24.12.07

JEAN MICHEL JARRE:
"Zoolook"

Con la publicación de discos tan míticos como "Oxygene", "Equinoxe" y "Magnetic fields", Jean Michel Jarre había demostrado sobradamente lo popular y comercial que podía llegar a ser su música. Sin embargo, aunque su fórmula tuviera cuerda para rato, en su estilo electrónico/sinfónico se iba a producir un arriesgado giro bien entrada la década de los 80. Varios años de relativo silencio no fueron tales, pues una exitosa gira asiática dió como resultado "The concerts in China" -con nuevo e interesante material- y un extraño disco de una sola copia, "Music for supermarkets", fue radiado una única vez y subastado, entrando Jarre en el libro Guiness una vez más, al ser vendido por 69.000 francos franceses. Este hecho dió paso a una revolución estilística de extraño título publicada en 1984, un disco con espíritu de unión llamado "Zoolook".

Las posibilidades de la voz humana, combinada con el arsenal electrónico característico de Jarre, dieron como resultado este disco arriesgado y sorprendente, de esos que dificilmente entran a la primera pero que el tiempo sabe poner en su sitio porque, muchos años después, siguen siendo rompedores y plenos de calidad y dinamismo. "Zoolook" es un atlas vocal humano, para su preparación este músico francés contó con la ayuda del etnólogo Xavier Bellanger, ya que se pueden escuchar fragmentos de voces en veinticinco idiomas, no sólo los más extendidos sino algunos tan curiosos como el quechua, el aborigen o el malgache. Tal torre de Babel se sostiene gracias a la composición de un genio, y a unas eficaces colaboraciones: Laurie Anderson (de hecho el disco fue grabado en New York, la ciudad de esta extraordinaria artista que pone algunas de las voces del disco), Adrian Belew (el que fuera guitarrista de King Crimson, Zappa y otros), un bajista tan sensacional como Marcus Miller, Ira Siegal como otra guitarra, Frederic Rousseau a los teclados y la batería de Yogi Horton. El resultado es una experiencia para los oídos, y comienza con una de las grandes composiciones de Jarre, "Ethnicolor", la pieza más larga del disco, donde los vocablos étnicos procesados por Jean Michel alcanzan su mayor intensidad, tanto en su primera parte, más intensa y meditativa, como en su final, de un sorprendente ritmo integrado por todo tipo de voces, teclados y percusión hasta alcanzar el clímax. "Diva" tiene un desarrollo parecido, un comienzo suave y un final más rítmico, destacando en ambos la voz desenfrenada de Laurie Anderson, una voz que no aparecía en el origen de este tema, "Music for supermarkets (part 7)". Comienza aquí la segunda cara del disco (que presentaba ligeras variaciones entre el vinilo y la cassette y CD), la más comercial, integrada por las movidas "Zoolook" (primer sencillo del álbum) y "Zoolookologie" (segundo sencillo), y otras tres que podemos situar a medio camino entre la música ambiental y la world music, "Wooloomooloo", "Blah-blah cafe" -que no era sino "Music for supermarkets (part 5)"-, y por último, sin tener mucho que ver con su primera parte, pero siempre interesante, "Ethnicolor II". Más allá del habitual efectismo y grandilocuencia de la música de Jarre, "Zoolook" destaca por un sorprendente colorido, el mismo del que hace gala en el video-clip de "Zoolookologie", mientras que el de "Zoolook" era de un divertido corte futurista con robots y científico loco.

Este caótico muestrario de samplers marca el comienzo de una nueva etapa en la obra del músico francés, más rítmica y encauzada hacia el tecno y las nuevas tendencias, pero sin olvidar el componente sinfónico de su primera época. En "Zoolook" Jarre demuestra las razones del porqué de su reinado al frente de la electrónica: original, arriesgado, pulcro en su acabado, extraño en su comercialidad basada en un cierto vanguardismo... La idea de utilizar la voz como un instrumento más (literalmente) no era nueva pero es innegable que hasta la fecha no ha sido superado. Es de agradecer que determinados músicos no opten por una opción conservadora a la hora de continuar con su obra. Jean Michel Jarre innovó con "Zoolook" y consiguió un disco magistral.

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15.12.07

DAVID LANZ & PAUL SPEER:
"Desert vision"


Dos años después de que bosques y ríos inspirasen el colosal "Natural states", en la imaginación de los músicos estadounidenses David Lanz y Paul Speer tomó el relevo la abrumadora inmensidad y misteriosa belleza de los espacios desérticos, para configurar una nueva colaboración entre estos dos amigos, pianista el uno, guitarrista y productor el otro. "Desert vision" es una digna continuación de aquel primer disco, puede que no tan completo pero sí con una serie de estupendas melodías dignas de permanecer en los oídos de los seguidores de las nuevas músicas, que en los 80 vivían un momento dulce, una explosión de talento y buena música encauzada por una serie de sellos discográficos que aprovecharon su momento. Entre ellos, Narada se ganó un puesto de honor, y fue precisamente esta compañía de Milwaukee la que publicó "Desert vision" en 1987 en su subsello Equinox, dedicado a la fusión contemporánea con otros estilos, como rock, jazz o músicas del mundo.

Como portada de este desértico trabajo, una espectacular formación de arenisca muy parecida a las situadas en Lukachukai buttes, la reserva Navajo del estado de Arizona, y es que "Desert vision" presenta nueve tonadas magnéticas que proporcionaban elegantes planeos por las despobladas tierras del oeste estadounidense. Como muestra del talento desplegado en el trabajo, en su comienzo nos encontramos directamente con "Eagle's path", posiblemente una de las mejores composiciones ideadas por este dúo norteamericano, y uno de los puntos fuertes de la new age de los 80. Entre la delicadeza de su comienzo, con los teclados tejiendo un evocador ambiente unidos a una hermosa flauta (una primera parte denominada 'Találawi', que en idioma hopi significa 'Song of the rising sun') y la fuerza de su vertiginoso desenlace ('Kwávasa', 'Land of the eagle' en hopi) con la contundente percusión, una cadencia altiva de teclado y la fuerza de la guitarra conformando una atmósfera admirable, difícil de dejar de escuchar, se encuentra la clave de este éxito, que reside en la composición de Lanz (siete de las nueve canciones son suyas) y en la producción de Speer y el aderezo de sus texturas de guitarra. No hay que olvidar las colaboraciones: las programaciones de James Reynolds, la percusión de Neal Speer (hermano de Paul), el bajo de Steve Allen, los teclados de un Jonn Serrie que aún no había publicado sus 'crónicas planetarias', Richard Wagner al saxo y flauta de bamboo, y las flautas dulces de uno que repite colaboración otorgando su clase al disco, el alemán Deuter. Tras ese soberbio "Eagle's path", Lanz deja clara su implicación en el proyecto con otros temas en su línea melódica, como "Seguaro", "Desert rain" (otra pequeña maravilla que recuerda especialmente a su éxito "Behind the waterfall", y que de hecho fue publicada en single junto a "Seguaro") o la introspectiva "Carlsbad", y más activo con "Canyon lands" -siguiendo la estela de "Eagle's path"- y "White sands". Mientras tanto, y como ya sucediera en "Natural states", las que son verdaderamente fáciles de distinguir son las dos composiciones de Paul Speer, por su especial carácter ambiental; posiblemente no sean tan primorosas como las del primer disco, pero las texturas dibujadas en "Stormlight" y especialmente "Sculptures" -con el protagonismo ambiental de guitarras y sintetizador- consiguen un estupendo efecto en el conjunto del álbum, logrando un ensamblaje perfecto (los dos artistas parecen tener muy definido y aceptado su papel en el dúo), un sonido característico, muy en la línea estilística de Narada, perfectamente producido por el propio Speer. Si bien el final del disco no es precisamente espectacular (parece diluirse en los últimos temas, buscando un final adecuado sin demasiado efectismo), lo que sí volvemos a encontrar es una música muy visual, y como sucediera con "Natural states", "Desert vision" contó con un exitoso video del álbum íntegro, una sucesión de imágenes naturales dirigidas por Jan Nickman que posteriormente fue restaurado y editado en DVD. Lanz y Speer emprendieron una serie de conciertos tras la publicación de sus colaboraciones, junto a Neal Speer en la batería; sincronizaron la música con los videos, que proyectaban en una gran pantalla detrás de la banda. Al poco, con la publicación de "Cristofori's dream" por parte del pianista en solitario, los promotores sólo querían a David Lanz.

Años después llegaría "Bridge of dreams", una tercera colaboración entre estos dos amigos, correcta aunque sin grandes canciones tan reseñables como "Eagle's path" o como aquel tarareable "Behind the waterfall". Sin formar parte de otra película de Jim Nickman, fue Lanz el que pensó en crear una historia detrás del álbum para hacer más fácil su creación y desarrollo, así que inventó un cuento sobre n mundo tenebroso en el que los niños comienzan a cantar una canció que les conduce hacia la esperanza y, definiticamente, la paz. "Bridge of dreams" no contaba además con el habitual e identificativo diseño de portadas de Narada que parecía predestinar al oyente a la sumisión en una nueva y gratificante experiencia auditiva, la misma a la que llegamos notablemente con discos como "Natural states" o este desértico y enérgico "Desert vision".

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2.12.07

GAVIN BRYARS:
"The sinking of the Titanic"


La aleatoriedad en la música -uno de cuyos mayores ejemplos podría darse con el eterno John Cage- se puede lograr desde diferentes frentes, tanto en la ejecución de los músicos (permitiendo ciertas libertades), en las propias partituras (incluyendo elementos azarosos) o en la interacción con el público. En todo caso es importante no perder el control de la obra, de la idea que el autor pretende transmitir. Gavin Bryars, que había declarado que "la música, a diferencia de otras artes, es la más sociable porque depende de los intérpretes y del público", introdujo ciertos elementos aleatorios en su primera obra importante, "The sinking of the Titanic", pero Bryars había tenido anteriormente una importancia capital en la constitución de una de las agrupaciones más extrañas que la música clásica pudo ofrecer: la Portsmouth Sinfonia fue una orquesta fundada en 1970 en Portsmouth (Inglaterra), una especie de experimento artístico que permitía la inclusión en sus filas de músicos sin formación ni, por supuesto, experiencia, y que llegó a ver publicados varios singles (el primero fue su particular interpretación de "William Tell overture", de Rossini) y LP's. Curiosamente, esta agrupación cobró una cierta fama en los 70, incluso otros músicos posteriormente famosos llegaron a participar en la misma, como Michael Nyman -que emocionado entre el público de uno de sus primeros conciertos, pidió tocar tras el descanso un violonchelo que tenían de repuesto- o un Brian Eno que interpretó el clarinete -instrumento que no sabía tocar-, y produjo sus dos primeros discos, auténticos ejemplos de aleatoriedad en la música clásica.

