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16.7.26

CARLOS GARO:
"Samsarak"

Bien entrado el siglo XXI, la música instrumental que no está destinada exclusivamente a acompañar imágenes sino a volar con la imaginación, no ha desaparecido del mapa, lo que ha cambiado completamente es la forma de consumir esa música, pues el streaming se ha impuesto a la venta física. Muchos de los artistas de antes continúan su actividad, y otros nuevos van tomando el relevo. Incluso la denominación new age sigue siendo válida, y algunos músicos españoles resaltan notablemente en este atractivo panorama. Uno de los más destacados es Carlos Garo, madrileño residente en Toledo que comenzó a amar la música en los años noventa, cuando la new age continuaba en auge, pero cuya transición como músico tuvo que esperar unos años por su juventud. Él ni siquiera conocía la etiqueta new age hasta que su mánager le dijo que tenía que acoplarse a ella, a la música que hacía Michael Cretu con Enigma, por ejemplo, esa que él consideraba simplemente electrónica con detalles étnicos. Mike Oldfield y Santana eran sus grandes ídolos en sus inicios, pero Carlos Garo supo desde el principio que tenía que hacer su música para él mismo, porque le gusta y disfruta haciéndola sin complejos, no importa que las modas dicten que lo que triunfa masivamente es otro tipo de música, también hay un activo mercado para el estilo que le apasiona, instrumental melódico con un alto componente electrónico y detalles de world music. Llamadlo new age si queréis.

Carlos Garo comenzó su andadura en 2012 con el EP "The Fifth Palace", que presentaba una daliniana carátula y una música en consecuencia, soñadora y dinámica, muy centrada en las melodías de guitarra, con reminiscencias inevitables al Mike Oldfield de la época Warner (Carlos le descubrió con "Tubular Bells III" y se enamoró de esa poderosa sonoridad), cuya influencia continuará apareciendo, junto con la de Enigma, en su primer larga duración en 2015, un "Entrance to the Parallel Universe" más electrónico, que fue nominado a los Hollywood Music Media Awards. El productor Tom Newman le había aconsejado que buscara su propia voz, y él encontró el camino por el que quería transitar, el del estilismo electrónico. Luego llegó una colaboración tan importante como la de Terry Oldfield en el disco "Sky Dancer" en 2017, un trabajo cargado de espiritualidad y sentimiento por parte de ambos músicos (Terry pasó en esos momentos por un delicado momento de salud, que solventó con innegable profesionalidad), pero la voz de Carlos tenía que volar en solitario, sin más ayuda que su propia mente, y lo hizo en 2019 con el muy oriental "Dream Landscape", con la colaboración de nuevo de Terry en uno de los temas. Fue tras la pandemia cuando Carlos decía 'vuelvo renovado para comenzar un nuevo ciclo', y así, inspirado en las guerras, en el apocalipsis y en definitiva en el ciclo de la vida, apareció "Samsarak", publicado en 2023 por Rocket Music. Como sus trabajos anteriores, este fue un soplo de aire fresco en el panorama español, que esencialmente y salvo retazos experimentales por parte de veteranos músicos atrevidos como Suso Sáiz o la reciente aparición de otros jóvenes fenómenos como el de Daniel Minimalia, llevaba décadas viviendo (y muy bien, realmente) de grupos y solistas especializados en el folclore, la música antigua o la relajación más pura. "Samsarak" fue ideada como una obra conceptual en dos partes, con el vinilo como formato ideal, cuya primera cara, decía Carlos, "es una suite, mientras que la segunda es más oscura con temas separados." Once temas pueblan este álbum, comenzando por "Inner Voice", en el que la atmósfera te envuelve, una voz (que es la voz interior de Carlos) te conduce por el camino de la ensoñación, en un alarde de homenaje a Enigma o al alemán Schiller. Tras un inicio aflautado, sobre una percusión rítmica y con la ayuda de voces susurrantes, "The Great Temple" es una composición dominada por las cuerdas, esas guitarras de Carlos que, sin perder su propia esencia, recuerdan a su admirado Mike Oldfield de los años en Warner Music. La pieza es intensa, penetrante, y despliega la alfombra que te conduce por el camino espiritual que pretende este trabajo, porque "Samsarak" es el fruto de una evolución constante en este músico madrileño, y de unos intereses auténticos, desplegados de una manera mágica, encantadora. Así, "Zeus" es una impecable atmósfera inspirada por este dios de dioses griego, que culmina con una agraciada pauta melódica, adornada por el efecto de flauta shakuhachi que tan famoso se hizo por su utilización por parte de Michael Cretu en los discos de su banda Enigma. La sonoridad sigue siendo apabullante, y continúa llenando el espacio en "Eternal Paradise", con una completa combinación instrumental y voces de aspecto tribal, que nos conducen al paraíso eterno siguiendo la estela que Miriam Stockley marcó en Adiemus. No hay descanso en este álbum, pero sí una cierta calma celestial tras la intensidad de "Kami", para retornar a la locura guitarrera y al continuo baile rítmico y melódico en esa especie de apasionado clímax oriental que es "Dharma", el cierre de la suite que ocupa la primera cara del vinilo. Por momentos en un tono épico, "Exodus" es un adorno ambiental (con una entradilla de aspecto tecno, ciertamente) en cuya parte final descansa uno de los pasajes más tiernos del disco, un sencillo y demasiado corto diálogo entre teclado y guitarra que abre la puerta a un final más aguerrido. Durante el confinamiento provocado por la pandemia de COVID-19, Carlos trabajó en un cortometraje sobre el pintor escocés David Roberts, y "Exodus" está inspirado por su imponente cuadro orientalista 'El éxodo'. "Karma" fue el tema que, de una manera improvisada, dio inicio a la inspiración espiritual para la totalidad del trabajo, tiene más presencia vocal, pasando sin complejos de un estilo indio al canto gregoriano, ahondando así en el concepto general de mestizaje entre religiones y culturas. Anticipando el final del disco, "The Origin of the Legend" es un corte más suave, con importancia de la guitarra española, donde Carlos demuestra su destreza. Es también con esa guitarra con la que teje una melodía enormemente atractiva al comienzo de otro de los temas importantes del proyecto, "Nirvana", en el que se desmelena con la eléctrica al más puro estilo, de nuevo hay que mencionarlo por la destreza de su sonido y por una influencia no negada, del Oldfield de discos como "Tubular Bells III". "Nirvana" fue de hecho el sencillo de promoción del álbum, con su propio y muy elaborado videoclip. "Imperium" es el final de este viaje espiritual y físico, una cúspide agraciada que redondea una gozosa experiencia sonora, completada por la posibilidad de descarga de un bonus track de "Nirvana" masterizado en los míticos estudios Abbey Road. Pocos artistas pueden actualmente sonar con esta profundidad y calidad técnica, portando además la chispa del enganche melódico que se ha ido perdiendo con el tiempo en esos grandes músicos como Vangelis, Jarre, Cretu, Oldfield, Parsons... Y aunque sea inevitable la comparación, Carlos Garo no necesita esos nombres para brillar, es un heredero digno y auténtico, con las ideas muy claras. Así se consideró por los jueces de los Hollywood Independent Music Awards y de los Global Music Awards, en los que "Samsarak" ganó sendos premios.

Carlos Garo remarcaba lo siguiente sobre este trabajo en sus páginas interiores: "El concepto de 'Samsarak' se basa en mi punto de vista sobre el ciclo de los nacimientos, vida, muerte y reencarnación. Intento alcanzar la visión y el tratamiento de culturas como el hinduismo, sintoísmo, budismo, así como otras culturas tradicionales, como la romana, que se basa en una vida y civilización atemporal." Compuesto, producido e interpretado por Carlos Garo, "Samsarak" fue grabado en Oniric Sound Studio (Toledo), y fue presentado en directo el 10 de junio de 2023 en el Círculo de Arte de Toledo con la presencia de Carlos Garo (guitarras y bajo), Adrián Solla (teclados, dirección musical), Carlos Coronado (batería), y Olaya Alcázar (voz). Siguiendo una línea muy concreta que fusiona espiritualidad, tecno y música étnica, en este disco que Carlos considera apocalíptico por la cantidad de capas empleadas en su concepción, se disfruta cada entrada y cada salida, cada cambio de melodía, cada voz, cada teclado, cada guitarra, presas de una vehemencia y de una calidad sonora difícil de igualar. Y sorprende que haya músicos en España que en décadas tan lejanas a las del auge de la new age, sigan desarrollando este maravilloso estilo que circula entre lo étnico y lo electrónico. Carlos Garó es uno de ellos, y afortunadamente hay un público atento y deseoso por descubrir nuevos sonidos que manejan con soltura la llama de la instrumentalidad melódica. De esta manera, Carlos continúa con su excelente trabajo: "Mystical Origin" fue su siguiente paso firme, una nueva aventura llena de magia y fantasía publicada en 2025, para sorprendernos en 2026 con una épica colaboración con la musa de Karl Jenkins en Adiemus, Miriam Stockley, en la canción titulada "Nyumba", una muy étnica búsqueda de la esperanza y del refugio personal desde el que continuar imaginando mundos maravillosos.











