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27.1.22

LUDOVICO EINAUDI:
"Underwater"

La mayoría de los pianistas melódicos que nos han deslumbrado con sus trabajos en solitario han alcanzado un momento en el que tienen la necesidad de revestir su música con otra instrumentación, generalmente de corte clásico, aunque las teclas acaben destacando, lógicamente, en la ecuación. Ludovico Einaudi ya había logrado un cierto éxito internacional con "Le onde" cuando incorporó bajo, cuerdas, guitarra y duduk en su álbum "Eden Roc" en 1999. Su siguiente paso retornó al piano desnudo en "I giorni", pero era difícil adivinar que iban a pasar dos décadas hasta retornar a esa propuesta. Efectivamente, desde su colaboración con el intérprete de kora Ballaké Sissoko en el álbum de 2003 "Diario Malí", Einaudi se hizo acompañar de buenos amigos, intérpretes de cuerdas especialmente, en su magna obra. Tras la curiosidad de "12 songs from home", donde Ludovico ofrecía recogidas versiones de algunas de sus composiciones durante su confinamiento en 2020, Decca publicó a comienzos de 2022 "Underwater", su primer álbum de estudio con composiciones nuevas de solo piano en más de 20 años.

Y el retorno es gozoso, qué serenidad, qué placidez sentarse y disfrutar del piano de Einaudi. Él lo hace fácil, se funde con el instrumento para acongojar, y cada pieza es un viaje a la dulzura, o como se dice en la nota de prensa del mismo, "un espacio para flotar sin límites, para reflexionar libremente", y es que Ludovico no tuvo presiones de ningún tipo: "La música vino con naturalidad, más que nunca antes. Sentí una sensación de libertad, de abandonarme y dejar que la música fluyera libremente. No tenía un filtro entre lo que salía del piano y yo, sentía mucha pureza". Posiblemente, la inspiración fuera incluso mayor que los paseos que originaron su anterior serie de siete trabajos, "Seven days walking", al poseer ese componente de dejarse llevar, de no poder hacer otra cosa aparte de tocar, de la soledad de la persona y el piano. El despegue del álbum, "Luminous", viene acompañado de un pequeño video donde pequeños microorganismos marinos desplegaban sus formas ondulantes y maravillaban con su luminiscencia. Ellos estaban vivos, como la música, como esa pieza sencilla y completa, en la que el maestro turinés sabe hasta dónde llegar. Cuatro eran las composiciones de avance del trabajo, entre las que destacaba especialmente otro video, el de "Natural light", que también se nutre de lucecitas, posiblemente las que le acompañaban cuando cerraba los ojos para componer durante el confinamiento al que la mayor parte de los seres humanos nos vimos sometidos durante el año 2020, ya que este álbum procede de esas largas horas en casa, y es, en sus palabras promocionales, "un manifiesto por la vida y una declaración para esta época en la que el mundo a mi alrededor estaba tranquilo y silencioso". Las luces de las que nos alimentábamos eran artificiales, por eso Ludovico sueña en esta gran pieza con la luz natural, con la calidez de las sensaciones solares, jugando con una deliciosa melodía con algo infantil, algo entre el ingenuo deseo navideño y la espontaneidad de la experiencia. Un tercer video de presentación era "Atoms", pieza menos desarrollada que nos introduce en un sendero boscoso, un bucle ambiental de acompañamiento a las melodías anteriores. En el último de esos cuatro avances, vuelve el juego entre notas en "Rolling like a ball", no tan afortunado como los dos primeros ejemplos, pero hermoso en definitiva, y descriptivo en este caso del reflejo del paisaje en un lago. Es esta la segunda de las piezas en el orden del disco, que continúa con "Indian yellow" (una nueva delicia donde el artista parece retornar al pasado y jugar en la calle con los amigos), el minimalismo de "Flora" y la mencionada "Natural light". Nada que objetar a las pequeñas delicias que siguen, melodiosas como "Almost june", "Nobody knows" o "Temple white" (difícil no destacar piezas como éstas en el conjunto del disco), tremendamente delicadas como "Swordfish" o "Wind song", siempre con el inconfundible sello del italiano. Ludovico se deja para el final la composición que titula al álbum, "Underwater", y aclara que dicho título "es una metáfora, una expresión de una dimensión muy fluida, sin interferencia del exterior". Ludovico no innova, pero no lo necesita, ofrece lo que se espera de él, y es maravilloso saber que continúa inventando piezas sin igual en su mismo estilo, año tras año, tal vez más reflexivo en casos como el de "Underwater". La fotografía del cisne de la portada fue tomada también por Einaudi, del que se dice que es el artista clásico con más seguimiento por streaming de todos los tiempos, y es que, aparte de la belleza de sus composiciones, la corta duración de las mismas y la utilización de muchas de ellas en el mundo del cine, ha elevado a este músico a una escala prodigiosa, lo que intenta aclarar a través de la diferencia entre componer y escribir canciones: "Cuando estás escribiendo una canción es como respirar, la forma de hacerlo es corta. Una canción es como la belleza de un solo soplo, una ola que va y viene. Es hermoso tal como es, no necesita nada más".

