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22.10.26

PENGUIN CAFE ORCHESTRA:
"Music from the Penguin Cafe"

Después de tantas décadas de carrera artística y tantos méritos cosechados, el nombre de Brian Eno debería ser considerado como uno de los importantes del panorama musical británico. Su creativa noción de todo lo que rodea a la experiencia auditiva ha dado numerosas situaciones de excepción, desde su etapa en Roxy Music a sus colaboraciones con grandes artistas como David Bowie o David Byrne, o su desarrollo del concepto del ambient. Entre medio, y adoptando unas ínfulas inversas, las de no-músico, Eno se unió a una orquesta tan divertida y extravagante como la Portsmouth Sinfonia, en la que la regla era que ninguno de sus componentes podía tocar un instrumento que dominara o con el que se hubiera ejercitado. Sí que sabían leer música, pero no es lo mismo tocar un oboe que un violín, por ejemplo. Eno puso en sus manos un clarinete, Gavin Bryars estaba al frente del experimento, y el mismísimo Michael Nyman tomó en sus manos el violonchelo y un bombardino. El resultado circulaba entre el experimento sonoro y lo jocoso, directamente. El propio Brian Eno produjo el álbum titulado "The Portsmouth Sinfonia Plays the Popular Classics". Envalentonado y enamorado de la vanguardia, el siguiente paso del artista fue crear el sello Obscure Records, donde grabaron algunos de aquellos miembros de la Portsmouth Sinfonia, como Bryars, Nyman o el propio Eno. No había pertenecido Simon Jeffes a esa formación, pero la referencia número 7 de este sello de gran recuerdo fue la primera grabación del conjunto de Jeffes, la peculiar Penguin Cafe Orchestra. 

Aunque hay muchos más músicos implicados, la historia de la Penguin Cafe Orchestra es la historia de Simon Jeffes, y tanto su nombre como su idiosincrasia son las consecuencias de la ingesta de marisco en mal estado en el sur de Francia a comienzos de los años setenta. En su sueño febril, Jeffes era el dueño del Café del Pingüino (realmente, esa humanidad estaba formada por gente con forma de pingüino), donde una banda tocaba una música peculiar, conocida pero a la vez irreconocible, y el mundo en el que se encontraba estaba deshumanizado, todos vivían en grandes bloques y pasaban la vida mirando pantallas, se conocían pero a la vez eran auténticos desconocidos, controlados por un gran ojo electrónico. Era un futuro distópico, pero cercano a la realidad, y Simon no encontró mejor denominación para su formación en 1973 que, en un principio, Penguin Cafe Quartet. No tardó en renombrarlo con el apelativo que conocemos, pero ese primer cuarteto estaba formado por él mismo (guitarra eléctrica) junto a Helen Liebmann (violonchelo), Gavyn Wright (violín) y Steve Nye (piano eléctrico), con la ayuda de la escultora Emily Young, pareja de Simon y creadora de las características pinturas de estilo naif que pueblan las portadas del grupo, basadas en aquel sueño enfermizo. Fue precisamente Steve Nay el que acercó a la Penguin hasta Brian Eno, pues este teclista es también ingeniero y productor, y había trabajado con Roxy Music. Cuando Eno fundó su sello de músicas de vanguardia Obscure Records, reconoció el potencial experimental del conjunto y decidió ser el productor ejecutivo de su primer disco, "Music from the Penguin Café", publicado en 1976 como la séptima referencia de Obscure. En 1982 fue reeditado por Editions EG, que lo publicó en CD en 1987. Para Simon Jeffes, el antídoto para sobrevivir al futuro distópico de su sueño era la música, libre, ecléctica, pintoresca, ciertamente inclasificable por su collage de música de cámara, músicas del mundo, folclore y sonidos experimentales. El disco contenía dos partes diferenciadas, cuatro piezas del cuarteto original (los nombres arriba mencionados, también conocidos aquí como 'los cuatro músicos de ropa verde') y siete temas bajo la denominación Zopf -término que en el argot musical viene a denominar una música de carácter ligero o extravagante- una formación ampliada con Neil Rennie al ukelele (en "Giles Farnaby's Dream") y la voz de Emily Young, mientras que Jeffes añade a su guitarra otros instrumentos: bajo, ukelele, cuatro (una especie de guitarra antigua de cuatro cuerdas, símbolo del folclore de Venezuela y Colombia), espineta, piano eléctrico, percusión, voz, sheng (órgano de boca chino) y efectos de sonido. El disco estaba coproducido por Jeffes y Steve Nye. "Music from the Penguin Cafe" comienza con el sencillo principal del álbum, "Penguin Cafe Single", una pieza de cabecera vanguardista en la que reside el espíritu de la banda, un inmejorable punto de partida por su dosis melódica en un entorno folclórico de cámara con mucho divertimento. La instrumentación baila entre sí, se divierte e incluso descansa en la parte media del tema, en un alarde de libertad estructural (una idea que Simon, amante también de la aleatoriedad, proponía a cada momento) que culmina con un ramalazo jazzístico. Esta presentación de la Penguin Cafe Orchestra es una cosa original, amena, extravagante por momentos, que marca las pautas de su carrera. La cara A del vinilo contenía a continuación la parte del álbum denominada 'Zopf': "Zopf: From the Colonies" es otra tímida pieza fundacional del estilo de la orquesta, con un ukelele marcando el ritmo inicial en un ameno jugueteo y otras cuerdas uniéndose con otro contrapunto en un sencillo pasatiempo que dice mucho más de lo que parece. Lo ecléctico de la banda se manifiesta también en la inclusión de piezas como "Zopf: In a Sydney Motel", un asomo vocal, poético pero poco animoso, aunque porta luminosidad en su interior. "Zopf: Surface Tension" es un ambiente camerístico agradable, que contrasta con el experimento de difícil audición titulado "Zopf: Milk", pues es innegable que el disco también pasa por terrenos extraños, experimentales, obtusos incluso para algunos. En "Zopf: Coronation" tenemos cuerdas y voz (la de Emily Young), en una nueva experiencia onírica, cercana a la ópera pero sin pretenderlo. Lo barroco y lo moderno se unen la reconocible "Zopf: Giles Farnaby's Dream", otra pieza importante del disco al tratarse de la versión de la partitura de ese compositor inglés que vivió entre el Renacimiento y el Barroco; se trata de una composición muy versionada, pero la Penguin logra una excelente conexión con dicho artista, curiosamente con la importancia de ese instrumento sudamericano llamado cuatro. Muy extraña es "Zopf: Pigtail", que concluye esta especie de suite con sonidos como de carrillones. En la cara B volvemos al cuarteto original del grupo con sus temas seminales, y la pieza larga, "The Sound of Someone You Love Who's Going Away and It Doesn't Matter", es una maravilla, posiblemente la mejor del álbum si te dejas imbuir por su atmósfera tranquila y agradable, sin disrupciones, sólo cuerdas y algún acompañamiento de teclado en un bonito paseo, a excepción de un minuto 7 en el que se desencadena una tímida locura, tal vez fruto de un encuentro inesperado. A esta delicia le sigue otra, "Hugebaby", vanguardia con mucha clase y con algo del jazz que también practicaron algunos de los miembros del grupo. Inmejorable esta cara B del álbum, que se despide con la acertada y esperanzadora "Chartered Flight", con toques infantiles en su luminoso teclado. La concepción de esta música era atemporal, piezas como "Penguin Cafe Single", "Giles Farnaby's Dream" o "The Sound of Someone You Love Who's Going Away and It Doesn't Matter", con su seriedad y también sus inevitables pinceladas de locura, pueden sonar de ahora, de antes y de cualquier espacio y lugar. La historias se crean, los estilos se solapan, los instrumentos se funden en una sola idea, la de la pasión, la de hacernos sentir bien.

Todos los sonidos y todas las composiciones de este álbum abierto y desenfadado pero lleno de una seria calidad interpretativa, están ahí por algo, sus innovadoras ideas no son prolongaciones impostadas de un estilo definido, sino la propia creación de ese estilo, la primera referencia de un conjunto de culto que se sigue recordando décadas después de su final por la muerte de Simon Jeffes en 1997, un músico inigualable cuyas ideas de hibridación de la música de cámara con la étnica surgieron en una estancia en Japón a comienzos de los años setenta, durante la cual, contaba a la revista Electronics and Music Maker, se descubrió y ganó confianza musical y personal, cambiando no tanto su música como su actitud: "Fue una experiencia muy formativa. Así nació el Penguin Cafe, que en realidad es un estado mental, pues empecé a escribir sobre un lugar donde te sentirías como en casa y podrías ser tú mismo. Podrías conocer a otras personas y una orquesta o un grupo tocaría una música hogareña. La Penguin Cafe Orchestra ahora toca esa música. Cuando regresé a Inglaterra, se dieron una serie de coincidencias y un grupo de nosotros nos reunimos y empezamos a tocar. Todo parecía inevitablemente correcto". Norte y sur, este y oeste, Europa, África, Sudamérica, Asia, folclore, jazz y clasicismo, notas y sonidos, todo era válido en el contexto de la Penguin Cafe Orchestra, no había contradicciones en esa filosofía musical que Simon Jeffes definió como folclore imaginario, y que su hijo Arthur se ha encargado de renovar desde 2007 con el nombre de Penguin Cafe.

