6.9.06

JESÚS AUÑÓN:
"13 Cuerdas"

Aunque en el terreno de las músicas instrumentales haya existido una tendencia natural, no siempre explicable, a ensalzar excesivamente lo proveniente del mundo anglosajón, y conceder mayor crédito a producciones extranjeras que a las nacionales, de justicia es descubrir que en España también tenemos grandísimos intérpretes y compositores en este campo tan marginal en ocasiones pero tan necesario, apasionante y gratificante. En concreto el nombre de Jesús Auñón no es todo lo conocido que se merece, y si bien no se acerca ni por asomo a lo que puedan vender ídolos mediáticos del pop como Bisbal, Estopa o Alejandro Sanz, se trata de un virtuoso que no tiene precio.
 
Jesús Auñón es un guitarrista granadino que en los años 90 publicó dos excepcionales discos de esos que ahora mismo no váis a encontrar en vuestro establecimiento habitual (ni prácticamente en nigún sitio salvo un golpe de suerte) a pesar de su calidad. Adolfo Rivero produjo y publicó en 1994 el segundo de ellos, "El tiempo todo locura", pero hay que detenerse en profundidad en el primero, de título "13 cuerdas", publicado por 'El cometa de Madrid' (distribuido por Gasa) en 1992, una joya de trece temas en la que se aunaron el talento de Auñón con las excepcionales colaboraciones de importantes artistas del sello con sede en Torrelodones. 'El cometa de Madrid' fue una de las apuestas más atrayentes y necesarias en la España de los 80, cuando el 'omnipresente' Luis Delgado decidió ofrecer una música de calidad y artesanía del sonido en la línea de sellos americanos como Windham Hill o Narada. Auñón fue uno de los elegidos para formar parte de esa corta aventura, y cumplió con solvencia al volcar toda su destreza en este plástico de sincero título. Y es que no estamos ante un disco cualquiera de guitarra, "13 cuerdas" es una sorprendente demostración de las posibilidades de la técnica conocida como 'tapping', consistente en golpear las cuerdas de una guitarra (o bajo) con las yemas de los dedos directamente contra el mástil con ambas manos, con lo que es posible interpretar melodía y acompañamiento simultánea e independientemente, como en los instrumentos de teclado. Además, de este modo se acrecentan las posibilidades rítmicas del instrumento. Michael Hedges a la acústica o Stanley Jordan a la eléctrica son algunos de sus mayores exponentes con la guitarra (también Satriani o Van Halen), y Michael Manring con el bajo. Así, en este disco podemos encontrar sonidos que, si bien se nos explica que han sido extraídos de una sola guitarra en una sola sesión (sin acompañamiento adicional ni pistas suplementarias, comenta Auñón), parece difícil de creer, pero así sucede en "Dulcimer" (un verdadero escándalo de melodiosa y dulzona seguridad técnica, el tema más conocido del álbum por su clase, por su difusión en el programa radiofónico 'Diálogos 3' y por su inclusión en varios recopilatorios de Nuevas Músicas), "Trabalenguas", "Natural blues" (monumental composición del guitarrista catalán Max Suñé, que unida a la lujosa interpretación derivan en otra pequeña maravilla), "Intervalos", "En dos palabras" y "Reflejos", canciones que aparte de paladear en el disco han de ser admiradas en directo para cobrar el sentido que sin duda se merecen. No está solo Auñón en esta su primera aventura discográfica, impresiona también la ayuda que Luis Paniagua brinda con el sitar en "Llueve en la cuesta Alhacaba" (conexión de las callejuelas del Albaicín con el lejano oriente, también conocida como "Murciélagos" en las notas interiores), Cuco Pérez al acordeón en "The three seas captain" (arreglo de un tema tradicional irlandés, de profunda esencia folclórica), Javier Bergia con la tabla en "Paraísos perdidos", y Luis Delgado con su muestrario de instrumentos, desde el teclado en "Zig-Zag" (de agradable ritmo bluesero) hasta la organa y melódica en "Al escondite" (bonito corte, de evocadora esencia infantil), pasando por guitarra, trompa marina, cántaras de San Antonio, k'rkebs, tambor tarahumara, pandeiro galego y percusiones metálicas, eso sí, concediendo todo el protagonismo a las guitarras de Jesús.
 
Jesús Auñón desarrolló su técnica de tapping de modo personal tras ver actuar a Stanley Jordan por televisión, y actualmente imparte seminarios sobre el tema. Desde el comienzo del disco (ese "Dulcimer" tan agradable), hasta completar sus trece composiciones, asistimos a un curso de guitarra (eléctrica de seis cuerdas, salvo de doce cuerdas en "Zig-Zag" y acústica en "Trabalenguas"), registrada directamente -cuenta Jesús en el libreto- en un sistema digital, y "para los temas que requerían más instrumentación, se ha pasado esta información a un magnetofón analógico multipista, añadiendo las grabaciones necesarias y procediendo a mezclar de nuevo en el digital". En "13 cuerdas" (que no en vano se subtitula "Música desde el mástil de la guitarra") desarrolló sus ideas para completar un disco muy personal, grabado en el estudio privado de Luis Delgado, que además produjo eficazmente el álbum, un trabajo que demuestra que para escuchar a guitarristas originales y de calidad no es necesario bucear en catálogos de sellos extranjeros.





2.9.06

MIKE OLDFIELD:
"Tubular bells"

Es a la vez fácil y difícil hablar de una obra como "Tubular bells". Es fácil porque son muchas las sensaciones que afloran cuando lo escuchas. Es difícil porque hay tanto que contar que podría escribirse un libro entero (de hecho existe, "The making of Mike Oldfield's Tubular bells") sobre sus antecedentes, composición, grabación, comercialización... Y es que posiblemente nos encontremos ante un punto de inflexión en la historia de la música instrumental moderna, un disco sorprendente y revolucionario, que sigue sonando novedoso y rebelde en la actualidad. Su creador supo combinar sus numerosas influencias en la obra, la vertiente clásica (Sibelius, Stravinsky), la contemporánea (Terry Riley), la folclórica (tocaba en clubes de folk desde los 12 años), la tradicional (el álbum se cierra con la tonada "The sailor's hornpipe") y el rock (a los 16 años había entrado a formar parte de 'The whole world', la banda del ex-Soft Machine Kevin Ayers): "no veo por qué no podían coexistir todas esas músicas en la misma pieza", dijo, opinando además que el conjunto daba una nueva dimensión a la música. Esa variedad estilística, unido a un carácter multiinstrumentista -que pudo surgir en los estudios Abbey Road, donde grabó con Ayers, y entrando antes de hora podía improvisar con los instrumentos que allí se encontraban- hacen de "Tubular bells" un trabajo completo, de escucha obligada, un mito que continúa siéndolo a pesar del paso del tiempo y de que su autor, un jovencito que respondía al desconocido nombre de Mike Oldfield y que nunca perdió el diminutivo (salvo en un momento de protesta), se haya empeñado, él solo, en machacarlo con contínuas y por supuesto lucrativas revisiones y continuaciones en las que la originalidad se iba perdiendo mientras se ganaba en calidad de sonido. Esta primera y genuina versión, que habita en millones de hogares en todo el mundo, fue publicada por Virgin Records en 1973, compañía de la que fue su primer lanzamiento, y que convirtió en famoso millonario a su fundador, el excéntrico Richard Branson.

