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18.3.26

WILL ACKERMAN:
"Sound of Wind Driven Rain"

"Simplemente sucedió", rememora continuamente William Ackerman cuando se le pregunta por los orígenes de Windham Hill, posiblemente fuera algo que estaba escrito que tenía que ocurrir per se, para que la música tuviera una nueva vía de expresión, una etiqueta única que bien podría denominarse como el propio sello de Ackerman. Este no comenzó como un negocio, era más bien un sueño basado en el propio arte de la música. Pero de igual manera que comenzó, también llegó el final: "Según creció Windham Hill, se volvió más viable económicamente. Y era mejor y más próspero, pero a la vez se convirtió más en una corporación.", dijo Ackerman a Ángel Fraile para la revista World 1 Music. En 1986, abrumado, tuvo que renunciar al puesto de ejecutivo y dedicarse sólo a la música, la suya y la de descubrir nuevos talentos. Y aunque seguía siendo una especie de portavoz, la compañía se vendió a BMG. Will no dejó Windham Hill, fue Windham Hill la que abandonó a Will, fueron sus nuevos gerifaltes los que dieron la espalda al arte y no supieron tomar las riendas de algo que era por definición una entelequia, que sólo podía seguir fluyendo en las manos adecuadas. Al menos las de Will Ackerman continuaron tañendo las seis cuerdas, y después de seis años de descanso desde su anterior trabajo, llegó en 1998 "Sound of Wind Driven Rain", con el que este guitarrista nacido en Alemania y adoptado por Robert W. Ackerman y su esposa, iba a contentar a sus muchos seguidores.

"Cuando vendí la compañía a BMG estaba legalmente obligado a no estar en el negocio de la música durante un tiempo, pero eso no quería decir que no pudiera hacer uno de mis discos, sino que no podía estar involucrado activamente en el negocio durante tres años." Por tanto, y aunque está publicado por Windham Hill, "Sound of Wind Driven Rain" está grabado ya para BMG, que tras adquirir el 50% de la compañía en 1992, completó dicha adquisición en 1996. Un camino totalmente nuevo se abría para el guitarrista a partir de aquí, pero la esencia de Will Ackerman (él comenzó a firmar como Will y no como William a partir de la venta a BMG) va a estar presente en cada nuevo paso, ya desde otra ubicación, pues dejó la costa oeste para volver al Vermont de sus veranos, en el condado de Windham. Allí construyó Imaginary Road Studios, lugar de grabación de este "Sound of Wind Driven Rain" ilustrado, en la portada y el interior, con pinturas de Michaella Harlow, de la que Will toma prestado, de hecho, el título del álbum. Inolvidables eran piezas como "The Opening of Doors" o "Murray's Song", de su anterior trabajo para Windham Hill, el igualmente titulado "The Opening of Doors". Will nunca había perdido tanto las ganas de hacer música como una brutal inspiración para conseguir melodías especiales, y lo siguió demostrando, para deleite de sus seguidores, en un "Sound of Wind Driven Rain" muy inspirado sobre el que afirmaba: "Me lo he pasado mejor haciendo este disco que hace millones de años." Y eso verdaderamente se nota al escuchar el álbum, alegre y desenfadado, 15 meses de trabajo junto a su ingeniero Corin Nelsen y viejos amigos desde hace tiempo como Michael Manring, Paul McCandless, Charlie Bisharat o Philip Aaberg entre otros, con los que llevaba años colaborando, por lo que conocían perfectamente las intenciones de su otrora jefe a la hora de plasmar sus pensamientos musicales. Samite es otro de los invitados especiales, pero este vocalista de Uganda era un desconocido hasta ese momento. Ackerman no tenía intención de utilizar la voz en el disco, pero Samite estaba trabajando en su estudio en esa época y Will vio las posibilidades que tenía unirlo a su música, pues textualmente se enamoró del sonido de su voz. El tema de apertura, "Shella's Pictures", porta la grandeza costumbrista de su autor, esa sensación de estar al lado suyo mientras toca la guitarra; Ackerman se muestra pensativo en esta lujosa demostración a las cuerdas (esos cinco minutos eran una de las cuatro demostraciones en solitario del trabajo), una elegante balada de guitarra digna de sus trabajos de los ya lejanos años setenta. El camino sigue igual de sereno en "A Child's Song" hasta que aparece, sorpresiva y fantasmal, la voz de Samite Mulondo, un elemento nuevo en su música (una nana necesita una voz humana que cante consuelo y protección, dijo); dos son las curiosas piezas en las que Ackerman añade únicamente la voz de este ugandés a su toque de guitarra (de hecho ambas piezas se desarrollan como solos, para emerger la voz en sus últimos minutos con un conseguido efecto sorpresa), y el resultado es ciertamente satisfactorio por una sonoridad que no se centra en las cualidades africanas de su garganta sino en una encantadora evocación casi susurrante en "A Child's Song" (la nana del disco, en la que tras decirle a Samite que intentara algo por su cuenta, a ver si funcionaba, cuando volvió al estudio Will afirma que lloró), flotante en "Sound of Wind Driven Rain" (Will disfruta y nos hace disfrutar en tonadas deliciosas como esta, donde la voz ulula como si fuera un instrumento más), por momentos incluso de aspecto sagrado. Saliendo un poco de la calma anterior y con la ayuda del fretless (el eficaz bajo sin trastes) de Michael Manring y del estupendo violin de Charlie Bisharat, "Driving" parece dar un paseo muy descriptivo por los paisajes cercanos, pero no un paseo tranquilo: "Me gusta conducir rápido, como pueden atestiguar los policías estatales de al menos diecisiete estados. Esta canción trata sobre carreteras solitarias con las ventanillas bajadas." Nadie puede negar que estamos escuchando un disco de Windham Hill, este es el auténtico sonido de este glorioso sello. Manring repite en "Lion's in the Sky", pieza serena y comedida en la que las notas extraídas de las cuerdas de la guitarra son como las formas de las nubes, cada una es un universo para la imaginación, y disfrutando tanto del cielo como de la música, se puede contemplar o imaginar cualquier cosa, incluso leones; el trío se completa con el piano, tímido pero efectivo al final del tema, de Philip Aaberg, otro gran clásico del Windham Hill de antaño que, a pesar de publicar su último trabajo en dicho sello en 1992, seguía colaborando en algunos de sus típicos recopilatorios. Especialmente interesante es la aparición de otro guitarrista muy a tener en cuenta, Rob Eberhard Young, en las notas bajas de una de las mejores piezas del disco, "Unconditional", escrita para la boda de sus amigos Harry y Giovanna, que tuvo lugar en La Posta Vecchia, cerca de Roma. Mientras tanto, y además del comienzo ("Shella's Pictures"), otros tres son los solos de guitarra del álbum, que llegan en el último tramo del mismo: "Wings on the Water", sobre la niebla que a veces llena el valle del río West y acompaña a Will mientras conduce siguiendo el vuelo de los patos, acude a su folk melancólico de cabecera (una pieza deudora de melodías de antaño, aunque se nota el paso del tiempo y es difícil conseguir el tono rebelde y perfecto de la juventud), al igual que "I Know this River", pacifico y hermoso tema sobre los muchos recuerdos que le evoca el río que lleva a Windham Hill Farm, si bien por momentos parece que deseemos que entre un instrumento de viento que le aporte una mayor frescura y dinamismo; el álbum se despide con "Mr. Jackson's Hat", otra tonada acertada en la que se respira el inconfundible aroma de las cuerdas de acero frotadas por este afable músico: "El Sr. Jackson vive en una caravana en un pueblo fantasma en medio del desierto, no muy lejos de un lugar llamado Badwater, que se encuentra a 86 metros por debajo de la superficie del Océano Pacífico. El Sr. Jackson tiene un sombrero del tamaño aproximado de un Volkswagen. El sombrero es negro y el Sr. Jackson es un hombre grande. Impresiona." Antes, y como no hay que desmerecer ni una sola nota de este muy buen trabajo, hay que decir que "Ponchartrain" no es "Synopsis II", pero se agradece el intento de aunar guitarra y viento (el cuerno inglés de Paul McCandless) de esta grácil y clasicista manera, en este tema sobre las cálidas noches en Nueva Orleans. Pero resta por comentar el gran corte del disco, los 9 minutos de "Hawk Circle" en su nuevo tratamiento con el fretless de Michael Manring, el tambor de marco de la venezolana Jackline Rago, la guitarra ambiental de Marc Shulman, el palo de lluvia de Gerry James y sobre todo la voz de Samite: "Samite me ha contado que de niño, en Uganda, le enseñaron a temer dos cosas: las serpientes y los charcos. Todavía no entiendo lo de los charcos. En esta versión de 'Hawk Circle', Samite les pide a los halcones que protejan su aldea de las serpientes, ya que, al parecer, los halcones tienen poco poder sobre los charcos". "Hawk Circle", con su eterna belleza de espíritu ancestral, tiene una especial importancia en la vida musical de Will Ackerman: grabada por primera vez a dúo con el pianista George Winston para el álbum "Passage" en 1981, y recogida en el memorable directo de 1983 "An Evening with Windham Hill Live", este acertado rescate es la tercera aparición de este tema pleno de magia en la discografía de Will Ackerman, una de esas piezas en las que podrías quedarte a vivir. 

