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15.8.24

PUCK FAIR:
"Fair Play"

La versatilidad de algunos instrumentos posibilita que sus intérpretes se muevan por todo tipo de terrenos musicales, entrando y saliendo de numerosas denominaciones y efectuando multitud de colaboraciones. Más aún si esos músicos son capaces de diversificar sus influencias, como el gusto por lo clásico, los estudios del jazz o las raíces folclóricas, en el caso de Brian Dunning. Dunning fue un polifacético flautista irlandés, alumno de James Galway, que supo complementar los sonidos naturales que escuchaba en su infancia y juventud -esa música tradicional de corte celta que está tan dentro de los músicos irlandeses-, con unos estudios de música clásica y jazz que le llevaron, gracias a una beca, hasta el prestigioso Berklee College of Music de Boston. En los Estados Unidos conoció a un personaje fundamental en su historia y en muchas otras, un músico tremendamente recordado llamado Mícheál Ó Domhnaill, gracias al cual llegó a la banda Nightnoise ("tuvimos una noche de flauta y guitarra, una fusión simple, sin ninguna melodía en particular. Fue interesante porque tenía la misma libertad del jazz, pero con un toque irlandés"). Pero es necesario detenerse antes en otro grupo, de escasa trayectoria e inmerecido olvido, que fundó Brian junto al percusionista Tommy Hayes en 1984, y con el que también grabó puntualmente Mícheál: Puck Fair, un nombre que bien podría derivar de la popular y muy antigua 'Feria del macho cabrío', que se celebra cada agosto en Killorglin, en el condado irlandés de Kerry. 

Brian Dunning definía así aquellos efervescentes comienzos de los años ochenta: "Conocí a muchísimos músicos en una época en la que daba la impresión de que algo distinto y fascinante podía suceder a cada instante. Buenos tiempos para la música, para la vida y para la gente. Años de grandes transiciones culturales y de grandes dilemas y rupturas en todos los sentidos. Afortunadamente, faltaba poco para que Mícheál conociese a Billy Oskay y, entre ambos, me redimiesen espiritualmente de la vida disoluta -que no hubiera tardado mucho tiempo en pasarme factura y condenarme- permitiéndome ser generoso y resolver con mi incorporación los problemas que aquejaban a Nightnoise". Brian demuestra en este final jactancioso el sentido del humor que le acompañó toda la vida, ese mismo que, como cuenta en internet su amigo y también flautista William Dowdall, tras la protesta de un fagotista de la Orquesta Sinfónica RTE al verle portar en un concierto calcetines grises en vez de negros, le llevó a corregir el error poniéndose en el siguiente concierto... calcetines rojos. Efectivamente, en esos años de excesos y grandes cambios culturales que recordaba Brian, nació Puck Fair (en 1986 tocaron con éxito en el Festival de Música Irlandesa anual de la ciudad de Nueva York), pero también nació Nightnoise, y ambas bandas tuvieron un punto de unión en 1987 cuando se publicaron sus dos primeros trabajos con sus nombres definitivos (Nightnoise ya existía pero como dúo, el que formaron Mícheál Ó Domhnaill y Billy Oskay para su trabajo "Nightnoise" de 1984 en Windham Hill): el fabuloso "Something of Time" de Nightnoise, y el trabajo seminal de Puck Fair "Fair Play", ambos también en Windham Hill, sello que vio la oportunidad de acaparar una buena parte de la tarta celta con dos bandas hermanas, si bien Nightnoise continuó su andadura, mientras que Puck Fair vivió un letargo de dos décadas. En estas condiciones de interés del público y plenitud creativa llegó "Fair Play", publicado como ya se ha comentado en 1987 por Windham Hill, a través de su división de jazz y blues Lost Lake Arts. Los rastros celtas en este trabajo aparecen esencialmente en la instrumentación, así como en algunos momentos de raíz irlandesa, inevitables en las composiciones de Mícheál. Por ejemplo "Stepping Stone / Ken's Comb" tiene un comienzo desenfadado que va de menos a más en intensidad, guitarra y flauta juntas recuerdan poderosamente al sonido Nightnoise (esta primera parte, 'Stepping Stone', es una composición de Mícheál Ó Domhnaill junto a Tommy Hayes, mientras que el tramo más dinámico, 'Ken's Comb', está ideado por el mítico Mike Nolan), hasta que la percusión aporta el ritmo primario que necesita esta especie de danza para deslumbrar al oyente en su corta duración. Los giros, los arpegios y otros movimientos musicales de la flauta parecen introducirnos en un mundo de fantasía, en el que, como un mágico amanecer, se presenta "Doll's Waltz" con su justa dosis de folclore y un asomo de jazz muy dulcificado en los sones de esa flauta que es sin duda la gran protagonista en el sonido del grupo. De hecho, Brian Dunning es el único de los músicos implicados en el proyecto que firma todas las composiciones, y toca en el álbum flauta, flauta alto, flauta de pan y flauta irlandesa, mientras que Tommy Hayes aporta la percusión, incluido el bodhrán. Por supuesto, el acompañamiento es de auténtico lujo: Mícheál (guitarra, además de flauta irlandesa en 'A Waltz, B Reel'), Gordon Lee (piano en dos de los temas) y Billy Oskay (viola en 'Moondance', violín en "3x4", armonio en "Time O'Night"). Este miembro fundador de Nightnoise, Billy Oskay, que en la actualidad continúa ofreciendo su sabiduría de grabación y producción en el área de Portland, produjo también este álbum junto a los miembros de Puck Fair. Oskay definía Nightnoise como "una especie de música de cámara con sabor a jazz irlandés", y eso es a lo que, en algunas ocasiones, también sabe Puck Fair. El sonido del grupo se desboca en "McMinimal's Reel", gran composición, animada y bailable, que remite por igual a reels propios de la música celta o del folk rock como a una explosión de modernidad pop en el entorno folclórico adecuado. Como las anteriores, este "McMinimal's Reel" se hace muy corto, y dan verdaderas ganas de disfrutarlo en directo. Más dulcificado es el ambiente soñador de "Spanish Arch / A Waltz, B Reel", que tras unos minutos de calma anticipa un futuro tema de Nightnoise (el gran "Silky Flanks"), que desarrolla a su modo con espectacular resultado digno de las más conocidas bandas de folk-rock. "Paddy's Green Shamrock Jungle" es una sencilla ruptura del silencio, una especie de rítmica conexión con el latido de la propia tierra, antes de la llegada del momento más esperado del disco, esa fabulosa versión del clásico de Van Morrison "Moondance", que Dunning popularizó en los conciertos con Nightnoise, y que sonó hasta la saciedad en determinadas radios de músicas folclóricas. El tema es una pura delicia, desde su estimulante preludio (que guarda bastante parecido con el comienzo del tema "The Lucky Lover", del álbum "4" de Gwendal), con el monumental cambio de ritmo impuesto por guitara y percusión y con un clímax final en el que la flauta, que abruma en todo su desarrollo, es ciertamente extasiante. Nightnoise incluyó una versión de "Moondance" en su trabajo en directo "The White Horse Sessions" La alegría continúa en otra composición activa de carácter folky titulada "3x4". A continuación, "The Cur" comienza como una especie de improvisación meditativa a la flauta, hasta que aparece el teclado y asoma un cierto carácter medieval, y el disco culmina con "Time O'Night", una atmósfera relajada con algo de misterio para concluir un trabajo delicioso.

Han pasado muchos años desde aquel tiempo de agitación, y aunque estos músicos rompedores vayan desapareciendo (Brian Patrick Dunning falleció el 10 de febrero de 2022, 16 años después que su gran amigo Mícheál), sus músicas permanecen por siempre con nosotros gracias a grabaciones como esta, un dignísimo "Fair Play", fabuloso por momentos, especialmente cuando aparece esa deslumbrante versión de "Moondance", tan acertada que llena el espacio y funciona por si sola, logrando un clímax difícil de alcanzar en condiciones normales. Inmerso en su trabajo con Nightnoise y en diversas colaboraciones, especialmente en su fructífera unión musical desde los 90 con el norteamericano Jeff Johnson, Dunning descuidó a Puck Fair durante dos décadas, hasta que en 2008 Ark Records publicó el segundo trabajo del grupo, "Forgotten Carnival", con protagonismo absoluto del flautista y la ausencia de Tommy Hayes, que fue sustituido en su labor de percusión por Robbie Harris; junto a ellos, el guitarrista Seán Whelan como segunda cabeza de la banda, y las pequeñas colaboraciones del violinista John Fitzpatrick (presente en los estertores de Nightnoise) y la voz, en tres de las composiciones, de la catalana Lidia Pujol. La inesperada muerte de Dunning hizo trizas la continuidad de la banda, a la que se recuerda especialmente por este álbum debut de 1987, el exquisito "Fair Play".

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19.8.23

NIGHTNOISE:
"A Different Shore"

La banda Nightnoise, paradigma de la renovación de la música tradicional irlandesa en los ochenta y los noventa, se sorprendía de que la industria del disco descubriera en ellos a un grupo para ser lanzado con la fuerza que lo hicieron, especialmente en los años noventa. En España se hicieron tremendamente populares, pero claro, sólo hay que descubrir su música. Lo que se oye y lo que se escucha en sus trabajos son fuentes de energía moderadamente desbordante, que no sólo hacían palidecer a gran parte de la producción folclórica de su entorno, sino que el resultado rebosaba humildad y carisma. La gente encontró en ellos la alternativa a lo de siempre, un nuevo camino hacia la excelencia, y la conexión fue total. El sello de Nightnoise no sólo era identificable, sino que conectaba lo de antes con lo de ahora sin necesidad de recurrir a una instrumentación modernizada. "Los sonidos más elementales están cambiando para hacerse más sofisticados", decía Mícheál Ó Domhnaill sobre la llegada de la electrónica a la tradición, que según cómo fuera encauzada podía tomarse como una afrenta. Fue sin embargo en los pueblos y aldeas irlandesas donde se seguía hablando en gaélico, donde Mícheál y los suyos acapararon ideas y melodías, el caldo de cultivo de Nightnoise y todas sus ramificaciones. Aun así, no se consideraban abanderados del folclore de su país ni nada parecido, ellos sólo hacían su trabajo, lo que les gustaba. Y el público descubrió que lo hacían de maravilla, tanto cuando fueran dos los componentes del grupo (Mícheál y Billy Oskay, en su primer plástico, "Nightnoise"), como siendo cuatro, en sus ligeras variaciones (las llegadas de Tríona Ní Dhomhnaill, Brian Dunning y Johnny Cunningham). 