Mike Oldfield no era nadie en el panorama musical a comienzos de los 70. La época con Kevin Ayers y una banda anterior con su hermana Sally llamada Sallyangie (con la que había grabado a los 14 años un trabajo, "Children of the sun", en el que ya daba muestras de un gran desparpajo a la guitarra) sirvieron de práctica, de maduración de ideas, de aprendizaje con diversos instrumentos y de amistades importantes, como la del teclista de 'The whole world', David Bedford, más veterano y con experiencia en la música vanguardista. Lamentablemente, como herencia materna, Oldfield comenzó a sufrir ataques de pánico en la adolescencia, y la música "se convirtió en el único y sólido propósito de mi existencia, el centro de mi vida entera". "Tubular bells" no sólo fue una vía de escape para su mente, sino que fue un trabajo que acabó representando toda su vida. Con ayuda de una vieja grabadora en la que podía superponer capas al tapar con celo el cabezal de borrado, comenzó a plasmar sus tímidas ideas en unas demos que circularon por varias compañías, sin éxito alguno, hasta la aparición del visionario Branson. "Tubular bells" fue un disco rompedor, por su concepto (dos partes de más de veinte minutos sin cortes en un estilo de sinfonía clásica con instrumentos modernos), por sus momentos originales (secciones asombrosas como el maestro de ceremonias al final de la cara A -Viv Stanshall, de The Bonzo Dog Doo-Dah Band, recita en un cierto tono cómico los instrumentos que van a entrar a continuación, con la culminación de las sonoras y populares campanas tubulares-, o la sección del hombre de Piltdown, a mitad de la cara B, donde Oldfield se queda absolutamente afónico cantando como un cavernícola), por el carácter multiinstrumentista de un Mike Oldfield que apenas contaba con diecinueve años (sólo flautas, contrabajo y batería fueron ejecutados por otros músicos, interpretando él mismo todas las guitarras, bajo, piano, órganos, voces y algunas percusiones), por la labor de ingeniería que supuso su grabación (a comienzos de los 70 los estudios eran muy limitados, así que en la mansión-estudio The Manor, Oldfield y sus ingenieros -Tom Newman y Simon Heyworth- se encontraron con numerosas dificultades técnicas ante las que tuvieron que improvisar verdaderas cabriolas), y por ser la primera referencia del sello Virgin Records, por el que iban a desfilar numerosos músicos importantes desde entonces hasta la actualidad. Sin embargo gran parte de la culpa del éxito de este trabajo, una acertadísima maniobra que hizo que llegara al número 1 no sólo en el Reino Unido sino incluso brevemente en los Estados Unidos, fue la inclusión de escasos segundos de su popularísimo comienzo en la película escándalo del momento, "El exorcista", riff de piano que, hay que reconocerlo, se adaptaba a la perfección al desasosiego del film. Esa acertada introducción (que ha sido imitada hasta la saciedad) es sin duda uno de los grandes momentos de la historia de la música, pero el disco continúa por unos increíbles derroteros de transgresión, combinando lucidez y locura, sublimes guitarreos con teclados más intimistas, en una sucesión de melodías que luchan por ocupar su hueco en la inmensidad del sonido aquí recogido. Aparte de los momentos ya comentados, se debería destacar un pasaje en el que Oldfield deja bien claro de lo que es capaz: se trata de la sección posterior a la canción del cavernícola, y anterior a la tonada "The sailor's hornpipe", casi al final del trabajo, uno de los momentos más bellos del disco por la delicadeza en que las guitarras se entrecruzan y dialogan entre sí ("creo que trato de hablar con la guitarra", dijo sobre su estilo) sobre un majestuoso órgano de fondo, poesía sin palabras que concentra en pocos minutos la liberación de una mente sobresaliente, la de un maravilloso y alocado joven llamado Mike Oldfield cuya historia no había hecho sino comenzar, eso sí, como pocos lo han hecho nunca, y es que la leyenda de "Tubular bells" no se erosiona con el tiempo.

Cuando Mike conoció a David Bedford y la vanguardia que componía fuera de la banda de Kevin Ayers, decidió que no quería hacer sólo pop o rock, sino algo distinto, que no se recordara solamente durante unos meses. No sólo lo consiguió -el influyente locutor de radio John Peel lo definió como "un disco que cubría genuinamente un nuevo e inexplorado territorio"-, sino que creó una vorágine a su alrededor que difícilmente pudo soportar, por lo que se negó en redondo (salvo la presentación del álbum en directo en el Queen Elizabeth Hall, y una grabación para la televisión) a salir de gira. De hecho, su miedo al éxito y a la gente le hicieron huir literalmente de la actividad pública, refugiándose en la campiña galesa. Mientras tanto, y como respuesta a un single ilegal aparecido en Estados Unidos con la música utilizada para 'El exorcista', Oldfield hizo un soberbio arreglo de un extracto de la cara B de "Tubular bells" (se tituló "Mike Oldfield's single") utilizando, amén de las guitarras y teclados, un poderoso oboe, que iba a ser actor principal en su siguiente plástico, "Hergest Ridge". En la cara B, una cancioncilla bastante infantil, "Froggy went a courting". "Tubular bells", que en 1976 contaría con una versión orquestal arreglada por David Bedford titulada "The orchestral Tubular bells", se había convertido en un pequeño fenómeno (tanto que, en una de los escasos reconocimientos de su pueblo, Oldfield iba a poder tocar extractos de su gran obra en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012), pero la década de los 70 iba a conocer otros trabajos monumentales de Mike Oldfield, llenos de magia y encanto, aunque también de locura y confusión, como plasmación de su propia mente atormentada.

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:







1.9.06

STONE AGE:
"Stone Age"

"La Edad de Piedra está aquí, en la Tierra y en todas partes". Así anunciaba su llegada en su primer single, "Zo Laret", el conjunto francés Stone Age, una banda no especialmente conocida pero que nos brindó una interesante aportación al mundo de la música bretona en 1994 con su primer álbum, también de título "Stone Age", publicado por CBS/Sony. En la portada, una especie de trisquel (antiguo símbolo celta) se unía a un anillo exterior para simbolizar los cuatro elementos de la naturaleza, agua, fuego, tierra y aire. Dentro de la interesante modernización que el folk bretón gozaba en esos años, los artistas jóvenes (Denez Prigent, Yann Tiersen, EV, Manau) arrastraban a los veteranos y conocidos (Alan Stivell, Gwendal, Dan ar Braz) a seguir ese mismo rumbo. Stone Age fue otro de esos nuevos grupos que tuvieron la oportunidad de hacerse escuchar basándose en la fuerza de su original propuesta, fusionando sin prejuicios folk con electrónica, rock, jazz o hip-hop, vinculando la tradición bretona con la electrónica y las nuevas tendencias, algo parecido a lo que Deep Forest, por ejemplo, estaban haciendo en esa época con otro tipo de músicas del mundo.

El caso de Stone Age estaba realmente en una zona intermedia en cuanto a la veteranía, ya que sus miembros habían trabajado ya con nombres importantes de la música francesa. Nacido en París en 1992, este conjunto combinó lo antiguo y lo nuevo, la tradición bretona con los arreglos electrónicos, en un marco que, bien producido, resulta especialmente atrayente y con unas ubicaciones ambiguas (celta, electrónica, pop, new age). Los cuatro músicos tenían cada uno su correspondiente apodo: Michel Valy ('Kervador') -que se ocupaba de las cuerdas, bajo, mandolina y guitarras-, Marc Hazon, ('Marc De Ponkallec') -batería, efectos, guitarra acústica-, Jérôme Gueguen ('Lach'Ilaouet') -gaita, piano, teclados- y Dominique Perrier ('Terracotta') -teclados, sintetizadores-. Además, todos aportaban sus voces en el proyecto. Tal vez el más conocido de todos era Dominique Perrier, nacido en 1950, que de la enseñanza primeriza del piano pasó al violonchelo, y comenzó a tocar jazz con amigos. Tras su trabajo posterior con el famoso cantante francés Christophe, y habiendo escuchado lo que hacía Kraftwerk, creó el grupo Space Art junto a Roger Rizzitelli, en la misma época que en Francia sonaba la música, también electrónica, de Space y de Jean Michel Jarre. Fue en esos momentos de amistad con el panorama electrónico francés cuando Perrier comenzó a tocar para Jarre (su nombre aparece en discos del sintesista desde los conciertos en China hasta bien entrados los años 2000). De hecho varios de los nombres implicados en Stone Age también lo estuvieron con Jarre, especialmente Jérome Gueguen (que sustituyó a Perrier en la banda de Jarre en 2010 y había sido antes miembro de Gwendal), Michel Valy (que también había tocado con Alan Stivell), y un colaborador especial (aunque no fuera oficialmente miembro de la banda), el guitarrista Patrick Rondat, que tocó con Jarre en "Chronologie". En 1993 se unieron a Marc Hazon y publicaron este gran trabajo llamado "Stone Age": Unas fanfarrias nos anuncian el comienzo del disco en el tema "Stonage", en el que enseguida nos damos cuenta de que nos encontramos ante un trabajo 'distinto', en su tratamiento e intenciones, un bonito comienzo que nos conduce hacia el tema estrella, "Zo Laret", repleto de voces y efectos (colabora aquí el japonés Gota Yashiki) pero donde no se olvidan ni las raíces bretonas ni los instrumentos tradicionales, dando como resultado una estupenda fusión culminada por un efectivo rapeado. Desde luego la modernización no puede ser más interesante tras estas dos canciones, pero el disco continúa por todo tipo de sendas, siempre con el espíritu celta pero aderezado con guindas discotequeras, funkys o hiphoperas de calidad, que las hacen también muy fáciles de escuchar para los no iniciados en la cultura de la tradición. Precisamente de origen tradicional son piezas como "Ultra Breizh" (una danza modernizada), "Sellet" (con una bonita melodía de flauta entre voces declamantes), "Reel Legend" (una de las más respetadas) o "Stone Trance". Cada canción tiene su magia y sus pequeños o grandes detalles, por ejemplo "Kalon Mari" (segundo sencillo del álbum) es de una extraordinaria sensibilidad y porta unas maravillosas guitarras en un estilo sinfónico muy adecuado (por momentos parece sonar a Mike Oldfield), pero tal vez habría que destacar especialmente la emoción que desprende una pieza que, curiosamente, es de las canciones menos modernizadas del trabajo: "Yesterday's Child" es una maravilla cantada en inglés por una voz femenina no acreditada, donde se respira el aire de Bretaña durante sus casi seis minutos de duración, desde las melódicas gaitas del comienzo hasta el curioso reel final sobre una cuidada percusión. Con canciones como esta o como "Zo Laret", y otro puñado de composiciones con chispa y buena producción, no es de extrañar que "Stone Age" (renombrado en algunos sitios de internet como "L'Enchanteur") alcanzara unas cifras de ventas de más de 100.000 copias, con un cierto éxito en Japón. Sin embargo, no es fácil hacerse con una copia del álbum, más aún con los años transcurridos. El diseño gráfico, avanzado, atractivo en general pero un poco confuso (a cargo de Pascal Béjean), daba paso a una música especial, un paraíso musical al norte de Francia que, en su versión estadounidense, era renombrado como "Stone Edge". 

