25.1.07

DEUTER:
"Henon"

Aunque el mundo de los fractales sea extremadamente complejo, afortunadamente la música de George Deuter no lo es en absoluto. Michel Hénon era un matemático y astrónomo francés que estudió los fractales a través de investigaciones en las órbitas de objetos astronómicos, y que en 1976 presentó una versión simplificada del sistema de Lorenz, y eso es lo único que se debe comentar acerca del título (y de la portada, bastante discreta por no decir deslucida) de este trabajo de Deuter, baluarte alemán de la música New Age, influenciado enormemente desde su juventud por el carácter meditativo de la cultura de la India (donde formó parte activa durante varios años de la comunidad espiritual del místico Osho), que es capaz de hurgar con sus relajantes melodías en nuestras almas. Y es que la música de Deuter, como las de otros ilustres de esta corriente espiritual de las Nuevas Músicas como Bill Douglas, Raphael, Stephan Micus o Patrick Bernhardt, pretende circular por una línea imaginaria que llega del oído directamente a un punto donde se ubica nuestra paz interior. Y cuidado, muchas veces lo consigue.
 
Ubicado en Santa Fe (Nuevo Mexico) tras un periplo que le llevó de Alemania a la India, y de ahí a Francia para recalar finalmente en los Estados Unidos, Georg Deuter publicó "Henon" en 1992 con el sello alemán que al que había sido fiel hasta la fecha, Kuckuck. El sendero musical por el que en él nos conduce es abierto y luminoso, se respira una tranquilidad casi terapéutica en la mayoría de sus melodías, once composiciones que conforman uno de los mejores trabajos del artista teutón. Flautas dulces y eufónicas, percusiones muy naturales, notas de guitarra pausadas y elongadas en un estilo característico, teclados sedantes... todo ello conduce inevitablemente al bienestar y la relajación, pero con la calidad en la composición y ejecución que posee este amante de la naturaleza y los animales. Tras "Nada", el suave comienzo de flauta y teclados, muy meditativo, donde parecen convivir lo moderno y lo más tradicional, suena una gran composición de título "Sha", donde lo que parece un sitar distorsionado aporta la melodía en un ambiente rítmico muy interesante en el que la flauta va a acabar tomando todo el protagonismo. La conexión con la naturaleza se evidencia, además de en la paz que transmiten estas tonadas, en lo que se pueden parecer a cantos de pájaros, "Basho" se sustenta en ellos al principio, para acabar evolucionando en un juego más completo y movido con ciertos aires orientales, en especial en su tramo final, dominado por una juguetona melodía. Es entonces cuando Deuter pasa a apabullar con "Ari", el que es posiblemente el mejor tema del disco, una demostración del genio de este músico ante cualquier situación, ya que aquí son unos afortunados teclados los que nos emocionan, proponiendo una gozosa ambientalidad llena de estímulos, y logrando una de las joyas ocultas de la New Age. La melodía se va creando durante toda la duración de la pieza en un clímax contínuo de luminosa belleza, dificilmente igualable. "Fjaril" es un corte muy estimulante por sus extraños arreglos de guitarra, mientras que nuevos y gloriosos teclados celestiales ("Gentle darkness") nos llevan hasta "Terra linda", otra pequeña celebración de la vida y la naturaleza con la ayuda de sonidos pregrabados, teclados, percusión, cuerdas y especialmente vientos, esas soberanas flautas que en "Indian girl" encuentran una bonita inspiración en los indios norteamericanos, tras haber viajado a través de influencias orientales ("Basho") y detenerse lejanamente en sudamérica en el cierre del disco de título "Chichen itza".
 
Deuter es un ciudadano del mundo, un artista que ha querido fundir Oriente y Occidente no sólo musical sino también espiritualmente. Además su mente no está anclada únicamente en la tradición sino que acepta de buen grado la tecnología y los nuevos retos del siglo XXI (sus composiciones pueden estar inspiradas tanto por el bosque petrificado como por los fractales). Por su música parece fluir la alegría de la vida, para llevarnos "a ese lugar hermoso dentro de cada oyente, donde puede experimentar el calor, el amor, la compasión, la suavidad". "Henon" fue su último disco para Kuckuck, siendo New Earth Records su nueva ubicación discográfica. Con este estupendo trabajo Deuter demostró no sólo que con el paso de los años y los discos no había perdido la inspiración sino que, en este momento de cambios, se mantenía como uno de los grandes referentes de la New Age, una música que caminaba segura hacia el nuevo siglo.