El álbum del lejano año 2004 "Una mattina" ya trataba sobre la vida del pianista en su casa, con sus cosas y su familia, por lo que es de recibo admitir que son esas las cosas que en definitiva le inspiran, la tranquilidad de su hogar, las costumbres diarias que un artista como él, en continua gira de conciertos y promociones, difícilmente puede disfrutar. La pandemia lo logró, Italia se vio pronto en una difícil situación por la expansión del Covid-19, que tuvo que ser atajada con el aislamiento domiciliario. ¿Quién nos iba a decir -a él y a cualquiera de nosotros- cuando se publicó "Una mattina" que eso iba a suceder?, pero lejos de lamentos, la familiaridad del hogar de Ludovico en Dogliani volvió a ser acicate en esta ocasión tan distinta, para sacar los sonidos guardados en su interior, y más allá de sus obras anteriores, de sus adaptaciones con orquesta o de las eficaces bandas sonoras que están acrecentando su fama, se puede afirmar que "Underwater" es uno de los trabajos más sinceros y auténticos de esta estrella clásica de la actualidad.

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28.6.18

LUDOVICO EINAUDI:
"Nightbook"

La música de un intérprete y compositor ya totalmente célebre como Ludovico Einaudi se encuentra en un amplio limbo estilístico, y es así porque varios campos, o más seguramente los seguidores de estas disciplinas, parecen intentar apropiarse de su imponente figura. Clásica, contemporánea, minimalismo, música de cine, relajación, new age..., ¿dónde situar a un compositor que genera tanta belleza y la acompaña de aderezos excepcionales como tocar el piano en el ártico en defensa de la ecología, hacerlo junto a un intérprete africano como Ballake Sissoko o colaborar con el turco Mercan Dede, ceder sus composiciones para numerosas películas, así como componer exclusivamente para otras, o incorporar elementos electrónicos en algunos de sus trabajos para dotarlos de una moderna y aventurada ambientalidad? La ubicuidad de este pianista turinés engrandece su leyenda, sus intereses son variados, y sus dichosos trabajos acaban hablando por él, obras tan enormes como "Le onde", "I giorni", "Una mattina" o "Divenire", aclamado álbum que precedió en tres largos años a "Nightbook", una oda a la belleza nocturna y a su natural extrañeza, publicada en 2009 por el sello británico Decca Records, con el consiguiente éxito de ventas (disco de oro en Italia) y crítica.