Años antes de que la banda Gorillaz identificara a sus músicos con avatares animados muy reconocibles en un estilo anime, el conjunto Stone Age renombró a cada uno de sus miembros con nombres y personalidades bretonas como Marc De Ponkallec, Lach'Ilaouet, Kervador o Terracotta. Ellos son personajes que canalizan su inspiración y recrean cuentos y leyendas celtas. Grabado en los Nolimit Studios (propiedad de Dominique 'Terracotta' Perrier), en este su sorprendente primer trabajo se respiran las vivencias musicales de sus componentes, especialmente referencias a Gwendal, Stivell o Jean Michel Jarre, en un entorno muy francés, muy bretón concretamente, pero dificilmente clasificable en una sola palabra, pues su enfoque inicial, de hecho, era realizar un sonido propio, auténtico. En su siguiente plástico en 1997, "Les chronovoyageurs" ("Time Travellers" en su lanzamiento internacional, y con una segunda edición francesa de distinto título, "Le chant venu des mers"), la banda incidía en los sonidos bretones y celtas debidamente modernizados con loops y ritmos del tipo Enigma, incluidos en un diseño gráfico de ideas inciertas, que lo mismo acceden al pasado como al futuro. Ese fue su mayor éxito de ventas, tras el que vinieron otros álbumes de formas más suavizadas, y a su vez más olvidados, como "Promessa" (2000), "Totems d'Armorique" (2007) y "Bubry Road" (2022).







28.8.06

NIGEL KENNEDY AND KROKE:
"East meets east"

Cuando Tomasz Lato, Tomasz Kukurba y Jerzy Bawol, tres amigos de la ciudad polaca de Cracovia, fundaron en 1992 la banda Kroke, no podían llegar a imaginar la importancia que iban a a acabar cobrando en el panorama de la música klezmer, el importante e imaginativo folclore de los judíos del este de Europa (aunque pocas décadas atrás, en Polonia, klezmer no era un tipo de música, sino una manera de llamar a los músicos que interpretaban la música folclórica judía). Este conjunto de música atemporal cuyo apelativo deriva del propio nombre de su ciudad natal en yiddish (la más importante derivación de la lengua judaica) se ve teñida de influencias orientales y jazzísticas en una fusión sin prejuicios y con un elevado tono irónico (apreciable especialmente en sus aconsejables directos) que la hace muy particular y absolutamente recomendable. En sus manos cualquier cosa puede suceder, y esa eterna paradoja sobre las nuevas/viejas músicas llega a su punto álgido merced a una interpretación presumiblemente tradicional pero con un alto toque de modernidad, basada en la fusión y apertura de miras de los tres músicos del conjunto: el rompedor violín de Tomasz Kukurba, el señorial acordeón de Jerzy Bawol y el eficaz contrabajo de Tomasz Lato. Tan estimulantes e influyentes han llegado a ser sus trabajos que entre su nómina de importantes seguidores se encontraba otro violinista excepcional, el polémico inglés Nigel Kennedy, con el que por caprichos del destino acabaron firmando una colaboración de auténtico lujo.

"La música te mantiene joven -decía Nigel-, mañana siempre te va a traer algo nuevo". Efectivamente, y como un paréntesis en su periplo musical, los caminos de Kroke y Nigel Kennedy se cruzaron en un festival de verano en Cornualles en el año 2001, y este excéntrico artista les propuso de inmediato que tocaran juntos. Kennedy y Kroke estuvieron trabajando mano a mano de mayo de 2002 a enero de 2003 con un repertorio basado en los grandes éxitos del grupo polaco, junto a tradicionales balcánicos y una pieza del compositor serbobosnio Goran Bregovic. El afortunado resultado, de colorista portada en la que se utilizan ilustraciones de Annabel Wright, fue publicado por EMI Records en 2003 con el título de "East meets east", y supuso un enorme éxito de ventas y crítica, saliéndose incluso del campo de las músicas del mundo. Tras cosechar éxitos sin par en sus grabaciones clásicas (número 1 con "Las cuatro estaciones" de Vivaldi) o en sus trabajos más melódicos ("Kafka"), Kennedy -cuyo apetito por la exploración destacaba en el libreto del CD el manager John Stanley- se atrevió a aportar sus aptitudes como violinista en esta sorprendente reunión de temas ajenos, un disco de calidad casi indecente, una joya que comienza con otra, el conocido tradicional serbio "Ajde jano", inmortal canción en la que nuestros protagonistas contaron con la ayuda de la siempre estimulante voz de la cantante belga Natacha Atlas, que suele otorgar calidad a todo lo que toca; el primer trabajo de la banda, "Trio" (publicado en 1995), ya contaba con una espléndida versión instrumental de este clásico de los balcanes, pero la incorporación de esta vocalista de raíces egipcias le otorga auténtica categoría de hit de la world music. "Dafino" (una canción mágica y envolvente), "Tribute to Maria Tanase" (una actriz y cantante rumana, gran interprete de música popular, que goza de un bonito recuerdo en este trabajo) o "Jovano jovanke" (tema de amor incorporado al repertorio de numerosos grupos de varios tipos de música) son otros magistrales ejemplos de ese legado tradicional, al que hay que añadir las composiciones propias de los tres miembros de Kroke, nuevas algunas (la delicada y sugerente "One voice", por ejemplo), recogidas otras en algunos de sus geniales trabajos: la dulce "Lullaby for Kamilla" (titulada "Love" en el álbum "The sounds of the vanishing world"), la rítmica -sin duda un clásico de la banda- "Time 4 time" (del mismo disco) o la alegre "Eden" (basada en un tema del pionero estadounidense del klezmer Harry Kandel, que sonaba lentamente en varias partes del propio trabajo "Eden", un álbum que incluía también el excepcional corte "Dafino", mencionado anteriormente, bajo el título de "Dafino vivo"). Publicado unos meses antes en ese mismo año 2003, el álbum de Kroke "Ten pieces to save the world" está representado por la excepcional "T 4.2" ("Light in the darkness"), otra de las maravillas de un trabajo tan magistral como artesano, que sirvió como espaldarazo definitivo a la banda de Cracovia, cuyas virtudes aún no habían sido descubiertas por un gran rango de público que de inmediato empezarían a seguir su trayectoria.

Aunque el repertorio del álbum es en su mayoría de Kroke, en la publicidad de EMI se intentaba vender el disco como de Nigel (sin mencionar a los polacos), con publicidades como esta: 'El violinista más famoso del mundo presenta una exuberante y sensual celebración de la música de Europa del este y África del Norte'. El virtuosismo de este artista se pone de manifiesto en piezas de una interpretación tan sublime como "Lost in time", así como la tremenda capacidad de Kukurba, Lato y Bawol para componer e interpretar una música vital, con aires de fiesta y celebración, influencias sefardíes y por supuesto balcánicas, como el popular "Ederlezi" de Goran Bregovic. Si ya de por sí escuchar cualquier disco de Kroke es una espectacular fiesta privada, esta sorprendente reunión con Nigel Kennedy es un inmenso y profundo gozo, sólo hay que escuchar juntos esos dos violines (Kukurba es otro reverenciado intérprete) y combinarlos con un rítmico contrabajo, un evocador acordeón y otras pequeñas contribuciones como la percusión de Miles Bould, el bajo eléctrico de Mo Foster, la sensual voz de Natacha Atlas o incluso las cuerdas de la Kraków Philharmonic, para estar sin ninguna duda ante uno de los mejores álbumes de la década.









27.8.06

ENYA:
"Watermark"

Si en alguna ocasión se han dado las condiciones necesarias para la creación de una obra maestra, de esas que la gran mayoría del público encumbra sólo con escuchar su título, no cabe duda que una de ellas se dió en Irlanda, en la persona de Enya y en la segunda mitad de los años 80. En la búsqueda de un sonido propio y auténtico, Eithne Ní Bhraonáin (nombre de Enya en gaélico, su lengua materna) contó con la enorme capacidad de dar con esa 'marca de la casa' no sólo identificativa, sino además innovadora y sublime. Grandes intérpretes de las nuevas músicas cuentan con esa ventaja de ser reconocidos por su colosal estilo, Philip Glass, Mike Oldfield, Jean-Michel Jarre, David Antony Clark, Loreena McKennitt, Vangelis... pero casi sobre todos ellos, al menos en popularidad y admiración, domina el estilo multivocal de Enya, cuyo primer trabajo relevante fue la banda sonora de la serie documental de la BBC "The Celts". En realidad, al tratarse de un fenómeno local (número 2 en Irlanda), pocos fueron los que pudieron escuchar ese disco antes que el siguiente, el auténtico comienzo de la meteórica carrera de la irlandesa (y que provocó la importación y posterior reedición de aquel), un disco imponente que posiblemente Enya no ha superado ni podrá superar jamás: "Watermark", una de las cumbres de la música por su frescura, atrevimiento y originalidad, y por una aureola de sinceridad que comienza al poder leer los títulos y letras de canciones de forma manuscrita.
 
