Aunque en el terreno de las músicas instrumentales haya existido una tendencia natural, no siempre explicable, a ensalzar excesivamente lo proveniente del mundo anglosajón, y conceder mayor crédito a producciones extranjeras que a las nacionales, de justicia es descubrir que en España también tenemos grandísimos intérpretes y compositores en este campo tan marginal en ocasiones pero tan necesario, apasionante y gratificante. En concreto el nombre de Jesús Auñón no es todo lo conocido que se merece, y si bien no se acerca ni por asomo a lo que puedan vender ídolos mediáticos del pop como Bisbal, Estopa o Alejandro Sanz, se trata de un virtuoso que no tiene precio.
Jesús Auñón es un guitarrista granadino que en los años 90 publicó dos excepcionales discos de esos que ahora mismo no váis a encontrar en vuestro establecimiento habitual (ni prácticamente en nigún sitio salvo un golpe de suerte) a pesar de su calidad. Adolfo Rivero produjo y publicó en 1994 el segundo de ellos, "El tiempo todo locura", pero hay que detenerse en profundidad en el primero, de título "13 cuerdas", publicado por 'El cometa de Madrid' (distribuido por Gasa) en 1992, una joya de trece temas en la que se aunaron el talento de Auñón con las excepcionales colaboraciones de importantes artistas del sello con sede en Torrelodones. 'El cometa de Madrid' fue una de las apuestas más atrayentes y necesarias en la España de los 80, cuando el 'omnipresente' Luis Delgado decidió ofrecer una música de calidad y artesanía del sonido en la línea de sellos americanos como Windham Hill o Narada. Auñón fue uno de los elegidos para formar parte de esa corta aventura, y cumplió con solvencia al volcar toda su destreza en este plástico de sincero título. Y es que no estamos ante un disco cualquiera de guitarra, "13 cuerdas" es una sorprendente demostración de las posibilidades de la técnica conocida como 'tapping', consistente en golpear las cuerdas de una guitarra (o bajo) con las yemas de los dedos directamente contra el mástil con ambas manos, con lo que es posible interpretar melodía y acompañamiento simultánea e independientemente, como en los instrumentos de teclado. Además, de este modo se acrecentan las posibilidades rítmicas del instrumento. Michael Hedges a la acústica o Stanley Jordan a la eléctrica son algunos de sus mayores exponentes con la guitarra (también Satriani o Van Halen), y Michael Manring con el bajo. Así, en este disco podemos encontrar sonidos que, si bien se nos explica que han sido extraídos de una sola guitarra en una sola sesión (sin acompañamiento adicional ni pistas suplementarias, comenta Auñón), parece difícil de creer, pero así sucede en "Dulcimer" (un verdadero escándalo de melodiosa y dulzona seguridad técnica, el tema más conocido del álbum por su clase, por su difusión en el programa radiofónico 'Diálogos 3' y por su inclusión en varios recopilatorios de Nuevas Músicas), "Trabalenguas", "Natural blues" (monumental composición del guitarrista catalán Max Suñé, que unida a la lujosa interpretación derivan en otra pequeña maravilla), "Intervalos", "En dos palabras" y "Reflejos", canciones que aparte de paladear en el disco han de ser admiradas en directo para cobrar el sentido que sin duda se merecen. No está solo Auñón en esta su primera aventura discográfica, impresiona también la ayuda que Luis Paniagua brinda con el sitar en "Llueve en la cuesta Alhacaba" (conexión de las callejuelas del Albaicín con el lejano oriente, también conocida como "Murciélagos" en las notas interiores), Cuco Pérez al acordeón en "The three seas captain" (arreglo de un tema tradicional irlandés, de profunda esencia folclórica), Javier Bergia con la tabla en "Paraísos perdidos", y Luis Delgado con su muestrario de instrumentos, desde el teclado en "Zig-Zag" (de agradable ritmo bluesero) hasta la organa y melódica en "Al escondite" (bonito corte, de evocadora esencia infantil), pasando por guitarra, trompa marina, cántaras de San Antonio, k'rkebs, tambor tarahumara, pandeiro galego y percusiones metálicas, eso sí, concediendo todo el protagonismo a las guitarras de Jesús.
Jesús Auñón desarrolló su técnica de tapping de modo personal tras ver actuar a Stanley Jordan por televisión, y actualmente imparte seminarios sobre el tema. Desde el comienzo del disco (ese "Dulcimer" tan agradable), hasta completar sus trece composiciones, asistimos a un curso de guitarra (eléctrica de seis cuerdas, salvo de doce cuerdas en "Zig-Zag" y acústica en "Trabalenguas"), registrada directamente -cuenta Jesús en el libreto- en un sistema digital, y "para los temas que requerían más instrumentación, se ha pasado esta información a un magnetofón analógico multipista, añadiendo las grabaciones necesarias y procediendo a mezclar de nuevo en el digital". En "13 cuerdas" (que no en vano se subtitula "Música desde el mástil de la guitarra") desarrolló sus ideas para completar un disco muy personal, grabado en el estudio privado de Luis Delgado, que además produjo eficazmente el álbum, un trabajo que demuestra que para escuchar a guitarristas originales y de calidad no es necesario bucear en catálogos de sellos extranjeros.