Tras esos años de búsqueda de inspiración, Will decía que estaba en un momento de gran intensidad y de diversión en el estudio, no quería ni podía parar de escribir y grabar, algo que no era común en él cuando dirigía Windham Hill, por lo que prometía otro disco al año siguiente. Realmente no llegó hasta 2001, pero "Hearing Voices" fue otro trabajo completo, lleno de más colaboraciones de buenos amigos, y con una mayor presencia de voces, que complementaban la música. Tal vez esto desvirtuaba para muchos la esencia original de la música de Will Ackerman, que aceptaron la inclusión de voces muy selectas en "Sound of Wind Driven Rain", pero que no comprendían la profusión de canciones de este trabajo. Sea como sea, hay que dejar volar la inspiración de artistas como este y permitir estos gozosos devaneos, sabiendo que tarde o temprano -como así ocurrió- acabaría volviendo, en su momento adecuado, la guitarra en solitario. Fue en 2004 con "Returning", donde revisitaba viejos éxitos, para volver a solicitar la ayuda de los amigos de siempre y otros nuevos que embellecerían su música en buenos trabajos posteriores como "New England Roads" o "Positano Songs".

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29.4.24

MICHAEL HEDGES:
"Breakfast in the Field

Tuvieron que pasar cinco años desde la aparición de "In Search of the Turtle's Navel", el trabajo seminal de guitarra folk de William Ackerman, para que otro guitarrista esencial, el sacramentés Michael Hedges, llegara a la nómina del sello Windham Hill. "Breakfast in the Field" fue en 1981 la referencia número 17 de la compañía, y fue también el primer álbum de un guitarrista acústico fabuloso, esencial y tremendamente influyente, que Ackerman descubrió cuando tocaba en una cafetería de Palo Alto, la misma ciudad donde, no podía ser casualidad, estaba establecida Windham Hill. "Era genial -decía años después el fundador del sello-, Hedges era trascendente, tocaba la guitarra con técnicas que probablemente no aprendió en el conservatorio". Tal vez Ackerman se vio reflejado en aquel joven, tal vez fue un impacto absoluto, el caso es que fue allí mismo donde él y Hedges utilizaron una servilleta del local para improvisar un contrato en el acto. Will reconocía que había otras personas haciendo tapping y cosas muy especiales con las cuerdas, como Stanley Jordan, pero el estilo y la energía desplegada en el escenario por aquel joven eran algo único: "No era sólo la técnica aplicada a una melodía, era algo orgánico (...) Junto con su uso de la guitarra como instrumento de percusión, tenía un rango de pianista y un ritmo de baterista que iban más allá del espectáculo hacia el éxtasis puro". Ficharle fue un impulso incontrolable, del que no se arrepintió ninguna de las dos partes. 

"Breakfast in the Field" es un debut potente de un músico al que le sobraba potencia. Sus ganas de agradar originaron un álbum con abundancia de momentos técnicos, con la sencillez y la osadía de estar hecho sin sobregrabaciones ni multipista, bajo la producción de Will Ackerman y la ayuda de ilustres del sello como Michael Manring y George Winston, aunque en una medida tan justa que no deja que la blancura del firmante del disco capture otros colores. En una viveza extrema, Hedges consigue aunar potencia y sensibilidad. La potencia es la de sus dedos rasgando cuerdas, notas tan rotundas como un fenómeno atmosférico. La sensibilidad se deja notar en lo que transmite, que va más allá de su imagen transgresora. Este disco con el encanto de lo primario, pero que ya es desde siempre una obra a tener en cuenta, comienza con "Layover", una pieza animada al estilo fingerpicking (o fingerstyle, una técnica del folk y blues estadounidense en la que los dedos del intérprete, como si de un pianista se tratara, ejecutan a la vez ritmo y melodía), que deja bien a las claras la capacidad del músico; en ella, hasta su final brusco es perfecto. "The Happy Couple" es una tonada más tranquila, paisajística, como un paseo hacia ese despreocupado desayuno en el campo del título del álbum; casi podemos ver a Michael, sentado descalzo sobre la hierba, con la melena acariciada por el viento, cediendo al paisaje su eterna melodía, presuntamente sencilla. "Eleven Small Roaches" es una pequeña maravilla, una completa incursión en el más puro folk con el sello Ackerman. A continuación, "The Funky Avocado" es una clase magistral, moviéndose hacia el funky y el rhythm and blues con sentimiento rockero; Hedges contaba que su vivienda cercana a una ruidosa discoteca de Baltimore (en la época en la que estudiaba en el prestigioso Conservatorio Peabody) influyó definitivamente en su potente linea de bajo. Pero si hablamos de sentimiento, llega la deliciosa "Baby Toes" para dejar claro que Michael Hedges es mucho más que lo que su aspecto pueda dar a entender. Aquí se escucha con claridad el fretless (bajo sin trastes) de Michael Manring. Acaba el lado A del vinilo, pleno de composiciones cortas y disfrutables, con la dosis justa de experimentación en el tema homónimo, "Breakfast in the Field", respirando la libertad que sólo una compañía como Windham Hill podría apadrinar. Sólo para los que sepan escuchar, "Two Days Old" es una exquisita manera de que guitarra y fretless charlen de una manera expresiva, dibujando unas ondas sonoras de inusual maestría en un álbum debut. "Peg Leg Speed King" es otra complicada e increíble muestra de cómo de una sola toma y con una única guitarra se pueden obtener sonidos variados, melodía y ritmo a la vez, un fingerstyle marca de la casa, que continúa por terrenos folclóricos en "The Unexpected Visitor". "Silent Anticipations" es otra joya de difícil definición, casi experimental, que va anticipando ese final titulado "Lenono" en el que, silente pero seguro, vuelve a aparecer Manring sobre la delicada composición de Hedges, con la incorporación en su segundo tramo, por fin, del anunciado piano de George Winston. Los tres juntos se despiden hasta la siguiente obra de Michael Hedges en 1984, tremenda confirmación de la clase del guitarrista, de título "Aerial Boundaries", en la que Manring volverá a colaborar en dos de los temas, ayuda que seguirá repitiendo en las siguientes obras de Hedges, que le devolvería la colaboración en un tema de su disco de 1986 "Unusual Weather".

La publicidad de Windham Hill decía: "en su exploración de la guitarra, Michael se ha hecho conocido por su método poco ortodoxo de atacar las notas, un acercamiento al instrumento que ha creado un sonido verdaderamente único. Sus dos primeros álbumes, 'Breakfast in the Field' y 'Aerial Boundaries' están considerados entre los discos de guitarra estadounidenses más importantes de la última década". Efectivcamente, muchos intérpretes actuales de guitarra acústica, incluso jóvenes que no vivieron su momento álgido, afirman que Hedges es una de sus mayores influencias, e intentan demostrarlo en sus trabajos. Escuchando discos como este, nos puede embargar un sentimiento de gratitud hacia esos músicos sin artificios, honestos en sus composiciones y en sus intenciones, que nos hacen la vida más llevadera. Los acordes de Michael Hedges en cada pieza de "Breakfast in the Field" son adictivos en todo momento, cada instante es celebrado como un regalo, y es que la importancia y el recuerdo imborrable de Hedges en el mundo del country, del rock alternativo y del folk americanos se podría asemejar a la de Martyn Bennett en la música celta avanzada de cambio de siglo. Ambos eran unos jóvenes virtuosos que rompieron barreras y que murieron jóvenes (Hedges concretamente en un accidente de automóvil a los 43 años), músicos auténticos que se fueron demasiado pronto.

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18.1.24

WILLIAM ACKERMAN:
"Past Light"

No muchos artistas han gozado del privilegio de formar parte del maravilloso encanto acústico que suscitaba el sello Windham Hill. Muchos mitos han surgido de su catálogo, entre ellos George Winston, Michael Hedges o el grupo Nightnoise. Es sin embargo su creador el mayor portador de la esencia de la compañía, ese prístino guitarrista de contundente dulzura en el tañer de las cuerdas metálicas llamado Will Ackerman, que maravilló con sus primeros trabajos, "In Search of the Turtle's Navel" y "It Takes a Year". La 'voz' de Ackerman siempre ha sido propia, auténtica, aunque sin duda se ha alimentado de las 'voces' de otros, de Leo Kottke, de John Fahey, de Robbie Basho, referencias reconocidas sobre las que emerge el talento y las intenciones propias de este reflexivo artista, que en los años ochenta se hizo acompañar de sus 'empleados', y sin duda amigos, en álbumes inolvidables entre los que habría que destacar especialmente "Passage", en 1981, o "Past Light" en 1983.

