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28.5.24

ADIEMUS:
"Adiemus IV. The Eternal Knot"

Cinco años y tres entregas después de la creación de la banda Adiemus, la fórmula de su éxito podía seguir dando frutos en el cambio de siglo, si bien la saga iba perdiendo algo de su sabor original. La novedad que supuso en 1995 "Songs of Sanctuary" había dado paso en 1996 a un esperado "Adiemus II: Cantata Mundi", algo más sinfónico (con profusión de metales y vientos), con grandísimas composiciones como "Cantus: Song of Tears" o "Cantus: Song of the Spirit". Pero tras su tercer paso en 1998, "Adiemus III: Dances of Time" (una celebración de formas de danza, que incluía cantantes finlandeses), parecía que ese crossover clásico, esa sabia mezcolanza entre música coral, orquestal y músicas étnicas, necesitaba otro tipo de apoyo por parte de su principal valedor, el compositor galés Sir Karl Jenkins, que había comenzado este satisfactorio proyecto junto a su buen amigo de la época de Soft Machine, el teclista Mike Ratledge (ya retirado del mismo desde la publicación de la primera entrega, para dedicarse a otras cosas fuera de la música), y la muy eficaz cantante sudafricana Miriam Stockley, que siempre ha defendido su total implicación en las creaciones tribales de este grupo que ayudó a implantar su hasta entonces poco conocido nombre en la memoria de muchos. En un año tan importante como el temido 2000, Jenkins evolucionó bastante esta música para su cuarta entrega, titulada "Adiemus IV: The Eternal Knot", publicada por Venture, el sello dependiente de Virgin Records. El camino contó en esta ocasión con una dirección nueva, hacia la música celta, ese mundo en el que la idea de 'el nudo eterno' es una expresión perfecta de lo ilimitado de Dios y su creación. El disco, además, contó con una portada ligeramente diferente en Japón, y con otra distinta (parecida a la original pero con un motivo algo distinto y más elaborado en su pátina de antigüedad celta) en la reedición de Decca en el año 2019.

Jenkins siempre se ha sentido orgulloso de su etapa de músico para comerciales que originó el primer Adiemus, en la que ganó premios (junto a Ratledge) y de la que se publicaron algunos plásticos de difícil encuentro en la actualidad. Él detesta esas opiniones absurdas, comenta en su autobiografía ('Still with the Music'), de que "en algunos círculos se opina que es más honorable conducir un taxi para llegar a fin de mes, como lo hizo el compositor estadounidense Philip Glass, en lugar de, como ellos lo ven, 'prostituir el propio arte'. En mi opinión, es más beneficioso trabajar como músico, en música de cualquier tipo (como Liz Lutyens y sus bandas sonoras de películas de terror de la Hammer), perfeccionando las habilidades y el aprendizaje". En una época de gran carga de trabajo para el músico, y después de componer su espectacular obra pacifista "The Armed Man", se puso a trabajar en 'Adiemus IV', aunque antes de eso demostró su polivalencia al aceptar un extraño desafío de la BBC llamado Composer's Challenge: "La idea era que, frente a la cámara, a uno se le diera un sobre que contenía un desafío para componer una pieza musical y tocarla al día siguiente. Toda la logística relacionada con el lugar y los músicos habría sido arreglada y lista para funcionar (...) Mi sobre contenía instrucciones para componer una pieza musical para celebrar el Año Nuevo chino, 'El año del dragón', y dirigir una actuación en el barrio chino de Manchester al día siguiente, 5 de febrero de 2000. La orquestación consistía en instrumentos chinos, un coro y un pequeño conjunto de cuerdas, y el texto era 'Spring Dawn' de Meng Hao-jan". Su interesante pericia en varios mundos, incluido el de la música étnica, le ayudó notablemente a superar el desafío con nota, y esa misma experiencia unida a sus propios orígenes, ayudaron en el siguiente reto, que le acercaría definitivamente al cuarto Adiemus: "Poco después de mi experiencia china en Manchester, Hefin Owen me encargó que compusiera la música para una serie documental de televisión llamada 'The Celts', con la que estaba a punto de entrar en producción". La ayuda que necesitaba la música coral y sinfónica de Adiemus para evolucionar iba a provenir definitivamente de la música celta, esos mitos que no sólo no pierden interés con el tiempo, sino que de vez en cuando recobran importancia y se convierten en acontecimientos recurrentes en cine, televisión, arte o música. Así, "Adiemus IV: The Eternal Knot", banda sonora que ganó un premio Bafta, es tan excitante como los anteriores Adiemus pero con un componente fantasioso proveniente de las leyendas celtas. El viaje comienza con "Cú Chullain", donde Jenkins parece haberse vendido a la música más característica de espada y brujería... Pero no, ese inicio sólo se trata de un acertado leitmotiv o estribillo instrumental que engalana al estilo multivocal de la banda, convirtiendo ese tema en un épico título principal de película medieval, junto a los coros tan característicos de Miriam Stockley. Todavía con esos sones en la cabeza, "The Eternal Knot" no sólo pone título al disco sino que se trata de un precioso tema coral religioso que torna a africano en su tramo medio para retomar lo sacro al final. Esta tonada va a cobrar especial importancia en la próxima obra de Karl Jenkins, la popularísima misa "The Armed Man: A Mass for Peace", al ser recreada en una de sus piezas más célebres, "Benedictus". Una de las grandes composiciones de este cuarto Adiemus es "The Wooing of Étaín", que comienza con la gaita irlandesa del inimitable Davy Spillane, con la que se entrelazan la flauta y una estupenda guitarra a cargo de Martin Taylor, enorme combinación de instrumentos con protagonismo compartido, poco típica de Adiemus por la falta de voces (bien podría tratarse este de un tema de Bill Whelan), pero siempre agradecida y celebrada. "Palace of the Crystal Bridge" es un buen tema corto con un alegre acompañamiento orquestal y la marca Adiemus, como también la tiene la enorme "King of The Sacred Grove", con una gran flauta en el más puro estilo irlandés (el recorder o flauta dulce de Pamela Thorby) en vez de la shakuhachi que brillaba en los comienzos del grupo, y una enorme coda final. Al contrario que en la anterior, donde el estilo Adiemus encontraba una solución celta, "Saint Declan's Drone" es de nuevo, como lo era "The Wooing of Étaín", una pieza directamente de estilo celtoide que se beneficia del coro, del efecto multivocal. "Salm O 'Dewi Sant'" es del estilo clásico Adiemus oracional, con la típica fantástica interpretación orquestal de orquesta y vocalistas, al igual que en la danzarina "Connla's Well", donde vuelve a abrumar la gaita uilleann pipe de Spillane. El arpa de Catrin Finch es otro de los instrumentos irlandeses que se intercalan en el disco, como en "The Dagda", tema que proviene de uno del anterior álbum de Jenkins en solitario "Imagined Oceans", concretamente de "Lacus Pereverantiae" (no es el único, ya que el penúltimo tema, "Isle of the Mystic Lake" deriva de "Palus Nebularum", del mismo álbum). A partir de aquí desciende un tanto la épica y el disco se convierte en un Adiemus normal, lo que es decir mucho por la calidad impresa de Karl Jenkins. No hay que despreciar piezas como "Children of Dannu", "Ceridwen's Curse", o la aparición de nuevo de Spillane en "Hermit of the Sea Rock" vestigios de un gran creador de música coral. Además de los mencionados Miriam Stockley (voz), Davy Spillane (gaita irlandesa), Catrin Finch (arpa), Pamela Thorby (flauta dulce) o Martin Taylor (guitarra acústica), es importante destacar, además de los numerosos intérpretes de cuerdas o vientos de los miembros de la orquesta, a David Farmer al acordeón, la soprano Caryl Ebenezer, las voces adicionales de Mary Carewe, y la percusión del hijo de Karl, Jody K. Jenkins, que se había incorporado al proyecto como percusionista desde la segunda entrega; él es un reputado intérprete y arreglista que ayudó a dar una especial profundidad a la música, con la ayuda de una tecnología de grabación que siempre está en mejoría, como el efecto Carnyx (instrumento de viento -una especie de trompeta de bronce- de la Edad del Hierro, que podemos ver en el interior del disco gracias al relieve que se encontró en un caldero ritual decorado en plata). Tras la deliciosa sobriedad del primer volumen (cuya duración era normal, realmente), parece que a Jenkins le sobrevino un ataque inspirativo, de tal manera que se convirtió en norma que las siguientes entregas de la saga alcanzaran las 13 o 14 piezas por álbum, un número tal vez excesivo por aquello de lo bueno de la brevedad, aunque siempre con una calidad fuera de toda duda, la de este compositor galés que comenzó su extensa producción en el campo del crossover clásico-étnico a una edad avanzada, ya en la cincuentena. 

