27.12.08

SUZANNE CIANI:
"Seven waves"

Suzanne Ciani es en la actualidad una teclista conocida y respetada. Seguramente la imagen que todos tenemos de ella es la de una mujer dulce, tranquila, más o menos lo que transmite su música, calor y felicidad. Incluso su propia imagen es de apariencia frágil y delicada. Sin embargo nos encontramos ante una luchadora, en especial por superar un cáncer a comienzos de los 90, aunque también por haber tenido que combatir en un mundo, el de la música electrónica, dominado por los hombres. Tanto en sus comienzos en esa faceta (con una involucración sorprendente para los que la hayan conocido a partir de su época de Private Music) como en su vertiente más romántica y de piano, esta nieta de inmigrantes italianos ha salido bien parada y se ha ganado a pulso su fama en el mundo de la música instrumental.

Empalagosa para unos, genial para otros, esta artista nacida en 1946 fue la más rebelde de cuatro hermanas. Contrariamente a los casos más comunes, en los que profesores de corte clásico intentan encorsetar a sus alumnos y éstos muestran su rebeldía acercándose al rock y pop a la mínima oportunidad, Suzanne vió cómo su maestro de piano, el mismo que daba clases a sus hermanas, intentaba llevarla por el camino del pop, mientras ella quería aprender música clásica. El Wellsley College y otras instituciones saciaron su sed de composición clásica, hasta que la casualidad le llevaría hasta Don Buchla, que la introdujo de lleno en la electrónica musical, y posteriormente hasta el considerado padre de la música por ordenador, Max Matthews. Sin embargo la única salida que le quedó después de toda su extraordinaria formación fue realizar música para publicidad, momentos para compañías importantes como Coca-Cola, American Express, Atari, General Motors o Columbia Pictures, muchas de las cuales han visto la luz en 2012 en el CD "Lixiviation". En 1974 se traslada a Nueva York, y llega a trabajar en el estudio de Philip Glass, pero su condición de mujer siguió cerrándole las puertas más importantes, por lo que decidió publicar una serie de discos que le dieran reconocimiento. Durante dos años, en fines de semana y con su propio dinero, creó "Seven waves", pero ninguna compañía se atrevió a publicarlo, al fin y al cabo ella era una mujer que hacía electrónica, que no cantaba como las que triunfaban en aquella época. Contra todo pronóstico, "Seven waves" fue un gran éxito en el único país que acogió su publicación en 1982 bajo el sello JVC/Victor: el lejano Japón. Da la impresión de ser un disco frío y sofisticado, cuando en realidad es sencillo y cálido, inspirado también por la naturaleza, como demuestran los sonidos marinos que campean entre tema y tema, ese oleaje sereno pero atrevido que separa las principales 'siete olas', de las cuales la primera ("The first wave: Birth of Venus") es la más inspirada y popular, por la gracilidad de su luminosa melodía (complementada con otro instrumento electrónico extraño, un lyricon) en un contexto burbujeante que nos remonta a otros tiempos más sintéticos. A pesar de eso, "Seven waves" no ha envejecido mal, otro mérito de esta teclista estadounidense que continúa su paseo secuenciado con temas igual de alegres y románticos, exponentes de un mundo propio en el que también se podrían destacar "The fifth wave: Water lullaby" y el bonito cierre del trabajo, "The seventh wave: Sailing away", de sonido algo más cercano al pop. La historia de "Seven waves" tras su éxito japonés continúa con la publicación en Estados Unidos por parte de Finnadar Records, una división de Atlantic (1984), una siguiente reedición por la importante compañía Private Music (1988), y posteriormente por su propio sello (1994), denominado Seventh Wave en homenaje a este disco avanzado.

Suzanne recuerda en el libreto del trabajo (en su edición de 1995 por parte de Seventh Wave) que se trata de un disco especial, no sólo porque expresa su fascinación por los primigenios instrumentos electrónicos sino porque algunos de ellos, como el Buchla (prototipo creado por el pionero en materia de sintetizadores Don Buchla), ya no existen, por lo que estamos ante una grabación histórica, que contó con la eficaz colaboración de la ingeniera de sonido Leslie Mona-Mathus y del arreglista Mitch Farber, que le seguirían acompañando -en especial Mona-Mathus- en futuros y ya consolidados proyectos. Synclavier, Roland, Moog, vocoder, secuenciadores, piano... la lista de los teclados y instrumentos utilizados asusta por la profusión de nombres, siglas y números, pero todos ellos devienen en una música fácil de escuchar y admirable en su contexto, el de una mujer que se sobrepuso a cualquier inconveniente y que supo surfear en las olas más adecuadas, en concreto las siete de "Seven waves".

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21.12.08

ROBERT J. RESETAR:
"Overcurrents"


Robert J. Resetar es otro de esos músicos enigmáticos que, después de ofrecernos un soberbio trabajo como lo fue "Overcurrents", prácticamente desapareció de la escena musical grabada tan silenciosamente como había llegado. Esto sucedió a mediados de los 80 cuando, tras una casi anónima trayectoria (de hecho fue 'ghostwritter' para Mike Post) realizando música para televisión y adaptaciones orquestales para la Boston Pop Orchestra (una sección de la Boston Symphony Orchestra creada en 1885, que John Williams llegó a dirigir del 80 al 93), este teclista estadounidense quiso aplicar todo lo aprendido hasta entonces y así divulgar sus personales y verdaderamente emocionantes composiciones, pero a lo Juan Palomo, es decir, creando su propia compañía discográfica, de nombre Whispering Trees Records BMI, con la que publicó en 1987 el mencionado álbum "Overcurrents".

Aunque Whispering Trees no haya tenido una trayectoria exitosa, al menos nos brindó la posibilidad de conocer la obra de Rob Resetar -así se hace llamar dos décadas después- a través de ese disco maravilloso titulado "Overcurrents", de corte romántico (dominado por los teclados pero con importantes adiciones de flautas, guitarra, cuerno francés, acordeón y arpa, entre otros instrumentos), con reminiscencias clásicas, medievales e incluso andinas. La instrumentación empleada es variada, dominada por los teclados pero con importantes adiciones de flautas, guitarra, cuerno francés, acordeón y arpa, entre otros instrumentos acústicos. Un comienzo inmejorable, de título "Life tides", despeja de inmediato cualquier duda que pudiéramos albergar respecto al contenido del disco; se trata de una cortísima introducción de estilo medieval y beleza mitológica, donde unos vientos fabulosos (flauta y cuerno inglés) desarrollan una serena y enriquecedora melodía. El lirismo no ha hecho más que comenzar, ya que tanto hermosas miniaturas (la sugerente "The golden door", "Heroes of Hayvenhurst") como composiciones más largas e igual de iluminadas ("Ascent to Machu Picchu" -de evidente inspiración andina-, "Love me in all things" -con fabulosas notas de piano- o "The fisherman" -delicada, acertada y visual, de hecho casi se puede llegar a contemplar a ese pescador-) o algún pellizco más ambiental ("Invocation"), llenan un trabajo relajante, cálido y apasionado, que atrae desde su bella portada, obra primeriza del artista gráfico Paul Lasaine (que posteriormente ha trabajado en películas de animación tan importantes como 'El príncipe de Egipto' o 'Locos por el surf'). Pero con toda seguridad es "Nada's dance" la canción más conocida del álbum, el tema central de la sinfonía, un completisimo cuento de hadas con un toque medieval que deslumbra merced a una entusiasta melodía fácil de seguir y un ritmo animado muy al estilo de las composiciones de David Lanz y Paul Speer. No es desatinado calificar esta pieza como un cuento de hadas, ya que el propio Resetar publicó en 1997, junto a Mary Knudson Schulte, el cuento 'Princess Nada and the City of Ice' (donde Nada es la bella princesa del viejo reino de Astara), basado en esta pieza y en la suite de igual título ("Princess Nada and the City of Ice") compuesta para la Minnesota Orchestra. A su vez, para la Detroit Symphony, compuso "Princess Nada & the Crystal of the Sun". "Nada's dance" fue incluída, además, en la exitosa recopilación española "Música para desaparecer dentro".

Poseedor de una extraordinaria simpleza, "Overcurrents" -que fue grabado en Santa Mónica (California)- quizás no requiera toda la atención del oyente en su escucha, pero éste acaba dejándose atrapar con vehemencia por un conjunto delicado, hermoso, esplendoroso. Aunque hacerse con una copia original actualmente es casi tan imposible como adivinar a qué corresponde la 'J' del nombre de su autor (posteriormente desaparecida), vale la pena intentarlo, ya que sus doce composiciones nos llevan a un mundo de sueños y fantasía, del que volvemos con la efímera sensación de que dificilmente Robert J. Resetar pueda volver a conducirnos hasta allí. Por si acaso, habrá que seguir atentos a sus movimientos, que han acabado centrándose en la música para cine y televisión.



15.12.08

WILLIAM ACKERMAN:
"Passage"


Desde que el matrimonio Ackerman decidiera dedicarse por completo a su compañía discográfica, la inmarcesible Windham Hill, no cesaron en su empeño de conseguir que grandes instrumentistas norteamericanos engrosaran su catálogo. Así llegaron, aparte del propio Ackerman y su primo Alex de Grassi, George Winston (el verdadero impulsor del sello), Michael Hedges, Michael Manring, Scott Cossu, Mark Isham, Shadowfax, Liz Story y un largo etcétera de músicos que no sólo contaban con seguidores propios sino que eran venerados y escuchados por pertenecer al sello californiano. Mientras tanto, el propio William Ackerman continuaba grabando y editando sus discos, que en un principio contenían exclusivamente solos de guitarra acústica para, con el tiempo, beneficiarse sin pudor de esos otros músicos, empleados pero en muchos de los casos amigos, que colaboraban sin dudar en duetos o trios para los discos de su 'jefe'. En "Childhood and memory" había tenido lugar una tímida aparición de banjo y flauta, pero esta delegación de virtuosismo tendría su confirmación en 1981 con un álbum corto pero vibrante titulado "Passage".

