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12.12.23

THIERRY FERVANT:
"Blue Planet"

Algunos músicos han explorado en el escaparate de la fantasía, incluso del misterio, con verdadera solvencia. A pesar de no ser un emblema de esa temática, el compositor suizo Thierry Fervant se supo aprovechar de la tecnología en alza de los años ochenta para presentar al mundo una música amena, comprometida con un cierto esoterismo, y verdaderamente adictiva. Con las mimbres de aquella entrañable época, y sin ser tan emblemático como esa evocación de la creación del mundo que fue "Univers" en 1980, o tan popular como su onírica y evocadora exploración en el inquietante mito del Rey Arturo, "Legends of Avalon", que llegaría pocos años después, en 1988, Fervant se acercó en "Blue Planet" a lo mágico de esos otros plásticos, recurriendo en esta ocasión a la ciencia ficción, a una historia que bien podría pertenecer a novelas de Isaac Asimov o de Arthur C. Clarke (de hecho, a muchos les puede recordar especialmente a la trama de 'Los cánticos de la lejana Tierra', que una década después de este "Blue Planet" plasmó en un disco Mike Oldfield con el título de "The Songs of Distant Earth").

Grabado por Fervant y Chris 'Snoopy' Penycate en el estudio Maunoir de Ginebra, fue en 1984 cuando M. Records (el primer sello de Thierry Mauley, es decir, Thierry Fervant) y Corona Music Company publicaron "Blue Planet" en Suiza. Fue en 1990 cuando Quartz Music (el segundo sello, más avanzado, de Fervant) se encargó de la publicación de un CD mejor distribuido, especialmente por Europa. Este trabajo encierra una historia fantasiosa sobre un viaje de otra civilización desde una galaxia lejana: "Después de la destrucción accidental de su hogar, los supervivientes buscaron a través de años luz otro planeta habitable. Encontraron el sistema solar, y el tercero desde el sol era un planeta azul: la Tierra. No eran dioses, ni invasores, simplemente personas, como tú o como yo, venían de un astro diferente como si fuera otro pueblo, otro país. Lo único que esperaban era reconstruir su civilización. A cambio ofrecieron su conocimiento, su tecnología y su amistad. Pero no estábamos preparados para recibirlos. Su 'planeta azul' no era el paraíso que parecía ser desde el espacio; bajo sus nubes, la guerra, la violencia y la contaminación habían reducido su capacidad de sustentar vida, y el proceso se estaba acelerando. Dejaron el sistema solar y partieron a través de la oscuridad interestelar, para buscar un nuevo planeta azul...". La introducción al álbum, "Alien", es original, un sonido similar al de una gota de agua al caer se convierte en una sucesión de notas tremendamente sencillas pero de una fuerza misteriosa ayudada por los efectos de sonido. Enseguida sorprende la llegada de la voz en "Elsewhere", nadie nos había avisado, pero la canción arranca sobre un lecho electrónico, y la percusión realiza acometidas eventuales; como interludio, una bonita emulación de cuerdas. Hay una hermosa pátina retro sobre esta música y lo que la rodea. De nuevo la percusión parece por momentos desbocada en "First Contact", pero es así porque representa una situación tan difícil de concebir como ese primer contacto con una civilización extraterrestre. La pieza se completa con otra sucesión melódica sencilla y un nuevo interludio calmado compuesto por voces tratadas por sintetizador. "Peace of Mind" es una hermosa y pacífica balada, que Fervant rescaratará, con el título cambiado a "The Equilibrists", en su trabajo de 2013 "Tao Meditation". Como contraste, "Discovery" es aguerrida, potente, aunque como otras composiciones del álbum, no concreta una melodía definida o pegadiza, sino que se recrea en el ritmo que producen una serie de notas de teclado repetitivas. Por contra en la siguiente, "Wellcome", sí que hay un intento melódico con emulación de viento. "Contrast" es la siguiente pieza, acompañada por una especie de secuencia primitiva que se anima en su estribillo, con alma de sintonía. El final, apartado del resto del tema, es un esotérico ambiente con emulación de arpa. Cuando se completa más de la mitad del minutaje del disco, llega el tema posiblemente que mejor puede entrar al oyente ocasional, por su poder melódico siguiendo la estela de bandas electrónicas de éxito como Tangerine Dream: "Oppression". Efectos de sonido completan su rotundidad y llevan al disfrute. Al contrario que en el minutaje precedente (salvo algunos atisbos de un cierto barroquismo), un bonito clasicismo inunda al oyente en "Reflection", composición que porta una cierta emotividad y, por supuesto, reflexión sobre la situación en la que se encuentra la Tierra. "O.R.S.E.C. (Disaster Contingency Plan)" es otro tema agradable de escuchar, portador de la energía cósmica de todo el álbum. Para acabar, "Blue Planet" es la segunda canción del trabajo, más desarrollada que la anterior ("Elsewhere"), un bello himno de esperanza en un nuevo mundo (realmente un alegato contra la destrucción de la Tierra), con la incorporación acústica de un saxo, muy bien acoplado en una canción que cierra un disco que, a pesar de su apariencia de segunda fila, encierra una grata recompensa en su escucha. Fervant era un compositor perfectamente válido, que creó un puñado de obras de recuerdo, de fácil asimilación, pero bien acabadas y muy disfrutables. En esta interpretaba piano, teclados, sintetizadores, zampoña y conduce la efímera orquesta de cuerdas. La percusión y batería es de Gil Hunger, el saxo de Toni D'Addario y las voces blancas de Les Petits Chanteurs D'Ursy en "Elsewhere". Un tal Kevin interpreta esas dos canciones cuya letra es de Janry Varnel, con la traducción al inglés de Chris 'Snoopy' Penycate. Repite como creador de la portada Andre G. Belime, que lo fuera de la de "Univers".