"The Eternal Knot" se estrenó en septiembre de 2000 en el Royal Albert Hall de Londres. Como banda sonora de 'The Celts', y con el añadido emocional del origen galés de Karl Jenkins, cada pieza de este disco se inspira en personajes o en mitos celtas, como Cú Chullain, el gran héroe, personificación del valor celta, que forma un puente -se afirma en las notas interiores del álbum- entre el mundo de los dioses y el de los humanos; como Máel Dúin, que se lanza a la mar para vengar la muerte de su padre Ailill, señor de las islas Aran; como Étain, hija también de Ailill, que al ser codiciada por el jefe Midir, provoca los celos y la venganza de la primera esposa de éste, Fuamnach, para acabar huyendo convertidos en cisnes; como Declan, santo patrón del pueblo Déisi; como Dewi Sant -en inglés San David-, santo patrón de Gales; como Dannu, diosa madre de los celtas -que da nombre al Danubio-; como Ceridwen, bruja que vivía en el fondo del lago Bala, en el norte de Gales, guardiana de un caldero de sabiduría. Fuera de todo mito y ya en la actualidad, parece que la sabiduría musical estuviera en poder de Karl Jenkins, y es que es de agradecer que de vez en cuando surjan en la historia de la música compositores tan válidos y polivalentes que consiguen romper fronteras, combinar campos estilísticos y encontrar un filón con enorme fuerza e interés popular en la fusión con otros sonidos, con un toque de originalidad (aunque ya casi nada lo es) y pulidos de tal modo que se convierten además en baluarte de nuevos géneros y espaldarazo para jóvenes compositores. Con los años Jenkins se ha sentido mucho más cómodo en el ámbito de la música contemporánea con elementos sacros gracias a obras como "The Armed Man: A Mass for Peace" o su propia "Stabat Mater", aunque su mayor éxito posiblemente se deba a esta banda de música folklórica de cámara que nació a mediados de los años noventa de un spot publicitario de la compañía Delta Airlines. Por tanto, a falta de que hiciera estragos el 'efecto 2000', cualquier buen melómano debería retorcerse en su sillón y disfrutar ante los últimos coletazos de esta banda ficticia (aunque aún existió una quinta entrega denominada "Adiemus V: Vocalise" en 2003), en lo que podemos denominar sin pudor como 'efecto Adiemus'.

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6.9.23

KARL JENKINS:
"The Armed Man: A Mass for Peace"

Hay artistas que, descontentos con unos inicios de carrera bisoños, renuncian a una parte de su obra, por lo general cineastas vanguardistas con bastante proyección, que realizan películas primerizas con escasez de medios y bajo presupuesto. Aunque a veces se trate de situaciones poco comprensibles, es una decisión personal y respetable, que se convierte en obsesión de completistas. También algunos músicos que hoy en día gozan de una popularidad y respeto absoluto en el campo de la música culta, han coqueteado en sus inicios con estilos que pueden estar poco considerados por los expertos, por lo que no suelen alardear de ellos. Sir Karl Jenkins, toda una institución en el Reino Unido, no es de los artistas que ocultan esos inicios, que pasaron desde el jazz fusión y rock sinfónico en el grupo Soft Machine a la participación en librerías de música para publicidad, antes de que la música coral con elementos de músicas del mundo explotara y alcanzara el éxito bajo el nombre de Adiemus. Toda la trayectoria del galés se unió a unos estudios firmes (licenciatura en música en 1966 en la universidad de Cardiff) para comenzar una carrera fascinante en el mundo de la música contemporánea, que nos permitió disfrutar de obras como la fabulosa misa contra las guerras "The Armed Man: A Mass for Peace".