En "Passage", el folk americano se hace música contemporánea (en el sentido académico del término), totalmente accesible, hermosa, y dominada por la guitarra de cuerdas de acero más auténtica de la que ya era conocida como música New Age. Como parte negativa del mismo, hay que destacar que este trabajo sólo es original en parte, pues contiene ocho composiciones, de las cuales cuatro eran ya conocidas (grandísimos clásicos como "Processional", "The impending death of the virgin spirit", "The bricklayer's beautiful daughter" y "Anne's song") y las otras cuatro eran nuevas ("Remedios", "Pacific I", "Hawk circle" y "Passage"). Dos circunstancias a su favor, la calidad de estas últimas (en especial "Remedios y Hawk circle") y que las antiguas contaran con interpretaciones nuevas, entre las cuales se encuentran los temas mas emblemáticos de cada uno de sus tres primeros trabajos (por orden cronológico "Processional", "The bricklayer's beautiful daughter" y "Anne's song"), que permanecen imperturbables, con la nueva interpretación pero sin la aportación de nuevos instrumentos que pudiesen trastocar su prístina esencia; de hecho, "Anne's song" elimina la flauta de Dave Ross que le acompaña en su obra original. El cuarto solo de guitarra del álbum llega en su final, pues se trata del corte titulado "Passage", con una hermosa y paseante melodía. Fue sin embargo la mencionada aparición de dúos con otros instrumentos lo que más chocó al seguidor incondicional del guitarrista, cuatro composiciones vestidas por un manto de clasicismo, que no esconde su origen popular pero que embellece y complementa estupendamente el producto: inaugurando el trabajo, "Remedios" desata una inusitada variedad de emociones, gracias sobre todo a que la guitarra marca el compás pero se deja dominar por el violín de Darol Anger, consiguiendo una atmósfera inquietante y un final muy pasional. En este nuevo vestido de grandes composiciones hay que destacar la dimensión que cobra otro tema nuevo y futuro clásico, "Hawk circle", a dúo entre la guitarra de Will y un piano -característico- de George Winston en su línea magistral, en cinco epatantes minutos de creciente intensidad. En "Pacific I" vuelve a dejar que sea el instrumento invitado el que acometa la melodía principal -en esta ocasión Robert Hubbard al cuerno inglés- pero con algo menos de impregnación. Mientras, el único corte ya conocido de los duetos es "The impending death of the virgin spirit", donde el papel del expresivo chelo de Dan Reiter es más de acompañamiento, quizás para no perturbar la magistral naturaleza de tan bella melodía. Esos músicos invitados a la fiesta, Darol Anger, Robert Hubbard, Dan Reiter y George Winston, compusieron ellos mismos las partes que interpretaron en sus dúos. Seguramente a algunas de las otras cuatro canciones les hubiera venido bien el envoltorio de esos instrumentos invitados, pero acaban luciendo en las manos de este carpintero que quiso ser músico. "Processional", por ejemplo, sólo tardaría cinco años en estar acompañada por el lyricon del genial Chuck Greenberg (en la compilación "The shape of the land"). "La guitarra de cuerdas de acero es el objeto principal del álbum, pero los dúos incluyen violín, piano, violonchelo y cuerno inglés, con la esperanza de aumentar el alcance tanto del programa musical como de la gama de tonalidades destacadas por el proceso de grabación digital", decía Ackerman, y es que, efectivamente, la calidad de grabación de la compañía se muestra novedosa, con su nueva tecnología digital ofrecida por Sony (el primer procesador digital en los Estados Unidos, el SONY PCM 1600), un paso adelante muy importante de cara a un público que no solo amaba la música del sello sino que se interesaba por la calidad del sonido ofrecido en sus plásticos.

Con el catálogo de Windham Hill plenamente definido y en su momento de mayor auge y éxito de ventas, "Passage" muestra una nueva dirección en la música de William Ackerman, la de la conjunción con otros instrumentos. Es verdaderamente gratificante escuchar a este artista, su música sincera y creativa, tanto en la simpleza de su guitarra desnuda como con pequeños acompañamientos de otros instrumentos que engalanan piezas imprescindibles en la nueva música norteamericana. Las creaciones de Ackerman están enfocadas de una manera abierta, sus acordes delicados, melodías tenues, sentimiento profundo al fin y al cabo en canciones de múltiples detalles y alegre decadencia, poseen una cierta cualidad asequible por la que podrían gustar a todo tipo de publico más fácilmente que las de otros guitarristas de la época en Windham Hill (Alex de Grassi, Robbie Basho) o de otros que pudieron ser de referencia (Leo Kottke, John Fahey). En solitario o en dúo, y aparte de la erótica de la etiqueta ´creador de Windham Hill', sus primeros álbumes se nutren de acordes que entran de manera directa a la consciencia de un oyente entregado, de una generación a la que se le entregó un producto fabuloso que fue reconocido como tal, y cuya veneración debería perdurar en nuestros días, ya que Will Ackerman en particular y el catálogo primigenio de Windham Hill en general, son todo un patrimonio cultural de la humanidad.

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11.12.08

CAPERCAILLIE:
"Get out"

Si ya de por sí la riqueza de la música tradicional escocesa es desbordante, la unión durante la década de los 80 de nuevos talentos como Karen Matheson, Donald Shaw o los hermanos Lunny para renovar ese excelso folclore redundó en un grupo de tanta importancia como Capercaillie, una banda moderna pero con siglos de música escocesa a sus espaldas. En el libreto del álbum "Get out" se hacía hincapié en el logro que supone rescatar el patrimonio gaélico y llevarlo de una manera fresca a todos los rincones del mundo, en una eficaz mezcla con elementos pop y rock, pero manteniendo el aire antiguo que les confiere una elegante riqueza en sus discos y directos. Después del éxito de "Delirium", y basado directamente en él (lo cual no le resta interés) es precisamente "Get out" el álbum que define a la perfección las posibilidades de Capercaillie y exhibe en sus escasos 40 minutos su capacidad para atraer, encender y emocionar de diversas maneras, en inglés o gaélico, con aires lentos o rápidos, a través de la voz o de manera instrumental, todo vale cuando la calidad es innata. A su vez, "Get out" responde a la necesidad de que los fieles a Capercaillie encuentren plasmado en un álbum, aunque sea de una forma residual, su importante y valorado directo.

En esta suerte de revisión de "Delirium", publicado en octubre de 1992 por Survival (de ello se encargó en los Estados Unidos Green Linnet) las canciones cobran una nueva dimensión merced a versiones mejoradas o potentes directos. "Get out" explora precisamente en todas las facetas que este magnífico grupo puede ofrecer en estudio o en vivo: reels que obligan a no permanecer sentado ("Silver spear reels"), otros instrumentales que aún siendo de apariencia e intenciones celtas sorprenden con un ritmo obsesivo de tendencias muy actuales ("Dr. MacPhails trance", impresionante versión mejorada y alargada del "Dr. MacPhail's reel" de "Delirium"), interpretaciones geniales de canciones gaélicas tradicionales ("Pige ruadh", una pieza en directo de 'mouth music' -melodías vocales aplicadas al baile-), temas en inglés que fusionan sabiamente folk y pop ("Waiting for the wheel to turn ('92 version)") y por supuesto un carisma que iba en aumento con el paso de los discos y los conciertos. "Fear a' bhata (Oh! my boatman)" fue el primer sencillo de "Get out", una pequeña y bonita canción de amor tradicional escocesa cantada en gaélico, cuya versión original estaba incluída en el álbum "The blood is strong". La mencionada "Waiting for the wheel to turn" presenta un acertadísimo cambio respecto a "Delirium" para constituir un segundo sencillo que promocionaba a la vez ambos álbumes; curiosamente, esta animada canción de Donald Shaw en inglés no estaba producida por Dònal Lunny sino por Iain Morrow. No podía faltar el tema más conocido de Capercaillie, otro tradicional gaélico que ya es inseparable de la voz de Karen Matheson, y que aquí se muestra con la fuerza del directo: "Coisich a' ruin", que llegó al número 39 de las listas de venta británicas -primera canción en gaélico que lo lograba-. Sorprenden también otras dos canciones en inglés rescatadas, cómo no, de "Delirium": "Servant to the slave" (composición de Manus Lunny vuelta a grabar con una pequeña introducción tradicional de J.MacRae titulada "Dean Cadalan Sàmhach" que proviene también del disco "The blood is strong") y el directo de "Outlaws" (del bajista, John Saich), una canción nueva que comienza como un diálogo entre voz y piano acaba como una reunión intimista y muy placentera. La banda en este momento estaba formada por Karen Matheson (voz), Marc Duff (flauta, bodhran, sintetizador), Manus Lunny (bouzouki, guitarra), Charlie McKerron (violín), John Saich (bajo) y Donald Shaw (acordeón, teclados), con la eficaz incorporación de James Mackintosh, conocido por sus discos con el grupo Shooglenifty, a la percusión en los directos y en la regrabación de "Waiting for the wheel to turn", un Mackintosh que iba a continuar trabajando con Capercaillie y en los discos en solitario de Karen Matheson.

