18.3.26

WILL ACKERMAN:
"Sound of Wind Driven Rain"

"Simplemente sucedió", rememora continuamente William Ackerman cuando se le pregunta por los orígenes de Windham Hill, posiblemente fuera algo que estaba escrito que tenía que ocurrir per se, para que la música tuviera una nueva vía de expresión, una etiqueta única que bien podría denominarse como el propio sello de Ackerman. Este no comenzó como un negocio, era más bien un sueño basado en el propio arte de la música. Pero de igual manera que comenzó, también llegó el final: "Según creció Windham Hill, se volvió más viable económicamente. Y era mejor y más próspero, pero a la vez se convirtió más en una corporación.", dijo Ackerman a Ángel Fraile para la revista World 1 Music. En 1986, abrumado, tuvo que renunciar al puesto de ejecutivo y dedicarse sólo a la música, la suya y la de descubrir nuevos talentos. Y aunque seguía siendo una especie de portavoz, la compañía se vendió a BMG. Will no dejó Windham Hill, fue Windham Hill la que abandonó a Will, fueron sus nuevos gerifaltes los que dieron la espalda al arte y no supieron tomar las riendas de algo que era por definición una entelequia, que sólo podía seguir fluyendo en las manos adecuadas. Al menos las de Will Ackerman continuaron tañendo las seis cuerdas, y después de seis años de descanso desde su anterior trabajo, llegó en 1998 "Sound of Wind Driven Rain", con el que este guitarrista nacido en Alemania y adoptado por Robert W. Ackerman y su esposa, iba a contentar a sus muchos seguidores.