El nuevo siglo se estaba acercando, y The Royal Armouries (el museo nacional más antiguo de Gran Bretaña, cuya exhibición de material de guerra tiene como finalidad comprender lo que realmente es la guerra) y Classic FM fueron los que propusieron a Jenkins, como podemos leer en el libreto del álbum o en la autobiografía del compositor, 'Still with the Music', que compusiera una pieza musical para conmemorar el milenio y reflejar la tradición cristiana de Gran Bretaña. Los responsables de The Royal Armouries propusieron utilizar una canción del Renacimiento titulada 'L'Homme Armé', cuya melodía fue muy utilizada en las misas de la época, con una letra que decía que el hombre armado debía ser temido. Aunque haya habido guerras a cada paso de la humanidad y en cada centuria, la capacidad de destrucción es cada vez mayor y más poderosa, por lo que era un momento estupendo para la creación de una misa del hombre armado moderna que intentara concienciar a la sociedad. Además, Jenkins era una opción estupenda para que la liturgia fuera abierta a otros estilos musicales que complementaran el acto eclesiástico y lo globalizaran de alguna manera. La música del galés iba a ser complementada con textos bíblicos, de misa y de importantes nombres de la poesía y la literatura, seleccionados por él mismo y por Guy Wilson, por entonces director del museo. Tras un año de trabajo, el estreno tuvo lugar el 25 de abril de 2000 en el Royal Albert Hall. Posteriormente se procedió a la grabación en CD en los Air Studios del productor de los Beatles, George Martin, de tal manera que definitivamente Venture (filial de Virgin Records) publicó "The Armed Man: A Mass for Peace" en septiembre de 2001. "The Armed Man", el comienzo con el texto en francés de 'L'Homme Armé', es una pieza animosa que porta una extraordinaria epicidad en su combinación de coro y orquesta. Es una maravillosa presentación de la obra, que continúa con "The Call to Prayers (Adhaan)", la llamada musulmana a la oración, en árabe, con la voz de Mohammed Gad. La inclusión de este canto ha deparado algún que otro momento polémico, incluso la cancelación de alguna representación o traslado de la misma de recintos religiosos a laicos. En una misa cristiana no puede faltar el 'señor, ten piedad', también conocido  como "Kyrie", pieza coral de gran calibre, una celebración en griego con el solista Tristan Hambleton, que traspasa la alegría pagana de Adiemus a un campo más eclesiástico. Son momentos para la reflexión, recalca Jenkins, que dan paso a algunas oraciones bíblicas que piden la ayuda de Dios contra nuestros enemigos: Así, de nuevo un varón rompe el silencio con potencia y sin música en "Save Me from Bloody Men", con textos provenientes de varios salmos bíblicos. "Sanctus" es el tema más cercano a Adiemus por el tratamiento de los coros en latín, la musicalidad de las frases y el tratamiento de la percusión (de hecho tiene relación con la futura "Immrama" del álbum "More Journey... Adiemus New Best & Live"). Es una composición altiva, que se beneficia de un espléndido clímax con metales. Otro gran momento llega a continuación con "Hymn Before Action", donde las voces que declaman al escritor británico Rudyard Kipling alcanzan un nivel celestial. 'Señor, concédenos la fuerza para morir', concluye. Son momentos de guerra. De hecho, una fanfarria muy medieval y bélica inaugura "Charge!", a la que se añade el coro en un entorno de película, con final a modo de himno y textos del poeta John Dryden y del escritor irlandés Jonathan Swift. En "Angry Flames" el poeta al que recurre el autor es el japonés Toge Sankichi, sobreviviente del bombardeo atómico de Hiroshima. Son instantes de lamento, los vientos marcan un muy bello comienzo, que adopta enseguida una emergente calma con la entrada de las voces, en un término medio entre lo operístico y lo celta, una falsa paz que continúa en "Torches", con un extracto del texto mitológico indio Mahabharata. El "Agnus Dei" de la obra, esa oración católica que se reza durante la misa en la cual Jesús ofrece su sacrificio, es otro punto culminante de la misma; Jenkins no se extiende en demasía, y su concisión es melodiosa, fantástica, otro de los grandes momentos de este proyecto antibelicista. En el caso de "Now the Guns Have Stopped" son las cuerdas, tras una curiosa entrada de percusión, las que introducen el motivo principal, que conduce al muy eficaz solista. El texto es del mentor de la obra, Guy Wilson, al no llegar a tiempo el consentimiento para utilizar un poema del británico Maurice Baring. Llega entonces un momento relajante con un nuevo toque celta por medio de un emocionante violonchelo en un tono muy alto alcanzable sólo por grandes chelistas (el solista es Guy Johnston, sustituto de su intérprete en la presentación del álbum, Julian Lloyd Webber), que dialoga con el viento, y un cierto espíritu navideño; "Benedictus", tal es su título, es una de las piezas más recordadas y representadas del trabajo por su carácter curativo. En ella, Jenkins utiliza su propia composición "The Eternal Knot", que titula el cuarto volumen de Adiemus. Aunque su conclusión porta un cambio de ritmo instantáneo, el todo es tranquilo y emocionante, y es la antesala de un final totalmente distinto, una especie de danza medieval con voces titulada "Better Is Peace", que no es sino la variación de "The Armed Man" en un tempo más rápido, un cierre fabuloso y pleno de esperanza para un disco completo, que en su edición especial del año 2010 (publicada por Warner Classics) contó con una pieza nueva con texto del poeta inglés Laurence Binyon titulada "For the Fallen (In Memoriam Alfryn Jenkins)" (Alfryn era un tío de Karl, fallecido en la Segunda Guerra Mundial, y el poema rinde honores a los muertos de guerra), con la soprano neozelandesa Hayley Westenra, que unos años atrás había coincidido con Jenkins en el álbum de Mike Oldfield "The Music of the Spheres", como solista. Esa edición de 2010, que mantenía la paloma de la paz de la original, pero tornando el fondo negro a un blanco celestial, incluía además un DVD con una representación en vivo de la misa. También se realizaron dos películas para las interpretaciones en directo: 'The Armed Man' (que bucea en la historia siguiendo el texto de la obra: "la preparación del conflicto, el conflicto en sí y sus consecuencias, y finalmente la búsqueda de un futuro mejor") y 'The Armed Boy' ("sobre un joven que sufre bajo las manos despiadadas de un matón y su pandilla. Cuando finalmente toma represalias, descubre las mayores consecuencias de tomar las armas: una representación alegórica del llamado de Jenkins a la paz en tiempos de guerra"). En 2019, en el marco de la celebración del 75 aniversario del compositor, "The Armed Man" fue relanzado con una cubierta totalmente remozada, de nuevo con la blancura de las nubes como fondo al vuelo de la paloma, esta vez por parte de Decca.

Es difícil explicar, incluso para el propio Karl Jenkins, por qué "The Armed Man", que no tuvo ninguna repercusión especial durante sus primeros años de vida, y sin una especial campaña publicitaria ni acontecimientos que le hubieran podido ayudar, tuvo de repente la increíble repercusión mundial que le llevaron a ser una obra representada innumerables veces a lo largo del planeta, llegando a superar las 2000 representaciones en 2010, como se decía en la edición conmemorativa del décimo aniversario. Jenkins especula con que "Benedictus" fuera el detonante, con su gran solo de violonchelo que le hace profundamente emotivo, de tal forma que es interpretado profusamente en funerales. En cuanto a la polémica de la llamada a la oración, "The Armed Man" es una partitura que además de otros motivos y condicionantes, contempla especialmente la división entre las religiones y la búsqueda del diálogo y tolerancia entre ellas, por lo que tanto su compositor como sus instigadores prepararon una declaración que ruega su interpretación íntegra, con el canto islámico recitado o reproducido desde el CD, en cualquier ámbito; en caso de negativa absoluta, se aconseja reemplazarlo por un periodo de silencio, aclarando en el programa lo que debería escucharse em ese momento. Como durante la composición de la obra se desarrollaba la tragedia de Kosovo, "The Armed Man" está especialmente dedicado a las víctimas de esa guerra, pero lamentablemente, no hay época de la humanidad en la que el mensaje del trabajo no sea tremendamente actual y preocupante. Nosotros sencillamente debemos unirnos a su espíritu y disfrutar de su gran belleza.

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26.12.20

MIKE OLDFIELD:
"Music of the Spheres"

Bastante entrado el siglo XXI, las nuevas músicas vivían momentos de desconcierto, el público se había desarraigado de aquellas melodías que caracterizaban lo más conocido del género y abría las puertas al futuro. Los artistas de siempre no tenían más remedio que adaptarse e innovar (en muchas ocasiones se trataba de un simple cambio de nombres en los géneros musicales, entrando de lleno términos abstractos, existentes o no con anterioridad, como 'chill out', 'post rock', 'drone' o 'synthwave'), y las nuevas generaciones irrumpieron con formas propias de los nuevos tiempos, más atractivas que las aburridas, repetidas y almacenables muestras de consumo ambiental o de melodía fácil que acabaron por copar el mercado -salvo honrosas excepciones- en los años de decadencia. Tal vez Mike Oldfield, uno de los grandes desde décadas atrás, no era consciente de que su música se estaba empobreciendo, tal vez ni siquiera era así, pero desde finales de la década de los 90 era difícil atisbar en su obra (impoluta por otro lado, y por momentos aún maravillosa) al artista innovador de los 70 o al que en los 80 aceptó nuevos caminos, adaptándose con solvencia a los géneros más aceptados popularmente. Básicamente, el Oldfield adelantado, admirado e imitado había tornado en un Oldfield que se ponía a la fila de las nuevas tendencias e incluso era él el que imitaba estilos ajenos, y hay que ser conscientes de que un artista así siempre cumplirá sobradamente, pero difícilmente podrá destacar en campos tan lejanos al suyo como la música electrónica o el tecno. Folk, pop o rock han sido su hábitat natural, aunque la música clásica sí que podía ser un terreno más abarcable para sus capacidades. De hecho, algunas de sus obras primerizas podrían considerarse como acercamientos básicos pero íntegros a formas neoclásicas (el maravilloso "Hergest Ridge", que derrochaba un encanto romántico), otras fueron reconstruidas de manera orquestal ("Tubular Bells" y el propio "Hergest Ridge") y algunos de sus populares sencillos de los 70 eran versiones de tamaño más pequeño de piezas tradicionales o clásicas de procedencias varias. 

