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3.5.22

SKYEDANCE:
"Labyrinth"

"Skyedance" fue el título, en 1986, de un espléndido álbum grabado a dúo entre dos músicos por entonces bastante desconocidos, Alasdair Fraser y Paul Machlis. En esta reunión, ambos interpretaban temas tradicionales escoceses rescatados de cancioneros. Fraser y Machlis se habían conocido en California cuando el primero de ellos, el violinista escocés, se había desplazado hasta allí por un trabajo totalmente alejado de la música. Gracias a Machlis, estadounidense, y a la aceptación de su arte conjunto, Fraser volvió a su país de origen y a su vocación, ofreciendo al mundo espléndidos álbumes como "Skyedance", "The Road North" (ambos junto a Paul Machlis) o, ya en solitario, "Dawn Dance". Con ellos su popularidad llegó a límites insospechados años atrás, pero para sus largas giras necesitaba un grupo de amigos, un conjunto que tuvo el acierto de tomar el nombre de aquel disco primario que comenzó todo, Skyedance. 

El objetivo era crear una banda a través de la creatividad de cada uno de los miembros, que provenían de campos distintos. Madurar esa combinación lleva tiempo, pero la calidad de los nombres implicados era muy grande, y la unión hizo que cada músico tuviera una voz distintiva y muy fuerte: Alasdair Fraser (violín, viola), Eric Rigler (gaitas escocesa e irlandesa), Chris Norman (flauta de madera, flautín), Paul Machlis (piano, órgano, teclados), Mick Linden (bajo) y Peter Maund (percusión) fue la formación que grabó el afortunado primer paso del grupo, "Way Out to Hope Street", un auténtico viaje a Escocia, a una tradición antigua y hermosa, muy bien tratada y fácil de escuchar, pero salpicada de gozosas influencias de otros estilos (no en vano Chris y Peter habían tocado música antigua, Mick había colaborado con algunos grupos africanos, y el jazz era también una constante en varios de los miembros). Ese primer disco de Skydance era una especie de prolongación de los trabajos de Fraser y Machlis (incluso "The Skyedance Reels" fueron rescatados del álbum "Skyedance"), incorporando nuevos elementos e ideas, ganando por lo tanto en profundidad aunque se pueda diluir así de algún modo esa chispa artesana y absolutamente bucólica que presentaban sus trabajos seminales. Con los mismos protagonistas, dos años después, llegó una segunda opción para admirar la conjunción de elementos de este fenomenal grupo en el álbum "Labyrinth", publicado por Culburnie Records en 1999, con la conveniente edición española a cargo de Resistencia donde estos seis músicos superaron el alto nivel del disco de debut. "Labyrinth" es vibrante y atractivo, a la par que algo más sosegado, y puede presumir de una mayor investigación, de ser incluso más abierto a otros sonidos, como se cuenta en el libreto: "Los laberintos son símbolos profundos de la peripecia vital en muchas culturas, desde el gran mito griego de Ariadna y Dédalo, hasta los hermosos laberintos labrados y penetrables de los pueblos celtas, amerindios y nórdicos. Los músicos de Skyedance emprenden su propia peripecia laberíntica entrelazando raíces escocesas con influencias de todo el mundo y enhebrando su recorrido descubridor en todo un juego de ritmos, armonías y melodías". La conjunción es fantástica, y aunque la voz principal es la del violín, todos los músicos tienen momentos para brillar. De Fraser es el reel de inicio, el fenomenal "The Spark" (dedicado a la memoria del poeta Donnie Campbell), y aunque suyas son también dos demostraciones de violín como "Into the Labyrinth" o "Ariadne's Thread", es en una de las joyas del disco donde demuestra su nivel como compositor: "The Other Side of Sorrow" es un monumental lamento inspirado en 'The Cuillin', un poema de Sorley MacLean referido, cómo no, a la isla de Skye, ese lugar que Alasdair considera uno de los más bellos del mundo y que ha acompañado sus inspiraciones durante los años. Rigler aporta al disco "La Gallega", donde sus compañeros van adoptando su bella melodía. No es de extrañar el apabullante bajo sin trastes del comienzo de "Till October" al comprobar que es una composición de Mick Linden de sorprendente atmósfera, un Linden que se muestra más desenfadado en la andante y entretenida "Cat in a Bag", y en "When she drives". "Fite Fuaite" es una pieza de Paul Machlis que proviene de una expresión gaélica irlandesa que significa 'mutuamente entrelazados'. Tal vez se refiera a su relación musical con Fraser en aquella época. "Inside the Shadows" es otra de sus aportaciones al álbum, en la que se nota la conducción de su piano, pero su gran acierto es el tema de cierre, "Evensong", una de esas tonadas monumentales, dignas de cerrar los ojos durante cuatro minutos y sencillamente disfrutar. Chris Norman, por último (Peter Maund no compone en este trabajo, pero su percusión es vital en el mismo), incorpora al disco "The Pentz Road", y especialmente "The Iron Rig / The Boxwood Reel": su primera parte, excepcional (que recuerda profundamente a la versión que del clásico de Van Morrison, "Moondance", realizó el recordado grupo Puck Fair) y dedicada a su padre, Arthur, "alude -se nos cuenta en el libreto del álbum- a los anillos que los ingenieros canadienses llevan como símbolo de orgullo profesional y responsabilidad cívica. Estos anillos se hicieron en un principio con el acero de un puente que se derrumbó en las proximidades de Quebec".

El violín es uno de los instrumentos característicos de la música celta, aunque tal vez carezca de la potencia simbólica de la gaita o del celestial lirisno del arpa, por mencionar sólo otros dos instrumentos típicos de esa cultura. Además, el violín posee una mayor identificación con la música culta, lo que no le impidió desde siempre gozar de un gran poderío en la tradición de las tierras celtas. Alasdair Fraser y su violín se hacen uno en la música de este maestro escocés que se convirtió en un nombre a tener en cuenta en las corrientes musicales instrumentales de los locos años 90. Junto a su banda Skyedance, continuó engrandeciendo su figura, y cualquiera de sus dos trabajos originales ("Way Out to Hope Street" y "Labyrinth"), así como su espectacular disco en vivo en España ("Skyedance en directo"), son razones más que sobrantes para dejar que el tiempo fluya al ritmo de los sonidos mundiales de una banda conjuntada y original, pero más cercanos, visto el nombre de su líder, a la venerada tradición escocesa.

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21.8.21

XOSÉ MANUEL BUDIÑO:
"Paralaia"

Gaitero nacido en Moaña (Pontevedra), Xosé Manuel Budiño es uno de esos músicos asociados al folclore gallego que a finales del siglo XX llegó de golpe a los circuitos de músicas del mundo y demás corrientes asociadas a la conocida como nueva era. Su trayectoria había sido discreta (una banda de gaitas llamada Semente Nova y el grupo efímero Fol de Niu), pero fue avanzando en sus propósitos hasta irrumpir en el panorama nacional en solitario con cierta cautela, como si pensara que su propuesta musical no fuera a ser tomada en serio entre otros gaiteros tan populares y tremendamente exitosos como Carlos Núñez o Hevia, amén de bandas folclóricas en alza de la misma zona geográfica como Luar na Lubre o Berrogüetto, o grupos de siempre como Milladoiro. Su nombre caló hondo, sin embargo, en una audiencia que continuaba aceptando auténticas muestras de tradición, productos sinceros y bien realizados como el que Xosé Manuel Budiño ofrecía en ese su primer trabajo, de título "Paralaia".

