Mostrando entradas con la etiqueta Rodrigo Leao. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rodrigo Leao. Mostrar todas las entradas

14.10.20

RODRIGO LEAO & VOX ENSEMBLE:
"Theatrum"

Sea por la búsqueda de un sonido propio o por intereses vanguardistas y neoclasicos, el caso es que el cambio ejecutado por el portugués Rodrigo Leão en su carrera en solitario desde que abandonó la banda que ayudó a fundar, Madredeus, se iba notando cada vez más radical, dejando totalmente de lado el folclore luso para sumergirse en un mundo que unía lo contemporáneo con lo antiguo, un delicioso experimento cuyo punto culminante estaba constituido por voces corales en latín que conspiraban con una instrumentación moderna. El encuentro era una fusión deliciosa, perfecta técnicamente y excitante en sus arreglos, un crossover parecido al que en estos mismos años presentaba Karl Jenkins con su grupo Adiemus, o algunas otras propuestas menores que se aprovecharon de estos tiempos de gran tirón mediático y por supuesto comercial, de la conocida como música new age, enorme cajón desastre en el que cabían perfectamente obras como estas, paradigma de la apertura y la valentía de los nuevos caminos de una época maravillosa para las músicas distintas y para esos artistas que, como Rodrigo, tenían dentro una particular vena artística que acabó explotando.

Leão había sorprendido muy gratamente con su ópera prima en 1993, un excitante "Ave mundi luminar" al que siguió un delicioso EP titulado "Mysterium", imprescindible también en su discografía. El paso siguiente lo publicó CBS/Sony en 1996 con el título de "Theatrum", y Rodrigo mantenía en él las ideas de su obra en solitario pero evolucionadas hacia terrenos más minimalistas y enlazando las piezas del álbum en una especie de suite teatral sin momentos de desperdicio. En efecto, "Theatrum" continúa en esa línea abierta en "Ave mundi luminar" de modernización de lo antiguo, la utilización de cantos en latín sobre bases rápidas, repetitivas, junto a otras más calmadas, de estilo camerístico. Más o menos original (el latín ya había sido utilizado en los últimos años en las nuevas músicas - Enigma, Enya- y seguía siendo un recurso lógico en la música sacra y contemporánea), el crossover de Leão no es complicado pero porta una intensidad muy hipnótica que lo convierte en un producto efectivo, aunque en la repetición de la fórmula se pierde el efecto sorpresa, por eso "Theatrum" no es de las obras más recordadas de Rodrigo (por el gran público, tal vez no por el fan), por eso y porque este disco contiene grandes composiciones, pero no un "Ave mundi" que quede definitivamente en la conciencia del oyente. Nos encontramos sin embargo ante un grandísimo trabajo, muy estudiado, en el que predomina el conjunto, la especial sensación de estar escuchando una obra compacta y especial, un teatro milenario que se abre al público desde un escenario global, y que fue compuesta en gran parte en la localidad de Ericeira, cercana a Lisboa, donde 'fabricó' un buen número de composiciones entre las que sobrevivieron once para este trabajo: "In memoriam" es una misteriosa entradilla con un aspecto muy serio, a la que van accediendo, alternados, compases muy rítmicos. El aspecto conjunto se intentaría acercar, con reservas, al de obras corales tipo "Carmina Burana". De repente, el movimiento lo inunda todo, emergiendo de cuerdas y teclados con un aire orientalizante; la altiva cadencia de "Odium" no sólo provoca actividad sino que accede a rincones ocultos de una manera hipnótica. La voz femenina de "Nulla vita" frena la locura en esta pequeña pieza mecida por el completo conjunto, una calma que no es sino un mero descanso del ajetreo general, que de nuevo torna a oriental, serpenteante, en "Dies irae", otra acertada melodía que sigue sorprendiendo en un álbum que ya se antoja muy completo. "O corredor" es la pieza de apariencia más sinfónica y menos alocada hasta el momento, manteniendo un altísimo nivel. Algunas de las composiciones tienen el aspecto de canciones, aunque fusionadas al estilo antiguo, con algo de folclórico y una conducción instrumental potente. Es el caso de "Solitarium", en la que también luce el oboe. Sin respiro, llega otro de los temas importantes y chocantes del trabajo; con varios cambios de ritmo, coro y una estupenda melodia de viento, "Locus secretus" es una pieza que remonta, si cabe, el interés de un álbum del que no se espera final, y en el que aún hay sorpresas, como "Contra mundum", otra de las mejores composiciones, la vuelta del sonido oriental, dinámico, una soberbia puesta en escena para este teatro imaginario. Por si fuera poco, al final retoma la estupenda melodía de viento de "Locus secretus" para potenciar un clímax apasionante. Y en este sorprendente tramo final, no podía faltar una pieza intimista, "Ruínas", que es la melancólica culminación de la admiración hacia Rodrigo y su propuesta diferente y atrevida. El piano conduce, las cuerdas arropan, juntos enamoran, y ya es difícil aventurarse a decir en cada nueva pieza que es de las mejores del álbum. El disco tiene que ir terminando, y lo hace con "Solve me lucto", tema de aspecto más eclesiástico que pagano (por primera vez en un álbum que parece ser una celebración del teatro de la vida), y con el largo lamento "O novo mundo" (que contó con una 'edit versión' en el recopilatorio "O mundo" del artista luso), en ese mismo camino, posiblemente menos interesante que el de los demás cortes. Aparte de Leão con sus teclados, el eficaz 'vox ensemble' estaba formado en esa época por Margarida Araujo (viola), Teresa Rombo (violonchelo), Antonio Martelo (violín), Nuno Rodrigues (oboe y corno inglés), y las voces de Ana Sacramento, Joao Sebastian y Ana Quintans, formación que le acompañó en las presentaciones en vivo del álbum, y que variaba respecto a la de "Ave mundi luminar" y "Mysterium", de los cuales sólo permanecían Margarida Araújo y Nuno Rodrigues, valorando especialmente las ausencias del violonchelista y arreglista Francisco Ribeiro y del productor de aquellos, António Pinheiro da Silva, siendo "Theatrum" una coproducción de Rodrigo Leão, Paulo Abelho y Tiago Lopes. Otros músicos que aquí colaboran son José Manuel David (trompa), Rini Luyki (acordeón), Paulo Marinho (sevina), Paulo Abelho y Tiago Lopes (percusiones), Nuno Gracio (voz) y otras voces del Coro Ricercare. El corte inicial del álbum, "In memoriam", fue regrabado junto al Coro de Cámara de la Escuela Superior de Música y la Sinfonieta de Lisboa, para un CD extra que acompañaba a la reedición de "Ave mundi luminar" en 2010.

