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16.5.21

VARIOS ARTISTAS:
·"Lágrimas de arpa y luna"

El boom de la música new age en España (en todo Occidente, realmente) afectó a muchos tipos de música que, inevitablemente, se asociaron a la filosofía musical que huía de los arquetipos habituales y hurgaba por igual en la tradición y en la modernidad, con enfoques por lo general de una elevada espiritualidad. Fue común en esta época la aparición de recopilaciones que, con el cebo de tres o cuatro nombres importantes o piezas emblemáticas, completaban el producto con bastantes canciones de relleno. Tampoco eran malas propuestas esas "Relax", "Al otro lado", "Paraísos", "Entre hoy y mañana", "Pure Moods" o "No Stress", donde se podían hacer algunos descubrimientos importantes entre la gran cantidad de producciones de la época, pero tal vez pretendían abarcar demasiado, a la par de tener unas expectativas comerciales bastante altas. Algo antes, en momentos de cierto desconcierto, otras compilaciones supieron dar con la tecla y ofrecieron las referencias más importantes de catálogos que empezaban a llegar a nuestro país, surgiendo así "Música sin fronteras" (de GASA) o "Música para desaparecer dentro" (de Sonifolk), dos recopilatorios de sobrada calidad y un número ingente de joyas en su interior. De parecida factura al segundo, y con otro poético título, "Lágrimas de arpa y luna" fue en 1995 la segunda referencia del sello Resistencia.

Este tipo de discos recopilatorios han sido siempre una manera más de conocer (y reconocer) a una serie de artistas que posiblemente se nos podrían llegar a escapar en sus discos particulares, y no necesariamente por falta de calidad, sino más bien por casualidad, mala distribución, o por no poder abarcar una producción que, de repente y visto el éxito del momento, dio un salto importante en número. Lo que hay que destacar de "Lágrimas de arpa y luna" es que no hacía concesiones a la pura comercialidad, sino que todos sus ingredientes pertenecen al tipo de música que engalanaba Ediciones Resistencia, esas que conocimos en aquellos momentos como Nuevas Músicas, sin otro tipo de aderezos de renombre o carácter superventas. Otra hermosa portada, como la de las otras compilaciones de calidad antes mencionadas, evocaba además músicas conectadas con la naturaleza y la espiritualidad. Nada mejor que iniciar el recorrido, por tanto, que con el neozelandés David Antony Clark y su concepción natural y neoprimitiva del sonido ("Flight of the Giant Eagle" es una de las piezas importantes de su primer trabajo, "Terra Inhabitata"). También proveniente del sello White Cloud, David Downes es de esos desconocidos que no desentonan en la compilación, por medio de una canción, "Ana Faerina", presa de un encanto antiguo. Chip Davis es otro de los destacados en este primer CD, gracias al enorme "Red Wine", todo un himno contenido en el cuarto volumen de la saga 'Fresh Air' de su exitosa banda, la Mannheim Steamroller, que repite algo más adelante con "Nepenthe", otra estupenda composición para teclado y orquesta incluida en el sexto volumen de la populosa serie. Más músicos de renombre se agolpan en este disco 1, tales como Paul Machlis (grandioso su álbum "The Magic Horse", al que pertenece el tema "Patshiva", exponente de su collage de influencias), Jon Serrie (aunque el ambiente espacial de "Remembrance" no sea de los más recordados del norteamericano) o el excelso violinista escocés Alasdair Fraser (que unió fuerzas en 1991 con el percusionista Tommy Hayes en el disco de este último "An Rás", del que escuchamos "Nathaniel Gow's Lament for his Brother"), si bien encontramos también ilustres desconocidos como Eko (el guitarrista John O'Connor, con "Mirage à Trois"), Áine Minogue (arpista irlandesa, que se muestra pura y sensible en "Rí na Sidhóga") o Khenany (grupo de raíces andinas que incluye al guitarrista Brian Keane, y que participa con la pieza "Bonita"). Muy especial es el comienzo del disco 2, por tratarse de un grupo español que nació con Resistencia (fue la primera referencia del sello, dejando el segundo lugar a esta recopilación), esa conjunción de Jesús Vela y Manuel Sutil que se hizo llamar V.S. Unión y que sorprendió al público con la excelencia de su álbum "Zureo", del que queda aquí recogido "La mar por medio". Esta segunda tanda presentaba en general nombres más conocidos en aquel lejano presente de las nuevas músicas, como Chris Spheeris (tanto junto a Paul Voudouris -¿quién no recuerda su aclamado disco "Enchantment" en el que venía recogida la luminosa "Pura vida"?- como en solitario -"Aria" abría su excepcional trabajo "Culture"-), Jon Mark (un velo celta nos envuelve en "So Fair a Land"), Craig Chaquico (impactante guitarrista de herencia roquera que nos envuelve con la sensual "Gypsy Nights"), David Darling (chelista de renombre del que escuchamos "Sweet River"), Deuter (que presenta dos canciones, destacando especialmente esa delicia llamada "Ari", incluida en el disco "Henon" de este artista tan espiritual) o un Peter Kater que ya estaba en el primer disco junto a su esposa Chris White en el proyecto Flesh and Bone, y del que escuchamos en el segundo una pequeña muestra, titulada "The Death of Dull Knife", de la banda sonora para la serie documental televisiva "How the West Was Lost", que compuso junto al flautista navajo Carlos Nakai. El lado femenino lo cubren Savourna Stevenson (otra arpista escocesa que ofrecía aquí el tema de Echlin Ó Catháin "Aeolian"), Radhika Miller (una primorosa flautista norteamericana de la que escuchamos "I Once Loved a Lass") y el conjunto finlandés Niekku (que representa el folclore del norte de Europa por medio de la sugerente "Aamulla Varhain"), pero es necesario detenerse, en aquellos años de fragor de las guitarras flamencas, en el dúo de músicos de origen iraní Shahin & Sepehr, que despliegan la magia de las cuerdas en "One Thousand and One Nights", así como en los fantasiosos y aventureros sones de "The Enduring Story", que formaba parte de "Songs from Albion", esa especie de soundtrack de las novelas de Stephen Lawhead compuesto por el teclista estadounidense Jeff Johnson y el flautista irlandés Brian Dunning, antiguo miembro de Nightnoise. Destacable es también, y se trataba de algo habitual en Resistencia, el esmerado diseño gráfico del producto y la cantidad de información que le acompañaba.