Fue precisamente Brian Eno el músico visionario que fundó el mítico sello Obscure Records en 1975, y en tres años publicó diez discos de música contemporánea, ambiental y experimental, entre los que destacaron su propia obra "Discreet music", "Music from the Penguin Cafe" de la primaria Penguin Cafe Orchestra, "Decay music" de Michael Nyman o, como primera referencia del sello, "The sinking of the Titanic / Jesus' blood never failed me yet" de Gavin Bryars, uno de los artistas que mejor se acopla a la idea de 'reducción a lo esencial' que predica el minimalismo, un británico que podría jugar con un puñado de notas prácticamente hasta el infinito otorgando no sólo coherencia y continuidad estructural sino además una estupenda y atrayente calidez, y por supuesto calidad para el que sepa apreciar este otro lado de la música contemporánea. Más conocido que Bryars, el transatlántico Titanic se hundió al quinto día de su viaje inaugural, el 14 de abril de 1912. Una de las leyendas más sugerentes sobre su hundimiento es el hecho de que durante el mismo, los ocho miembros de su banda de música continuaron tocando en la popa, concretamente el himno episcopaliano "Autumn" (un dato no contrastado totalmente, que proviene de un superviviente, el operador inalámbrico Harold Bride). En esta tragicómica circunstancia y en ese himno se basa "The sinking of the Titanic", una obra viva -incluso periodística-, tanto como los datos y teorías que se han ido interpretando acerca del Titanic. La idea de reelaborar la pieza con el tiempo (concordante en cierto modo con el concepto de aleatoriedad en la música) es base en la música de Bryars, al menos en obras como ésta o como "Jesus' blood never failed me yet", concebidas como algo abierto, tanto como que desde su creación en 1969 ("The sinking of the Titanic" se originó como apoyo a una exposición de estudiantes de arte) ha contado con distintas interpretaciones en directo, y grabaciones diferentes en compañías como Obscure Records (la original, en 1975, reeditada posteriormente por EG Records, Venture, Virgin y GB Records -el sello de Bryars-), Les disques du crépuscule (en 1990, con una espléndida fotografía de portada), Touch Records (un directo de 2005 publicado en 2007, una edición limitada de 2000 copias), GB Records (un nuevo directo de 2012, publicado en 2014) y la que nos ocupa, la de Point Music en 1994 (sello de corrientes inclasificables apadrinado por un Philip Glass que además coproduce este trabajo junto a Kurt Munkacsi y Rory Johnston), con enorme cuidado no sólo en la cuestión musical sino además en lo que se refiere al diseño gráfico, si bien se puede criticar la difícil lectura del texto adjunto. Como curiosidad, y acorde con ese modernizado diseño, una edición japonesa del disco incluía un interesante corte remezclado por el músico electrónico Aphex Twin titulado "Raising the Titanic" (que fue publicado en CDsingle). Retornando a la obra íntegra, esta nueva reinterpretación incorpora un coro de niños (The Wenhaston Bys) y un cuarteto infantil femenino de cuerda en el que tocaban el chelo dos hijas del propio Gavin Bryars, Ziella y Orlanda, recordando que la tragedia afectó también a un buen número de niños, que crecieron marcados por el naufragio. En la música de Bryars viene claramente definido ese matiz depresivo que envuelve todo lo referente al Titanic, es una impresión del triste sino del barco y sus ocupantes, los mismos cuyas almas se esconden en la oscuridad de esa música sobria, decadente y sin embargo tristemente hermosa. Las violas (al mando de Alexander Balanescu, famoso por sus colaboraciones con Michael Nyman) y los violonchelos dominan la atmósfera, completada por el clarinete, el bajo, el coro y unas curiosas percusiones y sonidos de ambiente muy realistas. Sencilla, melosa y envolvente, la sutil melodía dibuja como una pátina de tristeza en el recuerdo del famoso barco, y buscando un lento acomodo, casi místico, en nuestras mentes, se desarrolla pausada con una innegable fuerza expresiva a lo largo de los 11 cortes de que consta el CD (uno de ellos, "The Titanic lament", fue publicado en el recopilatorio español "Música sin fronteras vol. II"), en los que muestra leves variaciones. Las cuerdas se muestran como vehículos del lamento en sus rasgados sones, y la lenta letanía es precisamente como un presagio del amargo final. Qué surrealista tuvo que ser, inmersos en la magnitud de la tragedia, que tanto supervivientes como víctimas escucharan, entre gritos y chapoteos, la solemnidad de esa pequeña y noble orquesta.

"Una de las cosas que aprendí trabajando con John Cage es que estaba en contra de los discos, y es que la gente confunde lo que es un proceso con lo que es un producto"; por ejemplo, la demostración de que esta obra es claramente un proceso abierto es que hay diferencias tan grandes entre el momento en que se compuso y las versiones de los añlos 90, como que se ha encontrado el propio barco. Antes o después de ese rescate, dejarse mecer por cualquier versión de este clásico de la música contemporánea es una experiencia gratificante y placentera, que despliega una tormenta de emociones, la pieza fluye sin estridencias, es también como un buen ejemplo de música ambiental, de la que Eno acuñó el termino años después (de hecho, como productor de aquella primera versión, bien podría haberse inspirado en ella para su "Ambient 1"). "The sinking of the Titanic" constituye un homenaje y un documento desgarrador del final del lujoso transatlántico, una obra hermosa y trágica a partes iguales, que en su simplificación de las formas se disfruta lentamente (una sóla melodía desarrollada durante una hora) y puede llegar a enganchar, si bien muchos la pueden encontrar aburrida, incluso soporífera. Como decía José Ramon Pardo sobre Gavin Bryars: "Escuchar un disco suyo es un ejercicio de voluntad que suele verse recompensado con una experiencia gratificante". Por tanto, olvidaos de Leonardo di Caprio, incluso de la estupenda banda sonora de James Horner para la película de James Cameron, y naufragad con Gavin Bryars.





26.11.07

OCTOBER PROJECT:
"October project"

October Project es un caso de grupo incomprendido, su primer disco es uno de esos trabajos que sin duda merecía una mayor repercusión en el panorama musical de 1994, año en el que lo publicó EPIC Records y en el que la revista Billboard lo definía como 'caviar para paladares sofisticados'. Si bien en su país, los Estados Unidos, sí que llegaron a tener unas buenas ventas de ese primer CD, su inconstancia, el abandono de la cantante original y el cruce de caminos de su propuesta musical les han hecho ser un grupo fantasma, excepto para un importante número de fieles seguidores, entusiasmados con la textura única de sus composiciones.
La escucha de este trabajo podría inspirarnos semejanzas con el grupo portugués V Imperio, a saber, un juego musical cercano al pop pero con una instrumentación no convencional, una especial sensibilidad en la composición, y un juego de voces audaz y distintivo. Es precisamente la voz principal, la de Mary Fahl (complementada con la de Marina Bélica), grave pero aún así cálida, la que le otorga una especial personalidad a este conjunto que, efectivamente, no ha encontrado acomodo fácil en ningún género concreto (es un pop demasiado oscuro que no llega a encuadrarse en el folk ni por supuesto en el rock, aunque su imagen fuera un tanto gótica), lo que por un lado les hace únicos y por otro difíciles de seguir. Este disco alberga demasiadas sorpresas para ser tenido muy en cuenta a pesar del tiempo transcurrido y el desconocimiento del gran público, seguramente por esa propia huida de la convencionalidad. Acogido por el pop, rock o por las nuevas músicas, lo que es obvio es la calidad de las composiciones: el comienzo es abrumador, con sus dos grandes singles seguidos, "Bury my lovely" y "Ariel", dos canciones excepcionales, intensas, cargadas de lirismo. Pero el trabajo es sorprendente de principio a fin, y la continuación, en un tono más calmado, nos trae otras pequeñas delicias llenas de un fantasmal romanticismo, mecidas -más que cantadas- por Mary, para paladear con calma: "Where you are", "A lonely voice", "Return to me", "Be my hero"... para acabar de apabullar con esa delicadeza tan extrañamente tajante y rotunda que poseen "Take me as I am" (una interpretación impresionante para otro de los singles, a la altura de los dos primeros), "Wall of silence" y esa joya oculta de título "Paths of desire", mecida por violines y emocionante en toda su extensión.
La base del grupo se formó en la universidad: Marina Belica (teclados, coros) y el matrimonio compuesto por Emil Adler (teclados, coros) y Julie Flanders (letrista). Esa es la formación que continúa en la actualidad, a la que se añadieron para sus dos primeros álbumes Mary Fahl (solista), David Sabatino (guitarra, coros) y Urbano Sánchez (percusión). Ya desde la interesante portada y el original diseño de las letras que forman el nombre del grupo, muchos podrían sentirse atraídos a escuchar el interior, unas entrañas que recogen impresiones de una realidad distante que se quedan en nuestras mentes a la primera escucha, aletargadas, esperando para volver a tener su momento. Los que ya conocéis October Project sabéis que cualquier instante es bueno; los que no, os toparéis con un disco que puede ocupar un sitio permanente en vuestro corazón.