Escribe en el libreto del álbum el escritor y político orensano X.L. Méndez Ferrín que con su virtuosismo y grandes amigos invitados, Budiño nos hace pisar territorios nunca antes visitados, y que esta música se asienta en el interior del pueblo gallego con profunda emoción, como la memoria de ese monte llamado Paralaia, que recoge leyendas de personajes mitológicos (mouras) y tesoros escondidos. Todo un tesoro fue este disco que llegó en 1998 de la mano de Resistencia, y que se había acabado de fraguar en el norte de Europa. Jackie Molard y Söig Sibéril eran dos músicos bretones muy activos, que solían acudir a los festivales que cada verano se celebraban en Galicia. Así se labró Xosé Manuel el conocimiento y el valor para enseñarle a Jackie sus maquetas, y lo hizo en una visita a ambos músicos en Bretaña. Juntos, esa misma noche en casa de Söig, colocaron la semilla de "Paralaia", que acabó grabándose en Madrid con la producción de Budiño y Molard. Pocos sonidos pueden conducirnos a Galicia como lo hace el comienzo de este disco, la espléndida sonoridad de la gaita de Xosé Manuel arremete con fuerza en la melodía de "Paralaia", secundada enseguida por Jacky Molard (violín), Soïg Sibéril (guitarra), y el grupo de Budiño, compuesto por Leandro Deltell (percusión), Xan Hernandez (bajo), Pedro Pascual (bouzouki) y Xavier Díaz (acordeón). El monte Paralaia pertenece a la localidad natal del gaitero, Moaña, a él está dedicado el disco y de él recoge mucha de su fuerza y de sus historias, las de esa montaña que "respira el viento del Atlántico, y siempre es la primera vista que da la bienvenida a los emprendedores navegantes, y la última fuerza que les dice adiós cuando regresan al mar". "Cantar de Santa Sabiña" es un interludio vocal que deja clara la importancia de la tradición y de las voces de estilo antiguo en el trabajo, como la de Mercedes Peón, la gran cantante gallega que adapta en solitario este canto tradicional recogido en las aldeas. "Aire do cruceiro" parece en su comienzo una prolongación modernizada del canto anterior, de nuevo con Mercedes Peón y con la instrumentación completa. Repetirá Mercedes (a la que Budiño había conocido en un festival en Santiago cuando acudió con Fol de niu) muy al final del disco, en "O pateado", dejando el sitio a la música sin palabras en la mayoría de su minutaje. "Rapa bestas" es un nuevo acierto de un disco entretenido y muy estudiado, una pieza divertida, de apariencia festiva, como lo es esa tradición gallega (la más conocida es la de la de Sabucedo, también en Pontevedra) que consiste cada verano en curar a los caballos del monte y cortarles las crines: "Siguiendo los vientos que vienen de la noche -se cuenta en el libreto-, se puede ver el camino hacia las montañas donde los lobos y los caballos salvajes, verdaderos dueños de estas tierras, corren y hablan al ritmo de las panderetas en la oscuridad". Budiño sustituye aquí la gaita por una flauta irlandesa, el low whistle. Acto seguido, de nuevo las gaitas dominan "Lóstregos" con su sonido fuerte y desenfrenado, unión norteña de gaita gallega y trikitixa (con la enorme colaboración de Kepa Junkera), "que te transporta a nuevos paisajes". A Coruña es la siguiente parada del viaje, concretamente Cedeira y sus imponentes acantilados, conocidos como los acantilados de Herbeira, los de mayor cota sobre el nivel de mar de la Europa continental (613 metros de altura sobre el nivel del mar). Así, "Marcha de Breixo" es un aire lento que derrocha ternura, un arreglo de Budiño, Molard y Sibéril de una pieza tradicional dedicada al viento y el mar "de allí donde la gente recoge estos sonidos del fin del mundo, donde expresa sus ansiedades a través de una guitarra, un violín y una pipa". La gaita que utiliza aquí Xosé Manuel es una gaita irlandesa, como en la visita a la localidad pontevedresa de "A fonte da pedra", con su manantial milenario. Budiño vuelve a animar el disco en una composición propia (él firma en solitario la mitad de las doce piezas del disco), "Ardora", que habla de sus recuerdos de muñeiras y de gaiteros como Ricardo Portela. "Ardora" fue destacada por la SGAE como la mejor composición gallega en 1999. De nuevo aparece la triki de Kepa Junkera en un pequeño alalá (melodía montañesa gallega) titulado "Alalá da Vila Ortegán", un aire lento definido en el libreto como uno de esos alegres recuerdos que siempre nos hacen compañía. A Kepa le había conocido también en un festival en Lugo, y no dudó en ayudar al que enseguida se convirtió en su colega, y al que él mismo había ayudado en su inmenso trabajo "Bilbao 00:00h". A ritmo de animada jota se muestra la siguiente tonada, "Jotón Club", de Nacho Muñoz, explicada así: "Un viaje a Bretaña transformó esta jota entre platos de comida y botellas de buen vino, con un sabor único que reflejaba la compañía de la guitarra de Soïg y del violín de Jacky". "Santa Compaña" es el final donde la gaita se va, en la solitario, con esa presencia fantasmal: "Aparece mágicamente y susurra una historia misteriosa. Uno parece ver en el tiempo una canción lejana de letras extrañas, una canción vengativa que se expande en el tiempo".

Tras el éxito del gaitero asturiano José Ángel Hevia con "Tierra de nadie" a finales de los 90, se lamentaba ese humilde asturiano de que, además de Carlos Núñez, Kepa Junkera, Luar na Lubre o él mismo hubieran conseguido el objetivo del reconocimiento, otros currantes de las músicas folk y tradicionales españolas no lo hubieran logrado aún, y entre ellos destacaba el nombre de Xosé Manuel Budiño. No tardó en asomar su figura por radios y revistas, y "Paralaia" encontró el agradecimiento de la crítica y de la audiencia. Se trata de un trabajo muy completo, que no se centra exclusivamente en la gaita sino que se hunde en siglos de tradición para beneficio de su patria y del público de este gallego que afirma que la chispa de su expresión musical es inexplicable, "te sale sin más", y que ha continuado ofreciendo muestras de su calidad en trabajos como "Arredor", "Zume de terra", "Sotaque" o "Fulgor". Además, "Paralaia" fue reeditado en una edición especial remasterizada en formato libro-disco ilustrado por Ana Zon, con motivo de su vigésimo aniversario.












16.5.21

VARIOS ARTISTAS:
·"Lágrimas de arpa y luna"

El boom de la música new age en España (en todo Occidente, realmente) afectó a muchos tipos de música que, inevitablemente, se asociaron a la filosofía musical que huía de los arquetipos habituales y hurgaba por igual en la tradición y en la modernidad, con enfoques por lo general de una elevada espiritualidad. Fue común en esta época la aparición de recopilaciones que, con el cebo de tres o cuatro nombres importantes o piezas emblemáticas, completaban el producto con bastantes canciones de relleno. Tampoco eran malas propuestas esas "Relax", "Al otro lado", "Paraísos", "Entre hoy y mañana", "Pure Moods" o "No Stress", donde se podían hacer algunos descubrimientos importantes entre la gran cantidad de producciones de la época, pero tal vez pretendían abarcar demasiado, a la par de tener unas expectativas comerciales bastante altas. Algo antes, en momentos de cierto desconcierto, otras compilaciones supieron dar con la tecla y ofrecieron las referencias más importantes de catálogos que empezaban a llegar a nuestro país, surgiendo así "Música sin fronteras" (de GASA) o "Música para desaparecer dentro" (de Sonifolk), dos recopilatorios de sobrada calidad y un número ingente de joyas en su interior. De parecida factura al segundo, y con otro poético título, "Lágrimas de arpa y luna" fue en 1995 la segunda referencia del sello Resistencia.

Este tipo de discos recopilatorios han sido siempre una manera más de conocer (y reconocer) a una serie de artistas que posiblemente se nos podrían llegar a escapar en sus discos particulares, y no necesariamente por falta de calidad, sino más bien por casualidad, mala distribución, o por no poder abarcar una producción que, de repente y visto el éxito del momento, dio un salto importante en número. Lo que hay que destacar de "Lágrimas de arpa y luna" es que no hacía concesiones a la pura comercialidad, sino que todos sus ingredientes pertenecen al tipo de música que engalanaba Ediciones Resistencia, esas que conocimos en aquellos momentos como Nuevas Músicas, sin otro tipo de aderezos de renombre o carácter superventas. Otra hermosa portada, como la de las otras compilaciones de calidad antes mencionadas, evocaba además músicas conectadas con la naturaleza y la espiritualidad. Nada mejor que iniciar el recorrido, por tanto, que con el neozelandés David Antony Clark y su concepción natural y neoprimitiva del sonido ("Flight of the Giant Eagle" es una de las piezas importantes de su primer trabajo, "Terra Inhabitata"). También proveniente del sello White Cloud, David Downes es de esos desconocidos que no desentonan en la compilación, por medio de una canción, "Ana Faerina", presa de un encanto antiguo. Chip Davis es otro de los destacados en este primer CD, gracias al enorme "Red Wine", todo un himno contenido en el cuarto volumen de la saga 'Fresh Air' de su exitosa banda, la Mannheim Steamroller, que repite algo más adelante con "Nepenthe", otra estupenda composición para teclado y orquesta incluida en el sexto volumen de la populosa serie. Más músicos de renombre se agolpan en este disco 1, tales como Paul Machlis (grandioso su álbum "The Magic Horse", al que pertenece el tema "Patshiva", exponente de su collage de influencias), Jon Serrie (aunque el ambiente espacial de "Remembrance" no sea de los más recordados del norteamericano) o el excelso violinista escocés Alasdair Fraser (que unió fuerzas en 1991 con el percusionista Tommy Hayes en el disco de este último "An Rás", del que escuchamos "Nathaniel Gow's Lament for his Brother"), si bien encontramos también ilustres desconocidos como Eko (el guitarrista John O'Connor, con "Mirage à Trois"), Áine Minogue (arpista irlandesa, que se muestra pura y sensible en "Rí na Sidhóga") o Khenany (grupo de raíces andinas que incluye al guitarrista Brian Keane, y que participa con la pieza "Bonita"). Muy especial es el comienzo del disco 2, por tratarse de un grupo español que nació con Resistencia (fue la primera referencia del sello, dejando el segundo lugar a esta recopilación), esa conjunción de Jesús Vela y Manuel Sutil que se hizo llamar V.S. Unión y que sorprendió al público con la excelencia de su álbum "Zureo", del que queda aquí recogido "La mar por medio". Esta segunda tanda presentaba en general nombres más conocidos en aquel lejano presente de las nuevas músicas, como Chris Spheeris (tanto junto a Paul Voudouris -¿quién no recuerda su aclamado disco "Enchantment" en el que venía recogida la luminosa "Pura vida"?- como en solitario -"Aria" abría su excepcional trabajo "Culture"-), Jon Mark (un velo celta nos envuelve en "So Fair a Land"), Craig Chaquico (impactante guitarrista de herencia roquera que nos envuelve con la sensual "Gypsy Nights"), David Darling (chelista de renombre del que escuchamos "Sweet River"), Deuter (que presenta dos canciones, destacando especialmente esa delicia llamada "Ari", incluida en el disco "Henon" de este artista tan espiritual) o un Peter Kater que ya estaba en el primer disco junto a su esposa Chris White en el proyecto Flesh and Bone, y del que escuchamos en el segundo una pequeña muestra, titulada "The Death of Dull Knife", de la banda sonora para la serie documental televisiva "How the West Was Lost", que compuso junto al flautista navajo Carlos Nakai. El lado femenino lo cubren Savourna Stevenson (otra arpista escocesa que ofrecía aquí el tema de Echlin Ó Catháin "Aeolian"), Radhika Miller (una primorosa flautista norteamericana de la que escuchamos "I Once Loved a Lass") y el conjunto finlandés Niekku (que representa el folclore del norte de Europa por medio de la sugerente "Aamulla Varhain"), pero es necesario detenerse, en aquellos años de fragor de las guitarras flamencas, en el dúo de músicos de origen iraní Shahin & Sepehr, que despliegan la magia de las cuerdas en "One Thousand and One Nights", así como en los fantasiosos y aventureros sones de "The Enduring Story", que formaba parte de "Songs from Albion", esa especie de soundtrack de las novelas de Stephen Lawhead compuesto por el teclista estadounidense Jeff Johnson y el flautista irlandés Brian Dunning, antiguo miembro de Nightnoise. Destacable es también, y se trataba de algo habitual en Resistencia, el esmerado diseño gráfico del producto y la cantidad de información que le acompañaba.

