SAM CARDON &KURT BESTOR:
"Innovators"
Cada una de las pistas del álbum presentan historias rescatadas del olvido que encierran buenos propósitos. Así, vistas como pequeños himnos de los derechos humanos y los avances tecnológicos y culturales, no es de extrañar que gocen en su mayoría de un serio tratamiento orquestal (de buen gusto y estupendo acabado) así como de un trasfondo religioso derivado del carácter mormón de este dúo ubicado en Salt Lake City (miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, congregación religiosa mormona con sede en dicha capital del estado de Utah), ganadores de un premio Emmy por su música para las retransmisiones de los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary 1988 en la cadena ABC. Algunas de las composiciones de "Innovators" poseen una calidad extraordinaria, encontrándonos ante un disco injustamente olvidado. En efecto, el Premio Nobel de la Paz Albert Schweitzer es el primero de esos innovadores, en una inspiradísima composición de título "Sage of Lamberéné" que trataba de acercar dos formas tan distintas de concebir la música como son la de Bach y la de las tribús del Gabón, en una fusión suave, melodiosa y encantadora, con ritmo africano (percusión y flauta), melodía europea (al piano y orquesta) y voces conjuntas, logrando un contínuo y emocionante clímax. El espíritu viajero de Cardon y Bestor nos sirve de guía por todo el mundo: "Rainmaker" nos conduce alegremente al viejo oeste americano (además de los instrumentos convencionales suenan unos estupendos armónica, acordeón y violín) en un recuerdo de Charles Mallory Hatfield, el hombre que podía hacer llover y que acabó inundando San Diego. "Man among men" agrada con un estilo sencillo, desenfadado y muy agradable, donde se unen teclados, guitarra, flautas de pan (sikus) y voces y percusiones (a cargo del peruano Alex Acuña), en esta ocasión en un viaje con destino Brasil para tratar el tema de la esclavitud y hablarnos de un 'hombre entre hombres', Black Pete. Irlanda es el destino de "Folkways", donde destaca especialmente el piano, con el acompañamiento de una tímida guitarra folk y otros instrumentos autóctonos (violín, bodhran, dulcimer o penny whistle), para terminar desarrollando una corta melodía de tipo celtoide consagrada a un astuto irlandés llamado John Brodison, que representa aquí el espíritu de su pueblo. Más ambiental, con un desarrollo rítmico in crescendo, es "Electric highway", un deseo de libertad para el pueblo chino dedicado a Chai Ling, la líder del movimiento estudiantil pro-democracia en Pekín, que vivió la matanza de estudiantes en la plaza de Tiananmen por soldados del comunista Ejército de Liberación del Pueblo. La melancólica flauta shakuhachi que interpreta Kazo Matsui en "Minimal universe" nos permite pasar por Japón, en un recuerdo del equilibrio dominante en las doctrinas niponas, y más cercano al jazz es "The third spring", sobre la caída del muro de Berlín y la liberación de los pueblos oprimidos. Pero posiblemente sean los cuatro temas que restan por comentar los que, junto a "Sage of Lamberéné" o "Electric highway", más destaquen en el conjunto del disco, dos de ellos por su concepción puramente orquestal de cierta inspiración religiosa ("Three tools" sobre los masones y la construcción de catedrales en piedra, llenas de simbología, y un corto pero muy intenso "Requiem" por los héroes anónimos -inspirado por el Adagio de Samuel Barber-, en el que estos músicos expresan cómo la memoria de los virtuosos mantiene viva la virtud en nosotros mismos), otro dedicado a la increible mente de Stephen Hawking ("Mastermind", una rítmica pieza de suave estilo electrónico aderezada con un trasfondo acústico con interesantes saxofón y batería, en un potente clímax jazzístico) y una emotiva despedida cantada a capella por Kurt Bestor, un sentido himno titulado "Prayer of the children", compuesto por Bestor cuando ejerció en Serbia en los 70 como misionero y trabajó con niños en un hospital que fue desgraciadamente destruido.
Este disco aún iba a deparar mucha más actividad años después de aquel lanzamiento promocional en 1993 por WordPerfect Corporation. Dos años después, en 1995, fue lanzado sin la pista de WordPerfect y con portada distinta por la compañía Treble V, incluyendo además dos composiciones descartadas de la primera edición: "The snake priest" dedicada a Richard Burton y "La capitana", de inspiración flamenca por recordar a la bailadora y cantadora española Carmen Amaya, que llegó a ser portada de la revista Life y a actuar en la Casa Blanca para el presidente Roosevelt. "Innovators" fue reeditado en 2000 con motivo de un concierto especial que Cardon y Bestor prepararon para la cadena estadounidense PBS, un impactante evento que contó con su plasmación en DVD ese mismo año. Además, en 2001 se publicó una continuación, "Innovators II: Keepers of the flame", dedicado al espíritu olímpico. Brian Blosil fue el productor de las dos partes de "Innovators", un álbum que pretendía celebrar el espíritu indomable de 'los innovadores' y que nos descubrió a otros dos, cuyos nombres, Sam Cardon y Kurt Bestor, no son conocidos mayoritariamente, pero con su labor misionera y con obras como éstas contribuyen a su manera al bienestar del mundo. Como dice Bestor en su web: "Mis logros en el pasado no significan nada si no hago algo con mi música para mejorar el futuro".
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