Estas son las palabras de Will Ackerman hacia este proyecto: "En ocasiones como ésta siempre se hace todo lo posible para agradecer a una falange de individuos por sus contribuciones al proyecto en su conjunto. Esta no es una excepción. A menudo, a los músicos que se unieron a mí en 'Past Light' se les dio poco más que una forma básica para trabajar, y no es falsa modestia decir que muchas de las composiciones representadas en estas grabaciones son puras colaboraciones por parte de estos amigos y por mí. A ellos les estoy sinceramente agradecido. También debo agradecer a mi coproductor, Steve Miller, por tener el talento y la visión que me permitieron probar nuevas ideas". Windham Hill publicó "Past Light" en 1983 con una fotografía algo fantasmal en la portada, y de esos músicos invitados, sólo Darol Anger repite desde aquel "Passage" de dos años atrás. "Visiting" es pura poesía, un comienzo idílico en el que las cuerdas de la guitarra se visten de gala, una pieza excepcional en la que Michael Manring aporta su característico fretless (bajo sin trastes) y Chuck Greenberg el siempre emocionante lyricon con el que embellece los álbumes de su maravillosa banda, Shadowfax. Ackerman en solitario despierta una especial sensación de autenticidad, de conexión con la naturaleza, de agradable soledad; pero rodeado de amigos la música se convierte en una celebración, y eso es "Visiting". El Kronos Quartet es el extraño acompañante de la siguiente pieza, "Garden", por la particular sonoridad de un cuarteto de cuerda junto al folk bastante bucólico de Ackerman; la combinación es de una endeleble empatía, y si bien brilla especialmente la guitarra, prima el conjunto en una gratísima armonía. Joan Jeanrenaud, violonchelista del propio Kronos Quartet, repite en el siguiente corte, y su violonchelo rasga en una especie de melancólico segundo plano la calma de "Three Observations of One Ocean". Llegado este momento aparece el único solo de guitarra del trabajo, "Pacific II", una gran pieza de carácter reflexivo, con la habitual destreza en la ejecución de nuestro protagonista. Para acabar la cara A del plástico, "Synopsis" es un tema movido, repetitivo y con su pequeña dosis de electrónica, pues además de repetir Chuck Greenberg con su lyricon, aparece Mark Isham en el sintetizador, con su idóneo toque ambiental. Ahora bien, es más importante en la carrera de Ackerman la segunda parte de ese tema, una "Synopsis II" que deslumbra a mitad de la cara B y se convierte de inmediato en uno de los grandes clásicos del guitarrista: un ritmo constante y verdaderamente adictivo de cuerdas da paso a la entrada del oboe de Russel Walder en una bellísima cadencia que se entrelaza enseguida con el piano de Ira Stein; juntos, Ackerman, Stein y Walder construyen una resistente urdimbre entre cuyos hilos emerge la bellísima melodía de un título mítico, "Synopsis II". "Ventana" -así, en castellano- es el comienzo de esa cara B, una especie de raudo paseo en el que la guitarra conversa con dos fieles amigos, el violín de Darol Anger arrancando una sonoridad celestial, y la segunda aportación del fretless de Michael Manring; el todo es otra pieza maravillosa, una conjunción de genialidad absoluta. No es la última aparición de Manring en el trabajo, pues enseguida llega "Threes", con su bajo sin trastes y la guitarra de Michael Hedges, en lo que curiosamente es un tema pausado y bastante cauteloso, agradable de escuchar aunque sin destacar en el todo. Dos piezas restan para concluir, la meditativa "Rain to River" con el violín de Jamii Szmadzinski (habitual en los discos de Shadowfax) descargando su energía de pura fusión al final de la pieza, y "Night Slip", una especie de corto viaje a las tierras del country, con la guitarra de Michael Hedges, que continúa comedido, y el corno inglés de Russel Walder. Así, en un suspiro se han consumido diez piezas de enorme construcción, especial interpretación y muy fácil escucha, en ocasiones -como en los casos de "Visiting", "Ventana" o "Synopsis II"- ciertamente embelesada. No hay que afirmar que el reparto de protagonismo mejore a Will Ackerman (él solo también habría sido un intérprete adecuado), pero es evidente que gratifica la experiencia auditiva, hace más variado y divertido el trabajo, como ya había sucedido en el disco anterior, "Passage".

Por sus fabulosas composiciones, por su especial manera de interpretarlas, y por su papel fundamental en la historia de este tipo de música, se denomine como se denomine, Will Ackerman es sin duda, un auténtico prócer de la new age. Los años setenta fueron tiempos de increibles descubrimientos en la música instrumental acústica con ese sentimiento artesanal que hacía de la música del sello Windham Hill algo perfectamente reconocible, pero el tiempo fue pasando y con él la manera de entender, de disfrutar y de presentar al público este tipo de música. Muy pronto, la chispa tampoco iba a ser la misma del momento de efervescencia, por lo que muchos de sus nombres más ilustres se fueron perdiendo entre la red de ofertas en la ya conocida masivamente como new age. Ackerman sin embargo ha mantenido siempre su esencia, y a cada nuevo paso se podía entrever parte de aquel espíritu primigenio que surgía de cada referencia de la compañía que él mismo se encargó de fundar en California junto a la por entonces su esposa Anne Robinson.

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9.11.23

MARK ISHAM:
"Tibet"

En 1985 Windham Hill optó por poner imagen a algunas de sus músicas más emblemáticas, pero no secuencias de los artistas tocando sus instrumentos, sino grabaciones relajantes de naturaleza, en concordancia con el crecimiento de la filosofía new age: "Se trata de temas geográficos y estacionales en la naturaleza, que crean una alternativa artística y de calidad en video", se decía en estos lanzamientos. Paramount Home Video y Pioneer Laserdisc, y concretamente el productor Dann Moss, fueron los socios de Will Ackerman y Anne Robinson en esta aventura que comenzó con los títulos "Water's Path", "Western Light", "Autumn Portrait" y "Winter", en Beta y VHS (posteriormente llegó el efímero Laserdisc). Todos los grandes artistas de la compañía fueron recopilados en esta especie de documentales bucólicos con sus mejores composiciones: Michael Hedges, Scott Cossu, Will Ackerman, George Winston, Ira Stein, Alex de Grassi, Philip Aaberg, Shadowfax, Liz Story, Michael Manring, y por supuesto Mark Isham. Tras los títulos 5 y 6, "In Concert" (con Hedges, Ackerman, Cossu y Shadowfax en directo) y "China", fue Isham en solitario el que se encargó de la música del documental dedicado a la región del Tíbet. Al contrario que los demás títulos de la colección, el trabajo de Mark Isham "Tibet" contenía música original, y sí que fue publicado por Windham Hill Records en 1989, el mismo año de publicación de una obra muy parecida, el "Himalaya" del sintesista neozelandés David Parsons.