En la declaración de intenciones que presenta el cuadernillo interior, se advierte que no se trata este disco "de una de tantas publicaciones oportunistas, sino que pretende ir más allá de lo trillado y superficial para adentramos en terrenos vírgenes y zonas no cartografiadas, siguiendo zigzagueantes vericuetos en pos de la belleza. Evocadoras planicies electrónicas salpicadas de voces que cantan en idiomas inexistentes, de instrumentos que nos traen resonancias de culturas ancestrales del planeta, de otras épocas de la cultura, de lamentos por la pérdida de la inocencia, de hechizos druídicos, de eclipses astrales, de expediciones al universo y a los más recónditos adentros del alma. Reconfortantes sonidos celebratorios que elevan el espíritu e inducen a la danza y, más tarde, al sosiego y la calma. Vuelos de mandolinas entre tañer de arpas. Todo eso es este doble álbum insondable, repleto de profundidades sónicas desde las que se elevan gráciles melodías universales, satélites que rotan presentando innúmeras facetas clandestinas, perennes marfiles óseos sepultados en carnes grávidas y efímeras que resurgen, como ave fénix, liberados por el fuego y los tambores de la percusión para asumir caprichosas y artísticas formas". Ni más ni menos. Indudablemente, un homenaje a la belleza de una época en la que esa característica de lo más placentero se veía personificada en este tipo de música tan válida y tan reconfortante.

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21.9.10

CHRIS SPHEERIS:
"Desires"


En contacto de Chris Spheeris con la música comenzó cuando, de pequeño, su padre le regaló una guitarra. Él no sabía nada de música, aunque en su casa había un piano. Aunque sus intenciones de futuro variaron entre la arquitectura, la medicina o incluso la filosofía, siempre ha contado que el destino quería que acabara siendo músico, y esa guitarra se convirtió en su mejor amigo, al menos hasta que a los 13 años conoció a Paul Voudouris, con el que entablaría una relación no sólo de amistad sino musical muy provechosa, primero tocando en restaurantes (como la hamburguesería The Ground Round) en Milwaukee, su ciudad natal, luego realizando un pop vocal muy cercano al folk que no trascendió, y por fin despuntando con una música instrumental melódica que caló de lleno en la audiencia ("Enchantment", "Europa"). No son esas sin embargo sus únicos legados, puesto que ambos artistas se movieron también en solitario, siendo Spheeris el que consiguió completar una carrera más exitosa, comenzando con su fichaje por el sello Columbia, que le definió como un artista de 'new age' y publicó sus dos primeros discos, el prometedor y por momentos hermoso "Desires of the heart" (del que se dice que llegó a vender 250.000 copias) y un algo decepcionante "Pathways to surrender", que incluía varios cortes vocales (y en el que colabora Voudouris).

