Solsticio de invierno es una exposición de mis discos favoritos de las Nuevas Músicas, un término paradójico (¿cómo llamar "nuevo" a algo que puede llevar compuesto siglos?) que engloba mercadotécnicamente tendencias musicales con puntos en común. New age, sinfónica, contemporánea, celta, folk, músicas del mundo, bandas sonoras, minimalismo... términos que no deben confundir nuestros sentimientos hacia una música que, a mí particularmente, hace mucho que me cautivó.
13.5.25
FINIS AFRICAE:
"Prima travesía"
24.10.23
GIANNI NOCENZI
"Soft Songs"
Bastante desconocido fuera de su país para los que no están muy metidos en ese mundillo, el rock progresivo italiano contó con un puñado de nombres destacados en los años setenta, cuando ese subgénero del rock era atrevido, experimental y bastante popular. En la actualidad es tan difícil situarse en aquel contexto social y comprender su éxito, como volver al presente y asumir lo que se escucha masivamente en los tiempos actuales. Y es que ese concepto artístico de la música, con planteamientos que combinaban el rock con el folk, con elementos de jazz y adoptando sin miedo intentos de formas clásicas, son difíciles de disociar de una época en la que no había ningún miedo en la escucha de obras conceptuales con largas suites sinfónicas plenas de virtuosismo e instrumentaciones benévolas y espectaculares, en las que ciertas sustancias prohibidas podían tener bastante protagonismo. Aunque no ha desaparecido en la actualidad ni debería hacerlo, la máxima agitación del género en la Gran Bretaña de los setenta originó que en otros países europeos naciera una efervescencia de nuevos sonidos progresivos, y que en Italia los hermanos Vittorio y Gianni Nocenzi, inspirados especialmente por bandas como ELP o Jethro Tull, fundaran en Roma el conjunto Banco del Mutuo Soccorso, referencia indiscutible en en país transalpino junto a Le Orme y Premiata Forneria Marconi, sin olvidar álbumes experimentales del gran Franco Battiato como "Fetus" o "Pollution". Aunque Vittorio continúa desde sus inicios con Banco del Mutuo Soccorso (más de 50 años de carrera en el mismo grupo), Gianni Nocenzi se desvinculó en los ochenta para buscar su propio sonido.
La primera experiencia grabada del autor en solitario, "Empusa", la publicó el sello de músicas avanzadas Venture en 1988, y mostraba una gama de texturas relajantes (especialmente en la suite de la primera cara, "L'occhio, la luna e il lupo, nell' imbuto cosmico"), con aderezos vanguardistas y cósmicos al gusto de finales de los ochenta y principios de los noventa, que en ciertos momentos de la segunda cara pueden acceder a una cierta disonancia, por supuesto buscada. Atrayente por momentos, más en su atrevimiento que en su pulcritud, al menos llamó lo suficiente la atención como para que cinco años después, en 1993, ascendiera un peldaño y fuera la propia Virgin Records la que le publicara su segundo trabajo, "Soft Songs" (que también contó con una edición especial en una caja que contenía el CD y un VHS), orientado especialmente al mercado italiano, aunque con distribución europea gracias especialmente a la contribución de un músico de renombre como Ryuichi Sakamoto. Grabado en Milán, New York, Roma y Tokyo entre noviembre de 1990 y julio de 1992, y producido por él mismo, en "Soft Songs" Gianni convence con más argumentos que en su debut, accediendo a una gran gama de sonidos acústicos y electrónicos, pero dejándose notar especialmente la melodiosidad del piano acústico, el retorno del artista a su instrumento. Sin saber muy bien hacia donde puede conducir la estupenda irreverencia del músico italiano, "Al Principio Dell'Arcobaleno - Part One" es sin embargo un comienzo muy fácil de escuchar y ciertamente disfrutable, una pieza bien construida que comienza con un pequeño ambiente natural hasta que el viento que interpreta Nohirito Sumitomo (el Akai EWI, un instrumento digital que intentaba fusionar, o eso admitía la marca, "la expresividad y el control de un instrumento de viento tradicional con la flexibilidad y creatividad que brinda la tecnología") conduce a la sencilla melodía repetitiva, un a modo de himno cálido con buen gusto en la percusión (de Fabio Napoli), cierta deriva jazzera, posibles acercamientos al sonido más típico de algún minimalista de renombre, y una duración perfecta para su disfrute. Y de repente se hace la voz: en "47th Dawning (Soft Song # 3)" es la inglesa Sarah Jane Morris (famosa especialmente por cantar "Don't Leave Me This Way" junto a Jimmy Somerville en el primer disco de la banda Communards) quien