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20.8.26

SHADOWFAX:
"The Odd Get Even"

El premio Grammy en la categoría new age comenzó a otorgarse en 1987. Esa es una de las razones por las que el grupo Shadowfax no ganó este premio por sus primeros álbumes en Windham Hill y sí que lo logró en 1989 por su trabajo de Capitol Records "Folksongs for a Nuclear Village", buen disco pero no tan rompedor ni sorprendente en su inspiración y su frescura como aquellos "Shadowfax", "Shadowdance" o "The Dreams of Children" publicados a principios y mediados de la década. Fue dos años después de ese premio cuando Shadowfax recalaron en otra de las grandes compañías de la música instrumental en los Estados Unidos, Private Music, y opinaban así sobre ese tipo de galardones: "Fue divertido ganar un Grammy. Cuando vas allí, es como: 'Vaya, estamos en los Grammys, qué raro es esto'. Lo has visto en televisión y de repente ahí estás, sentado con tu traje. Realmente no sabes de qué se trata hasta que enumeran a las cuatro o cinco personas nominadas contigo y te quedas esperando a ver qué pasa. Entonces dejas ir los nervios y empiezas a pasarlo bien. Definitivamente fue una señal de algo. Para mí, lo mejor de los Grammy fue la noche anterior a la entrega de premios. Tuvieron una cena de recepción para todos los nominados. En la misma sala podías ver a Pharoah Sanders, Willie Dixon o Lamont Dozier, todos estos grandes artistas, escritores y músicos. Pudimos conocer a mucha gente a la que respetábamos desde hacía tiempo, y eso dejó claro lo que realmente son estos premios: el respeto de tus propios compañeros, músicos y gente que trabaja en la industria discográfica. No es un premio de popularidad, realmente significa algo ganar el reconocimiento de tus pares. Además, nos trajo recuerdos de casa, porque justo después de ganar nosotros, Willie Dixon ganó por su álbum de blues, y solíamos ensayar en su sótano. Fue genial estar entre bastidores en la fila con Willie Dixon esperando a la prensa, nos estuvimos riendo mucho."

De difícil clasificación con su divertida mezcla de influencias que va más allá de la fusión que ejecutaban en sus inicios, Shadowfax habían llegado a la compañía avanzada Private Music para publicar en 1990 su séptimo disco, "The Odd Get Even". Era el momento de cambio de década y las etiquetas eran necesarias para saber cuál era el producto que se intentaba vender, pero el vocablo new age seguía sin contar con el respeto de la mayoría de los músicos, especialmente los que provenían del jazz y del blues, como ellos mismos habían declarado en una entrevista para el canal WNEV-TV de Boston en 1987: "Soy bastante alérgico al término new age. Creo que si la gente intenta categorizar todo lo que haces, se convierte en algo muerto. Considero que usan new age como un término de marketing. Hay mucha gente haciendo tipos muy distintos de música instrumental y experimental, lo están metiendo todo en una sola categoría, cosas como las que hacía Brian Eno mucho antes de que se usara el término, ahora se clasificarían como new age. Así que ni siquiera sé qué es la música new age." ¿Cómo llamamos a esta música, entonces?: "A falta de un término mejor, llámalo world music. Al fin y al cabo, usamos influencias de todo el planeta. Hemos estado juntos en la banda desde 1972 y nuestra música siempre está cambiando. Los críticos la llaman world music porque tiene muchas influencias del gamelán de Indonesia y música africana, y también música asiática y cosas diferentes, todo mezclado con instrumentos electrónicos tradicionales americanos. Al mismo tiempo tiene un toque de jazz, siempre escuchamos mucho jazz y fue una gran influencia. Además, crecimos en bandas de blues y de rock en Chicago." World music y mucho más, evidentemente, un cocktel que explotó gracias a la conexión de Chuck Greenberg con Alex De Grassi (él había participado en 1981 en el enorme disco de De Grassi "Clockwork"), cuando Shadowfax publicaron el subyugante "Shadowfax" en Windham Hill en 1982, varios años antes, por cierto, de la invención de la propia etiqueta world music. La confusión de términos no impidió acercar esta música a un gran número de nuevos oyentes, muchos de ellos jóvenes, que alucinaban con el sonido del lyricon, un instrumento electrónico de viento, de madera, que inventó un señor de Boston llamado Bill Bernardi, y que en aquella época era novedoso y ciertamente angelical. Aunque su sonido, ya anticuado, ha llegado a muchos otros ámbitos, muchos lo asocian irremediablemente a Chuck Greenberg y a Shadowfax. "The Odd Get Even" comienza con un viaje exótico, intenso y muy placentero titulado "Oasis", deliciosa pieza con raices que oscilan entre África y Oriente Medio que es puro Shadowfax, tiene el intenso sabor de su fusión, rica y atrayente, y un enorme trabajo de percusión a cargo de ese coleccionista de instrumentos exóticos que era Stuart Nevitt, fallecido en 2008. Chuck Greenberg interpreta flautas, saxo soprano, y el lyricon, cuya poesía entra en escena en "One Winter Morning" e inunda de colorido una gozosa atmósfera navideña. La conjunción instrumental es maravillosa, no hay que dejar de lado a G.E. Stinson (guitarras y otras percusiones), Phil Maggini (bajos con y sin trastes), David Lewis (teclados), Todd Yvega (sintetizadores), John Bisharat (violonchelo) y su hermano Charlie Bisharat con sus siempre inolvidables violines, que despuntan en el ambiente exótico de "1001 Nights", pieza colorida, casi selvática, muy de su estilo. Otro de los momentos importantes del disco llega a continuación, "A Pause in the Rain" es más que una entretenida y sensual pieza con un maravilloso viento, es uno de los temas míticos de este conjunto, es la incursión de Windham Hill en Private Music, y es el título que Joy Greenberg, la viuda de Chuck, utilizó para titular la biografía que escribió sobre el grupo. Para terminar la cara A del plástico, "Her Dress Hangs There" tiene un rítmico desarrollo aventurero bastante llevadero, más del estilo de Private Music que la mayoría del disco, como sucederá con "Boomerang" un poco más adelante, donde los efectos y las programaciones se aunan a la inventiva acústica, en la era de proliferación del CD y sus avances en calidad de sonido. La segunda parte del álbum se abre con "Changing of the Guard", ambiente soñador para momentos idílicos, una clara evolución respecto al jazz y la fusión de sus primeras muestras grabadas, como el trabajo de 1976 "Watercourse Way". De igual modo, "The Odd Get Even" es una especie de entretenido retorno a ese jazz con mucho de folclore, de músicas del mundo, y con la alegría del violín, que acompañaban a los Shadowfax de los ochenta. "Sujata" es un ambiente sutil, de escasa iluminación y un velo misterioso, que oculta una historia digna de ser escuchada con calma, antes de que bajo y piano introduzcan un cierre intimista titulado "One Heart", donde el viento aporta su detalle melancólico. Melancolía y ritmo, dulzura y movimiento: "Intentamos que la experiencia de un concierto de Shadowfax lleve al público a un pequeño viaje, que haya cosas para escuchar con la cabeza y otras que los hagan moverse. Hay música para la mente y para el cuerpo", decía Greenberg en aquella época. Muchas influencias fueron básicas en el éxito de este conjunto, como matizaba Stinson: "La música que produces es una combinación de todo lo que has escuchado en tu vida. Así que sí, venimos del blues, escuchamos mucho jazz, pero creo que una de las cosas buenas que se pueden decir de Shadowfax es que es muy difícil de categorizar. Empezamos con eso en mente: queríamos crear algo nuevo y diferente. Eso es fácil de hacer cuando no sabes exactamente qué buscas. Si escuchas una orquesta de gamelán —cosa que estoy seguro de que harás algún día— no habrá duda en tu mente de que es algo interesante de oír. Es curioso ver cómo la música occidental yuxtapone todo ese asunto, porque muchas culturas piensan en su música de maneras completamente diferentes. Es interesante ver cómo funciona todo junto, porque la música es el lenguaje universal y es algo que todos entienden o que al menos puede conmover a cualquiera. ¿Dónde encuentras música así? Bueno, no solo en las tiendas de discos. Si investigas, puedes encontrar festivales de música del mundo en cualquier ciudad donde vivas. Es interesante buscar nuevas o viejas formas musicales y descubrir qué las hace divertidas e interesantes."

En los momentos de grabar para Windham Hill, Shadowfax era como una familia, advertía G.E. Stinton en una publicación de Facebook de 2019, "con todo el amor, la tristeza, la ira, el perdón, etc., que conlleva cualquier familia. La banda se acababa de reunir, pudimos grabar y dar conciertos, así que todos estábamos contentos. Cada álbum tuvo sus propios problemas y dificultades, y trabajábamos con presupuestos muy limitados, pero lo conseguimos y, en general, nos divertimos". Y siguieron haciéndolo, pasando por diferentes fases, hasta la desaparición del grupo tras la muerte de Chuck Greenberg. Cada trabajo, de esta manera, era un poco distinto al anterior, aunque siempre con el reconocible sonido de Shadowfax, y "The Odd Get Even" fue otro gran álbum en esa especie de evolución, pues como advertían sus componentes en el EPK que acompañaba al disco: "No sabemos qué tipo de criatura terminará saliendo, realmente nunca sabes cómo va a sonar un disco hasta que estás a la mitad del proceso, la gente trae material, los compositores deben tener una concepción muy clara de lo que quieren cuando presentan el tema, pero luego tienes que ser abierto, porque ocurre una metamorfosis cuando traes una canción a la banda y todos contribuyen a ella. Diría que a la mitad del proceso de grabación es cuando tienes una idea bastante clara de cómo sonará el disco. Creo que la banda todavía experimenta e intenta mantenerse fresca. Ese es uno de los desafíos de un grupo que ha estado junto tanto tiempo como Shadowfax: intentas crear música diferente, no repetirte, hacer cosas que te mantengan interesado y que el público disfrute." Así, "Esperanto" y "Magic Theater" fueron, junto al álbum en directo "Live", las últimas referencias de los inolvidables Shadowfax para el sello californiano EarthBeat! Records, que siguieron haciendo disfrutar a sus seguidores y al público curioso del blues, el jazz, la world music y, ¿por qué no?, la new age.

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23.10.25

TSODE:
"TOTUM"

'Totum revolutum' es una expresión latina que significa literalmente 'todo revuelto'. Se emplea con el sentido de revoltijo o mezcla caótica. Pero a veces un revoltijo de conceptos pueden conllevar un cierto orden si están bien dispuestos y tienden a la belleza. En el caso de la música, un puñado de ideas melódicas, rítmicas y ambientales bien producidas, pueden conformar un todo de gran enganche, como lo fue en 1990 ese álbum genial de Mike Oldfield titulado "Amarok", una pieza de 60 minutos sin descanso que hay que escuchar al menos una vez en la vida. Tomando esa idea, aunque no exactamente su estructura, sólo el concepto, el compositor cordobés Jesús Valenzuela, que publica con el alias de TSODE (otro guiño a Oldfield), comenzó a trabajar en una obra totalmente instrumental que superara en duración a "Amarok"; que fuera, de hecho, la canción más larga grabada y publicada en España: 65 minutos de música, más de 300 pistas utilizadas y 10 meses de grabación. De inspiración salvaje, "TOTUM" va en contra de los tiempos actuales, en los que el público demanda sencillos, canciones de consumo rápido y superficial, de no más de 3 o 4 minutos. Como dice su autor, "un grito contra la inmediatez."

