17.1.13

ENYA:
"The memory of trees"

En su localidad natal en el condado irlandés de Donegal, Gweedore, Eithne Ní Bhraonáin -más conocida mundialmente como Enya Brennan- siempre estaba en contacto con la naturaleza y por supuesto con los árboles. No es de extrañar que éstos hayan aparecido en un momento dado como influencia en su obra, más teniendo en cuenta su cualidad, según los druidas y la mitología irlandesa, de ser los guardianes sagrados de la memoria. "The memory of trees", el cuarto álbum oficial de la irlandesa, fue publicado, con buen ojo y estrategia, a las puertas del mercado navideño de 1995, y es que se tiende a asociar al estilo de Enya con lo más idílico y bonito de la Navidad. El resultado en las listas españolas fue un rotundo número 1 en dos semanas de las 31 que permaneció en ellas (tres discos de platino en total), un primer puesto que no consiguió con sus anteriores discos, que sin embargo vendieron más y permanecieron incluso varios años en listas (en el caso de "Watermark", más de 150 semanas). Por el contrario, en Gran Bretaña no logró repetir el número 1 de "Shepherd moons", accediendo únicamente al quinto puesto, y es que un estilo tan marcado como el de Enya es difícil de mantener con enorme calidad con el paso de los discos, y posiblemente en "The memory of trees", aún tratándose de un gran álbum, se estaba comenzando a agotar la fórmula del éxito seguro.
 
Enya, que siempre ha destacado por un gran cuidado y esmero en cuanto al diseño, fotografías y portadas de sus obras, volvió a fijarse en los cuadros de su admirado Maxfield Parrish para la cubierta y colorido de "The memory of trees", concretamente en la ilustración 'The young King of the black isles'. Parrish, dibujante de ensoñaciones y cuentos fantásticos, se acerca por igual a la iconografía de 'El señor de los anillos' como a la mente de una Enya que, con los años, ha ido perdiendo algo del ímpetu tradicional con el que creció y comenzó a componer. Además, y al contrario que en años y trabajos anteriores, en este momento Enya ya no vivía junto a Nicky y Roma Ryan, y esa soledad la empujó a encargarse ella misma de todos los instrumentos y las voces, con total solvencia, si bien se acabaran perdiendo de esta manera las puntuales aportaciones de enorme calidad de grandes estrellas como Davy Spillane o Liam O'Flynn, que alumbraron discos anteriores. No obstante, toda labor en "The memory of trees" es soberbia, tanto la composición como la interpretación y la producción, y eso se nota desde las primeras notas de su evocador comienzo, el tema que da título al álbum y en el que aparece toda la magia del sonido multivocal tan característico y esperado, en un crescendo de emoción y esperanza muy fácil de admirar y disfrutar. A continuación, y como primer sencillo, "Anywhere is" es un corte pegadizo y directo a las radios, si bien no posee la fuerza y sobre todo la originalidad de sus anteriores primeros singles, es como si se hubiera creado con ese fin, no con la espontaneidad y la ilusión de aquellos "Orinoco flow" o "Caribbean blue". Aún así, resulta agradable y posee un cierto encanto y espíritu navideño. No podía faltar el corte en latín típico de Enya, "Pax deorum" (desarrollando una idea que proviene de la serie "The celts"), que en este disco resulta más ambiental que en otros, no tan melódico pero pleno de fuerza, aunque no tanta como la del siguiente corte, "Athair ar neamh", una canción triste pero vital, una oración en gaélico cuya traducción es 'Padre en el Cielo', que sí alcanza una intensidad que puede llegar a calar hondo en el oyente, hasta tal punto de ser una de las cumbres de un trabajo que para Enya es como el primero: "Cuando entro en el estudio no pienso en el éxito, en cuánto venderé, me olvido porque creo que eso limita la creatividad y de hecho en 'The memory of trees' sentí lo mismo que cualquier artista en el primer disco, toda la ansiedad y todo el nerviosismo de editar un trabajo". Siendo mayoría las canciones en inglés, sobre la gracilidad del viaje imaginario de "China roses", del himno pseudo-operístico "Once you had gold" y la melodía pegadiza de "On my way home" (segundo sencillo del álbum, más cercano a una estética pop y radiofónica, intentando repetir el éxito de aquel "Book of days" de su anterior álbum) se impone la Enya más sincera, la que se acerca a sus orígenes en melodías cercanas y espontáneas como "Hope has a place", un canto de esperanza de relajante placidez y el sello de la elegancia, cuya voz principal se grabó al aire libre en Silent Valley, en Irlanda. Quedan por comentar dos cortes instrumentales, "From where I am" y "Tea-house moon", de esas conmovedoras miniaturas cuya facilidad se llega a agradecer, y el gran descubrimiento del trabajo, su canción más destacada y penetrante: cantada en español (aunque no sea fácilmente distinguible), "La soñadora" presenta una ambientalidad pasional de enorme magnitud y profundidad, un despertar a los buenos deseos que casa con la temática druídica del título del álbum, pues está inspirado en el druida Amergin, que provenía de las costas de Galicia, de donde aparece la idea del idioma español (a pesar de que para Enya, por lo general, la utilización de uno u otro idioma no tenga significado más allá de lo musical). Yendo más allá, la propia Enya especula con una conexión hispana en su árbol genealógico, ¿quién mejor que ella para conectar mitos y fantasía con la realidad? Aún sin incluir los perfiles coloreados que tan buen resultado le dieron en los video-clips de "Orinoco flow" o "Caribbean blue" (no en vano se sustituyó al eficaz director Michael Geoghegan por David Scheinmann), el de "Anywhere is" mantiene totalmente el tono quimérico de aquellos anteriores primeros singles. En el de "On my way home" (curiosamente dirigido por el director de Warner UK, Rob Dickins, siempre involucrado en las propuestas visuales de su amiga irlandesa), vuelve a ser protagonista un libro, como en "Caribbean blue", aunque en esta ocasión un álbum de fotografías con el que Eithne, montada en un lujoso tren, reflexiona sobre el tiempo pasado y la vuelta a casa.
 
Los CDsingles de "Anywhere is" y "On my way home" incluían cuatro canciones adicionales, si bien se trataban de composiciones que databan de varios años atrás: "Oriel window", "Morning glory", "Eclipse" y la inédita "I may not awaken". La primera y la última de ellas fueron incluídas en sendas ediciones japonesas del álbum "The memory of trees", con el que en los premios grammy de 1997 Enya venció a sus propios familiares, Clannad, que optaban al premio con "Lore". Glamuroso y eficaz, "The memory of trees" es un ejemplo de álbum al que seguramente se maltrata, pues no cabe duda que su nota general es muy alta y sólo pierde enteros por comparación con sus precedentes, hasta tal punto de poder afirmar que si la carrera de Enya hubiese empezado aquí, "The memory of trees" podría ser un álbum de referencia en las Nuevas Músicas. Eso sí, a partir de este punto habría que hablar de una cierta pérdida de esencia y autenticidad, preguntándonos si Enya se intenta imitar o es fiel a un sonido y un desarrollo que es tan propio que no se puede desmarcar de él. Los que tuvimos la suerte de vivir el lanzamiento de "Watermark" o "Shepherd moons" valoramos en gran medida, incluso más allá de su gran calidad, los sentimientos que estos nos produjeron, la emoción que aún sentimos cuando los escuchamos, por eso hay que seguir admirando cada una de las entregas de esta maravillosa artista, paladeando cualquier pequeño momento que nos vuelva a transportar a su mundo privado.
 






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