20.12.12

ELEFTHERIA ARVANITAKI:
"The very best 1989-1998"

En la cultura griega hay canciones y bailes para cada circunstancia o situación, así como una herencia balcánica de aromas antiguos muy rítmica y agradable. Ya lo dijo Eleftheria con gran claridad en cierta ocasión: "En Grecia éramos étnicos mucho antes de la moda étnica", aunque esta diva griega prefiere el término 'músicas del mundo' para denominar a su música. Esa música de casi perdida orientalización ('de buzuki' o 'de hachís', la llamaba la gente) cuyo estilo primordial es la rembétika, es el terreno en el que comenzó moviéndose con gran fluidez Eleftheria Arvanitaki en los 80, reivindicándola ante el desprecio general, y consiguiendo un enorme éxito en sus juegos cada vez menos politizantes de músicas elegantes y letras renovadas. Un afortunado camino hacia el pop hizo llegar a esta cantante nacida en El Pireo a casi cualquier rincón del mundo, plagando de ritmo heleno casas y auditorios, y consiguiendo discos de oro y múltiples reconocimientos, como la aparición en la portada de la revista Folk Roots o en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Atenas.
 
La posición de Grecia en el mapamundi posibilita su carácter de crisol de influencias, en la música de Eleftheria Arvanitaki no sólo hay tradición griega y motivos orientales, también hay elementos occidentales y de la europa del este, por ejemplo su colaboración con el norteamericano de ascendencia armenia Ara Dinkjian, con el que descubrió unas raíces culturales compartidas. Dinkjian es protagonista de algunas de las mejores canciones de esta compilación, y es que, como en cualquier discografía de artistas de amplia trayectoria en un país pequeño y de idioma difícil, la mejor forma de bucear en la misma es la opción del disco recopilatorio. "The very best of 1989-1998" fue publicado en 1999 por Emarcy Records, veterano sello de jazz y músicas del mundo emparentado con Mercury Records, actualmente propiedad de Universal Music. "Meno ektos" ("Me quedo fuera", 1991), "I nihta katevainei" ("Cae la noche", 1993), "Ta kormia ke ta macheria" ("Los cuerpos y los cuchillos", 1994) y "Tragoudia gia tous mines" ("Canciones para los meses", 1996) son los discos de los que se han seleccionado las catorce canciones, pero la primera, incluida originalmente en "Meno ektos", cuenta en esta recopilación con una interpretación en vivo única e irrepetible, que la ha hecho famosa en medio mundo: "Dinata" es una composición maravillosa del mencionado Ara Dinkjian, que torna en prodigiosa en este directo de 1995 en el Teatro Vrahon de Atenas, con la inconfundible voz y percusión del también armenio Arto Tuncboyaciyan, cuya glosolalia es actualmente inseparable de esta canción para el gran público. El CDsingle en el que venía contenida, "En directo desde las rocas", se convirtió por méritos propios en el primer CDsingle de platino en Grecia. Que Eleftheria se ha rodeado en su carrera de grandes artistas es un hecho demostrable, por ejemplo el otro gran corte del disco, la emotiva y aterciopelada "Meno ektos", presenta el mismo compositor (Ara Dinkjian) y letrista (Lina Nicolakopoulou) que "Dinata", logrando un resultado único que compartía álbum con otras tres muestras aquí reunidas, entre las que destaca "Tis kalinichtas ta filia", de nuevo con la letra de Lina Nicolakopoulou. Que Eleftheria es un vendaval en sus conciertos y un ídolo de masas en Grecia viene demostrado por la segunda pieza en vivo del álbum, una animada "To kokino foustani" incluída en ese álbum en directo titulado "I nihta katevainei" ("Cae la noche"), pero la importancia de esta estrella se ha ido forjando en especial en los 90 por medio de álbumes como "Ta kormia ke ta maheria" ("Los cuerpos y los cuchillos", también en colaboración con Ara Dinkjian y Arto Tuncboyaciyan) o "Tragoudia gia tous mines" ("Canciones para los meses", donde ponía música a importantes poetas griegos): del primero de ellos es necesario destacar lassosegadas, casi meditativas, "Parapono / I xenitia" y "Skies ke chromata", así como un mayor aporte rítmico en la que le da título, "Ta kormia ke ta macheria". En el segundo, y coincidiendo con varias de las anteriores, nos encontramos con otro letrista esencial en esta época para esta estilizada cantante, Michalis Ganas, que aporta su pluma en los aires tradicionales de "Pame xana sta thavmata" o "Lianotragoudo", siempre con la interpretación impecable de una Eleftheria a la que se une Yiorgos Makras en "To parapono", basada en un poema del premio Nobel Odysseus Elytis.
 
Con los puntos álgidos de "Dinata", "Meno ektos" o "To parapono", se trata éste, como muestra de la gracia de una artista indispensable, de un trabajo disfrutable al ciento por ciento, en cuyo agradecido cuadernillo se incluyen las letras de las canciones traducidas al inglés. Sin embargo, hay que terminar destacando sinceramente lo bien que suenan estas pequeñas delicias en su idioma original y en la esa voz tan auténtica y transmisora de una cantante que entró en la música de casualidad, sin pensar que iba a hacer de ella su forma de vida: "Yo no quería ser cantante, quería ser ecóloga". La ecología perdió una investigadora, pero nosotros ganamos un mito viviente del folclore.
 
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11.12.12

LUIS DELGADO:
"El sueño de Al-Zaqqâq"

Hay veces que la música puede ayudarnos a comprender mejor parte de nuestra historia, o al menos a interesarnos por ella. Esto sucede al escuchar algunas de las obras del madrileño Luis Delgado, que nos trasladan muy atrás en el tiempo. Durante varios siglos de la Edad Media, parte de la Península Ibérica se encontraba bajo el poder musulmán, desde la conquista por parte del Califato Omeya hasta la toma de Granada de los Reyes Católicos. Conocido como Al-Ándalus, este territorio acabó por comprimirse con el paso de los años al sur de la península, aunque el protagonista del disco que nos ocupa era un poeta valenciano de nombre Ibn Al-Zaqqâq, que vivió hacia el año 1100, durante el reinado de los almorávides. Eduardo Paniagua cuenta su historia en el libreto de este álbum y nos habla de una obra poética muy difundida y celebrada, de ricas metáforas, que Luis Delgado ha sabido musicar convenientemente a pesar de las dificultades, y es que él mismo aclara que la música y la poesía árabe son casi inseparables: "El poeta árabe es casi siempre músico, y sus textos no conocen mayor gloria que la de ser cantados".