Warner Music fue la afortunada compañía que publicó "Watermark" en 1988, gracias al tesón del joven presidente de su división británica, Rob Dickins, que se atrevió a apostar por Enya contra todo pronóstico, un visionario que también reclutó posteriormente a Mike Oldfield, con enorme éxito. Fueron sin embargo otros dos personajes los culpables en gran parte de ese popular estilo multivocal (mantos de voces superpuestos de fondo sobre el que se ejecuta la voz principal), el productor Nicky Ryan y su esposa y eficaz letrista, Roma Ryan, otros dos irlandeses que la acogieron en su casa de Dublín, donde comenzó a cocerse este álbum que ocupó casi un año de trabajo. Casi como si de un trío se tratara, Enya y los Ryan entremezclaban tres tipos de composiciones en el álbum, sin poder discernir con un mínimo de cordura cuales son las mejores o las más deseadas en un conjunto simplemente perfecto: las instrumentales, las marcadas por el mencionado efecto multivocal y las sencillamente vocales, canciones bien en inglés, bien en gaélico. La presentación del álbum emana una imagen de cantautora novedosa, pero la mirada desafiante y los trazos gruesos encierran un simbolismo difícil de definir, un misterio que comienza en el primer corte, instrumental al piano ("Watermark", utilizado posteriormente para un álbum tributo a la Princesa Diana), y que se acrecenta en "Cursum Perficio", canto en latín de una profundidad y sentimiento embriagadores, donde ya nos damos cuenta de que Enya es mucho más de lo que nadie se imaginaba. En esa monumental canción escuchamos el estilo multivocal, así como en "The Longships" (que ya aparecía en la serie 'The Celts' honrando a los barcos vikingos), la poderosa "Storms in Africa" o el tema con el que comenzó el mito, "Orinoco Flow", un sencillo rompedor, una canción divertida, aventurera y pegadiza aunque complicada en su elaboración, por lo que curiosamente fue la última canción grabada para el álbum. "Orinoco Flow", también conocida como "Sail Away", supuso todo un descubrimiento, y contribuyó notablemente a que "Watermark" llegara al número 5 en las listas inglesas y se convirtiera en un disco dormilón, de esos que se mantienen en las listas de éxitos durante meses y meses -en España más de 150 semanas-, quizá sin llegar a posiciones de privilegio pero posiblemente vendiendo más que muchos de esos éxitos efímeros con que la industria nos martillea de vez en cuando sin ningún tipo de calidad. Y calidad era lo que le sobraba a Enya, hermana de Máire Brennan, que antes de desmarcarse en solitario había colaborado en un par de discos de la conocida banda de sus tíos y hermanos, Clannad, donde conoció a Nicky Ryan. Habiéndose empapado de influencias musicales desde su niñez, lo lógico era su dedicación a la música, y la mayor muestra de esencia irlandesa es el idioma gaélico, que Eithne utilizó en "Storms in Africa" y especialmente en la emotiva "Na Laetha Geal M'óige", una delicia dedicada a sus abuelos, que habla de la pérdida de la juventud y el recuerdo de esos días que siempre parecen mejores. También de manera 'univocal' pero en inglés, nos encontramos con "On your Shore" (que era un instrumental en origen) y "Exile" (el cuarto sencillo del álbum, otra maravilla que, al igual que la canción anterior, fue incluida en la película de Steve Martin -admirador incondicional de Enya- 'L.A. Story'). Pero fue con el excepcional segundo single, "Evening Falls...", intimista y sencillamente magistral historia de fantasmas sobre una mujer que sueña permanentemente con una casa y, cuando acaba encontrándola, descubre que ha estado también vagando por ella, con el que la crítica acabó de rendirse al mundo de magia y poesía que esta frágil joven -aunque ya contaba con 27 años- ofrecía en un álbum en el que también tenía cabida la instrumentalidad de "River" y de "Miss Clare Remembers", idea de años atrás que al contrario que "On your Shore", intentó convertirse en canción para acabar cediendo a la soledad del piano. Un año después de la publicación y consiguiente éxito de "Watermark", Enya grabó de nuevo "Storms in Africa" con letra en inglés y el título de "Storms in Africa (Part II)", lanzándolo como tercer sencillo, originando que en algunas nuevas ediciones del disco en varios países se incluyera esta nueva versión como corte número 12, una pista extra de gran interés. Chris Hughes (percusiones en "Storms in Africa" y "River"), Neil Buckley (clarinete en "On your Shore") y el magistral Davy Spillane (gaita irlandesa en "Na Laetha Geal M'óige" y flauta en "Exile") representan las escasas colaboraciones que necesitó la artista irlandesa para completar su obra maestra.
 
Tan fascinantes como la propia música fueron los videoclips de los cuatro sencillos del álbum, todos ellos dirigidos por Michael Geoghegan (realizador británico que, aparte de Enya y otros artistas internacionales como Seal, Roxette o Simply Red, ha trabajado con Mecano y con Nacho Cano en solitario): "Orinoco Flow" mantiene la estética y el colorido de la portada del álbum, "Evening Falls..." ahonda en lo fantasmal de la canción con refinado buen gusto en blanco y negro, "Storms in Africa (Part II)" recrea una exótica aventura en el continente negro y "Exile" incluye imágenes de la película 'L.A. Story'.  Aunque injustamente "Watermark" no fue nominado al premio grammy, sí que lo fue el videoclip de "Orinoco Flow", si bien acabó ganando dicho premio Michael Jackson por "Leave me Alone". Con premios o sin ellos, y lo escuche quien lo escuche, este disco alcanza un punto donde otros no llegan, provocando una cierta melancolía en el oyente. Desde la pequeña Irlanda, esta sublime creadora ha llegado a alcanzar un estatus sobresaliente gracias no sólo a la calidad de sus melodías sino al sentimiento expresado y la profundidad de las mismas, en un sonido propio, una 'marca de la casa' que identifica a Enya ante cualquier otro artista, otorgándole esa extraordinaria popularidad posiblemente a cambio, con el tiempo, de un cierto encasillamiento. Mientras tanto, "Watermark" es uno de esos discos que muchos se llevarían a una isla desierta.







24.8.06

KARL JENKINS:
"Diamond Music"

La reconversión de algunos veteranos del rock hacia la música instrumental más o menos culta a veces provoca sorpresas que van más allá de un simple fenómeno pasajero. El galés Karl Jenkins se sintió fascinado por el jazz en su juventud, y esa pasión, sin olvidar su formación clásica, continuó en sus años de universidad en Cardiff, donde se graduó con una licenciatura en música en 1966. "El jazz era vibrante, emocionante tenía un gran sentido del tiempo, energía y ritmo", dijo. Poco después tocó en la banda de rock progresivo y jazz-fusión Soft Machine, una gran experiencia que acabó siendo un caos, el final fue un desastre organizativo que acabó con el grupo, aunque continuó su amistad con el teclista Mike Ratledge, con el que fundó la compañía Mooz, renombrada posteriormente a Jenkins-Ratledge. Se trataba de una compañía de música de biblioteca y para publicidad, campo en el que ganaron varios premios. En 1994, una solicitud para conocer la música de un comercial de Delta Airlines cambió completamente la vida de Karl y su familia (se casó con Carol Barratt y su hijo Jody nació en 1981), al ser el acicate para la creación del grupo Adiemus, que enseguida alcanzó una enorme fama. Con esta trayectoria primeriza, no dejó de sorprender su tardía inclusión en el baúl de la música contemporánea, género en el que se ha afirmado notablemente con el paso de los años, alcanzando gran categoría con obras mundialmente aclamadas y representadas (se dice de él que es el compositor vivo más representado del mundo) como "The Armed Man" o "Stabat Mater". "Diamond Music" fue un evento seminal, algo más privado pero realmente exquisito, un notorio paso adelante que fue publicado en 1996 por la división clásica de Sony.