El merecido éxito y grandiosa calidad de un álbum tan extraordinario como "Divenire", que supuso para muchos el descubrimiento de un Ludovico Einaudi que ya llevaba una amplia trayectoria a sus espaldas, supuso para este intérprete un enorme espaldarazo fuera de su país (si bien realmente ya era un fenómeno en el Reino Unido), y le exigió un nuevo y difícil esfuerzo de superación para su siguiente CD, mientras las giras y los encargos se multiplicaban. La auténtica inspiración para "Nightbook" provino de la espectacular instalación 'The seven heavenly palaces', que el artista alemán -neoexpresionista- Anselm Kiefer, había aposentado en una nave industrial en la que Einaudi iba a tocar, el Hangar Bicocca, en Milán. Lo misterioso de la iluminación, la casi sagrada atmósfera que allí se respiraba y la enormidad casi apocalíptica de las ruinosas torres construidas por Kiefer, provocaron que el músico necesitara recrear una música nueva, especial, mítica: "Cuando llegué a ese lugar, me di cuenta de que no podía dar un concierto normal, tenía que hacer algo más. El sonido de la sala era como una catedral, con una gran cantidad de vibraciones". Parte de la música allí interpretada fueron bocetos realizados la noche anterior, verdaderos antecedentes de "Nightbook". Villa Adriana, en Roma, fue la segunda parada de esta historia, otro sitio también decadente, aunque muy distinto al anterior, mitológico. Ludovico encontró una conexión entre ambos lugares, y la música resultante fue como una explosión, un trabajo conceptual que el pianista considera como una puerta hacia su lado oscuro, "una transición entre la luz y la oscuridad, entre lo conocido y lo desconocido". Pianista de excepción, también es Ludovico intérprete de guitarra acústica, y la utiliza en varias composiciones de "Nightbook", en el que también ejecuta bajo eléctrico, clavecín, armonio y campanas; destaca profundamente además, el violonchelo de Marco Decimo, y puntualmente violas, violines, marimba y vibráfono. Pero como ya sucediera con "Divenire", la electrónica es el ingrediente definitivo para hacer de este esperado 'libro nocturno' otra pequeña joya del maestro italiano, unos efectos interpretados por Robert Lippok (y por Paolo Giudici en uno de los cortes), que también aporta cajas y percusiones en otras dos canciones. Lippok trabaja desde 2006 con Einaudi (fundaron el grupo Whitetree junto a su hermano Ronald), y entre los dos hay una excepcional conjunción. El cocktail se nutre de acción, suspense y romanticismo, para resultar otra obra inmensa del maestro, que pasada la cincuentena se encontraba en un momento fabuloso, gozando de las mieles del reconocimiento mundial. Gusta Ludovico de sencillas pero sugerentes introducciones en cada trabajo, que verdaderamente nos dan una tímida pista de por dónde se va a desarrollar la acción del mismo, si hacia terrenos folclóricos (incluso étnicos), o más puramente clásicos, en general minimalistas (Philip Glass es una de sus referencias, tanto como Bartok, Stravinski o Prokofiev). Sin embargo, es el populismo en esa combinación de influencias, lo cercano de sus melodías, lo que acaba por garantizar su enorme éxito. "In principio" es uno de esos preludios perfectos, un trailer que emociona y hace desear contemplar íntegro el resultado final de tan misteriosa obertura. Parece como si Ludovico se sentara, a primera hora de la noche, ante una radioemisora, e intentara contactar con nosotros; entablado el lazo auditivo, plantea su propósito melódico, gratamente aceptado por el radioaficionado, es decir, el oyente. Majestuosa es la continuación de esta conexión, los cortes segundo y tercero del trabajo, "Lady Labyrinth" y "Nightbook", deliciosas creaciones de una calidad trascendental, en los que la percusión es el vehículo adecuado para conducirlas a un terreno que va de lo cabalgante a lo puramente onírico, "Lady Labyrinth" utiliza un excitante tambor (Mauro Dorante) para crear un estado de trance, mientras que "Nightbook" presenta una percusión más ligera. Contrasta la portada oscura (acorde con el título) con un contenido vivo y luminoso, especialmente en esta prodigiosa primera parte del álbum, que deja paso a la excitación ante la intensidad de las partituras aquí concentradas. La habilidad y carisma del pianista no desluce tampoco en la continuación de este festival nocturno de portentosa elegancia, prácticamente de etiqueta, donde el chelo y los efectos continuan acompañando a las teclas blanquinegras aportando colores y vivencias en este festín pianístico. Por ejemplo, "Indaco" es otro gran tema, calmado en un primer tramo, movido en el segundo, mientras que "Eros" presenta todo un clímax in crescendo de apariencia totalmente rock, con cuerdas que se pueden asociar a un enfoque apocalíptico, como el de la instalación de Kiefer, que también puede verse reflejada en "The tower" (el título recuerda a esas enormes torres de 'The seven heavenly palaces'), con un piano ambiental cargado de una energía turbia, perdiendo el control en ocasiones, como en esa difusa ambientalidad que se asoma al drone más asequible en "The planets". Por el contrario, en esa yuxtaposición de luz y oscuridad que propone Einaudi, "The snow prelude N. 15" y The snow prelude N. 2" son dos solos de piano de un delicioso estilo antiguo, y "Bye bye mon amour", que también comienza como un solo plácido y relajante, al final se muestra rabioso por el apoyo electrónico. A su vez, con un cierto poso clásico se alzan "The crane dance" y "Reverie", con la presencia del vibráfono de Harald Kündgen. La sorpresa es la inclusión de un tema oculto tras el duodécimo, una versión a solo piano de la gran pieza homónima del disco, que aquí titula simplemente "Solo". "Nightbook" presenta una elegancia serena y, por supuesto, nocturna, autodefinida así: "Un paisaje nocturno. Un jardín débilmente visible bajo el brillo apagado del cielo nocturno. Algunas estrellas salpican la oscuridad de arriba, las sombras de los árboles alrededor. Luz brillando desde una ventana detrás de mí. Lo que puedo ver es familiar, pero parece extraño al mismo tiempo. Es como un sueño: cualquier cosa puede suceder".

