"Simplemente sucedió", rememora continuamente William Ackerman cuando se le pregunta por los orígenes de Windham Hill, posiblemente fuera algo que estaba escrito que tenía que ocurrir per se, para que la música tuviera una nueva vía de expresión, una etiqueta única que bien podría denominarse como el propio sello de Ackerman. Este no comenzó como un negocio, era más bien un sueño basado en el propio arte de la música. Pero de igual manera que comenzó, también llegó el final: "Según creció Windham Hill, se volvió más viable económicamente. Y era mejor y más próspero, pero a la vez se convirtió más en una corporación.", dijo Ackerman a Ángel Fraile para la revista World 1 Music. En 1986, abrumado, tuvo que renunciar al puesto de ejecutivo y dedicarse sólo a la música, la suya y la de descubrir nuevos talentos. Y aunque seguía siendo una especie de portavoz, la compañía se vendió a BMG. Will no dejó Windham Hill, fue Windham Hill la que abandonó a Will, fueron sus nuevos gerifaltes los que dieron la espalda al arte y no supieron tomar las riendas de algo que era por definición una entelequia, que sólo podía seguir fluyendo en las manos adecuadas. Al menos las de Will Ackerman continuaron tañendo las seis cuerdas, y después de seis años de descanso desde su anterior trabajo, llegó en 1998 "Sound of Wind Driven Rain", con el que este guitarrista nacido en Alemania y adoptado por Robert W. Ackerman y su esposa, iba a contentar a sus muchos seguidores.
"Cuando vendí la compañía a BMG estaba legalmente obligado a no estar en el negocio de la música durante un tiempo, pero eso no quería decir que no pudiera hacer uno de mis discos, sino que no podía estar involucrado activamente en el negocio durante tres años." Por tanto, y aunque está publicado por Windham Hill, "Sound of Wind Driven Rain" está grabado ya para BMG, que tras adquirir el 50% de la compañía en 1992, completó dicha adquisición en 1996. Un camino totalmente nuevo se abría para el guitarrista a partir de aquí, pero la esencia de Will Ackerman (él comenzó a firmar como Will y no como William a partir de la venta a BMG) va a estar presente en cada nuevo paso, ya desde otra ubicación, pues dejó la costa oeste para volver al Vermont de sus veranos, en el condado de Windham. Allí construyó Imaginary Road Studios, lugar de grabación de este "Sound of Wind Driven Rain" ilustrado, en la portada y el interior, con pinturas de Michaella Harlow, de la que Will toma prestado, de hecho, el título del álbum. Inolvidables eran piezas como "The Opening of Doors" o "Murray's Song", de su anterior trabajo para Windham Hill, el igualmente titulado "The Opening of Doors". Will nunca había perdido tanto las ganas de hacer música como una brutal inspiración para conseguir melodías especiales, y lo siguió demostrando, para deleite de sus seguidores, en un "Sound of Wind Driven Rain" muy inspirado sobre el que afirmaba: "Me lo he pasado mejor haciendo este disco que hace millones de años." Y eso verdaderamente se nota al escuchar el álbum, alegre y desenfadado, 15 meses de trabajo junto a su ingeniero Corin Nelsen y viejos amigos desde hace tiempo como Michael Manring, Paul McCandless, Charlie Bisharat o Philip Aaberg entre otros, con los que llevaba años colaborando, por lo que conocían perfectamente las intenciones de su otrora jefe a la hora de plasmar sus pensamientos musicales. Samite es otro de los invitados especiales, pero este vocalista de Uganda era un desconocido hasta ese momento. Ackerman no tenía intención de utilizar la voz en el disco, pero Samite estaba trabajando en su estudio en esa época y Will vio las posibilidades que tenía unirlo a su música, pues textualmente se enamoró del sonido de su voz. El tema de apertura, "Shella's Pictures", porta la grandeza costumbrista de su autor, esa sensación de estar al lado suyo mientras toca la guitarra; Ackerman se muestra pensativo en esta lujosa demostración a las cuerdas (esos cinco minutos eran una de las cuatro demostraciones en solitario del trabajo), una elegante balada de guitarra digna de sus trabajos de los ya lejanos años setenta. El camino sigue igual de sereno en "A Child's Song" hasta que aparece, sorpresiva y fantasmal, la voz de Samite Mulondo, un elemento nuevo en su música (una nana necesita una voz humana que cante consuelo y protección, dijo); dos son las curiosas piezas en las que Ackerman añade únicamente la voz de este ugandés a su toque de guitarra (de hecho ambas piezas se desarrollan como solos, para emerger la voz en sus últimos minutos con un conseguido efecto sorpresa), y el resultado es ciertamente satisfactorio por una sonoridad que no se centra en las cualidades africanas de su garganta sino en una encantadora evocación casi susurrante en "A Child's Song" (la nana del disco, en la que tras decirle a Samite que intentara algo por su cuenta, a ver si funcionaba, cuando volvió al estudio Will afirma que lloró), flotante en "Sound of Wind Driven Rain" (Will disfruta y nos hace disfrutar en tonadas deliciosas como esta, donde la voz ulula como si fuera un instrumento más), por momentos incluso de aspecto sagrado. Saliendo un poco de la calma anterior y con la ayuda del fretless (el eficaz bajo sin