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20.1.07

MARCELO TORRES:
"Edad luz"

Marcelo Torres es otro de esos artistas que, a pesar de no poseer estudios musicales en el instrumento por los que son conocidos, apabullan con el dominio y la técnica que poseen a la hora de tocar, en este caso, el bajo (Marcelo sí que pasó por el conservatorio pero para estudiar piano y composición). Técnico e imaginativo, este argentino toca el bajo con índice, medio y pulgar; entre sus influencias, bajistas como Anthony Jackson, Michael Manring, Carles Benavent, Jaco Pastorius o Stanley Clarke, pero también guitarristas como Steve Vai o Van Halen, de los que posiblemente provenga su interés de tocar en ocasiones su bajo como una guitarra. Colaborador habitual de Lito Vitale (le podemos escuchar, por ejemplo, en el inmortal disco "Ese amigo del alma"), tras años de tocar a la sombra se decidió por fin a publicar su primer y muy interesante trabajo en solitario, de título "Edad luz", en el que Lito le iba a devolver la colaboración.

“No soy músico de jazz, de tango, ni de folclore. Me considero más de rock, porque en este género encontré la manera de desarrollarme. Mis preocupaciones estéticas son las de un músico de rock”, dice Marcelo. Afortunadamente, su concepción de la instrumentalidad se adapta a los estilos antes mencionados y no desdeña suaves planteamientos melódicos con fusión de conceptos e importancia de los vientos. Fue en 1993 cuando "Edad luz" fue publicado en Argentina (por Ciclo 3, el sello de los padres de Lito Vitale) y España (por medio de Sonifolk), con una bonita portada obra del ilustrador argentino Ciruelo Cabral (radicado en Sitges -Barcelona-, Ciruelo ha diseñado la cubierta de varios discos de Marcelo, así como otros de Steve Vai o Pedro Aznar). Este trabajo representaba la visión personal de la música y la vida para Marcelo, que sorprendía por los sonidos que era capaz de presentar con su bajo de seis cuerdas (fabricado exclusivamente para él por el luthier argentino Alejandro Rubio), explorando un original mundo de posibilidades y técnicas. En general, una música muy luminosa y alegre, de esencia sudamericana y cuerpo de jazz, que recordaba profundamente a la de Lito Vitale en muchos de sus momentos. Marcelo demuestra a lo largo de nueve composiciones su capacidad como bajista (usando en ocasiones el bajo a modo de guitarra y experimentando con enormes rasgueos o técnicas como el tapping) pero también como compositor de una obra íntegra, y para conjuntar un grupo de variada instrumentación, de hecho cada una de las canciones posee su propia convivencia de músicos e instrumentos: Pablo Rodríguez (flauta en uno de los temas), Jose Luis Colzani (percusión en un tema, batería en otro), Sebastián Peycere (batería en cuatro temas), Mariano Diaz (piano acústico en otros cuatro), y tres ex-componentes del cuarteto de Lito Vitale: el propio Lito (teclados y percusión en "Edad luz" y "A todos los niños" -y voces en la primera de ellas-), Manuel Miranda (que colabora en cinco de los cortes con flauta, saxo soprano, percusiones, aerófonos y piccolo) y, lógicamente, Marcelo Torres, que se muestra como un eficaz multiinstrumentista: bajo de seis cuerdas, percusiones, teclados, guitarra acústica y voces. "Edad luz" (donde Marcelo intenta contar una historia, y en ella se imponen aires sudamericanos, representados especialmente por las flautas), "Formas a través del cristal", "No tan simple" (uno de los cortes donde mejor se aprecia el trabajo del bajista, especialmente en su apertura y su cierre) o "A todos los niños" (con el claro atisbo del estilo Vitale) son sólo ejemplos de la vitalidad de la música contenida en este trabajo, del que es preciso destacar especialmente "Historia de una lucha imaginaria" (que presenta la primera melodía tarareable del álbum, un corte muy completo y agradecido donde cada instrumento, precisamente, 'lucha' por hacerse notar y cada uno tiene un elevado protagonismo en ciertas partes de su desarrollo, la percusión, el teclado, los vientos y un bajo portentoso) y "Danza", que cierra el disco de manera brillante, un desfile de sensuales cuerdas que se unen a la tenue voz para deslumbrar con una bonita melodía en un trabajo, en general, muy elaborado y completo.