interpreta la canción con el tono teatral preciso que esta intensa y hermosa composición necesita, un corte que despierta a quien no hubiera prestado atención al principio. El texto es de David Coulter. Son sin embargo la variedad y la búsqueda notas principales desde siempre en la música de Nocenzi, por lo que el disco no iba a continuar con la presentación de una sucesión de canciones. En absoluto, Gianni toma el piano y a sus compases libres en "Song of Myself (Soft Song # 4)" se une de nuevo el viento con una tonada romántica con algo de melancolía, algo de folclore italiano y mucho de búsqueda en el jazz, especialmente en su desenfrenada parte final. No es "47th Dawning (Soft Song # 3)" la única canción del disco, de hecho hay paridad entre lo vocal y lo instrumental. Así, "All of You Is Shining (Soft Song # 5)" es un tema de complicada descripción y difícil ubicación si no lo encuadramos de nuevo en una especie de jazz de cámara abierto a otras sonoridades étnicas. Parece raro. Lo es, pero convence. Sonny Southon es su intérprete y la autora del texto. Acto seguido, la última canción del álbum y su primer sencillo, "Mintoi (Soft Song # 1)", con la aportación del vocalista de Cerdeña Andrea Parodi. Una cierta extrañeza atemporal acompaña la pieza, tanto en el tratamiento de la propia voz (de un modo étnico) como en la instrumentación, ausente de convencionalismos, y es que Gianni es de los que se arriesgan, prefiere llevar las canciones a su terreno y romper con las facilidades de las radiofórmulas para construir sus propios castillos en el aire, cuyos muros son los sólidos antecedentes de este osado compositor. "Mintoi" es de una belleza sublime, que proviene de muy dentro, el resultado hay que escucharlo más de una vez pero acaba enganchando por lo auténtico pero a la vez cálido y cercano de este regalo para públicos entendidos y exigentes. Los demás, el oyente que busca la satisfacción puntual, la rapidez de las argucias facilonas, no pasarán de los primeros 30 segundos. Un piano cordial nos da la bienvenida al último corte, "Al Principio Dell'Arcobaleno - Part Two", el más largo del álbum (sin tener aun así una duración excesiva, poco menos de 9 minutos). De nuevo ese jazz apacible y cercano se funde con otras influencias más étnicas, en esta ocasión derivando hacia sonoridades japonesas; no en vano Ryuichi Sakamoto es el colaborador estrella del tema, y posiblemente el nombre más atrayente del álbum, al menos fuera de Italia. Nuevos teclados emergentes y suaves programaciones rebuscan en los rincones para llenar de calidez una pieza (¿acudimos una vez más al término minimalismo cuando no sabemos cómo llamarla?) que acaba de encontrar su sitio con la inclusión del saxo soprano y el Akai EWI de Nohirito Sumitomo. "Empusa" y "Soft Songs" fueron vendidos también en un solo disco compacto en 1998, y en 2016 Gmebooks publicó "Miniature", el último trabajo hasta la fecha de Gianni Nocenzi.
9.2.23
JEAN-MICHEL JARRE:
""Electronica 1: The Time Machine"
Después de padecer los últimos pasos del otrora gigante músico francés Jean-Michel Jarre (definitivamente con guion entre Jean y Michel, aunque en muchos de sus discos nunca lo portara), pocas alegrías se esperaban sus muchos seguidores en la segunda década del siglo XXI. Desde el final del XX, con un perfectamente audible (aunque desde luego no genial como sus obras de antaño) "Metamorphoses", sólo se habían sucedido zancadillas de las que, eso sí, Jean-Michel conseguía levantarse siempre con moral inquebrantable. Y es que hay músicos que no saben o no quieren ver cuándo han llegado a un límite creativo, a una especie de punto sin retorno en el que necesitan encontrar nuevas vías de expresión o retomar viejas inspiraciones. Tal vez ambas cosas. Jarre, otrora ídolo de masas y creador de hits electrónicos sin igual, llevaba unos años sin encontrar ese rumbo idóneo. Incluso renegó oficialmente de algunos de sus discos, desde productos inventados y mezclados en pocas horas por puro compromiso (con "Geometry of Love" acabó contrato por las malas con Disques Dreyfus) como de obras que prometían cosas que no cumplieron e incluso acarreaban sonidos preexistentes en algunos teclados de última generación ("Teo & Tea", su primer disco con Warner). Pero como muerto renacido, la pasión por la electrónica retornó al alma de un Jarre que estaba más cerca de los 70 que de los 60 años, edad que no le impidió contactar con músicos mucho más jóvenes que le ayudaron a sacar adelante un nuevo y ambicioso proyecto que realmente llevaba en su cabeza desde hacía tiempo.
