29.8.13

MICHAEL NYMAN:
"Prospero's books"

'La tempestad', de Shakespeare, es una obra intrínsecamente musical que ha inspirado a grandes compositores como Beethoven, Debussy o Chaikovski. Algunas de las óperas basadas en esta obra son "La tempestad", de Fromental Halévy (1850) y "Un rey escucha", de Luciano Berio (1984), mientras que Thomas Ades presentó en 2004 "La tempestad", una ópera en tres actos en la que insufló una nueva idea sobre la admirada obra con una música que captaba la magia del argumento y conservaba su atmósfera oscura, en la que espíritus musicales asombran a los visitantes a la isla de Próspero. De igual modo asombra la concepción minimalista de Nyman para las películas de Peter Greenaway, y del director galés es precisamente la libre adaptación cinematográfica de 'La tempestad' que en 1991 tituló "Prospero's books" ('Los libros de Próspero'), cuya banda sonora publicó ese mismo año el sello británico Argo, y directamente su compañía propietaria, Decca, en una segunda edición con ligero rediseño de portada. En todo caso, el germen de esta banda sonora proviene de un curioso encargo que la ciudad de Paris hizo a Michael Nyman por la conmemoración del bicentenario de la Revolución Francesa, un recorrido musical por esta grandiosa urbe, que formaba parte de un audiovisual proyectado en el arco de La Défense del 19 de julio al 31 de diciembre de 1989, y que el efímero sello Criterion publicó en 1989 con el título de "La Traversée de Paris".
 
Reciclando la inspirada música que el británico compuso para el encargo parisino, Nyman preparó una de sus mejores partituras para "Prospero's books", pero la relación entre músico y cineasta iba a verse seriamente deteriorada cuando el director, sin aviso previo, decidió utilizar en el metraje final del film tan sólo una mínima parte de la música del compositor y amigo: "Cuando ví la película me pareció que Peter había traicionado mi música, no la usó con la autenticidad y sensibilidad que lo había hecho en, por ejemplo, 'El contrato del dibujante'. Y también introdujo la música que escribí en el contexto extraño de un diseño sonoro bastante desafortunado, una partitura casi electrónica en la que mi música se entierra, donde los efectos de sonido y voces se tratan de una manera más bien exagerada. Nunca me dijeron que eso iba a pasar". Michael consideró que tenía que haber sido informado de ese tratamiento, y cuando mostró su disgusto ante el equipo, esperó las explicaciones del director, que nunca llegaron, por lo que se dió por finalizada una amistad de dieciocho años. La arrogancia de Peter Greenaway, que ya había pensado en John Adams para "Drowning by numbers" y recurrido a Wim Mertens para "The belly of an architect" (tras un intento fallido con Philip Glass y una partitura de Glenn Branca que no acabó por convencerle) le llevó a prescindir totalmente de su antiguo colega para la música de sus películas. Nyman había realizado una concepción esencialmente vocal de la obra, y añadió con sapiencia este elemento a su música, logrando un efecto fantasmagórico y embriagador que Peter Greenaway apenas supo valorar. Basado en textos del propio William Shakespeare, escribió cinco canciones (conocidas como 'Ariel songs', por la importancia del personaje de Ariel en la obra) para la soprano Sarah Leonard. Precisamente comienza el disco con la breve "Full fathom five", y "While you here do snoring lie" en tercer lugar, que junto con "Come and go" fueron reinterpretadas en 1992 para un curioso disco de canciones de Nyman con la afamada cantante alemana Ute Lemper titulado "Songbook" (que además de esas tres 'Ariel songs' incluía canciones basadas en textos de Paul Celan, Mozart y Rimbaud). A partir de aquí llega la parte más atractiva de la banda sonora, con cuatro maravillosos temas que constituyen lo más interesante y recordado del álbum: "Prospero's magic", "Miranda", "Twelve years since" y "Come unto these yellow sands". De ellas, la única composición original para la película era "Twelve years since", un corte calmado que parece anticipar futuros éxitos del británico en el mundo de la banda sonora, cambiando parte de sus ideas repetitivas por una melodiosidad ambiental. Las otras tres provienen de "La traversée de Paris", y curiosamente, de los siete cortes rescatados de aquel álbum, son los únicos que fueron modificados: "L'entrée" era un gran comienzo para el multimedia, y Nyman lo aprovechó para darle forma (bastó con una ligera ampliación) a "Prospero's magic". "Le théâtre d'ombres chinoises" acelerada fue una gratísima mejora para "Miranda", y el añadido de la voz en "Le labyrinthe" la convierte en la excitante "Come unto these yellow sands", otra 'Ariel song' en la que despunta considerablemente Sarah Leonard, una de las composiciones que más y mejor utiliza Greenaway en la película. En ellas destacan bucles repetitivos, por lo general de cuerdas, sobre los que se alzan los vientos como ejecutores de melodías regias y aguerridas. El piano de Nyman, por contra, es poco apreciable en el conjunto de tan poderosa banda, aunque siempre está ahí, marcando el ritmo, observando todo como un buen director de orquesta. El trabajo continúa sin mayores sobresaltos entre temas nuevos y otros reubicados directamente de "La traversée de Paris", hasta llegar al último corte, "The masque", que presenta una grata escena operística en la que intervienen como vocalistas Marie Angel, Deborah Conway y la alemana, mencionada anteriormente, Ute Lemper. "The masque" no es la única pieza operística creada por Nyman bajo la influencia de "La tempestad" de Shakespeare, ya que "Noises, sounds & sweet airs", publicada por Argo en 1994, contenía varios cortes de "La traversée de Paris", aunque con títulos diferentes. En definitiva, y con la ironía de estar hablando de una banda sonora que apenas fue utilizada como tal, hay que concluir afirmando que "Prospero's books" es una de las mejores y más completas partituras de Nyman para Greenaway, posiblemente en el momento más dulce del pianista, sólo unos años antes de su consagración ante el gran público con "El piano". La producción del disco, como en todos los trabajos de Nyman en su época con Peter Greenaway, corre a cargo del músico irlandés, antiguo miembro de The flying lizards, David Cunningham.
 
