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20.8.26

SHADOWFAX:
"The Odd Get Even"

El premio Grammy en la categoría new age comenzó a otorgarse en 1987. Esa es una de las razones por las que el grupo Shadowfax no ganó este premio por sus primeros álbumes en Windham Hill y sí que lo logró en 1989 por su trabajo de Capitol Records "Folksongs for a Nuclear Village", buen disco pero no tan rompedor ni sorprendente en su inspiración y su frescura como aquellos "Shadowfax", "Shadowdance" o "The Dreams of Children" publicados a principios y mediados de la década. Fue dos años después de ese premio cuando Shadowfax recalaron en otra de las grandes compañías de la música instrumental en los Estados Unidos, Private Music, y opinaban así sobre ese tipo de galardones: "Fue divertido ganar un Grammy. Cuando vas allí, es como: 'Vaya, estamos en los Grammys, qué raro es esto'. Lo has visto en televisión y de repente ahí estás, sentado con tu traje. Realmente no sabes de qué se trata hasta que enumeran a las cuatro o cinco personas nominadas contigo y te quedas esperando a ver qué pasa. Entonces dejas ir los nervios y empiezas a pasarlo bien. Definitivamente fue una señal de algo. Para mí, lo mejor de los Grammy fue la noche anterior a la entrega de premios. Tuvieron una cena de recepción para todos los nominados. En la misma sala podías ver a Pharoah Sanders, Willie Dixon o Lamont Dozier, todos estos grandes artistas, escritores y músicos. Pudimos conocer a mucha gente a la que respetábamos desde hacía tiempo, y eso dejó claro lo que realmente son estos premios: el respeto de tus propios compañeros, músicos y gente que trabaja en la industria discográfica. No es un premio de popularidad, realmente significa algo ganar el reconocimiento de tus pares. Además, nos trajo recuerdos de casa, porque justo después de ganar nosotros, Willie Dixon ganó por su álbum de blues, y solíamos ensayar en su sótano. Fue genial estar entre bastidores en la fila con Willie Dixon esperando a la prensa, nos estuvimos riendo mucho."

De difícil clasificación con su divertida mezcla de influencias que va más allá de la fusión que ejecutaban en sus inicios, Shadowfax habían llegado a la compañía avanzada Private Music para publicar en 1990 su séptimo disco, "The Odd Get Even". Era el momento de cambio de década y las etiquetas eran necesarias para saber cuál era el producto que se intentaba vender, pero el vocablo new age seguía sin contar con el respeto de la mayoría de los músicos, especialmente los que provenían del jazz y del blues, como ellos mismos habían declarado en una entrevista para el canal WNEV-TV de Boston en 1987: "Soy bastante alérgico al término new age. Creo que si la gente intenta categorizar todo lo que haces, se convierte en algo muerto. Considero que usan new age como un término de marketing. Hay mucha gente haciendo tipos muy distintos de música instrumental y experimental, lo están metiendo todo en una sola categoría, cosas como las que hacía Brian Eno mucho antes de que se usara el término, ahora se clasificarían como new age. Así que ni siquiera sé qué es la música new age." ¿Cómo llamamos a esta música, entonces?: "A falta de un término mejor, llámalo world music. Al fin y al cabo, usamos influencias de todo el planeta. Hemos estado juntos en la banda desde 1972 y nuestra música siempre está cambiando. Los críticos la llaman world music porque tiene muchas influencias del gamelán de Indonesia y música africana, y también música asiática y cosas diferentes, todo mezclado con instrumentos electrónicos tradicionales americanos. Al mismo tiempo tiene un toque de jazz, siempre escuchamos mucho jazz y fue una gran influencia. Además, crecimos en bandas de blues y de rock en Chicago." World music y mucho más, evidentemente, un cocktel que explotó gracias a la conexión de Chuck Greenberg con Alex De Grassi (él había participado en 1981 en el enorme disco de De Grassi "Clockwork"), cuando Shadowfax publicaron el subyugante "Shadowfax" en Windham Hill en 1982, varios años antes, por cierto, de la invención de la propia etiqueta world music. La confusión de términos no impidió acercar esta música a un gran número de nuevos oyentes, muchos de ellos jóvenes, que alucinaban con el sonido del lyricon, un instrumento electrónico de viento, de madera, que inventó un señor de Boston llamado Bill Bernardi, y que en aquella época era novedoso y ciertamente angelical. Aunque su sonido, ya anticuado, ha llegado a muchos otros ámbitos, muchos lo asocian irremediablemente a Chuck Greenberg y a Shadowfax. "The Odd Get Even" comienza con un viaje exótico, intenso y muy placentero titulado "Oasis", deliciosa pieza con raices que oscilan entre África y Oriente Medio que es puro Shadowfax, tiene el intenso sabor de su fusión, rica y atrayente, y un enorme trabajo de percusión a cargo de ese coleccionista de instrumentos exóticos que era Stuart Nevitt, fallecido en 2008. Chuck Greenberg interpreta flautas, saxo soprano, y el lyricon, cuya poesía entra en escena en "One Winter Morning" e inunda de colorido una gozosa atmósfera navideña. La conjunción instrumental es maravillosa, no hay que dejar de lado a G.E. Stinson (guitarras y otras percusiones), Phil Maggini (bajos con y sin trastes), David Lewis (teclados), Todd Yvega (sintetizadores), John Bisharat (violonchelo) y su hermano Charlie Bisharat con sus siempre inolvidables violines, que despuntan en el ambiente exótico de "1001 Nights", pieza colorida, casi selvática, muy de su estilo. Otro de los momentos importantes del disco llega a continuación, "A Pause in the Rain" es más que una entretenida y sensual pieza con un maravilloso viento, es uno de los temas míticos de este conjunto, es la incursión de Windham Hill en Private Music, y es el título que Joy Greenberg, la viuda de Chuck, utilizó para titular la biografía que escribió sobre el grupo. Para terminar la cara A del plástico, "Her Dress Hangs There" tiene un rítmico desarrollo aventurero bastante llevadero, más del estilo de Private Music que la mayoría del disco, como sucederá con "Boomerang" un poco más adelante, donde los efectos y las programaciones se aunan a la inventiva acústica, en la era de proliferación del CD y sus avances en calidad de sonido. La segunda parte del álbum se abre con "Changing of the Guard", ambiente soñador para momentos idílicos, una clara evolución respecto al jazz y la fusión de sus primeras muestras grabadas, como el trabajo de 1976 "Watercourse Way". De igual modo, "The Odd Get Even" es una especie de entretenido retorno a ese jazz con mucho de folclore, de músicas del mundo, y con la alegría del violín, que acompañaban a los Shadowfax de los ochenta. "Sujata" es un ambiente sutil, de escasa iluminación y un velo misterioso, que oculta una historia digna de ser escuchada con calma, antes de que bajo y piano introduzcan un cierre intimista titulado "One Heart", donde el viento aporta su detalle melancólico. Melancolía y ritmo, dulzura y movimiento: "Intentamos que la experiencia de un concierto de Shadowfax lleve al público a un pequeño viaje, que haya cosas para escuchar con la cabeza y otras que los hagan moverse. Hay música para la mente y para el cuerpo", decía Greenberg en aquella época. Muchas influencias fueron básicas en el éxito de este conjunto, como matizaba Stinson: "La música que produces es una combinación de todo lo que has escuchado en tu vida. Así que sí, venimos del blues, escuchamos mucho jazz, pero creo que una de las cosas buenas que se pueden decir de Shadowfax es que es muy difícil de categorizar. Empezamos con eso en mente: queríamos crear algo nuevo y diferente. Eso es fácil de hacer cuando no sabes exactamente qué buscas. Si escuchas una orquesta de gamelán —cosa que estoy seguro de que harás algún día— no habrá duda en tu mente de que es algo interesante de oír. Es curioso ver cómo la música occidental yuxtapone todo ese asunto, porque muchas culturas piensan en su música de maneras completamente diferentes. Es interesante ver cómo funciona todo junto, porque la música es el lenguaje universal y es algo que todos entienden o que al menos puede conmover a cualquiera. ¿Dónde encuentras música así? Bueno, no solo en las tiendas de discos. Si investigas, puedes encontrar festivales de música del mundo en cualquier ciudad donde vivas. Es interesante buscar nuevas o viejas formas musicales y descubrir qué las hace divertidas e interesantes."