Guitarrista desde los 13 años, y alumno en la orquesta de laúdes de Manuel Grandío, tras pertenecer a Imán Califato Independiente este músico todoterreno madrileño comenzó a trabajar para Rafael Carratalá haciendo música para publicidad. Su siguiente trabajo en RCA le permitió aprender a desenvolverse en un estudio de grabación, pero su posterior paso por Crysalis y EMI -en puestos importantes- le apartó de la música tradicional que realmente le embargaba y que no había dejado de tocar en grupos como Babia, por lo que decidió apostar por su propio sello discográfico, que llamó El Cometa de Madrid. Con él intentó promocionar a músicos españoles sin estilo definido y lanzó más de una decena de interesantísimos discos artesanos (entre ellos "13 cuerdas" de Jesús Auñón o "Neptuno" de Luis Paniagua, pero también obras de Cuco Pérez, Luis Lozano, Enrique Mateu, Miguel Herrero, Macías, Patricia Escudero o el propio Luis Delgado, bien en solitario -"Vathek"-, bien en grupo -Mecánica popular o Ishinohana-). Siendo sin embargo su legado musical más popular el que se internaba en la cultura árabe (las bandas sonoras de "Alquibla" y "Al-Andalus"), Luis Delgado decidió hacer de ese nexo con nuestras raíces una forma de vida, pues "en el folclore español hay una riqueza impresionante, que en Europa no la hay". Con el grupo Calamus comenzó su idilio con la música andalusí (o arábigo-andaluza), y su mayor expresión en solitario llegó en 1997 con "El sueño de Al-Zaqqâq", primera parte de una trilogía publicada por Nubenegra, que continuaría en 2000 con "El hechizo de Babilonia" -musicando a las poetisas de Al-Andalus- y en 2004 con "Tanger" -homenaje a la 'ciudad blanca', grabado allí mismo en directo-. Homenajeando la figura del poeta Ibn Al-Zaqqâq, Luis Delgado construyó una obra completísima y fascinante, no sólo histórica sino también estéticamente, regresando a ese crisol de culturas que provocó la locura de este madrileño variopinto, que lo mismo se deja llevar por las raíces sureñas de la península como por el folclore más reciente o por la modernidad de la música para el Planetario de Madrid. Si bien todas esas vertientes son plenamente disfrutables, su unión espiritual con la música andalusí es tan grandiosa como para ser tenido mucho más en cuenta en el mundillo cultural español de lo que realmente es. "Balansiya" es más que un recibimiento, es una llamada para entrar en un mundo antiguo pero nuevo, pleno de belleza, emoción y fantasía. El autor aclara que pretendía "recrear el alba imaginaria de un día en la Valencia Andalusí". El primer gran momento del trabajo es "El saludo", magistral composición cuya cadencia y sobre todo el tratamiento vocal poseen en su conjunto una magia subyugante, una canción esplendorosa y magnética en la que podemos apreciar las cualidades de Aurora Moreno y las extraordinarias aptitudes de Luis con instrumentos como el laúd árabe, el tar y la d'rbuka: 'Más delgado que el céfiro es su aroma; su talle es pasmo de la erguida palma'. El encanto orientalizante perdurará durante todo el álbum, en piezas animadas con voz masculina (Mohamed El arabí Serghini) como "La aurora nocturna" o de ejemplar pureza instrumental como la excepcional "Bebiendo al alba", "La ruta del marfil negro" o "La luz de la Axarquía", pasaje luminoso que nos transporta a épocas remotas y lugares exóticos. Más atmosféricas, como si formaran parte de esos documentales que ha músicado Luis en varias ocasiones, son "La luna nueva", "Rosas en el estanque" o "La mirada", con esencia de sintonía, pues incluso estos interludios tienen su granito de grandilocuencia en una obra tan completa como ésta. "Epitafio" es una despedida sencilla con sones fúnebres, despojada de gran aparejo instrumental, de nuevo con la voz de El Arabí: 'De vuestro lado me robó la muerte, inexorable ley de los humanos. En ella os precedí; pero a la postre, no tardaremos en hallarnos juntos'. Es sin embargo en Aurora Moreno donde reside gran parte del embrujo del álbum, y la granadina repite ese encantamiento vocal en "El cinturón y el brazalete", hermosa balada de sones trovadores, en una maravillosa muestra de completo lirismo. Aurora llevaba años colaborando con Luis, y a Omar Metioui y Serguini El arabí les conoció en la banda Ibn-Baya, y fueron esenciales en la cuestión idiomática del álbum, un trabajo en el que la electrónica también está presente, junto a los laúdes, kumbuç, santur, saz, nei, cántara, baglamá y otra serie de instrumentos casi impronunciables a cargo de Luis, acompañado por Omar Metioui (laúd, viola y tar), Eduardo Paniagua (flauta y qanun), Javier Bergia (d'rbuka), Jaime Muñoz (kaval, flauta y clarinete) y Carlos Beceiro (mandolina). Una buena anecdóta para el disco, que confirma su calidad y proyección internacional, fue la selección por parte del importante director Ridley Scott de "Balansiya" y "Epitafio" para formar parte de la película "El reino de los cielos", aunque no se incluyeron en el CD de la banda sonora, a cargo de Harry Gregson-Williams.

"Vivo asediado por los encargos", aseguraba Luis en los 90, así que ha sido muy puntualmente cuando ha logrado reunir el tiempo necesario para preparar esos lanzamientos tan distintos como son los de música sefardí, colaboraciones con Javier Bergia o con La Musgaña o composiciones para el Planetario de Madrid. Tras trabajar con la música como soporte para imagen (televisión, ballet o teatro), en "El sueño de Al-Zaqqâq" las melodías son soporte para textos, su propósito es ser escuchadas, y las imágenes aparecen espontáneamente por la capacidad imaginativa de una música fruto de amplia investigación y alta inspiración. Hay en el cuadernillo del disco una especial dedicación hacia Beatriz, esposa de Luis, mientras que "El hechizo de Babilonia" estará dedicado a su madre, Isabel Delgado. En aquella suerte de segunda parte repetirán colaboración Javier Bergia, Jaime Muñoz y Mohamed El Arabí, y los dos últimos en "Tanger". Es necesario acabar esta reseña con una encendida recomendación, y es que aunque aquí se glose la enorme calidad de "El sueño de Al-Zaqqâq", es preciso que su escucha sea complementada con esas otras dos entregas que también puso a nuestra disposición Nubenegra, el sello de Manuel Domínguez, el que fuera creador de Guimbarda.

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24.11.12

ARVO PÄRT:
"Tabula rasa"

Aunque queramos ser conscientes de que la música clásica no es ni mucho menos una música muerta, el término encierra verdaderamente un doble juego que aparta a muchos compositores del consumidor, en especial del público joven. Y aunque la contemporánea sea más cercana en el tiempo, no lo tiene precisamente más fácil que aquella, siendo la propia calidad intrínseca de los músicos la que marque su éxito. Nombres como Glass, Nyman, Mertens, Bryars, Richter o Jenkins han encontrado un público joven en su acercamiento a músicas del mundo, música para películas o vanguardias de aceptación popular, pero otros como Pärt, Tavener o Górecki han tenido que labrarse el camino acudiendo a sus convicciones religiosas, lo que lejos de perjudicarles, les ha abierto las puertas del cielo en el panorama contemporáneo, del que ya son por méritos propios nombres ilustres bajo la denominación de 'minimalistas sacros'. Algunos críticos afirman sin embargo al respecto del estonio Arvo Pärt que su música no es reflejo de ninguna fe profunda, sólo es religiosa en apariencia, su inspiración es más cultural y estética. Pärt, nacido en 1935 en Paide, cerca de Tallin, es un creador de una música elemental, de moderna espiritualidad (lo que le acerca también a un nuevo público, buscador de alquimias sonoras en la frontera), cuyo mayor reconocimiento popular llegó con "Fratres", composición de 1977 que parece estar inspirada en el amor fraternal de los monjes medievales y comunidades cristianas en general ('hermanos'). Las primeras obras de Arvo Pärt son conocidas como 'obras de sufrimiento', al estar escritas en unas condiciones extremas de control religioso en la antigua Unión Soviética. Por ejemplo, la inclusión en su "Credo" de la frase 'Creo en Jesucristo' fue objeto de la censura estalinista, y tras la composición de un sinnúmero de bandas sonoras y un concienciudo estudio sobre polifonía europea, se instaló en Berlín tras adquirir la nacionalidad austriaca.
 
Pärt busca la hermosura en los juegos con los silencios o con las construcciones sencillas ("he descubierto que es suficiente una sola nota cuando está muy bien tocada"), y de ese interés o necesidad nació a mediados de los 70 el concepto de 'tintinnabula' (o tintineo), una técnica tonal tomada de los armónicos de las campanas, base de sus obras más conocidas. "For Alina" marcó un despertar en su conciencia musical, que encontró la recompensa del reconocimiento pleno por composiciones como las que vienen reunidas en este CD, "Fratres", "Cantus en memoria de Benjamin Britten" y "Tabula rasa". La excelsa compañía ECM lo editó en 1984, si bien se trata de creaciones anteriores a los 80. La extraordinaria humildad de este trabajo reluce desde la propia portada, en la que no es necesario un bello paisaje o un eficaz diseño fotográfico, sino que basta con encuadrar nombre del autor y el título, sin más florituras, la música suena y el oyente juzga, y la opinión suele ser sencillamente excepcional. El comienzo de "Fratres" es un estallido de espiritualidad, y la pieza completa, en sus más de diez minutos, parece evocar la propia eternidad a través de un humilde piano y de fogosas entradillas del violín, que en esta versión cuentan con la esplendorosa interpretación de dos músicos de renombre de ECM: Gidon Kremer y Keith Jarrett. Kremer, violinista letón de extenso repertorio (de Vivaldi a Piazzolla), es parte fundamental en el disco, no sólo por la emocionante interpretación de "Fratres" sino por su implicación en el corte que lo titula, mientras que Jarrett, considerado intérprete de jazz, demuestra su capacidad en este terreno, en el cual ha profundizado en numerosas ocasiones. Una segunda versión de "Fratres" se recoge en el álbum, en esta ocasión para los doce chelistas de la Berlin Philharmonic Orchestra, en una interpretación quejumbrosa, menos agradecida que la anterior, pero igual de firme y deliciosamente austera. "Cantus in memory of Benjamin Britten" es otra intensa, triste y gloriosa composición, un solemne panegírico para orquesta (la de Stuttgart en este caso), firme reflejo de la admiración del músico estonio hacia el inglés, fallecido en 1976 antes de poder llegar a conocerse, un lamento uniforme de una sola melodía que se repite mientras va cayendo hacia la fría tierra. Como se puede leer en el libreto, "Tabula rasa" tuvo mucho de sugerencia de Gidon Kremer (está dedicada y compuesta para él, que la interpretó por primera vez en Estonia en 1977), y en sus 26 minutos, dos violines, piano preparado (a cargo de Alfred Schnittke) y la orquesta de cámara lituana van y vienen en unas pocas melodías simples que interactúan con los silencios en un fervoroso juego minimalista acertado y agradable, por momentos misterioso (su segundo movimiento, "Silentium", adormecido, en el que cada cierto tiempo unas tímidas campanas -el piano preparado- parecen anunciar la llegada de algo inesperado) e incluso hipnótico (la sonoridad del violín en el primer movimiento, "Ludus"). Pärt no experimenta con la música como otros contemporáneos suyos, prefiere construir plegarias dotadas de misticismo, si bien lo que aquí nos encontramos es un trabajo digno de cualquier lugar, credo o condición, de cualidades excepcionales y abierto a cualquier interpretación, en el que es fácil quedar literalmente atrapado, seas oyente de música clásica, amante de la música sacra, devorador de cualquier corriente contenida en las nuevas músicas o, simplemente, melómano.
 
