20.12.12

ELEFTHERIA ARVANITAKI:
"The very best 1989-1998"

En la cultura griega hay canciones y bailes para cada circunstancia o situación, así como una herencia balcánica de aromas antiguos muy rítmica y agradable. Ya lo dijo Eleftheria con gran claridad en cierta ocasión: "En Grecia éramos étnicos mucho antes de la moda étnica", aunque esta diva griega prefiere el término 'músicas del mundo' para denominar a su música. Esa música de casi perdida orientalización ('de buzuki' o 'de hachís', la llamaba la gente) cuyo estilo primordial es la rembétika, es el terreno en el que comenzó moviéndose con gran fluidez Eleftheria Arvanitaki en los 80, reivindicándola ante el desprecio general, y consiguiendo un enorme éxito en sus juegos cada vez menos politizantes de músicas elegantes y letras renovadas. Un afortunado camino hacia el pop hizo llegar a esta cantante nacida en El Pireo a casi cualquier rincón del mundo, plagando de ritmo heleno casas y auditorios, y consiguiendo discos de oro y múltiples reconocimientos, como la aparición en la portada de la revista Folk Roots o en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Atenas.
 
La posición de Grecia en el mapamundi posibilita su carácter de crisol de influencias, en la música de Eleftheria Arvanitaki no sólo hay tradición griega y motivos orientales, también hay elementos occidentales y de la europa del este, por ejemplo su colaboración con el norteamericano de ascendencia armenia Ara Dinkjian, con el que descubrió unas raíces culturales compartidas. Dinkjian es protagonista de algunas de las mejores canciones de esta compilación, y es que, como en cualquier discografía de artistas de amplia trayectoria en un país pequeño y de idioma difícil, la mejor forma de bucear en la misma es la opción del disco recopilatorio. "The very best of 1989-1998" fue publicado en 1999 por Emarcy Records, veterano sello de jazz y músicas del mundo emparentado con Mercury Records, actualmente propiedad de Universal Music. "Meno ektos" ("Me quedo fuera", 1991), "I nihta katevainei" ("Cae la noche", 1993), "Ta kormia ke ta macheria" ("Los cuerpos y los cuchillos", 1994) y "Tragoudia gia tous mines" ("Canciones para los meses", 1996) son los discos de los que se han seleccionado las catorce canciones, pero la primera, incluida originalmente en "Meno ektos", cuenta en esta recopilación con una interpretación en vivo única e irrepetible, que la ha hecho famosa en medio mundo: "Dinata" es una composición maravillosa del mencionado Ara Dinkjian, que torna en prodigiosa en este directo de 1995 en el Teatro Vrahon de Atenas, con la inconfundible voz y percusión del también armenio Arto Tuncboyaciyan, cuya glosolalia es actualmente inseparable de esta canción para el gran público. El CDsingle en el que venía contenida, "En directo desde las rocas", se convirtió por méritos propios en el primer CDsingle de platino en Grecia. Que Eleftheria se ha rodeado en su carrera de grandes artistas es un hecho demostrable, por ejemplo el otro gran corte del disco, la emotiva y aterciopelada "Meno ektos", presenta el mismo compositor (Ara Dinkjian) y letrista (Lina Nicolakopoulou) que "Dinata", logrando un resultado único que compartía álbum con otras tres muestras aquí reunidas, entre las que destaca "Tis kalinichtas ta filia", de nuevo con la letra de Lina Nicolakopoulou. Que Eleftheria es un vendaval en sus conciertos y un ídolo de masas en Grecia viene demostrado por la segunda pieza en vivo del álbum, una animada "To kokino foustani" incluída en ese álbum en directo titulado "I nihta katevainei" ("Cae la noche"), pero la importancia de esta estrella se ha ido forjando en especial en los 90 por medio de álbumes como "Ta kormia ke ta maheria" ("Los cuerpos y los cuchillos", también en colaboración con Ara Dinkjian y Arto Tuncboyaciyan) o "Tragoudia gia tous mines" ("Canciones para los meses", donde ponía música a importantes poetas griegos): del primero de ellos es necesario destacar lassosegadas, casi meditativas, "Parapono / I xenitia" y "Skies ke chromata", así como un mayor aporte rítmico en la que le da título, "Ta kormia ke ta macheria". En el segundo, y coincidiendo con varias de las anteriores, nos encontramos con otro letrista esencial en esta época para esta estilizada cantante, Michalis Ganas, que aporta su pluma en los aires tradicionales de "Pame xana sta thavmata" o "Lianotragoudo", siempre con la interpretación impecable de una Eleftheria a la que se une Yiorgos Makras en "To parapono", basada en un poema del premio Nobel Odysseus Elytis.
 
