26.10.20

DAVID ARKENSTONE:
"Quest of the dream warrior (Kyla's journey)"

Es indudable la atracción que la música instrumental genera entre una audiencia bastante amplia. Para que ese interés se convierta en obsesión, el paso siguiente es conseguir la chispa adecuada, el estilo idóneo para que el oyente vibre. Muchas bandas sonoras poseen un extraordinario componente épico que, fruto de una determinada sucesión de notas y acordes, conecta con la audiencia, consiguiendo que el público entre de lleno en la película en cuestión de segundos: 'Conan', 'Willow', 'Lady Halcón' o la saga de 'El señor de los anillos' son algunos de los films de fantasía épica o heroica que se aprovechaban (lo hacían gracias al talento de Basil Poledouris, James Horner, Andrew Powell y Howard Shore) de ese tipo de sones en concordancia con la temática de esas películas que han pasado a la historia y no nos cansamos de ver, pero algunos artistas no han necesitado del séptimo arte para desarrollar su propia música instrumental ambientada en mundos ignotos de aventuras de espada y brujería: el estadounidense David Arkenstone es uno de los músicos asociados a la etiqueta new age que mejor supo incorporar a su obra, especialmente en la última década del siglo pasado, este componente fantasioso que muchos oyentes demandaban.

Narada Productions apostó por Arkenstone, y éste respondió convirtiéndose en uno de los superventas de la compañía. "Citizen of time", su estupendo tercer trabajo (tras el pionero "Valley in the clouds" y la colaboración con Andrew White en "Island"), se posicionó merecidamente en el número 1 de las listas de new age del Billboard en julio de 1990, así como, al año siguiente, un "In the wake of the wind" que intentaba ser inspirado y grandilocuente, pero se plantaba en algo complaciente en su búsqueda de la melodía y el ambiente épico, sin acabar de epatar, a pesar de pequeñas joyas como "The southern cross". Fue entonces cuando David pensó en dar un paso adelante para potenciar la imagen asociada a su música a través de la literatura, y contactó con la escritora de novelas de fantasía Mercedes Lackey. Se dio la casualidad de que ella afirmó ser fan de la música de Arkenstone desde su primer álbum, que utilizaba en ocasiones durante su proceso de escritura, fomentando la entrada en sus mundos imaginativos. "La historia de David fue tan convincente que fue un honor poder contribuir de alguna manera a este proyecto", dijo. Cada canción de "Quest of the dream warrior" se asocia a pasajes del cuento que ambos se encargaron de crear juntos, 'The journey of Kyla', la historia de la joven Kyla, vidente de la ciudad de Darnaak, que viaja a través de un mundo mágico para encontrar a su padre, el gran guerrero Kylaar, desaparecido años atrás en su búsqueda para expulsar a la Sombra de la Gran Oscuridad de la Tierra. Publicado por Narada Artist Series en 1995, "Quest of the dream warrior (Kyla's journey)" es la segunda piedra de una trilogía que empezó con "In the wake of the wind" en 1991 y concluyó con "Return of the guardians" en 1996 (un trabajo agradable pero algo plano, en el que Arkenstone pierde la épica melódica para ganar en ambientación). En todas se recrea musicalmente una historia contenida en los cuadernillos, y en la última de ellas, de nuevo con la colaboración de Mercedes Lackey, se unen las andanzas de los protagonistas de las anteriores, Andolin y Kyla. Volviendo al disco que nos ocupa, "Prelude: Tallis the messenger" es el comienzo de la aventura, cuando una evocadora entradilla (la llegada de ese ángel mensajero llamado Tallis) abre paso a una canción de ritmo aguerrido en un estilo de rock sinfónico a lo The Alan Parsons Project. No han sido nunca las canciones un recurso especialmente asociado a Arkenstone, por lo que chocaba especialmente en el inicio del álbum ese tema vocal. Además, él mismo se encargó de la voz principal, con solvencia aunque realmente con falta del carisma de un verdadero vocalista. Más sinfónico que new age es también el atractivo corte ("Rhythms of vision") que recrea el sueño en el que Kyla ve a sus padres arrastrados por una terrible tempestad ("sigue el río hasta el mar, sigue tu corazón hasta tu destino, no mires atrás", le dice su madre), preludio de "The journeys begins: Kyla's ride" y su grata melodía cabalgante, aventurera, una de las pegadizas piezas características del Arkenstone épico, y tema principal de este trabajo. Kyla ya está en marcha en su viaje, acompañada del caballo Pavaan, la anciana Myrra y el curtido guerrero Elidor, que había luchado al lado de su padre. "The voice" es una nueva canción, más entrada que la anterior en un rock sinfónico característico de la época, con guitarra eléctrica penetrante en un clímax continuo. Tras casi caer por un acantilado, y en su merecido descanso, una tenue música despierta a Kyla y contempla la danza a la luz de la luna de "criaturas diminutas, aladas, delicadas y frágiles como flores de jazmín"; es "Dance of the maidens", una especie de oda, presa de una bella y poética gracia, otro corte destacado en el trabajo por su lírica y soñadora melodía, y el eficaz tratamiento orquestal, para el que formaron terna Leland Bond, David Arkenstone y el incipiente compositor de publicidad y bandas sonoras para cine, televisión y documentales (ganador de dos premios Emmy) Michael Whalen, que co-produce el álbum junto a David. A continuación, y tras el paso por la aldea de Shantaari y un encuentro con el joven comerciante Eycra, nuestros amigos llegaban al bosque mágico, nebuloso y con peligros acechantes; "The magic forest" es tal vez el más claro ejemplo del adornado estilo de new age épica con el sello del multiinstrumentista de Chicago, sencillo pero efectivo. El cuento prosigue cruzando un pantano siniestro hasta llegar al mar, donde ayudaban a un delfín que acabó convirtiéndose en una bella mujer, Eyera, la 'Reina del mar'. Es el periplo que conduce a una nueva canción, "Road to the sea", de menor impacto que las anteriores. Tras dejar a Myrra y sus monturas en la tierra de la oscuridad, Elidor y Kyla llegaban al lúgubre templo de Vaal, donde tras conseguir la Piedra de Vaal, Kyla se quedaba sola. La cadencia tintineante y el sugerente viento de "The temple of Vaal" recuerdan a algún momento orientalizante del memorable "Citizen of time", aunque notablemente inferior en importancia. Cadencias celestiales inauguran el penúltimo tema, "Wings of the shadow", de intensidad creciente hacia el sinfonismo del comienzo. Ahí, la Piedra de Vaal le ayuda a vencer a un enorme dragón y encontrar por fin a su padre. Aunque otra buena canción tal vez hubiera sido el final adecuado del viaje, el artista opta en "Homecoming" por un instrumental no excesivamente inspirado, aunque eficaz como cierre de la aventura, de este disco conceptual que no consiguió obtener una nominación al grammy como el anterior "In the wake of the wind", pero que elevó las prestaciones de Arkenstone gracias a la aportación de la escritora Mercedes Lackey.

Como en toda la trilogía, y en otros trabajos de Arkenstone ("The celtic book of days", "The spirit of Olympia", "Eternal champion"), Kenn Backhaus fue el autor de los dibujos y mapas del disco, plasmando en ellos el afán viajero y aventurero de este ilustrador y pintor de Wisconsin. Arkenstone ejerce de multiinstrumentista tocando guitarras, sintetizadores, programaciones, flautas, piano, órgano Hammond y voces principales, encontrando ayuda de otros músicos en las voces complementarias, percusiones, violín, synclavier, bajo, flautas chinas, flauta dulce y otros sintetizadores, así como por supuesto en la orquesta, conducida por Michael Whalen, que complementa perfectamente la historia con sus profundos vientos y cuerdas, fusionando con pasión sinfónica lo acústico y lo electrónico en esta aventura de cielos misteriosos y aromas exóticos que reposa entre las obras más interesantes de este prolífico autor norteamericano, un artista que logró hacerse un nombre y una marca musical particular y reconocible en la música new age, que reclamaba la tecnología en la música como esa ayuda que ni Mozart ni Bach repudiarían de vivir en nuestros días. Y aunque se queda evidentemente muy lejos de ellos o de otros de sus ídolos, tan lejanos a su estilo, como Vaughan Williams o Aaron Copeland, vale la pena relajarse y divertirse de vez en cuando con algunas de sus obras más destacadas, como este cuento musicado titulado "Quest of the dream warrior".

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14.10.20

RODRIGO LEAO & VOX ENSEMBLE:
"Theatrum"

Sea por la búsqueda de un sonido propio o por intereses vanguardistas y neoclasicos, el caso es que el cambio ejecutado por el portugués Rodrigo Leão en su carrera en solitario desde que abandonó la banda que ayudó a fundar, Madredeus, se iba notando cada vez más radical, dejando totalmente de lado el folclore luso para sumergirse en un mundo que unía lo contemporáneo con lo antiguo, un delicioso experimento cuyo punto culminante estaba constituido por voces corales en latín que conspiraban con una instrumentación moderna. El encuentro era una fusión deliciosa, perfecta técnicamente y excitante en sus arreglos, un crossover parecido al que en estos mismos años presentaba Karl Jenkins con su grupo Adiemus, o algunas otras propuestas menores que se aprovecharon de estos tiempos de gran tirón mediático y por supuesto comercial, de la conocida como música new age, enorme cajón desastre en el que cabían perfectamente obras como estas, paradigma de la apertura y la valentía de los nuevos caminos de una época maravillosa para las músicas distintas y para esos artistas que, como Rodrigo, tenían dentro una particular vena artística que acabó explotando.