"Desires of the heart" vio la luz en 1987, pero provenía de las ideas que Spheeris fue grabando y distribuyendo en casete desde 1984. En "Innerchords" (promo de "Desires of the heart" con entrevista incluida), él define su música como 'paisajes emocionales interiores', y la promoción le daba un enfoque de fusión entre el folclore griego, la música coral ortodoxa, clásicos como Chopin o Debussy, y contemporáneos como Vangelis o Eno. Casi nada. Una vez acabado el contrato de esos dos trabajos, Spheeris se desvinculó de la multinacional, y sus pasos le llevaron a Sedona (Arizona), donde se volvió a reunir con Voudouris para legarnos el mítico "Enchantment", publicado por Music West Records. Fue la quiebra de esta compañía la que animó a Spheeris a fundar su propio sello discográfico, Essence Records, que reeditó a tiempo "Enchantment" y ofreció al mundo el extraordinario "Culture". Chris decidió en ese momento que el siguiente paso era rescatar "Desires of the heart", un trabajo del que guardaba buen recuerdo y que podía llegar a más gente aprovechando la fama que el artista había cobrado tras sus últimos lanzamientos. Lamentablemente no fue posible hacerse con el master, así que la única solución fue regrabar el trabajo y lanzarlo en 1994 bajo ese título recortado ("Desires") y portada distinta (en realidad dos, una que presentaba un claroscuro de Chris en primer plano, y la de la edición en digipack para la que se eligió un simple juego de color en verde y negro). El sonido fue así más limpio y elaborado, en una producción de Chris Spheeris y Russell Bond, que ya había coproducido "Culture" y participado en la mezcla de "Enchantment". Spheeris logró incorporar más vientos a la grabación, otorgando mucha clase a temas como "Playtime" o "Stars", que al sustituir teclados por oboe aumentan muchos enteros en su calidad. Hubo además un cambio en el orden de los temas, y la inclusión de un corte nuevo, "Viva", que suplía a dos desaparecidos, "Midflight" y "Liquid dream". Para acabar con esta necesaria introducción, en la primera década de la nueva centuria, y a falta de nuevos discos que poder saborear, las referencias de Essence Records vivieron un proceso de renovación en cuanto a su diseño, unificándolos estilísticamente y cambiando totalmente las presentaciones. "Desires" tuvo así una tercera portada, más luminosa, y esta última edición corrigió un defecto que aparecía en el anterior digipack, que colocaba a "Viva" en primer lugar del listado de temas del álbum cuando no era así. El comienzo es rítmico y alegre, con inicio de teclados pero pronta aparición de un majestuoso oboe acometiendo la pegadiza melodía principal del colosal "Playtime". Destaca el acierto en la grabación del tema nuevo, "Viva", incorporado en segundo lugar. Se trata de la aparición del Spheeris de la guitarra mediterránea y la percusión acústica imaginativa (a cargo de Christopher Book), en una acertada tonada a la altura de otros de sus éxitos a las cuerdas. Estamos ante un disco a la vez animado y melancólico, por ejemplo "Lovers and friends" es de corte similar a "Viva" pero dominado por el teclado, mientras que "Andalu" traza una línea delicada en la que guitarra y piano juegan a enlazarse en un sensible divertimento muy a la altura de sus futuros delirios poéticos. De circunstancias similares, "Desires of the heart" sorprende por estar vestida solamente con teclados, y da la impresión de estar reviviendo una de sus colaboraciones con Voudouris. "Stars" es otra bellísima composición enriquecida con la dulzura del oboe, pero un peldaño por encima, "Field of tiers" es caso aparte y representa uno de los más bellos momentos que puede deparar la música instrumental melódica de las dos últimas décadas del siglo XX. La sencilla melodía es plácida, tierna, la ejecución del oboe soberbia y el acompañamiento agradable sin intentar destacar. Un tema perfecto, que proviene de años atrás (cuando se construyó un pequeño estudio en el sótano de la casa de su madre, donde pasaba horas y horas creando con el sintetizador) y que expresa el sufrimiento que estaba pasando Chris por culpa de una chica. Otro viento, un cuerno inglés, presenta "Remember me", de intenciones rítmicas similares al corte que abría el trabajo. "Afterimage" es un bonito final, intimista, con fondo lluvioso, enmarcado en esa línea poética de las canciones intermedias. Aunque incomprensiblemente no estén aquí, no hay que olvidar los temas descartados del disco publicado por Columbia, "Midflight", un corte movido cuyo fondo electrónico y activa melodía al teclado le hacían ser un comienzo muy parecido al que aquí representaba el nuevo "Playtime", y "Liquid dream", una suave pieza ambiental a los teclados.

