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13.5.25

FINIS AFRICAE:
"Prima travesía"

Quien haya disfrutado de la lectura de la novela de Umberto Eco 'El nombre de la rosa', tal vez recuerde que Finis Africae era el nombre de la muy especial y casi inaccesible sección de libros prohibidos en la biblioteca de la abadía italiana a la que acudían Guillermo de Baskerville y su pupilo Adso de Melk, para investigar una serie de turbulentos asesinatos allí cometidos. Ese Finis Africae simbolizaba lo oculto, y el control sobre ese conocimiento prohibido. Esa idea caló en el interior de un músico tan genial como Juan Alberto Arteche Gual, que decidió tomar prestado ese nombre para su nueva banda de música, afortunadamente no prohibida, pero sí prácticamente inclasificable. Arteche, que falleció en 2018, fue un músico esencial e inquieto en el folk hispano. Fundó un grupo tan recordado como Nuestro Pequeño Mundo, colaboró activamente con Pablo Guerrero, Javier Bergia, Luis Delgado, Luis Pastor, Javier Paxariño, Eliseo Parra y muchos otros. Fue en los años ochenta cuando decidió dar un paso adelante en cuanto a la experimentación en su estudio, como contaba así él mismo en el libreto de la recopilación "A Last Discovery : The Essential Recordings, 1984-2001", publicada en Japón en 2012: "En 1982 tenía ganas de experimentar con otras formas de hacer música y me compré un magnetofón de cuatro pistas donde volqué nuevas ideas que se me pasaban por la cabeza. Me lo pasé fenomenalmente inventando nuevos paisajes, hasta grabar noticias de la radiotelevisión, los niños jugando en el patio de mi casa, y el ruido de mi asistenta cuando limpiaba. Eso me inspiraba y ponía improvisaciones de los diferentes instrumentos que tenía en mi cuarto, guitarras, autoarpas, dulcimeres, mandolinas, flautas..."

Juan Alberto hablaba así también a la revista Nueva Música en 1993: "Toda mi vida he intentado ser más o menos libre dentro de la música y siempre me he encontrado con el muro impenetrable de las compañías discográficas, que tienen sus conceptos de comercialidad". Su visión cambió cuando empezó a mejorar la técnica de las mesas de grabación, y creó entonces su estudio 'El agujero', acicate de su grupo ficticio y principal garantía en la consecución de su sello, Música Sin-Fin, que nació en 1989 (en un principio asociado a Ediciones Cúbicas) y fue la culminación de un sueño del que surgieron como primeras referencias el jazz improvisado de la banda Zyklus, el atrevimiento vanguardista (y revulsivo estético, se calificaba en la web oficial) del jazz-rock de Clónicos y la tercera aventura de Finis Africae, el álbum "Amazonia". Pero es necesario regresar brevemente a los comienzos, cuando Juan Alberto investigaba con ideas aparentemente inconexas: "Un día apareció por mi casa un gran amigo, Javier Bergia, y escuchó lo que estaba haciendo; se quedó muy impresionado y me propuso unirse a mí para así dar rienda suelta a nuestra inventiva ('en la Semana Santa de 1983, los dos solos en la ciudad, sin un duro en los bolsillos, con la nevera llena y la piedra filosofal en el bolsillo', se podía leer también en su web oficial). En 15 días teníamos un nuevo material que nos gustaba mucho y que enseñábamos a todos nuestros amigos, uno de ellos Luis Delgado, que nos propuso hacer un disco. Él se dedicó a mezclar los temas y añadir otros instrumentos que faltaban: bajos, percusión, zanfonas... También se unieron algunos amigos que se reunían en mi casa para oír lo que estábamos haciendo: Olga Román y su preciosa voz, Seju 'Huracán' Monzón (hermano de El Gran Wyoming) y sus saxos y flautas... En fin, en un mes teníamos todo un flamante disco que se llamó 'Prima Travesía'". Este trabajo fue publicado por Grabaciones Accidentales en 1984, y se puede encontrar también con el título del apelativo del grupo, "Finis Africae". Para escucharlo en CD, la compañía madrileña Glossy Mistakes lo reeditó en 2023 con portada diferente y de título "El pulso de la madera", junto a otras ocho canciones inéditas. "Prima travesía" es una completa experimentación sonora con base de jazz y folclore y un uso deslumbrante del estudio, ambientes atrevidos que o bien inducen a un sueño vívido o bien despiertan a una realidad paralela, reflejo de viajes por Sudamérica, el pacifico, o por España, y una propia voluntad creativa por bandera en la que el primer tema se titula "Radio Tarifa", nombre del futuro grupo que iba a publicar su álbum debut en Música Sin-Fin. Dueño de unas vibraciones sorprendentes y únicas, efectista combinación de instrumentos y voces en un ordenado desorden, "Radio Tarifa" da paso a "El secreto de las 12", una pieza llena de detalles, una fiesta para los oídos y un encantamiento de los vientos, que el DJ José Padilla utilizó para amenizar los amaneceres del Café del Mar en Ibiza. Precisamente "El secreto de las 12 (The Secret of 12 O'Clock)" fue el título de una curiosa compilación japonesa que en 2013 publicó EM Records, misma compañía y mismo año de la más completa, y mencionada anteriormente, "A Last Discovery : The Essential Recordings, 1984-2001". "Luna" es una delicia ambiental que se hace muy pero que muy corta, los golpes de la voz son como una impactante llamada a otra realidad, que viaja a otros paralelos en "Zoo Zulú" y regresa a casa en "Juana y Rosalía", donde se filtra lo cotidiano, la realidad diaria que puede ser más original y atrayente que la mayor de las imaginaciones. "Hybla" no necesita cambios de ritmo, sólo hay que prestar atención a sus capas de sonido para sorprenderse con el trabajo que tiene detrás, como "Managua", la penúltima parada de un viaje que concluye en la "Bahía de los genoveses", situada en Almería, un paraíso natural complementado con este espacio sonoro único de nueve fabulosos minutos, un gozoso ambiente del que no quieres irte. 

La portada es enigmática, el sonido mágico, su ubicación parece indeterminada, así como el estilo, en el que se mezcla instrumentación eléctrica moderna con otra tradicional, étnica, y todo tipo de cachivaches de percusión. "Mi instrumento soy yo", decía Juan Alberto Arteche, que en esta primera aventura toca acordeón, adufe (pandero), aulós (una flauta griega que también se conoce como oboe doble), autoarpa, bajo, bombo legüero, cuatro venezolano, guitarra eléctrica, mandolina, cabasa, sicu y quena (flautas de pan), sitar, tambores de hendidura, sintetizador, medusa de llaves, cítaras, corpo, sicu, bote de arroz, reclamo de perdíz, chiflo, TR 808, Polisix, rythmaker y voces; Luis Delgado se encarga de bajo, sintetizador Korg KR 77 y zanfona, y Javier Bergia de darbuka, guitarras acústicas y eléctricas, darbuka, címbalos, caja, oud, tabla, tar, violín y voces. Además, los músicos invitados son Olga Román (voces), Paco Espinosa (bajo), Ignacio 'El buho' (flauta travesera) y Seju Monzón (flauta travesera, quena y saxo). Calificado como un colectivo de músicos que acababan de vivir la Movida Madrileña, Finis Africae rompió moldes con su collage vanguardista alejado en gran medida de la propia Movida en sus planteamientos, con vistas al futuro y hacia una fusión étnico-moderna que acabaría triunfando definitivamente una década más tarde, con el ciclón de la new age y todas sus variantes en los años noventa, en los que Arteche ofreció al mundo grandes discos en su sello Música Sin-Fin, y esa banda irrepetible llamada Finis Africae continúo grabando trabajos tan recordados como "Un día en el parque", "Amazonia" o "Campos de sol y luna".

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24.10.23

GIANNI NOCENZI
"Soft Songs"

Bastante desconocido fuera de su país para los que no están muy metidos en ese mundillo, el rock progresivo italiano contó con un puñado de nombres destacados en los años setenta, cuando ese subgénero del rock era atrevido, experimental y bastante popular. En la actualidad es tan difícil situarse en aquel contexto social y comprender su éxito, como volver al presente y asumir lo que se escucha masivamente en los tiempos actuales. Y es que ese concepto artístico de la música, con planteamientos que combinaban el rock con el folk, con elementos de jazz y adoptando sin miedo intentos de formas clásicas, son difíciles de disociar de una época en la que no había ningún miedo en la escucha de obras conceptuales con largas suites sinfónicas plenas de virtuosismo e instrumentaciones benévolas y espectaculares, en las que ciertas sustancias prohibidas podían tener bastante protagonismo. Aunque no ha desaparecido en la actualidad ni debería hacerlo, la máxima agitación del género en la Gran Bretaña de los setenta originó que en otros países europeos naciera una efervescencia de nuevos sonidos progresivos, y que en Italia los hermanos Vittorio y Gianni Nocenzi, inspirados especialmente por bandas como ELP o Jethro Tull, fundaran en Roma el conjunto Banco del Mutuo Soccorso, referencia indiscutible en en país transalpino junto a Le Orme y Premiata Forneria Marconi, sin olvidar álbumes experimentales del gran Franco Battiato como "Fetus" o "Pollution". Aunque Vittorio continúa desde sus inicios con Banco del Mutuo Soccorso (más de 50 años de carrera en el mismo grupo), Gianni Nocenzi se desvinculó en los ochenta para buscar su propio sonido.

