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11.11.22

PETER DAVISON:
"Winds of Space"

"Creemos que hay un lugar que vive dentro de todos nosotros. Es un lugar de visión y claridad donde el ritmo de la vida se mueve en armonía con una conciencia superior. El propósito de nuestra música es llevarte allí". Estas espirituales frases eran la máxima de la compañía discográfica Higher Octave Music tras su fundación por parte de Matt Marshall en 1986 en California. Las primeras referencias de su catálogo se basaban en trabajos de músicos como Peter Davison o William Aura, algunos de los cuales habían sido publicados con anterioridad en compañías menores de la floreciente new age. La asociación de Higher Octave con EMI y Narada para una distribución mundial le permitió crecer en aspiraciones y fichar a artistas importantes en el mundo la música instrumental, y tras su comienzo en esa suave y sugerente new age, se expandió en influencias y géneros hacia las músicas del mundo, el smooth jazz, algo de electrónica, y el conocido como nuevo flamenco, con el que el sello logró su mayor éxito gracias al guitarrista alemán Ottmar Liebert. Cusco o Craig Chaquico fueron otros de sus artistas importantes. Pero volviendo al comienzo de todo, no hay que olvidar algunos de esos relajantes discos originales, como el primero de ellos, "Winds of Space" del estadounidense Peter Davison. 

Meditación, yoga o tai-chi son algunas de las disciplinas hacia las que iba dirigida la música de Peter Davison. En la línea de otros artistas espirituales más conocidos como Deuter o Terry Oldfield, Davison elabora en la mayoría de sus trabajos una música new age serena y relajante, pero no exclusivamente ambiental, pues determinadas melodías flotan entre sus brumas, donde lo acústico cobra vida (flauta, saxo, piano o guitarra son los instrumentos que suele interpretar, con añadidos eventuales de arpa, chelo, violín y diversas percusiones) y se deja conducir por una sutil electrónica que está presente por medio de los sintetizadores y la percusión electrónica. Higher Octave Music le publicó "Winds of Space" en 1986, inaugurando con él su extenso catálogo. Tras varios años de estancia en Avocado Records, su primer trabajo con una grande (si bien no tenía en esos momentos esa elevada categoría) supuso un pequeño aumento de esa capacidad electrónica del artista, que unida a lo acústico de las flautas o el saxo, no difiere mucho de la que se estaba comercializando en Europa, con algo de Tangerine Dream, por ejemplo, así como de otros artistas de cierta comercialidad, pero especialmente presenta síntomas de sintesistas japoneses como Kitaro o Yoshiaki Hoshi (Himekami). Sin embargo, no está exenta de personalidad propia en su capacidad de síntesis y en su cierto intento melódico. "Turn to Dust" es un amanecer ambiental que nos conduce, guiados por unas pocas notas repetitivas de teclado, a un relajante pasaje espacial muy acertado al que se une la calidez del saxo en un clímax lisérgico. Atmósfera más calmada la de "The Sage", con ecos burbujeantes. Sencillamente para escuchar y relajarse, como con "Shadow" (un pasaje romántico con algo de espacial) o otro sencillo momento tranquilo titulado "Soft Light". Bellas florituras acompañan "Leaves Shimmering", una pieza candorosa que es todo un plácido baile con la naturaleza. Davison retorna entonces al fulgor espacial al comienzo de la cara B del plástico, en una melodía más aventurera que las anteriores y cercana a la que abría el disco, la importante "Bold Flow", que retorna parecida pero ralentizada en "Night Vision". Etérea con efectos sonoros, muy new age, es la pieza que titula el álbum, "Winds of Space". De hecho, este disco entra perfectamente en la definición de aquella primaria new age, por la que circulan también, aunque con mayor cosmicidad, "Circles within Circles" y el corto tema final, "Winds of Space II". Antes de eso, "Lullaby for Tera Rose" es una nana envuelta en sonidos aflautados, soñadores, mientras que en "Lunar Halo" retorna el inconfundible sonido, presente en la mayor parte del álbum, que nos recuerda al Kitaro más espacial. En general, doce composiciones para disfrutar del amable sonido de la nueva era que triunfaba en los años ochenta.

Sorprende en "Winds of Space" el sencillísimo arte gráfico del álbum, un diseño en blancos y azules que contribuía a la relajación, y una portada casi infantil diseñada por Dan Levin, que desde entonces fue adoptada por la compañía que inauguraba, como emblema durante su larga trayectoria en el campo de la música instrumental. Levin fue director creativo de Higher Octave Music en sus primeros años de existencia. La publicidad acogió el nuevo sello y concretamente este su primer trabajo con buenas palabras, que se mencionan en el libreto del mismo: "Melódicamente encantador, relajante, espacial y agradablemente colorido (...) Piezas emocionalmente e intelectualmente variadas", fueron algunas frases destacadas. La propia compañía comentaba lo interesante del compromiso y la inspiración de este músico con la naturaleza y nuestro planeta, así como su labor como compositor de películas y teatro. Lamentablemente, su nombre y sus siguientes obras no acabaron de encontrar su hueco entre los más reconocidos del género, pero siempre se recordará "Winds of Space" como un buen trabajo y la primera referencia de Higher Octave Music.








19.1.16

OTTMAR LIEBERT:
"Poets & Angels"

Aunque parezca un recurso fácil, no es sencillo realizar un disco de canciones populares navideñas (el carol en el mundo anglosajón o el villancico de los hispanoparlantes), especialmente por lo conocido y manoseado de los temas más difundidos, esos que cada familia puede tararear en sus reuniones. No sólo es importante sonar de una manera distinta, original y atractiva, sino que hay que saber tratar bien a estas tonadas relacionadas con lo divino. Parece que desde siempre la cultura norteamericana se toma más en serio que la europea la musicalidad y el interés popular de este tipo de composiciones populares, practicamente todos los artistas superventas de la conocida como new age en los EEUU han presentado en una o varias ocasiones su propia interpretación de un puñado de canciones navideñas en forma de álbum temático: Chip Davis (Mannheim Steamroller), George Winston, David Lanz, Jon Anderson, Jim Brickman, Cusco, Enya, Liz Story, Craig Chaquico, Kenny G, Peter Buffett, los artistas del sello Windham Hill..., y en la mayoría de las ocasiones se ha tratado de los álbumes más vendidos en los meses invernales, lo que significa un verdadero negocio para algunos de los artistas mencionados. Ottmar Liebert no iba a ser menos, y a finales de 1990 Higher Octave Music le publicó un sencillo pero estimulante trabajo para la temporada invernal titulado "Poets & Angels", con el clarificador subtítulo 'Music for the holidays'.