19.11.07

DEEP FOREST:
"Deep forest"

La música es otra de las disciplinas culturales en las que occidente acaba absorbiendo todo tipo de influencias del mundo menos avanzado (al menos tecnológicamente hablando); en ocasiones no se trata exclusivamente de la inspiración en la cultura de esos países, o de sumergirse en su folclore, sino que simplemente se acaban utilizando voces indígenas y sonidos autóctonos en ritmos y melodías puramente occidentales, aunque en algunos casos sí que llega a quedarse impregnada el alma de esas gentes primitivas y lugares mágicos. En un término medio entre experimentación electrónica y world music (algunos lo han calificado como etno-tecno, o ambient world, aunque lo más fácil posteriormente fue archivarlo en la categoría chill out) nos encontramos a un grupo que expresa como ninguno lo anteriormente expuesto, un dúo representado por un extraño símbolo que significa paz, naturaleza y unidad: Deep Forest.
Si bien algunos despistados (como yo) escuchamos por primera vez el nombre de Deep Forest en boca de un Mike Oldfield que hablaba de ellos en 1994 como un grupo a tener en cuenta, realmente su tema más conocido, "Sweet lullaby", ya había sido radiado masivamente desde la aparición de este disco en 1992. El origen fueron unas grabaciones del continente africano que Michel Sanchez compró a la Unesco, y en las que, junto a su amigo Eric Mouquet, encontró una base sobre la que dirigir el sonido ambient en el que estaban trabajando, otorgando a esas voces sampleadas la categoría de instrumentos (una idea que en su concepto no era nueva, sin ir más lejos en la propia Francia nos encontramos con el impresionante "Zoolook" de Jean Michel Jarre, y unos años antes con otro disco seminal en Gran Bretaña, "The life in the bush of ghosts", firmado a dúo por Brian Eno y David Byrne). Este acercamiento al dance por medio de la música étnica funcionó de maravilla y enseguida creó adeptos e imitadores, como el proyecto de Phil Sawyer 'Beautiful world', o aquel "Sacred spirit" con indios nativos americanos, sin olvidar a algunos que ya estaban ahí en lo más alto, como Enigma, pero que acabaron siguiendo el juego étnico de Deep Forest, un juego que comienza con el tema homónimo, basado en voces de Ghana, que sirvió de efectista primer single al álbum. Fue sin embargo "Sweet lullaby" el sencillo que impulsó el disco hasta vender millones de copias en todo el mundo, una lenta y preciosa canción basada en voces de las islas Salomón, al noreste de Australia y Nueva Guinea. Sigue siendo sin embargo Africa el centro del universo Deep Forest en este su primer trabajo, y Camerún, Burundi y Senegal son otros de los países representados en su juego de voces y sonidos, entre los que destacan las melodías autóctonas de "Night bird" o "White wisper", el ritmo de "Hunting" o "Savana dance", y la calmada ambientalidad de "The first twilight" y "The second twilight", en las que realmente el oyente puede fundirse con el bosque. El pequeño sello 550 music fue el primero que publicó el disco en 1992, si bien CBS/Sony Music se encargó de la primera reedición, con un tema nuevo, "Forest hymn", y de otra en 1994, bajo el título "World mix", que incluía varios remixes, en su mayoría prescindibles.
Michel Sanchez y Eric Mouquet han continuado su viaje por el mundo a través del este de Europa ("Boheme", espectacular trabajo con el que ganaron un grammy), el caribe ("Comparsa") y oriente ("Music detected"), sin contar otras colaboraciones, bandas sonoras y discos en solitario. Teniendo en cuenta la fama de vacuidad generalmente asociada al género ambient, Deep Forest al menos parecen utilizar la música electrónica como un canalizador de respeto y amor por la naturaleza. Su nombre, Deep Forest (bosque profundo) simboliza las selvas tropicales que hay que salvar de la deforestación. Cada uno de sus discos destina un porcentaje a ayudas a las culturas que reverencian (este primero colaboró con poblaciones de pigmeos en su paso del nomadismo a la agricultura), por lo que tienen impresa una especial aura de espiritualidad y misticismo, son como viajes iniciáticos alrededor del mundo a través de la música
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10.11.07

CARLOS NÚÑEZ:
"A irmandade das estrelas"

1996 fue el año en el que descubrimos a uno de los músicos más internacionales que ha deparado el panorama musical español. Y fue así a pesar de que Carlos Núñez, nuestro personaje, ya había despuntado desde su más tierna infancia. Estamos además ante un estudioso de la música tradicional, alguien que, a pesar de su juventud (nació en Vigo en 1971), se merece un extraordinario reconocimiento por sus discos en solitario, su anterior trabajo con el grupo Matto Congrio, y sus numerosas colaboraciones con artistas de indudable calidad y renombre. Como dijo la publicidad de la época: "un artista que nace siendo internacional". El fruto de dicho parto se tituló "A irmandade das estrelas", y efectivamente, al menos viéndolo con el transcurso de los años, se trató de algo más que un puñado de canciones de origen gallego, acabado celta y colaboraciones de excepción; fue el comienzo de una nueva popularización del folk gallego en España y el nacimiento de un adalid de esta noble causa. Lo que grupos de siempre en el mundillo de la música tradicional gallega como Milladoiro o Emilio Cao sólo habían podido acercar a un puñado de interesados, lo consiguió popularizar masivamente este joven vigués, apasionado, deshinibido y por supuesto virtuoso.
'La hermandad de las estrellas' fue un proceso iniciático para muchos en la música celta y constituyó el descubrimiento de una nueva cultura hermosa, atrayente y con un interesante componente festivo, pero el gran éxito de Carlos Núñez se ha basado también en la fusión de estos elementos con todo tipo de culturas, dentro y fuera de nuestras fronteras: 'Galicia es Galicia cuando es todos los mundos', dice Manuel Rivas en el prólogo del CD. Aún así no cabe duda de que la satisfacción que provoca su música, la emoción que transmite y la conexión que logra en directo son mérito exclusivo de este músico carismático que emana una exclusiva seguridad y un extraño poder cuando maneja la gaita gallega y la flauta de pico. Frutos de la tradición en su mayor parte, cada canción es un mundo en este delirio de calidad, los temas vocales cuentan con las magistrales aportaciones de Luz Casal ("Negra sombra", en la que reside el espíritu de Rosalía de Castro), Xiradela (grupo de pandereteiras que literalmente lo bordan en "Cantigueiras", una de las canciones más auténticas del disco, que nos traslada a la Galicia rural), Dulce Pontes (en el precioso fado "Lela") y la eterna Vieja Trova Santiaguera (que despide el disco con la conga "Para Vigo me voy"), si bien esa comunión tan importante y maravillosa entre naciones celtas (sobre todo Galicia e Irlanda) se evidencia en los instrumentales: "Amanecer" es un impresionante recibimiento, una melodía hermosa que abanderó el disco, en la que destacan las flautas y la gaita de Carlos, pero donde comienza el desfile de estrellas con las aportaciones sin igual de los hermanos O'Domhnaill -los 'cerebros' de Nightnoise-, Derek Bell y Paddy Moloney. Jota, fandango y bulerías se hermanan a continuación gracias a Kepa Junkera, Rafael Riqueni y Tino di Geraldo en el tema que da título al disco y que mejor evidencia su desenfado y alegría. La de Kepa es una colaboración especial que se repite a lo largo del disco, pero también la de Ry Cooder y esa especie de mentores de Carlos en que se habían convertido The Chieftains, que en "The flight of the earls" capturan toda la magia de Irlanda para el debut discográfico de su protegido. Termino destacando otra de las composiciones, "Villancico para la navidad de 1829", una joya más deudora del estudio y contínua búsqueda de Carlos Núñez, donde aparte de las gaitas de Paddy Moloney destacan el violín de Enrique Iglesias, el clavicémbalo de Pablo Cano y el contrabajo de Pablo Múzquiz.
Este no es un simple disco de folk, tradicional o de música celta, tiene una chispa especial, un impresionante trabajo de investigación, una composición escrupulosa e inspirada, unas colaboraciones magistrales... pero hay algo que lo hace aún mejor, este disco tiene alma, y el público español conectó con ella, llegando a venderse más de cien mil ejemplares del CD publicado por BMG Ariola. Esa mezcla de osadía propia de la juventud (no hay fronteras para el hermanamiento y fusión de la música celta con otros pueblos y culturas) con una madurez impropia de la misma originó un trabajo irrepetible, una estrella más entre esa hermandad de astros que forman el camino que lleva a Galicia.

3.11.07

VARIOS ARTISTAS:
"Do it a capella"

Antiguamente existía la prohibición de utilizar instrumentos musicales en las iglesias cristianas, por lo que la voz humana -por otro lado el más antiguo de los instrumentos- era el único modo de expresar la devoción a Dios, como por ejemplo por medio de los cantos gregorianos. La historia se ha encargado de dar muchas vueltas a la situación de las ceremonias religiosas, pero básicamente proviene de ahí la expresión 'a capella', del italiano capilla, y se refiere, evidentemente, a la música realizada exclusivamente con la voz, sin acompañamiento musical alguno. A partir de los 80 este estilo atrajo un público fiel y una serie de grupos y artistas que conseguían imitar de forma prodigiosa la melodiosidad de ciertos instrumentos lograban colarse en las radiofórmulas y los espectáculos musicales. Entre ellos destacó poderosamente Bobby McFerrin, que consiguió con el conocido "Don't worry, be happy" no sólo un enorme éxito comercial sino que la gente comenzara a interesarse realmente por el término a capella.
A caballo entre las décadas de los 80 y los 90 la cadena de televisión PBS estaba preparando un documental sobre el auge del género. Tratándose de voces 'a palo seco' las cuerdas vocales de los afroamericanos tienen mucho protagonismo, así que como el programa iba a rodarse en Nueva York el conductor perfecto del mismo tenía que ser Spike Lee. Con "Do it a capella" este gran director de cine pretendía difundir esta forma musical, bastante incomprendida, tan antigua como la propia voz. Grupos relativamente nuevos como Rockapella (que hasta entonces cantaban por las calles de Nueva York) o The Mint Juleps, ya consagrados como Take 6 o The persuasions, o exóticos como los sudafricanos Ladysmith Black Mambazo se dieron cita en este documental de 1990 que realmente dirigía Ernest Dickerson para Elektra Entertaiment, la misma compañía que publicó además un estupendo CD con todas las canciones.
Ese carácter reivindicativo de las voces negras llevó hasta allí a Spike, y posiblemente abriera los ojos a muchos con este entretenido documental que él mismo, junto a la actriz y cantante Debbie Allen (la famosa profesora de "Fama") se encarga de presentar, de una manera amena y deshinibida. De hecho el primer plano nos muestra al 'gran' Spike, que ante las protestas de grandes intérpretes y vocalistas como Wynton Marsalis o Roberta Flack, deja bien claro que el documental trata única y exclusivamente de música a capella; incluso el alcalde de Nueva York en esa época, David Dinkins, se atreve a tocar la armónica reclamando el derecho de los instrumentos, pero Spike Lee se muestra impasible. Debbie Allen se entusiasma ante los cameos conseguidos en este divertido comienzo (incluso podemos ver fugazmente a Samuel L. Jackson), y tras ofrecerse para protagonizar alguna futura película o en su defecto participar en la banda sonora, comienzan un diálogo que desemboca en el documental propiamente dicho, que consta de dos partes: la primera está rodada en estilo video-clip, con interpretaciones en playback de Rockapella ("Zombie jamboree"), True Image ("I need you"), el grupo femenino The Mint Juleps ("Don't let your heart") y The persuasions ("Looking for an echo"). El estupendo 'duelo' entre Rockapella y True Image podéis verlo en esta dirección de You Tube. La segunda parte recoge parte de un show, absolutamente en directo, donde algunos de estos grupos maravillan literalmente a una audiencia entregada: Take 6 (grupo adventista de claras temáticas religiosas) hace una interpretación prodigiosa de "Get away Jordan", Rockapella y True Image vuelven a enfrentarse con "Under the boardwalk" (el clásico de The drifters), The Mint Juleps acometen otro clásico, "Higuer and higuer", y Ladysmith black mambazo adornan el escenario con su colorido y bailes aparte de con sus voces puramente africanas.
Un programa interesantísimo (por la calidad de los grupos representados, por la presencia de Spike Lee y Debbie Allen, y porque llega a ser sorprendente ver -y no sólo escuchar- lo que un puñado de voces pueden conseguir, desde el tipo enorme que hace de bajo hasta los tenores o barítonos) que emitió La 2 de Televisión Española en horario intempestivo. El fenómeno a capella ha continuado creciendo y despertando curiosidad y admiración, así que desde aquí no sólo os recomiendo "Do it a capella" y los grupos aquí representados, sino otros muchos como The king's singers, The nylons, The bobs, The flying pickets o por supuesto Bobby McFerrin, para descubrir una forma distinta de hacer música
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23.10.07