Parece que Nyman quisiera reconocer los méritos de su eficaz conjunto liderado por Alexander Balanescu, la Michael Nyman Band, al colocar su nombre en la portada del trabajo, cosa que no había ocurrido anteriormente. Tanto es así que al año siguiente de la publicación de "Prospero's books" Argo lanzó al mercado una curiosa y gratísima recopilación de las bandas sonoras más conocidas del dúo Nyman/Greenaway titulada "The essential Michael Nyman Band", con composiciones de "The draughtsman's contract", "A zed & two noughts", "Drowning by numbers", "The cook, the thief, his wife and her lover", dos de las maravillosas "Water dances" (provenientes también de un trabajo con Greenaway) y el tema "Miranda" de "Prospero's books", con la importante característica de tratarse de reinterpretaciones de las canciones, cosechando un enorme éxito con el fabuloso "Chasing sheep is best left to shepherds". Otros temas de "Prospero's books" se incluyen en más recopilatorios de Nyman, especialmente "Miranda", con la nota destacable de que en "The very best of Michael Nyman: Film music 1980-2001" se incluye "Miranda previsited", la versión original de "La traversée de Paris" (aunque cambiando su título real, "Le théâtre d'ombres chinoises"). También "Miranda", junto a "The masque (excerpt)" y "Where the bee sucks", formaba parte de un curioso CDsingle promocional de "Prospero's books". El éxito cosechado con bandas sonoras tan atractivas como "The dragthsmans contract" o "Drowning by numbers" no encasilló a Nyman, que continuó con su labor de búsqueda a través de nuevas óperas, cuartetos de cuerda o el mencionado extraño trabajo vocal con Ute Lemper de título "Songbook". Su labor de musicación de películas iba a cambiar en lo sucesivo, en gran medida por su ruptura total con Peter Greenaway, lo que permitirá a Nyman tener más tiempo para aceptar otro tipo de encargos, algunos de ellos tan atractivos como "El piano", así como películas destinadas al gran público ("Gattaca", "Ravenous") y otras no tan pretenciosas para las que compuso partituras memorables ("The claim", "Wonderland", "Carrington").
 