"Nightbook" es una grata conexión con el mundo de la noche, con su luz, con sus sonidos, con los sueños. La insociabilidad nocturna con sus sonidos inquietantes, esa cierta tensión, puede ser comparable en la carrera de Ludovico con el rugido de la caída de un glaciar y el resquebrajar del hielo sobre el que descansaban él y su piano, cuando tocó en 2016 para Greenpeace en el mismo Ártico. Sus características líneas melódicas no cansan sino que se hacen deseables, adictivas, y el suministro de esta droga musical es, en "Nightbook", sublime y placentero. La elegancia del turinés alcanza desde la presentación del trabajo, un bonito digipack en colores de etiqueta, hasta su propia forma de ser y actuar ante su público, interminables y multitudinarios conciertos que partieron de una necesidad de compartir con cada espectador la emoción de sus partituras. Con el acicate de la instalación de Anselm Kiefer en el Hangar Bicocca, las canciones de "Nightbook" fueron creciendo en el cuaderno de notas de Ludovico Einaudi durante esas giras, y poco después de publicado el álbum e incorporado en sus directos, Ponderosa Music & Art publicó, en 2010, "The Royal Albert Hall concert", doble álbum con numerosas muestras de "Nightbook" (casi todo el trabajo de hecho) y una muestra de algunas de sus composiciones destacadas como "I giorni", "Melodia africana I", "Divenire" o "Primavera".

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15.5.12

LUDOVICO EINAUDI:
"Le onde"

No es fácil conseguir que un disco de solos de piano no resulte tedioso, y menos que destaque en la generalidad de una corriente, la de las Nuevas Músicas, en la que no sólo abundan los buenos pianistas (algunos de enorme fama, incluso más allá de la calidad de sus composiciones), sino que tales trabajos pueden perderse en su maremágnum de estilos, instrumentos y fusiones. Tal vez por provenir de un país poco habituado a exitosos instrumentistas internacionales como es Italia, el caso de Ludovico Einaudi no es de los de triunfo inmediato. Nacido en Turín y graduado en composición en Milán, no deja de resultar extraño que su primer disco realmente propio llegara a mediados de los 90, cuando este pianista llevaba cerca de quince años componiendo para teatro, danza, orquestas o realizando música de cámara. Sin contar "Time out", basado en su música para el espectáculo teatral de igual título, "Le onde" fue su primera entrega y BMG Ricordi (Casa Ricordi era una célebre y antigua compañía milanesa que adquirió BMG, y posteriormente Universal Music) la publicó en 1996 (una posterior reedición presenta una portada distinta a la original), suponiendo un enorme aldabonazo para su autor en ese mundo indeterminado que sabe recoger lo mejor de lo clásico y de lo nuevo.