De ahí la tímida esperanza cuando se comenzaron a anunciar unos nuevos pasos de extraordinario interés, que acercarían la música del francés a la de otros nombres propios de excepción en el panorama electrónico mundial, el mismo panorama en el que el de Lyon siempre había sido, con toda razón, admirado. Es cierto que el mundo de la música había cambiado enormemente con el paso de las décadas, pero trabajos como "Oxygène", "Equinoxe", "Zoolook" o el más cercano "Chronologie", no habían perdido ni un ápice de su grandiosidad. Ni lo harán. Durante la ausencia de ocho años de discos de estudio, el músico, cuya vida privada iba en consonancia con su rumbo artístico, no cesó sin embargo de acumular ofertas para ofrecer espectáculos en vivo, y a raíz de su regrabación del glorioso "Oxygène", acumuló varios tours de conciertos de pago que colgaban fácilmente el cartel de no hay billetes. Con la actividad constante, Jean-Michel pareció recobrar la chispa adecuada, y su inspiración obtuvo esas numerosas y aplaudidas ayudas de varias generaciones de músicos, en un proyecto muy especial que iba a volver a otorgarle la popularidad desvanecida. Además, iba a tener contacto directo con ellos, no sólo a través de internet. Columbia Records, subsidiaria de Sony Music, publicó "Electronica 1: The Time Machine" en 2015, con una portada en la que nos recibía un refrescante primer plano del protagonista; y efectivamente se trataba de un divertido viaje en una máquina del tiempo con este listado de temas: el DJ alemán Boys Noize inaugura el álbum en "The Time Machine", un comienzo discreto que no anticipa el aluvión de interesante tecno y pop electrónico que se viene encima a partir del segundo corte, "Glory", sugerente canción con el sello del emergente grupo francés M83, y sencillo principal del álbum. Bien construida, en un suave tono retro deudor de esos colaboradores de lujo que son la banda francesa Air, es "Close Your Eyes", que en un intento de fusión de sus visiones impresionistas (así denomina Jarre al estilo francés) incluyen instrumentos de décadas pasadas como el Moog, el Theremin o el Fairlight, hasta llegar a la tecnología actual, y no se olvidan de las voces distorsionadas por el vocoder. Comienza aquí un acertado viaje a la pista de baile en los dos cortes "Automatic (Part 1)" y "Automatic (Part 2)", separados sin razón aparente, compuestos a dúo con Vince Clarke (Depeche Mode, Erasure, Yazoo), un recuerdo a las melodías del Jarre de años atrás. "If..!" (que fue quinto sencillo) es una nueva canción elegante y pegadiza, que acerca a Jean Michel a nuevos públicos, más jóvenes que sus seguidores de siempre, junto a la cantante británica Little Boots. En su combinación de ritmo y ambiente misterioso, "Immortals" posee un gran encanto electrónico, a dúo con la banda inglesa Fuck Buttons, disuelta en el momento de publicar este álbum. Un toque transcendental pero igual de atrayente posee la siguiente canción, "Suns Have Gone", no en vano la voz y el estilo del tema son de otro nombre de excepción, el de Moby, que no podía faltar a esta cita. Un ritmo aceptable, sin letra, es el del que fuera primer adelanto del disco (aunque el sencillo principal acabó siendo "Glory"), "Conquistador", junto al DJ francés Gesaffelstein, mientras que "Travelator (Part 2)" es más roquera, con la participación del músico británico, conocido por su presencia en la banda The Who, Pete Townshend. La calma retorna con la atmósfera lisérgica de "Zero Gravity", sobre la que emerge el secuenciador como en los tiempos en que Tangerine Dream, los colaboradores en este gran corte, que fue el cuarto sencillo del disco, eran grandes magnates de este tipo de ambientes cósmicos; lo que hace aún más especial a este tema es que el líder de la banda alemana, el gran Edgar Froese, falleció al poco de su grabación. A las mismas galaxias en las que reposa el alma de Froese, parecen ir dirigidas las ondas protagonistas de "Rely on Me", con el recitado de una antigua colaboradora de Jarre ("Zoolook", "Metamorphoses"), la excepcional y también veterana multiartista norteamericana Laurie Anderson. "Stardust" es un nuevo corte tecno que hace despegar los pies del suelo, no en vano es la colaboración con el conocido DJ holandés Armin van Buuren, fan reconocido de Jarre. La protagonizada por 3D (Robert del Naja, de la veterana banda Massive Attack), "Watching You", es posiblemente la pieza más extraña del trabajo, pero eso no le hace ser sobrante en el mismo y convertirse de hecho en su tercer sencillo. "A Question of Blood" es una melodía misteriosa y de película; efectivamente, su coautor es un emblema en esas lides, el fantástico director de cine John Carpenter, creador de piezas de gran recuerdo para películas suyas como 'La noche de Halloween' o 'La niebla'. Por último, piano y sintetizadores hermanados en un final vanguardista junto al chino Lang Lang, "The Train & The River", que no desentona en el conjunto de un álbum que fue bien recibido por público y crítica, logrando muy buenos puestos en las listas de ventas, especialmente en las europeas.