Como suele ser habitual en el mundillo clásico, otras compañías discográficas han grabado estas mismas piezas con importantes intérpretes y directores (EMI, Deutsche Grammophon, Naxos, Telarc), cada una con su propia personalidad, pero hay que acabar ensalzando la categoría de esta primera edición para ECM, el sello de Munich en el que Pärt nos ha legado sus obras desde los 80 dentro de su categoría ECM New Series, que recoge trabajos más clásicos que los del jazz con el que nació la compañía. Apostando por Pärt, ECM fue fundamental en el éxito de un músico que parecía 'fuera de sitio', pero que logró imponer su humilde espiritualidad en un momento de auge electrónico posiblemente cansino. Destacable es el hecho de que, con motivo del 75 aniversario del autor, fuera comercializada una edición especial de "Tabula rasa" que incluía el CD, partituras, fotografías, facsímiles y un extenso libro de tapa dura, una ocasión única para gozar plenamente de un álbum primordial de la música contemporánea, y de un músico de imagen desaliñada cuyas obras están por igual ancladas en un tiempo pasado como sugieren un tiempo futuro.



11.11.12

NEVER BEEN THERE:
"Ambience"

Entre los muchos instrumentos musicales con los que nos deleitan los grandes virtuosos de las nuevas músicas, piano y guitarra son sin duda los más utilizados, tanto en solitario como bien secundados por otras cuerdas, vientos y percusiones de todo tipo y procedencia. Sin embargo el exotismo de ciertos instrumentos menos habituales puede captar nuestra atención en mayor medida, si son utilizados con coherencia y en un entorno instrumental adecuado e inspirado. Rudi Zapf es un alemán que ha basado su producción musical en el dulcimer, un instrumento de cuerda percutida originario de oriente, parecido al salterio, que también hemos podido admirar por ejemplo en determinadas composiciones de Dead Can Dance y de Lisa Gerrard en solitario. Su sonido desprende una especial aura de antigüedad y ha llegado hasta nuestros días de varias maneras en la música folclórica europea (sin ir más lejos, y aparte de la cítara o el címbalo, en Aragón se sigue tocando el chicotén). Zapf, especializado en el conocido como 'hammered dulcimer' (percutido con pequeños martillos sobre una caja de resonancia trapezoidal), e instruido también en el acordeón desde pequeño, desarrolló en Alemania una curiosa carrera en la que, entre otros palos musicales, ahondó en el cabaret. Más allá de ciertas grabaciones de música clásica, en 1986 fundó junto al guitarrista Wolfgang Neumann el grupo Never Been There.
 
Never Been There utilizó ese mismo apelativo para titular su primer disco, un trabajo agradable aunque un tanto vacío, pero eso sí, con un final apoteósico, una composición maravillosa de título "Galapagos" que enganchaba sin remedio y que fue incluida en numerosos recopilatorios, entre ellos el primer volumen de "Música sin fronteras". Para su segundo trabajo, el dúo de Munich se convierte en trío al incorporar en portada el nombre de un Thomas Simmerl que ya colaboró en el primer disco y que, además de colaborar en la composición, ejerce de co-productor junto a Zapf y Neumann. "Ambience", cuya cubierta es un extraño y fantasioso collage sobre viajes exóticos, presenta un desarrollo parecido a "Never Been There", es decir, influencias folclóricas y jazzísticas que ahondan en culturas de puntos dispares del planeta, pero en un entorno más completo y animado, especialmente acertado en las melodías y los ambientes, presentando mejores intenciones ya desde el primer tema, "Watersong", en el que no se sabe muy bien de dónde, tras un comienzo apaciguado, surge una melodía que engancha irremediablemente y que desemboca en un pequeño clímax intenso y colorido. Ya se adivina aquí que una buena percusión va a acompañar a los instrumentistas principales, a cargo del mencionado Simmerl. La esencia folclórica (de aroma sureño) se acrecenta enseguida en un corte muy movido de título "Cousin butterfly", así como en una de las mejores composiciones del álbum, "Rondo Madeira", un viaje a dicha isla portuguesa para el cual la música se viste de fiesta, de cuerdas alegres, de un ritmo bailable muy cercano al smooth jazz con revestimiento de músicas del mundo de algunos populares artistas del sello norteamericano Windham Hill. Otro viaje exótico, algo más lejano pero también de idioma portugués, "Mozambique", revela una muestra de ritmo cálido pero no tan acertada al no arropar la base rítmica con una melodía atrayente. La enorme personalidad del dulcimer le permite afrontar en solitario el buen comienzo de "Transsylvania express", otra buena composición de carácter viajero que se acaba perdiendo un poco en su incierto desarrollo, siendo más atractivo su protagonismo y más completo el conjunto en "B'Irish melody", gratísima melodía, de los mejores ejemplos del trabajo, que gana en intensidad conforme avanza la pieza. Ambientalidad de placidez algo jazzera ("Herbes de Provence", una de las canciones más radiadas del álbum, aunque no necesariamente de las mejores, o "Donisl waltz") y una interesante experimentalidad ("Just kiddin'", como un acertado juego infantil con cuerdas divertidas, voces y sonidos de animales, que puede recordar a las divertidas extravagancias de la Penguin Cafe Orchestra) conducen hasta "Arrival", un fin del viaje vistoso, melancólico pero alegre, suave pero intenso, en especial en un final potente, que nos provoca ganas de volver a viajar con este grupo. No deja de resultar curioso que, en una banda que parece ser creación de Rudi Zapf (y en la que destaca mayoritariamente su dulcimer), Wolfgang Neumann no sólo no es mera comparsa sino que de hecho la mayoría de las composiciones llevan su firma. Además, la guitarra también es elemento destacado en "Cousin butterfly" (en un estilo folclórico), en la excelente "Rondo Madeira" y sobre todo en la idílica "Arrival". Dichas guitarras son interpretadas por Neumann (acústica), Lars Kurz (eléctrica), Ulrich Bassenge (steel guitar), Roman Bunka (oud) y Peter Christel (bajo), mientras que otros instrumentos corren a cargo de Andreas Schätzle (sintetizador) y el trío protagonista, con Simmerl a la batería, Zapf al dulcimer y un acordeón que no destaca especialmente (algo más, por ejemplo, en la bohemia "Herbes de Provence") y Neumann a la guitarra acústica y teclados.
 
"Ambience" fue publicado por VeraBra Records en 1989, pero Never Been There no han destacado precisamente por la fidelidad de una discográfica. Así, "Never Been There" había sido publicado en 1987 por Intuition Records (realmente ambas compañías habían sido creadas por Vera Brandes), y Extra Records publicó en 1995 "Third out of three", tercer álbum del grupo, de difícil localización, mientras que la compañía Pantaleon fue la que lanzó en 1998 "Weggefährten", un 'unplugged' con varias canciones de la banda y otros temas inéditos que los dos artistas principales publicaron como dúo con sus nombres, Rudi Zapf & Wolfgang Neumann. Como instrumento de sonido atrayente y novedoso, el dulcimer aparece en varias de las portadas de los discos de Rudi Zapf, como "Festliche Hackbrettmusik", donde interpretaba temas clásicos con ese peculiar instrumento. También lo vemos en los álbumes de de Never Been There, por ejemplo el primero presenta dos portadas distintas, una bajo una inversión de los colores (la alemana, firmada originalmente por Zapf & Neumann) y una segunda, más interesante, con tonos solarizados (en la edición americana de Capitol Records, cubierta que se parece sospechosamente a la de un disco un año posterior del propio Zapf en colaboración con la también guitarrista Ingrid Westermeier, "Hammer dolce", donde versioneaban temas clásicos y de jazz). El dulcimer también se aprecia en la portada del antes mencionado "Weggefährten", y es que este curioso instrumento posee una especial capacidad de enganche que contribuyó a la popularidad de una música inspirada en la tradición no sólo del país de estos artistas, Alemania, sino de otros rincones del mundo, muchos de los cuales visitaron en sus giras, por Europa y norte de Africa. Aunque esta intercultural banda se llame 'nunca he estado allí', desde 1986 intentaron acercar esos lugares lejanos a su público, y en su discografía han logrado momentos sumamente atractivos, varios de los cuales vienen recogidos en este álbum de título "Ambience" que, aunque fuera publicado originalmente en 1989, contó con una edición española a cargo de GASA en 1990.



