28.9.07

VARIOS ARTISTAS:
"An Evening with Windham Hill Live"

Conocidos de sobra para los incondicionales de la música instrumental contemporánea son los tímidos pero contundentes inicios de la compañía Windham Hill, así como ese espíritu de 'gran familia' que imperaba entre los grandes músicos de esa inmortal discográfica californiana, una sensación que se fue extendiendo también desde entonces en otras grandes firmas de las nuevas músicas que al conseguir configurar un catálogo de nombres en buena armonía, facilitaban la interactuación entre ellos. Pero dejando aparte las colaboraciones de unos con otros en sus trabajos, o las reuniones en discos de recopilación con temas exclusivos, la mejor excusa que se le ocurrió a William Ackerman -genial guitarrista y fundador del sello- para humanizar la propuesta de la 'colina de los artesanos', fue llevar la música directamente hasta el público. Y así fue como diez grandes intérpretes incluidos en la nómina de Windham Hill se juntaron a finales de 1982 en una pequeña gira estadounidense que les llevaría, con lógico éxito, hasta Boston, Nueva York, San Francisco y Washington, entre otras importantes ciudades. Fue en los dos conciertos del Berklee Performance Center de Boston donde se grabó este disco publicado en 1983, corto en su duración pero de un gran interés para los seguidores de este mítico sello, que pasaba en esa época por su momento más álgido e interesante para cualquier melómano.

Aprovechándose de las mejoras en la calidad de la grabación digital, Will Ackerman tuvo la gratificante idea de registrar aquellos conciertos de Boston, para ofrecerlos a los que no pudieron disfrutar de aquella gira primigenia. Efectivamente, en "An Evening with Windham Hill Live" se puede sentir y respirar lo que era esa exclusiva música y lo que fueron aquellos conciertos, en un plástico indispensable. Siete composiciones llenan el álbum, compuestas dos de ellas por Michael Hedges, dos por Alex de Grassi, otras dos por Will Ackerman (hasta ahora todos guitarristas) y la última por George Winston y John McLaughlin (genios del piano y la guitarra, respectivamente, si bien el último, que no pertenecía al plantel de Windham Hill, no participó en el concierto, sólo firma la segunda parte de la pieza). Es Michael Hedges el que abre el espectáculo con un impresionante 'solo' de su clásico "Rickover's Dream", y es precisamente en directo donde impacta la genialidad de este malogrado guitarrista -fallecido en 1997 en un accidente automovilístico-, capaz con su dominio del tapping de levantar al público de sus asientos; Hedges cede también el cuarto tema del álbum, "Spare Change", que interpreta junto a su eterno amigo y gran bajista Michael Manring -sorprendente el sonido que consigue extraer de ese instrumento, el bajo sin trastes- y la pianista Liz Story, en una agradable conjunción de cuerdas y teclas. Los dos temas firmados por el guitarrista Alex de Grassi son de lo mejor del disco, tanto la interpretación en solitario de una de sus más recordadas composiciones, "Turning: Turning Back" -título de su primer álbum en Windham Hill cinco años atrás- como sobre todo el que también tituló su tercer trabajo, "Clockwork", una pequeña joya a la que el lyricon -aquel curiosísimo saxo electrónico- de Chuck Greenberg le otorga ese sorprendente lirismo que desbordaba en los discos del imprescindible grupo Shadowfax, sin olvidar las contribuciones de Manring al bajo, Darol Anger al violín y Michael Spiro a la percusión. También el lyricon de Greenberg y el bajo de Manring realizan su sincero acompañamiento al tercer compositor / guitarrista de esta serie de conciertos, el fundador de la compañía en cuestión, Will Ackerman; la canción, suave, sencilla y embriagadora, lleva por título "Visiting", y da paso a uno de los clásicos de Ackerman, "Hawk Circle", para el que hace su primera aparición el pianista George Winston, plasmando en vivo su dueto del álbum de Ackerman "Passage". Es precisamente el extravagante Winston el que concluye el disco en solitario con su estilo personal al piano interpretando "Reflections / Lotus feet" y, lógicamente, encandilando a la audiencia, que posiblemente haya tenido que frotarse los ojos al ver desfilar por el escenario a todos estos magistrales y admirados intérpretes. El disco tuvo también una pequeña edición en vinilo negro traslúcido.