En "Blue Planet", Thierry Fervant acudió a la fantasía cósmica para desarrollar sus agradables ideas musicales, si bien lo mas novedoso del trabajo respecto a sus obras anteriores es la inclusión de canciones, temas vocales de bella factura siguiendo la estela del rock sinfónico imperante en la época en su vertiente menos dura, más cercana a la cercana new age y el pop, con posibles referentes en Alan Parsons Project o Jon and Vangelis. El plástico se hace así más completo y llevadero, mezclando canciones con instrumentales pegadizos y otras melodías ambientales, en una duración algo parca pero sin momentos prescindibles. Fervant fue uno de los compositores de teclado más dotados de su época y situación, pero cuando se trataba de jugar en la liga de los más grandes (gente como Vangelis, Jarre, Klaus Schulze, Yanni o Ray Lynch) es cuando se notaban algunas de sus carencias. Su música es, sin embargo, grata, alegre y no exenta de una cierta profundidad, además de calidad tecnológica. No importa que su nombre no sea excesivamente recordado, o que discos como "Univers", "Seasons of Life" o "Legends of Avalon" sean de una cómoda (y a veces agradecida) facilidad: al igual que Joel Fajerman, Johan Timman, Robert Schroeder, Richard Burmer u otros protagonistas de las más bellas melodías de sintetizador de los años ochenta, Fervant, fallecido en 2022, tiene bien merecido un lugar en la historia de la música electrónica, en esa maravillosa inocencia de la new age de los ochenta, en la que trabajos como "Blue Planet" ayudaban a escapar a otros mundos, a otras realidades sonoras.

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25.5.19

ANDREAS VOLLENWEIDER:
"Eolian minstrel"

Uno de los primeros proyectos de éxito de Andreas Vollenweider en Suiza a finales de los años 70 fue musicando poemas, con sonoridades medievales, en un trío experimental llamado 'Poesía y música' junto a René Bardet y Orlando Valentini, cuando el arpa de Andreas ni siquiera había comenzado a electrificarse, un sonido personal y auténtico que acudiría en su ayuda pocos años después, a comienzos de los 80. Más años tuvieron que pasar para que la voz volviera a ser protagonista en un trabajo de Vollenweider, si bien esta vez de manera más convencional, es decir, en forma de canciones, cambiando de algún modo la forma y la imagen de su música. Esto se produjo en 1993 con la publicación de "Eolian minstrel" por parte de Columbia Records, y la esencia nueva de su música la iba a otorgar la voz de la norteamericana Eliza Gilkyson, una cantante de folk con cierta experiencia que además iba a tocar la guitarra acústica y co-escribir las letras de las canciones. Eliza probó con esta experiencia poco antes de un momento extraño en su carrera ("un proceso de duelo", reconoció, del que se recuperó años después), y la combinación de elementos fue pieza clave en el buen sonido del álbum. 

Vollenweider había alcanzado un enorme éxito en los 80 con discos como "White winds", "Down to the moon" (el primer ganador del grammy en la categoría New Age) o "Dancing with the lyon"; "Book of secrets", sin embargo, era un disco extraño, que contrastaba con los anteriores, un trabajo que llegó a destiempo y sobre todo sin melodías excepcionales para la radiodifusión como las que habían caracterizado las anteriores obras del arpista suizo. Este viaje por el mundo supuso una cierta apertura a otros sonidos, buscando una conexión entre lo étnico y lo sinfónico, un atrevido intento que repitió en sus siguientes trabajos, comenzando por "Eolian minstrel", que iba a suponer su última obra para Columbia, a pesar de tratarse del regreso del Vollenweider más afortunado, basado esta vez en algo tan comercial y radiable como las canciones. Con una de ellas comienza, "Song of Isolde" es una delicia de voz y arpa solitaria pero profundamente expresiva. El arpa sigue mandando en "Across the iron river (The return)", una pieza con la fuerza de la guitarra eléctrica y voces atmosféricas, en un alarde de estilo, una especie de pop sinfónico, que continua con "Reason enough", una canción suave apoyada por elementos folclóricos (violín), que no deslumbra pero ayuda a crear un conjunto variado y ameno. "Elian minstrel" sí que es una de las grandes canciones del álbum, inspirada, con un equilibrio perfecto en la instrumentación (arpa, acordeón, percusión, flauta) y la voz suntuosa y con enorme personalidad de la bella cantante de Hollywood. "Jaden maiden" es otra gran canción en ese mismo estilo, con un componente dramático muy colorido con saxo y rasgados sones de guitarras acústica y eléctrica. Hay sin embargo otras dos grandes canciones en el disco, "Desert of rain" y "Painter's waltz" (con un toque de bluegrass que le otorga el dobro). No sólo Eliza canta en el álbum, también otra estadounidense, Carly Simon (que volverá a colaborar con Andreas en futuros álbumes), comparte una canción en el mismo, "Private fires", un acercamiento a un estilo frontera, entre pop, rock y sinfónico, como otras canciones del trabajo ("Harvest", por ejemplo, que contó con una edición promocional en CDsingle). Andreas y Carly se conocieron, por iniciativa de ella, a principios de los 80, y fue introduciendo la música de Vollenweider en los Estados Unidos y consiguiéndole entrevistas y eventos, por lo que se siente muy agradecido ante esta oscarizada cantautora, ex-mujer de James Taylor. En cuanto a los instrumentales, "The secret shrine of Icarus" es un breve interludio orientalizante de guzheng -un instrumento chino tradicional de la familia de las cítaras que interpreta el propio Andreas-, "The years in the forest" es un curioso y amigable acto folclórico (arpa, guitarras, flauta, clarinete) muy bien construido, que hace olvidar el jazz que Vollenweider frecuentaba años atrás, "Leaves of the great tree" es una pieza de extraño carácter oriental y "Lake of time" es un final sencillo de flauta y arpa celta, el epílogo de este diario, esta gran aventura que Andreas quería compartir con todos nosotros y que, en la edición remasterizada publicada en 2007, incluía un DVD con cuatro temas en vivo en la ciudad suiza de Montreux, famosa por su festival de jazz.