Las músicas profundas, estudiadas -como las de este disco-, suelen tener mil máscaras que hay que destapar con las escuchas. Más allá de metáforas, la espectacular portada de este trabajo está adornada por doce máscaras de teatro griegas, trágicas en su mayoría, esas mismas que se asocian al dios Dionisio. Como extasiado por su influjo, Leão se muestra arrebatado en esta suite llena de fuerza y elementos diversos que pasan por varios mundos, clásicos y modernos, en una comunión explosiva que sin embargo, en su ausencia de elementos fáciles de absorber, resulta difícil de difundir y a veces de saber valorar: "hay discos con música más densa, otros con música más ligera. Recuerdo mi segundo trabajo, 'Theatrum', en el que un gran amigo de la infancia me llamó para decirme que había escuchado las tres primeras canciones y estaba devastado, casi deprimido, porque era un disco más pesado". En ese momento, aun así, lo calificó como el disco con el que más y mejor se identificaba. Aún tardaría Rodrigo unos años en alcanzar el gran éxito al acercarse a sus otras influencias, más comerciales (pop, bossa nova, fado) en su gran trabajo "Cinema", aunque el paso anterior también fuera especialmente destacable, un "Alma mater" con momentos bellísimos, melancólicos, en el que el músico portugués se soltó definitivamente de la lengua muerta que le había acompañado en sus primeros pasos en solitario -salvo por el propio título del álbum- para deshacerse en una gracia instrumental melancólica con dos canciones, en portugués y en español, que eran ya un anticipo de ese lógico éxito futuro.