Spheeris nos propone vivir con él en "Desires" sensaciones acústicas con ambientes electrónicos, en un entorno muy personal que por momentos puede recordar a nombres importantes de la new age como Yanni ("Lovers and friends"), David Lanz ("Afterimage"), o incluso Ray Lynch ("Remember me"), sin olvidarnos de que la guitarra acústica iba tomando poco a poco más importancia, así como ese estilo típicamente viajero que había explotado en el sensacional "Culture", melodías que pueden gustar y convencer a cualquiera, con esencias dispersas, otorgadas por su ascendencia mediterránea, sus viajes por oriente y su residencia cercana a la frontera entre Mexico y Estados Unidos. Preguntado de nuevo por cómo definir su música, él decía que es imposible de definir, es la música que sale de su corazón, romántica, la música en la que él cree. Si querían ponerle la etiqueta de new age podían hacerlo, pero pensaba que no tenía nada que ver con eso. En "Desires", Chris presenta una buena combinación de teclados, guitarras, percusiones y vientos, con un enorme punto culminante titulado "Fields of tears". Cualquiera de sus discos es una buena excusa para abstraerse y dejarse llevar en un placentero paseo, en esta ocasión hasta los 'deseos del corazón' de un artista dividido entre Grecia y los Estados Unidos.

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26.6.09

CHRIS SPHEERIS & PAUL VOUDOURIS:
"Europa"


Pocas veces un disco alcanza tales cotas de emoción y reúne composiciones de tal calidad como lo logró el conocido y justamente valorado "Enchantment". Después del gran éxito conseguido, muchos ojos estaban puestos en el siguiente paso a dar por este dúo de orígenes griegos formado por Chris Spheeris y Paul Voudouris. Mientras tanto, y tras la extraña desaparición de Music West Records, los dos artistas habían logrado rápidamente los derechos de "Enchantment" y con ellos aumentaron considerablemente su ánimo, su nivel de vida y su currículum, como decía Paul: "cuando Chris y yo vendimos tantas y tantas copias del disco “Enchantment” fue algo memorable, porque el dinero que yo había ganado escribiendo canciones en el pasado había sido modesto, en el mejor de los casos". Claro que aclara también que sus intenciones eran artísticas: "Si el dinero fuera mi objetivo, hubiera elegido definitivamente otra carrera. Elegí la música porque crear, para mí, es tan fundamental para la existencia como respirar". Mientras Chris Spheeris demostraba una extraordinaria facilidad para la composición de melodías instrumentales a la guitarra en su carrera en solitario, Voudouris se recogió en un pop atrevido que pasó bastante desapercibido. Tuvieron que pasar cuatro años para que ambos volvieran a reunirse en la desértica Sedona (Arizona) y crearan un trabajo más personal, algo diferente a su disco anterior pero de nuevo de gran calidad. Su título, "Europa".

Amigos desde la adolescencia y con las vidas cruzadas en Atenas y en Estados Unidos, estos dos músicos de demostrada calidad recordaron el continente de sus ancestros en este cuidado álbum, de impecable producción e innegable inspiración en sus nueve temas de parecida factura compuestos a dúo, en los que continuaron desarrollando la misma fórmula de su anterior éxito, una música plácida de melodías sencillas, agradables y fácilmente tarareables, si bien esta vez de forma posiblemente más sincera, centrados casi en exclusiva en sus instrumentos primordiales, la guitarra de Spheeris y los teclados de Voudouris. En efecto, en las primeras escuchas de "Europa" se pueden echar en falta los instrumentos de viento, clarinetes, flautas, saxos y oboes que embellecieron composiciones como "Enchantment", "Across frontiers" o "Pura vida", pudiéndose escuchar aquí solamente un tímido saxofón. Otros instrumentos adicionales que no interpretan los dos protagonistas del álbum son el bajo y numerosas percusiones. Otra circunstancia destacable es el dominio de las guitarras sobre los teclados (de hecho, la estupenda portada del disco ya deja claro quién es la protagonista de la historia), presentando canciones por lo general tranquilas, y es que, por mor de la recuperación de la accidentada mano de Spheeris en "Enchantment", hay una mayor carga de guitarra que en aquel. Las piezas más movidas, conjunciones además de una estupenda instrumentación, aparecen al comienzo del álbum: "Orlando" y "Seveness" son dos pequeñas maravillas inmersas en estupendas atmósferas que recrean pequeños y blancos pueblos bañados por el mar Mediterráneo -pero destacando por supuesto la gran melodía de guitarra-, o más adelante una "Bellaire" también abierta a la fiesta y a la alegría. Más ambientales, recreando amplios paisajes, son "Laguna" (de guitarra adormecida sonando entre la bruma) o "Taiku", mientras que en "Aqualuna" (otra pieza de melodía especial, de las que se recuerdan con el paso del tiempo) o "Lanotte" escuchamos esas cuerdas sosegadas, en un estilo dulce, romántico. A los teclados, "Pavane" da una impresión más fría, mientras que "Maya" es un tema puramente ambiental bastante interesante, el único sin guitarras, en un conjunto que da que pensar cómo hubiera acabado con la presencia de los vientos. Sin ellos, nos encontramos ante un disco precioso (no hay más que escuchar "Orlando", "Seveness", "Laguna", "Aqualuna" o casi cualquier composición del mismo para disfrutar) pero tal vez un peldaño por debajo de lo esperado en esta colaboración. El sello de ambos colegas, Epiphany Records, fue el encargado de publicar el álbum en 1995, Chris se ocupaba de las relaciones públicas y Paul de la contabilidad, mientras ambos trabajaban en sus proyectos individuales.

