19.3.19

WIM MERTENS:
"Integer valor"

Wim Mertens se sorprendía, incluso se indignaba, cuando en los 90 le preguntaban por las novedades que acompañaban a cada nuevo disco que presentaba. La concepción musical de este artista belga, su auténtico 'yo', iba a ser el mismo en cada paso que daba, la diferencia iba a estar en la instrumentación utilizada para expresar sus emociones, y ahí sí que nos podíamos encontrar una sustancial diversidad. Con "Integer valor" confesó estar acercándose "a una forma amplia de composición musical (...) en la que caben los distintos acentos que tiene cada pieza individualmente, dentro de un todo". Realmente, es maravilloso notar cómo la instrumentación cobra vida en cada pieza concebida bajo este prisma. Esta serie de trabajos que orquestaba paulatinamente su música (piano, cuerdas y vientos, especialmente, sin olvidar las apariciones de la voz) comenzó realmente con "Motives for writting" (1989), si bien queda aceptada una especie de trilogía maravillosa compuesta por "Shot and echo" (1993), "Jardin clos" (1996) y este trabajo publicado en 1998 por Les disques du Crépuscule titulado "Integer valor", expresión latina que alude al respeto hacia la partitura íntegra tal y como ha sido escrita por un compositor. Al contrario, Mertens opina que "la experiencia musical va mucho más allá de lo que está escrito", respetando la permisibilidad en cuanto a la interpretación libre de la partitura, como un desafío ante el sometimiento a la autoridad musical, esa educación que "mata emocionalmente a buena parte de los que la reciben" (él mismo fue marcado por un inmerecido suspenso en la asignatura de guitarra, sólo por la forma de colocar la mano), y la portada del álbum -una pintura del francés Georges de la Tour titulada 'La femme à la puce'- representa, también como una rebelión ante la autoridad que es su triste destino, a una moribunda se está quitando una pulga. El Mertens más visceral se rebelaba una vez más, desde el primer vistazo a su nueva obra.