Al margen de diversos DVD's con música de Windham Hill sobre imágenes de la naturaleza, uno en particular reclama nuestra atención al tratarse de la grabación en imagen de un concierto parecido al comentado en estas líneas: "Windham Hill in Concert" recoge temas de Will Ackerman, Scott Cossu, Michael Hedges y Shadowfax interpretados en directo por esos mismos músicos en 1986, en el cual sólo un tema de Ackerman -"Visiting"- repite respecto al disco aquí comentado, y se cuela entre otros grandes clásicos como "The Bricklayer's Beautiful Daughter" o "Aerial Boundaries"). En la actualidad otros artistas de Windham Hill continúan ofreciendo su música en vivo en el llamado 'Winter Solstice Tour'. Se puede disfrutar con el sempiterno Will Ackerman y otros nombres míticos como Liz Story, Phillip Aaberg o Darol Anger, en una serie de shows que, aún carentes del enorme poder de convocatoria de los Hedges, Greenberg o Winston, siguen siendo exitosos y por supuesto altamente recomendables casi veinticinco años después de aquellos primeros eventos que quedaron registrados en este corto pero magistral recopilatorio.

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21.9.07

YANNI:
"Out of Silence"

El comportamiento del mercado norteamericano, al menos en lo musical y también en referencia a las nuevas músicas o a la más pura new age, en ocasiones llega a premiar más la popularidad de un artista que la calidad (aunque a veces ambas puedan ir de la mano). Uno de los ejemplos más claros es el de John Tesh, un conocido presentador de televisión neoyorquino que arrastraba multitudes con su piano, pero otro más interesante, por su mayor repercusión en el resto del mundo y la magia impresa en sus creaciones, ha sido el de un griego de lacia melena oscura y frondoso bigote llamado Yanni Chryssomallis, aunque sea más conocido simplemente como Yanni, un artista de música generosa, que lo da todo en cada composición, ya sea en una faceta rítmica y enaltecedora o en otra más tranquila y romántica, igual de emocionante. La carrera de Yanni despegó potencialmente cuando en 1990 inició una relación de casi diez años con la conocida actriz Linda Evans, que amaba su emocionante y altiva música desde años atrás ("la música era tan conmovedora, introspectiva y hermosa. Fue mi favorito, era una inspiración", afirmó). Cuando Linda fue invitada al programa de Oprah, Yanni tocó al piano para millones de personas "In the Mirror" y "Reflections of Passion", y la compilación titulada como este grandioso último tema comenzó a vender muchísimos discos. 