Leão había sorprendido muy gratamente con su ópera prima en 1993, un excitante "Ave mundi luminar" al que siguió un delicioso EP titulado "Mysterium", imprescindible también en su discografía. El paso siguiente lo publicó CBS/Sony en 1996 con el título de "Theatrum", y Rodrigo mantenía en él las ideas de su obra en solitario pero evolucionadas hacia terrenos más minimalistas y enlazando las piezas del álbum en una especie de suite teatral sin momentos de desperdicio. En efecto, "Theatrum" continúa en esa línea abierta en "Ave mundi luminar" de modernización de lo antiguo, la utilización de cantos en latín sobre bases rápidas, repetitivas, junto a otras más calmadas, de estilo camerístico. Más o menos original (el latín ya había sido utilizado en los últimos años en las nuevas músicas - Enigma, Enya- y seguía siendo un recurso lógico en la música sacra y contemporánea), el crossover de Leão no es complicado pero porta una intensidad muy hipnótica que lo convierte en un producto efectivo, aunque en la repetición de la fórmula se pierde el efecto sorpresa, por eso "Theatrum" no es de las obras más recordadas de Rodrigo (por el gran público, tal vez no por el fan), por eso y porque este disco contiene grandes composiciones, pero no un "Ave mundi" que quede definitivamente en la conciencia del oyente. Nos encontramos sin embargo ante un grandísimo trabajo, muy estudiado, en el que predomina el conjunto, la especial sensación de estar escuchando una obra compacta y especial, un teatro milenario que se abre al público desde un escenario global, y que fue compuesta en gran parte en la localidad de Ericeira, cercana a Lisboa, donde 'fabricó' un buen número de composiciones entre las que sobrevivieron once para este trabajo: "In memoriam" es una misteriosa entradilla con un aspecto muy serio, a la que van accediendo, alternados, compases muy rítmicos. El aspecto conjunto se intentaría acercar, con reservas, al de obras corales tipo "Carmina Burana". De repente, el movimiento lo inunda todo, emergiendo de cuerdas y teclados con un aire orientalizante; la altiva cadencia de "Odium" no sólo provoca actividad sino que accede a rincones ocultos de una manera hipnótica. La voz femenina de "Nulla vita" frena la locura en esta pequeña pieza mecida por el completo conjunto, una calma que no es sino un mero descanso del ajetreo general, que de nuevo torna a oriental, serpenteante, en "Dies irae", otra acertada melodía que sigue sorprendiendo en un álbum que ya se antoja muy completo. "O corredor" es la pieza de apariencia más sinfónica y menos alocada hasta el momento, manteniendo un altísimo nivel. Algunas de las composiciones tienen el aspecto de canciones, aunque fusionadas al estilo antiguo, con algo de folclórico y una conducción instrumental potente. Es el caso de "Solitarium", en la que también luce el oboe. Sin respiro, llega otro de los temas importantes y chocantes del trabajo; con varios cambios de ritmo, coro y una estupenda melodia de viento, "Locus secretus" es una pieza que remonta, si cabe, el interés de un álbum del que no se espera final, y en el que aún hay sorpresas, como "Contra mundum", otra de las mejores composiciones, la vuelta del sonido oriental, dinámico, una soberbia puesta en escena para este teatro imaginario. Por si fuera poco, al final retoma la estupenda melodía de viento de "Locus secretus" para potenciar un clímax apasionante. Y en este sorprendente tramo final, no podía faltar una pieza intimista, "Ruínas", que es la melancólica culminación de la admiración hacia Rodrigo y su propuesta diferente y atrevida. El piano conduce, las cuerdas arropan, juntos enamoran, y ya es difícil aventurarse a decir en cada nueva pieza que es de las mejores del álbum. El disco tiene que ir terminando, y lo hace con "Solve me lucto", tema de aspecto más eclesiástico que pagano (por primera vez en un álbum que parece ser una celebración del teatro de la vida), y con el largo lamento "O novo mundo" (que contó con una 'edit versión' en el recopilatorio "O mundo" del artista luso), en ese mismo camino, posiblemente menos interesante que el de los demás cortes. Aparte de Leão con sus teclados, el eficaz 'vox ensemble' estaba formado en esa época por Margarida Araujo (viola), Teresa Rombo (violonchelo), Antonio Martelo (violín), Nuno Rodrigues (oboe y corno inglés), y las voces de Ana Sacramento, Joao Sebastian y Ana Quintans, formación que le acompañó en las presentaciones en vivo del álbum, y que variaba respecto a la de "Ave mundi luminar" y "Mysterium", de los cuales sólo permanecían Margarida Araújo y Nuno Rodrigues, valorando especialmente las ausencias del violonchelista y arreglista Francisco Ribeiro y del productor de aquellos, António Pinheiro da Silva, siendo "Theatrum" una coproducción de Rodrigo Leão, Paulo Abelho y Tiago Lopes. Otros músicos que aquí colaboran son José Manuel David (trompa), Rini Luyki (acordeón), Paulo Marinho (sevina), Paulo Abelho y Tiago Lopes (percusiones), Nuno Gracio (voz) y otras voces del Coro Ricercare. El corte inicial del álbum, "In memoriam", fue regrabado junto al Coro de Cámara de la Escuela Superior de Música y la Sinfonieta de Lisboa, para un CD extra que acompañaba a la reedición de "Ave mundi luminar" en 2010.

Las músicas profundas, estudiadas -como las de este disco-, suelen tener mil máscaras que hay que destapar con las escuchas. Más allá de metáforas, la espectacular portada de este trabajo está adornada por doce máscaras de teatro griegas, trágicas en su mayoría, esas mismas que se asocian al dios Dionisio. Como extasiado por su influjo, Leão se muestra arrebatado en esta suite llena de fuerza y elementos diversos que pasan por varios mundos, clásicos y modernos, en una comunión explosiva que sin embargo, en su ausencia de elementos fáciles de absorber, resulta difícil de difundir y a veces de saber valorar: "hay discos con música más densa, otros con música más ligera. Recuerdo mi segundo trabajo, 'Theatrum', en el que un gran amigo de la infancia me llamó para decirme que había escuchado las tres primeras canciones y estaba devastado, casi deprimido, porque era un disco más pesado". En ese momento, aun así, lo calificó como el disco con el que más y mejor se identificaba. Aún tardaría Rodrigo unos años en alcanzar el gran éxito al acercarse a sus otras influencias, más comerciales (pop, bossa nova, fado) en su gran trabajo "Cinema", aunque el paso anterior también fuera especialmente destacable, un "Alma mater" con momentos bellísimos, melancólicos, en el que el músico portugués se soltó definitivamente de la lengua muerta que le había acompañado en sus primeros pasos en solitario -salvo por el propio título del álbum- para deshacerse en una gracia instrumental melancólica con dos canciones, en portugués y en español, que eran ya un anticipo de ese lógico éxito futuro.

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5.10.20

MARTYN BENNETT:
"Grit"

Son muchos los músicos que con mayor o menor trascendencia, han fusionado hábilmente las tradiciones de sus ancestros con la moderna tecnología. En la que conocemos como música celta, la música tradicional de las islas británicas y otros territorios cercanos y afines, la renovación implicaba romper con muchos convencionalismos y acarreaba no pocas críticas y miradas negativas, aunque las nuevas generaciones demandaran un cambio en cuanto a las viejas fórmulas, respetuosas y de calidad extraordinaria, pero ancladas en formas arcaicas y decididamente repetidas y aburridas en estos nuevos tiempos. El avance se dio poco a poco, pero contó con golpes de calidad innata y de ubicaciones muy dispersas, como los de Paul Mounsey, Ashley MacIsaac, Shooglenifty, Talitha MacKenzie, Martin Swan o Martyn Bennett, un escocés nacido realmente en Terranova (Canadá) al que una fatal enfermedad no permitió culminar su grandiosa proyección, pero que en sus 33 años de vida ofreció al mundo una discografía abierta, atrevida y gozosa, que sigue siendo gratamente recordada y difícilmente igualada a pesar del paso del tiempo. Además de los numerosos homenajes (el importante festival de Glasgow Celtic Connections, le dedicó un día para su recuerdo), conciertos conmemorativos, fondos de ayuda para músicos jóvenes y otros premios con su nombre, libros (su madre, Margaret Bennett, escribió 'It's not the time you have...' en 2006), recopilatorios y recuerdos hacia su figura, se llegó a escribir también un espectáculo teatral basado en su historia, 'Grit: The Martyn Bennett Story', que contó con un gran éxito y que habla claramente de su trascendencia popular.