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:









31.8.14

MADREDEUS:
"O espírito da paz"

La consolidación internacional de una banda como Madredeus no tuvo que esperar excesivo tiempo, dada la exquisita combinación de gloriosa instrumentalidad y poesía vocal que el grupo pregonaba en álbumes como "Os dias da Madredeus" y en especial "Existir", que en Portugal alcanzó un indiscutible número 1, y en su gira europea logró un lleno tras otro. España, Francia o Bélgica se rindieron ante Teresa Salgueiro y los suyos, si bien la mayor sorpresa vino de mucho más lejos, dado su gran éxito en Japón, país que visitaron antes que Estados Unidos, y en el que fueron felicitados por la propia familia del Emperador Akihito. Estos portugueses prolongaron en 1994 su idilio con la belleza al publicar EMI su nuevo plástico, de título "O espírito da paz", que iba a marcar un pequeño cambio en su trayectoria al abandonar el grupo a posteriori su teclista y miembro fundador junto a Pedro Ayres Magalhaes, Rodrigo Leao. El disco fue ideado en Estoril, con vistas al mar, instantes de la misma paz que refleja el título del mismo, y que se corresponde con una música de difícil parangón y de sensible añoranza. Magalhaes indica que "todo el grupo fue determinado para encontrar, en primer lugar, una imagen plástica del llamamiento a la saudade, a la espera. La forma cómo el grupo se presenta, sentados, inmóviles, esta decisión de presentarse así, es en sí su mensaje más importante". De esta manera, y retomando la idea del videoclip de "O pastor", "O espírito da paz" presenta una de las más bellas portadas que las nuevas músicas de los 90 nos pudieron ofrecer, una preciosa imagen en blanco y negro, poética como ninguna, de los seis músicos portando sus instrumentos en la búsqueda del sitio idóneo para desarrollar su don, el de encauzar la belleza de esos idílicos paisajes a través de su música. También ausente de color, la contraportada nos muestra a una pensativa Teresa Salgueiro, como una diosa que busca conversar con el sol. Ambas fotografías, como las de las portadas de los CDsingles, son obra de Inés Gonçalves, mientras que el omnipresente Magalhaes incorpora una de las montañas de Mongolia, realizada durante la gira mundial de 1993.

