9.2.23

JEAN-MICHEL JARRE:
""Electronica 1: The Time Machine"

Después de padecer los últimos pasos del otrora gigante músico francés Jean-Michel Jarre (definitivamente con guion entre Jean y Michel, aunque en muchos de sus discos nunca lo portara), pocas alegrías se esperaban sus muchos seguidores en la segunda década del siglo XXI. Desde el final del XX, con un perfectamente audible (aunque desde luego no genial como sus obras de antaño) "Metamorphoses", sólo se habían sucedido zancadillas de las que, eso sí, Jean-Michel conseguía levantarse siempre con moral inquebrantable. Y es que hay músicos que no saben o no quieren ver cuándo han llegado a un límite creativo, a una especie de punto sin retorno en el que necesitan encontrar nuevas vías de expresión o retomar viejas inspiraciones. Tal vez ambas cosas. Jarre, otrora ídolo de masas y creador de hits electrónicos sin igual, llevaba unos años sin encontrar ese rumbo idóneo. Incluso renegó oficialmente de algunos de sus discos, desde productos inventados y mezclados en pocas horas por puro compromiso (con "Geometry of Love" acabó contrato por las malas con Disques Dreyfus) como de obras que prometían cosas que no cumplieron e incluso acarreaban sonidos preexistentes en algunos teclados de última generación ("Teo & Tea", su primer disco con Warner). Pero como muerto renacido, la pasión por la electrónica retornó al alma de un Jarre que estaba más cerca de los 70 que de los 60 años, edad que no le impidió contactar con músicos mucho más jóvenes que le ayudaron a sacar adelante un nuevo y ambicioso proyecto que realmente llevaba en su cabeza desde hacía tiempo.

De ahí la tímida esperanza cuando se comenzaron a anunciar unos nuevos pasos de extraordinario interés, que acercarían la música del francés a la de otros nombres propios de excepción en el panorama electrónico mundial, el mismo panorama en el que el de Lyon siempre había sido, con toda razón, admirado. Es cierto que el mundo de la música había cambiado enormemente con el paso de las décadas, pero trabajos como "Oxygène", "Equinoxe", "Zoolook" o el más cercano "Chronologie", no habían perdido ni un ápice de su grandiosidad. Ni lo harán. Durante la ausencia de ocho años de discos de estudio, el músico, cuya vida privada iba en consonancia con su rumbo artístico, no cesó sin embargo de acumular ofertas para ofrecer espectáculos en vivo, y a raíz de su regrabación del glorioso "Oxygène", acumuló varios tours de conciertos de pago que colgaban fácilmente el cartel de no hay billetes. Con la actividad constante, Jean-Michel pareció recobrar la chispa adecuada, y su inspiración obtuvo esas numerosas y aplaudidas ayudas de varias generaciones de músicos, en un proyecto muy especial que iba a volver a otorgarle la popularidad desvanecida. Además, iba a tener contacto directo con ellos, no sólo a través de internet. Columbia Records, subsidiaria de Sony Music, publicó "Electronica 1: The Time Machine" en 2015, con una portada en la que nos recibía un refrescante primer plano del protagonista; y efectivamente se trataba de un divertido viaje en una máquina del tiempo con este listado de temas: el DJ alemán Boys Noize inaugura el álbum en "The Time Machine", un comienzo discreto que no anticipa el aluvión de interesante tecno y pop electrónico que se viene encima a partir del segundo corte, "Glory", sugerente canción con el sello del emergente grupo francés M83, y sencillo principal del álbum. Bien construida, en un suave tono retro deudor de esos colaboradores de lujo que son la banda francesa Air, es "Close Your Eyes", que en un intento de fusión de sus visiones impresionistas (así denomina Jarre al estilo francés) incluyen instrumentos de décadas pasadas como el Moog, el Theremin o el Fairlight, hasta llegar a la tecnología actual, y no se olvidan de las voces distorsionadas por el vocoder. Comienza aquí un acertado viaje a la pista de baile en los dos cortes "Automatic (Part 1)" y "Automatic (Part 2)", separados sin razón aparente, compuestos a dúo con Vince Clarke (Depeche Mode, Erasure, Yazoo), un recuerdo a las melodías del Jarre de años atrás. "If..!" (que fue quinto sencillo) es una nueva canción elegante y pegadiza, que acerca a Jean Michel a nuevos públicos, más jóvenes que sus seguidores de siempre, junto a la cantante británica Little Boots. En su combinación de ritmo y ambiente misterioso, "Immortals" posee un gran encanto electrónico, a dúo con la banda inglesa Fuck Buttons, disuelta en el momento de publicar este álbum. Un toque transcendental pero igual de atrayente posee la siguiente canción, "Suns Have Gone", no en vano la voz y el estilo del tema son de otro nombre de excepción, el de Moby, que no podía faltar a esta cita. Un ritmo aceptable, sin letra, es el del que fuera primer adelanto del disco (aunque el sencillo principal acabó siendo "Glory"), "Conquistador", junto al DJ francés Gesaffelstein, mientras que "Travelator (Part 2)" es más roquera, con la participación del músico británico, conocido por su presencia en la banda The Who, Pete Townshend. La calma retorna con la atmósfera lisérgica de "Zero Gravity", sobre la que emerge el secuenciador como en los tiempos en que Tangerine Dream, los colaboradores en este gran corte, que fue el cuarto sencillo del disco, eran grandes magnates de este tipo de ambientes cósmicos; lo que hace aún más especial a este tema es que el líder de la banda alemana, el gran Edgar Froese, falleció al poco de su grabación. A las mismas galaxias en las que reposa el alma de Froese, parecen ir dirigidas las ondas protagonistas de "Rely on Me", con el recitado de una antigua colaboradora de Jarre ("Zoolook", "Metamorphoses"), la excepcional y también veterana multiartista norteamericana Laurie Anderson. "Stardust" es un nuevo corte tecno que hace despegar los pies del suelo, no en vano es la colaboración con el conocido DJ holandés Armin van Buuren, fan reconocido de Jarre. La protagonizada por 3D (Robert del Naja, de la veterana banda Massive Attack), "Watching You", es posiblemente la pieza más extraña del trabajo, pero eso no le hace ser sobrante en el mismo y convertirse de hecho en su tercer sencillo. "A Question of Blood" es una melodía misteriosa y de película; efectivamente, su coautor es un emblema en esas lides, el fantástico director de cine John Carpenter, creador de piezas de gran recuerdo para películas suyas como 'La noche de Halloween' o 'La niebla'. Por último, piano y sintetizadores hermanados en un final vanguardista junto al chino Lang Lang, "The Train & The River", que no desentona en el conjunto de un álbum que fue bien recibido por público y crítica, logrando muy buenos puestos en las listas de ventas, especialmente en las europeas.

A pesar de que en un principio la noticia aparentaba ser un desfile de nombres ayudando a un músico veterano, a un amigo en muchas de las ocasiones, "Electronica 1: The Time Machine" es más coherente y consistente de lo que podría haber resultado. De hecho, es un trabajo admirable, un golpe sobre la mesa de un Jarre que tenía mucho más que ofrecer de lo que sus últimos pasos advertían, y que a sus 66 años se sentía más joven que nunca para acometer no sólo uno, sino dos discos de colaboración con grandes nombres de la música electrónica. Efectivamente, "Electronica 2: The Heart of Noise" fue la continuación, menos de un año después y con parecido acierto (aunque posiblemente, y esto depende de cada uno, los temas más grandes vinieran contenidos en "The Time Machine"), del primer volumen. Los ayudantes del galo circulaban de nuevo por carreteras electrónicas de prestigio (Pet Shop Boys, Gary Numan, The Orb, Yello, Sébastien Tellier), pinchadiscos o productores de tecno (Jeff Mills, Siriusmo), grandes de la banda sonora (Hans Zimmer) o de la música francesa (Christophe), otras figuras más jóvenes (Rone, Julia Holter, Peaches), elementos destacados del rock (Primal Scream, Cyndi Lauper) o nombres de actualidad que nada tenían que ver con lo musical (Edward Snowden), con mayor presencia del propio Jarre como compositor e intérprete en solitario. "Electronica", en sus dos volúmenes, fue un proyecto mastodóntico de buen recuerdo en el que, lamentablemente, se echaron en falta nombres importantes de los de siempre (Mike Oldfield, Vangelis, Alan Parsons, Klaus Schulze, Michael Cretu...). A cambio, los que había estaban fuera de toda duda, por lo que solo podemos aplaudir la idea del músico de Lyon, que a partir de aquí recobró fama y renombre.