PHILIP GLASS:
"Glassworks"


Si alguien se ha mantenido fiel a un estilo, a un sonido característico, a un minimalismo con entradas y salidas hacia géneros tan dispares como la ópera o la música para películas, ese es el compositor neoyorquino Philip Glass, admirado en mayor medida que la mayoría de sus contemporáneos pero aún ahora discutido -cada vez menos- por parte de la crítica por su huída del serialismo, su abrazo a las estructuras rítmicas indias y sus flirteos musicales con conocidos personajes del mundo del rock, pop y folk (David Bowie, Brian Eno y Paul Simon entre otros). Budista a pesar de sus orígenes judíos, tuvo que compaginar en los 70 su labor al frente del Philip Glass ensemble con diversos trabajos hasta que le llegó el reconocimiento que sin duda, y el tiempo le ha dado la razón, merecía.
"Glassworks" está inscrito en la obra de Philip Glass -junto a otro de sus grandes trabajos, "The photographer"- entre dos óperas, "Satyagraha" y "Akhnaten", y no muy lejos de la que le empujó en su huída de la indiferencia del mundo musical, "Einstein on the Beach". Publicado por CBS en 1982 y con los fieles Kurt Munkacsi y Michael Riesman en la producción y conducción de la orquesta respectivamente, contiene ritmos altamente adictivos en sus seis composiciones, que sumen al oyente en un profundo trance del que sólo despierta de vez en cuando por el desconcierto provocado por el cambio rítmico entre unas y otras. Seguramente en un intento de llegar a un gran público al que pudiera resultar incómoda la faceta más repetitiva e incluso estrámbotica del Glass más electrónico (no del creador de óperas o sinfonías, cuyo mercado es más limitado), su música se tranquiliza, se simplifica, pero en absoluto huye de su carácter cíclico que, aún en la actualidad y circunscrito en el desarrollo de películas de éxito, no pasa de moda en absoluto. El comienzo de piano, fácil y absorbente, nos introduce en un mundo privado, puramente neoyorquino, presa de esa mezcla de vitalidad y depresión que nos evoca la 'gran manzana'; "Opening" es como esa bienvenida a su mundo, el que en "Floe" se vuelve caótico, esta vez sí, en el clásico estilo 'glassiano' donde la combinación de teclados y vientos, entrelazados convenientemente, configuran una atmósfera agobiantemente hermosa -violas y cellos se mantienen en un tercer plano-. En "Island" la cadencia es más lenta y agradable al fondo, y los vientos dibujan sobre ella la melodía que a veces se torna principal, a veces secundaria, ya que ese mismo fondo puede nublar la razón en su reiterativo y atrayente compás. Ese doble juego se repite con mayor intensidad en la auténtica obra maestra del disco, "Facades", un prodigio de desarrollo hipnótico deudor, como gran parte de la obra de Glass, de cadencias orientales, y de una belleza embriagadora tanto en el fondo como en la entrada de un genial saxo soprano. "Rubric" se hermana a "Floe" (como "Facades" podría unirse a "Island") en su rapidez de notas que suben y bajan eternamente como una montaña rusa. Este gran exponente vivo del minimalismo americano cierra su trabajo más comercial con "Closing", que retoma la melodía de "Opening" pero no al piano en solitario -que también aparece en un plano destacado- sino con el acompañamiento orquestal del resto del disco, manteniendo el clímax hasta el final de esta pequeña fiesta para los sentidos.
Prolífico y original, poco importa que muchas de sus composiciones sean tan parecidas entre sí, ya que siguen enganchándonos sin miramientos. La maravillosa inquietud provocada por canciones como "Facades" es difícil de olvidar y constituye sin duda una de las muestras más claras de maestría del siglo XX. Por tanto, y sobre todo ahora que Sony Masterworks ha vuelto a distribuir el disco con portada diferente e irresistible precio, sería un auténtico pecado no conocer una de las obras emblemáticas y fáciles de escuchar (y aún así atrevida y en cierta medida experimental, no en vano se trata de 'trabajos de Glass' -'trabajos de cristal', en la doble intención del título-) de este músico de Baltimore.



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15.10.07

YANN TIERSEN:
"Le phare"

Cualquiera que haya visitado Bretaña ha podido quedar embelesado por la belleza de esa tierra de raíces celtas, de sus paisajes, sus gentes y sus tradiciones. Una vez allí se puede comprender mejor la música de este bretón, natural de Brest, que al menos en sus primeros discos era capaz de transportarnos hasta el noroeste francés. Lo difícil no es quedarse atrapado por esa música sino comprender por qué tardó tanto en llegar hasta nosotros, tuviendo que esperar al año 2001 cuando el cineasta Jean-Pierre Jeunet utilizó canciones de sus primeros trabajos en la banda sonora de esa maravillosa película que fue "Amélie", cuyo éxito catapultó a Jeunet, a Audrey Tautou y, cómo no, a nuestro protagonista, Yann Tiersen.

La historia desde ahí merece un punto y seguido, ya que había pasado la primera etapa en la obra de Tiersen, la mejor sin duda y la más desconocida, lejos de las populosas giras que, conforme pasaba la primera década del XXI, nos acercaban a un sucedáneo alternativo, en exceso rockero, del delicado hombre del violín y del acordeón. Posiblemente sea esta evolución la que esté más acorde con la personalidad y los intereses de Tiersen, al que se podía ver como un nuevo Kevin Ayers -tanto en físico como en algunas de sus trovadoras melodías-, pero es innegable que en los 90, recién salido del conservatorio con ideas explosivas, publicó en Francia unos primeros trabajos cautivadores por su búsqueda de la experimentación entre el folk bretón, el pop, el rock, el clasicismo y la canción popular: "La valse des monstres" en 1995 (cuyo origen son dos obras de teatro), "Rue des cascades" en 1997 y por fin, en 1998, "Le Phare". Los dos primeros, en su huída de la comercialidad, parecen como cuadernos de notas, llenos de detalles pero sin llegar a profundizar en exceso, dejándonos en muchas ocasiones con la miel en los labios en su presunta forma de demos de corta duración. Valses, canciones de fiesta, melodías circenses... un eclecticismo que nos lleva sin prejuicios del folk más lúdico a la contemporaneidad más irreverente. "Le phare" es un pequeño paso adelante, más elaborado, también encontrando otra forma de expresión en las voces, y en especial consolidando su sonido, ese espíritu festivo y portuario en el cual acordeón y violín no son meras comparsas sino que tienen un papel tan importante, por básico y distintivo, como guitarra, batería o un teclado que enamora con esa melancolía que Yann sabe imprimirle (sencillamente espectacular en "La dispute"). La vena folkie domina todo el trabajo y nos acerca a los arrabales bretones, comenzando por los sonidos que nos reciben en "Le quartier" antes de la entrada del fenomenal violín en dos minutos tan cortos como frenéticos. Dos canciones nos confirman el gran momento de este multiinstrumentista, "La rupture", cantada por Claire Pichet, con ritmo rápido, y en contraposición una de las cumbres del álbum, la melancólica y en cierta medida infantil "Monochrome", con la voz del conocido Dominique Ané, cuya contribución al disco fue parte importante de su éxito. Seguidamente llega la mencionada "La dispute", que tras su entrada de acordeón nos lega posiblemente los dos mejores minutos del álbum, sinceras y sencillas notas al piano que de por sí ya elevan el nombre de Yann Tiersen a la categoría de genio. "La dispute" fue incluída en la banda sonora de "Amélie", como "La noyee" y "Sur le fil", otras de las piezas magistrales del disco, que asombran al acordeón y al violín tras hacerlo en la anterior con el piano. Muchos más detalles se pueden encontrar en el resto del disco, un trabajo imprescindible en sus catorce temas, desde el infantilismo de "Les jours heureux" o "L’Effondrement" (con ese curioso sonido de fondo como de bicicleta y la voz del propio Tiersen) hasta el aroma festivalero de "L'arrivée sur l'île", "Le fromveur" o "La crise", pero sobre todo esa melancolía portuaria cuyo salitre puede respirarse en "L'homme aux bras ballants" o "Les bras de mer", también cantada por Dominique A.

La historia dió muchas vueltas de tuerca a partir de aquí para este hombre orquesta que de la noche a la mañana fue objeto de elogios y reconocimiento. La emoción que respiran sus piezas y las múltiples influencias en ellas aunadas las hacen absolutamente únicas y dificilmente imitables, y aunque en su nuevo rumbo parece haber perdido ese aroma circense y arrabalero tan atractivo para las nuevas músicas, puede volver a sorprendernos con nuevos títulos cercanos a aquellos "Monochrome", "La dispute" o "Sur le fil", presentes en el indispensable "Le phare".