La penumbra del cuadro de De la Tour no se trasladaba, afortunadamente, al concepto musical de Wim, tan luminoso y exhuberante como suele ser habitual, sin aspavientos pero sin complejos, totalmente seguro de sus variadas maniobras. "Integer valor" pertenece a esa serie de trabajos más racionales de Mertens, de mejor asimilación y aceptación por parte del público, en los que una música fluida y amena encuentra acomodo, acercando términos y estilos, en terrenos más cercanos al pop que a la vanguardia. Cada uno de los ocho cortes del trabajo tiene su magia particular y una serie de detalles de inequívoca genialidad, tal vez no descubramos nada nuevo si conocemos a fondo la obra del belga, pero es todo tan vibrante y desprendido que se hace verdaderamente atractivo, incluso novedoso. "La fin de la visite" es una entrada apasionada a este mundillo orquestal tan vehemente y atractivo, un corte rotundo que recuerda a tiempos pasados de este artista por su excitante uso de los metales sobre un fondo repetitivo frenético de piano que le concede un elegante toque de distinción. Mertens torna en romántico al instante, en un "Au delà du fleuve" que retoma la idea de la sublime "Houfnice" (contenida en "Strategie de la rupture") pero de manera más dulce y sin la voz característica del belga, la misma que no se escucha en todo el disco. Es sin embargo "Comme en dormant" la cumbre melancólica del álbum, una de esas piezas como de otra época en las que de vez en cuando un músico logra plasmar toda la sensualidad que es capaz de reunir en cuatro benditos minutos de irrepetible y sencilla belleza. En momentos como este, Mertens sorprende hurgando en la dimensión más poética de la música. Diametralmente opuesta pero igual de inspirada es la anterior en el orden de temas, un "In 3 or 4 days" donde se pone de manifiesto la especial capacidad del pianista para llevar a su terreno elementos dispersos, hacer suya una cadencia aguerrida, extraña, adornarla con una melodía desenfadada, añadir un fuerte componente orquestal con las notas secas de una guitarra, y de toda esta amalgama cohesionar otra pieza magistral en una obra que a estas alturas es ya una bomba de relojería. En "And bring you back" brillan de nuevo, alegres, todos los instrumentos, un completo conjunto que desarrolla una nueva melodía juguetona en cuyo cuerpo se distingue fácilmente esa guitarra, notas limpias y concisas como las de la gozosa "Tout est visible", que vuelve a aportar la delicadeza y romanticismo que ayuda a equilibrar el profundo vaivén de este completo trabajo. En el tramo final no desciende la intensidad, más al contrario "Yes, I never did" se alza como otra de sus cumbres, una completa partitura de envoltura orquestal, una marcha intensa, febril, donde vientos y la personalidad de los metales cobran protagonismo desatado. Para concluir, "Sidemen" es una gran sorpresa, una larga pieza (diez minutos) que gana con las escuchas, y cuyo título se refiere a los conocidos como 'sideman', músicos que acompañan a una banda. De nuevo juguetón al piano, este Mertens enérgico, de segunda juventud, se despide con gracia y estilo grandilocuente, puro espectáculo con unos dos minutos finales de lo más extraño. Hablando de esos músicos de sesión, en el grupo que acompaña al piano del líder, un saxofón soprano (Dirk Descheemaeker, que también interpreta el clarinete), un saxo alto (Marc Verdonck), trombón, tuba, trompa, trompeta, chelo, bajos, arpa, guitarra (Peter Verbraecken) y violas y violines, además de la voz de Els Van Laethem. Caso aparte, para extrañeza, es la inclusión con evidente claridad en el último corte, "Sidemen", de la percusión, un elemento no excesivamente habitual en la música de Mertens. Aquí la ejecuta Bart Quartier, que curiosamente formaba también parte de un grupo denominado Sideman. Casi una década atrás, la excepcional "No testament" fue la primera gran muestra percusiva en la obra de Mertens, teniendo que esperar hasta "Jardin clos" para volver a encontrarla (en "Often a bird", por ejemplo); "Hors nature", así como el final de "The way up", son otro gran ejemplo en la versión integral del álbum, y es que las ocho composiciones de "Integer valor" venían recogidas, ese mismo año 1998, en "Integer valor intégrale", una monumental demostración de las capacidades del músico flamenco, más completa que su predecesor por tratarse de un disco triple, que no perdía en absoluto el interés respecto al mismo (que en definitiva recogía algunas de las canciones más comerciales de esta triada, en un carácter de avanzadilla), sino más bien al contrario, es una escucha larga pero embelesada, auténtica razón de ser del proyecto y objeto de culto de cualquier fan. "To Obey" y "Positively imperative" -del CD 1, "To fill in the blank"-, "Tout ça, cést fini", "Hors-nature" y "Au fond, la mer" (versión silenciada del genial "Not me" del álbum "Jardin clos") -del CD 2, "Written conversation"- o "The way down" -del CD 3, "Full of cobbles"- son algunos de los títulos a destacar en esta excepcional orgía musical. Desde la primera y enorme relación de Mertens con el cine, en el film de Peter Greenaway "El vientre de un arquitecto", no han sido pocas las películas que han contado con música del belga en su metraje, aunque bien es cierto que no se trata en casi ningún caso de éxitos de taquilla. "Fiesta" fue una película dirigida por Pierre Boutron en 1995 en la que se anticipaban varios de los cortes de "Integer valor intégrale" como "The way dawn", "The way up" o un "In 3 or 4 days" primario, sin la línea de guitarra. Así mismo, en "Father Damien" (de Paul Cox, conocida en España como "Molokai: La historia del Padre Damián") lucen, ese mismo año 1999, las cuerdas de "A sandy shore", que más desarrollada, pasaría a ser "Au fond, la mer" en el segundo disco del 'intégrale'.

Este músico en plenitud de forma parecía haber encontrado con esta atractiva faceta de su música el secreto de la fascinación, necesario para lograr el seguimiento incondicional de numerosos fieles, de hecho "Integer valor" -y especialmente con su versión integral de tres discos- es uno de los trabajos más equilibrados en la carrera de este contumaz compositor, plagado de melodías limpias y de variada instrumentación, impostadas hacia un estilo neoclásico pero abierto a nuevas tendencias, una estética atractiva que, como incomprensible anatema desde según qué medios, también encontró voces negativas y retrógradas, los típicos detractores de la obra del belga que le tachaban de aburrido y falto de ideas, cuando su producción, tanto en vastedad como en variedad, demuestra lo contrario. Tal vez el reconocimiento del público, el seguimiento de los medios y un aceptable número de ventas hicieran que algunos consideraran que Mertens tuviera que bajar a la tierra, tal vez no le perdonaran su facilidad para componer piezas populares, su falta de soberbia, o que pensara en el oyente más que en los críticos esnobistas. Su música es simplemente suya, puede perfectamente encontrar acomodo en la melodía o buscar la profundidad de proyectos más dificiles. Creador infalible, este ideólogo del mimimalismo americano ha creado con el tiempo su propio minimalismo a la europea, una impagable marca de agua que muchos intentan imitar. Por ejemplo su propio hermano, Eric Mertens, publicó en 1995 un interesante trabajo titulado "Spleen", en el que se prolongaba la estética digna de su apellido, y colaboraba algún nombre conocido, como el del habitual de Wim, Dirk Descheemaeker. 