Fue en 1995, dos años después del afortunado "Shadow of Time", cuando la compañía californiana Windham Hill siguió publicando fielmente al conjunto irlandés con toque escocés. Sin presiones y sin ideas previas, la evolución, la planificación de cada disco, era algo vivo, se iba creando en la fructífera reunión de estos cuatro genios. Una poética cubierta (fotografía de Jonathan Williams) presentaba el nuevo fruto, titulado "A Different Shore", epígrafe que no parece tener un significado especial. Mícheál Ó Domhnaill (guitarra, flauta irlandesa, sintetizador, voz), Tríona Ní Dhomhnaill (piano, voz, flauta irlandesa, acordeón, sintetizador), Johnny Cunningham (violín, voz) y Brian Dunning (varios tipos de flautas, acordeón, voz) eran los cuatro protagonistas y miembros del grupo, que grabaron el trabajo en los White Horse Studios de Portland (Oregon). Mícheál dijo textualmente de este trabajo: "Es la grabación mas grandiosa y de mas exuberante sonoridad que jamás hayamos realizado". Su ingeniero de sonido fue Dan Fitzgerald, con el que el grupo conectaba especialmente. Música acústica con acento celta, la definían en Windham Hill, pero a esa definición le faltan sabores, le falta un toque de clasicismo, le falta un suave asomo de jazz y le falta sobre todo expresar el amor por la patria lejana, la familia y las tradiciones. Decía Mícheál: "En nuestra casa siempre había música. A todas horas. Era algo que se respiraba. Al margen de la música popular, mi padre dirigía un coro, y mi madre mantenía una clara preferencia por todo aquello que fuera clásico". Más que destacar en los trabajos de la banda, el bueno de Mícheál conseguía hacer aún mejores músicos a los demás miembros del grupo, con los que poseía una compenetración sencillamente única, no en vano se trataban de su propia hermana, de un violinista con el que había compartido muchas grabaciones y conciertos, y de un afable flautista de trato fácil. Rutilantes tanto en grupo como por separado, todos ellos se conjuntaban enormemente en el escenario, ofreciendo en sus deseadas giras pequeños espectáculos gloriosos e inolvidables. Y sus discos eran acontecimientos esperados, como este "A Different Shore" que se abre con "Call of the Child", bellísimo comienzo animado por la flauta (no en vano se trata de una composición de Brian Dunning) y marcado por el especialísimo ritmo primario de Mícheál a la guitarra, majestuoso en su simplicidad, tal vez la verdadera protagonista de la pieza a pesar de lo pegadizo del viento, pues conecta con Irlanda sin saber cómo ni por qué. El violín de Johnny aporta una segunda voz a la melodía, como un dúo celestial para una pieza maravillosa con lo más básico, pero con la poco habitual maestría de encauzar cada instrumento, cada influencia, para lograr la magia que desprende toda composición de Nigjtnoise. Aires marciales muy típicos del grupo inician a continuación "For Eamonn", un pequeño himno dedicado al hermano mayor de los Ó Domhnaill. De nuevo es el viento el que toma entonces el rumbo melódico con su habitual dulzura y asequibilidad. El final condensa ambas vertientes de manera maravillosa. Mícheál es el autor de la pieza. En "Falling Apples" aparece Tríona con el piano y su característica magia vocal, sencilla y gozosa, en una canción si bien no tan afortunada como otras de álbumes anteriores, realmente deliciosa, sin síntomas de agotamiento por su parte. Tríona la compuso cuando, en su casa de Portland, escuchó un ruido que no pudo identificar, hasta que descubrió que eran manzanas cayendo de un árbol, lo que conecta con otros sonidos que acaban trayéndonos ciertos recuerdos o asociaciones. Desde el origen del grupo, lo instrumental primaba en el total de cada álbum, pero el tiempo les hizo ver la importancia de colocar pequeñas joyas vocales, aumentando estas su importancia a cada paso que daban. Sin embargo, sólo una de las diez composiciones de "A Different Shore", esa "Falling Apples", va acompañada de la particular voz de Tríona. De nuevo aparece Dunning con una pegadiza tonada de esplendoroso ritmo, "The Busker on the Bridge", donde prima el conjunto y se escuchan instrumentos inusuales junto a un pequeño y divertido tramo a cappella que nos recuerda a otros tiempos de la banda. Un gran pieza. Más adelante, "Clouds go By" será la última muestra del flautista en este disco, una nueva muestra de alegría con aroma folclórico. En "Morning in Madrid" aparece Johnny Cunningham con una suave y aterciopelada delicia de tintes clásicos en la que por fin entra en escena el violín de manera protagonista, como no podía ser menos. Johhny la compuso después de un concierto en Madrid, cuando le llevaron a la taberna Elisa, un sitio de referencia para lo tradicional y lo celta, por donde han pasado también La Musgaña (que conocieron a Johhny esa noche, tras la que colaboraría con ellos), Capercaillie, Kepa Junkera, Carlos Núñez o Hevia. Como segunda muestra de Johnny en el disco, "A Different Shore" es un un placido paseo por la orilla, que titula el trabajo. Tríona vuelve a firmar el que tal vez sea, por ahora, el corte menos vistoso entre tanta belleza, "Another Wee Niece" aunque posee la innegable clase de su autora, que retorna en "Mind the Dresser" con otra hermosa tonada introducida por su soñador piano, que tal vez no es un sencillo destacado en un disco de Nightnoise, pero tan firme y altiva que seria importante para cualquier otro grupo. "Shuan" es una fenomenal pieza para concluir, reflexiva y plena del sonido Nightnoise. Es la guinda que aporta el enorme talento de un Micheál O'Dohmnaill que sólo tiene dos muestras en este trabajo en el que las autorías están muy repartidas. Poseedora de una cierta tristeza, a la larga se puede ver como un adiós sin saber que ciertamente lo iba a ser, y es que "A Different Shore" fue el último álbum de Nightnoise en estudio, pero no su última referencia: dos años después, "The White Horse Sessions" fue una suerte de despedida no premeditada que recogía doce pistas seleccionadas grabadas en vivo, nueve de ellas en los White Horse Studios (en un concierto privado para una cincuentena de familiares y amigos en marzo de 1996 en Portland), y tres en Málaga en un concierto de la gira de 1995. Dejando atrás Portland, ellos ya habían vuelto a vivir a Irlanda, a Dublín, y no deja de ser curioso que la vuelta a casa acabara con el grupo, como si fuera la añoranza por la tierra (que les había hecho alcanzar la excelencia, destilando sinceridad y hermosura) lo que les mantuviera unidos. Además, Nightnoise siempre fue un conjunto dispuesto a complementar discos recopilatorios de diversas temáticas en Windham Hill, aportando un marchamo de calidad importante y adaptándose como el agua al recipiente que tocaba en cada ocasión. Villancicos, interpretaciones de música impresionista, renacentista, barroca, ambiental o puramente celta, fueron algunas de sus aportaciones a compilaciones como "A Winter's Solstice" -con la excelente "Nollaig"-, "The Impressionists" -con la maravillosa "Sicilienne"-, "The Bach Variations" -la "Bouree"- o "On a Starry Night" -"Suantrai", cantada de manera hermosísima por Tríona-. Esas pequeñas delicias que bien podían haber conformaado un disco propio continuaron hasta 2002, con la sustitución en 1998 de Johhny Cunningham por el violinista irlandés John Fitzpatrick, que debutó en directo en la gira de 1997. A partir de ahí, y aunque Míchéal dijera en alguna ocasión que había un firme propósito de reagrupación, Nightnoise simplemente dejó de existir, como también desaparecieron Johnny en 2003, Mícheál en 2006 (momento en el que los antiguos miembros de The Bothy Band se volvieron a reunir el 24 de mayo de 2007 en un concierto tributo, 'A Gig for Mícheál') y Brian en 2022. 

"Con cada nueva composición seguimos emocionándonos unos a otros", decía Mícheál, en eso consistía la inmensurable cohesión de la banda, en algo tan sencillo como otorgar el sentimiento a cada canción, en las que lo popular se conjugaba con lo académico y se presentaba con gran fuerza y poder de convicción, de tal forma que por momentos es difícil discernir en qué realidad nos encontramos, si en nuestro convulso mundo o en la particular e inteligente imaginería musical de estos gloriosos músicos que consiguieron encontrar la manera de conectar con un gran sector de público surgido de varios mundillos musicales a través de un puñado de álbumes de sublime encanto y eterna magia, como este "A Different Shore" en el que optaban por la alegría sin disimulos, desconocedores de su condición postrera. Saber cual hubiera sido la evolución de Nightnoise sin la desaparición de casi todos sus miembros, sus siguientes pasos discográficos, no es difícil, lo más seguro es que hubiesen reforzado su propio sonido (quién con más derecho que ellos?) con prosperas melodías de fiel arraigo irlandés, acompañadas por un sutil acercamiento por igual al jazz y al mundo clásico. La voz seguiría siendo parte fundamental de su discurso melancólico, y la electrónica difícilmente entraría en escena. Nada nuevo en realidad, pero seguramente habría que decir 'gracias a Dios', la mayoría de sus oyentes no querrían cambiar ni una coma de su forma de expresión, de la elegancia de su interpretación, o del aroma a las raíces que impregnaba sus trabajos, con esa belleza tan natural y profunda que es prácticamente imposible definir con palabras. Lo que tampoco faltaría, sin ninguna duda, serían la luminosidad y el aplomo que la mera presencia de estos monstruos del folclore celta imprimían a su directo, compases taciturnos de una época que no hay que olvidar. No es que escuchándoles se alcance la felicidad, pero desde luego sus cálidas notas ayudaban mucho a lograrla.