Una semana después del lanzamiento de "Get out", y como gran complemento de éste, Polygram editó con el título de "Two nights of delirium" un video de la banda que recogía dos conciertos en Escocia repletos de público y que permitían comprobar, al que aún no había disfrutado del directo de Capercaillie, lo que se siente en uno de sus espectáculos. Diez años después aparecía por sorpresa una nueva edición de "Get out" con cinco canciones nuevas, dos instrumentales ("The reel northern light" y "Shanbally castle / Caberfeidh"), una cantada en inglés (la interesante "Distant hill") y dos en gaélico (la acertada "Mo bhean chomuinn" y "A cur nan gobhar as a´chreig"). En la discografía de Capercaillie, y a pesar de que se componga de canciones rescatadas, nuevas versiones y directos, "Get out" no es ninguna bagatela, de hecho es una pequeña joya de esta banda que acerca como ninguna el ayer al hoy.

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2.12.08

STEPHAN MICUS:
"To the evening child"


En el característico sonido del sello alemán ECM tiene mucho que ver su fundador, Manfred Eicher, antiguo contrabajista de jazz que desde 1969 quiso dedicarse por completo a la búsqueda y producción de una serie de talentos entre los que no sólo podemos encontrar músicos de jazz sino también de música antigua, bandas sonoras o músicas del mundo. Precisamente en esta categoría se encuadra como ninguna la obra del alemán Stephan Micus, un ciudadano del mundo enamorado de oriente desde su primera visita a los dieciseis años, que está vinculado a ECM desde 1977. Numerosas y enormemente bellas son las obras que Micus entrega ya acabadas a la compañía, constituyendo un caso distinto al de la mayoría de los artistas del sello, que Manfred Eicher se encarga de producir personalmente. Micus, sin embargo, es su propio productor (salvo en sus dos primeros trabajos, en los que Eicher tomó esa batuta), y su sensibilidad se encarga de otorgar una extrema calidad a sus trabajos: "Wings over water", "Ocean" o "Darkness and light" son algunas de sus obras destacadas entre numerosos títulos sin desperdicio, y poco después de esas inmaculadas obras es preciso detenerse tambén en un disco publicado en 1992 bajo el poético título de "To the evening child".

Stephan recuerda que los momentos más felices de su vida han ocurrido en Nepal, siempre cuenta que allí fue donde descubrió cómo debía ser la música perfecta, mientras atravesaba en autobús un fértil valle dominado por los arrozales, con niños, búfalos y el color de los pueblos llenos de vida; en contraste, como telón de fondo se podían admirar inmensas montañas nevadas, en una zona inhóspita deshabitada, un símbolo de eternidad y pureza. Ese equilibrio de opuestos reflejó para él la imagen ideal de la música, una combinación 'paradisiaca' de elementos distantes con los que une culturas, con todo lo que ello conlleva: "Me interesa explorar, descubrir mundos a los que mucha gente no tiene acceso, sonidos que no han escuchado, y combinar instrumentos que jamás han sonado juntos por proceder de culturas diferentes". Sorprenden dos cosas en "To the evening child", en primer lugar la paz y pureza de un canto de palabras inventadas, y en segundo la gama de sonidos que se pueden extraer de un instrumento como los steeldrums del oeste de la india (no confundir con sus más famosos parientes caribeños), viejos bidones de aceite que adquieren una personalidad que va mucho más allá de sus características percusivas. Aunque en la mayor parte de la discografía de Micus desde los 80 los nombres de las canciones sean numerales, aquí vuelve a ofrecer títulos que nos pueden dar pistas sobre el origen o la inspiración de cada corte. Así, este inspirado trabajo comienza con "Nomad song", una deliciosa canción de desarrollo lento y sugestivo, que pretende reflejar el itinerante mundo personal del artista, su propio espíritu nómada. Stephan, que nunca se sintió alemán, tiene una hija oriental y una pareja sudamericana (Adela es argentina), con la que vive en Mallorca. Precisamente a su hija Yuko, de hermosos ojos orientales, está dedicada "Yukos eyes", emotiva pieza de sones rasgados (merced a la dilruba, otro instrumento indio de cuerda que se toca con arco) como esa mirada de niña pequeña que provoca en Stephan una alegría exultante, convertida aquí en una danza interior que se hace corta. "Young moon" vuelve a abrir una ventana a la atemporalidad, pues aparte de la voz, los steeldrums y la dilruba se pueden apreciar dos tipos de flautas antiguas, una balinesa (suling) y otra alemana, pero del medievo (kortholt). Llegamos aquí a la parte central del álbum, que recoge su canción posiblemente más destacada: el encanto de esta pieza que da título al disco es edificante y puede contribuir a la liberación de las cargas diarias que corrompen cuerpo y mente, por su estética luminosa y optimista; al escuchar "To the evening child" (donde aparecen steeldrums, dilruba, nay -antigua flauta de caña egipcia-, sinding -arpa del Africa occidental cuyo cuerpo de resonancia es una calabaza- y voz), no hay que dejar de preguntarse por qué, si parece tan fácil, hay tan pocos que conmuevan de esta forma explorando en la conciencia global. "Morgenstern" (de percusión meditativa), "Equinox" (donde los sones de ocho dilrubas consiguen un efecto de falso dramatismo, que curiosamente destila una intensa alegría) y "Desert poem" son otros ejemplos de esta música que no necesita vestirse ni adecuarse a nada que implique modernidad, mercados o promoción.

Aunque su nombre no aparezca en los renglones de los grandes libros, Stephan Micus podría considerarse como el músico del mundo por antonomasia. Este trovador de Pangea une musicalmente cinco continentes como si fuera uno, y lo hace con una solvencia, imaginación, sinceridad y entrega dignos de destacarle como un abanderado de la unión entre los pueblos. Su manera de tocar y combinar instrumentos con siglos de historia ("para mí, tener un instrumento entre las manos es como sostener la cultura a la que pertenece"- dice) les hace cobrar una nueva realidad, un papel virginal para ellos en la historia de la música, creando una soberbia y casi única transculturalidad. Si bien su discografía es de obligada escucha para los que buscan una comunicación entre el cuerpo, la mente y los elementos que nos rodean, su música es tan sincera que necesita del contacto con el público, ese especial vínculo que se establece en sus conciertos, pequeños y discretos encuentros con un personaje que, aunque hable varias lenguas y un español casi perfecto, su idioma es y será siempre la música.



24.11.08

MICHAEL NYMAN:
"Drowning by numbers"

Michael Nyman conoció a Peter Greenaway cuando el primero estudiaba en la Royal Academy of Music, y el director trabajaba en el British Film Institute. En la casa de este se había habilitado una pequeña sala de cine en el trastero, donde quedaban con amigos a ver películas de Godard, Kurosawa y otros maestros del cine clásico, y ahí comenzó a forjarse una amistad y una intensa colaboración artística de pleno disfrute. Sus proyectos eran entonces meras ilusiones, pero sería muy poco después cuando su relación pasaría de la amistad a la profesionalidad, desde que Nyman compusiera la música de los primeros experimentos de Greenaway, y de ahí a su primer film importante, "The draughtsman's contract" en 1982; después de "A zed & two noughts" llegó, en 1988, "Drowning by numbers" ('Ahogamiento por números', que en España contó con la desafortunada traducción de 'Conspiración de mujeres'), una partitura editada por Virgin Records ese mismo año 1988 (a través de su filial Venture) que, si bien ofrece una carga más dramática que la de 'El contrato del dibujante', sigue reflejando esa dependencia inversa a lo normal en la relación entre cine y música, es decir, la música se convierte en parte importante de la estructura de la película hasta el punto de condicionar ciertas escenas. En algún modo a veces es el director el que tiene que cambiar la película para ajustarla a la música y no al revés: "Yo diría que sus películas están de algún modo subordinadas a mi música, aunque suena soberbio y es cierto que él tiene la película completa dentro de su cabeza antes de empezar el rodaje".
 
Como nos cuenta en el libreto del álbum, fue Greenaway quien primero llamó la atención de Nyman hacia una breve melodía de Mozart en su "Sinfonia concertante": "Regrabé la pieza de Mozart porque no podíamos permitirnos adquirir los derechos de la grabación que habíamos utilizado. Recrear los cambios de tempo fue el reto más difícil al que me haya enfrentado jamás". Como lo fuera Purcell en "The draughtsman's contract", Mozart iba a ser en "Drowning by numbers" la inspiración e hilo conductor de una extraña historia en las que tres mujeres asesinan a sus maridos ahogándolos, en el clima obsesivo, geométrico y experimental tan típico del cineasta galés. En un comienzo tambaleante ("Trysting fields"), una calmada conversación entre violines desemboca en un grandísimo tema a ritmo de vals, "Sheep and tides", retomado para el octavo corte, "Bees in trees". Peter Greenaway tiene que adaptar las escenas para mecerlas por la estupenda "Drowning by number 3", enredarlas con "Great death game", crear tensión con "Crematorium conspiracy", emoción con "Fish beach" o extrañeza con "Wedding tango", sobre la base de unos violentos metales. "Wheelbarrow walk" y "Knowing the ropes" son dos de los cortes más destacados del álbum, al recuperar sabiamente el estilo repetitivo de "The draughtsman's contract", aunque todo este trabajo se diferencia de aquel en que es menos rítmico en general, y en la duración más corta de las canciones y por tanto abundancia de éstas, ciñéndose un poco más a la idea estricta de banda sonora. Precisamente estos dos temas que acabo de destacar fueron los elegidos, junto a "Fish beach", para ser incluídos en la recopilación que, bajo el título de "The essential of Michael Nyman band", presentaba diversas regrabaciones -para el sello Argo, no para Virgin- de estas bandas sonoras; las dos nuevas versiones de "Wheelbarrow walk" y "Knowing the ropes" son todo un descubrimiento por el acertadísimo cambio de tempo de la primera y el alargamiento y también mayor movimiento de la bonita y repetitiva melodía de la segunda. Hay que intentar no hablar de minimalismo, puesto que el mismo Nyman que acuñó el término cuando era crítico musical, reniega de él para calificar a su música, repetitiva pero no minimalista: "Llegó un momento en que la palabra minimalismo dejó de tener sentido, puede haber una relación entre las músicas así definidas y ese origen de la palabra, pero ya no hay esa sencillez del pensamiento único, la música ha ido más allá del concepto"; y aún dice más al respecto: "El término se ha utilizado, reutilizado, sobreutilizado, abusado, manoseado... vamos, que actualmente es una de las palabras más desvirtuadas que conozco".
 