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25.1.23

JORGE GRUNDMAN:
"We Are the Forthcoming Past, Take Care of It"

Jorge Grundman porta un apellido extranjero, pero es español, nació en Madrid en 1961. Es ingeniero de telecomunicaciones y músico, de hecho lleva escribiendo música desde los 12 años, y sus composiciones alcanzan grandes niveles de excelencia. Su reconocimiento en el campo de la música contemporánea, en el que ha publicado varios trabajos, no quita que adore otro tipo de géneros más terrenales y populares, como el rock o el pop, campo en el que militó en bandas de la época de la movida madrileña como Farenheit 451 o Trópico de cáncer (en cuyo único elepé, "Detrás del espejo", estuvieron producidos por Julián Ruiz). Pero Jorge añade otra rareza a su lista de trabajos, es uno de esos artistas que no tiene reparos en afirmar que en algún momento de su carrera ha compuesto música englobada en la denominada como música new age. Claro, él puede decirlo sin pudor, porque su new age ha sido de gran calidad, lejos de lamentables ejemplos que pululaban por las compañías discográficas en los años 90, de esos que no van a desfilar por aquí. 

Es el propio Grundman el que contaba así su idilio con la new age en la emisora Radio 3: "En 1996 decidí compartir la música que estaba haciendo con la gente de alrededor, y la publiqué en el portal mp3.com. Así pude recaudar fondos, colaborar con Médicos sin Fronteras y Médicos Mundi, crear una discográfica y una fundación. Llevaba varios años recaudando unos 3.500 dólares para Médicos sin Fronteras, todos los beneficios eran para ellos, y a propuesta de ellos creé esa sociedad limitada para hacer discos, en la que invité a mucha gente, a David Caballero, Eduardo Laguillo, Joaquín Taboada... Eso me permitió también con el paso del tiempo, convertir esa discográfica en una fundación". Esa fundación, creada en 2004, se llamó Non Profit Music, y surgió como respuesta a la cada vez más escasa presencia de la música clásica en el mundo, y a la pérdida de sensibilidad hacia la acción social y humanitaria; sus intenciones, crear iniciativas que ayuden a solucionar estas deficiencias y promover la música contemporánea. Fue en 2004 cuando esa fundación que también era sello discográfico, Non Profit Music, publicó el disco firmado por Jorge Grundman "We Are the Forthcoming Past, Take Care of It", CD que a sus 52 minutos en formato de audio había que añadir una capa de música adicional en formato mp3. Una edición sólo con los 52 minutos iniciales fue publicada en los Estados Unidos por la compañía Only New Age Music. Son estas 13 pistas las que vamos a comentar aquí, comenzando por la pieza que da título a la obra, un maravilloso tema corto, muy emocional, que sorprende al oyente ocasional y que encierra un origen puramente pianístico: "Las obras para piano me las hacía para mí, para practicar en casa, pero el que denominé como "Estudio número 1" me ha dado muchas alegrías, la han tocado muchos pianistas en España y fuera de ella, y con el tiempo ha tenido muchas versiones con varios tratamientos". Ese estudio, elaborado con orquesta de cuerdas, es "We Are the Forthcoming Past, Take Care of It", una pieza que, exclusivamente para piano, fue grabada también por Eduardo Frías junto a otras obras para piano de Jorge Grundman. "Tying the Heart that Helps" (dedicada al Jefe de Misión en Daguestán para Médicos Sin Fronteras Arjan Erkel, secuestrado en Makhachkala en agosto de 2002 y liberado en abril de 2004 -Erkel aún seguía secuestrado cuando Jorge escribió y grabó este tema-) guarda una profundidad ligada tanto al polaco Henryk Górecki como al noruego Øystein Sevåg, mientras que en su final se atisban formas rítmicas que podríamos asociar a bandas sonoras de Hans Zimmer, como sucede en otras composiciones, como "Looking Through the Brooken Window", sobre las guerras y el perdón. Jorge es atrevido, su clasicismo no huye de aderezos modernos, no extiende demasiado las composiciones, aunque algunas podrían convertirse en pequeñas y hermosas suites, si se les aplicara un tratamiento más neoclásico. "The Sons of the Cold" está más cercana a la danza contemporánea que al mundo clásico, con un cierto componente infantil, ya que el autor la denomina como "una canción de cuna electrónica sobre la guerra contra la naturaleza y la manipulación genética del ser humano". Las formas melódicas new age se esbozan en la utilización del piano junto a los vientos, como en la esperanzadora "Tears at Bedtime", tanto que se podría pensar en algunos artistas de Narada, incluso a nombres de Windham Hill como el mencionado Sevåg (que es citado en los agradecimientos) en "Memory Holes", con el toque jazzístico del saxo, o también sin él, en "Teach Me to Whisper a Shout". "Denying the Evident" presenta un piano sencillo y danzarín, con el que parecen aflorar sentimientos interiores (concretamente los que sintió el compositor al ver el derrumbe de las torres gemelas: "Me repetí a mí mismo 'no puede ser posible, no puede ser posible'; estaba negando lo evidente"), mientras que "Nunca mais!" es especie de clímax visual muy peliculero, dedicado a la triste marea negra del Prestige en las costas gallegas. Muy acertado es "The Day After" ("esta pieza trata sobre la magia y la ilusión al adivinar y abrir los regalos de Navidad"), con un juego de teclados que se acerca a los movimientos de notas luminosas ambientales que proponía William Orbit en algunas de sus obras y producciones. En "You Weren't to Know" el piano introduce y conduce en definitiva otra pieza reflexiva e intensa que trata sobre la belleza de la solidaridad, y en "Where my Frieds Rest" voces sintéticas acercan este tema hacia una especie de oración que acaba arrastrándonos sin remedio hacia ese adagio final titulado sencillamente "Adagio for Viola, Oboe and Piano" ("este es mi himno a los sentimientos que el cielo y las nubes me inspiran en los días de tormenta"). A través de la fundación, Jorge Grundman tuvo la fortuna de conocer al gran violinista libanés​ (de ascendencia armenia y nacionalidad española) Ara Malikian, que decidió que la música tonal que él componía sí que tenía futuro, y le instó a escribirla para interpretarla él mismo al frente de la Non Profit Music Chamber Orchestra: "Él despegó definitivamente, pero me ayudó a contactar con mucha gente, a que perdiera el miedo a hablar de mi música, porque seguro que encontraría mi hueco". Álbumes como "No Seasons" o "Tears of Beauty", entre otros, son testimonios de ese encuentro entre Malikian y Grundman.

Una portada impactante presagia un contenido afortunado, pero en absoluto tormentoso. Más bien, sería como la calma del ojo de esa terrible tormenta. Con "We Are the Forthcoming Past, Take Care of It", Jorge Grundman dio muestras de su tremenda versatilidad y ofreció, plagado de nobles sentimientos y con una loable causa caritativa, un disco para reivindicar, como la obra en general del autor. Inmerso en la new age y en una suave ambientalidad, este trabajo encierra una escucha deliciosa en general, y especialmente ante algunas de sus epatantes melodías, en un campo que nunca ha sido tomado con la seriedad que, en muchos de los casos, se merecía. "Somos el pasado inminente, cuídalo -decía Jorge-, un título para reflexionar: el futuro no existe porque no ha ocurrido; el presente tampoco existe porque cuando te pones a hablar de él ya ha pasado; y el pasado es lo único que ha existido, pero no lo hemos cuidado, porque si pensáramos que cada segundo que perdemos se va a convertir en pasado y la gente se va a fijar en eso y podría significar mucho para las personas que nos rodean, intentaríamos hacerlo lo mejor posible, hacer el mundo un poco mejor, que lo que dejamos sea lo mejor de nosotros". Hermosas palabras, hermosa música.
