"Eolian minstrel" presenta un mar de tendencias unificadas y un viaje de lo presuntamente medieval (ese juglar del viento) a lo exótico, con la ayuda de un completo despliegue de músicos, entre ellos sus habituales Walter Keiser (batería y percusión) o Max Lasser (dobro, laúd), pero también otros muchos nombres a las guitarras, flautas, teclados, violín, trompeta, saxo, percusiones, etc, y evidentemente la aportación de Eliza Gilkyson y Carly Simon. Aunque la popularidad del músico ya no era la de los 80, se optó por colocar de nuevo su imagen en la portada, y es que esa característica melena no acaparaba esa atención desde "Behind the gardens", más de una década atrás. En la gira que siguió a este trabajo (Eolian minstrel tour 1993/1994) se interpretaron varias canciones del mismo (se pueden escuchar en los discos en directo de Andreas, como "Live 1982-1994" o "25 years live (1982-2007)"), con la participación de la propia Eliza Gilkyson a la voz, guitarra, teclados y percusión. También se tocó una versión instrumental de "Eolian minstrel" con el título de "Sailor". Aunque con el paso de los años la popularidad de Andreas Vollenweider ha ido difuminándose, su nombre sigue siendo importante en el mundo de la música instrumental asociada a la new age, por lo que el público continúa atento a sus nuevas referencias, por si presentan reminiscencias de aquella gloria presente en trabajos como "White winds" o "Down to the moon".

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4.5.17

THIERRY FERVANT:
"Univers"

La Biblia recoge al Génesis como el primero de sus libros (formando parte del Pentateuco en el Antiguo Testamento cristiano, o de la Torá en la Tanaj del judaísmo), compilación de hechos primarios que la tradición atribuye a Moisés, si bien la arqueología bíblica parece asociar a tradiciones orales recogidas desde milenios antes de Cristo. Sus once primeros capítulos cuentan la creación del mundo y la vida por parte de Yahvé, Jehová o, por extensión, Dios, que de forma simbólica (al menos es la interpretación principalmente admitida) creó el mundo en seis días. El teclista suizo Thierry Fervant utilizó este simbolismo para realizar a comienzos de los años 80 el que se puede considerar su primer álbum, "Univers", si bien su experiencia era ya dilatada en la composición de bandas sonoras, algunas de ellas publicadas también en vinilo (LP o single) desde finales de los 60. Por ejemplo, "L'aube ne s'est pas encore levée" (1972) se acerca al estilo francés de la época, romántico y con espacio para la chanson ("Seul avec soi", cantada por Douce), además de pequeñas muestras de otros estilos cálidos como samba (Fervant ya había despuntado con otra samba -publicada en single- para la serie de televisión Lumière violente en 1970) o batucada. Esta su primera incursión en la música comercial fue publicada por el sello holandés Philips en 1980, si bien "Univers" tuvo también con el tiempo ediciones en Marifon y en dos sellos regentados por el propio Fervant a mediados de los 80 para editar sus trabajos, M. Records (La M de su verdadero apellido, Mauley) y Quarz Music.