8.4.26

THERESE SCHROEDER-SHEKER:
"Rosa Mystica"

A pesar de haber sabido conservar un cierto anonimato durante sus muchas décadas de actividad, se puede afirmar que la obra de la arpista norteamericana Therese Schroeder-Sheker es de una importancia monumental en el mundo de la música, concretamente en una disciplina que va más allá de la musicología: la musicotanatología, un término que define a la música que sirve para ayudar a morir. Que nadie se asuste, en primer lugar porque se trata de una fabulosa labor espiritual que ella prácticamente creó y que ayuda en su propósito a muchas personas y a sus familias, y en segundo lugar porque Therese es también una estupenda concertista de arpa (ella debutó en el Carneggie Hall de Nueva York en 1980 como arpista y cantante) y experta en música medieval, sus discos se pueden escuchar y disfrutar sin tener que pensar en la muerte, sino como obras de música antigua que triunfaron, especialmente en los años ochenta, en la audiencia que se adentraba en los bellos sonidos englobados en el campo de la música new age de aquella época. Therese grabó con su voz y su arpa para sellos tan importantes como Windham Hill o Celestial Harmonies mientras profundizaba en el mundo de la musicotanatología y en su fundación Proyecto Cáliz de Reposo, y algunos de esos trabajos se recuerdan no sólo como un bálsamo para el cuerpo (en la vida o más allá) sino también como un entretenimiento para la mente.

Buceando en la trayectoria de esta artista, podemos comprobar que "Celebrant: Historical Harp Volume One" (publicado por Lady Reason Records en 1984) es un compendio de melodías medievales para arpa, estupendamente interpretadas aunque con desarrollos demasiado sencillos, que pueden hacerlas interesantes más para estudiosos de la música medieval que para buscadores de momentos contemplativos o espirituales que requieren de una mayor extensión. De este modo, "The Queen's Minstrel", que Windham Hill lanzó en 1988, es más completo y representa un comienzo de adicción hacia la melodía pura de un instrumento con un sonido tan hermoso como el arpa. Composiciones tradicionales, anónimas, de trovadores medievales y de la propia Schroeder-Sheker, que ofrece esas piezas con un necesario toque de modernidad para conectar con el oyente actual, se conjugaron en una experiencia donde lo único que faltaba era la chispa del tema perfecto, el enganche de esa melodía que no puedes dejar de escuchar. Su fichaje por Celestial Harmonies pareció aportar lo que le faltaba a esta artista nacida en Detroit pero criada en Des Plaines, cerca de Chicago. Su primer trabajo en el sello de Arizona se tituló "Rosa Mystica", databa de 1990 y constaba de siete composiciones, en su mayoría tradicionales de diversas procedencias que giraban en torno a la figura de la flor más cautivadora, la rosa. Lo bucólico y lo espiritual se abrazan desde el comienzo del trabajo, en el que se hace patente que el arpa celta es un instrumento con la suficiente personalidad como para llenar un álbum, pero más si es con la ayuda de otra pequeña instrumentación y de una voz tan especial como la de esta estadounidense de madre irlandesa y padre maltés. Son esas raíces irlandesas las que le hicieron decantarse por el arpa y las que le conducen a adaptar una melodía tradicional irlandesa en "Deluded Love", en la que Therese parece que nos esté contando una leyenda celta de manera sensual y armoniosa. Un segundo tradicional irlandés, "The Gartan Mather's Song", aparecerá en la cara B del plástico con la dulzura de una nana, pues dicha canción suele portar el título de "The Gartan Mather's Lullaby" y se hace acompañar por los versos del poeta irlandés Joseph Campbell. No hay que negar que ciertas intenciones vocales de Therese Schroeder-Sheker se asemejan o circulan cerca de la canción navideña, genero el de los villancicos que llenará su siguiente CD en Celestial Harmonies, "In Dulci Jubilo" (1991). De hecho, el disco fue grabado durante las navidades de 1989. Es el caso, el de la cercanía al motivo navideño, el del segundo corte del disco y única composición de la arpista en el álbum, "For the Roses", una canción bellísima, apacible, en la que aparece un violonchelo para aumentar la capacidad romántica de la melodía, un prodigio de belleza con tan etérea voz. Las letanías lauretanas son una forma de veneración a María, madre de Jesús de Nazaret, y la pieza que da título al disco, "Rosa Mystica", es una de ellas; un viento o rumor ahogado la acompaña en su entradilla instrumental, y luego son unas campanas las que acompañan a esta pequeña oración plena de la religiosidad que inundaba la vida de la intérprete. Therese aseguraba en una entrevista a Michael Martin que tres llamadas habían moldeado su vocación, la primera fue la Eucaristía, la segunda fue el moribundo y la tercera fue el arpa. Ella cambió el piano (que había estudiado junto a instrumentos de viento y composición) por el arpa tras pasar un tiempo en Europa. Therese posee desde pequeña una poderosa espiritualidad, su madre la llevó a las Carmelitas de Des Plaines y ella acudía a misa todos los días antes de ir a la escuela y cantaba en el coro, textos en latín que le daban una sensación de eternidad, pero su amor por la música la llevó a amar tanto lo antiguo como lo moderno, así como cualquier tradición, desde los coros búlgaros o la música de Zimbabue hasta Mahler, Scriabin y Finzi, afirmaba. Eso sí, Bach es inigualable, "a partes iguales terrenal y cósmico, algo así como el centro y la periferia, el corazón y el norte, el sur, el este y el oeste del cuerpo, el alma y el espíritu." Los minimalistas sacros contemporáneos, especialmente Arvo Pärt y Henryk Górecki han sido también importantes para ella, su espiritualidad es capaz de inundarla: "Los considero como los maestros del recuerdo." No escucharemos en este disco ni a Bach ni a Pärt o Górecki, sino canciones sencillas y agradables como la que continúa, el hermoso tradicional rumano "Longing", del que parece que Therese hubiese tomado algunos de sus giros musicales para su anterior canción "For the Roses". Pero más interesante es el comienzo instrumental de "La Rosa Enflorece", que por sí mismo empieza a contar una historia; con un toque semioperístico, la interpretación de Therese de este tradicional sefardí es deliciosa, se trata de una canción bellísima, epatante. El disco se cierra con los más de nueve deliciosos minutos del tradicional israelí "Mana Vu". Therese, que produce el trabajo, interpreta arpa, salterio, campanas y voz, y el violonchelo es de David Lockington, un habitual en los discos de Bill Douglas en aquella época. La crítica en la web de Celestial Harmonies decía: "Therese Schroeder-Sheker ejerce una fascinación casi mística con su perspicacia y sutileza, dando vida a las ricas melodías de la música medieval. Como confesó un oyente cautivado: 'La impresión más fuerte que tuve fue la de susurros que casi parecían gritar en mi conciencia'. 'Rosa Mystica' pone de manifiesto el singular don expresivo de Schroeder-Sheker para la sutileza, así como su agudeza, lirismo y potente virtuosismo musical. La conmovedora pureza de su voz de soprano y la calidez de sus acompañamientos de arpa dotan a las antiguas melodías irlandesas, rumanas, israelíes y sefardíes de una belleza y claridad que trasciende el tiempo. En manos de esta consumada artista, estas canciones de amor, pasión, devoción, despertar espiritual y el dolor del rechazo cobran tanta relevancia para el público actual como la tuvieron hace cientos de años. Asimismo, su composición original, 'For the Roses', se inspira en el pasado para arrojar luz sobre cómo las mujeres del siglo XX lloran la pérdida del amor y comienzan a sanar con el tiempo."
 
La voz, por su melodiosidad y sus vibraciones, es a menudo usada en tratamientos terapeuticos por su poder curativo. Therese Schroeder-Sheker fue más allá, como musicóloga especializada en tanatología, unió esos dos conceptos en lo que ella llamó musicotanatología, el arte de ayudar a los moribundos a través de la música, con el arpa como instrumento esencial por su polifonía (puede emitir varias notas simultáneamente, tonos cálidos, graves y resonantes para el alivio del dolor y el sufrimiento), porque su sonido se disuelve fácilmente, y por su portabilidad. Especializada en esa gran labor, fundó en 1973 The Chalice of Repose Project (Proyecto Cáliz de Reposo), la primera organización de musicotanatología del mundo, institución que parte de los días en que esta arpista clásica trabajaba como voluntaria en una residencia de ancianos en Denver (Colorado), centro en el que contempló con incomodidad la muerte de muchos de los ancianos en completa soledad; casi se planteó abandonar ese trabajo, pero una noche conoció al señor Lattimore, un paciente de carácter difícil con un enfisema mortal, él necesitaba el contacto de su mano, así que la asió y Therese comenzó a cantar, aplicando su especial habilidad musical: "Canté el Angelus y el Salve Regina. Empezamos a respirar al unísono y entoné cánticos gregorianos. Le tuve cogido hasta mucho después de que su corazón dejó de latir". Lejos de asustarse, Therese continuó realizando vigilias de muerte mientras ella era profesora en la Regis University (universidad católica jesuita con sede en Denver, Colorado). Lo novedoso de su terapia musical era que estaba especialmente dedicada a los moribundos, no a la sanación sino a ayudarles a partir en paz. Poco después encontró un lugar especial para trabajar con su arpa y sus enseñanzas en esta disciplina en el Saint Patrick Hospital en Missoula (al oeste de Montana), para situarse desde octubre de 2002 en el estado de Oregon. Aparte de esa noble labor, Therese nos dejó discos tan bellos como "Rosa Mystica", cuya dulce fragancia no se apaga nunca.