Una poesía firmada por Ludovico Einaudi protagoniza las páginas centrales del libreto del disco. Habla de una playa larguísima, sin principio y sin final, y de un hombre que camina por ella, contemplando esas olas del título de la obra, más grandes o más pequeñas, más cortas o más largas, siempre iguales y siempre distintas. Puede venir a la cabeza esa definición de minimalismo que habla de un cielo lleno de nubes que parecen siempre iguales pero en realidad van cambiando casi imperceptiblemente. Minimalismo es una etiqueta que no disgusta a Einaudi -es confeso admirador de la obra de Philip Glass-, en la cual se le puede inscribir si bien sus canciones presentan por lo general unas características melódicas más numerosas y cambiantes, algo parecido a lo que sucede con las bandas sonoras de otro pianista admirado por el italiano, Michael Nyman. De hecho, en la composición que da título a "Le onde" se podrían encontrar ecos lejanos del exitoso tema principal de "El piano", publicado sólo unos años antes. Francamente, y más allá de comparaciones, "Le onde" es una de esas melodías envolventes que consiguen que se pare el tiempo, que las personas se sumerjan en un mar de recuerdos, de evocaciones, de nostalgia. Pero si "Le onde" es una partitura soberbia, todo un homenaje a la belleza, la facilidad de Einaudi para crear piezas verdaderamente hermosas, plásticas, incluso simbólicas, no se queda ni mucho menos ahí. "Le onde" es un disco inspirado por la novela "The waves", de la novelista británica Virginia Woolf, una de las mayores figuras femeninas literarias del siglo XX, cuya prosa poética es convertida en música para piano, intentando conseguir la misma transmisión de sensaciones e impresiones. Ludovico se gusta y nos gusta cuando acomete melodías hipnóticas como "Ombre", dominando por completo el tiempo y el espacio, o fantaseando en momentos tan mágicos como "La linea scura". "Canzone popolare" es el comienzo, e introduce el elemento popular en el disco (una fuerte influencia en su estilo), mientras que composiciones calmadas como "Tracce" suenan enérgicas y las más desenfadadas como "Questa notte" sabe vestirlas de gozoso júbilo para hacerlas subir muchos enteros a pesar de no estar acompañadas de más instrumentación. Sorprende comprobar que la magia del disco no se acaba en su primeras canciones sino que dura hasta el final, pudiendo encontrar ejemplos de sobrada calidad en los últimos cortes, composiciones que para otros artistas serían de clara referencia como "Onde corte" o "Passaggio", que llevan impresa la magnificencia del estilo ya inconfundible de las manos de Einaudi. Realmente todo el álbum parece ser la banda sonora de una vida, pero adaptable a la de cada uno de los oyentes, capaces de encontrar consuelo en el conmovedor baile de notas de "Lontano", la pulcritud de "Ombre", la espiritualidad de "La linea scura", la ambientalidad de "Tracce", la contundencia de "Questa notte" o la ternura de "Dietro l'incanto". En general, y para tratarse de su primer CD, Einaudi logra en el mismo una atmósfera sorprendente y muy fructífera, un poderío que años después se verá complementado por una ligera electrónica, y es que este instrumentista estudió con uno de los grandes, el compositor vanguardista italiano Luciano Berio, que no desdeñaba la incorporación de esos elementos modernos en sus composiciones, buscando el equilibrio entre lo clásico y lo moderno.