Muchos fueron los méritos de Martyn Bennett para contar con ese respeto y aclamación póstumos, una incidencia que ya tuvo en vida desde que publicó su primer trabajo, "Martyn Bennett", un grandísimo debut cuya insolencia iba más allá de colocar su propio nombre como título. Enérgico y atrevido en sus fusiones de gaitas o violines con programaciones y samples, en su segundo álbum, "Bothy culture", continuó forjando su imagen transgresora (a la que acompañaban unas largas rastas) al dibujar ritmos propios de la cultura rave o del trip-hop en los reels de antaño. O tal vez fuera al revés, lo tradicional se apoderaba de la tecnología, ese era el engaño del conocido como 'el flautista del techno'. Su siguiente paso, "Hardland", era atrevido y ruidoso, pero con coherencia, aunque su profusión de samples vocales de antaño se hacía demasiado rocambolesca. Fue en este momento cuando se le diagnosticó linfoma de Hodgkin, el comienzo de una larga sucesión de quimioterapias y operaciones, que limitaron sus apariciones públicas y su productividad. Aun así, publicó en 2002 "Glen lyon (A song cycle)", directamente, y según sus palabras, una vuelta a lo básico, una modernización de canciones antiguas pero sin excesos tecnológicos, con la voz de su madre, Margaret Bennett, lo que hacía de este proyecto algo vital y hermoso, un puñado de canciones transmitidas familiarmente que el artista quería preservar. Buena idea, gran realización, y un resultado excelente que, sin desentonar, tal vez no alcance las cotas de modernidad de sus trabajos más abiertos a ritmos y voces de ahora. Como su última obra, "Grit", publicada en 2003 en el importante sello Real World (relanzada en 2014 como parte de la colección Real World Gold, con dos bonus tracks), un álbum algo diferente a los anteriores ya que, dada las dificultades que le imponía la enfermedad para tocar sus instrumentos de siempre, tuvo que esforzarse especialmente en el estudio utilizando material de archivo, con un manejo fabuloso de las mezclas y los samples, entre los que no faltan voces de antaño, cuerdas, gaitas y percusiones modernas. Peter Gabriel lo recordaba así: "Martyn Bennett logró cruzar las raíces de la música escocesa con ritmos contemporáneos, sin perder alma ni pasión. Era una persona maravillosa con quien trabajar, cuya tranquila determinación lo llevó por un camino totalmente original. Lo extrañaremos". "Grit", contaba el autor en el cuadernillo del álbum, "es una historia de las personas y las canciones con las que crecí, y lo más importante, son sus voces, tradiciones y la inspiración que han dado para que se transmitan a la siguiente generación (...) Prácticamente todas las canciones y la narrativa se extrajeron de discos de vinilo o de grabaciones originales de cinta de un cuarto de pulgada, cuyas fuentes se grabaron principalmente a partir de 1950". Dedicado al poeta y gran coleccionista de música popular Hamish Henderson, este álbum es un continuo hallazgo, que comienza con "Move", un explosivo despliegue de voces y sonidos bien ensamblados que bien podrían haber pertenecido al exitoso "Play" del emergente Moby, dado su carácter urbano, su esencia drum'n'bass y lo bien realizado de un conjunto que no guarda relación aparente con lo más tradicional de la mente de su autor, a pesar del sampleado de flauta ney de Amir Shahzar (con el East-West Ensemble) y la voz romaní de Sheila Stewart, acervo de los gitanos o viajeros escoceses que continúa en un más calmado y folclórico segundo corte, "The blackbird", cantado en esta ocasión por Lizzie Higgins. Bennett utiliza estas antiguas canciones, de instrumentación básica -en ocasiones incluso a cappella- y las engalana con sus nuevos sonidos, que no contrastan necesariamente con la temática, pues esta canción habla de una muchacha embarazada que se queda sola tras el abandono de su novio, lo cual puede ser de actualidad en cualquier época y lugar. La madre de Lizzie, Jeannie Robertson ("una figura de culto clandestina durante el resurgimiento del folk de la década de 1960", añade Martyn), se escucha así mismo en el corte "Ale house". El cronista en que se convierte el músico frustrado en este trabajo continúa su viaje, parando en "Chanter" en las Hébridas Exteriores (dándole su toque muy personal a la tonada de gaita "Mrs MacLeoad of Raasay", en esta ocasión con la cantante de la isla de Lewis Mairi Morrison) o llegando hasta Francia en "Nae regrets", merced al pequeño muestreo de la voz de Edith Piaf (en "No regrets", versión en inglés de la popular "Non, je ne regrette rien"), que se une a la de Annie Watkins en una espectacular fiesta rave con la música del propio Martyn. En "Liberation", otra de las canciones especiales del álbum, se añade a la mezcla la religión, pues escuchamos un salmo protestante en gaélico (cantado por Murdina y Effie MacDonald) junto a la especial garganta del rapsoda Michael Marra. No es baladí la inclusión de este salmo en un momento en el que este joven músico había perdido totalmente la fe ("no moriré, sino que viviré y declararé las obras del Señor. El Señor me ha castigado duramente, pero no me ha entregado a la muerte"). También sonoridades religiosas calmadas presenta "Why" -una elegía realmente-, con fragmentos de una conversación con el bardo de Skye Calum 'Ruadh' Nicholson y de la canción "Mo Ruin Geal Og" interpretada por Flora MacNeil. Martyn se casó con Kirsten Bennett en febrero de 2002 en casa de su madre, y el tema "Wedding" es una improvisación entre ambos contrayentes (Kirsten al piano y Martyn a la viola) que recrea aquella ceremonia, junto a elementos ajenos como un curso de profesores en gaélico y una vieja canción de Miss Russell-Fergusson. Extraña (aún más que el resto del disco), con voces distorsionadas, empieza "Rant", la animada historia de un contrabandista de buenas intenciones (una especie de Robin Hood que robaba a los ricos para dárselo a los pobres) rescatada de un archivo con la voz atípica pero auténtica de Jimmy MacBeath, todo un personaje de la cultura escocesa. Otro individuo excepcional en la misma era Davie Stewart, que utiliza Martyn para acabar el álbum: Stewart fue un 'viajero', un músico ambulante que recorría toda Escocia cantando y tocando el melodeón (acordeón diatónico) en pueblos, ferias y festivales; "Storyteller" es, como su nombre indica, una narración de la historia 'Daughter Doris' (recogida en la colección 'Scottish traditional tales', grabada por Hamish Henderson para la Escuela de Estudios Escoceses de la Universidad de Edimburgo), pero nuestro músico la adorna excepcionalmente con varios fragmentos musicales, entre ellos las voces de The Musicians of The Nile, que habían grabado para Real World. En la búsqueda de Bennett no hay injerencia, los campos de la música moderna son tan suyos como joven inquieto, como lo es la música tradicional por su pasado. Juntos, el folclore y el techno, la música de pub y la de club, conforman un producto espectacular, una conexión con las raíces, obra de un músico adelantado a un tiempo que no pudo disfrutar.

Martyn tenía la música en su casa, su padre, Ian Knight, era un músico galés, y su madre, Margaret Bennett, una cantante, escritora y folclorista de la escocesa isla de Skye. Ambos se separaron a los seis años del pequeño, que se trasladó a Escocia con su madre, donde comenzó a recibir clases de gaita escocesa, y estudió violín y piano en la Escuela de Música de Edimburgo y en el conservatorio en Glasgow, donde conoció a su futura esposa, Kirsten Thomson. Ellos padecieron el declive de este gran artista, que poco antes de su muerte, totalmente frustrado, destruyó algo tan valioso para un músico como son sus instrumentos: "Me estaba frustrando cada vez más por no poder tocar estos instrumentos como siempre los había tocado y un día rompí todo en un ataque ciego de rabia. Lo hice con mucha frialdad en ese momento, pero después entré en shock por días y días, estaba tan horrorizado por lo que había hecho que ni siquiera podía hablar con nadie. Fue como asesinar a mi familia". A pesar de fallecer poco más de un año después de la publicación de "Grit", Martyn consideró este trabajo como un triunfo de su lucha para continuar trabajando. Aparte de innovador y multitud de calificativos en ese sentido, muchos califican la trayectoria musical de Martyn Bennett como emocionante, y no sólo por su amargo final, sino por cómo vivía y trataba la música de sus ancestros. "Lo siguiente es que alguien venga y lo haga mejor que yo", decía, pero para eso tal vez tengan que pasar muchos años.

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27.9.20

PATRICK O'HEARN:
"Ancient dreams"

A mediados de los años 80 del siglo XX, apareció en el panorama musical estadounidense Private Music, una nueva compañía independiente que ahondaba en las bondades de la música instrumental desde un enfoque tecnológico, con preponderancia electrónica y lanzamientos de grabaciones digitales de gama alta efectuadas en principio sólo en cinta de cromo y los novedosos discos compactos, aunque enseguida se incorporaría el eterno vinilo al conjunto. Su creador e impulsor, el ex-miembro de Tangerine Dream Peter Baumann, era una garantía de clase y experiencia que puso todo su empeño en el impulso inicial del sello. Aparte de los canales habituales de comercialización, las tiendas de discos y grandes almacenes, Private hurgó sabiamente en otros alternativos que aceptaron e incluso adoptaron como propia la filosofía de esta 'nueva era' musical: librerías (Rizzoli, entre otras), boutiques de ropa (In Gear, Arresta, Japanesque, Domus, Charivari), galerías de arte, incluso restaurantes y pizzerías, como Licorice Pizza. También se compraron espacios publicitarios en la televisión por cable y finalmente se firmó un acuerdo de distribución con RCA. Aunque la primera referencia de Private Music fuera "Etosha - Private music in the land of dry water", del teclista Sanford Ponder, fue el siguiente álbum el que acapara el recuerdo inicial del sello, el fabuloso debut en solitario del bajista Patrick O'Hearn titulado "Ancient dreams" y publicado en 1985. 

