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13.6.25

WIM MERTENS:
"When Tool Met Wood"

"Me limito a seguir mi destino en la música", decía Wim Mertens a la revista Nueva Música en 1993; "nunca cambiaré completamente porque yo intento dar una imagen global de mí mismo", continuaba, y no puede ser más cierto que desde aquellos comienzos rebeldes, este compositor nacido en 1953 ha seguido hurgando año tras año y sin descanso en una música con un sello propio, un 'open continuum' -así tituló a uno de sus álbumes en vivo- cercano en primera instancia al minimalismo turbador de Philip Glass, Steve Reich o La Monte Young, pero que ha sabido suavizar paso a paso sus componentes esenciales y agrandar poco a poco su sentido melódico, dentro de una estética que varía gozosamente entre la sencillez del piano con voz, y la vanguardia contemporánea, fácil de digerir (salvo en algunos ciclos experimentales), de su pequeño conjunto orquestal. Bien entrado el siglo XXI, su obra posiblemente carecía en gran parte del misterio, de la épica con la que deslumbró en los años ochenta (desde piezas cortas tan eternas como "Close Cover" o "Struggle for Pleasure", a la fastuosa heterodoxia de "Maximizing the Audience" o las excéntricas muestras de piano y voz incluidas en "A Man of No Fortune and With a Name to Come"), pero no por ello hay que dejarla de lado, en absoluto, pues este músico belga que no puede dejar de componer, se reinventa por momentos y encuentra nuevas motivaciones que, en los últimos años, le han hecho disfrutar de una segunda juventud, un placentero realismo donde el mundo clásico se abre a la modernidad, recreándose en una belleza rápida y llena de florituras de piano, cuerdas y vientos. Era precisamente el ensemble, el selecto conjunto orquestal, el que dominaba su obra cuando publicó, en 2013 y por medio de su propio sello Wim Mertens Music, "When Tool Met Wood".

'Cuando la herramienta encuentra a la madera' vuelve a ser un título poético en la obra de un Mertens que cumplía 60 años en 2013. Difícil encontrar sentidos a dicha sentencia, tal vez se refiera al trabajo del ebanista, al del luthier, o a la chispa que prende la inspiración cuando el músico no es más que un trozo de material que tiene que ser moldeado. Dos años antes, la ciudad portuguesa de Guimaraes le eligió para componer una obra musical que celebrara su elección como Capital Europea de la Cultura durante el año 2012. Esa partitura, estrenada mundialmente en marzo de 2012 en el Centro Cultural Vila Flor de Guimaraes, sentó las bases de "When Tool Met Wood", encerrado entre otras dos grandes obras para conjunto, "A Starry Wisdom" (un encargo del Festival de Flandes de Gante) y "Charaktersketch" (primera parte de la trilogía 'Cran aux Oeufs', cuyo segundo volumen en 2016, el titulado "What Are We, Locks, to Do?", fue el regreso a los discos de voz y piano desde "Un respiro", una década atrás). "Leeway" es un inicio de percusión, que rompe con casi todo lo preconcebido en Mertens. Quien no conozca a este músico y llegue a este disco por casualidad, no entenderá la presencia de este tema, pero el conocedor de su obra sabe perfectamente que el bueno de Wim puede tomar cualquier camino dentro de la vanguardia, y últimamente parece tener la percusión en buena estima. "Joy of Laughter" es el verdadero comienzo amable del disco, con él regresa ese músico divertido, el de los vientos melódicos (en este caso domina el sonido la afortunada trompeta) pero que no se sabe por dónde va a salir a cada paso; la gravedad de los metales manda en esta partitura de aspecto facilón y de difícil ubicación, con algo sacro, algo moderno y el toque Mertens, una de esas piezas que, sobre todo en directo, se desea que no acaben nunca. Más amable todavía es "Cire Perdue", con la esencia de viejos éxitos, donde las cuerdas (violines y violonchelos se divierten en sus respectivos papeles) desarrollan una melodía danzarina que recuerda a los tiempos de álbumes como "Shot and Echo". Por ahora, y con nuestro permiso hacia excentricidades como la que abría el disco, éste nos brinda instantes sublimes. No se va a quedar ahí la cosa. La extravagancia es arte en el siguiente tema, "Sovereign Abandon", con percusión jazz y sobre ella un toque muy folclórico, con algo hispano; Mertens experimenta, y lo que desconcierta al principio, al final no sólo acaba entrando sino que se agradece por lo impredecible y atrevido. Con "Initial Detachment" llega una muestra contenida del minimalismo del belga, ocho minutos de un desarrollo repetitivo de piano de fondo con un bello motivo de violín por delante, un nuevo recuerdo a algunas joyas de los años noventa, lo que muchos esperan de él y agrada plenamente, como lo hace "Holes in Habit", gran joya de sonido antiguo, con la teatralidad del barroco, que destaca profundamente en un álbum de enorme inspiración, en el que la conjunción instrumental es un regalo. En "Slinging" un bello fraseo de piano da paso a la trompeta para, juntos, bailar con los demás vientos y cuerdas, utilizando de nuevo esa melodía tan 'mertensiana' del tercer corte del disco, "Cire Perdue", con un nuevo envoltorio de antigüedad. "Affine Schemes" es un toque intimista, muy completo y agradable, donde destaca la repetición de una pequeña y abrupta floritura de piano. Mertens siempre ha dicho que, al componer sus obras, primero se imagina el sonido que provocan, su aspecto, y a partir de ahí decide qué instrumentación utiliza, pero la naturaleza primaria de temas como este hace que nos imaginemos que el disfrute fuera el mismo en una versión de piano y voz, pues la pieza se presta a ello. El oyente no puede sino sorprenderse ante la avalancha de temas emocionantes, sobresalientes, y no es sino prácticamente al final del disco cuando aparece otro de sus temas estrella (es difícil aseverar esto, no obstante, dejando esta decisión al oyente), "Ahead of Itself", una melodía dinámica y completa, donde Wim Mertens es totalmente él mismo, con percusión marcial y climática en su parte final, como anunciando la pieza de cierre. Y es que, como una especie de colofón que entronca con el inicio del disco, el final titulado "Ode Devenu Épisode" es otra pequeña muestra de percusión, digna de un compositor atrevido y con un público fiel que comprende perfectamente estas salidas de su zona de confort. Evert Van Eynde es el percusionista del conjunto que acompaña al teclista, donde entre los clásicos chelo, viola, contrabajo, flautas, fagot, oboe. arpa, tuba, trompa o trombones, se pueden distinguir los nombres de viejos amigos como el clarinetista Dirk Descheemaeker, el violinista Eric Robberecht, el trompetista Ward Hoornaert o el guitarrista Peter Verbraken. Aunque desprovisto de las sorpresas de antaño, no se puede negar que la belleza de "When Tool Met Wood" es apabullante, subyugante incluso en las piezas más destacadas (que son muchas), como por ejemplo "Holes in Habit", "Ahead of Itself", "Sovereign Abandon" o "Joy of Laughter".

"El público ha crecido conmigo", decía Wim Mertens en otra de esas entrevistas concedidas hace unos años, cuando su carrera alcanzaba el nuevo siglo. El tiempo ha seguido corriendo, y aunque posiblemente gran parte de aquel público que le siguió hasta ese momento haya dejado atrás sus inquietudes musicales, un buen número de esos seguidores continúan recordando, tal vez admirando, al pianista belga, dada la energía y la naturalidad que, como la clase y el buen hacer, son inherentes a su obra. Incluso es posible que otros se hayan añadido, pudiendo descubrir así las argucias instrumentales (y en ocasiones los delirios vocales) de un artista muy especial, un minimalista que en la segunda década del siglo XXI retomó con fuerza su carrera gracias a una serie de obras ilusionantes como "A Starry Wisdom", "That Which Is Not", "The Gaze of the West" o esta que nos ocupa, una "When Tool Meet Wood" que sin embargo no parece ser recordada excesivamente por el propio Mertens en sus recopilatorios, como el directo en Bruselas en 2017 "Nature's Largess" o el de Brujas en 2019 "Certain Nuances Excepted", que no portaban ninguna pieza de este álbum, o la ambiciosa caja de 4 CDs "Inescapable 1980-2020 (40th Anniversary Box Set)", que entre sus 61 temas sólo incluía de este disco "Sovereign Abandon". No se le puede culpar al músico, es lógica la dificultad a la hora de elegir en una discografía prácticamente inabarcable en la que, como en casi cualquier otra carrera larga, no deja de haber vaivenes, pero en la que es conveniente detenerse a cada paso y encontrar momentos de felicidad como los que contiene "When Tool Met Wood".