Gracias a estas películas de difícil visionado y moral incierta, Michel Nyman entabló una hermosa relación con el séptimo arte, de la que no iba a salir jamás, reforzándose en sus intenciones y en su sonido cuando la relación con Greenaway se enfrió irremediablemente (y eso que en 1990 pensaba que dicha relación podía durar por mucho tiempo, pues eran como un matrimonio). Eso sucedió cuando el realizador galés 'despreció' la enorme partitura que el pianista creó para su film "Prospero's books", pero es necesario mencionar las circunstancias que rodearon al disco que nos ocupa, ya que Greenaway venía de utilizar a Wim Mertens y Glenn Branca para la música de "The belly of an architect" y quiso, en un principio, utilizar música de Geretsky y John Adams para "Drowning by numbers", pero el montaje no funcionó, por lo que afortunadamente tuvo que volver al recurso de Michael Nyman para que creara la partitura, pero esta vez con el film acabado, por lo que pueden escucharse más músicas adaptadas a las escenas, de pura banda sonora, y no al revés. En su obra, este compositor británico intenta percibir conexiones y entendimiento entre la música de hace siglos y la de ahora, y consiguió, en sus primeros conciertos en España con la Michael Nyman Band, una comunión especial con un público que no sabía lo que podía esperar en directo de un músico como ese, ni más ni menos que un espectáculo grandioso.

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15.11.08

HIMEKAMI:
"Snow goddess"


Con diez años de impresionante trayectoria a sus espaldas en Japón, y dos años después de su descubrimiento al mundo por medio de la publicación de su primer disco recopilatorio en Estados Unidos (una edición exclusiva de "Moonwater"), fue de nuevo la compañía americana Higher Octave Music la que se encargó en 1991 de recoger otras diez inmortales canciones de los grandes álbumes que, basados en unos líricos teclados, el grupo Himekami creó en la década de los 80, a través un segundo y también maravilloso recopilatorio que esta vez no fue publicado ni en Japón ni en España, llegando a nuestro país exclusivamente de importación. Parecía mentira que tras la increible sucesión de bellísimas composiciones de "Moonwater", quedaran aún por descubrirse canciones tan destacables, pero el filón de Himekami no sólo no se había acabado sino que no había hecho más que comenzar para el público occidental, y la demostración fue esta nueva compilación de poético título, "Snow goddess" ('la diosa de la nieve').

Sencillo pero de una profundidad mística, de corte tradicional pero con un acabado muy actual, delicado pero de una fuerza tremendamente vital, el sonido de Himekami es intenso, colorido e inconfundible, lo mismo puede llegar en composiciones calmadas, casi ambientales ("Light spring snowfall", "One snowflake" o "Bathed in moonlight") como por medio de un ritmo poderoso y sublime, que tal vez ayude a construir (en comparación con el lirismo que imperaba en "Moonwater") los mejores temas de esta nueva compilación: "Festival for a spring breeze", "In a bird's eye" y "Prayer", en la que hacían acto de presencia esos eternos tambores japoneses tan típicos de otro clásico japonés de la new age, Kitaro, unos tambores y percusiones que fueron parte activa de los conciertos que Himekami, por fin, ofreció en España en una pequeña gira en 1993, donde el público pudo deleitarse con obras tan etéreas, pequeños clásicos ya, como "Into blue snows", "Evening poem" o "Tosa dunes". En definitiva, y regresando a "Snow goddess", desde el animado comienzo de título "Spring growth" hasta la susurrante "Ridge" que cierra el trabajo, desfilan por nuestro reproductor otra colección de títulos imprescindibles de este grupo nipón liderado por el ya desaparecido teclista (en 2004 se congregaron numerosos seguidores en su funeral) Yoshiaki Hoshi y su esposa Etsuko, que se mantenía en un discreto segundo plano. La belleza de los paisajes orientales, así como las tradiciones y costumbres del país del sol naciente quedaron reflejadas en estas canciones que, con su magnífica proporción de tecnología moderna y ambiente antiguo, perdurarán la memoria de su creador, el inefable Yoshiaki.

Es en estos recopilatorios donde mejor se paladea la exquisitez de un sonido a la vez folclórico y avanzado. La música de Himekami poseía un componente espiritual que parecía explorar los sentidos e influir positivamente en las mentes, tanto desde la relajación de sus ambientes livianos, como en el delicioso movimiento de notas juguetonas, o por supuesto mediante la fuerza y la épica de composiciones rítmicas y efectivas. Si "Moonwater" era pura poesía, "Snow goddes" se aprovechaba más de este tipo de demostraciones más movidas de una banda que, tras la muerte de su líder, quedó en manos de su hijo, Yoshiki Hoshi. Antes de ese triste relevo, y por medio de este segundo recopilatorio norteamericano, tan acertado como el primero, pudimos conocer algo más de su imprescindible discografía de los años ochenta, grandes obras de una esencia atmosférica a pie de tierra como "Himekami", "Himekami densetsu", "Kaido", "Hokuten genso", "Setsufu" o "Himekami fudoki".

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8.11.08

ENYA:
"Enya"

En el comienzo de la década de los 80 Clannad era un grupo en expansión, que aún no había alcanzado sus más altas cotas de popularidad en base a la fusión más comercial del folclore irlandés (más concretamente del condado de Donegal) con un pop pegadizo; el éxito internacional llegaría enseguida con el conocido "Theme from Harry's game" y álbumes emblemáticos como "Magical ring" o "Macalla", pero esta banda familiar tuvo en sus filas en ese nacimiento de la década a una joven Enya, que realmente estaba eclipsada -incluso se dice que ignorada- por sus hermanos y tíos, los miembros originarios del grupo. Lo que sí que ha quedado claro con el paso de los años es que el talento incipiente de Eithne Ní Bhraonáin -Enya Brennan es la adaptación inglesa- estaba desaprovechado, y de ello se dió cuenta el avispado productor de Clannad en aquella época, Nicky Ryan, que la animó a dejar el grupo y desarrollar, junto a él mismo y su esposa Roma, una carrera particular que acabaría influenciando a numerosos artistas y grupos, incluyendo posiblemente a Clannad.
 
Tras años de experimentación y proyectos de cierta frustración (la banda sonora para "The frog prince"), la oportunidad iba a llamar a sus puertas gracias a la BBC y una serie sobre los celtas que la cadena británica estaba desarrollando. Seis episodios de una hora cada uno ahondaban en el origen, expansión e influencia de la cultura celta en el mundo. Una cassette enviada por Roma Ryan con el tema "The march of the celts" fue el desencadenante, y la ocasión fue aprovechada de una manera brillante, puesto que en "The celts" Enya ya deja entrever ese halo de sofisticación y misterio que le va a envolver desde "Watermark" como si de un personaje de cuento se tratara. Es encomiable su trabajo creando un disco que se puede escuchar sin necesidad de la imagen a la que va dirigido, logrando la base de su éxito e inaugurando un sistema de trabajo y un sonido muy particular, de tanta belleza exterior como interior. Es de la experimentación con las posibilidades de la voz de Eithne y el gusto por las armonías vocales de grupos como The Beach Boys o The Mamas and the Papas de donde parece nacer el ya famoso sonido multivocal de Enya, esa superposición de su propia voz hasta conseguir un efecto hipnótico, un novedoso tratamiento que nutre a las composiciones de una belleza antigua, entrando de lleno en el embrujo de esa mitología sobre la que versa la serie. Las piezas, construidas en su mayoría en base a piano, sintetizadores y voces, destacan por su suave ambientalidad y están desarrolladas con buen gusto, sin abusar de ese efecto multivocal; éste se deja apreciar por vez primera en todo su esplendor en un tema tan sencillo e impactante como "The march of the celts" (la canción que se mandó a la compañía como presentación del proyecto), si bien ya se intuye en la acertada melodía de inicio, titulada simplemente "The celts" y en una sorprendente visión futura sintetizada de la cultura celta titulada "Aldebaran", inspirada por el director de cine Ridley Scott y más concretamente por su excepcional film "Blade runner". Otra gran sorpresa la constituyen las piezas tarareadas, como "To go beyond (I)" -que inaugura su estilo operístico-, "Fairy tale" y sobre todo "Boadicea", impresionante melodía que años después utilizó el grupo de hip hop "The fugees" para el tema "Ready or not" de su interesante disco "The score". Pequeñas miniaturas embellecen el trabajo deliciosamente, tal es el caso de "The sun in the stream" con la ayuda de la gaita irlandesa, "Epona" y "Portrait" a un melancólico piano y "Bard dance" a un teclado más rítmico. En el caso de "The sun in the stream", esta pieza se beneficia de la maestría del gaitero Liam O'Flynn, ex-miembro del grupo Planxty, como también lo fue Arty McGlynn, otro colaborador en este trabajo con su guitarra; posiblemente estas dos apariciones de excepción sean obra de la trayectoria de Nicky Ryan, ya que antes que a Clannad produjo también a Planxty. Eithne considera los discos de Enya como el trabajo de un trío, el formado por ella misma, Nicky Ryan como productor y Roma Ryan como encargada de los textos, y una buena muestra de esa labor conjunta fue el primer single del álbum, "I want tomorrow", que seguramente ayudó a "The celts" a llegar a una segunda posición, detrás de U2 y su "The Joshua tree", en las listas irlandesas de ventas. En el video-clip de esta canción -la única en inglés de todo el disco-, algo rudimentario pero notablemente ambientado en tiempos diferentes, se ve a una jovencísima Enya, como en el de "Aldebaran", ambos realizados por el mismo director de la serie, David Richardson. Un tercer video-clip, el del tema "The celts", llegó cinco años después, elaborado con muchos más medios (por un habitual en los primeros años de Enya en Warner, Michael Geoghegan) tras la reedición de la obra. La serie íntegra fue comercializada en DVD en 2004.
 