25.10.12

DEAD CAN DANCE:
"Anastasis"

Como la legendaria Ave Fénix, que cada 500 años renacía de sus cenizas, en 2012 resurgió también el hechizo de Dead Can Dance, un dúo esencial, simbólico y enormemente atractivo para los amantes del arte hecho música. Inéditos en el estudio desde 1996, afortunadamente no tuvieron que pasar los 500 años del Fénix sino 'solamente' 16, para que Lisa Gerrard y Brendan Perry volvieran a conectar en la preparación de un nuevo plástico, que iba a suponer a su vez el gozoso despertar de su directo (algo que ya ocurrió en 2005, pero que no trajo consigo nuevo álbum). Una vez más, tras componer en la lejanía, Brendan en Irlanda y Lisa en Australia, estas dos almas gemelas que se conocieron a los 17 años se juntaron en el estudio privado de Perry (instalado en la iglesia de Quivvy, en el condado de Cavan, Irlanda) para completar una nueva pieza del críptico puzzle que supone su trayectoria, una música de otro tiempo, que ha sabido mantener su marcado carácter al margen de modas y devaneos, algunos de los cuales han incorporado a sus canciones. El resultado, tan esperado por sus numerosos seguidores, lleva por título "Anastasis" y lo ha publicado en 2012 el sello europeo PIAS Recordings, tomando el testigo de su compañía de siempre, 4AD.

Como los girasoles de la portada, Dead Can Dance levantan sus cabezas de nuevo hacia el sol década y media después, un eclipse musical cuyo final ha supuesto todo un acontecimiento mundial. De hecho, "Anastasis" es un término griego (la eterna influencia griega en su música, títulos y letras) que significa 'resurrección', así que ambos pensaron que sería un título inmejorable para su vuelta. Parece que, en su regreso al estudio, el dúo retome la ilusión de sus comienzos, el sonido que surge del álbum es seguro y potente, se respira confianza, sin olvidarse del calor y la intensidad que el cálido envoltorio de músicas del mundo pinta en una paleta manchada de tonos oscuros. De inicio, los primeros compases de "Children of the sun" parecen devolvernos al Brendan Perry de la época de "Within the realm of a dying sun", aunque con algo más de optimismo, como el cambio de ese sol moribundo a engendrador. La voz se alza sobre la inquietante instrumentación en un resultado vistoso, exultante, climático, un resurgir del cantautor que encandilaba en los mejores momentos del grupo. No está solo, ya que la mejor versión de Lisa también retorna en el segundo corte, "Anabasis", sugerente y misterioso con la ayuda del hang, ese fascinante instrumento de percusión creado recientemente por Felix Rohner y Sabina Schärer, de nuevo a la altura de sus mejores momentos ("Cantara", sin ir más lejos), para continuar occidentalizando una magia oriental en la excepcional "Agape". Como es habitual, y al contrario que su poético compañero, la australiana utiliza la técnica de la glosolalia, cantando palabras sin sentido de un lenguaje místico absolutamente propio. El buen sabor de boca del comienzo del álbum no se diluye en su desarrollo posterior, Perry deslumbra con la enorme instrumentación de "Amnesia" y especialmente con lo que fue el primer sencillo del álbum, la imaginativa "Opium", canción de fácil escucha y seguro disfrute, que cuenta con la única colaboración del disco, la de David Kuckhermann interpretando ese tambor persa de nombre daf. Por su parte, la australiana vuelve a acongojar con su portentosa garganta en "Kiko" (haciendo real su autodefinición de 'emocional') y una "Return of the She-king" algo más sacralizada, en la que escuchamos las voces de los dos componentes del grupo. En el folleto de la gira, así como en la web oficial, Brendan Perry revela ciertos detalles interesantes: "para este álbum he estado fascinado por los elementos clásicos inmutables de la cultura griega, la profundidad de su música y su amor por la canción, la forma en que se combinan filosofía y canciones de amor. Me encanta la influencia oriental que viene a ser un cruce de caminos entre el este y el oeste, un mosaico caleidoscópico de esas culturas fusionadas". Esa orientalidad, que no es en absoluto nueva en el grupo, es más que evidente, especialmente en canciones como "Anabasis", "Agape" (con un sublime comienzo de cuerdas), "Kiko", o más camuflada en "Opium", con su ritmo 6/8 sufi marroquí en la búsqueda de un estado de trance. Otra característica del dúo, el medievalismo, también se puede respirar en composiciones como "Return of the She-king" o la propia "Anabasis", mientras que una ambientalidad más gótica impregna el resto del inspirado trabajo. En sus letras, Brendan Perry habla sobre el devenir de la humanidad, desde su evolución y la memoria colectiva de nuestro código genético ("Children of the sun"), hasta los errores del hombre y la amnesia colectiva social de una humanidad en la que son los vencedores los que escriben la historia ("Amnesia"), pasando por la perdición y el desconcierto de las adicciones ("Opium"), para culminar con "All In Good Time", según el londinense un final positivo, que asegura que "las cosas buenas vienen a aquellos que esperan". Más abstracta, Lisa Gerrard aporta un mayor nivel folclórico y transcultural en la composición de un álbum que se puede encontrar en digipack con las letras de las canciones en el folleto, en un bonito vinilo transparente o en una exclusiva edición limitada que incluía en un estuche rígido el CD, un libro con las letras e imágenes del diseño, una litografía de la portada autografíada y un USB con el álbum en formato digital.

"Anastasis" devuelve a Dead Can Dance a los ambientes misteriosos, místicos incluso, de sus trabajos más oscuros, sin desdeñar esa incierta tribalidad que tan buen resultado otorgaba en "Into the labyrinth", pero sin adentrarse tan profundamente como en "Spiritchaser", donde el dúo perdió parte de su identidad, de sus intenciones primigenias. Casi daba la impresión en aquel álbum de ruptura de que Perry se desentendiera en parte del proyecto, dada la ausencia de las típicas canciones que llevaban su firma en anteriores entregas del grupo (con su atractivo estilo más cercano al pop-rock que a las músicas del mundo, pero distinto, sombrío e hipnótico) y que, en "Anastasis", vuelven en todo su esplendor, de tal forma que tal vez los productores de las películas de James Bond deberían fijarse en algunas de ellas. En su nueva reunión, estos dos músicos se compenetran a la perfección, aportando al conjunto su propia interpretación musical del mundo, incluso es posible que parte de su enorme éxito se deba a sus distintas visiones de la realidad en una misma intención estética, lo que no se puede negar es la conexión que les une a pesar de la distancia que les separa, y que ha hecho que estas dos mentes vuelvan a estar juntas, sin motivaciones económicas, para explorar por el mediterráneo, oriente y el norte de Africa en un viaje que nadie debería perderse pues la música de este grupo, más que a disfrutarla, invita a fundirse con su propia esencia.








16.10.12

MOTION TRIO:
"Pictures from the street"

La bellísima y siempre animada ciudad polaca de Cracovia, que había visto nacer unos años antes en su barrio judío al excelso conjunto de música klezmer Kroke, se encontró en 1996 con una nueva expresión musical en base únicamente al acordeón, más concretamente a la unión de tres acordeones. Creado en el siglo XIX, el acordeón se extendió muy rapidamente entre la población campesina, si bien era mal considerado por los intelectuales. De hecho, proliferaron fácilmente chistes como: ¿Cual es la definición de un caballero? Alguien que sabe tocar el acordeón pero no lo hace; o ¿cómo se consigue que dos acordeonistas lleven bien el tiempo? Disparando a uno de los dos. Algunos autores sostienen que la emigración a las ciudades y el papel propagandístico del folclore durante la época comunista, entre otras circunstancias, tuvieron consecuencias sobre la música folk polaca, que se fue perdiendo al mismo tiempo que los jóvenes y el entorno rural se avergonzaba en cierto modo de la imagen ridícula que de la misma se había formado. Paradójicamente, fue en las ciudades donde jóvenes músicos comenzaron a recuperar esa tradición en combinación con sonidos modernos, y aunque el instrumento más importante de la música popular polaca sea el violín, aparecieron propuestas originales, innovadoras y plenas de frescura, como la de este grupo formado por tres premiados acordeonistas, Janusz Wojtarowicz, Pawel Baranek y Marcin Galazyn, que se hacen llamar Motion Trio.