La primera experiencia grabada del autor en solitario, "Empusa", la publicó el sello de músicas avanzadas Venture en 1988, y mostraba una gama de texturas relajantes (especialmente en la suite de la primera cara, "L'occhio, la luna e il lupo, nell' imbuto cosmico"), con aderezos vanguardistas y cósmicos al gusto de finales de los ochenta y principios de los noventa, que en ciertos momentos de la segunda cara pueden acceder a una cierta disonancia, por supuesto buscada. Atrayente por momentos, más en su atrevimiento que en su pulcritud, al menos llamó lo suficiente la atención como para que cinco años después, en 1993, ascendiera un peldaño y fuera la propia Virgin Records la que le publicara su segundo trabajo, "Soft Songs" (que también contó con una edición especial en una caja que contenía el CD y un VHS), orientado especialmente al mercado italiano, aunque con distribución europea gracias especialmente a la contribución de un músico de renombre como Ryuichi Sakamoto. Grabado en Milán, New York, Roma y Tokyo entre noviembre de 1990 y julio de 1992, y producido por él mismo, en "Soft Songs" Gianni convence con más argumentos que en su debut, accediendo a una gran gama de sonidos acústicos y electrónicos, pero dejándose notar especialmente la melodiosidad del piano acústico, el retorno del artista a su instrumento. Sin saber muy bien hacia donde puede conducir la estupenda irreverencia del músico italiano, "Al Principio Dell'Arcobaleno - Part One" es sin embargo un comienzo muy fácil de escuchar y ciertamente disfrutable, una pieza bien construida que comienza con un pequeño ambiente natural hasta que el viento que interpreta Nohirito Sumitomo (el Akai EWI, un instrumento digital que intentaba fusionar, o eso admitía la marca, "la expresividad y el control de un instrumento de viento tradicional con la flexibilidad y creatividad que brinda la tecnología") conduce a la sencilla melodía repetitiva, un a modo de himno cálido con buen gusto en la percusión (de Fabio Napoli), cierta deriva jazzera, posibles acercamientos al sonido más típico de algún minimalista de renombre, y una duración perfecta para su disfrute. Y de repente se hace la voz: en "47th Dawning (Soft Song # 3)" es la inglesa Sarah Jane Morris (famosa especialmente por cantar "Don't Leave Me This Way" junto a Jimmy Somerville en el primer disco de la banda Communards) quien interpreta la canción con el tono teatral preciso que esta intensa y hermosa composición necesita, un corte que despierta a quien no hubiera prestado atención al principio. El texto es de David Coulter. Son sin embargo la variedad y la búsqueda notas principales desde siempre en la música de Nocenzi, por lo que el disco no iba a continuar con la presentación de una sucesión de canciones. En absoluto, Gianni toma el piano y a sus compases libres en "Song of Myself (Soft Song # 4)" se une de nuevo el viento con una tonada romántica con algo de melancolía, algo de folclore italiano y mucho de búsqueda en el jazz, especialmente en su desenfrenada parte final. No es "47th Dawning (Soft Song # 3)" la única canción del disco, de hecho hay paridad entre lo vocal y lo instrumental. Así, "All of You Is Shining (Soft Song # 5)" es un tema de complicada descripción y difícil ubicación si no lo encuadramos de nuevo en una especie de jazz de cámara abierto a otras sonoridades étnicas. Parece raro. Lo es, pero convence. Sonny Southon es su intérprete y la autora del texto. Acto seguido, la última canción del álbum y su primer sencillo, "Mintoi (Soft Song # 1)", con la aportación del vocalista de Cerdeña Andrea Parodi. Una cierta extrañeza atemporal acompaña la pieza, tanto en el tratamiento de la propia voz (de un modo étnico) como en la instrumentación, ausente de convencionalismos, y es que Gianni es de los que se arriesgan, prefiere llevar las canciones a su terreno y romper con las facilidades de las radiofórmulas para construir sus propios castillos en el aire, cuyos muros son los sólidos antecedentes de este osado compositor. "Mintoi" es de una belleza sublime, que proviene de muy dentro, el resultado hay que escucharlo más de una vez pero acaba enganchando por lo auténtico pero a la vez cálido y cercano de este regalo para públicos entendidos y exigentes. Los demás, el oyente que busca la satisfacción puntual, la rapidez de las argucias facilonas, no pasarán de los primeros 30 segundos. Un piano cordial nos da la bienvenida al último corte, "Al Principio Dell'Arcobaleno - Part Two", el más largo del álbum (sin tener aun así una duración excesiva, poco menos de 9 minutos). De nuevo ese jazz apacible y cercano se funde con otras influencias más étnicas, en esta ocasión derivando hacia sonoridades japonesas; no en vano Ryuichi Sakamoto es el colaborador estrella del tema, y posiblemente el nombre más atrayente del álbum, al menos fuera de Italia. Nuevos teclados emergentes y suaves programaciones rebuscan en los rincones para llenar de calidez una pieza (¿acudimos una vez más al término minimalismo cuando no sabemos cómo llamarla?) que acaba de encontrar su sitio con la inclusión del saxo soprano y el Akai EWI de Nohirito Sumitomo. "Empusa" y "Soft Songs" fueron vendidos también en un solo disco compacto en 1998, y en 2016 Gmebooks publicó "Miniature", el último trabajo hasta la fecha de Gianni Nocenzi.

"Soft Songs" se alimentaba de contradicciones, afirmaba el compositor durante la promoción del trabajo: "entre lo acústico y lo electrónico, entre la dulzura y la agresión, entre colores primarios y matices muy sutiles, o intenta hacer convivir en equilibrio esas contradicciones en lugar de proponerlas sólo de forma lacerante". También se agradecía la ecuanimidad entre lo vocal y lo instrumental, aunque todo se sale de la convencionalidad y refleja una búsqueda madurada durante mucho tiempo: "La idea inicial giraba en torno al recuerdo de ciertas pequeñas y suaves emociones, el pretexto para la ambientación de los sonidos y textos fueron señales como el amanecer o el arco iris, capaces de suscitar emociones a menudo olvidadas en la sociedad moderna y, sin embargo, todavía llenas de un enorme poder creativo. 'Suave', entonces, es un término alusivo, que no sólo se traduce como esponjoso, apagado, dúctil, tierno..., sino que también se refiere al uso del software, debido al fuerte peso de la tecnología en la creación del álbum; en electrónica el software representa la parte interna, espiritual de la máquina". Ciertamente, la liberación tecnológica de "Empusa" se suavizó en "Soft Songs" y se convirtió en una accesible reunión de piezas que deben ser escuchadas por cualquier oyente inquieto que no pretenda quedarse aislado en los nombres más conocidos de la nueva música instrumental contemporánea de finales del siglo XX.





9.2.23

JEAN-MICHEL JARRE:
""Electronica 1: The Time Machine"

Después de padecer los últimos pasos del otrora gigante músico francés Jean-Michel Jarre (definitivamente con guion entre Jean y Michel, aunque en muchos de sus discos nunca lo portara), pocas alegrías se esperaban sus muchos seguidores en la segunda década del siglo XXI. Desde el final del XX, con un perfectamente audible (aunque desde luego no genial como sus obras de antaño) "Metamorphoses", sólo se habían sucedido zancadillas de las que, eso sí, Jean-Michel conseguía levantarse siempre con moral inquebrantable. Y es que hay músicos que no saben o no quieren ver cuándo han llegado a un límite creativo, a una especie de punto sin retorno en el que necesitan encontrar nuevas vías de expresión o retomar viejas inspiraciones. Tal vez ambas cosas. Jarre, otrora ídolo de masas y creador de hits electrónicos sin igual, llevaba unos años sin encontrar ese rumbo idóneo. Incluso renegó oficialmente de algunos de sus discos, desde productos inventados y mezclados en pocas horas por puro compromiso (con "Geometry of Love" acabó contrato por las malas con Disques Dreyfus) como de obras que prometían cosas que no cumplieron e incluso acarreaban sonidos preexistentes en algunos teclados de última generación ("Teo & Tea", su primer disco con Warner). Pero como muerto renacido, la pasión por la electrónica retornó al alma de un Jarre que estaba más cerca de los 70 que de los 60 años, edad que no le impidió contactar con músicos mucho más jóvenes que le ayudaron a sacar adelante un nuevo y ambicioso proyecto que realmente llevaba en su cabeza desde hacía tiempo.