En los momentos de grabar para Windham Hill, Shadowfax era como una familia, advertía G.E. Stinton en una publicación de Facebook de 2019, "con todo el amor, la tristeza, la ira, el perdón, etc., que conlleva cualquier familia. La banda se acababa de reunir, pudimos grabar y dar conciertos, así que todos estábamos contentos. Cada álbum tuvo sus propios problemas y dificultades, y trabajábamos con presupuestos muy limitados, pero lo conseguimos y, en general, nos divertimos". Y siguieron haciéndolo, pasando por diferentes fases, hasta la desaparición del grupo tras la muerte de Chuck Greenberg. Cada trabajo, de esta manera, era un poco distinto al anterior, aunque siempre con el reconocible sonido de Shadowfax, y "The Odd Get Even" fue otro gran álbum en esa especie de evolución, pues como advertían sus componentes en el EPK que acompañaba al disco: "No sabemos qué tipo de criatura terminará saliendo, realmente nunca sabes cómo va a sonar un disco hasta que estás a la mitad del proceso, la gente trae material, los compositores deben tener una concepción muy clara de lo que quieren cuando presentan el tema, pero luego tienes que ser abierto, porque ocurre una metamorfosis cuando traes una canción a la banda y todos contribuyen a ella. Diría que a la mitad del proceso de grabación es cuando tienes una idea bastante clara de cómo sonará el disco. Creo que la banda todavía experimenta e intenta mantenerse fresca. Ese es uno de los desafíos de un grupo que ha estado junto tanto tiempo como Shadowfax: intentas crear música diferente, no repetirte, hacer cosas que te mantengan interesado y que el público disfrute." Así, "Esperanto" y "Magic Theater" fueron, junto al álbum en directo "Live", las últimas referencias de los inolvidables Shadowfax para el sello californiano EarthBeat! Records, que siguieron haciendo disfrutar a sus seguidores y al público curioso del blues, el jazz, la world music y, ¿por qué no?, la new age.

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5.5.26

SUZANNE CIANI:
"Hotel Luna"

Si Suzanne Ciani confirmó con su mítica obra de 1982 "Seven Waves" que podía ser una compositora a tener en cuenta en el mundo de la música electrónica, no tardó en demostrar que también podía ser radiable y comercial. "The Velocity of Love", con su preciosista tema homónimo, era un baile electrónico basado en el poder del romanticismo, pero fue en "Neverland" donde Suzanne encontró una inspiración total para convertirse en una diva de la new age. A continuación llegó "History of my Heart", disco que tuvo que ser regrabado tras la pérdida de su master (lo que sumió a la teclista en una depresión, aunque logró salir de ella con fuerza de voluntad) y que incluía dos auténticas joyas del piano new age, tan tarareables como "Anthem" (posiblemente el tema estrella de esta compositora) y "Mozart". La fuerza romántica de las teclas del piano se concentró en 1990 en un acertado disco acústico de sus propias versiones a piano, "Pianissimo", que a lo largo de los años contó con dos continuaciones. Con su carrera consolidada en la música electrónica melódica, el temido término new age aparecía de golpe a cada paso de la carrera de la teclista, pero ella siempre lo acogió con dignidad, incluso con interés, y así, dulcemente, surgió "Hotel Luna".

Corrían los albores de los años noventa, Suzanne venía de cosechar ese gran éxito con "Pianissimo". En el estudio, ella iniciaba sus piezas en el piano para desarrollarlas posteriormente de manera electrónica, pero en ese trabajo impulsado por Peter Baumann, se quedó con lo básico. Llegarían más volúmenes con posterioridad, pero Suzanne volvería en 1991 a un entorno instrumental más completo en "Hotel Luna", el que sería su último disco en Private Music. La gran inspiración para componer la mayoría de las piezas de este trabajo fue una visita a Italia, como afirmó en el programa de TVE Música N.A.: "Siempre había deseado ir a mí país de origen, descubrir mi familia y mis raíces. Y de pronto, el sueño se hizo realidad. Decidí viajar a Italia para componer Hotel Luna, conocer a mi familia y aprender italiano. Para ello me establecí en la isla de Capri. Allí encontré la fuente de inspiración que realmente necesitaba en aquellos momentos." Así lo advertía también en el folleto del trabajo: "Desde mi primera visita, cuando era estudiante universitario, supe que, en cierto modo, ese lugar era mi hogar. ... Tras lidiar pacientemente con las peculiaridades de la electricidad italiana, instalé mi pequeño ordenador y mi sintetizador portátil y comencé a componer, inspirado por el panorama mediterráneo, la música napolitana que corría por mis venas y la alegría de estar donde pertenecía." De este modo, posiblemente la composición primaria del disco esté en su segunda parte: "Italia" es puro romanticismo y contiene la esencia del disco, una mezcla de brisa mediterránea y antigüedad clásica con flauta, violín, teclados y una bellísima mandolina, que inspiró ese viaje al país de sus antepasados. Qué maravillosa sencillez, bucólica, campestre, se respira en el tema homónimo, con el que comienza el trabajo. Basándose en un sencillo juego melódico de tres notas, esta artista capta en "Hotel Luna" la frescura mediterránea y propone viajar con ella al país transalpino y a ese hotel de tonos azules: "Desde mi ventana, podía ver este hotel junto al mar, abandonado en invierno, pero con el aura de cálidas noches de verano en la terraza bajo las estrellas y la luna." "Pianissimo II" retomará esta pieza en 1996 exclusivamente a piano, así como será interpretada en directo por una completa banda y recogida en el disco "Live!" de 1997. Sobre un fondo más electrónico se alza sin embargo un viento que eleva el tono clasicista de la segunda composición del disco, "Maremosso", con intensas cuerdas y oboe. La fusión de conceptos es enérgica y muy interesante. "Rain" es un corte mucho más sencillo, solamente un pequeño y agradable desarrollo electrónico que, sin embargo, embelesa, y que proviene del álbum "Pianissimo", al igual que "Simple Song", bastante agradable en su juego tintineante a lo Ray Lynch, que se acompaña de flauta y trompa en su desarrollo. A continuación, la de "Ondine" (las ondinas son sirenas, cuyos ecos se dice que se pueden escuchar en los mares tranquilos) es otra melodía dulce y soñadora, uno de los temas importantes de este disco que sólo esconde intenciones encantadoras, relajantes, como las de la canción de amor para su madre, "Love Song", basada en el lirismo del piano y una flauta que se enredan en un apasionado abrazo. Peter Gordon es el intérprete de flauta y clarinete en este tema, aunque también Rob Arbittier interpreta flauta en el disco (y la trompa), en el que también colaboran John Riley (oboe, fagot), Steve Kindler, Dominic Frontiere (violines), Corey Allen (mandolina), John Wheelock (guitarra acústica), Matt Cooker (violonchelo), John Peters (bajo sin trastes), Kurt Wortman, M.B. Gordy (percusiones), Susan Montgomery (voz) y las cuerdas del Armadillo String Quartet. Suzanne Ciani se encarga de piano y sintetizadores. "Festa" es un tema barroco, veneciano, que da paso, en este último tramo, a un ambiente luminoso con melodía alegre, inspirado por el mar y el horizonte, titulado "L'Azzurro". Cuando Suzanne era pequeñ, su abuelo escuchaba ópera durante todo el día, así que para finalizar, "Belcanto" es un recuerdo a su abuelo, una despedida con voz lírica que suena a hasta pronto. En este hotel sólo cabe el descanso y las buenas maneras, las de "Hotel Luna", "Ondine" o "Italia", pero también destacan especialmente la intensidad de "Maremosso" o la esencia juguetona de "Simple Song".

Suzanne es simpática, se hace querer, desprende dulzura, y en la portada de "Hotel Luna" está feliz, radiante. "Para componer necesito un lugar lleno de paz y muchas horas por delante -declaró a la revista World 1 Music-. No quiero teléfono y me gusta la naturaleza, especialmente el mar, quizá por mi origen italiano y mediterráneo. Me gusta el ritmo del océano. Son ritmos similares a los de mi música. También puede haber el ritmo de un pájaro, etc. Hay gente que piensa que mi música es triste. No es triste. Lo que pasa es que uso los ritmos de la naturaleza." Así hizo en este trabajo nominado al grammy, si bien, como sucedió con "Neverland" y posteriormente con "Dream Suite", no logró el galardón. El motivo de Suzanne Ciani para abandonar Private Music tras este trabajo fue doble. En primer lugar, la marcha de Peter Baumann de la compañía. En segundo, la fundación de su propio sello, Seventh Wave, donde no tenía cortapisas ni imposiciones, ahí podía publicar lo que realmente quería y tener las ganancias totales, aunque también los gastos de producción eran a cuenta de la artista. "Dream Suite" fue su primera referencia en ese sello, en 1994, otro trabajo impregnado de dulzura, con la garantía de esta luchadora sintesista.