trastes) de Michael Manring y del estupendo violin de Charlie Bisharat, "Driving" parece dar un paseo muy descriptivo por los paisajes cercanos, pero no un paseo tranquilo: "Me gusta conducir rápido, como pueden atestiguar los policías estatales de al menos diecisiete estados. Esta canción trata sobre carreteras solitarias con las ventanillas bajadas." Nadie puede negar que estamos escuchando un disco de Windham Hill, este es el auténtico sonido de este glorioso sello. Manring repite en "Lion's in the Sky", pieza serena y comedida en la que las notas extraídas de las cuerdas de la guitarra son como las formas de las nubes, cada una es un universo para la imaginación, y disfrutando tanto del cielo como de la música, se puede contemplar o imaginar cualquier cosa, incluso leones; el trío se completa con el piano, tímido pero efectivo al final del tema, de Philip Aaberg, otro gran clásico del Windham Hill de antaño que, a pesar de publicar su último trabajo en dicho sello en 1992, seguía colaborando en algunos de sus típicos recopilatorios. Especialmente interesante es la aparición de otro guitarrista muy a tener en cuenta, Rob Eberhard Young, en las notas bajas de una de las mejores piezas del disco, "Unconditional", escrita para la boda de sus amigos Harry y Giovanna, que tuvo lugar en La Posta Vecchia, cerca de Roma. Mientras tanto, y además del comienzo ("Shella's Pictures"), otros tres son los solos de guitarra del álbum, que llegan en el último tramo del mismo: "Wings on the Water", sobre la niebla que a veces llena el valle del río West y acompaña a Will mientras conduce siguiendo el vuelo de los patos, acude a su folk melancólico de cabecera (una pieza deudora de melodías de antaño, aunque se nota el paso del tiempo y es difícil conseguir el tono rebelde y perfecto de la juventud), al igual que "I Know this River", pacifico y hermoso tema sobre los muchos recuerdos que le evoca el río que lleva a Windham Hill Farm, si bien por momentos parece que deseemos que entre un instrumento de viento que le aporte una mayor frescura y dinamismo; el álbum se despide con "Mr. Jackson's Hat", otra tonada acertada en la que se respira el inconfundible aroma de las cuerdas de acero frotadas por este afable músico: "El Sr. Jackson vive en una caravana en un pueblo fantasma en medio del desierto, no muy lejos de un lugar llamado Badwater, que se encuentra a 86 metros por debajo de la superficie del Océano Pacífico. El Sr. Jackson tiene un sombrero del tamaño aproximado de un Volkswagen. El sombrero es negro y el Sr. Jackson es un hombre grande. Impresiona." Antes, y como no hay que desmerecer ni una sola nota de este muy buen trabajo, hay que decir que "Ponchartrain" no es "Synopsis II", pero se agradece el intento de aunar guitarra y viento (el cuerno inglés de Paul McCandless) de esta grácil y clasicista manera, en este tema sobre las cálidas noches en Nueva Orleans. Pero resta por comentar el gran corte del disco, los 9 minutos de "Hawk Circle" en su nuevo tratamiento con el fretless de Michael Manring, el tambor de marco de la venezolana Jackline Rago, la guitarra ambiental de Marc Shulman, el palo de lluvia de Gerry James y sobre todo la voz de Samite: "Samite me ha contado que de niño, en Uganda, le enseñaron a temer dos cosas: las serpientes y los charcos. Todavía no entiendo lo de los charcos. En esta versión de 'Hawk Circle', Samite les pide a los halcones que protejan su aldea de las serpientes, ya que, al parecer, los halcones tienen poco poder sobre los charcos". "Hawk Circle", con su eterna belleza de espíritu ancestral, tiene una especial importancia en la vida musical de Will Ackerman: grabada por primera vez a dúo con el pianista George Winston para el álbum "Passage" en 1981, y recogida en el memorable directo de 1983 "An Evening with Windham Hill Live", este acertado rescate es la tercera aparición de este tema pleno de magia en la discografía de Will Ackerman, una de esas piezas en las que podrías quedarte a vivir.
Tras esos años de búsqueda de inspiración, Will decía que estaba en un momento de gran intensidad y de diversión en el estudio, no quería ni podía parar de escribir y grabar, algo que no era común en él cuando dirigía Windham Hill, por lo que prometía otro disco al año siguiente. Realmente no llegó hasta 2001, pero "Hearing Voices" fue otro trabajo completo, lleno de más colaboraciones de buenos amigos, y con una mayor presencia de voces, que complementaban la música. Tal vez esto desvirtuaba para muchos la esencia original de la música de Will Ackerman, que aceptaron la inclusión de voces muy selectas en "Sound of Wind Driven Rain", pero que no comprendían la profusión de canciones de este trabajo. Sea como sea, hay que dejar volar la inspiración de artistas como este y permitir estos gozosos devaneos, sabiendo que tarde o temprano -como así ocurrió- acabaría volviendo, en su momento adecuado, la guitarra en solitario. Fue en 2004 con "Returning", donde revisitaba viejos éxitos, para volver a solicitar la ayuda de los amigos de siempre y otros nuevos que embellecerían su música en buenos trabajos posteriores como "New England Roads" o "Positano Songs".
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