Con "Nouveau flamenco" (1990) y "Borrasca" (1991), este guitarrista de figura elegante y bohemia logró numerosisimas ventas y dos números 1 en la lista de new age de la revista Billboard, medidora de las tendencias comerciales en los Estados Unidos (el de "Nouveau flamenco" llegó con la reedición en el año 2000). A pesar de la importancia de los dos trabajos mencionados, uno menos mediático se coló enmedio de ambos, este "Poets & Angels" donde la guitarra vuelve a ser protagonista principal y absoluto. En un sentido religioso se podría crear una problemática entre las canciones navideñas y su inherente sentido católico, pues Liebert, católico de nacimiento en Alemania, dejó de serlo por voluntad propia desde los 16 años, tomando contacto enseguida con el budismo zen. Sin excesivo celo ético, queda escuchar agradecidos estas sencillas tonadas que a muchos han acompañado cada Navidad, y otros conocen y respetan por su belleza y carácter folclórico. Ottmar Liebert impone su estilo para versionar ritmos tan populares como "Jingle bells", "Silent night" o "Little drummer boy". El sonido es rotundo, crea bellas atmósferas plagadas de rumba y sabores de lo hispano a lo tropical, e incluso, al dejar una impronta tan rotunda con la guitarra española, casi crea un disco propio, original, en parte gracias a la inclusión de cinco composiciones propias, entre las que destaca enormemente "Starry Nite (March of Kings)", con la que Ottmar se acercó maravillosamente a lo popular -parece sacado de la tradición- y endulzó diversos recopilatorios de su compañía. En cuanto a las otros cuatro, son la prueba de que Liebert lleva el ritmo en los genes y el flamenco en el corazón, de ahí las influencias escondidas, disfrazadas de Navidad, movimientos rumberos -"Poets & Angels", "Festival (Of 7 Lights)"- y aires flamencos -"Shepherd's Nite Watch", "Morning Glory"-, que sazonan notablemente el conjunto. El resto del plástico sí que se compone de gloria y divinidad, diez carols (o villancicos) tratados instrumentalmente y rescatados de la tradición, aunque en el disco no se atribuyen realmente a los autores originales, a los que llegamos -si los hay reconocidos- con una fácil búsqueda. "Deck the halls" ('Adornen los salones', canción galesa del siglo XVI cuyo estribillo se interpretaba con arpa) abre el trabajo, y es un comienzo apetecible y agraciado. Numerosos artistas han interpretado la mayor parte de estos clásicos, por ejemplo el villancico francés "Angels we have heard on high" ('Ángeles cantando están') ha pasado por las voces de, entre muchos otros, Andrea Bocelli, Cristina Aguilera, Jewel, The Carpenters o, de manera instrumental, The piano guys. Otro de los más conocidos, "Little drummer boy" (supuesto original checo transcrito en el siglo XX por la pianista estadounidense Katherine Kennicott Davis) se hizo muy popular desde la versión de la familia Trapp, y en España por medio de Raphael ('El tamborilero'), si bien cuenta con numerosísimas versiones en variados estilos, soul (Stevie Wonder, Ray Charles), folk (Joan Baez, Bob Dylan), clásica (Nana Mouskouri), rock (Jimi Hendrix), pop (Abba), disco (Bonnie M), a-cappella (Take 6) o, en lo instrumental, Kenny G, Tuck Andress o Mannheim Steamroller, si bien la versión de Liebert convence y se disfruta. Continuando con las melodías más conocidas, "We 3 Kings (of Orient R)" es otro villancico estadounidense (compuesto por John Henry Hopkins Jr en 1857), mientras que "O holy nite" es francés, de 1843. Eso sí, tal vez los dos títulos más representativos sean "Jingle bells" ('Navidad, dulce navidad', de James Pierpont, 1857), que en su origen no era específicamente una canción de Navidad, sino que trataba sobre las carreras de caballos, y "Silent night" ('Noche de paz', austriaco, de 1816), con importantes versiones, en el entorno de las nuevas músicas, de Enya, Mike Oldfield, Mannheim Steamroller o Il divo, entre muchos otros. Menos conocidos son los tres que restan por comentar, todos ellos del siglo XIX, "1st nowell" (inglés), "Away in a manger" (norteamericano) y "O christmas tree" (alemán). La edición japonesa incluía además el corte "Poets + Angels Live". "Poets & angels" fue el primero de los tres álbumes navideños de Ottmar Liebert. El segundo es "Christmas + Santa Fe", publicado en el año 2000: Santa Fe es la ciudad de residencia de Liebert desde 1986, y su influencia, su actividad y diversidad cultural, ha sido fundamental en la creación del 'nouveau flamenco'. La llegada del guitarrista hasta este entorno fue casual, cuando se dirigía a Los Angeles desde Boston, donde había tocado en una banda de rock y había trabajado como mensajero en bicicleta: "Estaba ayudando a un amigo a conducir una camioneta de regreso a Santa Fe y me iba a quedar un par de semanas, descansar e ir a Los Ángeles. En lugar de eso disfruté realmente de la ciudad, hay una interesante mezcla de cosas allí, tienes la cultura india, la cultura hispana y la cultura anglosajona. Hay restaurantes que combinan la comida mexicana con todo, italiana, francesa, cocina asiática, de California...". Se trata además de un paraje encantador en las fechas navideñas, de ahí el título de esta segunda entrega. La trilogía se completó en 2005 con "Winter rose", que incluía referencias a clásicos como Fauré o Tchaikovsky. 

Aunque le consideren un diletante del flamenco, no cabe duda de la capacidad de Ottmart Liebert para lograr melodías pegadizas a la guitarra española en un estilo aflamencado que él mismo se encargó de bautizar como 'nouveau flamenco' en su primer álbum. "Poets & Angels" es fácil y plácido, pero en absoluto aburrido, es más bien bastante entretenido en su duración de 54 minutos poblados por 15 canciones cortas plenas de candor navideño. El sonido es limpio, con la producción de Liebert y Domenico Camardella, y la utilización de guitarra flamenca por parte de Ottmar Liebert, el bajo de Jon Gagan y la percusión (y palmas) de Davo Bryant. Gagan en especial ha sido un habitual en la cambiante banda de acompañamiento del músico, denominada 'Luna negra'. En la portada, Liebert (altivo, desenfadado, con su cualidades mestizas realzadas) mira al cielo buscando esos ángeles que se pasean por el titulo del disco, aunque también parece dar gracias por la sorprendente y excepcional acogida de su música, ese nuevo concepto llamado nouveau flamenco que, ante las iras de los puristas españoles (calificado por Paco de Lucía como una caricatura del flamenco), nació en 1990 con el primer plástico de este fan de Carlos Santana, Miles Davis y John McLaughlin. La controversia está servida, usted pase, disfrute y decida. Pero ante todo disfrute.

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22.9.15

HIMEKAMI:
"Ihatovo Hidakami"

De un tiempo a esta parte, la enorme importancia que han adquirido los medios de comunicación ha posibilitado que lo que antes era muy lejano, casi imposible de acceder, ahora esté a un solo click del ratón, más allá de kilómetros, idiomas y fronteras. Por eso ahora conocemos con total fiabilidad las discografías de músicos lejanos y exóticos, pero sólo hace unas décadas nadie fuera de Japón sabía quién era Yoshiaki Hoshi y por lo tanto Himekami, grupo de culto en su país que al fin traspasó fronteras gracias a la recopilación "Moonwater", distribuída en Estados Unidos por Higher Octave Music y con edición española a cargo de Sonifolk/Lyricon. Dicho sello se encargó de la difusión y traducción a nuestro idioma de las nuevas obras de la banda nipona, comenzando por un sosegado trabajo de 1990 (que llegó a España en 1991) de título "Ihatovo Hidakami", en cuyo interior se explicaba: "En Ihatovo Hidakami se encuentra el origen de Japón, que nunca acabará de contarse". Es altamente destacable la forma en la que dos músicos japoneses tan parejos pero a la vez tan distantes y personales, como Yoshiaki Hoshi y Kitaro, quisieron tratar el mismo año 1990 la historia de sus orígenes. Hoshi (Himekami) se amparó en la poesía y en una supuesta sencillez inspirada por la naturaleza, mientras que Kitaro utilizó una mayor complejidad instrumental para abordar las leyendas ancestrales de su tierra en otro inmenso álbum de título "Kojiki".

En el caso de Himekami, la interacción entre la propia imaginación del músico y los mitos colectivos del país nipón, generaron una realidad artística que iba más allá de la propia música para alcanzar un extraordinario nivel poético, lográndonos trasladar mentalmente a los paisajes inmemoriales a los que rendía pleitesía, como inspirado por antiguos alientos. Hidakami (también conocido como Kitakami) es un lugar del norte de Japón, en la prefectura de Iwate, varios kilómetros al norte del lugar de nacimiento de Yoshiaki Hoshi, la ciudad de Wakayanagi (Kurihara), en la prefectura de Miyagi. La de los Hoshi con Iwate es una historia de amor, allí instalaron su residencia y lugar donde compusieron sus éxitos, y también allí (en Takizawa, concretamente) nació su hijo Yoshiki, que actualmente mantiene el nombre del grupo tras la muerte de su padre. Es evidente que se trata de una zona que los Hoshi conocían a la perfección y quisieron reverenciar en este trabajo, tanto a través de una preciosa música como de un completo libreto ilustrado con bellas fotografías naturales, cada una de ellas presidida por un idílico pie de foto. Con aspecto de haikus (breves poemas japoneses de tres versos, basados en la emoción que produce la contemplación de la naturaleza), se trataba de poemas en los que se hablaba de ese lugar del norte de Japón llamado Hidakami, donde el sol, el viento o el bosque son elementos tan profundos y espirituales como la memoria de sus gentes, que alcanza los siete mil años. La música presentada por Yoshiaki y Etsuko Hoshi en este álbum de sonido complaciente, relajado, se apropiaba de la magia del paisaje, de la insondabilidad de las viejas leyendas y de la cercanía y felicidad de sus pobladores, en su paleta abundaba el colorido, del azul del cielo y de las aguas, al verde de los árboles o el rojizo de los atardeceres. En "Katayuki kanko shimiyuki shinko" podemos notar cómo toda la naturaleza se va desperezando, cómo el sol llega poco a poco a cada rincón del bosque y el nuevo día hace acto de presencia, derivando en un pequeño himno pleno de sencillez, una música tan inocente que parece hecha para alguno de los films animados de la época dorada de Disney. De hecho, "Tsuriganesouwa asano kaneo takaku narasi" ('La flor campanilla tintinea fuertemente por la mañana') podría asemejarse a una nana, por su suavidad y una cierta carga infantil, una humilde belleza flotante. También infantil pero muy eficiente es "Sanjyunen toiu kiirona mukasi" ('El color de 30 años convertido en sepia'), otra divertida tonada juguetona, saltarina, destacada en el trabajo, si bien no tanto como "Kaze no manto" ('El manto del viento'), posiblemente el tema estrella del álbum -junto al que lo cierra-, una hermosísima demostración de lo que Hoshi era capaz de ofrecer, extrayendo de muy dentro sonidos que conectan con la más profunda esencia del oyente. 'El manto del viento' mantiene durante un minuto un carácter ambiental, para encontrar entonces una exultante melodía de teclado aflautado, igual de apacible pero con mayor intensidad. También "Tsumekusano akari" / "Ano Ihatovo no sukitohtta kaze" ('Aquel transparente viento de Ihatovo') es otro corte afortunado, melodía ondeante que se desarrolla in crescendo durante mas de 8 minutos, un ensueño bucólico en el que árboles, plantas y animales se enzarzan en un ballet mágico. Composiciones relajantes adornan el resto del álbum, la suite "Kouseino sorano nohara" ('El campo bajo el cielo azul') / "Kentaurusai" ('La fiesta de Kentauro') / "Hontou no saiwai" ('La verdadera felicidad') presenta ciertas reminiscencias clásicas chinescas, "Numabatakeno oriza" ('Oriza en la ciénaga') es como un Debussy japonés, y una nueva suite, "Oozonaro taki" ('La cascada del cielo') / "Kuromojino kino nioi" / "Yukiwa aojiroku akaruku mizuwa rinkouo age" ('La nieve está pálida y el agua fosforescente'), parece una auténtica sinfonía natural. La capacidad evocativa, presente en este trabajo, de la música de Himekami ha provocado que durante su trayectoria varias de sus composiciones hayan servido para acompañar imágenes de documentales ("Kaido") o películas ("Tohno monogatari"), además de servir de sintonía para cabeceras de programas de la NHK y la TBS. De igual manera, "Ihatovo Hidakami" concluye con una suerte de sintonía, "Aoi kurumi" ('La nuez azul'), una dulce melodía de semblanza folclórica, que sin llegar a impresionar sí que se puede respirar y disfrutar. Discurriendo por caminos de aparente simplicidad, la beldad de las armonías y ambientes de "Ihatovo Hidakami" embelesa sin llegar a aburrir, la delicadeza de los teclados inunda de belleza cada composición, y las dotan de aspecto natural, en absoluto sintético, gran virtud de un grupo que se inspiraba preferentemente en la naturaleza, y cuyas pretensiones eran ni más ni menos que reflejar en su música lo increíble, maravilloso y en ocasiones indescriptible, de los paisajes, cielos, aromas, flora o fauna de Japón. Y por lo general, lo conseguían.

