27.9.20

PATRICK O'HEARN:
"Ancient dreams"

A mediados de los años 80 del siglo XX, apareció en el panorama musical estadounidense Private Music, una nueva compañía independiente que ahondaba en las bondades de la música instrumental desde un enfoque tecnológico, con preponderancia electrónica y lanzamientos de grabaciones digitales de gama alta efectuadas en principio sólo en cinta de cromo y los novedosos discos compactos, aunque enseguida se incorporaría el eterno vinilo al conjunto. Su creador e impulsor, el ex-miembro de Tangerine Dream Peter Baumann, era una garantía de clase y experiencia que puso todo su empeño en el impulso inicial del sello. Aparte de los canales habituales de comercialización, las tiendas de discos y grandes almacenes, Private hurgó sabiamente en otros alternativos que aceptaron e incluso adoptaron como propia la filosofía de esta 'nueva era' musical: librerías (Rizzoli, entre otras), boutiques de ropa (In Gear, Arresta, Japanesque, Domus, Charivari), galerías de arte, incluso restaurantes y pizzerías, como Licorice Pizza. También se compraron espacios publicitarios en la televisión por cable y finalmente se firmó un acuerdo de distribución con RCA. Aunque la primera referencia de Private Music fuera "Etosha - Private music in the land of dry water", del teclista Sanford Ponder, fue el siguiente álbum el que acapara el recuerdo inicial del sello, el fabuloso debut en solitario del bajista Patrick O'Hearn titulado "Ancient dreams" y publicado en 1985. 