Con Wojtarowicz como cabeza principal de la banda, Motion Trio se ha llegado a convertir en un pequeño fenómeno en su país y en casi toda Europa, si bien les ha costado llegar al mercado español. Han grabado obras de polacos de fama mundial como Frédéric Chopin, Krzysztof Penderecki, Henryk Górecki o Wojciech Kilar, pero también han colaborado con Michael Nyman, Bobby McFerrin o Trilok Gurtu entre muchos otros, abarcando estilos que van desde la world music o el jazz hasta la música contemporánea o un cierto gusto por el rock y la música dance. Los premios conseguidos les avalan, si bien por aspectos difíciles de precisar (cambios de compañía, regrabaciones, el propio idioma), existen informaciones contradictorias, difícilmente contrastables, sobre el verdadero orden en la discografía del grupo, al menos en lo que se refiere a sus dos primeros álbumes, si exceptuamos el auténtico 'Expediente X' que supone el disco "Cry", del cual no existe referencia alguna coherente en la red de redes. Así pues, "Play-Station" y "Pictures from the street" pueden ser por igual la primera referencia de Motion Trio según las fuentes consultadas, circunstancia acrecentada en la propia web oficial, que constata a "Play-Station" como anterior en el apartado discografía, y a "Pictures from the street" (siempre exceptuando el inencontrable "Cry") en la biografía. Ciertamente, otras fuentes consultadas citan a este último simplemente como "Pictures", pudiendo tratarse de una edición privada o muy limitada, incluso de una colaboración con el trompetista Tomasz Stanko, pero también lo acreditan como mejor grabación del año 2000 en Polonia y Gran Premio de la industria de la música polaca. De este modo, vamos a considerar a "Pictures from the street" como el auténtico primer álbum de Motion Trio en el año 2000, si bien su primera edición importante en CD llegó en 2003 por medio de Akordeonus Records, su propio sello discográfico. Asphalt Tango Records lo reeditó en 2004 con portada y diseños diferentes, así como una canción más y la inclusión de una pista de video. Ellos dicen acerca de sí mismos que son músicos de la calle, con la experiencia y la pasión que ello conlleva, de hecho en "Pictures from the street" leemos que la esquina de la calle Florianska y el mercado en Cracovia fue el lugar donde desarrollaron su estilo, una ubicación muy concurrida por la que pasaban habitualmente sus profesores de la academia de música. La mayor característica de la música de Motion Trio es la ausencia de electrónica en su música, algo difícil de asumir al escuchar el aluvión de efectos presentes en discos como éste, un frenético viaje de cáriz popular por la europa del este guiados por la unión de tres acordeones prodigiosos que comienza con "Train to heaven", un rítmico viaje en tren de cadencia más que interesante, bien construida y que invita a continuar escuchando a este sorprendente trío de carácter acústico. Más bohemio, parisino, aunque igual de movido y alegre es "Café Paris", en un gratificante comienzo del álbum que se acerca a terrenos más folclóricos con "Balkan dance", canción de corte tradicional a la que motion trio le confiere su dinamismo más desenfadado, si bien es el último tema del álbum el más conocido, el tradicional "Aide jano", todo un clásico de la Europa del Este tratado aquí con larga entradilla y, como siempre, excitante desarrollo. La compenetración de estos tres amigos se evidencia también en canciones más calmadas como "Little story",casi un pequeño vals, mientras que en "Scotsman" extraen sonidos de gaita del acordeón, "It's ok" explora en un 'tecno' agradable, y "Tango" es una melodía de aspecto urbano, con cierta dosis de caotismo y acabado de juego, que anticipa así la temática de su siguiente disco ("Play-Station"). "Asfalt Tango", de clímax fílmico con toque de misterio, es la única composición nueva en la segunda edición de este álbum bohemio, imaginativo y atrevido (dada la imagen que podemos tener de la música de acordeón) aunque respetuoso.

Motion Trio es un grupo para escuchar preferente en directo, pero su escaso acercamiento a nuestro país provoca que nos tengamos que refugiar en sus discos, sorprendente y efusivas demostraciones de las posibilidades acústicas de tres acordeones y, en la mayoría de los casos, de gran magnificiencia no sólo en la ejecución sino en la propia calidad del producto, inspirado y novedoso, lejos de esos tradicionalistas que, afirman, se han quedado sin ideas. Wojtarowicz comenta en el libreto del trabajo: "Otros instrumentos como el violín, la guitarra y el piano ya se han agotado en sus propios caminos, y en este punto no hay mucho nuevo que realmente se pueda hacer con ellos. Con el acordeón es diferente, sólo ahora se está descubriendo poco a poco y se toca de forma experimental", y concluye con esta rotundidad: "Simplemente queremos tocar el acordeón, nos encanta su variedad". De igual manera, a cualquiera que escuche este trabajo le encantará su original propuesta.







1.10.12

SACRED SPIRIT:
"Cantos y danzas de los indios americanos"

Aunque en otras ediciones de este controvertido álbum sea una máscara ritual de la tribu Nuu-chah-nulth la que admiremos en su portada, la imagen más asociada con el mismo, que ocupa dicha cubierta en la mayoría de los países en que fue editado, es una iconográfica fotografía de un joven indio navajo realizada por Carl E. Moon en 1904 (curiosamente, este dato no aparece en el folleto del disco, aunque sí se acredita el origen de las demás fotografías, por ejemplo las de Edward S. Curtis de una mujer lummi y del jefe Slow Bull de los oglala sioux). Es un pueblo, el navajo, que mide su riqueza por la cantidad de canciones que poseen, cantos de propiedades curativas -con la entonación y cadencia correctas y en el entorno adecuado- que se han conservado en el tiempo y que guardan en su memoria una extraordinaria espiritualidad. Algunos folcloristas estadounidenses, alarmados por el peligro de desaparición de la música india, comenzaron a efectuar grabaciones de la misma en compañías como Canyon Records o Folkways Records, consiguiendo un efecto revitalizante que acabó combinando la tradición con el country, el gospel o incluso elementos electrónicos. En las últimas décadas del siglo XX la filosofía new age adoptó la conciencia ecológica de las tribus indias, y músicos como R. Carlos Nakai, Joanne Shenandoah, Glen Vélez, Mary Youngblood o Michael Brant Demaria, así como compañías como Silver Wave Records, ofrecen imaginativas propuestas no reñidas con la tradición. Bastante más polémico fue el disco que nos ocupa, "Cantos y danzas de los indios americanos", publicado por Virgin Records en 1994, originando una saga de álbumes bajo la denominación 'Sacred Spirit' que han llegado a vender más de 15 millones de copias en todo el mundo.
 