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23.10.25

TSODE:
"TOTUM"

'Totum revolutum' es una expresión latina que significa literalmente 'todo revuelto'. Se emplea con el sentido de revoltijo o mezcla caótica. Pero a veces un revoltijo de conceptos pueden conllevar un cierto orden si están bien dispuestos y tienden a la belleza. En el caso de la música, un puñado de ideas melódicas, rítmicas y ambientales bien producidas, pueden conformar un todo de gran enganche, como lo fue en 1990 ese álbum genial de Mike Oldfield titulado "Amarok", una pieza de 60 minutos sin descanso que hay que escuchar al menos una vez en la vida. Tomando esa idea, aunque no exactamente su estructura, sólo el concepto, el compositor cordobés Jesús Valenzuela, que publica con el alias de TSODE (otro guiño a Oldfield), comenzó a trabajar en una obra totalmente instrumental que superara en duración a "Amarok"; que fuera, de hecho, la canción más larga grabada y publicada en España: 65 minutos de música, más de 300 pistas utilizadas y 10 meses de grabación. De inspiración salvaje, "TOTUM" va en contra de los tiempos actuales, en los que el público demanda sencillos, canciones de consumo rápido y superficial, de no más de 3 o 4 minutos. Como dice su autor, "un grito contra la inmediatez."

Para el fan de la música instrumental, "TOTUM" es un divertimento preclaro que merece una escucha detenida. Es un sueño hecho realidad, el sueño de un cordobés que no quiso quedarse sentado a pesar de no haber estudiado música. Él no lo niega, y aunque sigamos aconsejando la formación, el uso de la enseñanza en el conservatorio (o privada) para conseguir un nivel óptimo en el mundo de la música, el caso de TSODE demuestra que no siempre es necesario refugiarse en la educación para conseguir objetivos tan altos. Desde que debutara en 2016 con "Yggdrasil", pasando por obras tan amenas como "Brainstorming", "Six", "Corduba: Mitos y Leyendas" o "Sound Polarities", su evolución le ha conducido a este gran proyecto autoproducido en 2025. "TOTUM" comienza con este hermoso recitado, a cargo del actor de doblaje Claudio Serrano: "La música no es sólo una creación humana, sino una fuerza omnipresente que habita en cada rincón del universo. Es el murmullo del viento, el susurro del río, el latido del corazón. Es la danza de las galaxias, el crujir de la tierra al amanecer, y el silencio profundo entre las notas. Es el rumor de las hojas que caen en el otoño, y el rugido de las tormentas que desgarran el cielo. Es el canto de los pájaros que saludan al sol, y el eco milenario de las montañas. La música es tiempo convertido en eternidad, instante convertido en infinito. Es la verdad desnuda que se revela sin palabras, una vibración sagrada que une lo visible y lo invisible. En cada instante, en cada lugar, la música está presente, recordándonos que somos parte de un todo armonioso e interconectado, un todo donde cada ser, cada molécula y cada pensamiento, bailan al compás de una sinfonía universal: TOTUM." Es a partir del minuto y medio cuando la voz calla y la música habla, y cuando comienza es indudable la influencia de Mike Oldfield, pero no se puede negar la originalidad de lo que surge a cada minuto: instantes de reflexión, de rabiosa energía o de conexión mística, se suceden sin momento de descanso. Atmósferas de majestuosa sencillez se complementan con instantes melódicos tan asequibles como loables, especialmente destacados cuando las guitarras rugen, aunque teclados, gaita y flauta se añaden también a la causa exponiendo varias caras de esta sinfonía, ambiental, celta, roquera, progresiva, electrónica, neoclásica o new age, todo vale en "TOTUM". Los fundidos y transiciones siguen la tradición de los ídolos musicales de Jesús Valenzuela: Oldfield, Vangelis, Jarre, Cretu, Schiller..., y esta hora y cinco minutos pasa rápida y sin ninguna gana de oprimir el botón de avance, incluso puede hacerse increíblemente corta si se sabe disfrutar. La inteligencia artificial ha sido también un gran aliado en este proyecto. En primer lugar, por medio de una portada impactante, que invita a entrar en un universo lleno de color y de música. En segundo lugar, con la creación de un videoclip de gran nivel, en el que la música cobra vida, mimetizando a los músicos en enclaves naturales tanto pacíficos (montañas, bosques, lagos, auroras boreales) como extremos (volcanes, hielos antárticos), o en ciudades cosmopolitas. Y estos músicos que acompañan a Jesús Valenzuela en "TOTUM" no son nombres cualesquiera: Rubén Álvarez (guitarra eléctrica), Daniel Minimalia (guitarra acústica), Pepe Benlloch (sintetizadores ambientales), JM Mantecón (sintetizadores), Jaime Helios (guitarra eléctrica), Pablo Seque (piano y sintetizador), Curro Martín (guitarra eléctrica), Manuel Galán (guitarra acústica), Manu Herrera (guitarra eléctrica), José Luis Serrano Esteban (guitarra electroacústica), Yhael May (guitarra clásica), Luis Alberto Naranjo (sintetizadores ambientales) y Elvira García (gaita gallega, punteiro gallego y tin whistle).

Presentado en Córdoba el 17 de octubre de 2025 en la Filmoteca de Andalucía, "TOTUM" fue aplaudido por el enganche y fluidez de sus melodías, es un todo muy orgánico, como un latido cuya vida parte de la necesidad de expresión de Jesús Valenzuela. Hay furia, hay amor, hay aventura, hay mucho sentimiento impregnado a cada minuto. TSODE recoge el testigo de dioses de la música instrumental tan importantes como Oldfield, Jarre, Tangerine Dream o Vangelis, para embarcarse en un viaje extremadamente osado. ¿Es morro lo suyo, es diletancia, es osadía? En este caso es más bien una necesidad de expresión, y es de agradecer que haya gente así de atrevida que persiga sus sueños, y que los haga con esta pulcritud. Porque "TOTUM" no es, posiblemente, la octava maravilla, no es el culmen de las músicas instrumentales, ni tiene que serlo, pero es una obra muy entretenida, atrevida en su concepto, que puede hacer las delicias de los que disfrutan con la melodía sin artificios, con el ambiente que engancha en un punto del interior, con la fantasía del sonido cósmico, pero que no olvida donde estamos, con los pies en la tierra, como TSODE no olvida que es un soñador de las notas, que sólo pretende disfrutar y hacer disfrutar. Si no eres un talibán de la partitura, tú puedes ser el siguiente en emocionarte con este trabajo, que concluye con estas palabras: "Cuando todo cae, la música nos alza. No sobre los escombros... sino por encima del ruido, del tiempo, del olvido y el miedo, del fin, o incluso de la vida misma. Y allí, en ese lugar donde sólo se escuchan melodías, nos sentimos invencibles."




14.1.25

PETER KATER & R. CARLOS NAKAI:
"Natives"

Pianista nacido en Alemania y criado en los Estados Unidos, Peter Kater es una de las figuras más relevantes de la música new age con elementos folclóricos y de jazz. Fue en Nueva Jersey donde comenzó a tomar clases de piano a los siete años, y una década después se llevó su conocimiento y su mochila de viaje por todo el país, tocando en cafeterías y restaurantes a cambio de propinas y comida. Instalado en Boulder, Colorado, y con inspiraciones tan vitales como las de Paul Winter, Keith Jarrett o Ralph Towner, Peter Kater lanzó en 1983 "Spirit", un primer disco de piano solo algo bisoño, entre influencias clásicas, jazz, románticas o de un folk cercano al de George Winston, como en el caso del tema que lo titula, "Spirit". A pesar del auge de la new age y del apoyo de nombres tan importantes como el actor Robert Redford, Peter quiso encontrar su camino entre desarrollos centrados en el mundo del jazz, así llegaron sus siguientes obras, "Coming Home" o "Two Hearts", discos con los que el artista iba ganando experiencia mientras saltaba de compañías de discos. Algo más interesante, por su elaboración de bellos paisajes y atmósferas, es su retorno al piano solo en "Anthem", siempre en clave de jazz pero con una mayor seguridad. Con su fichaje por Silver Wave Records llega una etapa interesante, la inspiración alcanza unos cauces más naturales y su smooth jazz abandona el alto componente rítmico para adaptarse a la música instrumental para adultos que imperaba a finales de los 80. "The Fool and the Hummingbird" es su interesante debut en esa compañía que le vio crecer definitivamente, y en la que, tras un disco de villancicos a piano solo -luego llegarán más, también con otra instrumentación- y un "Gatheway" demasiado urbano (bastante más interesante en su faceta de conjunto de jazz es su posterior "Moments, Dreams and Visions", banda sonora del documental 'Greenpeace: Greatest Hits'), comenzó su idilio con los indios nativos americanos en el disco "Homage", prácticamente en el cambio de década.