Nacido en una familia artística (músicos, actores, artistas), la música rondó alrededor de Patrick desde la infancia, tomando sin pudor cualquier instrumento para participar en las pequeñas sesiones familiares. Lo clásico (Stravinsky, Copeland, Satie, Ravel, Debussy, Bartok...) y el jazz (Miles Davis, John Coltrane, Charlie Parker, Coleman Hawkins, Ben Webster, Duke Ellington...) fueron sus primeras influencias, que explotaron tras el contacto con el ecléctico Frank Zappa, y el pop-rock de la banda Missing Persons. El estrés de sus desavenencias internas desembocaba en una liberación interior en solitario: "regresaba a mi apartamento donde tenía un pequeño estudio, y comenzaba a improvisar y grabar ideas musicales que estaban deliberadamente muy lejos de lo que había estado haciendo antes con la banda". Como antecedente a su nuevo camino, Patrick tocó bajo, sintetizador y percusión electrónica en el disco de Dan Siegel "Another time, another place", para el que escribió tres de los temas, haciéndose llamar Pat O'Hearn. Este artista comenzó a marcar tendencia en su primer trabajo en solitario, si bien no acabó de quedar totalmente satisfecho del mismo. Visto lo que logró pocos años después se entiende su postura, pero "Ancient dreams" es un gran trabajo, que apunta claramente muchas de la líneas estilísticas del bajista y sienta las bases de su sonido propio, que tan sólo necesitará pulir y saber unir a otras tendencias (bailables en "Rivers gonna rise", del mundo de la world music en "Eldorado") para explotar en forma de auténtico fenómeno instrumental avanzado. Eso sí, también hay quien prefiere, por encima de sus siguientes obras, este primerizo despliegue de magia electroacústica, que como se cuenta en su libreto, "es un viaje a través de un paisaje de audio cambiante y sincero, y que toca lugares secretos". Como introducción, "At first light" es un ambiente especial que intentando sonar misterioso se queda en exótico, en el que destaca especialmente el sonido grave del bajo. O'Hearn introduce de lleno un estilo semi-melódico que iba a resultar definitorio no sólo de la línea atmosférica del propio autor sino en cierto mmodo de los argumentos de la propia compañía, al menos en sus principios. Se respira la nocturnidad en oleadas de fresca pasión contenida, sustentada por las cuerdas del bajo, los imaginativos teclados y las sonoras percusiones, un entorno perfecto que queda reflejado en la bella y misteriosa portada del álbum, fotografía del maestro estadounidense Pete Turner. No tardaba en llegar el tema estrella del album, "Beauty in darkness", el que Baumann recogió en su pack promocional de cuatro video-clips. "Beauty in darkness" es una atrayente atmósfera en la que percusión y teclados ejecutan un amago de ambiente tribal, ejemplificando esos sueños antiguos de los que habla el título de la obra, y que quedan reflejados en la misma como perdidos en el éter que perdura desde antaño. La melodía, profunda, arcana, remite así mismo al pricipio de los tiempos y revive leyendas olvidadas. "Unusual climate" es posiblemente la pieza más luminosa del álbum, de escucha animada y reconfortante, que guarda en sus ritmos tesoros futuros. "Life along the river vaal" se adentra en un ambient seminal, con inicio marcial y melodía hechizante, antes de la llegada del tema homónimo y tercera pieza para el recuerdo en el disco, un "Ancient dreams" rítmico, animado, abierto a una nueva era que estaba llegando. El sonido es incluso alegre, cadencioso, consiguiendo plasmar una serena atemporalidad, con la marca O'Hearn a cada momento y la incorporación de la trompeta de su célebre amigo Mark Isham, que con sólo empujar un ápice logra resultados sorprendentes, que el tiempo dificilmente podrá superar. Como si se tratara de una improvisación de David Van Tieghem (futuro integrante de la nómina de Private Music, pero que no coincidió con O'Hearn), "Malevolent landscape" es una pieza juguetona con las percusiones, que mantienen su ímpetu en toda su extensión y una conexión corporal, en lucha mística, con los teclados. El tema final, "Last performance", es sólo un hasta pronto, un profundo vistazo a lo logrado y una mirada hacia el futuro abierto para este autor primario, imprescindible, que no estaba seguro de que a nadie le importara su nueva música: "Mis amigos músicos lo disfrutaron, pero ¿alguien más lo haría? La belleza de esos días era que no podía importarme menos. ¡Me encantó y eso era todo lo que importaba!". Su falta de pretensiones se volcó a favor de esa música extraña, que se benefició también de la novedad tecnológica que preconizaba Private Music. A partir de ideas básicas, sin excesivos cambios de ritmo y melodía, O'Hearn construyó un mundo nuevo y perfectamente identificativo, conduciendo el concepto del Group 87 hacia una semioscuridad en solitario muy sugerente, yendo mucho más allá de hecho, y logrando sonoridades recónditas e insondables que hacen de "Ancient dreams" todo un clásico de parada obligatoria para músicos electrónicos actuales. 

Ritual más que dramático, conectado con la tierra y su magia ancestral más que con la apertura espacial, la nueva era acogió este trabajo (había que etiquetarlo de alguna manera) y su enfoque tecnológico hacia el CD le aupó a una primera línea de actualidad, con Private Music y Peter Baumann haciendo sus deberes publicitarios. Es increible la gama de percusiones utilizadas, acústicas y electrónicas (Alex Acuña, Ron MacLeod y Brian MacLeod ayudan a Patrick en este apartado), y la trompeta de Mark Isham es la única ayuda que requieren los sintetizadores de O'Hearn, que compone los siete temas de un álbum que supone un gran trabajo en el estudio, que contó con la producción de Peter Baumann. No se puede hablar de"Ancient dreams" sin mencionar "Between two worlds", segundo álbum de O'Hearn en Private, nueva producción de Baumann con similares argumentos a los del debut, aunque algo menos explosivo en sus ambientes, que se suavizan y pierden el factor sorpresa, si bien muchos de ellos, como "Rain maker", "Fire ritual", "Forever the optimist" o "Between two worlds", mantienen la fortuna y la emoción del encuentro con nuevos mundos musicales, esos entre los que se encuentra ese trabajo, y hacia los que se expande siempre la música de Patrick O'Hearn.

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18.9.20

MICHAEL NYMAN:
"The cook, the thief, his wife and her lover"

La que ahora conocemos como Michael Nyman Band comenzó siendo un grupo de teatro al que había que ponerle música, así se convirtió Nyman en compositor, por la necesidad. Él se veía como un pianista de rock&roll frustrado, así que su estilo es muy particular por su herencia fallida, su interés en la ópera, en el minimalismo americano, y por su forma de afrontar y modificar la estructura de piezas clásicas como su "In re Don Giovanni" basado en Mozart. Esta renovación de lo antiguo con una rebelde falta de rigor formal, además de acabar acarreándole algunas malas críticas por su continuo préstamo de ideas ajenas, interesó definitivamente a Peter Greenaway, que tenía una visión especial del proceso de incluir la música en sus películas. Aparte de la musicación de varios de sus cortometrajes, Nyman compuso la música de los primeros largos de Greenaway desde su debut en este género en 1980 con "The falls", cuya banda sonora se inspira en parte -al igual que la de "Drowning by numbers"- en el movimiento lento de la 'Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta' de Mozart. "The draughtsman’s contract" fue su gran espaldarazo, un trabajo redondo y monumental basado en la obra del compositor británico Henry Purcell, que cobra otra dimensión cuando Nyman le otorga su particular toque minimalista. En 1989, un año después de otra enorme partitura, la de "Drowning by numbers", Greenaway realizó 'The cook, the thief, his wife and her lover' ('El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante'), drama ambientado en un restaurante, con la habitual y exagerada manera de rodar escenas crudas y explícitas por parte del director galés. 

En "The cook, the thief, his wife and her lover", publicado por Venture (filial de Virgin Records) en 1989, Michael Nyman volvió a acertar con su música directa, aunque tal vez más dramática que las anteriores, no tan completa como aquellas, echándose de menos (al menos en el disco) alguna pieza movida que rompa la gravedad e invite al movimiento. Su punto fuerte, verdadero acierto del plástico, una pieza emblemática titulada "Memorial", partitura basada en un pasaje del “King Arthur” ('What power art thou') de -una vez más- Purcell. En 1985 Nyman había musicado "A zed & Two noughts", una banda sonora adictiva, curiosamente olvidada a pesar de grandes momentos como "Angelfish decay" (y su gemela "L'escargot") o "Vermeer's wife", y es chocante la capacidad de reinterpretacion del británico, pues varias de las piezas parecen bocetos posteriormente asidos en nuevos tratamientos, especialmente "Time lapse" y "Lady in the red hat", prototipos del "Memorial" aquí tratado, una partitura cuyo verdadero origen y esencia dramática conecta especialmente con el mundo del fútbol, del que Nyman es seguidor, especialmente de los Queen's Park Rangers. Como buen hincha británico, la desazón sentida por la tragedia del 29 de mayo de 1985 en el estadio Heysel de Bruselas (cuando 39 aficionados -32 de ellos italianos- murieron en los prolegómenos de la final de la Copa de Europa entre el Liverpool y la Juventus de Turín, por culpa de una avalancha), le hizo dedicar esta enorme pieza a la memoria de esas víctimas de la parte más radical y estúpida del 'deporte rey' (gratísimo es su rescate, además, en el álbum de 1996 inspirado en el fútbol "After extra time"). Dejando de lado ese impacto global, otros proyectos retuvieron esa pieza hasta finales de década, especialmente "And do they do / Zoo caprices" (de primera parte excitante, de generoso ardor y movimiento, más difícil la segunda, un solo de violín basado en la anterior "A zed & two noughts"), "The man who mistook his wife for a hat" (ópera entretenida, con variaciones musicales agradecidas) y una espectacular obra coral, "Out of the ruins", uno de los trabajos más sobresalientes del inglés. Además, los soundtracks para Greenaway: "Drowning by numbers", el boceto de "Prospero's books" que significó "La traversée de Paris" (música compuesta por Nyman para la exposición que celebraba el segundo centenario de la Revolución Francesa), y "The cook, the thief, his wife and her lover", un nuevo trabajo por momentos excepcional, donde parece que el británico sepa transmitir cada vez más y mejor lo que exigen las imágenes. Esto no implica que esta banda sonora sea mejor que las anteriores (difíciles de superar, realmente), sino que sus composiciones son más estudiadas, tal vez menos viscerales. De inicio, y a diferencia de sus anteriores trabajos de este tipo, presenta muy pocas composiciones, sólo cinco, dos de las cuales duran más de diez minutos. Como ya se ha mencionado, "Memorial" es un gran comienzo, pieza animosa y de arreglos altivos con varios cambios de registro, en la que la marca Nyman está totalmente presente y permite que esta composición no sólo encaje perfectamente en la película, sino que pueda ser escuchada aparte sin perder un ápice de intensidad. Esta dualidad se da gracias a la capacidad melódica de su música que continúa en "Miserere paraphrase", lacrimoso dueto entre el piano de Nyman y el violín de Alexander Balanescu, complementado al final del disco con su versión coral, titulada simplemente "Miserere", más de once minutos que aportan una correcta intensidad pero que se alejan de las músicas ágiles de sus anteriores scores. Precisamente "Book depository" es la pieza más cercana a aquellos, un ambiente repetitivo a ritmo de vals en el que el espacio se llena de cuerdas y vientos de manera envolvente, mágica. "Coupling" intenta mantener su fuerza, y no se trata de un mal intento, de hecho el tema va creciendo durante su desarrollo. Sin embargo, se echan en falta más composiciones con garra en este, por supuesto, buen trabajo del compositor de "The draughtsman's contract", que volverá a la carga muy pronto con "Prospero's books", su última colaboración con Greenaway.