Cuando ese cineasta americano tan especial llamado John Carpenter compuso el tema principal de su film de 1978 "La noche de Halloween", se inspiró claramente en el ostinato de apertura de "Tubular Bells". Este reconocido homenaje dio la vuelta tres décadas después cuando Oldfield afirmó estar preparando un trabajo sobre la fiesta de Halloween, aunque dijo tratarse de la festividad original celta del fin del verano, no de la celebración actual de fantasmas y duendes. "Tubular Bells" fue además -una vez más- la semilla del proyecto, que acabó tornando de golpe su temática a la más elevadora de la 'armonía de las esferas', esa creencia pitagórica sobre la música de los cuerpos celestes que otros astrónomos, como Johannes Kepler, llevaron más lejos. Ya en los tiempos modernos, muchos músicos se han dejado seducir por tan sugestiva temática, dedicando alguna de sus obras a este fenómeno y con títulos similares, tanto en el mundo del rock (Ian Brown, que fuera cantante de The Stone Roses), el jazz (Neil Ardley), la new age (Chip Davis y su Mannheim Steamroller) o por supuesto la música clásica (Rued Langgaard, Philip Sparke, la Aurora Orchestra -adaptando piezas de otros artistas-) o directamente coral (Joep Franssens, o Nigel Short y el coro Tenebrae, en una grabación nominada en 2017 al premio grammy en la categoría 'Best Choral Performance'). Al contrario que en algún caso que más bien es una tesis doctoral sobre las ideas de Kepler (José Ibáñez Barrachina y su obra estrenada en 2006 "Esferas"), el "Music of the Spheres" de Mike Oldfield no tiene en cuenta en absoluto esos cálculos, es simplemente una sinfonía alegórica para orquesta, coro y guitarra, que adopta ideas y títulos asociados a la armonía de las esferas, es decir, que Oldfield se inspira en la grandiosidad del espacio y los astros para elaborar una partitura en la que las melodías pomposas, los cambios armónicos, las texturas minimalistas y algunos coros celestiales, conforman una idea de lo que para él puede ser esa música. Las necesidades del proyecto, no obstante, hicieron que no estuviera solo en el mismo: "Puedo crear una obra musical y hacer que suene orquestal simplemente con mi software informático -llamado 'Sibelius'-, pero no podría llevar todo eso a una partitura ni sabría cómo ponerlo delante de un director de orquesta sin ayuda". Cualquier exégeta de la vida de Mike Oldfield podría nombrar a Robin Smith y especialmente a David Bedford como sus grandes colaboradores orquestales, pero ni uno ni otro iban a ser aquí los ayudantes del de Reading, y el nombre elegido iba a contar con un prestigio exquisito y con una personalidad tal que iba a influir decisivamente en el sonido del álbum, hasta tal punto de que a veces dudemos de la autoría exclusiva de Oldfield: el galés Karl Jenkins, creador de importantes obras tanto en solitario como con su grupo Adiemus (y que había participado tocando el oboe, 35 años antes, en la grabación de un directo de "Tubular Bells" para la BBC), fue esa persona elegida con brillo y acierto para ayudar a Oldfield, que se convierte así en serio, respetable, muy diferente al de determinados momentos de su carrera tardía, pero perfectamente reconocible en la esencia de las melodías (evolucionando por nuevos caminos pero guiñando el ojo también hacia el pasado) y en la interpretación de la guitarra, aunque se trate del trabajo en el que menos vamos a poder escuchar este instrumento, y exclusivamente en su forma clásica, en absoluto electrificada. Jenkins, que co-produce el álbum junto a Oldfield, accedió a numerosas ideas y fragmentos sueltos y ayudó a que todo tomara cuerpo y funcionara de manera orquestal, acabando por grabar con The Sinfonia Sfera Orchestra en Abbey Road (formada por más de 80 músicos que interpretaron flauta, oboe, clarinete, fagot, trompa, trompeta, trombón, trombón bajo, cuerno inglés, tuba, timbales, violines, violas, violonchelos, contrabajo, piano, coro y percusiones). Tras la ordalía sufrida por los seguidores de siempre de Oldfield durante más de diez años, al fin llegó el momento más serio de lo que llevábamos de centuria del artista británico: Universal Music publicó "Music of the Spheres" en marzo de 2008, aunque dicha edición se había visto retrasada varios meses por causas personales, entre las que se pueden encontrar la nueva paternidad del artista y su traslado a una nueva residencia en Mallorca. Mientras tanto, no sólo apareció la única canción del disco ("On my Heart") en el recopilatorio "The Number One Classical Album 2008", sino que el trabajo se filtró íntegro, llegando por la cara a los hogares de los fans. Un comienzo altivo, orgulloso, anticipa un trabajo de fácil digestión, poco complicado estructuralmente pero que por eso mismo puede disfrutarse enormemente por el público menos cercano a la música culta, así como por el seguidor fiel del británico. "Harbinger" es ese comienzo enaltecedor, y aunque se base en la conocida entrada de "Tubular Bells" (se une a la variación de "Sentinel" en "Tubular Bells II"), se beneficia de unos arreglos excitantes, heroicos. Ya que "The Orchestral Tubular Bells" no fue algo realmente suyo, Oldfield reivindicaba la adaptación orquestal de su obra. A continuación, un pasaje campestre da paso a un dominante piano que, ejecutando una serie de arpegios, crea de la nada una elegiaca atmósfera titulada "Animus". Es importante recalcar la importancia y elevado nivel del pianista del trabajo, el intérprete chino Lang Lang, considerado como uno de los más importantes de la época. Lang Lang tocó su Steinway desde Nueva York conectado con el programa iChat. La guitarra vuelve a flotar sobre la orquesta al comienzo de "Silhouette", acariciada enseguida por un ostinato de piano, al que sucede otra fantasiosa melodía a los vientos. Asistimos enseguida a un gran momento en "Shabda", uno de los cortes destacados de la obra con bellos rasgueos de guitarra y la entrada del coro al modo Adiemus. Con "The Tempest" regresa la variación de la melodía hermana al comienzo de "Tubular Bells", esa popular tonada que para unos es sobrante y para otros retrata fielmente lo que es Oldfield. Así, "The Tempest" (con una gran parte final de metales) es una pieza altamente controvertida, algo que prosigue en el reprise de "Harbinger", cuyo final da paso a uno de los momentos más bellos del disco, "On my Heart", una hermosísima canción con la voz de la no menos encantadora soprano neozelandesa Hayley Westenra, un ejemplo rotundo del crossover clásico tan de moda en esos tiempos. La voz (sin duda de las mejores que han cantado para trabajos de Mike Oldfield) se alza dominando el tiempo y el espacio, y la tímida guitarra final hace bien en no extenderse, para quedarnos con su fulgor. Comienza el segundo acto con otro de los mejores temas del disco, unos gratos compases que recuerdan enormemente al minimalista "Incantations" (en concreto al comienzo de la parte tercera), en un resonante alarde épico muy activo y entretenido con arrebatos de cuerdas. "Prophecy" se asoma de repente con un componente oriental y étnico (también muy típico de Adiemus), seguido de un ambiente misterioso y un hipnótico fondo repetitivo de piano, antes de la llegada del suave reprise de "On my Heart", para justificar la presencia de la voz angelical en la obra. En "Harmonia Mundi" los vientos y las voces retoman la paz celestial de "Shabda" y la guitarra, bucólica, se explaya algo más de lo normal con una nueva variación de "Sentinel". "The Other Side" es una corta pieza de vientos orientalizantes (muy impresionistas) que adorna bastante bien al conjunto, justo antes de llegar a "Empyrean", un clímax de metales muy acertado, nueva partitura destacada que vuelve a transportarnos a "Incantations" con fulgor y una brusca elegancia. Buscando la comparación con "Tubular Bells", o más concretamente con su versión orquestal, podría tratarse algo así como su 'caveman', complementado por "Musica Universalis" (así se denominaba también a la armonía de las esferas, y ese es el nombre de la compañía que publicaba el disco, Universal Music), un final más concordante, en cuanto al fondo de cuerdas e incluso por las notas pausadas de la melodía, con el de la presentación de instrumentos del final de la cara A del 'opus one'. Incluso suenan las campanas en este tramo final sin maestro de ceremonias, bastante cercano a lo celta (con la incorporación de la gaita de Liam O'Flynn hubiera podido sonar cercano a alguna suite de Shaun Davey), de una sinfonía acertada, agradable, sin excesiva profundidad pero sin desperdicio ninguno. Un sencillo del disco de título "Spheres" se puso a la venta de manera digital, una pequeña toma de contacto con el concepto presentado en el álbum, un boceto sin añadidos orquestales que unificaba a su modo "Hardinger" y "Shabda". La presentación en directo fue el 7 de marzo de 2008 en un lugar tan espectacular como el Museo Guggenheim de Bilbao, con la Orquesta Sinfónica de Euskadi y la Sociedad Coral de Bilbao, con la dirección de Enrique Ugarte. Oldfield tocó sus partes de guitarra ante un público escogido, que tuvo el honor de asistir al que posiblemente sea su último concierto. Una edición limitada de "Music of the Spheres" que incluía un segundo CD con el concierto de Bilbao fue puesta a la venta en noviembre de 2008. Aunque inmerso en un mundo al que no le gustan los intrusismos, "Music of the spheres" estuvo nominado al premio 'Classical BRIT' en 2009, y entró al número 1 en las listas clásicas del Reino Unido. En España alcanzó el número 7. ¿Merecía Oldfield una mayor repercusión que la que obtuvo con este trabajo? Tal vez fuera su propio nombre el que le impidió llegar más alto, y es que el sello Oldfield ha generado numerosas controversias a lo largo de los años en cuanto a sus caminos musicales, especialmente cuando en el fondo de su nuevo trabajo permanecen las brasas de ese "Tubular Bells" que engrandeció la capacidad de la música moderna para acercarse a las suites clásicas con los instrumentos y el sentimiento de finales del siglo XX. Eso sí, este nuevo vástago de tan magna obra porta una calidad tan elevada (el dúo Oldfield-Jenkins logra una conjunción superlativa) y resonancias tan prístinas y duraderas como la propia música de las esferas. 