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23.6.20

VARIOS ARTISTAS:
"Celtas"

Cada vez que un estilo musical, por unas o otras causas, cobra éxito o protagonismo entre la audiencia, las casas de discos se afanan por conseguir su parte del pastel. Cuando la músicas de raíz (folclóricas, tradicionales, world music...) se pusieron de moda en los 80 y los 90, aparecieron numerosas colecciones que se aprovechaban de la situación, si bien sólo unas pocas resultaban lo suficientemente interesantes como para justificar su compra. En España también se produjo un gran nivel de competencia por llegar a un alto rango de público y de posibles ventas de discos, y compañías como Lyricon (la división para Nuevas Músicas de Sonifolk) se pusieron manos a la obra con eficacia. Su fabuloso catálogo, fruto de la publicación en nuesro país de los trabajos foráneos de artistas como Himekami, Dead Can Dance, Bill Douglas, Constance Demby y muchos otros, se tradujo en inevitables -pero absolutamente necesarias en esos tiempos de descubrimiento- compilaciones, especialmente los tres volúmenes de "Música para desaparecer dentro". Dos años después de su primer volumen, con el que dieron a conocer a varios de esos grandes artistas, sus responsables supieron hurgar en catálogos de sobrada calidad en entornos más delimitados, como el de la música tradicional de corte celta, ese folclore irlandés y escocés -así como el de otras naciones específicas- que estaban conociendo también un nuevo auge, de lo que íbamos a sufrir un cierto hartazgo, especialmente cuando a la llamada acudieron todo tipo de bandas y artistas de calidades controvertidas. Explorando con sapiencia en ese folclore, Lyricon ofreció en 1993 un recopilatorio bien estudiado y presentado como fue el titulado simplemente "Celtas".

Con un sobresaliente diseño gráfico y un libreto profusamente documentado, "Celtas" no sólo es un ejemplo de compilación bien escogida y trabajada, sino que supone además toda una declaración de intenciones por parte de una compañía en cuya publicidad Manuel Domínguez hablaba así del proyecto: "El interés por la música celta se ha reavivado en los últimos tiempos por los caprichos del mercado. El auge de la música de la nueva era y la utilización de esta vía por algunos de los más prestigiosos músicos británicos -Relativity, Nightnoise- tienen bastante que ver en el asunto (...) En los prósperos setenta una legión de jóvenes, atraídos por una música muy en contacto con la tradición, pero abierta a nuevas formas de trabajo, se incorporó al plantel de grupos establecidos desde el revival folk de los cincuenta. Grupos que hace cerca de quince años presentó en España Guimbarda, como los escoceses Tannahill Weavers o The Battlefield Band, vuelven de la mano de Arpa Folk, mostrando la generosa cosecha de una espléndida carrera. Igual que la Bothy Band, reliquia del pasado, cuya música suena cada día más fresca, o los supervivientes Albion Band y Sily Wizard. Quienes vuelvan a centrar ahora su atención en los arcaicos sonidos de las gaitas y las flautas, además de ese confortable reencuentro con los que siempre estuvieron allí, en su sitio, descubrirán con placer nombres nuevos, como los escoceses Capercaillie y los irlandeses Altan, que no son precisamente grupos noveles. También una serie de instrumentistas, entre los que abundan las mujeres, que vienen a sumarse a la heróica Maighread Ní Dhomhnaill. Nos referimos a Connie Dover, Catherine Ann McPhee y Sharon Shannon. Puede que lo celta esté de moda, se admiten opiniones. Pero donde no cabe la menor duda es en que los participantes en esta grabación sean algunos de sus más genuinos artífices". Bandas míticas (tanto escocesas -The Tannahill Weavers, The Battlefield Band, Ossian, Silly Wizard- como irlandesas -The Dubliners-, inglesas -Albion Band- o esa deliciosa unión de dos hermanos irlandeses - los O'Domhnaill- y dos escoceses - los Cunningham- que supuso Relativity) se encuentran con grupos de proyección absoluta -Capercaillie, Altan-, y solistas de impoluto renombre -Liam O'Flynn, Arty McGlynn, Andrew Cronshaw- ceden terreno a nuevos nombres a tener en cuenta -Sharon Shannon, Connie Dover-. Hay además presencia española a cargo del cantante vasco Benito Lertxundi, y de dos grupos gallegos, Citania y Matto Congrio, en el que pululaba un joven Carlos Núñez. Pero ante todo, más que los nombres, lo que suena desbordante es la música, de la que hay soberanos ejemplos. Por ejemplo, estas son las composiciones destacadas en el CD1: Orgulloso y alentador es el comienzo, ese espectacular set clásico de los escoceses The Tannahill Weavers, liderados por el vocalista Roy Gullane, dividido en cuatro partes, A) "Donald MacLean's Farewell to Oban" (una marcha compuesta por el escocés Archie MacNeill); B) "Dunrobin Castle" (un reel tradicional escocés); C) "The Wise Maid" (un reel irlandés que han grabado también, por ejemplo, Planxty); D) "Iain's Jig" (una jiga tradicional escocesa adaptada por el gaitero de la banda, Iain MacInnes). Tema representativo en el repertorio de Capercaillie, la canción tradicional de trabajo de la isla de Barra "Alasdair Mhic Cholla Ghasda", es una demostración de la conjunción instrumental y vocal de este conjunto en alza en aquella época. También con una 'waulking song' y proveniente de la misma isla, Catherine Ann McPhee interpreta (con Savourna Stevenson al arpa) "Mìle Marbhphaisg Air A'ghaol". De la ecléctica y mítica Battlefield Band se seleccionan dos reels tradicionales pero interpretados en tempo lento, "Seann Bhriogais Aig Uilleam / Lady Margaret Stewart". Benito Lertxundi adapta otro tradicional escocés (que descubrió por una versión de Alan Stivell) con su propia letra en euskera, "Entzun zazu". La joven y talentosa Sharon Shannon nos brinda su interpretación al acordeón y violín de "The Blackbird", compuesta por dos tonadas tradicionales, una jiga y una melodía cajún. Acabando con lo más excelso de este primer disco, el grupo de Mairéad Ní Mhaonaigh, los irlandeses Altan, interpretan en gaélico la canción de bodas "Dónal Agus Mórag", y el supergrupo Relativity nos dulcifica con el instrumental compuesto por Johnny Cunningham "When She Sleeps", incluído en su gran álbum "Gathering Pace". En cuanto al CD2: Los barbudos irlandeses The Dubliners lo abren con la canción de aspecto tabernero "Eileen Óg", mientras que los escoceses Silly Wizard muestran en directo su delicada instrumentación y la gratificante voz de Andy M. Stewart en esta canción sobre la emigración, "The Valley of Strathmore". Si de intérpretes legendarios hablamos, uno de los más grandes era el gaitero irlandés Liam O'Flynn, del que se selecciona la grandísima pieza tradicional "Éire", una de las muchas maravillas que nos ha legado este antiguo miembro de Planxty. Varios temas la suceden, entre ellos "O'er the Hills and Far Away" de la cantante folk americana Connie Dover, el set del guitarrista Arty McGlynn "Lead the Knave / Bunker Hill" o el tradicional "An Cailín Gaelach" interpretado por Maighread Ní Dhomhnaill, hermana de los componentes de Nightnoise, Tríona y Mícheal que, junto a Dónal Lunny y en su banda The Bothy Band, cierran con extraordinaria contundencia el recopilatorio con otra pieza mítica (que pasó luego al recuerdo en el repertorio de Nightnoise), el tradicional en gaélico, exclusivamente vocal, "Fionnghuala".

Mucho más difícil de encontrar, la continuación de esta colección en 1996 pasó a manos del sello Resistencia. "Celtas vol. II", que tornó la portada a color azul, se nutría de artistas por lo general igual de conocidos que en el volumen anterior (Planxty, Liam O'Flynn, Davy Spillane, Seán Keane, Dougie MacLean, Alan Stivell o Paul Mounsey), con piezas absolutamente emblemáticas como "Midnight Walker" (del gran gaitero irlandés Davy Spillane) o "Gloomy Winter", del escocés Dougie MacLean. Además, algunos ejemplos de bandas de la nueva generación como Kila, Deiseal o The Colour of Memory, y una sola presencia española, la del grupo gallego Berrogüetto. Mientras tanto, y como primer volumen y acercamiento a esta cultura, "Celtas" no tiene desperdicio en su selección de grandes piezas que por ese entonces no eran especialmente conocidas en esta España que había visto cómo DRO exploraba el año anterior en los mismos sonidos con otra curiosa compilación que logró un cierto renombre, titulada "Gaitas, violines y otras hierbas". Con la distribución de Arpa Folk, "Celtas" ayudó a fortalecer esa tendencia en alza y se convirtió en una nueva referencia a tener en cuenta para los que buscaban otro tipo de sonidos, más conectados con la tradición.

