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23.9.26

YANNI:
"Tribute"

A mediados de los años noventa, Yanni Chryssomallis se había dado un baño de masas con su vuelta a Europa y el famoso concierto en la Acrópolis de Atenas en 1994, una demostración ante sus compatriotas de que su música, considerada por muchos como de una electrónica simple, podía imbuirse de un componente acústico muy importante, y tenía no sólo una gran personalidad sino además una esencia mediterránea intrínseca que añadía una chispa única, una frescura especial para su público de los Estados Unidos, y cuya calidez (él utilizaba sintetizadores pero no ordenadores, tocaba todo manualmente con el piano como instrumento esencial), de hecho, la acercaba a un mercado mundial, no sólo el norteamericano de su compañía durante tantos años, Private Music, o el europeo de sus raíces. Descontento con Private, Yanni se movió tras la publicación de "Live at the Acropolis" a Virgin Records, compañía que se posicionó en su oferta por delante de muchas otras, especialmente MCA. "Me gustaría que la gente pudiera escuchar más mi música", decía en esa época, así que para acabar de confirmar la internacionalización de su obra, sus planes pasaban inmediatamente por la enorme Asia, un mercado potencialmente enorme. Pero ni el propio Yanni, que ya había vivido un pequeño infierno de preparativos burocráticos para sus conciertos en la Acrópolis, se imaginaba la aventura que se avecinaba, un periplo que, a cambio de un nuevo disco de éxito, le iba a agotar físicamente e incluso iba a romper lamentablemente el bienestar de su vida privada. Ese proyecto tuvo como título "Tribute".

Nos situamos en el momento de mayor popularidad de Yanni. Su matrimonio con Linda Evans parecía firme, y su imagen seguía siendo un ejemplo de sofisticación, a la par que su música mantenía unas características poderosas en su juego electrónico buscando la melodía acertada. El concierto en su país natal publicado en audio y video bajo el título de "Yanni Live at the Acropolis" fue un grandioso espectáculo emitido por la televisión estadounidense, que impulsó definitivamente su carrera. La música se acomodaba a un acertado tratamiento orquestal en un majestuoso teatro romano, ¿qué puede superar eso? Tal vez las Pirámides de Egipto, maravillas del mundo antiguo, pero eso lo conseguiría unas décadas después, en 2016. Antes de mirar hacia Asia, hubo realmente algunos intentos previos para celebrar estos conciertos: Table Mountain en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) tuvo demasiados problemas políticos y un coste prohibitivo, y el permiso para Teotihuacán (México) no parecía que fuera a llegar nunca, así que los esfuerzos se concentraron en dos de los lugares más sagrados del mundo, el Taj Mahal en Agra (India) y la Ciudad Prohibida de Pekín (China). Poco sabía el músico dónde se metía, pero mientras tanto las musas iban acudiendo a Yanni y su nueva música se adaptaba poco a poco a esos honorables lugares: "Al componer, combino un arco iris de estilos y etnias y soy testigo de cómo las almas de muchas culturas se unen de manera obvia y sencilla. El resultado es más color, belleza y fortaleza, una malla sin costuras." Y además es algo natural, según contaba en su biografía, Yanni in Words (David Rensin, Miramax Books, 2003). Aparte de la propia música, las negociaciones de Yanni y de Virgin con el Departamento de Turismo de la India parecían discurrir por buen camino, ya que la actuación podía impulsar el turismo indio, aunque el Taj Mahal en sí necesita poca presentación. Pero aparecieron la burocracia, la codicia, las compensaciones, los oponentes políticos del gobernador y un obstáculo mayor: la religión. El Taj Mahal era una tumba, no un teatro, fue difícil convencer a la gente de que la música y las luces no iban a dañar el mausoleo. Al final se tuvo que acondicionar un espacio detrás del mismo, con muchas dificultades técnicas que encarecieron notablemente un proyecto que por momentos parecía fuera de control, pero cualquier duda de Yanni (admirador de la fortaleza de Gandhi) se desvaneció cuando compuso "Deliverance", pieza que creyó perfecta para el Taj Mahal, como si la vida le hubiera empujado a crearla para ese acontecimiento. Algo más fácil fue lo de China, pero también hubo dificultades, desde el mismo lugar de la actuación, que pretendía ser inicialmente la Plaza de Tiananmén, para acabar ubicándolo en la imponente Ciudad Prohibida, a la que azotaron la lluvia y un viento que amenazaba con derribar las torres de luz, pero todo se calmó a tiempo para la actuación. Esos fabulosos conciertos en los que Yanni parece emocionado en todo momento y no para de gesticular y saltar, y los músicos parecen afectados por la belleza que les rodea, se pueden disfrutar en el VHS (y posterior DVD) que Virgin Music Video puso a la venta en 1997 con notable éxito, y se pueden ver en YouTube junto al documental "No Borders, No Boundaries", que narra toda la historia. Aumentada de golpe su popularidad y tras haber arriesgado millones de dólares, el músico comenzó una lucrativa gira, y mientras tanto, también Virgin iba a publicar el CD "Tribute" en 1997, lleno de música enaltecedora que mereció millones de ventas: El recibimiento, "Deliverance", es un exótico cruce de culturas, una overtura de tono global plena de aventura; la exuberancia de Yanni se metamorfosea en un cuento de "Las mil y una noches", y el resultado, si bien no estrictamente original, es hermoso y excitante, una suite donde orquesta, teclados, violin y voces de complementan a la perfección. Enseguida aparece ese Yanni romántico que se espera en cada disco y siempre se agradece. El poder de su música es grande, y "Adagio in C Minor" es uno de sus temas neoclásicos más apasionados, y en la interpretación en directo, el músico encuentra la ayuda en la orquesta para emocionar a su numerosa audiencia. "Renegade" es el sencillo instrumental del álbum, excitante y fogoso tema al que los vientos otorgan una chispa especial, durmiente, y el violin es como un paseo por una alfombra voladora; la orquesta es el viento que la eleva, y el resultado en el concierto es absolutamente magistral, con un duelo final de violines inconcebible. "Dance with a Stranger", curioso rescate de su álbum de 1989 "Niki Nana", es un tema ligero de estilo neoclásico con un toque de jazz en la mezcla, con protagonismo de la trompeta. No es lo más destacable del álbum (como no lo era de aquel), pero es agradable de escuchar. A continuación, un comienzo ondulante de piano, característico en el griego, nos sumerge enseguida en otra tomada a medio camino entre el cuento de aguerridas hazañas y el puro romanticismo, "Tribute", un tema precioso, muy inspirado, cuya poesía engancha sin remedio. "Prelude" es pura música india, pero como su título indica es sólo un preludio para "Love Is All", la canción del disco, una estupenda pieza vocal orientada al pop con tintes étnicos, con una muy eficaz vocalista, Vann Johnson. Lanzada también como sencillo, su poder lo resumía Yanni en el concierto diciendo que de todas las fuerzas que se ejercen sobre nosotros a lo largo de nuestra vida, el amor es la más poderosa de todas, y que debemos aprender a amarnos y aceptarnos unos a otros, griegos o americanos, chinos o indios, es lo mismo, todos somos seres humanos. El mensaje acababa con una dedicatoria a todos los que hicieron posible el Taj Mahal. "Un mensaje de amor, unidad, aceptación y tolerancia", concluía Yanni en esta pieza durante la cual sucedió esta anécdota que cuenta en su biografía: "Mi flautista, Pedro Eustache, tocaba el duduk, un instrumento armenio, y le vi que estaba llorando. Le pregunté al respecto más tarde, y me contó que unos años antes había perdido a un joven hijo. Aquel momento fue una experiencia catártica, una oportunidad para hablar con su niño. No podría haber sucedido en un lugar más perfecto, un mausoleo construido por Shah Jahan en memoria de su esposa, el lugar donde honras a las personas que has amado y seres queridos que has perdido." El viento es el gran protagonista de la calmada "Southern Exposure", que se vuelve a acercar a un jazz ligero. "Waltz In 7/8" es un vals new age, con solo de guitarra y otro de teclados. "Nightingale" es una bella pieza étnica, un guiño a la cultura china muy melódico y agradable (por su comienzo de flauta, especialmente), un tono que no varía tras la entrada del piano y la orquesta. Para acabar el disco, Yanni acude de nuevo al álbum "Niki Nana" y concretamente a su tema principal, "Niki Nana (We're One)", como conexión con otro elemento étnico, el aborigen australiano. El concierto, además, concluía con la interpretación de otra pieza emblemática de Yanni y un recuerdo a su país de origen, "Santorini". Además de Yanni y la orquesta, los músicos del disco fueron Ricc Fierabracci (bajo), Joel Taylor (batería), Danny Reyes (percusión), Pedro Eustache (flauta, saxo, duduk), Ramon Stagnaro (guitarra, charango), Ming Freeman (teclados), Karen Briggs (violín), Luis Aquino (fliscorno en "Dance with a Stranger"), Armen Anassian (violín en "Tribute"), y las voces de Vann Johnson (en "Love is All") y Alfreda GErald (en "Niki Nana"). Cercano en emoción a sus grandes obras de los ochenta aunque notablemente distinto por su mediación orquestal y su gozoso acercamiento a la world music, "Tribute" es probablemente el último gran trabajo del Yanni grandilocuente y megaestrella de la new age. En España, el disco "Tribute" estuvo tres semanas en listas y llegó al puesto 37, nada mal para un artista básicamente instrumental.