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11.2.22

YANNI:
"Live at the Acropolis"

Hay que hacer caso a lo que el prestigioso comunicador, escritor, divulgador de la música new age y conductor del programa musical Echoes, John Diliberto, avisa en las notas interiores de este trabajo en directo de Yanni: "Se necesita ser un artista de gran estatura y altas intenciones, o de alta auto-importancia y arrogancia para posicionarse en el Teatro de Herodes Atticus, contemplando el Partenón y tocando música donde estuvieron dioses y profetas". Efectivamente, vistas las imágenes del concierto, el lugar impone a cualquiera. Posiblemente también a Yanni, que emprendió un largo y difícil camino para llegar hasta ese anfiteatro y a ese punto álgido de su carrera, pero el teclista se sobrepuso con solvencia, en ningún momento dio la impresión de verse sobrepasado por la emoción no sólo del lugar, sino de tocar delante de su gente. Griego de nacimiento, estadounidense de adopción, Yanni Chryssomallis era una enorme figura en los mercados de la música instrumental para adultos y de, sencillamente, la new age, cuando comenzó esta espectacular gira mundial que lamentablemente, como ha sucedido en cada una de sus giras, no pasó por España. Ahora bien, aunque Yanni hasta entonces no había podido costearse una orquesta para sus trabajos, sí que había tenido una a su disposición en un momento de su carrera: "En 1990 tuve la oportunidad de hacer realidad mi sueño de escuchar mi música interpretada por una verdadera orquesta sinfónica (...) Una importante emisora de radio en Dallas patrocinó un concierto benéfico para luchar contra el SIDA y me invitó a aparecer con la Dallas Sinfonía." Yanni llamó entonces a George Veras, un productor sénior de la CBS Sports que le había presentado John Tesh, porque quería grabarlo en video. Su pareja, Linda Evans, aportó una cantidad de dinero, y le convenció para vestir de blanco y destacar sobre la orquesta, lo que fue todo un acierto.

Kalamata es una ciudad del Peloponeso, al sur de Grecia, que acogió el nacimiento e infancia de Yanni. Allí creció su amor por la música, gracias a su familia. A los seis años comenzó su aprendizaje de piano, que compaginó con sus estudios y con la natación, de la que llegó a ser una promesa en Grecia, antes de desplazarse a estudiar a Minnesota, en los Estados Unidos, donde forjó su impresionante carrera. En 1993, después de que la aparición de Yanni al piano con Linda Evans en el programa de Oprah hiciera que discos como "Out of Silence", "Chameleon Days" o el recopilatorio "Reflections of Passion" se convirtieran en grandes éxitos, Yanni publicó un álbum de solos de piano, "In my Time", un nuevo superventas que llegó al número 1 en las listas de new age del Billboard. Su actuación con la Orquesta Sinfónica de Dallas fue la chispa que acabó desembocando, tras "In my time", en la gira mundial 'Yanni Live, The Symphony Concerts 1993', en la que llegó a Grecia, Gran Bretaña o Japón con una orquesta sinfónica completa, The Royal Philharmonic Concert Orchestra, dirigida por Shardad Rohani. La banda de Yanni, en la que se pueden ver algunos nombres importantes de la new age, contaba con Charlie Adams (batería), Charlie Bisharat (violín), Karen Briggs (violín), Ric Fierabracci (bajo), Michael 'Kalani' Bruno (percusión), Julie Homi (teclados) y Bradley Joseph (teclados). Pero el concierto del 23 de septiembre de 1993 era especial. Un lugar épico, el Odeón de Herodes Atticus, un abarrotado coliseo de piedra restaurado con mármol al lado de la Acrópolis de Atenas, con el Partenón al fondo. "Desde que dejé Grecia hace más de dos décadas, ha sido mi sueño volver y actuar en la Acrópolis", admite el músico en las páginas interiores del CD. Tocar en la Acrópolis es un sueño para cualquier músico. Un año y medio, ni más ni menos, ocupó la preparación del evento, dado el tamaño importante de las tarea, que incorporaba a una orquesta completa en un lugar icónico, y una grabación íntegra en gran calidad de audio y video, que además iba a verse con posterioridad en la cadena estadounidense PBS. La burocracia lo hizo muy difícil y también tuvo problemas con la orquesta, pero Yanni lo logró, aunque sin el apoyo de Private Music, el músico tuvo que jugarse su propio dinero, y fue mucho, el fracaso estuvo cercano. Yanni vestía de un blanco inmaculado, su familia estaba en las gradas y el espectáculo fue triunfal, majestuoso, aderezado por los grandes éxitos del teclista. Ese disco fue su última concesión a Private (desde entonces fue un agente libre), que no podía dejar pasar la oportunidad de publicar un álbum en directo de su artista superventas ("Yanni Live at the Acropolis" fue publicado en 1994), además de un VHS -y con posterioridad un DVD e incluso un laserdisc- del mismo, para que todo el mundo pudiera contemplar la belleza del espectáculo. "Santorini" es un comienzo astuto, una de esas melodías que destilan espíritu olímpico por los cuatro costados, y estando en la cuna de esos grandes juegos, se trata de una entrada directa a la audiencia. Su suave interludio, con aromas de culturas orientales, también sabe enganchar, antes de emprender de nuevo con la altiva melodía característica. El otro Yanni, romántico y soñador, aparece en "Keys to Imagination", haciendo suya la vitalidad de las cuerdas, el exotismo de los vientos, la fuerza de la percusión y la magia del piano en una pieza que, sin ser de las mejores de su repertorio, suena majestuosa vestida con estos arreglos. El piano es, a continuación, el gran protagonista en una "Until the Last Moment" que logra envolver al oyente en un remolino de aventura y pasión. De repente aparece "The Rain Must Fall", otra melodía de piano totalmente distinguible de la mejor época de este teclista, con gran éxtasis final de violín a cargo de la colorida Karen Briggs. Pero el concierto necesitaba en este momento cambiar el ritmo, otra pieza vibrante, ¿y cuál mejor que esta maravilla titulada "Standing in Motion"? Antes que ella, como introducción, una pequeña joya deudora de los orígenes helenos de Yanni, la conocida como "Acroyali", que suena más griega que nunca. Pocas veces el piano de Yanni ha sonado tan claro y luminoso como en esta noche entusiasta en piezas como "One Man's Dream", mientras que "Within Attraction" es otra pieza inspirada, cambiada y amenizada en alguno de sus momentos por la orquesta. Pero eso sí, "Nostalgia" es una de sus grandes melodías de piano, una emocionante balada incluida en su trabajo "Keys to Imagination", que no podía faltar aquí. Ningún tema tiene desperdicio en esta fiesta de ritmo y melodía, aunque la adaptación de "Swept Away" no es de las mejores de la noche, que acaba dejando para el final otra de sus grandes piezas románticas, la indispensable "Reflections of Passion". Además de las pistas recogidas en el CD, en el video íntegro del concierto se pueden ver "Felitsa", "Marching Season", "Aria" y "The End of August". Más allá del disco normal publicado en 1994, una edición especial del año 2005 incluía CD+DVD, y en 2018, Sony Music sorprendió con la remasterización del álbum, que volvió a publicar en un pack con CD+DVD (el CD con el concierto íntegro por vez primera) con portada distinta y el título simplificado a "Acropolis 25", con motivo del 25 aniversario del concierto.

Aunque todo el mundo le decía a Yanni que la grabación se escuchaba genial, él no estaba contento con el sonido, quiso eliminar cualquier nota desafinada, cualquier tos, cualquier sonido del paso de una hoja a otra en las partituras. Le llevó tiempo y al final tuvo que entregar el resultado, que vendió millones de discos. No hay que olvidar que Yanni puso de su bolsillo unos 2 millones de dólares para que se celebraran esos conciertos, así que esos discos de platino mejoraron su situación económica: "Los dioses estaban de mi lado. Una vez que Live at the Acropolis triunfó, mi carrera despegó de verdad. Vendí muchísimos discos y videos y, aunque ganar dinero no era el objetivo principal, no puedo negar que me encantó ver cómo invertir en mí mismo había dado sus frutos." La electrónica ligera de este teclista, el romanticismo que desprenden algunas de sus composiciones, su acercamiento a la facilidad del pop y a una orquestalidad originalmente falseada, pero que cobró vida en cierto momento de su carrera, llevaron el nombre de Yanni a multitud de hogares. De hecho, "Yanni Live at the Acropolis" tiene acreditadas siete millones de copias vendidas, además de otro millón de ventas del video del concierto. Siempre vital y romántico, Yanni parecía tener una gran compañía detrás, pero en realidad vendía por sí solo, con su imagen y, evidentemente, con su música. Con este disco, tras el que cambió de sello discográfico a Virgin Records, Yanni había llegado a la cima, ahora bien, tal vez él mismo sabía que una vez allí, lo más fácil es empezar a ir cuesta abajo, por lo que se esforzó por mantener el nivel en los siguientes álbumes, si bien más tarde o más temprano todo acabaría torciéndose en cierta medida.

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19.6.21

VARIOS ARTISTAS:
"Piano one"

La presentación oficial del sello Private Music se dio en 1985, con una caja de cuatro casetes con sus primeras referencias, las de Sanford Ponder ("Etosha"), Patrick O'Hearn ("Ancient dreams"), Jerry Goodman ("On the future of aviation") y la recopilación "Piano one". Enseguida llegarían nuevas obras de Eddie Jobson, Lucia Hwong, Leo Kottke o Yanni, pero en aquellos comienzos Peter Baumann, el famoso creador del sello, había grabado varios videoclips de esos trabajos pioneros, que aparte de poder verse en los canales interesados, se editaron en 1986 en forma de VHS en los Estados Unidos y como Laserdisc únicamente en Japón. Los vídeos musicales incluídos fueron el legendario "On the future of aviation" de Jerry Goodman, "Beauty in darkness" de Patrick O'Hearn, "Memories of Vienna" de Eddie Jobson, "Water garden" de Sanford Ponder y "Dragon dance" de Lucia Hwong. Private Music era una compañía tecnológica, y el mundo del videoclip se adecuaba especialmente a su propuesta avanzada, un AOR de etiqueta impulsado por el auge del formato compact disc. Sin embargo, y jugando bien sus bazas, Baumann también dejó sitio en su catálogo al instrumento más carismático del mundo acústico, el piano, y su antes mencionada cuarta referencia así lo atestiguaba, una compilación de temas de cuatro artistas, de los que sólo uno iba a grabar un nuevo plástico para el sello de Baumann.