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4.6.23

WIM MERTENS:
"Jérémiades"

No hay que escarbar muy hondo en la discografía de Wim Mertens para toparnos con auténticas obras maestras en cada década de su larga producción. Dejando aparte sus ciclos, que portan algunos de sus momentos más atrevidos, este conspicuo músico sorprende a cada nuevo paso, a pesar de que su manera de componer no ha variado excesivamente con el tiempo. En efecto, la mayor sorpresa de cada novedad discográfica la constituye la instrumentación utilizada, aunque cada una de sus piezas puede ser tratada posteriormente en directo de múltiples maneras, para vientos, conjunto completo, o piano y voz. Aunque manteniendo una estela de calidad hasta la actualidad, sea especialmente recordado por trabajos como "Struggle for Pleasure" (que incluía además su gran éxito "Close Cover"), "Maximizing the Audience", "Shot and Echo" o "Integer Valor", otros de sus discos, sin razón aparente, no han equiparado su merecido interés con su recuerdo popular (el mayor olvido puede provenir del propio Mertens en sus recopilaciones), originándose alguna pequeña injusticia que es necesario enmendar, como la del trabajo "Jérémiades", publicado en 1995 por Les Disques du Crépuscule. De continua inspiración para sus temáticas en la literatura, las lecturas del belga se detuvieron en esos instantes bastante lejos de nuestros tiempos, concretamente en un documento del Antiguo Testamento conocido como el Libro de las Lamentaciones. Atribuido por judíos y cristianos sin demasiada seguridad al profeta hebreo Jeremías (de ahí el título de este disco, "Jérémiades"), contiene cinco poemas de lamentación por la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor II en 587 a. C. 

Los cinco poemas escritos presuntamente por Jeremías mucho antes de Cristo se convierten en este trabajo musical en seis piezas de piano (con voz esporádica) en las que Mertens desarrolla su irrefrenable impulso melódico, cuyos títulos son letras del alfabeto hebreo, que el autor del libro utilizaba para encabezar los versos. El pintor y grabador neerlandés Rembrandt ocupa la portada del trabajo, pero de un modo singular, ya que su oleo 'Jeremías lamenta la destrucción de Jerusalén' viene presentado como un puzzle a medio terminar. Se desconoce si esta circunstancia tiene algún significado más allá de que literatura y música casen en ocasiones como esta como un juego en la mente del pianista. Tampoco están claras las motivaciones por las que Wim escogió determinadas letras hebreas para los títulos, y el orden de las mismas, por lo que directamente habría que fijarse en la propia música y su desbordada belleza, sin más especulaciones. La pieza más larga del disco, "Kaf" (undécima letra del alfabeto hebreo), es un brillante ejemplo de cómo extender una melodía sencilla hasta una duración fuera de lo normal, hasta el punto de subyugar como una visión celestial; Wim mantiene una extraordinaria tensión durante sus 22 minutos gracias a una combinación de notas simple pero exultante prolongada convenientemente y aderezada con la garganta del belga, logrando una enervante sensación de querer más a pesar de su largo minutaje. No en vano estamos ante uno de los minimalistas más comerciales desde hace décadas. El resto del disco se mueve por terrenos de duraciones no tan largas pero en absoluto estándares. Ocho minutos y medio dura "Kof" (decimonovena letra del alfabeto hebreo), menos seria, algo así como un juego, como si otro Wim Mertens más divertido se hubiera adueñado del anterior, por su original ritmo martilleante pero refinado al que acude la voz prácticamente a su mitad, en un complemento perfectamente adecuado. "Mem" (decimotercera letra del alfabeto hebreo) es otra elogiosa y disfrutable melodía de piano y voz, que se antoja flotante en su escucha y que sí ha sido incluida en algún recopilatorio del artista, como también sonaba en compilaciones importantes como "Inescapable" (2019) la más calmada y melodiosa "Alef" (primera letra del alfabeto hebreo), una especie de conexión entre el músico y su instrumento, otra partitura destacada en este disco de altísima nota en el que es ciertamente complicado elegir un tema favorito. "Alef" inaugura, además, una segunda mitad del álbum sin el característico falsete de Wim. Sin esquema repetitivo, más bien con cambios estudiados, son los catorce minutos de "Gimel" (tercera letra del alfabeto hebreo), profundos, casi lacrimógenos, en definitiva hermosísimos. El corto final titulado "Jod" (décima letra del alfabeto hebreo) es una pequeña despedida bastante anecdótica que deja con ganas de un nuevo disco de este estilo o de disfrutar de algunos de los conciertos, también variados en sus planteamientos, de este artista que consigue aquí, durante la hora de duración de "Jérémiades", que el oyente respire un lirismo exorbitante que provoca emoción y melancolía.

En una carrera que parece no tener freno, los trabajos de piano y voz de Wim Mertens tienen vida propia, son un estilo único en el mundo de la música contemporánea. Son dos instrumentos realmente, pues la voz no nos cuenta nada, sólo ejecuta acompañamientos sin idioma definido ni sentido gramatical, no exentos de detractores como por otro lado toda su discografía, denostada por puristas o críticos frustrados. "Jérémiades" utiliza esta faceta de expresión como anteriormente había sucedido en clásicos de su discografía como "A Man of No Fortune and With a Name to Come" o "Stratégie de la Rupture", y como volverá a ocurrir en "Der Heisse Brei" o "What Are We, Locks, To Do?". Que "Jérémiades" no sea un trabajo tan recordado como otros es una circunstancia más en una trayectoria que, bien escuchada, desborda excelencia de consumo agradable (escúchese "Close Cover", "Struggle for Pleasure", "4 Mains", "Al", "No Testament", "Humility", "Their Duet", "In 3 Or 4 Days" o las más recientes "Ausgedehnt", "Ahead of Itself" o "European Grasses") y sobre la que cada oyente posee opiniones muy propias. Más arriba o más abajo en cada uno de esos listados de preferencias, lo que no cabe duda es que "Jérémiades" contiene lo que se espera de Wim Mertens, una serie de piezas básicas muy disfrutables, en esta ocasión con el piano como hilo conductor, y una voz que nos asombra, perturba o enternece, y que parte de la propia alma del artista.

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14.8.20

WIM MERTENS:
"That Which Is Not"

La negación no tiene por qué ser algo desfavorable en nuestras vidas, puede tratarse de un mecanismo de defensa o simplemente de una manera de canalizar ciertas inspiraciones abriendo un nuevo camino, un enfoque que el espigado compositor Wim Mertens pareció utilizar en algún momento de su carrera, al menos en los títulos de ciertas composiciones como "Not at Home", "Not Me", "Casting no Shadow", "No Plans No Projects", "No Testament", "No Darkness", "The Essence of the (k)Not", "Non Datur" ('el principio del tercero excluido', de Aristóteles) o "Noli me Tangere" (no me toques). Un paso más allá fue denominar uno de sus discos "That Which Is Not", o 'lo que no es' (publicado en 2018 por Wim Mertens Music), sobre el que Wim nos hablaba así: "En este disco he querido escapar de la noción tradicional de este término como algo negativo, quise mostrar las maneras positivas en las que puedes decidir en la vida, aún diciendo que no, inyectar un poco de positividad en la cantidad de negatividad que tenemos en Europa hoy en día". Esta vuelta de tuerca supuso uno de los trabajos más interesantes del Mertens del nuevo siglo, aunque tal vez, absorbidos por esa temática adversa, se tendría que decir de otro modo y afirmar que no es cierto que Mertens no tuviera un as en la manga en este momento avanzado de su carrera, puesto que en "That Which Is Not" este artista no deja indiferente a la audiencia, que al fin y al cabo no se deja engatusar por propuestas baladíes, esas que Wim nunca practica en su particular y exitoso estilo.