Yanni comentaba esto en el CD del disco: "Este álbum fue concebido y grabado durante un período tumultuoso y maravilloso de mi vida. Se inspiró, en parte, en la posibilidad de interpretar estas nuevas obras en el Taj Mahal y la Ciudad Prohibida, dos de las estructuras más grandiosas del planeta. Que esto sucediera, que tuviera el privilegio de interpretar mi música en India y China en medio de tesoros nacionales, es un homenaje a tantos que creyeron en un proyecto que parecía siempre al borde de la razón. Para mí, el Taj Mahal y la Ciudad Prohibida siguen siendo esenciales porque nos recuerdan a todos nuestro propio potencial de grandeza. El espíritu de sus constructores se mantiene increíblemente vibrante. Para los miembros de mi banda y mi orquesta, las noches pasadas a la sombra de estos monumentos provocaron un trabajo inspirador y, a menudo, lágrimas. Espero, de alguna manera, haber podido rendir homenaje a esas muchas almas, los artesanos y trabajadores anónimos que hace muchos años erigieron estas increíbles estructuras. Este álbum también pretende ser un homenaje a la dinámica y cálida India y China de hoy, a las muchísimas personas que nos recibieron con su amabilidad, sonrisas y aplausos. Finalmente, como todo lo que he hecho desde que dejé Kalamata, Grecia, este también es un homenaje a mis padres, Sotiris y Felitsa, quienes le enseñaron a su pequeño hace mucho tiempo que... el amor lo es todo." Curiosamente, la popularidad del músico y su estabilidad familiar tomaron rumbos separados, él no supo relajarse y desconectar tras su éxito, quiso llegar más allá en su carrera y se convirtió en un esclavo del trabajo, así que Linda Evans y Yanni se separaron el día de año nuevo de 1998. "Me arrastré por los continentes, viviendo en una interminable serie de habitaciones de hotel. En el verano de 1998 ya no podía continuar. Era en la cima de mi carrera, pero había perdido lo que Una vez creí que era un océano infinito de optimismo. Todo parecía oscuro, sin sentido." Había ganado, pero en el fondo, afirma, no lo hizo, y lo más importante: "También había olvidado la persona que era cuando comenzó el viaje." Darse cuenta de eso es aceptar el problema y buscar soluciones, así que Yanni, tras un periodo en el que prácticamente quiso dejar la música ("desperté sin ningún lugar adonde ir y sin nada que hacer, no estaba en paz ni era feliz, estaba nervioso, cansado, frustrado y enojado"), acabaría saliendo más fuerte y determinado que nunca, para continuar con su carrera. Los resultados no han sido desde entonces todo lo afortunados que se podría desear, pero este músico continúa en activo ofreciendo su arte al que lo quiera escuchar. Y son millones de personas.

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16.1.26

JON & VANGELIS:
"Private Collection"

Por separado han sido dos genios musicales, dos monstruos de la música instrumental, de la electrónica y del rock progresivo. En un determinado momento, esos nombres que causaban admiracion decidieron grabar juntos, experimentar en el estudio con teclados y voces, originando así un dúo único. Jon Anderson y Vangelis, Vangelis y Jon Anderson, da igual el orden, llevaban tiempo colaborando desde que se conocieron en 1972, cuando gracias a la mediación del agente de prensa Keith Goodwin, Anderson visitó sorpresivamente a Vangelis en su casa, y el griego le mostró algunas composiciones inéditas. Jon estaba interesado en ese enfoque tan novedoso del sinfonismo, del rock progresivo y del jazz que emanaba del teclista. No tardarían en volverse a encontrar en las obras de Vangelis, pues Jon pondría voz a una pieza memorable, la canción "So Long Ago, So Clear" del fenomenal trabajo "Heaven and Hell" en 1975. Pocos años después, en 1979, tocó el arpa en el tema "Flamants Roses" de la banda sonora de "Opera Sauvage", para volver a prestar su voz en 1980 en dos canciones del disco "See You Later". Era inevitable que ambos hicieran algo completo juntos, especialmente en el momento en que Anderson abandonó (por vez primera) la formación de su emblemática banda de rock progresivo, Yes.

Los estudios Nemo de Vangelis fueron los testigos a comienzos de 1979 de las sesiones improvisadas que dieron origen al primer álbum conjunto de Vangelis y Jon Anderson. Este trabajo llevó como título "Short Stories", y rescataba 10 pistas de aquel encuentro londinense, convenientemente producidas pocos meses después. "I Hear you Now" fue su sencillo principal. La cuarta posición y disco de oro alcanzado en el Reino Unido por este álbum publicado en 1980 fueron casi igualados (número 6 y también disco de oro) por su siguiente paso en 1981, el más completo "The Friends of Mr.Cairo", cuyos sencillos de cabecera fueron el propio "The Friends of Mr.Cairo" y "I'll Find my Way Home" (la primera edición no lo incluía, y su posterior inclusión fue la que posibilitó el éxito del disco). "Private Collection", grabado en Paris y en Londres y publicado en 1983 por Polydor, fue el tercer paso del dúo, que ya había alcanzado una excelente madurez, y Vangelis una creciente fama gracias al bombazo que supuso la banda sonora de "Chariots of Fire". La música de Vangelis y las letras de Anderson, utilizando el mismo método de los discos anteriores, sesiones improvisadas sobre las que posteriormente se realizan las sobregrabaciones necesarias, dieron lugar a la que muchos consideran su mejor obra: El disco comienza con la suave brisa de una breve pieza de inspiración italiana, "Italian Song", una especie de dulce nana en la que destaca el tono exigente en el que tiene que cantar Jon Anderson (una letra inventada, sin sentido fonético), sobre una urdimbre de notas románticas y ambiente envolvente, tanto como lo fue aquella insuperable "So Long Ago, So Clear". Un gran comienzo, pues la canción es realmente hermosa, y demuestra que estos dos músicos se desenvuelven bien en cualquier temática o situación. A continuación, "And When The Night Comes" es una hermosa canción de amor con un fondo rítmico continuo, en la que destaca especialmente la utilización del saxo del ilustre Dick Morrisey, que ya había colaborado en tres canciones del anterior disco del dúo, así como en el fabuloso tema de amor de 'Blade Runner'. "Deborah" y "Polonaise" son dos radiantes baladas, la primera de ellas es una declaración de amor de Jon Anderson hacia su hija Deborah (déjame decirte cuanto te amo / haría que los pájaros cantores cantaran para ti/ ahora son buenas noches / dulce ángel, lee esta carta), que parece deudora del estilo de The Alan Parsons Project en aquella época, mientras que la segunda, un tema de esperanza dedicado a los ciudadanos polacos que vivieron la ley marcial en su país entre 1981 y 1983, es más fantasiosa e incluye una potente percusión en su parte central. La cara A se cierra de manera más movida que el tono romántico imperante hasta el momento con "He Is Sailing", el tema estrella del álbum, un nuevo hit del pop de los ochenta que idearon estos dos artistas, claramente orientado a la comercialidad pero con un motivo de fondo original, una interpretación vocal fabulosa y unos aderezos electrónicos deslumbrantes. La cara B estaba ocupada en su totalidad por "Horizon", la pieza larga del disco, una absoluta maravilla que comienza con un ritmo sincopado bastante ágil, aderezado con teclados candentes que son una misteriosa envoltura para la entrada de la voz en el minuto 2; el tono alto típico de Jon, amoldándose al ritmo de la música, consigue hacer del tema una plegaria al horizonte (parece tratarse de un canto por la paz), especialmente en un clímax con quiebros vocales de alta intensidad que casi parece un motivo navideño, varios años antes del álbum "3 Ships" del propio Anderson. Llegando al décimo minuto de la suite, esta toma un rumbo ambiental muy distinto al enfoque comercial pop del comienzo; un teclado radiante desarrolla entonces una cautivadora melodía con colores muy característicos del Vangelis melancólico, que se funde de nuevo con la voz a partir del minuto 14, continuando con la particular poesía de este hermoso y luminoso alegato pacifista de 23 minutos, una odisea de sintetizador en la que la inconfundible voz del británico se funde como si fuera un ajuste mágico del arsenal de teclados de Vangelis. Un viaje inolvidable hacia el horizonte. Olvidando el potencial de "Italian Song" y admitiendo la larga duración de "Horizon", la compañía decidió utilizar a las demás canciones como sencillos, en algunos de los cuales un nuevo tema se añadía a la lista como cara B, "Song Is", canción meditativa sobre una base bastante ambiental y llena de efectos. Sin las letras y la voz de su amigo, tanto esta como otras canciones del disco, bien podrían haber formado un nuevo trabajo en solitario de Vangelis, pero no hay que escatimar la contribución de Jon Anderson, un fenomenal cantante y letrista sin cuyo toque distintivo, estas piezas no hubieran sido los éxitos que fueron a nivel popular. Por ejemplo, en España el disco alcanzó el número 10 en las listas. Tal vez no debería ser esa la finalidad de la música de estos dos genios, la eficiencia y la calidad siempre han sido el punto culminante e indudable de sus trabajos, pero los músicos se deben a las ventas, y a que sus compañías decidan renovar sus contratos, y la popularidad es, definitivamente, la que abre esas puertas. Si se es popular y, a la vez, se porta una grandiosa aptitud en el producto (como es el caso), la semilla de la buena música llega más lejos.