Karl Jenkins relata en su libro 'Still with the Music' cómo creció feliz en las décadas de los cuarenta y los cincuenta en su Gales natal, aunque tuvo que aceptar la muerte de su madre a los 5 años. Su padre tocaba el piano y el órgano en una capilla, a la que a veces acudía Karl a verle ensayar. Con él, aprendió piano desde los 6 años, pero a pesar de disfrutarlo, no despuntó, y encontró en el oboe su instrumento. La música era claramente su vida, y poco importa que diversificara sus miras, de hecho eso ha mejorado posiblemente sus capacidades. Tras el éxito de Adiemus, Sir Karl Jenkins cuenta así lo que pasó: "En 1995, Work Music, una subsidiaria de Sony, se acercó a mí para grabar un álbum para cuerdas. Debía incluir 'Palladio', que fue un desarrollo del tema 'A Diamond is Forever', que había compuesto para el comercial de De Beers". Y es que paradójicamente, la primera vez que pudimos admirar la fabulosa melodía principal de este disco no fue en emisoras de música instrumental, ni clásica, ni a través de algún sampler o extractos en internet, sino en un anuncio de joyas, un imponente spot del grupo sudafricano De Beers que queda claramente reflejado en la bella portada del álbum. Gran cantidad de público puede recordar perfectamente aquellas armonías de violín in crescendo, que se podían llegar a asociar con alguna sinfonía clásica. Poco tiempo después, con la publicación del álbum, se pudo descubrir que detrás de aquella extasiante partitura estaba la misma persona que junto a su ex-colega de Soft Machine Mike Ratledge y la vocalista Miriam Stockley nos había sorprendido un año antes con el proyecto Adiemus, cuyo tema principal también provenía de un spot publicitario, y es que Jenkins ganó numerosos premios como músico para publicidad, de hecho se comercializaron en los 70 determinados plásticos con pequeños cortes -como muestras para radio o televisión-, y existe un trabajo de 1981 junto a Ratledge titulado directamente "Cuts for Commercials Vol. 3". La música del Jenkins de los 90 tal vez no fuera de una profundidad emotiva como la de Górecki o Part, quizás no poseyera la seriedad estilística de los Cage o Feldman, ni la elegancia o trascendencia de ciertos compositores minimalistas, pero sí el sentimiento y la facilidad necesaria para convencer en una primera escucha y admirarla como si contempláramos un cuadro impresionista o una locura daliniana, no hace falta entender ni comprender la estructura de la música, sólo disfrutarla. El disco, por su características y sello de origen, contaba con la baza de poder llegar al mercado de la música clásica además del de las nuevas músicas, género que vivía un buen momento y aceptaba numerosas ramificaciones. "Diamond Music" está dividido en cuatro partes bien diferenciadas: comienza con la exquisita "Palladio", mencionado motivo principal del trabajo, deliciosa sinfonía en tres partes interpretada por la sección de cuerdas de la London Philharmonic Orchestra. Esta suite inicial está inspirada por el arquitecto italiano del siglo XVI Andrea Palladio: "Durante mis numerosos viajes a Venecia, me había inspirado en los edificios del arquitecto veneciano del siglo XVI Andrea Palladio, como la iglesia de San Giorgio Maggiore. Palladio es ampliamente considerado el individuo más influyente en la historia de la arquitectura occidental. Dado que mi pieza iba a estar escrita en un estilo retro, reflejando vagamente ese período de la historia, decidí ponerle su nombre". "Palladio" posee una excitante carga dinámica en un elocuente formato melódico de vertiente clásica. Su primer movimiento ('Allegretto') remite directamente al anuncio de joyas, el segundo sin embargo ('Largo'), retorna a la esencia folclórica de los trabajos de Adiemus antes de las propias "Adiemus Variations" (es una adaptación de "Cantus Insolitus", del álbum debut de Adiemus), pero reescribiendo la partitura para adecuarla a la forma musical propuesta; es Jenkins más que efectivo en este sentido, y la nueva versión esta verdaderamente lograda, siendo de una encantadora fluidez. No lo es menos, poderoso y vivaz (como su título -'Vivace'- indica), el tercer movimiento, que intenta retornar a la propuesta inicial, neoclásica (vuelve a tener un ostinado ritmo neoclásico a lo Vivaldi, muy animado). Estos tres primeros temas conforman una suite espectacular, un hito al alcance de pocos, que lamentablemente no ha trascendido popularmente. El álbum prosigue con "Adiemus Variations", donde varias de las composiciones del primer trabajo de Adiemus, "Songs of Sanctuary", son interpretadas de forma clásica por The Smith Quartet, encontrando así una nueva forma de disfrutar de la mezcolanza cultural que puede significar la música de Adiemus. "Passacaglia" es más sentido y personal, al tratarse de un apasionado y emotivo 'pasacalles' (aunque suela ser una forma de ritmo vivo, con lo que la pieza en cierto modo discrepa con su título) en honor a su tía (Evelyn Mary Hopkins, fallecida en 1995), una marcha fúnebre excepcional, presa de una intensidad difícil de igualar, que puede recordar en la lejanía a la tercera sinfonía de Henryk Górecki. Por último, Jenkins se presenta más comedido, aunque no exento de interés contemporáneo, en su barroco cuarteto de cuerdas, "String Quartet No. 2", que se hace ameno virando hacia diferentes estilos (tango, vals, rondo). Estas dos últimas piezas estaban interpretadas por el Smith Quartet. Curiosamente, el álbum prescindió de su hermosa y aclaratoria portada en una edición de Sony Masterworks, sustituyendo las sombras y los diamantes por un detalle de la fachada de un antiguo palacio veneciano. La pieza principal de la obra ha contado con diferentes versiones, entre ellas "Allegretto", del 'atractivo' grupo Bond.

El sorprendente y apropiado éxito de Adiemus fue el acicate definitivo para que el nombre de Karl Jenkins cobrara un merecido protagonismo, y sin duda lo que impulsó a la división clásica de Sony a apostar por el galés. A este respecto, y siempre tras la importancia principal de "Palladio" en el álbum, se hacía necesaria una acomodación de las ideas de Adiemus al terreno clásico, adaptando sus golpes étnicos y efectos multivocales con la solvencia de un compositor adiestrado en las mejores instituciones británicas. Más allá de esa referencia, la obra es variada, completa y de enorme calidad, un paso adelante que empezó a demostrar que el nombre de Karl Jenkins tenía que ser tomado en cuenta desde la posición de la música culta. Eso sí, el mundo de la publicidad estará eternamente ligado a la trayectoria de Karl William Jenkins, un compositor versátil y afortunado que convirtió en un gran éxito la música que vendió a la compañía aérea Delta Airlines, y que sólo un año después derivó también de un anuncio esta 'joya' de disco.

















22.8.06

RAY LYNCH:
"Deep Breakfast"

"Andy Warhol dijo una vez que cada vez más personas se vuelven famosas por un período más corto de tiempo. La precisión de este comentario sobre la cultura popular es, por desgracia, cada vez más evidente. Es alentador, por tanto, ver el surgimiento de artistas serios cuya sustancia no se ajusta a este molde, no son artistas 'de moda', y su trabajo no se evapora tras un fugaz momento de fama desechable". Es el comentario que en el libreto de este álbum se lee sobre Ray Lynch, calificado como un músico meticuloso al detalle y extremadamente emocional. El de Lynch es uno de esos nombres que estarán siempre ligados, ineludiblemente, al polémico término 'música new age' y en general a la música instrumental de finales del siglo XX. Sus méritos para alcanzar una enorme popularidad fueron muchos: melodías atrayentes, pegadizas, ambientes efectistas, instrumentación moderna dentro de un ambiente neoclásico, y una cierta religiosidad plena de esencias antiguas, en definitiva, un compendio único de composición y ejecución que no pasó desapercibido para el público abierto a nuevas sensaciones, entre el que encontró numerosos admiradores. Nacido en 1943 en Utah (pero texano de adopción) y fallecido en California en 2025, este teclista y guitarrista encontró su sonido y el éxito mundial en 1986 bajo el extraño título de "Deep Breakfast", álbum presentado por una bella portada, un óleo creado por su amigo Kim Prager mientras escuchaba esta inspiradora música.