La obsesión por la perfección y los diferentes puntos de vista en cuanto a detalles como la producción de algunas de las canciones, llevaron a que se creara una cierta tensión entre los dos artistas a la conclusión de este álbum. Así fue como, tras haberse grabado el disco en casa de Paul, Spheeris se encargó en la suya -a dos manzanas de distancia una de otra- de la post-producción y mezcla, y Voudouris se perdió en un largo viaje por Balí y otros rincones de la lejana Asia, tras cuya vuelta recalaría en Mexico, donde fundó Hit Records. Puede parecer evidente que, si bien la amistad es fuerte, el trabajo conjunto se haya visto tan afectado que posiblemente -y lamentablemente- "Europa" sea la última colaboración entre estos dos músicos. El tiempo, con su paso lento pero seguro, da la razón a este hecho y nos proviene al menos de las obras en solitario de estos artistas que nos dejaron momentos de tan bello recuerdo.

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9.3.07

CHRIS SPHEERIS:
"Culture"

Grecia es un país al que musicalmente siempre se le ha debido mucho, y especialmente en las últimas décadas del siglo XX ha aflorado de él mucho talento sin igual, músicos muy especiales, de enorme genialidad y a la vez muy variopintos: Vangelis o Yanni son ejemplos de grandes  teclistas, Iannis Xenakis o Mikis Theodorakis figuras clave de la música contemporánea, María Callas (la gran diva, de origen griego aunque nacida en los Estados Unidos), Demis Roussos o Nana Mouskouri como voces de siempre, y Eleftheria Arvanitaki, Alkistis Protopsalti, Haris Alexiou o Savina Yannatou como esas otras voces que, con mayor o menor recorrido musical, llegaron sorpresivamente a nuestros oídos en aquellos años de explosión cultural. Un ejemplo de otro músico de orígenes griegos (aunque nacido y criado en los Estados Unidos) que en el umbral de cambio de siglo consiguió crearse un nombre, vender un gran número de discos (en solitario y junto a su amigo Paul Voudouris) y imponer un estilo desenfadado y abierto de nueva música instrumental melódica, fue Chris Spheeris.

Más allá del éxito de sus colaboraciones con Voudouris (sin duda "Enchantment" es uno de los grandes álbumes del siglo XX en cuanto a este tipo de música), este multiinstrumentista nacido en Milwaukee ha destacado como un gran compositor en solitario. Sus influencias pasan de la música tradicional griega a los Beatles o Elton John, pero también Vangelis, Génesis o Brian Eno sonaron en su habitación mientras imaginaba ingenuos acordes con intereses adolescentes. Con tal amalgama de estilos fue tejiendo sus propias ideas, pero escuchando su música se pueden deducir dos cosas, que es personal y espiritual, y que está notablemente influida por un espíritu viajero ("mis padres me animaron siempre a viajar y vivir la experiencia de otras culturas; donde quiera que fuéramos veía y escuchaba, y crecí en un vocabulario de sonidos exóticos y adornos musicales"). La confluencia de estas características dota a sus discos de un exotismo propio y sincero, que Chris fue explorando en trabajos como "Desires of the heart" o "Pathways to surrender", publicados en lo 80 por el sello Columbia, que pretendía lanzar a este guapo intérprete como una nueva figura instrumental de guitarra. A pesar de su calidad, el experimento no cuajó, y tuvo que ser "Enchantment" el álbum que originara un segundo despegue en la carrera en solitario de Spheeris, en ese momento en el que él y Paul Voudouris se dedicaron de nuevo a sus ideas en solitario. Así surgió "Culture", publicado en 1993 por Essence Records (el sello del propio Spheeris, del que "Culture" fue la primera referencia en solitario, y que distribuyó en España Resistencia), un álbum especialmente transcultural, profundo espiritualmente aunque posiblemente más 'global' que otros de sus éxitos anteriores (si bien canciones como "Pura vida", de "Enchantment", se acercan notablemente a esas intenciones). En él, este apuesto músico de sonrisa carismática nos invita a su particular viaje -por sitios cuyos sonidos ambientales reales se pueden escuchar en el disco, como Grecia, Tailandia, India y su propio lugar de residencia, Sedona (Arizona)- y acierta en su exposición e interpretación del mismo, de una forma cálida, familiar, pero ante todo, y como siempre en su música, vital y optimista. "Aria" es una pieza perfecta como primer single, directo y poderoso, una espectacular puesta en escena de una instrumentación sencilla (guitarra, teclados y percusión) y enérgica, capaz de catapultar un disco al éxito por su radiodifusión en una época en la que esta música era tomada en serio y poseía una excepcional calidad. También de poderosa base rítmica, muy visual y cultural, son "Margarita" -otro corte destacado, demostración de un estado de forma fantástico- o "Elektra", así como "Sapphire", pero el trabajo presenta también otra cara, romántica, intimista y delicada, en composiciones como "Embrace", de hermosísimas notas de guitarra que no pueden quedar en el olvido una vez se escuchan, o "Allura", también tierna y apasionada. En ellas se pueden apreciar las especiales colaboraciones del álbum, el violonchelo (Kris Yenney) y la flauta (Kirstine Hebert) en la primera y el saxo alto (Zac Johnson) en la segunda. Además, David Peterson interpreta el oboe en "Bombay" (otro de esos cortes movidos y destacados, muy intercultural merced al sonido parecido al de un sitar) y en el tema final, One". Junto a "Aria", es sin embargo "Culture" el corte más popular y especial del disco, con su pegadiza melodía aflautada y ambientación oriental. Lo movido, visual, y lo romántico, pasional, alcanzan  juntos altísimas cotas de calidad, sólo hay que escuchar pequeñas maravillas como "Aria", "Culture", "Margarita", "Sapphire" o "Bombay" para darse cuenta de la genialidad de este guitarrista y multiinstrumentista residente en el desierto de Arizona y que nutre la sonoridad de sus guitarras, teclados y percusiones con flautas, chelos, saxos y oboes.