En la declaración de intenciones que presenta el cuadernillo interior, se advierte que no se trata este disco "de una de tantas publicaciones oportunistas, sino que pretende ir más allá de lo trillado y superficial para adentramos en terrenos vírgenes y zonas no cartografiadas, siguiendo zigzagueantes vericuetos en pos de la belleza. Evocadoras planicies electrónicas salpicadas de voces que cantan en idiomas inexistentes, de instrumentos que nos traen resonancias de culturas ancestrales del planeta, de otras épocas de la cultura, de lamentos por la pérdida de la inocencia, de hechizos druídicos, de eclipses astrales, de expediciones al universo y a los más recónditos adentros del alma. Reconfortantes sonidos celebratorios que elevan el espíritu e inducen a la danza y, más tarde, al sosiego y la calma. Vuelos de mandolinas entre tañer de arpas. Todo eso es este doble álbum insondable, repleto de profundidades sónicas desde las que se elevan gráciles melodías universales, satélites que rotan presentando innúmeras facetas clandestinas, perennes marfiles óseos sepultados en carnes grávidas y efímeras que resurgen, como ave fénix, liberados por el fuego y los tambores de la percusión para asumir caprichosas y artísticas formas". Ni más ni menos. Indudablemente, un homenaje a la belleza de una época en la que esa característica de lo más placentero se veía personificada en este tipo de música tan válida y tan reconfortante.

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16.2.20

KATE PRICE:
"Deep heart's core"

Innisfree. Ese bonito nombre es sin duda referencia para muchos aficionados al cine, pues en ese lugar ficticio situó John Ford la acción de una de sus grandes películas, 'El hombre tranquilo', enorme comedia protagonizada por John Wayne y Maureen O'Hara, ambientada en la verde Irlanda. No todos saben sin embargo que Innisfree existe en realidad, no muy lejos de allí, en la propia Irlanda. Se trata de una de las islas que constituyen Lough Gill, un lago del condado de Sligo, al norte del país. Este lago es el que inspiró tan profundamente a William Butler Yeats para escribir en 1892 el poema 'The Lake Isle of Innisfree', referencia para muchos amantes de la poesía y también para muchos artistas, entre los cuales se encuentran dos grandes referencias de las músicas de raíz, Bill Douglas y Loreena McKennitt. De esta última se encuentran bastantes similitudes en la obra de la estadounidense Kate Price, que extasiada también por Yeats y su poema, utilizó el último verso de 'The lake isle of Innisfree' para titular su segundo trabajo en solitario: "Deep heart's core", ese 'centro del corazón profundo' que "es el lugar desde el que traemos a la vida la belleza de nuestra esencia".

Nacida en Utah pero criada en California, y de raíces celtas, Kate fue precoz en su incursión en la danza étnica, si bien pronto encauzó sus esfuerzos en el canto y la interpretación de una instrumentación, cuanto menos, curiosa (tras un acercamiento a ciertas músicas tradicionales de Bulgaria, Turquía y, por supuesto, Gran Bretaña), como el dulcimer y el salterio, así como el piano y percusiones varias. "The time between" fue su primer trabajo, publicado en 1993 por Priceless Productions, y ahí ya mostraba, en un marcado estilo folk, signos de una especial sensibilidad en la voz y el dulcimer. A la hora de hablar de su parecido estilístico con Loreena McKennitt, no hay que olvidar que en este trabajo hay una adaptación del poema de Yeats (que parece su poeta de cabecera) "Stolen child", que popularizara la canadiense años atrás. Access Music Label fue la siguiente compañía de Kate, que le publicó en 1995 "Deep heart's core", hermoso álbum que tuvo su conveniente edición española a cargo del sello Resistencia. A Kate Price tal vez le falte algo de la inalterable vitalidad de la McKennitt, pero la intenciones son muy similares, a su melancólico cantar se une un toque multiétnico que puede viajar de lo celta a lo oriental, y una pasional manera de abordar la parte instrumental del trabajo, con gran utilización de instrumentos de cuerda percutida (ella misma toca el dulcimer, salterio y hummell -una especie de cítara escandinava-) vientos (interpretados por Paul McCandless, el que fuera miembro fundador del grupo Oregon) y de un curioso sitar, tañido por el segundo nombre importante del disco, el guitarrista Teja Bell, que además de interpretar bajos, teclados, sitar, autoarpa eléctrica y guitarra clásica, co-produce (junto a la propia Kate) y graba el disco en su estudio, Samurai Sound. En una clara apuesta por las posibilidades que brindaba esta música y esta artista en particular, este trabajo fue grabado en el sistema Dolby Surround que garantizaba en aquella época una mejor calidad de sonido. El recibimiento, "The labyrinth", es una canción sencilla en tono folclórico, repleta de detalles como esas cuerdas maravillosas (hummell, autoarpa eléctrica y sitar) que también cuentan una historia de amor profundo, la de una joven que acude al laberinto que su amado ha construido para ella, donde podrán unirse sus corazones eternamente. "Rio del corazón" es una pieza instrumental que supone un largo viaje hacia oriente, especialmente por sus cuerdas percutidas (salterio) y ese maravilloso violín interpretado por Charl Ann Gastineau, y que se acerca más a Loreena McKennitt que en las propias piezas cantadas. De inalterable profundidad, "Sonatina Montenegro" es conducida por el salterio, la voz que ejerce de atmósfera junto a los teclados, y unas flautas irlandesas (primera aparición en el disco de Paul McCandless) que ayudan a equilibrar la situación, acabando en un acertado tono rítmico que conduce a la pieza de lo celestial a lo terrenal. Piano, violín y oboe (McCandless de nuevo) sumen a "Place of spirit" en un acertado y relajante trío de resonancias mágicas (también suenan el violonchelo y el bajo sin trastes) donde la única propuesta es cerrar los ojos y disfrutar de su juego entre neoclásico y folcórico, muy del estilo del sello Windham Hill, al que pertenecía McCandless. "Rest sweet nymphs" es una canción de resonancias y armonías medievales (no en vano se trata de un arreglo de una pieza del compositor renacentista inglés Francis Pilkington), a la que sigue otra canción viajera dedicada a su madre cuando cumplió 70 años, "The journey on", en la que cuerdas (sitar), vientos (corno inglés) y percusión nos conducen de nuevo a un oriente no muy lejano, mientras la voz de Kate nos cuenta la historia de una familia nómada que viaja siempre huyendo del frío. Activa y adictiva tonada, en "Temple of the wind" el salterio toma de nuevo las riendas rítmicas y el violín aborda una melodía abierta al mundo. Llega en este momento una clara incursión en el terreno celta por medio de "Siu'il a ru'in" (canción tradicional irlandesa sobre la despedida al amado que parte en busca de fortuna) y "Eliz iza - Jump at the sun" (otros dos tradicionales, una nana bretona y una movida jiga de Gales). El final es de nuevo cantado, la musicación de un poema del estadounidense Robert Hillyer sobre una ensoñadora atmósfera de violín y teclados, titulado "So ghostly then the girl came in". 

Entre la poesía de Loreena Mckennitt, el lirismo de Shadowfax y lo exótico de Lisa Gerrard, por ahí parece circular la excelencia de Kate Price, cuyo estilo vocal algún crítico definió años atrás como 'voz de ángel'. "The Isle of Dreaming" fue su siguiente grabación, en una línea parecida a la de "Deep heart's core", si bien su estela se ha ido difuminando con el tiempo. Aún así, y tras superar una cetoacidosis diabética que casi acaba con su vida, en 2015 tuvo un interesante regreso con "The kitchen table archives", un proyecto de años atrás donde interpreta en su mayoría canciones de cantautores canadienses como Neil Young, Joni Mitchell o Leonard Cohen, entre otros. Es necesario recordar, sin embargo, el gran momento que vivió en los 90, cuando lo eslavo, lo celta y la poesía de William Butler Yeats poblaban sus composiciones de sensibilidad y de fragancias frescas traídas directamente de la verde Irlanda: 'Me levantaré y me pondré en marcha, para siempre noche y día / Escucho el agua del lago chapotear levemente contra la orilla / Mientras permanezco quieto en la carretera o en el asfalto gris / La escucho en lo más profundo del corazón'.