El libreto del álbum destaca al piano como el mayor de los inventos musicales: "una orquesta en sí misma, de insuperable profundidad emocional y flexibilidad expresiva. No hay estilo de música que no se haya tocado en sus teclas. No hay rincón del mundo donde no se haya escuchado. Trueno, percusivo, audaz, introspectivo, conmovedor, curioso, inquisitivo, peculiar... el piano lo ha sido todo para todos los oyentes; la voz perfecta de compositores tan diferentes como Beethoven y Satie, Gershwin y Mozart, Franz Liszt y Jerry Lee Lewis". No son ellos los que aquí aparecían, evidentemente, y si algo se observaba en cuanto a estos protagonistas del disco, los pianistas, era la variedad de sus procedencias, tanto musicales como geográficas, el rock progresivo del inglés Eddie Jobson, el jazz del estadounidense Eric Watson y del alemán Joachim Kuhn (que comenzó en el campo clásico), y el eclecticismo de Ryuichi Sakamoto, japonés que ha unificado sin pudor en su mundo musical lo étnico, lo electrónico y lo clásico. Comienza el álbum con "New feelings", una pieza tranquila y soñadora, de un Joachim Kuhn que repite al final de la cara A del plástico con "Housewife's song", un tema paisajístico, más movido y tarareable que el que la abría. Ryuichi Sakamoto, tal vez por mediación de un Baumann que, inevitablemente, tenía que vender discos, rescata una de las más grandes piezas para cine de la época, ese "Merry christmas Mr. Lawrence" que fue más allá de la película británica-japonesa de igual título en la que venía recogida, para convertirse en un pequeño hito de la instrumentalidad melódica de los 80 (pocos han visto la película y muchos han escuchado la canción) y por supuesto en el gran recuerdo popular de su autor, cuya vitalidad artística le ha llevado, mucho antes y mucho después, por otros caminos más audaces, aunque por lo general no haya conectado tanto con el público como con esta acertada tonada que, en el conjunto de todo el soundtrack, obtuvo el premio Bafta a mejor banda sonora en 1984. En la cara B (o en séptima posición en el CD), Sakamoto aporta una segunda pieza, "Last regrets", no excesivamente elaborada pero que hay que escuchar, y que va alzando poco a poco la cara de este segundo lado, que se afianza en su final con la tercera pieza firmada por Eddie Jobson. Precisamente el británico (que aporta tres composiciones al disco) fue el músico que iba a hipnotizar al público con el siguiente álbum prensado por Private Music, el imprescindible "Theme of secrets". Los amantes del rock progresivo admiran sin duda la discografía de este multiartista, sus grandes momentos en Roxy Music, UK, King Crimson, Yes, Jethro Tull, Frank Zappa y Curved Air, pero los seguidores de la new age o de una música más tranquila y sofisticada, recuerdan especialmente "Theme of secrets" como el refugio especial de la faceta más intimista de Jobson. Mientras tanto, "Piano one" fue su vehículo de avanzadilla en la compañía, y para él aporta tres composiciones: "The dark room" (tema transparente y cristalino, muy en la onda de "Theme of secrets" aunque más a cielo abierto, sin el misterioso velo que cubría aquel maravilloso trabajo), "Balooning over Texas" (que aunque no sea de lo mejor de Jobson, otorga un poco de movimiento a la segunda parte del disco, con algo de jazz en su interior) y "Disturbance in Vienna" (anticipando el tema que estará presente en su propio disco para Private). Por último mencionar que, abriendo la cara B sin hacer mucho ruido, sonaba la pieza de Eric Watson "Puppet flower", un solo recogido, tal vez demasiado para el espíritu de Private, por lo que no es un tema a recordar en un conjunto, eso sí, bastante interesante y asequible.

Tendencias avanzadas, novedosas, que circulaban entre el piano o teclados planeadores, electrónicas palpitantes, violines que iban más allá de su papel de acompañamiento para convertirse en instrumentos rugientes, guitarras atmosféricas... Las músicas privadas escapaban de los estereotipos y jugaban un papel primordial en una serie de trabajos únicos y frescos, distintos y vivificantes, flamantes y descarados. Entre una serie de propuestas en las que la electrónica tomaba una clara preponderancia, el más grande de los instrumentos acústicos se coló decididamente en el título y desarrollo de un trabajo conjunto entre cuatro músicos, un recopilatorio de temas inéditos (al menos en sus versiones pianísticas) titulado "Piano one", que contó con una segunda entrega de lógico título "Piano two" en 1987, de nuevo formada por cuatro nombres, algo más conocidos que los del primer volumen: repite Joachim Kuhn en uno de los temas, y se incorporan Michael Riesman (famoso por sus colaboraciones con Philip Glass, y de hecho el solo de piano que propone es obra de Glass, un aria de su ópera "Satyagraha") y los afamados Yanni y Suzanne Ciani, que aportan tres piezas cada uno, alguna ya conocida ("Nostalgia", presente en el trabajo de Yanni "Keys to imagination", y las muy recordadas de Suzanne "The Fifth Wave: Water Lullaby" -de "Seven waves"- y "The velocity of love" -del trabajo homónimo-) y otras que iban a aparecer, en sus versiones completas, en futuros álbumes de estos dos artistas superventas, que mantuvieron su estancia en Private Music hasta comienzos de la década de los 90. 

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27.9.20

PATRICK O'HEARN:
"Ancient Dreams"

A mediados de los años 80 del siglo XX, apareció en el panorama musical estadounidense Private Music, una nueva compañía independiente que ahondaba en las bondades de la música instrumental desde un enfoque tecnológico, con preponderancia electrónica y lanzamientos de grabaciones digitales de gama alta efectuadas en principio sólo en cinta de cromo y los novedosos discos compactos, aunque enseguida se incorporaría el eterno vinilo al conjunto. Su creador e impulsor, el ex-miembro de Tangerine Dream Peter Baumann, era una garantía de clase y experiencia que puso todo su empeño en el impulso inicial del sello. Aparte de los canales habituales de comercialización, las tiendas de discos y grandes almacenes, Private hurgó sabiamente en otros alternativos que aceptaron e incluso adoptaron como propia la filosofía de esta 'nueva era' musical: librerías (Rizzoli, entre otras), boutiques de ropa (In Gear, Arresta, Japanesque, Domus, Charivari), galerías de arte, incluso restaurantes y pizzerías, como Licorice Pizza. También se compraron espacios publicitarios en la televisión por cable y finalmente se firmó un acuerdo de distribución con RCA. Aunque la primera referencia de Private Music fuera "Etosha - Private Music in the Land of Dry Water", del teclista Sanford Ponder, fue el siguiente álbum el que acapara el recuerdo inicial del sello, el fabuloso debut en solitario del bajista Patrick O'Hearn titulado "Ancient Dreams" y publicado en 1985. 