Para el fan de la música instrumental, "TOTUM" es un divertimento preclaro que merece una escucha detenida. Es un sueño hecho realidad, el sueño de un cordobés que no quiso quedarse sentado a pesar de no haber estudiado música. Él no lo niega, y aunque sigamos aconsejando la formación, el uso de la enseñanza en el conservatorio (o privada) para conseguir un nivel óptimo en el mundo de la música, el caso de TSODE demuestra que no siempre es necesario refugiarse en la educación para conseguir objetivos tan altos. Desde que debutara en 2016 con "Yggdrasil", pasando por obras tan amenas como "Brainstorming", "Six", "Corduba: Mitos y Leyendas" o "Sound Polarities", su evolución le ha conducido a este gran proyecto autoproducido en 2025. "TOTUM" comienza con este hermoso recitado, a cargo del actor de doblaje Claudio Serrano: "La música no es sólo una creación humana, sino una fuerza omnipresente que habita en cada rincón del universo. Es el murmullo del viento, el susurro del río, el latido del corazón. Es la danza de las galaxias, el crujir de la tierra al amanecer, y el silencio profundo entre las notas. Es el rumor de las hojas que caen en el otoño, y el rugido de las tormentas que desgarran el cielo. Es el canto de los pájaros que saludan al sol, y el eco milenario de las montañas. La música es tiempo convertido en eternidad, instante convertido en infinito. Es la verdad desnuda que se revela sin palabras, una vibración sagrada que une lo visible y lo invisible. En cada instante, en cada lugar, la música está presente, recordándonos que somos parte de un todo armonioso e interconectado, un todo donde cada ser, cada molécula y cada pensamiento, bailan al compás de una sinfonía universal: TOTUM." Es a partir del minuto y medio cuando la voz calla y la música habla, y cuando comienza es indudable la influencia de Mike Oldfield, pero no se puede negar la originalidad de lo que surge a cada minuto: instantes de reflexión, de rabiosa energía o de conexión mística, se suceden sin momento de descanso. Atmósferas de majestuosa sencillez se complementan con instantes melódicos tan asequibles como loables, especialmente destacados cuando las guitarras rugen, aunque teclados, gaita y flauta se añaden también a la causa exponiendo varias caras de esta sinfonía, ambiental, celta, roquera, progresiva, electrónica, neoclásica o new age, todo vale en "TOTUM". Los fundidos y transiciones siguen la tradición de los ídolos musicales de Jesús Valenzuela: Oldfield, Vangelis, Jarre, Cretu, Schiller..., y esta hora y cinco minutos pasa rápida y sin ninguna gana de oprimir el botón de avance, incluso puede hacerse increíblemente corta si se sabe disfrutar. La inteligencia artificial ha sido también un gran aliado en este proyecto. En primer lugar, por medio de una portada impactante, que invita a entrar en un universo lleno de color y de música. En segundo lugar, con la creación de un videoclip de gran nivel, en el que la música cobra vida, mimetizando a los músicos en enclaves naturales tanto pacíficos (montañas, bosques, lagos, auroras boreales) como extremos (volcanes, hielos antárticos), o en ciudades cosmopolitas. Y estos músicos que acompañan a Jesús Valenzuela en "TOTUM" no son nombres cualesquiera: Rubén Álvarez (guitarra eléctrica), Daniel Minimalia (guitarra acústica), Pepe Benlloch (sintetizadores ambientales), JM Mantecón (sintetizadores), Jaime Helios (guitarra eléctrica), Pablo Seque (piano y sintetizador), Curro Martín (guitarra eléctrica), Manuel Galán (guitarra acústica), Manu Herrera (guitarra eléctrica), José Luis Serrano Esteban (guitarra electroacústica), Yhael May (guitarra clásica), Luis Alberto Naranjo (sintetizadores ambientales) y Elvira García (gaita gallega, punteiro gallego y tin whistle).

Presentado en Córdoba el 17 de octubre de 2025 en la Filmoteca de Andalucía, "TOTUM" fue aplaudido por el enganche y fluidez de sus melodías, es un todo muy orgánico, como un latido cuya vida parte de la necesidad de expresión de Jesús Valenzuela. Hay furia, hay amor, hay aventura, hay mucho sentimiento impregnado a cada minuto. TSODE recoge el testigo de dioses de la música instrumental tan importantes como Oldfield, Jarre, Tangerine Dream o Vangelis, para embarcarse en un viaje extremadamente osado. ¿Es morro lo suyo, es diletancia, es osadía? En este caso es más bien una necesidad de expresión, y es de agradecer que haya gente así de atrevida que persiga sus sueños, y que los haga con esta pulcritud. Porque "TOTUM" no es, posiblemente, la octava maravilla, no es el culmen de las músicas instrumentales, ni tiene que serlo, pero es una obra muy entretenida, atrevida en su concepto, que puede hacer las delicias de los que disfrutan con la melodía sin artificios, con el ambiente que engancha en un punto del interior, con la fantasía del sonido cósmico, pero que no olvida donde estamos, con los pies en la tierra, como TSODE no olvida que es un soñador de las notas, que sólo pretende disfrutar y hacer disfrutar. Si no eres un talibán de la partitura, tú puedes ser el siguiente en emocionarte con este trabajo, que concluye con estas palabras: "Cuando todo cae, la música nos alza. No sobre los escombros... sino por encima del ruido, del tiempo, del olvido y el miedo, del fin, o incluso de la vida misma. Y allí, en ese lugar donde sólo se escuchan melodías, nos sentimos invencibles."




2.10.25

VARIOS ARTISTAS:
"Estrella Polar"

Difícil quedarse impasible ante la escucha del poderío de la música folclórica nórdica. El influjo de la luz, o de la falta de ella, teje una maraña de emociones en las que el corazón palpita rápido, fulgurante, una tradición distinta a la nuestra y, como tal, sorprendente y altamente atractiva. A su vez, distintos son los instrumentos representativos de ese folclore, de potente dinamismo también en sus voces. "Estrella polar" fue, en 1995, uno más de los fantásticos discos recopilatorios temáticos con que nos sorprendía de poco en poco la compañía española Resistencia (otros fueron "Portugales", "Delicias celtas", "Atlas étnico" o, más adelante, "Grecia: de Oriente y de Occidente"). Detrás de una fantástica portada, la fuerza de la música era capaz de llevarnos muy lejos, al norte del viejo continente, por medio de bandas que ya estaban conquistando ciertos reductos de nuestras ondas, no sólo los finlandeses Värttinä o los suecos Hedningarna, fulgurantes ejemplos que ya habían desembarcado en España, sino también otros nombres que apuntaban maneras como Pirnales, Hoven Droven, Den Fule, Troka o Salamakannel. 

Hurgar en lo tradicional, siempre con el respeto y las ganas de revitalizar su folclore, es sólo una excusa para sacar de dentro de estos músicos la pasión, tanto en el apartado instrumental como en el vocal. Lo antiguo y lo nuevo se encuentran así en una eficaz fusión llena por igual de furia y de delicadeza, que sin saber por qué, tuvo en España un momento de gran repercusión e interés, con el auge de las músicas del mundo y su adscripción en el enorme saco de las nuevas músicas. Pirnales es el grupo que escuchamos en primer lugar con el tema "Krapulakatrilli": este comienzo es frenético, un estilo físico y jovial ('la cuadrilla de la resaca', se traduce el título del tema), basado en el timbre del kantele, ese símbolo nacional finlandés, instrumento de cuerda pulsada de maravilloso sonido. Este grupo, disuelto a mediados de los años noventa, se formó en la muy importante y decisiva Academia Sibelius de Helsinki, y ni mucho menos es el único ejemplo de dicha institución en este recopilatorio, aunque sorprende la ausencia en el mismo de la banda femenina Niekku. También finlandeses son, más adelante, Tallari, primer grupo folk profesional de aquel país, se dice, cuyo tema "Pelimannin Kaikuja" suena como un baile de boda, muy distinto al canto casi a cappella (sólo hay percusiones) de Angelin Tytöt, trio femenino finés (conocido como Angelit desde 1999) que practican un estilo musical lapón llamado yoik, que algunos mayores consideran pecaminoso, y que parece algo así como un ritual. Más adelante en el disco, se nos mostrará otro ejemplo de esta forma arcaica de canto propia del pueblo sami o lapón, por medio del cantante Wimme (y su tema "Boaimmás", distinto en el conjunto del recopilatorio), cuyo propósito era revitalizar esta técnica. Mientras tanto, hay que detenerse en varias bandas suecas que pueblan la primera parte del disco, comenzando por Garmarna y "Straffad Moder och Dotter" ('La madre castigada'), voces rudas (un estilo muy escandinavo, sin duda) sobre fondo aguerrido, en este tema folk rock sobre la venganza sangrienta de dos hijos. Otra melodía guerrera es la de Hoven Droven (su nombre significa revoltijo) y "Hia Hia Svämor", reelaboración de una polska del repertorio de Olov Jonnson, cuya voz se escucha al principio del tema; más folk rock impregnado en esta ocasión de la tradición lapona. Filarfolket es un grupo extinto, a pesar de tener una cierta repercusión internacional, que en "Vintervalsen" ofrecen una melodía muy llevadera con protagonismo del violín. Tres de los miembros de este grupo, Möller, Källman, Ringdahl, se reunieron para rendir homenaje a dos maestros violinistas, Habs Brimi (noruego) y Rojas Jonas (sueco), en un disco del que se escucha aquí "Skàlhallingar", extraña pieza casi de cámara, con predominio de los metales (saxos y trompeta). Antes, el dúo de violinistas Jonas Olsson / Örjan Hans-Ers nos muestran su reelaboración del repertorio tradicional sueco, especialmente polskas y valses, en una bonita atmósfera, muy delicada, titulada "Nordsjömarschen" ('Marcha del mar del norte'). No podía faltar Hedningarna en esta fiesta del norte, estos suecos que comenzaban a ser conocidos en prácticamente todo el mundo, estaban recuperando instrumentos antiguos, algunos de los cuales habían sido prohibidos por tratarse de herramientas diabólicas (de ahí el nombre del grupo, 'los ateos'), y los electrificaban, originando un sonido potente, rudo y muy original, como el de este tema de la región de Kalevala titulado "Täss'on Nainen", cantado por las vocalistas finlandesas que les acompañaban, de comienzo vocal muy suave, cuya fuerza va creciendo hasta el brusco final. Volviendo a Finlandia, tampoco podía faltar otro grupo en alza, que iba a alcanzar grandes cotas de éxito, Värttina, banda de Carelia cuyo estilo tradicional de kantele, acordeón y múltiples voces acabó triunfando en su acercamiento a músicas más actuales, pero sin perder su esencia, su exotismo, como demuestran en el tema "Outona Omilla Mailla" presente en su popular trabajo "Aitara". Más finlandeses en la compilación: Troka era un joven quinteto acústico que ofrecía en "Lellupuo-Iikoon Friioomarssi" una gran pieza folclórica, en un tono bailable, donde manda el violín; un vals es lo que escuchamos de Salamakannel (grupo que desapareció y regresó a la actividad en 2017), "Anteron Valssi", tema en el que colabora el célebre músico británico Andrew Cronshaw, de ahí su bella semejanza a una balada celta; basado en el sonido del violín es JPP, de hecho en esta polka llamada "Sänkypolska" suenan cinco violines, un contrabajo y un armonio, que aunan una buena sonoridad, con algo de clásico y algo de folclórico. Los suecos restantes son: Den Fule ('los feos'), de los que escuchamos tradición con algo de rock y de jazz en "Den blá Slätten / Ormslá"; algo parecido pero con voz por parte de los efímeros Enteli, que en "Kurg Erik och Spàkvinnan" interpretan una balada medieval con influencias jazz y étnicas; Norrlåtar fue una veterana banda de la que "Näbbskotágel Frán Norr" es un tema ameno, con algo de folclore y de jazz; y tangos renovados es la propuesta de Katzen Kapell (cuya traducción es 'Orquesta de gatos') en "Hurobas tango", una canción muy extraña, en el ocaso del disco. Y tras tanto sueco y tanto finlandés, es en el último tema donde se cuela la violinista noruega Annbjørg Lien, especialista en aunar jazz y clásica, que utiliza también la tradición, como en esta pieza titulada "Amen", acompañada de un salmo de un libro de Nils Bronson del siglo XVIII, que curiosamente parece portar aires portuarios. 