Entre la pléyade de nombres que alumbraron con intensidad el movimiento minimalista de los años 70 y 80, el de Michael Nyman es de vital importancia, y la de 'El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante' es otra de sus partituras recordadas, con momentos excitantes donde cada instrumento aporta un delicioso contraste de sonidos y colores, saxofones, violonchelo, clarinete, contrabajo, flauta, trombón, trompeta, violines, violas, y por supuesto el piano de Michael y las voces. Piezas como "Memorial" demuestran una frase de ese Nyman despechado, que tras su ruptura laboral con Peter Greenaway decía "mi música funciona por sí misma, sus imágenes no". Mucha razón tenía Michael, sus discos se podían escuchar y disfrutar sin ver las películas implicadas, pero cada uno de aquellos atrevidos films del director galés necesitaban sin remedio las partituras de su entonces amigo británico. Mientras otros minimalistas tienden a la uniformidad, dice Nyman, "a mí me gusta la ruptura, la interrupción, la velocidad", una constante tensión que queda reflejada en obras como ésta, de un músico conocido y reconocido, pero no tanto como cuando, cuatro años después, se convertiría en un compositor tremendamente famoso por la silbadísima banda sonora de la película "The piano".

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11.9.20

VARIOS ARTISTAS:
"European new instrumental music"

Otra de las numerosas compañías que aparecieron de la nada durante la bonanza de la música new age en los años 80 del siglo XX fue Blue Flame Records. Fundado en Stuttgart en 1986, este sello discográfico ha indagado durante su prolífica trayectoria en una larga lista de estilos, entre los que se encuentran jazz, world music, ambient, tecno o lounge, y especialmente en crossovers naturales entre ellos con toques electrónicos. Pocos de los nombres de su nómina de músicos han sido superventas o artistas recordados (especialmente en España), aunque en pequeñas dosis, y especialmente en sus primeros años de vida, Blue Flame logró una cierta repercusión y algún que otro hit esmerado. "Solo se acepta la máxima calidad en todas las áreas de producción", señalaba su fundador, el alemán Friedemann Leinert, más conocido por su nombre artístico, Lenny Mac Dowell. Junto a su mujer, Ilona Leinert, buscaron de manera exhaustiva la independencia en un tipo de música en la que creían, con la que disfrutaban, y a la que dedicaban toda su experiencia y creatividad, a nivel musical Friedemann y en el campo administrativo, promocional y de diseño, Ilona. Así, y haciendo del lema "Blue Flame graba música sin fronteras" su propia inspiración, se hicieron con un catálogo tan interesante como para disfrutar de algunas de sus pequeñas joyas en recopilatorios como el que publicaron en 1989, de título "European new instrumental music".

Se trata ésta de una compilación doble, por lo que contiene bastante material, que oscila entre la excelencia y un cierto hastío. El comienzo del primer disco es mas efectivo por nombre que por calidad instrumental, pues los Tangerine Dream de los 80 no se acercan a los profundos y explosivos de la década anterior. Se trata además de un tema de una banda sonora no muy conocida, la de "Shy people". Así, la rítmica melodía de "Civilized illusion" se aleja de la bondad de otros productos de la banda alemana, dibujando una melodía facilona que solamente funciona como toma de contacto rápida, un intento de atraer compradores colocando al grupo alemán en cabeza de cartel. Algo parecido sucede un poco más adelante con Enya, otro nombre capaz de vender discos por sí solo, si bien en esta ocasión se puede hablar de acierto. Cualquier creación de la irlandesa en esta época es sinónimo de atención y calidad, y "Aldebaran" se detiene en otra gama de sonoridades, más cósmicas que las habituales en ella (también más cercanas a la estética de la compilación), pero contiene su sofisticada firma en el cuidado efecto multivocal -en la primera fase de su desarrollo-, susurrante y atrayente como si fuésemos un Ulises cosmonauta. Aparte, dos son las grandes melodías triunfadoras de este primer disco: del primer trabajo del danés Kristian Lilholt ("Chair in air") nos llega "Uncertain position", las notas pausadas y distinguidas del teclado impregnan de magia este gran tema, ayudadas por una atmósfera brumosa y un cierto componente muy directo y cercano que va creciendo con el paso de los minutos. Y como estupendo colofón, "Icarus" es una de las grandes canciones de otro danés, Klaus Schønning (de su disco "Arctic light"), plena de magia y aventura, en un estilo folclórico avanzado. No son las únicas piezas de ambos artistas en el álbum, pues en "Celestial mirage" Schønning también se deja seducir por un pasaje neoclásico y le aporta un sello propio, con autoridad, aunque de manera un tanto inconexa, y en "Blue red horizons", de ecos orientales, Lilholt se queda simplemente en agradable. Algo más se disfrutan "Free fall" (de Lenny Mac Dowell, donde un teclado cíclico y una melodía aflautada se bastan, junto a una suave percusión jazzística, para desarrollar una pieza sosegada y sin ningún sobresalto) o "Waves" (del dúo formado por Martin Kolbe y Ralf Illenberger, donde se nota la complicidad de estos dos amigos que ficharon años después por Narada, pues este tema, presuntamente sencillo, suena espontáneo y ameno, con unas cuerdas muy seguras y potentes). Completan esta primera parte del recopilatorio el suizo Alap Jetzer con una composición danzarina y de aspecto muy natural, "Joy-Ensemble", de cuerdas briosas, y la atmósfera relajante del tema "Space quest" de la banda de Peter Kuhlmann, Romantic Warrior, ambiente espacial sin gran trascendencia. Algo menos animado resulta en general el segundo disco, si bien presenta a otra serie de artistas tan importantes como la Blue Chip Orchestra (cuyo espíritu abierto y vanguardista deja su sello en la recopilación con "Bolero Carmin"), Blonker (inventivo y siempre bien recibido por sus agraciadas guitarras, que en "Voice of Autumn" investiga en paisajes mas propios -si atendemos al cliché- del desértico oeste que de la frondosa Alemania, con un resultado algo largo pero entretenido) o el holandés Rick van der Linden (presente tanto en solitario con el tema "My pianoman" como con su grupo Ekseption en "Ekseptional", resaltando en ambos casos su faceta de recreador clásico con acercamientos al rock sinfónico y al progresivo). También repite Lenny Mac Dowell, y por partida doble, aunque ni "Colours of love" ni "Shikara" destacan especialmente. Tampoco acaban de convencer Christoph Spendel con "Six silent steps" ni Pat Wilcox con un "Moontalk" que parece aspirar a banda sonora de película erótica de los 70. Son, eso sí, otras dos las piezas destacadas de este segundo disco del recopilatorio: el guitarrista alemán Matthias Thurow presenta en "Detour" un tema amable y conocido en el que vale la pena detenerse, exultante y con dosis de intriga, con su fondo burbujeante repetitivo, fantasmales efectos sonoros y una melodía de viento para disfrutar. Y como conclusión de esta aventura musical europea, otro alemán de gran trayectoria, el sintesista Robert Schroeder, del que se selecciona "Soft touch", secuencia sencilla pero potente y muy gozosa, que enseña un camino importante en la escena electrónica europea mas vanguardista. "Detour", "Soft touch", "Uncertain position", "Aldebaran" y "Icarus" son, posiblemente, lo mejor de las 20 composiciones propuestas por Blue Flame en una recopilación necesaria y con momentos atrayentes para mentes abiertas.

¿Hay una manera europea y otra americana, africana o asiática, de hacer las cosas en el mundo de la música? Parece evidente que sí, como en prácticamente todas las artes se pueden distinguir formas y detalles que identifican los orígenes de las formas musicales, aunque la globalización haga cada vez más que un producto sea de un determinado lugar no por sonar a ese lugar sino por estar hecho allí. En las postrimerías del siglo XX, sin embargo, aún se podía apreciar cierta pureza en los géneros musicales, y en cuanto a los asociados a las Nuevas Músicas, lo instrumental, lo electrónico o el folclore avanzado, algunos sellos europeos de estos géneros (Blue Flame principalmente, pero con aportaciones de Edel Company, Mood Records, BBC Records, Erdenklang, RCA/BMG Ariola, Phonogram y Racket Records) iban a unificar sus propuestas en un solo CD recopilatorio titulado genéricamente "European new instrumental music". Con mucho de interés y bastante de acierto, este doble álbum quedó como una demostración de un tipo de sonido adelantado en aquella época, en un estilo por lo general melódico atmosférico, sin grandes alardes pero buenas interpretaciones, donde la electrónica y el jazz entraban de lleno, posiblemente por influencia de sellos puntales como ECM, aunque su incidencia fuera mayor en el este de Europa que en España, donde su distribución y radiodifusión no fueron extraordinarias.