De ahí la tímida esperanza cuando se comenzaron a anunciar unos nuevos pasos de extraordinario interés, que acercarían la música del francés a la de otros nombres propios de excepción en el panorama electrónico mundial, el mismo panorama en el que el de Lyon siempre había sido, con toda razón, admirado. Es cierto que el mundo de la música había cambiado enormemente con el paso de las décadas, pero trabajos como "Oxygène", "Equinoxe", "Zoolook" o el más cercano "Chronologie", no habían perdido ni un ápice de su grandiosidad. Ni lo harán. Durante la ausencia de ocho años de discos de estudio, el músico, cuya vida privada iba en consonancia con su rumbo artístico, no cesó sin embargo de acumular ofertas para ofrecer espectáculos en vivo, y a raíz de su regrabación del glorioso "Oxygène", acumuló varios tours de conciertos de pago que colgaban fácilmente el cartel de no hay billetes. Con la actividad constante, Jean-Michel pareció recobrar la chispa adecuada, y su inspiración obtuvo esas numerosas y aplaudidas ayudas de varias generaciones de músicos, en un proyecto muy especial que iba a volver a otorgarle la popularidad desvanecida. Además, iba a tener contacto directo con ellos, no sólo a través de internet. Columbia Records, subsidiaria de Sony Music, publicó "Electronica 1: The Time Machine" en 2015, con una portada en la que nos recibía un refrescante primer plano del protagonista; y efectivamente se trataba de un divertido viaje en una máquina del tiempo con este listado de temas: el DJ alemán Boys Noize inaugura el álbum en "The Time Machine", un comienzo discreto que no anticipa el aluvión de interesante tecno y pop electrónico que se viene encima a partir del segundo corte, "Glory", sugerente canción con el sello del emergente grupo francés M83, y sencillo principal del álbum. Bien construida, en un suave tono retro deudor de esos colaboradores de lujo que son la banda francesa Air, es "Close Your Eyes", que en un intento de fusión de sus visiones impresionistas (así denomina Jarre al estilo francés) incluyen instrumentos de décadas pasadas como el Moog, el Theremin o el Fairlight, hasta llegar a la tecnología actual, y no se olvidan de las voces distorsionadas por el vocoder. Comienza aquí un acertado viaje a la pista de baile en los dos cortes "Automatic (Part 1)" y "Automatic (Part 2)", separados sin razón aparente, compuestos a dúo con Vince Clarke (Depeche Mode, Erasure, Yazoo), un recuerdo a las melodías del Jarre de años atrás. "If..!" (que fue quinto sencillo) es una nueva canción elegante y pegadiza, que acerca a Jean Michel a nuevos públicos, más jóvenes que sus seguidores de siempre, junto a la cantante británica Little Boots. En su combinación de ritmo y ambiente misterioso, "Immortals" posee un gran encanto electrónico, a dúo con la banda inglesa Fuck Buttons, disuelta en el momento de publicar este álbum. Un toque transcendental pero igual de atrayente posee la siguiente canción, "Suns Have Gone", no en vano la voz y el estilo del tema son de otro nombre de excepción, el de Moby, que no podía faltar a esta cita. Un ritmo aceptable, sin letra, es el del que fuera primer adelanto del disco (aunque el sencillo principal acabó siendo "Glory"), "Conquistador", junto al DJ francés Gesaffelstein, mientras que "Travelator (Part 2)" es más roquera, con la participación del músico británico, conocido por su presencia en la banda The Who, Pete Townshend. La calma retorna con la atmósfera lisérgica de "Zero Gravity", sobre la que emerge el secuenciador como en los tiempos en que Tangerine Dream, los colaboradores en este gran corte, que fue el cuarto sencillo del disco, eran grandes magnates de este tipo de ambientes cósmicos; lo que hace aún más especial a este tema es que el líder de la banda alemana, el gran Edgar Froese, falleció al poco de su grabación. A las mismas galaxias en las que reposa el alma de Froese, parecen ir dirigidas las ondas protagonistas de "Rely on Me", con el recitado de una antigua colaboradora de Jarre ("Zoolook", "Metamorphoses"), la excepcional y también veterana multiartista norteamericana Laurie Anderson. "Stardust" es un nuevo corte tecno que hace despegar los pies del suelo, no en vano es la colaboración con el conocido DJ holandés Armin van Buuren, fan reconocido de Jarre. La protagonizada por 3D (Robert del Naja, de la veterana banda Massive Attack), "Watching You", es posiblemente la pieza más extraña del trabajo, pero eso no le hace ser sobrante en el mismo y convertirse de hecho en su tercer sencillo. "A Question of Blood" es una melodía misteriosa y de película; efectivamente, su coautor es un emblema en esas lides, el fantástico director de cine John Carpenter, creador de piezas de gran recuerdo para películas suyas como 'La noche de Halloween' o 'La niebla'. Por último, piano y sintetizadores hermanados en un final vanguardista junto al chino Lang Lang, "The Train & The River", que no desentona en el conjunto de un álbum que fue bien recibido por público y crítica, logrando muy buenos puestos en las listas de ventas, especialmente en las europeas.

A pesar de que en un principio la noticia aparentaba ser un desfile de nombres ayudando a un músico veterano, a un amigo en muchas de las ocasiones, "Electronica 1: The Time Machine" es más coherente y consistente de lo que podría haber resultado. De hecho, es un trabajo admirable, un golpe sobre la mesa de un Jarre que tenía mucho más que ofrecer de lo que sus últimos pasos advertían, y que a sus 66 años se sentía más joven que nunca para acometer no sólo uno, sino dos discos de colaboración con grandes nombres de la música electrónica. Efectivamente, "Electronica 2: The Heart of Noise" fue la continuación, menos de un año después y con parecido acierto (aunque posiblemente, y esto depende de cada uno, los temas más grandes vinieran contenidos en "The Time Machine"), del primer volumen. Los ayudantes del galo circulaban de nuevo por carreteras electrónicas de prestigio (Pet Shop Boys, Gary Numan, The Orb, Yello, Sébastien Tellier), pinchadiscos o productores de tecno (Jeff Mills, Siriusmo), grandes de la banda sonora (Hans Zimmer) o de la música francesa (Christophe), otras figuras más jóvenes (Rone, Julia Holter, Peaches), elementos destacados del rock (Primal Scream, Cyndi Lauper) o nombres de actualidad que nada tenían que ver con lo musical (Edward Snowden), con mayor presencia del propio Jarre como compositor e intérprete en solitario. "Electronica", en sus dos volúmenes, fue un proyecto mastodóntico de buen recuerdo en el que, lamentablemente, se echaron en falta nombres importantes de los de siempre (Mike Oldfield, Vangelis, Alan Parsons, Klaus Schulze, Michael Cretu...). A cambio, los que había estaban fuera de toda duda, por lo que solo podemos aplaudir la idea del músico de Lyon, que a partir de aquí recobró fama y renombre.

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24.11.22

ENIGMA:
"The Screen Behind the Mirror"

La inercia de ventas y popularidad de Michael Cretu bajo el nombre de Enigma tras su tercer álbum, el fabuloso "Le Roi est Mort, Vive le Roi!", continuaba siendo muy exitosa. Aparte de su impulso rítmico y de lo acertado de sus canciones, la crítica (al menos la que poseía criterio y no se dejaba llevar simplemente por los estantes en los que se vendía el producto, que podían abarcar denominaciones como new age, pop, tecno o electrónica) también alababa su incursión en músicas mundiales de diferentes latitudes, a las que este músico nacido en Rumanía sabía imprimir su toque de calidad tecnológica sin entrar ni salir en estilos concretos: "Desde el principio, Enigma ha sido un tipo de música que no está conectada con ninguna tendencia", decía. En 1999, cerca de una década después de su irrupción en el panorama musical internacional con "MCMXC, a.D.", que popularizó los cantos gregorianos modernizados, llegó a las tiendas el cuarto paso de su atrayente aventura, grabado en Ibiza en los A.R.T. Studios, publicado en 1999 de nuevo por una grande, Virgin Records, y con el interesante título de "The Screen Behind the Mirror". 

A la vez que tecnológica, la música de Cretu se volvía más alquímica en cada disco, este artista combinaba elementos dispersos construyendo a partir de la nada y del todo un producto musical que, al que entraba en su juego, le transportaba a lugares únicos, apoderándose del espacio y del tiempo para crear una fantasía musical propia, donde se confunden lo utópico y lo distópico, lo de antes, lo ahora y lo de siempre. "El título del álbum, 'The Screen behind the Mirror', casi podría ser el título de un libro de Jean-Paul Sartre. Lo que quiero decir es que si alguien se mira en un espejo, se ve a sí mismo de la forma en que quiere verse a sí mismo". El Michael Cretu que se ve en el espejo de este álbum es un músico humilde pero conocedor de su clase, de que su música es algo que atrae a mucha gente e incluso les puede conmover y condicionar: "Las canciones y los arreglos del disco tienen varias capas. El álbum ofrece capas emocionales en función de vuestros estados de ánimo y sentimientos, que podéis reconocer y que gustarán a todos. Eso fue lo primero que noté cuando lo terminé". El comienzo, "The Gate", es excitante. A la fanfarria característica de Enigma hay que unir la voz recitante, tan bien utilizada que es capaz de enaltecer al oyente, y el enlace definitivo con una pieza maestra de la música coral como es "Carmina Burana" -concretamente "O Fortuna"- del alemán Carl Orff, en la versión de Schott Musik International, con su correspondiente permiso para evitar polémicas pasadas. Este breve acercamiento será desarrollado enseguida, pero antes llega la energía sin control del segundo sencillo del disco, "Push the Limits", nueva unión de elementos dispersos (cantos de apariencia folclórica, una sensual voz femenina susurrante, un ritmo bien construido que acerca lo tribal a la cultura de club) que se aunan con estilo en una fenomenal labor de producción. Como todos los videoclips de Enigma, el de "Push the Limits" es oscuro, sensual y ciertamente extraño. "Carmina Burana" regresa para adornar "Gravity of Love", el sencillo principal del disco, nuevo éxito de Cretu con la voz de Ruth-Ann Boyle, de la que destaca el compositor rumano su frescura e ingenuidad juvenil. "Probablemente esta parte sea uno de los momentos más fuertes jamás escritos en la música clásica", afirma Michael sobre la pieza de Orff, que añade "atrae instintos básicos". Efectivamente, el músico habla de la gravedad como magnetismo, atracción, esa implicación sensual, incluso sexual, que desbordaba en obras de Enigma como "MCMXC a.D.", y que aparece claramente en la letra y en el videoclip de esta canción. Si "Gravity of Love" tiene la gravedad en su título, "Smell of Desire" parece ingravida. Grandísimo tema, cuyas guitarras poseen un estilo muy cercano a uno de los amigos de Michael Cretu, con el que coincidió pocos años atrás en su lugar de residencia (la isla balear de Ibiza), Mike Oldfield. Muchos han deseado una colaboración de Oldfield en los discos de Enigma, pero no se dio aquí, las guitarras estaban interpretadas, como de costumbre, por Jens Gad, que tiene mucho que ver en algunas de las músicas del álbum y lo co-produce junto a Cretu. "Modern Crusaders" es otra buena canción, con la voz de Cretu y un toque especial por la que bien podría estar incluida en un musical. Suena otra vez Orff, y al final, la "Tocata y fuga en re menor, BWV 565" de Bach. Aunque lo más profundo y descarnado del trabajo se encuentre en este primer tramo, no por ello lo que sigue deja de ser por momentos fascinante, comenzando por "Traces (Light and Weight)", sencilla pero bien construida, elegante en su producción, como la canción que da título al álbum, "The Screen Behind the Mirror". "Endless Quest" es el retorno de las flautas shakuhachi sampleadas que marcaron el comienzo del sonido Enigma, en un instrumental sugerente y con poderosos guitarreos. En "Camera Obscura" vuelve a aparecer "O Fortuna" en un total más deshilvanado, pero realmente es sólo un tema puente hacia la sensual "Between Mind & Heart", que porta un componente angelical y otro muy mundano, incluso étnico. "La gente habla demasiado para lo que tiene que decir", opina Michael al final del disco en "Silence Must be Heard", un clímax final que vuelve a demostrar el buen sonido presente en la obra. Se disfruta de cada detalle de la pieza, los ritmos, los graves, las voces... Cretu demuestra de nuevo que es un maestro del estudio, aunque se había pensado en hacer un gran concierto tras sus tres primeros discos, lo cual se desestimó en favor de trabajar en este nuevo y acertado proyecto. Sandra, Andru Donalds, Elisabeth Houghton y el propio Michael Cretu ponen otras voces, que son tratadas como una ambiental y sugerente instrumentación más. "The Screen Behind the Mirror" estuvo 7 semanas en las listas españolas, alcanzando el puesto número 14 en las mismas.