Mertens es un músico generoso, tanto por su copiosa producción como por lo que consigue plasmar y transmitir con ella, pues difícilmente hay merma en la calidad con el paso del tiempo. A pesar de poseer su marca de estilo, el sonido propio que caracteriza a los más grandes, la variedad en la presentación y la extraordinaria fuerza creativa que le caracterizan, hacen que cada nueva propuesta sea esperada con inusitada expectación por sus seguidores, y él no se hace de rogar, cada muy poco tiempo les complace con nuevas referencias. Las migas que fue dejando Wim durante la segunda década del siglo XXI eran de diversas texturas y sabores, en su mayoría en la faceta de música para conjunto completo y voz, con la excepción del trabajo de piano y voz de 2016 "What Are We, Locks, to Do?". Precisamente ese álbum formaba una especie de trilogía de reflexión histórica (con situaciones en la Bruselas actual, en el Egipto ptolemaico y en la Grecia del 31 antes de Cristo con protagonismo para Cleopatra) junto a "Charaktersketch" (2015) y "Dust of Truths" (2016), tríada que fue comercializada también en un triple CD en 2017 con el título general de "Cran aux oeufs". En su siguiente proyecto, "That Which Is Not", sorprendía de golpe una portada en la que volvía a aparecer Mertens (no se le veía tan claramente desde décadas atrás, en los tiempos de "Epic that Never Was" o "Stratégie de la Rupture"), en una pose muy característica de sus directos, señalando al público como el protagonista de la situación, logrando incluso insinuar un producto desenfadado y muy disfrutable en vivo, como así sucedió en la posterior gira, que una vez más pasó por varias ciudades españolas presentando poderosamente el álbum. Enmarcado en la faceta de su música que incorpora el completo ensemble antes mencionado, la voz sin embargo sólo suena en la mitad de las piezas de la obra. Mertens tiende a la ruptura en la misma, a la diferenciación -dentro de un mismo patrón- entre las composiciones contenidas en un trabajo que parece hurgar a su vez en el pasado. "The Remainder" es un extraño comienzo para tratarse de este compositor, pues esta pieza se mueve por caminos no tan melódicos como su producción más comercial, acercándose más bien a un jazz ambiental que aúna carácter y sensibilidad, y a pesar de lo atípico en su discografía, se trata de una placentera obertura. El piano retoma el compás más reconocible, y la voz (esa excéntrica manera de interpretar, un falsete en idioma inventado, único y auténtico) entra como un trueno en la obra, junto a una especie de acordeón, otra circunstancia extraña en su sonido, por lo que parece que Wim quisiera explorar tímidamente nuevos caminos para el futuro. Este segundo corte, titulado "Bassin d'Atraction", es una pieza profunda, sincera y atrayente, un nuevo acierto del pianista, que en "En chair et en os" apuesta por un tempo rápido y una gama de metales que de nuevo, y junto a la voz, nos transporta de inmediato hasta una de sus obras más reconocidas, "Shot and Echo", la friolera de 25 años atrás. No pasa el tiempo por Wim, que con este tema firma una de sus mejores composiciones, al menos de los que llevamos de siglo. Tal vez en la obra actual de Mertens ya no haya canciones tan emblemáticas como aquellas "Close Cover", "Struggle for Pleaure", "No Testament" o "Shot One", primando un conjunto que sigue siendo absolutamente memorable, fruto de una capacidad de abstracción desbordante donde lo pegadizo ha dado paso a lo práctico, de una realización impoluta y una belleza fascinante. Eso no quita que también existan nuevos clásicos en el nuevo siglo, piezas como ésta (y como otras en cada nuevo trabajo) que despiertan la pasión de su público. Pero si hablamos de temas estrella, no se queda atrás "Its Alien Status", jovial y bailable al compás del violín y el piano; la voz aporta solidez a un esplendoroso conjunto. Un poco más adelante, también "Affording More" presenta reminiscencias a sus éxitos de los 90, pero con un añadido que pocas veces se deja ver en la obra del belga, la percusión. En "Freeze on Volume" son los desenfadados vientos los que nos provocan un nuevo recuerdo, esta vez a un pasado más minimalista (sin duda hay escasez de elementos), el de trabajos muy lejanos como "Maximizing the Audience". El Mertens de ayer y el de hoy hermanados, siempre con la ayuda de Dirk Descheemaeker. Vanguardista pero muy grato. "Nested Cuts" es un nuevo corte destacado, por su melodía de saxo mecida por el piano, esta vez (como en "Freeze on Volume") sin la incorporación de una voz que, a estas alturas (acostumbrados a ella, incluso extasiados en ocasiones) se echa de menos. Como se suele decir, si no existiera, habría que inventarla. Para concluir el disco, "What Holds for All" es un corte hermanado con el primero (aquel extraño "The Remainder"), con algo folclórico y de jazz. Es el final del disco, pero no da la impresión de algo acabado, parece como si Wim se dejara algo para el futuro, ese tiempo que está por llegar pero al que este compositor no le suele dar oportunidad, puesto que siempre tiene una nueva obra preparada antes de poder cansarnos de la anterior. En esta, la instrumentación utilizada se compone de un completo conjunto de cuerdas y vientos, además de arpa, guitarra, bajo, acordeón, percusión, piano y voz.

Cuando se sienta frente al piano, Mertens se imbuye de un poder indómito, y en este trabajo, la sucesión de grandes canciones con su voz que suponen "Bassin d'Atraction", "En chair et en os" y "Its Alien Status" resulta tremendamente excitante. Tal vez su forma de cantar sea una manera de canalizar ese poder, comportándose como un medium en contacto con un ser superior, y aunque al principio pueda resultar chocante, acaba atrapando, convenciendo y esperando más de esa manera tan peculiar de entender la música de piano y voz. De idiomas inventados está el mundo lleno, desde el 'esperanto' de L. L. Zamenhof o el 'vengergood' que William James Sidis creó a la tierna edad de 7 años, hasta los élficos 'quenya' y 'sindarin' que ideó el gran Tolkien para la Tierra Media, sin olvidar el 'klingon' de Star Trek o numerosas lenguas de las mas importantes historias y novelas de ciencia ficción, magia y fantasía. En el mundo musical tenemos el 'scat' (que en el jazz popularizaran Ella Fitzgerald o Mel Tormé), el 'hopelandic' o 'vonlenska' (idioma inventado por el grupo islandés Sigur Rós), las improvisaciones vocales a cappella de Bobby McFerrin, la glosolalia utilizada por Lisa Gerrard o, por supuesto, esta manera de expresión vocal de Wim Mertens que realmente no es ningún idioma ("no sirve para actividades cotidianas, y de una noche a otra lo que canto es diferente porque se genera en el acto"), pero que bien necesitaría un nombre. En "That Which Is Not" no es un recurso que se utilice tanto como en otros de sus discos, pero ayuda a conformar otro delicioso bocado de realidad. Con trabajos como éste, Mertens llama a la puerta de las minorías abiertas a todo y continúa dedicándonos su sensibilidad de corte propio, extensible a todos los que necesiten derribar fronteras y encontrar nuevos caminos sin importar clase, modo o condición. Gracias a Wim por compartir con el mundo sus múltiples expresiones de talento.

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19.3.19

WIM MERTENS:
"Integer Valor"

Wim Mertens se sorprendía, incluso se indignaba, cuando en los 90 le preguntaban por las novedades que acompañaban a cada nuevo disco que presentaba. La concepción musical de este artista belga, su auténtico 'yo', iba a ser el mismo en cada paso que daba, la diferencia iba a estar en la instrumentación utilizada para expresar sus emociones, y ahí sí que nos podíamos encontrar una sustancial diversidad. Con "Integer Valor" confesó estar acercándose "a una forma amplia de composición musical (...) en la que caben los distintos acentos que tiene cada pieza individualmente, dentro de un todo". Realmente, es maravilloso notar cómo la instrumentación cobra vida en cada pieza concebida bajo este prisma. Esta serie de trabajos que orquestaba paulatinamente su música (piano, cuerdas y vientos, especialmente, sin olvidar las apariciones de la voz) comenzó realmente con "Motives for Writting" (1989), si bien queda aceptada una especie de trilogía maravillosa compuesta por "Shot and Echo" (1993), "Jardin Clos" (1996) y este trabajo publicado en 1998 por Les disques du Crépuscule titulado "Integer Valor", expresión latina que alude al respeto hacia la partitura íntegra tal y como ha sido escrita por un compositor. Al contrario, Mertens opina que "la experiencia musical va mucho más allá de lo que está escrito", respetando la permisibilidad en cuanto a la interpretación libre de la partitura, como un desafío ante el sometimiento a la autoridad musical, esa educación que "mata emocionalmente a buena parte de los que la reciben" (él mismo fue marcado por un inmerecido suspenso en la asignatura de guitarra, sólo por la forma de colocar la mano), y la portada del álbum -una pintura del francés Georges de la Tour titulada 'La femme à la puce'- representa, también como una rebelión ante la autoridad que es su triste destino, a una moribunda se está quitando una pulga. El Mertens más visceral se rebelaba una vez más, desde el primer vistazo a su nueva obra.