Jorge Lombardero nos cuenta lo siguiente en el libreto del disco: "Comienza la noche y bajo ella nos ilumina la Estrella Polar. Es la luz de un destino musical hasta ahora casi desconocido. Desde el más remoto silencio de un refulgente paisaje blanco, en las largas noches invernales que nos trae la nostalgia de su melancolía, o la explosión de colores cuando en el verano llega la luminosidad, y todo se cubre del verde de los extensos pinares y el azul de sus lagos. Llega el sonido de los violines, entremezclado con el lamento de las voces y el kantele acompañadas por los instrumentos que aplican los avances de las técnicas modernas. Esta es la base para una invasión de nuestra ardiente tierra. Estrella Polar es el primer resumen de la música que se realiza en los países nórdicos, principalmente Finlandia y Suecia, aunque no podemos olvidar Noruega, y en menor medida Islandia; que os quiere acercar un modelo de cómo se pueden lograr buenos resultados a través del estudio, el trabajo y el apoyo de las instituciones que promueven la música. (...) Estrella Polar es la llave que nos abre el interior de esas gentes que habitan en el norte, y que hasta hace poco tiempo nos eran totalmente desconocidas."












13.5.25

FINIS AFRICAE:
"Prima travesía"

Quien haya disfrutado de la lectura de la novela de Umberto Eco 'El nombre de la rosa', tal vez recuerde que Finis Africae era el nombre de la muy especial y casi inaccesible sección de libros prohibidos en la biblioteca de la abadía italiana a la que acudían Guillermo de Baskerville y su pupilo Adso de Melk, para investigar una serie de turbulentos asesinatos allí cometidos. Ese Finis Africae simbolizaba lo oculto, y el control sobre ese conocimiento prohibido. Esa idea caló en el interior de un músico tan genial como Juan Alberto Arteche Gual, que decidió tomar prestado ese nombre para su nueva banda de música, afortunadamente no prohibida, pero sí prácticamente inclasificable. Arteche, que falleció en 2018, fue un músico esencial e inquieto en el folk hispano. Fundó un grupo tan recordado como Nuestro Pequeño Mundo, colaboró activamente con Pablo Guerrero, Javier Bergia, Luis Delgado, Luis Pastor, Javier Paxariño, Eliseo Parra y muchos otros. Fue en los años ochenta cuando decidió dar un paso adelante en cuanto a la experimentación en su estudio, como contaba así él mismo en el libreto de la recopilación "A Last Discovery : The Essential Recordings, 1984-2001", publicada en Japón en 2012: "En 1982 tenía ganas de experimentar con otras formas de hacer música y me compré un magnetofón de cuatro pistas donde volqué nuevas ideas que se me pasaban por la cabeza. Me lo pasé fenomenalmente inventando nuevos paisajes, hasta grabar noticias de la radiotelevisión, los niños jugando en el patio de mi casa, y el ruido de mi asistenta cuando limpiaba. Eso me inspiraba y ponía improvisaciones de los diferentes instrumentos que tenía en mi cuarto, guitarras, autoarpas, dulcimeres, mandolinas, flautas..."

Juan Alberto hablaba así también a la revista Nueva Música en 1993: "Toda mi vida he intentado ser más o menos libre dentro de la música y siempre me he encontrado con el muro impenetrable de las compañías discográficas, que tienen sus conceptos de comercialidad". Su visión cambió cuando empezó a mejorar la técnica de las mesas de grabación, y creó entonces su estudio 'El agujero', acicate de su grupo ficticio y principal garantía en la consecución de su sello, Música Sin-Fin, que nació en 1989 (en un principio asociado a Ediciones Cúbicas) y fue la culminación de un sueño del que surgieron como primeras referencias el jazz improvisado de la banda Zyklus, el atrevimiento vanguardista (y revulsivo estético, se calificaba en la web oficial) del jazz-rock de Clónicos y la tercera aventura de Finis Africae, el álbum "Amazonia". Pero es necesario regresar brevemente a los comienzos, cuando Juan Alberto investigaba con ideas aparentemente inconexas: "Un día apareció por mi casa un gran amigo, Javier Bergia, y escuchó lo que estaba haciendo; se quedó muy impresionado y me propuso unirse a mí para así dar rienda suelta a nuestra inventiva ('en la Semana Santa de 1983, los dos solos en la ciudad, sin un duro en los bolsillos, con la nevera llena y la piedra filosofal en el bolsillo', se podía leer también en su web oficial). En 15 días teníamos un nuevo material que nos gustaba mucho y que enseñábamos a todos nuestros amigos, uno de ellos Luis Delgado, que nos propuso hacer un disco. Él se dedicó a mezclar los temas y añadir otros instrumentos que faltaban: bajos, percusión, zanfonas... También se unieron algunos amigos que se reunían en mi casa para oír lo que estábamos haciendo: Olga Román y su preciosa voz, Seju 'Huracán' Monzón (hermano de El Gran Wyoming) y sus saxos y flautas... En fin, en un mes teníamos todo un flamante disco que se llamó 'Prima Travesía'". Este trabajo fue publicado por Grabaciones Accidentales en 1984, y se puede encontrar también con el título del apelativo del grupo, "Finis Africae". Para escucharlo en CD, la compañía madrileña Glossy Mistakes lo reeditó en 2023 con portada diferente y de título "El pulso de la madera", junto a otras ocho canciones inéditas. "Prima travesía" es una completa experimentación sonora con base de jazz y folclore y un uso deslumbrante del estudio, ambientes atrevidos que o bien inducen a un sueño vívido o bien despiertan a una realidad paralela, reflejo de viajes por Sudamérica, el pacifico, o por España, y una propia voluntad creativa por bandera en la que el primer tema se titula "Radio Tarifa", nombre del futuro grupo que iba a publicar su álbum debut en Música Sin-Fin. Dueño de unas vibraciones sorprendentes y únicas, efectista combinación de instrumentos y voces en un ordenado desorden, "Radio Tarifa" da paso a "El secreto de las 12", una pieza llena de detalles, una fiesta para los oídos y un encantamiento de los vientos, que el DJ José Padilla utilizó para amenizar los amaneceres del Café del Mar en Ibiza. Precisamente "El secreto de las 12 (The Secret of 12 O'Clock)" fue el título de una curiosa compilación japonesa que en 2013 publicó EM Records, misma compañía y mismo año de la más completa, y mencionada anteriormente, "A Last Discovery : The Essential Recordings, 1984-2001". "Luna" es una delicia ambiental que se hace muy pero que muy corta, los golpes de la voz son como una impactante llamada a otra realidad, que viaja a otros paralelos en "Zoo Zulú" y regresa a casa en "Juana y Rosalía", donde se filtra lo cotidiano, la realidad diaria que puede ser más original y atrayente que la mayor de las imaginaciones. "Hybla" no necesita cambios de ritmo, sólo hay que prestar atención a sus capas de sonido para sorprenderse con el trabajo que tiene detrás, como "Managua", la penúltima parada de un viaje que concluye en la "Bahía de los genoveses", situada en Almería, un paraíso natural complementado con este espacio sonoro único de nueve fabulosos minutos, un gozoso ambiente del que no quieres irte. 