Polydor, la que por entonces era la compañía discográfica del griego, consiguió ser el sello receptor de las importantes ventas de estos trabajos conjuntos de dos músicos imprescindibles. La capacidad instrumental de Vangelis y la capacidad vocal de Jon Anderson se entendieron a la perfección, creando pequeños himnos de esta suerte de 'pop sinfónico', que tuvo una cuarta entrega perfectamente audible pero no tan afortunada, esta vez publicada por Arista en 1991, titulada "Page of Life". Mientras tanto, Polydor aprovechó el tirón de sus dos artistas publicando en 1984 la compilación "The Best of Jon and Vangelis", que tras una portada muy ochentera incluía nueve de sus mejores canciones, aunque tal vez se eche de menos un extracto de la suite "Horizon". En esos éxitos de estos dos buenos amigos (aunque lamentablemente perdieron el contacto tras su cuarto trabajo conjunto), la melodiosidad de la garganta de Jon Anderson se adhiere a las notas de Vangelis como uña y carne, como una unión primaria y necesaria en la historia de la música de esta época, en la que él rock progresivo era amado y respetado, y la fuerza de la música instrumental, con una gran cantidad de himnos incluidos en bandas sonoras o en discos independientes de músicos como Vangelis, Jean Michel Jarre, Mike Oldfield, The Alan Parsons Project, Kitaro y muchos otros, era capaz de llegar a las masas.

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14.6.24

VANGELIS:
"Mask"

Se pueden contar con los dedos de una mano, pero ha habido ciertos músicos instrumentales que en un determinado momento de sus carreras se ganaron el derecho a publicar lo que les diera la gana. Así de claro. Vendieran o no vendieran el necesario número de discos, aunque las compañías discográficas no estuvieran de acuerdo con esta aseveración. La sombra de la genialidad es alargada, y el de Vangelis era uno de los casos más claros. Si después de presentar unas bandas sonoras inolvidables quiero hacer un disco experimental, lo hago. Por algo será. Si quiero colaborar con un vocalista de éxito haciendo canciones, pero al año siguiente me da por explorar otros niveles sonoros en una suite con voces operísticas, ¿por qué no? Si combino músicas para ballet o teatro con proyectos especiales que indagan en atmósferas sonoras electrónicas que se acercan a géneros de moda en la época, como la new age, adelante. Siempre habrá sellos discográficos interesados. Polydor lo estuvo durante un tiempo, desde 1979 hasta 1986, año de la aparición de su último trabajo en la compañía británica: "Rapsodies", segundo fruto de su colaboración con Irene Papas tras aquel "Odes" de 1980. Sin embargo, su último álbum en solitario en Polydor, y último también firmado como Vangelis en los míticos estudios Nemo de Londres, fue "Mask" en 1985, un trabajo sinfónico con gran fuerza coral, que nos puede recordar muy gratamente a una de sus más grandes obras de los años setenta, "Heaven and Hell". 

A la vez que este proyecto, Vangelis acometió otro mucho más experimental, titulado "Invisible Connections", que Polygram desplazó a su sello clásico 'hermano', Deutsche Grammophon; nada que ver ese difícil experimento sonoro con "Mask", que si bien no es de sus trabajos más melódicos y por tanto asequibles, tiene una profunda capacidad de enganche en sus desarrollos místicos, sombríos, merced a bases repetitivas electrónicas difíciles de dejar atrás, junto a la seducción del instrumento más antiguo, la voz, utilizada como un argumento casi taumatúrgico, legendario. Eso sí, en su descontento con este autor atípico, que nunca se ha dejado manejar para entrar en los caminos de la comercialidad porque sí ("quiero hacer música, no vender un millón de discos", afirmaba), Polygram decidió no promocionar "Mask", del que de hecho no existe ningún tipo de sencillo. Husmeando en los orígenes de este trabajo, se cuenta que esta música provenía de un encargo que, a pesar de mover los hilos de su inspiración, no acabó por concretarse: de entre las numerosas peticiones que aceptó Vangelis durante la década de los ochenta, algunas de ellos nacieron del Royal Ballet en el que se encontraba el bailarín canadiense Robert Eagling ('R.B. Sque', 'Frankenstein - Modern Prometheus' y 'The Beauty and the Beast'), pero al parecer Evangelos decidió aprovechar una serie de descartes o músicas no utilizadas para esta institución. Esa decisión fue una bendición en su discografía, ya que originó este fantástico álbum en cuyo título y portada se evidencia la fascinación de su autor por el concepto de la máscara. En la contraportada, una extraordinaria serpiente bicéfala azteca con mosaicos turquesa del siglo XV, que se encuentra en el Museo Británico. Ya con el título de "Mask" y los cambios adecuados para su grabación, nos encontramos ante una obra coral de enorme magnitud, que alcanza cotas de rabiosa y auténtica maestría. Siguiendo la estela de su anterior disco, "Soil Festivities", está dividida en seis movimientos con el número de cada uno como título. El comienzo ("Movement 1") es absolutamente épico, el ímpetu de la percusión, la sonoridad de los teclados y la fuerza de los fantásticos coros sobre una base circular hipnótica, nos remontan al mítico "Heaven and Hell". De hecho, hay más motivos para tratar este trabajo como una especie de continuación de aquel, por ejemplo el hecho de que los cantantes sean los mismoa, el English Chamber Choir. Cinco minutos frenéticos conducen, en la mitad de la pieza, a un remanso de ambientación pacifica con maravillosa voz teatral, que se desarrolla hasta la llegada, en última instancia, del clímax que retoma los elementos iniciales. La sensación final es de plenitud, de haber disfrutado de una pequeña pero enorme sinfonía de 10 minutos agonizantes de esplendor. El desconsuelo de esa obertura conduce al "Movement 2", la pieza más fácil de recordar del álbum por sus virtudes melódicas. Es también la más corta, se le podía haber sacado más partido a la épica melodía que aparece en este segundo movimiento, pero Vangelis decidió que no iba a ser así. En España una marca de electrodomésticos hizo popular esta preciosa tonada. En una nueva demostración de variedad estilística, "Movement 3" es una hipnótica cantilena de aspecto bizantino, vigorosa, tremendamente hechizante, que expresa de nuevo el contraste entre cielo e infierno (es posiblemente la que más recuerde a "Heaven and Hell"), moviéndose en una frontera entre lo tenebroso y lo celestial, una línea divisoria tan inexistente que por momentos ambas vertientes conviven en una dualidad bizarra. "Movement 4" es sin embargo un viaje terrenal, un aria de tal riqueza que es como una larga plegaria hacia el infinito, en la que nos encontramos con más coros con un fondo muy dinámico, en un efecto de difícil ubicación temporal, pero muy satisfactorio de seguir de manera sugestiva durante sus casi 9 minutos. El comienzo de "Movement 5" parece más deudor de "Spiral" por su fondo ondulante sintetizado, sobre el que enseguida brotarán los coros, hasta completar su duración de 10 minutos. Para terminar, y breve en comparación con las anteriores, "Movement 6" es una especie de pequeña banda sonora, que culmina con el lirismo del leitmotiv más fácil de recordar de la obra, el de "Movement 2". La música coral operística retornará muchos años después, dieciséis concretamente (aunque su estreno en directo se produjo en la mitad de ese lapso de tiempo), con la grabación de "Mythodea", una muy grata sinfonía compuesta para la misión de la NASA 'Mars Odyssey'. 