"Cuando vendí la compañía a BMG estaba legalmente obligado a no estar en el negocio de la música durante un tiempo, pero eso no quería decir que no pudiera hacer uno de mis discos, sino que no podía estar involucrado activamente en el negocio durante tres años." Por tanto, y aunque está publicado por Windham Hill, "Sound of Wind Driven Rain" está grabado ya para BMG, que tras adquirir el 50% de la compañía en 1992, completó dicha adquisición en 1996. Un camino totalmente nuevo se abría para el guitarrista a partir de aquí, pero la esencia de Will Ackerman (él comenzó a firmar como Will y no como William a partir de la venta a BMG) va a estar presente en cada nuevo paso, ya desde otra ubicación, pues dejó la costa oeste para volver al Vermont de sus veranos, en el condado de Windham. Allí construyó Imaginary Road Studios, lugar de grabación de este "Sound of Wind Driven Rain" ilustrado, en la portada y el interior, con pinturas de Michaella Harlow, de la que Will toma prestado, de hecho, el título del álbum. Inolvidables eran piezas como "The Opening of Doors" o "Murray's Song", de su anterior trabajo para Windham Hill, el igualmente titulado "The Opening of Doors". Will nunca había perdido tanto las ganas de hacer música como una brutal inspiración para conseguir melodías especiales, y lo siguió demostrando, para deleite de sus seguidores, en un "Sound of Wind Driven Rain" muy inspirado sobre el que afirmaba: "Me lo he pasado mejor haciendo este disco que hace millones de años." Y eso verdaderamente se nota al escuchar el álbum, alegre y desenfadado, 15 meses de trabajo junto a su ingeniero Corin Nelsen y viejos amigos desde hace tiempo como Michael Manring, Paul McCandless, Charlie Bisharat o Philip Aaberg entre otros, con los que llevaba años colaborando, por lo que conocían perfectamente las intenciones de su otrora jefe a la hora de plasmar sus pensamientos musicales. Samite es otro de los invitados especiales, pero este vocalista de Uganda era un desconocido hasta ese momento. Ackerman no tenía intención de utilizar la voz en el disco, pero Samite estaba trabajando en su estudio en esa época y Will vio las posibilidades que tenía unirlo a su música, pues textualmente se enamoró del sonido de su voz. El tema de apertura, "Shella's Pictures", porta la grandeza costumbrista de su autor, esa sensación de estar al lado suyo mientras toca la guitarra; Ackerman se muestra pensativo en esta lujosa demostración a las cuerdas (esos cinco minutos eran una de las cuatro demostraciones en solitario del trabajo), una elegante balada de guitarra digna de sus trabajos de los ya lejanos años setenta. El camino sigue igual de sereno en "A Child's Song" hasta que aparece, sorpresiva y fantasmal, la voz de Samite Mulondo, un elemento nuevo en su música (una nana necesita una voz humana que cante consuelo y protección, dijo); dos son las curiosas piezas en las que Ackerman añade únicamente la voz de este ugandés a su toque de guitarra (de hecho ambas piezas se desarrollan como solos, para emerger la voz en sus últimos minutos con un conseguido efecto sorpresa), y el resultado es ciertamente satisfactorio por una sonoridad que no se centra en las cualidades africanas de su garganta sino en una encantadora evocación casi susurrante en "A Child's Song" (la nana del disco, en la que tras decirle a Samite que intentara algo por su cuenta, a ver si funcionaba, cuando volvió al estudio Will afirma que lloró), flotante en "Sound of Wind Driven Rain" (Will disfruta y nos hace disfrutar en tonadas deliciosas como esta, donde la voz ulula como si fuera un instrumento más), por momentos incluso de aspecto sagrado. Saliendo un poco de la calma anterior y con la ayuda del fretless (el eficaz bajo sin trastes) de Michael Manring y del estupendo violin de Charlie Bisharat, "Driving" parece dar un paseo muy descriptivo por los paisajes cercanos, pero no un paseo tranquilo: "Me gusta conducir rápido, como pueden atestiguar los policías estatales de al menos diecisiete estados. Esta canción trata sobre carreteras solitarias con las ventanillas bajadas." Nadie puede negar que estamos escuchando un disco de Windham Hill, este es el auténtico sonido de este glorioso sello. Manring repite en "Lion's in the Sky", pieza serena y comedida en la que las notas extraídas de las cuerdas de la guitarra son como las formas de las nubes, cada una es un universo para la imaginación, y disfrutando tanto del cielo como de la música, se puede contemplar o imaginar cualquier cosa, incluso leones; el trío se completa con el piano, tímido pero efectivo al final del tema, de Philip Aaberg, otro gran clásico del Windham Hill de antaño que, a pesar de publicar su último trabajo en dicho sello en 1992, seguía colaborando en algunos de sus típicos recopilatorios. Especialmente interesante es la aparición de otro guitarrista muy a tener en cuenta, Rob Eberhard Young, en las notas bajas de una de las mejores piezas del disco, "Unconditional", escrita para la boda de sus amigos Harry y Giovanna, que tuvo lugar en La Posta Vecchia, cerca de Roma. Mientras tanto, y además del comienzo ("Shella's Pictures"), otros tres son los solos de guitarra del álbum, que llegan en el último tramo del mismo: "Wings on the Water", sobre la niebla que a veces llena el valle del río West y acompaña a Will mientras conduce siguiendo el vuelo de los patos, acude a su folk melancólico de cabecera (una pieza deudora de melodías de antaño, aunque se nota el paso del tiempo y es difícil conseguir el tono rebelde y perfecto de la juventud), al igual que "I Know this River", pacifico y hermoso tema sobre los muchos recuerdos que le evoca el río que lleva a Windham Hill Farm, si bien por momentos parece que deseemos que entre un instrumento de viento que le aporte una mayor frescura y dinamismo; el álbum se despide con "Mr. Jackson's Hat", otra tonada acertada en la que se respira el inconfundible aroma de las cuerdas de acero frotadas por este afable músico: "El Sr. Jackson vive en una caravana en un pueblo fantasma en medio del desierto, no muy lejos de un lugar llamado Badwater, que se encuentra a 86 metros por debajo de la superficie del Océano Pacífico. El Sr. Jackson tiene un sombrero del tamaño aproximado de un Volkswagen. El sombrero es negro y el Sr. Jackson es un hombre grande. Impresiona." Antes, y como no hay que desmerecer ni una sola nota de este muy buen trabajo, hay que decir que "Ponchartrain" no es "Synopsis II", pero se agradece el intento de aunar guitarra y viento (el cuerno inglés de Paul McCandless) de esta grácil y clasicista manera, en este tema sobre las cálidas noches en Nueva Orleans. Pero resta por comentar el gran corte del disco, los 9 minutos de "Hawk Circle" en su nuevo tratamiento con el fretless de Michael Manring, el tambor de marco de la venezolana Jackline Rago, la guitarra ambiental de Marc Shulman, el palo de lluvia de Gerry James y sobre todo la voz de Samite: "Samite me ha contado que de niño, en Uganda, le enseñaron a temer dos cosas: las serpientes y los charcos. Todavía no entiendo lo de los charcos. En esta versión de 'Hawk Circle', Samite les pide a los halcones que protejan su aldea de las serpientes, ya que, al parecer, los halcones tienen poco poder sobre los charcos". "Hawk Circle", con su eterna belleza de espíritu ancestral, tiene una especial importancia en la vida musical de Will Ackerman: grabada por primera vez a dúo con el pianista George Winston para el álbum "Passage" en 1981, y recogida en el memorable directo de 1983 "An Evening with Windham Hill Live", este acertado rescate es la tercera aparición de este tema pleno de magia en la discografía de Will Ackerman, una de esas piezas en las que podrías quedarte a vivir. 