15.1.23

ROBERT SCHROEDER:
"Brain Voyager"

Alemania ha sido tradicionalmente la cuna de grandes grupos y artistas de música electrónica. Uno de los que merecería más reconocimiento del que posee actualmente es Robert Schroeder, creador de una serie de trabajos de calidad en los años 80, y que se mantiene prolífico en la actualidad bordeando la setentena. Nacido en Aquisgrán (al oeste de Alemania) en 1955, Schroeder se interesó desde muy joven por las aplicaciones electrónicas en el desarrollo musical. De hecho, acabó trabajando en el campo de la ingeniería electrónica, aprendiendo poco a poco a desarrollar aplicaciones con los mastodónticos equipos de la época, esos que sorprenden en las fotografías por su aparatosa mezcla de cables y botones. A finales de los 70, cuando la tecnología se hizo más portable, e influenciado por maestros de la talla de Kraftwerk, Pink Floyd, ELP o Klaus Schulze, se consideró preparado para comenzar su carrera musical, y el propio Schulze confió en él para publicar en su recién fundado sello, el recordado Innovative Communication.

El primer disco publicado en ese sello por Robert Schroeder en 1979 se tituló "Harmonic Ascendant", un álbum de buena aceptación, muy aconsejable, con el que comenzó a forjarse un nombre. Más éxito incluso tuvo con "Floating Music" (1980), y con "Mosaique" (1981), algo más experimental. "Galaxie Cygnus-A" (1982) se entrenó como un show multimedia en el festival austriaco Ars-Electronica. En "Paradise" (1983), su música adquiere nuevos desarrollos, o al menos es lo que él dijo sobre ese trabajo que finalizó su aventura en Innovative Communication, al menos en solitario, ya que su dúo Double Fantasy con C. Buechel (que aquí se hacía llamar Charly McLion, mientras que Robert era Dreamstar), publicó un par de discos en dicho sello a partir de entonces, "Universal Ave." (1986) y "Food for Fantasy" (1994). Su paso a Racket Records atrajo malas críticas en su primera referencia, una deriva hacia el pop electrónico pero experimental titulado "Computer Voice" (1984). Fue en este momento cuando llegó el disco clave de la carrera de Robert Schroeder, "Brain Voyager": grabado en julio y agosto de 1985 y publicado por Racket Records ese mismo año, se trata de la banda sonora de la película alemana con efecto 3D 'Glücksgedanken' ('Life's Abundance'), basada en la novela de ciencia-ficción de Ludwig Tieck 'Des Lebens Überfluss'. Es el primer CD mundial grabado con la tecnología de cabeza muda (o de cabeza artificial), desarrollada por el doctor Genuit, de la Universidad Técnica de Aquisgrán. Lo electrónico y lo clásico comulgan y navegan por estas nuevas autopistas tecnológicas, marcando uno de sus hitos como compositor y uno de sus éxitos en otros países, llegando hasta norteamérica. El muestrario de argumentos y capacidades de Schroeder se muestra agazapado con motivo del encargo efectuado, pero aparece de este modo un músico delicado que combina distintas facetas, algunas escondidas sin razón, como la romántica. De hecho, ese corte de principal titulado igualmente "Brain Voyager" es un comienzo de teclado melancólico, en la onda de películas románticas de la época con la ayuda de la guitarra acústica de tres intérpretes, Brigitte Sehle, Charly Buechel y Reiner Brücker. El trabajo es mucho más reflexivo que obras anteriores plenas de ritmo y efectos. Así, las melodías son por lo general introspectivas y edificantes, como en "Lost Humanity". "Frozen Breath of Life" es un nuevo ambiente cargado de magia electrónica conducido por unas teclas limpias sobre las que se despliega un manto de sintetizadores. En "Invisible Danger", la serena melodía es cortada abruptamente por efectos sonoros y una cargada atmósfera, como avisando de ese peligro invisible del título. El teclado del tema homónimo se vuelve más romántico con la inclusión de la voz de Monika Rath en "Glücksgedanken", que vuelve a contar con el aporte acústico de las guitarras. "Love Symphonie" es un nuevo ambiente terrenal muy asequible, sin riesgo, lo cual puede ser la única pega que se le puede hacer al disco, esa ausencia de elementos atrevidos. En "Slaves of Civilization", la nueva melodía semiclásica es rota por sonidos disruptivos logrando no sólo una cierta incomodidad sino todo el interés, aunque al final se suavice y se desarrolle; se echa de menos sin embargo un mayor metraje, una prolongación de ese ambiente. Por último, "The Inside of Feelings" es un final con mayor carga misteriosa que el inicio, aunque de nuevo se vea a un Schroeder contenido.

'Sin batería', se recalca en las notas interiores de este disco electrónico con detalles acústicos, que en el año 2009 fue reelaborado y publicado por el sello del propio Robert News-Music, según explica el músico en su web: "Sin remezclas, sin cambios en el contenido, sino una revisión de sonido puro de la versión original en CD con las posibilidades del software de computadora más nuevo. El resultado es un sonido potente y dinámico que también te permite redescubrir las sutilezas". Robert Schroeder-Trebor, que es como se hacía llamar este autor en el libreto del álbum, compuso, grabó y produjo esta celebrada banda sonora. La mezcla fue elaborada en una iglesia de la ciudad alemana de Stolberg (Rheinland) con una cabeza artificial. La premiere de la película y de paso la presentación del álbum se produjo en Düren en 1986. Unas cuantas décadas después de aquello, "Brain Voyager" sigue siendo una referencia válida y su sonido, aunque pueda parecer desfasado, no ha perdido interés y se mantiene como un importante recuerdo de la vieja escuela en la música electrónica.







28.12.22

MIKE OLDFIELD:
"Platinum"

¿Es un ángel?, ¿una deidad atlante tal vez?, ¿una estatua del Olimpo? Sus rasgos, inexistentes en un principio, cobran relieve mientras suena "Woodhenge", gracias a la luz divina que de repente la envuelve, atributos robóticos que sorprenden especialmente cuando con las notas de inicio de "Punkadiddle" abre los ojos y despliega sus alas de ángel, provocando una tormenta eléctrica de gran magnitud que le lleva lejos. Muy lejos, a años luz de aquí, transportado por una inimaginable tecnología, probablemente alienígena. Allí, en el otro confín de la galaxia, comienza una nueva existencia, una gota llena de vida que se reproduce y da lugar a "Platimum", el álbum más esotérico de Mike Oldfield y un renacimiento, tras esa terapia denominada Exégesis que cambió su personalidad, la del músico y la de la persona que responde al nombre de Michael Gordon Oldfield. Ian Emes fue el autor de esta animación arriba descrita que presentaba el álbum (se puede ver en su web), como lo fue de las que se podían disfrutar en el tour europeo de 1979 conocido como Exposed, inspirado en litografías del grabador holandés M. C. Escher. El talento de Emes, artista que había trabajado con gran éxito con Pink Floyd, se unió al de Oldfield, que en "Platinum" mostró otra cara, un gran cambio estilístico respecto a sus obras épicas de los años 70, desde "Tubular Bells" a "Incantations".