Apacible, balsámico, infantil por momentos, o al menos enmarcada en un tipo de sonido para todos los públicos, esta obra es un sencillo cuento que consigue algo tan complicado como narrar la belleza, logrando de paso una belleza doble, la comunión de paisaje y música, a través de ambientales haikus musicales, serenos, discretos, pero absolutamente emocionantes. Como su propio país, Hoshi representaba perfectamente esa dualidad entre lo antiguo y lo nuevo, lo ancestral y lo tecnológico, lo natural y lo artificial. Bien construida y encauzada, la vivencia en armonía de ambas realidades generó un producto embriagador, que lamentablemente no parece haber tenido una continuidad aceptable tras la muerte del maestro, en su propio hijo Yoshiki. Nos quedamos, entonces, con esa estupenda discografía que afortunadamente, en cuanto a los años 80, hemos podido degustar a través de completos recopilatorios ("Moonwater", "Snow goddess", "Lo mejor II" -que incluía dos composiciones de "Ihatovo hidakami") y, ya llegados a los 90, por medio de ediciones con traducciones a nuestro idioma de álbumes como "Zipango", "Homura" o "Ihatovo Hidakami".

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11.8.14

CUSCO:
"Ring der delphine"

El mismo año 1989 en el que la compañía alemana Prudence ofreció en su catálogo toda la discografía anterior del grupo Cusco, integrado por los músicos germanos Michael Holm y Kristian Schultze, la propia banda publicaba uno de sus trabajos más interesantes, "Ring der delphine", que a cambio ofrecía una de sus portadas menos elaboradas. Afortunadamente, la edición americana de Higher Octave Music, con el título "Ring of the dolphin", corregía esa infamia por medio de una portada mucho mejor diseñada, orientada hacia una corriente épica. De discografía inconsistente, Cusco siempre ha sido capaz de alternar trabajos totalmente prescindibles (presididos por sonidos poco auténticos) con un puñado de obras de melodías fáciles y agradables, en ambientes relajantes inspirados, en su mayoría, por los paisajes andinos que sirven para nominar a este conjunto creado a finales de los 70, tras un inspirador periplo de Holm por varios países de Sudamérica.

Según Michael Holm, "este álbum destila efluvios naturales, místicos y más reales que en otros álbumes". La historia, contada en el cuadernillo del disco (en alemán si se trata de la copia de Prudence) e ideada por Holm, Debra Holland y Svend Nissen, es la de unos delfines que donan siete anillos a siete personajes, con los que pueden alcanzar un poder mágico que utilizado adecuadamente es positivo, si bien su mal uso lo tornará en destructivo. Pasado, presente y futuro se entrelazan en esta historia -cuentan- que no es una secuencia de datos sino una red que se extiende en el tiempo con un destino marcado, y cuyo punto de partida es una isla legendaria de nombre Methos. Partiendo de esta idea, Holm y Schultze, con la ayuda en la guitarra de Johann Dannsen, desarrollan una excitante aventura de mágica belleza. El título principal y primer corte del álbum, "Ring der delphine" ("Ring of the dolphin"), es una afortunada composición con melodía danzarina y aventurera, serena y agradable, bien estructurada y ejecutada a los teclados con plácidos sonidos de arpa y flauta. De apariencia algo infantil, a la altura de la historia narrada, en ella unen sus fuerzas los dos miembros del grupo, ya que las demás composiciones son de autorías separadas. Schultze es el autor de cuatro de las canciones, "Methos" (de aires medievales, básica pero de tratamiento acertado), "Der zauber" ("The spell", tonada sencilla, melodiosa, de nuevo con apariencia infantil), "Jebel at Tarik" (destacada pieza atmosférica en la que voces enigmáticas despuntan entre la electrónica en un tono místico y evocador) y el corte más movido y populoso, "Bur said", melodía aventurera, perfecta como sintonía de concurso o documental, un paseo por las aguas de esta ciudad egipcia (en Bur Said se encuentra el acceso al Canal de Suez) al lado de esas bellas criaturas que son los delfines. Sobre "Jebel at Tarik" conviene comentar su procedencia, ya que Tarik Benzema ibn Ziyad al-Layti fue un general árabe que abanderó la conquista musulmana de la hispania visigoda; pocos conocen el dato de que 'jebel at Tarik' significa 'montaña de Tarik', y de ahí procede el nombre 'Gibraltar', el punto en el que Tarik desembarcó. Volviendo al disco, Holm se dedica prioritariamente a la labor de producción y contribuye solamente con otras dos composiciones, una retomando el espíritu medieval con fuerza desbordante ("Kinderkreuzzug" -"Children's crusade"-) y otra que presenta el más típico sonido sudamericano que hizo famoso a Cusco en el ámbito de la new age: "Die wasser von Cesme" ("Waters of Cesme") se muestra a la altura de sus grandes éxitos andinos, y aunque Cesme sea una popular ciudad turística del extremo occidental de Turquía -bien lejos de Perú-, cuyo nombre significa 'fuente', es necesario abstraerse y disfrutar de piezas como ésta. Para concluir, la importancia y calidad del primer corte (que bien podrían haber utilizado de forma recurrente a lo largo del trabajo) hace que surja "Ring... (repr.)", reprise en un tono más suave y juguetón, para cerrar un álbum que, si bien presenta un cierto tono más dulzón que épico, son precisamente los cortes más legendarios, como "Bur said" y "Jebel at Tarik", los más interesantes, por supuesto junto a la composición principal, "Ring der delphine". Afortunadamente Holm y Schultze no acuden excesivamente al efecto sudamericano (centrado en la eficaz "Die wasser von Cesme"), por lo que la instrumentación se enreda en un acertado acabado electrónico del más puro estilo new age en la onda de Narada o Private Music, aunque Holm apunta: "La new age está muy infuenciada por ideas esotéricas, nuestra música no tiene ideología de fondo".

Como ya sucedió con "Mystic Island" meses antes que el disco que nos ocupa, "Water stories" fue el título de otro recopilatorio de Cusco, que en esta ocasión incluía tres composiciones de "Ring of the dolphin": "Waters of Cesme" lo abre, y también recoge versiones recortadas de "Bur said" y "Jebel at Tarik". Aunque dificilmente llegara al nivel de otros grupos coetáneos del mismo tipo de música, no cabe duda de que Cusco es un grupo simpático que, con ciertas pinceladas de calidad pegadiza -como la conseguida en "Ring der delphine"-, logró crearse un nombre y un buen número de ventas en la new age de los 90, donde su etnicismo caló bien hondo, y continuó su andadura hasta bien entrado el nuevo siglo. Schultze, que era hijo de Norbert Schultze, el compositor de "Lili Marleen", y una famosa actriz y cantante, falleció en noviembre de 2011. Mientras tanto, Holm (cuyo verdadero nombre es Lothar Walter) continúa su carrera en solitario.