Tras esos años de búsqueda de inspiración, Will decía que estaba en un momento de gran intensidad y de diversión en el estudio, no quería ni podía parar de escribir y grabar, algo que no era común en él cuando dirigía Windham Hill, por lo que prometía otro disco al año siguiente. Realmente no llegó hasta 2001, pero "Hearing Voices" fue otro trabajo completo, lleno de más colaboraciones de buenos amigos, y con una mayor presencia de voces, que complementaban la música. Tal vez esto desvirtuaba para muchos la esencia original de la música de Will Ackerman, que aceptaron la inclusión de voces muy selectas en "Sound of Wind Driven Rain", pero que no comprendían la profusión de canciones de este trabajo. Sea como sea, hay que dejar volar la inspiración de artistas como este y permitir estos gozosos devaneos, sabiendo que tarde o temprano -como así ocurrió- acabaría volviendo, en su momento adecuado, la guitarra en solitario. Fue en 2004 con "Returning", donde revisitaba viejos éxitos, para volver a solicitar la ayuda de los amigos de siempre y otros nuevos que embellecerían su música en buenos trabajos posteriores como "New England Roads" o "Positano Songs".

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21.2.26

SHEILA CHANDRA:
"Weaving my Ancestor's Voices"

Nacida en Londres de padres indios, y tras una breve experiencia como actriz en la serie Grange Hill, la cantante Sheila Chandra fue durante muchos años un referente en la incorporación de elementos asiáticos a la música pop occidental, tanto en la banda Monsoon que fundó a los 16 años junto a Steve Coe y Martin Smith, como en su trabajo en solitario en el sello Indipop del propio Coe, y posteriormente en Real World Records. "Ever so Lonely" fue el gran éxito de Monsoon en su único álbum, "Third Eye", en 1982, y esa emblemática canción ha sido adaptada con posterioridad por Sheila, por ejemplo en el trabajo que nos ocupa, "Weaving my Ancestor's Voices". Con su enfoque indio, esta interprete que durante su adolescencia cantaba como una forma de catarsis, ha sido calificada como una pionera en su campo de actuación, abriendo sus propios caminos, experimentando en ocasiones en facetas sonoras y vocales (generalmente buscando la experiencia de sus cantos en solitario) que trasladaban al oyente muy lejos, no sólo al subcontinente indio sino incluso a mundos de fantasía, por ejemplo a las tierras imaginadas por J.R.R. Tolkien, tras la participación de Chandra en el tema "Breath of Life", de la banda sonora de "The Two Towers", la segunda película de la trilogía de "The Lord of the Rings".

