30.10.14

KAREN MATHESON:
"The dreaming sea"

Considerando la inercia exitosa de la banda escocesa Capercaillie en los 90, a nadie le pareció descabellada la noticia de que su bella y carismática vocalista, Karen Matheson, comenzara una carrera en solitario, eso sí, sin abandonar el grupo que su marido, Donald Shaw, y ella misma crearan años atrás. Este no sólo le acompañaría en su particular viaje sino que se convirtió en el productor (además de compositor e intérprete) de "The dreaming sea", un trabajo excepcional, a la altura de los mejores de una banda que estaba en un momento dulce. Al igual que aquellos títulos importantes, "Sidewaulk", "Delirium" o "Secret people", Survival Records fue la compañía encargada de su publicación en 1996 (Valley Entertainment lo publicó en norteamérica en el año 2000), con una bonita edición limitada en caja de cartón dominada por la pureza del blanco, cuya portada presentaba una foto de Karen remando en un tranquilo lago, y que incluía seis postales en su interior, referidas a seis de las canciones del disco. Más interesante aún era la música desplegada en sus trece cortes, en los que el idioma inglés le gana al gaélico en número, si bien ambos encuentran sus momentos estelares en un acabado impoluto.

Tan encantadoras como la propia vocalista, las canciones desplegadas en "The dreaming sea" aportan una melodiosa tranquilidad a la carrera de la escocesa, restando énfasis celta a su trayectoria, convirtiéndola de golpe en una fulminante intérprete de folk, incluso con un delicado toque de estilo country. Aun así hay bastante de Capercaillie en el álbum, no en vano varios de los miembros de la banda arroparon -aunque algunos lo hicieran de forma efímera- a Karen en la instrumentación del álbum: James Mackintosh (batería), Marc Duff (flauta), Manus Lunny (voz) y por supuesto Donald Shaw (piano, sintetizador y acordeón) se unen a Gerry O'Conner (banjo), Fraser Spiers (armónica), Paul MacGeechan (teclados), Tommy Smith (saxo), Sorley MacLean (voz poeta en "Calbharaigh") y varios intérpretes de bajo, cello, percusiones, violas y violines. En legra grande hay que mencionar a James Grant, compositor, cantante y guitarrista escocés, que no sólo aporta su interpretación de bajo y guitarra sino que compone cuatro de las mejores canciones del álbum: "There's always sunday" (un comienzo radiante, una canción ligera pero con peso suficiente para servir de reclamo y en la que, sobre una exquisita producción, destaca el toque folkie de la armónica), "The dreaming sea" (la gran joya del disco, una deliciosa balada en inglés que glorifica a su autor y que según su postal de la edición limitada retrata, 'a merced del mar soñante', la placidez de playas maravillosas como las de la escocesa isla de Lewis), "At the end of the night" (sin ser destacada, es un bonito y disfrutable añadido) y "Evangeline" (el broche final, una pequeña y preciosa pieza muy folkie dedicada a la hija de Grant, la pequeña Evangeline, la misma niña rubia encantadora que aparece, como un angel, en una de las postales). Sobre Grant hablaba así Karen Matheson: "James escribe canciones increíbles para mí. Es muy poco reconocido (...) Donald y yo le conocimos en un momento en el que yo también me sentía muy vulnerable, James llamó a la oficina un día para ofrecerme algunas canciones y nos encontramos. Pensé que sus canciones eran fantásticas". Decía Donald Shaw en esa época que sus referentes musicales básicos eran muchos, música africana, latina, balcánica, algo de pop y rock, y autores folk norteamericanos como Shawn Colvin: "Estoy muy influido por cantautores de este tipo", afirmaba, y eso se nota en el primer disco en solitario de su esposa, si bien más en el tratamiento otorgado, pues en las composiciones arregladas por él, tanto en solitario como junto a Karen, hay un acercamiento casi total a la tradición escocesa en gaélico: "Rithill aill" (de acabado muy 'Capercaillie', ritmo celta-pop bailable, de hecho muy contagioso, hechizante, como lo fuera el fantástico instrumental "Dr. McPhail trance"), "Fac thu na feidh" (de igual estilo aunque un peldaño por debajo, y con un toque de smooth jazz que se notará más en diversos momentos del siguiente disco de Karen, "Time to fall"), "'Ic lain 'ic sheumais" (de melodía agradable, transmisora, como todo el álbum practicamente, de una felicidad que parece auténtica) y "An fhideag airgid" (pequeño himno celta imbuido de magia en el que Karen está acompañada de piano, cuerdas y vientos en un momento más intenso y trascendental, un nuevo instante destacado de un trabajo del que no se desea el final). Shaw aporta también dos canciones propias en inglés, "Move on" y especialmente "Early morning grey", un tema admirable eclipsado por las genialidades de James Grant. La infortunada cantante inglesa Sandy Denny encuentra la intimista versión de su canción "One more chance", guitarra y voz ejerciendo de enamorados en uno de los cortes más atrayentes de un álbum del que restan por comentar dos adaptaciones de poetas escoceses del siglo XX, una de Murdo MacFarlane, activista gaélico que se puede contemplar en su correspondiente postal, al cual ya recurrió Capercaillie en su trabajo "The blood is strong" ("Mi le m' uilinn", un sencillo corte muy personal a piano y voz en un principio, complementados posteriormente por los demás instrumentos, incluído el saxo), y otra de Sorley MacLean ("Calbharaigh", casi acappella sobre una base ambiental). En 1997, "Mi le m' uilinn" fue utilizado para cerrar el disco recopilatorio "Holding up half the sky: Voices of celtic women".

Sean Connery, otro escocés ilustre, se mostró encandilado al describir la voz de Karen como "una garganta tocada sin duda por Dios". Dificilmente se puede contradecir a todo un agente 007, aunque habría que asegurar que Karen es mucho más mundana y humilde de lo que parece transmitir con sus cuerdas vocales (una capacidad heredada de sus padres y en especial de su abuela Elizabeth MacNeil, reputada cantante de la isla de Barra, en las Hébridas), y que toda su fuerza se centra en unas canciones que si bien no compone, consigue hacer suyas. Su trayectoria en solitario continuó con "Time to fall", publicado en 2002, que intentaba seguir la estela de "The dreaming sea", y si bien el primer tramo del disco mantenía esa encantadora intensidad (de nuevo con la colaboración de James Grant en la mitad del álbum), no acababa de lograr un conjunto de canciones tan completo y acertado, situación más acusada en el trabajo de 2005 "Downriver", última muestra de un folk de esencia escocesa (de hecho en este último trabajo recuperó un repertorio esencialmente gaélico bajo la producción del mítico Donal Lunny) que merecía un mayor reconocimiento por parte del panorama musical en general, en especial este monumental álbum de debut, "The dreaming sea", que va más allá de cualquier disco de Capercaillie.

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