Con "Le onde" Ludovico Einaudi dió el salto definitivo hacia la fama en el mundillo contemporáneo, de hecho Classic FM hizo de este disco un éxito de ventas en el Reino Unido. Plagado de enormes baladas, de las que sorprenden y emocionan, este trabajo se comporta como un ser uniforme. Einaudi irradia libertad con su estilo de banda sonora de viaje, pero uno de esos en los que se funde la aventura con una historia de amor, que se va desarrollando a lo largo del disco. Precisamente tres de los cortes de "Le onde" fueron incluídos en la banda sonora de la película "Abril" de Nanni Moretti ("Le Onde", "Ombre" y "Canzone popolare"), mientras que "La linea scura" se escucha en otra película, 'Fame chimica', de Paolo Vari y Antonio Bocola. Su idilio con la música para cine aún no había alcanzado su más alta expresión, y los encargos se multiplicarán con la fama y los años. No es este turinés, que de pequeño tocaba el piano con su madre, un músico exclusivamente de melodía, sino también de técnica, de fuerza, de ambiente y de sentimiento. Comenzando por la miniatura que abre el trabajo, Einaudi adquiere en "Le onde" ese tono popular que le acerca al oyente de manera más profunda, asombrando con la solidez de sus composiciones, la inquietud que transmiten y la firmeza de un lenguaje que obliga, literalmente, a permanecer a la escucha.

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31.1.08

LUDOVICO EINAUDI:
"Divenire"

Entre el amplio abanico de pianistas no clásicos que nos ofrecía la primera década del siglo XX, fue cobrando poco a poco un gran protagonismo el italiano Ludovico Einaudi, hasta convertirse en un auténtico fenómeno. Es el suyo un piano formal, con elementos sinfónicos, románticos, incluso étnicos, pero él se deja inscribir en el minimalismo (un término que iguala con elegancia y sinceridad), y su contrato con el sello clásico Decca le otorga ese matiz contemporáneo que le hace más respetable. Su primer álbum con esta compañía británica, "Una mattina", llegó enseguida al número 1 en Inglaterra en el año 2004, después de cosechar grandes éxitos con sus álbumes para BMG Ricordi como "Le onde" (el primero, donde desarrollaba las bases de su sonido), un melancólico "I giorni" o el ambiental "Stanze". Este compositor nacido en Turín en 1955, no necesitaba las características y el carisma de otros famosos pianistas encuadrados en el minimalismo para deslumbrar, si bien con el tiempo ha superado la fama de prácticamente todos ellos. Su piano es hermoso y placentero, y después de sus incursiones en la música de cámara y componer para teatro, danza y cine, ha encontrado en él la herramienta perfecta para encauzar sus sentimientos hacia un oyente que se rinde con facilidad ante la hermosura de la melodía pura. Su capacidad de creación es, además, extraordinaria, sólo así se explica que año tras año continúe superándose, reafirmando su sonido y buscando elementos para enriquecerlo, como las influencias africanas provenientes de su viaje a Mali y encuentro con Toumani Diabate, o la incorporación de un ligero toque electrónico en su obra de madurez. Muy inmersos en el siglo XXI publicó "Divenire", otra obra maestra sin signos de cansancio o deterioro, acompañado esta vez por una orquesta completa, la Filarmónica de Liverpool.