Aunque en 1973, dado el éxito y el tirón de la película 'El exorcista', se comercializara un single de "Tubular Bells" (y el disco entero) en los Estados Unidos, el primer intento serio de triunfar en Norteamérica por parte de Mike Oldfield y su compañía se dio seis años después, al final de la década. Oldfield, que conoció personalmente a personajes importantes del panorama musical neoyorquino como Peter Baumann o Philip Glass, se lanzó a grabar con músicos de sesión en la ciudad de los rascacielos un álbum distinto, como distinto había sido un sencillo interpretado en directo en su primera gira y publicado unos meses antes, el discotequero "Guilty", grabado también en Nueva York con la supervisión de Kurt Munkasci -el hombre que le presentó a Philip Glass-. Aunque fue rematado en Inglaterra, el concepto original de "Platinum" era  mucho más abierto, donde un jazz camuflado y la electrónica que permitían los sintetizadores de la época, se agolpaban entre sus compases, además de una batería más contundente que la usada hasta la fecha. El platino es un metal noble muy apreciado en joyería por su pureza y brillo, así que teniendo en cuenta la brillantez del Mike de los 70, el título "Platinum" es bastante acertado. En él, Oldfield iba a homenajear precisamente a Philip Glass (con una fantástica versión libre de su "North Star") y a otro neoyorquino ilustre como George Gershwin (del que adapta la canción "I Got Rhythm"). Publicado por Virgin Records en 1979 con la eficaz producción de Tom Newman y una bonita y artística portada de Trevor Key, "Platinum" presenta una cara A monumental, donde Oldfield divide en cuatro partes una animada suite, repleta de guitarras y metales, en la que desarrolla un trepidante comienzo ("Airborne"), seguido de una aguerrida melodía de las que dificilmente se te van de la cabeza ("Platinum"), se escucha acto seguido un animado "Charleston" (otra concesión a lo americano), para concluir con el desestructurado al modo Oldfield (y muy conseguido, haciéndolo realmente suyo) "North Star" del maestro Glass. Tras esta primera cara realmente genial, y aun portando grandisimos minutos de música, el segundo lado del plástico demuestra que Oldfield no era tan infalible como se podría pensar, especialmente en unos cortes vocales simpáticos y diferentes, pero no tan inspirados como sus excelsos instrumentales. Esta cara B se abre con la ambiental "Woodhenge" (fantástica pieza compuesta años atrás para el documental "Reflection") y contiene las mencionadas primeras canciones propiamente dichas aparecidas en un LP de Mike Oldfield ("Into the Wonderland" -que sustituye a la bisoña "Sally"- y "I Got Rhythm", ambas cantadas por una más que correcta Wendy Roberts), amén de una divertida protesta contra el punk llamada "Punkadiddle". La anécdota del álbum fue la exclusión tras las dos primeras ediciones del mismo, de la extravagante canción "Sally (I'm Just a Gorila)", que fue sustituida por la mencionada "Into the Wonderland".

Una versión con portada distinta del disco (obra una vez más de Ian Emes), que además incluía el éxito discotequero "Guilty" en vez del esotérico "Woodhenge", se publicó en Estados Unidos y Canadá con el título de "Airborn"; una edición especial portaba un segundo vinilo con "Tubular Bells" e "Incantations" en directo en el reciente tour europeo. Sin embargo, "Platinum" no consiguió triunfar al otro lado del charco, como no lo hará Oldfield en toda su trayectoria. Son las injusticias de la industria y de los gustos de todo un país. Pese a ello, y aunque no se llegue a considerar como una de sus obras mayores, "Platinum" es un trabajo eléctrico, resuelto y adictivo, una exquisita rareza en la discografía del músico británico, cuyo mayor problema deriva precisamente de ir cronológicamente detrás de sus casi insuperables cuatro primeros plásticos -"Tubular Bells", "Hergest Ridge", "Ommadawn" e "Incantations"-, sin la presencia de los cuales sería sin duda un clásico en su monumental carrera.

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12.12.22

KLAUS SCHULZE:
"Mirage"

La personalidad de Klaus Schulze siempre fue complicada, su relación con los periodistas tuvo momentos difíciles, al igual que con algunos de sus propios colegas, como con Edgar Froese en los meses que pasó en Tangerine Dream. Tampoco duró en Ash Ra Temple, y su dúo Timewind con Michael Hoenig fue efímero, en esta ocasión más por discrepancias musicales que personales. No es de extrañar que Klaus se instalara desde bien pronto de su carrera en una casa en el bosque, apartada de la urbe. Desde allí, aprovechó el desconcierto electrónico de la década para convertirse en un puntal de la conocida como Escuela de Berlín, y la filosofía new age acogió su propuesta (más que al revés, pues el músico nunca comulgó con los dictados de dicho movimiento) con los brazos abiertos, incluso con la carga tenebrosa de obras como "Irrlicht". En su concepción musical algo alucinógena en ocasiones, la consigna todo vale tenía, afortunadamente, ciertos momentos de lucidez, y de igual forma que un virus letal puede ser bello al microscopio, algunas disonancias pueden acabar complaciendo al oído. Así, "Timewind" o "Moondawn" fueron clarísimos triunfos del berlinés, que continuó su eficaz andadura con un trabajo aparentemente más placentero, "Mirage".

Publicado en 1977 por Brain en Alemania y por Island Records en Gran Bretaña, así como por otras numerosas compañías dependiendo del año o país, "Mirage" está dedicado al hermano mayor de Klaus, Hans-Dieter Schulze, que murió de cáncer ese año, lo que se acaba plasmando en una música lacrimosa, en la que proliferan ambientes irreales, pero no necesariamente sombríos. Dulcificado pero profundo, asomándose a un abismo de misterio entre el sueño y la realidad, se presenta "Velvet Voyage", el corte que ocupaba la primera cara del plástico. Como una luz fantasmal entre las sombras, tal vez el túnel de luz del que hablan los retornados de una ECM (Experiencia Cercana a la Muerte), se atisba una lánguida melodía en la lejanía, acercándose tintineante con un creciente sentimiento turbio y la presencia de un desasosegante sonido como de bajo. El tramo final de este largo viaje de terciopelo es luminoso, ayudado por una álgida secuencia de notas de sintetizador. La atmósfera tenebrosa, sin embargo, lo acaba engullendo todo de nuevo. Este "Velvet Voyage", a pesar de ser una suite de 28 minutos, se componía de seis títulos de difícil ubicación: "1984", "Aeronef", "Eclipse", "Exvasion", "Lucid Interspace" y "Destination Void". En la cara B se alzan los recordados 29 minutos de la cristalina "Crystal Lake", otra suite compuesta por seis cortes: "Xylotones", "Chromwave", "Willowdreams", "Liquid Mirrors", "Springdance" y "A Bientot". Es un Schulze en color, la sonoridad es excepcional, sus pequeños cambios de ritmo acertados. La cadencia de teclado, sencilla y repetitiva, sustituye a las robóticas secuencias de otros tiempos. Esta suite se completa con un nuevo ambiente planeador, mas tranquilo que el del primer acto, con un clímax final grandioso, muy cósmico, como una llamada a otras galaxias o planos de existencia. Posteriores reediciones incorporaban una tercera pieza, 20 soñadores minutos de título "In Cosa Crede chi non Crede?". "Mirage" huye de la estridencia de otras obras anteriores, tanto en la ambientalidad de su primera cara como por lo melodioso de la segunda, y se posiciona como uno de los trabajos favoritos del alemán entre sus seguidores menos experimentales y oscuros. Tal vez demasiado largos, en las duraciones de estos temas está sin embargo la esencia del viaje, de este minimalismo electrónico cósmico de variaciones lentas que puede llegar a hipnotizar. "El desarrollo simultáneo del sintetizador llegó en el momento justo para nosotros. La forma en que todo se unió fue perfecta: nueva tecnología, una nueva forma de pensar en la música, y un clima cultural que aceptaba la creación de música no comercial", dijo el malogrado Klaus Schulze, que a pesar de su no comercialidad, ha contado siempre con una legión de fans, como otros padres del movimiento y la música electrónica en general, que nunca deja de atraer en cualquiera de sus vertientes. 