'La otra cara de América', rezaba la publicidad española de este trabajo, que se vendía como una suerte de continuación natural de los éxitos de Deep Forest, Enigma o la propia Enya: "Sacred Spirit es la herencia musical de un pueblo, recuperada gracias a las modernas tecnologías y adaptada al gusto de hoy, con el respeto debido". Otros apostaron por el término 'adulterada', en especial representantes de los pueblos indios mencionados (navajos, yuroks, tolowas y chetcos entre otros), en un lucrativo aprovechamiento de una tradición ajena, sin artistas indígenas involucrados, si bien la inteligente maniobra de la compañía de que parte de los beneficios se destinaran a organizaciones de apoyo a los pueblos indígenas como Native American Rights Fundation y Survival International, atenuó en gran parte las protestas. El material original utilizado en el álbum es acreditado en el mismo como 'New World Records, antología grabada de la música americana', y proviene de una fundación neoyorquina que recoge música de raiz para utilizarla en escuelas y colegios, unos registros cuyos derechos fueron comprados al parecer por unos 2000 dólares, una cifra irrisoria si contemplamos las ventas millonarias de "Cantos y danzas de los indios americanos". Evidentemente Sacred Spirit era un nombre ficticio, un apelativo bastante atractivo que en la contraportada del disco respondía a los arreglos y producción de 'The Fearsome Brave', nueva denominación tras la que, agazapados, se escudaban tres nombres, los de los alemanes Claus Zundel, Ralf Hamm y Markus Staab, productores que ya habían conocido el éxito con otra fusión, de flamenco y música disco, que presentaron desde Ibiza con el nombre de B-Tribe (Barcelona Tribe of Soulsters). Una vez conseguidas las grabaciones autóctonas, Zundel -verdadero cerebro de la idea- y los suyos sólo tuvieron que adaptarlas a un entorno moderno, añadiendo percusiones e instrumentos de viento y cuerda (sin acreditaciones, si bien el chelista Eric Plummetaz, presente en la mayoría de sus proyectos, seguramente aportó su buen hacer también en éste), pero también teclados y programaciones que para nada se corresponden con la tradición indígena, esas adulteraciones que con toda lógica fueron mal acogidas por el sector implicado en las mismas. Es preciso admirar, sin embargo, lo acertado de algunas de las melodías presentes en el disco, como "Tor-Cheney-Nahana" ('Ceremonia de invierno'), "Ly-O-Lay-Ale Loya" ('La danza circular', con la colaboración de Peter Kater) o su primer sencillo (número 1 en varios países europeos), "Yeha-Noha" ('Deseos de felicidad y prosperidad'), tonadas que suben muchos enteros la calidad, controversias aparte, de un trabajo que en ocasiones puede ser tan bello como los desérticos y montañosos paisajes que adornan el folleto desplegable del CD. El efecto de violín y chelo, que parecen acompañar e incluso adecuarse al ambiente solitario, es atractivo en algunas de las composiciones ("Dawa"), mientras que otras parecen irse totalmente del asunto a tratar, para derivar en una música de aspecto poco o nada tradicional, falseado en demasía por ritmos programados ("Ya-Na-Hana", "Gitchi-Manidoo"). Otras, a medio camino, presentan momentos ocasionalmente agradables, por lo general de naturaleza ambiental, ensalzados con los cantos nativos, flautas y sonidos naturales, si bien las programaciones pueden acabar resultando hirientes para los más puristas ("Heya-Hee"), los mismos que, dicho sea de paso, no debieron comprar el álbum, un trabajo que entró en las listas de venta españolas en 1995, donde estuvo 32 semanas, llegando a alcanzar el número 2. Para efectuar una rápida comparación, la excepcional banda sonora de "Bailando con lobos", de John Barry, sólo pudo ascender en 1991 al número 24 en las mismas listas. Numerosos singles y maxis en CD y en vinilo acompañaron la promoción del álbum, con distintas portadas y horribles remixes, pero la circunstancia más curiosa se da al comprobar que existen a la venta hasta diez volúmenes distintos que se aprovechan de la etiqueta Sacred Spirit para encontrar su mercado, ya que en la mayoría de las ocasiones se trata de discos de B-Tribe publicados por Higher Octave Music en los que utilizan cantos de monjes tibetanos, derviches, compositores clásicos, tango o jazz. Aún así, hay que destacar entre ellas a las dos auténticas continuaciones del álbum aquí glosado: Virgin Records publicó "Sacred spirit II" en 1997 con el subtítulo "Culture Clash", y en España "Viaje por el blues a través del tiempo" (con portada y diseño propios), y se trataba del mismo tipo de música del anterior volumen pero centrado en el blues americano (en Estados Unidos lo publicó Higher Octave con el cambio del nombre del grupo por Indigo Spirit). Más parecido al primero, apareció en el año 2000 "More chants and dances of the native americans" (firmado por 'Indians' Sacred Spirit' en Europa -Virgin Records-, y esta vez sí, por 'Sacred Spirit II', en Estados Unidos -Higher Octave Music-), que incluso fue nominado al premio grammy en categoría new age.
 
“Más que en la música, hemos querido poner el énfasis en la voz. Hemos tratado de hacer un trabajo respetuoso, que refleje la historia de un pueblo. Por eso, desearíamos desviar todo el interés de los medios hacia los verdaderos protagonistas del disco, que son los indios”. Esas eran las palabras de Claus Zundel, y para el gran público, el que disfrutó con "Yeha-Noha" o "Tor-Cheney-Nahana", así quedó la historia, la de un producto de sonido ambiental que combinaba la modernidad de los teclados y las programaciones con la antigüedad de las voces étnicas, en un nuevo ejemplo de lo que se ha dado en llamar etno-tecno. La situación sin embargo fue la de siempre, que los que se lucraron enormemente con los cantos y danzas de los indios americanos fueron los 'hombres blancos', es decir, Claus Zundel y Virgin Records, mientras que los auténticos y orgullosos nativos americanos enarbolaban una feroz crítica hacia estos individuos que se aprovecharon de la globalización para adulterar sin reparos elementos ajenos, y es por eso por lo que este disco tiene dos caras. Para una mayor polémica, la canción arreglada por Peter Kater, "Ly-O-Lay-Ale Loya", ni siquiera es representativa de tribu alguna americana, puesto que se trata de un canto joik (o yoik), una canción tradicional del pueblo sami, de Laponia, cuyo parecido con los idiomas indios ha sido siempre motivo destacable. Ante esta sucesión de ataques a la identidad indígena en lo que, paradójicamente, resulta ser un trabajo recomendable, sólo resta recordar algunas de las frases escritas por el jefe indio Seattle de la tribu Suwamish al presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce, en lo que se conoce popularmente como 'la carta del indio': "Sabemos una cosa, que quizás el hombre blanco descubra algún día: Nuestro dios es el mismo Dios. (...) También los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás tribus. El hombre no ha tejido la red de la vida, sólo es uno de esos hilos y esta tentando la desgracia si osa romper esa red. Todo está ligado entre sí, como la sangre de una misma familia. (...) ¿Dónde está el bosque espeso? Desapareció. ¿Dónde está el águila ? Desapareció. Así se acaba la vida y sólo nos queda el recurso de intentar SOBREVIVIR".










21.9.12

NIGEL KENNEDY:
"Kafka"

Con un gran historial de músicos en la familia, se hizo evidente desde su infancia que un personaje tan inquieto como Nigel Kennedy iba a continuar la tradición familiar. En una escuela para niños prodigio, este británico aprendió desde muy pequeño piano (su madre, Escila Stoner, era profesora de piano) y fue adoctrinado por Yehudi Menuhin en su instrumento principal, el violín, con el que consiguió cifras de ventas asombrosas en la música clásica gracias a sus famosas interpretaciones de "Las cuatro estaciones" de Vivaldi o el "Violin concerto" de Elgar. Su propio carácter y fisonomía han contribuído a su éxito, circunstancias especiales (su extravancia en el vestir, peinarse o actuar) que se unen a su virtuosismo para captar la atención de un público muy numeroso. Sin embargo, a mediados de los años noventa este fan del Aston Villa necesitaba un cambio, y utilizó el nombre del escritor Franz Kafka para reivindicar su nuevo papel en la música: "Interpretar las obras maestras de los grandes compositores durante bastante tiempo ha sido una experiencia muy bonita, pero desde mi adolescencia he sentido la necesidad de expresar mis propias ideas en diferentes géneros musicales y he estado desarrollando el vocabulario musical necesario para presentar mi estilo musical". Publicado por EMI en 1996, este disco de Nigel Kennedy, que realmente no era el primero con su nombre y composiciones propias (en 1987 publicó "Let Loose", de más que difícil localización), llevó por título "Kafka" ya que, aunque declaró que diez de las canciones del disco tratan sobre el cambio, no quiso llamarlo "Metamorphosis" por considerarlo un término demasiado científico.
 
EMI no presionó en ningún momento a su mimado músico, en un intento de que todo fluyera en la dirección adecuada, que visto el resultado final es un curioso cruce de caminos, compuesto de ideas que en ocasiones llevaban años rondando la cabeza de este británico influenciado por igual por la música clásica como por el rock setentero y el jazz. De este modo, el disco es un emocionante surtido de cuerdas, en especial una gran demostración de Kennedy con sus violines acústicos y eléctricos. "Autumn regrets" es uno de los cortes más interesantes del álbum, con un comienzo atípico que deriva enseguida hacia un estilo psicodélico, donde el violín enseña por momentos una faceta rabiosa engalanando con su furia este acertado inicio. Sin destacar especialmente, "I believe in god" continúa por derroteros rockeros, en los que no falta un estupendo solo a modo de guitarra de este 'Hendrix del violín', una plegaria bastante heavy que despista en cuanto a las intenciones del álbum, especialmente si en el tercer corte nos topamos de golpe con una sencilla canción de voz operística sin mucha enjundia ("Transfigured night") que difiere notablemente con la anterior y hace que comencemos a sospechar que el carácter provocador de Nigel ha dado lugar a un cierto pasotismo estilístico. David Roscarrick-Wholey es el vocalista de esta canción, y se le escucha además en "Soleil levant sur la Seine" (un baile parisino demasiado tranquilo a pesar de las programaciones del canadiense David Bottrill, a su vez productor del trabajo junto al propio Nigel Kennedy -un Bottrill que posteriormente a "Kafka" ha producido entre otros grupos a Dream Theater, Muse, Placebo o The Smashing Pumpkins-) y en la extraña y dificilmente clasificable, pero amena y particular "From Adam to Eve", en la que comparte protagonismo con otros dos vocalistas y coatures de la canción, Brix E Smith (la cantante y guitarrista del grupo americano The Fall) y Stephen Duffy (británico, miembro fundador de Duran Duran). La parte central del disco es sin duda la más acertada y fácil de seguir, en especial por las dos composiciones que rodean a la mencionada "From Adam to Eve", las dos pequeñas joyas del disco, ambas compuestas por un Nigel Kennedy en estado de gracia: "Melody in the wind" es una exquisita melodía que nos subyuga con su estilo clasicista, en la que conversan amigablemente, incluso bailan entre sí, los violines de Kennedy y del afamado violinista francés de jazz Stéphane Grappelli, una gran influencia para Nigel desde que coincidió con él a los 13 años (considerado incluso, en sus propias palabras -y Menuhin aparte- como "un padre musical"), que falleció un año después de la publicación de "Kafka". Por otro lado, emotiva y maravillosa, en "Fallen forest" Kennedy demuestra que lo mismo que puede ser dominado por su vena extravagante, también ha sabido durante su carrera explorar en su interior y crear e interpretar este tipo de propuestas suaves, dueñas de una deliciosa languidez y ternura como de cuento. Continuando con el intervalo intimista tan agradable, Jane Siberry canta "Innig", de la que es también coautora (el único corte en el que no suena el violín, ocupándose nuestro artista de su segundo instrumento, el piano), y tras un interesante "New road" (más movido y de aire country) y un reflexivo "Solitude", este variopinto "Kafka" se despide sin grandes alardes con la voz de la chelista británica Caroline Lavelle en "Breathing stone". "Melody in the wind", "Fallen forest" y "Autumn regrets" fueron con toda lógica los tres cortes que componían el CDsingle principal del álbum, que se complementó con otro que incluía "Innig" además de los anteriores, y un tercero que presentaba un tema nuevo, de título "Mixamorphosis I".
 