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7.4.14

CRAIG CHAQUICO:
"Once in a blue universe"

Corrían los primeros años de la década de los 90 cuando el guitarrista angelino Craig Chaquico, ex-miembro de la conocida banda de rock Jefferson Starship, buscó nuevos sonidos a lomos de su Harley Davidson, y encontró la inspiración para desarrollar colosales instrumentales en los que la guitarra derribaba los cimientos de las denominaciones, desde el lógico rock al smooth jazz, algo de blues y a la temida new age, una categoría que este músico nunca evitó, y que está presente al menos en la parte más espiritual de su música: "Mi filosofía es encontrar un lugar a medio camino entre la espiritualidad y la tecnología. Por poner un ejemplo, creo que mi música se halla a medio camino entre 'Star Trek' y 'Bailando con lobos'". Por otro lado, Craig ha declarado en alguna ocasión que para él sólo hay dos tipos de música, buena y mala, y sin ninguna duda, él forma parte de la primera de ellas. Eran tantas las melodías rotundas y pegadizas que nos había ofrecido en sus tres primeros trabajos que parecía difícil que su poderoso estilo pudiera dar más de sí en un cuarto álbum, pero la primera escucha de "Once in a blue universe", publicado por Higher Octave Music en 1997, se encargó de demostrar que aún había mucha música en sus manos.
 
Tal vez ni él mismo podía sospechar que el cambio a la guitarra acústica provocado por el nacimiento de su primer hijo iba a provocar una carrera tan larga y fructífera en el panorama de la nueva era. En este momento, ya no era necesario advertir en la contraportada cómo escribir su nombre, porque Craig Chaquico era de sobras conocido entre el público, también en España, donde tocó por primera vez en junio de 1995 en Madrid y Barcelona. Ahí declaro que lo que él hacía eran 'paisajes musicales', en los que se combinaba su afición por los paseos en moto y un gran talante ecologista, ambas circunstancias demostradas de sobra en sus trabajos. Chaquico, que es capaz de tocar la guitarra acústica como si de una eléctrica se tratara, es pura fuerza y entretenimiento, y su unión con Ozzie Ahlers (cuyos teclados complementan las guitarras de Craig) iba a sufrir una revolución en busca de un sonido más completo, como ya había sucedido en parte en su tercer álbum, "A thousand pictures", al incluir instrumentos de viento más propios del jazz que del rock. Es el caso del saxo de Richard Elliot (una especie de homenaje también a su padre, que era saxofonista), que repite colaboración en uno de los cortes destacados de "Once in a blue universe", el titulado "Dreamcatcher". Otros saxos, teclados, bajo y percusiones se citan en el trabajo, incluso una guitarra española (Peter White) y la flauta del indio americano Douglas Spotted Eagle, que fichó por Higher Octave tras esta importante colaboración. El trabajo empieza con un refrescante baño nocturno, un bluesero "Midnight swim" que incorpora el erotismo del saxofón, al igual que otras tres composiciones del álbum, la aterciopelada "Blue universe" -una romántica búsqueda del alma gemela, que acaba siendo su esposa, Kimberly-, "Feelin' alright" -una suerte de improvisación afortunada- y la maravillosa "Dreamcatcher", una de esas melodías inspiradas y atrayentes que hacen de Chaquico un guitarrista imprescindible, un homenaje más al pueblo nativo americano -un atrapasueños es un objeto realizado a base de aros, plumas y redes originario del pueblo ojibwa, que adoptaron comunmente los indios norteamericanos como un símbolo cultural- que sonó hasta la saciedad y que no cansa en absoluto bastantes años después, a lo cual contribuye la magistral producción de Chaquico y Ahlers. Curiosamente, los cuatro saxos son interpretados por cuatro intérpretes diferentes. Como segundo corte estrella del álbum, al menos en cuanto al tipo de sonido aventurero más popular del artista, "Trade winds" es un auténtico viaje ya no en su inseparable Harley Davidson sino a lomos de los vientos alisios, en busca de la sonrisa y del recuerdo de las verdaderas amistades. De nuevo la naturaleza es importante en el disco, desde el bonito recuerdo a las ballenas y el océano que es "Oceans apart" hasta la descripción por medio de la guitarra de la considerada como una de las diez carreras a pie más bonitas del mundo, la "Dipsea trail", de Mill Valley a Stinson Beach, atravesando innumerables elementos naturales de excepción. La curiosidad del disco radica en la sencilla composición "Lights out San Francisco", que conocerá una sorprendente versión vocal -a cargo de Rolf Hartley- en el disco de 2009 "Follow the sun". Para concluir, otro de los cortes importantes y con un nuevo recuerdo al pueblo nativo, un "Indian spring" compuesto a partir de un sueño, donde la flauta y percusión indígena de Douglas Spotted Eagle son la contrapartida de una calmada y respetuosa guitarra, rescatando la bella melodía de "Dreamcatcher".
 
Fue para "A thousand pictures" cuando Chaquico comenzó a tañer una guitarra que él mismo ayudó a diseñar, la 'Washburn EA26 Craig Chaquico'. El artista estuvo en 1996 en España presentando dicho instrumento, y continuando con su conciencia ecológica, la compañía Washburn se comprometió a plantar un árbol por cada guitarra vendida. Esa ecología y reforestación le siguen a cercando a la new age, que aunque sigue aceptando sí que se replantea lo engañoso en ocasiones del término. Chaquico ha ido perdiendo con el paso de los años la chispa que le llevaba a construir melodías reconocibles y entusiastas, ganando a cambio en madurez y profundizando en un sonido más libre que ha derivado hacia el blues. Tal vez sea el Craig actual un músico más profundo y sincero, pero el guitarrista que asombró a toda una generación de amantes de la new age, se deja ver y disfrutar más plenamente en sus primeras obras, un puñado de discos de ensueño publicados por Higher Octave Music y dominados de tal forma por la guitarra que no extraña el comentario del músico: "Mi guitarra es mi voz".
 

30.5.13

HEVIA:
"Tierra de nadie"

Aunque la gaita sea un instrumento bastante extendido en gran parte de la Península Ibérica, es en el norte donde cuenta con una mayor tradición, en especial en Galicia, Asturias y Cantabria. Concretamente fue un asturiano el que contribuyó, como antes lo habían hecho Carlos Núñez o Kepa Junkera entre otros, a cambiar la imagen de la España del folclore anticuado, de cantos y bailes carpetovetónicos, por una España avanzada y electrónica, lo que no es incompatible con acordarse de sus raíces, respetarlas y modernizarlas convenientemente. En el caso de nuestro protagonista, José Ángel Hevia Velasco, tuvo un primer contacto con la gaita a los cuatro años en una romería, enamorándose plenamente de ese instrumento que iba a acabar formando parte de su vida. Sin tradición musical familiar alguna, a los 11 años consiguió su primera gaita y comenzó a recibir clases tres veces a la semana con Armando Fernández. Pocos años después era él el que daba clases, en una fulgurante y pasional evolución, y ganaba dinero tocando también en romerías con su hermana María José, que había sido adoctrinada a la pandereta ("la pareja de gaita y tambor es como la orquesta cerrada, es completa, es autosuficiente"). Tras tocar en un par de ocasiones con el grupo Amistades Peligrosas en conciertos en Asturias, Cristina del Valle (la que sería su pareja durante varios años) reconoció el talento de José Angel y habló de él en Madrid con insistencia, tras lo cual Javier Lozano, de Hispavox, le propuso grabar una maqueta y ver cómo evolucionaba la propuesta. Dos años de desesperación acabaron con la feliz grabación definitiva, un tiempo durante el cual se maduró la transformación del gaitero tradicional en gaitero electrónico.
 