A pesar de que en un principio la noticia aparentaba ser un desfile de nombres ayudando a un músico veterano, a un amigo en muchas de las ocasiones, "Electronica 1: The Time Machine" es más coherente y consistente de lo que podría haber resultado. De hecho, es un trabajo admirable, un golpe sobre la mesa de un Jarre que tenía mucho más que ofrecer de lo que sus últimos pasos advertían, y que a sus 66 años se sentía más joven que nunca para acometer no sólo uno, sino dos discos de colaboración con grandes nombres de la música electrónica. Efectivamente, "Electronica 2: The Heart of Noise" fue la continuación, menos de un año después y con parecido acierto (aunque posiblemente, y esto depende de cada uno, los temas más grandes vinieran contenidos en "The Time Machine"), del primer volumen. Los ayudantes del galo circulaban de nuevo por carreteras electrónicas de prestigio (Pet Shop Boys, Gary Numan, The Orb, Yello, Sébastien Tellier), pinchadiscos o productores de tecno (Jeff Mills, Siriusmo), grandes de la banda sonora (Hans Zimmer) o de la música francesa (Christophe), otras figuras más jóvenes (Rone, Julia Holter, Peaches), elementos destacados del rock (Primal Scream, Cyndi Lauper) o nombres de actualidad que nada tenían que ver con lo musical (Edward Snowden), con mayor presencia del propio Jarre como compositor e intérprete en solitario. "Electronica", en sus dos volúmenes, fue un proyecto mastodóntico de buen recuerdo en el que, lamentablemente, se echaron en falta nombres importantes de los de siempre (Mike Oldfield, Vangelis, Alan Parsons, Klaus Schulze, Michael Cretu...). A cambio, los que había estaban fuera de toda duda, por lo que solo podemos aplaudir la idea del músico de Lyon, que a partir de aquí recobró fama y renombre.
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NATACHA ATLAS:
"Diaspora"
Desde comienzos de la década de los 90, el estilo conocido como ethno-techno fue considerado como una manera en bastantes ocasiones muy digna y perfectamente audible de entrelazar las raíces culturales de determinados pueblos no occidentales con la cultura de baile y de rave occidental, dualidad presentada en la mayoría de las ocasiones en un suave envoltorio de rock y pop, originando una multiculturalidad que en casos como los de Deep Forest, Asian Dub Foundation, Banco de Gaia o Afro Celt Sound System ha logrado un extraordinario y merecido éxito popular. Transglobal Underground, banda británica liderada por Tim Whelan y Hamilton Lee, también exploraba por esos caminos desde antes de 1993 (cuando publicaron su primer álbum, "Dream of 100 nations"), con la presencia de una singular vocalista llamada Natacha Atlas en sus primeros discos, una voluptuosa joven que muy pronto iba a convertirse en diva de lo exótico.
