22.8.16

ALASDAIR FRASER & PAUL MACHLIS:
"Skyedance"

La expresión 'beatus ille' se adoptó en la literatura española a partir de unos versos del poeta romano Horacio. Su significado, 'dichoso aquel', alude a la belleza y tranquilidad de la forma de vida campestre, especialmente respecto a la de las ciudades. En este sentido, las islas británicas llaman a la memoria por lo verde de sus paisajes y, en no menos importancia, por lo pastoril de su folclore musical. Una de las más bellas representaciones de esta raigambre de campos frondosos y cielos abiertos procedía de la tradición escocesa, pero realmente se forjó a miles de kilómetros de distancia de la antigua Caledonia: el violinista Alasdair Fraser, que trabajaba como petrofísico para la British Petroleum Corporation, fue destinado a los Estados Unidos en 1981, concretamente a California, donde conoció inmediatamente a un teclista local, pero de ascendecia materna escocesa, llamado Paul Machlis, y empezaron a tocar juntos en un estilo celta con un creciente éxito entre el público californiano. Alasdair compaginó durante un tiempo la música y un trabajo importante que, al final, decidió abandonar por los dictados de su corazón. El acierto fue soberano.

Cuando Alasdair quiso, de niño, aprender a tocar el instrumento que veía interpretar a su abuelo, se encontró con un verdadero anatema, en Escocia no estaba bien visto estudiar violín, puede sonar extraño pero el folclore era algo repudiado en las décadas del rock sinfónico y la psicodelia. De hecho, mucha de la tradición tuvo que migrar, y Alasdair pudo aprender más técnicas escocesas de violín fuera de Escocia (en Noruega o Estados Unidos) que en su propio país. Poco más tarde, a mediados de los 80, inauguró una escuela de violín en la isla de Skye, para enseñar esas técnicas que se habían perdido a favor de la manera irlandesa de tocar, por lo que Alasdair pudo ser un regenerador de viejas corrientes folclóricas escocesas. Justo en ese momento apareció "Skyedance", un trabajo afortunado que transmite placenteras sensaciones y aromas bucólicos. Para su publicación, en 1986, Fraser tuvo que dar un nuevo paso adelante y fundar su propia compañía de discos, Culburnie Records, de la que "Skyedance" fue su primera referencia. El violín de Fraser suena a leyenda, a notas ancestrales dotadas de una magia humilde y sencilla, Alasdair es ese jinete de cuento que cabalga con brida firme a lomos del piano, manejado también con poderío por Paul Machlis, sabiendo actuar en la sombra con pericia, dejando su impronta en pasajes relajantes y caminos de hierba húmeda y refrescante. De galopantes precisamente se podrían calificar temas con títulos tan largos (por estar compuestos por varios danzantes reels cada uno) como "The scolding wives Of Abertarff / I'll break your head for you / Catch and kiss the romp / The Haggis", que abre el trabajo, o "Ruileadh cailleach, Sheatadh cailleach / The bird's nest / Harris dance", pequeñas joyas de la tradición escocesa (la primera es un ejemplo de port-a-beul -mouth music- de la isla de Barra, y la segunda es una vieja melodía que cantaba la madre del violinista Angus Chisholm en Cape Breton) que en manos de estos dos genios, nos ofrece verdaderas maravillas llenas de emoción y fuerza (la bucólica y maravillosa "A nochd gur faoin mo chadal dhomh (Tonight my sleep will be restless)", por ejemplo), así como hermosas tonadas de cadencia meciente ("Skye Dance", en la que se siente especialmente el piano, o "Nighean donn a'chuailein riomhaich (Lassie with the golden hair)", rescatada del grupo folk gaélico Na h-Oganaich -Young blood-) o ecos de antiguas historias ("Eilean beag donn a´chuain (Little brown island in the sea) / Slip jig", cuya primera parte es un vals compuesto por Donald Morrison, con letra original referida a la isla de Lewis, donde nació el autor), en un todo espectacular, idílico y de interpretación única que sólo iba marcar el comienzo de una duradera relación profesional entre estos dos grandes intérpretes que ya presentaban una excepcional compenetración, así como una soltura y agilidad especiales, por ejemplo en reels como el que presenta el trabajo, "The scolding wives Of Abertarff", donde piano y violín parecen bailar uno con el otro como dos enamorados. Son esos reels los que dominan el conjunto del disco, a los ya mencionados hay que unir los cuatro de "Harris Dance / Skye Dance / Lochiel's awa' to France / Harris dance" y otros dos, compuestos por J. Murdoch Henderson, que de manera desenfadada encierran a una animada jiga en "The J.B. reel / The shepherdess / The J.B. reel". El ya comentado tema de cierre, "A nochd gur faoin mo chadal dhomh", es una barndance o baile de granero, un término asociado a fiestas familiares donde se tocaba música tradicional de bailes fáciles, para la participación de toda la familia. Otros músicos participantes en el álbum fueron Todd Phillips al bajo, Tommy Hayes en el bodhran) y Ron Wilson a la batería, que destaca especialmente en temas como "Harris Dance / Skye Dance / Lochiel's awa' to France / Harris dance".

Fraser y Machlis basaron este su primer trabajo juntos, sobre todo en dos colecciones de canciones y tonadas, la del reverendo Patrick McDonald de 1784, y especialmente la que recopiló el capitán Simon Fraser en 1816. La repetición de títulos como "Skye dance" o "Harris dance" proviene de su inclusión como tales -utilizando títulos únicos para muchas melodías antiguas- en la primera de ellas. Piano, violín y una tímida percusión se bastan para apabullar, tejiendo maravillas de raigambre folclórica que tendrían continuación -aunque aportando ambos músicos sus propias composiciones- tres años después en "The road north", publicado por Sona Gaia con una portada que representaba, incluso en mayor medida que la de "Skyedance", el 'beatus ille', ese bucolismo que se siente en esta bellísima música de tradición gaélica que hay que escuchar y respirar.

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