Este álbum fue publicado por la BBC en 1987 bajo el título simplemente de "Enya" incluso antes de la emisión del documental -con una fascinante portada en blanco y negro en la que podemos ver a nuestra protagonista junto a dos hermosos perros-, llegando a España por medio de Sonifolk en 1990, ya con el título de "The celts" e impulsado por el éxito de "Watermark", una situación que llevó sin duda a ciertas confusiones cronológicas; por si fuera poco Warner reeditó el disco en 1992 con diferente portada, algo más glamurosa, y mejor distribución. En blanco y negro o en color, en casos como el de Enya se evidencia el importante papel de la propia personalidad en la carrera de un músico: de gran confianza en sus posibilidades (tanto ella como el matrimonio Ryan), y segura de que su propuesta era no sólo idónea sino capaz de encontrar un importante hueco en el panorama musical, no dudó en abandonar el grupo familiar para desarrollar sus ideas en solitario y acabar acallando a los que no creían en ella. En "The celts" queda sin embargo la sensación de que podía haber dado algo más, de que el disco, maravilloso como ha quedado claro, está incompleto, al menos en espíritu, al estar limitado por una temática concreta, con lo que esto puede arrinconar creativamente. Posiblemente esa sea la causa por la que Enya considera su auténtico primer disco a "Watermark", un prodigioso trabajo difícil de superar para el que "The celts" fue un mayúsculo rodaje. No deja de ser curioso que Eithne es el nombre de una diosa de la mitología celta, tal vez su destino estaba dirigido, guiado por las estrellas.

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1.11.08

TALITHA MACKENZIE:
"Sòlas"

La mayoría de nosotros acertaríamos al identificar como instrumentos musicales tipicamente celtas a la uillean pipe, el tin whistle, el arpa o el bodhran, entre otros. No hay que menospreciar sin embargo al más antiguo de todos, la voz, que convenientemente utilizada sirve no sólo de acompañamiento sino de instrumento primordial, en base a una tradición milenaria denominada 'mouth music'. La tradición gaélica cuenta que la mouth music (o puirt-a-beul) -es decir, música de boca- es una forma de canto en gaélico enfocado al baile, melodías vocales que imitan la sonoridad de los propios instrumentos; su origen puede estar en la prohibición de ciertos instrumentos que se consideraban heréticos, o en las etapas de hambruna en las que, en Escocia, hubo una prolongada ausencia de artesanos especializados en la fabricación de dichos instrumentos. De una forma u otra, esta tradición fue rescatada y revitalizada en base a ciertas grabaciones antiguas, entidades y grupos como el denominado así mismo Mouth music, formado por Martin Swan y Talitha Mackenzie, que enseguida emprendería un interesante rumbo en solitario, cuyo primer fruto sería "Sòlas", publicado en 1993 por el sello londinense Riverboat en su colección 'Women of the world', de la que también formaron parte Emma Junaro (Bolivia), Carmen Linares (España), La india Meliyara (Colombia), Anna-Kaisa Liedes (Finlandia) y Detty Kurnia (Indonesia).
Dos tipos de tratamiento absolutamente distintos de los temas tradicionales escoceses son los presentados en este álbum por Talitha, siguiendo el camino marcado por su anterior experiencia musical con Swan: el más puro seguimiento de la tradición en la mayoría del mismo y, muy al contrario, la adecuación al estilo dance en algunos de los casos. Esta circunstancia, que le hizo ganarse ciertas críticas, no le hace perder interés, pues la aplicación de este estilo es suave y está convenientemente tratado y estudiado, sin llegar a una excesiva deshumanización sino en un bonito complemento que puede acercar músicas tan dificiles de escuchar a un público joven o de intereses lejanos: "Quería mostrar que es posible utilizar la técnica de cantar establecida hace siglos y hacerla popular y accesible hoy en día". No parece echar de menos Talitha a Martin Swan (además esa cierta tribalidad presente en el dúo desaparece, centrándose nuestra vocalista en las cualidades puramente celtas de su música), revelándose como una artista plena de emoción y calidad en una búsqueda de sus intereses culturales, los que afronta con profundo respeto y, como ella misma dice, amor. Abre el disco la calma de "Hoireann ó", una de las canciones más populares del disco (interpretada incluso en directo en la BBC con el acompañamiento de teclado, guitarra y percusión), si bien el mayor interés es el de demostraciones vocales como las del segundo corte, una auténtica muestra de mouth music modernizada de título "Sheatadh cailleach", que por sí sola ya justificaría la adquisición de este álbum. Dos canciones de trabajo de evidente profundidad vocal, "'S muladach mi 's mi air m'aineoil" y "E ho hi", dan paso al mayor intento de fusión de antigüedad y modernidad en el disco, una interesante "Seinn o" que abre el temido debate; curiosamente, "Seinn o" (algo así como "¡Canta!") lo rescata Talitha del disco "Mouth music", con gran acierto y mejor tratamiento discotequero del mismo, consiguiendo una canción moderna y dinámica en contraste con el presumible espíritu tradicional del álbum; sin embargo, hay que recordar que la 'mouth music' es ni más ni menos que música para el baile, y aunque la adaptación es algo drástica y difícil para los puristas, el resultado es suficientemente interesante y original como para no tenerlo en cuenta y dejarse atrapar. En cuanto a esa continuidad de "Sòlas" con el álbum "Mouth music", hay que destacar que "Chi mi na morbheanna" es otro tema afortunadamente rescatado de aquel, si bien una vez más en un tratamiento nuevo, algo más suave y tradicional, así como con la incorporación del extracto de un discurso de John Fitgerald Kennedy; al parecer, "Mist Covered Mountains" (que es la traducción del título gaélico, "Montañas cubiertas de niebla" en español) era una de las canciones favoritas del presidente de los Estados Unidos, tanto que se interpretó en su funeral. El título de la canción en el disco queda así: "Chi mi na morbheanna/JFK". Hay que acabar destacando otros títulos del álbum, Funky bird medley" con otro suave guiño a la tecnología, "Owen's boat" en una línea pop como la del tema que abría el trabajo, y "Theid mi dhachaigh", una preciosa y suave nana que cierra un disco en el que hay demasiadas buenas canciones como para no ser recordado, en su mayoría tradicionales a excepción de estas dos últimas, compuestas ambas por Talitha Mackenzie.
Todo lo comentado tendría una gran lógica si no fuera porque Talitha Mackenzie no es escocesa sino neoyorquina, y su verdadero nombre es Talitha Nelson. Con gran talento musical desde muy joven, y fascinada por canciones gaélicas y otra música popular europea que le descubrió su madre, logró hacer de su pasión un oficio y consiguió aprender un idioma tan difícil como el gaélico escocés. A partir de ahí, su mérito ha sido mimetizarse completamente en esa cultura y grabar, con Martin Swan o en solitario, su propia forma de entender y honrar la tradición gaélica, una propuesta incomprendida y lamentablemente obviada por los que no tienen en cuenta las fusiones y los nuevos intereses en los que, posiblemente, y siempre que conlleven un mínimo de calidad y respeto, esté el futuro de estos tipos de música.

26.10.08

LITO VITALE CUARTETO:
"Viento sur"

"No hay túnel que dure cien años, mi vida. Mirá cómo se arruga la tiniebla, la procesión de pálidas se desbarranca, los funcionarios inauguran ruinas, y vos y yo fundamos aires buenos. Dónde estará la plata de mi río, sólo barro y olitas de minué. En los camalotes cantan las sirenas, pero Ulises camionero no las oye, sólo escucha la radio".
De esta manera tan delicada comienza el poema sinfónico "Viento sur", que ocupa la segunda mitad del trabajo que, con igual título, nos ofrecía el argentino Lito Vitale en 1990 a través de la compañía Ciclo 3, distribuída en España por GASA. Con su habitual formación de Marcelo Torres al bajo, Manuel Miranda en los instrumentos de viento, el propio Lito en los teclados, y el cambio de batería (Cristian Judurcha fue sustituído por Jorge Araujo, que a su vez sería reemplazado por Marcelo Novatti años después, en el trabajo "La cruz del sur"), "Viento sur" supuso una continuación de ese sonido melodioso, melancólico y extraordinariamente conjuntado que el cuarteto sabía exprimir, no sólo en sus plásticos sino también en las populosas giras que en esa época realizaron por nuestro país. Bajo la composición y mirada general de Lito, la participación de cada miembro era muy creativa en el desarrollo de las canciones, en especial la de dos talentos como Torres y Miranda.

