2.12.07

GAVIN BRYARS:
"The sinking of the Titanic"

Como corriente musical, desde finales del siglo XX el minimalismo puede llegar a entenderse de varias maneras, por ejemplo como repetición de una idea hasta la saciedad, como el desarrollo de una obra basada en unas pocas notas o ideas, o como reducción a lo esencial. Michael Nyman acuñó esta definición cuando era crítico musical para referirse a la música de Terry Riley, Steve Reich o La Monte Young, si bien otros le otorgan esta primera definición al norteamericano Tom Johnson, para el cual la música minimalista es la que funciona a partir de materiales limitados o mínimos. Philip Glass con sus composiciones ondulantes, John Cage en su innovación, Wim Mertens con su desparpajo ocasional o incluso la irreverente Penguin Cafe Orchestra podrían ser, junto al propio Nyman, los grandes representantes ante el gran público (como siempre ocurre con las odiosas nomenclaturas y encasillamientos, las dificultades son inmensas, y comienzan con la propia diversidad de las ideas presentadas por músicos cuyo eclecticismo alabamos sin ninguna duda), pero uno de los que más y mejor se acopla a la idea de 'reducción a lo esencial' es Gavin Bryars, un británico que podría jugar con un puñado de notas prácticamente hasta el infinito otorgando no sólo coherencia y continuidad estructural sino además una estupenda y atrayente calidez, y por supuesto calidad para el que sepa apreciar este otro lado de la música contemporánea.
Más conocido que Bryars, el transatlántico Titanic se hundió al quinto día de su viaje inaugural, el 14 de abril de 1912. Una de las leyendas más sugerentes sobre su hundimiento es el hecho de que durante el mismo los ocho miembros de su banda de música continuaron tocando en la popa, concretamente el himno episcopaliano "Autumn" (si bien este dato no está contrastado al cien por cien). En esta tragicómica circunstancia y en ese himno se basa "The sinking of the Titanic", una obra viva -incluso periodística-, tanto como los datos y teorías que se han ido interpretando acerca del Titanic. La idea de reelaborar la pieza con el tiempo (concordante en cierto modo con el concepto de aleatoriedad en la música) es base en la música de Bryars, al menos en obras como ésta o como "Jesus blood never failed me yet", concebidas como algo abierto, tanto como que desde su creación en 1969 ha contado con distintas interpretaciones en directo -por supuesto también en España- y grabaciones en compañías como Obscure (el sello de Brian Eno), Les disques du crepuscule, Slow food (distribuído en España por GASA), Virgin, Touch (en directo) y la que nos ocupa en 1994, la de Point Music (sello de corrientes inclasificables apadrinado por Philip Glass).
En la música de Bryars viene claramente definido ese matiz depresivo que envuelve todo lo referente al Titanic, es una impresión del triste sino del barco y sus ocupantes, los mismos cuyas almas se esconden en la oscuridad de esa música sobria, decadente y sin embargo tristemente hermosa. Las violas (al mando de Alexander Balanescu, famoso por sus colaboraciones con Michael Nyman) y los cellos dominan la atmósfera, completada por el clarinete, el bajo, el coro y unas curiosas percusiones y sonidos realistas. Sencilla, melosa y envolvente, la sutil melodía dibuja como una pátina de tristeza en el recuerdo del famoso barco, y buscando un lento acomodo, casi místico, en nuestras mentes, se desarrolla pausada con una innegable fuerza expresiva a lo largo de los 11 cortes de que consta el CD, en los que muestra leves variaciones. Las cuerdas se muestran como vehículos del lamento en sus rasgados sones, y la lenta letanía es precisamente como un presagio del amargo final.
Qué surrealista tuvo que ser, inmersos en la magnitud de la tragedia, que tanto supervivientes como víctimas escucharan, entre gritos y chapoteos, la solemnidad de esa pequeña orquesta. "The sinking of the Titanic" constituye un homenaje y un documento desgarrador del final del lujoso transatlántico, una obra hermosa y trágica a partes iguales, que en su simplificación de las formas se disfruta lentamente (una sóla melodía desarrollada durante una hora) y puede llegar a enganchar, si bien muchos la pueden encontrar aburrida, incluso soporífera. Como decía José Ramon Pardo sobre Gavin Bryars: "Escuchar un disco suyo es un ejercicio de voluntad que suele verse recompensado con una experiencia gratificante". Por tanto, olvidaos de Leonardo di Caprio y naufragad con Gavin Bryars.

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7 Comments:

Blogger Pepe said...

Llevaba tiempo queriendo conseguir esta edición de Point Music, al parecer descatalogada por estos lares, así que tengo que agradecer desde aquí a Miguel (Sapo) que me la trajera recientemente de Nueva York (ni más ni menos).

5:50 p. m.  
Blogger Paco Fox said...

La verdad es que este minimalismo extremo no me interesa casi nada, pues no encuentro ningún interés en ir descubriendo mínimas variaciones en una misma melodía. Con todo, el disco minimalista más bestia que he escuchado (por si hay algún fan del género por ahí) es 'L'Egipto prima delle Sabbie' de Franco Battiato, en la que el buen narigudo se dedica a tocar un mismo acorde (¿de arpa?) durante veinte minutos. Sí, escucharlo es toda una experiencia.

9:12 a. m.  
Blogger Pepe said...

Este se deja escuchar muy fácilmente, sobre todo porque la melodía es sencilla y agradable. Lo peor son esos discos sin melodía o con ruidos incomprensibles que se amparan en la vanguardia o en la experimentación; hace poco intenté escuchar sin mucho éxito uno de Terry Riley (que me dejó el mismo amiguete que me ha traído éste de NY) y me pareció infumable.

A Battiato se le perdona todo.

4:49 p. m.  
Anonymous Sapo said...

Sólo encontré el disco en una tienda de mala muerte del Bronx. Allí encontré también uno de Luis Mariano que me faltaba para completar la colección.

8:30 p. m.  
Blogger alonsii said...

Si, si bryars y luis mariano, nocilla con pan con tomate, je,je. Del minimalismo creo que lo importante es cómo nos acercamos a la escucha. En un post sobre music for 18 musicians de Reich, decía que es como tumbarte y ver pasar nubes, que parecen que no cambien pero después de 10 minutos no tienen nada que ver. Pero esta claro, tumbarse a mirar nubes, quiza resulte aburrido en el mundo que vivimos.

PD. Por una vez me adelanté, pepe, porque este disco lo posteé hace unos meses! ;P

12:07 p. m.  
Blogger Pepe said...

Vaya, no sabía que ya habías hablado de este disco (veo que otra edición, pero da lo mismo). Un punto para tí.
Me encanta la idea de las nubes, se asocia perfectamente lo que la gente puede escuchar en discos como éste, y no me parece aburrido mirar nubes durante un buen rato.

11:04 a. m.  
Blogger Pepe said...

Como curiosidad, hace poco vi la película de "Los Simpsons" y al principio, en la escena en la que toca el grupo del insoportable Pete Doherty, suena la melodía de "Autumn" mientras el escenario se hunde como el Titanic.

4:24 p. m.  

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