7.4.14

CRAIG CHAQUICO:
"Once in a blue universe"

Corrían los primeros años de la década de los 90 cuando el guitarrista angelino Craig Chaquico, ex-miembro de la conocida banda de rock Jefferson Starship, buscó nuevos sonidos a lomos de su Harley Davidson, y encontró la inspiración para desarrollar colosales instrumentales en los que la guitarra derribaba los cimientos de las denominaciones, desde el lógico rock al smooth jazz, algo de blues y a la temida new age, una categoría que este músico nunca evitó, y que está presente al menos en la parte más espiritual de su música: "Mi filosofía es encontrar un lugar a medio camino entre la espiritualidad y la tecnología. Por poner un ejemplo, creo que mi música se halla a medio camino entre 'Star Trek' y 'Bailando con lobos'". Por otro lado, Craig ha declarado en alguna ocasión que para él sólo hay dos tipos de música, buena y mala, y sin ninguna duda, él forma parte de la primera de ellas. Eran tantas las melodías rotundas y pegadizas que nos había ofrecido en sus tres primeros trabajos que parecía difícil que su poderoso estilo pudiera dar más de sí en un cuarto álbum, pero la primera escucha de "Once in a blue universe", publicado por Higher Octave Music en 1997, se encargó de demostrar que aún había mucha música en sus manos.
 
Tal vez ni él mismo podía sospechar que el cambio a la guitarra acústica provocado por el nacimiento de su primer hijo iba a provocar una carrera tan larga y fructífera en el panorama de la nueva era. En este momento, ya no era necesario advertir en la contraportada cómo escribir su nombre, porque Craig Chaquico era de sobras conocido entre el público, también en España, donde tocó por primera vez en junio de 1995 en Madrid y Barcelona. Ahí declaro que lo que él hacía eran 'paisajes musicales', en los que se combinaba su afición por los paseos en moto y un gran talante ecologista, ambas circunstancias demostradas de sobra en sus trabajos. Chaquico, que es capaz de tocar la guitarra acústica como si de una eléctrica se tratara, es pura fuerza y entretenimiento, y su unión con Ozzie Ahlers (cuyos teclados complementan las guitarras de Craig) iba a sufrir una revolución en busca de un sonido más completo, como ya había sucedido en parte en su tercer álbum, "A thousand pictures", al incluir instrumentos de viento más propios del jazz que del rock. Es el caso del saxo de Richard Elliot (una especie de homenaje también a su padre, que era saxofonista), que repite colaboración en uno de los cortes destacados de "Once in a blue universe", el titulado "Dreamcatcher". Otros saxos, teclados, bajo y percusiones se citan en el trabajo, incluso una guitarra española (Peter White) y la flauta del indio americano Douglas Spotted Eagle, que fichó por Higher Octave tras esta importante colaboración. El trabajo empieza con un refrescante baño nocturno, un bluesero "Midnight swim" que incorpora el erotismo del saxofón, al igual que otras tres composiciones del álbum, la aterciopelada "Blue universe" -una romántica búsqueda del alma gemela, que acaba siendo su esposa, Kimberly-, "Feelin' alright" -una suerte de improvisación afortunada- y la maravillosa "Dreamcatcher", una de esas melodías inspiradas y atrayentes que hacen de Chaquico un guitarrista imprescindible, un homenaje más al pueblo nativo americano -un atrapasueños es un objeto realizado a base de aros, plumas y redes originario del pueblo ojibwa, que adoptaron comunmente los indios norteamericanos como un símbolo cultural- que sonó hasta la saciedad y que no cansa en absoluto bastantes años después, a lo cual contribuye la magistral producción de Chaquico y Ahlers. Curiosamente, los cuatro saxos son interpretados por cuatro intérpretes diferentes. Como segundo corte estrella del álbum, al menos en cuanto al tipo de sonido aventurero más popular del artista, "Trade winds" es un auténtico viaje ya no en su inseparable Harley Davidson sino a lomos de los vientos alisios, en busca de la sonrisa y del recuerdo de las verdaderas amistades. De nuevo la naturaleza es importante en el disco, desde el bonito recuerdo a las ballenas y el océano que es "Oceans apart" hasta la descripción por medio de la guitarra de la considerada como una de las diez carreras a pie más bonitas del mundo, la "Dipsea trail", de Mill Valley a Stinson Beach, atravesando innumerables elementos naturales de excepción. La curiosidad del disco radica en la sencilla composición "Lights out San Francisco", que conocerá una sorprendente versión vocal -a cargo de Rolf Hartley- en el disco de 2009 "Follow the sun". Para concluir, otro de los cortes importantes y con un nuevo recuerdo al pueblo nativo, un "Indian spring" compuesto a partir de un sueño, donde la flauta y percusión indígena de Douglas Spotted Eagle son la contrapartida de una calmada y respetuosa guitarra, rescatando la bella melodía de "Dreamcatcher".
 
Fue para "A thousand pictures" cuando Chaquico comenzó a tañer una guitarra que él mismo ayudó a diseñar, la 'Washburn EA26 Craig Chaquico'. El artista estuvo en 1996 en España presentando dicho instrumento, y continuando con su conciencia ecológica, la compañía Washburn se comprometió a plantar un árbol por cada guitarra vendida. Esa ecología y reforestación le siguen a cercando a la new age, que aunque sigue aceptando sí que se replantea lo engañoso en ocasiones del término. Chaquico ha ido perdiendo con el paso de los años la chispa que le llevaba a construir melodías reconocibles y entusiastas, ganando a cambio en madurez y profundizando en un sonido más libre que ha derivado hacia el blues. Tal vez sea el Craig actual un músico más profundo y sincero, pero el guitarrista que asombró a toda una generación de amantes de la new age, se deja ver y disfrutar más plenamente en sus primeras obras, un puñado de discos de ensueño publicados por Higher Octave Music y dominados de tal forma por la guitarra que no extraña el comentario del músico: "Mi guitarra es mi voz".
 

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