición promocional en CDsingle). Andreas y Carly se conocieron, por iniciativa de ella, a principios de los 80, y fue introduciendo la música de Vollenweider en los Estados Unidos y consiguiéndole entrevistas y eventos, por lo que se siente muy agradecido ante esta oscarizada cantautora, ex-mujer de James Taylor. En cuanto a los instrumentales, "The secret shrine of Icarus" es un breve interludio orientalizante de guzheng -un instrumento chino tradicional de la familia de las cítaras que interpreta el propio Andreas-, "The years in the forest" es un curioso y amigable acto folclórico (arpa, guitarras, flauta, clarinete) muy bien construido, que hace olvidar el jazz que Vollenweider frecuentaba años atrás, "Leaves of the great tree" es una pieza de extraño carácter oriental y "Lake of time" es un final sencillo de flauta y arpa celta, el epílogo de este diario, esta gran aventura que Andreas quería compartir con todos nosotros y que, en la edición remasterizada publicada en 2007, incluía un DVD con cuatro temas en vivo en la ciudad suiza de Montreux, famosa por su festival de jazz.

"Eolian minstrel" presenta un mar de tendencias unificadas y un viaje de lo presuntamente medieval (ese juglar del viento) a lo exótico, con la ayuda de un completo despliegue de músicos, entre ellos sus habituales Walter Keiser (batería y percusión) o Max Lasser (dobro, laúd), pero también otros muchos nombres a las guitarras, flautas, teclados, violín, trompeta, saxo, percusiones, etc, y evidentemente la aportación de Eliza Gilkyson y Carly Simon. Aunque la popularidad del músico ya no era la de los 80, se optó por colocar de nuevo su imagen en la portada, y es que esa característica melena no acaparaba esa atención desde "Behind the gardens", más de una década atrás. En la gira que siguió a este trabajo (Eolian minstrel tour 1993/1994) se interpretaron varias canciones del mismo (se pueden escuchar en los discos en directo de Andreas, como "Live 1982-1994" o "25 years live (1982-2007)"), con la participación de la propia Eliza Gilkyson a la voz, guitarra, teclados y percusión. También se tocó una versión instrumental de "Eolian minstrel" con el título de "Sailor". Aunque con el paso de los años la popularidad de Andreas Vollenweider ha ido difuminándose, su nombre sigue siendo importante en el mundo de la música instrumental asociada a la new age, por lo que el público continúa atento a sus nuevas referencias, por si presentan reminiscencias de aquella gloria presente en trabajos como "White winds" o "Down to the moon".

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14.6.17

ELEANOR McEVOY:
"Eleanor McEvoy"

Es cuanto menos extraño que una banda tan grata y exitosa como U2 no cuente con alguno de sus discos (grandes álbumes como "The Joshua tree" o "Achtung baby") entre los más vendidos de todos los tiempos en su propio país. Echando un vistazo a la lista de ventas histórica de Irlanda, sólo un recopilatorio suyo se instala el cuarto puesto de esa tabla, mientras que la todopoderosa Enya, la mediática Sinead O'Connor o otro grupo irlandés superventas como The Corrs ni siquiera llegan al top 10, que sí han alcanzado otras bandas y solistas importantes como Oasis, Adele, Coldplay o los Beatles. El segundo puesto es para un recopilatorio de ABBA, mientras que el cantautor británico David Gray ocupa el puesto de honor con su trabajo "White ladder". En cuanto a otros músicos irlandeses, el mítico co-fundador de Planxty y Moving Hearts, Christy Moore, mantiene una extraordinaria quinta posición con un disco en directo, pero el caso más curioso se da en el tercer puesto con el álbum genuinamente irlandés más vendido en su país, el recopilatorio "A woman's heart" (Dara Records, 1992), una colección de canciones de seis importantes artistas folclóricas irlandesas (Mary Black, Eleanor McEvoy, Dolores Keane, Sharon Shannon -la única que no aporta la voz, sino su característico acordeón-, Frances Black y Maura O'Connell) impulsada por la creciente popularidad de Mary Black, y comandada por la extraordinaria composición que inspira el título de la compilación, "Only a woman's heart", el gran y sorpresivo éxito de la joven dublinesa Eleanor McEvoy, que al respecto pensaba: "Creo que hace veinte años en Irlanda la mujer pasaba por malos tiempos (...) A veces pienso que tal vez mi canción ("Only a woman's heart") resonó entre la gente debido a esto".