La portada es enigmática, el sonido mágico, su ubicación parece indeterminada, así como el estilo, en el que se mezcla instrumentación eléctrica moderna con otra tradicional, étnica, y todo tipo de cachivaches de percusión. "Mi instrumento soy yo", decía Juan Alberto Arteche, que en esta primera aventura toca acordeón, adufe (pandero), aulós (una flauta griega que también se conoce como oboe doble), autoarpa, bajo, bombo legüero, cuatro venezolano, guitarra eléctrica, mandolina, cabasa, sicu y quena (flautas de pan), sitar, tambores de hendidura, sintetizador, medusa de llaves, cítaras, corpo, sicu, bote de arroz, reclamo de perdíz, chiflo, TR 808, Polisix, rythmaker y voces; Luis Delgado se encarga de bajo, sintetizador Korg KR 77 y zanfona, y Javier Bergia de darbuka, guitarras acústicas y eléctricas, darbuka, címbalos, caja, oud, tabla, tar, violín y voces. Además, los músicos invitados son Olga Román (voces), Paco Espinosa (bajo), Ignacio 'El buho' (flauta travesera) y Seju Monzón (flauta travesera, quena y saxo). Calificado como un colectivo de músicos que acababan de vivir la Movida Madrileña, Finis Africae rompió moldes con su collage vanguardista alejado en gran medida de la propia Movida en sus planteamientos, con vistas al futuro y hacia una fusión étnico-moderna que acabaría triunfando definitivamente una década más tarde, con el ciclón de la new age y todas sus variantes en los años noventa, en los que Arteche ofreció al mundo grandes discos en su sello Música Sin-Fin, y esa banda irrepetible llamada Finis Africae continúo grabando trabajos tan recordados como "Un día en el parque", "Amazonia" o "Campos de sol y luna".

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17.4.25

TANGERINE DREAM:
"Le Parc"

En el mundo de la música electrónica melódica que se efectuaba en las últimas décadas del siglo XX hay artistas icónicos, cuyo nombre evoca al instante ciertas composiciones o incluso películas a las que han puesto música: Jean-Michel Jarre y sus "Oxygène Part IV" o "Rendez-Vous Part Four", Vangelis y las bandas sonoras de "Blade Runner" o "Chariots of Fire", Moroder y su "Midnight Express", Kraftwerk y canciones como "The Robots" o "The Model", Alan Parsons y algunas muestras de rock sinfónico instrumental con tintes electrónicos ("Mammagamma", "Lucifer"), Joel Fajerman con su inolvidable "Flower's Love"... La banda alemana Tangerine Dream entran sin duda en la denominación de mitos de la electrónica, pero es un grupo tan particular y en cierto modo de culto, que el público general puede llegar a afirmar que no les han escuchado jamás y que por tanto no son capaces de recordar ninguna de sus piezas. Tal vez estén en un error, ya que entre su numerosísima producción, además de los ambientes exitosos en sus primeros discos con Virgin Records ("Phaedra", "Rubycon"), existen algunos pasajes de cierto renombre popular, especialmente motivos de secuenciador como "Stratosfear", melodías asequibles en trabajos como "Force Majeure", o una pieza totalmente tarareable que sirvió de sintonía a la serie televisiva estadounidense 'Street Hawk', titulada en España 'El halcón callejero', una consecuencia del éxito de 'El coche fantástico' que narraba las aventuras de un ex-policía que tras un accidente en servicio es reclutado para un proyecto secreto del Gobierno de los Estados Unidos, en el que conducirá como un justiciero callejero una motocicleta de última generación armamentista denominada 'Street Hawk'.

Pero esa introducción de la banda sonora de la serie es sólo parte (fundamental, eso sí) de un proyecto más amplio de Tangerine Dream a mediados de los años ochenta, en el que dejaban atrás sus largas suites (los seguidores del estilo oscuro del grupo se tiraron sin duda de los pelos) para acomodarse definitivamente en un estilo de temas cortos con sus correspondientes títulos, más sencillo para la radiodifusión y en la onda de la explosión de la muy comercial new age. Se trata de los conocidos como 'The Blue Years' en la historia del conjunto alemán. En esta ocasión la temática no trataba sobre excitantes viajes cósmicos ni nuevas meditaciones trascendentales, sino sencillamente sobre parques urbanos: las grandes ciudades, esas que atrapan entre sus toneladas de hormigón a millones de almas, necesitan también grandes espacios verdes para respirar, parques y jardines que se convierten en el pulmón de esas urbes y en el lugar de esparcimiento, paseo, deporte y disfrute de las gentes y sus mascotas. Algunos de esos grandes parques han devenido en tremendamente populares, y transitar por sus caminos, admirar sus estatuas o monumentos, montarse en las barcas que navegan por sus lagos y riachuelos, o contemplar a ciertos animales que pululan por sus extensiones, se ha convertido en afán de miles de turistas, que equiparan su importancia con la de museos, monumentos o iglesias. Tangerine Dream decidió humanizarse al dedicar este proyecto a algunos de los parques más conocidos del mundo, de manera que "Le Parc" fue publicado por Jive Records en 1985, con el añadido, posiblemente algo forzado, del ya conocido tema principal de 'Street Hawk'. Nominado como el decimocuarto álbum de estudio de Tangerine Dream, sus miembros en este momento eran Christopher Franke, Edgar Froese y Johannes Schmoelling, que comparecería por última vez con la banda, siendo sustituido por Paul Haslinger desde su siguiente lanzamiento, "Underwater Sunlight" (no hay que contar el mítico "Green Desert", grabado en los setenta por Franke y Froese pero rescatado en estos años). Rítmico y excitante es su comienzo, el parisino "Bois de Boulogne", donde sonidos aflautados contrastan con la gravedad general, siempre con un tono melódico, y curiosa coda final, muy apacible. La trompeta, para el que la localice, es de Robert Kastler. Pero la parte más melódica y pegadiza de Tangerine Dream aparece enseguida, en "Central Park", una música que es la plasmación de la velocidad, de la adrenalina, y que bien puede reflejar también una mañana de deporte en ese enorme, rectangular y vertiginoso parque neoyorquino, que acoge cada año a más de 37 millones de visitantes. Algo más extraña, pero también hermosa con su constante percusión electrónica (casi parecen tambores reales), es la composición dedicada al barcelonés Parque Parque Güell, aquí denominado como "Gaudi Park" en honor al diseñador del mismo, el arquitecto modernista Antoni Gaudí. Las notas de teclado, más elongadas que en las frenéticas piezas anteriores, recuerdan al gran Vangelis, y junto a la constante percusión electrónica con sonidos sampleados, intentan ahondar en lo orgánico del parque catalán, pero también en lo esotérico del mismo. Elegante y popero es el berlinés "Tiergarten", un soplo de suavidad con algo de naturaleza, no en vano se trata de 210 hectáreas de superficie en el centro de la capital alemana. El jardín japonés implica meditación, espiritualidad, y "Zen Garden" -dedicado al templo budista Ryoanji de Kyoto- es tan disfrutable como otras piezas más activas del álbum; este jardín zen es pequeño, rectangular, utiliza arena rastrillada, musgo y rocas, y está construido frente al edificio principal del templo. "Le Parc (L.A. - Streethawk)" es el tema central del álbum, la excitante y contagiosa sintonía de la serie 'El halcón callejero', que es introducida aquí por las buenas, con la excusa de un parque sin identificar en la ciudad de Los Angeles, tal vez el Parque Griffith en la Sierra de Santa Mónica (donde se grabaron las primeras escenas del videoclip de "Thriller" de Michael Jackson), plagado de senderos, cascadas y rincones exóticos, aunque no sabemos muy bien si deudores de tan aguerrida música. El sencillo de "Streethawk" (en el mismo se eliminó la referencia 'Le Parc') tuvo como cara B al antes mencionado "Tiergarten". Un tecnopop con muy buenas intenciones es el que se escucha en las piezas dedicadas al londidense "Hyde Park" y en "The Cliffs Of Sydney" a los acantilados llamados 'The Gap' cerca de la ciudad australiana de Sidney; son dos temas atractivos aunque probablemente lejanos al alto y atractivo nivel de la cara A del disco. Para terminar el mismo, "Yellowstone Park (Rocky Mountains)" es un paseo electrónico muy agradable por el conocido parque Yellowstone (y sus limítrofes montañas Rocosas), al que numerosos grupos y artistas han dedicado canciones o álbumes enteros; sonidos sampleados de flautas shakuhachi (cortesía del Emulator II) se anticipan a su uso masivo en la new age de los noventa, con Enigma y sus cantos gregorianos como exitoso abanderado, y la prestigiosa Clare Torry (la desgarradora corista de "Great Gig In The Sky" en el álbum de Pink Floyd "Dark Side Of The Moon") pone las voces en este tema de cierre de un álbum acertado, no tan recordado por el público pero de sonoridad variada y por momentos muy inspirada, grabado en 1985 en Berlin, Viena y Londres. Como demostración del clima de tensión entre los miembros del grupo, Jerome Froese, hijo de Edgar y miembro posterior de la banda, reconocía en una entrevista que el trío compuso e interpretó cada tema de este disco de manera individual: "Central Park (New York)", "Le Parc (Los Angeles - Streethawk)" y "Hyde Park (London)" fueron la rotunda aportación de Johannes Schmoelling, "Yellowstone Park (Rocky Mountains)" la de Chris Franke, y el resto de Edgar Froese. En 2012, una reedición por parte de la compañía Esoteric Recordings incluía como tema bonus "Streethawk (Radio Remix)".