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13.12.16

NIGHTNOISE:
"Something of Time"

Cuando el destino se empeña en manejar los hilos para que se produzca una chispa de magia, momentos que desemboquen en serendipias musicales, ya no hay quien pueda parar el caudal de belleza y emoción que puede provocar. El violinista Billy Oskay y el guitarrista Mícheál Ó Domhnaill se conocieron en 1979 en el transcurso del Rose Festival, que marca el comienzo del verano en Portland. Ambos tocaron allí y comenzaron a improvisar juntos una música que fusionara las tendencias que marcaban sus carreras, la influencia del jazz y música clásica de Oskay, y la tradición irlandesa de la que era estudioso Ó Domhnaill. Aunque aún tardaron unos años en grabar unas tímidas maquetas, el resultado deslumbró de tal manera a William Ackerman que les publicó en Windham Hill la primera referencia de música celta -o al menos cercana a ella- de su sello, un plástico de inconfundible excelencia titulado "Nightnoise", que iba a gozar de continuidad, siempre en Windham Hill, durante el resto del vigésimo siglo. De no haberse celebrado ese festival, de no haber querido el destino que Billy y Mícheál se encontraran, posiblemente no hubieran existido ni el álbum "Nightnoise" ni el grupo Nightnoise, banda mítica que tomó el nombre de aquel seminal trabajo para continuar su apasionante visión musical.

Aunque Mícheál necesitaba en aquella época desmarcarse un poco del mundo de la tradición en el que se encontraba un tanto anclado, aún tuvo tiempo de formar, al poco de publicarse "Nightnoise", un maravilloso grupo llamado Relativity, con su hermana Tríona Ní Dhomhnaill y con los hermanos escoceses Johhny y Phil Cunningham. Semejante reunión de genios dejó como legado dos excelsos álbumes para el sello Green Linnett: "Relativity" en 1985 y "Gathering pace" en 1987. Este mismo año se produjo la vuelta de Ó Domhnaill con Billy Oskay, al estudio de este último (el lugar donde desarrollar sin prisas sus composiciones), pero ambos estuvieron de acuerdo en que para su segundo trabajo juntos iban a necesitar más instrumentación que completara sus intenciones. Mícheál había conocido en 1980 al flautista Brian Dunning en un festival irlandés en Birmingham (Alabama), y pensó en él para incorporarse a la banda, que tomó definitivamente el nombre de su primera obra. Desde Carolina del Norte, en un tránsito parecido al de su hermano, llegó Tríona para completar el grupo. Era tal la búsqueda de una nueva identidad musical para el conjunto, que dificilmente se van a escuchar en los discos de Nightnoise temas tradicionales (sí en recopilatorios para Windham Hill, y por supuesto el imprescindible "Fionnghuala", que llegará con el regreso del espíritu celta a la banda). Como en el álbum primigenio, Nightnoise iba a nutrirse de piezas propias, composiciones originales cuyo estilo iba a estar determinado por el creador de las mismas, una bendita torre de Babel que abarcaba lo clásico, lo celta y el jazz, en una fusión de música culta y popular en la que no se sabe muy bien cual absorbe a cual, más o menos lo que se podía denominar como un particular folk de cámara; Mícheál decía al respecto: "Estábamos bastante anclados por la tradición, pero también podíamos escribir música fuera de los 6/8 o 4/4 tiempos; eso sí, no podía dejar de sonar celta porque soy irlandés. Todo lo que escribo tiene que tener elementos de las experiencias que he tenido a lo largo de mi vida, así que la música celta sigue ahí, simplemente la estructura de la música es diferente". En 1987 Windham Hill publicó "Something of Time", con la reunión de elementos antes mencionados: inaugurando el disco, "Timewinds" es "una conmemoración de los ancestrales vientos que soplan atravesando la impresionante garganta del río Columbia", esa era la explicación de Billy Oskay respecto a la inspiración de este corte soberbio, de completa factura y sensación de inmensa alegría en su compases danzarines, una animada muestra de folk contemporáneo de ineluctable encanto. Ciertamente, es difícil resistirse a seguir paladeando tan atractiva música, que continúa con "Perchance to Dream", un momento pensativo, soñador, en el que el harmonio aporta una extraordinaria calidez, y la flauta rememora paisajes celtas. Un piano danzarín introduce la melodía de tintes folclóricos de "The Erebus and the Terror", conducida hacia un suave jazz de cámara; inspirada por la tragedia de Sir John Franklin y esos dos barcos (el HMS Erebus y el HMS Terror) mientras pretendían encontrar el Paso del Noroeste en el Ártico canadiense, su interludio con la siguiente pieza es un sonido de oleaje y de maderas y cuerdas. Con "On the Deep" llega de nuevo el reposo, en uno de los cortes más ambientales del álbum. Por contra, "Hourglass" es una de esas joyas inclasificables que siempre serán recordadas, su grácil clasicismo al teclado se convierte en un crescendo de exaltación cuando aparecen las cuerdas y especialmente la tierna tonada de sabor folclórico a la flauta. Mícheál es el que aporta un mayor número de creaciones al disco, un total de ocho, entre las que están casi todas las comentadas hasta ahora (salvo "Timewinds") y las dos que siguen, "Shadows and Dancefloor" (con aspecto de improvisación meditativa) y "Wiggy Wiggy" (destacada muestra de carácter, una acertada danza folclórica con sabor a Irlanda -un estado de ánimo excitable y divertido, decían ellos-, momento crucial y contundente en sus directos por su fuerza y ritmo vertiginoso). Oskay retoma su aportación con "Tundra Summer" (piano jazz con un resolutivo violín) y "I Still Remember" (sones antiguos en este recuerdo muy personal). "Aprés-midi" es una composición de Tríona -la única del álbum de la que va a ser a la larga la más activa compositora del grupo- con un comienzo ceremonioso con sones de himno (un sonido característico de la banda), en una pieza sencilla de aire religioso y aspecto medieval, como la siguiente reflexión de flauta de Mícheál, a la que el violín no tarda en replicar, originando un hermoso baile entre viento y cuerdas titulado "Something of Time". Otra de las piezas importantes es la única de Brian Dunning, "Toys Not Ties", un lamento moderno (lamento de un adulto al que impactó el momento, a los trece años, en que dejaron de regalarle muñecos o coches por Navidad para pasar a recibir ropa) de melodía bucólica, otro corte íntimo en un álbum íntimo, poco ruidoso, reflexivo, que intenta sacudirse la herencia celta mas típica, pero sin olvidarse de los sueños, de las vivencias, del pasado. Concluyendo su encanto, "One for the Lad" es una despedida alegre y desenfadada con el luminoso y alegre sello Nightnoise, donde piano y flauta se dejan admirar. Lleva sin embargo este final creado de nuevo por Mícheál una dedicatoria especial, a su amigo Tich Richardson, miembro de The Boys of the Laugh que falleció en accidente de trafico en 1984 en Escocia, percance en el que Phil Cunningham se dañó una mano, si bien tuvo una afortunada recuperación que le permitió un año después incorporarse al conjunto Relativity. Años antes, a finales de los 70, poco tiempo antes de celebrarse una gira estadounidense de Mícheál Ó Domhnaill y Kevin Burke con los estadounidenses Malcolm Dalgleish y Gray Larsen, Mícheál sufrió también en Irlanda un accidente de coche que a la larga le afectó a las piernas, por lo que en los conciertos siempre veíamos al guitarrista tocar sentado. 

Oskay y Ó Domhnaill habían firmado como dúo -si bien posteriormente se adjudicará a Nightnoise- en 1985 el grandioso villancico "Nollaig" para la compilación de Windham Hill "A Winter's Solstice", discos recopilatorios a los que seguirán contribuyendo hasta la desaparición del grupo. Dos años después, esta primera referencia de Nightnoise con su carismático nombre desvela de manera notable una de las obsesiones recurrentes de la banda, el paso del tiempo. No es de extrañar, aparte de lo caprichoso del título, ese comienzo con el tic tac de un reloj, enervante o relajante según se mire, pero siempre testigo sonoro del discurrir de las horas. "Timewinds", la hermosa composición que lo incluye, es una clara muestra de intenciones en esta etapa aún temprana, la guitarra marca un ritmo animado sobre el que subyacen dos de las corrientes presentes en su música, lo clásico por medio del violín y una presencia celtoide muy suave a través de la flauta. En efecto, una esencia tradicional irlandesa se adivina en las composiciones de Mícheál, mientras que Billy aporta al trabajo una tercera influencia, la de un jazz americano bastante contenido y abierto a otros sonidos. El envoltorio de música de cámara acaba por lograr un sonido auténtico y absolutamente único, que posteriormente, con la marcha de Oskay y entrada Johnny Cunningham, irá ganando en sonido celta, logrando varios discos gloriosos y muy asequibles. "Something of Time" también lo es, "Timewinds" es un gozoso delirio de eterna profundidad e irresistible seguimiento, el ritmo de "Wiggy Wiggy" es fascinante, también la dulzura de "Hourglass" o el divertido juego emocional de "Toys Not Ties", escenas sublimes impregnadas de melancolía. Qué poco importan las denominaciones ante joyas como éstas, auténticos clásicos de un tipo de música que va más allá de cualquier denominación.

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30.1.14

VARIOS ARTISTAS:
"A Winter's Solstice"

Presentar los productos más importantes de una compañía discográfica, ya sea temporal o temáticamente, en forma de samplers o discos recopilatorios no es nada nuevo, ni lo era cuando Windham Hill y Narada competían en los 80 por la supremacía en el mercado -americano y mundial- de la música de la nueva era. "Windham Hill Records Sampler", seguido del número del año en cuestión, fue la oferta anual del sello de Will Ackerman desde 1981 (Narada los denominó "Narada Sampler" y "Narada Collection"), y "An Evening with Windham Hill Live" supuso un detalle de distinción al ofrecer una estupenda selección de composiciones en vivo de sus mejores artistas. Esa oferta sin embargo se tornó incluso más sugerente a comienzos de 1986, al publicar una compilación temática en la que, por vez primera en esta compañía, las canciones eran exclusivas, composiciones no incluidas en los trabajos de los músicos implicados sino de dedicación plena para el tema en cuestión del recopilatorio, en este caso algo tan hermoso y lleno de recuerdos como la navidad, bajo el apasionante título de 'solsticio de invierno'.
 