Michael Cretu afirmaba que a estas alturas el éxito comercial ya no era prioritario para él, que se alegraba de seguir respondiendo musicalmente en un mundo tan competitivo, con un producto fresco y moderno a sus más de 40 años. No sólo la música, el diseño de "The Screen Behind the Mirror" continúa siendo enormemente atractivo, mezclando épocas y conceptos como sucedía en sus obras anteriores, especialmente destacable en "Le Roi Est Mort, Vive le Roi!". El alemán Johann Zambryski, que estuvo nominado al premio Grammy en la categoría de mejor diseño de embalaje por el disco antes mencionado, es el creador de esa imaginería tan fabulosa. Un vinilo naranja publicado en 2018 cambiaba el diseño original por otro de Dirk Rudolph, y aportaría en números romanos la posición de este trabajo en la discografía de Enigma, es decir: 'Enigma IV'. La música era la misma, ese impoluto producto de estudio que desborda magia y lujuria, o como decía la compilación publicada en 2001 con todos sus grandes temas, amor, sensualidad y devoción ("Love Sensuality Devotion").

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18.9.22

AFRO CELT SOUND SYSTEM:
"Volume 2: Release"

'The Imagined Village' es un libro de Georgina Boyes de principios de los años 90, que investiga exhaustivamente en el folclore inglés, concretamente -según reza su subtítulo- en su cultura, ideología y el revival que experimentó en la segunda mitad del siglo XX. El músico y productor inglés Simon Emmerson nombró así en 2004 a un interesante proyecto musical que intentaba revitalizar el rico folclore del Reino Unido, pero Emmerson no era nuevo en la materia, él había producido discos de artistas africanos como Manu Dibango o Baaba Maal (por cuyo trabajo "Firin' in Fouta" estuvo nominado al grammy), y avanzando en las posibilidades de la fusión de sus dos músicas de referencia, la de sus raíces y la que encontró en su trayectoria artística, se había convertido en parte fundamental de otro tipo de música folclórica, más atractiva, avanzada y universal, cuando fundó en 1995 una banda multicultural en la que convivían sonidos de Irlanda y del África occidental bajo un nombre tal vez de entrada algo pretencioso, que pronto se iba a hacer muy popular en medio mundo por lo acertado y excitante de su sonido: Afro Celt Sound System.

Esta agrupación multicultural de músicos publicó "Volume 1: Sound Magic" en 1996, disco que sorprendió al panorama musical por su eficaz fusión de estilos que aunaba sonidos étnicos con pop y ritmos avanzados. El 1 del título auguraba nuevos pasos, de hecho ellos consideraban a su primer disco como un experimento, que inició un largo camino. El segundo fue, dijeron, "el nacimiento de la banda". Destacable fue la ambición que originó en el grupo la superación para esa increíble segunda entrega, "Volume 2: Release", publicada por Real World records en 1999. Este volumen 2 del proyecto era más global y avanzado -un paso mas allá de lo celta, aunque todavía sin ser muy afro, igual que en el primer volumen-, rebosante de calidad y con ciertos cortes de fácil radiación que les hicieron destacar del panorama celta más común. En el corte inicial, por ejemplo, cuentan con la voz de una Sinead O'Connor de gran actualidad durante toda la década: "Release" es una obertura espectacular, una de esas canciones bien construidas, bien interpretadas, de fusion sibarita que llama al movimiento sin olvidarse de un desarrollo cálido y ameno. En otro de los grandes cortes del trabajo, "Éireann", la voz africana convive con la celta en un collage con gaitas y flautas que configuran una hermosa base musical para un resultado sorprendente, ciertamente fabuloso, uno de esos temas que reúnen todo lo necesario para sonar sin cesar bajo cualquier pretexto. Antes de este "Éireann", "Lovers of Light" es un movido reel electrificado, un recurso bien elaborado y adaptado a los nuevos tiempos, sin acabar de perder su esencia. Nunca faltarán las bandas que elaboren esta música en su forma mas tradicional, así que hay que agradecer este otro tipo de intentos que quedan ahí, sin dañar a nada ni nadie, para un público más avanzado o simplemente inquieto (es preciso recordar que un año antes, el asturiano Hevia había publicado su famoso "Tierra de nadie"). También instrumental aunque más calmado es "Urban Aire", y en la excitante "Big Cat" -otro de los cortes destacados del álbum- hay muestras de una dinámica percusión africana junto al bodhran y juguetones whistles. "Even in my dreams" e "Hypnotica" se imbuyen de cálidos ritmos triphoperos, esta última con un espléndido tratamiento instrumental con sones de arpa y flauta en un entorno cibernético, logrando un conjunto verdaderamente hermoso. Como sucedía en "Éireann", no faltan maravillosos pasajes de instrumentación celta en la semivocal "I Think Of...", tras la percusiva "Riding the Waves", un trance disfrtable especialmente en directo. Para terminar, la versión sin versos del corte inicial, el glorioso "Release", no tan impactante como su momento vocal pero de buena resolución. El álbum alcanzó el número 38 en las listas de ventas del Reino Unido y el 6 en el Billboard estadounidense. Simon Emmerson (guitarra, programación, teclados), James McNally (teclados, flautas irlandesas, bodhran, acordeón), Iarla Ó Lionáird (voz, letras y traducciones), Martin Russell (teclado, programación), N'Faly Kouyate (voz, kora, balafón, letras en francés y africano), Myrdhin (arpa celta) y Moussa Sissokho (tambor parlante, djembe) eran la base del grupo, con los cuatro primeros como compositores principales del grueso de las canciones. Además, las estupendas contribuciones de Ron Aslan (programaciones), Ronan Browne (gaita irlandesa), Michael McGoldrick (gaita irlandesa), Sinéad O'Connor (voz), Ashley Maher (voz), Johnny Kalsi (dholak, tablas), Nigel Eaton (zanfona) y Youth (bajo). El diseño gráfico del trabajo vuelve a ser tan colorido y atrevido como la propia música.

Partiendo de la excepcional base desplegada en el volumen 1, y marcados por la muerte del teclista Jo Bruce, la banda enfocó su duelo hacia un enorme y profundo homenaje que no porta tristeza sino unas enormes ganas de vivir, logramdo la superación total en un "Volume 2: Release" que propone un hechizante enfoque urbano a la tradicional música celta, ahondando en la estética trip hop con altas dosis de etno tecno, es decir, trip hop celtoide con una electrónica suave, agradable, nada machacona. En su nombre se conjugan lo afro y lo celta, y en su música también se suele acoplar lo oriental, una combinación tan peligrosa en general como rica y efectiva en esta ocasión, plena de canciones tremendamente glamourosas. El impacto global del conjunto iba creciendo y acaparando reconocimientos, como la nominación de este "Volume 2: Release" a los premios grammy en la categoría de Best Global Music Album en el año 2000, donde alcanzó el premio Caetano Veloso por "Livro". Aun así, el camino de la banda no había hecho más que comenzar, y su siguiente paso, "Volume 3: Further in Time" sería incluso más popular (especialmente en norteamérica, con un número 1 en el Bllboard), gracias a la colaboración de Peter Gabriel..

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7.7.22

SUSO SAIZ:
"Un hombre oscuro (Live solo performances 1990/1994)"

¿Qué podría querer un hombre oscuro? Suso Saiz y Pablo Guerrero nos regalaban con esta pregunta en 1995 una de las cumbres de la poesía musical española, un emocionante himno de la experimentación ambiental que venía contenido en el álbum "Un hombre oscuro (Live solo performances 1990/1994)" del músico gaditano Suso Saiz, afamado productor y nombre importante en muchos frentes musicales hispanos desde los 80, cuando fundó la Orquesta de las Nubes junto a Pedro Estevan y María Villa. Su carrera en solitario comenzó en 1984 con obras que jugaban con la experimentación electroacústica y minimalista como "Prefiero el naranja" y "En la piel del cruce", encontrando en 1991 con "Símbolos" el culmen expresivo de un proceso muy laborioso en el que Suso escogía siempre conscientemente, así lo ha declarado, el camino más difícil, a la postre el más satisfactorio para su expresión. Y tampoco excesivamente fácil para el oyente, cabría añadir, pues obras como esa presentaban un opulento desfile de atmósferas insólitas, algunas muy ágiles y audibles pero otras provenientes del inframundo que se aloja en la cabeza de este singular artista, cuyos tapices sonoros siguen siendo de obligada escucha por aquellos que trabajan el sonido, y de continua búsqueda por parte de coleccionistas de vinilo.