De ascendencia ute y navajo, Raymond Carlos Nakai es un consumado intérprete de flauta nativo americana que lleva desde comienzos de los años 80 publicando su música en el sello Canyon Records, comercializada generalmente como new age aunque se trate de una muestra viva del folclore autóctono de su país. Cómo llegaron a fundirse ese folclore y el jazz lo contaba así Peter Kater: "Allá por el año 1987, estaba de compras en una tienda del suroeste. Nunca había oído hablar de Carlos, pero compré uno de sus casetes para regalárselo a un amigo como regalo de cumpleaños. Le gustó tanto el casete que me envió una copia. Empecé a tocarlo al piano y luego llamé a R. Carlos y le dije: 'Oye, creo que esto suena muy bien. ¿Quieres probar algo?'. Estaba dispuesto a hacerlo y eso me llevó al trabajo que he hecho con él". En "Homage", un buen trabajo de 1989, hay una primera colaboración en la canción "Shaman's Call", pero fue en 1990 cuando ambos músicos pusieron en práctica su fusión de conceptos en el álbum "Natives", publicado por Silver Wave Records, sobre el que Kater comentó: "Nací en una familia alemana en Múnich, a unas 5.000 millas del lugar de nacimiento de Carlos, en el suroeste de Estados Unidos. Pero cuando él y yo entramos al estudio y comenzamos a tocar, todos los kilómetros que nos separaban, todas nuestras divisiones tradicionales y culturales, desaparecieron. Parecía que a través de nuestra música empezábamos a recordar nuestro origen común, nuestro terreno común. Que todos somos 'nativos' de la Tierra". No se trata este de un trabajo poblado exclusivamente por cantos rituales, ni por danzas del fuego, este disco no es sino una colaboración improvisada, de tú a tú, entre dos ciudadanos del mundo y dos grandes músicos, el pianista proveniente del jazz y de la new age, y el indio nativo que encandila con su flauta al estilo tradicional. El piano marca el camino de cada pieza, y el espíritu de la flauta aporta la sensibilidad nativa, de tal manera que la combinación de los esfuerzos de ambos músicos otorga un resultado verdaderamente reconfortante. Una hermosa portada, aunque de difícil definición, nos recibe, y este texto en el interior nos aclara las intenciones de los artistas: 'Este álbum es una exploración y expresión improvisada de las siete direcciones. Fue grabado digitalmente, en vivo, directamente en cinta, sin sobregrabaciones ni remezclas'. La flauta comienza en "Centering" como una llamada a la naturaleza, a la que enseguida se une el piano, hermanados ambos en una causa común. El diálogo es verdaderamente hermoso, como si estos dos músicos hubieran estado llamados a encontrarse, su pureza se disfruta a cada minuto. En la bellísima "East" el piano comienza somnoliento, sus notas despiertan a una flauta que suena como un cachorro de coyote. La voz se une, con una adusta pero ardiente gravedad, para desarrollar una clara conciencia ecológica. "South" es otra pieza hermosa, plena de coloristas florituras, para una pareja que parecen haber estado tocando juntos toda la vida. Más o menos largas, el tiempo no parece pasar por este río de notas puras, más ambiental en unos temas ("Day Sky - Night Sky"), algo más melódico en otros como "West", una de las más primorosas improvisaciones de este trabajo, o como en la despedida del mismo, "Within (Recentering)". Entre medio, en "North", el piano parece animarse recobrando antiguas andanzas de Peter en el mundo del jazz, si bien la flauta emerge de sus entrañas para regresar a la calma desértica. Además, "Earth" es una emotiva plegaria para la Madre Tierra, como las dos oraciones que acompañan el disco, la Oración del Este (hacia el sol, que es luz, calor y vida) y la Oración del Oeste ('Llevo dentro de mí el poder de la creación, pero aquellas cosas sobre las que no tengo control me permitirán ver más allá de mi lamentable yo y volverme verdaderamente uno con toda la vida aquí en mi hogar. Volveré a ser Uno con mi poder y veré todo lo que soy'). Silver Wave lo anunciaba así en su publicidad: "Tras su lanzamiento, Natives permaneció en la lista New Age de Billboard durante casi un año, allanando el camino para el renacimiento actual de la flauta nativa. Una vez más, la música es totalmente improvisada, con las melodías románticas de Kater y los grupos de acordes gruesos de la mano izquierda en el piano de cola, lo que proporciona un entorno fértil para los vuelos de improvisación de Nakai. Y aunque Kater es un impresionante estilista del piano, este es claramente el espectáculo de Nakai; los tonos frágiles de su silbato de hueso de águila y su canto medido con el acompañamiento de un sonajero de tortuga algonquina siempre llevan la música a un plano superior". Efectivamente, además de su inconfundible flauta nativo americana, Nakai incorporaba en el disco las voces, el silbato de hueso de águila, la flauta hawaiana de nariz y algunas percusiones.

Parte de los beneficios de "Natives" iban destinados al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, responsable de coordinar las respuestas a los problemas ambientales. De hecho Kater, que se iba a embarcar ese año 1990 en una gran gira organizada por dicho Programa, fue galardonado con el Premio al Liderazgo Ambiental de las Naciones Unidas. Él afirma en su página web que "al grabar con Nakai, sentí que me estaba embarcando en una pequeña indulgencia 'personal', desviándome temporalmente de mi próspera carrera en el jazz contemporáneo convencional". Para su sorpresa, las grabaciones con R. Carlos Nakai se volvieron incluso más populares que las suyas de jazz en solitario, alcanzando unas ventas generosas y una necesidad de crecimiento en lo que Peter denomina música curativa, de sanación y transformación personal. "Natives" fue el primer trabajo íntegro de colaboración entre Peter Kater y R. Carlos Nakai, pero sus caminos se han vuelto a encontrar en muchas otras ocasiones, álbumes como "Migration", "Honorable Sky" (ambos con la ayuda de más instrumentación) o la banda sonora del documental "How the West Was Lost", donde los pueblos nativos americanos narraban la pérdida paulatina de su territorio durante la segunda mitad del siglo XIX. 








26.7.24

PATRICK O'HEARN:
"So Flows the Current"

Patrick O'Hearn, músico y compositor estadounidense de trayectoria intachable en diversos frentes, no es un artista que se tomara descansos mientras la popularidad de las nuevas músicas (esas en las que despuntó en el sello Private Music, especialmente en los años ochenta) decrecía al mismo tiempo que las ventas. Cine y televisión han ocupado la mayor parte de sus proyectos, y a la vez ha seguido autopublicando sus trabajos más personales, presas de una rabia ambiental muy distinta a la que llenaba los primeros plásticos de este bajista, percusionista, teclista, programador, productor... en definitiva artista total, que también se ha sabido rodear de grandes amigos como Mark Isham, Peter Maunu, Alex Acuña o Terry Bozzio, entre otros. Huyendo un tanto del sentido melódico de sus obras más recordadas en el sello de Peter Baumann ("Ancient Dreams", "Rivers Gonna Rise", "Eldorado"), muchos críticos destacaron especialmente la personalidad y la profundidad de las texturas presentadas en obras posteriores, ya fuera de Private Music, como "Trust", "Beautiful World" o especialmente "So Flows the Current", excepcional trabajo publicado en el año 2001 por Paras Recordings en un principio, para ser enseguida rescatado y publicado por el sello del propio músico, Patrickohearn.com Music. 