6.10.07

TANGERINE DREAM:
"Stratosfear"


De camino entre la década de los 60 y la de los 70 surgió en Alemania una escena musical vanguardista que fue transformando poco a poco el rock psicodélico en una nueva forma de expresión basada en la electrónica, donde el ritmo y los secuenciadores convivían con la experimentalidad e incluso la meditación. Dejando aparte a los admirados Kraftwerk, a grupos como Ashra, Cluster o Popol Vuh se antepuso el proyecto de un joven estudiante de artes llamado Edgar Froese, una longeva banda nacida en Berlín llamada Tangerine Dream, cuya influencia ha sido notoria en un buen número de artistas electrónicos. En una evolución en la que ellos mismos se marcaban, sin miedos ni tapujos, los caminos a seguir, lo surrealista de las primigenias propuestas musicales del grupo, unido a sus estudios artísticos, les acercó a la pintura del genial Dalí, a quien Froese conoció en los años 60. Es sin embargo difícil encontrar una coherencia en sus primeros discos (algunos de ellos muy admirados), que les llevara al éxito popular, habiendo que remontarse a la formación más efectiva de la banda, la formada por Froese, Christopher Franke y Peter Baumann, para encontrar el nombre de este proyecto entre los álbumes más vendidos del año. Fue con el impulso de Virgin Records cuando las ventas de "Phaedra" y "Rubycon" -dos de los álbumes más míticos del grupo-, se dispararon, además de apostar por la huida controlada de atmósferas tenebrosas, extravagantes y excesivamente vanguardistas. Es conveniente detenerse también en 1976 cuando, ampliando el componente melódico (al contrario que en "Rubycon", parece que la banda intentó mover otra serie de teclas de cara a la audiencia, si bien mantuvieron perfectamente su carácter), se publicó otro álbum de culto aunque algo más controvertido, de título "Stratosfear". 

Publicado de nuevo por Virgin Records, en "Stratosfear" el trío seguía experimentando cósmica y lisérgicamente, manipulando los sonidos electrónicos a su antojo. Si bien se respira un aroma setentero en estos movimientos electrónicos marcados por la psicodelia, su propuesta no permanece anclada en el olvido de la experimentación y el surrealismo en el que sí que cayeron muchas otras obras del grupo. Su escucha es sugestiva, excitante y muy agradable, el ritmo constante tiene una vibración especial que conecta con los sentidos. "Stratosfear" es la canción básica del álbum, un tema activo y poderoso en su potente desarrollo, pero de una locura controlada, sin entrar en ritmos excesivamente machacones sino más bien sinfónicos. Con un título juego de palabras entre lo cósmico y el miedo (plasmación electrónica del miedo al infinito, tal vez), y un final excesivamente sosegado, mortuorio, "Stratosfear" es un hit que podría ser válido perfectamente en la actualidad para pistas de baile, y que fue convenientemente usado como sintonía en radios y televisiones. Pero no sólo el tema principal logra esa extraña y casi mística conexión interior; basado no en un ritmo contínuo sino en constantes saltos y variaciones de estímulos sintéticos en una onda fúnebre (como la música de un cuento de Poe), "The big sleep in search of hades" estimula la mente como "Stratosfear" lo hacía con el cuerpo. La conexión continúa de forma parecida en el tercer corte, a ratos meditativa y otros alocada, tanto como su largo y extraño título, "3 A.M. at the border of the marsh from Okefenokee". En él, sones de armónica nos trasladan a un desierto sintético, con planeos áridos y notas lánguidas, en otro ambiente sin secuenciador. Por último, y en un tímido acercamiento a lo clásico, "Invisible limits" nos hace viajar por esos límites invisibles que, entre lo físico y lo espiritual, nos evaden del mundo conocido, hasta llegar a un suave, melodioso y bello final tras el cual debemos reencontrarnos con nuestra realidad, algo parecido a lo que sucede al final de la película "2001: Una odisea del espacio", que también intenta recrear Monique Froese en la espectacular portada del álbum. En comparación con sus anteriores trabajos, Tangerine Dream se habían acercado demasiado a 'zonas de confort', trabajos con melodía y ambientes comerciales como "Stratosfear", que les generaron por igual críticas entre algunos de sus fieles (por su presunta falta de atrevimiento e intensidad), como nuevos seguidores que valoraban su acercamiento a fórmulas más fáciles y radiables. Froese lo contaba así: "Habíamos llegado a un punto en el que lo que hacíamos nos aburría profundamente, todos esos trucos con el secuenciador eran demasiado evidentes, muy fáciles. Abramos un nuevo capítulo, dijimos, cambiemos los papeles, el de la melodía, el de la estructura rítmica... Cambiemos todo. No fue cosa de ser o no comerciales, sino de colorear un poco el aburrimiento". Desde luego que lo consiguieron. Como era habitual en la compañía británica, Virgin publicó un single con versiones recortadas de "Stratosfear" y "The big sleep in search of hades". La primera edición en CD del álbum se publicó en 1984, como toda la discografía de Tangerine Dream en Virgin hasta la fecha. También contó con su correspondiente 'Definitive edition' en 1995 y una reedición en vinilo en 2012. Además, el álbum íntegro se incluyó en la recopilación en triple CD "The Virgin years 1974-1978". En 1995, en el disco "Tyranny of beauty" de Tangerine Dream, venía contenida la pieza "Stratosfear 1995", casi 20 años después de la original

Según declaró Edgar Froese, fue este un álbum muy complicado de grabar debido a problemas con el nuevo secuenciador de Peter Baumann, averías en los multipistas del estudio, en la mesa de mezclas, etc... Como ya sucediera con "Phaedra", el trío se acabó sobreponiendo a cualquier eventualidad, para poder tener el álbum publicado en octubre de 1976. Como antecedente del sampler, el melotrón -teclado que podía reproducir diferentes ritmos e imitar numerosos instrumentos- tuvo mucho que ver en este sonido que consiguió anclar a Tangerine Dream en la cima de la popularidad electrónica. Aunque había que vivir esa época para comprender el éxito de obras como esta, el nuevo oyente puede encontrar un fácil acomodo y una "nueva" gama de estímulos en esta pequeña locura de ritmo, psicodelia, meditación y viajes astrales. Puede además quedar enganchado y perderse en la abultada discografía de este 'sueño de la mandarina', con o sin un Baumann que ya había publicado su obra en solitario "Romance 76" -de hecho "Stratosfear" fue su último trabajo de estudio con la banda, que abandonó tras la gira americana, donde acabó fundando la imprescindible compañía de Nuevas Músicas Private Music-, con o sin Franke -que una década después, en choque con Froese, continuó su carrera en solitario-, y con o sin un incombustible Edgar Froese, que permaneció al frente de la banda hasta su muerte en enero de 2015.







28.9.07

VARIOS ARTISTAS:
"An evening with Windham Hill live"

Conocidos de sobra para los incondicionales de la música instrumental contemporánea son los inicios de la compañía Windham Hill, así como ese espíritu de 'gran familia' que imperaba entre los grandes músicos de esa inmortal discográfica californiana, una sensación que se fue extendiendo también desde entonces en otras grandes firmas de las nuevas músicas que al conseguir configurar un catálogo de nombres en buena armonía, facilitaban la interactuación entre ellos. Pero dejando aparte las colaboraciones de unos con otros en sus trabajos, o las reuniones en discos de recopilación con temas exclusivos, la mejor excusa que se le ocurrió a William Ackerman -genial guitarrista y fundador del sello- para humanizar la propuesta de la 'colina de los artesanos' fue llevar la música directamente hasta el público. Y así fue como diez grandes intérpretes incluídos en la nómina de Windham Hill se juntaron a finales de 1982 en una pequeña gira estadounidense que les llevaría, con lógico éxito, hasta Boston, Nueva York, San Francisco y Washington, entre otras importantes ciudades. Fue en los dos conciertos del Berklee Performance Center de Boston donde se grabó este disco publicado en 1983, corto en su duración pero de un gran interés para los seguidores de este mítico sello, que pasaba en esa época por su momento más álgido.

Aprovechándose de las mejoras en la calidad de la grabación digital, Will Ackerman tuvo la gratificante idea de registrar aquellos conciertos de Boston, para ofrecerlos a los que no pudieron disfrutar de aquella gira primigenia; efectivamente, en "An evening with Windham Hill live" se puede sentir y respirar lo que era esa exclusiva música y lo que fueron aqueellos conciertos, en un plástico indispensable. Siete composiciones llenan el álbum, compuestas dos de ellas por Michael Hedges, dos por Alex de Grassi, otras dos por Will Ackerman (hasta ahora todos guitarristas) y la última por George Winston y John McLaughlin (genios del piano y la guitarra, respectivamente, si bien el último, que no pertenecía a la nómina de Windham Hill, no participa en el concierto, sólo firma la segunda parte de la pieza). Es Michael Hedges el que abre el show con un impresionante 'solo' de su clásico "Rickover's dream", y es precisamente en directo donde impacta la genialidad de este malogrado guitarrista -fallecido en 1997 en un accidente automovilístico-, capaz con su dominio del tapping de levantar al público de sus asientos; Hedges cede también el cuarto tema del álbum, "Spare change", que interpreta junto a su eterno amigo y gran bajista Michael Manring -sorprendente el sonido que consigue extraer de ese instrumento- y la pianista Liz Story, en una agradable conjunción de cuerdas y teclas. Los dos temas firmados por el guitarrista Alex de Grassi son de lo mejor del disco, tanto la interpretación en solitario de una de sus más recordadas composiciones, "Turning: Turning back" -título de su primer álbum en Windham Hill cinco años atrás- como sobre todo el que también títuló su tercer trabajo, "Clockwork", una pequeña joya a la que el lyricon -el curiosísimo saxo electrónico- de Chuck Greenberg le otorga ese sorprendente lirismo que desbordaba en los discos del imprescindible grupo Shadowfax, sin olvidar las contribuciones de Manring al bajo, Darol Anger al violín y Michael Spiro a la percusión. También el lyricon de Greenberg y el bajo de Manring realizan su sincero acompañamiento al tercer compositor/guitarrista de esta serie de conciertos, el fundador de la compañía en cuestión, Will Ackerman; la canción, suave, sencilla y embriagadora, lleva por título "Visiting", y da paso a uno de los clásicos de Ackerman, "Hawk circle", para el que hace su primera aparición el pianista George Winston, plasmando en vivo su dueto del álbum de Ackerman "Passage". Es precisamente el extravagante Winston el que concluye el disco en solitario con su estilo personal al piano interpretando "Reflections / Lotus feet" y, lógicamente, encandilando a la audiencia, que posiblemente haya tenido que frotarse los ojos al ver desfilar por el escenario a todos estos magistrales intérpretes. El disco tuvo también una pequeña edición en vinilo negro traslúcido.