La gaita vivía un 'boom' en Asturias, pero el éxito de Hevia iba a llegar dando un paso más allá, cuando la necesidad de ensayar a cualquier hora sin molestar a nadie, impulsó la creación de la gaita midi junto a un alumno y un compañero de este (Alberto Arias y Miguel opico), en un entorno artesanal y bastante modesto. El sampler prometía capturar sonidos reales y proyectarlos digitalmente, constituyendo un sonido absolutamente novedoso pero eficaz, en absoluto enlatado. "Tierra de nadie" era el título del disco que publicó en 1998 Hispavox (sello mítico propiedad en esa época de EMI-Odeón), un trabajo que comenzaba con un reel pegadizo y exultante del que emanaba una más que notable energía, una pieza que influyó definitivamente a su asentamiento no sólo en las listas de ventas españolas (donde alcanzó la friolera de seis discos de platino, lo cual no está nada mal para un gaitero de Villaviciosa) sino a los primeros puestos en Dinamarca, Italia o Hungría: "Busindre reel" suena decididamente celtoide, y en su vibrante desarrollo son las maravillosas voces autóctonas las que de mejor manera aportan la esencia y la raíz astur. Otro gran acierto supuso la elección del segundo single, la pegadiza "El garrotín", como sintonía oficial de la Vuelta Ciclista a España de 1999 (curiosamente, Hevia había competido también de joven en carreras ciclistas), una relación con dicha prueba que continuará en 2003 con la canción "Tirador", de su tercer álbum (también en 2003 EMI publicó "El disco de la vuelta ciclista", que incluía "El garrotín" junto a melodías eternas como "Me estoy volviendo loco", "Con los dedos de una mano" -ambas de Azul y negro-, "No smoking" -de Habana- o "Children of light" -de Elbosco-, todas ellas producciones de Julián Ruiz). "El garrotín" presentaba una estupenda melodía de base tradicional bastante retocada, un gran aporte al disco con pandereta, voz étnica, coro y el agradecido sonido de la gaita. Como tercer single, "Sobrepena" es un tema calmado escrito por Ramón Prada que deja poso en el oyente por su sencilla y encantadora naturalidad. Y es que aunque el principal gancho del proyecto sea la gaita electrónica y sus posibilidades en ritmos frenéticos y tonadas rabiosas con esencia bailable ("Naves", "Barganaz"), es en los ritmos lentos o en la asociación con voces populares y elementos folclóricos, donde más y mejor se paladea la esencia y las intenciones de este asturiano afincado en Madrid: es el caso de la parte central del trabajo, donde las voces del Colectivu Etnográficu Muyeres destacan especialmente en "El ramu" (Hevia tiene auténtico duende con este tipo de piezas tradicionales reconstruidas) o "Llaciana". Aparte de dicho Colectivu, con el protagonismo de Mari Luz Cristóbal, en el disco tocan una gran cantidad de amigos, entre ellos su hermana María José, el violinista eslovaco Peter Bulla y, en un entorno con gran importancia de las percusiones, un antiguo compañero en el grupo Boides (Daniel Lombas al bohran). Otra voz importante, en forma de tonada, es la de Ismael Tomás, y qué decir de la importante colaboración al piano de un David Peña Dorantes que ese mismo año revolucionaba el mundo del flamenco con "Orobroy" (en un sensacional lamento, impregnado de melancolía, de título "Añada", que viene a corroborar la admiración de José Angel por el gaitero irlandés Davy Spillane) y del sudanés Wafir (laúd árabe), responsable en parte del título del álbum por la extraña mezcla de la esencia asturiana con ritmo celta y cuerdas árabes (una auténtica tierra de nadie) en el tema "Si la nieve", uno de los más bellos y mejores del álbum. El éxito de este instrumento que surgió de la nada fue sorpresivo, "Tierra de nadie" permaneció cerca de 60 semanas entre los discos más vendidos en España, alcanzando el número 1 durante cinco semanas en 1999, cuando sólo Chayanne ("Atado a tu amor"), Abba con un "Greatest hits" y La Oreja de Van Gogh ("Dile al sol") le pudieron hacer sombra. Además, un single de remixes de "Busindre reel" se coló en el séptimo puesto de la lista de singles y CDsingles. Tras vender 400.000 copias, se hizo necesaria una extensa gira por el territorio nacional, así como poco después una edición especial del disco, con portada diferente, en la que se leía "Más de 1 millón de copias vendidas" (en todo el mundo, supuestamente). Esta edición especial, que ponía título al tema "Corri corri", oculto en el original, incluía tres mixes de los singles del álbum, "Busindre reel (Radio mix)", "El garrotín (Single remix)" y "Sobrepena (by Jean)", remezclada por un hasta entonces desconocido Carlos Jean. Aparte de algunas ediciones europeas con el título "No man's land" y portadas retocadas, el importante sello Higher Octave Music se encargó del lanzamiento en Estados Unidos, en su colección Higher Octave World, respetando el título en español y la portada.

A pesar de la novedad que resultó escuchar la gaita asturiana en emisoras de radiofórmula, "Tierra de nadie" no era el primer disco publicado por Hevia en solitario, tal honor lo tuvo un álbum titulado simplemente "Hevia", publicado por Karonte en 1991 a raíz de ganar un concurso de folk para jóvenes intérpretes. A dúo con su hermana y sin electrificación, el disco vendió 2000 copias, y su reedición -ya con la fama por bandera-, 15000 más. Se trata de una anécdota con numerosos detalles pero escasa producción y baja comercialidad, todo lo contrario a "Tierra de nadie", un álbum con auténtica 'alma', muy trabajado (producido por Javier Monforte, que también aporta la guitarra eléctrica), en un afán por sacarle mayor partido a su instrumento de toda la vida, utensilio que desde años atrás llevaba asociado el concepto 'soplagaitas' por estar relacionado con la sidra y la juerga. Una vez demostradas las posibilidades de la gaita electrificada, la compañía decidió apostar por el artista para su segundo trabajo otorgándole más medios, si bien José Angel temía que una propuesta tan clara y diferente pudiera cansar al oyente, por lo que decidió abrir las fronteras y las influencias para intentar llegar "Al otro lado", pero el álbum, que ya no suponía una novedad ni contaba con un single tan fuerte como "Busindre reel", no alcanzó ni de lejos las cifras de su predecesor, un disco con el que, a la multitud de premios ganados por José Angel en su impoluta trayectoria anterior, se unieron el Premio Ondas, el de Artista Revelación en los Premios Amigo, o el Premio al Mejor Álbum de Nuevas Músicas en la III Edición de los Premios de la Música (en la V Edición sería "Al otro lado" el ganador en la categoría Mejor Álbum de Música Tradicional-Folk). Incluso en Alemania "Busindre reel" ganó un premio al mejor tema instrumental del año, y es que el poso de la tradición asturiana ("nos sentimos orgullosos de vivir en el paraíso del mundo", decía José Angel) con la necesidad de renovación electrónica y un cierto 'sonido irish', lograron una curiosa fusión que llevó el nombre de Asturias a medio mundo.








1.2.13

BLONKER:
"The Tree of Life"

Casualidad o no, varios músicos alemanes del sello Prudence (una división de BSC Music, cuyo mentor es Christoph Bhring-Uhle, músico alemán de vanguardia de amplia experiencia) lanzaron al mercado sus discos instrumentales en solitario bajo nombres ficticios o pseudónimos: Eddy F. Müller era Ginkgo Garden, Ronald Hoth estaba detrás de Aschera, Jens Gad de Achillea y Dieter Geike utilizó el apelativo Blonker, nombre que este guitarrista de Hamburgo tomó de su anterior banda, en los años 70. Entre el jazz-rock que interpretaban intercalaron un tema instrumental, "Indigo", que contó con un sorprendente éxito en Alemania, pero poco tiempo después el grupo se disolvió, quedándose Geike no sólo con su nombre, Blonker, sino también con ese tema de éxito para su primer plástico, "Fantasia", en 1980. Con el paso de los discos las composiciones propias fueron dominando sus trabajos, así como los músicos invitados dejaron paso a la multiinstrumentalidad de un Dieter Geike cuyos mayores mercados eran Alemania y Rusia, además de contar con un cierto prestigio en el resto de Europa. Fue en los 90 cuando la compañía norteamericana Higher Octave Music se fijó en su sonido pulcro y sofisticado y le publicó en los Estados Unidos el disco "The Tree of Life".
 
Como venía siendo habitual en los discos de Blonker para Prudence Cosmopolitan Music, una pintura de Ulrich Schütt se une al diseño gráfico del también músico del sello Anton Zinkl, para dotar a este trabajo de 1993 de una belleza externa que se traslada al interior, pues tal vez sea éste el disco en el que Blonker está más afortunado en las melodías y con los arreglos. La habitual producción del teclista Jochen Petersen es sustituida por las ideas propias de Geike, que años atrás era escéptico sobre este estilo musical. Tras muchos discos y experiencia, asume sin embargo que "la música instrumental es un lenguaje universal, que puede ser comprendido en todas partes", y desarrolla indistintamente sus ideas por medio de guitarras acústicas (en su mayoría) o eléctricas, interactuando entre sí sin rivalidad, con la única dificultad en ocasiones de la elección de la guitarra adecuada en cada momento. Eso sí, afirma con rotundidad: "Mis ideas musicales me vienen a la mente tocando guitarra clásica, ella es mi fuente de inspiración artística". "The Tree of Life" comienza con la maravillosa "Castles in the Air", una de esas melodías inspiradas que brillan desgranando alegría y tristeza por igual, un maniqueismo tan certero que posibilitó su éxito en América, donde el disco se publicó con portada diferente a la europea, ahondando en la elegancia del artista. No en vano, los acordes fluyen fácilmente a través de un sonido pulcro y serio, como el de "Travelling" (de guitarras aventureras y estribillo más que interesante), "The River Flows" (con efluvios de libertad y de world music) o "Arcadia" (más intimista, en una onda comercial bastante suave y agradable, combinando cuerdas y teclados para un acabado completo y efectivo). Se podría hablar de una música para todos los públicos, sin riesgos ni estridencias, bastante apropiada como música de fondo, pero que realmente merece una escucha más profunda y detenida, haciendo buen uso del trabajo desplegado en el álbum. Con texturas más peliculeras, mezcladas con un cierto deje aflamencado, suena el sugerente corte que da título al álbum, si bien la conquista del mercado estadounidense provoca un mayor acercamiento al imperante 'nouveau flamenco' (que tan buen resultado otorgó a otros guitarristas de por allí como Ottmar Liebert o Jesse Cook) por medio de "La Valetta", impetuoso tema de aires festivos, gitanos, que en Blonker suena algo fuera de sitio, si bien hay que reconocer que no desmerece respecto a sus compañeros. También un cierto ritmo tropical, suave y sensual, envuelve otras composiciones, en especial a "Saudade", pero también a la ambiental "Dangerous Steps" (un corte con flautas sampleadas y aparentemente sin guitarras ni melodía) o incluso a una larga despedida jazzera de título "This Is a Long Story". En general, y aunque Dieter se encargue de todos los instrumentos, es evidente que lo que destaca en el conjunto son esas guitarras melódicas y ambientales con notorios aires blues y un gustillo rockero, aparte de esos curiosos momentos de flamenco y de calor pseudotropical, demostrando que la música va más allá de nacionalidades.
 