"Divenire" se engancha a nuestro reproductor de CD como un imán al frigorífico, dada la embelesadora atracción de sus audaces melodías. Dotadas de un especial carácter visual, éstas parecen recoger impresiones de un largo y bello viaje, no en vano fue compuesto durante varios años en los cuales Einaudi abordó y publicó otros proyectos. Publicado en octubre de 2006 por Decca Records, en realidad este trabajo es fruto de ese 'devenir' al que hace mención, ya que la semilla surgió cinco años atrás en un concierto en los dolomitas, y fue creciendo poco a poco, inspirado especialmente en un tríptico del pintor italiano Giovanni Segantini, 'Naturaleza, vida y muerte', que suscitó en Einaudi "el deseo de completar esa imagen con música". En ese mismo concepto de transformación, de llegar a ser, cada pieza fue tomando forma en la cabeza de este artista único, independiente, heredero de una serie de músicas que van desde el piano que tocaba su madre hasta los minimalistas, pasando por las influencias del rock que escuchaban sus hermanas, de sus clases de guitarra o de la música étnica. Sin embargo el secreto de Ludovico no reside sólo en sus elaboradas melodías, ya que en "Divenire" resalta el engalanamiento de las mismas con un acompañamiento esmerado y original, fruto de la combinación de sus estudios clásicos con sus intereses más modernos. Y aunque probablemente pueda gustar a acólitos de uno u otro estilo, se intuye en Ludovico Einaudi a un compositor que disfruta en la época y métodos más actuales. En "Divenire" nada está colocado al azar, y aunque cada tema es audible independientemente, su orden y continuidad no es casual: "Cada pieza está donde quería, incluso los cambios de clave entre las armonías de los temas están pensados". Ese comienzo delicado y emocionante ("Uno"), como música que partiera de nuestra propia alma, es el augurio de una obra maestra, un disco que combina piano, orquesta y esporádicos toques electrónicos que nutren al sonido de las teclas de un alabado componente orgánico, como en este comentado inicio y en dos canciones que incluyen pianos sonando al revés (la preciosa "Rose" -un ambiente pianístico de excepción- y "Ascolta"), demostrando que no existe una huída de la tecnología (por ejemplo, y en otro orden, una de las composiciones, "Monday" -un solo de piano con aire antiguo-, nació tocando en directo por internet para un foro). La maduración de este álbum durante los muchos directos interpretados en esos cinco años provoca que incluso uno de los temas sea en vivo, una soberbia improvisación con el chelista Marco Decimo de título "Andare". Todo lo restante es fabuloso, ya se trate de nuevos solos de piano ("Oltremare", "Ritornare"), otra composición más completa y alegre ("Fly", que concluye con una cierta disonancia de guitarra eléctrica, interpretada por el propio Ludovico) o un tema final que no incluye piano, sino chelo y orquesta ("Svanire"), pero hay que acabar destacando dos cortes únicos en su característico estilo: "Divenire" es un auténtico hechizo, una inmarcesible composición que no sólo da título al álbum sino que fluye extraordinariamente y recoge en su espectacular desarrollo toda la idea del mismo. Por otro lado, "Primavera" es un fenomenal acercamiento a la técnica de Vivaldi, otra demostración de ingenio de cuya apabullante melodía gustaría disfrutar una y otra vez. Ambos cortes poseen vida propia y se muestran como dos gemas de las que dificilmente se encuentran muestras en los últimos años. De hecho, si este álbum hubiese sido creado 15 años atrás, nos encontraríamos ante un clásico indiscutible. Tal vez 15 años después ya lo sea.

"Divenire" se adaptó un poco más a la modernidad por medio de una edición especial en 2007 que incluía un segundo disco, en el cual se encontraban tres remixes a cargo de nombres importantes: Mercan Dede se encargaba de "Uno" (en un estimulante acercamiento, no ya a una temida electrónica, sino a una suerte de world music suave y con percusión), Robert Lippok de "Andare" (un buen ambiente electrónico el de este futuro colaborador del italiano) y Alva Noto de "Divenire" (el menos afortunado de los tres, porque elimina totalmente su excelsa melodía y delicioso desarrollo). El cine se fijó enseguida en la música de este turinés, por ejemplo el noveno corte de este disco, "Fly", fue incluído en una de las más exitosas películas francesas de los últimos tiempos, 'Intocable', y es que las notas de ese piano abarcan una amplísima gama de matices, pero no sólo musicalmente hablando sino que además pueden provocar en el oyente las más dispares pero siempre humanas sensaciones. Ludovico utiliza las notas, los tiempos, los silencios, con una absoluta maestría creando lúcidas composiciones para un disco pulcro, diáfano, pero de una emoción engañosa, puesto que es el propio devenir el que provoca que nunca lo escuchemos de igual modo, con las mismas ganas o predisposición. Aún así, seguirá siendo siempre una experiencia única.