A mediados de los años noventa, Yanni Chryssomallis se había dado un baño de masas con su vuelta a Europa y el famoso concierto en la Acrópolis de Atenas en 1994, una demostración ante sus compatriotas de que su música, considerada por muchos como de una electrónica simple, podía imbuirse de un componente acústico muy importante, y tenía no sólo una gran personalidad sino además una esencia mediterránea intrínseca que añadía una chispa única, una frescura especial para su público de los Estados Unidos, y cuya calidez (él utilizaba sintetizadores pero no ordenadores, tocaba todo manualmente con el piano como instrumento esencial), de hecho, la acercaba a un mercado mundial, no sólo el norteamericano de su compañía, Private Music, o el europeo de sus raíces. "Me gustaría que la gente pudiera escuchar más mi música", decía en esa época, así que para acabar de confirmar la internacionalización de su obra, sus planes pasaban inmediatamente por la enorme Asia, un mercado potencialmente enorme. Pero en esta época en la que Yanni también cambió de compañía, a Virgin Records, ni él mismo se imaginaba la aventura que se avecinaba, un periplo que, a cambio de un nuevo disco de éxito, le iba a agotar físicamente e incluso iba a romper lamentablemente el bienestar de su vida privada. Ese proyecto tuvo como título "Tribute".
Nos situamos en el momento de mayor popularidad de Yanni. Su matrimonio con Linda Evans parecía firme, y su imagen seguía siendo un ejemplo de sofisticación, a la par que su música mantenía unas características poderosas en su juego electrónico buscando la melodía acertada. El concierto en su país natal que publicó en audio y video bajo el título de "Yanni Live at the Acropolis" fue un grandioso espectáculo emitido por la televisión estadounidense. La música se acomodaba a un acertado tratamiento orquestal en un majestuoso teatro romano, ¿qué puede superar eso? Tal vez las Pirámides de Egipto, maravillas del mundo antiguo, pero eso lo conseguiría unas décadas después, en 2016. Antes de mirar hacia Asia, hubo realmente algunos intentos previos para celebrar estos conciertos: Table Mountain en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) tuvo demasiados problemas políticos y un coste prohibitivo, y el permiso para Teotihuacán (México) no parecía que fuera a llegar nunca, así que los esfuerzos se concentraron en dos de los lugares más sagrados del mundo: el Taj Mahal en Agra (India) y la Ciudad Prohibida de Pekín (China). Poco sabía el músico dónde se metía, pero mientras tanto las musas iban acudiendo a Yanni y la nueva música se adaptaba poco a poco a esos honorables lugares: "Al componer, combino un arco iris de estilos y etnias y soy testigo de cómo las almas de muchas culturas se unen de manera obvia y sencilla. El resultado es más color, belleza y fortaleza, una malla sin costuras." Y además es algo natural, según contaba en su biografía, Yanni in Words (David Rensin, Miramax Books, 2003). Aparte de la propia música, las negociaciones de Yanni y de Virgin con el Departamento de Turismo de la India parecían discurrir por buen camino, ya que la actuación podía impulsar el turismo indio, aunque el Taj Mahal en sí necesita poca presentación. Pero aparecieron la burocracia, la codicia, las compensaciones, los oponentes políticos del gobernador y un obstáculo mayor: la religión. El Taj Mahal era una tumba, no un teatro, fue difícil convencer a la gente de que la música y las luces no iban a dañar el mausoleo. Al final se tuvo que acondicionar un espacio detrás del mismo, con muchas dificultades técnicas que encarecieron notablemente un proyecto que por momentos parecía fuera de control, pero cualquier duda de Yanni (admirador de la fortaleza de Gandhi) se desvaneció cuando compuso "Deliverance", pieza que creyó perfecta para el Taj Mahal, como si la vida le hubiera empujado a crearla para ese acontecimiento. Algo más fácil fue lo de China, pero también hubo dificultades, desde el mismo lugar de la actuación, que pretendía ser inicialmente la Plaza de Tiananmén, para acabar ubicándolo en la imponente Ciudad Prohibida, a la que azotaron la lluvia y un viento que amenazaba con derribar las torres de luz, pero todo se calmó a tiempo para la actuación. Esos fabulosos conciertos en los que Yanni parece emocionado en todo momento y no para de gesticular y saltar, y los músicos parecen afectados por la belleza que les rodea, se pueden disfrutar en el VHS (y posterior DVD) que Virgin Music Video puso a la venta en 1997 con notable éxito, y se pueden ver en YouTube junto al documental "No Borders, No Boundaries", que narra toda la historia. Aumentada de golpe su popularidad y tras haber arriesgado millones de dólares, el músico comenzó una lucrativa gira, y mientras tanto, también Virgin iba a publicar el CD "Tribute" en 1997, lleno de música enaltecedora que mereció millones de ventas: El recibimiento, "Deliverance", es un exótico cruce de culturas, una overtura de tono global plena de aventura; la exuberancia de Yanni se metamorfosea en un cuento de "Las mil y una noches", y el resultado, si bien no estrictamente original, es hermoso y excitante, una suite donde orquesta, teclados, violin y voces de complementan a la perfección. Enseguida aparece ese Yanni romántico que se espera en cada disco y siempre se agradece. El poder de su música es grande, y "Adagio in C Minor" es uno de sus temas neoclásicos más apasionados, y en la interpretación en directo, el músico encuentra la ayuda en la orquesta para emocionar a su numerosa audiencia. "Renegade" es el sencillo instrumental del álbum, excitante y fogoso tema al que los vientos otorgan una chispa especial, durmiente, y el violin es como un paseo por una alfombra voladora; la