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5.3.19

NILS FRAHM:
"All melody"

Una buena temporada de relativo silencio (todo 2017 y parte del año anterior sin referencias discográficas ni conciertos) dieron que pensar a sus seguidores sobre la figura del prolífico pianista alemán Nils Frahm. Pocos años antes, la rotura de un pulgar originó también instantes de reposo (aún así compuso "Screws" para nueve dedos), pero en esta ocasión la razón de la ausencia del músico fue tanto un descanso mental ("me di cuenta de que llevaba varios años sin parar de tocar y de viajar y que de algún modo había perdido perspectiva sobre mi propia música") como la planificación y construcción de un nuevo estudio de grabación. Una vez más, y después de este periodo de 'hibernación' (así se define en su web oficial), Frahm retornó con fuerza en la industria, alcanzando de hecho una cierta madurez en su ya de por sí curtida discografía. Erased Tapes Records publicó el 26 de enero de 2018 "All melody", que sería su primer lanzamiento materializado en su nuevo estudio berlinés, de nombre Seal 3, un amplio espacio personalizado de auténtica ingeniería musical ubicado a orillas del río Spree, en el emblemático edificio Funkhaus, que como desvela Nils "se construyó entre 1953 y 1956, y contiene algunas de las salas de grabación más increíbles que se han construido hasta la fecha". Ensimismado con las posibilidades del estudio, Frahm construyó una obra más compleja de lo que parece al ser escuchada, un disco vibrante de un músico cada vez más imprescindible.

