23.3.08

RUBAJA & HERNÁNDEZ:
"High plateaux"

Un argentino y un mexicano que se unen para ofrecer su música en los Estados Unidos no pueden menos que plasmar en ella parte de sus raíces y actuar como emisarios y renovadores del rico folclore que portan en la sangre. Las corrientes más populares de la música en norteamérica ya habían sido aderezadas con elementos lejanos, no sólo hispanos (Carlos Santana) sino también orientales (los Beatles, al emplear el sitar en sus discos, abrieron el camino a Ravi Shankar), africanos (con Miriam Makeba como abanderada), jamaicanos (el reggae, encabezado en popularidad por Bob Marley), y por supuesto europeos, esencialmente celtas que, como la esencia africana, llevaban tiempo instalados en los Estados Unidos. La música instrumental avanzada de los grandes sellos norteamericanos también estaba dando grandes pasos hacia la fusión y la multiculturalidad, así que Windham Hill apostó por estos dos teclistas hispanoparlantes de nombre Bernardo Rubaja y César Hernández, que publicaron en 1987 un único disco juntos, "High plateaux", desapareciendo desde entonces el mexicano y manteniéndose durante unos años más Bernardo Rubaja en el panorama musical norteamericano gracias a otra mítica compañía, Narada.
El acercamiento a los sonidos sudamericanos se intenta básicamente a través de instrumentos tan característicos como la flauta de pan (o zampoña), el bandoneón (pariente del acordeón, que le otorga al tango su 'alma') y el charango (una guitarra de los Andes de cinco pares de cuerdas que en este trabajo toca uno de sus más célebres intérpretes, Gustavo Santaolalla). Son esas maravillosas zampoñas las que animan el comienzo del disco junto a una mayor instrumentación en la bella "Puerta del sol (Gate of sun)", inaugurando diez títulos de los que cuatro son en español con la traducción inglesa. Otra característica importante del disco es la producción de Mark Isham, que además enriquece el álbum con sus trompetas y saxofón, creando una serie de ambientes de inequívoca procedencia, por ejemplo en otras dos de las canciones más destacadas, "Indian woman" (completa, inspirada, con buenos teclados, charango, percusiones y saxo) y "Oro blanco (White gold)" (bonita introducción de teclado, melodía andina pegadiza, y la trompeta de Isham). En esta reunión de músicos del continente americano también podemos encontrar muy buenas percusiones (a cargo del peruano Alex Acuña y del brasileño Laudir de Oliveira, miembro del grupo Chicago) y otras influencias desde ambientales hasta del jazz, del rock o por supuesto del tango, que se deja notar en un último tema íntimo y evocador, "Child's dream".
Lejos de comparaciones y presupuestos, hay que destacar la interesante calidad del sonido, si bien a veces es más efectista que efectivo y no llega a ser especialmente original a pesar de tratarse de la fusión de elementos iberoamericanos con programaciones en un marco occidental, y con esa interesante producción del trompetista Mark Isham. Sin embargo hay una clara intención y firme resolución en la mano de estos dos músicos, que consiguieron su hueco en la nómina de Windham Hill abriendo camino a otras fusiones -unas con éxito y otras no tanto-, al contacto con otros elementos de una World Music que empezaba a contar para músicos y productores. "High plateaux" fue una apuesta interesante, y aunque haya perdido parte de la fuerza que seguramente tuvo en los 80, permanece (fuera de catálogo, eso sí) como una interesante propuesta de una compañía inteligente, Windham Hill.

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