La formación de Madredeus para este álbum publicado en 1994 por EMI era la misma que había popularizado en 1990 canciones como "O pastor" o "O pomar das laranjeiras" en "Existir": Teresa Salgueiro (voz), Pedro Ayres Magalhaes (guitarra), Francisco Ribeiro (violonchelo), Gabriel Gomes (acordeón) y Rodrigo Leao (teclados), con la incorporación de un sexto hombre, José Peixoto (guitarra), otorgando un mayor protagonismo a las cuerdas, siempre más cerca de lo clásico que del pop. Entre marzo y mayo de 1994 Madredeus grabó en Inglaterra (en Londres, concretamente) dos discos, "O espírito da paz" y "Ainda", banda sonora del film de Wim Wenders "Lisbon story", que no se publicó hasta 1995. "Lisbon story" fue un importante acicate para el éxito de "O espírito da paz", pues generó mucha expectación en Europa. Pedro Ayres Magalhaes es el productor del disco y el autor en solitario de dos terceras partes de las canciones, si bien aparece acreditado en todas excepto "Pregao", exclusiva de Francisco Ribeiro. Esto da una clara muestra de la dirección que había tomado el grupo con el pasar de los años y el éxito, y fue en ese clima musicalmente célebre cuando Rodrigo Leao, saturado, decidió abandonar el mismo y explorar otras posibilidades sonoras en solitario, lo que a la larga le ha llevado a superar la estela dejada por su antiguo conjunto, gracias a obras monumentales como "Ave mundi luminar" o "Cinema". Muy poco después abandonarían también Gabriel Gomes y Francisco Ribeiro (el cual fallecería en 2010). "Minuete" es una sencilla introducción de corte clásico a la guitarra, enlazada con "Allegro", de atisbos folclóricos absolutamente ibéricos. Ambas forman "Concertino", presentación instrumental tras la que entra en juego la esperada voz de Teresa Salgueiro, con su melancólica interpretación de "Destino". Voz portentosa y refinamiento instrumental encuentran un punto álgido en el primer sencillo del álbum, "Os senhores da guerra", espléndida pieza que intentaba emular el éxito obtenido con "O pastor", posiblemente la gran canción de Madredeus, a la que sin duda se acerca bastante, desde el rítmico juego de cuerdas que sirve de entrada y base, hasta la intensidad general de un tema que fue objeto de horrible versión a cargo del grupo portugués de heavy metal Moonspell. Creación de Francisco Ribeiro, "Pregao" calma los ánimos con su aspecto de oración que suena a lugares lejanos, y que recuerda a su propio tema "Matinal", que abría el anterior plástico. El mar tenía que estar presente en un disco de un grupo lisboeta, y en "O mar" consiguen transmitir la paz que inspira cuando está en calma y se respira una refrescante brisa. El idioma portugués, añorante como pocos, también contribuye a esas sensaciones, que en definitiva son las que acababa sintiendo el público en sus conciertos. También evocativo es "Os moinhos", instrumental de bella factura, cercano a la monumental "As ilhas dos Açores" aunque sin alcanzar su nivel (parece que cada gran composición de "Existir" intentara tener su espejo en "O espírito da paz"). De la suite "Trés ilusoes" hay que destacar la primera de ellas, "Sentimento", con sabor a esos fados con los que deslumbraba la joven Teresa. "As cores do sol" es otra hermosa canción que no destaca especialmente porque anticipa los otros dos sencillos del álbum, canciones tan nostálgicas y penetrantes como "Ao longe o mar" (otro de esos momentazos que sólo pueden estar concebidos en portugués) y "Vem" (soberana interpretación de Teresa Salgueiro en el que para muchos es el gran corte del disco, afortunada conjunción de Magalhaes, Leao y Gomes, con videoclip de Wim Wenders, que pone el broche de oro al trabajo), antes de alcanzar el final con la más que correcta "Ajuda". Algunas ediciones en CD de este trabajo incluyen "O pastor" como último corte. Aunque "Existir" no había entrado en las listas de ventas españolas, la creciente fama del conjunto hizo que "O espírito da paz" estuviera en las mismas cerca de 40 semanas, llegando a alcanzar el número 8. Tres fueron los lanzamientos en single de este disco, "Os senhores da guerra" (que incluía "Pregao"), "Vem" (con "Ao longe o mar" y la interpretación en directo de "O pastor" del álbum "Lisboa") y, de manera promocional en España, "Ao longe o mar" (con las fechas de la gira -febrero 1995- en la contraportada). Años después, y aparte de en algún que otro recopilatorio, varias composiciones de este trabajo fueron utilizadas en dos proyectos curiosos y originales: "Vem (Alpha remix)", "O Mar (Moana Maru Remix)" y "Ao Longe O Mar (Astro's Reflect And Chill Mix)" -por Al Johnson- fueron las canciones remezcladas en el álbum "Madredeus electrónico"; por otro lado, "Essencia", el disco en el que Madredeus regrabaron algunas de sus canciones -25 años de carrera- con la voz de Beatriz Nunes, se abría con "Ao longe o mar".

Pedro Ayres destacaba sobre "O espírito da paz" que se trata de un disco temático, un trabajo conceptual sobre la conquista de la paz, lleno de experiencias instrumentales que no son propiamente canciones: "A mi entender sólo había una auténtica canción, todos los demás temas son experiencias musicales que decidimos hacer para explorar nuestro grupo, y así conseguir registros diferentes en nuestro recital". Ciertamente, en algunos momentos parecemos asistir a una interpretación vocal como un instrumento más (en "Silêncio", por ejemplo, la voz es practicamente como una prolongación del violonchelo). Además, siguiendo la costumbre de la banda desde "Os dias da Madredeus", todas las canciones están grabadas en vivo, sin mezclas adicionales salvo un overdub de sintetizador en "O mar", "Ajuda" y "As cores do sol". En pura disputa con sus anteriores entregas (en especial "Existir") por ser, para sus seguidores, el mejor disco de Madredeus, sí que se puede afirmar que "O espírito da paz" es un trabajo completo y ambicioso, con grandes momentos como "Os senhores da guerra" y "Vem" que, en formato single, auparon al álbum de nuevo al éxito local e internacional. De hecho, la gira que presentó "O espírito da paz" al público europeo llevaba por título 'Vem (Além de toda a solidao)", y fue publicada en DVD en 2012 con igual título que el disco, una grabación realizada en Bruselas el 24 de abril de 1995. Rodrigo Leao dejó estas populosas actuaciones, siendo sustituido en las mismas por Carlos María Trindade, que había coincidido con Pedro Ayres Magalhaes en Herois do mar. Trindade continuaría con Madredeus, incluso en los peores momentos del grupo, cuando Pedro Ayres y él mismo crearon A banda cósmica para acompañarles.