Las inquietas atmósferas de "Mask" han de ser escuchadas con la profundidad requerida por su grandilocuencia, si no es así puede que al oyente no le atrape su encanto emocional, su magnetismo, sus misteriosos efluvios que lo mismo animan que conmueven, sus pinceladas que por momentos alegran o asustan. Su comprensión es un disfrute tal como haber descifrado un lenguaje secreto que acaba llegando a lugares interiores que no permiten borrarlo jamás de la memoria. Inmerso el autor en una época de cambios (una década enclavada entre la banda sonora de "Chariots of Fire" -1981- y la de "1492, Conquest Of Paradise" -1992-, con el extraño caso de "Blade Runner" entre medio -que no fue publicada hasta 1994-), muchos olvidaron "Mask", lo consideraron como un disco menor en la inmensa trayectoria de Evangelos Odysseas Papathanassiou, pero si por curiosidad, casualidad o completismo, se acaba retornando a él y se escucha con la tranquilidad y la atención necesaria, su atracción puede tornarse fácilmente en obsesión, y de repente, puede acabar convirtiéndose en una obra de cabecera, a la que sólo hay que despojar de su enigmática máscara para saber admirar como se merece.

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5.8.22

VANGELIS:
"Themes"

La inesperada muerte de Evángelos Papathanassíou en mayo de 2022 nos dejó sin una de las patas principales de la música instrumental moderna más conocida y respetada. Aunque las capacidades de este sensacional teclista abarcaron temáticas diversas y su estilo prosperó a través de la radio (el uso sistemático de varias de sus piezas como sintonías) y la televisión (documentales variados, especialmente de fauna, utilizaron sus habilidades musicales), fue el cine el que acabó de otorgar a Vangelis el glamour definitivo para ser conocido en cada rincón del globo. Conocido y admirado, ya que muchas de sus composiciones han trascendido al tiempo y a las generaciones, y son perfectamente reconocibles incluso sin saber que su autor era este gran teclista griego nacido en Agria en 1943. Así, gracias a documentales de naturaleza como 'L'Apocalypse des Animaux', de divulgación científica y espacial como 'Cosmos', o a películas de ciencia-ficción ('Blade Runner'), históricas ('1492: Conquest of Paradise') o dramas oscarizados ('Chariots of Fire'), el nombre, la figura y la música de Vangelis se han convertido en un legado de la cultura universal, un testamento del que algunos recopilatorios supieron ofrecer grandes muestras.

Los años 80 del siglo XX fueron un periodo de gran efervescencia en cuanto a los encargos musicales de Vangelis, especialmente a raíz del enorme éxito de la banda sonora de 'Carros de fuego'. Cine, documentales, informativos, publicidad o ballets hacían fila para al menos intentar despertar el interés del artista en sus propuestas. Muchas eran desestimadas y otras, sin saber muy bien cuál era el baremo de decisión, encontraban acomodo en la agenda del teclista. Desde finales de la década anterior, Polydor era la compañía discográfica que editaba sus obras, y en 1989 decidió unir varios de esos proyectos en un recopilatorio muy especial, ya que algunos de esos temas no habían sido nunca publicados. Incluso la magistral banda sonora de 'Blade Runner' aún no había visto la luz. Así, en "Themes" conviven muchas piezas de bandas sonoras como "La Petite Fille de la Mer" (del documental de naturaleza "L'Apocalypse des Animaux"), "L'enfant" o "Hymne" (ambas de otro documental de Frédéric Rossif, "Opera Sauvage"), el tema principal del film japonés "Antarctica" y dos de "Chariots of Fire" ("Five Circles" -que no estaba en las primeras ediciones del disco- y "Chariots of Fire" -que era realmente el inmortal tema principal, titulado en la banda sonora "Titles"-), con varias piezas de otros trabajos de recuerdo obligado, dos del álbum "China" ("Chung Kuo" y "The Tao of Love", ambas mejoradas respecto a las originales) y una de "See You Later" ("Memories of Green", que en el futuro se dejará escuchar también en la grabación de 'Blade Runner'). Pero la verdadera razón de ser para la compra del proyecto (al menos por parte del fan) fue la mencionada presencia de grabaciones exclusivas para la ocasión de otras bandas sonoras que nunca habían visto la luz. Muchas fueron las películas y otros eventos de la imagen que contaron con la música de Vangelis en esta época de mayor acumulación de trabajos, algunas de ellas no han conocido publicación oficial, pero "Themes" se encargaba así de 'vengar' a otras, películas como 'Missing' (Costa-Gavras, 1982), 'Mutiny in the Bounty' (Roger Donaldson, 1984) o la propia 'Blade Runner'. Así, "Main Theme from Missing", que fue destacada como sencillo con un tema de 'Chariots of Fire' en la cara B que no estaba presente en la recopilación, "Eric's Theme", es de una desesperante ternura emocional a los teclados. Los dos temas principales de 'The Bounty', pues así se tituló realmente esta adaptación en color de la novela de Richard Hough, eran dos tratamientos diferentes de la misma melodía, más tranquila y atmosférica "Opening Titles from Mutiny on the Bounty", más aguerrida "Closing Titles from Mutiny on the Bounty", ambas maravillosas construcciones plenas de emoción y efectos. 'Blade Runner' era el plato fuerte del disco, de hecho su prodigioso tema de cierre, "End Titles from Blade Runner" es el comienzo potente del mismo, un inicio que el público deseaba y que ayudó sin duda al éxito del álbum, como también lo hizo otra de las melodías recordadas de la película de 1982 de Ridley Scott, el sensual "Love Theme from Blade Runner". Polydor no tendría la deseada edición de la banda sonora íntegra, que publicó en 1994 EastWest, pero contó aquí con dos migajas de la misma (tres si tenemos en cuenta que "Memories of Green" estaría incluida en la futura banda sonora). El musicólogo, director de orquesta y artista en general Guy Protheroe advierte en las notas del álbum: "El sonido de Vangelis es único. A través de una combinación basada en el teclado de texturas orquestales y electrónicas, ha creado un mundo de sonido notable y propio", y es que el carácter mítico y atemporal de muchas de estas piezas han hecho tremendamente conocido a Vangelis por todo tipo de público. 

En 1992, el mercado español contempló la aparición de un nuevo disco recopilatorio de Vangelis, aprovechando posiblemente Polydor el enorme tirón del teclista tras el éxito de la banda sonora de "1492", ya en otra compañía. Esta compilación, titulada "The Best of Vangelis", llevaba la misma fotografía y diseño de portada que "Themes", y su listado de temas era idéntico (aunque cambiaba el orden) salvo por la inclusión de dos nuevos, "Eric's Theme", que ya había sido incluido como cara B en el single de "Missing" tres años atrás, y "Mouettes" (de "Opera Sauvage"), dos pequeñas adiciones que originaron que este trabajo fuera doble, vendido por tanto a un precio mayor. Estrategias comerciales, sin duda. Por otro lado, es ciertamente innumerable el número de recopilaciones existentes a lo largo del tiempo de este artista, por unas u otras causas (calidad instrumental, requerimientos del público, cantidad de discográficas implicadas...) y con mayor o menor repetición en sus planteamientos y temas estrella. Dada la calidad de este músico, la mayoría de ellas son destacables y honran su memoria. Esta de Polydor en 1989, "Themes", sin rigor cronológico pero con una calidad excepcional, presentaba catorce enormes composiciones del teclista heleno, con importantes sorpresas, pequeños detalles bien escogidos que completaban una compilación especial, que alcanzó en todo el mundo y también en España un aceptable índice de ventas.

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YANNI:
"Live at the Acropolis"

Hay que hacer caso a lo que el prestigioso comunicador, escritor, divulgador de la música new age y conductor del programa musical Echoes, John Diliberto, avisa en las notas interiores de este trabajo en directo de Yanni: "Se necesita ser un artista de gran estatura y altas intenciones, o de alta auto-importancia y arrogancia para posicionarse en el Teatro de Herodes Atticus, contemplando el Partenón y tocando música donde estuvieron dioses y profetas". Efectivamente, vistas las imágenes del concierto, el lugar impone a cualquiera. Posiblemente también a Yanni, que emprendió un largo y difícil camino para llegar hasta ese anfiteatro y a ese punto álgido de su carrera, pero el teclista se sobrepuso con solvencia, en ningún momento dio la impresión de verse sobrepasado por la emoción no sólo del lugar, sino de tocar delante de su gente. Griego de nacimiento, estadounidense de adopción, Yanni Chryssomallis era una enorme figura en los mercados de la música instrumental para adultos y de, sencillamente, la new age, cuando comenzó esta espectacular gira mundial que lamentablemente, como ha sucedido en cada una de sus giras, no pasó por España. Ahora bien, aunque Yanni hasta entonces no había podido costearse una orquesta para sus trabajos, sí que había tenido una a su disposición en un momento de su carrera: "En 1990 tuve la oportunidad de hacer realidad mi sueño de escuchar mi música interpretada por una verdadera orquesta sinfónica (...) Una importante emisora de radio en Dallas patrocinó un concierto benéfico para luchar contra el SIDA y me invitó a aparecer con la Dallas Sinfonía." Yanni llamó entonces a George Veras, un productor sénior de la CBS Sports que le había presentado John Tesh, porque quería grabarlo en video. Su pareja, Linda Evans, aportó una cantidad de dinero, y le convenció para vestir de blanco y destacar sobre la orquesta, lo que fue todo un acierto.