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17.8.13

NILS FRAHM:
"Felt"

Gustan los postminimalistas, al menos una última hornada con la juventud e irreverencia por bandera, de presentar una realidad distorsionada en sus composiciones, un plano melódico fantasmal revestido de rasgueos, susurros, sonidos de microsurcos, efectos de una cuidada suciedad, imperfecciones buscadas para provocar la reacción del oyente, logrando así una experiencia más personal y más viva, o quizás para reclamar la aleatoriedad en la música, la ausencia en la realidad del sonido puro, ¿quién no ha sufrido al fin y al cabo de un vinilo sucio o rayado en un trabajo perfectamente producido o de toses y ruidos diversos en el concierto de cualquier virtuoso? Ensuciar la música es un arte nuevo, extraño, pero de resultados ciertamente interesantes y para nada deplorables si se acompañan de melodía, ritmo y ambiente en su justa medida, como por ejemplo nos ofrece el joven y atrevido músico alemán Nils Frahm en su trabajo de 2011, publicado por Erased Tapes Records, "Felt".

La casualidad también influyó notablemente para llegar al sonido impuro de esta obra, ya que este pianista alemán al que le gusta componer por las noches, utilizó durante esta época un amortiguador de fieltro en su piano para no molestar a sus vecinos. En estas circunstancias colocó en el interior del instrumento los micrófonos tan profundamente que casi tocaban las cuerdas, captando de esta manera una gama de sonidos superficiales de esos que, en la producción de discos de piano convencionales, se tratan de ocultar para conseguir una total 'asepsia'. Lejos de eso, Frahm se entusiasmó con esos sonidos, hasta el punto de considerar que "la música se convierte en una contingencia, un azar, un accidente dentro de todo este rumor". El piano está más vivo que nunca en "Felt": "Descubrí que mi piano suena hermoso con el amortiguador (...) Mis auriculares se convirtieron en microscopios infinitos que permitieron sumergirme en un mundo de sonidos inaudible". Fue tan apasionante la experiencia que Nils, agradecido, llegó a dedicar el trabajo a sus vecinos, junto a su familia y amigos. Desde el comienzo del álbum, "Keep", el ambiente antinatural se vuelve hermoso y encuentra una razón de ser en la confusión, las intenciones melódicas se abren hueco entre las teclas, y por un momento, ya en los primeros minutos de la obra, se alcanza un enorme clímax que abre un nuevo mundo de emociones para el oyente, que con "Less" se queda definitivamente atrapado por su adormecida melancolía, de nuevo los sonidos externos nos acercan a la realidad y el piano, limpio y conciso, pasea por ese panorama, avanza y se detiene, reflexiona y continúa, pensando, pensando... Por fin se decide y encuentra un camino en el que desarrollar junto a un maravilloso órgano celeste un juego cautivador, un nuevo momento destacado, frágil y deliciosamente corto (de título "Familiar") de esta enorme dulzura en blanco y negro que parece fluir de las manos de este joven genio, que continúa demostrando su innegable clase en "Kind" (delicadeza de cielos oscuros y hojas caídas muy del estilo de Dustin O'Halloran), instantes privados ("Unter"), relajantes ("Old thought", emulando sonidos de campanas) y en el resto de composiciones de un álbum corto pero intenso, de ambientalidad acústica, y esencial en el nuevo minimalismo. En el tramo final, "Pause" abre un resquicio con sus notas graves para la llegada del último corte, "More", la composición más larga del disco, en la que Nils retorna a las intenciones melódicas del corte de inicio, "Keep", pero repetitivo, climático, desarrollado con un mayor sinfonismo y profusión de efectos, con una segunda parte más contenida y un final ambiental en cuyos últimos dos atrayentes minutos, se encierra prácticamente toda la electrónica del trabajo. La utilización de ruidos y elementos disonantes en sus composiciones no es ni mucho menos una característica exclusiva de músicos como Nils Frahm, pero sí que revela otro tipo de búsqueda sonora, más allá de la hermosura y la perfección: "Mi piano me pidió que fuera tranquilo y sensible. Me dijo que si me gustaría tocarlo suavemente, sonaría increíble y poderoso, y mantuvo su promesa". Tras las demostraciones de diversa índole ofrecidas con "Wintermusik" y "The bells", "Felt" ha sido uno de sus álbumes más destacados, una pequeña joya instrumental plagada de detalles, que se puede adquirir en los formatos CD, LP o MP3, y que Nils aconseja escuchar y disfrutar con auriculares.