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2.9.20

LUAR NA LUBRE:
"Plenilunio"

Peculiares son sin duda las circunstancias que envuelven la historia del auge definitivo de la banda gallega Luar na Lubre. Ante todo, el éxito es consecuencia de su trabajo y continua evolución en la apertura y predicamento de la música gallega, en España y más allá. Pero no deja de ser curioso que el título de su (poco conocido) primer disco, "O son do ar" fuera el mismo que, casi una década después de aquel tímido lanzamiento, les abriera las puertas de golpe. Esa canción viajó en el tiempo, fue recogida (transformada a su modo, ni mejor ni peor, distinto) por el músico británico Mike Oldfield, y el nombre de Luar na Lubre fue escuchado en medio mundo. Posiblemente esos potenciales interesados nunca sabrán que el nombre del grupo se traduce más o menos como 'luz de luna' (luar) en el 'bosque sagrado' (lubre), ni que su formación data de 1986 en A Coruña, pero escuchando cada uno de sus trabajos, sea donde sea, se desliza hacia allí un pedacito de Galicia. "El trabajo que realiza la banda se enfoca desde la perspectiva de entender que la música es uno de los factores culturales más importantes para la afirmación del derecho al enriquecimiento de la diferencia del pueblo gallego", decían. Oldfield escogió bien, se quedó prendado del poder atávico de esa melodía, y su misma discográfica fichó a Luar na Lubre, que sólo tuvo que dejarse llevar ("supimos aprovechar la oportunidad cuando se presentó, pero detrás hay 20 años de trabajo", decían).

Desde la Galicia de contrastes llegó un grupo con varias caras, la tradicional y la renovadora. Con una discografía pequeña pero conseguida a base de esfuerzo y buen tino, Luar na Lubre se dieron a conocer al público nacional con este cuarto trabajo publicado por WEA en 1997. En él tuvieron los medios que no habían logrado reunir desde que en 1988 publicaran "O son do ar" en la pequeña compañía de Santiago de Compostela Edigal, un trabajo con aspiraciones y composiciones tan acertadas como la que le daba título. A ese "O son do ar", que fue reeditado en CD en 1997 con otra portada (por otro sello local, Punteiro) y en 2000 con otra distinta (ya en la todopoderosa WEA), le siguió en 1990 "Beira - Atlántica" (publicado por Sons Galiza y reeditado también en 2000 por WEA, que aprovechaba así el tirón mediático de la banda), de similares intenciones y un repertorio más tradicional que el del debut (donde componía especialmente Bieito). "Ara - Solis" fue el tercer paso en 1993, llegando aquí un pequeño descanso de cuatro años que desembocaría en "Plenilunio". Su comienzo es una nueva versión de "O son do ar", como reivindicando su canción (que, señalaba Bieito, fue vapuleada inicialmente por la crítica) y su música, demostrando que aunque tal vez sea más sofisticada es, realmente, la misma de siempre. Cantada en castellano, "Tú gitana" es, sin embargo, la canción que elevó a Luar na Lubre en popularidad y situó este trabajo en el número 33 en las listas de ventas españolas, alcanzando además un disco de oro que les entregó el propio Mike Oldfield (ellos le habían entregado el disco de platino por "Tubular bells III"). Hay un agradecimiento especial en el libreto a Óscar Vinader, que grabó y mezcló el trabajo, mientras que las producción fue de Michel Canada, salvo en el tema "O son do ar", que era propia del grupo, cuyos miembros en ese momento álgido eran: Bieito Romero (gaitas, acordeón diatónico, zanfoña), Xulio Varela (buzuki, trompa, tarrañolas y pandereta), Patxi Bermúdez (bodhran, tambor, djimbek), Xan Cerqueiro (flautas), y las nuevas incorporaciones, Rosa Cedrón (violonchelo y voz), su hermano, Xavier Cedrón (violín) y Daniel Sisto (guitarra acústica). La nueva versión de "O son do ar" acapara el protagonismo del inicio del álbum, la pureza del original (que tal vez muchos prefieran) ha dado paso, casi una década después a un producto elegante y fresco, una puerta abierta a la Galicia de los 80 con un sonido de los 90. La melodía de Bieito Romero sigue teniendo una fuerza enigmática ("es un pequeño homenaje a los pequeños bosques autóctonos que nos quedan en nuestro país", contaba), no es de extrañar que Oldfield viera posibilidades en ella y se aprovechara de la circunstancia. Sencillo decisivo para empujar el disco al éxito, "Tú gitana" es una canción con un aire del folk más populoso de décadas atrás (con cuerdas y voz tomando el rumbo al comienzo), revestido de leyenda folclórica merced a los estupendos arreglos y a aportaciones decisivas como la gaita. Con la letra del recordado cantautor portugués José Afonso, "Tú gitana" es una pieza deliciosa y cercana, con la que se adivina que la incorporación de Rosa Cedrón al grupo ha sido un acierto definitivo. "Ao-Tea-Roa" es un instrumental tradicional bailable, ni rápido ni lento, mientras que "Roi Xordo" (segunda composición de Bieito en la obra) invita a la danza, y recuerda a ciertos grupos bretones de fama mundial. La voz vuelve a aparecer en "Os teus ollos", canción tradicional sin el poder del single principal pero con un acabado muy agradable que le hizo ser un nuevo sencillo de la obra. "Ronsel" es otra divertida tonada tradicional, al igual que "Pola ponte de San Xoán", pero los temas del álbum escogidos para sonar en radios iban a ser, salvo "O son do ar", vocales, como la siguiente canción, "Pandeirada das fiandeiras (Muiñeira de ramelle)", otra muestra del buen acabado del trabajo. Escrita por Daniel Sisto, "Sol de outono" es una pieza más soñadora, una fábula a la luz del plenilunio. "Cantiga de Falvan" es otro corte con voz, como una canción tradicional de festejo, mientras que "Romance de Bernaldino e Sabeliña" cuenta una historia sobre la búsqueda de un amor que lleva hasta la misma muerte. Para acabar el disco, "Galaecia" es una tonada potente (la tercera de Bieito Romero) y definitoria de las intenciones del grupo, también en el título, expandir la música gallega por España y por el mundo, esa música de raíz a la que, dicen, prestan especial atención ("el estudio de los cancioneros gallegos y el trabajo de campo les proporciona un conocimiento profundo de la realidad musical gallega que también es determinante en sus propias composiciones", afirmaba la crítica). "Plenilunio" tuvo un acabado tan notable y llegó a escucharse de tal manera en la emisoras de radio, que su participación como teloneros en la gira de Mike Oldfield fue un caramelo para los seguidores del de Reading, un complemento perfecto a su paso por España. Además, se trató de una importante publicidad para el grupo. Rosa Cedrón apareció de la nada en esta cuarta entrega, y se convirtió en una figura carismática, rivalizando en popularidad con Bieito Romero; de hecho, destaca en esa bonita portada del trabajo, que forma parte de una serie fotográfica en la que los componentes del conjunto paseaban en fila con sus instrumentos por la playa, inspirada posiblemente en unas imágenes del álbum de 1987 de la banda escocesa Boys of the Lough "Farewell and remember me", aunque en esta ocasión bajo la luz del plenilunio, y es que, ante todo, afirmaban: "queremos rendir culto a la Luna". Una edición especial del álbum en 2002 presentaba, en un bonito digipack, tres temas nuevos, tres interpretaciones en directo de "O son do ar", "Galaecia" y "Roi Xordo". 

La historia es de sobras conocida, en una visita privada (buscando inspiración, al parecer) de Mike Oldfield a Galicia en noviembre de 1991 se le organizó una fiesta en el pub Playa Club de A Coruña. Tras la petición de una banda de folclore autóctono y la imposibilidad de que pudieran actuar los más conocidos Milladoiro (se encontraban de gira), se contactó con Luar na Lubre, y la sorpresa fue que Oldfield conocía varias de sus canciones. La 'culpable' fue su novia en esa época, una coruñesa llamada Rosa Suárez que se había llevado hasta las islas británicas el primer álbum de la banda de su ciudad, por lo que pudo llegar a oídos de un Mike abierto a estos tipos de música. El británico y los gallegos tocaron hasta bien entrada la madrugada, y semanas después, Mike le pidió a Bieito una gaita como la suya. Qué hubiera sido de la banda sin la mediación de Oldfield es difícil de saber, pero la calidad que portaban hubiera acabado, tarde o temprano, abriéndoles el camino adecuado en esa España de los 90 en la que las músicas de raíz eran muy bien recibidas. Celebraciones, leyendas, ritos de fertilidad, ritmos de vida y oleaje, el plenilunio es rico en mitos y creencias, y fue un título importante e inspirador para Bieito: "'Plenilunio' es un título significativo para nuestra cultura, una de las fases de la luna que tiene una relación especial con muchas culturas, un elemento, un fenómeno importante para definir cosas de nuestra vida cotidiana, un homenaje a este evento natural". Presentado en vivo el 15 de diciembre de 1997 en el Teatro Alfil de Madrid, "Plenilunio" logró una enorme popularidad y unas cifras de ventas disparadas con respecto a lo que la banda había vendido hasta entonces. La siempre esperada luna llena se merecía un trabajo tan rico y respetuoso como éste, una sorpresa que arribó desde las fértiles tierras celtas del noroeste español, alumbrando nuestras noches de fiesta.







25.8.20

CLOGS:
"The creatures in the garden of Lady Walton"

William Walton fue un compositor inglés que vivió durante el siglo XX, moviéndose en el terreno clásico, operístico y la composición esporádica de música para películas. Cuando abandonó Gran Bretaña, se instaló en la isla italiana de Ischia con su esposa, Lady Susana Walton (Susana Gil Passo de soltera), una argentina de clase alta que, en Ischia (frente a la bahía de Nápoles, con la inspiración del Mediterráneo), creó desde 1956 (y abiertos al público desde 1991) los 'jardines de La Mortella' junto al arquitecto paisajista Russell Page. Su frondosidad está integrada con las extrañas formaciones volcánicas de la isla abarcando dos hectáreas en las que se pueden admirar numerosas plantas exóticas en sus dos zonas, un jardín inferior en el valle y un jardín superior en la colina, creado posteriormente, tras la muerte de su esposo. Varios ciclos de música de cámara y sinfónica se celebran cada año en su interior, aunque una de las inspiraciones más auténticas se puede admirar desde la propia y espectacular portada del álbum "The creatures in the garden of Lady Walton", del grupo Clogs, que recrea algún rincón del jardín inferior, combinándolo con una visión naif, exótica y romántica, cercana a la obra del pintor francés Henri Rousseau (en su obra más conocida, 'El sueño', por ejemplo). Clogs podrían haber titulado a su obra simplemente 'Los jardines de Lady Walton' o 'La Mortella', pero consiguen añadir en ese título un componente misterioso, incluso poético y, por supuesto, tan exótico como esos grandiosos y coloristas jardines.