Tras la fachada de play-boy de Chris Spheeris se esconde un hombre humilde, abierto y sincero, un artista auténtico que impresiona con nuevos trabajos muy de vez en cuando, ocupado en otras aficiones como la fotografía, pintura o poesía. No es fácil continuar la senda marcada por una carrera plagada de éxitos, así que mientras esperamos la llegada de nuevas composiciones, es necesario paladear la esencia de su música en sus antiguos trabajos, de los que "Culture" (coproducido por Spheeris y Russell Bond, que se puede encontrar con portadas diferentes en formato digipack o en una posterior edición en caja normal) es un exótico ejemplo de calidad abierta al globo, pero ante todo de alegría y sentimiento, un disco emocionante que logró otro buen número de ventas y que conecta fácilmente con nuestros sentidos, inundando nuestro interior tanto de aventura como de añoranza.

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2.12.06

VARIOS ARTISTAS:
"Polar Shift"

Al hablar de Nuevas Músicas nos vienen a la cabeza en primer lugar compañías emblemáticas como Windham Hill o Narada Recordings, si bien no podemos olvidarnos de otras de presupuesto y distribución algo inferior, como por ejemplo Private Music, por la calidad y atrevimiento de sus intérpretes, presididos y en ocasiones producidos por el ex-Tangerine Dream Peter Baumann. En su catálogo tampoco faltaban interesantes recopilaciones, en ocasiones tan especiales como "Polar Shift", álbum publicado en 1991 en beneficio de ese continente tan lejano para nosotros y para casi todo el mundo, llamado Antártida ('Salvemos la Antártida', exhortaba una pegatina en su portada), que unía a grandes artistas de la new age como Vangelis, Spheeris & Voudouris, Suzanne Ciani, Yanni, Enya, Kitaro, Constance Demby, etc... Todos ellos participaron desinteresadamente con la causa promovida en este disco por el EarthSea Institute, una organización no lucrativa creada por Terence Yallop en 1989 para promover conocimiento ambiental global y apoyar a las organizaciones implicadas en la protección y preservación de nuestros recursos medioambientales. Tal cúmulo de nombres de calidad implicados en el disco consiguieron que su interés quedara fuera de toda duda a pesar de no contar con composiciones exclusivas para el mismo.