Así se presentaba esta suerte de película por parte de sus responsables: "La mera mención de la palabra Tíbet evoca imágenes de un país rico y mágico, cuya cultura está envuelta en un lugar remoto e inaccesible. Este programa ofrece una mirada al llamado 'Techo del Mundo', un lugar donde el cielo y la tierra se encuentran, y donde continúan ritmos centenarios. Es un breve vistazo a vastas extensiones de llanuras altas y vacías y picos nevados. Los monasterios y los monjes que viven allí son los últimos restos de una cultura religiosa cada vez más menguante que no tiene paralelo en Occidente". Efectivamente, quien visita el Tíbet en algún momento de su vida, afirma sentirse sobrecogido por la inmensidad y la magnitud, tanto física como espiritual, de la gran cordillera del planeta Tierra que domina aquel territorio fronterizo entre China y la India: el Himalaya. De sus brumas, de sus nieves perpetuas, de lo insondable de sus paisajes, proviene la inspiración de esta obra musical autoproducida por Mark Isham, y dividida en cinco partes sin más título que su número: "Part I" es un ambiente muy cautivador y adictivo, en el que lo étnico y la suave electrónica se envuelven mutuamente reflejando atmósferas nebulosas pero vitalistas donde sólo se divisan las montañas nevadas y el cielo azul; sonidos que recuerdan a relajantes campanas tibetanas junto a vívidas percusiones conectan con la tierra, y en la parte final marcan un clímax vigoroso junto a los teclados, los metales y las rotundas notas del bajo, una pequeña fiesta para los sentidos. "Part II" es un tema corto pero celestial, una capa de meditativo sintetizador ondea entre las nubes dejando que entren las cuerdas de la guitarra y esa trompeta tan evocadora, característica del jazz suave de Isham. "Part III" es de esencia más activa, de nuevo percusión y trompeta marcan un ritmo animado al que se une la demás instrumentación en un entorno muy completo (con la tímida voz recitante de Tom Sassa), si bien el metal predominante nos hace estar escuchando jazz en el Tíbet en su glorioso clímax final. Si cualquier buena música para documentales se deja escuchar independientemente de las imágenes, la de Isham no podía ser menos, su enorme excelencia le acompaña en todo momento y se funde con la esencia del lugar, aunque sin entrar en demasía en contextos religiosos. Así, con la marcialidad característica de su autor, "Part IV" es de una imperturbable belleza, Isham consigue una muy completa y palpable textura, con una perfecta disposición de elementos -dominando de nuevo la rotundidad de su instrumento principal, la trompeta- sin necesidad de recurrir a melodías recurrentes. El plástico concluye con su corte más largo, "Part V", inaugurado por la voz explicativa de nuevo de Tom Sassa sobre un fondo místico que va creciendo en intensidad para convertirse en un fabuloso y completo ambiente que literalmente te envuelve. En su combinación de texturas acústicas y electrónicas, "Tibet" emana en sus 48 minutos todo lo que este rincón del planeta puede ofrecer: belleza, espiritualidad, emoción, incluso locura ante tal inmensidad natural, un trabajo tan desmesurado como ese panorama indescriptible que, sin embargo, aparte de su clara conexión terrestre, no está exento de un cierto componente cósmico (especialmente en algunos momentos en los que no brilla la trompeta), ese estilo espacial de la época que otorgaba el sonido de ciertos sintetizadores. Estos eran interpretados por Isham, junto a la trompeta, el fliscorno y el gong; Peter Maunu -amigo y colaborador de Mark en bandas como Group 87- se encargaba de las guitarras acústicas y eléctricas, ayudado por David Torn, Doug Lunn del bajo eléctrico, Bill Douglass de la flauta de bambú, Jean Roth y Richard Todd de las trompas, Kim Scharnberg y Ken Kugler del trombón y Kurt Wortman de las percusiones acústicas y electrónicas. Tom Sassa ponía voz a los haikus, y es que a pesar de estar ambientado cerca de China, Isham afirma utilizar en este trabajo el haiku japonés (forma centenaria de poesía japonesa consistente en tres versos de diecisiete sílabas, divididas en cinco, siete y cinco, respectivamente): "El uso del haiku en esta obra surge ante todo de su percepción como música. Su forma rítmica, su tradición de repetición, la cualidad de la propia lengua japonesa como puramente sonora. El nivel básico de apreciación de su contribución sería entonces únicamente como elemento musical, sin importancia o significado para las palabras". 

Mark Isham consideraba "Vapor Drawings", "Tibet" y "Castalia" como una especie de trilogía de música de fusión electrónica y ambiental, con toques de jazz y étnicos. Efectivamente, tras la publicación del álbum "Castalia" en Virgin Records, Isham regresó brevemente a Windham Hill (realmente este sello publicó "Tibet" un año después de la edición del VHS, cuando Isham ya había firmado con Virgin) y de manera fantasmal apareció "Tibet", un ejemplo de la capacidad de adaptación de este músico estadounidense a casi cualquier estilo y proyecto. Jazz, música electrónica, música ambiental, bandas sonoras de varios géneros... Un reflejo, en definitiva, de sus variadas influencias musicales, desde Miles Davis hasta Bach o Vaughan Williams, pasando por Arvo Pärt, Wheather Report o Brian Eno. Efectivamente, a veces es complicado definir sus discos, que en sus comienzos entraban sin pudor en la categoría 'new age', y así se decidió también en los premios Grammy, que ya habían nominado así a "Castalia" en la ceremonia de 1989, y lo iban a hacer en 1990 con este "Tibet", antes de ganarlo en 1991 con el álbum "Mark Isham". Otras nominaciones de este autor a dichos premios han sido en la categoría 'Best recording for children' ("The Emperor and the Nightingale", "Thumbelina" y "The Emperor's New Clothes"), en la extraña denominación 'Best instrumental composition written for a motion picture or for television' ("A River Runs Through It") y finalmente en 'Best score soundtrack album' por "Men of Honor", última de sus nominaciones en 2002, a pesar de sus numerosos trabajos en cine hasta la actualidad. ¿Cuál es la belleza de escribir música específicamente para cine?, le preguntaron en cierta ocasión, a lo que Isham respondió: "Lo interesante de una película es que es una combinación de diferentes formas de arte. Esa mezcla tiene un potencial tremendo, porque cuando la música combina bien con las imágenes, el impacto emocional es asombroso. Ése es el desafío y la satisfacción que ofrece escribir música para cine". Así fue también el impacto emocional del Tíbet para Isham, que logró en este álbum una de las cumbres descriptivas de su carrera, un homenaje a sus gentes y a tan descomunal paisaje.

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19.8.23

NIGHTNOISE:
"A Different Shore"

La banda Nightnoise, paradigma de la renovación de la música tradicional irlandesa en los ochenta y los noventa, se sorprendía de que la industria del disco descubriera en ellos a un grupo para ser lanzado con la fuerza que lo hicieron, especialmente en los años noventa. En España se hicieron tremendamente populares, pero claro, sólo hay que descubrir su música. Lo que se oye y lo que se escucha en sus trabajos son fuentes de energía moderadamente desbordante, que no sólo hacían palidecer a gran parte de la producción folclórica de su entorno, sino que el resultado rebosaba humildad y carisma. La gente encontró en ellos la alternativa a lo de siempre, un nuevo camino hacia la excelencia, y la conexión fue total. El sello de Nightnoise no sólo era identificable, sino que conectaba lo de antes con lo de ahora sin necesidad de recurrir a una instrumentación modernizada. "Los sonidos más elementales están cambiando para hacerse más sofisticados", decía Mícheál Ó Domhnaill sobre la llegada de la electrónica a la tradición, que según cómo fuera encauzada podía tomarse como una afrenta. Fue sin embargo en los pueblos y aldeas irlandesas donde se seguía hablando en gaélico, donde Mícheál y los suyos acapararon ideas y melodías, el caldo de cultivo de Nightnoise y todas sus ramificaciones. Aun así, no se consideraban abanderados del folclore de su país ni nada parecido, ellos sólo hacían su trabajo, lo que les gustaba. Y el público descubrió que lo hacían de maravilla, tanto cuando fueran dos los componentes del grupo (Mícheál y Billy Oskay, en su primer plástico, "Nightnoise"), como siendo cuatro, en sus ligeras variaciones (las llegadas de Tríona Ní Dhomhnaill, Brian Dunning y Johnny Cunningham). 