"A Winter's Solstice" era la referencia número 45 en estos primeros diez años de Windham Hill, y sólo apareció unos meses después de otro extraño recopilatorio titulado "Windham Hill Records Piano Sampler", extraño por no reunir a músicos del sello (salvo a Philip Aaberg o el futurible Tim Story) sino a otros más desconocidos (Michael Harrison o Richard Dworsky), con canciones tanto nuevas como ya conocidas o publicadas ese mismo año 1985. Volviendo al trabajo que nos ocupa, "Jesu, Joy of Man's Desiring" es el alegre tema de comienzo, a cargo de David Qualey. Habíamos escuchado unos años atrás la interpretación de esta colosal miniatura de J. S. Bach por parte de George Winston en esta misma compañía ("Joy", en su álbum "December"), pero la guitarra de este efímero artista en Windham Hill consigue un nuevo punto de vista en la misma partitura, un estupendo inicio al que siguen Ira Stein y Russel Walder con "Engravings II", una calmada pieza de aromas medievales escrita por Ira. Will Ackerman no podía faltar a esta cita con otra inmensa guitarra (acompañada por el violonchelo de la miembro del Kronos Quartet, Joan Jeanrenaud), mientras que el primer solo de piano lo introduce un tranquilo Philip Aaberg, que reinterpreta "High Plains", pieza que daba título a su primer álbum en la compañía californiana. Numerosos álbumes de esta primera época de Windham Hill atestiguan que en su nómina se habían unido grandes artistas y que algunos de ellos estaban en un soberano estado de gracia. Sin ir más lejos, Billy Oskay y Micheál Ó Domhnaill presentaban a continuación una de esas cancioncillas navideñas que se han convertido en pequeños clásicos de las nuevas músicas, la evocativa "Nollaig", que en gaélico quiere decir, precisamente, navidad; Nightnoise aún no había alcanzado su madurez (de hecho el grupo aún no había presentado su primer plástico bajo esa denominación) pero este dúo dejaba su impronta en esta compilación que continuaba con el conocidísimo "Greensleeves" a cargo de la pianista Liz Story, una pieza que regrabará durante la siguiente década con un tempo algo más acelerado para su álbum, también navideño, "The Gift". El desfile de nombres continúa con Mike Marshall y Darol Anger (con otra pieza de Johann Sebastian, "Bach bourée"), Malcolm Dalglish ("Northumbrian Lullabye") y se cierra con otros dos nombres de excepción: el trompetista Mark Isham interpreta "A Tale of Two Cities", un emblemático himno de su autor desde entonces, y el siempre reverenciado grupo Shadowfax, con la sonoridad del lyricon (esa especie de flauta electrónica interpretada por Chuck Greenberg) por bandera, aporta "Petite Aubade", el único tema no compuesto exclusivamente para la recopilación (si exceptuamos la comentada regrabación de la pieza de Philip Aaberg), ya que venía recogido en el álbum "Watercourse Way".
 
La serie "A Winter's Solstice" continuó durante varios años hasta completar seis interesantes entregas, aparte de otras dos tituladas "A Winter Solstice Reunion" y "Winter Solstice on Ice". Además, "The Essential Winter's Solstice" era un doble disco que recogía 28 composiciones de la serie, cuatro de ellas del primer volumen, las interpretadas por Liz Story -que abría el álbum-, David Qualey, Will Ackerman y Mark Isham. Caso aparte en esta sucesión de samplers navideños eran la inclusión de villancicos interpretados conjuntamente por varios artistas de la compañía (acreditados como Windham Hill Artists), destacando especialmente "Carol of the Bells" como primer ejemplo en la cuarta edición (villancico ucraniano que había popularizado George Winston años atrás) o "Angels We Have Heard on High" en la quinta, la primera de la saga en la que, curiosamente, aparece el mencionado George Winston (en esta ocasión junto a Keola Beamer), un Winston fijo desde entonces en la serie. Cualquiera de esos ocho volúmenes son altamente interesantes, si bien el primero de ellos fue el más original, el auténtico, el que primero llevó a los espectadores la magia navideña en portadas estupendas y músicas maravillosas.

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10.5.13

VARIOS ARTISTAS:
"Diálogos con la música"

Como La 2 de Televisión Española, en la radio estatal también hay emisoras para minorías, que intentan difundir aspectos culturales de calidad que se intentan apartar de la comercialidad más banal. Una de las más activas e interesantes, Radio 3, nació como emisora en 1981, y dió lugar a una vasta e importante programación musical alternativa entre la que despuntarían notablemente profesionales como Antonio Fernández (Área Reservada), Diego A. Manrique (El Ambigú), Carlos Galilea (Cuando los elefantes sueñan con la música), Tomás Fernandez Flores (Siglo 21) o José Miguel López (Discópolis), recalando de esta manera en su dial desde el jazz y la world music hasta el indie, el flamenco o la música electrónica. Eso sí, en la memoria colectiva de las Nuevas Músicas en España hay por encima de todos un nombre casi legendario proveniente de Radio 3, un programa que fue más allá de las buenas intenciones y durante varias décadas amenizó las sobremesas de miles de 'buscadores de belleza', un territorio abrupto y variado de nombre 'Diálogos 3', cuyo gerifalte -secundado por la dulzura de Lara López- es una de las personalidades más histriónicas del periodismo musical y deportivo español, uno de esos personajes que no deja indiferente a nadie, el donostiarra Ramón Trecet.
 
Gracias a su privilegiada posición, Trecet logró hacer llegar a nuestros hogares un sinfín de músicas dispersas por el mundo, que en aquella época dificilmente gozaban de distribución y promoción, alcanzando así un gran poder mediático, un acercamiento a la categoría de mito y una serie de agradecimientos en muchos discos de artistas importantes por su papel de intermediario, más que descubridor, entre nuevas identidades musicales y toda una audiencia entregada. Ramón luchó desde las ondas contra el marchamo negativo que conllevan desde siempre ciertos tipos de música que, en su belleza y sinceridad, admiten también desgraciadamente a mucho compositor mediocre y más de un aprovechado. Ninguno de esos tienen cabida en esta compilación doble que se escondía tras una presentación de lujo, con una portada blanca con efectos brillantes en la que venía troquelada la palabra DIALOGOS. El diseño gráfico corría a cargo de Coro Acarreta, dirigente de Resistencia y a la sazón esposa de Ramón. "Diálogos con la música" (que era el apelativo original de 'Diálogos 3') fue editado en 1994 por BMG Ariola, compañía propietaria del catálogo de RCA (que aportaba 6 composiciones) y distribuidora en España de Windham Hill (parte importante de la recopilación con 10 composiciones) y Survival (1 tema). Otra importante compañía estadounidense, Private Music, cedía 2 canciones, y otras 2 el sello español de Juan Alberto Arteche, Música Sin Fin. El resultado es francamente maravilloso, y venía comentado así por el propio Ramón: "El disco que tienes en tus manos es consecuencia de una idea de BMG y viene a ser una pequeña celebración de los diez años de NUEVAS MUSICAS en Diálogos-3. Diez años... me ha sorprendido lo rápido que ha pasado el tiempo y la cantidad de buena música que hemos oído juntos. Aquí tienes desde la sintonía del programa, pasando por el shock discográfico de mi conversión al minimalismo, a la canción más pedida por la audiencia en estos años (Brian Boru). Faltan cosas que esperamos incluir en el siguiente". Efectivamente, el álbum no podía comenzar más que con "Harry's game", grandiosa canción de Clannad que Trecet consideró sintonía ideal del programa hasta que escuchó "A child" de Paul Mounsey, pero otras gemas vocales aquí contenidas comprenden a los escoceses Capercaillie ("Outlaws") o al monumental conjunto 'a capela' The King's Singers (sublime su versión de una de las grandes canciones de todos los tiempos, "Good vibrations" de los Beach Boys). No esconde el periodista sus debilidades, con calificativos como 'el mejor grupo del mundo' (Nightnoise, representado por "Hourglass" y "Wiggy wiggy"), 'el mejor clarinetista del mundo' (Richard Stoltzman, que aporta "Blackbird / Bye bye blackbird"), 'el imperial' (Michael Manring, del que suena una composición única y auténtica, "Wide asleep") o 'el pilar fundamental de los estilos surgidos en los 80' (Will Ackerman, con "Synopsis II"). Cualquier nombre implicado parece imprescindible, ¿cómo no mencionar a Mark Isham, Puck Fair, Patrick O'Hearn, Ray Lynch, Suzanne Ciani, Yanni, Steve Erquiaga o al noruego Oystein Sevag, sobre cuyo "Crystal palace" afirma Trecet que se siente como un niño de ocho años esperando el día de Reyes cada vez que lo escucha? Dos músicos españoles aportan su granito de arena, Javier Paxariño con "Pangea" y Alberto Iglesias con la abrumadora "Cautiva", pero había que dejar para el final la única composición tradicional de las 21 que componen el doble CD: "Brian Boru's March", en la interpretación del flautista irlandés James Galway, despierta la eterna paradoja sobre las Nuevas-Viejas Músicas, que intenta aclarar el locutor easonense: "La razón de usar el prefijo Nuevo en estas músicas responde, más que a su novedad real, a la actitud desarrollada por los oyentes ante su escucha". Soberana composición, majestuosa interpretación, la marcha de este rey irlandés fue un puntal del programa, hasta tal punto de que Ramón Trecet escribió sobre ella: "Por favor, que la toquen cuando me muera".
 