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:





21.11.11

MADREDEUS:
"Existir"

Cuando el potencial de ciertas melodías es capaz de hacernos soñar despiertos es que se ha alcanzado un grado de empatía difícil de lograr. Uno de esos milagros se titula "As ilhas dos Açores", composición dedicada a dichas islas atlánticas portuguesas, que emana impresiones celestiales en cada uno de sus trescientos segundos. Comienza como una obra clásica, contemporánea, de bella ambientalidad, para entroncarse con el folclore en una genuina muestra de deliciosa atemporalidad en la que se pueden paladear teclado (Rodrigo Leao), guitarra clásica (Pedro Ayres Magalhaes), violonchelo (Francisco Ribeiro) y acordeón (Gabriel Gomes), curiosa conjunción de instrumentos que junto a la voz de Teresa Salgueiro formaban un grupo mítico de nombre Madredeus, cuyo primer fruto, "Os dias da Madredeus", a pesar de una rudimentaria grabación, fue un auténtico éxito no sólo en Portugal sino también en lugares tan dispersos como Bélgica, Japón, Francia, Grecia o España. No era de extrañar, pues los Madredeus de aquella época eran una fusión celestial de cuerdas, teclados y voz. Encontrar su sonido fue algo lento pero natural, como encontrar a la propia vocalista. Cada miembro aportaba su experiencia y maestría tanto en la interpretación como en la composición, llegando a un público muy variado por su ecléctico planteamiento. Su segunda obra, "Existir", es un remanso de paz y armonía en la que la producción es compartida por Pedro Ayres Magalhaes y Antonio Pinheiro da Silva.

Tras escuchar "Matinal" es impredecible qué nos puede deparar el disco de un grupo cuya única referencia fue grabada tan furtivamente como nos cuenta la historia de "Os dias da Madredeus". Ese comienzo vocal, de reminiscencias antiguas, nos recuerda que no estamos ante un conjunto cualquiera, que se ampare en la tradición portuguesa o que se acoja al rumbo predeterminado hacia la música comercial, sino ante un delicioso experimento basado en la búsqueda entre la música tradicional y la de cámara. Algo de todo ello hay sin embargo en el siguiente corte, sin duda el más famoso del grupo en toda su trayectoria. "O pastor" es un pequeño sueño, una canción completa e inolvidable en la que guitarras y violines se conjugan dotando a la pieza de un ritmo de fondo rápido y atrayente sobre el que emerge, como una ubícua deidad, la inconfundible voz de Teresa Salgueiro. Más serenas son composiciones como "O navio" (deliciosa melodía de aroma portugués), "A vontade de mudar" o un pequeño clásico como "O pomar das laranjeiras", que suena a canción tradicional a pesar de estar compuesta por un Pedro Ayres Magalhaes que toma claramente el rumbo del grupo (sobre todo en el apartado vocal), como ya hiciera en su álbum de debut. Con sólo dos discos, se podía hablar de Madredeus como un conjunto exitoso de estilo propio y con poso popular, esa forma reconocible de entretener y emocionar con canciones como "O ladrao" o "Cuidado", en la que destaca el estupendo acordeón de Gabriel Gomes. En cuanto a las piezas instrumentales, tres son las que se entremezclan en el disco, y aunque las otras dos estén eclipsadas por la grandeza de "As ilhas dos Açores", no sólo no desmerecen sino que anticipan una grandiosa aparición, la de Rodrigo Leao como artista en solitario unos años después, pues "Solsticio" y en especial "Tardes de Bolonha", con su juego de vientos y cuerdas, suenan irremediablemente a esa exitosa trayectoria por su cuenta del teclista lisboeta (con la producción del propio Antonio Pinheiro da Silva). Sólo unos años tardará en dar ese paso, mientras tanto Rodrigo contribuye como los demás miembros del grupo en la creación de melodías tan maravillosas como "O pastor" o "As ilhas dos Açores", las dos claras cumbres de este álbum de anaranjada portada. Celebrando sus 25 años de carrera discográfica, Madredeus publicó "Essencia", donde versioneaban temas propios con la nueva vocalista, Beatriz Nunes, y una formación distinta bajo la batuta de Magalhaes: "O pomar das laranjeiras", "Confissao" y "O navio" fueron las canciones elegidas de "Existir".