Eleanor vino a añadir un poco de frescura y juventud al panorama de las voces femeninas irlandesas, que realmente pasaba por un buen momento en los 90. Ella contaba con 25 años cuando, tras interpretar "Only a woman's heart" en un pub irlandés, y escuchada por Mary Black, ésta le propuso incluir su canción en la recopilación antes mencionada. La propia Mary cantó esa versión de la canción junto a Eleanor en el álbum, que también incluía otro bonito tema de la joven, "I hear you breathing in", dándose la circunstancia de que se trataba de la única de las seis mujeres que componía sus propios temas en la compilación. También todas las canciones de su primer disco en solitario iban a ser composiciones propias, un álbum inspirado y realmente disfrutable, de título simplemente "Eleanor McEvoy", publicado por Geffen en 1993. Rodeada de una buena plana de músicos irlandeses, Eleanor demostró estar sobradamente preparada para el lanzamiento de este espléndido debut, con letras llenas de historias de amor y desamor, de relaciones difíciles, de mujeres atormentadas pero en definitiva luchadoras. A pesar de su alianza con las grandes de la música folclórica irlandesa, ella no era una cantante tradicional, ni una intérprete de música celta, sino una cantautora que gustaba de incorporar en su repertorio detalles de esos estilos y de sus influencias, principalmente pop, rock, e incluso música clásica. En la portada, una guapísima Eleanor con su guitarra y unas letras juveniles y coloridas. Además de su aprendizaje de piano y violín desde pequeña, sus estudios de música en el Trinity College y su experiencia de cuatro años en una orquesta sinfónica, le permitieron añadir una pequeña sección de cuerdas (viola, violines y principalmente chelo) en varias de las canciones, que se unían al bajo de Jim Tate, la batería y programaciones de Noel Eccles, las guitarras, dobro, armónica y órgano de Bill Shanley, y sus propias voces, guitarras, piano, órgano, harmonio y violín, bajo la producción de Pat Moran. En dos de las canciones, la gaita del prestigioso Declan Masterson (que había coincido con Noel Eccles en el grupo Moving Hearts), y en una, el oboe de David Agnew. En este entorno totalmente acústico, y a gusto con la mencionada etiqueta de cantautora ("esa palabra me define exactamente", aclaraba), el álbum comienza de forma animada con los juegos vocales y sonoras guitarras de "Finding myself lost again", un estilo en el que la artista profundiza en otras melodías pegadizas como "Apologise" (con más furiosos guitarreos), "For you" (otro de los descubrimientos del álbum, hermosísimo tema en el que la irlandesa demuestra su buena voz y se deja escuchar el estiloso oboe) o la sugerente y divertida, casi adolescente, "It's mine". Dejando aparte "Only a woman's heart", situada en segundo lugar, "Boundaries of your mind" es otra excelente canción de esta primera mitad del álbum, que concentra todos sus temas promocionales ("Only a woman's heart", "Apologise", "For you" y "Finding myself lost again", de las que se publicaron numerosos singles y maxis). La calidad, sin embargo, continúa durante toda su extensión, por medio de una limpia y hermosa sensación de pureza y sinceridad: a la profundidad de "Not quite love" y a su estupenda instrumentación (batería, guitarra, un gran bajo) se une la plácida gaita, bonito detalle irlandés que se repetirá al final de la obra; el chelo acompaña lacrimosamente, junto a la guitarra acústica, "Go now"; otras como "Music of it all" le siguen en su espíritu calmado, roto por otra de esas composiciones de fácil escucha, de título "Leave her now", donde la entrada de violines deviene en una pieza con capacidad de radiodifusión en un acercamiento folclórico a grupos como The Corrs, por ejemplo. En un grandísimo final, dos cortas canciones en una onda recogida y sentida, "Breathing hope" y, con instrumentación escasa y gran sentimiento irlandés -cercano a Mary Black y las grandes damas con las que compartió aquel recopilatorio de éxito-, "Stray thoughts". El sello Market square publicó en 2003 una edición especial, con cuatro nuevas canciones: "Et c'est bien" (la versión en francés de "Its mine"), la rockera "Wilderness", "Cat's eyes" y "Corazón de mujer", la forzada (prescindible, de hecho) versión en español del tema principal.

"Mi corazón está triste, mi corazón está tan triste, como sólo un corazón de mujer puede estarlo", frasea el comienzo de
"Only a woman's heart". Cada cierto tiempo surgen canciones que pueden llegar a convertirse, por méritos propios, en pequeños himnos de la música irlandesa de carácter folclórico, aunque en ocasiones el paso del tiempo y la apetencia de las nuevas generaciones por otro tipo de ritmos más modernos, acaben instalándolas cerca del olvido. El de esta composición es un caso de un auténtico 'one-hit wonder', aunque Eleanor ha continuado una activa y extensa carrera que continúa hasta la actualidad, en compañías como Columbia, Dandelion, Diverse o Moscodisc. "Only a woman's heart" es una canción estupenda, bien interpretada y con una sección de chelo, viola y violines que la complementan a la perfección, un todo que caló en la audiencia británica, que se escuchó en muchos otros países (como España, que contó con esa propia versión en castellano), y que fue versionado por un buen número de artistas. A esa canción se debió gran parte del éxito del recopilatorio "A woman's heart", cuyo segundo volumen fue publicado -con toda lógica, a la vista de 750.000 discos vendidos del anterior- dos años más tarde que aquel, y que no contó entre las féminas irlandesas seleccionadas con Eleanor McEvoy, aunque en 2002 se publicó una tercera entrega, con el título "A woman's heart (A decade on)", que sí incluía un tema de la McEvoy, "Please heart, you're killing me".