No es ni mucho menos la primera recreación musical de la creación del mundo, y es que la temática es tan atractiva como para ser abordada bajo cualquier rama estilística, rock (la banda argentina Vox Dei, por ejemplo), rock sinfónico (Mike Oldfield -"Let There Be Light"- o el propio grupo Genesis), clásica (Haydn), contemporánea (Bernard Parmegiani), música para ballet (Darius Milhaud) o, como en este caso, música electrónica (no olvidemos también a Vangelis, que incluyó un corte titulado "Creation du monde" en su "Lápocalypse des animaux", y que vió cómo varios temas míticos suyos -especialmente de "Heaven and Hell" y "Albedo 0.39"- fueron incluídos en el impactante documental 'Cosmos', que abordaba la creación del mundo y del universo desde una perspectiva científica). Otro tipo de creaciones del mundo recreadas con enorme calidad y relacionadas íntimamente con las nuevas músicas, fueron las de Kitaro ("Kojiki", centrado las creencias japonesas) o Ray Lynch (aunque la inspiración de "No Blue Thing" no iba mucho más allá de una suculenta portada, en la que se puede observar una especie de 'huevo cósmico', ese mito creacional de muchas culturas, como por ejemplo el budismo que practica Ray). Como primera obra importante de Fervant, en esta época tan plagada de nombres de extrema importancia en la música instrumental de consumo masivo, "Univers" va a reflejar -positivamente, eso sí- unas claras influencias hacia algunos de esos consumados monstruos de la electrónica. Los sones misteriosos de estas músicas enchufadas suelen acoplarse perfectamente al brumoso esoterismo dictado en el Génesis, por ejemplo "The Garden of Fables" es una entrada profunda, majestuosa, un comienzo cósmico a lo Jean Michel Jarre con un brusco giro con tintes barrocos mas propio, por ejemplo, de la Mannheim Steamroller, y un celestial final de sones aflautados (Nils Ferber interpreta en el álbum recorder -flauta de pico- y crumhorn). Se trata del preludio de la creación, mientras que el siguiente corte, "Univers", evoca el primer día, la llegada de la luz y la oscuridad, por medio de un ritmo secuenciado cercano a Tangerine Dream, que da paso a un sonido de teclado que iba a convertirse en representativo del suizo, amable (tal vez excesivamente) y resultón. El segundo día Dios creó el firmamento y los cielos, y "Empyree" es un corte de cariz cósmico revestido de drama y seriedad clásica, así como una espiritualidad muy del estilo del japonés Kitaro, que contrasta con el espíritu desenfadado de "Night Ring" (la aparición de la vegetación, el tercer día), melodía movida y juguetona muy adecuada a ese estilo con el que triunfaban en la época bandas como la francesa Space. Imposible no recordar el comienzo del "Tubular Bells" de Mike Oldfield al escuchar el compás de fondo de "Spiral" (la creación de las estrellas y la Luna, el cuarto día), que Fervant va desarrollando de manera atmosférica con el interludio central de un bucólico solo de violín, a cargo de Jean Thibout, para acabar regresando al soniquete inicial. "Chateau de feuilles" es una pieza más reflexiva y relajante, que acoje la llegada de los pájaros y los peces (el quinto día), mientras que "Animals Dance" es la melodía más tarareable y pegadiza del álbum (no podía ser menos al representar musicalmente la creación de los animales y del hombre, el sexto día), un corte ligero y divertido, muy al estilo de grupos especializados en hits de ese tipo como la Yellow Magic Orchestra. El séptimo día, por fin, Dios descansó, y "In Fine" es un final adecuado a esa serenidad, cuyo rotundo sonido parece pretender la magnificencia de Vangelis y sus notas con eco y melancolía. Lamentablemente, es necesario recurrir a esa pleyade de maestros de la música electrónica para definir cada momento de este trabajo, si bien no hay que obviar la aportacion de Fervant, que no deja de concebir esas composiciones como supuestos homenajes, imprimiendo su sello, su personalidad, a cada corte, y manteniendo un nivel ecuánime durante todo el álbum, en el que no hay que rastrear mas pretensiones que las del entretenimiento, esa 'instrumental fiction' que aparecía en la portada de una de las ediciones. Aparte del piano y los teclados de Thierry Fervant y los mencionados vientos (Ferber) y violín (Thibout), también se pueden escuchar la mandolina de Terry Nelson y la batería de Gerard Drai, bajo la producción del propio Fervant. La fantástica portada es una pintura de Andre G. Belime, mientras que en la contraportada aparece un Fervant plasticoso, una imagen que era la portada de una de las ediciones del single que promocionó el trabajo, "Universe" / "La ronde de nuit" ("Night Ring").

Los trabajos de Fervant poseen rasgos de tranquilidad y sencillez, aunando ambientes despreocupados y movidas tonadas de sintonía, que hacen de sus obras completos manuales de entretenimiento entre cuyas notas poder perderse. Una lástima su falta de nombre y reconocimiento, pues a pesar de la facilidad de algunos de sus sones y, en este trabajo, su parecido a ciertos sonidos característicos de los grandes de la música electrónica de la época, fue Thierry un artista a reivindicar entre los nombres de la electrónica emergente de los años ochenta. Si no llegó a triunfar su música, al menos no de la manera que lo hizo la de Jarre o Vangelis, tal vez fue por su carácter más desenfadado, facilón, posiblemente un peldaño por debajo de la seriedad y la grandeza de los otros dos, y su capacidad de conectar con un rango más amplio de público y sobre todo con la crítica. Original o no, pero pleno de personalidad y buen acabado, es un álbum muy disfrutable este "Univers", que inauguró una serie de obras bastante recomendables del teclista, de parecido estilo cósmico, cuando no legendario.

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THIERRY FERVANT: "Legends of Avalon"





17.8.10

ANDREAS VOLLENWEIDER:
"Dancing with the lion"


Los años 80 fueron una época de enorme éxito y popularidad para Andreas Vollenweider. Después de asombrar y vender miles de discos de "White winds" y "Down to the moon", e inspirado por el nacimiento de su primer hijo, este arpista suizo creó el tema central de un nuevo álbum, que a su vez le otorgó el título al mismo, "Dancing with the lion". Al contrario que los vientos blancos o los reflejos e influencias lunares, el león es un animal real, de gran nobleza y cuya presencia provoca una firme impresión. Si bien Andreas parece una persona templada y de ánimo poco pretencioso, la calidad y ventas de sus últimos trabajos, así como el premio grammy conseguido con "Down to the moon", hicieron que tanto su compañía discográfica como crítica y por supuesto un público fiel esperaran mucho de su nueva entrega. El resultado, publicado en 1989 por CBS, agradó a prácticamente todos, y es que Andreas continuaba profundizando en su popular y original sonido, basado en un instrumento tan clásico aunque poco común fuera del folk como lo es el arpa, si bien ésta ha sido modificada electrónicamente hasta conseguir unas notas especiales, una luminosidad sorprendente y un apelativo que ya es famoso: 'arpa electroacústica'. La primera escucha de un disco de Vollenweider es una experiencia distinta, y así debieron de pensar los muchos clientes de la librería Rizzoli de Nueva York que convirtieron aquel "Behind the gardens - Behind the wall - Under the tree" que sonaba de fondo en un pequeño fenómeno boca a boca ocho años antes.