Difícil es que el trabajo de un músico que no se mueva por proyectos ajenos, sea tan diferente que el anterior ("Light + Shade", sólo dos años atrás) y, aunque aún no lo sabíamos, que el siguiente. De hecho, es posible que el propio Oldfield se acabara dando cuenta por fin, al publicar en 2017 "Return to Ommadawn", que la oferta más interesante que puede emanar actualmente de sus enormes capacidades, se circunscribe a épocas pasadas. No es que "Light + Shade" o "Man on the Rocks" sean trabajos detestables, son sinceras muestras de la realidad de su autor, con momentos tan interesantes como otros prescindibles en nuestro recuerdo, pero a la vista de muchos, demuestran que obras tan anteriores en el tiempo como "Tubular Bells" o "Ommadawn" aún continúan siendo referentes (casi arquetipos, especialmente el primero) en los que continuar escarbando para encontrar nuevos frutos. En la montaña rusa de interés en la discografía del Oldfield del siglo XXI (ese que muchos denominan 'Newfield'), la referencia a sus propios clásicos iba a regresar en "Music of the Spheres", una suite -haciendo caso al deseo de sus seguidores de siempre- con escasez de guitarras, dividida en dos partes, aunque con la presencia de títulos en cada pasaje (como hizo en "Tubular Bells 2003") para facilitar su escucha. El reto de adentrarse en el campo clásico, para el que poco antes afirmaba no estar preparado en absoluto, le llevaba rondando un tiempo y era inasumible en solitario, así que consiguió una de las mejores colaboraciones de sus últimas décadas, y la ayuda de Karl Jenkins le otorgó un empaque y cierta dignidad orquestal, logrando una rara avis en el mundo clásico. Se le pueden recriminar muchas cosas al Mike Oldfield maduro, pero hay que agradecerle muchas más, en este caso un acercamiento somero pero esmerado a las formas clásicas, y aunque para los más puristas (que seguramente no lleguen a escuchar el disco), no se trate mas que de un remedo clásico o contemporáneo con acercamientos a otros estilos, las mentes abiertas pueden disfrutar con "Music of the Spheres" como lo que es, un divertimento orquestal, una celebración -tan terrenal como espiritual- de una completa carrera de manera distinta pero sencillamente amena, simplemente la idea de Mike Oldfield de lo que, en estos tiempos de fusión sin ningún tipo de miedo, es la música clásica.

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27.12.19

KARL JENKINS:
"Stabat Mater"

Aunque se trate solamente de la música clásica del siglo XX, el término 'música contemporánea' era necesario, por la huida de muchos autores del concepto netamente clásico, radicalizando su música en ocasiones hacia un indecoro electrónico, muchas veces caótico, casi siempre atrevido y de difícil valoración popular. Son variadas y difíciles de abarcar, sin embargo, las bifurcaciones de los tratamientos musicales que se agrupan en ese epígrafe, que se hace más y más necesario al adentrarse en sus tupidas redes. Cabe la posibilidad de realizar un seguimiento de nombres más que de estilos, lo que podría llegar a (casi) asegurar la consecución del tipo de sonido que cada oyente busca, acepta y, en definitiva, disfruta. Más aún si se trata de un artista polifacético como Karl Jenkins, que además de su incursión en el emblemático proyecto Adiemus (con sus influencias corales y étnicas), y otro tipo de obras neoclásicas ("Diamond Music" fue su primer proyecto, con un delicioso resultado, seguido por "Imagined Oceans"), se atrevía también con la música sacra, comenzando en 2001 con la obra basada en la misa católica "The Armed Man: A Mass for Peace", seguida por su "Requiem" publicado en 2005, y una gratísima sorpresa que llegó de la mano de EMI Classics en 2008, otra estupenda obra religiosa para contralto solo, coro y orquesta titulada "Stabat Mater". La portada, un hermoso montaje con rostro femenino, fue sustituida por otra más religiosa (la cara de una estatua de la Virgen María) en la edición conmemorativa de los 75 años de Karl Jenkins en 2019.

