29.3.10

BEN FROST:
"By the throat"


Un paisaje nevado puede parecer hermoso, incluso idílico, pero asímismo puede verse como algo inhóspito, desolado. También la música, acompañada de ciertos elementos externos como ruidos, ecos o rugidos amenazantes puede transformarse de plácida a estridente, o mantener un atrevido equilibrio -impregnado de rudeza- como en el caso que nos ocupa. Desde la bella Islandia nos llega un inusitado trabajo de ese extraño personaje llamado Ben Frost, músico australiano residente en la isla europea. Y llega impregnado de ciertas condiciones inherentes a la propia Islandia: dureza climatológica (desde una portada que presenta de modo difuso un temporal de nieve y lo que parecen unos lobos), dinamismo inquietante (su sonido parece participar de la actividad volcánica de la isla), escasa luminosidad (la noche polar es un fenómeno que consiste en pasar seis meses seguidos de noche, y sucede en la parte del territorio islandés que está dentro del círculo polar), en definitiva una extrañeza que acaba dominando y venciendo. Nacido en 1980 (con esa juventud como muestra de irreverencia), Frost es un artista experimental que investiga en las posibilidades de ciertos ambientes sonoros donde confluyen elementos antagónicos, sólo así se puede entender que en sus trabajos se encuentren ansiedad con relajación, furia con sosiego, equilibrio con caos o simplemente blanco con negro en una suerte de involución de las formas minimalistas con maneras electrónicas. Habría que preguntarse de dónde viene ese afán de Ben Frost de salirse del camino, de afear las composiciones con sonidos inarmónicos, pero una vez llamada la atención (con "Steel wound" en 2003 y sobre todo "Theory of machines" en 2007) la aparición de "By the throat" por medio de Bedroom Community en 2009 era un hecho esperado que no ha tardado en convertirse en un pequeño fenómeno.

"Killshot" es el primer corte y sirve como sorpresa inicial, ya que se trata de una introducción disonante, atípicamente bella pero de una belleza extraña, como creada para un mundo distópico. Frost niega la belleza manchando intencionadamente las notas, convirtiéndolas así en arrebatadoras, presas de una inquietud que, al menos en este comienzo, supera todas las expectativas (incluso las de los que han escuchado sus intensos y en cierto moso espesos -y aclamados- trabajos anteriores, en especial "Theory of machines"). Sonidos rugientes de orcas (grabados en las costas noruegas) son parte del ambiente tétrico y amenazador que predispone enseguida al oyente a adentrarse en una realidad oscura y de difícil comprensión, un mundo nuevo para el que la música no es especialmente atractiva sino atrapativa cual tela de araña y fuera de cualquier clasificación, si bien pretendamos encuadrarla entre la electrónica y la contemporánea, concretamente en el post-minimalismo. Esta denominación es más difícil de otorgar escuchando composiciones como "Híbakúsja", poseedora de una instrumentación base y unas intenciones que la deberían acercar al mundillo clásico (piano, cuerdas, instrumentos de cobre), pero tremendamente deformada y ruidosamente embrutecida en un juego electrónico bizarro y seguramente difuso en su recibimiento, pero que particularmente encuentro muy interesante; de hecho, la pieza desentonaría totalmente si no fuese así maquillada, la coherencia no se ve rota y ese pequeño agujero de bienestar queda como una inocente forma de llamar la atención en el entorno cáustico. Ambient o downtempo son otros dos términos que también es necesario mencionar, el primero por esa oscura línea melódica que invade el disco, con las guitarras de Frost jugando entre impuestas atmósferas electrónicas ("Peter Venkman Part I" con voces manipuladas, "Through the mouth of your eye" que despide el disco de manera abrupta e inquietante). Más difícil de definir y adjudicar es el downtempo, al que se acerca la generalidad del disco, aunque de una manera más ruidosa que rítmica ("Through the glass of the roof", "Through the roof of your mouth"). Entre medio, "Peter Venkman Part II" (continuación más melódica de la ambiental primera parte, con importancia del sensual trombón de Helgi Hrafn Jónsson) o "Leo needs a new pair of shoes" (con un sencillo y agradable juego de teclados de espíritu minimalista) otorgan un ligero descanso por su orientación más calmada en un conjunto que será recordado por su línea melódica oscura, experimental, y un efectismo que rompe la posible armonía. Importantes colaboraciones de músicos islandeses se dejan notar en el disco, como las del cuarteto femenino Amiina (habituales de Sigur Rós), Sam Amidon, el comentado Helgi Hrafn Jónsson, o Valgeir Sigurdsson, afamado productor (de BjOrk, sin ir más lejos) y creador del sello Bedroom Community junto a Valgeir Sigurdsson y el propio Ben Frost.