Escuchar esos primeros discos de O'Hearn, participar en su juego arcano, era como entrar en otro mundo, una tierra de fantasía original en los años ochenta por su uso ambiental de la tecnología de la época, emulando sonidos que también podíamos escuchar en los trabajos de Jean-Michel Jarre, Tim Story o el propio Mark Isham, nada mal para un joven que creció escuchando jazz y música clásica, y que posteriormente tocó en grupos como Missing Persons, Group 87, o con el inclasificable Frank Zappa. Precisamente la categorización de su sonido fue amplia y ambigua, pero él siempre se ha adscrito sin pudor entre la new age y la música ambiental, citando entre sus influencias (o al menos entre sus escuchas escogidas) a Brian Eno, Jon Hassell, Daniel Lanois, Mark Isham, Peter Maunu, Steve Roach, Robert Rich o Michael Stearns entre otros, nombres que marcaron un devenir creativo sin igual en este tipo de música. En "So Flows the Current" quiso regresar, al menos en parte, a los tiempos en los que las grabaciones eran más humanas, sin MIDI ni secuenciador, donde los músicos y los instrumentos jugaran entre ellos en vivo en el estudio, sin dejar de lado un acabado maestro, como buen productor avanzado que siempre ha sido el propio O'Hearn: "Micrófonos y actuación en vivo, la ausencia de secuenciador y samples estuvo a la orden del día y todos lo pasamos bien". De este modo, no fue este un álbum fácil o de grabación rápida, el propio autor cuenta que tomó mucho más tiempo para realizarse que cualquier álbum anterior, lo cual daba pistas de que podía tomar una cierta importancia en su discografía, e incorporar temáticas íntimas y profundas: "Es una buena combinación de ideas y estados de ánimo, y creo que muestra madurez con respecto a mis discos anteriores. No es material moderno y vanguardista, cualquiera que esperara eso se sentiría decepcionado. Es simplemente el álbum particular que necesitaba hacerse en el momento en que se hizo". El inicio ambiental de sintetizador, misterioso, incluso hechizante, se ve acompañado de golpe por las notas de una guitarra protagonista cuya lenta melodía, muy española, retorna a las texturas enigmáticas de "Indigo", aunque con un tono más afable, cambiando la búsqueda arcana por la bonhomía de un agradable día de pesca en un lugar, como dice tan acertadamente el título, encantador para estar ("A Lovely Place to Be"). De hecho, es fácil de imaginar a O'Hearn con su familia en el fabuloso paisaje que ilustra la portada y el interior del álbum; tanto es así que dichas fotos son propias del músico y el niño que aparece en la cubierta es su propio hijo: "Es una foto de mi hijo que tomé hace varios años en una cascada cerca de nuestra casa. Ha crecido mucho desde el momento en que se tomó esta fotografía. A veces me siento junto a este arroyo para relajarme y, a menudo, me pierdo en el concepto del tiempo mientras veo pasar el agua. El título para mí es una metáfora del crecimiento y los ciclos de la vida". Más animado y de apariencia más elaborada, es el tema que da ese pensativo título, "So Flows the Current", con la dosis justa de electrónica y de cuerdas que bailan al son de un ritmo cercano a la faceta instrumental del pop convencional. No es fácil elegir entre esas caras que presenta el músico en su trayectoria, pues todas son consistentes y tremendamente placenteras. De hecho, es "The Cold Sea's Embrace" el tema más sorprendente e incluso distintivo del álbum, una profunda atmósfera con un violonchelo que atrapa por su sentimiento, aunque deja con ganas de una mayor duración. Es esa una gran característica del álbum, la explosiva combinación de acústica y electrónica (más que en otros de sus trabajos) que supone una enorme evolución y aseguran una escucha profunda y un pensamiento convencido acerca de la especial inspiración de la obra y del trabajo aportado en la grabación de la misma. Volviendo a cierto tipo de notas luminosas de teclado típicas en este autor, inquietante es la bruma que las envuelve en "Panning the Sands", que porta un aura de grandiosidad en su melodía resonante y arrebatadora, de nuevo cercana a trabajos más cercanos en el tiempo como "Indigo". En el punto medio del álbum se sitúa "Beyond this Moment", fabulosa en su aporte de cuerdas (la guitarra que mantiene el extraordinario ritmo por el que circula la pieza y un nuevo chelo lloroso) junto a la electrónica (los sutiles efectos y esa melodía de pocas notas acuosas y cautivadoras), de nuevo una pieza maravillosa de un álbum sorprendente por cómo Patrick O'Hearn renueva en el concepto de lo electroacústico la inspiración, la calidad ambiental, con toda la esencia enigmática de su música. Difícil es mantener la calidad tras media hora de excelencia como la escuchada hasta aquí. Patrick lo sigue intentando para acabar de conformar un trabajo exquisito, que continúa por caminos más cercanos a los que circulaba en los últimos años junto a Steve Roach, un sintesista que no está presente físicamente en el disco pero sí por medio de su estimulante concepto 'desértico', incluso trascendental, de la música: en "Along the Waterfront" cuerdas y teclas se entrelazan en otra ágil composición con carácter ambiental y una extraña pero atractiva carga melódica de guitarra; "Northwest Passage" es una atmósfera aventurera, con algo de intriga en su ritmo constante, una intriga que se acrecenta en la árida "Like So Much Lost Time", llegando al misterio más acechante en su sabia utilización del sonido de los teclados como una tupida red de la que sólo se pueden escapar unos pocos sonidos coherentes, si bien agonizantes; enlazada con la anterior, llega la luz en el tema final, "Traveler's Rest", con unas cuerdas metálicas cercanas al country, que desarrollan su placentera melodía junto a otras guitarras, teclados y percusiones. La naturaleza de los sonidos que te envuelven en este trabajo es verdaderamente exuberante, y los músicos implicados en el mismo son Peter Maunu (guitarra acústica, eléctrica y de cuerdas de acero), David Torn (guitarra en "So Flows the Currrent"), Robin Tolleson (percusiones, batería), Pat Johnston (violonchelo en "The Cold Sea's Embrace") y un Patrick O'Hearn que interpreta bajo acústico y eléctrico, piano, percusiones, violonchelo, flauta, sintetizador y efectos electrónicos. En alguna entrevista posterior al álbum, Patrick hablaba sobre una versión con sonido envolvente de esta obra, un proyecto que se publicó en 2006 con el título de "The So Flows Sessions", no tan orgánico y especial como el original, pero con algo de sus intenciones. 

Creador de atmósferas sublimes en varios trabajos pioneros de la new age en el sello Private Music, Patrick O'Hearn podía haber agotado su universo sonoro original como lo hicieron otros músicos de los añorados años ochenta. No fue así, de hecho en absoluto dejaba de ser interesante su evolución, pues si bien posiblemente careciera de los planteamientos ambientales oscuros y atrevidos de "Ancient Dreams" o melódicos de "River Gonna Rise", profundizaba en otros sonidos acústicos que siempre habían estado presentes en su obra (él es esencialmente un bajista que utiliza posteriormente la electrónica en su beneficio) o guardados en recónditos escondites de su mente, como una especie de introspección auditiva propia que, incrementando la interacción con cuerdas y percusiones pero a su vez optando por una entrada a ciertas ambientalidades desérticas deudoras de su encuentro con Steve Roach, originaron un álbum de tal calidad que, más de tres lustros después de su primer plástico, pocos se esperaban. A partir de "So Flows the Current", sin embargo, el autor decidió iniciar un camino más relajante, una evolución hacia el ambiente puro que, tras un álbum puente, "Beautiful World", que aún portaba algunas piezas con atmósferas oscuras y ritmos rutilantes, trabajando la parte melódica desde la opacidad que tan nubilosamente impregnaba sus discos de antaño, derivó en trabajos perfectamente disfrutables en su capacidad de abstracción como "Slow Time", "Glaciation" o "Transitions".

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8.4.24

PAUL HORN:
"Inside"

"Hay otros mundos, pero están en este", es una conocida frase del poeta francés Paul Éluard, una de esas sentencias que últimamente se han encargado de hacernos llegar a nuestros sentidos en diversos medios, libros o documentales. El rescate de esta máxima no es baladí, y le va cono anillo al dedo a ciertas músicas instrumentales que, bien asentadas en nuestro mundo, pretenden alcanzar una espiritualidad divina o incluso conectar con otras dimensiones sonoras, cercanas o lejanas, quién sabe. Paul Horn es uno de los baluartes de esas músicas esotéricas que enseguida fueron asociadas con la llegada de la era de acuario. Nacido en Nueva York, desde muy joven aprendió a tocar piano, clarinete, flauta y saxo alto, y se buscó la vida en el mundo del jazz, en el que se curtió durante varias décadas y alcanzó todos sus objetivos. En 1961 afirmaba en una entrevista que quería experimentar más y encontrar nuevas vías de expresión, por ejemplo en las escalas orientales, así que tras una separación matrimonial que le dejó muy confuso mentalmente, descubrió la meditación trascendental del Maharishi Mahesh Yogi (con el que se convirtió en maestro de meditación en su ashram) y viajó a la India, donde grabó con Ravi Shankar. El 25 de abril de 1968 se adentró en el más popular de los mausoleos de Agra, el Taj Mahal, y perpetró el primer volumen de una serie de discos en los que penetraba en lugares mágicos únicamente con sus instrumentos, y grababa lo que le dictaban la mente y el corazón: "Inside".