No deja de ser curioso que solamente tres de los doce artistas que aparecen en este trabajo pertenecieran a la nómina de Private Music (Yanni, Suzanne Ciani y John Tesh), por lo cual es de suponer que fuera la mano de Terence Yallop, promotor de eventos y artistas new age como Kitaro, Yanni o Andreas Vollenweider en los años 80, la que logró la colaboración de otros grandes músicos para la causa. Al accionar el play nos encontramos con un inicio inmenso, totalmente adecuado al propósito del disco al tratarse del conocido "Theme from Antarctica" de Vangelis, un tema enorme con comienzo, melodía, ejecución y culminación perfectas, y de evidente inspiración blanca. Enseguida llega Yanni, algo más limitado, en un estilo más sencillo y a su manera efectivo, más en "Song for Antarctica", directa y evocadora, que en "Secret Vows". Otro gran acierto de la compilación es el tema de Chris Spheeris y Paul Voudouris "Pura vida", una animada celebración perteneciente a su glorioso disco "Enchantment", una canción soberbia de un álbum especial, pero hay que destacar especialmente que el segundo corte de Spheeris incluido en la recopilación, "Field of Tears" (contenido originalmente en su álbum "Desires of the Heart") es sencillamente majestuoso, uno de esos chispazos de genialidad admirables en su sencillez, con su justa duración y tratamiento instrumental. No hay que olvidar a todos los nombres que aportaron su granito de arena y sus bellas canciones, como el pianista Jim Chappell, el que fuera guitarrista de Yes
 Steve Howe, Constance Demby, Paul Sutin o el popular presentador y músico John Tesh, pero es necesario destacar otras tres grandes composiciones, un "Watermark" de la archiconocida Enya que dibuja líneas majestuosas de piano sobre los paisajes helados, "Anthem", una de las mejores y más conocidas y melódicas canciones de la sintesista Suzanne Ciani, y como cierre, el japonés Kitaro y su fenomenal "Light of the Spirit", que culmina este trabajo casi tan majestuosamente como había empezado. Así, de Vangelis a Kitaro, se nos ofrece una música deliciosa y sensible para un continente vulnerable e inexplorado, vital para comprender los cambios climáticos y para garantizar la supervivencia de la vida futura en la Tierra.

El EarthSea Institute ha seguido apoyando causas como ésta a través de otros discos como "Cousteau's Dream" (donde también colaboraba Vangelis junto a Yanni, Kitaro, Richard Burmer, Tim Wheater o Michael Hoppé) o colecciones especiales editadas por Real Music, el sello fundado por Terence Yallop que incluye en su catálogo a artistas como Jim Chappell -que también aparece en "Polar shift"-, Nicholas Gunn, Hilary Stagg o Gandalf, cuando este ex-golfista británico comprobó que podía hacer negocio en los Estados Unidos con otra de sus pasiones, la música instrumental. La interesante historia de Yallop, su tienda de comida sana Real Food y de cómo llegó casi a facturar más a través de los discos que sonaban de fondo que de la propia comida, es capítulo aparte en esta historia, así como el declive de Private Music después de ser vendida por Peter Baumann y perder toda esa maravillosa imagen de marca que poseía. Volviendo a "Polar Shift" y para concluir, es preciso señalar que el espíritu de Jacques Cousteau está presente en esta eficaz recopilación, eficaz porque además de calidad consiguió algo de dinero para la causa antártica.

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1.8.06

CHRIS SPHEERIS & PAUL VOUDOURIS:
"Enchantment"

Aunque la mayoría de la gente piense que "Enchantment" es la segunda (o incluso la primera) colaboración entre los estadounidenses de ascendencia griega Chris Spheeris y Paul Voudouris, nada más lejos de la realidad, puesto que se trata del quinto disco que ambos artistas publicaron juntos. Eso sí, no intentéis conseguir los tres primeros, totalmente descatalogados, plásticos en los que el dúo realizaba un pop sencillo con aires folk, enteramente vocal, a lo Cat Stevens o James Taylor, dos de las influencias de Spheeris en su estilo de guitarra: "Spheeris and Voudouris" en 1978, "Points of View" en 1980 o, más avanzada que el folk de sus inicios (un gran cambio, de hecho), "Primal Trech Music (Live)", vocal pero más experimental, entrando de lleno en el tecno-pop y la new wave. "Passage" fue en 1982 un punto extraño en su evolución, música meditativa, relajante, con predominio de los teclados a lo Brian Eno o el Vangelis más meditativo. Sin embargo, y tras años de parón y carreras en solitario, su nueva unión artística, "Enchantment", fue un trabajo tan redondo e importante en la realidad de las Nuevas Músicas de los 90 (llegó seguramente en el mejor momento, comercialmente pero también cualitativamente hablando, de este estilo de música) que, efectivamente, ha pasado a la historia como el gran disco de Spheeris y Voudouris, guitarrista y teclista (se complementaban así en sus reuniones, aunque ambos pueden utilizar una gran gama de instrumentos), un dúo esencial e imaginativo que comenzaron su amistad en Grecia y volvieron a coincidir años después en los Estados Unidos para legarnos varios discos mágicos.