18.7.19

LA MUSGAÑA:
"En concierto"

Cada una de las comunidades autónomas españolas, cada provincia de hecho, posee su propia idiosincrasia musical, dentro de un conjunto tremendamente variado que ha llegado a nuestros días por medio, principalmente, de la tradición oral. Jotas, fandangos, seguidillas, muñeiras, sardanas, y por supuesto el flamenco, son algunas de las expresiones más importantes de esta variada panoplia. Quique Almendros y José Climent eran dos amigos del barrio madrileño de Canillas, que en los 80 comenzaron a hacer música juntos. Quique, tras escuchar un programa de radio de José Ramón Cid sobre música de Salamanca, convenció a José y a un tercer miembro, Rafael Martín, para dedicarse a glosar activamente la música de Castilla. Enseguida se unieron a la formación Jaime Muñoz y Carlos Beceiro, para completar un quinteto mágico conocido como La Musgaña, desde entonces un nombre imprescindible en la música tradicional española. 

"El diablo cojuelo" fue su primera grabación, con un repertorio muy rural y antiguo, utilizando una gran variedad de instrumentos tradicionales rescatados, entre los que destacaban las flautas de pico, dulcimer, gaita charra, tamboril (Quique Almendros), zanfoña, laúd, bandurria (Rafael Martín), gaita de fole, violín (José Climent), flauta travesera y de pico (Jaime Muñoz) y bajo, contrabajo y guitarra (Carlos Beceiro). A pesar de sus buenas intenciones adolece de una pobre producción, a lo que se unió en su segundo trabajo, "El paso de la estantigua", una pésima distribución, a pesar de que el grupo ganó la Muestra Nacional de Folk en 1988. Las portadas, auténticas, eran obra de Quique Almendros. Graban "Lubicán" (nombre del lince en partes de Castilla) de manera independiente, con las aportaciones de Manuel Luna, Javier Bergia y Luis Delgado, obteniendo un cierto éxito (fue editado en EEUU por Xenophile, sello subsidiario del prestigioso Green Linnet). A pesar de ello, Climent y Rafa Martín dejan el grupo, entrando en el mismo puntualmente el propio Luis Delgado, cuya experiencia consolida un sonido de apariencia nueva (ciertas sonoridades orientales -especialmente percusiones árabes y el santur o dulcimer persa- se acercan a la tradición recuperada de Zamora, Salamanca y otros puntos de Castilla) y equilibrada en "Las seis tentaciones", donde aparece como invitado Kepa Junkera con su trikitixa. En este momento La Musgaña pasaba a ser un trío (Quique Almendros, Carlos Beceiro, Jaime Muñoz) pero no iban a estar solos en su siguiente proyecto ya que es entonces, al cumplirse el décimo aniversario del grupo, cuando Resistencia les propone la grabación de un disco en directo con numerosas colaboraciones importantes, anticipándose en un año a otro gran concierto publicado por la compañía, "Bilbao 00:00h" del mencionado Kepa Junkera. Muchos músicos llegaron para colaborar en el proyecto, pero con la incertidumbre del resultado, dada la imposibilidad de realizar ensayos con garantías. De hecho, sólo pudo ser en el ensayo general anterior al concierto cuando pudo efectuarse la reunión total. Allí estuvieron anteriores miembros del grupo como Rafael Martín o Luis Delgado, el sensacional acordeonista Cuco Pérez, Manuel Luna (colaborador de la banda desde "Lubicán"), Faín Dueñas, Sebastián Rubio y Wafir Shaik de Radio Tarifa, y el toque elegante y de sobras conocido del enorme violinista escocés Johhny Cunningham, miembro de bandas tan míticas como Silly Wizard, Relativity o Nightnoise, cuya implicacón va más allá, hasta ocupar el papel de productor del trabajo. A Johnny le encantaba La Musgaña y Madrid, especialmente su vida nocturna ("Madrid tiene un problema -decía-, no me puedo quedar en el hotel por la noche porque seguro que me estoy perdiendo algo"). Si añadimos a Kepa Junkera, Amancio Prada y Javier Paxariño (que no necesitan presentación), el resultado sólo pudo ser apoteósico. El trabajo, titulado simplemente "En concierto", fue publicado por Resistencia (que incluyó un completo libreto con la información) en 1997, a partir de las grabaciones de los conciertos del 23, 24 y 25 de abril en el Centro Cultural de la Villa de Madrid y el Teatro Barakaldo de la ciudad vizcaína. "En concierto" presenta un repertorio tradicional con arreglos de La Musgaña, "Picao" es una gran entradilla instrumental, una apertura festiva proveniente de Salamanca, un animado baile serrano donde la gran protagonista es la flauta, con el permiso de acordeón y percusión. De Zamora son los pasacalles rememorados en "Siete por ocho", introducidos por el penetrante sonido de la gaita, marcando el paso de este hipnotizante compás (7x8) donde también aparece el violín de Jonnhy. Como sucede con tantas bandas que se nutren de la tradición, sus sones y bailes se disfrutan especialmente en directo, aún más con los amigos de lujo que aquí se reunieron. En "Bailes a los pesao", por ejemplo, llega la voz inconfundible de Manuel Luna, carismática, penetrante, y lo hace en una jota pegadiza y animosa (en Cantabria la jota se llama baile 'a lo pesao', mientras que el ritmo 'a lo ligero' es el de las pandereteras). De comienzo más tranquilo (Javier Paxariño y su clarinete), en "Pica de Saelices" casi podemos ver aparecer a un grupo de danzantes cuando se anima este bello baile de bodas salmantino. El conjunto regresa a Madrid, en concreto a "Estremera", para que Manuel Luna cante de nuevo una canción de ronda, otra fabulosa muestra vocal, prácticamente pieza de museo, que la percusión de Luis Delgado mantiene con vida durante sus seis minutos, y la demás instrumentación ejecuta la suave melodía con aires arábigos. Luna repite su hechizo vocal en "Verdeguea y grana" (canción de boda extremeña que el grupo acompaña de una jota zamorana para la gaita de fole de Quique Almendros), pero es sustituido en ese cometido en una de las canciones, "Pasito a paso", y no es baladí la voz sustituta, pues se trata del cantautor leonés Amancio Prada, coautor de los arreglos vocales de esta canción de origen asturiano secundada por un pasacalles salmantino. "Danzas de Burgos" es un alegre baile de ritmo trepidante, de las que abundan en nuestra península -en esta ocasión de Burgos y León-, con arreglos e interpretación de lujo, de hecho dos grandes acordeones diatónicos (Kepa Junkera y Jaime Muñoz) luchan por el protagonismo, tomando magistralmente el rumbo. Las jotas vuelven a destacar en este repertorio folclórico hispano, y en "Jotas" se reúnen tres de ellas, de Segovia, Sanabria (Zamora) y Salamanca, haciendo aparición en el concierto los miembros de Radio Tarifa (excepcional el solo percusivo de cajón y darbuka de Rubio y Shaik), que repiten en el pasacalles salmantino "Arribes" (animado por la gracia de sonidos y aromas árabes, y el saxo soprano de Javier Paxariño) y en el tema final, "Entradilla", ritmo de 8/8 procedente de Salmoral (Segovia), que La Musgaña -Muñoz y Beceiro en ese momento- grabarán en 2013 para su trabajo "Entre dos", y que deja con evidentes ganas de más. 

Tras cada canción resuenan los aplausos de un público entregado, lo que reitera la sana envidia hacia los que pudieron presenciar estos grandes conciertos, esas reuniones de estupendos músicos y amigos enarbolando un sonido típicamente hispano pero de proyección mundial, así como buena producción e ideas, y enormes colaboraciones, las que realizan entre ellos los grandes nombres del vasto mundillo del folclore español, en los que se adivina una extraordinaria complicidad. Ya lo apuntaba Quique Almendros en el folleto promocional del álbum, que distribuyó Resistencia: "Llevar a cabo formaciones instrumentales que hasta entonces sólo podíamos imaginar supuso un reto que, dada la calidad musical y humana de todos los implicados, se convirtió en una de las más gratas experiencias que podemos recordar". Con las idas y venidas de componentes, pero siempre buscando la raíz de la música tradicional de Castilla -picoteando un poco de aquí y de allá, como dicen ellos-, La Musgaña sigue siendo un icono de lo auténtico, de lo tradicional, un arquetipo de la zona centro, y su trayectoria se vio coronada en este fenomenal trabajo en directo, una joya de la música española.








30.8.17

PAUL MOUNSEY:
"Tha na laithean a'dol seachad"

La ciudad escocesa de Glasgow fue desde los 80 un hervidero de jóvenes músicos con nuevas ideas. A las emergentes bandas de rock y pop se unieron otros conjuntos que optaban por ritmos más tradicionales, como por ejemplo Capercaillie. En este género folclórico, del norte del país procedían Runrig o la ruda propuesta de Wolfstone, y en los 90, desde Edimburgo, llegaron los renovadores Shooglenifty, que se unían a la eterna sapiencia de, por ejemplo, Phil Cunningham. Desde más lejos llegaron los triunfos de otros músicos escoceses, como Alasdair Fraser (afincado en California, donde fundó Culburnie Records), Johnny Cunningham (inolvidables sus encuentros estadounidenses con los hermanos irlandeses O'Domhnaill en las bandas Relativity -también con su hermano Phil- y Nightnoise) o Paul Mounsey. Durante más de dos décadas en las cuales nos ofreció álbumes avanzados y maravillosos como "Nahoo" o "City of walls", este músico escocés mimetizó completamente sus raíces celtas con la cultura brasileña por mor de su matrimonio con Dorinha, y largos años de estancia en la inmensa y caótica São Paulo. De regreso en Escocia (a Trotternish, en la isla de Skye), a Mounsey le llegó un encargo que volvió a llenarle de inspiración: el centro de artes An Lanntair de Stornoway (en la isla de Lewis) le propuso la creación de la música para la inauguración de su nuevo edificio, y para ello Paul contó con las voces de varias artistas de la propia isla de Lewis, la isla más grande del archipiélago de las Hébridas Exteriores. Para este y otros proyectos, el An Lanntair fundó el sello discográfico Lanntair, entre cuyos lanzamientos figura el CD de Paul Mounsey "Tha na láithean a'dol seachad" ('The days flash past'), publicado en 2005 con la música de dicha inauguración. En España, Resistencia tradujo los textos y el título en su propia edición de 2006, 'Pasan los días veloces'.