La música de Sheila Chandra se define así en su web oficial: "Fusión mundial con influencia asiática. Voz fuertemente melódica y elaborada, a menudo sin letra, que comienza en el pop y evoluciona álbum tras álbum, pasando por voces solistas y drones basados en la fusión, hasta paisajes sonoros más vanguardistas y laterales." Tras la experiencia de Monsoon, y su final debido a discrepancias con la discográfica, que se centraba en la faceta lucrativa de los sencillos y no en la capacidad puramente creativa de la banda, "Out of my Own" fue su debut en solitario en 1984, y tabla, sitar y voces se unían a elementos occidentales. Sin sencillos, fue la decisión de Sheila y su productor y también pareja, Steve Coe. Más atmosférico es "Quiet", su segunda referencia, toda una experiencia en la frontera de lo relajante, lo étnico y lo místico. En este oleaje de sensaciones, "The Struggle" vuelve a la fusión asiática más comercial en 1985 (una época donde no existía el término world music) para retornar cinco años después a una espiritualidad muy india en "Roots and Wings", un entusiasta viaje entre pasado y presente, un gran disco de conexión entre mundos, no sólo físicos sino también espirituales. Es en este momento cuando aparece Peter Gabriel, que ficha a la prometedora cantante para los festivales WOMAD y para Real World, que publicó en 1992 "Weaving my Ancestor's Voices", sólo sabiendo, en un gesto de honestidad, que su trabajo iba a ser respetado y protegido: "Considero mis álbumes como entidades vivas, como personalidades con pleno derecho. Así que no voy a quedarme de brazos cruzados y dejar que algo tan inocente e indefenso como mis grabaciones salga a la luz y sea manipulado para despojarlo de todo su potencial sólo por ganar dinero." Este disco es la confirmación del trabajo pausado de unos músicos con miras avanzadas, con una elegante capacidad para incorporar las raíces indias en otras latitudes, en otros folclores que no tienen nada que ver con el origen de la firmante y principal protagonista del disco. Ella incorpora el elemento más chocante del mismo, una asombrosa y portentosa manera de cantar a cappella sílabas rítmicas, un estilo de 'percusión hablada' conocida como Konnakol (en el sur de la India) o Bol (en el norte), que ya había aparecido en sus discos pero de manera más controlada. "Speaking In Tongues I" es ese sorprendente comienzo del álbum, en él la voz es la de un súcubo que pretende no dejarnos marchar, y a pesar de la extrañeza que produce, lo consigue, es difícil detener la escucha de esas sílabas relacionadas con la tabla y el mrdingam (o mridangam, un instrumento indio de percusión de madera), que se inspiran en los patrones rítmicos de la danza del sur de la India, portándose la vocalista como una canalizadora de lo divino. Más adelante llegará "Speaking In Tongues II", intentando innovar con esa técnica y sus cambios de ritmo. El trabajo continúa sin acompañamiento musical pero en un estilo muy distinto al anterior, ya que escuchamos una hermosa canción, "Dhyana and Donalogue", que recuerda a ciertos modos gaélicos. En efecto, se trata de una antigua balada irlandesa a la que Sheila añade una estrofa nueva, modifica algunas letras y ejecuta algún giro propio, especialmente al final de la pieza; el estilo vocal ajeno a la tradición irlandesa, pero sin modificar el sentimiento que conlleva la canción, hace pensar lo siguiente a la cantante: "La incorporación de una voz de estilo musulmán en la pieza nos deja preguntándonos dónde empiezan y terminan los adornos de cada tradición." Es este un campo difícil, el de la aparición de ciertas semejanzas, no sólo melódicas sino de adornos vocales, en culturas y tradiciones musicales geográficamente muy separadas, lo que nos hace pensar en tiempos muy antiguos en los que las fronteras no eran tales. A Sheila le interesa entrelazar esas similitudes y asimilarlas en un estilo propio. La situación es incluso más emocionante en el siguiente tema, la nana escrita por Manuel de Falla "The Dreaming", cantada en español, a la que por la pasión desplegada en su interpretación se le perdona cualquier atisbo de diferencia con cualquier posible cantante patria. La base instrumental es claramente sobre escalas indias, y el tema acaba tarareado con la esencia folclórica de sus raíces. Llega entonces "Ever so Lonely", la gran canción del disco y de la carrera de Sheila Chandra, de hecho una de las grandes canciones étnicas de su época, la demostración de la clase de esta exótica vocalista. Este tema proviene de su época en Monsoon, aunque en aquel disco el acabado era mucho más indio (con el sonido del sitar como estandarte), para centrarse aquí en un tratamiento más atmosférico muy acertado, que une en un mismo raga (o serie de tonos) a los versos de otro tema de Monsoon, "Eyes" (de Martin Smith), y de la nueva composición de Steve Coe "Ocean", haciendo que esta completa canción se acabe titulando "Ever So Lonely / Eyes / Ocean". En nuevos cantos transglobales, "The Enchantment" retorna al folclore británico a través de un fondo instrumental que es siempre hermosamente simple junto a la evocadora voz oriental, "The Call" es una tonada islámica, muy cercana de nuevo a lo andaluz, a modo de los muecines que llaman a la oración desde los minaretes, y "Sacred Stones" acude a la liturgia de la iglesia católica, ejecutando una fusión rompedora y maravillosa de lo indio con el canto gregoriano. "Bhajan" significa himno, y se basa en el zumbido de la guitarra (interpretada por Stuart Bruce) que acompaña a la canción. Como última pieza de este gran disco, "Om Namaha Shiva" es un canto antiguo, un mantra repetitivo y sólo con voz, con el que ella pretende que esta música se comparta, que todos participemos en estos versos. En efecto, es necesario entrar en el juego de esta gran artista y disfrutar de esta sorprendente unificación de estilos ("la fusión de diferentes músicas en una misma línea vocal"), con o sin música, que permitían a la cantante actuar sola con su voz en el escenario, motivo por el cual este trabajo goza de una extraordinaria sencillez, ya que el material está pensado para utilizar únicamente la voz y algún drone (o nota pedal, una técnica donde una nota o acorde se sostiene constantemente como fondo, creando una base armónica, atmosférica y meditativa): "A veces mi propia espera consciente y activa en una actuación se ve recompensada con una sensación increíble. Es como si una influencia externa me hubiera penetrado, el sonido se canaliza por mi cuerpo como una flauta y no hay sensación en mi garganta."