Un 'Stabat Mater' es una plegaria, un poema religioso presuntamente escrito por el Papa Inocencio III y por el franciscano Jacopone da Todi en el siglo XIII, que relata el sufrimiento de María, la madre de Jesucristo, durante la crucifixión de su hijo. De las más de 200 versiones musicales con las que ha contado el texto, la más recordada y reputada es la de Giovanni Battista Pergolesi, si bien muchos autores lograron otras interesantes y a la larga importantes recreaciones, entre ellos Rossini, Vivaldi, Palestrina, Haydn, Verdi, Penderecki, Gounod, Pärt y, por supuesto, Karl Jenkins, que compuso el suyo para la ciudad de Liverpool, cuando fue designada por la Unión Europea como Capital Europea de la Cultura en 2008. Al texto en latín, el músico galés añade otros en inglés, hebreo, griego o arameo, de tal forma que su "Stabat Mater", más étnico de lo habitual, recuerda inevitablemente en muchos momentos a los mejores ejemplos de su grupo Adiemus. Evidentemente, es difícil desmarcarse de una forma de componer propia, una marca de agua que cada músico lleva muy dentro, pero en este caso la semejanza no molesta en absoluto, más bien al contrario, aunque el poso de lo que escuchamos no deje de ser una derivación del concepto Adiemus hacia una temática religiosa, su concepción es tan exquisita y su realización tan pulcra, que es preciso considerarlo como otro pequeño hito del compositor galés. Intensa, dramática, extasiante, la partitura de este "Stabat Mater" es absolutamente fabulosa, en ella la voz étnica representa a María Magdalena (Belinda Sykes, que ya había grabado anteriormente el disco de canciones medievales "Magdalena") y la contralto a María (la mezzosoprano Jurgita Adamonyte). Como comienzo, que también es el propio inicio -versos 1 a 4- del 'Stabat Mater', "Cantus Lacrimosus" es de una exhibición vocal y orquestal que llega a estremecer, dando un paso más allá de Adiemus hacia un contexto sacro con coro en latín. Un sentido canto árabe tradicional, de clara raíz oriental, domina "Incantation", mientras que en "Vidit Jesum in Tormentis" vuelve el coro, suave y de aspecto navideño, declamando nuevos versos del 'Stabat Mater' (del 5 al 10) que crecen en intensidad junto a la esplendorosa música. Pero si de intensidad y a la vez ternura hablamos, la inmensa "Lament" (dominada por la solista Adamonyte en inglés, que recita un poema de la esposa de Karl Jenkins, Carol Barratt, dedicado a su amiga Christine Brown, en estado terminal) reúne características idóneas para convertirse en un pequeño hito del clasicismo sacro de este siglo. Opuesto a lo anterior, el poderoso ritmo impuesto por cuerdas, metales y percusión marca la impetuosa "Sancta mater" (versos 11 a 14 del poema), de una energía excitante, que cierra un inicio sin respiro, absolutamente espectacular. La obra recupera la calma y el ambiente religioso con toque folclórico en el canto en arameo e inglés titulado "Now my Life Is Only Weeping", proveniente del poema del místico persa del siglo XIII Yalal ad-Din Muhammad Rumi. Ajenos al poema protagonista, el compositor galés instala entre sus versos otros ajenos que hablan también sobre el dolor (ayudado inestimablemente por el poeta galés Grahame Davies), como los ya mencionados de Barratt o Rumi, uno escrito por el propio Jenkins en inglés, hebreo, latín, arameo y griego ("And the Mother Did Weep"), y dos especialmente importantes: "Are you Lost Out in Darkness?" proviene del conocido poema épico de Gilgamesh (considerada la obra literaria más antigua del mundo, hacia el tercer milenio antes de Cristo), y es un dramático y emocionante lamento en inglés y arameo que retoma el interés del disco por su apabullante poderío vocal, que sobrecoge por momentos; acto seguido, "Ave Verum" es un arreglo coral del himno eucarístico del siglo XIV -atribuido al papa Inocencio VI- 'Ave Verum Corpus', que posee un cierto anhelo aventurero, enigmático, que embarga por momentos y recuerda que la misma vida de Jesús y María son un auténtico misterio, uno de los mayores de la historia de la humanidad. Para acabar con el 'Stabat Mater' "Virgo Virginum" se ocupa del verso 15, "Fac Ut Portem Christi Mortem" (otra bella oración, en un tono grave bastante trágico) de los versos 16-17, y para concluir el álbum, "Paradisi Gloria" (versos 18 al 20) recupera acordes más populares muy del estilo de su autor y de Adiemus. Para una mejor y más completa adecuación a la época de la muerte de Jesús y al área geográfica de Tierra Santa y Oriente Medio, Jenkins utilizó, además de la orquesta (Royal Liverpool Philharmonic Orchestra), voces solistas y coro (Royal Liverpool Philharmonic Chorus), percusiones interpretadas por su hijo, Jody Jenkins, como darbuka, doholla, def y riq, así como un instrumento de viento de doble caña como es el mey. La creciente fama clásica de este autor esencial permite un sigiloso acercamiento de las músicas del mundo a la escena culta, demostración de un mapa musical inmenso, que ese mismo años 2008 también le dejó tiempo para producir un álbum de acercamiento clásico de Mike Oldfield titulado "Music of the Spheres".

Estrenada el 15 de marzo de 2008 en la catedral de Liverpool ("hubo 2000 personas allí y al final todos se levantaron y aplaudieron durante mucho tiempo, fue muy gratificante"), "Stabat Mater" es una obra que si bien no puede calificarse de original, sí que está regida por la calidad y tocada por el sentimiento, el tratamiento vocal entronca lo sacro con lo arcaico, con esas músicas del mundo que imperan en los discos de Adiemus, y la música orquestal envuelve las piezas en un torbellino de religiosa espiritualidad, sin olvidar el autor su propio estilo, que por momentos llena de inabarcable gozo. Aparte de su tardía trayectoria clásica y su incursión en el mundo del jazz y del jazz-rock (el grupo Soft Machine), Karl Jenkins representa uno de los más claros ejemplos de música para publicidad convertida en más de una ocasión, dada su enorme calidad, en disco comercializable, y de hecho con gran éxito de ventas y popularidad. No contó "Stabat Mater" con ninguno de estos dos factores en gran manera, pero el tratamiento orquestal impoluto y las deliciosas aportaciones vocales delimitan una obra respetada en el mundo clásico, que tuvo buenas críticas y populosas representaciones en directo a cargo de diferentes orquestas y voces, prácticamente todas aconsejables al partir de una gran partitura, cuya interpretación en directo llega a sobrecoger.

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7.12.06

ADIEMUS:
"Songs of Sanctuary"

Entre la neoclásica y la world music, entre la música vocal y la de cámara, entre la incertidumbre y la sorpresa, así llegó el grupo Adiemus al gran público en 1995, por medio de "Songs of Sanctuary", un trabajo inaudito de fantasiosa portada azulada (cambió ligeramente en la edición de los 75 años de su autor, si bien mantuvo los colores) publicado por Virgin Records en una nueva demostración de buen ojo y oportunismo de la compañía británica. El santuario al que hacía referencia el título de la obra era interior, un refugio privado al que poder escapar que estaba dentro de cada oyente, de cada degustador de la magia desprendida por las notas de este disco, un proyecto muy especial que dada su calidad y repercusión internacional ha tenido continuidad durante cerca de una década por medio de cinco populares entregas, un álbum en directo y varias recopilaciones, amén de alguna adaptación especial bien entrado el siglo XXI ("Adiemus Colores", virando hacia la música latina, o "Symphonic Adiemus", para coro y orquesta). Al frente de este grupo ficticio, de esta espléndida chispa de creatividad auténtica y natural que se llamaba Adiemus, estaba un galés ejemplar, caballero de la Orden del Imperio Británico, de nombre Karl William Jenkins.