Subjetivamente, se podrá coincidir en mayor o menor medida con el gusto del locutor de San Sebastián, pero de manera objetiva se podría decir que nadie mejor que él para presentar una colección de temas gloriosos, aunque tuviera que constreñirse al catálogo de BMG y las cesiones que dicha compañía consiguiera. Merced a la distribución del sello Windham Hill, las cortesías de Private Music, y algún que otro detalle muy fructífero, este doble CD logró en gran parte sus intenciones y las de su compilador, "llamar la atención del resto de la industria sobre algo completamente ignorado hasta no hace mucho tiempo". Desde luego, sería lamentable que canciones emblemáticas como las que aquí se agrupan se perdieran en la inmensidad de la industria discográfica. El lógico éxito (aunque no llegó a entrar en puestos de ventas importantes) provocó la aparición, tres años después, del segundo volumen, subtitulado 'El fin de la nueva era' porque, para Ramón Trecet, las cosas empiezan y se acaban, y ese era el fin de una etapa de las Nuevas Músicas. No faltaban en él otros grandiosos clásicos como "On the future of aviation" (la mágica composición de Jerry Goodman), "Aerial boundaries" (no hace falta presentar este inmortal tema de Michael Hedges), "The velocity of love" (una de las mejores composiciones de Suzanne Ciani) o "For free" (Richard Stoltzman homenajeando a Joni Mitchell), además de otras pequeñas joyas de Shadowfax, Ray Lynch, Mark Isham, Yanni, Will Ackerman o el inefable George Winston, entre otros. Primer y segundo volumen conforman una pequeña biblia de las Nuevas Músicas, un innegable oasis de calidad que Ramón Trecet no sólo se encargó de recopilar, sino de dejarse el alma en cada elección, con su más conocida sentencia por bandera: "Hasta entonces, busca la belleza. Es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo".
 











14.2.10

BILLY OSKAY & MÍCHEÁL Ó DOMHNAILL:
"Nightnoise"

Donegal es un condado irlandés de los denominados 'gaeltacht', es decir, de habla mayoritariamente gaélica. Ese es el origen de Mícheál O Domhnaill y la base sobre la que asentó su música. Su primer grupo con repercusión -después de otros experimentos como Skara Brae o Monroe- fue la exitosa The Bothy Band, una banda surgida por casualidad cuando el acordeonista Tony McMahon organizó un concierto para el que reclutó a Mícheál y a su hermana Tríona, además de a Donal Lunny, Paddy Keenan, Paddy Glackin y Matt Molloy; Seachtar ('siete') fue el nombre improvisado que acabó derivando a The Bothy Band cuando el éxito forzó la continuidad de este dinámico e influyente grupo de los setenta. La 'crisis de identidad' en los territorios celtas se unió a la 'fiebre celta' en los Estados Unidos en los 80, por lo que los hermanos O'Dohmnaill emigraron a puntos tan distantes del país americano como Portland (Oregon) Mícheál, y Carolina del Norte Tríona, donde recobraron el éxito y consiguieron vender muchos más discos que en su propio país. Mícheál, que giraba habitualmente con el violinista Kevin Burke (con el que había publicado dos espléndidos discos de música irlandesa, "Promenade" y "Portland"), conoció una noche de 1979 a otro violinista, Billy Oskay, que tocaba jazz swing (con elementos de Django Reinhardt y Stéphane Grappelli) en un local llamado 'Brasserie Montmartre'. Oskay invitó al guitarrista a tocar con él para la grabación de una performance que le habían encargado, y enseguida se dieron cuenta que tocando juntos, violín y guitarra, la música fluía con naturalidad, así que grabaron en el estudio de la casa de Billy una demo que acabó llegando a finales de 1983 hasta William Ackerman, fundador de Windham Hill Records: "Creo que estábamos haciendo la banda sonora de 'Country' en ese momento y Tom Bocci nos dijo 'hey, escuchad, tengo esto que podría interesaros', entonces dijimos 'Dios, hay algo aquí que resulta muy familiar, y él dijo, 'bueno, ¿conoces a The Bothy Band?', y dije Dios, genial, me encanta, consígueme más. Y de ahí viene Nightnoise, de mi amor por la Bothy Band". Windham Hill Records publicó el álbum titulado "Nightnoise" en 1984.

Nacido en el estado de Nueva York, Oskay estudió violín desde los siete años (incluso en la Academia Internacional de Música de Palma de Mallorca), especialmente dada la condición de su padre, William F. Oskay, importante fabricante de violines (en este álbum, Billy toca un violín y una viola construidos por su padre). Con él, Mícheál encontró un nuevo incentivo en su producción musical, que quería conducir a soslayo de lo estrictamente tradicional, por lo que a su público le creó una clara incertidumbre, pues no parecía dirigirse en concreto ni hacia el folk americano ni hacia el celta. Muy rítmico (pero sin llegar a utilizar melodías de baile celtas (reels, jigas o polkas-), extremadamente agradable, este álbum que fue grabado en 1983 en el estudio de la casa de Oskay en Portland es un remanso de paz estrictamente instrumental, donde guitarra y violín se funden en un solo instrumento que a la vez lleva el ritmo y ejecuta la melodía, una conjunción excepcional por su nula trayectoria como dúo. En una envoltura con rasgos populares y contemporáneos, se dejan ver influencias jazzísticas aunque agazapadas, esperando un momento que no acabó de llegar en el futuro por una clara derivación hacia el folclore de raíz irlandesa, si bien el futuro miembro Brian Dunning aportó un nuevo pequeño acercamiento al jazz. En este sentido, este disco es un antecedente del grupo Nightnoise no sólo en el nombre, sino en todas sus características esenciales. El típico y austero diseño de Ann Robinson para Windham Hill se complementa con una obra de Steve Harper, fotógrafo de renombre de estampas nocturnas y encabezado inmejorable para este trabajo, que sirve de homenaje a los sonidos del final de la tarde, sonidos con los que empieza el primero de los temas, "Nightnoise", melódico y rítmico, un jazz suave con aroma americano que como tema de presentación es perfecto. "Nightnoise" es además una de las dos composiciones (ambas compuestas por Billy Oskay) en las que los dos músicos interpretan únicamente violín y guitarra; la otra es la dulce "Duo", de corte clásico con movimiento muy folk, otro primoroso ejemplo de conjunción. En "The 19A", la primera gran melodía del grupo, plena de fuerza y permanente en el tiempo, comienza el aroma irlandés, ya que esa es la línea de autobuses de dos pisos que cruza la ciudad de Dublín. Evidentemente está firmada por Mícheál O Domhnaill, del que encontramos otras dos composiciones inolvidables en las que nos regala además su propia interpretación del piano, la flauta irlandesa y el harmonio: "Bridges" (un recuerdo a los muchos puentes que cruzan en río Willamette en Portland, con una magistral conducción de guitarra para un conjunto delicado en el que todo encaja a la perfección, en una ambientación bastante clásica de matices variopintos) y "The Cricket's Wicket" (otra clamorosa demostración de intenciones con un elevado toque neoclásico, que pone fin al álbum a modo de himno irlandés). Esta última es tal vez la composición de este álbum que mejor perduró en los conciertos de la banda. La rítmica "False Spring" (con Oskay al piano, desplazando a su propio violín a un papel secundario), "City Nights" (canción más cercana al jazz, incluso al tango, con retazos de aquí y de allá) o "After Five" (ese momento, pasadas las cinco, en el que se acerca de nuevo la noche y su magia) son otras piezas destacadas de un trabajo maravilloso e imprescindible. Al igual que el título de álbum "Live at Montreux" de Darol Anger, Barbara Higbie, Mike Marshall, Todd Phillips y Andy Narell, dio nombre al grupo Montreux para futuros plásticos en Windham Hill, Nightnoise se implantaría definitivamente como nombre del grupo a partir de aquí, algo mucho más fácil que encabezar cada álbum con 'Mícheál O Domhnaill, Billy Oskay, Tríona Ní Dhomhnaill and Brian Dunning'.

El hueco de esta banda americana-irlandesa en una compañía como Windham Hill fue bastante particular, abriendo el abanico como únicos representantes de la corriente celta, un estilo que sus competidoras más destacadas en el campo de lo conocido popularmente como New Age (ya que otras como Green Linnet apostaron de manera maravillosa por lo celta desde 1973) iban a empezar a cultivar con más o menos fortuna desde finales de la década, publicando en ocasiones remedos de ritmos celtoides; Narada apostó por John Doan o David Arkenstone, Hearts of Space por Bill Douglas o, más adelante, Mychael Danna o Joanie Madden, Celestial Harmonies se abrió a lo celta-medieval con Therese Schroeder Shecker (que también había grabado en Windham Hill); en Private Music, Global Pacific o Music West, ni rastro. Aun estando a medio camino de su auténtico sonido, Oskay y O Domhnaill fundieron dos tradiciones y les otorgaron una nueva personalidad, colorista, vital, de indudable calidad (tanto de composición como de grabación) y con un aletargado sentimiento irlandés en un envoltorio americano, una suave y aromática mezcla de elementos folclóricos aderezados con un cierto gusto clásico, vistiendo de espíritu celta el variopinto paisaje de Oregón o de esencia jazzística los verdes campos irlandeses. Como posteriormente harán Alasdair Fraser y Paul Machlis, la reunión de un emigrante de país celta y de un músico americano iba a generar una avalancha incontrolable de música de una calidad asombrosa. Para presentar el disco en directo en la primavera de 1985, su primera reacción fue contratar a un pianista y un segundo violinista, si bien al darse cuenta de que el grupo iba a tener una segura continuidad y de que necesitaban una mayor instrumentación, Mícheál le propuso el puesto de teclista a su hermana Tríona, y dieron paso al sonido de un viento, la flauta de un discípulo de James Galway, el inquieto -también irlandés- Brian Dunning. Con ellos el folclorismo mejoró y la voz -que aún tardaría en llegar- acabó por compensar el conjunto, pero de esta primera unión quedaría para la historia un nombre: Nightnoise.