Esa misma garganta otrora afortunada, sufrió desde 2009 muy malas sensaciones, dolores derivados de una enfermedad llamada glosodinia o síndrome de la boca ardiente, caracterizada por por ardor, escozor o picor en la cavidad bucal, especialmente en la lengua, que (junto a otras cicatrices en las cuerdas vocales derivadas de una mala intubación durante una operación de emergencia en 1992) obligaron a esta excepcional cantante a retirarse de la vida musical, para dedicarse a una labor de asesoramiento a artistas, o a escribir libros de autoayuda como "Banish Clutter Forever" ('Desterrar el desorden para siempre') o "Organizing your Creative Career" ('Cómo organizar tu carrera creativa'). Cuando su garganta estaba en plenas condiciones, demostró una fabulosa capacidad de adaptación a canciones de otros folclores, partiendo de una misma línea vocal, en discos como este debut en Real World, "Weaving my Ancestor's Voices", sobre el cual Sheila declaró: "Los ancestros de este álbum son espirituales: esos cantantes que me precedieron y me inspiran. Curiosamente, ningún miembro de mi familia en la India era cantante profesional y, aunque en esa cultura la gente cantaba con más libertad en la vida cotidiana, ¡los ancestros aquí no podían ser genéticos!" Esa es la explicación del título de este álbum producido por Steve Coe, tras el cual llegarían en Real World "The Zen Kiss" (1994) y "ABoneCroneDrone" (1996), así como importantes colaboraciones, como con el grupo The Imagined Village, o la aparición en recopilatorios, destacando "Gifted (Women Of The World)", que no sólo incluía un remix de "Ever so Lonely / Eyes / Ocean" sino una fabulosa versión de la canción de Tim Buckley "Song to The Siren".