Nacido en una familia artística (músicos, actores, artistas), la música rondó alrededor de Patrick desde la infancia, tomando sin pudor cualquier instrumento para participar en las pequeñas sesiones familiares. Lo clásico (Stravinsky, Copeland, Satie, Ravel, Debussy, Bartok...) y el jazz (Miles Davis, John Coltrane, Charlie Parker, Coleman Hawkins, Ben Webster, Duke Ellington...) fueron sus primeras influencias, que explotaron tras el contacto con el ecléctico Frank Zappa, y el pop-rock de la banda Missing Persons. El estrés de sus desavenencias internas desembocaba en una liberación interior en solitario: "regresaba a mi apartamento donde tenía un pequeño estudio, y comenzaba a improvisar y grabar ideas musicales que estaban deliberadamente muy lejos de lo que había estado haciendo antes con la banda". Como antecedente a su nuevo camino, Patrick tocó bajo, sintetizador y percusión electrónica en el disco de Dan Siegel "Another Time, Another Place", para el que escribió tres de los temas, haciéndose llamar Pat O'Hearn. Este artista comenzó a marcar tendencia en su primer trabajo en solitario, si bien no acabó de quedar totalmente satisfecho del mismo. Visto lo que logró pocos años después se entiende su postura, pero "Ancient Dreams" es un gran trabajo, que apunta claramente muchas de la líneas estilísticas del bajista y sienta las bases de su sonido propio, que tan sólo necesitará pulir y saber unir a otras tendencias (bailables en "Rivers Gonna Rise", del mundo de la world music en "Eldorado") para explotar en forma de auténtico fenómeno instrumental avanzado. Eso sí, también hay quien prefiere, por encima de sus siguientes obras, este primerizo despliegue de magia electroacústica, que como se cuenta en su libreto, "es un viaje a través de un paisaje de audio cambiante y sincero, y que toca lugares secretos". Como introducción, "At First Light" es un ambiente especial que intentando sonar misterioso se queda en exótico, en el que destaca especialmente el sonido grave del bajo. O'Hearn introduce de lleno un estilo semi-melódico que iba a resultar definitorio no sólo de la línea atmosférica del propio autor sino en cierto modo de los argumentos de la propia compañía, al menos en sus principios. Se respira la nocturnidad en oleadas de fresca pasión contenida, sustentada por las cuerdas del bajo, los imaginativos teclados y las sonoras percusiones, un entorno perfecto que queda reflejado en la bella y misteriosa portada del álbum, fotografía del maestro estadounidense Pete Turner. No tardaba en llegar el tema estrella del álbum, "Beauty in Darkness", el que Baumann recogió en su pack promocional de cuatro video-clips. "Beauty in Darkness" es una atrayente atmósfera en la que percusión y teclados ejecutan un amago de ambiente tribal, ejemplificando esos sueños antiguos de los que habla el título de la obra, y que quedan reflejados en la misma como perdidos en el éter que perdura desde antaño. La melodía, profunda, arcana, remite así mismo al principio de los tiempos y revive leyendas olvidadas. "Unusual Climate" es posiblemente la pieza más luminosa del álbum, de escucha animada y reconfortante, que guarda en sus ritmos tesoros futuros. "Life Along the River Vaal" se adentra en un ambient seminal, con inicio marcial y melodía hechizante, antes de la llegada del tema homónimo y tercera pieza para el recuerdo en el disco, un "Ancient Dreams" rítmico, animado, abierto a una nueva era que estaba llegando. El sonido es incluso alegre, cadencioso, consiguiendo plasmar una serena atemporalidad, con la marca O'Hearn a cada momento y la incorporación de la trompeta de su célebre amigo Mark Isham, que con sólo empujar un ápice logra resultados sorprendentes, que el tiempo difícilmente podrá superar. Como si se tratara de una improvisación de David Van Tieghem (futuro integrante de la nómina de Private Music, pero que no coincidió con O'Hearn), "Malevolent Landscape" es una pieza juguetona con las percusiones, que mantienen su ímpetu en toda su extensión y una conexión corporal, en lucha mística, con los teclados. El tema final, "Last Performance", es sólo un hasta pronto, un profundo vistazo a lo logrado y una mirada hacia el futuro abierto para este autor primario, imprescindible, que no estaba seguro de que a nadie le importara su nueva música: "Mis amigos músicos lo disfrutaron, pero ¿alguien más lo haría? La belleza de esos días era que no podía importarme menos. ¡Me encantó y eso era todo lo que importaba!". Su falta de pretensiones se volcó a favor de esa música extraña, que se benefició también de la novedad tecnológica que preconizaba Private Music. A partir de ideas básicas, sin excesivos cambios de ritmo y melodía, O'Hearn construyó un mundo nuevo y perfectamente identificativo, conduciendo el concepto del Group 87 hacia una semioscuridad en solitario muy sugerente, yendo mucho más allá de hecho, y logrando sonoridades recónditas e insondables que hacen de "Ancient Dreams" todo un clásico de parada obligatoria para músicos electrónicos actuales. 

Ritual más que dramático, conectado con la tierra y su magia ancestral más que con la apertura espacial, la nueva era acogió este trabajo (había que etiquetarlo de alguna manera) y su enfoque tecnológico hacia el CD le aupó a una primera línea de actualidad, con Private Music y Peter Baumann haciendo sus deberes publicitarios. Es increíble la gama de percusiones utilizadas, acústicas y electrónicas (Alex Acuña, Ron MacLeod y Brian MacLeod ayudan a Patrick en este apartado), y la trompeta de Mark Isham es la única ayuda que requieren los sintetizadores de O'Hearn, que compone los siete temas de un álbum que supone un gran trabajo en el estudio, que contó con la producción de Peter Baumann. No se puede hablar de "Ancient Dreams" sin mencionar "Between Two Worlds", segundo álbum de O'Hearn en Private, nueva producción de Baumann con similares argumentos a los del debut, aunque algo menos explosivo en sus ambientes, que se suavizan y pierden el factor sorpresa, si bien muchos de ellos, como "Rain Maker", "Fire Ritual", "Forever the Optimist" o "Between Two Worlds", mantienen la fortuna y la emoción del encuentro con nuevos mundos musicales, esos entre los que se encuentra ese trabajo, y hacia los que se expande siempre la música de Patrick O'Hearn.

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14.6.14

SUZANNE CIANI:
"Pianissimo"

Peter Baumann, fundador y dueño de Private Music, estuvo de 'gira' por Europa en 1989, aunque lo que vendía no era su música, sino su propia compañía de músicas avanzadas, cuya filosofía había cambiado notablemente con la llegada de Ron Goldstein como presidente de la misma en 1987. Los gloriosos comienzos y primeros años de Private incluían un sinfín de joyas musicales, pero en estos finales de década se comenzaron a fichar a músicos que no tenían que ver con la línea inicial, perdiendo la estupenda imagen de marca que se había ganado con las buenas decisiones anteriores. Baumann estuvo en España para conocer al director general de BMG Ariola España, José María Cámara y explicarle su proyecto, música instrumental de alta calidad, uno de cuyos músicos puntales era una mujer cuyo nombre ya poseía un enorme carisma tras la publicación de álbumes superventas, incluso míticos, como "Seven Waves", "The Velocity of Love" o "Neverland". Cuando en 1990 la compañía se trasladó de Nueva York a Los Ángeles, una curiosa circunstancia afectó notablemente a Suzanne, la lamentable pérdida del máster de su álbum "History of my Heart", un hecho que desconsoló notablemente a esta artista, que no se veía con fuerzas para grabarlo de nuevo. Peter Baumann la animó entonces a crear un disco más sencillo, exclusivamente para piano, que recogiera algunas de sus mejores composiciones arregladas para ese instrumento, un álbum que acabaría titulándose "Pianissimo".

"En verano de 1989 ofrecí mi primer concierto de piano desde los días de mis recitales de estudiante. Así comenzó el redescubrimiento del instrumento de mi primer amor: el piano acústico". Con estas palabras presentaba Suzanne Ciani este trabajo que Private Music publicó en 1990. Su merecida fama en el mundo de la electrónica más primigenia, a la que se había dedicado en cuerpo y alma durante todos esos años, entroncaba con el carácter sensible de sus composiciones, a lo que se unía su frágil apariencia, en la que era difícil reconocer a una mujer luchadora en el mundo masculino de la música electrónica. El cambio fue absolutamente necesario, y el producto tecnológico fue desechado para dejar paso a la esencia más melódica de la norteamericana: "No puedo odiar los ordenadores, llevo usándolos desde 1969 (...) La decisión de dejarlos de lado llegó después de grabar 'History of my Heart' y coincidió con una necesidad que yo tenía de un mayor contacto con la naturaleza, porque estaba viviendo en Nueva York y me sentía continuamente aturdida y sin tiempo para nada; me estaba volviendo chalada". "Pianissimo" resultó más económico en su producción que las grabaciones electrónicas realizadas hasta la fecha, en las que apabullaban los nombres de aparatos utilizados (especialmente en "Seven Waves"); además, contó con el patrocinio de la casa Yamaha, que proporcionó a la artista tanto los pianos utilizados como su propio estudio de grabación (una gran sala, sin reverberaciones, en la corporación Yamaha en Buena Park, en el condado de Orange). Las canciones arregladas (Suzanne tuvo que aprender a hacer los arreglos) pertenecían a sus dos últimos álbumes, "Neverland" y "History of my Heart", y se incluían cuatro nuevas composiciones, dos de las cuales iban a aparecer en su siguiente álbum, "Hotel Luna" ("Rain" y "Simple Song" -de la cual leemos en su partitura el comentario de Suzanne 'oh, así que en realidad no es tan simple'-), así como las deliciosas "She Said Yes" (autocalificada como un cuento de hadas) y "Berceuse" ('en memoria de mi querido primo Amy', añade). Seis piezas son arreglos de "Neverland", entre los que podrían destacarse los de "Tuscany" (que suena más limpia que en su disco original, y también mejor que en su primera interpretación para piano, en el recopilatorio "Piano Two"), "Neverland" (otra de las grandes composiciones de la Ciani, con su sello característico, a la que la solución pianística le otorga un acabado verdaderamente acertado) y "Summer's Day" (otro clásico, un alegre día veraniego). Además, ese 'sueño perdido, roto' que es "Adagio", la dulce "When Love Dies" y "Aegean Wave", con su aire cíclico, de ola. Por su parte, de "History of my Heart" son las cuatro composiciones restantes, la danzarina "Inverness", "Drifting", y los dos cortes más recordados y radiados, posiblemente, del disco: la grandísima "Mozart", que casi pega más con el espíritu de "Pianissimo" que con el de "History of my Heart", y su canción más representativa, "Anthem", dedicada a los estudiantes chinos que protestaron en 1989 en Tiananmen, por su espíritu y compromiso. "Anthem", un delicioso himno que ya es un clásico de la new age, tenía una versión de solo piano en su correspondiente álbum, pero la mencionada pérdida del master obligó a regrabarla. Estas últimas son dos de las canciones de corte más clásico de Suzanne Ciani, que prefiere denominar a su música clásica contemporánea.