Es imprescindible destacar la poética puesta en escena de este impresionante consorcio: guitarra, chelo, acordeón y teclado al aire libre, en un cuidado jardín o en una playa de fina arena, de negro riguroso, arropando a una bellísima Teresa Salguiero, con un chal que le protege del viento. Pedro Ayres lo definía así: "Toda nuestra obra es como una fantasía sobre un mundo poético, de origen portugués, pero que no corresponde a ningún aspecto particular de nuestro país". EMI publicó "Existir" en la primavera de 1990, y tres semanas después alcanzó en número 1 de las listas portuguesas, llegando a disco de platino, y permitiendo al grupo realizar su primera gira por Bélgica, Francia, España o Brasil. Precisamente en vivo fue su siguiente plástico, pues "Lisboa" era un doble en directo grabado el 30 de abril de 1991 en el Coliseo dos Recreios de Lisboa (un CDsingle de este álbum incluía los directos de "As ilhas dos Açores", "A vaca de fogo" y "O pastor"). En "Existir" repetían formación, ese quinteto tan maravilloso en el que no falta ni un solo detalle, en una 'saudade' modernizada de realidad hermosa y catártica.








28.9.08

RODRIGO LEAO:
"Cinema"

En una incansable búsqueda de su identidad musical, a la que en una constante y maravillosa evolución parece no poder nunca llegar a alcanzar, el teclista lisboeta Rodrigo Leão se ha llegado a involucrar en su trayectoria profesional en proyectos de la talla de Sétima Legião (mítica banda portuguesa de rock fundada en 1982), Madredeus (conocidísimo conjunto folclórico con el que logró un gran éxito en sus tres primeros trabajos) o una carrera en solitario no sólo lujosa y atractiva sino además innovadora e imprescindible. Rock, pop, canción ligera, fado, minimalismo... los estilos cultivados y devorados por Leão (león en castellano) en esa sucesión de trabajos vitales, acabaron por conciliarse a comienzos del siglo XXI en una obra de sonido auténtico y cercano a lo comercial aunque de difícil clasificación, donde la saudade, ese sentimiento de añoranza tan tipicamente portugués, estaba absolutamente presente dominando el conjunto. Publicado en 2004 por Sony Music, "Cinema" fue la soberbia culminación de una intensa evolución personal, en forma de banda sonora de la película del propio pensamiento del Rodrigo Leão más maduro.

Las canciones de Madredeus nacían pensando en la voz de Teresa Salgueiro, por lo que los textos eran muy importantes; en su primera etapa en solitario, Leão primaba la música a la letra, y los textos en latín eran casi un instrumento más, no importaba realmente lo que se cantaba sino su armonía e implicación en un contexto minimalista y ascético (al menos en comparación con la mediatización de Madredeus), sin más pretensión que la belleza. Años después, la vuelta a los textos no supone ningún paso atrás sino una forma de expresión de esa espontaneidad por la cual, según confiesa el músico, "no pienso de antemano qué es lo que quiero hacer, no construyo sobre un plan previo; hay un lado muy abstracto dentro de mí, que viene de la infancia, los amigos, los viajes, las personas que conocemos, las cosas que descubrimos cada día, todo eso influye en mi manera de hacer música". "Cinema" es un disco más delicado que los anteriores del portugués, donde los juegos de cuerdas, piano, acordeón y voces femeninas exploran la faceta más intimista de Leão, primando la melancolía del sonido más puramente portuario (atención a ese acordeón de Celina da Piedade en "A comédia de Deus", que podría figurar igualmente en un disco de Yann Tiersen), más cerca del tango y por supuesto del fado que de la música de cámara. Leão se hace una imagen de sus composiciones como si encajaran en una película, y se inspira en Lynch, Almodóvar o Fellini (de hecho, uno de los temas se titula "A estrada", como la película del director italiano) para construir deliciosos instrumentales como "Cinema", "A comedia de Deus", "Memorias", "Uma historia simples" o la mencionada "A estrada", título reservado al tratamiento instrumental del posiblemente más acertado tema vocal del álbum, "Lonely carousel", donde respiramos antiguos aromas del Leão de la Vox ensemble en la base musical y donde nos encontramos con una de las fantásticas voces invitadas, la de una Beth Gibbons -cantante del grupo de trip-hop Portishead- que fue exprimida en numerosas tomas de la canción hasta encontrar la saudade adecuada. La brasileña Rosa Passos, en su estilo característico de bossa nova, interpreta "Rosa", delicadísima composición dedicada a la hija de Rodrigo, que éste compuso junto al japonés Ryuichi Sakamoto. Otras dos son las vocalistas restantes: la guapa cantautora Helena Noguerra, que se gusta y nos atrapa suavemente en "Jeux d'amour", y la cantante de la banda portuguesa The gift, Sonia Tavares, la más destacada de las cuatro junto a Beth Gibbons por su voz misteriosa y variedad de registros, desde el retro synth-pop de "Deep blue" al más puro estilo jazz de "Happiness" o bondiano de "L'inspecteur". Con esta variedad e innegable calidad, "Cinema" fue un sorprendente número 1 en Portugal, y es que el luso supo conjugar como nadie la carga visual de la supuesta banda sonora con la belleza puramente auditiva de cada composición.