El mundo del misterio y la música electrónica estuvieron muy ligados en algunos momentos de mayor popularidad del género en los años 70 y 80. Los ambientes oscuros de bandas como Tangerine Dream, el esoterismo de Ashra o Popol Vuh, las melodías cósmicas tan sugerentes de Vangelis o Jean Michel Jarre, o el terror más puro conectado a los inicios de Mike Oldfield, se unían a las oníricas o incluso tenebrosas portadas de Klaus Schulze. Su irreal música era asimismo una obra de lo ignoto que profundizaba en el surrealismo daliniano como también lo hicieron los trabajos de Edgar Froese, Michel Huygen (Neuronium), Steve Roach y muchos otros sintesistas de la época. La cubierta de "Mirage", en concordancia con la música contenida, era sin embargo más afable y presentaba la efigie del músico (que ya habíamos visto en "Moonwind") en un suave claroscuro. En las notas interiores del álbum, Klaus aclara sobre la esencia onírica del mismo: "La música es un sueño, pero la interpretación exacta debe ser realizada por el oyente". Cada persona debe encontrarla, por lo tanto, disfrutando por el camino de una nueva escucha. No será la última.

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24.11.22

ENIGMA:
"The Screen Behind the Mirror"

La inercia de ventas y popularidad de Michael Cretu bajo el nombre de Enigma tras su tercer álbum, el fabuloso "Le Roi est Mort, Vive le Roi!", continuaba siendo muy exitosa. Aparte de su impulso rítmico y de lo acertado de sus canciones, la crítica (al menos la que poseía criterio y no se dejaba llevar simplemente por los estantes en los que se vendía el producto, que podían abarcar denominaciones como new age, pop, tecno o electrónica) también alababa su incursión en músicas mundiales de diferentes latitudes, a las que este músico nacido en Rumanía sabía imprimir su toque de calidad tecnológica sin entrar ni salir en estilos concretos: "Desde el principio, Enigma ha sido un tipo de música que no está conectada con ninguna tendencia", decía. En 1999, cerca de una década después de su irrupción en el panorama musical internacional con "MCMXC, a.D.", que popularizó los cantos gregorianos modernizados, llegó a las tiendas el cuarto paso de su atrayente aventura, grabado en Ibiza en los A.R.T. Studios, publicado en 1999 de nuevo por una grande, Virgin Records, y con el interesante título de "The Screen Behind the Mirror". 

A la vez que tecnológica, la música de Cretu se volvía más alquímica en cada disco, este artista combinaba elementos dispersos construyendo a partir de la nada y del todo un producto musical que, al que entraba en su juego, le transportaba a lugares únicos, apoderándose del espacio y del tiempo para crear una fantasía musical propia, donde se confunden lo utópico y lo distópico, lo de antes, lo ahora y lo de siempre. "El título del álbum, 'The Screen behind the Mirror', casi podría ser el título de un libro de Jean-Paul Sartre. Lo que quiero decir es que si alguien se mira en un espejo, se ve a sí mismo de la forma en que quiere verse a sí mismo". El Michael Cretu que se ve en el espejo de este álbum es un músico humilde pero conocedor de su clase, de que su música es algo que atrae a mucha gente e incluso les puede conmover y condicionar: "Las canciones y los arreglos del disco tienen varias capas. El álbum ofrece capas emocionales en función de vuestros estados de ánimo y sentimientos, que podéis reconocer y que gustarán a todos. Eso fue lo primero que noté cuando lo terminé". El comienzo, "The Gate", es excitante. A la fanfarria característica de Enigma hay que unir la voz recitante, tan bien utilizada que es capaz de enaltecer al oyente, y el enlace definitivo con una pieza maestra de la música coral como es "Carmina Burana" -concretamente "O Fortuna"- del alemán Carl Orff, en la versión de Schott Musik International, con su correspondiente permiso para evitar polémicas pasadas. Este breve acercamiento será desarrollado enseguida, pero antes llega la energía sin control del segundo sencillo del disco, "Push the Limits", nueva unión de elementos dispersos (cantos de apariencia folclórica, una sensual voz femenina susurrante, un ritmo bien construido que acerca lo tribal a la cultura de club) que se aunan con estilo en una fenomenal labor de producción. Como todos los videoclips de Enigma, el de "Push the Limits" es oscuro, sensual y ciertamente extraño. "Carmina Burana" regresa para adornar "Gravity of Love", el sencillo principal del disco, nuevo éxito de Cretu con la voz de Ruth-Ann Boyle, de la que destaca el compositor rumano su frescura e ingenuidad juvenil. "Probablemente esta parte sea uno de los momentos más fuertes jamás escritos en la música clásica", afirma Michael sobre la pieza de Orff, que añade "atrae instintos básicos". Efectivamente, el músico habla de la gravedad como magnetismo, atracción, esa implicación sensual, incluso sexual, que desbordaba en obras de Enigma como "MCMXC a.D.", y que aparece claramente en la letra y en el videoclip de esta canción. Si "Gravity of Love" tiene la gravedad en su título, "Smell of Desire" parece ingravida. Grandísimo tema, cuyas guitarras poseen un estilo muy cercano a uno de los amigos de Michael Cretu, con el que coincidió pocos años atrás en su lugar de residencia (la isla balear de Ibiza), Mike Oldfield. Muchos han deseado una colaboración de Oldfield en los discos de Enigma, pero no se dio aquí, las guitarras estaban interpretadas, como de costumbre, por Jens Gad, que tiene mucho que ver en algunas de las músicas del álbum y lo co-produce junto a Cretu. "Modern Crusaders" es otra buena canción, con la voz de Cretu y un toque especial por la que bien podría estar incluida en un musical. Suena otra vez Orff, y al final, la "Tocata y fuga en re menor, BWV 565" de Bach. Aunque lo más profundo y descarnado del trabajo se encuentre en este primer tramo, no por ello lo que sigue deja de ser por momentos fascinante, comenzando por "Traces (Light and Weight)", sencilla pero bien construida, elegante en su producción, como la canción que da título al álbum, "The Screen Behind the Mirror". "Endless Quest" es el retorno de las flautas shakuhachi sampleadas que marcaron el comienzo del sonido Enigma, en un instrumental sugerente y con poderosos guitarreos. En "Camera Obscura" vuelve a aparecer "O Fortuna" en un total más deshilvanado, pero realmente es sólo un tema puente hacia la sensual "Between Mind & Heart", que porta un componente angelical y otro muy mundano, incluso étnico. "La gente habla demasiado para lo que tiene que decir", opina Michael al final del disco en "Silence Must be Heard", un clímax final que vuelve a demostrar el buen sonido presente en la obra. Se disfruta de cada detalle de la pieza, los ritmos, los graves, las voces... Cretu demuestra de nuevo que es un maestro del estudio, aunque se había pensado en hacer un gran concierto tras sus tres primeros discos, lo cual se desestimó en favor de trabajar en este nuevo y acertado proyecto. Sandra, Andru Donalds, Elisabeth Houghton y el propio Michael Cretu ponen otras voces, que son tratadas como una ambiental y sugerente instrumentación más. "The Screen Behind the Mirror" estuvo 7 semanas en las listas españolas, alcanzando el puesto número 14 en las mismas.

Michael Cretu afirmaba que a estas alturas el éxito comercial ya no era prioritario para él, que se alegraba de seguir respondiendo musicalmente en un mundo tan competitivo, con un producto fresco y moderno a sus más de 40 años. No sólo la música, el diseño de "The Screen Behind the Mirror" continúa siendo enormemente atractivo, mezclando épocas y conceptos como sucedía en sus obras anteriores, especialmente destacable en "Le Roi Est Mort, Vive le Roi!". El alemán Johann Zambryski, que estuvo nominado al premio Grammy en la categoría de mejor diseño de embalaje por el disco antes mencionado, es el creador de esa imaginería tan fabulosa. Un vinilo naranja publicado en 2018 cambiaba el diseño original por otro de Dirk Rudolph, y aportaría en números romanos la posición de este trabajo en la discografía de Enigma, es decir: 'Enigma IV'. La música era la misma, ese impoluto producto de estudio que desborda magia y lujuria, o como decía la compilación publicada en 2001 con todos sus grandes temas, amor, sensualidad y devoción ("Love Sensuality Devotion").