Un titulo tan acertado como "Dancing with the lyon" requería un tratamiento legendario, épico. El álbum comienza con el rugido del león, pero la fiereza se transforma enseguida en una instrumentalidad agradable y cordial, entrelazando una pieza introductoria abierta y de gran belleza, "Unto the burning circle", con el tema central del álbum, una acertadísima melodía que da título al disco y que acabó de afianzar la popularidad de este artista incluso más allá del ámbito de la new age. "Dancing with the lyon" es un temazo indiscutible del suizo donde brilla la melodía y un conjunto portentoso, algo más variado que en "Down to the moon" por la adición de acordeón, bansuri (flauta travesera india), oboe, fagot, corno inglés, trombón, darbouka, tabla, sitar, violín (interpretado por Mark O'Connor) o la steel guitar tan típica del sonido hillbilly, a los clásicos bajo (Peter Keiser), guitarra acústica (Max Lässer), chelo (Daniel Pezzotti), percusiones (Walter Keiser, Pedro Haldemann), flauta (Matthias Ziegler), teclados (Christoph Stiefel), saxo (Christian Ostermeier) y por supuesto el arpa de Vollenweider. Nos encontramos con una instrumentación muy cuidada y completa, gracias a un numeroso grupo de estupendos intérpretes no excesivamente conocidos (esos amigos de los que hace gala Andreas al nominar sus discos como Andreas Vollenweider and Friens) y buena producción del propio Vollenweider. La profusión de nombres e instrumentos se hace patente en ese primer single, "Dancing with the lion", si bien otros momentos más intimistas son igualmente disfrutables, como una cambiante "And the long shadows" (poblada por coros evocadores, percusión y vientos junto al arpa), la delirante "Dance of the masks" (una pequeña delicia, demostrativa de un gran estado de forma) o su predecesora, "Hippolyte", entre bárdica y oriental, con esa bendita arpa que llena completamente lo que parece un tema puente para convertirlo en un pequeño sueño, tal es el poder de ese instrumento mágico. "Pearls & tears", como segundo sencillo del álbum, destaca en ambas facetas, pues su motivo tierno y fantasioso está arropado por la fuerza de una completa instrumentación que se disfruta mejor en la remasterización publicada en 2005 con varios temas nuevos en directo. Con esas dos canciones que se hicieron verdaderamente populares en su momento (ambas contaron con su correspondiente video-clip), "Dancing with the lion" ya había encontrado el éxito. Aún hay tiempo para la fuerza de esencia oriental de "Still life" o un momento relajante en "See, my love..." (violín y arpa en un juego edificante), para acabar mirando fijamente al león a los ojos en un completo clímax final de título "Ascent from the circle" donde cuerdas, vientos y percusiones nos transportan de lleno a paisajes africanos. Este trabajo tuvo el honor de destronar al gran "Cristofori's dream" del panista David Lanz como numero 1 en la categoría 'new age' en la revista Billboard. Varios sencillos se editaron del álbum con las canciones antes destacadas: "Dancing with the lion" contó con "And the long shadows" en la cara B (y "See, my love..." en el CDsingle), "Pearls and tears" tuvo como cara B a la propia "Dancing with the lion" (y "Dance of the masks"  "See, my love..." en el CDsingle) y un tercer lanzamiento, un bonito CDmini de edición limitada, contó con "Unto the burning circle", "Dancing with the lion" y "Pearls and tears".

Sonidos orientales, africanos, europeos y cercanos no sólo a la world music, sino también a un jazz muy accesible y atmosférico, son los que conforman este "Dancing with the lion", un álbum sincero y meditado (dejó pasar tres años desde la grabación anterior para evitar el estrés de las giras y la saturación tanto de él como de sus músicos) de este arpista nacido en Zurich, cuya reciente paternidad inspiró sobremanera. La famosa arpa electroacústica que acompaña por siempre el nombre de Andreas Vollenweider ayuda a crear ambientes misteriosos, deudores de la aureola de misticismo que emanaban temáticas de álbumes anteriores como los vientos o la luna. El simbolismo del león no se queda atrás, y en especial el curioso signo que sirve de interesante emblema al álbum, creado por el mismo Andreas, que además caligrafía la letra de una portada sobria y elegante. "Soy un hippie (...) soy extremadamente libre, no me siento atado a una tierra en concreto", eso decía en aquella época Andreas Vollenweider, tal vez por eso su música, tan identificable, sea tan difícil de ubicar en el espacio, tan abierta y maravillosa.

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7.7.08

ANDREAS VOLLENWEIDER:
"White winds"


En los albores de la explosión de la filosofía new age, una serie de músicos visionarios inauguraron una nueva forma de crear, experimentar y canalizar sus sentimientos de una manera novedosa, amparada por la nueva gama de posibilidades tecnológicas, la fusión con filosofías orientales y por una conciencia global que, al hilo del cambio de era y ayudada por el impulso de las nuevas compañías independientes, otorgaron a artistas como Andreas Vollenweider, George Winston, Ray Lynch, Kitaro o Paul Horn un nombre y una fama que les acompañan a casi todos ellos hasta la actualidad, mientras que en muchos de esos casos ha menguado considerablemente su creatividad. Cuando la prestigiosa revista Billboard comprobó que discos como este "White winds" aparecían a la vez en puestos destacados de sus listados de jazz, música clásica y pop, hubo de crear la denominación 'New age music' para reunir en un mismo saco a esta 'nueva música' tan creativa y evocadora, de gran tirón popular por su conjunción de espiritualidad, fuerza y originalidad en estos momentos de apertura.