El sello estadounidense Epic Records publicó "Inside" en 1968, pero la portada inicial no incluía la fotografía del Taj Mahal que sí aparecía en versiones posteriores (en las de Kuckuck de 1983) como reclamo de espiritualidad new age, y con el título modificado a "Inside the Taj Mahal", sino que contaba únicamente con la efigie de Paul y las letras rodeando uno de sus ojos, como si el secreto de esta espiritualidad estuviera en viajar hacia el interior, pues como él mismo decía: "yo soy sólo un canal para esa música que fluye a través de mí". Oriente estaba de moda, los Beatles acababan de llegar a la India, pero Epic no trataba de aprovecharse de esa situación en la cubierta de la obra. Horn ya había visitado el Taj Mahal en varias ocasiones: "La majestuosidad del lugar asombra la imaginación y la atmósfera silenciosa en todo el recinto hace que el alma comience a brillar profundamente en su interior", afirmaba. El músico continuaba en las notas interiores del álbum contando lo excepcional de la acústica de la cúpula de mármol, lo que demostraba cada día un hombre del personal del mausoleo (descendiente de la familia que hizo los trabajos de incrustación de piedras semipreciosas que adornan toda la estructura) que cada varios minutos lanzaba una 'llamada vocal', que es la que se escucha al comienzo del disco. "Nunca escuché algo tan hermoso, cada tono quedó suspendido en el espacio durante 28 segundos, la acústica es perfecta", relataba Horn, que en una de sus visitas al lugar tocó delante de varios turistas embelesados. Fue en su siguiente llegada cuando consiguió, en la última hora de visita y en una atmósfera nocturna perfecta y tranquila, tocar su flauta dorada durante una hora, delante de numerosos y enormes mosquitos, de Earl Barton, John Archer (técnico de sonido que grabó la sesión), Sankar (un niño indio de catorce años que había conocido en el Himalaya y le servía de recadero) y el guardia del mausoleo, que parecía realmente complacido de lo que escuchaba en ese lugar sagrado, tanto que permitió a la comitiva continuar grabando tras la hora de cierre. "Inside" no se trata únicamente de un músico improvisando de manera aburrida, hay que sentir la conexión del hombre y el instrumento con la espiritualidad, con la fuerza terrenal que emana de un lugar mágico. Horn se deja llevar por lo insólito del enclave, y él y su flauta se funden con los elementos, con la atmósfera, con el mármol. Vale la pena dejarse atrapar por la increíble resonancia: "Podía tocar acordes enteros y volvían sonando como un coro de ángeles". "Prologue / Inside", con la introducción vocal del guarda original, es un bello diálogo con el silencio, respetuoso pero distendido. Parece que la conexión sea con la propia naturaleza, como más adelante hará otro vital músico e intérprete de vientos como Paul Winter. Los temas en los que Horn declama un canto sin palabras son los que encierran una mayor espiritualidad, pequeñas oraciones como "Mantra I / Meditation" o "Vibrations", mientras que en otras ocasiones aparece el idioma autóctono en la voz de un amigo cercano del guarda (tal y como lo recuerda Horn en las notas del álbum), como en "Jumna" o en la hermosa "Unity", título proveniente de la conexión entre esas dos personas tan distintas: "La música es realmente ese lenguaje universal que une el espíritu de la humanidad". Además de lo puramente espiritual, Horn acude a veces a terrenos fantasiosos. El viento continúa fundiéndose con el entorno con diferentes melodiosidades y trinos en "Mumtaz Mahal", "Agra" (el único tema en el que suena uno de los mosquitos que asediaron a Horn, concretamente en el segundo 42) o "Akasha". El tramo final del disco continúa con la improvisación del viento en "Shah Jahan" y en el tema de cierre, "Ustad Isa / Mantra III", con una conversación intercalada entre el salmo y el viento, titulada "Mantra II / Duality". Los temas de este "Inside" no son fácilmente distinguibles, no hay melodías, no hay un hit, vocal o instrumental, que apoye al disco, pero no los necesita, es simplemente una muestra de música improvisada para la relajación en un lugar mágico de esos a los que hay que acudir al menos una vez en la vida. Y aunque Horn fuera hasta unos años antes y realmente durante toda su carrera un músico de jazz de cámara, o eso afirmaba, no le importaba que su música meditativa fuera conocida como new age, en esa época en la que el término todavía era puro: "Yo no sé qué es la música new age, pero soy yo, y Kitaro, y Constance Demby, y Suzanne Ciani, y mucha gente distinta con un modo diferente de hacer música. Supongo que es un nuevo tipo de fusión (...) La palabra clave para la música del futuro es fusión, fusión, fusión". A diferencia de la mayoría de los músicos, que graban en estudios o en conciertos, Horn hizo álbumes en los lugares más exóticos imaginables, y sus discos 'inside' incluyen, además del Taj Mahal, la gran pirámide de Keops ("Inside the Great Pyramid"), la catedral de Vilnius en Lituania ("Inside the Cathedral"), el Valle de los Monumentos junto a R. Carlos Nakai ("Inside Monument Valley"), un par de temas en el Templo del Cielo de Pekín (incluidos en el álbum "China") o un regreso al Taj Mahal en 1990 titulado "Inside the Taj Mahal II".

"Un sueño sin estrellas es un sueño olvidado" es otra recordada frase de Paul Éluard. Cuando salían del Taj Mahal, y a la débil luz de las estrellas, Paul Horn pensaba que ese sueño que había conseguido desarrollar junto a su instrumento aquella noche de 1968 jamás se olvidaría, gracias a la colaboración de los guardias del mausoleo y a la grabación que llevaban bajo el brazo. Recordando así mismo las viejas y apasionantes hazañas escritas por el viajero Richard Halliburton, algunas de ellas en aquel mismo enclave donde pasó una noche escondido y se bañó en su piscina de alabastro, el músico divagó: "No pude evitar sentir que en ese momento, unos 45 años después, ¡había hecho algo aún más especial!". Que no se haya olvidado tantos años después, lo demuestra. La experiencia de este músico que falleció en 2014 a los 84 años, su buen hacer e implicación con la meditación y la espiritualidad, y sus ojos de apertura hacia la música de la nueva era, posibilitaron la publicación de un trabajo pionero en su concepto, con un aura de leyenda, que siempre se ha considerado como un clásico de la new age, que abrió un nuevo y apasionante camino por el que han circulado posteriormente muchos otros músicos, entre los que se podrían destacar nombres como Deuter, Paul Winter, Terry Oldfield, Luis Paniagua o especialmente, por vías más étnicas, Stephan Micus.










28.4.23

PAUL WINTER:
"Earth: Voices of a Planet"

Al poseer una extraordinaria capacidad para tocar cualquier instrumento que se pusiera en sus manos desde la infancia, hubo un momento en el que Paul Winter tuvo que elegir entre todas esos utensilios musicales que le rodeaban y que le atraían, cada uno en su medida. Fue a los doce años cuando este estadounidense se decidió por los metales, y tuvo claro que el saxo soprano sería su instrumento principal ("el sonido en el saxo soprano se aguanta más y cuando tocas al aire libre suena mejor y es más fácil escucharlo"). Nacido en una familia de músicos, el joven Paul formó parte de diversas bandas y orquestas en su Pennsylvania natal, antes de estudiar en la Universidad de Northwestern en Chicago y fundar allí el Paul Winter Sextet, que llegó a actuar en la Casa Blanca y a girar por Sudamérica, donde Paul quedó prendado de la sonoridad de la música brasileña. Evolucionando a partir del jazz que practicaban, esa formación derivó en el Paul Winter Consort cuando su líder encontró en la ecología una lucha y una forma de vida. El famoso productor de The Beatles, George Martin, produjo "Icarus" en 1972, y Winter comenzó su idilio con los sonidos animales en 1977 en el álbum "Common Ground". Las inconfundibles llamadas de las ballenas aparecieron en "Callings" en 1980 y se convirtieron en marca de la casa en su música, que continuó viendo la luz en su propio sello, Living Music, con trabajos notables como "Sun Singer" (1980) y numerosas incursiones en otras culturas, como "Wintersong" (1986). 