"No hay manera de escapar la sombra de la sombra. Sólo los Ángeles saben verter la luz en la oscuridad. No hay manera de salir ileso tras todas las verdades del corazón. Este es el mundo de lo imperfecto; nuestras almas sin perfección ante él. No hay suspiros ante la muerte, sino presagios del porvenir. Todo yo es destruido por la mirada dulce de una niña y reconstruido por el suave cantar de un niño. La niña alberga en su seno esperanza, y el niño la acción. Todo es lo que es, pero tal vez pueda ser también poesía". Es parte del texto referido a "Edad luz", un disco grabado durante los meses de Diciembre de 1992 y Enero de 1993, y producido por el propio Marcelo. A "Edad luz" le siguió, en 2003, "Constructor de almas", diez años de diferencia entre dos discos que él definía como conceptuales, "en el sentido de que el repertorio responde a una dirección". Posteriormente llegaron "Atomo" (2010) y "Universos en miniatura" (2014) sin ese punto de partida, representando en cada canción "mi universo artístico, creativo y espiritual, llegando un momento en que grabarlas se transformó en una necesidad vital”.

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12.1.07

AZUL Y NEGRO:
"La noche"

Hablar de Azul y Negro es hacerlo esencialmente sobre recuerdos, sobre días de diversión, radio, casettes y vinilos, sobre una música que marcó a una generación. Carlos García Vaso y Joaquín Montoya eran los miembros del dúo, con experiencia en el mundo del pop-rock el primero (sus guitarras sonaron para Tino Casal, Mecano, Antonio Flores...) y más músico de conservatorio el segundo, con el aporte especialmente importante del conocido periodista y locutor de radio Julián Ruiz en la producción, el auténtico 'culpable' del nombre del grupo (se le ocurrió mientras veía un partido del Inter de Milán -cuya camiseta es azul y negra- cuando trabajaba para el diario Marca como crítico de fútbol). Este dúo se adelantó a su tiempo incorporando algunos adelantos tecnológicos en sus grabaciones (por ejemplo "Suspense" fue el primer CD español). Los que vivieron de lleno esa época saben perfectamente lo que supusieron, y su recuerdo está ligado a ciclismo, televisión, radio y música electrónica, la banda sonora de los 80. Tantos años después es necesario rescatar joyas como ésta, y no hay que olvidar que, tras un tiempo de silencio, Azul y negro siguen editando discos merced al esfuerzo y a la creatividad de Carlos Vaso en solitario, mientras Joaquín Montoya utiliza su propio nombre en sus nuevas creaciones.