La historia delata claramente la vocación de Andreas Vollenweider cuando comprobamos que su padre, Hans, fue un prestigioso organista. Tentado académicamente por esos mismos teclados, pero también por flauta o guitarra, fue con un instrumento tan especial como el arpa como consiguió encontrar su sonido, su inspiración y su gran identificación en el mundo de la música, aunque fue a los 25 años cuando lo descubrió. Y es que algo tenía ese sonido que, una vez asentado y tratado electrónicamente -lo que dió origen al nombre de 'arpa electroacústica'- consiguió un enorme éxito no sólo en Europa sino también en los Estados Unidos. Aún así, "Behind the gardens, behind the wall, under the tree" -su primera obra inscrita en este estilo- fue un trabajo de difícil acabado por la desconfianza y ceguera de las discográficas. Vera Brandes fue la primera que confió en ese sonido y lo publicó en su sello VeraBra Records, un acierto que abrió las puertas al mundo (y al fichaje, ahora sí, por la más internacional CBS) a Vollenweider. Y eso que tanto "Behind the gardens" como "Caverna mágica" son obras de aproximación a la gran calidad posterior; muy animados y bien resueltos, en estos dos trabajos Andreas consolida un estilo propio, muy agradable y estimulante, con mucho de relajación pero también un importante componente rítmico y algo de jazz y bossa nova, haciéndose un nombre en el creciente mercado de la new age. Concebidos ambos como la primera y segunda parte de una trilogía, en 1984 la compañía de Vollenweider, AVAF (Andreas Vollenweider and friends) publicó su culminación, "White winds", bajo la distribución de CBS, y como él mismo ha dicho: "mi música cogió a los mercados y al público por sorpresa". Efectivamente, este trabajo es cuanto menos sorprendente ("esta época fue una especie de cosecha creativa", dijo Andreas), posee una especial aureola de magia y misticismo que comienza desde la preciosa ilustración de la portada -que parece deudora de relatos épicos como "La historia interminable"- y en el instante de pulsar el play, cuando hacen su aparición esos vientos blancos a los que sigue la entrada sigilosa del arpa, anticipando el estilo meditativo en el que se va a desenvolver durante el disco, si bien en alguno de sus momentos se entregue también a un frenético desparpajo, en temas rápidos que acaban siendo probablemente lo más recordado del álbum. Sin embargo la delicada instrumentación con una suave percusión, el carácter dócil del músico y su conciencia decididamente ecológica y espiritual otorga a todo "White winds" esa paz brumosa que, aunque a él no le guste la denominación, liga sin remisión a Andreas Vollenweider con la cúspide del movimiento new age en su momento más álgido, que puede conectar con el intrépido subtítulo del álbum, 'seeker's journey' -el viaje del buscador-, un viaje interior a través de esta música elegante, relajante, con elementos orientales y europeos. La estupenda melodía de "Hall of the stairs / Hall of the mosaics" es presentada por delicados vientos y así se hace más destacable la entrada del arpa, cuyo sonido es limpio y contundente, mientras que en "The glass hall" es la flauta la protagonista, ejecutando una melodía rápida que destila un cierto folclorismo y constituye la base de otra obra hermosa e impagable (especialmente su tramo final, de títulos independientes, "The play of the five balls / The five planets"). "The woman and the stone" -que se trata realmente de una variación del tema "IX" del álbum "Eine art suite"- arranca con un sorprendente ritmo que conduce a la pieza por un sendero relajante, de serenidad oriental, del cual es difícil apartarse, como de las filigranas sonoras dibujadas por el arpa en "Phases of the three moons", que llenan el vacío de tranquilidad. Llega entonces un gran momento, "Flight feet & root hands" es magistral en todo su desarrollo, una de las canciones más recordadas de Andreas Vollenweider, otra adictiva delicia cuyo título refleja una cierta desconfianza sobre la situación en la que estaba inmerso el músico, casi volando por el reconocimiento adquirido, pero con los pies firmemente anclados en el suelo. Entre temas más ambientales y pequeñas tonadas sencillas y enriquecedoras se llega a otro momento cumbre en el final del álbum, una especie de títulos de crédito de la trilogía que lleva por título "Trilogy (At the white magic gardens) / The white winds", donde se pueden volver a escuchar los instrumentos de viento (en esta ocasión un saxo), que corrían a cargo del siempre eficaz Büdi Siebert. Otros músicos y amigos implicados fueron Pedro Haldemann, Walter Keizer (percusiones), Elena Ledda (coros) y Patrick Demenga (chelo). "Flight feet & Root hands" fue el single del disco, con "The woman and the stone (Edited version)" en la cara B; en la portada, la cara de un sonriente Andreas en blanco y negro. En 2006 las remasterizaciones que AVAF Music lanzó en digipack permitieron no sólo disfrutar de una mejor calidad de sonido, sino además hacernos llegar diversos bonus tracks y videos en todos los Compact Discs de Andreas Vollenweider.

Tras ese nombre casi impronunciable se esconde un personaje vital para la asentación y popularización de la new age en los años 70 y 80, gracias a su distinto sonido, por obra y gracia de un instrumento tan antiguo como el arpa pero dotado de una nueva personalidad gracias a la electrónica, así como de una descontextualización de los ambientes en los que anteriormente se había movido, principalmente folclóricos y celtas. Este suizo de aspecto tan identificable como su música, pacifista convencido, ha sabido crear desde principios de los 80 un sinfín de melodías ágiles, que nos trasladan a otro tiempo y lugar, y cuya luminosa melodiosidad contribuyó a popularizar definitivamente la música instrumental. Algunas de las canciones de trabajos como "White winds" se hicieron populares y con el tiempo se han convertido en clásicos de la new age, así que escuchar discos como éste es, aparte de una grata experiencia, una auténtica y colorida aventura.