Private Music, el sello discográfico que fichó a Yanni en 1986, encontró un filón en este artista nacido en Kalamata (Grecia) en 1954, en una familia donde el amor por la música era hereditario, como comenta él mismo en su biografía, "Yanni in Words", en la que recuerda el esfuerzo económico que realizaron sus padres para que él y su hermano (un virtuoso, afirma) pudieran estudiar y tener un piano en casa, aunque Yanni nunca quiso tomar clases de música, él tenía una especie de oído absoluto y desarrolló su propia notación. Yanni llegó a Estados Unidos a los 18 años para estudiar psicología en la universidad de Minnesota, pero enseguida lo intentó con la música, primero en bandas de amigos en las que tocaba los teclados y experimentaba con láseres (Zed, Archangel y Straight Up), luego en un conjunto como Chameleon, que logró un cierto éxito en Minneapolis, y luego con sus propias composiciones, influenciadas por la música clásica, tras eliminar la i de su nombre Yianni y establecerse como Yanni, aunque en un principio él había sido John Chryssomalis. Ese apellido griego significa 'cabello dorado', y decidió dejarse larga melena (morena) y bigote. No sin dificultad, alcanzó la merecida fama, que le llevó hasta unas cifras de ventas sorprendentes para un músico instrumental, en especial con su álbum "Live at the Acropolis", pero la calidad de sus composiciones -Linda Evans al margen-, está plasmada en sus discos, y su éxito se fue labrando canción a canción. "Optimystique" fue una apuesta inicial bastante electrónica (con sobrantes efectos de sonido) pero de atractiva sonoridad en una marcada influencia helena. Años después, tras un interesante aunque aún no redondo "Keys to Imagination" donde Yanni se supo desmarcar de la electrónica más vulgar consiguiendo extraer sonoridades orquestales en grandes composiciones como "Nostalgia", llegó en 1987 un disco soberbio, en especial por la eficaz combinación de unas melodías románticas de piano que acabarían siendo características del músico griego, con otras tremendamente rítmicas (mucho más depuradas y elaboradas que las que habíamos podido escuchar anteriormente, fruto de un exigente ritmo de trabajo, temporadas durante las que se aisla comiendo y bebiendo poco y sin apenas contestar al teléfono ni hacer vida social), con una fuerza, expresividad y producción sorprendentes. Multitud de sonidos carismáticos engalanan este álbum titulado "Out of Silence", melodías gratas, incluso espectaculares, como la que abre el trabajo, "Sand Dance", trepidante bienvenida de notas enaltecedoras. Tras ella, escuchamos la delicada "After the Sunrise" (que sigue la línea de "Nostalgia", incluido en "Keys to Imagination" o de "Farewell" en "Optimystique"), gozosa demostración de esa capacidad de Yanni para conseguir que su música, basada en su mayoría en los teclados, suene cercana y cálida como si la interpretara una orquesta sinfónica, algo que no podía permitirse en ese momento de su carrera. Sin tiempo para el respiro llega uno de los momentos culminantes del disco, la grandiosa "Standing in Motion", radiada hasta la saciedad; el poderoso cambio de ritmo de esta genialidad marca otra de las características de algunas canciones del teclista heleno, divididas en dos partes bastante diferenciadas, por lo general una entradilla de piano atmosférico complementada por una tarareable explosión de fuerza. Tras una visita a Kalamata,  Yanni se había inspirado en un terremoto que había acontecido allí de 6.3 de magnitud, que prácticamente destruyó la ciudad, para crear de la nada ese enérgico "Standing in Motion". En un disco que no presenta momentos de desperdicio, no hay que olvidarse de otra melodía de excepción titulada "Within Attraction". Cercada por otros cortes más rítmicos como son las poderosas "Street Level" y "Point of Origin", "Secret Vows" es puro lirismo atmosférico, una tranquila pieza cedida también para aquel estupendo recopilatorio tan recordado titulado "Polar Shift: A Benefit for Antarctica". La influencia de su amada Grecia se palpa en la nostálgica "The Mermaid" y aún más claramente en "Acroyali", todo un homenaje, como lo es todo el disco, y así figura en el libreto, al pueblo de Kalamata. Para acabar, "Paths on Water", otra destacable pieza movida (posiblemente sean éstas las que más destaquen en el conjunto del disco, si bien la ambientalidad más romántica es también loable) en una sensacional alternancia de fuerza y delicadeza que conquistó a millones de oyentes. Una de las más extrañas curiosidades asociadas a Yanni y concretamente a su tema "Standing in Motion", pasa por un concepto tan difícil de comprender como la psicopictografia o 'pintura mediúmnica', un proceso por el cual un médium consigue plasmar casi fielmente en sus lienzos, obras pictóricas preexistentes, gracias a la influencia de, presuntamente, un espíritu con conocimientos pictóricos. El brasileño Luiz Antonio Gasparetto, uno de los más importantes psicopictógrafos, se dejaba llevar en sus trances por "Standing in Motion", como se puede ver en uno de los programas de la serie del doctor Jiménez del Oso 'En busca del misterio'. Realidad o fraude, ¿qué mejor música para dejarse atrapar por los espíritus? El propio Yanni afirmaba en su libro: "Escribir una pieza musical es como dar nacimiento. Soy el canal para una poderosa emoción interior que quiere salir, y cuando está lista, no hay quien la pare." ¿Pero cómo sucede esto?: "Al principio tocaba el piano en el salón de una residencia universitaria, improvisando sin pensar, sin tener idea de los elementos que hacen posible la creatividad. Simplemente sucedía. Pero hay un aprendizaje, así que me enfrenté a mis limitaciones y me di cuenta de que tenía que aprender a manipularme hasta encontrar un lugar propicio para la creatividad, un espacio negro donde la música se revela. No sé lo que va a venir, pero sé que sucederá y será emocionante. 'El negro' es la fuente de todo. La idea de lo desconocido suele asustar a la gente, pero para mí es un gran amigo. Me encanta estar de pie al borde de la luz, tratando de ver qué hay más allá de mi conocimiento. Mi segundo álbum se llama "Out of Silence" por una razón: ahí es donde está la música, en el silencio. Con él me centro totalmente en el trabajo: paz, tranquilidad, soledad. (...) Luego dejo que la mente vuele, pero tienes que olvidar quién eres. Para dejar entrar la creatividad debes dejar tu equipaje de lado. Las nociones preconcebidas, los miedos y las inseguridades, por definición, no pueden salir adelante. Por dentro estás desnudo. Tu espacio creativo debe estar libre de distracciones." 