Fue en 1995, dos años después del afortunado "Shadow of Time", cuando la compañía californiana Windham Hill siguió publicando fielmente al conjunto irlandés con toque escocés. Sin presiones y sin ideas previas, la evolución, la planificación de cada disco, era algo vivo, se iba creando en la fructífera reunión de estos cuatro genios. Una poética cubierta (fotografía de Jonathan Williams) presentaba el nuevo fruto, titulado "A Different Shore", epígrafe que no parece tener un significado especial. Mícheál Ó Domhnaill (guitarra, flauta irlandesa, sintetizador, voz), Tríona Ní Dhomhnaill (piano, voz, flauta irlandesa, acordeón, sintetizador), Johnny Cunningham (violín, voz) y Brian Dunning (varios tipos de flautas, acordeón, voz) eran los cuatro protagonistas y miembros del grupo, que grabaron el trabajo en los White Horse Studios de Portland (Oregon). Mícheál dijo textualmente de este trabajo: "Es la grabación mas grandiosa y de mas exuberante sonoridad que jamás hayamos realizado". Su ingeniero de sonido fue Dan Fitzgerald, con el que el grupo conectaba especialmente. Música acústica con acento celta, la definían en Windham Hill, pero a esa definición le faltan sabores, le falta un toque de clasicismo, le falta un suave asomo de jazz y le falta sobre todo expresar el amor por la patria lejana, la familia y las tradiciones. Decía Mícheál: "En nuestra casa siempre había música. A todas horas. Era algo que se respiraba. Al margen de la música popular, mi padre dirigía un coro, y mi madre mantenía una clara preferencia por todo aquello que fuera clásico". Más que destacar en los trabajos de la banda, el bueno de Mícheál conseguía hacer aún mejores músicos a los demás miembros del grupo, con los que poseía una compenetración sencillamente única, no en vano se trataban de su propia hermana, de un violinista con el que había compartido muchas grabaciones y conciertos, y de un afable flautista de trato fácil. Rutilantes tanto en grupo como por separado, todos ellos se conjuntaban enormemente en el escenario, ofreciendo en sus deseadas giras pequeños espectáculos gloriosos e inolvidables. Y sus discos eran acontecimientos esperados, como este "A Different Shore" que se abre con "Call of the Child", bellísimo comienzo animado por la flauta (no en vano se trata de una composición de Brian Dunning) y marcado por el especialísimo ritmo primario de Mícheál a la guitarra, majestuoso en su simplicidad, tal vez la verdadera protagonista de la pieza a pesar de lo pegadizo del viento, pues conecta con Irlanda sin saber cómo ni por qué. El violín de Johnny aporta una segunda voz a la melodía, como un dúo celestial para una pieza maravillosa con lo más básico, pero con la poco habitual maestría de encauzar cada instrumento, cada influencia, para lograr la magia que desprende toda composición de Nigjtnoise. Aires marciales muy típicos del grupo inician a continuación "For Eamonn", un pequeño himno dedicado al hermano mayor de los Ó Domhnaill. De nuevo es el viento el que toma entonces el rumbo melódico con su habitual dulzura y asequibilidad. El final condensa ambas vertientes de manera maravillosa. Mícheál es el autor de la pieza. En "Falling Apples" aparece Tríona con el piano y su característica magia vocal, sencilla y gozosa, en una canción si bien no tan afortunada como otras de álbumes anteriores, realmente deliciosa, sin síntomas de agotamiento por su parte. Tríona la compuso cuando, en su casa de Portland, escuchó un ruido que no pudo identificar, hasta que descubrió que eran manzanas cayendo de un árbol, lo que conecta con otros sonidos que acaban trayéndonos ciertos recuerdos o asociaciones. Desde el origen del grupo, lo instrumental primaba en el total de cada álbum, pero el tiempo les hizo ver la importancia de colocar pequeñas joyas vocales, aumentando estas su importancia a cada paso que daban. Sin embargo, sólo una de las diez composiciones de "A Different Shore", esa "Falling Apples", va acompañada de la particular voz de Tríona. De nuevo aparece Dunning con una pegadiza tonada de esplendoroso ritmo, "The Busker on the Bridge", donde prima el conjunto y se escuchan instrumentos inusuales junto a un pequeño y divertido tramo a cappella que nos recuerda a otros tiempos de la banda. Un gran pieza. Más adelante, "Clouds go By" será la última muestra del flautista en este disco, una nueva muestra de alegría con aroma folclórico. En "Morning in Madrid" aparece Johnny Cunningham con una suave y aterciopelada delicia de tintes clásicos en la que por fin entra en escena el violín de manera protagonista, como no podía ser menos. Johhny la compuso después de un concierto en Madrid, cuando le llevaron a la taberna Elisa, un sitio de referencia para lo tradicional y lo celta, por donde han pasado también La Musgaña (que conocieron a Johhny esa noche, tras la que colaboraría con ellos), Capercaillie, Kepa Junkera, Carlos Núñez o Hevia. Como segunda muestra de Johnny en el disco, "A Different Shore" es un un placido paseo por la orilla, que titula el trabajo. Tríona vuelve a firmar el que tal vez sea, por ahora, el corte menos vistoso entre tanta belleza, "Another Wee Niece" aunque posee la innegable clase de su autora, que retorna en "Mind the Dresser" con otra hermosa tonada introducida por su soñador piano, que tal vez no es un sencillo destacado en un disco de Nightnoise, pero tan firme y altiva que seria importante para cualquier otro grupo. "Shuan" es una fenomenal pieza para concluir, reflexiva y plena del sonido Nightnoise. Es la guinda que aporta el enorme talento de un Micheál O'Dohmnaill que sólo tiene dos muestras en este trabajo en el que las autorías están muy repartidas. Poseedora de una cierta tristeza, a la larga se puede ver como un adiós sin saber que ciertamente lo iba a ser, y es que "A Different Shore" fue el último álbum de Nightnoise en estudio, pero no su última referencia: dos años después, "The White Horse Sessions" fue una suerte de despedida no premeditada que recogía doce pistas seleccionadas grabadas en vivo, nueve de ellas en los White Horse Studios (en un concierto privado para una cincuentena de familiares y amigos en marzo de 1996 en Portland), y tres en Málaga en un concierto de la gira de 1995. Dejando atrás Portland, ellos ya habían vuelto a vivir a Irlanda, a Dublín, y no deja de ser curioso que la vuelta a casa acabara con el grupo, como si fuera la añoranza por la tierra (que les había hecho alcanzar la excelencia, destilando sinceridad y hermosura) lo que les mantuviera unidos. Además, Nightnoise siempre fue un conjunto dispuesto a complementar discos recopilatorios de diversas temáticas en Windham Hill, aportando un marchamo de calidad importante y adaptándose como el agua al recipiente que tocaba en cada ocasión. Villancicos, interpretaciones de música impresionista, renacentista, barroca, ambiental o puramente celta, fueron algunas de sus aportaciones a compilaciones como "A Winter's Solstice" -con la excelente "Nollaig"-, "The Impressionists" -con la maravillosa "Sicilienne"-, "The Bach Variations" -la "Bouree"- o "On a Starry Night" -"Suantrai", cantada de manera hermosísima por Tríona-. Esas pequeñas delicias que bien podían haber conformaado un disco propio continuaron hasta 2002, con la sustitución en 1998 de Johhny Cunningham por el violinista irlandés John Fitzpatrick, que debutó en directo en la gira de 1997. A partir de ahí, y aunque Míchéal dijera en alguna ocasión que había un firme propósito de reagrupación, Nightnoise simplemente dejó de existir, como también desaparecieron Johnny en 2003, Mícheál en 2006 (momento en el que los antiguos miembros de The Bothy Band se volvieron a reunir el 24 de mayo de 2007 en un concierto tributo, 'A Gig for Mícheál') y Brian en 2022. 

"Con cada nueva composición seguimos emocionándonos unos a otros", decía Mícheál, en eso consistía la inmensurable cohesión de la banda, en algo tan sencillo como otorgar el sentimiento a cada canción, en las que lo popular se conjugaba con lo académico y se presentaba con gran fuerza y poder de convicción, de tal forma que por momentos es difícil discernir en qué realidad nos encontramos, si en nuestro convulso mundo o en la particular e inteligente imaginería musical de estos gloriosos músicos que consiguieron encontrar la manera de conectar con un gran sector de público surgido de varios mundillos musicales a través de un puñado de álbumes de sublime encanto y eterna magia, como este "A Different Shore" en el que optaban por la alegría sin disimulos, desconocedores de su condición postrera. Saber cual hubiera sido la evolución de Nightnoise sin la desaparición de casi todos sus miembros, sus siguientes pasos discográficos, no es difícil, lo más seguro es que hubiesen reforzado su propio sonido (quién con más derecho que ellos?) con prosperas melodías de fiel arraigo irlandés, acompañadas por un sutil acercamiento por igual al jazz y al mundo clásico. La voz seguiría siendo parte fundamental de su discurso melancólico, y la electrónica difícilmente entraría en escena. Nada nuevo en realidad, pero seguramente habría que decir 'gracias a Dios', la mayoría de sus oyentes no querrían cambiar ni una coma de su forma de expresión, de la elegancia de su interpretación, o del aroma a las raíces que impregnaba sus trabajos, con esa belleza tan natural y profunda que es prácticamente imposible definir con palabras. Lo que tampoco faltaría, sin ninguna duda, serían la luminosidad y el aplomo que la mera presencia de estos monstruos del folclore celta imprimían a su directo, compases taciturnos de una época que no hay que olvidar. No es que escuchándoles se alcance la felicidad, pero desde luego sus cálidas notas ayudaban mucho a lograrla.

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12.5.23

PHILIP AABERG:
"High Plains"

Philip Aaberg es otro pianista de Montana, al noroeste de los Estados Unidos, como lo es George Winston. Las Montañas Rocosas que dieron nombre al estado no sólo le imprimieron su orografía, sino que marcaron también la personalidad de sus gentes y seguramente el carácter de la música de piano que Aaberg ofrece en sus discos. Él dice que se crió entre unos paisajes de inigualable belleza natural, y sin duda hay algo de eso en su forma de tocar y en los sonidos que surgen de su cabeza, esos que él mismo definía más o menos así: "Con mi música pretendo combinar las raíces de la música tradicional americana con el rock and roll, bajo una nueva estética musical y un nuevo vocabulario, un genuino sentido de formas y estructuras, que va del rock de garaje a Peter Gabriel y el blues, de los cantos gregorianos al repertorio clásico y la música procesada contemporánea". Una buena mezcla de influencias, sobre la que este ecléctico artista aclaraba: "Lo siento, no se puede definir en dos palabras".