Kalamata es una ciudad del Peloponeso, al sur de Grecia, que acogió el nacimiento e infancia de Yanni. Allí creció su amor por la música, gracias a su familia. A los seis años comenzó su aprendizaje de piano, que compaginó con sus estudios y con la natación, de la que llegó a ser una promesa en Grecia, antes de desplazarse a estudiar a Minnesota, en los Estados Unidos, donde forjó su impresionante carrera. En 1993, después de que la aparición de Yanni al piano con Linda Evans en el programa de Oprah hiciera que discos como "Out of Silence", "Chameleon Days" o el recopilatorio "Reflections of Passion" se convirtieran en grandes éxitos, Yanni publicó un álbum de solos de piano, "In my Time", un nuevo superventas que llegó al número 1 en las listas de new age del Billboard. Su actuación con la Orquesta Sinfónica de Dallas fue la chispa que acabó desembocando, tras "In my time", en la gira mundial 'Yanni Live, The Symphony Concerts 1993', en la que llegó a Grecia, Gran Bretaña o Japón con una orquesta sinfónica completa, The Royal Philharmonic Concert Orchestra, dirigida por Shardad Rohani. La banda de Yanni, en la que se pueden ver algunos nombres importantes de la new age, contaba con Charlie Adams (batería), Charlie Bisharat (violín), Karen Briggs (violín), Ric Fierabracci (bajo), Michael 'Kalani' Bruno (percusión), Julie Homi (teclados) y Bradley Joseph (teclados). Pero el concierto del 23 de septiembre de 1993 era especial. Un lugar épico, el Odeón de Herodes Atticus, un abarrotado coliseo de piedra restaurado con mármol al lado de la Acrópolis de Atenas, con el Partenón al fondo. "Desde que dejé Grecia hace más de dos décadas, ha sido mi sueño volver y actuar en la Acrópolis", admite el músico en las páginas interiores del CD. Tocar en la Acrópolis es un sueño para cualquier músico. Un año y medio, ni más ni menos, ocupó la preparación del evento, dado el tamaño importante de las tarea, que incorporaba a una orquesta completa en un lugar icónico, y una grabación íntegra en gran calidad de audio y video, que además iba a verse con posterioridad en la cadena estadounidense PBS. La burocracia lo hizo muy difícil y también tuvo problemas con la orquesta, pero Yanni lo logró, aunque sin el apoyo de Private Music, el músico tuvo que jugarse su propio dinero, y fue mucho, el fracaso estuvo cercano. Yanni vestía de un blanco inmaculado, su familia estaba en las gradas y el espectáculo fue triunfal, majestuoso, aderezado por los grandes éxitos del teclista. Ese disco fue su última concesión a Private (desde entonces fue un agente libre), que no podía dejar pasar la oportunidad de publicar un álbum en directo de su artista superventas ("Yanni Live at the Acropolis" fue publicado en 1994), además de un VHS -y con posterioridad un DVD e incluso un laserdisc- del mismo, para que todo el mundo pudiera contemplar la belleza del espectáculo. "Santorini" es un comienzo astuto, una de esas melodías que destilan espíritu olímpico por los cuatro costados, y estando en la cuna de esos grandes juegos, se trata de una entrada directa a la audiencia. Su suave interludio, con aromas de culturas orientales, también sabe enganchar, antes de emprender de nuevo con la altiva melodía característica. El otro Yanni, romántico y soñador, aparece en "Keys to Imagination", haciendo suya la vitalidad de las cuerdas, el exotismo de los vientos, la fuerza de la percusión y la magia del piano en una pieza que, sin ser de las mejores de su repertorio, suena majestuosa vestida con estos arreglos. El piano es, a continuación, el gran protagonista en una "Until the Last Moment" que logra envolver al oyente en un remolino de aventura y pasión. De repente aparece "The Rain Must Fall", otra melodía de piano totalmente distinguible de la mejor época de este teclista, con gran éxtasis final de violín a cargo de la colorida Karen Briggs. Pero el concierto necesitaba en este momento cambiar el ritmo, otra pieza vibrante, ¿y cuál mejor que esta maravilla titulada "Standing in Motion"? Antes que ella, como introducción, una pequeña joya deudora de los orígenes helenos de Yanni, la conocida como "Acroyali", que suena más griega que nunca. Pocas veces el piano de Yanni ha sonado tan claro y luminoso como en esta noche entusiasta en piezas como "One Man's Dream", mientras que "Within Attraction" es otra pieza inspirada, cambiada y amenizada en alguno de sus momentos por la orquesta. Pero eso sí, "Nostalgia" es una de sus grandes melodías de piano, una emocionante balada incluida en su trabajo "Keys to Imagination", que no podía faltar aquí. Ningún tema tiene desperdicio en esta fiesta de ritmo y melodía, aunque la adaptación de "Swept Away" no es de las mejores de la noche, que acaba dejando para el final otra de sus grandes piezas románticas, la indispensable "Reflections of Passion". Además de las pistas recogidas en el CD, en el video íntegro del concierto se pueden ver "Felitsa", "Marching Season", "Aria" y "The End of August". Más allá del disco normal publicado en 1994, una edición especial del año 2005 incluía CD+DVD, y en 2018, Sony Music sorprendió con la remasterización del álbum, que volvió a publicar en un pack con CD+DVD (el CD con el concierto íntegro por vez primera) con portada distinta y el título simplificado a "Acropolis 25", con motivo del 25 aniversario del concierto.

Aunque todo el mundo le decía a Yanni que la grabación se escuchaba genial, él no estaba contento con el sonido, quiso eliminar cualquier nota desafinada, cualquier tos, cualquier sonido del paso de una hoja a otra en las partituras. Le llevó tiempo y al final tuvo que entregar el resultado, que vendió millones de discos. No hay que olvidar que Yanni puso de su bolsillo unos 2 millones de dólares para que se celebraran esos conciertos, así que esos discos de platino mejoraron su situación económica: "Los dioses estaban de mi lado. Una vez que Live at the Acropolis triunfó, mi carrera despegó de verdad. Vendí muchísimos discos y videos y, aunque ganar dinero no era el objetivo principal, no puedo negar que me encantó ver cómo invertir en mí mismo había dado sus frutos." La electrónica ligera de este teclista, el romanticismo que desprenden algunas de sus composiciones, su acercamiento a la facilidad del pop y a una orquestalidad originalmente falseada, pero que cobró vida en cierto momento de su carrera, llevaron el nombre de Yanni a multitud de hogares. De hecho, "Yanni Live at the Acropolis" tiene acreditadas siete millones de copias vendidas, además de otro millón de ventas del video del concierto. Siempre vital y romántico, Yanni parecía tener una gran compañía detrás, pero en realidad vendía por sí solo, con su imagen y, evidentemente, con su música. Con este disco, tras el que cambió de sello discográfico a Virgin Records, Yanni había llegado a la cima, ahora bien, tal vez él mismo sabía que una vez allí, lo más fácil es empezar a ir cuesta abajo, por lo que se esforzó por mantener el nivel en los siguientes álbumes, si bien más tarde o más temprano todo acabaría torciéndose en cierta medida.

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6.1.22

ELEFTHERIA ARVANITAKI:
"Emisión"

La situación geográfica de Grecia le ha hecho ser un país con muchas influencias musicales, aparte de sus propios géneros populares, como la demotika, smyrneika, laika o rebetika. En la Opisthodromiki Compania cultivaban estos géneros tan impronunciables a comienzos de los 80, especialmente la rebetika (una música que surgió de manera marginal, como canción protesta de griegos refugiados tras la Primera Guerra Mundial, que fue perseguida posteriormente por las dictaduras de Ioanis Metaxás y de los Coroneles), y su cantante, una joven Eleftheria Arvanitaki que trabajaba como contable, no se tomaba en serio la posibilidad de ser profesional de la música. La vida sin embargo no le dio otra opción, dada su enorme calidad, y su nombre se unió a los de otras divas helenas como Háris Alexiou o Álkistis Protopsalti para dar a conocer al mundo en la década de los 90 una música que a pesar de contener mensaje se podía disfrutar igualmente sin entender las letras, dado su especial carácter rítmico y la belleza de la instrumentación unida al poder de las voces.