Nacido en una familia artística (músicos, actores, artistas), la música rondó alrededor de Patrick desde la infancia, tomando sin pudor cualquier instrumento para participar en las pequeñas sesiones familiares. Lo clásico (Stravinsky, Copeland, Satie, Ravel, Debussy, Bartok...) y el jazz (Miles Davis, John Coltrane, Charlie Parker, Coleman Hawkins, Ben Webster, Duke Ellington...) fueron sus primeras influencias, que explotaron tras el contacto con el ecléctico Frank Zappa, y el pop-rock de la banda Missing Persons. El estrés de sus desavenencias internas desembocaba en una liberación interior en solitario: "regresaba a mi apartamento donde tenía un pequeño estudio, y comenzaba a improvisar y grabar ideas musicales que estaban deliberadamente muy lejos de lo que había estado haciendo antes con la banda". Como antecedente a su nuevo camino, Patrick tocó bajo, sintetizador y percusión electrónica en el disco de Dan Siegel "Another time, another place", para el que escribió tres de los temas, haciéndose llamar Pat O'Hearn. Este artista comenzó a marcar tendencia en su primer trabajo en solitario, si bien no acabó de quedar totalmente satisfecho del mismo. Visto lo que logró pocos años después se entiende su postura, pero "Ancient dreams" es un gran trabajo, que apunta claramente muchas de la líneas estilísticas del bajista y sienta las bases de su sonido propio, que tan sólo necesitará pulir y saber unir a otras tendencias (bailables en "Rivers gonna rise", del mundo de la world music en "Eldorado") para explotar en forma de auténtico fenómeno instrumental avanzado. Eso sí, también hay quien prefiere, por encima de sus siguientes obras, este primerizo despliegue de magia electroacústica, que como se cuenta en su libreto, "es un viaje a través de un paisaje de audio cambiante y sincero, y que toca lugares secretos". Como introducción, "At first light" es un ambiente especial que intentando sonar misterioso se queda en exótico, en el que destaca especialmente el sonido grave del bajo. O'Hearn introduce de lleno un estilo semi-melódico que iba a resultar definitorio no sólo de la línea atmosférica del propio autor sino en cierto mmodo de los argumentos de la propia compañía, al menos en sus principios. Se respira la nocturnidad en oleadas de fresca pasión contenida, sustentada por las cuerdas del bajo, los imaginativos teclados y las sonoras percusiones, un entorno perfecto que queda reflejado en la bella y misteriosa portada del álbum, fotografía del maestro estadounidense Pete Turner. No tardaba en llegar el tema estrella del album, "Beauty in darkness", el que Baumann recogió en su pack promocional de cuatro video-clips. "Beauty in darkness" es una atrayente atmósfera en la que percusión y teclados ejecutan un amago de ambiente tribal, ejemplificando esos sueños antiguos de los que habla el título de la obra, y que quedan reflejados en la misma como perdidos en el éter que perdura desde antaño. La melodía, profunda, arcana, remite así mismo al pricipio de los tiempos y revive leyendas olvidadas. "Unusual climate" es posiblemente la pieza más luminosa del álbum, de escucha animada y reconfortante, que guarda en sus ritmos tesoros futuros. "Life along the river vaal" se adentra en un ambient seminal, con inicio marcial y melodía hechizante, antes de la llegada del tema homónimo y tercera pieza para el recuerdo en el disco, un "Ancient dreams" rítmico, animado, abierto a una nueva era que estaba llegando. El sonido es incluso alegre, cadencioso, consiguiendo plasmar una serena atemporalidad, con la marca O'Hearn a cada momento y la incorporación de la trompeta de su célebre amigo Mark Isham, que con sólo empujar un ápice logra resultados sorprendentes, que el tiempo dificilmente podrá superar. Como si se tratara de una improvisación de David Van Tieghem (futuro integrante de la nómina de Private Music, pero que no coincidió con O'Hearn), "Malevolent landscape" es una pieza juguetona con las percusiones, que mantienen su ímpetu en toda su extensión y una conexión corporal, en lucha mística, con los teclados. El tema final, "Last performance", es sólo un hasta pronto, un profundo vistazo a lo logrado y una mirada hacia el futuro abierto para este autor primario, imprescindible, que no estaba seguro de que a nadie le importara su nueva música: "Mis amigos músicos lo disfrutaron, pero ¿alguien más lo haría? La belleza de esos días era que no podía importarme menos. ¡Me encantó y eso era todo lo que importaba!". Su falta de pretensiones se volcó a favor de esa música extraña, que se benefició también de la novedad tecnológica que preconizaba Private Music. A partir de ideas básicas, sin excesivos cambios de ritmo y melodía, O'Hearn construyó un mundo nuevo y perfectamente identificativo, conduciendo el concepto del Group 87 hacia una semioscuridad en solitario muy sugerente, yendo mucho más allá de hecho, y logrando sonoridades recónditas e insondables que hacen de "Ancient dreams" todo un clásico de parada obligatoria para músicos electrónicos actuales. 

Ritual más que dramático, conectado con la tierra y su magia ancestral más que con la apertura espacial, la nueva era acogió este trabajo (había que etiquetarlo de alguna manera) y su enfoque tecnológico hacia el CD le aupó a una primera línea de actualidad, con Private Music y Peter Baumann haciendo sus deberes publicitarios. Es increible la gama de percusiones utilizadas, acústicas y electrónicas (Alex Acuña, Ron MacLeod y Brian MacLeod ayudan a Patrick en este apartado), y la trompeta de Mark Isham es la única ayuda que requieren los sintetizadores de O'Hearn, que compone los siete temas de un álbum que supone un gran trabajo en el estudio, que contó con la producción de Peter Baumann. No se puede hablar de"Ancient dreams" sin mencionar "Between two worlds", segundo álbum de O'Hearn en Private, nueva producción de Baumann con similares argumentos a los del debut, aunque algo menos explosivo en sus ambientes, que se suavizan y pierden el factor sorpresa, si bien muchos de ellos, como "Rain maker", "Fire ritual", "Forever the optimist" o "Between two worlds", mantienen la fortuna y la emoción del encuentro con nuevos mundos musicales, esos entre los que se encuentra ese trabajo, y hacia los que se expande siempre la música de Patrick O'Hearn.