Creada por el estudio danés de diseño Hvass&Hannibal durante un largo año, la bella portada da paso a un interior fascinante. Publicado por Brassland Records en marzo de 2010, "The creatures in the garden of Lady Walton" recrea ese abrumador espacio natural a través de la experiencia del miembro principal de Clogs, Padma Newsome, cuando visitó los jardines. La sorpresa es un fenómeno inherente a esta ecléctica banda de orígenes tanto australianos como norteamericanos, y lo fue más cuando, tras una serie de trabajos instrumentales (el último de ellos, en 2006, el aconsejable "Lantern"), Padma y los suyos decidieron incluir voces en el grupo, especialmente las de la espléndida cantante de Arkansas Shara Worden (actualmente Shara Nova, recuperando su apellido de soltera), de registro operístico. "Cocodrillo" es un comienzo original y sorpresivo, la banda usa la voz de Shara Worden como elemento novedoso y vanguardista, y no sólo aciertan de pleno en su juego a cappella sino que parecen divertirse de una manera que ya quisieran para sí muchos grupos vocales. "I used to do" es la vuelta al estilo que conocíamos de esta inspirada banda en un tema vistoso basado en su apabullante conjunción de instrumentación acústica con algo de jazz y un apasionante concepto minimalista. Es necesario mencionar aquí el listado de instrumentos y músicos: Padma Newsome (violín, viola, mandola, celeste, voz), Bryce Dessner (guitarra, mandola, ukelele), Rachael Elliott (fagot) y Thomas Kozumplik (percusión) son los miembros principales, y en este disco se unieron al proyecto Aaron Dessner (guitarra, bajo), Sue Newsome (clarinete), Michael Atkinson (trompa), Kyle Resnick (trompeta), las voces de Shara Worden, Matt Berninger y Sufjan Stevens, y el Osso String Quartet con su violonchelo, viola da gamba y guitarra barroca. Continuando con el disco, de nuevo otro ejemplo vocal atrevido en el panorama post-rock es "On the edge", con una espectacular interpretación bien arropada en forma de canción semioperística. Las delicadas cuerdas ayudan a que el conjunto suene a fantasía. "Red seas" es una pieza completa, con la voz en esta ocasión de Padma Newsome en una gran canción de tintes entre poperos y hawaianos, con un sorprendente desarrollo intermedio basado especialmente en los metales, más acorde con las ideas de compositores como Michael Nyman. "The owl of love" es otra composición singular de un trabajo que no tiene bajones en su minutaje, unos compases de reminiscencias medievales abren esta especial muestra de música antigua hecha en la actualidad, una interpretación sin complejos (Shara continúa con su llamativa garganta, pero los músicos también abruman) digna de ser escuchada de manera abierta. "Adages of Cleansing" es la pieza más extraña del álbum, en la que todo suena raro. "Last song" fue el sencillo elegido para lanzar un EP en agosto de 2020 con otras dos canciones nuevas ("No bridge" en un elevado tono folk, y "Love song" como nuevo ejemplo instrumental). La guitarra asoma en esta ocasión algo más folclórica, y al asomo de los vientos acude también la voz, que en esta ocasión porta la gravedad de Matt Berninger (de la banda norteamericana de indie The National), lo que tal vez la haga más asequible en el entorno del post-rock. En el tramo final del álbum, "To Hugo" es otra hermosa tonada instrumental fuera de cualquier categoría y dentro de muchas, ya mencionadas, "Raise the flag" es una lenta pieza camerística, conducida por sosegadas cuerdas y con una especie de coro, y "We were here", hermosa nana final cantada por Sufjan Stevens y Shara Worden. No es difícil imaginarse a los cantantes caminando por esos maravillosos espacios naturales mientras interpretan algunas de estos memorables y casi indefinibles trabajos de inspiración botánica. Así, "The creatures in the garden of Lady Walton" es un soberano entretenimiento que circula entre lo extraño (experimental), lo clásico (incluso operístico) y lo folclórico, con una pizca de recogimiento espiritual. La vanguardia tan aclamada de la Penguin Cafe Orchestra (y de su heredera, la Penguin Cafe) tiene en Clogs a una digna banda sucesora y un origen, como aquella, en un sueño (aquel era de Simon Jeffes, éste de Padma Newsome): "En 1999, tuve un sueño acerca de una banda llamada 'Loose fitting clogs' -los zuecos holgados-, un zapato musical con un montón de espacio para los pies. Yo estaba buscando a gente con una formación clásica, es decir, la capacidad de reproducir casi cualquier cosa que ponga enfrente de ellos, con un sentido clásico pero también improvisadores".

Este trabajo tenía un prólogo (ellos mismos lo denominaban así) en la discografía de Clogs, un EP con nueve temas titulado "Veil waltz", publicado también por Brassland Records en enero de ese mismo año 2010, en el que las escenas instrumentales se adueñaban del espacio, ofreciendo poesías sonoras que de nuevo oscilaban entre el folk y la música de cámara, preferiblemente para una escucha tranquila. Bien podía haberse unido este EP con el propio álbum posterior, pero la banda prefirió aislar las características vocales de "The creatures in the garden of Lady Walton" en un único elemento, unas intenciones comprensibles visto su desarrollo posterior, y es que siguiendo a este trabajo, "The Vanity of trees" (2020, NewAmsterdam Records) prosigue en esas mismas intenciones de experimentación sonora de música de cámara con voz inusual (a destacar la hermosa canción "Trees to meet you"), características definitorias de los nuevos caminos de una banda diferente, fronteriza y exclusiva para paladares selectos, un conjunto digno de visitar de vez en cuando y relajarse con su frescura como si contempláramos los igualmente aconsejables 'jardines de La Mortella', la obra de la señorita Walton que inspiró este proyecto singular.

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14.8.20

WIM MERTENS:
"That which is not"

La negación no tiene por qué ser algo desfavorable en nuestras vidas, puede tratarse de un mecanismo de defensa o simplemente de una manera de canalizar ciertas inspiraciones abriendo un nuevo camino, un enfoque que el espigado compositor Wim Mertens pareció utilizar en algún momento de su carrera, al menos en los títulos de ciertas composiciones como "Not at home", "Not me", "Casting no shadow", "No plans no projects", "No testament", "No darkness", "The essence of the (k)not", "Non datur" (el principio del tercero excluido, de Aristóteles) o "Noli me tangere" (no me toques). Un paso más allá fue denominar uno de sus discos "That which is not", o 'lo que no es' (publicado en 2018 por Wim Mertens Music), sobre el que Wim nos hablaba así: "En este disco he querido escapar de la noción tradicional de este término como algo negativo, quise mostrar las maneras positivas en las que puedes decidir en la vida, aún diciendo que no, inyectar un poco de positividad en la cantidad de negatividad que tenemos en Europa hoy en día". Esta vuelta de tuerca supuso uno de los trabajos más interesantes del Mertens del nuevo siglo, aunque tal vez, absorbidos por esa temática adversa, se tendría que decir de otro modo y afirmar que no es cierto que Mertens no tuviera un as en la manga en este momento avanzado de su carrera, puesto que en "The which is not" este artista no deja indiferente a la audiencia, que al fin y al cabo no se deja engatusar por propuestas baladíes, esas que Wim nunca practica en su particular y exitoso estilo.