Al margen de diversos DVD's con música de Windham Hill sobre imágenes de la naturaleza, uno en particular reclama nuestra atención al tratarse de la grabación en imagen de un concierto parecido al comentado en estas líneas: "Windham Hill in concert" recoge temas de Will Ackerman, Scott Cossu, Michael Hedges y Shadowfax interpretados en directo por esos mismos músicos en 1986 (sólo un tema de Ackerman -"Visiting"- repite respecto al disco que estamos comentando, entre otros grandes clásicos como "The bricklayer's beautiful daughter" o "Aerial boundaries"). En la actualidad otros artistas de Windham Hill continúan ofreciendo su música en vivo en el llamado 'Winter Solstice Tour'. Se puede disfrutar con el sempiterno Will Ackerman y otros nombres míticos como Liz Story, Phillip Aaberg o Darol Anger, en una serie de shows que, aún carentes del enorme poder de convocatoria de los Hedges, Greenberg o Winston, siguen siendo exitosos y por supuesto altamente recomendables casi veinticinco años después de aquellos primeros eventos que quedaron registrados en este corto pero magistral recopilatorio.

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21.9.07

YANNI:
"Out of silence"

El comportamiento del mercado norteamericano, al menos en lo musical y también en referencia a las nuevas músicas, en ocasiones llega a premiar más la popularidad que la calidad (aunque a veces ambas puedan ir de la mano). El ejemplo más claro es el de John Tesh, un conocido presentador de televisión que arrastra multitudes con su piano, pero otro más interesante, por su mayor repercusión en el resto del mundo y la magia impresa en sus creaciones, es el de un griego de lacia melena oscura y frondoso bigote que encontró un gran éxito en Estados Unidos gracias a su música y a su relación de casi diez años con la conocida actriz Linda Evans. Su nombre, Yanni Chryssomallis.

Private Music, el sello discográfico que fichó a Yanni en 1986, encontró un filón en este artista nacido en Kalamata (Grecia) en 1954, que llegó a Estados Unidos a los 18 años para estudiar psicología en la universidad de Minnesota. Su gran éxito le llevó a alcanzar unas cifras de ventas sorprendentes para un músico instrumental, en especial con su álbum "Live at the Acropolis", pero la calidad de sus composiciones -Linda Evans al margen-, está plasmada en sus discos y se fue labrando canción a canción. "Optimystique" fue una apuesta inicial bastante electrónica (con sobrantes efectos de sonido) pero atractiva sonoridad en una marcada influencia helena. Años después, tras un interesante aunque aún no redondo "Keys to imagination" donde Yanni se supo desmarcar de la electrónica más vulgar consiguiendo extraer sonoridades orquestales en grandes composiciones como "Nostalgia", llega en 1987 un disco soberbio, en especial por la eficaz combinación de unas melodías románticas de piano que acabarán siendo características del músico griego, con otras tremendamente rítmicas (mucho más depuradas y elaboradas que las que habíamos podido escuchar anteriormente), con una fuerza, expresividad y producción sorprendentes. Multitud de sonidos carismáticos engalanan este álbum, melodías gratas, incluso espectaculares, como la que abre el trabajo, "Sand dance", tras la que escuchamos la delicada "After the sunrise" (que sigue la línea de "Nostalgia", incluído en "Keys to imagination" o de "Farewell" en "Optimystique"), gozosa demostración de esa capacidad de Yanni para conseguir que su música, basada en su mayoría en los teclados, suene cercana y cálida como si la interpretara una orquesta sinfónica. Sin momento para el respiro llega uno de los momentos culminantes del disco, la grandiosa "Standing in motion", radiada hasta la saciedad; el poderoso cambio de ritmo de esta genialidad marca otra de las características de algunas canciones del teclista heleno, divididas en dos partes bastante diferenciadas, por lo general una entradilla de piano atmosférico complementada por una tarareable explosión de fuerza. Cercada por otros cortes más rítmicos, "Secret vows" es puro lirismo atmosférico, una tranquila pieza incluída en ese estupendo recopilatorio titulado "Polar shift". La influencia de su amada Grecia se palpa en la nostálgica "The mermaid" y aún más claramente en "Acroyali", todo un homenaje, como lo es todo el disco, y así figura en el libreto, al pueblo de Kalamata. Para acabar, "Paths on water", otra destacable pieza movida (posiblemente sean éstas las que más destaquen en el conjunto del disco, si bien la ambientalidad más romántica es también loable) en una sensacional alternancia de fuerza y delicadeza.

Teclista autodidacta, Yanni tiene su propio sistema de notación musical. Para él los sintetizadores son sólo un medio para expresarse, pero no suenan distantes poque los toca directamente, no usa el ordenador. Imaginativamente, y en contraposición al romanticismo que desprende, hay algo épico en la música de Yanni, un detalle en algunas de sus composiciones que, aunque suene extraño, y en concordancia con su origen griego, se puede calificar como 'espíritu olímpico' (no en vano en su juventud fue un gran nadador, llegando a alcanzar el record nacional de Grecia en 50 metros estilo libre). Ese matiz grandilocuente se acrecenta con la magnitud de la orquesta en sus discos en directo, y podemos admirarlo en temas como ese "Standing in motion" incluido en este estupendo disco. Aunque tras la ruptura con Linda Evans haya atravesado una mala racha, en la que ha sufrido la muerte de su madre y una acusación de malos tratos de su nueva pareja, la carrera de Yanni puede volver a encauzarse, si bien eso debe pasar por su propia felicidad; como él mismo dijo cuando estaba en la cumbre, ¿de qué sirve vender millones de discos si uno no es feliz?

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12.9.07

MICHAEL NYMAN:
"The draughtsman's contract"

Es difícil encontrarnos actualmente con algún apasionado de la música que no sepa quién es Michael Nyman. Partiendo de una visión muy personal de la orquesta, este londinense nacido en 1944 se ha creado fama y respeto en el panorama musical actual. Nos hallamos ante un músico especial, una personalidad única en las nuevas músicas de finales del siglo XX, su música para películas ha ido adaptándose hasta su inconfundible y elegante estilo propio -más allá del minimalismo que él mismo se encargó de denominar cuando era crítico musical en The Spectator-, pero sus comienzos estuvieron marcados por su amistad con el excéntrico director de cine Peter Greenaway, cuyas películas se encargó de musicalizar Nyman. Y es que aunque en la carrera de Michael Nyman haya un antes y un después de "El piano", su inflexión más importante es Peter Greenaway. En sus películas encontraba la forma de expresión idónea, siendo la relación entre ambos absolutamente simbiótica, el tándem se complementó a la perfección en la búsqueda de nuevas expresiones visuales y auditivas, y en lo referente a lo musical se consiguió un extraordinario dinamismo. Cada pieza está elaborada con un gusto exquisito en torno a un minimalismo melódico de cámara, en absoluto extremo y muy fácil de escuchar y disfrutar. Esos maravillosos trabajos (los más conocidos son "The draughtsman's contract", "Drowning by numbers" y "The cook, the thief, his wife and her lover") parecen más experimentos del propio Nyman que bandas sonoras, y eso se debe no sólo al genio del compositor sino también a la curiosa forma de trabajo con el cineasta por la cual, en vez de componer sobre la película terminada como es habitual, lo hacía anteriormente al rodaje sobre las ideas que Peter le explicaba, así Nyman no se limitaba a componer para las imágenes del cineasta, sino que ambos trabajaban por separado en completa libertad y se hacía un curioso encaje, a veces algo forzado, en el montaje final. Este ambicioso pianista entró de lleno, como él mismo ansiaba, en el desarrollo emocional del film, y en concreto para "The draughtsman's contract" (coproducción anglo-holandesa de 1982, que vió publicada su banda sonora en varias ediciones por Charisma, DRG y Virgin Records, y reeditada en 2005 por el sello del propio Nyman, MN Records) encontró base en el compositor barroco inglés Henry Purcell.
 
Purcell era un consumado musicólogo -como el propio Nyman- además de compositor de éxito, y usaba una técnica que Nyman y Greenaway optaron por utilizar en el 'soundtrack', la del bajo ostinato. Nuestro músico indagó en la biblioteca de música de la Purcell Society y seleccionó una serie de composiciones de Purcell en las que basó su trabajo para el film, ambientado en el siglo XVII. Aunque funciona a la perfección como banda sonora, este trabajo va mucho más allá y presenta una linea estilística -ya explotada en las primeras colaboraciones con Peter Greenaway- digna, en su conjunto, de pasar a la historia de las nuevas músicas. En concreto nos deleitamos de inicio con la canción más conocida, "Chasing sheep is best left to shepherds", una atípica obra maestra convertida en uno de los grandes clásicos del minimalismo, un vendaval de energía orquestal con el protagonismo de los saxos, mecidos magistralmente por violines y trombones, que años después fue regrabado con acierto y utilizado en televisión con buen ojo. Sin embargo, el resto de los temas siguen muy de cerca la estrella del primero y todas las loables cualidades que se les pueda otorgar son pocas, elegancia en la composición, maestría en la interpretación, dosis de ritmo frenético donde las cuerdas y los vientos (destacando en los primeros Alexander Balanescu, John Harle en los segundos) juegan con la melodía elongando el clímax durante minutos cambiantes pero dificilmente perceptibles -jugando con un presunto minimalismo fácil de seguir y que puede inducir a la hipnosis-, y también momentos más calmados, aunque nunca atmosféricos. Se disfruta tanto con la profundidad de composiciones como "The disposition of the linen" que no apetece que haya fin, y de hecho la propia pieza parece gustarse tanto como para recrearse en el bucle eterno y no buscar el brusco final, una rotundidad presente en el abrupto cambio (y caótico segundo movimiento) de "A watery death" o "The garden is becoming a robe room" en todo su contexto, una pieza audaz cuya sensación final es tan turbadora como la propia esencia del minimalismo de Nyman, directo, profundo y lleno de matices, pero también adaptable a las exigencias de las películas a las que va dirigido. Esa ductilidad orquestal, sumada a un ingenio atroz, le ha acompañado y beneficiado desde entonces y le ha aupado a los primeros puestos de respeto y popularidad, con grandes éxitos -dejando aparte "El piano", cuyo éxito no le ha cambiado esa humildad que parece acompañarle- como "The claim" o "Wonderland", ambos films de un Michael Winterbottom que parece haber tomado un testigo actual de Peter Greenaway, con el que Nyman dejó de colaborar -y prácticamente de hablarse- tras "Prospero's books" en 1991. Continuando la escucha del disco no hay que olvidar la exquisita expresividad de "Queen of the night", con su exacerbado minimalismo, tan eficaz como el de "An eye for an optical theory" o absorbente como "Bravura in the face of grief", que ensalza las virtudes de la banda en una duración amplia pero no excesiva.
 