"Pianissimo" es como un álbum de clásicos de la new age, sólo que son todos de Suzanne Ciani. El piano, un instrumento más asequible y que puede llegar a un mayor rango de público, sienta bien en general a las piezas, dándoles una nueva dimensión, de mayor seriedad a pesar de perder en ocasiones, curiosamente, una cierta calidez. De hecho, muchos de los seguidores de la Ciani son amantes de la música electrónica, y sin embargo acogieron muy bien ese acercamiento al mundo acústico, en el que una gran influencia era el excéntrico pianista Glenn Gould. "Pianissimo" fue un éxito sorpresivo para Suzanne, y tuvo varias consecuencias: la más inmediata, el lanzamiento de un libro de partituras cuya portada era la misma que la de el álbum, aunque su título fuera "New Age Piano" (el listado de canciones incluidas, 17 en total, no era exactamente el de "Pianissimo"); por otro lado, fue inevitable (y sustancioso) la aparición de dos continuaciones, en las que Suzanne Ciani continuó revisando sus viejos hits e incorporando nuevas canciones a su repertorio pianístico: en 1996 llegó "Pianissimo II", donde destacaba "The Velocity of Love", y en 2001 "Pianissimo III", ambas editadas por su propia compañía, Seventh Wave Productions, después de superar un cáncer, trasladarse a California y casarse con el abogado Joe Anderson, unos cambios vitales que influirían notablemente en su música tras abandonar Private Music, aunque realmente, cuenta con tristeza Suzanne, fuera Private Music la que la había abandonado a ella.

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15.7.13

RAVI SHANKAR:
"Tana mana"

Muchos términos musicales resultan paradójicos, comenzando por el propio epígrafe Nuevas Músicas. Músicas del mundo, o más atrayente en inglés, World Music (que es el verdadero término adoptado en 1987 para denominar al género étnico), es otro gran escollo para el entendimiento, ¿o es que acaso no todas las músicas son del mundo? El espíritu globalizador imperante en los 80 y el afán de las compañías discográficas por vender se puso de lado de ciertos músicos del conocido como 'tercer mundo' que, basados en su folclore autóctono, no sólo exploraban en fusiones audaces con occidente, sino que en ocasiones lograban un considerable éxito, manteniendo la categoría de mitos o maestros de la que gozaban en sus respectivos países. Youssou N'Dour, Ali Farka Touré, Ladysmith Black Mambazo, Nusrat Fateh Ali Khan, Mory Kante o Ofra Haza son sólo algunos nombres de indudable éxito, en su mayoría provenientes de Africa, a los que podemos unir muchos otros de los demás continentes, ya que la World Music, aunque contribuya a afianzar las distancias entre primer y tercer mundo, es un concepto que lo mismo puede englobar cantos sufíes, rancheras, oraciones tibetanas o flamenco. Peter Gabriel, Paul Simon o David Byrne son ejemplos de músicos occidentales que ayudaron a impulsar esta etiqueta y a determinados artistas de gran interés, pero para otros ilustres como Philip Glass no cabe duda de que el sitarista indio Ravi Shankar fue clave -incluso padre- de ese movimiento, años antes de su institución.

Tras décadas de trabajo y popularidad en la India y numerosos viajes por el mundo, Ravi Shankar conoció al 'Beatle' George Harrison en 1966 y se convirtió en su maestro, lo que aparte de una nutrida fama le acarreó ciertas críticas por "prostituir la música india". El propio Harrison es un reclamo en "Tana mana", al acudir a la llamada de su mentor y amigo para tocar en el mismo cítara y sintetizador, pero para este salto tan importante hacia el gran público y la distribución de una gran compañía, Ravi optó además por facilitar las cosas, por la fusión con otros estilos e instrumentos, y por acortar las duraciones de las canciones, más acordes con el gusto occidental y la radiodifusión. Aún así, a pesar de no tocar la música que le reclamaban los puristas de su país, este maestro consiguió su objetivo de "no perder la indianidad de su música". Más allá, con adaptaciones como ésta, no exentas de alma (Menuhin dice en la introducción de la citada biografía de Shankar que "a la proverbial serenidad de lo indio, el músico de la India aporta una exaltada expresión personal de unión con el infinito, como en el amor infinito"), Ravi dió un importante paso para mantener viva la música clásica india en el mundo contemporáneo, abriendo camino a otros músicos notables, como su propia hija Anoushka Shankar. Publicado por Private Music en 1987, "Tana mana" significa 'cuerpo y mente', y su propuesta incide en la fusión de elementos orientales y occidentales abordando un nuevo camino en el que se unifican música india, jazz y electrónica. Mientras que en el CD y la contraportada se puede leer simplemente Ravi Shankar, en general se atribuye el álbum a 'The Ravi Shankar Project', en un curioso intento de crear un grupo de atractivo nombre, más avanzado tecnológicamente de lo que hasta la fecha había ofrecido el músico de Benarés. Instrumentistas indios (incluyendo a la vocalista Lakshmi Shankar -sin parentesco alguno con Ravi- o a Shubho Shankar -hijo del maestro, fallecido de neumonía a los 50 años-) se funden con nombres estadounidenses como los de los productores (Peter Baumann y Frank Serafine) o los de los conocidos Patrick O'Hearn (al bajo) o el mencionado George Harrison. La alegría inunda el comienzo del disco, una corta pieza de título "Chase", que sirve de introducción a tres grandes canciones, momento álgido del álbum inaugurado con "Tana mana", tema vocal de elegante producción en su buscada sobriedad, donde el atavío electrónico no esconde el encanto del ambiente hinduista. "Village dance" presenta un ritmo mucho más danzarín, melodía folclórica muy atractiva que sabe encandilar y que ha llegado a titular algún recopilatorio de nuestro artista. La tercera gran pieza en discordia, de título "Seven and 10 1/2" hace gala de un desarrollo misterioso, de logrado misticismo especialmente a través del curioso acompañamiento vocal rítmico e ininteligible. El arte inmortal de la danza folclórica india (conviene reseñar el idilio del joven Ravi con la danza a través de su hermano mayor, Uday, que creó una compañía de éxito con la que llevó a toda la familia a París en 1930) se ve reflejado tanto en lo visual de algunas de las canciones como en su propio carácter étnico ("Romantic voyage"). En "West eats meat", el propio título indica una nutrida labor de fusión cultural, donde instrumentaciones de uno y otro lado del mundo se dan la mano para recrear un encuentro de monumental encanto. Coincidiendo con la personalidad de un Ravi Shankar que firma las diez composiciones del álbum, no es nada pretencioso el mismo, y se marcha en paz con la composición "Supplication", dejando buenas sensaciones en el oyente, que comprueba cómo las largas ragas características de los sitaristas indios pueden acortarse a nuestro modo, ejecutando temas no exentos de cierta profundidad espiritual, combinados con ritmos más fáciles y modernos.

Ravi visitó Estados Unidos por vez primera en 1932, en una época en la que el sitar era un hobby y él se consideraba más que nada bailarín. Todo cambió pocos años después, eligió gurú -Allauddin Khan, padre de Ali Akbar Khan-, y con él desarrolló su técnica y decidió consagrar su vida a la música, más allá del frívolo éxito de la danza. Fue sin embargo Tat Baba su maestro más importante, personaje mágico que influyó definitivamente en su éxito. Shankar tuvo una gran popularidad en EEUU cuando los Beatles le 'descubrieron' a occidente, se instaló en los Estados Unidos y dió populosos conciertos, y aunque su figura un poco diluida con el tiempo no se llegó a eclipsar, fue recuperado con el típico buen ojo de Peter Baumann para Private Music, donde publicó tres discos a finales de los 80, justo cuando comenzaba a instaurarse la mencionada etiqueta World Music: "Tana Mana" (1987), un estupendo concierto en Moscú llamado "Inside the Kremlin" (1989), y la espléndida e imprescindible colaboración con Philip Glass de título "Passages" (1990). "Tana mana", compuesto por Ravi Shankar un año después de sufrir un infarto, es una hermosa sucesión de piezas cantarinas, que van más allá de continentes y épocas para acatar la universalidad de la música india y darla a conocer al resto del mundo, en su faceta más asequible, a través de uno de sus grandes valedores.