Eleftheria ha gozado siempre de un especial éxito y conexión con el público español, que ha acogido con ansia y elogios cada nuevo paso de esta mujer nacida en 1958 en El Pireo. Por tanto, y ante la publicación en 2001 de su nuevo disco en Grecia, su compañía -Mercury- optó por una opción lógica, la de realizar una versión exclusiva de este nuevo trabajo para el mercado español, con traducción del título y de las letras de las canciones. Así nació "Emisión", álbum publicado en 2001 por Emarcy Records con la distribución de Universal, que por mor de ese despegue internacional de la cantante, también contó con su correspondiente edición británica, de título "Broadcast". Al comienzo del disco, un tímido viento introduce una pieza delicada en la instrumentación y potente en el tratamiento vocal, como no podía ser menos; esta hermosa e importante canción en el álbum, titulada "Andar sobre el agua" y escrita por el poeta griego Mihailis Ganas, letrista de gran parte del disco (y de obras anteriores de Eleftheria), trata sobre la belleza de la naturaleza, de todos esos lugares sobre la Tierra que probablemente nunca vamos a poder visitar pero con los que soñamos, como podemos soñar con andar sobre el agua. La música es de Manos Ahalinotopoulos, clarinetista en alza, que interpreta la flauta dulce. La uilleann pipe y la flauta irlandesa (ambas interpretadas por Emer Mayock), aportan nuevos aires a la música griega en "Este beso", canción esplendorosa y evocadora sobre la base de los límites entre la amistad y el amor. Esa gaita irlandesa volverá a adornar un tema recogido como "De cabeza", pero antes suena "Vieja historia (La femme sans haine)", canción a dúo entre Eleftheria y Christos Thiveos, con música del senegalés Ismael Lo. El célebre laudista Ara Dinkjian entra en juego a mitad del disco con la música de "La copa en alto" y, más emocionante, "Palabras que guardaba", canción sobre el amor y el desamor, de nuevo con letra de Mihailis Ganas. Aunque delicioso y bien trabajado, el álbum merece un nuevo tema estrella, y "Por el color de tus ojos" llena la atmósfera con ritmos caboverdianos, pues es una canción de Teofilo Chantre, al que conoció a través de Cesaria Evora; trombón, saxo, marimba, piano, guitarra, contrabajo, percusiones y por supuesto, el cavaquinho, interpretado por João-Jose Pina Alves, suenan en este cálido primer sencillo del álbum, que Eleftheria canta en griego, y en la edición griega del álbum a dúo con la enorme 'diva de los pies descalzos', Cesária Évora. En otros países no, por cosas de las compañías. "Fuego y nieve" es una de las canciones más emocionantes del disco, espectacular interpretación a dúo de Eleftheria y Dulce Pontes (ambas se unieron en este proyecto al tener un amigo común, Cruz Gorostegui, promotor de conciertos), autora de la música de este tema en el que de nuevo Mihailis Ganas habla del desamor. Tras un discreto pero siempre elegante final melódico con "Hacia el sueño eterno" y "Añoro el futuro" (que trata de una relación que acaba pero se llena de optimismo mirando hacia el futuro, es decir, que posiblemente fuera lo mejor que podía ocurrir entre ambos -una especie de desamor positivo-), se alza el bonus track titulado "Sappho", enorme pieza dedicada a dicha poetisa griega, una mujer en el mundo de los filósofos hombres ("es la única mujer de aquella época que creó algo tan grande que todo el mundo la respetaba", declaraba Eleftheria), rescatada del álbum "Tragoudia gia tous mines", en una nueva versión con la ayuda de nuevos músicos, entre los que estaba Arto Tuncboyaciyan en la percusión. 

Tras aparecer en numerosos discos que recopilaban música griega o mediterránea, en 2000 las canciones de Eleftheria "Sappho" y "The bodies and the knives" (incluida en su trabajo de igual título) fueron elegidas para sonar en el álbum de Real World "Gifted: Women of the World", compilación femenina de relevancia internacional. Precisamente, las colaboraciones de Eleftheria con cantantes de primer nivel eran constantes en esta época, como Cesária Évora, Dulce Pontes o Concha Buika. Sus apariciones y conciertos eran más numerosos que nunca, y "Emisión" fue, según sus palabras, "consecuencia de ese viaje que emprendí para mostrar mi música", una consecuencia alegre y emocionante, una 'emisión' imaginada por la cantante de un variado programa radiofónico musical, con el que "he sentido el placer del reencuentro, la sorpresa, y este entendimiento tan especial que obtiene una a través de la música".

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14.6.20

VANGELIS:
"Chariots of fire"

La calurosa costa del golfo pagasético, lindante al mar Egeo, concretamente la antigua ciudad de Agria, acogió en los primeros días de la primavera de 1943 la llegada al mundo de un niño que, años más tarde, revolucionaría la música instrumental electrónica. Pero además de esa vena artística que no tardaría en pronunciarse, Evangelos Odyssey Papathanasiou, más conocido como Vangelis, destacó también de pequeño en el atletismo (como su padre, Ulysses), llegando a ser un gran sprinter juvenil. No es de extrañar entonces que, años más tarde, inmerso plenamente en el negocio musical y tras una década, los convulsos 70, de creciente fama, acogiera una extraordinaria inspiración para poner música a un film de sorpresivo éxito, cuya temática se centraba en el mundo del atletismo, una película británica titulada 'Chariots of Fire' ('Carros de fuego' en España) que, contra todo pronóstico, ganó cuatro premios Oscar en 1981 (mejor película, vestuario, música y guion), salpicando su triunfo a la gloriosa banda sonora, una apuesta atrevida por huir de los tratamientos orquestales de las películas de época, para ofrecer sin embargo un acabado de música electrónica de sintetizador. Mucho que ver tuvo, seguramente, el productor del film, el londinense David Puttnam, por cuyas películas han desfilado con éxito otros nombres tan importantes como Giorgio Moroder ('Midnight Express'), Mark Knopfler ('Local Hero'), Mike Oldfield ('The Killing Fields') o Ennio Morricone ('The Mission'). Que la música, o al menos el tema principal, sea más recordada que la propia película, demuestra que la idea fue un auténtico éxito.