Aún con el buen sabor de boca de "La edad de los colores" muy reciente, una irrupción sorpresiva en la España musical de los 80, su segundo plástico, "La noche", es posiblemente su álbum más admirado, un trabajo que sorprende, emociona y consagra a estos dos murcianos, que parecían encontrar el camino hacia un éxito europeo que tan difícil ha sido siempre de alcanzar para las bandas patrias. Cantar en inglés les benefició sin duda, aunque el hit en cuestión, "The night", era casi la única canción del álbum en dicho idioma (sólo "Technovision" la secundaba). Publicado en 1983 por Mercury, en "La noche" nos podíamos encontrar con un tecno-pop de calidad autóctono, algo casi impensable en ese momento pero que gracias a canciones como "No controlo nada" o la gran sintonía de la Vuelta Ciclista a España 1982, "Me estoy volviendo loco" -su exitazo hizo reeditar el disco, cuya primera edición no lo contenía-, era toda una realidad. La evolución tecnológica de este disco se nota desde la experimentalidad de su introducción, plena de efectos que no por ochenteros dejan de ser hoy atractivos e interesantes. Esta "Intro" deviene en el caballo de batalla del tecno-pop de Azul y Negro y una canción de auténtico diez, "Technovision", con vocoder sobre una base bailable y efectos de sonido y voz impresionantes -coros de Zanna y el malogrado Ollie Halshall-, en especial hacia su final. A continuación entra uno de los temas más recordados del grupo, "Isadora", la demostración más clara de que esta música no es fría -como algunas críticas retrógradas querían hacer notar- sino cálida, sensual y digna de admiración; de hecho, la gracilidad de Isadora Duncán está presente en cada uno de sus acordes. Es entonces cuando se pone de manifiesto que Carlos Vaso es más creador de canciones, es decir, tecno-pop con letra sin un mensaje definido pero basado en la actualidad de la época y sus propias vivencias, mientras que Joaquín Montoya es el instrumental puro del grupo. Hay así una división entre canciones propiamente dichas como "Paso a paso", "Secuencias" (una visión de la relación entre hombre y máquina), "Flash" (homenaje al espíritu y moda de los 80) y "Paraíso perdido", todas ellas compuestas mano a mano con Julián Ruiz, y instrumentales tan pegadizos como "Fantasía de piratas" (una auténtica joya que podría haber sido otra enorme sintonía ciclista) o "Fu-man-chu", que con las dosis justas de originalidad y producción, van más allá de su supuesta simpleza; ambas sirvieron como sintonía para conocidos espacios televisivos, la primera para la cabecera de deportes de televisión española (es decir, la que veía todo el mundo) y la segunda para el conocido y divertido concurso "En busca del tesoro", en el que Miguel de la Quadra Salcedo se recorría media España en helicóptero. También de Montoya es otro conocidísimo semi-instrumental, "Con los dedos de una mano", la segunda sintonía consecutiva del grupo para la Vuelta Ciclista a España, lo que en esa época era ya de por sí un éxito seguro (no deja de ser interesante comprobar que la influencia de Azul y Negro llegó a conseguir que un grupo al que presumiblemente pudieran admirar como Kraftwerk, llegara a componer posteriormente la música para un Tour de Francia). La combinación de Vaso y Montoya, y la alternancia de sus planteamientos musicales en cada disco resultaba un éxito definitivo. Para el final, comentar la segunda composición firmada por ambos en conjunto (y por Julián Ruiz, siempre omnipresente) tras "Technovision"; se trata del tema que da título al disco, "The night", un auténtico hit injustamente olvidado por las radiofórmulas que engancha desde el primer segundo en base a un ritmo tremendamente pegadizo y bailable, tanto que se trata de uno de los grandes éxitos 'dance' españoles (bailado en Londres -donde entró en las listas de venta con 25.000 copias vendidas del maxi-, New York y medio mundo) y la canción española que recaudó mayores derechos de autor en el extranjero durante el año 1987, merced a la exportación por vía italiana. Teclados (con Montoya dominando esta faceta) y secuenciadores se unen a percusiones electrónicas, pero hay un lugar muy importante en este sonido para los bajos y guitarras de Carlos Vaso. Este poderoso LP fue compuesto por Carlos y Joaquín en un apartamento de la Manga del Mar Menor, una reunión catártica en la que alcanzaron un nivel que llegó a sorprender a Julián Ruiz cuando escuchó la maqueta por vez primera. Allí se encontró éxitos en potencia no sólo en radios y televisión sino en pubs y discotecas, así como cortes instrumentales que alcanzan un nivel dificilmente superable (es muy difícil decantarse entre "Isadora", "Fantasía de piratas" o "Fu-man-chu").