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RAVI SHANKAR & PHILIP GLASS: "Passages"



10.5.13

VARIOS ARTISTAS:
"Diálogos con la música"

Como La 2 de Televisión Española, en la radio estatal también hay emisoras para minorías, que intentan difundir aspectos culturales de calidad que se intentan apartar de la comercialidad más banal. Una de las más activas e interesantes, Radio 3, nació como emisora en 1981, y dió lugar a una vasta e importante programación musical alternativa entre la que despuntarían notablemente profesionales como Antonio Fernández (Área Reservada), Diego A. Manrique (El Ambigú), Carlos Galilea (Cuando los elefantes sueñan con la música), Tomás Fernandez Flores (Siglo 21) o José Miguel López (Discópolis), recalando de esta manera en su dial desde el jazz y la world music hasta el indie, el flamenco o la música electrónica. Eso sí, en la memoria colectiva de las Nuevas Músicas en España hay por encima de todos un nombre casi legendario proveniente de Radio 3, un programa que fue más allá de las buenas intenciones y durante varias décadas amenizó las sobremesas de miles de 'buscadores de belleza', un territorio abrupto y variado de nombre 'Diálogos 3', cuyo gerifalte -secundado por la dulzura de Lara López- es una de las personalidades más histriónicas del periodismo musical y deportivo español, uno de esos personajes que no deja indiferente a nadie, el donostiarra Ramón Trecet.
 
Gracias a su privilegiada posición, Trecet logró hacer llegar a nuestros hogares un sinfín de músicas dispersas por el mundo, que en aquella época dificilmente gozaban de distribución y promoción, alcanzando así un gran poder mediático, un acercamiento a la categoría de mito y una serie de agradecimientos en muchos discos de artistas importantes por su papel de intermediario, más que descubridor, entre nuevas identidades musicales y toda una audiencia entregada. Ramón luchó desde las ondas contra el marchamo negativo que conllevan desde siempre ciertos tipos de música que, en su belleza y sinceridad, admiten también desgraciadamente a mucho compositor mediocre y más de un aprovechado. Ninguno de esos tienen cabida en esta compilación doble que se escondía tras una presentación de lujo, con una portada blanca con efectos brillantes en la que venía troquelada la palabra DIALOGOS. El diseño gráfico corría a cargo de Coro Acarreta, dirigente de Resistencia y a la sazón esposa de Ramón. "Diálogos con la música" (que era el apelativo original de 'Diálogos 3') fue editado en 1994 por BMG Ariola, compañía propietaria del catálogo de RCA (que aportaba 6 composiciones) y distribuidora en España de Windham Hill (parte importante de la recopilación con 10 composiciones) y Survival (1 tema). Otra importante compañía estadounidense, Private Music, cedía 2 canciones, y otras 2 el sello español de Juan Alberto Arteche, Música Sin Fin. El resultado es francamente maravilloso, y venía comentado así por el propio Ramón: "El disco que tienes en tus manos es consecuencia de una idea de BMG y viene a ser una pequeña celebración de los diez años de NUEVAS MUSICAS en Diálogos-3. Diez años... me ha sorprendido lo rápido que ha pasado el tiempo y la cantidad de buena música que hemos oído juntos. Aquí tienes desde la sintonía del programa, pasando por el shock discográfico de mi conversión al minimalismo, a la canción más pedida por la audiencia en estos años (Brian Boru). Faltan cosas que esperamos incluir en el siguiente". Efectivamente, el álbum no podía comenzar más que con "Harry's game", grandiosa canción de Clannad que Trecet consideró sintonía ideal del programa hasta que escuchó "A child" de Paul Mounsey, pero otras gemas vocales aquí contenidas comprenden a los escoceses Capercaillie ("Outlaws") o al monumental conjunto 'a capela' The King's Singers (sublime su versión de una de las grandes canciones de todos los tiempos, "Good vibrations" de los Beach Boys). No esconde el periodista sus debilidades, con calificativos como 'el mejor grupo del mundo' (Nightnoise, representado por "Hourglass" y "Wiggy wiggy"), 'el mejor clarinetista del mundo' (Richard Stoltzman, que aporta "Blackbird / Bye bye blackbird"), 'el imperial' (Michael Manring, del que suena una composición única y auténtica, "Wide asleep") o 'el pilar fundamental de los estilos surgidos en los 80' (Will Ackerman, con "Synopsis II"). Cualquier nombre implicado parece imprescindible, ¿cómo no mencionar a Mark Isham, Puck Fair, Patrick O'Hearn, Ray Lynch, Suzanne Ciani, Yanni, Steve Erquiaga o al noruego Oystein Sevag, sobre cuyo "Crystal palace" afirma Trecet que se siente como un niño de ocho años esperando el día de Reyes cada vez que lo escucha? Dos músicos españoles aportan su granito de arena, Javier Paxariño con "Pangea" y Alberto Iglesias con la abrumadora "Cautiva", pero había que dejar para el final la única composición tradicional de las 21 que componen el doble CD: "Brian Boru's March", en la interpretación del flautista irlandés James Galway, despierta la eterna paradoja sobre las Nuevas-Viejas Músicas, que intenta aclarar el locutor easonense: "La razón de usar el prefijo Nuevo en estas músicas responde, más que a su novedad real, a la actitud desarrollada por los oyentes ante su escucha". Soberana composición, majestuosa interpretación, la marcha de este rey irlandés fue un puntal del programa, hasta tal punto de que Ramón Trecet escribió sobre ella: "Por favor, que la toquen cuando me muera".
 
Subjetivamente, se podrá coincidir en mayor o menor medida con el gusto del locutor de San Sebastián, pero de manera objetiva se podría decir que nadie mejor que él para presentar una colección de temas gloriosos, aunque tuviera que constreñirse al catálogo de BMG y las cesiones que dicha compañía consiguiera. Merced a la distribución del sello Windham Hill, las cortesías de Private Music, y algún que otro detalle muy fructífero, este doble CD logró en gran parte sus intenciones y las de su compilador, "llamar la atención del resto de la industria sobre algo completamente ignorado hasta no hace mucho tiempo". Desde luego, sería lamentable que canciones emblemáticas como las que aquí se agrupan se perdieran en la inmensidad de la industria discográfica. El lógico éxito (aunque no llegó a entrar en puestos de ventas importantes) provocó la aparición, tres años después, del segundo volumen, subtitulado 'El fin de la nueva era' porque, para Ramón Trecet, las cosas empiezan y se acaban, y ese era el fin de una etapa de las Nuevas Músicas. No faltaban en él otros grandiosos clásicos como "On the future of aviation" (la mágica composición de Jerry Goodman), "Aerial boundaries" (no hace falta presentar este inmortal tema de Michael Hedges), "The velocity of love" (una de las mejores composiciones de Suzanne Ciani) o "For free" (Richard Stoltzman homenajeando a Joni Mitchell), además de otras pequeñas joyas de Shadowfax, Ray Lynch, Mark Isham, Yanni, Will Ackerman o el inefable George Winston, entre otros. Primer y segundo volumen conforman una pequeña biblia de las Nuevas Músicas, un innegable oasis de calidad que Ramón Trecet no sólo se encargó de recopilar, sino de dejarse el alma en cada elección, con su más conocida sentencia por bandera: "Hasta entonces, busca la belleza. Es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo".
 











12.3.12

SUZANNE CIANI:
"Neverland"

Después del éxito logrado por un álbum primigenio en la new age de sintetizador como lo fue el mítico "Seven Waves", la teclista norteamericana Suzanne Ciani firmó por RCA para la publicación de su segundo plástico, "The Velocity of Love". Sin embargo RCA enseguida prescindió de ella (por fortuna conservó los derechos del álbum) y fue la creciente compañía neoyorquina Private Music la que acogió con los brazos abiertos a la Ciani. "Neverland", lanzado en 1988, fue su primer álbum con Private y supuso un paso adelante en las intenciones estilísticas de esta teclista, ya que planteaba y rememoraba otro tipo de sentimientos más allá de la pura ambientalidad que imperaba en "The Velocity of Love" (que con la excepción de la genial composición homónima, dejaba toda la responsabilidad de su sonido a la tecnología). Aunque 'Neverland' sea el nombre original del 'País de nunca jamás' de "Peter Pan", nada en los títulos del álbum recordaba a dicha obra (sí quizás su estilo delicado, evocativo de la infancia), de hecho Suzanne explicó que la música para esta grabación surgió en los Países Bajos, un día que la artista daba un paseo a caballo. El paseo acabó convirtiéndose en una nominación para los premios Grammy en la categoría new age, premio que acabó ganando el grupo Shadowfax con "Folksongs for a Nuclear Village".