Natacha Atlas es un collage viviente de culturas e influencias. Nacida en Bélgica de padre egipcio y madre inglesa, y criada en Londres, en sus viajes a Egipto y Grecia se dejó influir por las músicas de aquellas culturas, en las que también hubo pioneros con atisbos electrónicos, como el egipcio Omar Khorshid, anticipo de nuevos sonidos en la música árabe. Su llegada a Transglobal Underground vino precedida de varias colaboraciones con el bajista Jah Wobble y el guitarrista Daniel Ash, pero en el conjunto londinense encontró la llave de su carrera futura, cuyo rumbo en solitario empezó con "Diaspora" en 1995, publicado por el mismo multicultural sello que publicaba a los Transglobal Underground, Nation Records. No es baladí que en la elegante portada de este trabajo -así como en el videoclip de su canción principal- aparezca vestida como una moderna Cleopatra, pues con su música intenta unificar oriente y occidente, como la gobernante egipcia quiso hacerlo culturalmente antes del nacimiento de Cristo. Nueve canciones en árabe y tres versiones remezcladas de las mismas pueblan el disco, composiciones de Natacha Atlas, Count Dubulah, Hamid ManTu y Attiah Ahlan, con alguna incorporación de Neil Sparkes o Larry Whelan, pero con la cantante en el corazón de cada uno de los temas. "Iskanderia" era el primero de ellos, una intro que es ya una inmersión eficaz en el mundo árabe, una fiesta que nos proporciona ritmos y sabores de mundos exóticos. "Leysh nat' arak" fue la canción más importante y radiada del álbum, un pegadizo y rotundo segundo sencillo que llama a la paz entre los pueblos, pues está inspirada en los tristes conflictos étnicos y religiosos de países como Israel, Palestina, Irak o Yugoslavia. Natacha busca además respuestas sobre la emigración de su familia hacia Bélgica. El primer sencillo y anticipo del disco en 1994 fue, sin embargo, la última de las canciones propiamente dichas, un buen broche final titulado "Dub yalil", canto de de amor a Allah y a un islamismo que Natacha comenzaba a profesar y que demostraba con la inclusión a comienzo de la canción de una llamada a la oración sobre ritmos dub y trip hop, de manera algo más adormecedora que en cortes anteriores, por ejemplo en "Diaspora", con su gran comienzo ambiental sobre el que se asienta con dulzura la voz de Natacha, complementada con otra masculina, de Neil Sparkes, que eleva las prestaciones de la pieza hacia ese terreno cercano al trip hop tan adictivo, el de una gran canción, subyugante, que ni siquiera fue single del disco. Sí lo fueron, concretamente tercer y cuarto sencillos, "Duden" (intento suave y envolvente de construcción con asomos modernos de ethno beat e incluso new age en una instrumentación que incluye violín, y profundidad en el melifluo tratamiento vocal, con un resultado fabuloso, como lo es realmente todo el trabajo) y "Yalla chant" (más rítmica y bailable -ella también ejecuta en sus directos bailes de bellydance, la popular danza del vientre-, que se deja escuchar con interés aunque no provengas de la península arábiga). Entretanto, "Alhambra part 1" es una especie de puente instrumental donde se aúnan clarinete y oud (ese laúd árabe que aporta un sonido identificativo al trabajo), y "Feres" y "Fun does not exist" son otras dos canciones de gran instrumentación y tratamientos avanzados de la temática árabe, con melodías acertadas y penetrantes, y resultados que incitan al movimiento. Para completar el disco, remixes de "Iskanderia", "Diaspora" y "Fun does not exist". Aunque Natacha no se adentra especialmente en el erotismo oriental, sí que rezuma pasión y sensualidad en sus interpretaciones, y en su directo, más serio que el de Transglobal Underground (calificado como extravagante y dramático), ella acostumbra a llevar un vestuario acorde con la música árabe, incluso ejecutando movimientos de la mencionada danza del vientre. "Con Transglobal el público que venía a vernos era básicamente rock -decía-. En mi carrera en solitario he llegado a otro tipo de público, que podemos definir como menos convencional".
"Un brillante encuentro entre la música norteafricana y los sonidos de baile de Occidente a cargo de la cantante de Transglobal Underground", afirmaba su compañía discográfica, en esa Inglaterra que acogió unas fusiones soberbias de tradición asiática y árabe con música dance, acercándose también al raï y al sonido bhangra. Como productores, su propio grupo afirmaba en su web que "Diaspora" es más o menos un álbum no oficial de Transglobal Underground, basado en la formación en vivo de la época, con el protagonismo especial de Neil Sparkes y Larry Whelan. Esta producción atrevida se mantuvo en parte dos años después en "Halim" (más interesado en las raíces árabes -inspirado, de hecho, en el cantante egipcio Abdel Halim Hafez-) y posteriormente en el despegue internacional definitivo, en 1999, con "Gedida", para irse diluyendo con "Ayeshteni", ser testimonial (solamente un tema, "Janamaan") en 2003 en "Something dangerous" y algo más activa en 2006 con "Mish maoul", cuando Neil Sparkes y Nick Page -con el pseudónimo de Count Dubulah- se hacían llamar Temple of Sound. A partir de ahí, como ya había sucedido en sus últimos trabajos hasta la fecha, Natacha ha continuado su exitosa carrera hasta la actualidad con un nutrido número de productores, incluida ella misma.