Paul Winter adora tanto el planeta Tierra y las criaturas que habitan en él, que en 1990 le realizó una ofrenda musical por el vigésimo aniversario del Día de la Tierra. Conforme al Calendario de Gaia, esa fecha es el 22 de abril del año 4.600.041.990, cifra que incluye los cuatro mil seiscientos millones de años que según Thomas Berry tiene la Tierra y los cuarenta mil años del homo sapiens. Esa ofrenda y alegato ecologista, se tituló "Earth: Voices of a Planet", se estrenó en Times Square (Nueva York) y la grabación la publicó Living Music en 1990. Aunque Winter firme el trabajo con su nombre, hay que ser realista, varias de las composiciones son obra del enorme teclista Paul Halley, que vivía un momento impresionante un año antes de publicar su gran obra en solitario, "Angel on a Stone Wall". El disco comienza álgido con uno de sus temas, la inolvidable "Appalachian Morning", una de esas piezas que entran y no llegan a salir fácilmente de la cabeza. El piano introduce, el saxo soprano marca la melodía, y el conjunto acaba desbocado, floreciendo armonías y con los acompañamientos magistrales de flauta, violonchelo, bajo, guitarra y percusiones. De inicio mucho más calmado, como un encantamiento para serpientes también salido de la mente de Halley, es el bosque catedral que se alza en el camino: en su segundo tramo, "Cathedral Forest" desafía de nuevo cualquier convencionalismo musical para dejarse embriagar por una maravillosa poesía en la que world music, jazz o incluso ambiente se conjugan en una música tan descriptiva como el mismísimo viaje a la cordillera apalache, que vuelve a estar presente aquí: "Paul Halley compuso esta música como homenaje a la majestuosidad de los ancestrales bosques del Noroeste (de los Estados Unidos)". Otra pieza magistral y de escucha impresionante, como impresionante es la belleza de ese extenso bosque sobre el que se habla extensamente en el libreto de álbum, no sólo alabando su pureza, su extensión (tres mil kilómetros cuando llegaron los colonos de Europa en el siglo XVIII), su flora, su fauna... sino denunciando la tala anual de veinticuatro mil hectáreas, dejando en los lejanos comienzos de los noventa en un triste cuatro por ciento lo que quedaba por entonces del bosque catedralicio. En la música de Paul Winter hay siempre unos músicos invisibles aparte de los del consort: esos animales a los que Paul ama, respeta y defiende, cuyos sonidos envuelven piezas como la anterior, donde escuchábamos al mochuelo moteado, y como "Call of the Elephant", una llamada del elefante tan sencilla como tierna; estos enormes animales poseen un complejo sistema de comunicación a través de sus barritos: "Las voces ancestrales de los elefantes hablan de antiguos senderos conducentes a los manantiales, de troncos que sirven de guía para acceder a pozos abiertos y largo tiempo enterrados. Los arquitectos del medio ambiente les hacen la vida accesible a los demás animales (...) En África se mata cada semana a dos mil elefantes, entre el cinco y el diez por ciento anual de una población que sólo aumenta cada año entre un dos y un siete por ciento". El trompetista de jazz Paul Berliner colabora en esta pieza con percusiones autóctonas de Zimbabwe, país en el que vivió varios años con el pueblo shona. "Antarctica" es un homenaje a la Antártida compuesta y ejecutada por Winter (saxo soprano) y Halley (órgano de iglesia), donde los desolados sonidos del viento glaciar y de las focas de Weddell son la idea de la vida casi imposible en este continente tan necesario en el ecosistema mundial: "La Antártida, que controla el clima de todo el globo, contiene el setenta por ciento del agua dulce de la Tierra y alberga en sus archivos, en capas acumuladas de hielo, los datos de setecientos mil años (...) En 1961 se firmó el Tratado de la Antártida, en el que se estipulaba que el continente debía utilizarse exclusivamente para fines pacíficos". Winter es un ecologista más que lucha, con su música, por la supervivencia de estos parajes. De nuevo los dos músicos principales del álbum, junto a los platillos de Paul Wertico y grabaciones de orcas, se muestran maravillosos proponiéndonos un viaje sobre el océano en "Ocean Child", donde el viento y el suave oleaje acarician los lomos de estos cetáceos: "Las orcas nadan por todos los océanos y son conocedoras de un mundo marino totalmente entrelazado. Lanzan sus líneas cantoras hacia un mundo sonoro: las llamadas de comunicación de las orcas se transmiten hasta diez mil kilómetros en aguas despejadas". La información sobre los océanos en este caso, y en general sobre cada tema del disco, es amplia y verdaderamente ilustrativa en el cuadernillo. De hecho, al escuchar este trabajo estamos asistiendo a un sublime documental sobre la naturaleza, como ciegos dejándonos guiar solamente por la música. Sonidos de pájaros (de uirapurus, aves cantoras amazónicas) acompañan a un hermoso canto primario en "Uirapuru do Amazonas", pieza del músico brasileño Gaudencio Thiago de Mello, que acompaña a Winter con voz, guitarra, palo de lluvia y otras percusiones de la tribu amazónica maué: "El uirapuru canta el misterio y la belleza del Amazonas. Diminuto encantador de la leyenda maué, quien oiga su voz vivirá eternamente (...) Los habitantes de la selva tropical conocen todo un tesoro de secretos en el terreno de la alimentación y la medicina. Llevan viviendo diez mil años sobre una misma tierra vivificante que es su guardiana y jardín de espíritus ancestrales (...) Empobrecemos el planeta al destruir de manera irrevocable el don de la diversidad de la vida". "Talkabout" es una visita ambiental a la australia aborigen, la del tiempo primordial, con la ayuda del trombonista de jazz Steve Turre con el didgeridoo, los palos de madera de Glen Vélez, y la grabación del ave lira australiana: "El didgeridoo fue antaño un árbol que cantaba con el viento. Las hormigas blancas ahuecaron su brazo para que pudiera seguir vibrando con el soplo e imitase el misterio de la vida. Los ritos mantienen el vínculo con el principio". El viaje no cesa y pasa a continuación por Asia y la Europa del Este, en una bonita fusión de la energía del Consort con las voces rusas del coro de Dmitri Pokrovski (con el que ya había colaborado Winter en el disco "Earthbeat") en "Russian Girls", con un estilo muy parecido al de los coros búlgaros. Se aclaraba en las notas del disco que esa época la enorme Unión Soviética, con sus más de ciento cuarenta y siete reservas naturales, era otro territorio en peligro. "Black Forest" es una especie de oración a los vientos, un solo de saxo soprano junto al sonido del mirlo europeo, dedicado a la Selva Negra: "Los pinos tienen un verdor oscuro y sombrío, por lo que el nombre de Selva Negra tiene connotaciones románticas y mágicas que denotan reverencia por la belleza misteriosa (...) El bosque está ya moribundo. En 1970 los árboles afectados mostraban los síntomas de una enfermedad misteriosa. En cuestión de diez años, la cuarta parte de los bosques de Europa se ha resentido (...) La contaminación atmosférica, castigo a nuestra irreverencia, se cierne sobre el futuro de nuestros bosques". A continuación, "Song of the Exile" supone la extraña aparición de una canción con ritmo de bossa nova, de nuevo de Thiago de Mello. "Under the Sun" es un nuevo acto de gratitud al astro rey, en el que se une Paul McCandless al oboe, y Glen Vélez toca el bendir o tambor del desierto denominado aquí como el latido de la Tierra. Para acabar, "And the Earth Spins" es una despedida desenfadada y alegre de Paul Halley, un melodioso y maravilloso colofón a este álbum producido por Russ Landau y Paul Winter. 

El Paul Winter Consort es un conjunto vivo, que ha evolucionado con el tiempo y ha contado con numerosos nombres de excepción. La formación que tocaba en directo en esta época estaba compuesta por Paul Winter (saxo soprano), Paul Halley (piano, teclados), Eugene Friesen (violonchelo), Rhonda Larson (flauta), Russ Landau o Eliot Wadopian (bajo) y Glen Vélez (percusión), pero para este "Earth: Voices of a Planet" tan global e importante, Paul Winter cuenta también con las ayudas esporádicas de Paul Wertico, Kenny Mazur, Paul McCandless, David Darling, Ted Moore, Kwaku Dadey, John Clark, Thiago de Mello, Guilherme Franco, Steve Turre, Mark Perchanok, el coro de Dmitri Pokrovski y numerosos seres vivos que pueblan cada zona visitada. Las bellas ilustraciones del folleto son de Hannah Hinchman, y la talla del elefante de la portada, gentileza de Katy Payne, proviene de África Occidental. La música de Paul Winter es junto a los cantos de los animales presentes en el disco, un sonido más de la naturaleza, un vínculo de paz y armonía con el planeta en el que vivimos y un vehículo de comunicación entre los seres vivos. Sus voces son como llamadas pidiendo ayuda, solicitanto que el mundo tome conciencia de hacia dónde nos dirigimos. Este maravilloso álbum, sentido homenaje a los siete continentes y a los océanos, es una de las más hermosas declaraciones de amor hacia el planeta Tierra.








25.1.23

JORGE GRUNDMAN:
"We Are the Forthcoming Past, Take Care of It"

Jorge Grundman porta un apellido extranjero, pero es español, nació en Madrid en 1961. Es ingeniero de telecomunicaciones y músico, de hecho lleva escribiendo música desde los 12 años, y sus composiciones alcanzan grandes niveles de excelencia. Su reconocimiento en el campo de la música contemporánea, en el que ha publicado varios trabajos, no quita que adore otro tipo de géneros más terrenales y populares, como el rock o el pop, campo en el que militó en bandas de la época de la movida madrileña como Farenheit 451 o Trópico de cáncer (en cuyo único elepé, "Detrás del espejo", estuvieron producidos por Julián Ruiz). Pero Jorge añade otra rareza a su lista de trabajos, es uno de esos artistas que no tiene reparos en afirmar que en algún momento de su carrera ha compuesto música englobada en la denominada como música new age. Claro, él puede decirlo sin pudor, porque su new age ha sido de gran calidad, lejos de lamentables ejemplos que pululaban por las compañías discográficas en los años 90, de esos que no van a desfilar por aquí. 