Para Suzanne Ciani todo empezó escuchando unos discos de Bach, Beethoven y Mozart que compró en un mercadillo, pero en su evolución acabó formando parte de un momento importante de la música electrónica. Vivir al lado del mar pudo otorgarle un especial toque ambiental a su sonido, propio e indistinguible, que se nutre de sus vivencias personales y de la naturaleza, y por supuesto del amor ("yo creo en los amores platónicos, en el romanticismo, pero no creo que mi música sea triste"). Al contrario, "Neverland" es un disco alegre, elegante, bastante completo, de melodías precisas combinadas con efusivos ritmos, respirando por igual influencias clásicas como folclóricas, incluso mediterráneas. Ciani teje con sabiduría las notas y nos desvela una nueva cara melodiosa y soleada, de glorioso romanticismo en una mejor combinación de sonidos y texturas que antaño. "Neverland" es una afortunada melodía, suave y poco recargada, una tierna ensoñación que tiene su continuación en "Tuscany" (con su envoltorio apasionado de base melódica al piano, sin secuencias, que tiene su inspiración en la región italiana -el país de los abuelos de Suzanne- de la Toscana) y en otros momentos del álbum, como "Summer's Day" y su luminoso teclado. Otra faceta en el disco es más ambiental, la que disfrutamos en "Aegean Wave" (otra nueva ola, después de las siete de su primer trabajo y de la 'octava ola' que abría el segundo -"el sonido de las olas es majestuoso", afirma-), "Life in the Moonlight", "When Love Dies" (introducida por un coro de corte épico) o "Lumiere" (cuyo poema está escrito por la fotógrafa alemana Ilse Bing). "Mother's Song" es realmente un tema compuesto en 1985 para la banda sonora del film de Ann y Jeanette Petrie "Mother Teresa", cuya música realizó Suzanne Ciani. Por último, destacar el tercer corte como uno de los mejores y posiblemente el más original del álbum, "Mosaic", marcado por un estimulante ritmo percusivo que parece jugar con el oyente, y que domina a una melodía de tono grave, imitando a lastimeros instrumentos de cuerda y de viento, un tema vistoso y divertido en el que se aprecian mejor varios planos entre una cierta linealidad general. "Neverland" fue íntegramente compuesto y producido por Suzanne Ciani, con Leslie Mona-Mathus en la ingeniería y la mezcla (como en "Seven Waves" y "The Velocity of Love"). Son diez piezas escritas en los últimos dos años y grabadas en enero del 88 en los C/M estudios de Nueva York. Es extensa la lista de nombres de equipos (en especial de las marcas Yamaha y Roland) al detallar la instrumentación del disco, una impresionante parafernalia que culmina con el piano Steinway.

"Piano Two" fue un disco recopilatorio publicado por Private Music en 1987, que recogía ocho solos de piano firmados por Yanni, Suzanne Ciani, Joaquim Kuhn y Michael Riesman. Era en realidad la continuación de "Piano One", publicado dos años antes como la cuarta referencia de Private, con temas de Ryuichi Sakamoto, Eddie Jobson, Eric Watson y Joaquín Kuhn. Ciani colaboraba en "Piano Two" con tres adaptaciones, una de "Seven Waves" ("The Fifth Wave: Water Lullaby"), otra de "The Velocity of Love" (la que le daba título) y una última que era inédita en ese momento, "Tuscany", pero que iba a estar incluida en el nuevo álbum de la Ciani, un "Neverland" dedicado a la alegría, la pasión, la sensualidad, la fuerza y la belleza. "Tuscany" se engalanó para formar parte del disco, y la versión de solo piano que dos años después se incluyó en el álbum "Pianissimo" no era exactamente la misma de la que se podía escuchar en "Piano Two". La década de los 80 se iba acabando y Suzanne Ciani había alcanzado un estatus superior en ese mundo de hombres que sólo unos años antes le cerraba las puertas.

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8.11.11

PATRICK O'HEARN:
"Indigo"

Desde sus comienzos en Private Music, el músico angelino Patrick O'Hearn mostró una especial fascinación por las culturas más antiguas y reminiscencias mitológicas, esos pueblos misteriosos, incluso olvidados que, por ejemplo, constituyeron la inspiración principal de discos como "Ancient Dreams" o "Eldorado". Partiendo de este último, las selvas centroamericanas que albergan viejos enigmas de la humanidad parecen formar parte del gérmen de "Indigo", ciertamente hermosa denominación del color añil, el mismo que domina la portada de este trabajo publicado por Private Music en 1991, definitivamente el último álbum original de nuestro protagonista en aquella compañía. Dicha portada, diseñada por Norman Moore con ciertas semejanzas a tenebrosos grabados de Goya, anticipa el misterio que domina un álbum brumoso, donde texturas y melodías conviven en fascinante armonía. En compensación, una virgen con niño, 'La madonna della sedia' de Raphael, se muestra en la contraportada, acabando de confirmar que "Indigo" es una amalgama de influencias en la mente de O'Hearn. Por ejemplo, sobre su traslado de residencia desde Los Angeles a Houston, O'Hearn comentaba en alguna entrevista que algunas ruinas (en concreto las de un molino) de la guerra civil americana situadas en un enorme parque cercano a su casa también habían sido importantes en la concepción del disco, al tratarse de un lugar de retiro y tranquilidad para nuestro músico ("tal vez parte de la historia dolorosa de la zona influyó en la realización de Indigo").

La evolución de O'Hearn implica que esta es la música que realmente él deseaba siempre hacer: "Ancient Dreams" fue como un despertar a otro tipo de conciencia musical en la mente del músico, su concepción privada de la música instrumental fue abriéndose a nuevos públicos desde "Between Two Worlds", más suave en sus ritmos aunque igual de profundo, y es a partir de aquí cuando se conjugan emoción y maestría en trabajos sublimes como "Rivers Gonna Rise" y "Eldorado". Desde el propio diseño se puede percibir que "Indigo" es un nuevo paso adelante, un juego de luces y sombras donde estas últimas ganan terreno en ambientes algo más oscuros cargados de magia ancestral. El poderoso recibimiento, una pieza atmosférica, magistral, cargada de estímulos e inequívocas señales sensitivas, de título "Devils Lake", constituye la demostración de que viejos espíritus se habían adueñado de la inspiración de O'Hearn, tal vez esos sanguinarios dioses prehispánicos a los que parece ir dirigido ese ceremonioso cuadro sonoro llamado "Sacrifice" y que en "Coba" (espectacular yacimiento maya situado en el sureste de Mexico) encuentran la mejor de las melodías del trabajo, una redonda demostración de clase que caló muy hondo en la época. De nuevo Mark Isham contribuye a crear una atmósfera de otro plano temporal con la trompa -o cuerno francés- en la etérea "Upon the Wings of Night", si bien desgraciadamente se trata de la única colaboración de Isham en el álbum, y de hecho del último apoyo del trompetista en los discos de un O'Hearn que en "Indigo" cuenta con la colaboración de Warren Cuccurullo en las guitarras. Más delicados, incluso luminosos, son los siguientes cortes, entre los que destaca poderosamente el suave hipnotismo de "The Ringmasters Dream", donde la percusión juega un importante papel sobre los teclados, las guitarras texturadas y el sempiterno bajo, en un juego tan atractivo como aquel que practicaban los antiguos mayas, en los que los guerreros tenían que introducir la pelota por un anillo de piedra. Un tema que podía haberse extendido en su duración, y que deja paso a la última composición del álbum, una "España" (así, con 'ñ') atmosférica de innegable sutileza. Las percusiones acústicas tan animadas de "Eldorado" tornan en más electrónicas, en combinación con las guitarras texturadas, conformando ambientes tan estimulantes como para que el oyente entre a formar parte del propio disco viviendo momentos tan mágicos, incluso tenebrosos, como "Devils Lake", "Coba", "The Ringmasters Dream" o "Upon the Wings of Night", ecos de esos tiempos remotos que tanto intrigan a músicos electrónicos como Steve Roach o el propio O'Hearn. De hecho, preguntado por nombres de músicos ambientales admirados, Patrick hablaba sin pudor del propio Roach, así como de Brian Eno, Jon Hassell, Daniel Lanois, Mark Isham, David Torn, Peter Maunu, Robert Rich, Vidna Obmana, Jeff Pearce y Michael Stearns, sin olvidarse de la riqueza de la música experimental que floreció en Alemania en los años 70 y principios de los 80, decía.

Decir O'Hearn es hablar de cuidados fondos de bajo y guitarras, teclados profundos y ritmos asombrosos, así como ambientalidades palpables, como las sensaciones que desprenden composiciones como "Devils Lake", en la que se puede captar la vida animal, la niebla, la caída de la noche e incluso una presencia extraña. Aprovechando el tirón del que aún gozaba el artista, en 1992 Private Music lanzó un eficaz recopilatorio titulado "The Private Music of Patrick O'Hearn", muy completo salvo por el olvido de "Coba" o "Amazon Waltz". Como los catálogos de Windham Hill y Private Music fueron en esta época adquiridos por BMG, el sello californiano publicó en 1997, "Patrick O'Hearn: A Windham Hill Retrospective", otra compilación del músico, curiosamente bastante distinta en su selección de las canciones a la citada anteriormente (coincidían tan sólo en un tema) y posiblemente algo inferior en la calidad de las mismas (no incluía algunas de sus composiciones más emblemáticas, como "Homeward Bound", "April's Fool" o la mencionada "Amazon Waltz", olvidada también en el anterior). "Indigo", así como "Ancient Dreams", fue relanzado por One Way Records en 2001, nueva oportunidad de conseguir un trabajo excitante y sorprendente que se promocionó con la frase 'en la tradición antigua de los sueños'.

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