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21.9.09

VARIOS ARTISTAS:
"The Impressionists"

Es absolutamente notable comprobar la enorme influencia que los llamados compositores impresionistas han ejercido en numerosos artistas de la nueva música instrumental contemporánea. En algunos casos se trata de similitud de formas, de afinidad estética, en otras ocasiones de puro homenaje, cuando no de versión, más o menos próxima a la realidad, de determinadas composiciones que hacen que la huella de estos genios de hace más de 100 años perdure en la actualidad. Es en especial la innovación de Claude Debussy, su inexpresable colorismo, la audición más recurrida en numerosos artistas modernos, pero el oyente atento e informado no obviará el influjo del ecléctico Maurice Ravel, del elegante Gabriel Fauré o del extravagante Erik Satie, posiblemente el de mayor identificación con muchos músicos actuales por su minimalismo anticipado. Aunque la mayoría de ellos rechazaban el término 'impresionista' con el que han pasado a la historia, la época que les tocó vivir y el lenguaje musical velado y fantasioso que en cierto modo les acompañaba, les acercó irremediablemente al efecto luminoso y paisajístico de la pintura impresionista.

Continuando con la tradición del sello Windham Hill de aprovechar la cantidad y calidad de sus músicos vinculados, y desarrollando la idea expresada en el párrafo anterior, Will Ackerman se sacó de la manga en 1992 un extraordinario disco temático con composiciones inmortales de los mencionados Debussy, Ravel, Fauré y Satie grabadas para la ocasión. Para el seguidor acérrimo de la música new age en general (aunque se trate de una etiqueta más que del género concreto en el que englobar a estos artistas) y de Windham Hill en particular ningún nombre de los participantes en este álbum debería ser extraño, aunque alguno destaca por sorpresa: ahí está un casi desconocido Steve Erquiaga acometiendo con maravillosa simpleza la "Pavane" de Gabriel Fauré a la guitarra (este comienzo supone uno de los mejores momentos del álbum), o el pianista John Beasley atreviéndose con soltura con uno de los grandes clásicos de Debussy, "Snowflakes are Dancing". Madurar proyectos que están, supuestamente, fuera de la índole de estos músicos, es un experimento altamente interesante, si bien algunos de ellos, como Tim Story, no han de variar su forma de componer para adaptarse a la sensibilidad de principios del siglo XX, ya que su estilo etéreo es claramente deudor de un Erik Satie al que rinde tributo en su "1st Gymnopédie". Son en su mayoría guitarras y pianos más o menos solitarios los que se abren paso en las formas impresionistas: entre los primeros despunta la presencia inmarcesible de Alex de Grassi -con la "3rd Gymnopédie" de Satie-, y en cuanto a las teclas siempre acaban destacando por su calidad innata los excelsos nombres de Philip Aaberg -que aquí fusiona su estilo con el de Ravel en "Modéré"-, y Liz Story -que se encarga del tema de Debussy "Doctor Gradus ad Parnassum"-, pero en esta compilación entusiasma especialmente el sentimiento que el pianista ciego de New Orleans Henry Butler impregna en la maravillosa "Au bord de l'éau" de Fauré. Restan por comentar los conjuntos: "Nightnoise", siempre dulzura y calidad, deleitan con la "Sicilienne" de un Fauré que se convierte definitivamente en el compositor destacado del recopilatorio, al igual que dicha "Sicilienne" suena como uno de los temas estrellas del álbum; más serios se muestran dos cuartetos de cuerda, el Turtle Island String Quartet de Darol Anger -"Reverie" de Debussy- y el Modern Mandolin Quartet de Mike Marshall -"Pavane pour une infante défunte" de Ravel-, salvando el final del álbum unos sorprendentes Schönherz & Scott que efectúan la mejor descontextualización del disco gracias a los sintetizadores en el "Libera Me" de un agraciado, hay que reiterarlo, Fauré.

Los siempre eficaces artistas de Windham Hill (cuidado, no figuran en este trabajo algunas de sus primeras espadas como Will Ackerman, George Winston, Michael Hedges o Michael Manring) consiguen de un plumazo y sin aparente esfuerzo capturar la esencia de unos compositores inquietantes e influyentes cuyos nombres han pasado a la historia por sus eternas obras (¿quién no ha escuchado alguna vez "Preludio a la siesta de un fauno", "Requiem in Paradisum", las geniales "Gymnopédies" o el famoso e influyente "Boléro"?) más que por la denominación a la que, de manera interesada, deben su razón de unión en esta compilación. El influjo de dichos compositores en la new age más melódica es tan apreciable como la de Dalí y la pintura expresionista en la música electrónica y ambiental. De hecho algunos críticos se habían atrevido a denominar a la música del sello Windham Hill como 'nuevo impresionismo' o 'impresionismo folk', en una extensión gratuita pero no exenta de sentido de un término tan difícil de definir como de sencilla identificación, ante todo pictórica. En lo musical, el lío puede ser mayúsculo si agrupamos términos, definiciones y posibles estilos, así que disfrutemos sin prejuicios de estos 'momentos capturados', de estas joyas de doble motivo: la composición de aquellos genios de principios del XX y la interpretación de estos otros músicos de los que les separa un largo y convulso siglo.
 
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1.5.08

NIGHTNOISE:
"Shadow of Time"

Desde que los hermanos O'Domhnaill emigraran a Oregon a principios de los años ochenta una vez que la gloriosa etapa de una banda tan importante para el folclore irlandés como The Bothy Band había concluido y el panorama musical irlandés era realmente triste, pronto quedó claro que podrían volver a lograr el éxito allende los mares con ese proyecto de nombre Nightnoise que inaugurara en 1984 Mícheál O'Domhnaill a dúo con Billy Oskay. Ya con Tríona Ní Domhnaill y Brian Dunning como un sublime cuarteto, esa inclasificable música que tenía mucho que ver con el origen estilístico de sus miembros (el folclore -Mícheál, Tríona-, la formación clásica y el jazz -Billy, Brian-) siguió evolucionando y se hizo poco a poco más vocal en su estilo celta tan personal y sugerente. "Shadow of Time", publicado por Windham Hill en 1993, supone una continuación del sonido expuesto en su gran disco anterior, "The Parting Tide", pero el cambio de violinista, Johnny Cunningham por Billy Oskay -escocés por norteamericano-, provocó que la recurrente temática en el grupo de la vuelta al pasado y a las raíces celtas esté más arraigada, constituyendo un eficaz incentivo para que la unión de los cuatro miembros y el componente genuinamente celta de los temas sean mayores. Tres años habían pasado desde aquel especial "The Parting Tide", y "Shadow of Time" iba a recoger entre sus doce composiciones, varias que rondaban desde hacía algún tiempo en sus conciertos, como "Shadow of Time", "This Just In" o "Silky Flanks".

Aunque no les importaba la etiqueta bajo la cual se les pudiera vender, los cuatro componentes de la banda volvían a dejar claro en sus entrevistas: "No somos rock, ni pop, ni folk, ni new age: somos Nightnoise". Con esta premisa, y sin presión desde su compañía de discos, hicieron evidente la calidad de su sonido en este álbum en el que Tríona no sólo deslumbra con su voz en composiciones llenas de magia y añoranza como esa maravilla titulada "Shadow of Time" (deliciosa pieza que según ella intenta describir el carácter, muchas veces efímero, del tiempo), sino que además, destacando en este sentido como en el trabajo anterior, compone un tercio de los doce temas del disco -"This Just In" está inspirado realmente en "Jump", de Van Halen- basándose en su instrumento primordial, el piano (la tenue "Water Falls" o "Three Little Nieces" son otros claros ejemplos). A este respecto, las composiciones de Mícheál O'Dohmnaill utilizan la guitarra como base principal, así se escucha en el comienzo del trabajo, la reflexiva "One Little Nephew", si bien su mejor contribución al álbum es la nostálgica y completísima "The March Air", esplendorosa composición con dos caras, que comienza con un majestuoso harmonio, todo un himno que coloca a Mícheál como un compositor y arreglista multifuncional. En las dos aportaciones de Brian Dunning se potencia la flauta (soberbia "Silky Flanks", que discurre entre el ritmo frenético -"como un pura sangre al galope", decía- y el tierno regocijo) y en la de Johhny Cunningham el violín (aunque sólo contribuye con el conmovedor 'aire' "Night in That Land" -que pocos años después de la muerte de Johnny versionará el miembro de Wolfstone Duncan Chisholm para su álbum "Affric"-, éste es sin duda uno de los temas importantes de este completo álbum), destacando cada uno en lo que realmente dominaba. Charles William Glover, violinista inglés del siglo XIX, se cuela en el álbum con una de sus conocidas canciones, "The Rose of Tralee". Piezas como "The March Air", "Shadow of Time" "Night in That Land" o "Silky Flanks" -una de cada miembro del grupo, lo que evidencia la importancia del conjunto-, y por supuesto la tradicional "Fionnghuala", elevan muchos enteros la valoración de este hermosísimo trabajo, si bien hay que mencionar que en "Spanish Arch/A Waltz, B Reel", tema del álbum de Puck Fair (grupo efímero que formaron Mícheál, Brian Dunning y Tommy Hayes) "Fair Play", se anticipaba la mítica melodía de entrada de esta última. La llegada de Johnny Cunningham a Nightnoise supuso una emotiva vuelta a la época del grupo Relativity a mediados de los 80 (justo entre el germen de Nightnoise y el primer disco del grupo con ese nombre, "Something of Time"), cuando dos hermanos irlandeses y otros dos escoceses nos legaron dos discos magistrales, que parecen renacer en cierto modo en este "Shadow of Time". Se consigue aquí además que el reencuentro con la cultura celta sea total y que la música de Nightnoise deje un poco de lado las influencias jazzísticas del ya ex-miembro americano del conjunto, Billy Oskay, que a pesar de su ascendencia irlandesa, seguro que se sentía un poco fuera de esa añoranza tan exacerbada, cuyo punto culminante es la regrabación del tradicional gaélico "Fionnghuala (Mouth Music)", una pieza sencilla pero con una emoción condensada en su escasa duración: clásico donde los haya de la banda Nightnoise, "Fionnghuala" es una canción muy conocida en el ámbito del folclore celta, tanto por su carácter popular (es una pequeña pieza a cappella cuyo título se refiere a una deidad femenina) como porque Mícheál y Tríona la popularizaron durante su estancia en The Bothy Band, donde era punto culminante de sus directos, como lo fue posteriormente en Nightnoise. Realmente Mícheál rescató y grabó la pieza antes de su ingreso en los bothies, ya que venía incluida en su trabajo "Celtic Folkweave", a dúo junto a Mick Hanly, que publicó Polydor en 1974 con la producción de Dónal Lunny y colaboraciones tan importantes como la de Liam O'Flynn; "An Bothán A Bha'ig Fionnghuala" fue el título, y venía recopilada junto a otras piezas tradicionales, algunas tan manidas como "The Banks of Claudy" o una "Bríd Óg Ní Mháille" que Nightnoise volvería a grabar en 1996 para la recopilación "A Celtic Christmas II". Con The Bothy Band, la grabaron en su álbum "Old Hag you Have Killed me", aparte de ser incluida en "The Best of The Bothy Band" y en un disco en directo para la BBC, "Live in Concert", publicado en 1994.