Si hubiera que otorgar un calificativo a la obra de Lynch bien podría ser 'espiritual', pero esa espiritualidad nos es mostrada de dos maneras distintas aunque hermanas: a través de composiciones atmosféricas de esencia neoclásica, o en una faceta que ha trascendido más al gran público, burbujeante, juguetona y electrónica. Es así como Ray Lynch se convirtió de la noche a la mañana en un músico superventas, y cómo bastantes de sus composiciones han llegado a medios de comunicación en todo el mundo a través de sintonías de anuncios, informativos y concursos. Lynch es en gran parte responsable del éxito de las nuevas músicas en los 80, merced a la difusión y éxito de sus trabajos, pero es curioso comprobar la evolución de su obra desde el claro disco de relajación "The Sky of Mind", publicado en 1983, a este ejemplo de comercialidad en el que, si bien no renuncia a la misma música relajante y espiritual, la envuelve en complejos juegos de instrumentalidad que le otorgan una falsa y hermosa sencillez. "Deep Breakfast" es un disco corto de minutaje, pero muy sólido en cuanto a inspiración e interpretación, la envoltura romántica es tremendamente poderosa, y la conjunción de neoclasicismo con electrónica le llevó a vender más de un millón de copias en EEUU (el primer álbum independiente en obtener allí la certificación de Oro y luego de Platino), aunque el camino a seguir no fuera nada fácil: "Deep Breakfast" nació en 1984, casi artesanalmente, publicado por Ray Lynch Productions, el sello propio de Lynch que ya había distribuido "The Sky of Mind" el año anterior. La compañía Music West fue la encargada de una nueva distribución, y Windham Hill tomó el testigo cuando desapareció aquella. Lejos de sufrir con este ir y venir de compañías discográficas, Deep Breakfast" se mantuvo a flote con un continuo flujo de beneficios, lo cual es debido sin duda a la calidad intrínseca de esta obra en la que varios de los curiosos títulos de las canciones provienen de la novela 'The Mummery' de Da Free John. Desde los primeros compases del glorioso "Celestial Soda Pop" se intuye un disco especial, y lo es, en base sobre todo a ese tema histórico y pegadizo, pero también por una coherencia en la que encontramos otras maravillas como "Rhythm in the Pews" (graciosa y muy elaborada) o "Tiny Geometries" (un final increíble para el disco, seguramente la composición con más sentimiento pero a su vez plena de fuerza, para buscar y encontrar la paz interior). "The Oh of Pleasure" es otra burbujeante tonada llena de emoción, "Falling in the Garden" una preciosa miniatura impresionista, pero además "Your Feeling Shoulders", "Kathleen's Song" -dedicada a su esposa- y "Pastorale" no son precisamente canciones de relleno en este trabajo del norteamericano. Como evidencia del carácter lúdico de algunas de sus composiciones y de lo bien que perduran con el tiempo, "The Oh of Pleasure" fue incluida, muchos años después de su creación, en el videojuego 'Grand Theft Auto IV'. En cuanto a su canción más popular, la comentada "Celestial Soda Pop", puede entenderse como una crítica jocosa a la cultura pop, un movimiento en el que Ray Lynch entiende que prima el egoísmo y el ansia de hacer dinero, y donde la palabra 'éxito' parece definirse como 'acumulación de riqueza': "mi música no es 'de moda' y es imposible para mí pensar en términos de pop". De hecho, y para destacar la distinción, matizaba: "El uso de sonidos populares en 'Deep Breakfast' y su aceptación comercial no tiene nada que ver con la profundidad y autenticidad del trabajo. Tanto 'Deep Breakfast' como 'The Sky of Mind' han sido sentidos profundamente cuando trabajaba en ellos". A pesar de haber tomado "The Sky of Mind" como el inicio de su obra de madurez, no seria correcto olvidarse del que fuera realmente el primer trabajo autoeditado por Ray Lynch en 1982, "Truth is the Only Profound", una suerte de manual de autoayuda musicado de manera bellísima, en el que las declamantes voces se complementan con coros, teclados y vientos en una onda meditativa con vestigios de música antigua.

"Cuando cumplí 12 años, le pedí a mis padres una guitarra clásica y, poco después, escuché una grabación de Andrés Segovia que me conmovió, incluso hasta las lágrimas". Años después de esa afirmación, Lynch tomó clases de guitarra clásica en Barcelona con Eduardo Sáinz de la Maza durante tres años, e influenciado por este compositor burgalés, acabó estudiando composición en la Universidad de Texas, para poder realizar su sueño y lo que le iba a dar sentido a su vida: "siento que he nacido con el impulso básico de hacer música". Aparte de sus teclados y guitarras, los acompañamientos de instrumentos de viento y cuerda que hacían tan completas sus composiciones los dejaba en manos de grandes virtuosos como Beverly O'Mahony a la flauta o Ron Strauss en la viola. Devoto del gurú espiritual Bhagavan Adi Da Samrai, esa influencia oriental hacía de su trabajo más universal, y durante mucho tiempo, hasta la noticia de su muerte, se le seguía echando de menos en el panorama de las nuevas músicas.







19.8.06

MICHAEL GETTEL:
"San Juan Suite"

veces la insistencia de un artista por dar a conocer su trabajo da sus frutos con el tiempo a pesar de las dificultades y limitaciones propias de tipos de música tan minoritarias como la instrumental de piano. El éxito de Michael Gettel, profesor de piano nacido en Evergreen (Colorado, cerca de Denver) pero residente en Seattle (Washington), se basa en esa insistencia, aunque no precisamente la suya sino la de su cuñado, entusiasmado tras escuchar una cinta casera que Michael regaló en cierta ocasión a su hermano con varias de sus composiciones. La forma primaria de hacer llegar esa música al público fue crear su propia compañía junto a su amigo Met, Sounding Records, la encargada del lanzamiento en 1987 de su primer álbum, "San Juan Suite", un maravilloso compendio de solos de piano inspirado por la exótica belleza de las islas San Juan, situadas en Puget Sound, en la costa pacífica, entre el estado de Washington y Canadá: "La familia de mi ex-esposa vivía en el área de Seattle y todos los años llevábamos a los niños a las visitas de verano. Lo que más ansiaba era navegar en las Islas San Juan con mi amigo Mat. Nos tomamos una semana y simplemente navegábamos, pescando bacalao, peinando la playa y, finalmente, inspirándonos tanto que mi álbum, 'San Juan Suite', fue el resultado". La distribución corría a cargo de Miramar Recordings, empresa también localizada en la misma zona, que un año después se encargaría de una necesaria reedición, en vista del éxito obtenido por este trabajo de honradas y conseguidas intenciones: "En Sounding Records, el álbum fue un éxito fenomenal, especialmente en el noroeste del Pacífico. Antes de otorgar la licencia del disco a Miramar, vendimos varios cientos de miles de copias de 'San Juan Suite' en el garaje de Mat. ¡Fue un momento increíble para un artista independiente como yo!".

Que Gettel sea estilísticamente un pianista new age no significa que tengamos que compararlo con otros de los grandes de dicha etiqueta como -al menos lo eran en aquella época- George Winston o David Lanz, posee su propio estilo, desenfadado y muy melódico, pleno de vaivenes a lo largo del teclado, en construcciones alegres, delicadas, relajantes, incluso gusta de incluir elementos naturales, como el rumor del mar o los cantos de las ballenas, y sonidos de nutrias o gaviotas en la obra que nos ocupa, uno de esos discos que venden miles de copias de modo sorpresivo gracias al boca a boca y a la radiodifusión en pequeñas emisoras independientes. En las notas del libreto de "San Juan Suite" se resalta que en estas islas siempre hay música, puede ser el sonido del mar, las ballenas, las gaviotas, la brisa... así que Michael Gettel, que autoproduce un disco dedicado a sus padres y compartido con su familia en general, utiliza el piano como un fotógrafo usa una cámara, reflejando las impresiones de este paraíso natural. Hay que destacar notablemente el inicio del trabajo, donde "Sucia/Shallow Bay" (sublime partitura de comienzo radiante dedicada a la isla de Sucia -la más grande del archipiélago- y una segunda parte más relajada en la que casi podemos notar el salpicar de las olas), "Orcas" (de sensaciones fogosas, similares a algunas de las mejores composiciones de Scott Cossu) o "Summer Rain" (enorme y completísimo corte revelador de recuerdos y emociones muy profundas) son preciosas melodías de piano solo de un virtuoso artista que posteriormente añadiría otros elementos en su música, pero que en esta primera etapa se nos muestra en la total intimidad de su teclado, ofreciendo un álbum digno de escuchas relajantes, que nos lleva a soñar una agradable vida en un entorno paradisiaco como el de las islas San Juan, ese lugar de escapada vacacional de Gettel. De hecho, escuchando el disco se nota que el pianista conoce bien el entorno, lo admira y lo ama profundamente: por ejemplo, "Summer Rain" surgió de un día de pesca su amigo Mat en el que emergió de la nada una impresionante tormenta veraniega, aterradora por momentos pero tan inspiradora que marcó el nacimiento de una espléndida tonada ese mismo día. Sin desmerecer otros cortes de agradable calidad como "The Straits" o "Whalesong" (en diálogo con las ballenas, como lo hiciera pocos años antes Paul Winter), así como la animada "Rosario" y la plácida "Drifting", esas tres joyas antes mencionadas del comienzo del álbum le hacen merecedor de un puesto muy alto en el ranking de los discos de piano solo. Narada reeditó el álbum en 1998 con portada diferente y dos temas nuevos, "The Kelpie" -un monstruo de los lagos escoceses que Gettel creyó ver en cierta ocasión- y "Watercolors" -inspirada en Eric Satie-, mientras que en 2003 una nueva reedición juntaba el álbum en un solo pack con su continuación, "San Juan Suite II", en la colección Narada Classic, en la que también hay reunidos trabajos de Spencer Brewer, Nando Lauria, David Arkenstone, David Lanz -los estupendos "Nightfall" y "Heartsounds"- o Eric Tingstad y Nancy Rumbel. Efectivamente, Narada Productions publicó en 1996 la continuación de esta gran obra, que si bien no posee la capacidad evocadora del primer volumen -el piano de este norteamericano no es tan ágil y suelto como lo era diez años atrás-, sí que sigue poseyendo unas estupendas cualidades melódicas, ayudado en esta ocasión por el estupendo bajo sin trastes de Sandin Wilson, de tal forma que este retorno a las paradisiacas islas San Juan parece superar a sus anteriores trabajos desde su fichaje por Narada Equinox ("Places in Time", "Skywatching", "The Key" y "The Art of Nature").