"Llueve liquen en los decrépitos televisores, buenas noches a todos, mariposas y difuntos. Transmiten en cadena las cadenas. El cemento se cansa de ser cobija de la Pampa, por los baches asoma la luz mala, resucitan cardos y maíces, abran paso a las luciérnagas curiosas que verán".
Se puede decir que "Viento sur" forma parte de una trilogía, junto a "Ese amigo del alma" -sin duda su trabajo más recordado, mérito de la pieza que no nomina-, y "La senda infinita" -que el propio Lito considera un disco un poco de transición-. El título de este último reflejaba una de las preocupaciones de Vitale, se refería a la multitud de posibilidades de la música, en la que el artista no sabe en definitiva, por sus cambios, encuentros y sorpresas, cual es el camino por el que va a acabar transitando ("la música está por ahí y lo único que hacemos es agarrarla"). "Después vino una experiencia de la que surgió 'Viento Sur', que lo grabé con el cuarteto y donde hago cosas nuevas con los teclados, y que incluye a María Elena Walsh recitando". En este trabajo, "Basta de fingir" es un vivaracho despertar, conducido por el piano y la percusión, para enseguida desarbolar una melodía pegadiza por medio de las flautas del peruano Manuel Miranda. Otra gran creación del teclista argentino, cuya inspiración continúa en "Los dueños del sol", una completa pieza de influencias andinas, donde cada miembro de este impresionante cuarteto logra aportar su propia magia en un acabado de enorme belleza y profundidad. Prodigio de composición, al escuchar maravillas como ésta se comprende el éxito de esta música vital, desenfadada y evocadora. "Cinta de agua" es un tema ambiental, de tenues notas de piano, puente hacia "Después te explico", el último corte de la primera parte del disco, de características similares a los anteriores, donde el instrumento de viento es un saxo y Marcelo Torres desarrolla su técnica de utilización del bajo como si de una guitarra se tratase. Como cara B, comienza aquí el largo poema sinfónico "Viento sur", dividido en cuatro partes ("Viento sur", "La procesión de pálidas se desbarranca", "Ventolina, lavadero del alma" y "Estación claridad"), un broche fenomenal al disco -en realidad se trata de toda la cara B- que se inicia con el dulce y empático recitado de la poetisa y cantante argentina María Elena Walsh (un auténtico mito en su país, especialmente recordada por sus trabajos para niños), y continúa con un agradable sinfonismo en forma de suite, un interesante experimento que anticipaba futuros proyectos de música para ballet y cine. De muy joven Lito estudió en el conservatorio, pero le aburría el academicismo, así que lo abandonó (sólo volvería años después para aprender a escribir música), dejándose llevar por sus experiencias e influencias, no sólo el rock, el folclore o el jazz sino también la música clásica, que en ciertas ocasiones se deja entrever ligeramente en sus composiciones. Aunque no pertenezca a "Viento sur", en 1997 Lito participó con la composición "La calle del gato que pesca" en el trabajo "Cantamos a María Elena Walsh", en el que conocidos artistas (José Luis Perales, Baglietto, Serrat, Ana Belén, Victor Manuel, Pedro Aznar...) versionaban obras de la autora, fallecida en enero de 2011.

"Viento sur, olor a transparencia, silbo de la calandria, madrecita cantora del primer rayo de la aurora. La sopa de los pobres llega al centro, y su vapor al reino de los cielos. Ventolina que barre tormentas, lavadero del alma, nos deja serenitos, reciclando la pena en vasto amor. Silbo de la calandria y vidalita de esperanza".
En solitario, dúos, tríos, cuartetos, quintetos... los números de acompañamiento sólo son anécdotas en la labor creativa de Héctor Facundo Vitale, que necesita un mayor o menor orden instrumental a cada momento de su vida musical. Sin duda fue la época del cuarteto la de mayor relevancia y posiblemente la de más alta calidad en la carrera de Lito, y sus discos, gracias al boom de una new age a la que en ningún momento se acogía, obtuvieron muy buenas ventas, sin duda merecidas. Su música, cercana al jazz, influenciada por Pat Metheny, Lyle Mays o Keith Jarrett, pero también enraizada en su Argentina natal, se alimentó de tintes folclóricos y de coreografías visionarias para ofrecernos este más que aconsejable trabajo.
"Darle cuerda al amanecer, empujar un poco al sol, al buen día meterlo en casa. Silba la calandria y nos sorprende en vela, amuchados, con ganas de seguir. Estación claridad, vamos llegando".

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17.10.08

LIAM O'FLYNN:
"Out to an other side"

En el resurgir de la música tradicional irlandesa en el último cuarto del siglo XX hay que mencionar a Planxty como uno de esos supergrupos, junto a The Chieftains, que sentaron las bases de una corriente renovadora basada en lo acústico, en los instrumentos y el tipo de melodías que caracterizan al pueblo irlandés, adaptándolas a los nuevos tiempos y diferentes arreglos. Cuatro eran esos genios que influyeron y participaron activamente en otros importantes grupos como The Bothy Band, Moving Hearts, Patrick Street o Capercaillie: Andy Irvine (mandolina), Donal Lunny (bouzouki), Christy Moore (guitarra, bodhran) y Liam O'Flynn (uilleann pipe). Por el grupo también pasaron posteriormente otros importantes músicos como Paul Brady, Matt Molloy o Bill Whelan, pero vamos a quedarnos con la calidad y el virtuosismo de Liam O'flynn, gaitero nacido en el condado de Kildare, que desde muy pequeño tuvo claro que iba a dedicar su vida a ese instrumento tan difícil de dominar (se dice que para ello se necesitan 7 años de estudio, 7 de ensayo y otros 7 tocando) como es la gaita irlandesa o uillean pipe.
Liam O'Flynn tiene el aspecto exacto de los que es, un reconocido maestro de este simbólico y visualmente atractivo instrumento, que no requiere soplido sino que se llena por medio de un fuelle que se presiona con el brazo derecho contra el tronco mientras que las manos interpretan la melodía en los tubos (las flautas), que son alimentados por una bolsa a la que llega el aire del fuelle y se maneja con el brazo izquierdo sobre la cadera; si añadimos los reguladores para hacer acordes y roncones para las notas de fondo, se entiende que se necesiten más de 20 años para dominar este instrumento. O'Flynn tuvo como maestro al gran Seamus Ennis, del que aprendió más que simplemente cómo tocar, y del que heredó el gusto por la tradición que se respira en sus discos. En efecto, la escucha continuada del que aquí nos ocupa, "Out to an other side", puede traslucir un aroma de antiguedad que acabará provocando una cierta pesadez en oyentes poco atentos; hay que vivir esta música, introducirse dentro de ella y disfrutarla, como el propio Liam dice, mirando hacia el interior, "cuando un artista se compromete con el público, y viceversa, un hechizo se lanza y se da un magnífico paso de sentimientos entre ellos". Publicado por Tara Records en 1993, "Out to an other side" es el tercer disco en solitario de O'Flynn, y enseguida notamos la producción de Shaun Davey, sobre todo en los arreglos orquestales de temas como la alegre "The foxchase", "Lady Dillon" del omnipresente O'Carolan, o "Gynt at the gate", tomado de la adaptación para teatro de Davey del 'Peer Gynt' del noruego Henrik Ibsen. Los instrumentos que acompañan a O'Flynn van desde teclados, guitarras (a cargo de Arty McGlynn y Des Moore) y bajos a los verdaderamente orquestales como oboe, saxo, trompeta, violín (Sean Keane), cello y flauta, sin olvidar la percusión de Noel Eccles, encontrándonos incluso con tres temas cantados, "The dean's pamphlet" por la fantástica Rita Connolly, "Ar bhruach na laoi" por Liam O'Maonlai, y "After aughrim's great disaster" por el singular grupo coral The voice squad, sin acompañamiento instrumental alguno. Pero el plato fuerte del trabajo son esas soberbias interpretaciones de Liam O'Flynn, esas canciones en las que la uillean pipe acapara todo el protagonismo y demuestra el potencial de un intérprete legendario: "The wild geese", "Blackwells", "Seán ó duibhir a ghleanna" y en especial esa pequeña maravilla romántica que puede llegar a emocionar titulada "The winter's end", de nuevo adaptación de una producción de Shaun Davey para 'El cuento de invierno', la penúltima obra de William Shakespeare.
No es casualidad que desde Irlanda nos lleguen tantos grandes intérpretes y discos maravillosos, Liam O'Flynn destaca que "la música irlandesa tradicional tiene algo especial que hace mover algo profundo en el oyente, y además tiene una profunda resonancia emocional, contiene verdad, nobleza". Lo dice alguien que está considerado como un maestro de la gaita irlandesa, que ha sido requerido para colaborar con Enya, Mike Oldfield, Mark Knopfler, Sinead O'Connor, Kate Bush, John Cage y un sinfín de grandes músicos. En definitiva, una leyenda de la música celta que, como si fueran gemas de difícil extracción, ofrece con cuentagotas sus esperados trabajos.