Mertens es un músico generoso, tanto por su copiosa producción como por lo que consigue plasmar y transmitir con ella, pues difícilmente hay merma en la calidad con el paso del tiempo. A pesar de poseer su marca de estilo, el sonido propio que caracteriza a los más grandes, la variedad en la presentación y la extraordinaria fuerza creativa que le caracterizan, hacen que cada nueva propuesta sea esperada con inusitada expectación por sus seguidores, y él no se hace de rogar, cada muy poco tiempo les complace con nuevas referencias. Las migas que fue dejando Wim durante la segunda década del siglo XXI eran de diversas texturas y sabores, en su mayoría en la faceta de música para conjunto completo y voz, con la excepción del trabajo de piano y voz de 2016 "What are we, locks, to do?". Precisamente ese álbum formaba una especie de trilogía de reflexión histórica (con situaciones en la Bruselas actual, en el Egipto ptolemaico y en la Grecia del 31 antes de Cristo con protagonismo para Cleopatra) junto a "Charaktersketch" (2015) y "Dust of truths" (2016), tríada que fue comercializada también en un triple CD en 2017 con el título general de "Cran aux oeufs". En su siguiente proyecto, "That which is not", sorprendía de golpe una portada en la que volvía a aparecer Mertens (no se le veía tan claramente desde décadas atrás, en los tiempos de "Epic that never was" o "Strategie de la rupture"), en una pose muy característica de sus directos, señalando al público como el protagonista de la situación, logrando incluso insinuar un producto desenfadado y muy disfrutable en vivo, como así sucedió en la posterior gira, que una vez más pasó por varias ciudades españolas presentando poderosamente el álbum. Enmarcado en la faceta de su música que incorpora el completo ensemble antes mencionado, la voz sin embargo sólo suena en la mitad de las piezas de la obra. Mertens tiende a la ruptura en la misma, a la diferenciación -dentro de un mismo patrón- entre las composiciones contenidas en un trabajo que parece hurgar a su vez en el pasado. "The remainder" es un extraño comienzo para tratarse de este compositor, pues esta pieza se mueve por caminos no tan melódicos como su producción más comercial, acercándose más bien a un jazz ambiental que aúna carácter y sensibilidad, y a pesar de lo atípico en su discografía, se trata de una placentera obertura. El piano retoma el compás más reconocible, y la voz (esa excéntrica manera de interpretar, un falsete en idioma inventado, único y auténtico) entra como un trueno en la obra, junto a una especie de acordeón, otra circunstancia extraña en su sonido, por lo que parece que Wim quisiera explorar tímidamente nuevos caminos para el futuro. Este segundo corte, titulado "Bassin d'atraction", es una pieza profunda, sincera y atrayente, un nuevo acierto del pianista, que en "En chair et en os" apuesta por un tempo rápido y una gama de metales que de nuevo, y junto a la voz, nos transporta de inmediato hasta una de sus obras más reconocidas, "Shot and echo", la friolera de 25 años atrás. No pasa el tiempo por Wim, que con este tema firma una de sus mejores composiciones, al menos de los que llevamos de siglo. Tal vez en la obra actual de Mertens ya no haya canciones tan emblemáticas como aquellas "Close cover", "Struggle for pleaure", "No testament" o "Shot one", primando un conjunto que sigue siendo absolutamente memorable, fruto de una capacidad de abstracción desbordante donde lo pegadizo ha dado paso a lo práctico, de una realización impoluta y una belleza fascinante. Eso no quita que también existan nuevos clásicos en el nuevo siglo, piezas como ésta (y como otras en cada nuevo trabajo) que despiertan la pasión de su público. Pero si hablamos de temas estrella, no se queda atrás "Its alien status", jovial y bailable al compás del violín y el piano; la voz aporta solidez a un esplendoroso conjunto. Un poco más adelante, también "Affording more" presenta reminiscencias a sus éxitos de los 90, pero con un añadido que pocas veces se deja ver en la obra del belga, la percusión. En "Freeze on volume" son los desenfadados vientos los que mos provocan un nuevo recuerdo, esta vez a un pasado más minimalista (sin duda hay escasez de elementos), el de trabajos muy lejanos como "Maximizing the audience". El Mertens de ayer y el de hoy hermanados, siempre con la ayuda de Dirk Descheemaeker. Vanguardista pero muy grato. "Nested cuts" es un nuevo corte destacado, por su melodía de saxo mecida por el piano, esta vez (como en "Freeze on volume") sin la incorporación de una voz que, a estas alturas (acostumbrados a ella, incluso extasiados en ocasiones) se echa de menos. Como se suele decir, si no existiera, habría que inventarla. Para concluir el disco, "What holds for all" es un corte hermanado con el primero (aquel extraño "The remainder"), con algo folclórico y de jazz. Es el final del disco, pero no da la impresión de algo acabado, parece como si Wim se dejara algo para el futuro, ese tiempo que está por llegar pero al que este compositor no le suele dar oportunidad, puesto que siempre tiene una nueva obra preparada antes de poder cansarnos de la anterior. En esta, la instrumentación utilizada se compone de un completo conjunto de cuerdas y vientos, además de arpa, guitarra, bajo, acordeón, percusión, piano y voz.

Cuando se sienta frente al piano, Mertens se imbuye de un poder indómito, y en este trabajo, la sucesión de grandes canciones con su voz que suponen "Bassin d'atraction", "En chair et en os" y "Its alien status" resulta tremendamente excitante. Tal vez su forma de cantar sea una manera de canalizar ese poder, comportándose como un medium en contacto con un ser superior, y aunque al principio pueda resultar chocante, acaba atrapando, convenciendo y esperando más de esa manera tan peculiar de entender la música de piano y voz. De idiomas inventados está el mundo lleno, desde el 'esperanto' de L. L. Zamenhof o el 'vengergood' que William James Sidis creó a la tierna edad de 7 años, hasta los élficos 'quenya' y 'sindarin' que ideó el gran Tolkien para la Tierra Media, sin olvidar el 'klingon' de Star Trek o numerosas lenguas de las mas importantes historias y novelas de ciencia ficción, magia y fantasía. En el mundo musical tenemos el 'scat' (que en el jazz popularizaran Ella Fitzgerald o Mel Tormé), el 'hopelandic' o 'vonlenska' (idioma inventado por el grupo islandés Sigur Rós), las improvisaciones vocales a cappella de Bobby McFerrin, la glosolalia utilizada por Lisa Gerrard o, por supuesto, esta manera de expresión vocal de Wim Mertens que realmente no es ningún idioma ("no sirve para actividades cotidianas, y de una noche a otra lo que canto es diferente porque se genera en el acto"), pero que bien necesitaría un nombre. En "That which is not" no es un recurso que se utilice tanto como en otros de sus discos, pero ayuda a conformar otro delicioso bocado de realidad. Con trabajos como éste, Mertens llama a la puerta de las minorías abiertas a todo y continúa dedicándonos su sensibilidad de corte propio, extensible a todos los que necesiten derribar fronteras y encontrar nuevos caminos sin importar clase, modo o condición. Gracias a Wim por compartir con el mundo sus múltiples expresiones de talento.

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5.8.20

NIEKKU:
"Niekku 3"

Si hay un instrumento especialmente importante y definitorio de la música tradicional finlandesa es el kantele. De orígenes medievales tanto en el norte de Europa como en las Islas británicas, su imagen primaria es la de una simple pieza de madera con cinco cuerdas (puede tener 10, 15 o más), que se tocaba como un arpa. El instituto de investigaciones de Kaustinen se esforzó notablemente para que tanto la música tradicional como el propio kantele y otros instrumentos olvidados tuvieran una redifusión en la sociedad finlandesa de los años 70, pero fue en los 80 cuando Heikki Laitinen impulsó definitivamente esta disciplina a través de un programa de enseñanza específico en la Academia Sibelius de Helsinki. De ahí salieron grupos que alcanzaron una especial relevancia, tanto en su país como en los círculos de las músicas del mundo, abanderados del conocido como 'nuevo folk finlandés', equiparándose en importancia a otros como Tallari (considerado el primer grupo profesional de música tradicional finesa), especialmente Pirnales y una deliciosa banda femenina llamada Niekku. 

Seis chicas, estudiantes de primero en la Academia Sibelius, formaron Niekku en 1983. Sólo tres discos quedaron como testigo de su reunión, de títulos directos: "Niekku 1" (1987), "Niekku 2" (1989) y "Niekku 3", el más completo de todos, publicado por el sello independiente finlandés Olarin Musiikki en 1989, con la producción del mencionado profesor de folk en la Academia Sibelius, Heikki Laitinen, figura clave en la música folclórica desde la década de los 70. Las cinco integrantes de este tercer disco, el más completo de la terna legada por la banda, interpretaban el kantele en sus discos y conciertos, además de la voz y otros instrumentos. Eran Leena Joutsenlahti, Maria Kalaniemi, Anna-Kaisa Liedes, Anu Itäpelto y Liisa Matveinen. El trabajo se compone de seis canciones, dos de ellas tradicionales, más de 40 minutos que suponen un excitante y lejano viaje hacia un frío muy cálido. El comienzo, "Yksi ruusu", es una hermosísima tonada tradicional digna de glosar una leyenda, una manera pasional y arrebatadora de interpretar una bella melodía de viento (a cargo de Leena Joutsenlahti) acunada por el kantele. La pieza es maravillosa de principio a fin, y más que un digno inicio, es el comienzo de una historia de amor. Compuesta por Maria Kalaniemi (en ella destaca su instrumento principal, el acordeón de botones de cinco filas), "Mene myöten myöty neiti" es una pieza más discreta que la anterior pero igual de insinuante. Anna-Kaisa Liedes y Heikki Laitinen son las escritoras del siguiente tema, "Tuuti tuuti", donde comienzan a aparecer claramente las voces (todas aportan sus gargantas), al modo tradicional con reminiscencias antiguas. Pero es en "Aamulla varhain" donde el grupo alcanza la excelencia en el álbum, otra canción tradicional con la voz principal en esta ocasión de Liisa Matveinen; "Aamulla varhain" es una serena canción que se apodera de la luminosidad de los atardeceres nórdicos y abre un camino directo a la emoción más allá de cualquier procedencia o lenguaje incomprensible, una hermosa balada del folclore mundial. El disco continúa y la composición de Anu Itäpelto "Kanteleilla", se basa totalmente en el kantele, instrumento que aquí tocan las cinco, demostrando de nuevo la importancia de este instrumento en el sonido del conjunto y en el acervo finlandés. Poco importa que "Kymmenellä rivillä" sea un final más vanguardista, difícil de seguir (compuesto por el productor Heikki Laitinen), porque la obra ha cumplido con las expectativas y va a permanecer en la memoria como un gran legado de Niekku a las músicas del mundo.

En el revivir de las músicas tradicionales finlandesas tuvo buena parte de culpa y un encantador impacto (que saltó, aunque fuera minoritariamente, sus fronteras) el grupo Niekku, que de manera ciertamente sorprendente se disolvió en su momento de madurez y mayor capacidad y progresión. Las causas fueron varias, pero tal vez Maria Kalaniemi fuese el pegamento que, una vez fuera del conjunto, hizo a éste desmoronarse. Maria, que en 1983 había ganado el prestigioso premio del Acordeón de Oro en Finlandia, se centró en sus proyectos en solitario y con otros músicos (fue sin duda, y sigue siéndolo, la más prolífica de los miembros del grupo), algo parecido a lo que hizo Anna-Kaisa Liedes. Liisa Matveinen se unió momentáneamente a otra banda de nombre importante, Tallari, y la mayoría de ellas continuaron impartiendo clases de música folk en la Academia Sibelius, esa ilustre institución de la capital finesa que tuvo su parte de importancia en el resurgir del rico folclore de esta república del noreste de Europa.