El paso de los discos y la explosión tecnológica, derivaron poco a poco en una sustitución de la inventiva por los nuevos instrumentos y opciones en el estudio. El misterio, la niebla, la abstracción de los álbumes de su época rosa y la comercialidad artística de la primera parte de su estancia en Virgin, fue degenerando hacia niveles de intento comercial muy acomodaticios. La transición melódica que en "Stratosfear" y "Force Majeure" fue majestuosa, comenzó a dar visos de que la fórmula podía gastarse fácilmente si no se cuidaba la intención. Y no se cuidó fácilmente. A pesar de todo, la venta a la comercialidad aún otorgó productos amenos, más para el consumidor de new age y bandas sonoras que para el amante de la electrónica pura y lo progresivo. Con sus temas febriles de corta duración, "Le Parc" ofrece un disfrute rápido, asociado evidentemente a esa moda new age, pero con la calidad que se presupone a los nombres implicados. En los tiempos de Virgin Records, ellos opinaban así sobre su música: "Nuestro sonido es una música de la emoción y la vida interior, busca estimular la imaginación de cada uno, no quiere imponer imágenes, es una especie de meditación, de pretexto sonoro". El tiempo acabó por recolocar algunos conceptos, aquello de no imponer imágenes cambió definitivamente cuando comenzaron a realizar bandas sonoras, y definitivamente en discos como este, en el que con cada tema podíamos contemplar una bella postal. Acostumbrados a temáticas cósmicas o directamente esotéricas, casi siempre ambiguas para poder acoplar su concepto electrónico, experimental o incluso improvisativo de la música, Tangerine Dream se dejaron llevar aquí por esa inspiración tan mundana, el concepto de un gran espacio verde. "Le Parc" es un bonito disco de expansión, para que sus melodías respiren realidad, conocido por la inclusión de su composición principal en la conocida serie de acción de la época 'Street Hawk', lo que por otro lado, recordaba Edgar Froese en alguna entrevista, les cerró las puertas por motivos contractuales para hacer la música de la más exitosa 'Miami Vice'. Jan Hammer se lo agradeció.

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19.2.25

THE CHIEFTAINS:
"The Long Black Veil"

Cuando el grupo folclórico irlandés The Chieftains llevaban a sus espaldas más de treinta años de actividad, fue el momento en el que creyeron necesitar un acicate, una ayuda para alcanzar nuevas metas en la reivindicación de las raíces de su música. Así, en 1995 dieron un fabuloso paso adelante en su ya de por sí enorme popularidad, involucrando en su camino a grandes figuras de la industria. No es que The Chieftains, que años atrás rechazaron alguna propuesta similar, necesitaran reivindicar su talento, ni que se les hubiera acabado la inspiración o el seguimiento popular, pero bien es cierto que los tiempos estaban cambiando y era necesario aprovechar sus muchas amistades (muchos de ellos debían algún favor a Paddy y los suyos) para volver a desmarcarse de la competencia. La idea, atrevida, acabo resultando una apuesta segura, tanto en un nivel de calidad (figuras de máxima garantía se acercaron a grabar con la banda irlandesa) como de atracción popular (jóvenes y público despistado pudieron volver la mirada hacia este trabajo sólo porque sus ídolos de otros estilos pusieron su granito de arena). Hasta la crítica les abrió las puertas, lo que no siempre es fácil con los 'productos collage', haciendo que valiera la pena el esfuerzo realizado para reunir a esos invitados de calidad y conseguir con ellos un sonido unificado, sin petulancias ni desvíos excesivos del rumbo popular. Siete estudios entre Dublín, Nueva York y Los Ángeles acogieron las grabaciones de las 13 canciones de este trabajo titulado "The Long Black Veil", publicado por RCA en 1995 con dos portadas muy diferentes, la sobria de los Estados Unidos y Canadá, casi tétrica, y otra más elegante y colorida en el resto del mundo.

Paddy Moloney contaba que su locura por la gaita proviene de una lejana época en la que su tío la tocaba en la cocina de una casa a la que su familia iba a pasar las vacaciones. Eso fue en los recordados años 40. Años después, Paddy fundó The Chieftains, y a vez tocaba en la banda Ceoltóirí Cualanm, de Sean O'Riada. The Chieftains crecieron enormemente con los años, consiguiendo aclamaciones populares con una serie de miembros poco cambiantes. Fue desde 1978, cuando llegó Matt Molloy (proveniente de la Bothy Band), que la formación se estabilizó y se unieron totalmente. Los músicos de este trabajo fueron concretamente Martin Fay (violín), Seán Keane (violín), Kevin Conneff (voz, bodhrán), Matt Molloy (flauta), Paddy Moloney (flauta irlandesa, gaita irlandesa) y Derek Bell (arpa, teclados, tiompán -una especie de dulcimer-). En cuanto a los invitados, son tantos los nombres implicados que deslumbra su propia mención, gente como Mick Jagger, Sting, Sinéad O'Connor, Van Morrison, Tom Jones, Mark Knopfler, Ry Cooder o Marianne Faithfull. Se echan de menos nombres como Bono o como Mike Oldfield (amigo de Paddy desde los setenta), y otros como Pearl Jam, Jerry García o Bob Dylan no pudieron completar su colaboración por problemas de última hora. Con tan larga lista de amigos y de estudios en los que hubo que grabar las canciones, la producción tuvo mucho trabajo por delante, pero el recuerdo a la larga es fabuloso. La canción de inicio es todo un acierto, alegre, directa, pegadiza incluso, bien interpretada por un cantante de éxito como Sting: "Mo Ghile Mear (Our Hero)" es una danza irlandesa, una especie de marcha lenta que adaptó Dónal Ó Liatháin a principios de la década de 1970 a partir de un aire tradicional, con una letra que originalmente estaba escrita en honor al príncipe Charles Stewart, aunque este tipo de melodías han corrido por distintos caminos, siendo muy difícil concretar sus cauces concretos. Así, como muchas otras tonadas, suele encontrarse con más de un título. Fue uno de los sencillos del disco, y consiguió aumentar su popularidad. Mick Jagger es una nueva ayuda de excepción, y consigue mimetizarse con la pieza que titula el disco (y también sencillo del mismo), "The Long Black Veil", adoptando un tono country sin altibajos. Efectivamente, el origen de esta balada está en los músicos country Danny Dill y Marijohn Wilkin, y el título parece provenir de la leyenda de una misteriosa mujer con velo que visitaba regularmente la tumba del mítico actor Rodolfo Valentino. Muchos artistas han realizado versiones propias, entre ellos Bob Dylan, Bruce Hornsby o Bruce Springsteen. A continuación es la irlandesa Sinéad O'Connor la que pone su excepcional garganta al servicio del grupo, en la melódica y enaltecedora balada "The Foggy Dew" (escrita para conmemorar el Alzamiento de Pascua de 1916 contra el Reino Unido), que no por ya conocida se hace aburrida, capturando de la tradición una intensidad brutal, a la que contribuyen instrumentalmente Ry Cooder y nuestro compatriota Carlos Núñez con su gaita gallega, antes de hacerse tremendamente famoso con su primer disco en solitario. Más adelante en el álbum, Sinéad vuelve a contribuir en otra de las canciones más versionadas del mismo, "He Moved Through the Fair". Otro irlandés de relumbrón, Van Morrison, canta a continuación la animada "Have I Told You Lately That I Love You?", una balada del propio Morrison, incluida originalmente en su álbum "Avalon Sunset", que también fue sencillo destacado, logrando además el premio Grammy a la mejor colaboración pop con voces en 1996. El percusionista de los Chieftains Kevin Conneff firma la animada y bailable "Changing your Demeanour", una danza con banjo y acordeón, que no tiene nada que envidiar a los tradicionales del disco. Otro de ellos es precisamente el que le sigue, "The Lily of the West", interpretada por Mark Knopfler, un drama amoroso que cruzó el charco como balada callejera inglesa o 'broadside', y es tomada también por una canción folclórica estadounidense, pues allí la popularizaron grandes figuras como Joan Baez o Bob Dylan. El norirlandés Paul Brady cantaba otra tonada muy similar ("The Lakes of Pontchartrain"), y Knopfler prefirió usar ese tratamiento, invitando de hecho a Brady a participar en el tema. Otra delicada balada del trabajo es "Coast of Malabar", con la voz y la interpretación adicional de Ry Cooder; Paddy hablaba así sobre Cooder y este tema de origen tradicional: "Ry es un genio que 've' la música, no importa de qué tipo de música se trate. Cuando íbamos a grabar 'Malabar' le pedí una noche que la cantara a cappella, en el estilo tradicional, y que se titulase "The Maid from Malabar"; le sugerí mi idea de un hombre joven viajando por islas lejanas y paradisíacas, enamorándose de una joven del lugar y teniendo que volver. En un principio Ry tuvo dificultades para meterse en el rito de la canción. Yo quería que no sólo tocara sino que cantara, porque su voz sale del corazón, que es algo que me gusta mucho, esas voces que no son perfectas pero que salen de dentro, la música tradicional sabe mucho de eso. Bueno, al final le di la idea del ritmo del calipso y le encantó". Sólo dos instrumentales se escuchan en el disco, "Dunmore Lassies" (tradicional lento, de nuevo con la ayuda de Ry Cooder a la guitarra acústica y slide, y con protagonismo de la flauta irlandesa de Paddy Moloney) y "Ferny Hill" (un reel, creación exclusiva de Matt Molloy y Seán Keane para el álbum). Otras gargantas inconfundibles hacen su aparición en la parte final de la obra (ambas con la ayuda del acordeón de Martin O'Connor), Marianne Faithfull interpreta otro tradicional, "Love Is Teasin'", y Tom Jones, en unos años de recuperación sorprendente de popularidad, hace suyo el tema country de Pee Wee King y Redd Stewart "Tennessee Waltz / Tennessee Mazurka" (en memoria de Frank Zappa, grabada en su residencia de Los Ángeles poco antes de su muerte). El disco acaba de forma absolutamente festiva con un último tema tradicional, "The Rocky Road to Dublin", con The Chieftains y The Rolling Stones en armonía, y el detalle de unos acordes intercalados del riff de "(I Can't Get No) Satisfaction" entre bromas y risas; así lo define Moloney en el libreto del álbum: "Quizás la más disfrutable de todas nuestras sesiones de grabación. Fue más una improvisación que algo que habíamos planeado. Hubo un momento en que pensé que tenía el control. Claramente no era así. Cada vez que intentaba terminar la sesión, la canción seguía y seguía, mientras nuestros amigos en el estudio se levantaban para bailar".