5.10.08

VÄRTTINÄ:
"Seleniko"

El desarrollo de la música tradicional finlandesa en los 90 posibilitó no sólo que grupos como Niekku, Salamakannel, JPP, Pirnales, Tallari o Värttinä se auparan al éxito entre los seguidores de la world music, sino que variara el concepto serio y aburrido de esa música folclórica en base a desarrollos rompedores, en combinación con ritmos actuales, pop y rock. Lo fundamental de un grupo como Varttina es esa mezcolanza de tradición y modernidad que llama tanto la atención, logrando canciones capaces de gustar actualmente a cualquiera en base a instrumentos de siempre como el kantele y a un uso de las voces que viene de muy antiguo y que sorprende y estimula en el nuevo contexto. Gran parte de la culpa de este auge la tiene la academia Sibelius de Helsinki, cuyo programa de enseñanza de música tradicional instaurado en 1983 fue el germén de Niekku, Pirnales, Koinurit o Värttinä, aunque ante todo hay que destacar la propia conciencia del pueblo finlandés de sus raíces.
Dicha conciencia hace que el kantele, un instrumento de cuerda pulsada que se toca sobre una mesa con los dedos o con palos sea un símbolo para ese país. Con este instrumento y muchas voces, hasta completar veinte miembros, comenzó Värttinä como grupo folclórico juvenil en 1983 en la aldea de Rääkkylä, investigando y reviviendo el folclore de la región de Carelia. Reestructurados en 1990 con un potente grupo acústico, comienzan su camino de éxitos en su país, con un disco de platino para "Oi dai", confirmado en 1992 con el disco que nos ocupa, "Seleniko", que les abrió las fronteras publicándose no sólo en Europa por PolyGram sino también en Estados Unidos por NorthSide. El éxito de este grupo, aunque sorprendente en un principio, es lógico, dado el impacto que puede provocar en el oyente; la combinación de voces e instrumentos tradicionales es estupenda, y lo que parecen ser ritmos obsesivos marcados por estos últimos acaban siendo desbordados, incluso conducidos, por la potencia de las voces femeninas, un torrente de fuerza y hermosura sabiamente conjuntado, como se puede apreciar en las dos canciones de inicio del disco y las más representativas, "Seelinnikoi" y "Lemmennosto". Esas voces, cuyo colorido es continuación al de las portadas de los discos, también saben actuar en solitario (como es el caso de "Sulhassii"), o completan animadísimos ritmos de baile ("Matalii ja mustii" -gran éxito por su aparición en el popular programa infantil estadounidense Arthur"-, "Hyvä tyttönä hypätä"), en los que también acaban descansando para dar paso a una no menos recomendable instrumentalidad ("Hoptsoi", "Kiirama"). Pero más allá de lo dinámico del conjunto acústico en los ritmos rápidos (en base sobre todo a violín, acordeón, buzuki y guitarra, además del mencionado kantele), hay que acabar destacando ciertos momentos de deslumbrante lentitud, donde cobran protagonismo los instrumentos de viento, como "Paukkuvat pasuunat", "Suuret ja soriat", o sobre todo la escepcional "Kylä vuotti uutta kuuta", donde acabamos rindiéndonos definitivamente ante estas cuatro vocalistas finlandesas, cuyos nombres son Mari Kaasinen, Sari Kaasinen (dos hermanas fundadoras del grupo), Kirsi Kähkönen y Sirpa Reiman.
Como pasa con otros grupos nórdicos como Hedningarna, es una lástima que esos interesantes textos -en su mayor parte tradicionales, y que a veces incluyen frases onomatopéyicas-, que hablan de amor, magia o son canciones de trabajo o de cuna, sean absolutamente inentendibles, pues en cierto modo acabamos perdiendo parte de la complicidad que requieren. Sin embargo, la conexión con el público en los directos es total, sus armonías vocales y los ritmos frenéticos encienden al personal y le contagian de una alegría nórdica. Värttinä siginica en finés 'huso para hilar', y viene a referirse a esa importancia femenina que, no hace falta ser adivino, tanto se deja ver en este maravilloso conjunto, en discos como este "Seleniko" o como el siguiente, de mayor proyección internacional e igualmente recomendable, de título "Aitara".

28.9.08

RODRIGO LEAO:
"Cinema"

En una incansable búsqueda de su identidad musical, a la que en una constante y maravillosa evolución parece no poder alcanzar, el teclista lisboeta Rodrigo Leao se ha llegado a involucrar en proyectos de la talla de Setima Legao, Madredeus o una carrera en solitario no sólo atractiva sino además imprescindible. Rock, pop, canción ligera, fado, minimalismo... los estilos cultivados en sus trabajos han acabado por conciliarse en un sonido auténtico aunque de difícil clasificación, donde la saudade, ese sentimiento de añoranza tan tipicamente portugués, ha estado cada vez más presente. Publicado en 2004 por Sony Music, "Cinema" fue una soberbia culminación de esa evolución en forma de banda sonora de la película de su propio pensamiento.


Las canciones de Madredeus nacían pensando en la voz de Teresa Salgueiro, por lo que los textos eran muy importantes; en su primera etapa en solitario, Leao primaba la música a la letra, y los textos en latín eran casi un instrumento más, no importaba realmente lo que se cantaba sino su armonía e implicación en un contexto minimalista y ascético (al menos en comparación con la mediatización de Madredeus), sin más pretensión que la belleza. Años después, la vuelta a los textos no supone ningún paso atrás sino una forma de expresión de esa espontaneidad por la cual, según confiesa el músico, "no pienso de antemano qué es lo que quiero hacer, no construyo sobre un plan previo; hay un lado muy abstracto dentro de mí, que viene de la infancia, los amigos, los viajes, las personas que conocemos, las cosas que descubrimos cada día, todo eso influye en mi manera de hacer música". "Cinema" es un disco más delicado que los anteriores del portugués, donde los juegos de cuerdas, piano, acordeón y voces femeninas exploran la faceta más intimista de Leao, primando la melancolía del sonido más puramente portuario (atención a ese acordeón de Celina da Piedade en "A comédia de Deus", que podría figurar igualmente en un disco de Yann Tiersen), más cerca del tango y por supuesto del fado que de la música de cámara. Leao se hace una imagen de sus composiciones como si encajaran en una película, y se inspira en Lynch, Almodóvar o Fellini (de hecho, uno de los temas se titula "A estrada") para construir deliciosos instrumentales como "Cinema", "A comedia de Deus", "Memorias", "Uma historia simples" o la mencionada "A estrada", título reservado al tratamiento instrumental del posiblemente más acertado tema vocal del álbum, "Lonely carousel", donde respiramos antiguos aromas del Leao de la Vox ensemble en la base musical y donde nos encontramos con una de las fantásticas voces invitadas, la de una Beth Gibbons -cantante del grupo de trip-hop Portishead- que fue exprimida en numerosas tomas de la canción hasta encontrar la saudade adecuada. La brasileña Rosa Passos, en su estilo característico de bossa nova, interpreta "Rosa", delicadísima composición dedicada a la hija de Rodrigo, que éste compuso junto al japonés Ryuichi Sakamoto. Otras dos son las vocalistas restantes: la guapa cantautora Helena Noguerra, que se gusta y nos atrapa suavemente en "Jeux d'amour", y la cantante de The gift, Sonia Tavares, la más destacada de las cuatro junto a Beth Gibbons por su voz misteriosa y variedad de registros, desde el retro synth-pop de "Deep blue" al más puro estilo jazz de "Happiness" o bondiano de"L'inspecteur". Con esta variedad e innegable calidad, "Cinema" fue un sorprendente número 1 en Portugal, y es que el luso supo conjugar como nadie la carga visual de la supuesta banda sonora con la belleza puramente auditiva de cada composición.

Rodrigo Leao no quiso asentarse en un grupo vocal de extraordinaria esencia pero difícil evolución como Madredeus. No, Leao escogió el camino de la experimentación, de la búsqueda de una identidad musical propia, bebiendo de fuentes clásicas, contemporáneas, de música de cine y de músicas del mundo, sobre todo su propio mundo, al que ha vuelto en gran medida en este "Cinema". Ecléctico y sinuoso, Rodrigo nos hace partícipes de un juego envolvente y atractivo, lindando entre la emoción del sonido de las cuerdas, la sonoridad de los teclados y el esplendor de unas voces sabiamente escogidas. Sus próximos pasos, adecuadamente encauzados, hay que seguirlos con toda nuestra atención, pues este portugués ha logrado, como lo hizo Madredeus, salir con éxito de su país e instalarse por su calidad en numerosos mercados extranjeros.


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20.9.08

LUIS DELGADO:
"Alquibla"

En el mundo islámico se denomina alquibla a la dirección hacia la Meca, a la que se deben dirigir los rezos; de esta manera, en cada mezquita hay un lugar, llamado mihrab, que indica la orientación de la alquibla. Para la mayoría de nosotros, sin embargo, "Alquibla" es el título de una serie documental guionizada por Juan Goytisolo, dirigida por Rafael Carratalá y musicada por el madrileño Luis Delgado, un programa televisivo emitido por TVE en 1989 que pretendía acercar al público español a un mundo tan desconocido como rico culturalmente, cuya cercanía a nosotros no evita que sea de difícil asimilación por muchos motivos, en especial sociales y religiosos. El éxito popular del documental originó que el sello de Radio Televisión Española, RTVE Música, publicara la banda sonora en 1988 con una elegante portada de sugerentes fotografías sobre fondo negro, un diseño tan cuidado como los que el propio Luis Delgado ofrecía en los trabajos de su mítico sello discográfico, 'El cometa de Madrid', un Windham Hill a la española por el que se movían grandes intérpretes patrios como Luis Paniagua, Miguel Herrero, Jesús Auñón, Enrique Mateu, Cuco Pérez o el mismo Delgado, que no pudo publicar "Alquibla" en El Cometa, aunque coincidieran en el tiempo. En su aprendizaje, Luis ha tomado contacto con la música antigua, el rock, el folclore, la electrónica y las músicas del mundo, y ha estado involucrado en numerosos proyectos musicales, como compositor, productor o intérprete, para lo cual cuenta con una colección de más de un millar de instrumentos originales, parte de los cuales se exponen en Urueña (Valladolid) en el 'Museo de la Música- Colección Luis Delgado'.