"Hypnotics" fue la obra que siguió a "Símbolos", y en ella las texturas abstractas ocupaban un espacio continuo de más de 50 minutos, industrial por momentos, suavizado y parcialmente respirable en otros, con falsas voces electrónicas y las siempre trabajadas guitarras texturadas ocupando el tiempo nocturno del músico: "Como padezco insomnio, cojo la guitarra y comienzo a improvisar música monótona, hasta que me quedo plácidamente dormido. Este disco es, ni más ni menos, una nana, que surge de fundir más de 80 de esas improvisaciones en un solo tema". Este fue el momento, también, de la conocida sintonía de "Al filo de lo imposible" y el comienzo de un largo coqueteo con la música para cine, que aumentó su renombre y le hizo acumular proyectos. Su obra en solitario (amén de las producciones y los trabajos con Jorge Reyes, Steve Roach y otros) continuó con los ambientes tranquilos, muy trabajados, de "Mirrors of Pollution" (con la ayuda de buenos amigos como Glen Vélez, Javier Paxariño, Pedro Estevan, María Villa, Gonzalo Lasheras o Tino di Geraldo, con motivos extraños, piezas memorables -"Searching Signs", por ejemplo- y detalles curiosos como la trompeta de Matthew Simon o el acordeón de Joxan Goikoetxea), y en 1995 llegó, de la mano del admirable y avanzado sello español Hyades Arts, "Un hombre oscuro". Remezclado a partir de grabaciones en vivo recogidas en Madrid, Barcelona, Berlín, Caracas, Mexico DF, Viena, Sevilla, San Sebastián y Logroño, "Un hombre oscuro" se mueve entre poesía urbana y atmósferas extrañas, por cuyas puertas entreabiertas se cuela la luminosidad de las guitarras, en pequeños prodigios de ingeniería sonora que, juntos, conforman toda una ciudad que alberga una multitud de almas desesperanzadas, sin tiempo para alegrías, ilusiones o placeres inconfesables, en definitiva tan oscuros como el título. Comienza con "Vestido transparente", un poema lacrimógeno escrito y recitado por Javier Corcobado, en el que Suso reafirma su idea de que "vivimos entre porquería y es preciso que lo sepamos". Ese era el planteamiento de los directos, salir de ese blanco y negro era una cuestión personal del oyente. Tras el poema de Corcobado, una sucesión de rasgueos de intensidad progresiva sobre un ambiente brumoso rompe el silencio y, en su clímax, casi la propia existencia ("De la soledad solidaria"). La disonancia que le sigue ("Es la melancolía de un mosquito") se va deshaciendo en un ambiente marítimo al que le alcanza la noche, con sus sonidos turbadores y voces amenazantes ("Que cruza el horizonte vida"). La bruma de la mañana se alza, onírica, escondiendo criaturas misteriosas ("El reflejo de un instante"), y no llegará a despejarse hasta bastante después, cuando efectos de radio introduzcan unos acordes más luminosos, que descansan sobre otra relajante, casi celestial, atmósfera ("Para observarse observado"). Eso da paso, enseguida, al gran poema de Pablo Guerrero que da título al disco, unos minutos magistrales que suponen un hito (poco conocido, lamentablemente) en la música experimental española. La sorpresa se da cuando, tras un largo silencio de más de tres minutos, y como tema escondido en el CD, otro interesante ambiente de casi diez minutos culmina la obra. Suso es voraz, imaginativo y experimental, y es precisamente por ahí por donde huye de la melodía fácil y de la comercialidad, ofreciéndonos en sus obras miles de mundos: texturas de guitarras que denotan una labor de estudio de la que es un maestro, ambientes enraizados en una experimentación sonora que delata una mente inquieta, paisajes calmados que contienen mundos, retazos escondidos de otros estilos como jazz ambiental, una tranquila electrónica fusionada con guitarras experimentales a lo Robert Fripp, hacia el rock de sus admirados King Crimson, paisajes muy new age o, a su modo, ese minimalismo que admira desde que Luis de Pablo se lo descubriera. Drásticos o suavizados, la mayoría de estos caminos se pueden encontrar en un trabajo como "Un hombre oscuro (Live solo performances 1990/1994)", en el que Suso interpreta guitarras eléctricas, guitarra E-bow, loops, radios, atmósferas y ambientes. 

Una composición como "Un hombre oscuro" no podía perderse en el tiempo. En 2016 la avispada compañía holandesa Music From Memory publicaba el recopilatorio de Suso Saiz "Odisea", en el que el poema aparecía junto a otros temas importantes como "Para que pasen las termitas", "Prefiero el naranja" o "Sé que estás ahí". El rescate -aunque minoritario- es tan acertado como prioritaria la inclusión de tamaño tema en el primer puesto de la compilación, y es que Music From Memory conoce de sobra a Suso, no sólo le ha publicado ese recopilatorio y sus últimas obras, sino que recuperó también su trabajo con "Música esporádica" y preparó otra recopilación propia de la Orquesta de las Nubes, titulada "The Order of Change", evidentes signos de la pasión que por este artista sienten fuera de nuestro país. Él no lo duda, sigue reivindicando una forma especial de crear arte musical, delirios de un alarde técnico de gran magnitud firmados por un nombre bien cercano a nosotros, un productor de lujo con muchos amigos y grandes referencias. Prácticamente todas interesantes, en esta nos encontramos además con dos poemas que llegan, cada uno a su manera, a las entrañas, especialmente ese "Un hombre oscuro" que escribió el atrayente poeta y cantautor extremeño Pablo Guerrero.

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23.6.22

KRAFTWERK:
"Radio-Activity"

Düsseldorf, Alemania, 1975. Ha pasado un año desde el éxito de "Autobahn" y el grupo electrónico Kraftwerk continúa trabajando en sus míticos estudios Kling Klang, ya plenamente equipados. Precisamente Kling Klang es el nombre del sello creado por ellos para publicar y tener pleno control sobre su música, aunque la distribución fuese de EMI o de su filial Capitol Records. Con la base del dúo formado por Ralf Hütter y Florian Schneider, y la reciente incorporación del percusionista Wolfgang Flür, el cuarteto -la formación más mítica de la banda- acabó de completarse con otro percusionista, Karl Bartos. Juntos grabaron y autoprodujeron un nuevo álbum atractivo y avanzado para la época, "Radio-Activity" (Kling Klang, 1975, titulado "Radio-Aktivität" en Alemania), tras su primera gira por los Estados Unidos. Fue allí donde surgió el título del nuevo álbum, el quinto de la banda, por el sistema de emisoras de radio de Norteamérica, tan distinto al de Alemania y toda Europa en general. Pero enseguida la canción principal y la temática general del trabajo derivarían en parte de otra manera, enfocadas conceptualmente hacia la radioactividad (aunque manteniendo el doble sentido gracias al guion que separa Radio y Activity), el peligroso proceso de emisión de radiación descubierto por Henri Becquerel y popularizado por el matrimonio Curie. 

El pop electrónico alemán comenzó en los años setenta su conquista del mundo, aunque antes de la adoración hacia este grupo existió una cierta incomprensión ante su propuesta fría y diferente. Al contrario de lo que muchos opinaban, que a Kraftwerk la música le venía ya hecha al trabajar con la más moderna tecnología, la creatividad tenía realmente que imponerse para salir adelante. Dando a veces palos de ciego, ellos mismos tuvieron que construir sus propios equipos, así como improvisar con los difíciles artilugios que iban adquiriendo, como el teclado Vako Orchestron comprado durante su gira estadounidense. Al final, hay mucho de natural en la tecnología, en el trabajo con ordenadores, pues si no hay ideas propias y creatividad, jamás se va a conseguir destacar en el difícil y competitivo mundo de la música electrónica. Ellos, de hecho, trataron de normalizar ese supuesto mundo futuro, el de las máquinas, desde la naturalidad de temáticas como las autopistas, la radioactividad, los trenes o el ciclismo. Mucho transporte público, por cierto. Tras la cercanía melódica de "Autobahn", en "Radio-Activity" se marca una pequeña vuelta a la experimentación con sonidos extraños (la temática lo permite), muy tecnológicos, un sonido distinto al de los demás sin usar de hecho guitarras o flautas. Aunque esto les proporcionó alguna mala recepción crítica, en general el álbum fue un nuevo éxito (especialmente en Francia, donde alcanzó el número 1) y ha conseguido ser recordado como otro logro de los alemanes. En este disco, Kraftwerk juega con el oyente, con el miedo a lo desconocido en una generación, con el respeto a la radioactividad, y lo traslada al campo de la música, pero no en el nivel de ese tipo de música poco comprendida en esos momentos de despegue, la electrónica de teclas, botones y clavijas, la de sonidos sintéticos y deshumanizados... No, Kraftwerk no juegan en esa liga, a pesar de situarnos en los años 70 su propuesta electrónica es vital, novedosa y adictiva, y a pesar de que el tema a tratar sea poco agradable, aplican una perspectiva lo suficientemente entretenida como para convencer a sus ya numerosos seguidores y atraer a un nuevo tipo de público. Eso no quita que algunos de los cortes del disco sean puramente ruidosos y experimentales ("Geiger Counter" -un comienzo lógico que mide el nivel de radiación-, "Intermission", "Uranium"). "Radioactivity" es la composición estrella del álbum, el single de éxito del mismo, con características de canción (una letra sencilla y frívola) y un teclado pegadizo, en un todo envolvente con efectos y pulsiones de misterio invisible (y el deletreo en código morse de 'radioactividad'). A continuación, "Radioland" no deja de parecer una canción de amor, una balada, pero con un buscado romanticismo frío, nórdico. "Airwaves" compensa la situación al extraer sonidos silbables y cálidos de un theremin. La cara A del plástico finaliza con sonidos de radio en "News". En la B, el vocoder en "The Voice of Energy" da paso a "Antenna" (que venía incluida en el sencillo de "Radioactivity"), un experimento rítmico con voces y sonidos, que anticipa futuros momentos tecno-pop de grupos como Depeche Mode o OMD. "Radio Stars" es pura vanguardia en cuyos tres minutos y medio suena una alarma muy poco musical, un atrevimiento plausible que deviene en el simpático tema de cierre del trabajo, "Ohm Sweet Ohm", especulación sonora provista de una particular belleza, tras el intento melódico sin voces de "Transistor" (lo más cercano al folclore imaginario del álbum, junto a la propia "Ohm Sweet Ohm"). La oscura portada original, obra de su amigo Emil Schult que mostraba un antiguo modelo de radio alemana, fue reemplazado en las reediciones a partir de 2009 por el símbolo de la radioactividad. Tanto color cálido para algo tan peligroso da, curiosamente, un poco de mal rollo. 