Para Yanni los sintetizadores son sólo un medio para expresarse, pero no suenan distantes porque los toca directamente, no usa el ordenador. Imaginativamente, y en contraposición al romanticismo que desprende, hay algo épico en su música, un detalle en algunas de sus composiciones que, aunque suene extraño, y en concordancia con su origen griego, se puede calificar como 'espíritu olímpico'; no en vano, cuando era niño, Yanni visitaba a menudo a los antiguos estadios, donde corría y jugaba, y en su juventud no sólo practicó fútbol y boxeo sino que fue un gran nadador, llegando a alcanzar el récord nacional de Grecia en 50 metros estilo libre. Ese matiz grandilocuente se acrecienta con la magnitud de la orquesta en sus discos en directo, y podemos admirarlo en temas como ese "Standing in Motion" incluido en este estupendo disco con el que Yanni salió de gira: "Reproduje el sonido de la orquesta en el estudio con mis sintetizadores, pero en vivo necesitaba tres teclados y un batería. Charlie Adams se había mudado a Los Ángeles aproximadamente seis meses después de que Chameleon rompiera, y él se unió primero a la banda. Cuando él toca es como poesía. Contraté también a Joyce Imbesi, ella es de San Francisco y nos conocimos a través de un amigo. Admiraba su destreza y su oído. El último teclista fue John Tesh, ex copresentador de Entertainment Tonight, al que le gustaba mi música. Más tarde le ayudé a conseguir su primer contrato de grabación con Private Music." Yanni quiso tocar en sitios grandes, pues consideraba que su música no era para espacios pequeños como clubes, quería un gran sonido y una iluminación estupenda, para dejar a la gente flotando en una nube. Su música era difícil de vender, en ocasiones se denominaba smooth jazz, para pasar a llamarse electrónica y finalmente a new age. Eran etiquetas que no le encajaban, y que no beneficiaban a su arte. De hecho, una caricatura del New Yorker puso a un dentista que le preguntaba a un paciente en la silla: '¿Yanni o novocaína?'

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12.9.07

MICHAEL NYMAN:
"The Draughtsman's Contract"

Es difícil encontrarnos actualmente con algún apasionado de la música que no sepa quién es Michael Nyman. Partiendo de una visión muy personal de la orquesta, este londinense nacido en 1944 se ha creado fama y respeto en el panorama musical actual. Nos hallamos ante un músico especial, una personalidad única en las nuevas músicas de finales del siglo XX, su música para películas ha ido adaptándose hasta su inconfundible y elegante estilo propio -más allá del minimalismo que él mismo se encargó de denominar cuando era crítico musical en The Spectator-, pero sus comienzos estuvieron marcados por su amistad con el excéntrico director de cine Peter Greenaway, cuyas películas se encargó de musicalizar Nyman. Y es que aunque en la carrera de Michael Nyman haya un antes y un después de "El piano", su inflexión más importante es Peter Greenaway. En sus películas encontraba la forma de expresión idónea, siendo la relación entre ambos absolutamente simbiótica, el tándem se complementó a la perfección en la búsqueda de nuevas expresiones visuales y auditivas, y en lo referente a lo musical se consiguió un extraordinario dinamismo. Cada pieza está elaborada con un gusto exquisito en torno a un minimalismo melódico de cámara, en absoluto extremo y muy fácil de escuchar y disfrutar. Esos maravillosos trabajos (los más conocidos son "The Draughtsman's Contract", "Drowning by Numbers" y "The Cook, the Thief, his Wife and her Lover") parecen más experimentos del propio Nyman que bandas sonoras, y eso se debe no sólo al genio del compositor sino también a la curiosa forma de trabajo con el cineasta por la cual, en vez de componer sobre la película terminada como es habitual, lo hacía anteriormente al rodaje sobre las ideas que Peter le explicaba, así Nyman no se limitaba a componer para las imágenes del cineasta, sino que ambos trabajaban por separado en completa libertad y se hacía un curioso encaje, a veces algo forzado, en el montaje final. Este ambicioso pianista entró de lleno, como él mismo ansiaba, en el desarrollo emocional del film, y en concreto para "The Draughtsman's Contract" ('El contrato del dibujante' en España, coproducción anglo-holandesa de 1982, que vio publicada su banda sonora en varias ediciones por Charisma, DRG y Virgin Records, y reeditada en 2005 por el sello del propio Nyman, MN Records) encontró base en el compositor barroco inglés Henry Purcell.
 