Rodrigo Leão no quiso asentarse en un grupo vocal de extraordinaria esencia pero difícil evolución como Madredeus. No, Leão escogió el camino de la experimentación, de la locura tal vez, de la búsqueda de una identidad musical propia, bebiendo de fuentes clásicas, contemporáneas, de música de cine y de músicas del mundo, sobre todo su propio mundo, al que el teclista regresó en gran medida en este fabuloso "Cinema". Ecléctico y sinuoso, Rodrigo nos hace partícipes de un juego envolvente y atractivo, lindando entre la emoción del sonido de las cuerdas, la sonoridad de los teclados y el esplendor de unas voces sabiamente escogidas. Sus próximos pasos, adecuadamente encauzados, gozan de nuestro seguimiento con merecida atención, pues este portugués ha logrado, como lo hizo la banda que ayudó a formar, Madredeus, salir con éxito de su país e instalarse por su calidad en numerosos mercados extranjeros.

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:









10.11.06

RODRIGO LEAO & VOX ENSEMBLE
"Ave mundi luminar"

Muchos se sorprendieron cuando el teclista portugués Rodrigo Leão decidió abandonar Madredeus en la época en que este grupo se hallaba en su momento más álgido, más teniendo en cuenta que dicha banda lisboeta era de creación conjunta entre el propio Rodrigo y Pedro Ayres Magalhaes. Tal vez la confluencia de dos genios en un mismo espacio artístico fuera difícil de conciliar, tal vez simplemente Leão necesitaba un cambio en su planteamiento, el caso es que tras la grabación del álbum "O espirito da paz", el teclista dejó Madredeus, antes incluso de emprender la gira de presentación de ese estupendo tercer album de la banda. Enseguida se pudo comprobar que las innovadoras ideas que se agolpaban en la cabeza de Rodrigo Leão tenían que salir a la luz en otro contexto y, en un entorno más experimental, ganaron la partida a esa música de difícil clasificación pero fácil asimilación cantada por Teresa Salgueiro. De este modo Madredeus perdió a un miembro excesivamente importante, y a cambió nació uno de los mejores álbumes de la década de los 90 y una carrera artística en la que el nombre propio llegó a alcanzar y posiblemente superar al del consorcio al que pertenecía.