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11.11.22

PETER DAVISON:
"Winds of Space"

"Creemos que hay un lugar que vive dentro de todos nosotros. Es un lugar de visión y claridad donde el ritmo de la vida se mueve en armonía con una conciencia superior. El propósito de nuestra música es llevarte allí". Estas espirituales frases eran la máxima de la compañía discográfica Higher Octave Music tras su fundación por parte de Matt Marshall en 1986 en California. Las primeras referencias de su catálogo se basaban en trabajos de músicos como Peter Davison o William Aura, algunos de los cuales habían sido publicados con anterioridad en compañías menores de la floreciente new age. La asociación de Higher Octave con EMI y Narada para una distribución mundial le permitió crecer en aspiraciones y fichar a artistas importantes en el mundo la música instrumental, y tras su comienzo en esa suave y sugerente new age, se expandió en influencias y géneros hacia las músicas del mundo, el smooth jazz, algo de electrónica, y el conocido como nuevo flamenco, con el que el sello logró su mayor éxito gracias al guitarrista alemán Ottmar Liebert. Cusco o Craig Chaquico fueron otros de sus artistas importantes. Pero volviendo al comienzo de todo, no hay que olvidar algunos de esos relajantes discos originales, como el primero de ellos, "Winds of Space" del estadounidense Peter Davison. 

Meditación, yoga o tai-chi son algunas de las disciplinas hacia las que iba dirigida la música de Peter Davison. En la línea de otros artistas espirituales más conocidos como Deuter o Terry Oldfield, Davison elabora en la mayoría de sus trabajos una música new age serena y relajante, pero no exclusivamente ambiental, pues determinadas melodías flotan entre sus brumas, donde lo acústico cobra vida (flauta, saxo, piano o guitarra son los instrumentos que suele interpretar, con añadidos eventuales de arpa, chelo, violín y diversas percusiones) y se deja conducir por una sutil electrónica que está presente por medio de los sintetizadores y la percusión electrónica. Higher Octave Music le publicó "Winds of Space" en 1986, inaugurando con él su extenso catálogo. Tras varios años de estancia en Avocado Records, su primer trabajo con una grande (si bien no tenía en esos momentos esa elevada categoría) supuso un pequeño aumento de esa capacidad electrónica del artista, que unida a lo acústico de las flautas o el saxo, no difiere mucho de la que se estaba comercializando en Europa, con algo de Tangerine Dream, por ejemplo, así como de otros artistas de cierta comercialidad, pero especialmente presenta síntomas de sintesistas japoneses como Kitaro o Yoshiaki Hoshi (Himekami). Sin embargo, no está exenta de personalidad propia en su capacidad de síntesis y en su cierto intento melódico. "Turn to Dust" es un amanecer ambiental que nos conduce, guiados por unas pocas notas repetitivas de teclado, a un relajante pasaje espacial muy acertado al que se une la calidez del saxo en un clímax lisérgico. Atmósfera más calmada la de "The Sage", con ecos burbujeantes. Sencillamente para escuchar y relajarse, como con "Shadow" (un pasaje romántico con algo de espacial) o otro sencillo momento tranquilo titulado "Soft Light". Bellas florituras acompañan "Leaves Shimmering", una pieza candorosa que es todo un plácido baile con la naturaleza. Davison retorna entonces al fulgor espacial al comienzo de la cara B del plástico, en una melodía más aventurera que las anteriores y cercana a la que abría el disco, la importante "Bold Flow", que retorna parecida pero ralentizada en "Night Vision". Etérea con efectos sonoros, muy new age, es la pieza que titula el álbum, "Winds of Space". De hecho, este disco entra perfectamente en la definición de aquella primaria new age, por la que circulan también, aunque con mayor cosmicidad, "Circles within Circles" y el corto tema final, "Winds of Space II". Antes de eso, "Lullaby for Tera Rose" es una nana envuelta en sonidos aflautados, soñadores, mientras que en "Lunar Halo" retorna el inconfundible sonido, presente en la mayor parte del álbum, que nos recuerda al Kitaro más espacial. En general, doce composiciones para disfrutar del amable sonido de la nueva era que triunfaba en los años ochenta.

Sorprende en "Winds of Space" el sencillísimo arte gráfico del álbum, un diseño en blancos y azules que contribuía a la relajación, y una portada casi infantil diseñada por Dan Levin, que desde entonces fue adoptada por la compañía que inauguraba, como emblema durante su larga trayectoria en el campo de la música instrumental. Levin fue director creativo de Higher Octave Music en sus primeros años de existencia. La publicidad acogió el nuevo sello y concretamente este su primer trabajo con buenas palabras, que se mencionan en el libreto del mismo: "Melódicamente encantador, relajante, espacial y agradablemente colorido (...) Piezas emocionalmente e intelectualmente variadas", fueron algunas frases destacadas. La propia compañía comentaba lo interesante del compromiso y la inspiración de este músico con la naturaleza y nuestro planeta, así como su labor como compositor de películas y teatro. Lamentablemente, su nombre y sus siguientes obras no acabaron de encontrar su hueco entre los más reconocidos del género, pero siempre se recordará "Winds of Space" como un buen trabajo y la primera referencia de Higher Octave Music.








26.10.22

ANA ALCAIDE:
"La cantiga del fuego"

Tercer trabajo de esta compositora e intérprete madrileña que encontró su inspiración en las calles de Toledo y su instrumento esencial en la lejana Suecia. Ana Alcaide afirma que se ha formado a sí misma, que en su familia no había antecedentes musicales. A partir de los 7 años estudió solfeo y violín, aunque a los 15 decidió dejarlo, para retomarlo años después en el Conservatorio de Madrid. Una plaza en la Universidad de Malmö la volvió a acercar a Suecia, donde ya había acudido anteriormente por una beca de biología, concretamente a Uppland, donde descubrió el rico folclore sueco, la pasión de sus gentes por la música, y la nyckelharpa o viola de teclas, instrumento tradicional sueco de cuerda frotada, con un cierto parecido a la zanfona. Ana comenzó a estudiar de manera autodidacta la nyckelharpa que se trajo a Toledo, y poco a poco la adaptó al lenguaje musical hispano. Tanto se enganchó a este instrumento que de hecho tituló así a su primer trabajo, "Viola de teclas", disco instrumental producido por Carlos Beceiro (La Musgaña) en 2006, compuesto por piezas tradicionales y alguna propia, que exploraban en el variado repertorio hispano con sonoridades de antaño, pero exclusivamente ibéricas. Tras la sorpresa, en 2007 llegó la confirmación con "Como la Luna y el Sol", de nuevo con la producción de Carlos Beceiro. La voz se hace presente y confirma el nacimiento de esta trovadora del siglo XXI, que se inspira totalmente en la tradición sefardí y la actualiza en la lengua judeo-española. 