Bien por repercusión en la época, bien por influencia posterior, Kraftwerk es un grupo prioritario, pionero tanto en su estilo musical como en un concepto, una imagen potente y chocante, imitada por muchos grupos, recordada por otros, con guiños en la cultura popular actual (en películas -'El gran Lebowsky'- o dibujos animados -'Los simpsons', 'Gumball'-) y un olvido difícil entre la mediocridad general. Con enorme confianza en lo que estaban haciendo, Kraftwerk dibujaron las líneas maestras de un estilo muy amplio, sentando las bases de una nueva era en la música. Kraftwerk es al tecno como el hombre al mono o los caminos a Roma, parece que todo conduzca a ellos, que su influencia envuelva cualquier atisbo de genialidad posterior. Lo que ellos definieron como una mezcla entre pop, música concreta y ritmos funky, comenzó a tener verdadero éxito en su cuarto plástico, "Autobahn", pero la mayoría vocal de "Radio-Activity" le hace ser, a la espera de sus siguientes éxitos populares, una especie de confirmación del conjunto, un claro ejemplo pionero de synth pop o de electropop, mejorado muy pronto por la propia banda. El pasado quedaba definitivamente atrás, este trabajo impone una realidad demoledora, un tren al que se van a subir con el tiempo muchos grupos y artistas.

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20.4.22

SCHILLER:
"Tag und Nacht"

Con unos comienzos anclados en el trance característico de nombres ilustres como Robert Miles o Paul van Dyk, pero aderezada su propuesta con elementos étnicos que pueden recordar a bandas del estilo de Enigma o Deep Forest, en la música electrónica de lo que comenzó siendo el dúo alemán de nombre Schiller (formado por Christopher von Deylen y Mirko von Schlieffen), se fue haciendo cada vez más notoria además la presencia de canciones, acercándose su estética dance al electropop germano. Esto ocurrió especialmente cuando su sorpresivo debut, "Zeitgeist" (1999), dio paso en 2001 a un "Weltreise" ("Voyage" en la edición internacional) que alcanzó el número 1 en Alemania, gracias a la combinación de trance y canciones más asequibles para el gran público. Mirko sin embargo decidió no continuar con esa unión, y dejó a Christopher con la denominación Schiller en solitario. Así se originó "Leben" ("Life") en 2003, que a pesar de no alcanzar el anterior número 1, continuó afianzando el reconocimiento y enorme éxito de Schiller con un nuevo disco de oro, dando paso dos años después a la consagración internacional con "Tag und Nacht". otro de sus álbumes con las características portadas basadas en pictogramas, obras de la alemana Katja Stier.

"Day and night" es la traducción y título internacional de este álbum publicado en 2005 por Island Records. Schiller habló así acerca de esa denominación: "El título del disco me llegó cuando tenía el álbum hacía la mitad. Hice algunas pistas y me pregunté qué temas me habían inspirado. En este caso pensé que había sido una especie de contraste. Día y noche parecía ser la descripción ideal". Una circunstancia destacable en un primer vistazo de los trabajos de Schiller son las interesantes colaboraciones contenidas en los mismos. En cuanto a las voces, la soprano Sarah Brightman había participado en "Leben", aquí lo hará Moya Brennan, y años después Ana Torroja, pero también importantes instrumentistas sonarán en sus álbumes, como Klaus Schulze o como, en este "Tag und nacht", Mike Oldfield. Un Oldfield con el que Christopher von Deylen iba a tener relación bilateral este año, y no deja de ser curioso el título del disco de ese mismo año en el que Schiller y Oldfield cruzaron colaboración, el también dual "Light + Shade". Día y noche, luz y sombra, ¿casualidad? Esta colaboración, que produjo los temas "Nightshade" para Oldfield y "Morgentau" para Schiller, se produjo por internet durante unos cuatro días -recuerda Christopher-, aunque al final ambos se acabaron conociendo personalmente. Los trabajos de Schiller, dentro de la estética dance (con asomos al trance, al ethno, al chill out o al downtempo) son trabajos amenos, variados y muy bien producidos, como se demuestra en este disco que comienza con "Willkommen", presentación de una sonoridad majestuosa, donde la voz directamente golpea al oyente, que tiene que obedecer al impulso de continuar escuchando. Schiller utiliza bien las voces, la de "Nachtflug" es una repetición sampleada pero de nuevo estimula y ayuda a recrear una atmósfera excitante junto a la melodía suave, en contraposición al ritmo y a los loops electrónicos, que sin ser excesivamente fuertes sí que se muestran adictivos. En definitiva, un gran ambiente de club. Dos fueron los sencillos del trabajo: El primero fue "Die Nacht... Du Bist Nicht Allein", un pop electrónico bien construido, con la colaboración del rapero Thomas D. (con el que llevaba años intentando hacer algo juntos) y su esposa Tina Dürr, y un videoclip rodado en Berlín, en el que se ve por primera vez a Christopher von Deylen en sus videos. El del segundo single, "Der Tag… Du bist erwacht", fue rodado en Barcelona. La canción, con la voz de Jette von Roth, lleva el ya inconfundible sello Schiller. También Jette interpreta la radiofónica (pegadiza en cierto modo) "What's Coming", pero la gran voz del disco llega en "Miles and Miles", una de esas colaboraciones que sin duda engrandecen cualquier trabajo en el que participen, aunque no se entienda que no se conviertan en sencillos del mismo: Moya Brennan deja su sello en esta canción que combina lo etéreo de su garganta con la contundente percusión y el ambiente tecnificado. Moya repetirá más adelante en el disco en "Falling", una segunda aportación que si bien no supera a la primera, deja su marca inconfundible en una canción que sigue los patrones de la música disco. Varios instrumentales ayudan a compensar la importancia vocal en el trabajo, por ejemplo "Sonnenaufgang" (con cierta pegada aunque algo plano, dejando adivinar un pequeño toque étnico en el detalle del coro, y es que el disco está salpicado por momentos de luz), "Schritt der Zeit" (pequeño instrumental rítmico no muy afortunado, que no es sino un puente hacia la canción "I know"), un movido viaje a la India titulado "Berlin Bombay" (poco original pero sin duda efectivo, que contribuye en hacer del disco algo variado y entretenido) y especialmente el muy atrayente "Morgentau", donde los teclados de Schiller se funden con la guitarra de Mike Oldfield en un océano de ritmo de refrescante oleaje. Nuevas canciones del tramo final son "I Saved You" (de las más bonitas del disco, con la voz de Kim Sanders, una musa estadounidense del eurodance, habitual en los discos de Schiller) o "Sleepy Storm", canción curiosa que le hubiera sentado muy bien a la voz de Moya, pero que queda un poco deslucida en la de, una vez más, Jette von Roth. El corte final, "Eine Stunde", presenta sonoridades del estilo Vangelis, es como un final corto para película, que de hecho se utilizó en el film 'Yamamoto's Labyrinth'. A "Tag und Nacht", que fue disco de oro en Alemania, le siguió una exitosa gira (no sólo por Alemania sino por primera vez en otros países) y a la propia obra, que también tuvo una edición especial con un CD bonus con canciones nuevas, le siguieron los discos en directo, "Tag und Nacht auf Tour" y "Tagtraum".

Berlín fue la ciudad (maravillosa pero absorbente, por lo que en el futuro, tras 15 años viviendo allí, la abandonó por lugares más tranquilos) en la que Schiller creó este trabajo, y en él están reflejados muchos de sus contrastes, pero el espíritu viajero de este alemán también tiene presencias importantes en su obra, y es que por ejemplo en 2000, Christopher participó con su padre durante seis semanas en el rally de coches clásicos Londres-Pekín, con las lógicas influencias asiáticas recogidas en "Tag und Nacht". Esa fue sólo la primera de varias experiencias de ese tipo por todo el mundo. Sin embargo, hay que reconocer que el fenómeno Schiller no sólo está centrado en Alemania, sino que su éxito es fundamentalmente alemán. Posiblemente esto se deba a los cauces de distribución y radiodifusión de un tipo de música que, fácil de escuchar, no es realmente fácil de admirar, siendo más común el interés hacia las fórmulas clásicas del pop y del rock (guitarra, bajo, batería). En la música dance, además, la música de Schiller es demasiado acomodaticia y mezclada con elementos étnicos como para ser reconocido en ese mundo de club. Aun así, de justicia es de admitir que la escucha abierta de discos como "Tag und Nacht" es fácil y agradable, su producción es impoluta, y la maniobra de conseguir la participación de nombres como Moya Brennan o Mike Oldfield, aparte de una declaración de intenciones, fue un admirable acercamiento hacia nuevas formas de gran calidad.

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9.11.21

MOBY:
"I like to score"

Un DJ surgido de la miseria del Nueva York de los años 80. Un joven cristiano, blanco y heterosexual frecuentando clubes repletos de gays negros y latinos. La droga, la muerte y la podredumbre en cada esquina de Manhattan. Moby (Richard Melville Hall) cuenta en el primer volumen de su biografía, 'Porcelain: Mis memorias' (publicada en 2016 y traducida al español por la editorial Sexto Piso), su interesante y convulsa vida como DJ en la 'gran manzana' y sus primeros pasos en el negocio musical hasta la aparición del mítico "Play", y la lectura es tan apasionante como la escucha de ese disco lleno de referencias. Pero "Play" tuvo varios antecedentes que no alcanzaron su estatus, pues Moby se movía por otros terrenos más farragosos. Algunas de esas ideas primarias, sin embargo, merecieron levantar la mirada y, en algún caso, abrir la boca con estupor.