La penumbra del cuadro de De la Tour no se trasladaba, afortunadamente, al concepto musical de Wim, tan luminoso y exuberante como suele ser habitual, sin aspavientos pero sin complejos, totalmente seguro de sus variadas maniobras. "Integer Valor" pertenece a esa serie de trabajos más racionales de Mertens, de mejor asimilación y aceptación por parte del público, en los que una música fluida y amena encuentra acomodo, acercando términos y estilos, en terrenos más cercanos al pop que a la vanguardia. Cada uno de los ocho cortes del trabajo tiene su magia particular y una serie de detalles de inequívoca genialidad, tal vez no descubramos nada nuevo si conocemos a fondo la obra del belga, pero es todo tan vibrante y desprendido que se hace verdaderamente atractivo, incluso novedoso. "La fin de la visite" es una entrada apasionada a este mundillo orquestal tan vehemente y atractivo, un corte rotundo que recuerda a tiempos pasados de este artista por su excitante uso de los metales sobre un fondo repetitivo frenético de piano que le concede un elegante toque de distinción. Mertens torna en romántico al instante, en un "Au delà du fleuve" que retoma la idea de la sublime "Houfnice" (contenida en "Stratégie de la Rupture") pero de manera más dulce y sin la voz característica del belga, la misma que no se escucha en todo el disco. Es sin embargo "Comme en dormant" la cumbre melancólica del álbum, una de esas piezas como de otra época en las que de vez en cuando un músico logra plasmar toda la sensualidad que es capaz de reunir en cuatro benditos minutos de irrepetible y sencilla belleza. En momentos como este, Mertens sorprende hurgando en la dimensión más poética de la música. Diametralmente opuesta pero igual de inspirada es la anterior en el orden de temas, un "In 3 or 4 Days" donde se pone de manifiesto la especial capacidad del pianista para llevar a su terreno elementos dispersos, hacer suya una cadencia aguerrida, extraña, adornarla con una melodía desenfadada, añadir un fuerte componente orquestal con las notas secas de una guitarra, y de toda esta amalgama cohesionar otra pieza magistral en una obra que a estas alturas es ya una bomba de relojería. En "And Bring You Back" brillan de nuevo, alegres, todos los instrumentos, un completo conjunto que desarrolla una nueva melodía juguetona en cuyo cuerpo se distingue fácilmente esa guitarra, notas limpias y concisas como las de la gozosa "Tout est visible", que vuelve a aportar la delicadeza y romanticismo que ayuda a equilibrar el profundo vaivén de este completo trabajo. En el tramo final no desciende la intensidad, más al contrario "Yes, I Never Did" se alza como otra de sus cumbres, una completa partitura de envoltura orquestal, una marcha intensa, febril, donde vientos y la personalidad de los metales cobran protagonismo desatado. Para concluir, "Sidemen" es una gran sorpresa, una larga pieza (diez minutos) que gana con las escuchas, y cuyo título se refiere a los conocidos como 'sideman', músicos que acompañan a una banda. De nuevo juguetón al piano, este Mertens enérgico, de segunda juventud, se despide con gracia y estilo grandilocuente, puro espectáculo con unos dos minutos finales de lo más extraño. Hablando de esos músicos de sesión, en el grupo que acompaña al piano del líder, un saxofón soprano (Dirk Descheemaeker, que también interpreta el clarinete), un saxo alto (Marc Verdonck), trombón, tuba, trompa, trompeta, chelo, bajos, arpa, guitarra (Peter Verbraecken) y violas y violines, además de la voz de Els Van Laethem. Caso aparte, para extrañeza, es la inclusión con evidente claridad en el último corte, "Sidemen", de la percusión, un elemento no excesivamente habitual en la música de Mertens. Aquí la ejecuta Bart Quartier, que curiosamente formaba también parte de un grupo denominado Sideman. Casi una década atrás, la excepcional "No Testament" fue la primera gran muestra percusiva en la obra de Mertens, teniendo que esperar hasta "Jardin Clos" para volver a encontrarla (en "Often a Bird", por ejemplo); "Hors Nature", así como el final de "The Way Up", son otros grandes ejemplos en la versión integral del álbum, y es que las ocho composiciones de "Integer Valor" venían recogidas, ese mismo año 1998, en "Integer Valor Intégrale", una monumental demostración de las capacidades del músico flamenco, más completa que su predecesor por tratarse de un disco triple, que no perdía en absoluto el interés respecto al mismo (que en definitiva recogía algunas de las canciones más comerciales de esta triada, en un carácter de avanzadilla), sino más bien al contrario, es una escucha larga pero embelesada, auténtica razón de ser del proyecto y objeto de culto de cualquier fan. "To Obey" y "Positively Imperative" -del CD 1, "To Fill in the Blank"-, "Tout ça, cést fini", "Hors-Nature" y "Au fond, la mer" (versión silenciada del genial "Not Me" del álbum "Jardin Clos") -del CD 2, "Written Conversation"- o "The Way Down" -del CD 3, "Full of Cobbles"- son algunos de los títulos a destacar en esta excepcional orgía musical. Desde la primera y enorme relación de Mertens con el cine, en el film de Peter Greenaway "El vientre de un arquitecto", no han sido pocas las películas que han contado con música del belga en su metraje, aunque bien es cierto que no se trata en casi ningún caso de éxitos de taquilla. "Fiesta" fue una película dirigida por Pierre Boutron en 1995 en la que se anticipaban varios de los cortes de "Integer Valor Intégrale" como "The Way Dawn", "The Way Up" o un "In 3 or 4 Days" primario, sin la línea de guitarra. Así mismo, en "Father Damien" (de Paul Cox, conocida en España como "Molokai: La historia del Padre Damián") lucen, ese mismo año 1999, las cuerdas de "A Sandy Shore", que más desarrollada, pasaría a ser "Au fond, la mer" en el segundo disco del 'Intégrale'.

Este músico en plenitud de forma parecía haber encontrado con esta atractiva faceta de su música el secreto de la fascinación, necesario para lograr el seguimiento incondicional de numerosos fieles, de hecho "Integer Valor" -y especialmente con su versión integral de tres discos- es uno de los trabajos más equilibrados en la carrera de este contumaz compositor, plagado de melodías limpias y de variada instrumentación, impostadas hacia un estilo neoclásico pero abierto a nuevas tendencias, una estética atractiva que, como incomprensible anatema desde según qué medios, también encontró voces negativas y retrógradas, los típicos detractores de la obra del belga que le tachaban de aburrido y falto de ideas, cuando su producción, tanto en vastedad como en variedad, demuestra lo contrario. Tal vez el reconocimiento del público, el seguimiento de los medios y un aceptable número de ventas hicieran que algunos consideraran que Mertens tuviera que bajar a la tierra, tal vez no le perdonaran su facilidad para componer piezas populares, su falta de soberbia, o que pensara en el oyente más que en los críticos esnobistas. Su música es simplemente suya, puede perfectamente encontrar acomodo en la melodía o buscar la profundidad de proyectos más difíciles. Creador infalible, este ideólogo del mimimalismo americano ha creado con el tiempo su propio minimalismo a la europea, una impagable marca de agua que muchos intentan imitar. Por ejemplo su propio hermano, Eric Mertens, publicó en 1995 un interesante trabajo titulado "Spleen", en el que se prolongaba la estética digna de su apellido, y colaboraba algún nombre conocido, como el del habitual de Wim, Dirk Descheemaeker. 