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17.12.06

THIERRY FERVANT:
"Legends of Avalon"

Aunque tuvo su momento de cierta relevancia en las Nuevas Músicas de la década de los ochenta, actualmente pocos se acuerdan de Thierry Fervant. Es más, no era fácil acceder a muchos datos sobre su vida en aquella época en la que sonaron sus discos, y en la actualidad, tras conocer su dedicación a los derechos de autor de los músicos en la empresa SUISA, de la que fue vicepresidente de 1991 a 2007, descubrimos con pesar su fallecimiento en 2012. Este teclista suizo nacido en 1945 con el nombre de Thierry Mauley contemplaba desde su estudio (Maunoir) la belleza del lago Léman, en la preciosa ciudad de Ginebra. Allí compuso sus trabajos de elegante y melódica música electrónica, entre los cuales alcanzó una cierta relevancia "Legends of Avalon", una obra inspirada en la siempre seductora mitología artúrica, que editó en 1988 en su propio sello, Quartz Music, que ya había dado a conocer en formato CD tres atractivas obras, "Univers", "Seasons of Life" y "Blue Planet", algunas de ellos portadoras de un sonido que parecía deudor de teclistas consagrados como Vangelis o Jarre, aunque con inclusiones de instrumentos acústicos. En "Legends of Avalon" la aportación extra la realizaba una orquesta de cuerda, si bien el trabajo seguía siendo dominado por los teclados más tradicionales y sonidos sampleados, grabados y mezclados por Fervant y su fiel Chris 'Snoopy' Penycate.

La mitología nos cuenta que Avalon era un mundo paradisiaco, sin clases sociales, difícil de encontrar porque su entrada era invisible, una isla maravillosa gobernada por nueve hermanas con poderes mágicos. Es a esta isla donde Morgana transporta al Rey Arturo tras ser mortalmente herido por su hijo, Mordred, en la batalla de Camlan, y es aquí donde comienza, con un teclado melancólico que parece sonar a flautas andinas ("Avalon"), el viaje de Thierry Fervant por estas leyendas medievales, que continúa con los efectos cristalinos de "Ynis Gutrin (Isle of Glass)" (la isla de los muertos en la mitología irlandesa), pieza ambiental brumosa y sugerente que comunica una extraña belleza. "Merlin the Magician" representa el comienzo de la parte mas popular y acogedora del trabajo, es de hecho un tema cálido y ameno, de los más radiados de un álbum que combina temas más intimistas y delicados (la mencionada "Ynis Gutrin", "The Lady of the Lake" -que reverencia con un suave tratamiento vocal a la conocida dama del lago-, o paisajes misteriosos como "Broceliande Forest" o la acertada "Vale of No Return" -evocadora de viejas historias en un entorno atmosférico, de difícil ubicación pero que a la temática de la obra le sienta fenomenal-) con otros más esplendorosos aunque no tan rítmicos como en trabajos anteriores ("Sacred Wells" -misteriosas fuentes de agua mágica-, que posee una gran fuerza aventurera, un tono épico en sus notas repetitivas, la potente y de fácil radiodifusión "Beltane Fire" -antiguos fuegos celtas prendidos cada primero de mayo- o "The Crescent Moon" -la luna creciente, inspiradora de tantas leyendas y, cómo no, músicas-, otra de las composiciones destacadas, por su agradable melodía burlona con efluvios maravillosos). Queda lugar, cómo no, para la famosa tabla redonda ("Round Table") y para el no menos famoso Rey Arturo ("King Arthur's Dream", una despedida alegre y con un toque emotivo), pero también para la magia, esa hechicería que poseía dos caras y cuyo misterio queda reflejado en dos de las mejores canciones del trabajo, "Morgan le Fay", lenta, sensual y embrujadora, y la comentada "Merlin le Magician" (que cuenta con un curioso videoclip oficial que la fusiona con la anterior), la más conocida en España merced a su inclusión en recopilaciones como "Música para desaparecer dentro". La bonita pintura aerografiada de la portada es una obra de Guy Gindre, artista que ya había colaborado con Fervant en la edición de Quartz Music para "Seasons of Life". 

En "Legends of Avalon" Fervant suena a Fervant, se trata este de su trabajo más personal y completo, sin excesivas referencias que enturbien su autenticidad y sus buenas prácticas instrumentales. La temática artúrica es además muy inspiradora y evocadora, y está bien encauzada y resuelta con fantasía, ecos legendarios que son recreados armoniosamente, sin necesidad de recurrir a clichés del mundo celta. La sencillez de la propuesta estilística y puesta en escena del teclista suizo iba en consonancia con su espíritu ecologista, el mismo que también se dejaba respirar en este bonito y recomendable trabajo, la última obra importante de un músico sencillo, sin pretensiones de alcanzar la fama de otros de sus coetáneos, un ente misterioso cuya memoria aflora de vez en cuando en los reproductores de ciertos melómanos y aficionados a la electrónica, que pueden imaginárselo cómodamente sentado en la tabla redonda, o viajando por las brumas de Avalon.