16.1.26

JON & VANGELIS:
"Private Collection"

Por separado han sido dos genios musicales, dos monstruos de la música instrumental, de la electrónica y del rock progresivo. En un determinado momento, esos nombres que causaban admiracion decidieron grabar juntos, experimentar en el estudio con teclados y voces, originando así un dúo único. Jon Anderson y Vangelis, Vangelis y Jon Anderson, da igual el orden, llevaban tiempo colaborando desde que se conocieron en 1972, cuando gracias a la mediación del agente de prensa Keith Goodwin, Anderson visitó sorpresivamente a Vangelis en su casa, y el griego le mostró algunas composiciones inéditas. Jon estaba interesado en ese enfoque tan novedoso del sinfonismo, del rock progresivo y del jazz que emanaba del teclista. No tardarían en volverse a encontrar en las obras de Vangelis, pues Jon pondría voz a una pieza memorable, la canción "So Long Ago, So Clear" del fenomenal trabajo "Heaven and Hell" en 1975. Pocos años después, en 1979, tocó el arpa en el tema "Flamants Roses" de la banda sonora de "Opera Sauvage", para volver a prestar su voz en 1980 en dos canciones del disco "See You Later". Era inevitable que ambos hicieran algo completo juntos, especialmente en el momento en que Anderson abandonó (por vez primera) la formación de su emblemática banda de rock progresivo, Yes.

Los estudios Nemo de Vangelis fueron los testigos a comienzos de 1979 de las sesiones improvisadas que dieron origen al primer álbum conjunto de Vangelis y Jon Anderson. Este trabajo llevó como título "Short Stories", y rescataba 10 pistas de aquel encuentro londinense, convenientemente producidas pocos meses después. "I Hear you Now" fue su sencillo principal. La cuarta posición y disco de oro alcanzado en el Reino Unido por este álbum publicado en 1980 fueron casi igualados (número 6 y también disco de oro) por su siguiente paso en 1981, el más completo "The Friends of Mr.Cairo", cuyos sencillos de cabecera fueron el propio "The Friends of Mr.Cairo" y "I'll Find my Way Home" (la primera edición no lo incluía, y su posterior inclusión fue la que posibilitó el éxito del disco). "Private Collection", grabado en Paris y en Londres y publicado en 1983 por Polydor, fue el tercer paso del dúo, que ya había alcanzado una excelente madurez, y Vangelis una creciente fama gracias al bombazo que supuso la banda sonora de "Chariots of Fire". La música de Vangelis y las letras de Anderson, utilizando el mismo método de los discos anteriores, sesiones improvisadas sobre las que posteriormente se realizan las sobregrabaciones necesarias, dieron lugar a la que muchos consideran su mejor obra: El disco comienza con la suave brisa de una breve pieza de inspiración italiana, "Italian Song", una especie de dulce nana en la que destaca el tono exigente en el que tiene que cantar Jon Anderson (una letra inventada, sin sentido fonético), sobre una urdimbre de notas románticas y ambiente envolvente, tanto como lo fue aquella insuperable "So Long Ago, So Clear". Un gran comienzo, pues la canción es realmente hermosa, y demuestra que estos dos músicos se desenvuelven bien en cualquier temática o situación. A continuación, "And When The Night Comes" es una hermosa canción de amor con un fondo rítmico continuo, en la que destaca especialmente la utilización del saxo del ilustre Dick Morrisey, que ya había colaborado en tres canciones del anterior disco del dúo, así como en el fabuloso tema de amor de 'Blade Runner'. "Deborah" y "Polonaise" son dos radiantes baladas, la primera de ellas es una declaración de amor de Jon Anderson hacia su hija Deborah (déjame decirte cuanto te amo / haría que los pájaros cantores cantaran para ti/ ahora son buenas noches / dulce ángel, lee esta carta), que parece deudora del estilo de The Alan Parsons Project en aquella época, mientras que la segunda, un tema de esperanza dedicado a los ciudadanos polacos que vivieron la ley marcial en su país entre 1981 y 1983, es más fantasiosa e incluye una potente percusión en su parte central. La cara A se cierra de manera más movida que el tono romántico imperante hasta el momento con "He Is Sailing", el tema estrella del álbum, un nuevo hit del pop de los ochenta que idearon estos dos artistas, claramente orientado a la comercialidad pero con un motivo de fondo original, una interpretación vocal fabulosa y unos aderezos electrónicos deslumbrantes. La cara B estaba ocupada en su totalidad por "Horizon", la pieza larga del disco, una absoluta maravilla que comienza con un ritmo sincopado bastante ágil, aderezado con teclados candentes que son una misteriosa envoltura para la entrada de la voz en el minuto 2; el tono alto típico de Jon, amoldándose al ritmo de la música, consigue hacer del tema una plegaria al horizonte (parece tratarse de un canto por la paz), especialmente en un clímax con quiebros vocales de alta intensidad que casi parece un motivo navideño, varios años antes del álbum "3 Ships" del propio Anderson. Llegando al décimo minuto de la suite, esta toma un rumbo ambiental muy distinto al enfoque comercial pop del comienzo; un teclado radiante desarrolla entonces una cautivadora melodía con colores muy característicos del Vangelis melancólico, que se funde de nuevo con la voz a partir del minuto 14, continuando con la particular poesía de este hermoso y luminoso alegato pacifista de 23 minutos, una odisea de sintetizador en la que la inconfundible voz del británico se funde como si fuera un ajuste mágico del arsenal de teclados de Vangelis. Un viaje inolvidable hacia el horizonte. Olvidando el potencial de "Italian Song" y admitiendo la larga duración de "Horizon", la compañía decidió utilizar a las demás canciones como sencillos, en algunos de los cuales un nuevo tema se añadía a la lista como cara B, "Song Is", canción meditativa sobre una base bastante ambiental y llena de efectos. Sin las letras y la voz de su amigo, tanto esta como otras canciones del disco, bien podrían haber formado un nuevo trabajo en solitario de Vangelis, pero no hay que escatimar la contribución de Jon Anderson, un fenomenal cantante y letrista sin cuyo toque distintivo, estas piezas no hubieran sido los éxitos que fueron a nivel popular. Por ejemplo, en España el disco alcanzó el número 10 en las listas. Tal vez no debería ser esa la finalidad de la música de estos dos genios, la eficiencia y la calidad siempre han sido el punto culminante e indudable de sus trabajos, pero los músicos se deben a las ventas, y a que sus compañías decidan renovar sus contratos, y la popularidad es, definitivamente, la que abre esas puertas. Si se es popular y, a la vez, se porta una grandiosa aptitud en el producto (como es el caso), la semilla de la buena música llega más lejos.