Prudence, como Celestial Harmonies, utilizaba para algunos de sus lanzamientos cajas de cartón reciclable en vez de las de plástico. Es el caso de la discografía de Blonker, un guitarrista que comenzó tocando el bajo en una banda juvenil en su Hamburgo natal a los 14 años y acabó destacando en Estados Unidos. Si bien cada uno de sus discos presenta tres o cuatro piezas de gran calidad ("Sidewaulk Cafe", "Indigo" o "Amazonas" son algunas de las más recordadas, aparte de "Castles in the Air") y se diluye por lo general en el resto, en el caso de "The Tree of Life" hay una cierta continuidad hasta el tramo final, sin salirse de un camino marcado con los años, en el que "mi única intención es hacer música que llegue a conmover a la gente". Ciertamente aconsejable es también su siguiente álbum, "Journey to the Windward Islands", otra elegante muestra de búsqueda instrumental para el que modernizó notablemente su estudio, y donde siguió desplegando la magia de sus guitarras, haciendo honor a la publicidad de Prudence, que le definía como "el mago de la guitarra eléctrica".



3.9.10

CUSCO:
"Apurimac"

La fascinación por las culturas antiguas ha llevado a numerosos músicos ajenos a ellas a profundizar en sus raíces folclóricas. Fruto de esa pasión hemos disfrutado de geniales momentos de Jan Garbarek, Stephan Micus, Peter Gabriel o Deep Forest, por mencionar a algunos de materias diversas, si bien también hemos podido encontrar a más de un aprovechado, para los que las etiquetas new age o world music son una estupenda oportunidad. Mientras la mayoría centraban su interés en oriente o Europa del este, unos pocos dirigían sus pasos a Africa o Sudamérica, y aquí es donde entra a colación el grupo que los alemanes Michael Holm y Kristian Schultze fundaron en 1979 después de que el primero de ellos volviera embelesado de un viaje de siete meses por Sudamérica que le llevó en última instancia al colosal Machu Picchu. Para enfatizar el origen de su inspiración, el conjunto tomó el nombre de la mítica ciudad peruana de Cusco (o Cuzco), antigua capital del Imperio Inca. La música de estos dos sintesistas goza de ese característico toque andino que realmente la hace poco original pero sí distintiva, consiguiendo numerosos seguidores y un gran número de ventas de sus discos más acertados, aunque no hay que dejar de constatar que en más ocasiones de las deseadas podemos encontrarnos en el sonido Cusco con momentos prescindibles, de fondos enlatados de Moog y melodías de acabado mediocre. Aún así no hay que restar méritos puntuales a Holm y Schultze, y hay que hacer notar que discos como "Apurimac", su obra más emblemática, son de audición agradable, incluso pueden llegar a enganchar, y presentan algunos momentos dignos de mención.

"Apurimac", que en inca significa 'susurro de los dioses', toma su título del imponente río del mismo nombre, y aunque muchos lo constaten así, no se trata del primer álbum del grupo sino del séptimo (el primero fue "Desert island" en 1980), si bien sí que fue su primera referencia en norteamérica con el sello Higher Octave Music. La historia del grupo cuenta que sus primeros discos tuvieron dificultades para salir al mercado, y fue una pequeña compañía japonesa la interesada (Yupiteru Records), por lo que el país nipón -como en el caso de Suzanne Ciani- fue el primero que acogió a la banda alemana. De hecho, "Apurimac" fue la banda sonora de una película japonesa de igual título sobre los incas, aunque el film, al contrario que el disco, ha pasado al olvido. Autobahn Records (compañía alemana de jazz, electrónica y rock progresivo) tomó el relevo de Yupiteru y "Apurimac" fue editado en 1985 con la distribución de CBS/Sony. 1988 fue el año en el que Higher Octave lo editó en EEUU con portada diferente, la misma que un año más tarde editaría Prudence Records, junto al catálogo anterior de Cusco en Autobahn Records, prácticamente de golpe. El mérito de este trabajo consiste en reflejar el espíritu tradicional andino en un entorno electrónico sin grandilocuencias, de manera animada y festiva, una dimensión folclórica que parece encontrar su lugar, de manera un tanto forzada en ocasiones, pero dotando al disco de un carácter distinto a lo que se hacía en Europa por aquella época. El dúo se complementa además a la perfección, ya que mientras las canciones compuestas por Schultze son en general más animadas, las de Holm, de menor número -siempre ha destacado más por su labor de producción, como la que ejerce en este disco-, presentan características más relajantes. "Apurimac" es un buen inicio, de melodía repetitiva sencilla emulando el agudo sonido de las flautas, si bien se trata tan sólo de los preparativos del viaje, pues lo andino comienza en el siguiente corte, un "Flute battle" que se hizo muy popular en aquella época, y que es precisamente eso, una batalla de flautas (sampleadas), más bien un diálogo subido de tono que nos recuerda a ese pueblo de montañas, de tesoros escondidos, de quipus y de hombres valerosos como "Tupac Amaru", al que Kristian Schultze dedica una de las canciones más afortunadas, una relajante y hermosa melodía evocadora de bellos parajes abruptos dominados por un verde frondoso. No es la única que sigue recordándose en la actualidad, ya que enseguida llega "Flying condor", posiblemente el tema más acertado y a la postre mítico del álbum, a cuya difusión le debe gran parte de su éxito. "Inca dance" y "Figthing inca" son otras de las composiciones de puro movimiento, mientras que por contra, y como ahondando en la universalidad de las tradiciones musicales, las delicadas "Amazonas", "Atahualpa" (famoso rey incaico, al que le toca en suerte otra de las pequeñas joyas del álbum, una melodía diestra y enternecedora) y la más rítmica "Inca bridges" poseen un sonido muy parecido a las interesantes leyendas japonesas que recreaba el grupo Himekami (que curiosamente también encontró el éxito en Estados Unidos a través de Higher Octave Music). Es la magia de los sintetizadores, que en el último tema, "Apurimac II", dejan paso a unas furiosas guitarras que se salen demasiado de la tónica general.

Para Holm, Bach ha sido el más grande compositor de todos los tiempos. Tocaba su música con la flauta, y la de Mozart, Vivaldi o Beethoven, aunque posteriormente se interesó por el rock y el pop, como intérprete, cantante o productor, logrando más de un éxito en las listas alemanas. Su trabajo anterior con el teclista Kristian Schultze le llevó a unirse a él para crear Cusco, banda que superó las dificultades iniciales y logró su primer gran éxito con "Apurimac", que vendió en poco tiempo más de medio millón de copias, y que cuenta con dos continuaciones que continuaban escarbando en el folclore de los pueblos de todo el continente americano. La sensación que nos deja es algo dispersa en un principio, al comparar agradables esencias de un lejano viaje en base a melodías acertadas de sintetizador (la percusión es buena, si bien el bajo es poco audible y la guitarra sólo destaca en el último tema) con el pequeño poso de indiferencia ante la fragilidad estructural y sobre todo sonido enlatado de alguno de los fondos. Puede que el acabado de artistas de parecida factura sea de mayor calidad, sin embargo una cierta complicidad emana de la alegría festiva del disco, y acaba convenciendo aún en su supuesta simplicidad, en la que composiciones como "Tupac Amaru", "Flying condor", "Inca bridges" o "Atahualpa" merecen ser escuchadas.



7.2.10

HIMEKAMI:
"Zipangu"


Para cualquier devoto de la música instrumental, y en general para todo el que admire el sonido de los sintetizadores, el nombre de Himekami debería ser un referente, al menos en una vertiente melódica, de atmósfera agradable y ambientalidad oriental. La música de este grupo nipón es por lo general tan mágica y fantasiosa como las portadas de sus discos, la poesía de su sonido, basado primordialmente en los teclados ("los sintetizadores son el mejor medio que he encontrado para lograr los sonidos más antiguos, más respetuosos con la tradición", decía su fundador), invita a sobrevolar los milenarios paisajes japoneses en que se inspiraba Yoshiaki Hoshi, un músico vitalista y avanzado pero a la vez profundamente enraizado en su tierra y sus inmortales tradiciones. Sus grandes obras de los 80 quedaron de sobra recogidas, reverenciadas incluso, en dos recopilaciones de excepción (en especial para el pobre occidental, desconocedor de este genial artista tan inaccesible en esa época), "Moonwater" y "Snow goddess", además de otra algo inferior pero también interesante, "To i kaze", que fue comercializada en 1995 en España con el desafortunado título de "Lo mejor II", y que incluía ya temas de trabajos que en los comienzos de la década de los 90 se encargó de distribuir en nuestro país Sonifolk/Lyricon, como "Ihatovo hidakami" o el que nos ocupa, "Zipangu" (conocido también aquí como "Cipango"), publicado en Japón -Pony Canyon-, Estados Unidos -por Higher Octave Music con portada diferente, igual de idílica aunque más oscura- y España en el mismo año 1993.