Confiesa Nils que "All melody" no tiene absolutamente nada que ver desde su idea original y primeros bocetos hasta el disco concluido. Por el camino, el joven artista descubrió muchas nuevas posibilidades sonoras, tanto en el Seal 3 (para el que se construyó especialmente la mesa de mezclas y varios instrumentos, y que se ve en la portada del trabajo y fotos interiores, así como en un pequeño vídeo oficial a modo de trailer) como en Mallorca ("donde mi amigo Tobias descubrió un viejo pozo seco por accidente, que tenía una reverberación artificial muy larga de gran calidad"), para que al final la obra consiga reflejar ese interés declarado en "el sentimiento físico que el sonido puede producir". No todo en "All melody" es melodía, el título es engañoso, pero él intenta demostrar que no hay necesidad de hacer caso al rigor de la enseñanza -donde melodía, armonía y ritmo han de estar compensados-; las pistas más rítmicas de este disco también pueden ser escuchadas como melodía ("en mis oídos y en mi cabeza, la pista de ritmo es una melodía y es armonía, y la armonía es ritmo, por eso este título lleva a algo de confusión porque este es un disco muy confuso"), ya que de todo puede extraerse un resultado agradable y estructurado. Decía el reconocido intérprete luxemburgués Francesco Tristano que era un error utilizar el piano como un instrumento del universo clásico, sino que se podían aprovechar sus posibilidades, "los sonidos que todavía no sabemos que tiene", y es que este pesado instrumento no sólo son teclas blancas y negras, tiene un cuerpo de madera, una caja de resonancia, pedales, multitud de cuerdas... son las manos y pies del intérprete los que deciden cómo utilizar esos factores, por lo general se busca el sonido limpio, pero el éxito es de los valientes, ya sea con pianos preparados (John Cage o precedentes de renombre como Satie o Villa-Lobos), adoptando complejas pero en definitiva puras adaptaciones grupales como las de Stephen Scott, o buscando algún tipo de impurezas, sonidos percusivos, incluso intentando que suene como un secuenciador, intentos que bien realizados -como en el caso de Nils Frahm- elevan las prestaciones del piano, del cual siempre podremos disfrutar también, por supuesto, en su vertiente purista. Lejos de la soledad de otras de sus obras, en "All melody" Frahm se acompaña de músicos que tocan con cierta libertad, amigos como Anne Müller (chelo), Viktor Orri Árnason (viola), Richard Koch (trompeta), Sven Kacirek (marimba), Tatu Rönkkö (batería y percusión), Sytze Pruiksma (otras percusiones) y Erik K. Skodvin (guitarra procesada); él mismo se encarga del piano, harmonio, celeste, percusiones, mellotron, pipe organ, otros teclados y creadores de efectos. "The whole universe wants to be touched" es el canto de sirenas que atrae hacia el trabajo, voces que suenan a la vez antiguas y modernas en una sensación indescriptible. A continuación, "Sunson" es una pieza viva, vibrante, orgánica, un original pulso no exento de un curioso toque étnico (la marimba, ese peculiar idiófono sudamericano), que deriva de forma natural hacia un sorprendente encuentro de acústica y electrónica en varios ambientes. "A place" mantiene la estela rítmica del anterior, un cálido latido amenizado con el aporte del coro fantasmal, Frahm se divierte en el estudio improvisando atmósferas como esta, con ritmo entre soul y jazz, tendencias fusionadas, fondos de hoy y voces del ayer, en un atrayente y falso demodé con el atrevimiento de unas cuerdas (viola y chelo) que le pueden acercar al classical crossover. "My friend in the forest" es un suave intento melódico al teclado, un cierto retorno a tiempos pretéritos con buen acabado y desborde de glitch, esos pequeños ruidos o fallos buscados en el hilo musical. Experimentando con un jazz sensual, Nils comparte con el oyente ambientes íntimos como "Human range" -atmósfera taciturna con coro y trompeta- o "Forever changeless", para acto seguido cambiar de registro y acometer el pulso vital que da titulo al disco, secuencia de gran calado latente, absorbente, que no transgrede, una pieza electrónica rítmica, bien construida, altiva, cuya efervescencia rítmica se prolonga febril en "#2", minimalismo electrónico que acerca formas actuales a las del pasado, por ejemplo a las de ciertas obras pioneras de Manuel Göttsching. Frahm juega, se divierte y rastrea nuevas formas de expresión no necesariamente melódicas (terreno en el que a buen seguro podría entrar sin grandes problemas), prefiriendo culminar este album multigénero con nuevos retazos de jazz ambiental ("Fundamental values"), minimalismo discotequero ("Kaleidoscope") o incluso drone ("Hard hymn"). La tecnología se cuela también en "Momentum", y es que este híbrido engloba un colosal esfuerzo por humanizar lo tecnológico y a la vez tecnificar lo humano. De los numerosos bocetos iniciales de "All melody" se han publicado a su vez otros dos trabajos, "Encores 1" (que más que un complemento parecen bocetos, un cuaderno de ideas en su fase inicial, un paseo sin desarrollar en profundidad) y "Encores 2" (donde destaca especialmente "Spells", composición de base tecno ambiental, con un ritmo secuenciado oscilante que se repite durante 12 minutos subyugantes, sin cansar, y de la que extraña su no inclusión en el disco principal). En palabras del músico: "La idea de Encores es como islas musicales que complementan a All Melody".

Sin pretender agradar fácilmente, Nils se adentra en terrenos diversos, la vanguardia minimalista de sus primeras obras, basadas principalmente en piano y órgano, ha derivado paulatinamente en una gozosa experimentación electrónica. La suya es una electrónica de salón que acierta a construir pequeñas suites que enganchan tanto por sus paisajes ambientales (la entradilla coral de "The whole universe wants to be touched"), lounge en ocasiones ("My friend in the forest"), como por adecuados ritmos de efervescente actualidad ("Sunson", y por supuesto "All melody" y "#2"). Frahm se muestra contenido en el acercamiento al jazz que presenta en la parte media del disco ("My friend in the forest", "Human range"), hurgando en definitiva en varios estilos proponiendo el suyo propio, avanzado y auténtico. Nils Frahm es uno de esos artistas modernos sobradamente preparados que lo mismo tocan, que orquestan, que componen o que desbordan en el estudio de grabación. Y todo parece fácil en sus manos. Suntuoso y elegante, en "All melody", intenta ofrecer patrones rítmicos reconocibles y adictivos con esencias ambientales camufladas, consiguiendo un inspirado conjunto, un evidente retorno a la primera plana de este aún joven artista. ¿Es esta su obra definitiva? Afortunadamente, y a sus 35 años (en el momento de la publicación de la obra), le queda mucho tiempo para demostrar lo contrario.

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