Las estrellas del rock colaboraron en el disco sin ningún problema, adaptándose a las canciones como los grandes músicos que son. De hecho, Moloney parecía tener un gran recuerdo de este trabajo y afirmaba que "muchas de las canciones del disco 'The Long Black Veil', que es como una gran fiesta, surgieron de forma espontánea". Efectivamente, "The Long Black Veil" marcó un verdadero hito en el tiempo de vida del grupo, decía de nuevo Paddy: "Hacer grande y famosa la música irlandesa implica también poder hacer experimentos como este, aunque hubo momentos de terribles dudas; con los Rolling Stones, por ejemplo, todo fue muy alocado". El éxito fue inmediato, alcanzando el disco de oro en Estados Unidos y Australia, plata en el Reino Unido y doble platino en Irlanda. En España el disco alcanzó el número 10 en 1995, estando 17 semanas en la lista y sonando mucho en la radio, por su calidad y por el buen ojo y estrategia de la compañía. El principal proyecto de The Chieftains fue siempre consolidar el lugar que la música irlandesa consiguió alcanzar en el mundo de la música. En el mundo, sin más, dado lo grande de su nombre y de su fama durante su larga trayectoria. Con su apoyo y con su recuerdo (ahora que sus miembros más icónicos han pasado a ser un maravilloso recuerdo), muchos otros han querido seguir sus pasos, y siempre hay jóvenes que continúan ese camino de revitalización de su folclore.

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19.12.24

THE ALAN PARSONS PROJECT:
"Eye in the Sky"

Aunque se trate de una situación a todas luces injusta por la calidad de su discografía primaria, la única vez que el grupo The Alan Parsons Project ganó un premio Grammy fue por una reedición de uno de sus discos más emblemáticos: en la edición 61 de esos prestigiosos premios, la del año 2018, "Eye in the Sky - 35th Anniversary Edition" fue considerado el mejor álbum en la categoría 'Best Immersive Audio Album'. Por entonces, el grupo llevaba tres décadas oficialmente disuelto, y de hecho uno de sus miembros, Eric Woolfson, había fallecido ocho años atrás. Parsons ya había estado nominado a los Grammy en varias ocasiones por su labor de ingeniería de sonido desde que trabajó para Pink Floyd en "The Dark Side of the Moon" y posteriormente - antes de serlo en solitario con "A Valid Path"- con algunos álbumes del Project, desde "Tales of Mistery and Imagination - Edgar Allan Poe", pasando por "Pyramid", "Eve", "The Turn of a Friendly Card" y este "Eye in the Sky" al que se le hizo justicia 35 años después. Importa poco qué personas o qué discos acaparen determinados premios como los Grammy, pero la historia le debía algo a esta banda que, en 1982, alcanzó uno de sus mayores éxitos de ventas y popularidad con ese "Eye in the Sky" publicado de nuevo por Arista.

El Project venía de ofrecer al mundo un disco prácticamente perfecto, una obra conceptual tan espectacular como "The Turn of a Friendly Card", inmarcesible desde muchos aspectos y situada en el top de los seguidores de esta banda formada por Alan Parsons y Eric Woolfson, con la importante contribución de una tercera pieza, la del orquestador Andrew Powell. Entre los tres, y la ayuda de músicos tan fieles como Ian Bairnson (guitarras). David Paton (bajo), Stuart Elliot (percusión) y Mel Collins (saxofón), se gestó esta obra, cuya inspiración parece provenir del concepto de un 'Gran Hermano' que siempre te está observando: "Siempre hay una cámara observándote, siempre hay un helicóptero en el cielo vigilándote y puedes leer una línea de letra pequeña de periódico desde el espacio". Así, no es difícil asociar este "Eye in the Sky" de 1982 con ese ubicuo Big Brother de la novela distópica '1984' de George Orwell, más teniendo en cuenta la afición del Project por desarrollar musicalmente grandes obras de la literatura, como ya hicieran años atrás con Poe o con Asimov. La relación, sin embargo, nunca ha sido confirmada, y otra teoría cobró vida tras analizar la influencia de los casinos (por entonces, Eric Woolfson vivía en Mónaco) en el anterior disco "The Turn of a Friendly Card". La cantidad de cámaras y personal de vigilancia fascinó a Eric, y ese 'ojo del cielo', como se conoce a dicho sistema de seguridad, pudo prorrogar su influjo hacia la siguiente obra del Project, un intento de extensión del éxito anterior, aunque más abierto en su temática, extendida hacia la religiosidad, la política y la privacidad, si bien sin un claro hilo conductor. No se va a recordar, por tanto, "Eye in the Sky" como un gran disco conceptual, pero sí como un prodigio conjunto de composición, interpretación, producción e ingeniería, para lograr un todo vibrante, melódico, sin excentricidades que nos aparten de la belleza de un sonido puro que ya se ha alejado casi definitivamente del progresivo para ingresar en un pop-rock con suficiente gancho para vender sin parar. La jugada salió redonda, pues "Eye in the Sky" es el mayor éxito de ventas de The Alan Parsons Project, millones de discos vendidos, de los cuales más de 100.000 fueron en España, donde alcanzó en número 1. Los fans del baloncesto apreciarán especialmente el comienzo del disco, el instrumental "Sirius", que se ha utilizado como acertadísima entradilla del quinteto inicial de los Chicago Bulls de la NBA desde los años noventa (así como de otros eventos deportivos menos multitudinarios). "Sirius" es uno de los mejores instrumentales de The Alan Parsons Project, lástima que su duración sea tan solo de dos minutos, eso sí intensos en su construcción adictiva y en su toque preciso de guitarra. El cambio con la siguiente es de una manera clásica en la banda, una línea de bajo que conduce a "Eye in the Sky", primer sencillo del álbum y la canción más conocida del Project, un clásico del pop de los ochenta, una de esas construcciones sencillas pero perfectas en su ritmo, melodía, uso de los instrumentos y de las voces. Eric Woolfson es su intérprete, el mejor para desarrollar una letra ambigua, en la que se puede leer entre líneas algo de crispación con su socio (tal vez por eso Parsons no tuvo nunca muy clara su inclusión en el disco, aunque su ausencia hubiera sido ciertamente lamentable). Su perfección fue un gancho imposible de evitar para un gran número de compradores de singles, por ejemplo 500.000 en los Estados Unidos y más de 25.000 en España (número 1 en las listas). Muchos han versionado esta canción, por ejemplo la vocalista israelí Noa, e incluso el propio Parsons la grabó en catalán ("Seré els teus ulls al camí", se llamó) en 2019, para un disco benéfico del espacio de TV3 'La Marató de 3Cat'. Después del subidón inicial, "Children of the Moon" (cantada por el bajista, David Paton) y "Gemini" (cuyo vocalista fue el escocés Chris Rainbow, otro habitual de la banda desde "Eve") son dos canciones bastante discretas, con un dibujo muy propio del Project la primera y eso sí, una especial sonoridad la segunda, que anticipa la delicadeza de "Silence and I", fantástica balada, que evidenciaba el gran momento de forma del dúo. A la memorable entrada de teclado se une enseguida el saxo de Mel Collins y una instrumentación tan perfecta como la interpretación vocal de Eric Woolfson, que de nuevo hace suyas las intenciones de una letra equívoca. Andrew Powell se deja notar especialmente en el épico cambio de rumbo en su parte media, que medievaliza la canción de una manera extraña pero asequible, más para el degustador del rock de años atrás que para el nuevo consumidor de producto rápido. Aunque suavizado, "You're Gonna Get your Fingers Burned" es un recuerdo del rock de antaño en un disco muy popero. La canta Lenny Zakatek, que colaboraba con el grupo desde el lejano "I Robot", y que repite en la penúltima de las composiciones, "Step by Step", de esas canciones que sin poder considerarse de relleno, pasan desapercibidas en un álbum con otros grandes temas. Más efímero en la discografía de la banda (aunque se le escuchaba también en "The Turn of a Friendly Card") es Elmer Gantry, vocalista de "Psychobabble", pieza posiblemente sobrevalorada aunque de innegables características pegadizas, pero cuya radiodifusión -fue el segundo sencillo del álbum- ayudó a la implantación del disco en la memoria popular. Con el sentido rítmico característico del grupo ("Hyper-Gamma-Spaces" podría ser un antecedente), "Mammagamma" es una de esas melodías sin letra perfectas e identificables, una labor de estudio que tras su escucha no puedes sacar de la cabeza, y que ha servido numerosas veces de sintonía en radios y televisiones. El colofón final del álbum es la majestuosa "Old and Wise", otro dechado de virtudes del trío Parsons-Woolfson-Powell, sin duda una de las grandes baladas de los ochenta (y no hay que olvidar que en este mismo disco se escucha "Silence and I", otra gran balada, ambas también tercer y cuarto sencillo del disco), de cuya parte vocal se encarga el ex-The Zombies Colin Blunstone, y con un gran solo de saxo de Mel Collins para cerrar el tema y el disco. Para no dejar de escuchar en bucle. 

"Eye in the Sky" es un disco que podría calificarse posiblemente como facilón en comparación con los primeros del Project, pero sin duda se trata de una obra muy importante. La comercialidad no implica normalmente una bajada en la calidad del producto, y este podría ser un buen ejemplo si no fuera el sucesor de "The Turn of a Friedly Card", además del recuerdo de los dos primeros álbumes de la banda. La nota, de todos modos, es muy alta, no se puede negar la habilidad de Parsons y Woolfson para seguir construyendo tanto instrumentales atractivos como canciones pegadizas o baladas memorables, consiguiendo verdaderos hitos en ambos estilos. La portada del trabajo, un nuevo diseño del colectivo Hipgnosis, muestra el símbolo egipcio llamado Ojo de Horus, en dorado sobre fondo verde, aunque cambiando tonalidades en otras ediciones o en los sencillos. Ese Ojo de Horus, que es también el Gran Hermano, el ojo que todo lo ve, que siempre nos vigila, preside un trabajo que ha llegado a todos los hogares, el mayor éxito del Project que coincidió, sin embargo, con el comienzo de su decadencia.