"Kafka" se grabó durante algo más de tres meses en los Rockfield Studios de Monmouth, en Gales, rodeados de bosques y naturaleza. Kennedy interpreta violines acústicos y eléctricos, viola, piano, saxo, arpa y mandolina, y otorgó una gran libertad a sus músicos para que tuvieran la fluidez necesaria para añadir su toque personal. Hay que constatar que hubo un nutrido vaivén de intérpretes, que dificilmente repiten juntos en cada una de las canciones, originando de esta forma ese sonido discontínuo seguramente intencionado, al hilo de la variedad estilística del álbum. Al margen de los vocalistas, ya mencionados, los músicos más involucrados en este proyecto fueron el galés Pino Palladino al bajo, el brasileño Naná Vasconcelos a la percusión, Bill Dillon y Doug Boyle a las guitarras, el intérprete de Kora Ravi, el francés de origen marfileño Manu Katché a la batería y el contrabajista inglés Danny Thompson, dándose la circunstancia de que tanto estos dos últimos como Caroline Lavelle pertenecían a la banda de la genial vocalista Loreena McKennitt. Además Rory McFarlane (contrabajo), Rupert Brown (batería), Simon Clarke (órgano), Naomi Boole-Masterson (cello) o el inglés asociado a la escena de Canterbury John Etheridge (guitarra clásica) fueron otros de los nombres asociados a un álbum de portada colorida, algo solarizada, que en un principio no fue gratamente acogido por los fans del músico, considerando muchos de ellos que nunca podría llegar a ser un clásico. Tal vez sería necesario cambiar el planteamiento de su escucha, tomarlo como un experimento, un híbrido de estilos, y dejarse atrapar al unísono por el riesgo de algunas de sus composiciones y la facilidad de otras, respetando las creaciones de este brightoniano como él mismo hace con las de Vivaldi, Bach, Beethoven o incluso The Doors o Jimi Hendrix. Como bien expresa en el libreto del álbum, "la moda, el elitismo intelectual, el plagio y la política nunca se han relacionado con mis creencias musicales, por lo que es difícil encontrar una categoría conveniente con la que describir mi música. Todo lo que puedo decir es que he puesto mi corazón y mi alma en este álbum y ha sido muy gratificante, sobre todo por todos los maravillosos músicos que contribuyeron tanto, muchas gracias a ellos y también a ustedes por tomarse el tiempo para escuchar mis cosas".
 
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12.9.12

JÓHANN JÓHANNSSON:
"IBM 1401, a user's manual"

Arthur Samuel, del Centro de Investigación Watson de IBM, escribió en 1964 que "hasta que no sea viable obtener una educación en casa, a través de nuestra propia computadora personal, la naturaleza humana no habrá cambiado". La multinacional americana IBM contribuyó sobremanera a ese cambio en los ochenta mediante el IBM PC, unas siglas que han trascendido notablemente. Sin embargo, IBM llevaba años fabricando ordenadores poco personales, monstruos de grandes proporciones que permitían almacenar y procesar datos, que fueron muy útiles por ejemplo para la NASA en el primer alunizaje. El IBM 701, nacido en 1952, fue su primera 'computadora científica comercial', y en 1959 nació el protagonista de este disco, el IBM 1401, del que se vendieron más de 20.000 unidades, y sobre el que nos podemos imaginar las dificultades de su manejo y puesta en funcionamiento. En 1964 uno de esos equipos llegó a Islandia y Jóhann Gunnarsson, padre de Jóhann Jóhannsson, fue el ingeniero jefe de mantenimiento, una labor que ha acabado inspirando el curioso disco que nos ocupa, orientado en principio a la danza (una obra de la coreógrafa islandesa Erna Ómarsdóttir, representada en más de cuarenta ciudades europeas), para cuarteto de cuerda, órgano y electrónica, y grabado finalmente en octubre de 2006 como la primera referencia de Jóhann Jóhannsson para el sello 4AD, con una gran orquesta de cuerda y 'grabaciones electrónicas cinta-a-cinta de época de un ordenador IBM 1401 encontradas en el ático de su padre'.
 
Gunnarsson se entusiasmó con las posibilidades musicales de la obsoleta máquina y realizó pequeños experimentos con las ondas electromagnéticas emitidas por la misma y un receptor de radio. En 2001 le habló a su hijo sobre estos ensayos, y comenzó a escribir esta nostálgica obra, que tras un encuentro con Erna Ómarsdottir -cuyo padre también había trabajado para IBM- tuvo su primera aplicación para la danza. "Queríamos que fuera una experiencia inmersiva, emocionalmente catártica, ritualista y expresionista", comenta un Jóhannsson que intentaba equiparar significativamente la inteligencia humana con la artificial. Ciertamente, aquellos ingenieros y programadores llegaron a empatizar de tal forma con la máquina que, cuando ésta fue sustituida y desconectada en 1971, se celebró un funeral por la misma, una humanización que intenta estar presente en este trabajo, utilizando los sonidos computerizados casi como coros, incluso incluyendo una canción que acaba por encontrar otra equiparación, la de esta computadora con el famoso HAL (las siglas con las letras anteriores a las de IBM) de la película de Stanley Kubrick "2001, una odisea del espacio", film que un sorprendido Jóhannsson contempló fascinado a los seis años de edad. "IBM 1401 a user's manual" (título que evoca el libro de Georges Perec "La vida, modo de empleo"), que cuenta con un sobrio pero poderoso diseño que incluye los datos en un facsímil del papel que utilizaba la máquina en aquella época, presenta cinco composiciones de duraciones amplias, que partiendo de una propuesta tan artificial tornan sin embargo en algo natural y hermoso con absoluta sencillez, logrando con sus lentos compases un efecto tan mágico y atrayente como el de la bruma que envuelve la costa. Y como ese propio efecto atmosférico que día tras día se antoja parecido, en la esencia continuada del trabajo aparece una inherente sensación de 'déjà vu', dado el parecido entre las melodías de cuerdas contenidas. "IBM 1401 Processing Unit" es la parte primera, una pieza conmovedora, a modo de lamento, incluso de oración, que presenta sigilosos toques electrónicos en su imperturbable y gloriosa calma. La intensa ambientalidad de carácter sinfónico abruma por su excepcional carga emotiva, mientras que el primer toque irreverente, vanguardista, aparece en la segunda parte del álbum, "IBM 1403 Printer", para la que Jóhannsson utiliza una voz encontrada en la guía de instrucciones de la impresora, que él mismo define como "la voz de un viejo profeta dando un sabio consejo"; acompañada de una monocorde campana, esta letanía se adorna por debajo, y abriéndose camino hasta dominar la pieza (para luego volver a desaparecer), con un himno entrecortado de tonos graves y auténticos zumbidos electrónicos. Las partes 3 ("IBM 1402 Card Read-Punch") y 4 ("IBM 729 II Magnetic Tape Unit") son otras dos acertadas composiciones para la orquesta de cuerda completa (The City of Prague Philharmonic Orchestra), con piano y órganos celeste y Hammond B3, además de numerosos efectos, que van aumentando su intensidad conforme avanza la escucha, llevándonos a formar parte de lo que parece un mundo particular, extraño, retro, de contínuo asombro y pleno de emoción y lirismo. El álbum es un vaivén constante, un oleaje de salpicaduras electrónicas conducido por unas fabulosas cuerdas, una construcción ambiental imprescindible para cualquier buscador de la belleza, que concluye con un quinto corte, de título "The sun´s gone dim and the sky´s turned black" ('el sol se ha difuminado y el cielo se torna negro'), que fue utilizado para el trailer de la película "Battle: Los Angeles" (traducida en España como "Invasión a la Tierra"), si bien no se incluyó en el metraje final del film. Esta pletórica, incluso gloriosa, quinta parte incluye un canto robótico (con la voz del propio Jóhannsson) y está basada en un poema de Dorothy Parker; la canción -equiparable al fenomenal "Odi et amo" de su álbum de debut, "Englabörn"- posee un particular encanto, recreando la 'muerte' de HAL en la citada película "2001, una odisea del espacio", mientras cantaba la canción "Daisy bell", que le había enseñado su instructor. "The sun's gone dim and the sky's turned black" fue además el lanzamiento elegido para el álbum en formato CDsingle, en una mezcla ligeramente distinta a la del disco, acompañado del inédito "Passacaglia", variación del título principal para cuarteto de cuerda, con la esencia barroca de su propio nombre.
 