El siguiente paso de Ana Alcaide se tituló "La cantiga del fuego", y fue publicado en 2012 por The Voice of Nature y reeditado internacionalmente por ARC Music. A partir de aquí, Ana toma definitivamente las riendas de sus creaciones, e incluso produce ella misma sus propios trabajos. La tradición sigue siendo importante pero desciende la importancia en sus discos, de forma que aquí son solamente cuatro los temas tradicionales arreglados por ella para el disco. Podríamos comparar esta obra con una novela histórica, el trabajo de investigación es de efluvios muy reales, y le proporciona un encanto especial. El comienzo es sencillamente maravilloso, "El pozo amargo" es una gran canción de trovador, efectiva y emocionante, combinación de la letra de Beatriz Moreno-Cervera (basada en una leyenda toledana) y la música de Ana, en un tema donde además de la nyckelharpa también se pueden escuchar guitarra, psalterio, santur, lira griega y percusiones variadas. Los músicos que acompañan a Ana en este trabajo son de gran calidad y experiencia: Bill Cooley (psalterio, santur o laúd, entre otros), Josete Ordóñez (guitarras), Rafa del Teso (bouzouki, mandola, guitarra), Jaime Muñoz -La Musgaña de nuevo- (clarinete, ney, kaval, gaitas, furulya, acordeón), Renzo Ruggiero (bajo, zanfoña), Diego López (percusiones), Sergey Saprychev (percusiones), Ido Segal (hansa veena -una especie de sitar ideado por Ravi Shankar-), Dimitri Psonis (lira griega) y Reza Shayesteh (voces). Ana incorpora la nyckelharpa, moraharpa, violín, arpa celta, atmósferas varias y su propia voz, esa voz tan importante en la música sefardí como transmisora de su tradición, de tal modo que en su música conjuga lo instrumental con lo vocal ("tenía muchas ganas de cantar", afirmó en la promoción de su anterior disco, "Como la Luna y el Sol"). "Baila donde el mar" es otra gran canción, algo más melódica, creación exclusiva de Ana Alcaide, con un cuidado tratamiento musical acompañando a los versos. Si la producción se hubiera centrado en un campo más popular, podría haberse tratado de un sencillo de gran interés radiofónico. De este modo, siendo mejor que la mayoría, sólo suena en Radio 3 y emisoras independientes. "La cantiga del fuego - El viaje" es una muy animada pieza instrumental tradicional, nuevo acierto en el sorprendente comienzo de la obra. "Luna serfardita", soñadora y romántica, presenta de nuevo la letra de Beatriz Moreno-Cervera y la música de Ana, con un toque Enya en la parte tarareada. Bello tema sin palabras con efluvios árabes es "Khun caravan", que parece conducir a antiguos palacios, o sencillamente a floreados pueblos entre pequeñas montañas. "La reina Ester" y "En el jardín de la reina" son las siguientes piezas tradicionales sefardís arregladas por Ana Alcaide, y cantadas por ella en español y judeoespañol. "El agua del río", por contra, es creación de la madrileña, y en ella de nuevo hay asomos de Enya y, merced al arpa celta que destacaba también en la canción anterior, de Loreena McKennitt. "La cantiga del fuego - La canción" es otro gran corte tradicional que combina letra con música de manera notoria, y que vuelve a subir el interés de un disco que realmente no tiene altibajos. "Ay que casas!" es una canción de boda, una animada pieza tradicional que suena a la España rural, la que nos acercan grupos como La Musgaña o Acetre. Para finalizar este gran álbum, dos piezas conectadas, "Mikdash intro" y "Mikdash", que son un hermoso canto árabe con la colaboración de Reza Shayesteh, que tendrá protagonismo en el futuro de Ana Alcaide. Tal vez esta ruptura del ritmo general hubiera sido más acertada a mitad del disco, pero como final es rotundo, generoso y sencillamente espectacular. "La cantiga del fuego", cuenta ella misma, nos habla de amores imposibles entre judíos y cristianos, antiguas leyendas toledanas y del viaje de destierro de los sefardíes, y lo hace, añadimos, con una maestría y una poesía musical y narrada, fuera de lo común, encontrando conexiones admirables.

"Un gran viaje es un reflejo de lo que somos. Nos obliga a despojarnos de capas, a tomar conciencia de quiénes somos y a descubrir nuestro verdadero yo. Nos permite escuchar la poderosa voz antigua que continúa resonando dentro de nosotros. 'La cantiga del fuego' es la voz que siempre ha estado ahí y que nos guía en nuestro viaje de autodescubrimiento". Son las notas interiores de un trabajo que, aclara también la autora, compuso durante el embarazo de su primer hijo, Bruno, una experiencia transformadora cuya fuerza se plasmó en tan fabulosa obra. Loreena McKennitt se fijó en ese estilo antiguo tan afín a sus propios intereses, y pocos años después de "La cantiga del fuego", en 2018, Ana Alcaide colaboraba con la canadiense en su trabajo "Lost Souls" interpretando la nyckelharpa, así como en la gira que siguió al disco, incluyendo su concierto grabado en el Royal Albert Hall de Londres y publicado oficialmente en CD. No sería justo denominar a Ana Alcaide como la Loreena McKennitt española, pero las cercanías en sus estilos e intereses permiten al menos efectuar una breve comparación con tan fabulosa dama. Ajena a todo eso, Ana continúa con su carrera y con esa nyckelharpa de la que afirmaba: "La nyckelharpa, aparte de su repertorio tradicional sueco, encaja muy bien dentro de otros estilos estilos musicales (...) y es increíble lo bien que se lleva con las melodías sefardíes". "La cantiga del fuego" es un maravilloso ejemplo.

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7.10.22

DEUTER:
"Call of the Unknown"

Las dos primeras décadas de la obra musical del artista alemán Georg Deuter, fueron de una clase extraordinaria, entrando siempre en el terreno, en muchas ocasiones denostado o al menos poco tenido en cuenta, de la espiritualidad y la ecología. El término new age no siempre fue un muestrario de calidad, y los muchos músicos simplones o compañías fútiles que quisieron aprovechar la bonanza de los grandes años del género, hicieron mucho daño al término. El público exigente o bien informado supo encontrar, sin embargo, la excelencia en unos sonidos naturales, sencillos y bien construidos, provenientes de una serie de artistas que sentaron las bases de una música instrumental destinada tanto a disfrutar de bellas melodías como a relajar el cuerpo y la mente. Entre estos pioneros de la auténtica new age se encontraba Deuter, que encontró acomodo en la compañía alemana Kuckuck, y en su fundador, Eckart Rahn, un aliado para difundir a los cuatro vientos su mensaje de paz y amor.

Rahn cuenta en varias entrevistas que en noviembre de 1974, Deutsche Grammophon rescindió el contrato de distribución con Kuckuck sin previo aviso, lo que le dejó absolutamente perdido. Deuter acudió a él en el verano de 1976 con su disco "Celebration" y le sugirió que hiciera él mismo la distribución. Con la modesta cifra de 500 copias en LP con portadas de poco coste, el plástico cobró noriedad tras la recomendación de un programa navideño de televisión, momento en que los distribuidores regresaron y aceptaron las propuestas de la compañía, esa música que iba a cobrar gran notoriedad con la denominación new age. Así, tras fichajes como los de Kitaro o Paul Horn, Kuckuck se convirtió en un sello millonario. Continuando con la trayectoria de Deuter, el calmado "Haleakala" fue su siguiente paso, mejorado en "Ecstasy", que retoma la línea musical pacífica de "Celebration", muy floreada y relajante, aunque la sonoridad de los teclados favorece la aparición de algunos ambientes trascendentales primarios que muy pronto deslumbrarán en su música, convenientemente desarrollados. Ya en la década de los 80 llegó un paso adelante, pues "Silence Is the Answer" es caso aparte, una gran obra tanto si se busca melodía, ambiente, relajación o profundidad. Muy animado y placentero, "Cicada" es otro buen trabajo del alemán, que a estas alturas era ya un artista muy reconocido en el panorama de esa new age en alza, y que continuó su trayectoria con "Nirvana Road", melódico y espiritual a partes iguales, con un buen número de animadas tonadas orientalizadas que aseguran una estupenda conexión con el espíritu. Basado en los trabajos antes mencionados y en el anterior y muy meditativo "Aum" (1972), Kuckuck publicó en 1986 una gran compilación de este gran músico con el título de "Call of the Unknown (Selected Pieces 1972-1986)", 17 temas en un doble LP que acabó contando con dos ediciones diferentes en su edición en CD, una sencilla recortada a 13 temas y la más completa con los 17 en dos compact discs. Todos los cortes pertenecen a los discos antes mencionados excepto los dos primeros, nuevas composiciones grabadas ese mismo año 1986 en Santa Fe (Nuevo Mexico). "Starchild" es la primera de ellas, pieza de comienzo relajante a la que se acaba añadiendo movimiento con intensas notas de teclado sobre la melodía aflautada; "Peru le Peru" es la segunda, más melódica, adentrándose su autor en el tipo de sonidos característicos del folclore andino. Buen título el del álbum, esa llamada a lo desconocido que se personifica en esa misma composición, "Call of the Unknown", que parece como un viaje fuera del propio cuerpo. Siempre se echan de menos determinados títulos, pero la compilación expone las facetas musicales de Georg Deuter de manera clara y variada, desde la serenidad melódica de "Sky Beyond Clouds" o "Pacifica" hasta la profundidad de "Alchemy", "Solitary Bird" o "Back to a Planet". Dentro de una variedad siempre cercana a lo meditativo, no faltan pasajes más interiores, relajantes ("Cathedral", "Silence is the Answer", "Haleakala Mystery"), ambientes con sonidos naturales ("Aum") o por el contrario momentos terrenales, danzarines ("From Here to Here", "The High Road"), pero ante todo hay que saber disfrutar de todas esas vertientes, que en el fondo revelan las mismas intenciones pacíficas y espirituales. 