Ese mismo año 1983 en el que "La noche" alcanzó el puesto número 4 en las listas de ventas en España, se editó una recopilación de los dos álbumes del grupo, remezclando sus mejores temas en formato digital; así era su título, "Digital", donde destacaba "No tengo tiempo (Con los dedos de una mano)", que fue número 1 durante cuatro semanas en las listas de singles. "Digital" supero en una posición a "La noche" (llegó al número 3) e incluía estas otras canciones de este segundo álbum: "The night", "Technovision", "Isadora", "Fantasía de piratas" y "Fu-man-chu". Para el que por su juventud no los conociera, hay que recordar que Azul y Negro es un grupo que quiso adelantarse a su tiempo, conocidos por muchos aún sin saberlo merced a sus innumerables sintonías en radios y televisiones, y por supuesto consagrados por el ciclismo, que otorgó a la banda un éxito inmediato y fulminante. Juntos, Vaso y Montoya -y Julián Ruiz- traspasaron dificiles fronteras, y no por tecnológicos dejaron de aportar un toque humano al conjunto de su obra. Tecnología e ingenio, cómplices en un producto magistral en la España de los 80.






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3.1.07

V IMPERIO:
"Mar de folhas"

De nuevo un disco de extrema dificultad a la hora de rastrear algo sobre su origen y condiciones, y es que "Mar de folhas" es el único trabajo de uno de esos grupos 'fantasma' que, a pesar de gozar de una tremenda calidad, desaparecen del mapa sin dejar más rastro que los escasos datos impresos en el CD, un CD editado en 1997 en el sello Movieplay, y en el que se nota la mano en la producción de Guilherme inês (productor a su vez de Dulce Pontes).
El nombre del grupo parece deberse al poeta de Lisboa Fernando Pessoa, enamorado del idioma y de la cultura portuguesa hasta el punto de soñar con un imperio espiritual portugués, un 'quinto imperio' (como continuidad histórica de los ejercidos anteriormente por asirios, persas, griegos y romanos) que recuperara la grandeza lusitana de siglos anteriores. Volviendo a temas exclusivamente musicales, hay que contar que estamos ante un grupo compuesto por tres miembros, Joao Gata (teclados y letrista), Rui Ricardo (teclados y programaciones) y Isis (voz), pero que se nutre para configurar su sonido de la eficaz colaboración de numerosos violines, violas y violonchelos, así como del oboe. El sonido así resultante abandona el pop más sencillo para gozar de un neoclasicismo que, lejos de resultar pedante, puede llegar a entusiasmar por su belleza plástica y por sus eficaces interpretaciones, no sólo musicales sino también vocales, puesto que Isis demuestra una extraordinaria valía en este sentido. En este trabajo se nos presentan doce composiciones, de las que tan sólo dos ("Décadas" y "Mar de folhas") son instrumentales, la primera de ellas claramente deudora del minimalismo portugués de Rodrigo Leao, y la segunda, que cierra el disco, más romántica. En cuanto a las canciones, que como ya he dicho se benefician sobremanera de los arreglos de cuerda, son un ejemplo de sensibilidad y fuerza a partes iguales, destacando especialmente el comienzo del disco, una serie de composiciones tocadas por una varita mágica entre las que se encuentran dos auténticas maravillas -y para mí grandes clásicos de las Nuevas Músicas- de título "Vagas (das tuas lágrimas)" y "Sagres (de madrugada)". Aunque marcado por esta grandiosidad, el álbum no desmerece conforme se avanza en su escucha, encontrándonos por ejemplo con un efectivo tercer sencillo, "Ventos de história", entre otras poéticas composiciones que conforman una obra merecedora de una continuidad. Para los interesados en una explicación algo más completa -y también compleja, sobre todo porque está en inglés- sobre el origen del grupo, podéis entrar en http://www.myspace.com/5imperio.
¿Fue V Imperio un grupo incomprendido? ¿Fue simplemente un capricho de tres jóvenes portugueses o hubo circunstancias extraordinarias en su desaparición? Quizás la incertidumbre de su oferta, ni esencialmente world music, ni pop común, ni música portuguesa al uso, les hizo replantearse su futuro, perdiendo el mercado de las Nuevas Músicas un grupo atractivo en la forma y en el fondo. Lo que está claro es que algo se movía en Portugal en los 90, y Quinto Imperio es un ejemplo, aunque tristemente fugaz, de esa apertura de miras.

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