Sin composiciones que destaquen especialmente sobre las demás (no encontramos aquí bellas melodías de fácil radiodifusión), prima el conjunto, que es preferible escuchar del tirón y sin ningún miedo, pues la combinación es explosiva y difícil de definir con palabras, incluso susceptible de generar negatividades, y es que aunque no podamos encasillarlo fácilmente (o únicamente) en un estilo concreto, lo que está claro es que a su experimentalidad se le puede aplicar el adjetivo agresivo. En definitiva, "By the throat" es un disco poco convencional pero osado y bien acogido por la crítica, tanto la independiente, la electrónica o la contemporánea, que pretende mover un poco las fronteras de la misma en su fusión con ritmos atonales electrónicos. Disfrutar escuchando este trabajo bien podría asemejarse a hacerlo viendo una buena película de terror, pues sabemos de su dureza o cualidades grotescas pero no podemos apartar los ojos de la pantalla. Frost debe ahora meditar el camino a seguir e intentar sorprender en sus próximos proyectos, pero seguro que, por medio de sus guitarras ambientales y una selecta instrumentación adicional, su esencia seguirá siendo igual de dramática y desafiante, pero también irónica (Peter Venkman, el apelativo de dos de las canciones de este álbum, es el personaje interpretado por Bill Murray en 'Los cazafantasmas') y por supuesto muy actual.





11.3.10

MARK ISHAM:
"Vapor drawings"

"Never cry wolf", si bien no es una película muy conocida, debe ser tenida en cuenta por ser el punto de partida de una interesantísima carrera, la del músico neoyorquino Mark Isham como compositor de bandas sonoras cinematográficas. Isham se encargó de esa partitura en 1983, y fue en 1985 cuando Windham Hill editó su segundo trabajo en solitario, "Film music", que incluía extractos de "Never cry wolf" junto a otros de "Mrs. Soffel" y del documental "The Times of Harvey Milk". Aunque desde entonces su nombre esté ligado sin remedio a la música para cine (más de un centenar de películas se benefician de su música), afortunadamente este trompetista y sintesista norteamericano decidió explorar también su faceta artística sin estar limitado por las imágenes o los directores. Así llegó en 1983 a Windham Hill, por el consejo de un amigo productor, buscando un selo de calidad especializado en música instrumental, y su primera entrega en la compañía californiana -después de haber trabajado entre otros con Van Morrison, Tanita Tikaram, Suzanne Vega, el pianista Art Lande o los grupos Taj Mahal y Group 87, que creó junto a sus grandes amigos Peter Maunu y Patrick O'Hearn- se tituló "Vapor drawings" el álbum anterior a "Film music", que llegó en el momento de mayor despegue de una etiqueta, la new age, con la que realmente no estaba muy de acuerdo el trompetista.