Es bien seguro que los responsables del centro de artes quedarían más que satifechos con la música presentada para el proyecto. Este aplicado compositor consigue involucrar al oyente en un divertido juego entre lo viejo y lo nuevo, un diálogo muy bien presentado (y autoproducido) que por momentos puede resultar profundo, incluso espectacular para los que gustan de melodías añejas y disfrutan con los tratamientos mas modernos. Los sonidos que envuelven a la tierna voz de Alyth McCormack en la canción de inicio ("Iomair thusa choinnich cridhe") son el ejemplo mas claro, y la convivencia de ambas vertientes consigue una pieza encantadora, en absoluto transgresora, como un delicioso juego, una canción de remeros escrita a finales del XVI por Alan Morison, de Ness, cuando cruzaba el Minch con sus hermanos y un amigo, remando ante la ausencia de viento ("hasta nuestros días, en Ness se acostumbra a aligerar la tarea de remar cantando la canción de los remeros del mar", se lee en las notas del álbum). Más profundidad reviste un segundo corte magistral, una completa canción que comienza con la voz del coautor Kevin MacNeil, recitando el título del tema y del disco ("Tha na láithean a' dol seachad", poema del escocés Iain Crichton Smith) en un soberbio envoltorio atmosférico y electrónico in crescendo, con maravilloso cambio de ritmo pianístico sorpresivo, que deriva hacia un final épico, donde una gaita nada estruendosa envuelve la pieza de clara esencia folclórica, sin abandonar el aporte neutro de la voz. No es el único poema recordado en el álbum (ni tampoco el único sobre el paso del tiempo), pues la rítmica, vigorosa, "Tim" ('El tiempo') -también con la voz de Kevin MacNeil, y tan cercana a nuevas tendencias que demuestra la increíble capacidad de Mounsey para afrontar retos de cualquier tipo, no sólo celtas- reverencia el poema de igual título de Murdo Macfarlane, otro poeta escocés que ha sido versionado por grandes bandas como Runrig o Capercaillie (y su líder Karen Matheson en solitario). Todas las voces femeninas invitadas al proyecto son originarias de la isla de Lewis, por ejemplo la deliciosa tonada de titulo "Gleann an fhraoich" -canción de amor que presenta una intensidad emocionante haciendo gala a la vez de una apabullante sencillez, retornando en cierto modo a la tradición- está cantada de manera embriagadora por Anna Murray, y es en esencia muy distinta al interesante e instructivo ejemplo de mouth music que le sigue, "M'eudail air do shuilean donna / A-nochd 's a-raoir", cantado por Chritine Primrose. Con "Thig am bata" Mounsey intenta un efecto multivocal relajante con la voz de Mary Smith, un momento placentero bien acompañado por una distendida melodía de corte sinfónico. Como buen ingeniero del sonido que es su autor, composiciones como esta son un ángulo abierto hacia nuevos caminos, hermanando ambiente y tradición. El tratamiento es algo mas étnico en "Fill-lu o ro hu o / Mor a cheannaich", pieza que presenta otro emocionante cambio de ritmo hacia las raíces, donde aflora la percusión (de aspecto brasileño) acompañando a los versos gaélicos de Ishbel Macaskill. La capacidad de Mounsey para transmitir emociones hace que consiga decir en el minuto escaso de "Beacon No1" más que muchos otros en todo un disco. De hecho, y ahondando en su variedad de registros, tanto su segunda parte, "Beacon No2" (un piano algo vanguardista) como el comienzo de "A'featheamh fad'" (con las voces de las hermanas Mackenzie, Fiona y Eilidh) parecen partituras envolventes destinadas a música de películas, profesión en la que Paul está inmerso en la actualidad como escritor de música adicional para grandes compositores de cine hollywoodiense como Danny Elfman o John Powell. El giro estilístico de la propia "A'featheamh fad'" retoma el rumbo pseudo-folclórico (escocés y brasileño) asociado a las voces invitadas a tan alegre festín casi carnavalesco. Para terminarlo, "Lewis rain" (de comienzo ambiental y final gozoso, de títulos de crédito), un cierre que aunque sea satisfactorio tal vez debería haber sido mas grandilocuente. Masterizado por Joao Vasconcelos en São Paulo, en "Tha na láithean a'dol seachad" Mounsey utiliza, además de las mencionadas voces, y de sus propias programaciones y teclados, sonidos de guitarra de Peter Maunu y bucles de batería de Abe laboriel Jr.

Muy entretenido, con la dosis de emoción que Paul sabe otorgar a sus obras, "Tha na láithean a'dol seachad" ('The days flash past') es otro gran trabajo del músico escocés, un gran álbum que lamentablemente inauguraría un silencio aún no roto en cuanto a discos firmados con su nombre. Aparte de sus semi-anónimos trabajos para cine, escasas son las huellas musicales distinguibles de Mounsey recientemente en la industria, por ejemplo la propia compañía Lanntair publicó en 2008 su tercera referencia, "Dhachaigh (Home): The Murdo Macfarlane Songbook", un CD de varios artistas basado en poemas de Murdo Macfarlane -sobre el que el An Lanntair había realizado una amplia exposición-, en el que Mounsey contribuía con dos composiciones, "Dhachaigh (Home)" y "Till (Return)". Además, "Senses" fue una canción que en 2011 se le encargó para la campaña de publicidad 'Visit Scotland'. En 2014, en CD "World jam", que recogía músicas de la serie de televisión Globe Trekker, incluía varios temas del escocés, algo que ya había sucedido en 2008 con su primera parte "Globe jam". Es una lástima que, al menos hasta la fecha, todo quede así, pues aparte de un gran compositor e intérprete, Paul Mounsey es un artista tremendamente resolutivo en el estudio de grabación, que ha dejado para la historia grandes canciones y álbumes meritorios, tanto los reputados "Nahoo" como "City of walls" o, por supuesto, este encantador 'Pasan los días veloces'.

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9.8.17

HEDNINGARNA:
"Hippjokk"

Tras la furtiva sorpresa que supuso su primer álbum, "Hedningarna", la ebullición del premiado "Kaksi!" y la confirmación del demoledor "Trä", la banda sueco-finlandesa Hedningarna tenía que esforzarse si quería alcanzar el nivel óptimo de esos soberanos trabajos en su siguiente plástico. Sería en 1997 cuando 'los paganos' publicarían "Hippjokk", álbum en el que seguían trabajando con material antiguo de Suecia, Noruega y Finlandia, lo que ellos sentían como "la síntesis del tesoro musical de Escandinavia". El camino elegido en esta ocasión fue más instrumental que antaño, víctimas de la decisión de las vocalistas finesas de la banda, Sanna Kurki-Suonio y Tellu Paulasto, de quedarse embarazadas en aquella época. Al frente del conjunto, por tanto, quedaban Anders Stake, Totte Mattsson y Björn Tollin. Como aportación más destacada, el lapón Wimme Saari, que ya aparecía puntualmente en "Trä", se encargó de poner las voces en varias de las canciones, un cantante muy particular cuyo comienzo de la relación con Hedningarna la explicaban los miembros del grupo así: "Estábamos tocando en el festival de Umea, en Suecia, y Wimme subió al escenario, tomó un micrófono y comenzó a lanzar e improvisar su canto joik sobre la música del grupo, llegando a tal estado de éxtasis que acabo tumbado en el suelo, con el micrófono encima". A la sorprendente instrumentación habitual en el grupo se unían además elementos poco habituales como un didgeridoo o una puntual guitarra eléctrica, así que el experimento resultante no podría ser más interesante y demoledor, dejando un poco de lado la rotundidad roquera para acrecentar otro tipo de influencias urbanas, triphoperas, hasta el punto de hablar de este disco como un claro exponente de un nuevo estilo, el trip-folk.