El secreto del éxito del Nyman de esta época estaba en la fuerza que transmitía, en la gran expresividad de su propuesta minimalista enmascarada en un contexto neoclásico. La diferencia con el resto hacía que el gran público, o el poco que le iba conociendo, necesitara cada vez más de este compositor intenso y original, un auténtico estudioso de la música. Sin embargo no hay que equivocarse catalogando a Nyman unicamente como músico para películas, una especie de 'accidente' al que llegó por su amistad con Greenaway. Lejos de eso, cuenta con numerosas e importantes creaciones de otros cortes, por ejemplo óperas, género del cual el británico está literalmente enamorado. Sus demostraciones de clase se cuentan por decenas, y una de las primeras y más impresionantes es este 'contrato del dibujante' que gracias a melodías tan pegadizas como "Chasing sheep is best left to shepherds" y a lo fácilmente digerible de su estilo, debería estar instalado en cualquier colección tanto de música contemporánea como de bandas sonoras o por supuesto de música en general.





29.8.07

MYCHAEL &
JEFF DANNA:
"A celtic tale
(The legend of Deirdre)"

La intromisión de importantes artistas en terrenos musicales ajenos ha dado grandes momentos a la historia de la música, ya no es noticia que consagrados rockeros elaboren interesantes obras de música contemporánea, incluso óperas con mayor o menor fortuna, o que estéticas modernas convivan en forma de remixes con elementos folclóricos o tribales de entidad. Hace poco hablaba en este mismo blog del 'nuevo flamenco' de Ottmar Liebert, guitarrista alemán que ha cosechado un enorme éxito en Estados Unidos con su rítmica música basada en la guitarra aflamencada, pero en absoluto compartiendo el espíritu del original. Así, la música celta también vive día a día la llegada de grupos y músicos que, desde una perspectiva de admiración y respeto, se basan en esa cultura y sus instrumentos para realizar obras que pueden considerarse celtas aunque no se posea la nacionalidad ni las raíces adecuadas. En Canadá, sobre todo en el este, Nueva Escocia y Terranova, existen muchos músicos como Loreena McKennitt, Thalita Mackenzie o Ashley McIsaac, que sí se amparan en su linaje para modernizar la música de sus antepasados. En otras ocasiones no es así, por eso la sorpresa es mayor al encontrarnos con discos como "A celtic tale".

Mychael y Jeff Danna son dos hermanos canadienses, nacidos en Winnepeg -capital de Manitoba- que en un principio no tienen ascendencia celta, aunque sí italiana. Mychael, el mayor y más conocido, despuntó desde pequeño con los teclados, y ha sido gracias a sus soberbias bandas sonoras (en especial las del director armenio-canadiense Atom Egoyan, pero también otras de Ang Lee, Mira Nair y demás) como ha cimentado una gran fama y reputación. En 1996 el sello Hearts of Space (que ya había publicado dos interesantísimos trabajos en solitario de Mychael, "Sirens" y "Skys", así como "North of Niagara", en colaboración con su amigo Tim Clément) inauguró la colección Hearts O'Space con este trabajo inspirado en la trágica leyenda celta de Deirdre. Este disco tenía los ingredientes necesarios para convertirse en una obra épica, de referencia en la nueva música celta. Que su repercusión no haya sido mayor podría deberse a diversos factores como la distribución, la nacionalidad de los autores, el éxito que acaparó "Riverdance" ese mismo año... Sin embargo, su trascendencia se demuestra al comprobar que se distribuyó también una versión narrada por la locutora de radio Fiona Ritchie y una continuación de título "A celtic romance". El trabajo, adornado con elementos sinfónicos y ambientales, encandila sin miramientos. Como en otra de las estupendas bandas sonoras de Mychael, varios temas recurrentes se deslizan como una filigrana al compás de los instrumentos puramente celtas, que suenan muy modernos con los fondos ambientales de Mychael y las rítmicas guitarras de Jeff, engalanando todo con una aparente sencillez y una apacible belleza.

Aunque sea la Ghirlandata, de Dante Gabriel Rosetti, la que nos reciba visualmente, en lo musical es una bella introducción de teclados y flauta que marca el camino de la obra, entre la música celta y la ambientalidad. No hay que esperar mucho para escuchar la primera de las grandes composiciones que llenan el álbum, pues "The child Deirdre" tiene una calidad e intensidad innegables, con una bellísima melodía de flauta sobre el arpa celta y las guitarras y un genial puente de acordeón para completar una pequeña maravilla. Suena de repente a la gaita uno de los temas recurrentes de la obra, "Sons of Uisnach" que será desarrollado posteriormente pero que nos hace recordar los campos irlandeses y otras imágenes de películas como "Braveheart" o "Rob Roy". "Under high branches" continúa elevando la calidad de este disco hasta límites insospechados, encontrándonos sin duda con una de las más bellas obras -se puede hablar de música celta, sinfónica o banda sonora- de la década. Combinados con momentos ambientales y demostraciones de interpretación por parte de los músicos invitados (su escasa fama contrasta con su arte), otros puntos culminantes serían "Defeat of the red branch", una de las composiciones más rítmicas, "The drawning plains", que retoma una anterior y ciertamente bella melodía a la gaita, o "Lament", el sencillo tema cantado por Krysia Kocjan cuya voz se eleva sobre el fondo (también sobre la base de otra melodía recurrente) de la Utah Orchestra.

Los hermanos Danna siempre habían admirado la música celta, algo que queda de sobras demostrado en esta fusión de estilos que afortunadamente contó con una edición traducida en nuestro país, editada por el siempre eficaz sello Resistencia. El sorprendente colorido de la música se une a la carga trágica del mito irlandés y su conjunto es de una intensidad admirable, una de esas joyas imprescindibles en cualquier colección que se precie.

19.8.07

ANGELO BADALAMENTI:
"Twin peaks"

La carrera musical del compositor neoyorquino Angelo Badalamenti está intimamente ligada a la del director de cine, también estadounidense, David Lynch. Poco convencional y extremadamente surrealista, el cine de Lynch encontró en Badalamenti un complemento musical ideal, desde "Terciopelo azul" en 1986 y con partituras tan extraordinarias como "Una historia verdadera" o "Mulholland Drive". Su mayor éxito de ventas y popularidad llegó con una serie para la cadena ABC, un thriller con elementos fantásticos que supuso todo un fenómeno entre el público y que de hecho cuenta aun hoy, décadas después de su estreno, con numerosos seguidores. Su título es ya un referente en la historia de la televisión: "Twin Peaks". Millones de telespectadores en todo el mundo contemplaron impávidos la historia de una pequeña población ficticia del noroeste de los Estados Unidos en la que se había cometido un horrendo crimen, y permanecían atentos a las vidas de sus extravagantes habitantes y a la investigación del agente Dale Cooper (interpretado por Kyle MacLachlan), a la vez que degustaban embelesados los compases de una música que dejaba atrás cualquier calificativo, y que publicó en todo el mundo Warner Bros. Records en 1990, llegando a ser disco de oro en 25 países.

Como cualquier serie de culto que se precie, "Twin Peaks" contaba con un acompañamiento musical de excepción, permanentemente asociado al recuerdo de la trama, los paisajes y los personajes, los mismos cuyas fotografías acompañaban al libreto del CD o a la contraportada del vinilo, y que nos ayudaban a seguir la serie con mayor facilidad. Como curiosidad, el álbum se comercializó en Europa como "Music from Twin Peaks" y en Estados Unidos como "Soundtrack from Twin Peaks". Mecido por un suave e hipnótico compás, el tema principal de "Twin Peaks" se presentaba como esas mismas imágenes que lo acompañan desde entonces sin remedio (la serrería, las montañas, el bosque, el hotel, el prostíbulo, el salto de agua, las vías del tren...), idílico y enmarcado a la vez en una inherente sensación de que hay detrás algo más que se nos esconde, algo ancestral, atávico y francamente mágico. La original cadencia, combinada con la romántica melodía in crescendo, provoca un repentino ataque de nostalgia a todo aquel que se sintió atrapado por el ambiente onírico e irreal pero extrañamente hermoso de la serie, y consiguió con todo merecimiento el premio Grammy (curiosamente, no en la sección de mejor banda sonora sino en la de 'Mejor canción pop instrumental'). Badalamenti conseguía conducirnos con su partitura por ese mundo lynchiano contagiándonos del misterio y haciéndonos partícipes de esa angustia que parecía proceder del bosque y de la que participaba todo el pueblo, con otra obra cumbre en el segundo corte, "Laura Palmer's theme", bellísima en su melodía y desasosegante en su acompañamiento. Angelo se mostró como un compositor muy seguro y eficaz combinando música e imagen, pero no sólo en estos fascinantes temas de inicio sino en todo el trabajo. "Audrey's dance" y "Freshly squeezed" (reconvertida un poco más adelante en "Dance of the dream man") eran posiblemente las canciones más hipnóticas y surrealistas (qué diferencia además contemplar los bailes de la preciosa Sherilyn Fenn y el contrahecho Michael J. Anderson), las que más se asociaban a lo que David Lynch pretendía ofrecer, mientras que el contrapunto venía plasmado en los temas vocales, textos de David Lynch cantados por una vocalista de poco recorrido pero sobrada soltura llamada Julee Cruise (que también aparecía cantando en el popular pub del pueblo): "Falling" era la versión vocal del tema principal, un acierto por su mayor facilidad de radiodifusión, consiguiendo llegar a todo el mundo, supiera o no qué era aquello de "Twin Peaks"; a destacar también otras dos baladas, la luminosa "The nightingale" y, al otro lado del espejo, la oscura "Into the night". Esas tres canciones habían sido publicadas un año antes junto a otras siete (alguna de las cuales también se podían escuchar en la taberna de la localidad), en el álbum de Julee Cruise "Floating into the night", una obra compuesta realmente por Badalamenti, con los textos de David Lynch y la interpretación de Julee. Algo de jazz, country y música más ambiental se citaban en el resto de este maravilloso, elegante y eficaz soundtrack, que tendría una suerte de continuación en la música para la película "Twin Peaks: Fire Walk with Me", que rodó Lynch en 1992 sobre los sucesos anteriores a la trama de la serie original; este film, incluso más extraño que su antecedente televisivo, ponía más énfasis en el jazz (de hecho, decae en un jazz ambiental alucinógeno, soporífero por momentos, una propuesta absolutamente distinta a lo que Badalamenti presentó para la serie), pero dejaba espacio en uno de sus cortes para recordar los momentos más importantes de la música original. En 2007 el sello David Lynch Music Company publicó además el álbum "Twin Peaks season two music and more", con más música, sin voces, y un libreto de 24 páginas para incondicionales de una serie sobre la que se anuncia recurrentemente una nueva temporada.