Moby había formado parte de la banda de punk Vatican Commandos, y ese tipo de música volvió, como una muestra más de rebeldía personal, en un determinado momento de su carrera, pero fue en la música ambiental, el tecno y la cultura rave de donde emergió DJ Moby, con su enclenque pero desenvuelta figura, creando himnos para los clubes en los que trabajaba. "Go" fue su primer y sorpresivo hit, pero la versión primaria de esta canción (publicada en varios sencillos y en su primer larga duración, "Moby", en 1992) fue superada ampliamente cuando en 1997 Mute Records decidió editar con el título de "I like to score" un recopilatorio con una docena de temas de Moby que habían formado parte de los soundtracks de varias películas, algunas de ellas de cierto éxito. Poco antes de ello, y fascinado -como toda una generación- por la serie de David Lynch 'Twin Peaks', así como por la música de Angelo Badalamenti que la adornaba, una noche tras ver un capítulo de la misma, se le ocurrió utilizar la conocida cadencia de "Laura Palmer's theme" para mejorar el ya existente tema "Go". Así surgió la nueva versión de "Go" que se incluye en "I like to score", único de los temas que no figura en ninguna película sino que contiene las notas del grandioso tema de Laura Palmer. "Novio" fue, sin embargo, la elección para abrir el disco, un ambiente delicado, casi religioso por las voces introducidas, y con notas cristalinas de teclado, una pieza elevadora, nada de club ni pista de baile, que se utilizó en la película 'Double tap'. A continuación, una buena adaptación del tema de 007 para 'El mañana nunca muere' ('Tomorrow never dies', decimoctava entrega de la serie de James Bond) con el título "James Bond theme (Moby's re-version)". Tras "Go" llegan una no muy audible -salvo para una rave un poco pasada- "Ah-ah" (del film 'Cool world'), la funky "I like to score" (desarrollo plano pero rítmico de nuevo para 'Double tap'), "Oil 1" (ambiente sensual con movimiento para 'The saint') y "New dawn fades", versión de la canción del fallecido ex-lider de Joy Division, Ian Curtis (donde sorprende la entrada pesada, rockera, anticipo de la primera canción propiamente dicha del disco, un heavy metal de fácil escucha). Es aquí donde se paran las máquinas, porque llega la verdadera joya del álbum, que había sido creada dos años antes -con una duración algo mayor- para el disco "Everything is wrong". ¿Cómo definir esta maravilla ambiental con mayúsculas, que se escucha -como la anterior- en la película 'Heat', de Michael Mann? En un momento complicado sentimentalmente, Moby creó de la nada una de las esencias de su carrera. Comenzó con un arpegio de piano al que añadió otro superpuesto. Un violonchelo sintetizado y otro sonido de violines pusieron el contrapunto orquestal, y el todo fue aderezado con una suave percusión: "Cuando escuché el resultado, imaginé un dios que se movía sobre la superficie de las aguas cuando el planeta era nuevo, antes de que hubiera tierra y seres vivos". Entonces Moby lloró. Y no es el único que lo hace al admirar "God moving over the face of the waters". Para ir acabando el álbum, "First cool hive" es una pieza suave -también originaria de "Everything is wrong"- que sonó en la película 'Scream' anticipando el estilo de "Play", samples de voces que interactúan sobre sugerentes atmósferas propias. "Nash" es un tema corto con una extraña guitarra (el tercero de 'Double tap'), "Love theme" (de 'Joe's apartment') viene inundado por una calma caribeña, y "Grace" (del corto 'Space water onion') es un ambiente final primario, sintetizadores que vienen y van como el oleaje. 

Moby se calificaba a sí mismo y a otros músicos afines como Trent Reznor como punks de barrio que se habían enamorado del tecno en los 80. Es muy interesante leer esa autobiografía antes mencionada, donde cuenta su trabajado ascenso y sus breves encuentros con estrellas como Iggy Pop, Madonna, Nina Hagen, David Bowie o el tristemente desaparecido Jeff Buckley, así como entender sus pasos musicales entrando y saliendo de diversos estilos. En un tiempo determinado, tras el fracaso de "Animal rights" y la muerte de su madre, envuelto en una vorágine de alcohol y sexo, este artista de Harlem quería morir a cada momento, pero con todos esos condicionantes acechando a su mente, renació musicalmente -aunque de sus adicciones, que casi acaban con su vida, no se recuperaría hasta muchos años más tarde- con "Play", un álbum imprescindible lleno de hallazgos.

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29.10.21

NATACHA ATLAS:
"Diaspora"

Desde comienzos de la década de los 90, el estilo conocido como ethno-techno fue considerado como una manera en bastantes ocasiones muy digna y perfectamente audible de entrelazar las raíces culturales de determinados pueblos no occidentales con la cultura de baile y de rave occidental, dualidad presentada en la mayoría de las ocasiones en un suave envoltorio de rock y pop, originando una multiculturalidad que en casos como los de Deep Forest, Asian Dub Foundation, Banco de Gaia o Afro Celt Sound System ha logrado un extraordinario y merecido éxito popular. Transglobal Underground, banda británica liderada por Tim Whelan y Hamilton Lee, también exploraba por esos caminos desde antes de 1993 (cuando publicaron su primer álbum, "Dream of 100 nations"), con la presencia de una singular vocalista llamada Natacha Atlas en sus primeros discos, una voluptuosa joven que muy pronto iba a convertirse en diva de lo exótico.

Natacha Atlas es un collage viviente de culturas e influencias. Nacida en Bélgica de padre egipcio y madre inglesa, y criada en Londres, en sus viajes a Egipto y Grecia se dejó influir por las músicas de aquellas culturas, en las que también hubo pioneros con atisbos electrónicos, como el egipcio Omar Khorshid, anticipo de nuevos sonidos en la música árabe. Su llegada a Transglobal Underground vino precedida de varias colaboraciones con el bajista Jah Wobble y el guitarrista Daniel Ash, pero en el conjunto londinense encontró la llave de su carrera futura, cuyo rumbo en solitario empezó con "Diaspora" en 1995, publicado por el mismo multicultural sello que publicaba a los Transglobal Underground, Nation Records. No es baladí que en la elegante portada de este trabajo -así como en el videoclip de su canción principal- aparezca vestida como una moderna Cleopatra, pues con su música intenta unificar oriente y occidente, como la gobernante egipcia quiso hacerlo culturalmente antes del nacimiento de Cristo. Nueve canciones en árabe y tres versiones remezcladas de las mismas pueblan el disco, composiciones de Natacha Atlas, Count Dubulah, Hamid ManTu y Attiah Ahlan, con alguna incorporación de Neil Sparkes o Larry Whelan, pero con la cantante en el corazón de cada uno de los temas. "Iskanderia" era el primero de ellos, una intro que es ya una inmersión eficaz en el mundo árabe, una fiesta que nos proporciona ritmos y sabores de mundos exóticos. "Leysh nat' arak" fue la canción más importante y radiada del álbum, un pegadizo y rotundo segundo sencillo que llama a la paz entre los pueblos, pues está inspirada en los tristes conflictos étnicos y religiosos de países como Israel, Palestina, Irak o Yugoslavia. Natacha busca además respuestas sobre la emigración de su familia hacia Bélgica. El primer sencillo y anticipo del disco en 1994 fue, sin embargo, la última de las canciones propiamente dichas, un buen broche final titulado "Dub yalil", canto de de amor a Allah y a un islamismo que Natacha comenzaba a profesar y que demostraba con la inclusión a comienzo de la canción de una llamada a la oración sobre ritmos dub y trip hop, de manera algo más adormecedora que en cortes anteriores, por ejemplo en "Diaspora", con su gran comienzo ambiental sobre el que se asienta con dulzura la voz de Natacha, complementada con otra masculina, de Neil Sparkes, que eleva las prestaciones de la pieza hacia ese terreno cercano al trip hop tan adictivo, el de una gran canción, subyugante, que ni siquiera fue single del disco. Sí lo fueron, concretamente tercer y cuarto sencillos, "Duden" (intento suave y envolvente de construcción con asomos modernos de ethno beat e incluso new age en una instrumentación que incluye violín, y profundidad en el melifluo tratamiento vocal, con un resultado fabuloso, como lo es realmente todo el trabajo) y "Yalla chant" (más rítmica y bailable -ella también ejecuta en sus directos bailes de bellydance, la popular danza del vientre-, que se deja escuchar con interés aunque no provengas de la península arábiga). Entretanto, "Alhambra part 1" es una especie de puente instrumental donde se aúnan clarinete y oud (ese laúd árabe que aporta un sonido identificativo al trabajo), y "Feres" y "Fun does not exist" son otras dos canciones de gran instrumentación y tratamientos avanzados de la temática árabe, con melodías acertadas y penetrantes, y resultados que incitan al movimiento. Para completar el disco, remixes de "Iskanderia", "Diaspora" y "Fun does not exist". Aunque Natacha no se adentra especialmente en el erotismo oriental, sí que rezuma pasión y sensualidad en sus interpretaciones, y en su directo, más serio que el de Transglobal Underground (calificado como extravagante y dramático), ella acostumbra a llevar un vestuario acorde con la música árabe, incluso ejecutando movimientos de la mencionada danza del vientre. "Con Transglobal el público que venía a vernos era básicamente rock -decía-. En mi carrera en solitario he llegado a otro tipo de público, que podemos definir como menos convencional". 