"IBM 1401, a user's manual" es más que un disco, y no sólo como ejemplo de creatividad con altas dosis de ironía y saber estar, sino como un tipo de herencia, algo que era necesario continuar, en definitiva es un homenaje a su propia historia, con la característica añadida de incluir esas grabaciones originales con 30 años de historia, "sin duda el primer ejemplo de música digital que se produce en Islandia y uno de los primeros ejemplos de música electrónica en el país". El dubitativo inicio deviene en una suerte de himno de ambiental trascendentalidad, una astracanada capaz de tornar en religión la electrónica primitiva, en un alarde de inquieta transgresión de difícil parangón, donde se entrelazan pasado y presente. Jóhannsson, mayoritariamente aclamado con "Englabörn", demostró posteriormente en "Dis" que también sabe encontrar situaciones rítmicas (en la onda de grupos como Air) y presentarlas con elegancia entre pasajes más calmados. En "IBM 1401, a user's manual" confirmó su dominio del tiempo y el espacio en una partitura de apariencia sencilla y serena, un descubrimiento en el mundo del classical crossover que, si bien no es ajeno a mimetismos, constituye una nueva esperanza y una reflexión, la de que hay que abrazar a las máquinas como a nuestros propios hijos, pues si no, "al igual que los niños abandonados, se vuelven contra nosotros. Hemos encontrado que tarde o temprano, tenemos que aprender a leer el Manual del Usuario".
 
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24.8.12

RICHARD STOLTZMAN:
"Innervoices"

La magia que surge de un instrumento tan carismático como el clarinete, importante en cualquier orquesta clásica, es aún mayor cuando lo porta uno de esos monstruos de la interpretación como el estadounidense Richard Leslie Stoltzman, un músico de apretada agenda por un virtuosismo sin igual, apreciado especialmente en los círculos clásicos. La música de Big Band que tocaba su padre o sus contactos con el mundo del jazz, llegaron a provocar un nuevo sentido en su trayectoria en solitario, que se nutre especialmente de la visión inigualable que de la espiritualidad posee el músico canadiense Bill Douglas, gran amigo de Stoltzman y principal responsable de que el mundillo de la new age acogiera el nombre del clarinetista de Omaha (Nebraska), y adoptara composiciones como propias, en especial la maravillosa "Begin sweet world".
 
Esa bendita composición pertenecía al primer álbum en solitario de Stoltzman, de igual título, publicado en 1986. "New York counterpoint" fue el siguiente paso un año después, y repetía la misma estructura, con el enorme añadido de la percusión de Glen Vélez. En 1989 fue de nuevo RCA la encargada de editar otro paso adelante, de título "Innervoices", donde al clarinete, el piano de Bill Douglas, el sintetizador de Jeremy Wall y el bajo de Eddie Gómez (sus músicos habituales y buenos amigos), se añade el arpa de Nancy Allen, las percusiones puntuales de Danny Gottlieb y Richie Morales, y sobre todo el punto distintivo de una voz especial, la de una intérprete conocida y reconocida como Judy collins, cantante folk americana ganadora de un premio grammy. El contenido vuelve a recoger tres tipos de influencias, la clásica, la jazzística y la ambiental, pero el envoltorio es tan coherente que cada una de las composiciones, aún poseyendo su propia alma, se recoge en un todo bien unificado en el que conviven sin pudor autores como Bach, Keith Jarrett o Bill Douglas, y el paso de uno a otro no supone bajón ni interferencia. Douglas es el autor por excelencia del trabajo, y canciones como las que abren el mismo se han convertido, como lo hizo "Begin sweet world", en pequeños clásicos que han sido interpretados de diversas maneras por su autor: se trata de "Deep peace", en la cual a los etéreos teclados de Bill Douglas y el excelso clarinete de Richard Stoltzman se les une la voz de Judy collins, en un resultado etéreo en el que únicamente se puede echar de menos un mayor toque de percusión para que la canción ganara en fuerza, si bien la intensidad de la misma es evidentemente espiritual y esencialmente interior (su letra parte de una bendición gaélica). También de Douglas son "Golden rain" (pequeña delicia escondida entre otros títulos más difundidos del álbum, en la que Stoltzman se muestra como un intérprete carismático y disfruta en su juego como el piano tanto como en "My song"), "Flower" y en especial "Innisfree", otra composición idílica y característica de este simpático canadiense, tanto que contará (como "Deep peace") con diferentes versiones, siendo la aquí aparecida casi exclusivamente para lucimiento de Stoltzman. Y es que el clarinete es el dominador, con toda lógica, del trabajo, apoyado convenientemente por sus 'compañeros de reparto', como el piano en "My song" (donde también escuchamos un buen bajo), en especial por la firma original de esta composición, la del inmortal pianista del sello ECM Keith Jarrett. Stoltzman acoge la pieza y la convierte en un pretexto para soñar despiertos, como lo intenta -con menos éxito- con otra adaptación de un grande, la del "If it's magic" de Stevie Wonder. Stoltzman, solicitado intérprete clásico, también gusta de incorporar repertorio de los grandes maestros a sus discos personales, por ejemplo un "Largo" de Bach que permite su lucimiento, "The swan" de Camille Saint-Saens o el "Ave Verum" de Mozart, un buen final en la faceta más popular de un Richard Stoltzman que muestra sus numerosas caras en el disco. Pero si los grandes clásicos son inmortales, también determinadas canciones, bien construidas y excelentemente interpretadas, pueden dejar huella y certificar una nueva importancia en la música ligera: "For free" es un auténtico regalo, una gloriosa dádiva en la que todo es admirable, desde la adaptación hasta la interpretación vocal de Judy Collins, y por supuesto la composición original de otra veterana cantante surgida del mundo del folk, la canadiense Joni Mitchell, que creó esta pequeña maravilla en 1970 cuando, en uno de sus momentos más exitosos y solicitados, observó embelesada a un músico callejero tocar de manera venerable el clarinete totalmente gratis, en un claro reflejo de las injusticias de la vida (ella tenía guardaespaldas, viajaba en limusina y cobraba sumas astronómicas, mientras él tocaba 'for free', gratis, en cualquier esquina). Reseñar que en el álbum original de Joni Mitchell que incluye dicha canción, el clarinete es interpretado por el mítico Paul Horn.
 
Con canciones tan rotundas como "For free", "Innervoices" se convierte en un trabajo esencial. Stoltzman convierte al clarinete en un instrumento poderoso, pleno de magia y vitalidad, y lo demuestra en asociaciones con voces carismáticas (la de una Judy collins que aunque sólo aparezca en dos de las canciones se deja ver en la portada del álbum), en bonitas adaptaciones clásicas, en cortes de suave jazz o en momentos ambientales bajo la firma de Bill Douglas, cuya amistad con Richard Stoltzman nos ha permitido contemplar ensimismados el acercamiento de este generoso clarinetista al terreno popular, con esos ramalazos clásicos, jazzísticos y folclóricos. Jeremy Wall, que fuera miembro fundador del grupo de jazz fusion Spyro Gyra, es otro nombre importante no sólo del álbum (en su labor de productor y teclista) sino de esta carrera popular de Richard Stoltzman que tras "Innervoices" continuará divirtiendo y entusiasmando a su público menos clásico con discos tan variados como "Brasil", "Dreams", "Visions" o "Spirits".

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