Publicado en 1997 por Silence, su compañía de cabecera, y distribuido en España por Resistencia (que además tradujo los textos explicativos de las canciones), "Hippjokk" presenta once composiciones, en su mayoría tradicionales. La instrumentación es tan extraña y variopinta como suele ser habitual en ellos, pero todo acaba componiendo un puzzle perfecto: Stake toca violín, violines con teclas, guimbarda, flautas de saúco y de madera, gaita sueca, gong y dos instrumentos chinos, souna -de viento- y jinghu -de cuerda-; Mattsson aporta mandora -guitarra morisca-, ud -laúd árabe-, acordeón y hummel -salterio sueco-, y Tollin se encarga de la percusión, pandereta, tambor de cuerdas y mandora baja. Los dos primeros también ponen sus voces. Como músicos invitados, Ulf Ivarsson (de nuevo la mandora baja), Johan Liljemark (el australiano didgeridoo), Knut Reiersrud (guitarra eléctrica), Ola Backstrom (violín) y el mencionado cantante Wimme Saari, un finlandés lapón (o sami) conocido por su estilo de canto tradicional yoik, un canto normalmente improvisado, sin letra definida, como un modo de expresión entre la persona y la naturaleza. Siguiendo las tradiciones de su pueblo, Wimme ejerce de chamán en parte de esta aventura, la sustitución de los cantos rúnicos fineses por la casi ritual intensidad del yoik, convierte por algunos momentos al trabajo en una novedosa búsqueda en las raíces nórdicas, cuando no en un enérgico carnaval a la particular manera de estos revolucionarios paganos. Cualquier otra banda hubiera arreglado estos temas tradicionales de una manera más académicamente correcta, pero el resultado no hubiera sido ni mucho menos tan distinto y notablemente atractivo. Seis de las once canciones son puramente instrumentales: "Höglorfen" es una polka tradicional, una presunta marcha nupcial que no es sino una presentación de la rotundidad que nos espera en un álbum que, basado en un sonido de apariencia arcaica, logra un sorprendente y adictivo efecto tecno, por su acercamiento a estéticas dance. "Dolkaren" ('El puñal') es sin duda el tema mas hipnótico y espectacular del trabajo, una marcha tradicional procedente del valle noruego de Setesdal, basada en un poderoso ritmo constante sobre el que entran y salen sonidos antiguos que se reinventan dotados de una absoluta e impactante modernidad. Grandioso, sin más. En la parte central del disco habitan tres polkas seguidas, "Kina" ('China') -país que el grupo había visitado diez años atrás-, "Forshyttan" -extraña asociación de cuerdas, de apariencia desacompasada, que derivan en un pequeño clímax- y la calmada "Dufwa", y más adelante "Skåne", que cuenta con la única guitarra eléctrica del álbum, del noruego Knut Reiersrud. En cuanto a las voces, en "Drafur och Gildur" cantan los miembros del grupo, de tal manera que este 'romance sangriento sobre el bien que vence al mal' revive las sensaciones experimentadas en "Trä", ese sonido rudo, rockero, que acabó de propagar el nombre de la banda por todo el mundo. También cantan, pero de manera más extraña, con un toque psicodélico orientalizante, en "Vals I fel dur", adaptación de una pieza del misterioso grupo Philemon Arthur & the dung. Es sin embargo el imprescindible Wammi Saari parte fundamental del apoyo vocalista del álbum, y lo ejerce en "Návdi / Fasa" ('Terror') -maravillosa composición en la que el lapón actúa de manera chamánica, apoyando el contraste con un etno-tecno que alcanza niveles sorprendentes-, "Bierdna" -que suaviza el efecto tecno y acrecenta el tribal con la voz que interpreta al oso y el didgeridoo hacia mitad de la pieza- y una locura final a modo de jam session, una especie de trance improvisado (una polka-groove, señalaban) plagado de voces pseudoindigenas e instrumentos desatados titulado "Graucholorfen". Potentes e hipnóticas tonadas pueblan este reconocido trabajo que experimenta en la repetición de melodías y ritmos, intentando la consecución de trances musicales rozando estéticas dance, pero no olvida la raíz, lo que los miembros del grupo denominan el 'ritmo primigenio'. Tollin hablaba así sobre su forma de trabajar: "partimos de una simple idea básica, una melodía muy sencilla, la escuchamos varias veces para intentar captar el humor, el ambiente, la atmósfera, luego comenzamos a vestirlas con diferentes ritmos, el sonido del bajo, las letras...". Respecto a la extraña, enigmática portada, los miembros del grupo se mostraban igual de misteriosos, por ejemplo Sanna Kurki-Suonio -que no participó activamente en el disco- contestaba: "es el secreto de la vida, no te puedo decir más, siempre debes guardar tu secreto".

Las voces finesas volverían en la siguiente etapa de la banda, por medio esta vez de Anita Lehtola y Liisa Matveinen (de hecho, el siguiente trabajo iba a tener también una base de trío instrumental, como en "Hippjokk", hasta la aparición -oportuna o no- de estas dos féminas con sus cantos runos de Karelia, región al este de Finlandia, al lado de Rusia), pero mientras tanto el rico folclore sueco fue el objetivo del tamiz renovador de este genial trío, que consiguieron una absoluta y original modernidad, entre lo tribal y el sonido rave, en una serie de piezas altamente turbadoras que elevaban a cotas muy altas las prestaciones del grupo con los instrumentos antiguos recuperados que son la clave de su particular sonido. Así, la producción de "Hippjok" es caso aparte por su excelencia y profundidad, y llega a sorprender por su extraordinario magnetismo. Volvía a haber en este plástico una importante labor de investigación y adaptación, el (eventual) cambio de rumbo fue afortunado, el diseño del producto atrevido, la información sonora fabulosa, viva, rugiente... en su dirección un tanto distinta a lo habitual, "Hippjokk" es indudablemente un álbum de confirmación, otro hito imprescindible -y ya deberíamos estar acostumbrados a estas alturas- de Hedningarna.

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13.1.17

LÍDIA PUJOL:
"Iaie"

La relación de un poeta tan ilustre como Federico García Lorca con la música fue grande durante sus escasos años de vida. Conocida es su búsqueda de canciones tradicionales junto a Manuel de Falla, una tarea etnográfica que llevó a la posteridad tonadas como "La tarara", a la que Lorca puso su letra, buscando la ligazón entre literatura y música. Muchos músicos se han inspirado también en sus poesías, no sólo españoles (Enrique Morente, Camarón de la Isla, Serrat, Manzanita, Carlos Cano, Paco Ibáñez, Ana Belén, o Amancio Prada, entre muchos otros), sino también importantes cantantes en inglés como Leonard Cohen o Tim Buckley. La cantautora catalana Lídia Pujol utilizó dos poemas del granadino en su álbum de debut en solitario, una torre de Babel (ese es el título de uno de los temas y bien podía haberlo sido del disco entero) llamado "Iaie", que publicó Resistencia en el año 2003, y en el que esta barcelonesa ofrecía sus contundentes interpretaciones vocales en cuatro idiomas diferentes, catalán, castellano, francés y gaélico. No se trataba de una irrupción sorpresiva la de esta cantante, que había estudiado canto y teatro, participando en numerosos proyectos musicales con Els trobadors, Miguel Poveda, Lluis Llach, Pedro Guerra, Mayte Martín, Toni Xuclá, Sopa de cabra o un importante dúo con Silvia Comes que originó dos recordados discos de este dúo de cantautoras.