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:
 




18.9.20

MICHAEL NYMAN:
"The cook, the thief, his wife and her lover"

La que ahora conocemos como Michael Nyman Band comenzó siendo un grupo de teatro al que había que ponerle música, así se convirtió Nyman en compositor, por la necesidad. Él se veía como un pianista de rock&roll frustrado, así que su estilo es muy particular por su herencia fallida, su interés en la ópera, en el minimalismo americano, y por su forma de afrontar y modificar la estructura de piezas clásicas como su "In re Don Giovanni" basado en Mozart. Esta renovación de lo antiguo con una rebelde falta de rigor formal, además de acabar acarreándole algunas malas críticas por su continuo préstamo de ideas ajenas, interesó definitivamente a Peter Greenaway, que tenía una visión especial del proceso de incluir la música en sus películas. Aparte de la musicación de varios de sus cortometrajes, Nyman compuso la música de los primeros largos de Greenaway desde su debut en este género en 1980 con "The falls", cuya banda sonora se inspira en parte -al igual que la de "Drowning by numbers"- en el movimiento lento de la 'Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta' de Mozart. "The draughtsman’s contract" fue su gran espaldarazo, un trabajo redondo y monumental basado en la obra del compositor británico Henry Purcell, que cobra otra dimensión cuando Nyman le otorga su particular toque minimalista. En 1989, un año después de otra enorme partitura, la de "Drowning by numbers", Greenaway realizó 'The cook, the thief, his wife and her lover' ('El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante'), drama ambientado en un restaurante, con la habitual y exagerada manera de rodar escenas crudas y explícitas por parte del director galés. 

En "The cook, the thief, his wife and her lover", publicado por Venture (filial de Virgin Records) en 1989, Michael Nyman volvió a acertar con su música directa, aunque tal vez más dramática que las anteriores, no tan completa como aquellas, echándose de menos (al menos en el disco) alguna pieza movida que rompa la gravedad e invite al movimiento. Su punto fuerte, verdadero acierto del plástico, una pieza emblemática titulada "Memorial", partitura basada en un pasaje del “King Arthur” ('What power art thou') de -una vez más- Purcell. En 1985 Nyman había musicado "A zed & Two noughts", una banda sonora adictiva, curiosamente olvidada a pesar de grandes momentos como "Angelfish decay" (y su gemela "L'escargot") o "Vermeer's wife", y es chocante la capacidad de reinterpretacion del británico, pues varias de las piezas parecen bocetos posteriormente asidos en nuevos tratamientos, especialmente "Time lapse" y "Lady in the red hat", prototipos del "Memorial" aquí tratado, una partitura cuyo verdadero origen y esencia dramática conecta especialmente con el mundo del fútbol, del que Nyman es seguidor, especialmente de los Queen's Park Rangers. Como buen hincha británico, la desazón sentida por la tragedia del 29 de mayo de 1985 en el estadio Heysel de Bruselas (cuando 39 aficionados -32 de ellos italianos- murieron en los prolegómenos de la final de la Copa de Europa entre el Liverpool y la Juventus de Turín, por culpa de una avalancha), le hizo dedicar esta enorme pieza a la memoria de esas víctimas de la parte más radical y estúpida del 'deporte rey' (gratísimo es su rescate, además, en el álbum de 1996 inspirado en el fútbol "After extra time"). Dejando de lado ese impacto global, otros proyectos retuvieron esa pieza hasta finales de década, especialmente "And do they do / Zoo caprices" (de primera parte excitante, de generoso ardor y movimiento, más difícil la segunda, un solo de violín basado en la anterior "A zed & two noughts"), "The man who mistook his wife for a hat" (ópera entretenida, con variaciones musicales agradecidas) y una espectacular obra coral, "Out of the ruins", uno de los trabajos más sobresalientes del inglés. Además, los soundtracks para Greenaway: "Drowning by numbers", el boceto de "Prospero's books" que significó "La traversée de Paris" (música compuesta por Nyman para la exposición que celebraba el segundo centenario de la Revolución Francesa), y "The cook, the thief, his wife and her lover", un nuevo trabajo por momentos excepcional, donde parece que el británico sepa transmitir cada vez más y mejor lo que exigen las imágenes. Esto no implica que esta banda sonora sea mejor que las anteriores (difíciles de superar, realmente), sino que sus composiciones son más estudiadas, tal vez menos viscerales. De inicio, y a diferencia de sus anteriores trabajos de este tipo, presenta muy pocas composiciones, sólo cinco, dos de las cuales duran más de diez minutos. Como ya se ha mencionado, "Memorial" es un gran comienzo, pieza animosa y de arreglos altivos con varios cambios de registro, en la que la marca Nyman está totalmente presente y permite que esta composición no sólo encaje perfectamente en la película, sino que pueda ser escuchada aparte sin perder un ápice de intensidad. Esta dualidad se da gracias a la capacidad melódica de su música que continúa en "Miserere paraphrase", lacrimoso dueto entre el piano de Nyman y el violín de Alexander Balanescu, complementado al final del disco con su versión coral, titulada simplemente "Miserere", más de once minutos que aportan una correcta intensidad pero que se alejan de las músicas ágiles de sus anteriores scores. Precisamente "Book depository" es la pieza más cercana a aquellos, un ambiente repetitivo a ritmo de vals en el que el espacio se llena de cuerdas y vientos de manera envolvente, mágica. "Coupling" intenta mantener su fuerza, y no se trata de un mal intento, de hecho el tema va creciendo durante su desarrollo. Sin embargo, se echan en falta más composiciones con garra en este, por supuesto, buen trabajo del compositor de "The draughtsman's contract", que volverá a la carga muy pronto con "Prospero's books", su última colaboración con Greenaway.