Es el propio Grundman el que contaba así su idilio con la new age en la emisora Radio 3: "En 1996 decidí compartir la música que estaba haciendo con la gente de alrededor, y la publiqué en el portal mp3.com. Así pude recaudar fondos, colaborar con Médicos sin Fronteras y Médicos Mundi, crear una discográfica y una fundación. Llevaba varios años recaudando unos 3.500 dólares para Médicos sin Fronteras, todos los beneficios eran para ellos, y a propuesta de ellos creé esa sociedad limitada para hacer discos, en la que invité a mucha gente, a David Caballero, Eduardo Laguillo, Joaquín Taboada... Eso me permitió también con el paso del tiempo, convertir esa discográfica en una fundación". Esa fundación, creada en 2004, se llamó Non Profit Music, y surgió como respuesta a la cada vez más escasa presencia de la música clásica en el mundo, y a la pérdida de sensibilidad hacia la acción social y humanitaria; sus intenciones, crear iniciativas que ayuden a solucionar estas deficiencias y promover la música contemporánea. Fue en 2004 cuando esa fundación que también era sello discográfico, Non Profit Music, publicó el disco firmado por Jorge Grundman "We Are the Forthcoming Past, Take Care of It", CD que a sus 52 minutos en formato de audio había que añadir una capa de música adicional en formato mp3. Una edición sólo con los 52 minutos iniciales fue publicada en los Estados Unidos por la compañía Only New Age Music. Son estas 13 pistas las que vamos a comentar aquí, comenzando por la pieza que da título a la obra, un maravilloso tema corto, muy emocional, que sorprende al oyente ocasional y que encierra un origen puramente pianístico: "Las obras para piano me las hacía para mí, para practicar en casa, pero el que denominé como "Estudio número 1" me ha dado muchas alegrías, la han tocado muchos pianistas en España y fuera de ella, y con el tiempo ha tenido muchas versiones con varios tratamientos". Ese estudio, elaborado con orquesta de cuerdas, es "We Are the Forthcoming Past, Take Care of It", una pieza que, exclusivamente para piano, fue grabada también por Eduardo Frías junto a otras obras para piano de Jorge Grundman. "Tying the Heart that Helps" (dedicada al Jefe de Misión en Daguestán para Médicos Sin Fronteras Arjan Erkel, secuestrado en Makhachkala en agosto de 2002 y liberado en abril de 2004 -Erkel aún seguía secuestrado cuando Jorge escribió y grabó este tema-) guarda una profundidad ligada tanto al polaco Henryk Górecki como al noruego Øystein Sevåg, mientras que en su final se atisban formas rítmicas que podríamos asociar a bandas sonoras de Hans Zimmer, como sucede en otras composiciones, como "Looking Through the Brooken Window", sobre las guerras y el perdón. Jorge es atrevido, su clasicismo no huye de aderezos modernos, no extiende demasiado las composiciones, aunque algunas podrían convertirse en pequeñas y hermosas suites, si se les aplicara un tratamiento más neoclásico. "The Sons of the Cold" está más cercana a la danza contemporánea que al mundo clásico, con un cierto componente infantil, ya que el autor la denomina como "una canción de cuna electrónica sobre la guerra contra la naturaleza y la manipulación genética del ser humano". Las formas melódicas new age se esbozan en la utilización del piano junto a los vientos, como en la esperanzadora "Tears at Bedtime", tanto que se podría pensar en algunos artistas de Narada, incluso a nombres de Windham Hill como el mencionado Sevåg (que es citado en los agradecimientos) en "Memory Holes", con el toque jazzístico del saxo, o también sin él, en "Teach Me to Whisper a Shout". "Denying the Evident" presenta un piano sencillo y danzarín, con el que parecen aflorar sentimientos interiores (concretamente los que sintió el compositor al ver el derrumbe de las torres gemelas: "Me repetí a mí mismo 'no puede ser posible, no puede ser posible'; estaba negando lo evidente"), mientras que "Nunca mais!" es especie de clímax visual muy peliculero, dedicado a la triste marea negra del Prestige en las costas gallegas. Muy acertado es "The Day After" ("esta pieza trata sobre la magia y la ilusión al adivinar y abrir los regalos de Navidad"), con un juego de teclados que se acerca a los movimientos de notas luminosas ambientales que proponía William Orbit en algunas de sus obras y producciones. En "You Weren't to Know" el piano introduce y conduce en definitiva otra pieza reflexiva e intensa que trata sobre la belleza de la solidaridad, y en "Where my Frieds Rest" voces sintéticas acercan este tema hacia una especie de oración que acaba arrastrándonos sin remedio hacia ese adagio final titulado sencillamente "Adagio for Viola, Oboe and Piano" ("este es mi himno a los sentimientos que el cielo y las nubes me inspiran en los días de tormenta"). A través de la fundación, Jorge Grundman tuvo la fortuna de conocer al gran violinista libanés​ (de ascendencia armenia y nacionalidad española) Ara Malikian, que decidió que la música tonal que él componía sí que tenía futuro, y le instó a escribirla para interpretarla él mismo al frente de la Non Profit Music Chamber Orchestra: "Él despegó definitivamente, pero me ayudó a contactar con mucha gente, a que perdiera el miedo a hablar de mi música, porque seguro que encontraría mi hueco". Álbumes como "No Seasons" o "Tears of Beauty", entre otros, son testimonios de ese encuentro entre Malikian y Grundman.

Una portada impactante presagia un contenido afortunado, pero en absoluto tormentoso. Más bien, sería como la calma del ojo de esa terrible tormenta. Con "We Are the Forthcoming Past, Take Care of It", Jorge Grundman dio muestras de su tremenda versatilidad y ofreció, plagado de nobles sentimientos y con una loable causa caritativa, un disco para reivindicar, como la obra en general del autor. Inmerso en la new age y en una suave ambientalidad, este trabajo encierra una escucha deliciosa en general, y especialmente ante algunas de sus epatantes melodías, en un campo que nunca ha sido tomado con la seriedad que, en muchos de los casos, se merecía. "Somos el pasado inminente, cuídalo -decía Jorge-, un título para reflexionar: el futuro no existe porque no ha ocurrido; el presente tampoco existe porque cuando te pones a hablar de él ya ha pasado; y el pasado es lo único que ha existido, pero no lo hemos cuidado, porque si pensáramos que cada segundo que perdemos se va a convertir en pasado y la gente se va a fijar en eso y podría significar mucho para las personas que nos rodean, intentaríamos hacerlo lo mejor posible, hacer el mundo un poco mejor, que lo que dejamos sea lo mejor de nosotros". Hermosas palabras, hermosa música.
















11.11.22

PETER DAVISON:
"Winds of Space"

"Creemos que hay un lugar que vive dentro de todos nosotros. Es un lugar de visión y claridad donde el ritmo de la vida se mueve en armonía con una conciencia superior. El propósito de nuestra música es llevarte allí". Estas espirituales frases eran la máxima de la compañía discográfica Higher Octave Music tras su fundación por parte de Matt Marshall en 1986 en California. Las primeras referencias de su catálogo se basaban en trabajos de músicos como Peter Davison o William Aura, algunos de los cuales habían sido publicados con anterioridad en compañías menores de la floreciente new age. La asociación de Higher Octave con EMI y Narada para una distribución mundial le permitió crecer en aspiraciones y fichar a artistas importantes en el mundo la música instrumental, y tras su comienzo en esa suave y sugerente new age, se expandió en influencias y géneros hacia las músicas del mundo, el smooth jazz, algo de electrónica, y el conocido como nuevo flamenco, con el que el sello logró su mayor éxito gracias al guitarrista alemán Ottmar Liebert. Cusco o Craig Chaquico fueron otros de sus artistas importantes. Pero volviendo al comienzo de todo, no hay que olvidar algunos de esos relajantes discos originales, como el primero de ellos, "Winds of Space" del estadounidense Peter Davison. 

Meditación, yoga o tai-chi son algunas de las disciplinas hacia las que iba dirigida la música de Peter Davison. En la línea de otros artistas espirituales más conocidos como Deuter o Terry Oldfield, Davison elabora en la mayoría de sus trabajos una música new age serena y relajante, pero no exclusivamente ambiental, pues determinadas melodías flotan entre sus brumas, donde lo acústico cobra vida (flauta, saxo, piano o guitarra son los instrumentos que suele interpretar, con añadidos eventuales de arpa, chelo, violín y diversas percusiones) y se deja conducir por una sutil electrónica que está presente por medio de los sintetizadores y la percusión electrónica. Higher Octave Music le publicó "Winds of Space" en 1986, inaugurando con él su extenso catálogo. Tras varios años de estancia en Avocado Records, su primer trabajo con una grande (si bien no tenía en esos momentos esa elevada categoría) supuso un pequeño aumento de esa capacidad electrónica del artista, que unida a lo acústico de las flautas o el saxo, no difiere mucho de la que se estaba comercializando en Europa, con algo de Tangerine Dream, por ejemplo, así como de otros artistas de cierta comercialidad, pero especialmente presenta síntomas de sintesistas japoneses como Kitaro o Yoshiaki Hoshi (Himekami). Sin embargo, no está exenta de personalidad propia en su capacidad de síntesis y en su cierto intento melódico. "Turn to Dust" es un amanecer ambiental que nos conduce, guiados por unas pocas notas repetitivas de teclado, a un relajante pasaje espacial muy acertado al que se une la calidez del saxo en un clímax lisérgico. Atmósfera más calmada la de "The Sage", con ecos burbujeantes. Sencillamente para escuchar y relajarse, como con "Shadow" (un pasaje romántico con algo de espacial) o otro sencillo momento tranquilo titulado "Soft Light". Bellas florituras acompañan "Leaves Shimmering", una pieza candorosa que es todo un plácido baile con la naturaleza. Davison retorna entonces al fulgor espacial al comienzo de la cara B del plástico, en una melodía más aventurera que las anteriores y cercana a la que abría el disco, la importante "Bold Flow", que retorna parecida pero ralentizada en "Night Vision". Etérea con efectos sonoros, muy new age, es la pieza que titula el álbum, "Winds of Space". De hecho, este disco entra perfectamente en la definición de aquella primaria new age, por la que circulan también, aunque con mayor cosmicidad, "Circles within Circles" y el corto tema final, "Winds of Space II". Antes de eso, "Lullaby for Tera Rose" es una nana envuelta en sonidos aflautados, soñadores, mientras que en "Lunar Halo" retorna el inconfundible sonido, presente en la mayor parte del álbum, que nos recuerda al Kitaro más espacial. En general, doce composiciones para disfrutar del amable sonido de la nueva era que triunfaba en los años ochenta.

Sorprende en "Winds of Space" el sencillísimo arte gráfico del álbum, un diseño en blancos y azules que contribuía a la relajación, y una portada casi infantil diseñada por Dan Levin, que desde entonces fue adoptada por la compañía que inauguraba, como emblema durante su larga trayectoria en el campo de la música instrumental. Levin fue director creativo de Higher Octave Music en sus primeros años de existencia. La publicidad acogió el nuevo sello y concretamente este su primer trabajo con buenas palabras, que se mencionan en el libreto del mismo: "Melódicamente encantador, relajante, espacial y agradablemente colorido (...) Piezas emocionalmente e intelectualmente variadas", fueron algunas frases destacadas. La propia compañía comentaba lo interesante del compromiso y la inspiración de este músico con la naturaleza y nuestro planeta, así como su labor como compositor de películas y teatro. Lamentablemente, su nombre y sus siguientes obras no acabaron de encontrar su hueco entre los más reconocidos del género, pero siempre se recordará "Winds of Space" como un buen trabajo y la primera referencia de Higher Octave Music.