Windham Hill se había convertido en un paraíso de artistas acústicos en sus primeros años, y aunque ya había flirteado con la electrónica por medio del grupo Shadowfax, el de Mark Isham fue el primer trabajo del sello en el que la carga electrónica superaba a la acústica, que se mantiene en un perfecto segundo plano. Una característica esencial de varias de las composiciones de este álbum radica en la utilización de un atrayente y repetitivo fondo electrónico (sintetizador y percusión) sobre el que el músico dibuja sus melodías, ya sea con instrumentos de viento (trompeta, saxo soprano, fliscorno o esa extrañeza electrónica llamada Steiner EVI) como en el comienzo del álbum, "Many chinas" (una toma de contacto de difícil ubicación, proveniente de un jazz muy abierto a otros frentes, ágil y transparente; de hecho, esta composición -que comenzaba con el tradicional chino 'Celestial guests'- fue grabada originalmente por Isham en el álbum 1976 Rubisa patrol, con Art Lande, Bill Douglass y Glenn Cronkhite), o mediante más teclados -y también algunos vientos omnipresentes- en "Sympathy and acknowledgement" (ambiente largo sobre fondo muy electrónico), "Raffles in Rio" (animado y sugerente intento de estilismo tropical) o una de las cumbres del álbum por su subyugante desarrollo en varios planos superpuestos, "Men before the mirror", seis minutos de lograda intensidad y una envoltura misteriosa y dramática que podría haber encajado perfectamente en alguna de las películas para las que posteriormente iba a crear la banda sonora este neoyorquino. Entre medio, un par de ambientes jazzísticos intimistas ("When things dream" -con un sorpresivo y delicado piano- y un cierre del disco con el protagonismo de la trompeta que  volver a atisbar las posibilidades de Isham con la música para películas -romántica, en este caso-, "In the blue distance") y dos pequeñas tonadas de espíritu infantil, miniaturas sin muchas intenciones pero delicioso resultado ("Something nice for my dog" -sencillo pero puro y eficaz descubrimiento que abre el abanico de posibilidades de este inquieto músico- y "Mr. Moto's penguin" -con un juego melódico más extraño, un fondo electrónico juguetón que maneja una pieza desenfadada-). Queda para el final a propósito el tercer corte del disco, a la larga la composición posiblemente más magistral y emblemática de Mark Isham, un prodigio -un pequeño himo, de hecho- de título "On the threshold of liberty" (inspirado en el cuadro de igual título de René Magritte) que auna atmósfera y melodía con una percusión que va aumentando en intensidad (una cadencia constante muy adictiva, de aires militares) y el toque de personalidad y fuerza que imprime el fraseo de trompeta hasta alcanzar un completo clímax, todo un clásico de Windham Hill de elegante ambientalidad que fue retomada para la película de William Friedkin "Reglas de compromiso", y que ha sido incluído en numerosos recopilatorios del sello. Isham acertó con el titulo, ya que el álbum es ambiental y por momentos ciertamente vaporoso, conduciendo las atmósferas urbanas de su anterior banda, Group 87, a un terreno más cercano al jazz, aunque sin desmarcarse por momentos de tendencias más modernas. El propio Isham hablaba así de su obra: "'Vapor drawings' fue mi primera grabación en solitario, mi primera aventura en un registro de música electrónica a gran escala. Toqué casi todos los instrumentos, de hecho todo excepto los tambores. Fue un gran desafío y llevó mucho trabajo duro. Lo veo como el primero de una serie de discos que experimentaron con este género (cualquiera que sea el género que se considere, entre New Age y Fusión), el segundo de los cuales fue 'Tibet' y el tercero 'Castalia'".

"Vapor drawings", que presenta en portada un trabajo de la serie 'dibujos de vapor' que ideó en los ochenta el artista americano Larry Bell (en concreto el titulado 'Vapor drawing LDIF5') es un disco entretenido y bastante completo, sin entrar en terrenos escabrosos (ni monotonía, ni una electrónica cansina, ni demasiado jazz), con segundos planos muy bien trabajados, interpretaciones de lujo en los primeros, y la producción del afamado Steven Miller, que estaba implantando un sonido de calidad para varios artistas de Windham Hill. Destaca la solidez del conjunto por su capacidad de conjunción de acústica y electrónica, y el dominio por parte del autor de los dos campos del sonido a través de instrumentos tan apartados pero majestuosamente hermanables como el sintetizador y la trompeta, un instrumento rotundo cuya llegada se espera a cada instante, y cuando llega produce un efecto impactante en el oyente, una poderosa posesión. Junto a un Isham en plan multiinstrumentista (vientos, teclados y percusión electrónica), es el futuro miembro de Group 87 Peter Van Hooke (llegará al año siguiente para colaborar en su segundo y último plástico) el que aporta más percusión electrónica y también acústica -snare drum-. Ganador de un Grammy (en 1990 por su álbum "Mark Isham" en la categoría de New Age) y un Emmy (por el tema principal de la serie 'EZ Streets'en 1997), Mark Isham es sin duda un compositor versátil estilísticamente hablando, y en su disco de debut podemos encontrar al menos un par de joyas de las Nuevas músicas como "Men before the mirror" y "On the threshold of liberty".



1.3.10

MIND OVER MATTER:
"Music for Paradise"


Mucho se ha hablado sobre el poder de la mente humana y la posibilidad de producir con ella fenómenos como la psicoquinesia, la acción de la mente sobre una materia física, que provoca alteraciones en la misma sin causa mecánica aparente. Por lo que a nosotros respecta, Mind over matter ('mente sobre la materia') es el nombre del grupo que en la década de los 80 creó el alemán Klaus Hoffmann-Hoock para desarrollar sus novedosas ideas en cuanto a música electrónica relajante ('música mágica para la imaginación', destaca en las portadas de algunos de sus álbumes), con influencias de sus viajes por oriente. Hoffmann aprendió muy joven guitarra y batería, pero su encuentro con el rock sinfónico le hizo enamorarse del sonido de los primeros sintetizadores y del mellotron, instrumentos que empezó a coleccionar. A comienzos de los 80 fundó Cosmic Hoffmann con el teclista Georg Mahr y el letrista Andreas Hub, aunque esta primera etapa del grupo fue poco prolífica. Como Mind over matter, publicó en 1987 su primer álbum, el sugerente "Music for Paradise", en la compañía Innovative Communication.