Entre la pléyade de nombres que alumbraron con intensidad el movimiento minimalista de los años 70 y 80, el de Michael Nyman es de vital importancia, y la de 'El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante' es otra de sus partituras recordadas, con momentos excitantes donde cada instrumento aporta un delicioso contraste de sonidos y colores, saxofones, violonchelo, clarinete, contrabajo, flauta, trombón, trompeta, violines, violas, y por supuesto el piano de Michael y las voces. Piezas como "Memorial" demuestran una frase de ese Nyman despechado, que tras su ruptura laboral con Peter Greenaway decía "mi música funciona por sí misma, sus imágenes no". Mucha razón tenía Michael, sus discos se podían escuchar y disfrutar sin ver las películas implicadas, pero cada uno de aquellos atrevidos films del director galés necesitaban sin remedio las partituras de su entonces amigo británico. Mientras otros minimalistas tienden a la uniformidad, dice Nyman, "a mí me gusta la ruptura, la interrupción, la velocidad", una constante tensión que queda reflejada en obras como ésta, de un músico conocido y reconocido, pero no tanto como cuando, cuatro años después, se convertiría en un compositor tremendamente famoso por la silbadísima banda sonora de la película "The piano".

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:








11.9.20

VARIOS ARTISTAS:
"European new instrumental music"

Otra de las numerosas compañías que aparecieron de la nada durante la bonanza de la música new age en los años 80 del siglo XX fue Blue Flame Records. Fundado en Stuttgart en 1986, este sello discográfico ha indagado durante su prolífica trayectoria en una larga lista de estilos, entre los que se encuentran jazz, world music, ambient, tecno o lounge, y especialmente en crossovers naturales entre ellos con toques electrónicos. Pocos de los nombres de su nómina de músicos han sido superventas o artistas recordados (especialmente en España), aunque en pequeñas dosis, y especialmente en sus primeros años de vida, Blue Flame logró una cierta repercusión y algún que otro hit esmerado. "Solo se acepta la máxima calidad en todas las áreas de producción", señalaba su fundador, el alemán Friedemann Leinert, más conocido por su nombre artístico, Lenny Mac Dowell. Junto a su mujer, Ilona Leinert, buscaron de manera exhaustiva la independencia en un tipo de música en la que creían, con la que disfrutaban, y a la que dedicaban toda su experiencia y creatividad, a nivel musical Friedemann y en el campo administrativo, promocional y de diseño, Ilona. Así, y haciendo del lema "Blue Flame graba música sin fronteras" su propia inspiración, se hicieron con un catálogo tan interesante como para disfrutar de algunas de sus pequeñas joyas en recopilatorios como el que publicaron en 1989, de título "European new instrumental music".