En ocasiones calificar como 'bonito' un disco de piano puede sonar a que adolezca de falta de profundidad o intenciones, que sea simple música de documental sobre la naturaleza. "San Juan Suite" es un disco bonito, pero es radiante, impresionista, fácil de escuchar ("brillantes solos de piano que danzan con los sonidos naturales de las islas San Juan", decía la publicidad de la compañía), un todo fresco y natural que parece estar poseído por la fuerza de los elementos naturales, cuya interpretación y las sensaciones que transmite dicen mucho sobre el paisaje que describe (estupenda la fotografía de portada de Fred Felleman) y sobre su autor, que afirmaba que lo que se escucha de fondo en este trabajo no es sólo el sonido del mar y los animales, sino el latido del corazón de las San Juan: "Lo que quiero es tratar de poner a cada persona en ese lugar". Los 3.000 dólares que costó producir este trabajo se tradujeron en miles de ventas, y la carrera de Michael Gettel despegó desde el noroeste de los Estados Unidos, concretamente desde la cuna del grunge, aunque su música sea mucho más emocionante y placentera que la de Nirvana y compañía. Lo ecologista de su mensaje se refleja en esta frase: "Si no tenemos cuidado, lo que tenemos ahora no va a estar en 20 años. No se puede seguir explotando el planeta sin experimentar unas consecuencias catastróficas".



LITO VITALE CUARTETO:
"Ese amigo del alma"

Los que hayan disfrutado de la música de Lito Vitale en directo difícilmente podrán olvidar el sentimiento que queda atrapado en sus interpretaciones, especialmente en dos grandes canciones, la esperadísima improvisación titulada "La excusa" -un espectacular delirio de ritmo y emoción con la guinda final del gran Marcelo Torres mordiendo las cuerdas de su bajo- y esa canción dedicada a Lyle Mays (pianista más conocido por sus colaboraciones con Pat Metheny que por sus obras en solitario) que lleva por excelso título "Ese amigo del alma". Hay algo encantador, notablemente costumbrista, en los títulos de las composiciones de Lito Vitale, lanzando al aire una maravillosa familiaridad ("Alumbrando a las ánimas", "La arremetida de los Buenos Aires", "La vida es un tango", "El discreto encanto de ser porteño", "Basta De fingir", "El día más largo del siglo" o "Recuerdos en mi bemol", por ejemplo). Eso forma parte, posiblemente, de una concepción poética, si bien en 1991 confesaba que, en su proceso creativo, los títulos van después de la música, no compone pensando en un título, y a veces incluso desearía dejarlos en blanco. Entre todos ellos, "Ese amigo del alma" es de los que saben conectar con la audiencia, a lo que une su excelsa calidad musical, extensible a todo el trabajo en el que venía contenido, que en su segunda edición poseía ese mismo amigable título.

Nacido en 1961 en Villa Adelina, cerca de Buenos Aires, Héctor Facundo Vitale se nutrió a lo largo de su trayectoria de influencias folclóricas (no sólo el inevitable tango) que, unidas al rock que tanto impera en Argentina, a las composiciones que le encargaban para ballet, teatro, cine y televisión, y a un delicado jazz, conformaron una música deliciosa que, tanto en solitario como en dúo, trío, cuarteto o quinteto, publicó con bastante éxito Ciclo 3, sello independiente que fundaron en 1975 los padres de Lito, Esther Soto y Donvi (Rubens Vitale). La época más popular -y posiblemente la más inspirada- de Lito Vitale fue la del cuarteto que juntó a nuestro protagonista (que se encargaba de los teclados y dirección musical) con Marcelo Torres (bajo), Manuel Miranda (vientos) y Cristian Judurcha (batería). Esto sucedió en 1987 con la publicación de "Lito Vitale cuarteto", álbum descatalogado que convenientemente reformado supuso en 1988 "Ese amigo del alma", el primer disco de Vitale que pudimos adquirir en España a través de GASA, en una edición de cinco temas que llegó realmente en 1989 y en la que, una vez más, Lara López y Ramón Trecet se ganaron los agradecimientos (Lito visitó su conocido programa de radio y afirmó que sólo el hecho de que la gente de todo el mundo pudiera conocer su música era ya un auténtico sueño, a lo que Ramón y Lara pusieron su granito de arena). Tan suculento título llegó a vender en nuestros país tantos discos como en Argentina y abrió las puertas del mercado europeo al cuarteto, que no tardaría en presentarse en directo en España con extraordinaria expectación y merecido éxito. Seguramente este gran momento fue el cúmulo de todas las vivencias de Vitale, que detonaron en una música agradable para todos los oídos, la sonoridad de su piano es esencialmente clara y melodiosa, lo cual se puede evidenciar desde la tenue entrada de piano de uno de sus temas estrella, esa emotiva maravilla titulada "Recuerdos en mi bemol". Es esta una de esas canciones especiales, que pueden despertar una veneración profunda en quien la escucha, y que marcaron el camino del cuarteto, puesto que nació como una improvisación (que afortunadamente fue tenida en cuenta) compuesta cuando la banda se estaba conociendo, así que Lito aseguraba que nació para ellos. Vitale improvisa constantemente y graba esas sesiones, en muchas de las ocasiones no hay una 'inspiración' concreta sino una extraordinaria capacidad para dejarse llevar y atrapar la magia de su piano. Sin embargo no hay que despreciar a los demás componentes, a los que Lito propone una cierta libertad para desarrollarse y que siempre participan creativamente en el proceso de composición. Por ejemplo en "Estar entre nosotros" destacan los instrumentos de viento en una onda folclórica argentina, origen claramente evidenciado también en "La vida es un tango", mientras que en "Estar vivo hoy" hay un gran trabajo de batería por debajo de la melodía. "Ese amigo del alma" es otro cantar, es la gran canción de Lito Vitale, intimista, tierna, emotiva, trece minutos gloriosos que hay que seguir segundo a segundo dejándose literalmente acariciar por los instrumentos y por la cohesión del cuarteto como si fuera un solo intérprete. En su construcción, "Ese amigo del alma" le salió de muy dentro, casi sin darse cuenta, y Lito se empezó a entusiasmar con lo que empezaba a surgir del piano mientras improvisaba, algo que se acabó uniendo a una soberbia interpretación y unos arreglos estupendos influenciados por un Lyle Mays al que Vitale aún no conocía, y donde lo único malo es que llega ese momento no deseado en el que todo se acaba. Decía Lito que la edición española de "Ese amigo del alma" era un refrito entre "Lito Vitale Cuarteto" (1987) y "Ese amigo del alma (1988), que se editaron separados en Argentina. El primero contenía, entre otras, "Estar entre nosotros" y "Ese amigo del alma", mientras que en el segundo se podía disfrutar de todas ellas, además de otras dos composiciones, "Subito pianissimo" y "La luz sagrada" (esta última se podía escuchar en España, junto a los demás éxitos del cuarteto, en el doble CD recopilatorio de 1993 "La historia reciente", que contaba con un curioso CDmaxi con una versión single de "Ese amigo del alma" y otra recortada de "Recuerdos en mi bemol"). Retornando a "Ese amigo del alma", en España se cambió el orden de las canciones, colocando en los extremos las dos más emblemáticas, "Recuerdos en mi bemol" al comienzo y "Ese amigo del alma" como colofón.

Los padres de Vitale hablaban así de cómo empezó la relación de su hijo con la música: "Nosotros siempre hacíamos peñas con los amigos, y Lito empezó a interesarse por la música cuando tenía tres años, jugando con un piano viejo. Un día, llegó a casa un amigo español, que tocaba el piano y el violín, y Lito lo miraba tocar, petrificado. Después de haberlo escuchado, nos dijo: 'yo quiero ser músico y español'". Quién le iba a decir a ese pequeño que años después iba a ser venerado en España. Aunque Lito Vitale fuera el alma del conjunto, el que tenía en la cabeza el boceto de las canciones, las componía y las firmaba, los cuatro miembros del mismo actuaban como una sola mente ("cuando un músico no aporta su propia música al grupo, es difícil que siga en él, porque la propuesta no es acompañar a un solista; tienen que tocar lo que a ellos les parece, porque sé que lo que ellos tocan puede funcionar en mi música", decía Lito). Como anécdota mencionar que a la hora de la grabación de "Ese amigo del alma", Marcelo Torres fue a tocar sobre la base y no contó los compases, pero aun así lo clavó, dándose cuenta de que podía encajar naturalmente en el grupo, un conjunto que se mantuvo durante cuatro plásticos más ("La senda infinita", "Viento sur", La excusa" y "La cruz del sur") únicamente con cambios en la batería. Sólo se puede acabar agradeciendo la existencia de este trabajo, que vendió más de 200.000 copias tanto en España como en Argentina. ¡¡Qué lindo disco hiciste, Lito!!