"Un brillante encuentro entre la música norteafricana y los sonidos de baile de Occidente a cargo de la cantante de Transglobal Underground", afirmaba su compañía discográfica, en esa Inglaterra que acogió unas fusiones soberbias de tradición asiática y árabe con música dance, acercándose también al raï y al sonido bhangra. Como productores, su propio grupo afirmaba en su web que "Diaspora" es más o menos un álbum no oficial de Transglobal Underground, basado en la formación en vivo de la época, con el protagonismo especial de Neil Sparkes y Larry Whelan. Esta producción atrevida se mantuvo en parte dos años después en "Halim" (más interesado en las raíces árabes -inspirado, de hecho, en el cantante egipcio Abdel Halim Hafez-) y posteriormente en el despegue internacional definitivo, en 1999, con "Gedida", para irse diluyendo con "Ayeshteni", ser testimonial (solamente un tema, "Janamaan") en 2003 en "Something dangerous" y algo más activa en 2006 con "Mish maoul", cuando Neil Sparkes y Nick Page -con el pseudónimo de Count Dubulah- se hacían llamar Temple of Sound. A partir de ahí, como ya había sucedido en sus últimos trabajos hasta la fecha, Natacha ha continuado su exitosa carrera hasta la actualidad con un nutrido número de productores, incluida ella misma.










30.6.21

WILLIAM ORBIT:
"Pieces in a modern style"

En 1995 William Orbit había desempeñado multitud de funciones laborales, tanto dentro como fuera del negocio musical. Desde 1980 fue un artista visual junto a Hamish Bowles, editor de la revista Vogue en Estados Unidos. Tras una serie de álbumes de escasa repercusión, Orbit creó Guerilla Studios, estudio independiente donde inició su eficaz labor como productor. Ubicado en diferentes lugares durante los años, fue en el norte de Londres, en Crouch End, donde William grabó las primeras y más importantes entregas de su serie Strange Cargo (la trilogía inicial porta momentos de gran fulgor), así como la versión primaria de "Pieces in a modern style", una reconstrucción muy de finales de siglo de piezas clásicas publicada bajo el nombre de The Electric Chamber en 1995 por su propio sello, N-GRAM Recordings- Eso fue tres años antes de la edición de una de sus producciones más reconocidas, la del "Ray of light" de Madonna, con la que el incansable William ganó dos premios Grammy y elevó definitivamente su cotización. 

No fue sencilla sin embargo la comercialización del primario "Pieces in a modern style", varias cosas pasaron desde que Orbit comenzara a dar forma a su universo de clásicos en clave de ambiente, hasta que vio la definitiva publicación -en tirada masiva y correcta distribución- de sus ideas. Lo principal, la marcha atrás del proyecto seminal, que había sido ya publicado en 1995 por el mencionado grupo ficticio The Electric Chamber, por la negativa del compositor estonio Arvo Pärt a que sus piezas "Cantus" y "Fratres" fueran utilizadas por el productor británico, tanto en el disco como en el concierto de presentación. Retirado de la circulación, tuvo que pasar un lustro para escuchar la completa edición definitiva, pues aunque Maverick -el sello fundado por Madonna- publicara una edición promocional del álbum en 1999, fue WEA Records la que se encargó definitivamente de su puesta a la venta en el año 2000, con cambios significativos en su listado de pistas. ¿Qué diferenciaba este disco de aquellos terribles trabajos de versiones de sintetizador que poblaron el mercado, con nulo sentimiento, durante la década de los 90? Esencialmente, la calidad del ejecutante, que aseguraba un tipo de sonido a la altura de las circunstancias, y una serie de tratamientos distinguidos y plenos de interés, desde el respeto y la admiración, puesto que la jugada de versionar clásicos puede resultar ruinosa si no se trata adecuadamente (puede acabar sonando igual que el original, sin aportar nada especial o ser una excesiva deconstrucción sin relación alguna). Orbit consigue imprimir un sello añejo a sus creaciones, y en este caso a sus recreaciones, sinfonías ambientales de producción impoluta, algunas de las piezas más memorables de los siglos XIX y XX que fueron situadas de golpe entre el ambient de Brian Eno y lo retro de las deliciosas versiones de sintetizador Moog de Tomita. Para la notación, contó con la ayuda de Damian le Gassick ("él puede leer música pero yo no"). William mantuvo al "Adagio for strings" de Samuel Barber como recibimiento del disco en las dos ediciones del mismo, y de hecho se trató de su primer sencillo, aunque la versión radiodifundida y con videoclip fue el remix realizado por el DJ holandés Ferry Corsten. Barber podría estar orgulloso de la emoción con la que Orbit inunda su inmortal pieza, los acordes se elevan hacia las alturas y el tratamiento sintético envuelve al oyente con elegancia, mitigando un poco la sensación de escuchar la denominada como 'obra clásica más triste'. Otra de las piezas originales es "Ogive Number 1" de Erik Satie, aunque se trata realmente de la versión de la segunda de estas ojivas que el francés publicó originalmente en 1889. Acorde con su medievalismo inspirado en el canto eclesiástico, el arreglo es más bien efectista, buscando posiblemente la sonoridad de un órgano en la melodía principal. Entre medio, el productor inglés rescató para la nueva edición una pieza para piano (o arpa) del ya fallecido en esa época John Cage, "In a landscape". La adaptación libre encandila y alegra el espíritu tras la sublime tristeza de Barber. Otras tres son las piezas que se mantienen de la compilación original: "Pavane pour une infante defunte" es una extraordinaria partitura para piano de Maurice Ravel con la que William juega desde los ritmos y las texturas -aunque suaviza su aporte rítmico en la segunda edición-, abordando una deconstrucción que supuso el segundo sencillo del álbum, en una versión recortada -esta vez realizada por el propio Orbit- bastante más urbana en las percusiones que la del álbum, con su correspondiente videoclip. Las otras dos composiciones que derivaban de 5 años atrás son las dos muestras en el disco del polaco Henryk Górecki, las etéreas y muy disfrutables en su enfermiza belleza "Piece in the old style 1" y "Piece in the old style 3". Otras cinco fueron las novedades del álbum: "Cavalleria rusticana" es la obra más conocida del italiano Pietro Mascagni, un pequeño deleite escrito para ópera, que Orbit conduce hacia un terreno retro muy vaporoso, con un cierto toque circense. No queda muy lejos la juguetona melodía de "L'inverno" de otro italiano, Antonio Vivaldi, aunque tal vez el ser tan conocido le resta algo de interés. Dos compositores clásicos alemanes restan por comentar, de Georg Friedrich Händel -nacionalizado inglés, realmente- es "Xerxes", tratado de manera más ambiental, mientras que dos son los cortes rescatados de la mente de Ludwig van Beethoven, un modernizado "Triple concerto" y el cuarteto de cuerda "Opus 132", que cierra el álbum de manera relajante y atmosférica. No hay que olvidarse de aquellas partituras que Arvo Pärt impidió, afortunadamente a destiempo, que fueran comercializadas, la atrevida modernización de "Cantus" y especialmente "Fratres", que mantiene en vilo con su profundo y misterioso tono sagrado que anticipa futuras propuestas post minimalistas. La versión de esta pieza inmortal es maravillosa, intensa, descarnada. En "Pieces in a modern style", Orbit exploraba un sonido más liquido que en otros de sus proyectos, que luego trasladaría a trabajos como "Hello waveforms" o "Strange cargo 4", Orbit sabía con qué material estaba tratando, deconstruye las piezas con un ágil tono electrónico, ambiental en la mayoría de las ocasiones, e introduce en las mismas un alto componente respetuoso y un tono melancólico que no portaba, por ejemplo, la versión que pocos años después hizo DJ Tiesto del "Adagio" de Barber. Algunos críticos definieron este trabajo como "un asombroso y extraño puente entre el pop y la música clásica", y Orbit no engañaba en el titulo, lo que aquí podemos disfrutar son piezas clásicas en un estilo moderno, posiblemente inaceptables en su mayoría bajo el punto de vista académico, pero poseedoras algunas de ellas de auténticos encantamientos auditivos en bellos requiebros atmosféricos, de aspecto sintético y retro en ocasiones, que pueden atraer a nuevos oyentes al mundo clásico o al menos hacia una instrumentalidad no necesariamente orientada a las pistas de baile o a las corrientes más tristemente machaconas de la música moderna. De hecho, la dificultad de que los jóvenes se acerquen a la música clásica hace de obras como estas un meritorio intento de primaria incursión en unas melodías que, aunque modernizadas, dejan constancia del acerbo milenario a uno y otro lado del planeta. No es tan fácil de observar el guiño que efectúa Orbit con esa palabra, moderno, pues su propia definición ha quedado posiblemente obsoleta, como el aspecto buscado en algunas de las versiones, vestigios añorantes de una visión retrofuturista.

Difícilmente se puede obviar el dato de que en casa del pequeño William se escuchaba música clásica y contemporánea, esos grandes compositores que se podían apreciar en ciertos matices de sus trabajos de laboratorio, pulcros y avanzados, y que acabaron conformando esta fusión tan efectiva como para alcanzar el puesto número 2 en el Reino Unido y ser nominado al premio Grammy en la confusa categoría 'Mejor álbum de pop instrumental'. El éxito de este trabajo, cuya publicación fue alentada por el visionario director de Warner Music UK Rob Dickins, llevó a que 10 años después, en 2010, apareciera bajo el auspicio del sello Decca, una continuación en el mismo estilo con partituras de Camille Saint-Saëns, William Elgar, Edvard Grieg, Vaughan Williams, Gabriel Fauré, Tchaikovsky o Johann Sebastian Bach entre otros, titulada "Pieces in a modern style 2", cuyo single de lanzamiento fue "Nimrod", de Elgar. Además, Deutsche Grammophon publicó ese mismo año 2000 la versión del disco con los temas originales interpretados por importantes orquestas y con nombres como Yo-Yo Ma, Gidon Kremer o Anne Sophie Mutter. "Este proyecto surgió como un divertimento, algo muy gratificante; también como unas vacaciones, porque es un respiro a toda la música dance que había hecho", dijo William Orbit al respecto de este álbum, antes de añadir sobre su larga espera: "Creo que este álbum tiene muchas más posibilidades ahora que hace cinco años". Aunque la ausencia de "Fratres" le restó uno de los grandes motivos para su adquisición, la escucha de este disco no es en ningún caso una pérdida de tiempo, sino más bien una decisión acertada y relajante para escuchar grandes piezas clásicas en un estilo respetuoso y, cómo no, 'moderno'.

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