Yoshiaki Hoshi fue en "Zipangu" fiel a ese estilo que había desarrollado con enorme éxito en Japón en los 80. Melódico y ambiental a partes iguales, notas cautivadoras se superponían a percusiones que podían girar de un estilo más electrónico cósmico a otro más acorde con la tradición (colaboró en varias ocasiones con el afamado percusionista Yas-Kaz, nacido en Miyagi, como el propio Yoshiaki). Es en este disco en uno de los que más y mejor se puede respirar esa magia ancestral, ya que Cipango o Zipango es el nombre con el que en Europa se conoció a Japón desde la Edad Media. Las melodías fluyen de manera angelical con generosa gracia oriental, y el paisaje de color pastel así invocado contiene un cariz altamente evocador, no exento en ocasiones de un aura de infantil inocencia, que no desluce en un conjunto preciso y sin duda preciosista. Como tema de inicio, "El viento en vasta circulación" llama poderosamente la atención e incita a seguir escuchando, siendo como la canción de cabecera de un documental con pretensiones, como algunas de las bandas sonoras firmadas por Hoshi. En ese sentido, "Las transparentes olas, siempre tan azules" se limitaría a acompañar imágenes, sin destacar, cometido que sí que consigue "Los luminosos mares del sur", elegante muestra de esencia terrenal con aroma japonés muy tarareable. En general se puede respirar un sencillo amor hacia la tierra en la dulzura de muchas composiciones, como "El Dorado, al este" o "El blanco despertar del cielo", mientras que otras son más activas y atmosféricas, como "Historia de oro y plata", cuya percusión inicial nos introduce en una aventura llena de sorpresas, en la que incluso suenan las cuerdas de Junpei Sakuma (que se encargaba de violín, guitarra y buzuki). "Fosforescencia" es otro de los títulos destacados, una emergente melodía con algo de Debussy -músico cuya esencia siempre acababa apareciendo en la música de Yoshiaki-, un innegable y maravilloso lirismo en un sencillo acabado sin percusión ni efectos. Pero sin lugar a dudas la composición estrella del álbum es la que lo cierra, un majestuoso tema de gozosa intensidad creado para la ceremonia inaugural del Campeonato Mundial de Deportes Alpinos celebrado en febrero de 1993 en Morioka, en la adorada por Hoshi prefectura de Iwate. Como director musical del evento, Yoshiaki y su esposa interpretaron varias composiciones que luego serían incluídas en "Zipangu", entre ellas este espectacular cierre del disco en el cual todo es perfecto, la atmósfera, la percusión, la melodía, en definitiva la intención y la calidad innata de este artesano del sonido que consiguió en este "Tema de Cipango" una de sus grandes piezas. De hecho, en la esperada gira de conciertos que realizó por España en abril de 1993 (junto a los percusionistas Yamaguchi drums), ésta fue la pieza final y broche de oro de los espectáculos.

La de Himekami era una música vital, luminosa, y en comunión con una naturaleza con la que convivía en perfecta armonía. Un fugaz repaso a algunos de los títulos de sus grandes éxitos (dejando aparte los que se acaban de exponer en "Zipangu", también clarificadores) confirma este punto: "Hacia las nieves azules", "Las dunas de Tosa", "La llama de la tierra", "El mito del cisne", "En el ojo del pájaro", "El manto del viento" o "Festival para una brisa de primavera" (traducciones fieles a nuestro idioma, gracias a Lyricon, de títulos nipones) son demostrativos de cuál era la temática mayoritaria en sus trabajos. Posiblemente fueran la tierra, el mar y el aire los que dictaban las melodías a Yoshiaki Hoshi, que desde 2004 descansa en la tierra que tanto amó, siendo su hijo, Yoshiki Hoshi, quien tomó el relevo de Himekami como 'segunda generación' de este grupo irrepetible.

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HIMEKAMI: "Moonwater"
HIMEKAMI: "Snow goddess"





15.11.08

HIMEKAMI:
"Snow goddess"


Con diez años de impresionante trayectoria a sus espaldas en Japón, y dos años después de su descubrimiento al mundo por medio de la publicación de su primer disco recopilatorio en Estados Unidos (una edición exclusiva de "Moonwater"), fue de nuevo la compañía americana Higher Octave Music la que se encargó en 1991 de recoger otras diez inmortales canciones de los grandes álbumes que, basados en unos líricos teclados, el grupo Himekami creó en la década de los 80, a través un segundo y también maravilloso recopilatorio que esta vez no fue publicado ni en Japón ni en España, llegando a nuestro país exclusivamente de importación. Parecía mentira que tras la increible sucesión de bellísimas composiciones de "Moonwater", quedaran aún por descubrirse canciones tan destacables, pero el filón de Himekami no sólo no se había acabado sino que no había hecho más que comenzar para el público occidental, y la demostración fue esta nueva compilación de poético título, "Snow goddess" ('la diosa de la nieve').

Sencillo pero de una profundidad mística, de corte tradicional pero con un acabado muy actual, delicado pero de una fuerza tremendamente vital, el sonido de Himekami es intenso, colorido e inconfundible, lo mismo puede llegar en composiciones calmadas, casi ambientales ("Light spring snowfall", "One snowflake" o "Bathed in moonlight") como por medio de un ritmo poderoso y sublime, que tal vez ayude a construir (en comparación con el lirismo que imperaba en "Moonwater") los mejores temas de esta nueva compilación: "Festival for a spring breeze", "In a bird's eye" y "Prayer", en la que hacían acto de presencia esos eternos tambores japoneses tan típicos de otro clásico japonés de la new age, Kitaro, unos tambores y percusiones que fueron parte activa de los conciertos que Himekami, por fin, ofreció en España en una pequeña gira en 1993, donde el público pudo deleitarse con obras tan etéreas, pequeños clásicos ya, como "Into blue snows", "Evening poem" o "Tosa dunes". En definitiva, y regresando a "Snow goddess", desde el animado comienzo de título "Spring growth" hasta la susurrante "Ridge" que cierra el trabajo, desfilan por nuestro reproductor otra colección de títulos imprescindibles de este grupo nipón liderado por el ya desaparecido teclista (en 2004 se congregaron numerosos seguidores en su funeral) Yoshiaki Hoshi y su esposa Etsuko, que se mantenía en un discreto segundo plano. La belleza de los paisajes orientales, así como las tradiciones y costumbres del país del sol naciente quedaron reflejadas en estas canciones que, con su magnífica proporción de tecnología moderna y ambiente antiguo, perdurarán la memoria de su creador, el inefable Yoshiaki.

Es en estos recopilatorios donde mejor se paladea la exquisitez de un sonido a la vez folclórico y avanzado. La música de Himekami poseía un componente espiritual que parecía explorar los sentidos e influir positivamente en las mentes, tanto desde la relajación de sus ambientes livianos, como en el delicioso movimiento de notas juguetonas, o por supuesto mediante la fuerza y la épica de composiciones rítmicas y efectivas. Si "Moonwater" era pura poesía, "Snow goddes" se aprovechaba más de este tipo de demostraciones más movidas de una banda que, tras la muerte de su líder, quedó en manos de su hijo, Yoshiki Hoshi. Antes de ese triste relevo, y por medio de este segundo recopilatorio norteamericano, tan acertado como el primero, pudimos conocer algo más de su imprescindible discografía de los años ochenta, grandes obras de una esencia atmosférica a pie de tierra como "Himekami", "Himekami densetsu", "Kaido", "Hokuten genso", "Setsufu" o "Himekami fudoki".

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10.9.08

BUCKETHEAD:
"Colma"