"Music for paradise" es un sorprendente trabajo que tiene muchos puntos a favor para ser recordado, por ejemplo su calidad de sonido, basado en su mayoría en los teclados y el mellotron (antecedente del sampler, usado por grandes del rock sinfónico como Génesis, Yes o King Crimson), sin olvidarse de guitarras y percusiones. Sin embargo es la índole de composiciones como "Paradise", la suite en cuatro partes (aire, agua, fuego y tierra) que ocupaba la cara A del LP, lo que permite hablar de "Music for paradise" como un disco especial y posiblemente influyente, por su anticipación y repercusión. Sonidos relajantes en un entorno natural son el comienzo de "Being one (Air)", en la que voces extrañas ayudan a crear el ambiente necesario para la relajación, así como una cadencia suave y contínua envuelta en efectos burbujeantes; en definitiva, un deleite para el oído y un oasis de bienestar que continúa ligeramente cambiado en "One being (water)", con ligeros sones de guitarra que lo hacen más fluído, y en el que la cadencia de bajo se acentúa. Los sonidos se tornan más oscuros en "Changes in being (fire)", donde la parte de guitarra se hace más ruidosa y el ambiente caótico, pasando de golpe de la paz del campo solitario al clímax infernal de la urbe superpoblada, que sólo deja pasar un resquicio de luz solar cuando un tímido sintetizador simulando un coro hace su aparición. El ciclo se cierra con "Being home again (earth)", un retorno a los sones placenteros de la primera parte, a su atmósfera serena y celestial, con la incorporación de guiños terrenales como una flauta y más voces en trance. La suite "Paradise" es, en su conjunto, una opípara conjunción de sensualidad instrumental, opulencia mística y calor terrenal, en un aromático viaje, a la par exterior e interior. La cara B de esta primera edición del álbum presentaba tres composiciones más, al menos las dos primeras de gran interés (ya que "The silence" es un experimento de space-rock puramente ambiental): "The end of time", sin ir más lejos, es toda una sugestiva experiencia por la utilización de la voz de Yves Greder recitando un texto en francés sobre un manto de sonidos sintéticos, guitarras y una delicada flauta; años después sería el grupo Enigma quien utilizara este recurso en el comienzo de su célebre "MCMXC a.d.", pero aquí, sin cantos gregorianos ni ritmos secuenciados, Hoffmann-Hoock nos ofrece una composición curiosa, profunda, en cierto modo esotérica y estimulante. Más destacable es si cabe "Kandy sweets", el primer acercamiento serio a la world music a través de sones de sitar (en realidad la conocida como guitarra 'sitarmatic') y voces de Sri Lanka en un tema de ritmo constante muy elegante, que acaba de demostrar la capacidad de Klaus Hoffmann-Hoock para desarrollar ambientes paradisiacos durante minutajes medios con una extraordinaria fluidez. En 1991, cuatro años después de la publicación del LP, fue lanzado el CD con dos temas extra, un oscuro "North star" y la versión en directo de una exitosa canción que venía contenida en el segundo álbum de Mind over matter ("The colours of life") de título "Ganga (The river of life)": en el mismo registro de "Kandy sweets", esta oportuna inspiración en el río Ganges que presenta el definitivo título de "Ganga (The live version)" -grabada en directo en septiembre del 89 en la ciudad belga de Antwerp- es una composición exultante, de refinado buen gusto y carácter meditativo, que nos funde con aromas de la mágica India por su melodía y percusión en un envoltorio místico.

"Music for paradise" fue grabado, mezclado y masterizado en el estudio Quasar de Klaus Hoffmann-Hoock, autor de todos los temas ("Paradise" junto a Heinz Weidenbrück y "The silence" con Michael Grüterich) de esta imprescindible muestra de música atmosférica, que presenta un sugerente juego de voces y efectos, y una delicada armonía con ciertas músicas del mundo, mezclando música occidental con sonidos del extremo oriente (grabaciones de Sri Lanka, Tailandia, India, Indonesia, Birmania y Tíbet). Por momentos, la música parece emanar de nuestro interior, en confortantes momentos de gran carga espiritual que nos dejan la sensación de haber despertado de un placentero sueño. Hoffmann-Hoock continúa en la actualidad desarrollando estas visiones musicales tanto bajo el nombre de Cosmic Hoffmann -que retomó desde 1998- como de Mind over matter, viendo reeditado este placentero "Music for paradise" por Innovative communication en 2007.