Tras comenzar a tocar con cierta capacidad en su casa desde los cuatro años animado por su madre, Aaberg se formó en el piano clásico en su adolescencia, logrando incluso la beca Leonard Bernstein para estudiar en Harvard, donde conoció a ese gran compositor. Pero este joven, que también jugaba a baloncesto con garantías, no sólo se nutrió de influencias clásicas sino también de todo lo que llegaba a sus manos, de la música popular y de un blues en el que llegaría a convertirse en un cotizado músico de sesión. También giró con Peter Gabriel, del que destaca la contemporaneidad y el compromiso de su música. Gracias a él comprobó que sus propias ideas, esa amalgama de influencias y estilos con intereses ecológicos, podían ser compartidas con el mundo. De este modo, Windham Hill le fichó en 1985 para publicar su primer álbum, "High Plains", inspirado por las llanuras de su tierra, entre los ríos Missouri y Yellowstone. El piano se fundía con la tierra y con el viento logrando revivir sensaciones impresionistas en una serie de melodías muy personales en las que no faltaban detalles tanto folclóricos como del blues y del pop rock. No es Aaberg un pianista esencialmente melódico, sus construcciones van evolucionando poco a poco, de una manera gradual por la que vamos entrando sin prisa en su juego descriptivo. Así, "Marias River Breakdown" (el río Marias es un afluente del Missouri, por supuesto en Montana) es sencillamente un agradable ambiente que te va envolviendo, y "Lou Anne" y "Remembering this Place" desarrollan lentamente impresiones románticas. "Montana Half-Light" sí que presenta una atractiva melodía bastante folclórica, de hecho sería un tema de piano muy acorde con el repertorio guitarrístico de Will Ackerman o Alex de Grassi. También "High Plains" o "Going-to-the-Sun" son composiciones alegres y luminosas que hacen mover los dedos, mientras que "Westbound" es una pieza dinámica con esencia de ragtime, que se aparta un poco del ritmo general de una obra poco disruptiva, que busca y encuentra la tranquilidad de los grandes espacios libres. Así, "The Big Open" (nombre con que conocen allí a la región de 3.000 kilómetros cuadrados que se extiende desde la presa Fort Peck en el Missouri hacia el sur hasta el río Yellowstone) vuelve a ser un viaje descriptivo por Montana, a modo del corte de inicio pero a mayor velocidad, dejando que el viento te azote el rostro, como en la siguiente, "Spring Creek". En ambas tal vez se recreen algunos viajes juveniles: "Cuando tenía quince años, viajaba en el tren doce horas de ida cada dos semanas desde mi ciudad natal, Chester, hasta Spokane, Washington, para estudiar con la profesora Margaret Saunders Ott, una pianista formada en Julliard". El disco continúa con más instantes para detenerse y dejarse llevar, desde una "Three from the Hills" dividida en tres secciones ("Sweetgrass", "Once It's Gone" y "In Every Direction") a las dos piezas finales no incluidas en la primera edición del disco, las relajadas "Reflections" y "No Wonder they Sing". Tres años después de este "High Plains", muy distinto y también agradable es "Out of the Frame", su segundo trabajo, donde a su piano y sintetizador se unen las contribuciones esporádicas de Michael Hedges con su guitarra, la batería de Brian McLeod, la percusión de Kenneth Nash, el violín de David Abel, la mandolina de Mike Marshall, el violin de Darol Anger y la voz de Barbara Higbie. Ventajas de pertenecer a Windham Hill. Tras ese disco, el siguiente músico importante que quiso su colaboración fue David Byrne, para la banda sonora de la película 'True Stories', ambientada realmente en Texas, algo lejos de Montana. No fue su única experiencia fílmica en esta época, ya que Philip hizo la música de la película 'The shape of the Land' ('El borde de la tierra'), sobre la vida del alpinista y explotador japonés Naomi Uemura, que logró llegar en solitario al polo Norte, y desapareció en 1984 en una tormenta de nieve en Alaska. Publicada en disco en 1986, ahí colaboraron Will Ackerman, Michael Hedges, Charlie Bisharat, Chuck Greenberg, Malcolm Dalglish y Eugene Friesen, entre otros, y dejó para la historia el tema posiblemente más recordado de Philip Aaberg, "Theme from Naomi Uemura", incluido en diversos recopilatorios.

La música de Philip Aaberg no se queda tan fácilmente en la cabeza como la de otros pianistas folk, los colores anaranjados que podemos ver en la portada de este trabajo invitan a dejarse llevar sin necesidad de saber qué nota viene a continuación, disfrutando del pianista cono si improvisara en directo para cada uno de nosotros. Aplaudido en aquella época, "High Plains" ocupó en 1984 el número 35 en los siempre esperados lanzamientos de Windham Hill. Como intérprete de piano en solitario, se unió en esta compañía sin haber escuchado ni uno solo de sus discos, a Liz Story y al mencionado George Winston, que opinaba así sobre su paisano: "Es un verdadero compositor, además de un gran intérprete. Su música captura profundamente la esencia de Montana pero, sin embargo, es universal". Tras los ya comentados "Out of the Frame" y "The Shape of the Land", así como "Upright" y un trabajo llamado "Cinema" donde versionaba piezas de cine y que incluía también "Theme from Naomi Uemura", Aaberg (que visitó varias veces España para tocar a principios de los años 90) salió de Windham Hill y siguió ofreciendo su particular fusión de blues y música americana a través de su propio sello, Sweetgrass Music, hasta la actualidad. 










7.8.21

LIZ STORY:
"Escape of the circus ponies"

La compañía californiana Windham Hill continuaba a mediados de los 80 explorando en las posibilidades de los instrumentos acústicos por medio de intérpretes escogidos, uno de cuyos ejemplos más exclusivos era la pianista Liz Story. Después de un exitoso debut en solitario con el piano ("Solid colors", en 1982), era evidente cual iba a ser el instrumento estrella de su continuación, pero no estuvo del todo sola Liz en su segundo trabajo en 1985, titulado "Unaccountable effect", ya que en el tema homónimo de ese 'Efecto inexplicable' -que era lo que lograba en muchos oyentes con la magia de sus teclas- andaba implícito el misterioso sintetizador de Mark Isham, y el tema de cierre, "Deeper reasons", se acompañaba de la percusión de Bob Conti. En las demás canciones, mucha seriedad y el recogimiento más absoluto, la calidez de esta pianista de San Diego que estaba cercana a cumplir la treintena, y cuya progresión había sido frenada en cierto modo, opinaba ella, al ser incluida en la categoría jazz por parte de muchos distribuidores y emisoras. Tras dos pequeñas referencias en RCA y el posterior regreso a Windham Hill, algo distinto fue su siguiente trabajo en el sello de Will Ackerman, una partitura amena y por momentos muy acertada titulada genéricamente "Escape of the circus ponies". 

Se trata sin duda de un título misterioso el de este trabajo sugestivo de Liz Story. Se remarca 'solo piano' en una portada colorida (una extraña pintura de Mary Shivers), mientras que en la parte de atrás del libreto nos encontramos con una glamourosa fotografía de cuerpo entero de esta refinada intérprete de San Diego que comenzó su carrera de niña. Producido por Will Ackerman y Liz Story, el disco se grabó en directo en dos tomas y Windham Hill lo publicó en 1990, cuando la etiqueta new age se había expandido notablemente, impulsando con su fuerza a artistas tan notables como esta, que nos ofrece aquí un disco variado y palpitante al piano Steinway. En honor al título y temática del disco, "Broken arrow drive" es una pieza circense, movida, divertida, un grato recibimiento a la obra que descubre a una excepcional y versátil pianista. Su siguiente movimiento, de hecho, es muy diferente, pues "Inside out", más reposado, parece contar una historia que se escapa de los límites de la carpa. La hermosa introducción del corte principal del álbum es un complemento ideal para esta composición soñadora, llena de calor y potencia; "Escape of the circus ponies" es un fluido jolgorio donde la destreza de Liz se fusiona con un fuerte carácter descriptivo, para ver y sentir el emocionante paseo de los ponis corriendo en libertad. A continuación, Liz regresa en "Church of trees" a un momento privado, pensativo, para llegar a "The sounding joy", otra de las composiciones alegres que parecen un baile, un juego de Liz con su selecto público, que proviene del jazz, del folclore, de la new age y de la pasión por la gran compañía de Palo alto, Windham Hill. Continúa este variado álbum con la poesía de sonoridad enorme de "Another shore" y la vertiente romántica que se respira en "Incision", para continuar con otro tema aventurero titulado "Worth winning" y culminar esta bonita historia con "The empty forest". Además de estar repleto de agradecimientos, comenzando por sus padres, cada pieza en este estudiado trabajo está dedicada a alguien, familiares, amigos o músicos admirados por Liz, entre ellos "Inside out" a su tía, Amy Costas, "Escape for the circus ponies" a la pintora Mary Shivers (autora de la portada), "Incision" al productor y marido en esa época, Mark Duke, y "The sounding joy" a la enorme banda iralndesa Nightnoise, esos otros grandísimos músicos de Winham Hill que a buen seguro encandilaban a Liz Story a pesar de poseer unas fuertes raíces celtas, tan lejanas a su propio estilo, más deudor de Bill Evans o Philip Aaberg. Al fin y al cabo, la música es universal, y los teclados de Tríona Ní Dhomhnaill siempre han sido maravillosos. Tras las nueve composiciones escritas e interpretadas por Liz Story, se hace el silencio, llega la noche, y los ponis pueden descansar en la pradera, sabiendo que los únicos de su especie que restan en la feria son los que, construidos en madera, dan vueltas en el colorido carrusel.