Todo en "Shadow of Time" obedece a unos recuerdos íntimamente ligados a Irlanda, pudiendo decirse que si "The Parting Tide" era una visión del viaje hacia América, "Shadow of Time" es un viaje musical de regreso a su país, algo que acabará sucediendo realmente unos años después. Siendo los nuevos cuatro miembros una pequeña familia, cada uno llega a imponer ciertas ideas e influencias en el conjunto, logrando ese sonido celta tan característico envuelto en un aura de música de cámara. La celta es una música muy melodiosa y se adapta perfectamente a la modernidad, y este disco es la demostración de que se puede conseguir un sonido actual y original sin renunciar a la tradición. Justo diez años después de la publicación de "Shadow of Time" -que incluía a Ramón Trecet en los agradecimientos-, el tiempo hizo deshonor a ese título ensombreciendo las vidas de sus protagonistas, ya que fallecía de un ataque al corazón Johnny Cunningham. Mícheál O'Dohmnaill es el que nos dejaba tres años después, y Brian Dunning pasó a mejor vida en 2022. Así desaparecía para siempre un grupo mítico, sin concretar los proyectos de los que llevaban tiempo hablando, por lo que debemos conformarnos con sus siete álbumes, que continúan presentes en nuestra memoria y en nuestras colecciones.

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3.2.07

NIGHTNOISE:
"The Parting Tide"

Bien avanzado el siglo XXI la música celta ha encontrado acomodo fácil entre muchos otros estilos musicales, demostrando que en la fusión no sólo está el futuro de la música sino también el presente. Sin embargo han pasado varias décadas desde que un pequeño grupo de amigos revolucionó esa forma de ver la tradición de su Irlanda natal. No fueron los primeros, pero el estilo del supergrupo Relativity, que conformaron los hermanos irlandeses O'Dohmnaill -Mícheál y Tríona- y los hermanos escoceses Cunningham -Phil y Johnny-, consiguió más con dos discos que muchos otros en una larga carrera. Relativity vino al mundo poco después de que Mícheál O'Domhnaill decidiera abrir el abanico de sus intereses musicales y grabar el excepcional álbum "Nightnoise" junto al violinista estadounidense Billy Oskay, para Windham Hill. El siguiente paso en esta historia, fue la definitiva adquisición de Nightnoise como nombre del grupo con el que O'Domhnaill y Oskay iban a continuar complaciendo al cada vez más numeroso público que demandaba sones celtas en la conocida, gracias a la revista Billboard principalmente, como música new age. La evidente necesidad de contar con otros músicos para enriquecer su propuesta, así como para presentarla en directo, hizo que Tríona Ni Domhnaill (hermana de Mícheál, con el que había tocado desde siempre) y el flautista (también irlandés) Brian Dunning se unieran al grupo para originar el maravilloso "Something of Time", al que siguió "At the End of the Evening", que si bien presentaba varios clásicos de la banda ("At the Races", "Hugh"), tal vez le faltaba el punto de inspiración que la añoranza de la patria le otorgará a su siguiente plástico, "The Parting Tide".

Después del boom de la música irlandesa en Europa en los 70, el cambio de década supuso un grave declive en la situación de muchos profesionales de la misma, tanto que algunos de ellos cogieron los bártulos y se trasladaron allá donde la cíclica situación hiciera que reinara la prosperidad y las giras fueran populosas por unos u otros motivos. En este caso el viaje iba a ser muy largo, hasta los Estados Unidos, Mícheál O’Dohmnaill radicó en Portland (Oregon), y durante una de esas giras conoció a Oskay y decidieron fusionar estas dos maneras de ver la música e incluso la vida (la tradición irlandesa de Mícheál y la educación jazzística de Billy). Los otros dos emigrantes que se unieron, Tríona y Brian, acabaron de lograr una formación equilibrada, virtuosa y simpática, que fue la que grabó en 1990 este trabajo de esencia navideña titulado "The Parting Tide", que fue publicado de nuevo por el emblemático sello (americano, por supuesto) Windham Hill. La nueva década iba a devolver el interés por lo celta al viejo continente, pero mientras tanto los miembros de Nightnoise continuaban en Oregon, y en este imprescindible álbum es donde aflora decididamente la añoranza de sus raíces. El estilo difícilmente definible del conjunto engloba una evidente tradición celta con jazz, folk norteamericano y un toque peculiar como de música de cámara ("una suma de elementos" -decían los miembros del grupo-, "música de cámara con inclinaciones jazzísticas y sabor irlandés" -aportaba Billy-, "Nightnoise suena a Nightnoise" -matizaba Mícheál-). En "The Parting Tide" se saborea de verdad ese sonido, cada tonada se disfruta de una manera imperturbable en su cúmulo acústico, y la electrónica imprime el toque justo, el pequeño detalle que engrandece el conjunto. El comienzo, "Bleu", es una invitación al desasosiego a través de una melodía dulce y agradable ("un blues con acento francés"), compuesta por Brian Dunning, que decía sobre las variaciones estilísticas del conjunto, que Nightnoise era el territorio común donde confluían lo clásico, lo tradicional y el jazz, pero que no podían ser una banda de alguno de esos estilos en exclusiva. La aportación del flautista en el disco es doble, y es en "The Kid in the Cot", con su apariencia impresionista, donde se deja llevar en una pieza compuesta casi exclusivamente para lucimiento personal y demostración de su dominio de la flauta (dulce, travesera y de pan). En un álbum tan sensacional como éste es difícil elegir canciones destacadas, pero "An Irish Carol" estaría entre ellas, más en su segunda parte, melancólica y magistral en el piano, si bien la parte vocal del villancico es también digna de elogios. Con él emerge Tríona como la gran compositora del trabajo, ya que cinco de las nueve composiciones son suyas: "Jig of Sorts" (que entusiasma con su aire rápido de danza celta), "Through the Castle Garden" (melancólico recordatorio al piano de su origen irlandés, que puede sorprender por su clasicismo) y dos grandísimas demostraciones de la inquietante voz de la fémina del grupo, "Island of Hope and Tears" y "Snow is Lightly Falling". Todas menos esta última aparecen seguidas en el álbum constituyendo una pequeña suite inspirada 'en la larga y ardua lucha de los inmigrantes que cruzaron del viejo al nuevo mundo'. "Snow is Lightly Falling", concretamente, es una gran canción navideña que Tríona escribió durante una gira por Japón: "Estaba sola y lista para ir a casa, para encontrar consuelo me imaginaba estar en medio de un hermoso bosque lleno de nieve, las palabras comenzaron a llegar y al día siguiente le puse a la música". Restan dos temas por mencionar, precisamente de los miembros originales del grupo (desplazados en cierto modo -en especial Oskay- por los que llegaron más tarde), "The Tryst", rítmica composición, acomodada al sentimiento irlandés de la obra por parte de un Billy Oskay que además mezcló el disco en el estudio Nightnoise de Portland, y "The Abbot", pieza entre celta y medieval de Mícheál (en este trabajo desciende notablemente su aportación, en beneficio de su hermana), que además de la guitarra se encarga de tocar algunas flautas (whistles), teclados, voces de fondo y producir el álbum.

En esta célebre época, Oskay se había embarcado en varios proyectos de sesión y de producción en su estudio privado, que acabó trasladando, reformando e incluso cambiando de nombre, de tal forma que Big Red Studio acabó siendo su nueva y glamourosa oferta en Corbett, Oregón. El sonido de Nightnoise había ido cambiando sutilmente con el paso de los discos hasta que Billy decidió dejar paso en su instrumento, el violín, al hoy desaparecido Johnny Cunningham. Sin embargo, Oskay -que nunca hay que olvidar como miembro fundador de Nightnoise- otorgó ese reflejo norteamericano tan necesario en "The Parting Tide", al que muchos tienen como el mejor trabajo de Nightnoise, la atmósfera concentrada en el mismo reunía todos los condicionantes para que el resultado fuera único, magistral, una de las muestras más deliciosas de una banda sencillamente irrepetible, un grupo que, desde la distancia, supo crear su propio sonido para el enriquecimiento de la cultura celta.

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