El jazz, el funk, la world music o incluso el rock y el hip hop inspiran a los postminimalistas creando sonidos inimaginables hace unos pocos años, pero estos 'enfants terribles' no se limitan a absorber ideas sino que las dotan de irreverencia y las revisten de una inigualable clase y atrevimiento a partir de bases sencillas, incluso una gama de instrumentación no excesivamente amplia. Frahm, concretamente, trabaja con el piano y origina una personalidad nueva, un cuerpo de carne, huesos, madera y marfil cuya mente delira hasta lograr el milagro de la creación. Interactuando con otras artes, investigando nuevos sonidos, el talento creativo de este versátil artista se expande en la segunda década de este siglo como un pequeño agujero negro, sólo él sabe dónde está el límite, mientras tanto disfruta con su encomiable riqueza de recursos y nos hace disfrutar con discos como este, de graciosa inventiva y feliz acabado.

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NILS FRAHM: "Wintermusik"



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1.8.13

WIM MERTENS:
"Shot and echo"

La versatilidad del compositor belga Wim Mertens hace que pueda llegar al gran público de diversas maneras, aparte de sus especiales trabajos para piano y voz y de las difíciles series de interesantes obras experimentales como "Alle dinghe" o "Gave van niets", este pianista inauguró en los 90 un estilo más desenfadado y entretenido, alejado de atmósferas antiguas y de la anticomercialidad extrema, con un amplio conjunto en el que no faltaban piano, cuerdas y metales, pieza esencial de un adictivo juego entre él y su público que le iba a otorgar grandes resultados de calidad, al derivar su minimalismo hacia un vanguardismo muy popular y asimilable. Producido por el propio Mertens y publicado en 1993 por Les Disques du Crépuscule, "Shot and echo" es el álbum que inaugura este estilo sólido y atractivo, cuya primera piedra fuera realmente el sensacional "Motives for writting" de 1989, del cual repiten varios de los músicos encargados de la sección de metal, encabezados por Dirk Descheemaeker, en un tratamiento muy original y curiosamente comercial de unos instrumentos tan poco convencionales y dificiles de integrar en formatos de corte melódico destinados al gran público, como son saxo, clarinete, tuba, trombón, oboe o trompeta, mientras que el violín cuenta con una presencia de difícil distinción. También hay voz en esta nueva faceta, pues una paisana de Mertens, la soprano Katelijne Van Laethem, contribuye con sus cuerdas vocales en "Shot and echo", si bien su registro es a veces confundible con el falsete del pianista, que parecía no querer desmarcarse del todo de sus trabajos anteriores.