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10.3.17

WIM MERTENS:
"Stratégie de la Rupture"

La evidencia de que una gran mayoría de los pianistas que podemos conocer en la actualidad en el ámbito de las 'nuevas músicas' tocan de un modo parecido, carentes de alma y con escasa capacidad de sorpresa, hace aún más valorable y atractiva la propuesta de artistas con mayúsculas como Wim Mertens, que siempre ha denunciado la arcaica y artificiosa educación musical de conservatorio, que limita por lo general la capacidad imaginativa y de abstracción de los niños y de los jóvenes. Mertens propone una ruptura con lo académico, "no por jugar a ser rebelde, sino porque siempre he tenido la convicción de que el inconsciente no es algo que funcione en términos de tiempo medido". No en vano, su experiencia fue totalmente negativa durante los diez años en los que estudió guitarra y piano. A los 18, tras un suspenso en guitarra, abandonó sus estudios ("para mí, todos los elementos técnicos están en un segundo plano, lo único que cuenta es la expresión musical") y comenzó a planear su 'ataque' musical', que comenzaría una década después, ya inaugurados los años 80, tras estudiar Ciencias Sociales y Políticas en Lovaina y Musicología en Gante. El ataque fue tildado de minimalista, tal vez por haber escrito un famoso libro sobre el tema ('American Minimal Music'), tal vez porque su propia música desarrollaba por momentos elementos repetitivos y vanguardistas. Una variación más melódica y privada en su oferta compositiva fueron, desde 1986, sus discos de piano y voz, y habiendo pasado ya cinco años desde que el seminal "A Man of No Fortune and with a Name to Come" inaugurara esta serie de obras del belga, y tres desde la continuación de esa vía de expresión ("After Virtue"), Les Disques Du Crépuscule (GASA en España) le publicaron en 1991 un nuevo trabajo de canciones sin letra definida titulado "Stratégie de la Rupture".

Tal vez la ruptura que proponía el artista fuera con esa imagen que la crítica tenía de su música, y a fe que el minimalismo que podía cuadrar con algunos momentos (muy disfrutables, por otro lado) de obras como "Struggle for Pleasure", "Maximizing the Audience" o "Educes Me", comenzaba a ser reconducido hacia una iluminada música para conjunto (de formaciones combinables), que dejaba paso de vez en cuando a propuestas más personales, la vertiente contemporánea en sus ciclos -maduros y difíciles de seguir-, y el mencionado éxtasis en el que piano y voz se citan en juegos prolijos y en apariencia apocados. Al hilo de ese carácter, el caso es que Wim, poco amigo de fotografías, ponía por primera vez su imagen para recibirnos con un grupo de piedras rotas en la portada de este fenomenal trabajo, que coincidía tal vez con su momento de mayor popularidad. Y "Stratégie de la Rupture" no decepcionaba, es tal la dosis de pasión suministrada por garganta y manos, y la inventiva tan abrumadora que, preparado o no, el público se topaba con un gozoso deleite en esta extravagante, chocante y muy atrayente combinación. Tiene mérito colocar "Darpa" a la entrada del álbum, no porque se dude de su belleza (el tema es extraordinario -tal vez el tapado del disco- y Mertens regala un registro vocal incluso más allá de lo habitual en él hasta entonces), sino por su comienzo dubitativo hasta alcanzar el tono melódico adecuado, y su larga duración, circunstancias que no son precisamente halagüeñas para la atracción del oyente distraído. No era nueva en su obra esta desafiante táctica, en un artista que sin duda creía firmemente en sus posibilidades. Si no fuera así tal vez un corte como el segundo, "Wia", hubiera sido más apropiado, una composición de las grandes de Mertens, un piano dulce, de antigua elegancia, sin voz, tal vez para no mancillar tan bella melodía. "Jaat" es algo mas convulsa, con gran carga dramática, tal vez no tan propia de la vertiente de piano y voz, pero enseguida llega otro de los puntos fuertes del trabajo, "Houfnice", gran demostración de cómo conducir una pieza de estas características de manera adictiva, ceremoniosa; en esa especie de juego de autoreferencias que maneja el belga, "Au dela du fleuve" (incluida en su trabajo de siete años después "Integer Valor"), parece incidir en su melodía. "Hufhuf", que fue el single principal del álbum, encierra una encantadora pesadumbre en su serenidad; "Jod", el corto final de "Jérémiades" (su siguiente trabajo de voz y piano, en 1995), presenta parecidas notas. "Iris" tiene un ritmo contagioso que rompe el clima de nostalgia (aunque el resultado final de sus llevaderos casi diez minutos no sea tan vistoso), y "Humvee" es otra pieza que, sin destacar, contribuye a una buena escucha del disco, mientras que "Kanaries" es el corte más tranquilo y relajante del mismo, de nuevo sin voz, como la destacada "Wia", y como el tema de cierre, "Awol", que mantiene su serenidad en una extensión mucho más corta. Además, en el CDsingle de "Hufhuf" venían incluidas cuatro nuevas composiciones de corta duración, posiblemente descartes del álbum, pero de indudable calidad, especialmente la rítmica "Far", mientras que "Slam", "Karet" y "Keed" son suaves solos de piano, en este single cuya portada es una pintura del propio Mertens, del estilo de las que se ven detrás del artista en la propia portada del álbum (que en Grecia tuvo una edición con diferente fotografía y tipografía). Es "Stratégie de la Rupture" un trabajo por lo general placentero en la melodía, de ritmos asequibles y armonías elementales, que nos acercan a una concepción libre del arte musical, que encandila fácilmente al seguidor de estas corrientes tan de moda hace unas décadas, que alegraban la existencia de un numeroso y ferviente público.

Decía Mertens que para el artista, su reto y "el que debería ser el de todo el mundo", es encontrar "la propia voz" para expresarse, sea cantada o instrumental. En su discografía, que es como un frondoso árbol en el que cada rama es una faceta de su música, su voz auténtica, la que emerge de sus cuerdas vocales, es una chocante apuesta en falsete y sin sentido gramatical: "Creo que la expresión musical que busco en su expresión más pura, es lo que hago a veces con mi voz, algo muy íntimo que no puedo comunicar a otro músico, aunque lo escriba". Una elección no idiomática curiosa dado que en Bélgica, su país natal, se habla de manera oficial neerlandés, francés y alemán. Antinatural, forzado para unos, divino para otros, lo cierto es que esta gama de discos enganchan inapelablemente, tras su fachada de ingenuidad infantil se esconden luminosas intenciones, y junto a esa forma desenfadada de tocar el piano conforman lo que parece un divertimento privado que comenzó a trascender a todo el mundo por la puerta de atrás, alcanzando de inmediato, por su frescura y genuino desparpajo, la principal. Eso sí, la hiperactividad musical de este creador hizo que, prácticamente a la vez que este "Stratégie de la Rupture" (que es un disco bastante olvidado en directos y recopilatorios), se publicara el primero de sus ciclos, "Alle Dinghe", y sólo un año después una nueva propuesta para conjunto, original y maravillosa, de título "Shot and Echo". 

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1.8.13

WIM MERTENS:
"Shot and Echo"

La versatilidad del compositor belga Wim Mertens hace que pueda llegar al gran público de diversas maneras, aparte de sus especiales trabajos para piano y voz y de las difíciles series de interesantes obras experimentales como "Alle Dinghe" o "Gave van Niets", este pianista inauguró en los 90 un estilo más desenfadado y entretenido, alejado de atmósferas antiguas y de la anticomercialidad extrema, con un amplio conjunto en el que no faltaban piano, cuerdas y metales, pieza esencial de un adictivo juego entre él y su público que le iba a otorgar grandes resultados de calidad, al derivar su minimalismo hacia un vanguardismo muy popular y asimilable. Producido por el propio Mertens y publicado en 1993 por Les Disques du Crépuscule, "Shot and Echo" es el álbum que inaugura este estilo sólido y atractivo, cuya primera piedra fuera realmente el sensacional "Motives for Writting" de 1989, del cual repiten varios de los músicos encargados de la sección de metal, encabezados por Dirk Descheemaeker, en un tratamiento muy original y curiosamente comercial de unos instrumentos tan poco convencionales y difíciles de integrar en formatos de corte melódico destinados al gran público, como son saxo, clarinete, tuba, trombón, oboe o trompeta, mientras que el violín cuenta con una presencia de difícil distinción. También hay voz en esta nueva faceta, pues una paisana de Mertens, la soprano Katelijne Van Laethem, contribuye con sus cuerdas vocales en "Shot and Echo", si bien su registro es a veces confundible con el falsete del pianista, que parecía no querer desmarcarse del todo de sus trabajos anteriores.