'Chariots of Fire' es la historia real de los atletas británicos que se prepararon para competir en los Juegos Olímpicos de París 1924, con el especial protagonismo de Harold Abrahams y Eric Liddell, judío el primero, cristiano evangélico el segundo, de distintas clases sociales, caracteres y visiones vitales. Tal historia necesitaba ser refrendada por una música vital, dinámica, como la del grandioso tema principal, "Titles" ("Chariots of Fire (Main Theme)" en el single), y es que, aun siendo una película alabada y oscarizada, este largometraje se recuerda principalmente por su música (ahí está el gran mérito del artista, lograr una identificación sobresaliente basado en música sin palabras), y por esa escena mítica de la carrera en la playa, que todos podemos silbar. La historia pudo haber sido distinta, ya que la idea original del director, Hugh Hudson, era utilizar la maravillosa "L'enfant" (también de Vangelis, del álbum "Opera Sauvage") para la secuencia inicial, pero afortunadamente cambió de opinión y el teclista griego compuso una de sus piezas más recordadas, partiendo eso sí de una secuencia de fondo muy similar a la de "L'enfant", posiblemente para contentar al realizador británico. También se nutre la banda sonora, sin embargo, de intensos lazos románticos y recuerdos de otra época, como los que afloran en la reflexiva "Five Circles". Sugerente y delicado es el tema dedicado a Abraham ("Abraham's Theme"), que parece precursor de evocativos vuelos futuros (en "Blade Runner"), mientras que el de Eric ("Eric's Theme") tiene aspecto de himno, reforzando las ideas cristianas del atleta y misionero. Ambos intentan definir a sus respectivos personajes, con los que la música consigue un estupendo simbolismo en su identificación temática. "100 Metres" es pura crudeza descriptiva (muy bien conseguida), donde se pueden distinguir los elementos electrónicos utilizados por el griego. Por su aparición en la película, y la importancia que cobra al otorgarle uno de sus versos el propio título al film, en el álbum también se publicó un tema no compuesto por Vangelis, concretamente el importante himno (un poema de William Blake) "Jerusalem", interpretado por el Coro Ambrosiano, dirigido por John McCarthy. La larga suite que toma el titulo del film ("Chariots of Fire") y ocupaba la cara B del vinilo comienza melancólica, accediendo de tal modo a las notas de "Titles" y "Abraham' Theme"; el cambio de registro le sienta bien a la principal, de la que ejecuta varias variaciones, dejando claro su papel preponderante en el soundtrack; Vangelis retoma entonces la otra gran pieza, "Eric's Theme", en un par de momentos, antes de acometer los últimos cinco minutos de la suite, combinando sabiamente luminosos teclados con una sugerente ambientalidad. La enorme repercusión de su tema principal y su capacidad de enganche y tarareo tal vez, curiosamente, le hiciera un flaco favor al resto del disco, repleto de otros momentos inolvidables pero escasamente recordados por la abrumadora posesividad del leitmotiv, que se apodera en solitario del recuerdo musical del film. Sin embargo, "Abraham's Theme" o "Eric's Theme" son otras grandes composiciones que también han sido utilizadas vivamente en radio y televisión (especialmente la segunda), y poblado recopilatorios. En cuanto a su utilización en la película, aunque fuera un notable éxito de ventas y ganara el premio más importante del año, el Oscar (que no pudo ir a recoger personalmente), la música podría haber tenido un protagonismo aún mayor. Aun así, el tema principal luce notablemente, con esa escena de inicio en la playa, que se retoma al final del film. No suena otra música del griego (sí coros escolares y religiosos, vestigios de aquella época y ambientación) hasta la aparición del escocés Eric Liddell, pero se trata de "Hymn", del álbum antes comentado "Opera Sauvage". Harold Abrahams, el otro personaje principal (Liddell y Abrahams ganaron, respectivamente, las carreras de 400 y 100 metros en esos JJOO de 1924 en París), es presentado anteriormente, en su llegada a Cambridge, pero su propio tema ("Abraham's Theme") tardará en llegar en la película, y se escuchará especialmente maravilloso anteriormente y durante la carrera de los 100 metros. Antes de la misma, "100 Metres" refleja perfectamente la tensión del momento. Unos pocos compases del tema de Eric ("Eric's Theme"), se dejan escuchar durante una carrera de 400 metros en Francia, apareciendo por supuesto también en su carrera de 400 metros. Otras músicas no recogidas en el álbum (tal vez por su componente más enérgico), también se escuchan en la película, como la que muestra el entrenamiento de los atletas norteamericanos, pero el disco quiso ceñirse a momentos más concretos y personajes, así como realizar esa especie de suite improvisada que ocupaba a cara B del plástico. Vangelis competía en la ceremonia de los Oscars con Alex North ('El dragón del lago de fuego'), Dave Grusin ('En el estanque dorado'), Randy Newman ('Ragtime') y, como partitura más conocida, la de John Williams para 'En busca del arca perdida'. Merecido más o menos, el griego se llevó el galardón, que favoreció notablemente las ventas del disco. Tres décadas después, en 2012, Decca publicó "Chariots of Fire: The Play", la música para la adaptación teatral de 'Carros de fuego', para la que Vangelis utilizaba algunas de las composiciones de aquel, además de otras nuevas. La nota negativa de la banda sonora fue la denuncia por la que el músico Stavros Logarides acusaba a Vangelis de haber plagiado en el tema principal de la película una sucesión de notas de su composición "City of Violets"; tras el juicio no sólo se desestimó la demanda sino que se demostró que el propio Vangelis ya había utilizado esas notas con anterioridad, en la canción "Wake Up" de su anterior grupo, Aphrodite's Child, curiosamente en una época en la que Logarides estuvo grabando en los estudios Nemo.

El mismo Vangelis que en la década anterior había puesto muy alto el listón de la música para documentales, lo hacía ahora en el género cinematográfico. Sea o no su mejor banda sonora (la de 'Blade Runner' tiene un lugar especial entre sus seguidores y el público en general), una gloriosa combinación de factores (agasajo de la película, un soberbio tema central de un compositor en estado de gracia, una compañía avispada que enseguida puso a la venta el disco, un momento en el que la industria de la música vendía numerosos ejemplares) hicieron de este trabajo un pequeño fenómeno, y de su canción principal una melodía recurrente, carismática, que tuvo su importante recuerdo -con el protagonismo del actor Rowan Atkinson, el conocido Mr. Bean- en la ceremonia de inauguración de los JJOO de Londres 2012. Vangelis, sin embargo, seguía huyendo de unos directos que le hubieran proporcionado más fama y beneficios. Aun así, las ventas del álbum fueron cuantiosas, en España alcanzó el número 10 en las listas de ventas, permaneciendo en ellas 20 semanas en 1982, y 2 semanas más en 1983. En 1984 alcanzó el disco de platino. El sencillo también se vendió mucho, llegando al número 18, con 7 semanas en listas. Otros países acogieron con entusiasmo esta banda sonora, que a pesar de no contar con canciones supo escalar en sus listas de éxitos, alcanzando entre otros el número 5 en el Reino Unido, el 5 en Australia, el 2 en Canadá (triple platino) o el 1 en las listas del Billboard estadounidense, donde llegaron a venderse más de un millón de ejemplares. Pero más allá de ventas, lo que no se puede negar es que este soundtrack, y especialmente su tema principal, se han convertido en algo mítico, y concretamente en una especie de patrimonio deportivo de la humanidad, en un recurrente himno de las olimpiadas o de eventos deportivos en general. Y lo seguirá siendo, porque suena tan fresco y maravilloso como el primer día.

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21.12.18

VANGELIS:
"Rosetta"

Vangelis y el cosmos son dos conceptos que inevitablemente siguen encontrándose con el paso de los años. Fue hace muchas décadas, en los 70 del siglo XX, cuando en "Heaven and Hell" nos encontrábamos con una versión entre religiosa y metafísica del cielo, que muy poco después, en "Albedo 0.39" pasó a ser decididamente espacial, con la alianza de la electrónica más elegante. "Spiral" volvía a dar muestras de clase cósmica en un músico que trazaba una poderosa dicotomía en su obra al tratar a su vez en su trabajo tramas tan mundanas como documentales de animales, paisajes antárticos o carreras de atletismo (todas ellas conocidas bandas sonoras), por no hablar de sus ramalazos más terrenales de jazz psicodélico, rock progresivo o incluso alguna ópera de vanguardia, pero nuevos datos se unían a lo celestial de sus melodías más electrónicas para acabar de elevar el nombre de Vangelis a las estrellas (principalmente, que Carl Sagan le tomara como referente para la banda sonora de su archiconocida serie documental 'Cosmos') y al futuro (la sorprendente banda sonora de la película "Blade Runner"). "Mythodea" fue el retorno de la temática espacial, al tratarse de una sinfonía elaborada en 2001 para la misión Mars Odyssey de la NASA, si bien nos encontramos con una obra coral, de difícil escucha, con poca comparación con el pequeño y maravilloso tema que fue lanzado en un CDsingle de edición especial en 2018, un sentido homenaje al físico y cosmólogo Stephen Hawking (su título, "The Stephen Hawking Tribute") que la Agencia Espacial Europea (ESA) envió al espacio (hacia el agujero negro 1A 0620-00) para que pueda ser captado -y disfrutado- por posibles civilizaciones extraterrestres. No era esta sin embargo la primera colaboración de Vangelis con la ESA, ya que dos años antes creó una obra inspirada por la sonda espacial Rosetta, cuyo módulo Philae hizo pie en el cometa 67P/Churiumov-Guerasimenko.