Luis es un músico polifacético, más conocido por sus delirios étnicos que por su faceta electrónica, como compositor permanente en el Planetario de Madrid y esporádico en otros, como el de Nueva York. Para este trabajo, Delgado utilizó material con el que llevaba tiempo experimentando sin una salida segura, con lo que el momento fue idóneo para él, un golpe de suerte del que se benefició no solo la serie documental sino el público seguidor de las músicas del mundo y de las bandas sonoras en general. Aún sin asociar a las imágenes del documental, "Alquibla" es una eficaz incursión musical en el mundo árabe, la reserva inicial de Luis Delgado a asumir esa tarea, más complicada de lo que parece por estar cargada de clichés y prejuicios, fue superada gratamente por su inusual capacidad para absorber elementos culturales ajenos y adecuarlos a unas imágenes y a un contexto occidentalizado. Delgado convierte música en historia, sus obras son paseos por zocos, baños y mezquitas, y sus ritmos se nutren de sensualidad, pero también de religiosidad. Colores vivos y aromas especiados son tan parte del conjunto como los instrumentos utilizados. La forzada ambientalidad, la búsqueda de la melodía, el uso ingente de percusiones y ritmos fácilmente distinguibles, sólo consiguen acercar más al espectador a los lugares visitados y adentrarle profunda, incluso místicamente, en mezquitas, zocos, dunas o palacios, otorgándonos no sólo un estupendo disco sino una pequeña obra de museo, madurada por los muchos años de trabajo a sus espaldas, tanto tocando en orquestas y grupos como Imán Califato Independiente o Babia, como de ayudante y directivo en compañías como RCA y EMI, hasta que diera el salto para crear el mencionado sello El Cometa de Madrid. Pero el detalle es apreciable de forma sublime al descubrir la cantidad de instrumentos autóctonos que, laboriosamente, Luis tañó de manera espectacular: psalterio, saz, ud o tar en cuanto a las cuerdas, d'rbouka, bendhir, krakeb o adufe de percusión, aunque también alguno indio (mridanga, khol), africano (guimbri), europeo (la antigua nickelharpa sueca) o sudamericano (teponatzli), siempre acompañados por otras guitarras, teclados, percusiones, flautas y la eficaz colaboración del ordenador. Mimetizándose con las imágenes se realzan las cualidades mágicas de esta música, temas cortos y profundos que, más que una banda sonora en el estilo árabe más estricto, intentan encontrar "el clima exacto a cada imagen", explica Luis, que también matiza: "cada uno de los trece capítulos que la componen ha merecido su propio tratamiento específico, tal es la variedad de temas tocados, en realidad trece bien distintos, aún cuando todos se desenvuelven en el ámbito musulmán. No es lo mismo hablar de la cofradía de los derviches giróvagos, su historia y circunstancias actuales; de la situación de las mujeres en los países islámicos, tan diferente en cada uno de ellos; del problema palestino, envenenado por razones de dominación política, etc. Así, cada tema ha requerido un planteamiento especial, diferente del resto".. En un sentido más elaborado se pueden recordar "El musem" (la estupenda sintonía), "Al jalifa", "Top Kapi Saraji" (una pieza maravillosa incluída además en el recopilatorio "Música sin fronteras"), "Reflexión" o "Meca", mientras que como ambientes eficaces cabría destacar "Mantis religiosa", "El Bosforo", "Beduinos", "Mujeres beduinas" o "Inquisición", si bien toda la obra es altamente recomendable y en ella se puede comprobar cómo Luis Delgado 'siente' realmente la interpretación de los instrumentos acústicos empleados para adornar este documental que ya forma parte de la historia audiovisual española, una serie que contó, pocos años después, con una segunda parte más madura y cercana, según Rafael Carratalá, al poema visual, más que al documental cultural. La música, también de Luis Delgado y tan recomendable como la primera, fue publicada por RTVE Música en 1991.

Juan Goytisolo, Rafael Carratalá y Luis Delgado cuentan su experiencia en el libreto de "Alquibla", Luis habla de noches rodeados de multitud de instrumentos de todo el mundo, de un trabajo laborioso del que disfrutó enormemente, y es que este álbum, como el propio documental, adentra al oyente en un mundo de sensaciones y nos ofrece una música estudiada y elaborada, que se confunde con las imágenes, con las vivencias o con la imaginación, consiguiendo experimentar un sorprendente viaje al mundo árabe. Escuchando esta música, sin necesidad de emplear un rigor étnico (en palabras de Luis: "simplemente hemos puesto todo nuestro interés en encontrar las esencias sonoras que latieran al mismo ritmo que las imágenes, sin limitaciones geográficas ni estéticas"), se adivina una cultura fascinante, pasado, presente y futuro se dan la mano en este documento tan cercano a nuestra propia historia como pueblo. Investigador incansable, Luis Delgado (que ya había trabajado con el director, Rafael Carratalá, haciendo cortos comerciales) encontró con "Alquibla" el reconocimiento y desde entonces es referencia obligada, entre muchas otras cosas, en cuanto al mundo musical árabe en España.

10.9.08

BUCKETHEAD:
"Colma"

Algunos grupos consiguen llamar la atención y provocar admiración y seguimiento no sólo con su trabajo sino también por causas extramusicales. El maquillaje de Kiss o Marilyn Manson, la caracterización de Slipknot, las portadas de Iron Maiden, la provocación erótica de Madonna o religiosa de Sinead O'Connor, la ambigüedad de las tATu, así como otros enfants terribles, personajes misteriosos o polémicos, frikis, concursos televisivos... todo vale para vender. Sin ir más lejos dos de los artistas new age que más han vendido en norteamérica han sido John Tesh (famoso y atractivo presentador de televisión) y Yanni (ex-marido de la conocida actriz Linda Evans), y ya en Europa, algunos músicos de prestigio optan a veces por renovar viejos éxitos (Mike Oldfield y sus versiones de "Tubular bells", Jean Michel Jarre y sus nuevos "Oxygene") en vez de buscar otras vías que nieguen acusaciones de falta de ideas. Buckethead es un grupo distinto, que sorprende por su aspecto pero que además ofrece una estupenda calidad musical. Las circunstancias que envuelven al cerebro del grupo son de lo más extravagante con que nos podemos encontrar en el mundo de la música, y han originado una pequeña legión de seguidores, que aumentaron a raíz de la pertenencia de este guitarrista al grupo Guns'n'roses durante varios años a comienzos de siglo XXI, si bien lo más interesante para nosotros fue un estupendo álbum titulado "Colma" que se publicó en 1998.
Buckethead fue criado por gallinas en un gallinero, aunque acabó escapando para vivir su propia vida. Eso es al menos lo que él nos cuenta, aunque lo verdaderamente impactante es la imagen que ofrece, la de un guitarrista misterioso -tanto por su caracterización como por el casi desconocimiento de sus datos biográficos, incluso su propio nombre-, que actúa con una máscara blanca de Halloween y un cubo de Kentucky Fried Chicken en la cabeza, de lo cual deriva su apodo, 'cabeza de cubo'; sus movimientos son robóticos y los estilos frecuentados van desde el thrash metal y rock instrumental a la música electrónica y ambiental, pero si simplemente contáramos el aspecto como un dato anecdótico, habría que dejar claro que ha sido en su forma de tocar donde este músico -cuyo nombre original 'se supone' que es Brian Carroll- ha encontrado las mejores críticas, ya que la revista Guitar Player le colocó en la octava posición de los diez mejores guitarristas de todos los tiempos. Aunque su estilo parezca alejado de las Nuevas Músicas, hay hechos tan sorprendentes en su discografía como para que Buckethead aparezca con todo derecho en este blog: su cuarto disco, "Colma", publicado por CyberOctave Records (una división de Higher octave Music, el sello de Malibú que introdujo en el mercado a otros guitarristas importantes como Craig Chaquico, Ottmar Liebert o Neal Schon), referencia a un pequeño pueblo cercano a San Francisco donde la población de muertos es mayor que la de los vivos en escala de 100 a 1, un detalle truculento muy en su estilo. La estructura de canciones sueltas con melodías atractivas es engañosa, pues revelan un interés más centrado posiblemente en desviarse de la linea de actuación que Buckethead ofrecía en sus anteriores trabajos que en ofrecer una gama de nuevos sonidos. El origen de tan atractivo desinterés está en la madre del guitarrista, enferma en el hospital, a la que éste quiso ofrecer un trabajo fácilmente audible, tranquilo en ocasiones, animado en general. "Colma" se debate entre la electrónica más ambiental y el sonido de guitarra más típico de Higuer Octave Music. Nos encontramos con una primera parte de canciones muy parecidas entre sí y una segunda más oscura, donde varios de los temas se alimentan únicamente de guitarras, sin batería o percusiones. "Whitewash" es un comienzo rotundo y sorprendente, donde se descubre el secreto que alimentará parte de los temas: entre batería, bajo y una efectiva guitarra, el cuarto miembro del grupo es un DJ que ejecuta diversos efectos para nutrir y ensalzar temas como "Hills of eternity" o "Lone sal bug". No podía faltar una canción dedicada exclusivamente a su madre, "For mom", alegre, delicada y orgullosa, en esta primera parte del disco en la que, en primeras escuchas, varios de los temas suenan de forma parecida, si bien cada uno posee su particular magia, en una curiosa sensación de estar ante postales diferentes de la misma ciudad. "Machete" y "Wishing well" son, junto a "Whitewash", los títulos más destacados (al menos los incluídos en diversos recopilatorios), si bien es en "Big sur moon" o "Sanctum" donde parece aflorar la verdadera personalidad de este curioso personaje, saliéndose un poco de la esencia del álbum.
En un recorte de una revista musical de 1989 -el único sitio donde puede contemplarse, presumiblemente, su auténtico rostro- Buckethead cita entre otros como influencias a Michael Jackson, Yngwie Malmsteen, Joe Satriani, Jennifer Batten, Randy Rhoads y Paul Gilbert, del cual fue alumno. Quizás con el tiempo logre superar a esos grandes nombres, incluso puede que algún día se quite la máscara, aunque jamás podrá abandonarle el calificativo de insólito. Puede que "Colma" fuera un experimento, ya sea por ofrecer un disco audible a su madre o por afrontar una cierta comercialidad, pero si es así salió realmente bien, no sólo por sus grandes canciones como "Whitewash" o "Machete" sino también por otros temas escondidos en la parte final del trabajo como "Ghost part 2" o "Colma", que encierran el misterio de ese pueblo fantasma al que se refiere el título del álbum.