Algunos de los temas de este disco, como "Watch Over Me" o "Wandering Eyes" parecen provenir de ideas concebidas para encargos de cine de la época, ya que Mertens, cuyo más conocido trabajo para la pantalla grande había sido la banda sonora de "The Belly of an Architect", de Peter Greenaway, había colaborado durante estos años con directores como el alemán Tom Tykwer o los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne. De todos modos, "Shot and Echo" va más allá de cualquier iniciativa fílmica, teatral o de danza, tiene vida propia, es un álbum con mayúsculas cuyo primer sencillo, "Their Duet" es también un soberbio comienzo, una pieza muy popular del repertorio de Mertens, con la tuba marcando el ritmo, grandiosa entrada de la trompeta, y un piano y voz que encuentran en ese pequeño caos una melodía grata y completa, que fue utilizada en la publicidad española de Telefónica y en la europea de Telecom. A continuación, un sinsentido de instrumentos de viento origina una composición atrevida que acaba resultando espectacular y ante todo distinta a cualquier cosa que se pueda escuchar que no lleve asociado el nombre de Wim Mertens: "His Own Thing" le debe todo al primer Mertens, al de la experimentación con sonidos casi de videojuego, en un bucle de glissandos excesivamente largo, pero que podemos tomar como una extravagancia aceptable al estar rodeada en el disco por dos pequeñas joyas como son "Their Duet" y "Watch Over Me". Con sones de pop medievalista y melodía de canción ligera adaptada al clarinete, esta última supone uno de los momentos más completos y abrumadores de un álbum tan inusual como atractivo, y es que "Watch Over Me" es una animada creación de un artista en absoluto estado de gracia, capaz también de idear momentos de encantadora sencillez como "One Who Matters", que presenta un agresivo pero agradable contraste entre su sutil comienzo clasicista (violín y violonchelos) con el añadido popular de la trompeta y un toque modernista que nos conduce a un paraíso de originalidad. Como única pieza que supera la decena de minutos en el disco, "Silver Lining" es una larga y climática atmósfera, en voz baja, donde notas graves de trombón ponen el tono de suspense junto a rotundos teclados y la voz de Katelijne Van Laethem que secunda las secas notas de una guitarra, instrumento 'maldito' que aparece por primera vez en la obra del pianista. En la tercera gran composición del trabajo, de título "Shot One", es un feliz y frenético piano el que marca el rumbo de la pieza, aunque son por supuesto los vientos y la voz los que los que la embellecen de manera característica, única y, como casi siempre, soberbia. En la recta final, "We'll Find Out" es un corte de nuevo muy del estilo vanguardista de sus primeros trabajos, mientras que "Let Him Go", aún sin evolucionar en demasía, parece mirar más hacia adelante. "Wandering Eyes", sin destacar especialmente en el disco, es un cierre acorde con el conjunto del mismo, una pieza muy del estilo del belga. Los mismos metales que pueden otorgar sones lúdicos a piezas de escasa trascendencia como "His Own Thing", tornan en cálidos y afables cuando se trata de demostraciones de melodía grata a juego con la voz ("Their Duet" o "Shot One", los dos temas principales), incluso románticos si se precisa ir más allá sin acompañamiento vocal ("Watch Over Me"), en un álbum en el que Mertens propone un juego ameno y alborozado en el que el oyente acaba sintiéndose un protagonista más por la claridad de sus nueve cortes, directos y profundos.

Ramón Trecet, que de esto sabe algo, denominaba a Wim Mertens como el portavoz de una manera de hacer las cosas en el libro sobre los 20 años de Radio 3, una emisora y un programa ('Diálogos 3') donde la música del belga encajaba a la perfección. "Shot and Echo" posee una extraña alegría contagiosa, una nueva faceta que va a 'maximizar la audiencia' del belga en sucesivas entregas. Los vientos son los afortunados comensales principales de esta bacanal melódica en la que Mertens parece huir del protagonismo extremo que acaparaba en sus discos de piano y voz, que van a seguir alternándose con obras como esta. Este sorprendente trabajo fue complementado por otro de título "A Sense of Place", de muy parecida portada y siete temas entre los que destacaban especialmente los más cortos, "In a Void", "D.C.O.L." o "The S-Song" (que retomaba la idea de "Shot One"), si bien era menos fluido, de escucha más difícil. En 2004 se editó una edición en doble CD con los dos álbumes, cuyas pinturas de las portadas en ambos casos son una vez más de este completo artista que se llama Wim Mertens, un músico inquieto y fabuloso que transforma en belleza sus ideas con gran facilidad y enorme actividad. A colación del interés por la literatura de nuestro músico, cabría decir que si el escritor francés Stendhal hubiera vivido en esta época y acudiera a un concierto de Wim Mertens, puede que el mundo conociera una formulación totalmente distinta de su famoso síndrome.

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14.12.11

WIM MERTENS:
"A Man of No Fortune and with a Name to Come"

En la música contemporánea de los últimos tiempos se han impuesto fácilmente, con el beneplácito de la crítica, obras por lo general de audición complicada para el gran público. No se pueden negar sus cualidades, pero sí admitir la dificultad para despertar interés y ampliar el número de seguidores. Otro tipo de compositores han intentado abrir las fronteras para facilitar su música, topándose así con el desprecio del sector más retrógrado de la crítica, pero accediendo a un mercado entusiasta como el de las nuevas músicas (con todo lo despectivo o atractivo que el nombre pueda conllevar), sin olvidar por ello sus convicciones y prioridades. El estirado compositor belga Wim Mertens es uno de los ejemplos más claros de ese acercamiento a estructuras más sencillas (cuidado, también es preciso investigar en sus series más complejas, intercaladas entre sus éxitos) que encuentran difícil acomodo en cuanto a su definición estilística. Una de las muchas líneas de actuación de este dinámico artista consiste en la interpretación en solitario utilizando solamente piano y voz, con la peculiaridad de cantar en falsete versos sin ningún tipo de significado. Así, diciendo prácticamente nada, Mertens dice realmente mucho, algo además distinto y único, directo y sincero. "A Man of No Fortune and with a Name to Come" fue su primera referencia de piano y voz, publicada por Les disques du Crépuscule en 1986 con una artística portada que refleja la soledad del intérprete.

"Toda mi música, incluso la instrumental, viene de una inspiración vocal", afirma Mertens. Así se puede entender mejor que engalane sus piezas con tan extraño canto, que aunque al principio pueda resultar chocante, incluso algo absurdo o histriónico, acaba atrapando, convenciendo y esperando más de esa manera tan peculiar de entender la música de piano, en la que lo popular y lo clásico se dan la mano. "A Man of No Fortune and with a Name to Come" fue grabado en dos días sin ningún tipo de manipulación adicional y estaba dedicado a su padre, Henri, que también era músico. Presenta por lo general una marcada emoción en seis piezas inspiradas, placenteras y de duraciones amplias, si bien su único 'single' se sale de la norma general al tratarse de un riff movido de menos de tres minutos, con un tratamiento vocal más intenso; "Hirose", así se titula, toma el nombre de una antigua novia japonesa de Wim, Rika Hirose, cuya única acreditación en su obra es de fotógrafa en "Educes me" y como vocalista en "If I Can", trabajos ambos de esta misma época. "Casting no Shadow" es un comienzo bonito y melódico, en el que la voz se presenta tímida al minuto y medio, intentando equilibrar la belleza clásica del instrumento con un toque personal y extravagante por lo distinto e inesperado; este inicio, además de sereno y hermoso es ciertamente largo (once minutos y medio), pero se trata de una de esas melodías que podrían ocupar sin temor una mayor extensión. Así lo hace "You See", única de las canciones en la que parece escucharse una frase con sentido (la que le da título), en un entorno de quince minutos alegres y desenfadados en los que también hay tiempo para una calma tensa. También tranquilas son "A Tiels Leis" (de melodía bella y sustanciosa, aunque de menos matices hasta su cambio de registro hacia la mitad de su extensión, que deja ver a un Mertens más exultante) y "Naviamente" (reposada, envolvente y plástica, cuya expresividad viene dada tanto en lo rotundo de las notas del piano como en la acongojante interpretación vocal). Es sin embargo el corte número cinco uno de los más acertados del álbum, un clásico en el repertorio de este enorme músico (de hecho se trata de una composición anterior, grabada con distinto tratamiento para el álbum "Vergessen"), de título "Multiple 12", en el que, él tendrá sus motivos, no utiliza la voz; de cadencia lenta y agradable, continúa con una cierta incertidumbre general sobre si el propósito del álbum se nutre de celebración o de duelo contenido. En su reedición de 2008, "A Man of No Fortune and with a Name to Come" incluía un anecdótico (su duración es inferior a un minuto) séptimo corte, "Noli me Tangere", que era en realidad cara B del single de "Hirose". El éxito de este trabajo y la creciente fama de Wim Mertens fueron motivo suficiente para acometer una larga gira que, aparte de pasar por España y demás países europeos, también llegó a Estados Unidos, en concreto a New York, Houston y Los Angeles; su éxito provocó la rápida respuesta de Windham Hill, que publicó dos recopilatorios del artista, "Close Cover" en 1986 y "Whisper Me" en 1988, si bien ninguno de los dos incluía canciones de "A Man of No Fortune and with a Name to Come". El film franco-belga "Between the Devil and the Deep Blue Sea", conocido en España como "Entre dos mares - Li", contó con este disco como banda sonora, y es es que al parecer su directora, Marion Hänsel, trabajó durante varios años en el guion mientras lo escuchaba compulsivamente; la BSO, que es el mismo disco con el mismo listado de temas, añade en su portada 'Basada en "A Man of No Fortune and with a Name to Come"'.