Purcell era un consumado musicólogo -como el propio Nyman- además de compositor de éxito, y usaba una técnica que Nyman y Greenaway optaron por utilizar en el 'soundtrack', la del bajo ostinato. Nuestro músico indagó en la biblioteca de música de la Purcell Society y seleccionó una serie de composiciones de Purcell en las que basó su trabajo para el film, ambientado en el siglo XVII. Aunque funciona a la perfección como banda sonora, este trabajo va mucho más allá y presenta una línea estilística -ya explotada en las primeras colaboraciones con Peter Greenaway- digna, en su conjunto, de pasar a la historia de las nuevas músicas, tanto como las de otros minimalistas norteamericanos: "El aspecto americano de mi obra podría verse en la capacidad para combinar la flexibilidad y aperturismo de Cage con la completitud del proceso minimalista. El resultado es totalmente diferente de los componentes, y todo ello combinado con una estructuración europea que determinará la forma de la pieza. Al final nadie puede confundirse con las características de mi estilo, a pesar de los paralelismos que algunos pretendan establecer entre mi música y la de Philip Glass: ello es porque no han escuchado estas músicas con atención. Tenemos cosas en común, como es lógico que suceda entre compositores que trabajan en una misma época, pero creo que hay aspectos que me diferencian de los otros artistas". En concreto nos deleitamos de inicio con la canción más conocida, "Chasing Sheep is Best Left to Shepherds", una atípica obra maestra convertida en uno de los grandes clásicos del minimalismo, un vendaval de energía orquestal con el protagonismo de los saxos, mecidos magistralmente por violines y trombones, que años después fue regrabado con acierto y utilizado en televisión con buen ojo. Sin embargo, el resto de los temas siguen muy de cerca la estrella del primero y todas las loables cualidades que se les pueda otorgar son pocas, elegancia en la composición, maestría en la interpretación, dosis de ritmo frenético donde las cuerdas y los vientos (destacando en los primeros Alexander Balanescu, John Harle en los segundos) juegan con la melodía elongando el clímax durante minutos cambiantes pero difícilmente perceptibles -jugando con un presunto minimalismo fácil de seguir y que puede inducir a la hipnosis-, y también momentos más calmados, aunque nunca atmosféricos. Se disfruta tanto con la profundidad de composiciones como "The Disposition of the Linen" que no apetece que haya fin, y de hecho la propia pieza parece gustarse tanto como para recrearse en el bucle eterno y no buscar el brusco final, una rotundidad presente en el abrupto cambio (y caótico segundo movimiento) de "A Watery Death" o "The Garden is Becoming a Robe Room" en todo su contexto, una pieza audaz cuya sensación final es tan turbadora como la propia esencia del minimalismo de Nyman, directo, profundo y lleno de matices, pero también adaptable a las exigencias de las películas a las que va dirigido. Esa ductilidad orquestal, sumada a un ingenio atroz, le ha acompañado y beneficiado desde entonces y le ha aupado a los primeros puestos de respeto y popularidad, con grandes éxitos -dejando aparte "The Piano", cuyo éxito no le ha cambiado esa humildad que parece acompañarle- como "The Claim" o "Wonderland", ambos films de un Michael Winterbottom que parecía haber tomado el testigo de Peter Greenaway, con el que Nyman dejó de colaborar -y prácticamente de hablarse- tras "Prospero's Books" en 1991. Continuando la escucha del disco, no hay que olvidar la exquisita expresividad de "Queen of the Night", con su exacerbado minimalismo, tan eficaz como el de "An Eye for an Optical Theory" o absorbente como "Bravura in the Face of Grief", que ensalza las virtudes de la banda en una duración amplia pero no excesiva.
 
Tenía que ser un musicólogo el que utilizara la música de otros grandes compositores -especialmente de Purcell y Mozart en varias de sus obras- para elaborar la suya, tan larga y abrupta que tantos caminos han sido desarrollados en la misma, muchos de ellos propios y auténticos. El secreto del éxito del Nyman de esta época estaba en la fuerza que transmitía, en la gran expresividad de su propuesta minimalista enmascarada en un contexto neoclásico. La diferencia con el resto hacía que el gran público, o el poco que le iba conociendo, necesitara cada vez más de este compositor intenso y original, un auténtico estudioso de la música. Sin embargo no hay que equivocarse catalogando a Nyman únicamente como músico para películas, una especie de 'accidente' al que llegó por su amistad con Greenaway. Lejos de eso, cuenta con numerosas e importantes creaciones de otros cortes, por ejemplo óperas, género del cual el británico está literalmente enamorado. Sus demostraciones de clase se cuentan por decenas, y una de las primeras y más impresionantes es este 'contrato del dibujante' que gracias a melodías tan pegadizas como "Chasing Sheep is Best Left to Shepherds" y a lo fácilmente digerible de su estilo, debería estar instalado en cualquier colección tanto de música contemporánea como de bandas sonoras o por supuesto de música en general.