Se trata ésta de una compilación doble, por lo que contiene bastante material, que oscila entre la excelencia y un cierto hastío. El comienzo del primer disco es mas efectivo por nombre que por calidad instrumental, pues los Tangerine Dream de los 80 no se acercan a los profundos y explosivos de la década anterior. Se trata además de un tema de una banda sonora no muy conocida, la de "Shy people". Así, la rítmica melodía de "Civilized illusion" se aleja de la bondad de otros productos de la banda alemana, dibujando una melodía facilona que solamente funciona como toma de contacto rápida, un intento de atraer compradores colocando al grupo alemán en cabeza de cartel. Algo parecido sucede un poco más adelante con Enya, otro nombre capaz de vender discos por sí solo, si bien en esta ocasión se puede hablar de acierto. Cualquier creación de la irlandesa en esta época es sinónimo de atención y calidad, y "Aldebaran" se detiene en otra gama de sonoridades, más cósmicas que las habituales en ella (también más cercanas a la estética de la compilación), pero contiene su sofisticada firma en el cuidado efecto multivocal -en la primera fase de su desarrollo-, susurrante y atrayente como si fuésemos un Ulises cosmonauta. Aparte, dos son las grandes melodías triunfadoras de este primer disco: del primer trabajo del danés Kristian Lilholt ("Chair in air") nos llega "Uncertain position", las notas pausadas y distinguidas del teclado impregnan de magia este gran tema, ayudadas por una atmósfera brumosa y un cierto componente muy directo y cercano que va creciendo con el paso de los minutos. Y como estupendo colofón, "Icarus" es una de las grandes canciones de otro danés, Klaus Schønning (de su disco "Arctic light"), plena de magia y aventura, en un estilo folclórico avanzado. No son las únicas piezas de ambos artistas en el álbum, pues en "Celestial mirage" Schønning también se deja seducir por un pasaje neoclásico y le aporta un sello propio, con autoridad, aunque de manera un tanto inconexa, y en "Blue red horizons", de ecos orientales, Lilholt se queda simplemente en agradable. Algo más se disfrutan "Free fall" (de Lenny Mac Dowell, donde un teclado cíclico y una melodía aflautada se bastan, junto a una suave percusión jazzística, para desarrollar una pieza sosegada y sin ningún sobresalto) o "Waves" (del dúo formado por Martin Kolbe y Ralf Illenberger, donde se nota la complicidad de estos dos amigos que ficharon años después por Narada, pues este tema, presuntamente sencillo, suena espontáneo y ameno, con unas cuerdas muy seguras y potentes). Completan esta primera parte del recopilatorio el suizo Alap Jetzer con una composición danzarina y de aspecto muy natural, "Joy-Ensemble", de cuerdas briosas, y la atmósfera relajante del tema "Space quest" de la banda de Peter Kuhlmann, Romantic Warrior, ambiente espacial sin gran trascendencia. Algo menos animado resulta en general el segundo disco, si bien presenta a otra serie de artistas tan importantes como la Blue Chip Orchestra (cuyo espíritu abierto y vanguardista deja su sello en la recopilación con "Bolero Carmin"), Blonker (inventivo y siempre bien recibido por sus agraciadas guitarras, que en "Voice of Autumn" investiga en paisajes mas propios -si atendemos al cliché- del desértico oeste que de la frondosa Alemania, con un resultado algo largo pero entretenido) o el holandés Rick van der Linden (presente tanto en solitario con el tema "My pianoman" como con su grupo Ekseption en "Ekseptional", resaltando en ambos casos su faceta de recreador clásico con acercamientos al rock sinfónico y al progresivo). También repite Lenny Mac Dowell, y por partida doble, aunque ni "Colours of love" ni "Shikara" destacan especialmente. Tampoco acaban de convencer Christoph Spendel con "Six silent steps" ni Pat Wilcox con un "Moontalk" que parece aspirar a banda sonora de película erótica de los 70. Son, eso sí, otras dos las piezas destacadas de este segundo disco del recopilatorio: el guitarrista alemán Matthias Thurow presenta en "Detour" un tema amable y conocido en el que vale la pena detenerse, exultante y con dosis de intriga, con su fondo burbujeante repetitivo, fantasmales efectos sonoros y una melodía de viento para disfrutar. Y como conclusión de esta aventura musical europea, otro alemán de gran trayectoria, el sintesista Robert Schroeder, del que se selecciona "Soft touch", secuencia sencilla pero potente y muy gozosa, que enseña un camino importante en la escena electrónica europea mas vanguardista. "Detour", "Soft touch", "Uncertain position", "Aldebaran" y "Icarus" son, posiblemente, lo mejor de las 20 composiciones propuestas por Blue Flame en una recopilación necesaria y con momentos atrayentes para mentes abiertas.