"No puedo comenzar a hablar de una cosa que me interese, política, género humano, relaciones... y no acabar llorando o discutiendo. Por eso me expreso a través de la música y de los poetas", decía Lídia López Pujol en la época de "Iaie", un trabajo que fue presentado el 27 de enero de 2004 en el Palau de la Música de Barcelona y el 2 de febrero en Madrid. "Bodas de sangre" es la obra de Lorca de la que se extraen sus dos canciones en el disco, musicadas por Oscar Roig, "Como una estrella" y "Que despierte la novia", dos piezas magistrales con aires aflamencados, que ponen un contrapunto muy sugerente al conjunto del álbum por su tono popular, acertado estribillo y convincente interpretación, tanto vocal (en español) como instrumental (atención a la guitarra flamenca en "Que despierte la novia", culminando el disco de manera festiva). Pero si es atrayente el nombre de Lorca, mayor es sin embargo la influencia en el disco de otro poeta de similar ideología pero de origen francés, el surrealista Jacques Prévert, que ya inspiró el título y la canción de su segundo trabajo con Silvia Comes, "Al entierro de una hoja seca van dos caracoles". Prévert también ha contado con versiones musicales de sus poemas por parte de grandes mitos como Yves Montand, Juliette Gréco o Édith Piaf, y Lídia superó con nota esta importante prueba, consiguiendo un lirismo espectacular. No es de extrañar la importancia y la calidad del idioma francés en esta políglota obra, aunque dos de los poemas de Prévert fueran traducidos al catalán. Así, la primera parte del disco está copada por estas cuatro composiciones, "Missatge" (melódica, de plácida belleza mediterránea, en catalán), "Iaie" (más aguerrida, con voces extrañas sobre la dulzura de las cuerdas vocales de la protagonista, en francés), "La cançó més curta" (en catalán, algo más infantil, parece un dulce cuento donde piano y ocarina parecen enamorarse en un reino de hadas, si bien su letra acaba siendo algo truculenta: "El pájaro que me canta en la cabeza / y me repite que yo te quiero / y me repite que tu me quieres / el pájaro del solo sin fin / lo mataré mañana por la mañana") y "Chanson dans le sang" (bellísima y subyugante composición en francés, la entrada del viento -el bansuri, una flauta india de bambú- es sencillamente inenarrable, apasionante, puede recordar algunos momentos de artistas consagrados como Paul winter o Lito Vitale). A excepción de "Iaie", de la que se encarga Oscar Roig, las otras tres llevan la música de Dani Espasa, pianista con multitud de méritos y colaboraciones, que va a continuar trabajando con Lídia Pujol más allá de este registro. Suyo es, junto a Brian Dunning, el arreglo de la tonada tradicional catalana "Rossinyol" (su fabuloso piano introduce este tema de comienzo susurrante que va aumentando en intensidad con el vuelo del pájaro). Otro tradicional, en esta ocasión yiddish (lengua de los judíos de origen alemán), es traducido al catalán como "L'arbret", y ofrece una música que parece alimentarse de leyendas, pues Lídia es más que una cantante, es una contadora de historias, de sueños para todos los públicos; la inclusión y descubrimiento de esta canción proviene de un trabajo que le encargaron sobre un repertorio de música judía que cantaban las mujeres en campos de concentración, unas melodías que superaron su inicial reticencia y acabaron llegándole muy dentro. De Oscar Roig es la música de "Babel", el único tema del disco sin letra, con un eficaz tarareado tan adaptable a cualquier idioma que tal vez por eso se llame 'Babel', que suena como una brisa, un planeo sobre las olas, un atardecer en la orilla. Dos curiosidades restan por mencionar, la correcta versión del clásico irlandés 'Women of ireland', cantada atrevidamente en gaélico bajo el título de "Mná na héireann" (María del Mar Casals interpreta al arpa celta la música de Seán Ó Riada), y el corto bonus track, "Sombrero", cantada sin instrumentación por Rosalia Pujol, abuela materna de la cantante, sobre la que recordaba: "Mi abuela es absolutamente esencial, yo siempre estaba al lado suyo con un bloc de notas o con la grabadora, y ella me enseñaba canciones en cualquier idioma, pero no sabía ni hablar castellano. Lo que nos está ofreciendo en este pasodoble es algo muy especial, porque no sabe ni lo que está diciendo". Un disco precioso hasta en estos pequeños detalles. "Iaie" es un álbum sorprendentemente variado y trabajado, su autora afirmaba haber escuchado mucha musica instrumental, pero también bandas sonoras, clásica o músicas del mundo, desde el flamenco a lo celta. Es notable el eclecticismo y la capacidad de esta catalana, que en ocasiones parece estar contando el más bello de los cuentos infantiles, mientras que en otras se arranca en un alarde de viaje por las músicas del mundo y un resuelto resucitar folclórico. "Iaie" presentaba un diseño gráfico atrevido, muy trabajado y colorido, si bien en definitiva algo recargado y de letra demasiado pequeña, pues incluye el libreto no sólo las letras de las canciones sino sus traducciones en castellano, catalán y frances. El espacio se llena y esconde fotografias convenientemente tratadas por ordenador, un instrumento éste que aunque se incluye también en la música del álbum, tan solo adorna un acabado tendente a lo acústico, donde la cantante se hace acompañar por importantes músicos, un gran elenco donde destacan Dani Espasa (piano), Oscar Roig (guitarra, órgano, programaciones), Pep Coca (contrabajo), Antonio Sánchez (sonidos, efectos, cajón), Toni Xuclá (guitarra de doce cuerdas) o Xavi Lozano (vientos -ocarina, fiscorn, bansuri, moxeño, tuba-, rastabass, sonidos y percusiones). La importancia de los vientos en el trabajo es doble, pues no sólo confieren personalidad y naturalidad sino que se trata de instrumentos poco convencionales (la tuba, la primitiva ocarina, el oriental bansuri o el andino moxeño), interpretados por un maestro del tema, el experto y practicamente luthier Xavi Lozano. Y en este sentido resta mencionar la colaboración especial de Brian Dunning, que aporta la flauta en dos de las composiciones. Contaba en 1997 este miembro de Nightnoise que se llevó a casa una cinta que Lídia Pujol le había entregado en el camerino, la grabación de un concierto que Brian calificó de maravilloso, de una artista con una fantástica voz, que esperaba que tuviera ya algo publicado en España.

La música de los sueños, que es la que adorna esta simbólica obra, no requiere un idioma concreto, tal vez por eso Lídia, cuya lengua materna es el catalán y la paterna el castellano, utilice cuatro. Curiosamente, para una cantante que planteó durante bastante tiempo su bagaje vocal en inglés, no incluyó esta importante lengua en el trabajo. Las de origen francés son por lo general un divertimento, más recogidas las planteadas en catalán, y de enorme carga folclórica las de idioma castellano. Ya en su primera colaboración con Silvia Comes hablaba de sacar a la luz un material que, tanto a nivel de texto como de música, le hiciera sentir, y repartía además la importancia de texto y música, valorando especialmente que el público se pudiera interesar por los poemas a partir de la adaptación musical. Sobre Prévert, sus letras son por lo general duras y comprometidas, por ejemplo en "Iaie" ("Girad, girad, chiquillas / girad alrededor de las fábricas / pronto estaréis dentro (...) Viviréis desgraciadas / y tendréis muchos niños, muchos niños / que vivirán desgraciados") o en "Canción en la sangre" ("En el mundo hay grandes charcos de sangre / ¿a dónde va toda esa sangre derramada? / Gira con sus grandes charcos de sangre / y todas las cosas vivas giran con ella y sangran (...) ¿A dónde va toda esa sangre derramada? / la sangre de los crímenes... / la sangre de las guerras... / la sangre de la miseria... / la sangre de los niños torturados / tranquilamente por papá y mamá..."). Resulta extraño, y es un gran mérito de los compositores, que poemas tan crudos y una tragedia como "Bodas de sangre" confluyan en un disco con alta dosis de alegría y luminosidad. No en vano decía la Pujol que "el ser humano es ese claroscuro, esa dualidad, esa lucha entre opuestos", así como "en mi música busco un mundo más fantasioso, fuera de la realidad que me sirva, que nos sirva, para calmar esa impotencia que generamos y degeneramos nosotros mismos". Lo logró con "Iaie", un álbum hermoso, familiar y vital, completísimo y asequible más allá de géneros y de idiomas.





25.7.15

KILA:
"Luna park"

En el escaparate actual de la música folclórica irlandesa, la banda dublinesa Kila es una de las más admiradas de los últimos años, por un sonido fresco y actual que se atreve con nuevas ideas y estilos sin olvidarse de sus raices. Prometedores desde sus inicios, durante los 90 se crearon un nombre y nutrida fama (las buenas críticas se unieron a su condición de grupo de culto, a pesar de que la leyenda diga que a su primer concierto acudieron solamente tres personas) gracias a una grata evolución y a un continuo contacto con el público, directos que van más allá de lo asequible, pulcro y elegante de sus compactos. Discos tan completos e interesantes como "Handel's fantasy" (con variados pasajes más audaces que la típica música celta) o "Tóg é go bog é" (plagado de numerosos detalles y variedad de influencias) acabaron por alcanzar la excelencia en su sonido con el deslumbrante "Luna park", publicado en 2003 por su propio sello, Kila Records, con la inclusión de un libreto muy cuidado en cuanto a su diseño y fotografías. El disco, además, contó con una excepcional edición española por parte de Resistencia, con las traducciones de los textos de las canciones al castellano.

Más allá de la propia música desplegada en este trabajo, destaca el aire familiar del conjunto (varios de sus miembros son hermanos), algo muy típico en los grupos irlandeses de este tipo, así como la facilidad de sus componentes para asociarse con otras disciplinas artísticas como la literatura, la poesía, la ilustración, el cine o el teatro. También es destacable que la totalidad de las composiciones publicadas sean propias, sin necesidad de acudir a la muy sobada tradición. El resultado no sólo no se resiente sino que cobra fuerza y actualidad, primorosos instrumentales se funden con rítmicas canciones, optimistas y alegres en sus letras, en una soberana conjunción de elementos de corte celta, enérgicos unos, calmados otros, siempre acertados, en un estilo ágil y directo, con mucha clase y variada instrumentación y una voz inconfundible, la de Rónán Ó Snodaigh, que también ayuda a forjar un sonido propio. Abre el trabajo "Glanfaidh mé" ('Me sanearé'), canción larga cantada en gaélico irlandés (como las cuatro del álbum), muy llevadera y compensada en su faceta vocal y en una instrumentalidad tremendamente bailable, donde violín y gaita ejecutan la jiga que replica al estribillo. Un gran acierto que, a pesar de sus casi diez minutos de duración, no sólo no cansa sino que deja con ganas de más. La flauta es la gran protagonista de los dos siguientes cortes, "Hebben bridge" es una tonada con un aire irlandés muy popular y disfrutable, mientras que más pensativa es la fenomenal "Wandering fish", de composición acertada e interpretación de lujo, como recreando un apacible día de pesca en Irlanda. Destaca el bajo, cuya relevancia no es muy común en este tipo de discos. El tramo inicial, con cuatro espectaculares temas a cual más acertado, culmina con "The mama song", una de las canciones estrella del álbum, arropada por un frenético ritmo donde se integra el bodhran de Rónán, de nuevo vocalista, y se deja escuchar un buen acordeón, a cargo de Peter Browne. Canciones como ésta o como "Glanfaidh mé" son afortunados momentos de celebración y una cierta locura, un ejemplo de diversión que nos acerca a los pubs y tabernas de la vieja Irlanda. Sin espacios de relleno, la parte instrumental puede verse mecida por ritmos lentos como "Baroki", aunque a veces degeneren, como por arte de magia, en pasajes de un mayor énfasis, o en piezas atrevidas que parecen fuera de estilo como "Béilin meala" ('Boca de miel'), balada cantada por Colm, hermano de Rónán. Rossa es el tercer hermano de esta familia de multiinstrumentistas, mientras que Brian y Lance Hogan eran la otra pareja de hermanos del conjunto en este momento, un conjunto completado por Eoin Dillon (miembro fundador, con la gaita como instrumento principal) y la violinista Dee Armstrong como única mujer. La segunda mitad del álbum es eminentemente instrumental, con ejemplos de animados flauta ("Bully's acre") o violín ("Grand Hotel"), y con "Maith dhom" ('Perdóname') como único ejemplo vocal, un canto muy profundo de Colm prácticamente a cappella. Como corte de mayor duración (cerca de once minutos), ritmos celtas de todo tipo nos reciben en el tema que da título al disco, un todo muy completo con un comienzo muy interesante, suave y ambiental, que precede a una gaita y a un portentoso delirio rítmico. Para finalizar, una bonita sorpresa es "The hour before dawn", buena apertura de miras exclusiva de Dee Armstrong, que parece por momentos un alarde de algún compositor postminimalista. El piano introduce una melodía suave, entre popular y clásica, que se adorna conversando con el violín, en un juego delicado y armonioso, una especie de renacimiento del espíritu 'Nightnoise' en el siglo XXI. El cdsingle del corte elegido para promocionar el álbum, "Glanfaidh mé", incluye un radio edit de dicha composición junto a tres canciones nuevas, otra cantada (la rockera "Burning love", versión celta del gran clásico de Elvis Presley) y dos sin versos (más convencional "Alan Kelly's book of dreams" y algo psicodélica "Rossa's turlough's"). Mas allá de lo afortunado o pegadizo de las canciones, el grado de conjunción tan contumaz de la banda logra, posiblemente sin esfuerzo aparente, alcanzar la atmósfera ideal, la autentica plasmacion del espíritu irlandés en música. "Luna park" es la culminación de esa cohesión, un álbum que llama la atención por lo completo y variado de su repertorio, un paso adelante en un momento en el que grupos de música celta de toda la vida estaban desaparecidos o en cierta decadencia.