Es un gran momento para recordar los trabajos de Liz Story, tanto sus obras más reverenciadas en Windham Hill como las que publicó en RCA. Y lo es porque Liz, lejanos sus momentos de gloria, ha pasado uno de los peores momentos de su vida cuando tuvo que ser sometida a una cirugía cerebral de emergencia tras diagnosticarle hematomas bilaterales que ejercían una peligrosa presión sobre su cerebro, tanto que podía llegar a olvidar de golpe cómo tocar el piano. Su ausencia de seguro médico llevó a que algunos de sus mejores amigos pidieran ayudas y donaciones en algunas páginas de internet. El infortunio ya había alcanzado a la intérprete años atrás con un tiempo de ausencia voluntaria en los escenarios para cuidar a sus padres, que sufrían demencia, y con la muerte de su esposo tras un accidente de coche. Antaño, cuando aún se encontraba en la cresta de la ola de la new age, en "Escape of the circus ponies" escuchábamos a una pianista madura que ofrecía un gran catálogo de estilos en un repertorio que si bien en algunos momentos parecía desenfrenado, incluso alocado, mostraba las diversas facetas de una gran intérprete.

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11.2.21

W.G. SNUFFY WALDEN:
"Music by..."

Aunque bien entrado el nuevo siglo, el rumbo de la compañía Windham Hill llevara más de un lustro en claro decaimiento, aún supo ofrecer a su público algunos sorprendentes estertores de interés. Tan suculentos, de hecho, como el artista que grabó con ellos un estupendo trabajo en el año 2001, y no precisamente uno de esos músicos de siempre que aún seguían en la compañía (los únicos artistas importantes que permanecían en la misma eran los pianistas George Winston y Jim Brickman), sino un nuevo nombre, el del guitarrista americano William Garrett Walden, conocido artísticamente como W.G. 'Snuffy' Walden, cuya mayor contribución al recuerdo colectivo había tenido lugar diez años antes, cuando compuso junto a Stewart Levin en 1987 la banda sonora de la aclamada serie televisiva 'Thirtysomething' ('Treinta y tantos' en España), sobre las andanzas vitales de varios matrimonios de treintañeros en Philadelphia. Aquella música, publicada por Geffen Records, era una acertada sucesión de piezas de ambos músicos por separado (que al año siguiente repitieron la fórmula en otra serie tan mítica como 'The wonder years' -'Aquellos maravillosos años'-), uniendo sus fuerzas en la sintonía, ese maravilloso corte principal que muchos podrían recordar y tararear fácilmente. En "Music by...", Snuffy Walden guiña el ojo a esa melodía junto a otras trece, entre las que también se encuentra su merecido premio Emmy por 'The west wing' ('El ala oeste de la Casa Blanca').

Este músico apasionado por la forma de tocar de Eric Clapton fue realmente un guitarrista eléctrico durante su juventud (también podía tocar piano, saxo o trombón), pero él siempre dice que a raíz de "Thirtysomething" la gente empezó a tomarle como un guitarrista acústico. En su disco en solitario, este oriundo de Lousiana que estudió matemáticas y ciencias en la Universidad y tocó la guitarra durante esos años en un club de striptease llamado "The Cellar" ("si una chica se levantaba y empezaba a desnudarse y tú dejabas de tocar, te despedían"), donde ganaba 12 dólares por noche, parece adentrarse en terrenos algo más poperos, con aires además de blues, que los frentes folclóricos frecuentados por el creador de Windham Hill, Will Ackerman. Esto no resta interés al trabajo, Walden no necesita referencias ni espejos para desgranar una serie de piezas mágicas, algunas de las cuales provienen sin lugar a dudas de series en las que había trabajado (aparte de su Emmy por 'The west wing', Snuffy ha estado nominado en otras doce ocasiones a ese relevante premio, por músicas para otras series, incluidas 'Treinta y tantos' y 'Felicity'). Por ejemplo, el propio comienzo del álbum, "Angela smiled", se refiere a Angela Chase, la protagonista de 'My so-called life' ('Es mi vida' en España) a la que daba vida Claire Danes, aunque no se trataba del tema principal de la misma. En ella, una luminosa melodía con aires country demuestra un soberano trabajo con las cuerdas de la guitarra (Snuffy y Weldon Dean Parks), que destacan en una compleja pero sumisa instrumentación, que incluye piano, violín, viola, violonchelo, bajo y percusiones. Un comienzo inmejorable, ciertamente, para el buscador de armonías acústicas con el sello Windham Hill. "Once & again" ('Una vez más' fue la traducción en nuestro país), tras su comienzo sereno va a más, y guitarra voz (un tarareo femenino) llenan todo el espacio de una pieza deslumbrante, de gran fuerza merced también a la contundente batería desplegada en el mismo. De 'Boy meets world' ('Yo y el mundo') proviene "Sketches of Topanga" (Topanga Lawrence era su protagonista femenina), una pieza con espíritu flamenco y un cierto toque clásico (por sus arreglos orquestales) que es pura sensibilidad a las seis cuerdas, y deja clara la maestría de este veterano pero aún así desconocido compositor e intérprete. Esta pieza posee verdadera 'alma', una intensidad sorprendente en su maravillosa interpretación. "Felicity's theme" no es un tema tan recordado aunque provenga de esa serie de cierto renombre, sin embargo es un puro disfrute en sus sensuales rasgueos (guitarras de Snuffy y Parks, que colabora en nueve de los cortes del plástico) y pequeños elementos añadidos. Y como un recuerdo remanente en una generación, la entradilla de 'Treinta y tantos' fue de una conexión especial con un público que luego tal vez no se enganchó a la trama, pero que sin embargo se quedó con esa melodía que aquí ("Thirtysomething (revisited)") Snuffy ralentiza, juega con ella, sorprendiendo la primera vez (cuando te esperas aquella tonada rápida y juguetona con protagonismo también de los vientos), si bien enamorando irremediablemente al oyente al volver a escucharla una y otra vez. Por último, denominados como 'bonus tracks', las dos piezas de 'El ala oeste de la Casa Blanca', "West wing suite" y "West wing main title", con un tipo de sonido marcial a la orquesta, muy de himno norteamericano. No quedan atrás sin embargo en "Music by... W.G. Snuffy Walden" las piezas presumiblemente ajenas a series, ofreciendo algunas de ellas más momentos inolvidables: por ejemplo, es un violonchelo el que nos recibe en la más introspectiva "Love unspoken", reveladora de un mundo interior taciturno que aflora de vez en cuando en el disco. Los vientos se unen a la fiesta más adelante, en otro ejemplo de pieza completa con elementos orquestales que se conjugan con la sempiterna guitarra. De acierto en acierto, llegamos a una de las sorpresas del disco, "Turtle bay" (que es un barrio de Nueva York), tonada grácil pero de gran rotundidad, que posee una cierta familiaridad. Sencillamente deslumbrante, su luz descubre a un músico fantástico. En "Eugenes ragtop", de nuevo las guitarras nos acercan al country norteamericano y al bluegrass. Acto seguido, "New York/Melting Pot" combina la acústica con la eléctrica, así como orquesta, flauta y batería, con buen resultado y más fuerza, y viene a demostrar que no hay temas de relleno en un disco muy completo, en el que incluso disfrutamos de un cierto asomo a un estilo mediterráneo en "Room with a view". "Big city" es otra melodía potente con mucho de blues y rock, buena música con aspecto de sintonía, al estilo tanto de las suyas propias como de aquellas inolvidables de Mike Post. Y antes de los 'bonus tracks', "Alone" es una nueva interpretación magistral, única pieza en el disco en la que Snuffy interpreta la guitarra de manera desnuda y auténtica, recordando a aquellas inolvidables muestras que en esta misma compañía, 25 años atrás, registró aquel visionario llamado William Ackerman. Este tema formará parte del sampler de Windham Hill "Ambient acoustic", y "Angela smiled" del promocional "A Windham Hill Sampler (25 Years Windham Hill)". "Music by... W.G. Snuffy Walden" es un disco enorme, este músico toma sus melodías y realiza una suerte de recuerdo de sus mejores momentos en esta fabulosa semi-compilación en la que no se limita a hacer una simple limpieza del producto, sino que lo reestructura, lo vuelve a interpretar de una manera más íntima con su instrumento primordial, aflorando una especie de sentimiento primario, el verdadero espíritu de esas guitarras que colecciona ("probablemente tengo unas 40 guitarras y me siento culpable por no tocarlas lo suficiente").

"Music by..." no era realmente la primera incursión de Snuffy Walden en la compañía de Palo Alto, ya que dado el interés de la misma, había aparecido en los últimos años en alguna de las típicas compilaciones del sello, especialmente en las de temática navideña, como "A winter's solstice VI" (con la melancólica "Yesterday's rain"), "Celtic christmas III" ("Sails of Galway", de aspecto antiguo), "Celtic christmas IV", "The carols of christmas II", "A celtic christmas: Peace on Earth" o "A jazz christmas". "The ultimate mood collection" y "Here, there & everywhere - The songs of The Beatles" también acogieron melodías de este guitarrista, pero animada y sorprendente es su participación en "Summer solstice 2" ("Crusin' Negril"), así como la pieza de estupenda interpretación "Who lives up there" presente en el muy interesante "Sounds of Wood & Steel". "Music by... W.G. Snuffy Walden" es sin embargo toda una tentación, un trabajo completo y maravilloso que demuestra la valía de un guitarrista en plena forma que lamentablemente no contó con continuación en una Windham Hill a la baja, pudiendo publicar al menos la banda sonora de 'The west wing' en Varèse Sarabande. "Mi trabajo principal es apoyar la naturaleza dramática de la película y crear una atmósfera de credibilidad e implicación, para que el espectador pueda sumergirse en sus propias emociones sobre lo que está sucediendo en la pantalla. Si mi música te saca de la película, lo he hecho mal". Sin duda, a lo largo de su carrera, y parte de ella se disfruta en este disco, William Garrett Walden lo ha hecho de manera inmejorable.