La 'generación perdida' fue el nombre con el que se conoció a una serie de escritores norteamericanos residentes en Europa en los años 20 del pasado siglo. Tal vez los más conocidos de todos ellos fueran John Dos Passos, Francis Scott Fitzgerald, John Steinbeck y Ernest Hemingway, sin embargo para nosotros es destacable la influencia de otro de ellos, Ezra Pound, en la obra de Wim Mertens, en especial en los títulos de muchas de sus composiciones, como el del trabajo que nos ocupa, "A Man of No Fortune and with a Name to Come", perteneciente a su 'Canto I'. Pound fue clave en una cierta revolución poética de su época con el empleo del verso libre en composiciones largas, del mismo modo que Mertens capitaneó su propia revolución vocal en la música contemporánea con sus extravagantes composiciones para piano y voz, trabajos llenos de vida y energía intercalados entre otros en conjunto, sinfónicos, o complicados juegos vanguardistas. Mertens, junto a Michael Nyman y Philip Glass, capitanea otra generación, pero no 'perdida', sino populosa y reconocida, la de los minimalistas del último cuarto del siglo XX. Bravo por Wim y por compartir con el mundo sus múltiples expresiones de talento.

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5.12.10

VARIOS ARTISTAS:
"Música sin fronteras"

En la facilidad de los discos recopilatorios está la facultad, en muchas ocasiones, de poder abrirnos los ojos. Algunos de ellos son como un bautismo en ciertos tipos de música, un vehículo que resulta más fiable cuanto mejores son los medios, las intenciones y, por supuesto, la elección de las músicas en ellos recogidas. La new age, ese término tan en alza en los 80, necesitaba un afianzamiento de sus intenciones en nuestro país, y este llegó en 1991 por medio de GASA (Grabaciones Accidentales, S.A.), sello discográfico español que comenzó como independiente a comienzos de los 80 para publicar los trabajos del grupo Esclarecidos y afines, y continuó por caminos comerciales cuando grabaron en él grupos como La Dama se Esconde, Seguridad Social y Duncan Dhu. Hasta ese momento la música conocida como 'new age' se había empezado a colar en ciertas compañías, distribuidoras, programas de radio y en los estantes de las tiendas, pero el auge que va a cobrar en los 90 iba a traer a España un mayor número de referencias, documentación y por supuesto eventos en directo, logrando incluso los artistas de mayor calidad y algún que otro locutor de radio de gran talento y mejor ojo una enorme popularidad.

Dieciséis canciones se dan cita en esta compilación doble de diseño sencillo y elegante, una obra de Antonio Bueno titulada 'El jardín' que llamaba poderosamente la atención, y que la compañía tuvo el acierto de adecuar en cada una de las continuaciones con pequeños cambios en el motivo floral. De premio. El título, rotundo y definitorio, pudo contribuir a su éxito, si bien hay que decir que la compañía Venture (filial de Virgin) ya denominó "Music Without Frontiers" a una serie de recopilaciones de sus músicas instrumentales unos años antes. Comenzar con el clásico de Wim Mertens "Maximizing the Audience" es toda una declaración de intenciones musicales. De muy buenas intenciones, por supuesto, las que conducen por nuevos caminos, en los que no cuentan cifras, duraciones o radiodifusiones masivas, sino destreza, innovación, sensibilidad, calidad en definitiva. En las cuatro partes de que consta "Música sin fronteras" se pueden distinguir otras tantas tendencias agrupadas en orden: en la primera nos encontramos con seis nuevos clásicos con querencia al minimalismo, denominación en la que destacan especialmente Wim Mertens, Michael Nyman (del que escuchamos el conocido "Chasing Sheep is Best Left to Shepherds") y Philip Glass ("The Photographer Act. I - A Gentleman's Honor"), con la inclusión del renombrado clarinetista Richard Stoltzman (con su impresionante "Begin Sweet World"), la teclista Suzanne Ciani ("The Velocity of Love" es el tema elegido) y el pianista irlandés Mícheál Ó Súilleabháin ("The Plains of Boyle", de su disco "The Dolphin's Way"). La segunda parte atildaba en un jazz ligero, con los nombres del grupo de jazz The Lounge Lizards, liderado por el saxofonista y actor John Lurie ("Bob the Bob"), del guitarrista y productor español Adolfo Rivero (que contribuye con un sorprendente tema de título "Follow Me", una de las sorpresas de la recopilación) y con el grandísimo clásico de la música en general "Ese amigo del alma", del argentino Lito Vitale. Un envolvente ambiental electrónico nos recibía en la tercera parte, desde el renombrado "Cafe del mar" de Frank Fischer hasta otra sorpresa con sones de dulcimer, "Galapagos" del grupo alemán Never Been There, pasando por ese renombrado experimento que supone "Poem Without Words II - Journey by Night" de la vocalista inglesa Anne Clark, y el siempre cumplidor Vangelis, del que aciertan incluyendo el corte "Metallic Rain" de su trabajo "Direct". La compilación acaba con tres temas con elementos de world music, del teclista alemán Mike Herting ("The Cutting of the Trees"), nuestro Luis Delgado ("Top Kapi Saraji" era uno de los cortes destacados del documental "Alquibla") y Le mystère des voix bulgares ("Mrs. Nedelja became famous"). Ese año del éxito de Juan Luis Guerra y del "Aidalai" de Mecano, que ocuparon los mejores puestos en las listas de ventas, "Música sin fronteras" obtuvo unas cifras discretas pero sorprendentes para este tipo de música, llegando al número 28 en dichas listas, en las que permaneció doce semanas. A tenor de ese éxito resultaba evidente que, con el retraso que culturalmente solíamos acumular en este país, se había abierto un nuevo mercado, muy apetitoso por sus expectativas de crecimiento. Sin duda el consumidor poco avispado no iba a poder distinguir con claridad sombras y luces en ese nuevo mundillo, por lo que este tipo de recopilatorios iba a ser un vehículo fundamental para la selección y el descubrimiento de nuevas maravillas musicales, un puñado de las cuales conformaban el primer volumen de "Música sin fronteras", que no hay que confundir con otro recopilatorio que DRO publicó en 2001 con el mismo título, pero que andaba por los caminos del chill out que estaba en boga en aquella época (de hecho el subtítulo era 'Una aproximación a la música ambient y Chill Out'), con gente como Nittin Sawhney, Morcheeba, Orbital o Groove Armada. Sin embargo, sí que hay que hablar de una serie de continuaciones que siguieron aumentando nuestra riqueza musical y minándonos el bolsillo: ese mismo año 1991 se publico "Música sin fronteras volumen II", con niveles de calidad cercanos a su antecesor, y en los próximos años se publicarían los volúmenes III, IV, V y "Música sin fronteras, lo mejor", que no era una 'recopilación de recopilaciones' sino la sexta y definitiva entrega de la saga.