Algunos grupos consiguen llamar la atención y provocar admiración y seguimiento no sólo con su trabajo sino también por causas extramusicales. El maquillaje de Kiss o Marilyn Manson, la caracterización de Slipknot, las portadas de Iron Maiden, la provocación erótica de Madonna o religiosa de Sinead O'Connor, la ambigüedad de las tATu, así como otros enfants terribles, personajes misteriosos o polémicos, frikis, concursos televisivos... todo vale para vender. Sin ir más lejos dos de los artistas new age que más han vendido en norteamérica han sido John Tesh (famoso y atractivo presentador de televisión) y Yanni (ex-marido de la conocida actriz Linda Evans), y ya en Europa, algunos músicos de prestigio optan a veces por renovar viejos éxitos (Mike Oldfield y sus versiones de "Tubular bells", Jean Michel Jarre y sus nuevos "Oxygene") en vez de buscar otras vías que nieguen acusaciones de falta de ideas. Buckethead es un grupo distinto, que sorprende por su aspecto pero que además ofrece una estupenda calidad musical. Las circunstancias que envuelven al cerebro del grupo son de lo más extravagante con que nos podemos encontrar en el mundo de la música, y han originado una pequeña legión de seguidores, que aumentaron a raíz de la pertenencia de este guitarrista al grupo Guns'n'roses durante varios años a comienzos de siglo XXI, si bien lo más interesante para nosotros fue un estupendo álbum titulado "Colma" que se publicó en 1998.
Buckethead fue criado por gallinas en un gallinero, aunque acabó escapando para vivir su propia vida. Eso es al menos lo que él nos cuenta, aunque lo verdaderamente impactante es la imagen que ofrece, la de un guitarrista misterioso -tanto por su caracterización como por el casi desconocimiento de sus datos biográficos, incluso su propio nombre-, que actúa con una máscara blanca de Halloween y un cubo de Kentucky Fried Chicken en la cabeza, de lo cual deriva su apodo, 'cabeza de cubo'; sus movimientos son robóticos y los estilos frecuentados van desde el thrash metal y rock instrumental a la música electrónica y ambiental, pero si simplemente contáramos el aspecto como un dato anecdótico, habría que dejar claro que ha sido en su forma de tocar donde este músico -cuyo nombre original 'se supone' que es Brian Carroll- ha encontrado las mejores críticas, ya que la revista Guitar Player le colocó en la octava posición de los diez mejores guitarristas de todos los tiempos. Aunque su estilo parezca alejado de las Nuevas Músicas, hay hechos tan sorprendentes en su discografía como para que Buckethead aparezca con todo derecho en este blog: su cuarto disco, "Colma", publicado por CyberOctave Records (una división de Higher octave Music, el sello de Malibú que introdujo en el mercado a otros guitarristas importantes como Craig Chaquico, Ottmar Liebert o Neal Schon), referencia a un pequeño pueblo cercano a San Francisco donde la población de muertos es mayor que la de los vivos en escala de 100 a 1, un detalle truculento muy en su estilo. La estructura de canciones sueltas con melodías atractivas es engañosa, pues revelan un interés más centrado posiblemente en desviarse de la linea de actuación que Buckethead ofrecía en sus anteriores trabajos que en ofrecer una gama de nuevos sonidos. El origen de tan atractivo desinterés está en la madre del guitarrista, enferma en el hospital, a la que éste quiso ofrecer un trabajo fácilmente audible, tranquilo en ocasiones, animado en general. "Colma" se debate entre la electrónica más ambiental y el sonido de guitarra más típico de Higuer Octave Music. Nos encontramos con una primera parte de canciones muy parecidas entre sí y una segunda más oscura, donde varios de los temas se alimentan únicamente de guitarras, sin batería o percusiones. "Whitewash" es un comienzo rotundo y sorprendente, donde se descubre el secreto que alimentará parte de los temas: entre batería, bajo y una efectiva guitarra, el cuarto miembro del grupo es un DJ que ejecuta diversos efectos para nutrir y ensalzar temas como "Hills of eternity" o "Lone sal bug". No podía faltar una canción dedicada exclusivamente a su madre, "For mom", alegre, delicada y orgullosa, en esta primera parte del disco en la que, en primeras escuchas, varios de los temas suenan de forma parecida, si bien cada uno posee su particular magia, en una curiosa sensación de estar ante postales diferentes de la misma ciudad. "Machete" y "Wishing well" son, junto a "Whitewash", los títulos más destacados (al menos los incluídos en diversos recopilatorios), si bien es en "Big sur moon" o "Sanctum" donde parece aflorar la verdadera personalidad de este curioso personaje, saliéndose un poco de la esencia del álbum.
En un recorte de una revista musical de 1989 -el único sitio donde puede contemplarse, presumiblemente, su auténtico rostro- Buckethead cita entre otros como influencias a Michael Jackson, Yngwie Malmsteen, Joe Satriani, Jennifer Batten, Randy Rhoads y Paul Gilbert, del cual fue alumno. Quizás con el tiempo logre superar a esos grandes nombres, incluso puede que algún día se quite la máscara, aunque jamás podrá abandonarle el calificativo de insólito. Puede que "Colma" fuera un experimento, ya sea por ofrecer un disco audible a su madre o por afrontar una cierta comercialidad, pero si es así salió realmente bien, no sólo por sus grandes canciones como "Whitewash" o "Machete" sino también por otros temas escondidos en la parte final del trabajo como "Ghost part 2" o "Colma", que encierran el misterio de ese pueblo fantasma al que se refiere el título del álbum.

1.3.08

CRAIG CHAQUICO:
"Acoustic planet"

Cuando Matt Marshall fundó en 1986 en Los Angeles la compañía independiente Higher Octave Music se encontró de golpe con una nueva hornada de guitarristas que le otorgaron un sorprendente éxito. Además de otros nombres importantes como Neal Schon, EKO, 3rd force, Cusco o Buckethead, posiblemente los mayores exponentes y grandes superventas del sello fueron el 'nuevo flamenco' de Ottmar Liebert y la herencia rockera y espíritu libre de Craig Chaquico (pronunciado 'chakiso', como se advierte en la contraportada de sus trabajos). También angelino, en este antiguo guitarrista de rock en la célebre banda Jefferson Starship volvemos a encontrar ese paso hacia una música más tranquila que, por la edad o por otras circunstancias, acaban dando tantos músicos que antaño brincaban en el escenario (aunque algunos como los Rolling Stones abanderen el movimiento contrario, el de la eterna juventud). Con la publicación de "Acoustic highway" un año antes, supimos que en este caso el punto de inflexión fue el nacimiento de su hijo Kyle. Este fan de Jimi Hendrix, Eric Clapton, Jimmy Page o David Gilmour tuvo que cambiar la guitarra eléctrica -gracias a la que ganó montones de discos de oro y platino- por la acústica, y tras muchos años de sonidos distorsionados tuvo que reinventarse, pero acabó entusiasmado ante la gama de notas mucho más limpias (por el bienestar de su hijo y de su esposa, Kimberly) que, no sin dificultad (las cuerdas son más duras y necesitó mucha práctica), conseguía extraer.
 
Con la inspiración de los grandes espacios abiertos californianos que recorre en su Harley Davidson, Chaquico y su fiel Ozzie Ahlers (co-productor y co-compositor) lograron un gran éxito y un meritorio número 1 en las listas New Age de Billboard con "Acoustic highway", así que ¿para que cambiar esa fórmula? En 1994 Higher Octave sacó a la venta "Acoustic planet", y no sólo el título es similar, sino que nos encontramos ante la continuación de una música agradable pero contundente, con el único límite que marcan el cuerpo y la mente, así como el cielo y la tierra: "Me interesa que la música te diga algo, que te envuelva en una atmósfera espiritual en la que puedas sentirte a gusto. Mi música es para esos momentos en que quieras viajar con la imaginación". De nuevo ritmos contundentes y melodías muy pegadizas se dan cita en esta combinación de estilos y conceptos: "Native Tongue" es un comienzo rítmico y lleno de vitalidad, donde Chaquico juega con la guitarra buscando una lengua nativa tan universal como la propia música. Melodías como esa o como "Just one world" parecen rememorar de nuevo las larguísimas y desérticas carreteras del oeste de los Estados Unidos. Esta última fue seleccionada por la NASA junto a otras composiciones emblemáticas para recorrer el espacio como parte del programa Space Ark. En una línea más calmada pero igual de interesante nos encontramos con la dulce "Winterflame", una exploración de la magia de la noche, o "Gathering of the Tribes", que vuelve a demostrar la admiración de Chaquico por la costumbres de los pobladores autóctonos de los Estados Unidos. Aparte de las reminiscencias del rock ("Find your way back" era una composición de la Jefferson Starship), también se dan cita en el disco influencias de blues o jazz ("The Greywolf Hunts Again", un tema raro pero interesante, que Chaquico acaba llevando a su terreno), un corte facilón en plan 'gipsy guitar' ("Añejo de cabo") y una pequeña demostración de guitarra, un despliegue de sus posibilidades que podemos admirar en "Center of Courage (E-lizabeths Song)". Para cerrar el disco, otro de los grandes clásicos de este guitarrista de Sacramento, "Acoustic planet", y es que la canción que le da título a su segundo álbum no podía ser una composición cualquiera sino otro emblemático, pegadizo y bien construido homenaje al planeta acústico, el mismo que le devolvió al número 1 del Billboard en la categoría new age, por delante de otros pesos pesados de este controvertido estilo como Yanni, Kitaro o George Winston. Otro de los grandes nombres de los comienzos de la new age, William Aura, también proveniente del mundo del rock, repite como productor ejecutivo de un álbum en el que, a las guitarras y efectos de Chaquico y los teclados, bajo y percusiones de Ahlers (además de una tímida contribución a la guitarra en "Añejo de Cabo") se unen la batería de Wade Olson y el bajo de Jim Reitzel en "The greywolf hunts again", a la espera de que sus siguientes entregas incorporen nuevos elementos a su música, como saxos o flautas.
 
En el rock que escuchaba e interpretaba de joven, Chaquico adoraba las partes instrumentales en las que el guitarrista conseguía eclipsar durante unos momentos el protagonismo del vocalista. Evidentemente, su propuesta en solitario es absolutamente distinta a la de los tiempos de Jefferson Starship, tanto que incluso le parece muy interesante la aplicación de la música con fines terapéuticos (no puede olvidar lo mal que lo pasó cuando a los doce años estuvo ingresado tras un atropello, una experiencia que le enseñó que la música puede ser curativa, física y emocionalmente). La portada de "Acoustic planet", fabulosa pintura del reputado artista gráfico especializado en animales Schim Schimmel, refleja de manera exacta sus obsesiones: disfrutar de la naturaleza y de su guitarra, y con ella hacer disfrutar a su público.

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