BILL WHELAN:
"Riverdance

Irlanda, basándose en su poderosa tradición musical, ha sido un clásico ganador del festival de Eurovisión, especialmente durante los años 90. Tras la victoria de Niamh Kavanagh en el año 93, se celebró en Dublín el festival de 1994. Para el comienzo de la segunda parte del mismo, antes de dar paso a las votaciones que dieron el triunfo de nuevo a Irlanda con la representación de Paul Harrington & Charlie McGettigan, el comité organizador propuso a Bill Whelan, afamado compositor nacido en Limerick en 1950, la creación de una pieza de esencia tradicional que mostrara el baile típico zapateado irlandés. Así nació "Riverdance", definida por él mismo como una especie de mezcla étnica entre lo irlandés, lo ruso y el flamenco. Pero si la música era de una soberbia calidad, más impactante fue la coreografía exhibida, una vistosa danza irlandesa interpretada por un conjunto capitaneado por el norteamericano (de padres irlandeses) Michael Flatley y la también norteamericana Jean Butler. Poco después la misma composición y coreografía fue representada en directo en el Royal Variety Performance (noche de gala a la que acuden los altos rangos de la familia real británica, televisada a todo el Reino Unido como antesala de la Navidad). El éxito superó cualquier esperanza, alcanzando dicha canción el número 1 de las listas irlandesas, donde permaneció 17 semanas. Sin embargo la hazaña, alabada también en otros países, no quedó ahí, puesto que dio pie a la consecución de un álbum entero, acompañado por un espectáculo completo de danza irlandesa con el título de "Riverdance, the Show", representado en numerosas ciudades a uno y otro lado del charco. Una vez acabada la exitosa gira del show, Michael Flatley (cuya popularidad había aumentado considerablemente) se desvinculó de la misma para preparar su propio espectáculo, de título "Lord of the Dance", que también contó con un gran éxito y la estupenda música de Ronan Hardiman, en un entorno más genuinamente irlandés que "Riverdance". Aunque con menos repercusión, Flatley continúa su carrera triunfal con nuevos espectáculos en los que desarrolla esa extraordinaria capacidad de movimiento y zapateado.

Resulta curioso que la semilla de "Riverdance" fuera una canción titulada "Timedance", interpretada por Planxty y compuesta por Whelan, Liam O'Flynn y Dónal Lunny también para un festival de Eurovisión representado en Irlanda, el de 1981. Esa pieza se podía escuchar regrabada en el álbum de Whelan "The Seville Suite", primera publicación orquestal de este autor, una monumental suite dedicada al héroe irlandés Hugh O'Donnell y estrenada en Sevilla en el Día de Irlanda de la Expo'92, precedente de "Riverdance" sin la danza irlandesa (excepto en su popular pieza "Caraçena"), y con la presencia de algunos de los instrumentistas de "Riverdance", especialmente Davy Spillane y Máirtín O'Connor. Los años transcurridos no han borrado las intenciones de la música, aunque sí han cambiado ligeramente el título, incluso han sustituido al genial gaitero Liam O'Flynn por el no menos impresionante Davy Spillane. El origen norteamericano de los primeros bailarines de "Riverdance" no es casual, ya que el disco cuenta la historia del viaje del pueblo Irlandés para encontrarse con otras culturas, principalmente en América, y el éxito del mismo en Estados Unidos evidencia el amor y respeto que esta música sigue cotizando tan lejos de los territorios genuinamente celtas. Una mágica y etérea introducción de flauta a cargo de Davy Spillane da comienzo a un show que, si simplemente escuchado es de por sí fabuloso, gana muchos enteros en su representación; "Reel Around the Sun" es ese comienzo, contagioso y atrapante, un auténtico acierto en el que aparte de Spillane podemos escuchar ya a otros de los grandísimos músicos implicados en el proyecto, como Máire Breatnach (violín), Máirtín O'Connor (acordeón), Tommy Hayes (bodhrán), Noel Eccles (percusión) o Des Moore (guitarra acústica). Otros momentos de gigantesca intensidad emocionan en el álbum: "The Countess Cathleen / Women on the Sidhe" es una pieza rítmica, coreografiada por Jean Butler, en la que destacan violín y percusión, que está inspirada por los versos de William Butler Yeats sobre una condesa que, ante la hambruna que diezmaba al pueblo irlandés, vendió su alma al diablo para salvarlo. "Caoineadh Cú Chulainn (Lament)" es precisamente un lamento, un corte compuesto especialmente para el lucimiento de Davy Spillane con la gaita irlandesa (uilleann pipe), que el intérprete acomete en el centro del escenario, dedicado al héroe mitológico conocido como el 'Aquiles irlandés'. "Firedance" es auténtica pasión de influencia española, una fusión asombrosa para la cual Whelan contrató, por mediación de la bailaora María Pagés (que trabajó con Whelan en "The Seville Suite" y que fue contratada para bailar en el show de "Riverdance") al guitarrista Rafael Riqueni, que repite en otro corte típicamente hispano, "Andalucia", junto al cantaor Juan Reina. "Slip into Spring" es puro lirismo, el acordeón de Máirtín O'Connor domina un corte maravilloso evocador de leyendas ancestrales. "Macedonian Morning" y "Marta's Dance / The Russian Dervish" son edificantes acercamientos a culturas del este, de esencia festiva y acabado ejemplar, y Eileen Ivers es la encargada de interpretar el violín en la pieza que finaliza (salvo un reprise) el disco, "The Harvest". No hay que olvidar la hipnótica presencia en todo el trabajo del coro Anúna, agrupación irlandesa para la cual estaban compuestas varias de las canciones de "Riverdance", interludios vocales de calidad entre vistosas coreografías. También Anúna intervienen en la canción principal del trabajo, la que desencadenó todo este fenómeno, un prodigio de fuerza, desarrollo e interpretación cuyo título, "Riverdance", es ya mítico en la música celta orquestal y en la danza irlandesa. El álbum, publicado en 1995 por Celtic Heartbeat (filial de Universal Records para música celta, fundada por el que fuera manager de U2, Paul McGuinness), tuvo dos versiones, una primera de portada anaranjada con menos incidencia del zapateado, y otra en un tono azul, mayor número de temas y un acabado espectacular por esa monumental combinación de artes. El sencillo que logró el número 1 contenía "Riverdance" y "Caraçena" (de "The Seville Suite"), mientras que los otros dos CDsingles fueron "Reel Around the Sun" (con "Marta's Dance / The Russian Dervish") y "Lift the Wings" (con "Firedance"). También se comercializó un vídeo con el espectáculo, que incluía momentos no recogidos en el álbum, como un coro gospel, o números de baile sólo con percusión. El fenómeno no ha frenado años después, poniéndose a la venta otro CD y un DVD con el espectáculo en directo en Nueva York, "Riverdance on Broadway". Otras ediciones especiales fueron las de décimo aniversario en 2005 ("Riverdance 10th Anniversary Edition") y la del 25 aniversario en 2019 ("Riverdance 25th Anniversary").

Es importante recalcar la apertura de miras del festival de Eurovisión en los últimos tiempos, destacando la victoria de Secret Garden en 1995 con "Nocturne", una canción prácticamente instrumental, las de canciones de corte folclórico como "The Voice", de Eimear Quinn para la inefable Irlanda en 1996, o "Fairy Tale" de Alexander Rybak por Noruega en 2009, o de Sertab Erener para Turquía en 2003 con un tema que entra de lleno en la world music modernizada, además de un meritorio segundo puesto del conjunto belga de música folk Urban Trad ese mismo año. También Dulce Pontes compitió por Portugal en 1991, y Noa con Mira Awad por Israel en 2009, pero fue Irlanda el país más acertado cuando emplazó a Bill Whelan para un show especial, el que dio origen al fenómeno "Riverdance". Manteniendo las mismas intenciones que rigieron aquel glorioso festival en el que sonó "Riverdance", al año siguiente el encargado de amenizar el descanso en el festival también celebrado en Dublín fue otro compositor del mismo corte que Whelan, Mícheíl O'Súilleabháin, con una canción de título "Lumen" en la que, una vez revitalizada la danza irlandesa el año anterior, se intentaba hacer lo mismo con ese estilo vocal tan particular de estos países celtas, si bien no se obtuvo el mismo éxito, posiblemente por su menor componente visual. En resumidas cuentas, y teniendo en cuenta un éxito que no se olvida décadas después, se puede concluir sin temor a equivocarnos que los verdaderos vencedores del festival de Eurovisión de 1994 no fueron Paul Harrington y Charlie McGettigan (tercera victoria consecutiva de Irlanda) sino que fue Bill Whelan.