Quince años después del lanzamiento de "Música sin fronteras", GASA publicó una segunda edición, "Música sin fronteras Revisited", con idéntica presentación aunque unas pequeñas variaciones en el listado de temas: extrañamente eliminados los de Mícheál Ó Súilleabháin y Lounge Lizards, fueron sustituidos por dos composiciones inéditas de Wim Mertens ("Positively Imperative" y "The Scene") y una de Seoan titulada "Myati". Los creadores de la idea original expresaron en esta revisión que con este compendio de temas pretendían "eliminar las barreras infranqueables (...) que separaban estos tipos de música de otras bellas artes que encasillan a cada músico en un estilo musical, que popularizan más a los principiantes de aspecto atractivo que a los profesionales dedicados, que limitan el desarrollo artístico de todas las personas". Lo que se puede asegurar es que en esta doble maravilla no sobraba absolutamente nada, y a pesar de contar con grandes estrellas, tampoco se puede decir que fuera a lo más fácil. De hecho, el esfuerzo compilador reunió a artistas de los sellos Les Disques du Crépuscule, Virgin Records, BMG Ariola, CBS, Verabra Records, Intuition Records, Ciclo 3, RNE, Innovative Communication y Jaro, consiguiendo que hubiera más calidad en un sólo minuto de esta recopilación que en una hora de cualquier radio comercial al uso.

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9.10.09

WIM MERTENS:
"Motives for Writing"

Siempre ha afirmado Wim Mertens que la literatura es una de sus pasiones, y aunque destaque que no suele haber relación entre los títulos de sus trabajos y la música contenida en ellos, es ineludible encauzar su inspiración por medio de ciertas referencias, por ejemplo literarias. Un título tan definitorio como "Motives for Writing" (motivos para la escritura) no esconde sin embargo referencias directas a sus escritores favoritos, sino que nos adentra un poco más en su concepto musical sin otro tipo de interferencias, pues el lenguaje utilizado en las letras de las canciones de este trabajo es, como suele ser habitual en él, un recurso inventado de carácter más instrumental que vocal. En la obra para conjunto de Mertens la música fluye con facilidad, incluso de modo insultante en trabajos de gran envergadura como el que nos ocupa. Gran parte de la culpa la tiene una estupenda sección de metales, instrumentos como la trompeta, la tuba y el trombón, que aparecen por primera vez en la obra del belga y se combinan con otros ya clásicos en su repertorio como piano (su instrumento por antonomasia), clarinete, saxo (con la eterna presencia de Dirk Descheemaeker alternando estos dos instrumentos), piccolo, arpa o violín. También el fagot se sitúa en la lista de novedades y añade un nuevo timbre a un conjunto publicado en 1989 por "Les disques du Crépuscule".

Se dice que para este disco Mertens se inspiró en música sacra antigua utilizada en la Semana Santa de Sevilla, algo que no resulta ni evidente ni fácil de discernir, aunque bien es cierto que su primer concierto sevillano tuvo lugar el año anterior de la publicación de "Motives for Writing". No era esa la primera vez que actuaba en España, en febrero del 86 tocó en solitario en una discoteca de Madrid (Sala Universal), volvió con su conjunto en diciembre del mismo año al mismo lugar, con igual éxito (un concierto publicado en CD en 2004 como el quinto volumen de la serie "Years Without History", que recogía conciertos de varias épocas y lugares), y a finales de los 80 se le acopló al cartel de los festivales de jazz de Madrid, San Sebastián y Barcelona, algo que Mertens justificaba así: "no tiene sentido hablar de diferentes tipos de música, mis conciertos tienen cabida en cualquier tipo de festival". Seis composiciones poblaban "Motives for Writting", "Watch!" es un frenético delirio digno de ser disfrutado en directo, una animada obertura cuya corta duración, aunque deje con ganas de más, le confiere un cierto poder y podría hacer buena la coplilla de Gracián 'lo bueno, si breve, dos veces bueno' si eso no dejara en mal lugar a los cortes de larga duración del trabajo. El empleo en el segundo corte, "The Personell Changes", de un lenguaje musical tan alejado de lo establecido (en cuanto a las melodías, cambios de ritmo, instrumentos, voz...) convierte a este tipo de composiciones en unas 'rara avis' de la comercialidad, pues realmente y dentro de su experimentación, hablamos de un artista que ya era conocido, respetado y seguido por una pequeña cohorte de fieles; es la voz lo que más puede chocar en un ambiente rotundo dominado por los vientos, a los que los teclados parecen imitar con una cierta gravedad. El mayor acercamiento a un minimalismo de repetición acontece en "Paying for Love", que desenvuelve en sus primeros minutos un ambiente sereno donde la voz y trompeta no sólo no desentonan sino que ayudan a mecer en un lánguido arropo con suficiente 'alma' como para que los once minutos de la pieza sean extrañamente cortos. Esa fluidez natural que acompaña gran parte de la carrera de Mertens (la menos vanguardista, realmente, con la que puede vender mayor cantidad de discos) le permite lograr melodías geniales, como el gran éxito de este trabajo y que nos adentra en la 'cara B' del mismo, la rítmica "No Testament", hermosa muestra de genialidad en la utilización de la sección de metales y vientos para terminar amasando un sonido moderno y arrebatador en una concepción cuanto menos extraña (y desde luego propia) de la música contemporánea. Incluso ha tenido (y no es la única pieza de Mertens que ha contado con ese dudoso honor) versiones para discoteca. Susurrante, adormecedor, tan sereno como "Paying for Love" pero en otra envoltura, así se presenta el clarinete en "Words on the Page", en un apasionante monólogo de atemporal hermosura; sin reglas aparentes, la atracción no puede romperse mas que por el (en este caso) incómodo silencio, a los trece minutos del comienzo. En general nos hallamos ante uno de los discos más extrañamente hipnóticos de Wim Mertens, aunque también más fáciles y cercanos, combinando soliloquios como este "Words on the Page" con piezas de melodía identificada y convertidas en grandes clásicos del belga como "No Testament" o la maravilla que cierra el álbum, "The Whole", apabullante demostración de clase sin fecha de caducidad que marca la distinción entre este músico esencial y sus imitadores, una composición en la que el pianista canaliza su energía interior hacia un soberano juego entre vientos y cuerdas, que parece ir más allá de la razón, y que Mertens rescataría en forma de variación a las cuerdas, con el título de "Song and Story", en la primera parte de "Alle Dinghe" ("Sources of Sleeplessness"). "No Testament" fue el sencillo elegido, por méritos, para promocionar el disco, con "Watch!" en la cara B del 7", y varias composiciones más en el CDsingle, "The whole" y tres temas nuevos, "Stretti" -una de sus 'counting pieces', esas composiciones que presentan una cuenta atrás-, y las excesivamente cortas, poco desarrolladas, "Flank by Flank" y "Figs".

Siempre intentando ir más allá de lo convencional, este desgarbado músico se desenvuelve con soltura y delicadeza en un mundo difícil, en el que ha conseguido imponer su exclusivo estilo en una obra de gran carisma y personalidad que abarca varias décadas. Con discos como éste, Mertens llama a la puerta de las minorías abiertas a todo y opta por una nueva sensibilidad, de corte propio, pero extensible a todos los que necesiten derribar fronteras y encontrar nuevos caminos sin importar clase, modo o condición. "Struggle for Pleasure" (que contenía su gran éxito "Close Cover"), "Maximizing the Audience" o "A Man of no Fortune and with a Name to Come" fueron sus grandes discos anteriores a este "Motives for Writing", al que seguirán otros completos y en ocasiones incomprendidos trabajos como "Strategie de la Rupture", "Shot and Echo", "Jérémiades", "Jardin Clos", "Integer Valor" y muchas más joyas en una dilatada discografía que, como sus giras, parece no tener fin. Esas obras esenciales fueron rescatadas en 2008 por EMI Classics en ediciones digipack, como este "Motives for Writing" que contó con una pequeña estilización de la tipografía de la portada. Por lo demás, la misma ingeniosa música que, aunque solamente durante cuarenta minutos, hiciera las delicias de cualquier melómano en 1989.

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