Algunos de los temas de este disco, como "Watch over me" o "Wandering eyes" parecen provenir de ideas concebidas para encargos de cine de la época, ya que Mertens, cuyo más conocido trabajo para la pantalla grande había sido la banda sonora de "The belly of an architect", de Peter Greenaway, había colaborado durante estos años con directores como el alemán Tom Tykwer o los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne. De todos modos, "Shot and echo" va más allá de cualquier iniciativa fílmica, teatral o de danza, tiene vida propia, es un álbum con mayúsculas cuyo primer sencillo, "Their duet" es también un soberbio comienzo, una pieza muy popular del repertorio de Mertens, con la tuba marcando el ritmo, grandiosa entrada de la trompeta, y un piano y voz que encuentran en ese pequeño caos una melodía grata y completa, que fue utilizada en la publicidad española de Telefónica y en la europea de Telecom. A continuación, un sinsentido de instrumentos de viento origina una composición atrevida que acaba resultando espectacular y ante todo distinta a cualquier cosa que se pueda escuchar que no lleve asociado el nombre de Wim Mertens: "His own thing" le debe todo al primer Mertens, al de la experimentación con sonidos casi de videojuego, en un bucle de glissandos excesivamente largo, pero que podemos tomar como una extravagancia aceptable al estar rodeada en el disco por dos pequeñas joyas como son "Their duet" y "Watch over me". Con sones de pop medievalista y melodía de canción ligera adaptada al clarinete, esta última supone uno de los momentos más completos y abrumadores de un álbum tan inusual como atractivo, yes que "Watch over me" es una animada creación de un artista en absoluto estado de gracia, capaz también de idear momentos de encantadora sencillez como "One who matters", que presenta un agresivo pero agradable contraste entre su sutil comienzo clasicista (violín y violonchelos) con el añadido popular de la trompeta y un toque modernista que nos conduce a un paraíso de originalidad. Como única pieza que supera la decena de minutos en el disco, "Silver lining" es una larga y climática atmósfera, en voz baja, donde notas graves de trombón ponen el tono de suspense junto a rotundos teclados y la voz de Katelijne Van Laethem que secunda las secas notas de una guitarra, instrumento 'maldito' que aparece por primera vez en la obra del pianista. En la tercera gran composición del trabajo, de título "Shot one", es un feliz y frenético piano el que marca el rumbo de la pieza, aunque son por supuesto los vientos y la voz los que los que la embellecen de manera característica, única y, como casi siempre, soberbia. En la recta final, "We'll find out" es un corte de nuevo muy del estilo vanguardista de sus primeros trabajos, mientras que "Let him go", aún sin evolucionar en demasía, parece mirar más hacia adelante. "Wandering eyes", sin destacar especialmente en el disco, es un cierre acorde con el conjunto del mismo, una pieza muy del estilo del belga. Los mismos metales que pueden otorgar sones lúdicos a piezas de escasa trascendencia como "His own thing", tornan en cálidos y afables cuando se trata de demostraciones de melodía grata a juego con la voz ("Their duet" o "Shot one", los dos temas principales), incluso románticos si se precisa ir más allá sin acompañamiento vocal ("Watch over me"), en un álbum en el que Mertens propone un juego ameno y alborozado en el que el oyente acaba sintiéndose un protagonista más por la claridad de sus nueve cortes, directos y profundos.

Ramón Trecet, que de esto sabe algo, denominaba a Wim Mertens como el portavoz de una manera de hacer las cosas en el libro sobre los 20 años de Radio 3, una emisora y un programa ('Diálogos 3') donde la música del belga encajaba a la perfección. "Shot and echo" posee una extraña alegría contagiosa, una nueva faceta que va a 'maximizar la audiencia' del belga en sucesivas entregas. Los vientos son los afortunados comensales principales de esta bacanal melódica en la que Mertens parece huir del protagonismo extremo que acaparaba en sus discos de piano y voz, que van a seguir alternándose con obras como esta. Este sorprendente trabajo fue complementado por otro de título "A sense of place", de muy parecida portada y siete temas entre los que destacaban especialmente los más cortos, "In a void", "D.C.O.L." o "The S-song" (que retomaba la idea de "Shot one"), si bien era menos fluido, de escucha más difícil. En 2004 se editó una edición en doble CD con los dos álbumes, cuyas pinturas de las portadas en ambos casos son una vez más de este completo artista que se llama Wim Mertens, un músico inquieto y fabuloso que transforma en belleza sus ideas con gran facilidad y enorme actividad. A colación del interés por la literatura de nuestro músico, cabría decir que si el escritor francés Stendhal hubiera vivido en esta época y acudiera a un concierto de Wim Mertens, puede que el mundo conociera una formulación totalmente distinta de su famoso síndrome.

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