Los directos de kila son por lo general espectáculos de artística escenografía, en ocasiones con elementos teatrales y circenses acompañando a la música. De hecho, la banda ha obtenido varios premios en Irlanda en categorías de mejor concierto de música tradicional. Varios han sido sus discos en directo, grabados en su mayoría en la sala de conciertos dublinesa Vicar Street. De hecho, "Luna park" contó con una edición especial que incluía un DVD con cuatro temas en directo, grabados en dicho club en 2002: "Glanfaidh mé", "Tóg é go bog é", "Cardinal knowledge" y "Cé tú féin?". Otros ejemplos fueron "Live at Vicar Street" (edición limitada de 1000 copias publicada en el año 2000), "Live in Dublin" (2004, cinco de cuyas composiciones provenían de "Luna park") y el DVD "Once upon a time", publicado en 2008, que contenía asimismo dos temas de "Luna park". Como curiosidad, mencionar que "Another beat" fue un disco de remixes publicado en japón en 2006, que incluía cuatro cortes de "Luna park" remezclados, y es que este gran clásico de Kila es un trabajo que ha dado mucho que hablar, Vibrante, repleto de exquisitas tonadas y momentos bailables que provocan un inmenso regocijo. Fundamental para entender cómo se puede evolucionar sin implicar un cambio estético ni asociarse a la electrónica.



14.10.13

PAUL MOUNSEY:
"City of walls"

Cuando el músico escocés Paul Mounsey, utilizando diferentes samplers de voces antiguas provenientes de grabaciones de la Escuela de Estudios Escoceses de Edimburgo, creó la memorable composición "Passing away", no llegó a suponer que iba a ser el comienzo de una interesante trilogía de curioso título e intenciones cosmopolitas: la saga 'Nahoo', cuya esencia era algo más que una simple colección de discos, supuso un nuevo punto de partida para su autor desde el lejano Brasil, comenzando por un álbum de bandera, el "Nahoo" original (1994), que puso el nombre de Mounsey en boca de los más avispados críticos, locutores y oyentes. Más adelante, a un "Nahoo Too" (1997) un tanto disperso y avanzado le siguió una desatada tercera parte ("Nahoo 3 (Notes from the Republic)" en 1999). Con el cambio de siglo, el famoso apelativo había sido ya exprimido hasta el límite, por lo que el nuevo proyecto de este antiguo alumno del Trinity College iba a contar con un título original, "City of walls", y un nuevo planteamiento, en el que Mounsey no variaba su esencia multicultural pero la desarrollaba de manera más coherente, sin estridencias, muy centrado e inspirado. De nuevo fue Iona Records la encargada de publicar en 2003 el álbum, nueve años después del primer "Nahoo". Resistencia Ediciones lo distribuyó en nuestro país, con la traducción de títulos y canciones al español.
 
"City of walls" es un título que intenta reflejar la violenta situación social existente en la ciudad de acogida del matrimonio Mounsey, São Paulo, una inmensa urbe que se acerca a los 20 millones de personas (la mayor ciudad de Sudamérica y una de las más pobladas del mundo), donde los guetos de las clases privilegiadas (condominios) están separados de los de las clases pobres (barrios bajos y favelas) por verjas electrificadas, cámaras y guardias de seguridad, unas 'murallas' que separan la 'zona del glamour' de la 'zona de la guerra': "El título del álbum refleja una relación de amor-odio con São Paulo, donde he vivido los últimos 20 años (...) He estado viviendo allí más tiempo del que haya estado viviendo en cualquier otro lugar así que en cierto modo São Paulo es más mi hogar que cualquier sitio de Escocia". De esta manera, esencias de bossa nova tienen cabida en un comienzo rítmico y genuino ("City of walls", que anticipa la importancia de los vientos a través de la trompeta), entrando definitivamente los ritmos celtas del nuevo siglo en el segundo corte, "Since...", donde destaca especialmente la voz (Flora MacNeil), en un contexto de grandiosa intensidad, o en "Dunfermline", donde la épica melodía celtoide basada en el salterio escocés viene aderezada por una sólida percusión a cargo de Moxé, que se luce a lo largo del álbum (tambores de maracatú en esta ocasión). No en vano se trata este de un trabajo, como todos los de Mounsey, poderosamente rítmico. Y tremendamente ecléctico, pues si en "Heaven's full" se presentan sones medievales (basados en el 'Sanctus' de la 'Misa sin nombre' del monje escocés Robert Carver para seis voces), el siguiente corte se trata de una modernizada canción de trabajo (de hecho su título no engaña, "Work song", y su esencia pasa de encontrarse en el campo para estar ubicada directamente en un contexto urbano), para continuar por nuevos derroteros celtas pero atemperados con flautas y percusiones que otorgan al conjunto un ambiente casi amazónico ("Billy's birl). En este sentido, "A ferro e fogo" es un lamento por la selva brasileña en la que conviven melodías tradicionales portuguesas con una danza final proveniente de Pontevedra, que Mounsey incorporó simplemente "porque sonaba bien". Otro bailable reel, el titulado "Nothing to lose", es descontextualizado por medio de la electrónica en su vertiente más dance, logrando otra curiosa y efectiva fusión que él mismo o el malogrado Martyn Bennett ya habían cultivado con éxito en trabajos anteriores. Y si bien se agradecen este tipo de escapadas, casi disgresiones, que favorecen notablemente el conjunto, es en un tema algo menos retocado como "Gad lonndrainn (From E to F)" donde mejor se admira la grandiosidad de Mounsey, una de esas creaciones especiales que por sí solas ya merecen un álbum que las contenga. Melodía emblemática de su autor (utilizada con anterioridad en el primer "Nahoo" -"From Ebb to Flood"-), "Gad lonndrainn (From E to F)" introduce una maravillosa cadencia presentada vocalmente (versos de Willie Campbell) y completada por medio de guitarras, violines, teclados y percusión. Junto a "Gad lonndrainn", la segunda pieza que más impacta y destaca en el conjunto, por la fuerza que emana de su sencillez, es "A child", la que fuera sintonía del mítico programa de radio Diálogos 3 (sustituyendo al inmortal "Theme from Harry's game" de Clannad), emocionante arreglo de Paul Mounsey de una melodía del libanés Marcel Khalife sobre un texto del poeta palestino Mahmoud Darwish. El moderno tratamiento de su voz étnica (la también libanesa Oumayma El-Khalil), como un abrazo entre el pasado y el presente, logra dejar un poso emocional en el oyente. Otros cortos momentos ambientales, interludios con carga de teclados, son igualmente disfrutables en este completo álbum que culmina con una canción, "Annie", interpretada por el propio Paul, una melancólica balada con la que concluye esta excitante aventura, un trabajo muy completo, atrevido y vibrante.
 
Nacido en el fértil condado escocés de Ayrshire, Paul decidió irse a Brasil con su esposa, descontento de la situación en Londres. En Brasil se dedicó a componer música para publicidad (anuncios dirigidos por importantes realizadores de Hollywood como el malogrado Tony Scott), así como para la televisión y el cine brasileños. "Nahoo" era una amalgama de influencias escocesas y brasileñas, y aunque "City of walls" continúa por esa línea, Mounsey decidió abandonar el término 'Nahoo', que ya había explotado suficiente. Además, para este su cuarto álbum desaparecen los samplers que tanto se escuchaban en la saga, dotando al disco de una estructura menos tecnológica, aderezada por la envoltura de crítica social que acaba por acercarlo al pueblo y a una humildad exquisita. "City of walls", que ocupó a Mounsey durante dos años, está de nuevo producido por el escocés y el compositor chileno Joao Vasconcellos, que parecen saber complementar a la perfección unas ideas globalizadoras que, en un entorno moderno, conforman un fabuloso todo coherente y sin altibajos a pesar de la variedad estilística y la alternancia de influencias, numerosos alicientes que se citan en una obra estimulante que engalana la tradición escocesa.
 
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