¿Hay una manera europea y otra americana, africana o asiática, de hacer las cosas en el mundo de la música? Parece evidente que sí, como en prácticamente todas las artes se pueden distinguir formas y detalles que identifican los orígenes de las formas musicales, aunque la globalización haga cada vez más que un producto sea de un determinado lugar no por sonar a ese lugar sino por estar hecho allí. En las postrimerías del siglo XX, sin embargo, aún se podía apreciar cierta pureza en los géneros musicales, y en cuanto a los asociados a las Nuevas Músicas, lo instrumental, lo electrónico o el folclore avanzado, algunos sellos europeos de estos géneros (Blue Flame principalmente, pero con aportaciones de Edel Company, Mood Records, BBC Records, Erdenklang, RCA/BMG Ariola, Phonogram y Racket Records) iban a unificar sus propuestas en un solo CD recopilatorio titulado genéricamente "European new instrumental music". Con mucho de interés y bastante de acierto, este doble álbum quedó como una demostración de un tipo de sonido adelantado en aquella época, en un estilo por lo general melódico atmosférico, sin grandes alardes pero buenas interpretaciones, donde la electrónica y el jazz entraban de lleno, posiblemente por influencia de sellos puntales como ECM, aunque su incidencia fuera mayor en el este de Europa que en España, donde su distribución y radiodifusión no fueron extraordinarias.

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:









2.9.20

LUAR NA LUBRE:
"Plenilunio"

Peculiares son sin duda las circunstancias que envuelven la historia del auge definitivo de la banda gallega Luar na Lubre. Ante todo, el éxito es consecuencia de su trabajo y continua evolución en la apertura y predicamento de la música gallega, en España y más allá. Pero no deja de ser curioso que el título de su (poco conocido) primer disco, "O son do ar" fuera el mismo que, casi una década después de aquel tímido lanzamiento, les abriera las puertas de golpe. Esa canción viajó en el tiempo, fue recogida (transformada a su modo, ni mejor ni peor, distinto) por el músico británico Mike Oldfield, y el nombre de Luar na Lubre fue escuchado en medio mundo. Posiblemente esos potenciales interesados nunca sabrán que el nombre del grupo se traduce más o menos como 'luz de luna' (luar) en el 'bosque sagrado' (lubre), ni que su formación data de 1986 en A Coruña, pero escuchando cada uno de sus trabajos, sea donde sea, se desliza hacia allí un pedacito de Galicia. "El trabajo que realiza la banda se enfoca desde la perspectiva de entender que la música es uno de los factores culturales más importantes para la afirmación del derecho al enriquecimiento de la diferencia del pueblo gallego", decían. Oldfield escogió bien, se quedó prendado del poder atávico de esa melodía, y su misma discográfica fichó a Luar na Lubre, que sólo tuvo que dejarse llevar ("supimos aprovechar la oportunidad cuando se presentó, pero detrás hay 20 años de trabajo", decían).

