24.1.12

MANNHEIM STEAMROLLER:
"Fresh aire"

La historia del origen del grupo denominado Mannheim Steamroller, así como de la compañía discográfica American Gramaphone, es cuanto menos peculiar y, si bien su éxito es casi exclusivamente norteamericano, merece la pena escucharla y destacar sus méritos, puntuales destellos de calidad en cada una de las entregas de la popular serie Fresh Aire. Chip Davis es el estandarte de este pequeño imperio, un músico de Ohio que creció en un ambiente musical y que se graduó en 1969 como intérprete de fagot, aunque también dominaba la batería. El aprendizaje para crear su personal estilo surgió creando jingles para una empresa de Omaha, lo que acabó llevándole a la verdadera historia de su éxito: Chip (cuyo verdadero nombre es Louis) realizó la música para una serie de anuncios para televisión de una compañía de elaboración de pan llamada Old Home Bread, que fueron la comidilla de millones de estadounidenses; el protagonista era un conductor de camión de reparto llamado C.W.McCall, que representaba situaciones divertidas junto a su novia Mavis, vistosa camarera de un bar de carretera. Tal fue el éxito de los spots que C.W.McCall recorrió todo el país en un espectáculo que incluía la música de Chip Davis, cuyo grupo se denominaba Mannheim Steamroller. El single "Convoy", de estilo country, vendió millones de discos e inspiró el título de la película de Sam Peckinpah protagonizada por Kris Kristofferson. Mientras tanto, Chip Davis intentó dar su particular paso adelante, ideando un disco instrumental en el que retomaba viejas ideas, si bien ninguna compañía parecía estar interesada en el mismo, por lo que acabó creando American Gramaphone Records en 1974, antes incluso que la fundación de la propia Windham Hill.

"Fresh Aire" fue la primera referencia de American Gramaphone e inauguró una longeva saga de discos basados en diversas temáticas. La primavera era el punto de partida de este primer volumen, que se alimenta de un espíritu barroco con un toque medieval. Lo que sí tuvo claro Davis desde el inicio de la compañía era la importancia de la calidad del sonido que se vendía, por lo que no dudó en invertir en la tecnología punta de la época: "Los elementos clave de American Gramophone son música original con una base clásica y una visión pura de la producción", dijo Chip, y en "Fresh Aire" intentó ponerlo en práctica por medio de doce composiciones interpretadas por Jackson Berkey a los teclados y el propio Chip Davis a la percusión y flautas, con la adición de bajo, metales (trompeta, trombón) y cuerdas, aparentando una gran suite orquestal con acabado electrónico. "Prelude" es una subyugante introducción, no exenta de un cierto misterio, que presenta de inmediato un sublime cambio al derivar en una pieza recargada, cercana a un animado barroquismo con añadido electrónico; su título, "Chocolate fudge", contribuye a un cierto desconcierto en cuanto a sus pretensiones, y a su vez confirma el tono cómico del que surge el grupo, al utilizar ese juego de palabras fudge (caliente) / fugue (fuga, que es a lo que podría sonar la pieza en homenaje a músicos del barroco como Johann Sebastian Bach). Esa fusión clásico-electrónica chocó en la época ("Chocolate fudge" es una melodía algo atropellada pero ciertamente pegadiza) y fue el comienzo del éxito de la Mannheim Steamroller, un nombre surgido de una técnica de composición musical del siglo XVIII equivalente a un crescendo. Cuatro interludios de piano ambiental (sus títulos son precisamente "Interlude" I, II, III y IV) se intercalan en la obra otorgándole un aire sencillo e intimista, con efectos de sonido de fácil asimilación (lluvia, pájaros) que emergen melancólicamente en ese campo que sirve de bonita portada al trabajo. También serena y de armonías barrocas es "Sonata", de corta duración y de consumo fácil. En un tono más medieval, por la inclusión de la flauta dulce, es "Saras band" (una zarabanda -danza lenta muy utilizada en el barroco-, con otro juego de palabras en el título), aunque la batería y caminos más sinfónicos acaban por resultar algo extraños en un conjunto de entradas y salidas hacia lo clásico, lo moderno, lo lento y lo rápido. Da la impresión de que la composición vaya a saltos, aunque hay que admitir que de todo ello emerge un sonido final distinto, atractivo y absolutamente propio. Con "Rondo" vuelve el estilo desenfrenado y de sintonía algo extravagante que escuchábamos en "Chocolate fudge", así como en el pasacalles "Pass the keg (Lia)" -nuevo juego de palabras-. Sin ser tan acertados como aquel, no cabe duda que resultan alegres y llaman la atención, circunstancia extensible a todo el álbum, en especial escuchado en aquella época. Curiosamente, el tema denominado "Fresh aire" (musicalmente un aire o pieza de música a una sola voz) no es de los más destacados del álbum aunque no desmerece en el mismo; ambiental, parece una improvisación que va tomando alma durante su desarrollo. Sí que merece la pena destacar el final del trabajo, "Mist", de piano, muy corto aunque intenso y esperanzador, si bien no acaba de augurar una serie de continuaciones tan numerosa como las que acabaron viendo la luz.

'Rock clásico del siglo XVIII' es la clasificación que se impuso el mismo Chip Davis para esta música, rimbombante en ocasiones pero de un efectivo melodismo entre clásico y actual que le ha nutrido de fieles seguidores. De hecho, la serie 'Fresh Aire' consta de ocho entregas numeradas (todas ellas discos de oro, que en los Estados Unidos son 500.000 copias vendidas) y una de corte navideño que le supuso ventas millonarias, como todos sus álbumes inspirados en la Navidad. Lo que comenzó con un anuncio de pan se ha convertido en una de las compañías independientes más importantes de norteamérica, que aparte de a la Mannheim Steamroller ha publicado trabajos de Jackson Berkey, Richard Burmer, Mason Williams, Jeff Jenkins o el grupo Checkfield. Así es la historia de cómo Chip Davis cumplió con el sueño americano por obra y gracia de la exitosa serie 'Fresh Aire'.

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