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15.11.24

BIELLA NUEI:
"Las aves y las flores"

Como el de cualquier comunidad autónoma española, el folclore aragonés va más allá de la imagen arcaica de lo popular que se arrastró en la península tras décadas de dictadura. En el caso de Aragón, es difícil no asociar a Zaragoza, Huesca o Teruel a las típicas jotas y su característicos cante, baile y traje regional, así como a ciertos cantautores como José Antonio Labordeta (también político y defensor a ultranza de su tierra) o Joaquín Carbonell como nombres cabeceros, sin olvidar la aparición de María José Hernández más adelante, sin las antiguas reivindicaciones sociales. Hay sin embargo, sin olvidar esos nombres y por supuesto la enorme musicalidad de las jotas, otros muchos tipos de bailes, baladas y ritmos tradicionales que hacen las delicias de los folcloristas, de bandas, orquestas y por supuesto de seguidores de las músicas de raíz y del publico en general. Así, unos cuantos grupos llevados por la pasión hacia la tradición, tomaron la responsabilidad de recuperar un repertorio casi perdido, un idioma propio (la fabla aragonesa, cuya salud se estaba recuperando tras mucho tiempo en proceso de extinción) y, en ocasiones, instrumentos emblemáticos tan olvidados o desprestigiados como la dulzaina, la gaita de boto o el salterio. 

Chicotén (otro nombre del salterio, precisamente), Hato de Foces o Somerondón fueron de los primeros grupos que volvieron a grabar ese repertorio antiguo y disperso, pero una nueva generación vino a tomar impulso en la década de los noventa, bandas como Cornamusa, Ixo Rai!, La orquestina del Fabirol, La ronda de Boltaña, Fagüeño, O'Carolan, Joaquín Pardinilla y, por supuesto, Biella Nuei. La primera formación de este conjunto data de 1984 a partir de un colectivo musical universitario, con numerosas actuaciones durante los siguientes años, que les proporcionaron algún que otro premio (para su LP "Monegros") y una cierta fama en la comunidad. Como explican en el libreto del álbum, el grupo se encontró durante sus primeros diez años de existencia con una realidad desoladora: "la práctica inexistencia tanto de estudios sobre la tradición musical aragonesa como de copias de instrumentos autóctonos". La labor de estudio, documentación y recopilación tanto de datos como de melodías, fueron tan necesarios como los propios ensayos: "Siempre ayudados por muchos amigos con nuestro mismo interés, comenzamos a desarrollar una intensa labor de grabación y archivo de la tradición oral, que nos ha llevado a rescatar dances y melodías antiguas, a entrevistarnos con viejos gaiteros, a viajar de un lugar a otro para recoger un romance, una canción de cuna, una rogativa...". Aparte de desarrollar un taller de construcción de instrumentos musicales, Biella Nuei grabó en Madrid su primer CD, con trece de sus muchos temas rescatados durante sus inicios, "Las aves y las flores", publicado por SAGA en 1994. El comienzo es fabuloso, "Dama hermosa - Las aves y las flores" son dos grandes melodías para gaita de boto aragonesa unidas para la ocasión; su origen se ubica en las cercanas localidades de La Almolda (Zaragoza) y Valfarta (Huesca), y su recuperación para este trabajo es de un gozoso disfrute por la afabilidad de su letra y lo contundente de la melodía. La variante aragonesa de la gaita de boto consta de un boto de cabrito (cubierto con una tela de flores), el clarín (piezas de madera de boj forradas de piel de culebra, que hacen sonar la melodía con el empleo de una lengüeta doble de caña denominada pita), el bordón (que emite un sonido continuo), la bordoneta (un bordón pequeño) y el soplador (para insuflar el aire). También se puede escuchar en ese primer tema, como a lo largo del disco, el pinfano (flauta de pico construida en caña, habitual entre pastores) y la dulzaina (también llamada gaita, chuflaina o chifla), un instrumento de viento de doble lengüeta de la familia de la chirimía o el oboe. Unas "Habaneras", canciones lentas procedentes de Cuba, se adornan con letras de amor tradicionales de varios pueblos aragoneses en el apacible segundo corte de un álbum que también acoge ritmos europeos que llegaron muchos años atrás al cancionero tradicional, como esas movidas y pegadizas "Polcas Biella Nuei", del pueblo oscense de Urdués la primera, y original de Blas Coscollar la segunda. El clarín, la parte de la gaita de boto que se encarga de la melodía, es el mayor responsable de su atrayente sonido. A continuación llega un agradable "Fandango" inspirado en una albada de Terriente (Teruel), si bien con una letra más popular de otros pueblos de la zona, de nuevo con temática amorosa. Durante este primer tramo, el trabajo se ofrece como una estupenda sorpresa en todos sus aspectos, que ven su continuación hasta completar sus trece cortes. Del dance de Tauste (Zaragoza) procede "Mudanzas de Arcos", mientras que a mitad del disco llega una de sus tonadas más conocidas, una sorpresa que nos lleva a citar datos históricos: conocida es sin duda la melodía de "Ball de Benás", similar a ese canto patriótico conocido como 'Himno de Riego', que cantaba la columna comandada por el teniente coronel Rafael del Riego durante el alzamiento militar denominado como 'Pronunciamiento de Riego', detonante de la Revolución de 1820 durante el reinado de Fernando VII. Aunque la música se atribuya en ocasiones a José Melchor Gomis, su gran semejanza con la 'Dance de Guayente' y el 'Ball de Benás' (o Dance de los mayordomos) hace pensar que Riego la pudo escuchar durante una época en la que estuvo preso en Jaca durante la guerra de la Independencia, para después utilizarla como música de su 'Himno'. En Benasque (o Benás) se utiliza todos los años esta melodía para su dance del día de San Marcial. Acordeón, violín, gaita de boto y pinfano se citan en esta tonada tan popular como acertada. Con el "Romance de Catalina", cantado en fabla aragonesa, Biella Nuei ganaron un premio en Galicia, donde valoraron, afirman, "la intensidad emocional y que en él se considere a Aragón como tierra de libertad". El bolero aragonés tiene cabida en el disco en los "Boleros de Caspe", mientras que otro dance tradicional, el del pueblo de La Muela, es el origen de "Por una niña". Viajamos a continuación al Pirineo oscense con "La pasabilla - Palotiau de Broto", pasacalles de San Chuan de Plan (y de Sariñena) el primero, melodía originaria de Broto la segunda, ejemplos ambos del uso de dos instrumentos inseparables como son el chiflo (flauta de tres agujeros, forrada con piel de culebra) y el salterio o chicotén (tambor de cuerdas que marca el ritmo y un bordón continuo a la melodía del chiflo). Una de las canciones más divertidas y fáciles de escuchar del álbum es ese homenaje a los cabezudos zaragozanos titulado sencillamente "Los cabezudos", que tras una música inicial inspirada en una melodía de Pradilla de Ebro (Zaragoza) incluye diversas coplillas que, como en cualquier otro punto del país, les cantan los chavales a esos singulares personajes (no sin advertir que, tras escuchar la copla referida al popular Moro o Morico, ningún grupo étnico debe sentirse atacado) que hacen las delicias de los jóvenes, a la vez que infunden un cierto miedo a los más pequeños. Además de otras letras y música de Luis Miguel Bajén, también podemos escuchar un pequeño fragmento, el más conocido, de la zarzuela "Gigantes y cabezudos" del compositor del siglo XIX Manuel Fernández Caballero. El "Pasodoble de Villarluengo" es una tonada de Camilo Ronzano utilizada en ese pueblo turolense, estupenda muestra de la alegría de los bailes tradicionales. El disco no puede finalizar sino con otra de sus canciones destacadas, un tradicional de Espierba y Bielsa (dos pueblos del valle pirenaico de Bielsa) que ha conocido diversas versiones por parte de otros grupos aragoneses: "El villano", que en aragonés cita lugares y personajes del valle, es otro ejemplo de la utilización de chiflo y salterio, junto a la gaita de boto, pinfano y percusiones típicas como cucharas de boj, hierros o aceros. Todos los temas son tradicionales salvo los aportes ya mencionados. Los arreglos son de Luis Miguel Bajén y Biella Nuei, que en esa época eran: Alberto Aznar (clarinete dulzaina, gaita de boto aragonesa), Luis Miguel Bajén (voz, guitarra, dulzaina, chiflo, salterio, pinfano, flauta travesera, cucharas y otras percusiones), Manuel Colás (bandurria, laúd, guitarrico, voz), Fernando Gabarrús (cucharas, castañuelas, pandereta, cañera, caja, bombo, cántaro, hierros y otras percusiones), Jacobo García-Rodeja (violín, percusiones), Belén Gonzalvo (violonchelo) y Rafael Sánchez (acordeón). Además, colaboraban Jesús Acero (gaita aragonesa en "Dama hermosa - Las aves y las flores" y clarín en "Polcas Biella Nuei") y Mario Gros (gaita aragonesa en "Ball de Benás").  

Combinando canciones con instrumentales, el de Biella Nuei es, como el de tantos grupos en tantas otras comunidades autónomas, otro fascinante logro para la música folclórica hispana. Con buena acogida popular y de crítica, "Las aves y las flores" fue la excelente demostración de las cualidades del grupo en campos unificados, la documentación y la interpretación: "La música tradicional, la originaria y verdaderamente popular, tiene algo que ofrecer en este triste fin de siglo en que la cultura, convertida en mero objeto de consumo, parece atrapada en un callejón sin salida (...) Sólo el respeto a la diversidad cultural, a esas diferencias que nos enriquecen, permitirá que exista una verdadera libertad de elección", afirmaban. Sin el hastío que pueden provocar algunas tradiciones puras en un público de finales del siglo XX gracias a unos arreglos bien pensados y convenientemente cuidados, la propuesta de este conjunto aragonés sorprendió a propios y extraños y aprovechó el gran momento de expansión, e incluso unión, de todas las músicas de raíz españolas, para salir de sus fronteras y gozar de un cierto nombre en todo el país, y es que su estilo tradicional, rural por cercanía, mostraba además una buena permeabilidad hacia otros ritmos (tanto llegados de fuera como más urbanos y actuales), y la reivindicación lingüística conllevaba también aciertos musicales, disfrutables totalmente en cada rincón de la península, incluso fuera de ella. Biella Nuei han evolucionado con los años, han fusionado su música con las de otras culturas (de Occitania, el Bearne o Marruecos) y han hecho buenos amigos por el camino, pero su esencia, la tradición aragonesa con la que comenzaron su singladura, se vive especialmente en trabajos como "Las aves y las flores" o el siguiente, "Solombra", que junto a "Sol d'ibierno" forman una especie de trilogía inicial en la trayectoria de esta inquieta banda.








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