Como base de este trabajo, Sir Karl Jenkins elaboró una pieza de música orquestal y coral pero con elementos étnicos, cantada pero sin letra definida, en un lenguaje inventado particular del que importaba más la modulación que el sentido, al efecto de utilizarlo como un sonido más, recurso que si bien de ningún modo era exclusivo de Jenkins, este utilizó de manera impoluta. De hecho, muchas de las canciones de Adiemus serían también bellísimos ejemplos de instrumentalidad al sustituir esas voces por violines o instrumentos clásicos ejecutando el tema solista, lo que realmente ocurrió en parte un año después en el álbum "Diamond Music", firmado esta vez con el nombre del autor, Karl Jenkins. Sin embargo la historia de Adiemus no fue tan fácil como parece: Jenkins, que tenía experiencia y éxito en el mundo de la música para spots publicitarios (hemos podido escuchar sus jingles para Levis, Pepsi, Volvo o Renault entre otras muchas marcas de primera fila), recibió el encargo de la compañía aérea estadounidense Delta Air Lines, para la cual creó una melodía atrayente y poderosa con gran carga multivocal que, al tratarse de la compañía estadounidense más importante en vuelos transatlánticos, llegó a un buen número de países; el efecto que produjo en miles de oyentes lograron el milagro de que la música de ese anuncio que combinaba con excelente gusto la majestuosidad de los aviones con la de simpáticos delfines, fuera aclamada y solicitada. A partir de ahí, Karl Jenkins se dio cuenta de que su idea se había convertido en una entidad que podía inspirar a mucha gente diferente, por lo menos así lo reconocía y enseguida se planteaba la extensión vocal celta, árabe, africana y oriental. "Una de las cosas que me ha excitado ha sido cómo mi idea inicial de Adiemus como un proyecto de grabación se ha desarrollado en una experiencia viva", decía Jenkins al respecto de este "Songs of Sanctuary", sobre el cual no hay que dejar de citar otros tres nombres implicados en el proyecto: la London Philharmonic (a la que se unen ciertos instrumentos étnicos o tradicionales, como la quena -flauta de los Andes, interpretada por Mike Taylor en el comercial y por Pamela Thorby en el álbum-), Mike Ratledge (ex-compañero de Jenkins en Soft Machine, cuya importancia en este álbum -también como coproductor- ha de ser reconocida) en las percusiones programadas, y la vocalista del proyecto, o debería decirse la multi-vocalista, ya que el efecto multivocal que tanto popularizara Enya está presente en el trabajo a través de Miriam Stockley, con la que Jenkins y Ratledge habían trabajado anteriormente en su compañía de música para spots publicitarios. Ella fue uno de los pilares de la grabación al encargarse de llevar todo el peso vocal de la misma (aunque ella misma sugirió la ayuda de Mary Carewe para los momentos más estridentes, y de Bob Saker para las voces bajas, si bien apenas se distingue en la grabación). En las notas interiores del disco se destaca el hecho de esta indispensabilidad, no sólo por la belleza de su voz, sino también por su variedad, control y perfecta entonación, adecuándose perfectamente a los matices centroeuropeo, celta e incluso africano requeridos, todo ello en un contexto cercano a lo religioso. Este ambiente eclesiástico propuesto se combina con un tratamiento vocal con elementos étnicos y de gospel, y un envolvente rítmico que viaja de Europa a África con asombrosa naturalidad. Gracias a sus buenas ideas guardadas, que utilizó para conseguir que la grabación del álbum no se eternizara, Jenkins elaboró un álbum recordado, en el que todas las circunstancias fueron rodadas para que las piezas encajaran perfectamente, el proyecto estaba como bendecido: la pieza más conocida, "Adiemus", es un asombroso himno multicultural que resume la maravilla de esa fusión, y como protagonista del spot de Delta Air Lines llevó a "Songs of Sanctuary" a los primeros puestos de las listas de clásica, músicas del mundo y new age, dado lo difícil de su clasificación y los elementos implicados en la grabación, especialmente el evocador solo de quena, aparte del efecto multivocal. Evidentemente, Karl Jenkins no sólo depende de las voces para expresarse, y lo demuestra gratamente en momentos como el comienzo de "Tintinnabulum", con la flauta dulce y las eficaces percusiones de Frank Ricotti. "Cantus Inaequalis" presenta una belleza danzarina del norte de Europa con base gospel, y "Cantus Insolitus" es un delicado paseo de Stockley con la orquesta que recuerda a una bonita nana. También habría que comentar la africanidad de "Cantus Iteratus", el recogimiento casi monacal de "Amate adea" y esa corta pero eficaz culminación de título "Hymn", aunque en el interior de este trabajo en el que cualquier muestra sería un auténtico éxito, otros dos temas son indispensables, por su composición e interpretación: la animada "In Caelum Fero" y "Kayama", dos cortes de asombrosa magia y poderosa dulzura, caracterizados por ese efecto multivocal, coral y tribal tan conseguido, difícil de definir: "Me he resistido a la clasificación toda mi vida, y nunca he tenido problemas para escuchar y apreciar música de diferentes estilos, así que mi música intenta sintetizarlos". 

Efectivamente, la energía que desprende Adiemus va más allá de clasificaciones, pero en su fusión de influencias consiguió confundir a muchos en el negocio de la música, e inspirar a otros para seguir caminos paralelos. La confusión fue mayor al proponer la discográfica que Adiemus fuera un proyecto envuelto en misterio sin promoción ni reconocimiento, inicialmente, acerca de las personas involucradas en la música. En cuanto a "Songs of Sanctuary", ese mismo año 1995 contó con varias ediciones con portadas diferentes en Japón, Benelux y Francia (cuyas portadas estaban protagonizadas por los mismos delfines que aparecían en el spot original de Delta Air Lines), así como ligeros añadidos en el listado de temas, con 'radio edits' de "Tintinnabulum" o "Kayama", o la 'Full Version' de "Adiemus". Ese fue precisamente el primer sencillo del álbum, seguido por  "Kayama" (estos dos primeros contaron además con su correspondiente y vistoso videoclip) y "Tintinnabulum", todos ellos en ediciones diferentes, acompañados de otras canciones del disco como "Hymn" o "Cantus Iteratus", pero con la nefasta característica de incluir, especialmente en Alemania, diversas versiones remix, en particular de "Adiemus" y "Kayama". Eso sí, donde fuera que se escuchara o se encontrara la versión original de este disco, dejaba sin ninguna duda una marca de calidad, la de un concepto que cambió completamente la vida de un galés llamado Karl Jenkins, una música extraordinaria que se ha desarrollado a lo largo de varias décadas y que tomó vida en este prodigioso "Songs of Sanctuary".

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24.8.06

KARL JENKINS:
"Diamond Music"

La reconversión de algunos veteranos del rock hacia la música instrumental más o menos culta a veces provoca sorpresas que van más allá de un simple fenómeno pasajero. El galés Karl Jenkins se sintió fascinado por el jazz en su juventud, y esa pasión, sin olvidar su formación clásica, continuó en sus años de universidad en Cardiff, donde se graduó con una licenciatura en música en 1966. "El jazz era vibrante, emocionante tenía un gran sentido del tiempo, energía y ritmo", dijo. Poco después tocó en la banda de rock progresivo y jazz-fusión Soft Machine, una gran experiencia que acabó siendo un caos, el final fue un desastre organizativo que acabó con el grupo, aunque continuó su amistad con el teclista Mike Ratledge, con el que fundó la compañía Mooz, renombrada posteriormente a Jenkins-Ratledge. Se trataba de una compañía de música de biblioteca y para publicidad, campo en el que ganaron varios premios. En 1994, una solicitud para conocer la música de un comercial de Delta Airlines cambió completamente la vida de Karl y su familia (se casó con Carol Barratt y su hijo Jody nació en 1981), al ser el acicate para la creación del grupo Adiemus, que enseguida alcanzó una enorme fama. Con esta trayectoria primeriza, no dejó de sorprender su tardía inclusión en el baúl de la música contemporánea, género en el que se ha afirmado notablemente con el paso de los años, alcanzando gran categoría con obras mundialmente aclamadas y representadas (se dice de él que es el compositor vivo más representado del mundo) como "The Armed Man" o "Stabat Mater". "Diamond Music" fue un evento seminal, algo más privado pero realmente exquisito, un notorio paso adelante que fue publicado en 1996 por la división clásica de Sony.