Rodrigo Leão no tiene formación clásica, compone con los teclados y el ordenador y luego engalana esos bocetos. Lo que de esta manera llevaba precocinando durante dos largos años (en los instrumentales de Madredeus se podían prever ciertas ideas avanzadas) y nos sirvió en 1993 por medio de CBS/Sony se acabó titulando "Ave mundi luminar", un acercamiento a la música contemporánea en una linea comercial, combinando instrumentos clásicos con la electrónica. De este modo, y aunque la composición sea casi íntegra de Rodrigo (tuvo especial ayuda en Francisco Ribeiro), firmó el trabajo como Rodrigo Leão & Vox Ensemble, el 'presumible' conjunto que le acompañaba y le otorgaba ese toque sinfónico al estilo Nyman, compositor que Leão siempre ha admirado, junto a otros minimalistas y contemporáneos como Glass, Part y Górecki. El Vox Ensemble constaba de violonchelo, violines, oboe, cuerno inglés, flauta y voces, que se unían a los sintetizadores de Rodrigo, y en él destacaba la figura de otro miembro de Madredeus, el mencionado violonchelista Francisco Ribeiro, que efectuó además los arreglos y la dirección. María do Mar, Margarida Araújo, Nuno Rodrigues, Nuno Guerrero y António Pinheiro da Silva eran los otros miembro del ensemble, aportando este último además una impoluta labor de producción del álbum. También otros dos miembros en activo de Madredeus aportaron su colaboración en el álbum, Teresa Salgueiro a la voz y Gabriel Gomes al acordeón en "A espera" (Pedro Ayres Magalhaes fue, curiosamente, el único de ese conjunto que no aparece en este trabajo). Sin embargo la característica más recordada y que chocaba en algunos de los temas (en realidad sólo en dos, pero los más radiados y destacados) fue la utilización de textos cantados en latín, un recurso con el tiempo poco original pero interesante en esa época fuera de contextos antiguos, que Leão seguiría utilizando eficazmente en sus dos siguientes álbumes, "Mysterium" y "Theatrum". En esta 'ópera prima' del compositor luso podemos escuchar dicha lengua muerta en un excepcional "Carpe diem", de hipnótica base y desarrollo, donde se puede escuchar a Teresa Salgueiro, y en el primer sencillo y tema más conocido y reverenciado del álbum, "Ave mundi", un tesoro musical de compás hechizante y glorioso coro, que no es solamente el primer paso del luso en su nuevo universo, es prácticamente un primer paso en general, una extraordinaria idea, perfectamente realizada, que abrió nuevos caminos. La base minimalista destaca especialmente dentro de esa estructura camerística modernizada, buscando el ritmo y la melodía en canciones con tempos muy definidos que inspiran sentimientos, como indican los títulos de "Movimento", "O medo" o "A espera", una de las mejores composiciones del álbum, donde teclados, violines, flautas y oboe se conjugan maravillosamente creando una sensación turbadora a la que el acordeón aporta un espíritu de libertad. También hay que señalar la alegría de "Vitorial" (en cuyo suave comienzo parece adivinarse el de una composición tan gloriosa de Madredeus como "As ilhas dos Açores") y de la frenética "Espiral II", claramente deudora de ese minimalismo antes comentado de Michael Nyman, y posiblemente también de Wim Mertens. Viendo que Rodrigo Leão mantenía convenientemente el tirón comercial, con títulos superventas (en especial en Portugal) como "Cinema" y "A mae", Sony Music reeditó "Ave mundi luminar" en 2010 con portada diferente, más misteriosa que la original, y la importante característica de ir acompañado de un segundo CD, titulado "In memoriam", grabado con el Coro de Cámara de la Escuela Superior de Música y la Sinfonieta de Lisboa. "In memoriam" constaba de ocho cortes, tres de ellos nuevos y cinco regrabados (uno rescatado de "Theatrum" -"In memoriam"-, dos de "A mae" -"1939" y "Segredos"- y la importante presencia del clásico de Madredeus "As ilhas dos Açores" abriendo el disco, y "Ave mundi" cerrándolo).

Dos años después de "Ave mundi luminar", CBS/Sony publicó un mini-álbum titulado "Mysterium", que venía a explotar el potencial que las composiciones cantadas en latín habían cobrado en las Nuevas Músicas. A las dos canciones conocidas, "Ave mundi" y "Carpe diem", se unían otras dos de excepcional interés, compuestas y producidas por el propio Rodrigo: "Promisse" es sin duda el corte estrella, alegre, vital, de afortunada melodía y clímax contínuo, mientras que "Mysterium" es, como su propio título indica, más intrigante y reposado, con gran protagonismo de las cuerdas. Para completar los seis temas de que constaba el álbum, un instrumental de nueva factura, "Tristis dies", y otro vocal, "Promisse II", que no es sino una mezcla más tranquila de "Promisse" que no aporta nada al resultado final. Con el paso de los años la música de Rodrigo Leão ha madurado y se ha teñido de influencias (incluso sus propias reminiscencias fadistas y portuarias, que estaban escondidas y que con "Cinema" consiguieron un auténtico número 1 en Portugal), ha dejado los textos en latín para dotar a sus composiciones de un aire más festivo, más acústico, pero "Ave mundi luminar" tuvo el don de la oportunidad y la frescura ideal en un gran momento de las Nuevas Músicas, esa época en la que cada año nos deparaba numerosas sorpresas musicales.