19.8.18

ALEX DE GRASSI:
"Turning: Turning back"

Si una parte importante de los gastos de una compañía discográfica, para conseguir implementarse en la sociedad, se destinan a publicidad, el caso de Windham Hill fue totalmente atípico en sus comienzos. La imagen de marca, el boca a boca, y el proceso artesanal de elección de sus nuevos músicos y grabación de los discos, hicieron que Windham Hill fuera el reducto de la buena música acústica para miles de seguidores, que comprarían incondicionalmente cualquier nuevo producto de la compañía californiana sin necesidad de radiodifusión o campañas publicitarias. Tampoco había dinero, en un principio, para la promoción y el marketing (ni siquiera tiempo para una mayor dedicación, pues comenzó siendo un negocio secundario para sus creadores, Will Ackerman y su mujer, Anne Robinson), pero afortunadamente no había que ir muy lejos para seleccionar a algunos de esos nuevos artistas del sello. Por ejemplo, otro de los 'culpables' del continuo ascenso de popularidad de la marca Windham Hill fue, directamente, el primo de Ackerman y colaborador en su carpintería, Alex de Grassi. Este nombre desconocido se convirtió en un gran vendedor de discos de la noche a la mañana sólo por pertenecer a la nómina de la compañía, pero el comprador a ciegas en 1978 de un álbum como "Turning: Turning back" quedó sin duda plenamente satisfecho de su adquisición y descubrió a un intérprete destacado y a un compositor en estado de gracia, merecedor de su puesto de honor (cuarta referencia del sello) en tan grata compañía discográfica.

Curiosa la elección de la guitarra como el instrumento principal de De Grassi, cuando su abuelo (un emigrante italiano) tocaba el violín y su padre el piano. También extraño es su lugar de nacimiento (Japón), y la carrera en la que se licenció (geografía), pero afortunadamente, tras tocar durante un tiempo en cafeterías o por las calles de Londres, acabó grabando para Windham Hill en California, convirtiéndose en un guitarrista acústico influyente, del que destacaban, según su biografía oficial, "sus composiciones y arreglos evocadores y su gran virtuosismo, utilizando una amplia paleta de técnicas y timbre en conjunción con su habilidad para entrelazar melodía, contra-melodía, bajo, armonía y ritmo en un lienzo de sonido altamente orquestado". La 'guitarra acústica contemporánea' de Alex de Grassi, como la de Ackerman, no implicaba voz, no requería seguir los caminos del folk de cantautor, sino que abría su propia senda instrumental, aquella que como casi todas las sendas -pocas cosas son auténticas con tanta humanidad que nos ha antecedido-, transitaba por hierbas pisoteadas, en este caso -y sin olvidar las influencias de Kottke o Fahey que envolvían los discos de Ackerman- llamadas Renbourn, Jansch e incluso Jarrett. Así lo definía el artista: "'Turning: Turning Back' realmente refleja un enfoque muy personal de tocar la guitarra y de la música en general (...) Salió antes de que la gente usara el término New Age. Había influencias de guitarra de las Islas Británicas como John Renbourn y Bert Jansch. También estaba escuchando un montón de cosas para piano solo de Keith Jarrett en ese tiempo, realmente admiraba su forma de tocar y sus improvisaciones solistas a través de una gran cantidad de diferentes líneas y estilos. Aunque era jazz, tenía un montón de cualidades que eran indefinibles e indescriptibles. Creo que fue algo muy alentador". Con estas premisas, y una elegancia parecida a la de su primo, Alex despliega en su debut melodías tan sencillas como las de aquel, cercanas y reconfortantes, hurgando en sus vivencias y pasiones. Country y folk son las principales referencias estilísticas, y "Turning", "Children's dance" y "Window" las canciones más representativas y celebradas del trabajo, que fueron incluidas -especialmente las dos primeras- en los recopilatorios estacionales de Windham Hill o en otras compilaciones de temáticas varias. "Turning" da el pistoletazo de salida, y Alex se exhibe con esta pequeña y asequible melodía familiar, viajera, unos acordes mágicos, gratamente recordados, que parecen llevarnos atrás en el tiempo. El estilo fingerstyle, con su sonido entre blues y folk, se asoma por primera vez en "Swordfish", un pintoresco retrato de un posible día de pesca, con notas salpicando al saltar de las cuerdas de la guitarra acústica. Regresará luego en "Alpine medley", y por el camino destacará la estupenda, vertiginosa y emblemática "Window", que a pesar de su aparente inocencia, es una pieza maestra de la guitarra acústica. En un tono más calmado, "Luther's lullaby" es una tierna canción de cuna para su hijo, una composición altamente destacable, si bien perdida entre la gloria de las otras joyas del disco, como ese tercer hit del mismo titulado "Children's dance", de corta duración pero gran carisma, una muestra de estilo y maestría con las seis cuerdas. Otras de las composiciones de este imprescindible trabajo son "Blood and Jasmine" (en la que un parsimonioso comienzo da acomodo a otra melodía rítmica de aires folkies), "Waltz and march of the rhinoceri" (un corte discreto y asequible, de belleza paisajistica), "Autumn song" (un suave asomo, como para principiantes, al fingerstyle) o "Turning back", la versión de cierre del disco de "Turning", más desarrollada, sin la hermosa capacidad para ir a la esencia de la que lo abre. Grabado en el mismo estudio de los primeros trabajos de Ackerman, los Mantra Studios de San Mateo (California), con la mezcla a cargo de Scott Saxon, "Turning: Turnuing back" no difiere excesivamente en su estilo de cualquier trabajo de William Ackerman, ambos flirtean con el folk instrumental americano con la pasión de dos enamorados de sus guitarras. De Grassi hace gala de una estupenda técnica y una inventiva que va de lo cotidiano, lo popular ("Swordfish", "Alpine melody") a lo mas interior, imaginativo ("Luther's lullaby", "Waltz and march of the rhinoceri"), deteniendose con un mayor énfasis melódico en piezas que ya se han convertido en referentes de este folk instrumental tan atractivo, como "Turning", "Window" o "Children's dance", que engalanan un plástico tan fácil de escuchar como de admirar. Sencillez, humildad, y un toque de frescura e inocencia muy apropiado a la revolución hippie, pues en esta música se respiran paz y naturaleza.

La composición de "Turning: Turning back" supuso un autodescubrimiento de sus posibilidades, y demuestra una técnica exquisita, difícil de igualar por muchos de sus contemporáneos. Así lo expresaba Ackerman: "Alex es una de las figuras más importantes de la guitarra hoy en día (...) Él combina una técnica sorprendente con una sensibilidad melódica y armónica que va más allá de casi todo el mundo". De Grassi destacaba la gran capacidad de entusiasmo de Will Ackerman, los comienzos fueron duros pero él los hacía divertidos, "Windham Hill era la expresión de esa personalidad", decía su primo. "Probablemente lo que provocó que mi primer disco sonara como lo hizo es que no sabíamos qué diablos estábamos haciendo, al menos en términos de grabación. Nunca había estado en un estudio". En los principios, antes del despegue definitivo de las ventas, las actuaciones en directo eran la base del sustento económico. Alex decía: "De 76 a 81 lideramos a una audiencia encantada, hicimos un montón de conciertos con todo tipo de público. Éramos pequeños y la paga era baja, pero nuestras expectativas eran aún más bajas. Trabajábamos muy duro, nos encantaba lo que estábamos haciendo, y se notaba, a la gente realmente le gustaba. Entonces llegaron George Winston, Montreux y demás, y fue entonces cuando las cosas empezaron a cambiar rápidamente". De hecho, 20 años después de su lanzamiento, y con el disco teniendo aún ciertas ventas, Windham Hill (que había sido comprada por BMG) lo eliminó de su catálogo, y Alex, que ya se había desmarcado del sello, se lamentaba de no poder ponerlo a disposición de su público, más aún cuando había sido destacado por la revista Acoustic Guitar entre las diez mejores grabaciones de fingerstyle de todos los tiempos. Realmente, "Turning: Turning back" fue un pequeño hito de las nuevas músicas de los 80; han pasado unas cuantas décadas, pero pueden pasar varias más y grabaciones como ésta seguirán frescas y vigentes por su memorable calidad.

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