10.10.06

ANDREAS VOLLENWEIDER:
"Down to the moon"


La trayectoria musical del suizo Andreas Vollenweider fue claramente incentivada, moldeada incluso, por su padre, Hans (prestigioso organista), que le enseñó a tocar varios instrumentos -así como el arte de la improvisación en el jazz y la música clásica-, tocó con él y le llevó de gira desde muy joven. Andreas confiesa en su web que no soportaba la escuela, y la música se convirtió "en la puerta secreta de su propio mundo". Aparte de piano, vientos y guitarra, el joven Vollenweider ya interpretaba el arpa en sus primeros proyectos en Suiza, instrumento por el que comenzó a interesarse cuando su madre le trajo de un viaje a Inglaterra el seminal trabajo de Alan Stivell "Renaissance de la harpe celtique". El impacto fue inmediato, y Andreas descubrió 'su instrumento', con el que consiguió identificarse y mimetizarse, con una forma de interpretación propia, parecida a la del piano. El último paso fue amplificarla (con la ayuda del ingeniero de sonido Hanspeter Ehrsam), naciendo así el arpa electroacústica, que perfectamente podía integrarse no sólo en proyectos de música celta o medieval sino en bandas de jazz o incluso de rock. Andreas fue uno de los músicos más populares de las Nuevas Músicas desde que en 1981 creara su inconfundible sonido para su disco "Behind the gardens, behind the wall, under the tree" (ya que Andreas ha renegado durante mucho tiempo del anterior, una obra primeriza titulada "Eine art suite", de experimentación en un jazz bastante simple y un tanto incomprendido por la crítica, que sólo insinúa en ocasiones el estilo posterior). Después de "Caverna mágica" y la confirmación con el fabuloso "White winds", llegó el disco que nos ocupa, un excepcional y lunático "Down to the moon".

Publicado por CBS en 1986, "Down to the moon" ya había sido madurado en parte en la anterior gira de la banda de Vollenweider, por lo que su grabación fue más fácil de lo habitual. Al arpa de Vollenweider se unieron las percusiones de Walter Keizer, Jon Otis y Pedro Haldemann, los vientos de Matthias Ziegler, las cuerdas de Max Laesser y los teclados de Christoph Stiefel, para concebir una obra dividida en dos partes, "The near side" (la cara cercana -de la luna, se entiende-) y "The far side" (la cara lejana -en este caso sería la cara oculta, se supone-). La primera y algo más inspirada se abre con un primer tema homónimo, "Down to the moon", un recibimiento cálido y ameno, pequeño pero que de hecho prácticamente presenta de una manera perfecta el trabajo, su sonido, su estilo, sus intenciones. Este preludio deviene enseguida en la canción estrella del álbum, un corte excepcional titulado "Moon dance", una de esas obras maestras que se dan de cuando en cuando y que condicionan a un músico y hacen de un disco un auténtico superventas, incluso en el mundo de la música instrumental. En su búsqueda de la melodía, Vollenweider se apoya en sonidos naturales y en un estilo ambiental en consonancia con su espíritu ecologista. En cada tema, dicha melodía llega y generalmente sorprende tanto por su fuerza como por su distinción -merced al instrumento utilizado, el arpa elecroacústica- con cualquier cosa que hayamos escuchado antes, de guitarra, teclados o vientos. Así nos deleitamos con "Steam forest" (instantes de relax, mecidos por las cuerdas) o "Night fire dance" (originales voces sampleadas ponen el fondo a esta hermosa pieza activa y adictiva cuyo aspecto oriental le hace parecer sacada de las propias 'Mil y una noches'), otros grandes aciertos de este disco. Las influencias de otras músicas del mundo también están presentes, en especial la oriental (en "Water moon", por ejemplo). "The far side" comienza con otro acertado tema introductorio, "Quiet observer" (con saxo y animales nocturnos en un clima sereno y atmosférico) y continúa con las bellas notas de la animada "Silver wheel", y si bien enseguida desciende un poco la intensidad, la magia sigue presente hasta el final, por medio de cuerdas relajantes ("Drown in pale light"), un pequeño cuento con el arpa ("The secret, the candle, and love") o un final también infantil ("La lune et l'enfant"), en un conjunto tan agradable como para que el plástico recibiera el grammy al mejor disco de New Age en 1987, siendo de hecho esta la edición en que se instauró tal categoría, por lo que Andreas tuvo el honor de ser el primer galardonado en la misma en dura copetencia con otros grandes como Jean Michel Jarre (con el excepcional "Rendez-vous") o Paul Winter (con "Canyon"). Un single y maxi de "Night fire dance" fue comercializado, si bien en la segunda cara se decidió acudir a dos composiciones de "White winds", "The play of the five balls" y "The five planets". Extraña elección la de "Three silver ladies dance" como segundo single (promocional), con "The secret, the candle, and love" en la cara B. La portada es una obra del ilustrador alemán, afincado en Ibiza, Peter Ritzer. 

El acierto de Andreas Vollenweider es doble, por su acercamiento al arpa (y a la electrónica) después de destacar con teclados -su padre era un gran organista-, guitarra y flauta, y por crear unos vínculos de amistad con grandes músicos que le acompañan en sus giras (de hecho la discográfica de Andreas se llama AVAF, Andreas Vollenweider And Friends), como Büdi Siebert -que no esrtuvo presente en esta grabación por encontrarse centrado en sus proyectos personales-, Walter Keiser o Max Lässer. Desde siempre, pero especialmente cuando se reeditaron todas sus obras remasterizadas, es el momento de redescubrir a un músico que, a pesar de que desde futuros proyectos como "Dancing with the lyon" o "Eolian minstrel" haya perdido gran parte de su frescura y originalidad a la vez que ha ganado en fusión con otras culturas, sigue dejando muy alto el listón de la New Age a cada nuevo paso, aunque siempre afirmó que nunca consideró la existencia de dicha categoría: "Me pregunto qué es 'nuevo' en la 'era'. Soy un nómada, vagando entre mundos, estilos, personas y culturas. Ahí es donde vivo. No quiero ser encasillado".