Desde la Galicia de contrastes llegó un grupo con varias caras, la tradicional y la renovadora. Con una discografía pequeña pero conseguida a base de esfuerzo y buen tino, Luar na Lubre se dieron a conocer al público nacional con este cuarto trabajo publicado por WEA en 1997. En él tuvieron los medios que no habían logrado reunir desde que en 1988 publicaran "O son do ar" en la pequeña compañía de Santiago de Compostela Edigal, un trabajo con aspiraciones y composiciones tan acertadas como la que le daba título. A ese "O son do ar", que fue reeditado en CD en 1997 con otra portada (por otro sello local, Punteiro) y en 2000 con otra distinta (ya en la todopoderosa WEA), le siguió en 1990 "Beira - Atlántica" (publicado por Sons Galiza y reeditado también en 2000 por WEA, que aprovechaba así el tirón mediático de la banda), de similares intenciones y un repertorio más tradicional que el del debut (donde componía especialmente Bieito). "Ara - Solis" fue el tercer paso en 1993, llegando aquí un pequeño descanso de cuatro años que desembocaría en "Plenilunio". Su comienzo es una nueva versión de "O son do ar", como reivindicando su canción (que, señalaba Bieito, fue vapuleada inicialmente por la crítica) y su música, demostrando que aunque tal vez sea más sofisticada es, realmente, la misma de siempre. Cantada en castellano, "Tú gitana" es, sin embargo, la canción que elevó a Luar na Lubre en popularidad y situó este trabajo en el número 33 en las listas de ventas españolas, alcanzando además un disco de oro que les entregó el propio Mike Oldfield (ellos le habían entregado el disco de platino por "Tubular bells III"). Hay un agradecimiento especial en el libreto a Óscar Vinader, que grabó y mezcló el trabajo, mientras que las producción fue de Michel Canada, salvo en el tema "O son do ar", que era propia del grupo, cuyos miembros en ese momento álgido eran: Bieito Romero (gaitas, acordeón diatónico, zanfoña), Xulio Varela (buzuki, trompa, tarrañolas y pandereta), Patxi Bermúdez (bodhran, tambor, djimbek), Xan Cerqueiro (flautas), y las nuevas incorporaciones, Rosa Cedrón (violonchelo y voz), su hermano, Xavier Cedrón (violín) y Daniel Sisto (guitarra acústica). La nueva versión de "O son do ar" acapara el protagonismo del inicio del álbum, la pureza del original (que tal vez muchos prefieran) ha dado paso, casi una década después a un producto elegante y fresco, una puerta abierta a la Galicia de los 80 con un sonido de los 90. La melodía de Bieito Romero sigue teniendo una fuerza enigmática ("es un pequeño homenaje a los pequeños bosques autóctonos que nos quedan en nuestro país", contaba), no es de extrañar que Oldfield viera posibilidades en ella y se aprovechara de la circunstancia. Sencillo decisivo para empujar el disco al éxito, "Tú gitana" es una canción con un aire del folk más populoso de décadas atrás (con cuerdas y voz tomando el rumbo al comienzo), revestido de leyenda folclórica merced a los estupendos arreglos y a aportaciones decisivas como la gaita. Con la letra del recordado cantautor portugués José Afonso, "Tú gitana" es una pieza deliciosa y cercana, con la que se adivina que la incorporación de Rosa Cedrón al grupo ha sido un acierto definitivo. "Ao-Tea-Roa" es un instrumental tradicional bailable, ni rápido ni lento, mientras que "Roi Xordo" (segunda composición de Bieito en la obra) invita a la danza, y recuerda a ciertos grupos bretones de fama mundial. La voz vuelve a aparecer en "Os teus ollos", canción tradicional sin el poder del single principal pero con un acabado muy agradable que le hizo ser un nuevo sencillo de la obra. "Ronsel" es otra divertida tonada tradicional, al igual que "Pola ponte de San Xoán", pero los temas del álbum escogidos para sonar en radios iban a ser, salvo "O son do ar", vocales, como la siguiente canción, "Pandeirada das fiandeiras (Muiñeira de ramelle)", otra muestra del buen acabado del trabajo. Escrita por Daniel Sisto, "Sol de outono" es una pieza más soñadora, una fábula a la luz del plenilunio. "Cantiga de Falvan" es otro corte con voz, como una canción tradicional de festejo, mientras que "Romance de Bernaldino e Sabeliña" cuenta una historia sobre la búsqueda de un amor que lleva hasta la misma muerte. Para acabar el disco, "Galaecia" es una tonada potente (la tercera de Bieito Romero) y definitoria de las intenciones del grupo, también en el título, expandir la música gallega por España y por el mundo, esa música de raíz a la que, dicen, prestan especial atención ("el estudio de los cancioneros gallegos y el trabajo de campo les proporciona un conocimiento profundo de la realidad musical gallega que también es determinante en sus propias composiciones", afirmaba la crítica). "Plenilunio" tuvo un acabado tan notable y llegó a escucharse de tal manera en la emisoras de radio, que su participación como teloneros en la gira de Mike Oldfield fue un caramelo para los seguidores del de Reading, un complemento perfecto a su paso por España. Además, se trató de una importante publicidad para el grupo. Rosa Cedrón apareció de la nada en esta cuarta entrega, y se convirtió en una figura carismática, rivalizando en popularidad con Bieito Romero; de hecho, destaca en esa bonita portada del trabajo, que forma parte de una serie fotográfica en la que los componentes del conjunto paseaban en fila con sus instrumentos por la playa, inspirada posiblemente en unas imágenes del álbum de 1987 de la banda escocesa Boys of the Lough "Farewell and remember me", aunque en esta ocasión bajo la luz del plenilunio, y es que, ante todo, afirmaban: "queremos rendir culto a la Luna". Una edición especial del álbum en 2002 presentaba, en un bonito digipack, tres temas nuevos, tres interpretaciones en directo de "O son do ar", "Galaecia" y "Roi Xordo". 