Georg Deuter continuó su relación contractual con Kuckuck hasta 1992, con álbumes tan atractivos como "Land of Enchantment" (plagado de melodías muy disfrutables, relajantes por lo general, que acabó incluyendo además el tema "Peru le Peru", aquí todavía inédito) y especialmente "Henon", un trabajo muy completo y elaborado. New Earth Records ha sido desde entonces el destino de este veterano multiinstrumentista (guitarras, bouzouki, banjo, sitar, flautas, piano, violonchelo, viola de gamba o una gran gama de percusiones étnicas son algunos de los instrumentos que interpreta en sus discos), pionero reconocido de la música new age, que continúa explorando en una agradable diversidad de sonidos relajantes que nos ayudan a disfrutar de la calma de la naturaleza desde cualquier lugar donde le escuchemos. Recopilaciones como "Call of the Unknown" son perfectas para entrar en su mundo y dejarse llevar.

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18.9.22

AFRO CELT SOUND SYSTEM:
"Volume 2: Release"

'The Imagined Village' es un libro de Georgina Boyes de principios de los años 90, que investiga exhaustivamente en el folclore inglés, concretamente -según reza su subtítulo- en su cultura, ideología y el revival que experimentó en la segunda mitad del siglo XX. El músico y productor inglés Simon Emmerson nombró así en 2004 a un interesante proyecto musical que intentaba revitalizar el rico folclore del Reino Unido, pero Emmerson no era nuevo en la materia, él había producido discos de artistas africanos como Manu Dibango o Baaba Maal (por cuyo trabajo "Firin' in Fouta" estuvo nominado al grammy), y avanzando en las posibilidades de la fusión de sus dos músicas de referencia, la de sus raíces y la que encontró en su trayectoria artística, se había convertido en parte fundamental de otro tipo de música folclórica, más atractiva, avanzada y universal, cuando fundó en 1995 una banda multicultural en la que convivían sonidos de Irlanda y del África occidental bajo un nombre tal vez de entrada algo pretencioso, que pronto se iba a hacer muy popular en medio mundo por lo acertado y excitante de su sonido: Afro Celt Sound System.

Esta agrupación multicultural de músicos publicó "Volume 1: Sound Magic" en 1996, disco que sorprendió al panorama musical por su eficaz fusión de estilos que aunaba sonidos étnicos con pop y ritmos avanzados. El 1 del título auguraba nuevos pasos, de hecho ellos consideraban a su primer disco como un experimento, que inició un largo camino. El segundo fue, dijeron, "el nacimiento de la banda". Destacable fue la ambición que originó en el grupo la superación para esa increíble segunda entrega, "Volume 2: Release", publicada por Real World records en 1999. Este volumen 2 del proyecto era más global y avanzado -un paso mas allá de lo celta, aunque todavía sin ser muy afro, igual que en el primer volumen-, rebosante de calidad y con ciertos cortes de fácil radiación que les hicieron destacar del panorama celta más común. En el corte inicial, por ejemplo, cuentan con la voz de una Sinead O'Connor de gran actualidad durante toda la década: "Release" es una obertura espectacular, una de esas canciones bien construidas, bien interpretadas, de fusion sibarita que llama al movimiento sin olvidarse de un desarrollo cálido y ameno. En otro de los grandes cortes del trabajo, "Éireann", la voz africana convive con la celta en un collage con gaitas y flautas que configuran una hermosa base musical para un resultado sorprendente, ciertamente fabuloso, uno de esos temas que reúnen todo lo necesario para sonar sin cesar bajo cualquier pretexto. Antes de este "Éireann", "Lovers of Light" es un movido reel electrificado, un recurso bien elaborado y adaptado a los nuevos tiempos, sin acabar de perder su esencia. Nunca faltarán las bandas que elaboren esta música en su forma mas tradicional, así que hay que agradecer este otro tipo de intentos que quedan ahí, sin dañar a nada ni nadie, para un público más avanzado o simplemente inquieto (es preciso recordar que un año antes, el asturiano Hevia había publicado su famoso "Tierra de nadie"). También instrumental aunque más calmado es "Urban Aire", y en la excitante "Big Cat" -otro de los cortes destacados del álbum- hay muestras de una dinámica percusión africana junto al bodhran y juguetones whistles. "Even in my dreams" e "Hypnotica" se imbuyen de cálidos ritmos triphoperos, esta última con un espléndido tratamiento instrumental con sones de arpa y flauta en un entorno cibernético, logrando un conjunto verdaderamente hermoso. Como sucedía en "Éireann", no faltan maravillosos pasajes de instrumentación celta en la semivocal "I Think Of...", tras la percusiva "Riding the Waves", un trance disfrtable especialmente en directo. Para terminar, la versión sin versos del corte inicial, el glorioso "Release", no tan impactante como su momento vocal pero de buena resolución. El álbum alcanzó el número 38 en las listas de ventas del Reino Unido y el 6 en el Billboard estadounidense. Simon Emmerson (guitarra, programación, teclados), James McNally (teclados, flautas irlandesas, bodhran, acordeón), Iarla Ó Lionáird (voz, letras y traducciones), Martin Russell (teclado, programación), N'Faly Kouyate (voz, kora, balafón, letras en francés y africano), Myrdhin (arpa celta) y Moussa Sissokho (tambor parlante, djembe) eran la base del grupo, con los cuatro primeros como compositores principales del grueso de las canciones. Además, las estupendas contribuciones de Ron Aslan (programaciones), Ronan Browne (gaita irlandesa), Michael McGoldrick (gaita irlandesa), Sinéad O'Connor (voz), Ashley Maher (voz), Johnny Kalsi (dholak, tablas), Nigel Eaton (zanfona) y Youth (bajo). El diseño gráfico del trabajo vuelve a ser tan colorido y atrevido como la propia música.

Partiendo de la excepcional base desplegada en el volumen 1, y marcados por la muerte del teclista Jo Bruce, la banda enfocó su duelo hacia un enorme y profundo homenaje que no porta tristeza sino unas enormes ganas de vivir, logramdo la superación total en un "Volume 2: Release" que propone un hechizante enfoque urbano a la tradicional música celta, ahondando en la estética trip hop con altas dosis de etno tecno, es decir, trip hop celtoide con una electrónica suave, agradable, nada machacona. En su nombre se conjugan lo afro y lo celta, y en su música también se suele acoplar lo oriental, una combinación tan peligrosa en general como rica y efectiva en esta ocasión, plena de canciones tremendamente glamourosas. El impacto global del conjunto iba creciendo y acaparando reconocimientos, como la nominación de este "Volume 2: Release" a los premios grammy en la categoría de Best Global Music Album en el año 2000, donde alcanzó el premio Caetano Veloso por "Livro". Aun así, el camino de la banda no había hecho más que comenzar, y su siguiente paso, "Volume 3: Further in Time" sería incluso más popular (especialmente en norteamérica, con un número 1 en el Bllboard), gracias a la colaboración de Peter Gabriel..

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