orquesta es el viento que la eleva, y el resultado en el concierto es absolutamente magistral, con un duelo final de violines inconcebible. "Dance with a Stranger" es un tema ligero de estilo neoclásico con un toque de jazz en la mezcla, con protagonismo de la trompeta. No es lo más destacable del álbum, pero es agradable de escuchar. A continuación, un comienzo ondulante de piano, característico en el griego, nos sumerge enseguida en otra tomada a medio camino entre el cuento de aguerridas hazañas y el puro romanticismo, "Tribute", un tema precioso, muy inspirado, cuya poesía engancha sin remedio. "Prelude" es pura música india, pero como su título indica es sólo un preludio para "Love Is All", la canción del disco, una estupenda pieza vocal orientada al pop con tintes étnicos, con una muy eficaz vocalista, Vann Johnson. Lanzada también como sencillo, su poder lo resumía Yanni en el concierto diciendo que de todas las fuerzas que se ejercen sobre nosotros a lo largo de nuestra vida, el amor es la más poderosa de todas, y que debemos aprender a amarnos y aceptarnos unos a otros, griegos o americanos, chinos o indios, es lo mismo, todos somos seres humanos. El mensaje acababa con una dedicatoria a todos los que hicieron posible el Taj Mahal. "Un mensaje de amor, unidad, aceptación y tolerancia", concluía Yanni en esta pieza durante la cual sucedió esta anécdota que cuenta en su biografía: "Mi flautista, Pedro Eustache, tocaba el duduk, un instrumento armenio, y le vi que estaba llorando. Le pregunté al respecto más tarde, y me contó que unos años antes había perdido a un joven hijo. Aquel momento fue una experiencia catártica, una oportunidad para hablar con su niño. No podría haber sucedido en un lugar más perfecto, un mausoleo construido por Shah Jahan en memoria de su esposa, el lugar donde honras a las personas que has amado y seres queridos que has perdido." El viento es el gran protagonista de la calmada "Southern Exposure", que se vuelve a acercar a un jazz ligero. "Waltz In 7/8" es un vals new age, con solo de guitarra y otro de teclados. "Nightingale" es una bella pieza étnica, un guiño a la cultura china muy melódico y agradable (por su comienzo de flauta, especialmente), un tono que no varía tras la entrada del piano y la orquesta. Para acabar el disco, el rescate de "Niki Nana (We're One)" es, aparte de una gran canción, una conexión con otro elemento étnico, el aborigen australiano. El concierto, además, concluía con la interpretación de otra pieza emblemática de Yanni y un recuerdo a su país de origen, "Santorini". Cercano en emoción a sus grandes obras de los ochenta aunque notablemente distinto por su mediación orquestal y su gozoso acercamiento a la world music, "Tribute" es probablemente el ultimo gran trabajo del Yanni grandilocuente y megaestrella de la new age. En España, el disco "Tribute" estuvo tres semanas en listas y llegó al puesto 37, nada mal para un artista básicamente instrumental.
Yanni comentaba esto en el CD del disco: "Este álbum fue concebido y grabado durante un período tumultuoso y maravilloso de mi vida. Se inspiró, en parte, en la posibilidad de interpretar estas nuevas obras en el Taj Mahal y la Ciudad Prohibida, dos de las estructuras más grandiosas del planeta. Que esto sucediera, que tuviera el privilegio de interpretar mi música en India y China en medio de tesoros nacionales, es un homenaje a tantos que creyeron en un proyecto que parecía siempre al borde de la razón. Para mí, el Taj Mahal y la Ciudad Prohibida siguen siendo esenciales porque nos recuerdan a todos nuestro propio potencial de grandeza. El espíritu de sus constructores se mantiene increíblemente vibrante. Para los miembros de mi banda y mi orquesta, las noches pasadas a la sombra de estos monumentos provocaron un trabajo inspirador y, a menudo, lágrimas. Espero, de alguna manera, haber podido rendir homenaje a esas muchas almas, los artesanos y trabajadores anónimos que hace muchos años erigieron estas increíbles estructuras. Este álbum también pretende ser un homenaje a la dinámica y cálida India y China de hoy, a las muchísimas personas que nos recibieron con su amabilidad, sonrisas y aplausos. Finalmente, como todo lo que he hecho desde que dejé Kalamata, Grecia, este también es un homenaje a mis padres, Sotiris y Felitsa, quienes le enseñaron a su pequeño hace mucho tiempo que... el amor lo es todo." Curiosamente, la popularidad del músico y su estabilidad familiar tomaron rumbos separados, él no supo relajarse y desconectar tras su éxito, quiso llegar más allá en su carrera y se convirtió en un esclavo del trabajo, así que Linda Evans y Yanni se separaron el día de año nuevo de 1998. "Me arrastré por los continentes, viviendo en una interminable serie de habitaciones de hotel. En el verano de 1998 ya no podía continuar. Era en la cima de mi carrera, pero había perdido lo que Una vez creí que era un océano infinito de optimismo. Todo parecía oscuro, sin sentido." Había ganado, pero en el fondo, afirma, no lo hizo, y lo más importante: "También había olvidado la persona que era cuando comenzó el viaje." Darse cuenta de eso es aceptar el problema y buscar soluciones, así que Yanni, tras un periodo en el que prácticamente quiso dejar la música ("desperté sin ningún lugar adonde ir y sin nada que hacer, no estaba en paz ni era feliz, estaba nervioso, cansado, frustrado y enojado"), acabaría saliendo más fuerte y determinado que nunca, para continuar con su carrera. Los resultados no han sido desde entonces todo lo afortunados que se podría desear, pero este músico continúa en activo ofreciendo su arte al que lo quiera escuchar. Y son millones de personas.
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