La historia es de sobras conocida, en una visita privada (buscando inspiración, al parecer) de Mike Oldfield a Galicia en noviembre de 1991 se le organizó una fiesta en el pub Playa Club de A Coruña. Tras la petición de una banda de folclore autóctono y la imposibilidad de que pudieran actuar los más conocidos Milladoiro (se encontraban de gira), se contactó con Luar na Lubre, y la sorpresa fue que Oldfield conocía varias de sus canciones. La 'culpable' fue su novia en esa época, una coruñesa llamada Rosa Suárez que se había llevado hasta las islas británicas el primer álbum de la banda de su ciudad, por lo que pudo llegar a oídos de un Mike abierto a estos tipos de música. El británico y los gallegos tocaron hasta bien entrada la madrugada, y semanas después, Mike le pidió a Bieito una gaita como la suya. Qué hubiera sido de la banda sin la mediación de Oldfield es difícil de saber, pero la calidad que portaban hubiera acabado, tarde o temprano, abriéndoles el camino adecuado en esa España de los 90 en la que las músicas de raíz eran muy bien recibidas. Celebraciones, leyendas, ritos de fertilidad, ritmos de vida y oleaje, el plenilunio es rico en mitos y creencias, y fue un título importante e inspirador para Bieito: "'Plenilunio' es un título significativo para nuestra cultura, una de las fases de la luna que tiene una relación especial con muchas culturas, un elemento, un fenómeno importante para definir cosas de nuestra vida cotidiana, un homenaje a este evento natural". Presentado en vivo el 15 de diciembre de 1997 en el Teatro Alfil de Madrid, "Plenilunio" logró una enorme popularidad y unas cifras de ventas disparadas con respecto a lo que la banda había vendido hasta entonces. La siempre esperada luna llena se merecía un trabajo tan rico y respetuoso como éste, una sorpresa que arribó desde las fértiles tierras celtas del noroeste español, alumbrando nuestras noches de fiesta.