Publicado por Decca en 2016, "Rosetta" es un paseo espacial en el que se conjugan sonidos de varias décadas, que demuestra que Evangelos no se había olvidado de componer y tocar. De hecho, y sin ser extremadamente exigentes, hay que admitir que "Rosetta" es un retorno muy agradecido, una obra dinámica, entretenida, melódicamente acertada, de buen sonido, y se puede afirmar que, de llevar la firma de un músico desconocido, se tomaría en cuenta como el nacimiento de un nuevo genio de los teclados. El Vangelis más cósmico y efectista se abre paso en un recibimiento espectacular con ecos de antiguos éxitos como "Spiral" o el comienzo de "Mask"; las dos primeras notas de este "Origins (Arrival)" recuerdan sin embargo poderosamente al tema principal de "Chariots of Fire". El verdadero 'origen' de este proyecto fue una videollamada en 2014 entre Vangelis y el astronauta André Kuipers de la Agencia Espacial Europea, que se encontraba en la Estación Espacial Internacional. Vangelis se ofreció encantado a componer la música para esta misión, y ese mismo año, en noviembre, aparecieron los tres primeros videos y composiciones adelantadas del trabajo, la propia "Arrival", "Philae's Journey" (uno de los cortes que -a pesar de su carácter vibrante- pasan más desapercibidos, posteriormente renombrado como "Philae's Descent") y "Rosetta's Waltz" (también renombrado como "Mission Accomplie (Rosetta's Waltz)", una hermosa melodía épica en la estela de "1492, la conquista del paraíso", pero más espacial y sin voces). "Starstuff", por momentos, parece el retorno del Vangelis ambiental, de deliciosas notas cristalinas (hay algo aquí, de hecho, de "Heaven and Hell"), su lirismo envuelve un mar de sensaciones, mientras que "Infinitude" es de una gran emoción, se trata de un corte místico, cercano al emocionante tributo que el teclista le rindiera a El Greco, y supone una de las joyas del álbum. "Exo Genesis" tiene algo especial, una belleza antigua en ciertos velos sintéticos y pulsos muy del Vangelis de antaño; un teclado alocado -como las vueltas sin fin del asteroide- domina el espacio, pero el caos parece volverse orden con sus sofisticados arreglos, una magia que hace interesantes temas facilones como "Celestial Whispers" -que en otros sintesistas sonarían posiblemente vacuos e intrascendentes- o ambientales como "Sunlight", que con su campanillas parece sonar al "Ave María" de Schubert, conexión que varía radicalmente en el siguiente corte, "Rosetta Timeline (Rosetta)", recordatorio de sonidos de película erótica, segundo gran tema del disco que transmite muy buen feeling. No podía faltar el recuerdo a "Albedo 0.39", uno de los trabajos más recordados del Vangelis de los 70 y primero con temática espacial, en este "Albedo 0.06" con un toque mas electrónico, con fondos majestuosos (aparece la primera secuencia clara en el trabajo), incluso algo tenebrosos (como la oscuridad del propio espacio), con ecos de "Blade Runner" en sus tétricos golpes broncíneos tan típicos del Yamaha CS80. Otro ritmo electrónico potente, acertado, digno de una película de acción -de hecho parece que el asteroide vaya a caer sobre nuestras cabezas- se da en "Perihelion", mientras que en "Elegy" retorna la melodiosa dulzura del teclista heleno, de hecho se trata de otro tema destacado, poseedor de una brumosa añoranza. Para acabar la obra, "Return to the Void" es un final vaporoso, burbujeante, un sugerente hasta pronto. "La mitología, la ciencia y la exploración del espacio son temas que me han fascinado desde mi más tierna infancia y que siempre estaban conectados de alguna manera con la música que escribo", son palabras de Vangelis que sólo corroboran las impresiones que los oyentes encuentran en su música, conectada directamente con el futuro: "Para mí, era inevitable que algún día me uniera a este mundo científico. Siempre he considerado que la música es ciencia".

Dado el evidente parón comercial de Vangelis, como de tantos otros músicos de los de siempre, y realmente de la industria musical en general gradualmente desde el cambio de siglo, es posible que las nuevas generaciones conozcan al músico griego únicamente por sus bandas sonoras (la ceremonia de inauguración de los JJOO de Londres fue bastante reveladora en cuanto a "Chariots of Fire", así como la oleada de comentarios y revalorizaciones sobre "Blade Runner" en el momento de aparecer su segunda parte) y tal vez por retazos puntuales de sus melodías más conocidas de los 70 y 80, pero Evangelos Papathanassiou continuó relativamente activo hasta su muerte, acarreando admiraciones ("Rosetta" fue nominado al Grammy en categoría new age, aunque no logró el premio), encontrando sugerentes inspiraciones más allá de las estrellas para ejecutar obras de abrumante belleza. No sabemos si algún día llegaremos tan lejos, o si alguien de fuera vendrá hasta nosotros, y por supuesto desconocemos dónde habrá acabado la esencia de una mente tan brillante, que parecía saber detalles dificilmente comprensibles para los demás sobre el Universo, como la de Stephen Hawking -al que, recordamos, Vangelis rindió un hermoso tributo en 2018-, y por supuesto la del gran Evangelos Papathanassiou, cuya música seguirá acompañando a los que, además de respuestas, busquen infinitamente la emoción y la belleza.

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20.12.12

ELEFTHERIA ARVANITAKI:
"The very best 1989-1998"

En la cultura griega hay canciones y bailes para cada circunstancia o situación, así como una herencia balcánica de aromas antiguos muy rítmica y agradable. Ya lo dijo Eleftheria Arvanitaki con gran claridad en cierta ocasión: "En Grecia éramos étnicos mucho antes de la moda étnica", aunque esta diva griega prefiere el término 'músicas del mundo' para denominar a su música. Esa música de casi perdida orientalización ('de buzuki' o 'de hachís', la llamaba la gente) cuyo estilo primordial es la rembétika, es el terreno en el que comenzó moviéndose con gran fluidez Eleftheria Arvanitaki en los 80, reivindicándola ante el desprecio general, y consiguiendo un enorme éxito en sus juegos cada vez menos politizantes de músicas elegantes y letras renovadas. Un afortunado camino hacia el pop hizo llegar a esta cantante nacida en El Pireo a casi cualquier rincón del mundo, plagando de ritmo heleno casas y auditorios, y consiguiendo discos de oro y múltiples reconocimientos, como la aparición en la portada de la revista Folk Roots o en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Atenas.
 
La posición de Grecia en el mapamundi posibilita su carácter de crisol de influencias, en la música de Eleftheria Arvanitaki no sólo hay tradición griega y motivos orientales, también hay elementos occidentales y de la europa del este, por ejemplo su colaboración con el norteamericano de ascendencia armenia Ara Dinkjian, con el que descubrió unas raíces culturales compartidas. Dinkjian es protagonista de algunas de las mejores canciones de esta compilación, y es que, como en cualquier discografía de artistas de amplia trayectoria en un país pequeño y de idioma difícil, la mejor forma de bucear en la misma es la opción del disco recopilatorio. "The very best of 1989-1998" fue publicado en 1999 por Emarcy Records, veterano sello de jazz y músicas del mundo emparentado con Mercury Records, actualmente propiedad de Universal Music. "Meno ektos" ("Me quedo fuera", 1991), "I nihta katevainei" ("Cae la noche", 1993), "Ta kormia ke ta macheria" ("Los cuerpos y los cuchillos", 1994) y "Tragoudia gia tous mines" ("Canciones para los meses", 1996) son los discos de los que se seleccionaron las catorce canciones de la compilación, pero la primera, incluida originalmente en "Meno ektos", cuenta en esta obra con una interpretación en vivo única e irrepetible, que la ha hecho famosa en medio mundo: "Dinata" es una composición maravillosa del mencionado Ara Dinkjian, que torna en prodigiosa en este directo de 1995 en el Teatro Vrahon de Atenas, con la inconfundible voz y percusión del también armenio Arto Tuncboyaciyan, cuya glosolalia es actualmente inseparable de esta canción para el gran público. El CDsingle en el que venía contenida, "En directo desde las rocas" (traducción del original en griego), se convirtió por méritos propios en el primer CDsingle de platino en Grecia. Que Eleftheria se ha rodeado en su carrera de grandes artistas es un hecho demostrable, por ejemplo el otro gran corte del disco, la emotiva y aterciopelada "Meno ektos", presenta el mismo compositor (Ara Dinkjian) y letrista (Lina Nicolakopoulou) que "Dinata", logrando un resultado único que compartía álbum con otras tres muestras aquí reunidas, entre las que destaca "Tis kalinichtas ta filia", de nuevo con la letra de Lina Nicolakopoulou. Que Eleftheria es un vendaval en sus conciertos y un ídolo de masas en Grecia viene demostrado por la segunda pieza en vivo del álbum, una animada "To kokino foustani" incluída en ese álbum en directo titulado "I nihta katevainei" ("Cae la noche"), pero la importancia de esta estrella se ha ido forjando en especial en los 90 por medio de álbumes como "Ta kormia ke ta maheria" ("Los cuerpos y los cuchillos", también en colaboración con Ara Dinkjian y Arto Tuncboyaciyan) o "Tragoudia gia tous mines" ("Canciones para los meses", donde ponía música a importantes poetas griegos): del primero de ellos es necesario destacar las sosegadas, casi meditativas, "Parapono / I xenitia" y "Skies ke chromata", así como un mayor aporte rítmico en la que le da título, "Ta kormia ke ta macheria". En el segundo, y coincidiendo con varias de las anteriores, nos encontramos con otro letrista esencial en esta época para esta estilizada cantante, Michalis Ganas, que aporta su pluma en los aires tradicionales de "Pame xana sta thavmata" o "Lianotragoudo", siempre con la interpretación impecable de una Eleftheria a la que se une Yiorgos Makras en "To parapono", basada en un poema del premio Nobel Odysseus Elytis.
 
Con los puntos álgidos de "Dinata", "Meno ektos" o "To parapono", se trata éste, como muestra de la gracia de una artista indispensable a nivel mundial, de un trabajo emocionante y disfrutable al ciento por ciento, en cuyo agradecido cuadernillo se incluyen las letras de las canciones traducidas al inglés. Sin embargo, hay que terminar destacando sinceramente lo bien que suenan estas pequeñas delicias en su idioma original y en esa voz tan auténtica y transmisora de una cantante maravillosa que entró en la música de casualidad, sin pensar que iba a hacer de ella su forma de vida: "Yo no quería ser cantante, quería ser ecóloga". La ecología perdió una investigadora, pero la música y nosotros ganamos un mito viviente del folclore.
 
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