Karl Jenkins relata en su libro 'Still with the Music' cómo creció feliz en las décadas de los cuarenta y los cincuenta en su Gales natal, aunque tuvo que aceptar la muerte de su madre a los 5 años. Su padre tocaba el piano y el órgano en una capilla, a la que a veces acudía Karl a verle ensayar. Con él, aprendió piano desde los 6 años, pero a pesar de disfrutarlo, no despuntó, y encontró en el oboe su instrumento. La música era claramente su vida, y poco importa que diversificara sus miras, de hecho eso ha mejorado posiblemente sus capacidades. Tras el éxito de Adiemus, Sir Karl Jenkins cuenta así lo que pasó: "En 1995, Work Music, una subsidiaria de Sony, se acercó a mí para grabar un álbum para cuerdas. Debía incluir 'Palladio', que fue un desarrollo del tema 'A Diamond is Forever', que había compuesto para el comercial de De Beers". Y es que paradójicamente, la primera vez que pudimos admirar la fabulosa melodía principal de este disco no fue en emisoras de música instrumental, ni clásica, ni a través de algún sampler o extractos en internet, sino en un anuncio de joyas, un imponente spot del grupo sudafricano De Beers que queda claramente reflejado en la bella portada del álbum. Gran cantidad de público puede recordar perfectamente aquellas armonías de violín in crescendo, que se podían llegar a asociar con alguna sinfonía clásica. Poco tiempo después, con la publicación del álbum, se pudo descubrir que detrás de aquella extasiante partitura estaba la misma persona que junto a su ex-colega de Soft Machine Mike Ratledge y la vocalista Miriam Stockley nos había sorprendido un año antes con el proyecto Adiemus, cuyo tema principal también provenía de un spot publicitario, y es que Jenkins ganó numerosos premios como músico para publicidad, de hecho se comercializaron en los 70 determinados plásticos con pequeños cortes -como muestras para radio o televisión-, y existe un trabajo de 1981 junto a Ratledge titulado directamente "Cuts for Commercials Vol. 3". La música del Jenkins de los 90 tal vez no fuera de una profundidad emotiva como la de Górecki o Part, quizás no poseyera la seriedad estilística de los Cage o Feldman, ni la elegancia o trascendencia de ciertos compositores minimalistas, pero sí el sentimiento y la facilidad necesaria para convencer en una primera escucha y admirarla como si contempláramos un cuadro impresionista o una locura daliniana, no hace falta entender ni comprender la estructura de la música, sólo disfrutarla. El disco, por su características y sello de origen, contaba con la baza de poder llegar al mercado de la música clásica además del de las nuevas músicas, género que vivía un buen momento y aceptaba numerosas ramificaciones. "Diamond Music" está dividido en cuatro partes bien diferenciadas: comienza con la exquisita "Palladio", mencionado motivo principal del trabajo, deliciosa sinfonía en tres partes interpretada por la sección de cuerdas de la London Philharmonic Orchestra. Esta suite inicial está inspirada por el arquitecto italiano del siglo XVI Andrea Palladio: "Durante mis numerosos viajes a Venecia, me había inspirado en los edificios del arquitecto veneciano del siglo XVI Andrea Palladio, como la iglesia de San Giorgio Maggiore. Palladio es ampliamente considerado el individuo más influyente en la historia de la arquitectura occidental. Dado que mi pieza iba a estar escrita en un estilo retro, reflejando vagamente ese período de la historia, decidí ponerle su nombre". "Palladio" posee una excitante carga dinámica en un elocuente formato melódico de vertiente clásica. Su primer movimiento ('Allegretto') remite directamente al anuncio de joyas, el segundo sin embargo ('Largo'), retorna a la esencia folclórica de los trabajos de Adiemus antes de las propias "Adiemus Variations" (es una adaptación de "Cantus Insolitus", del álbum debut de Adiemus), pero reescribiendo la partitura para adecuarla a la forma musical propuesta; es Jenkins más que efectivo en este sentido, y la nueva versión esta verdaderamente lograda, siendo de una encantadora fluidez. No lo es menos, poderoso y vivaz (como su título -'Vivace'- indica), el tercer movimiento, que intenta retornar a la propuesta inicial, neoclásica (vuelve a tener un ostinado ritmo neoclásico a lo Vivaldi, muy animado). Estos tres primeros temas conforman una suite espectacular, un hito al alcance de pocos, que lamentablemente no ha trascendido popularmente. El álbum prosigue con "Adiemus Variations", donde varias de las composiciones del primer trabajo de Adiemus, "Songs of Sanctuary", son interpretadas de forma clásica por The Smith Quartet, encontrando así una nueva forma de disfrutar de la mezcolanza cultural que puede significar la música de Adiemus. "Passacaglia" es más sentido y personal, al tratarse de un apasionado y emotivo 'pasacalles' (aunque suela ser una forma de ritmo vivo, con lo que la pieza en cierto modo discrepa con su título) en honor a su tía (Evelyn Mary Hopkins, fallecida en 1995), una marcha fúnebre excepcional, presa de una intensidad difícil de igualar, que puede recordar en la lejanía a la tercera sinfonía de Henryk Górecki. Por último, Jenkins se presenta más comedido, aunque no exento de interés contemporáneo, en su barroco cuarteto de cuerdas, "String Quartet No. 2", que se hace ameno virando hacia diferentes estilos (tango, vals, rondo). Estas dos últimas piezas estaban interpretadas por el Smith Quartet. Curiosamente, el álbum prescindió de su hermosa y aclaratoria portada en una edición de Sony Masterworks, sustituyendo las sombras y los diamantes por un detalle de la fachada de un antiguo palacio veneciano. La pieza principal de la obra ha contado con diferentes versiones, entre ellas "Allegretto", del 'atractivo' grupo Bond.

El sorprendente y apropiado éxito de Adiemus fue el acicate definitivo para que el nombre de Karl Jenkins cobrara un merecido protagonismo, y sin duda lo que impulsó a la división clásica de Sony a apostar por el galés. A este respecto, y siempre tras la importancia principal de "Palladio" en el álbum, se hacía necesaria una acomodación de las ideas de Adiemus al terreno clásico, adaptando sus golpes étnicos y efectos multivocales con la solvencia de un compositor adiestrado en las mejores instituciones británicas. Más allá de esa referencia, la obra es variada, completa y de enorme calidad, un paso adelante que empezó a demostrar que el nombre de Karl Jenkins tenía que ser tomado en cuenta desde la posición de la música culta. Eso sí, el mundo de la publicidad estará eternamente ligado a la trayectoria de Karl William Jenkins, un compositor versátil y afortunado que convirtió en un gran éxito la música que vendió a la compañía aérea Delta Airlines, y que sólo un año después derivó también de un anuncio esta 'joya' de disco.