Polydor, la que por entonces era la compañía discográfica del griego, consiguió ser el sello receptor de las importantes ventas de estos trabajos conjuntos de dos músicos imprescindibles. La capacidad instrumental de Vangelis y la capacidad vocal de Jon Anderson se entendieron a la perfección, creando pequeños himnos de esta suerte de 'pop sinfónico', que tuvo una cuarta entrega perfectamente audible pero no tan afortunada, esta vez publicada por Arista en 1991, titulada "Page of Life". Mientras tanto, Polydor aprovechó el tirón de sus dos artistas publicando en 1984 la compilación "The Best of Jon and Vangelis", que tras una portada muy ochentera incluía nueve de sus mejores canciones, aunque tal vez se eche de menos un extracto de la suite "Horizon". En esos éxitos de estos dos buenos amigos (aunque lamentablemente perdieron el contacto tras su cuarto trabajo conjunto), la melodiosidad de la garganta de Jon Anderson se adhiere a las notas de Vangelis como uña y carne, como una unión primaria y necesaria en la historia de la música de esta época, en la que él rock progresivo era amado y respetado, y la fuerza de la música instrumental, con una gran cantidad de himnos incluidos en bandas sonoras o en discos independientes de músicos como Vangelis, Jean Michel Jarre, Mike Oldfield, The Alan Parsons Project, Kitaro y muchos otros, era capaz de llegar a las masas.

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