Sorprende cómo la historia de un trabajo tan hermoso como "Enchantment" puede ser algo turbulenta. Publicado en 1991 por la discográfica de San Rafael (California) Music West Records, y cuando comenzaba a sonar en radios y a funcionar el boca a boca, este trabajo tuvo la mala fortuna de encontrarse con la quiebra de dicha compañía a los pocos meses de su publicación ("no fue culpa nuestra", decía Chris entre risas). Ambos artistas, sabiéndose poseedores de una pequeña joya, consiguieron rápidamente los derechos sobre el master de "Enchantment" para su propia compañía, Epiphany Records, a cambio de no cobrar los royalties que les debían. Lanzado de nuevo con Epiphany, vendieron bastante, sobre todo en España. Sin embargo sus búsquedas musicales en solitario acabaron por clausurar Epiphany, por lo que las posteriores reediciones de "Enchantment" serían en Essence Records -sello de Spheeris, en el que iba a continuar su exitosa trayectoria- y Hit Records -sello de Voudouris, de discreta repercusión-. Sólo un ligero rediseño de portada delataba el cambio de ubicación, la música seguía siendo la misma, intangible y maravillosa. Cuenta la historia que Chris, que ya tenía perfilada una carrera en solitario en la que "Enchantment" iba a ser su siguiente paso, cuando empezó a planificarlo tuvo un accidente, se cortó en la mano y no pudo tocar la guitarra, así que sin dudarlo le dijo a Paul "vamos a hacer un disco con tres manos, las dos tuyas y la mía", una gloriosa casualidad. ¿Pero por qué este álbum llegó a ser un pequeño éxito, sobre todo en España y Grecia? En primer lugar, hay que tener en cuenta el origen de los artistas, su ascendencia griega y la influencia que eso ha tenido en una música cálida, melódica, esencialmente mediterránea. Además, la difusión del disco en Radio 3 y su utilización en televisión y en determinados momentos de los Juegos Olímpicos de Barcelona también aportaron su granito de arena. Pero es al escucharlo cuando se aprecian las verdaderas razones de ese éxito. Realmente el tema homónimo, "Enchantment", es una pequeña obra maestra, de esas que han sonado en radios y televisiones hasta la saciedad y que, merced a una bella melodía de oboe que destila una extrema sensibilidad, ha contribuido a vender miles de ejemplares en medio mundo. Como su título indica, un auténtico encantamiento. Esa sensibilidad se puede respirar en cada tema del disco, especialmente en deliciosas melodías que también se favorecen de los vientos, clarinete, oboe o saxo (la plácida "Golden Days" o "Across Frontiers", que sorprende en su delicioso final), como en esos momentos en los que sale a relucir la guitarra mediterránea de Spheeris ("Through the Wall" es una fiesta privada entre Chris y el oyente, "First Kiss" un recuerdo nostálgico), un sonido más eléctrico ("Love and Understanding", que parece un pequeño himno al amor y la amistad) o los teclados ambientales de Voudouris ("Many Heavens" recuerda a ciertas composiciones del Vangelis de los documentales de fauna), en un poderoso conjunto que si bien parece más deudor, o por lo menos eso se deduce de sus trayectorias, de los trabajos en solitario de Chris Spheeris, a buen seguro forma parte de las experiencias conjuntas de estos dos grandes amigos que, en esos momentos, compartían casa en Sedona (Arizona). Dentro de este aire místico, uno de los grandes momentos del álbum, posiblemente el mejor junto a "Enchantment", se da cuando la guitarra rítmica llama al movimiento junto a sorprendentes flautas andinas en esa otra bendición de aires sudamericanos titulada "Pura vida", vitalista e imprescindible composición recogida además en el eficaz recopilatorio "Polar Shift", lo que supuso realmente el primer éxito del disco.

Precisamente 'pura vida' es una expresión con la que en Costa Rica se denomina a las cosas que salen bien, así que nada mejor que utilizarla para recordar este maravilloso disco, sin duda uno de los mejores de las Nuevas Músicas de los 90, que tuvo su continuación cuatro largos años después con un último trabajo de colaboración ("Europe") entre dos colegas, amigos desde los trece años, de gran éxito conjunto pero cuyas trayectorias en solitario son extremadamente distintas, exitosa la de Spheeris (con grandes obras como "Desires of the Heart" -anterior en varios años a este "Enchantment"- o "Culture"), casi desconocida la de Voudouris ("It Takes Two" tal vez sea su álbum más conocido, pop con una cierta proyección). Sus éxitos conjuntos fueron parte de "un periodo de renacimiento, exploración y fraternidad", dijo Paul. Mientras seguimos esperando, décadas después, un reencuentro, saboreamos esas composiciones en solitario o en dúo, y nada mejor que comenzar con la magia de "Enchantment". Un trabajo magistral, hecho a tres manos.