Nacido en 1937, Angelo Badalamenti se ha ganado una merecida fama en Hollywood más allá del enorme éxito de este disco. Su forma de componer fue distinta a la habitual, y en ella tuvo mucho que ver un David Lynch que se preocupa realmente de la música de sus películas: “David me contaba las escenas antes de rodar para que me creara mi propia impresión: un bosque por la noche, un pueblo tranquilo, una muchacha que aparece asesinada... Esto ayudó más que nada a crear una atmósfera (...) mi estilo se desarrolló a partir de las sugerencias de David, de su visión creativa”. En un año en que Juan Luis Guerra arrasaba, Mecano continuaba con sus éxitos, Héroes del silencio se reafirmaba y sorprendía Enigma, esta banda sonora alcanzó el número 3 en las listas de ventas españolas en marzo de 1991, no tan alto como el número 1 de la rescatada música de "Grease", pero sí por delante de las de "Ghost" o "Robin hood". La de "Twin Peaks" fue también una música inspiradora, por ejemplo en su primer álbum, el más adelante conocido e influyente Moby logró un gran éxito con “Go”, que incluía un sampler de “Laura Palmer theme”. Las enormes cifras de ventas de la BSO contribuyeron al mito creado alrededor de "Twin Peaks", probablemente esa conjunción entre música e imagen directamente para televisión no haya podido igualarse en la actualidad, pero la pregunta que nos hacemos los que disfrutamos y, por qué no decirlo, nos desesperamos con la serie, incluso tras ver su conclusión, es... ¿quién mató a Laura Palmer?







26.7.07

OTTMAR LIEBERT:
"Nouveau flamenco"


Con el triunfo de los Gipsy Kings en EEUU a finales de los 80 nació el fenómeno de la gipsy guitar, más tarde renombrado por la terrible mercadotecnia como 'nuevo flamenco'. Uno de sus máximos representantes (no en vano ese es el título de su primer trabajo, que sirvió para nominar el estilo) es un alemán residente en los Estados Unidos desde 1979, de edad indeterminable y sonrisa encriptada. Su nombre, Ottmar Liebert. Su cruz, ser odiado o al menos ninguneado por los puristas del flamenco (como por su admirado Paco de Lucía) por el apelativo que acompaña a su música. Pero Ottmar, como artista que es, merece un respeto más allá de esa denominación, la música es un mundo en constante evolución y el flamenco también ha conocido y conocerá fusiones, evoluciones e incluso involuciones. Considerado de una forma o de otra, este 'nuevo flamenco' existe, goza de una cierta fama en norteamérica (Liebert copaba sin problemas los primeros puestos de las listas de ventas en Estados Unidos, y su estela la han seguido muchos otros como Jesse Cook, Lara & Reyes, Miguel de la Bastide o el español José Luis Encinas) y ha de ser tenido en cuenta, incluso puede ser admirado en su rítmica y atractiva mezcolanza de flamenco, pop, jazz y músicas del mundo.

Precisamente un ciudadano del mundo es Ottmar Liebert, un alemán nacido en Colonia en 1959, de padre de ascendencia china y madre húngara, que se trasladó a Estados Unidos (a Boston, concretamente) buscando el éxito y que reside desde 1986 en esa ciudad cóctel de culturas (ubicada en Nuevo México, al sur de los Estados Unidos) que es Santa Fe. Su mezcla genética se notaba en su físico y en sus inquietudes ya desde adolescente, cuando viajó por Europa y Asia absorbiendo conceptos y tradiciones. Aunque la guitarra era su instrumento primordial, esa facilidad de asimilación le hizo grabar "Nouveau flamenco" cuando solamente llevaba un año estudiando este difícil estilo, si bien la historia fue algo más compleja: Liebert, que interpretaba su música en bares y restaurantes, entró en contacto con un artista local llamado Frank Howell, un indio que regentaba varias galerías de arte. Con la música de Liebert y los dibujos de Howell, se editaron 1000 copias del álbum "Marita: Shadows and storms", que se vendieron en las galerías de este último y en el mercado indio que se celebra cada agosto en Santa Fe. En un acuerdo con un apretón de manos, Howell le pagaba el estudio y le entregaba el master. De manera parecida a cómo los amigos de Will Ackerman le instaban a que grabase sus composiciones, Ottmar también encontró una cierta insistencia entre la gente que le escuchaba mientras cenaba o tomaba copas en Santa Fe, así que "Marita" fue la respuesta del guitarrista. La casualidad hizo que una emisora de radio californiana emitiera varios cortes del álbum, que llegaron a oídos de la discográfica Higher Octave Music, que con mucho ojo decidió regrabar las canciones y publicar el álbum, si bien con algunos cambios de aspecto: en especial el título, que se ha convertido en una referencia, pero también el orden de los temas -con la eliminación de algunos de ellos- y la mayoría de sus títulos (algunos eran originalmente en español, como "Las cartas perdidas" o "Adios a la noche"). Este cambio daba prioridad a unos ritmos más fáciles de escuchar en los 5 primeros cortes (de entrada ritmo y alegría con los rumberos compases del emblemático "Barcelona nights", otro tema pegadizo dedicado a Berlín -aunque se asome claramente a la bossa nova-, "Heart still / Beating", el claramente fronterizo "3 women walking", un muy movido "2 the night" y el más calmado y sensual "Passing storm"), para de golpe atacar con los dos grandes temas del trabajo de forma continuada, o al menos los más conocidos, radiados e incluídos en recopilaciones, el delicioso y genial "Santa Fe" y "Surrender 2 love" -rotundo corte de inicio de "Marita"- con su comienzo reflexivo y combinación de ritmos y sabores de manera aterciopelada y glamourosa. Le sigue un intento de acercamiento a lo flamenco (en especial en "Road 2 her/Home" -bulerías- y "Flowers of romance"), para concluir de manera reflexiva. "Nouveau flamenco" ha tenido unas ventas espectaculares en casi todo el mundo, alcanzando por ejemplo los dos discos de platino en los Estados Unidos (allí cada platino equivale a un millón de unidades vendidas). De hecho, en el listado de discos latinos más vendidos en Estados Unidos, "Nouveau flamenco" ocupa un puesto privilegiado, en concreto el séptimo, por detrás de trabajos superventas de Selena, Linda Ronstadt, Julio Iglesias o Gloria Estefan, y por delante de todos los demás (Maná, Shakira, Alejandro Fernández, Enrique Iglesias, Ricky Martin, Luis Miguel...). No en vano se define como el álbum de guitarra más vendido de todos los tiempos. A partir de ahí todo fue rodado para este artista, cuya música ha ido evolucionando en la producción y la composición, aportando influencias de todo tipo, incluso clásicas. Desde luego que Liebert no tiene nada que ver con la calidad de Paco de Lucía o Vicente Amigo, pero esa es la diferencia entre el flamenco y el 'nuevo flamenco', este último es de más fácil asimilación, con un componente latino, melódico y popero que lo hace atractivo, bailable y tremendamente rítmico: "Para mí, nouveau flamenco es al flamenco lo que la bossa nova es a la samba. Nouveau flamenco y bossa nova tienen sus raíces en las melodías, mientras que el flamenco y samba las tienen principalmente en el ritmo". William Aura fue el principal impulsor de este proyecto en el que, además de la guitarra flamenca construida para Liebert por Lorenzo Pimentel, se puede saborear una buena percusión de Jeff Sussmann, así como el bajo de Jon Gagan y los teclados de Stefan Liebert, todos ellos miembros del cambiante grupo que a partir de aquí acompañará al guitarrista bajo el nombre de 'Luna Negra'. Definido en el libreto como un nuevo sonido, poesía acústica con elegancia y pasión, de lo que no cabe duda es de la capacidad de enganche que posee. Diez años después de su publicación, y cuando el artista ya había cambiado de compañía, pasando a publicar con Epic Records, salió a la luz "Nouveau flamenco 1990-2000 (Special tenth anniversary edition)", una afortunada remasterización, con un diseño más elegante, en la que el ingeniero Gary Lyons remezcló, sin añadir nada nuevo, la cinta original; se optó además por otra vuelta al pasado al respetar el orden de las canciones existente en "Marita" (aunque con los títulos nuevos), y la inclusión de cuatro que habían sido eliminadas en un principio ("Surrender II", "La memoria", "Sudden shadows" y un gran tema aflamencado de título "Lonely hours") y de dos cortes nuevos, "Morning sky" y "Under blue moon", provenientes de una casete de 1989, no publicada oficialmente, de título "Got 2 Go (When love calls)".

"Barcelona nights" fue la canción elegida como single, con "Passing storm" en la cara B. Idéntica disposición nos encontrábamos en el CDsingle, con "Santa Fe" en el CDmaxi. En ambos se destacaba: "Hay un nuevo sonido espiritual que emana de Santa Fe. Su magia mezcla el corazón y el alma de la guitarra gitana española con un estilo contemporáneo. Es el nouveau flamenco... un sonido creado por Ottmar Liebert". ¿Se aprovechó Liebert de un nombre, de una etiqueta y de la posible ignorancia por parte del gran público del verdadero estilo? Es cierto que adulteraba esa raíz de la que pretende partir, pero ofrecía (y sigue ofreciendo) una música fresca en la que su único delito es la denominación, sin nada más que objetar. El mismo Paco de Lucía, al que referenciaba en este disco, habló escuetamente del tema de esta manera: "Es un niño muy guapo, que hace unas melodías muy simples y sin ningún ritmo. No vale nada y así lo he dicho en Estados Unidos y a él personalmente que me perdonara. No suelo hablar mal de nadie ni quiero hacerle daño, pero estoy luchando por mi música y por mi gente, y aquí hay muchos chavales que pasan su vida metidos en un cuarto estudiando, casi pasando hambre, y que tocan cien mil veces mejor". Posiblemente hay que decirle a esos chavales que luchen por esa pasión como lo hizo Ottmar Liebert, que supo ganarse un nombre y una fama tocando la guitarra.