Con los puntos álgidos de "Dinata", "Meno ektos" o "To parapono", se trata éste, como muestra de la gracia de una artista indispensable, de un trabajo disfrutable al ciento por ciento, en cuyo agradecido cuadernillo se incluyen las letras de las canciones traducidas al inglés. Sin embargo, hay que terminar destacando sinceramente lo bien que suenan estas pequeñas delicias en su idioma original y en la esa voz tan auténtica y transmisora de una cantante que entró en la música de casualidad, sin pensar que iba a hacer de ella su forma de vida: "Yo no quería ser cantante, quería ser ecóloga". La ecología perdió una investigadora, pero nosotros ganamos un mito viviente del folclore.
 
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11.12.12

LUIS DELGADO:
"El sueño de Al-Zaqqâq"

Hay veces que la música puede ayudarnos a comprender mejor parte de nuestra historia, o al menos a interesarnos por ella. Esto sucede al escuchar algunas de las obras del madrileño Luis Delgado, que nos trasladan muy atrás en el tiempo. Durante varios siglos de la Edad Media, parte de la Península Ibérica se encontraba bajo el poder musulmán, desde la conquista por parte del Califato Omeya hasta la toma de Granada de los Reyes Católicos. Conocido como Al-Ándalus, este territorio acabó por comprimirse con el paso de los años al sur de la península, aunque el protagonista del disco que nos ocupa era un poeta valenciano de nombre Ibn Al-Zaqqâq, que vivió hacia el año 1100, durante el reinado de los almorávides. Eduardo Paniagua cuenta su historia en el libreto de este álbum y nos habla de una obra poética muy difundida y celebrada, de ricas metáforas, que Luis Delgado ha sabido musicar convenientemente a pesar de las dificultades, y es que él mismo aclara que la música y la poesía árabe son casi inseparables: "El poeta árabe es casi siempre músico, y sus textos no conocen mayor gloria que la de ser cantados".

Guitarrista desde los 13 años, y alumno en la orquesta de laúdes de Manuel Grandío, tras pertenecer a Imán Califato Independiente este músico todoterreno madrileño comenzó a trabajar para Rafael Carratalá haciendo música para publicidad. Su siguiente trabajo en RCA le permitió aprender a desenvolverse en un estudio de grabación, pero su posterior paso por Crysalis y EMI -en puestos importantes- le apartó de la música tradicional que realmente le embargaba y que no había dejado de tocar en grupos como Babia, por lo que decidió apostar por su propio sello discográfico, que llamó El Cometa de Madrid. Con él intentó promocionar a músicos españoles sin estilo definido y lanzó más de una decena de interesantísimos discos artesanos (entre ellos "13 cuerdas" de Jesús Auñón o "Neptuno" de Luis Paniagua, pero también obras de Cuco Pérez, Luis Lozano, Enrique Mateu, Miguel Herrero, Macías, Patricia Escudero o el propio Luis Delgado, bien en solitario -"Vathek"-, bien en grupo -Mecánica popular o Ishinohana-). Siendo sin embargo su legado musical más popular el que se internaba en la cultura árabe (las bandas sonoras de "Alquibla" y "Al-Andalus"), Luis Delgado decidió hacer de ese nexo con nuestras raíces una forma de vida, pues "en el folclore español hay una riqueza impresionante, que en Europa no la hay". Con el grupo Calamus comenzó su idilio con la música andalusí (o arábigo-andaluza), y su mayor expresión en solitario llegó en 1997 con "El sueño de Al-Zaqqâq", primera parte de una trilogía publicada por Nubenegra, que continuaría en 2000 con "El hechizo de Babilonia" -musicando a las poetisas de Al-Andalus- y en 2004 con "Tanger" -homenaje a la 'ciudad blanca', grabado allí mismo en directo-. Homenajeando la figura del poeta Ibn Al-Zaqqâq, Luis Delgado construyó una obra completísima y fascinante, no sólo histórica sino también estéticamente, regresando a ese crisol de culturas que provocó la locura de este madrileño variopinto, que lo mismo se deja llevar por las raíces sureñas de la península como por el folclore más reciente o por la modernidad de la música para el Planetario de Madrid. Si bien todas esas vertientes son plenamente disfrutables, su unión espiritual con la música andalusí es tan grandiosa como para ser tenido mucho más en cuenta en el mundillo cultural español de lo que realmente es. "Balansiya" es más que un recibimiento, es una llamada para entrar en un mundo antiguo pero nuevo, pleno de belleza, emoción y fantasía. El autor aclara que pretendía "recrear el alba imaginaria de un día en la Valencia Andalusí". El primer gran momento del trabajo es "El saludo", magistral composición cuya cadencia y sobre todo el tratamiento vocal poseen en su conjunto una magia subyugante, una canción esplendorosa y magnética en la que podemos apreciar las cualidades de Aurora Moreno y las extraordinarias aptitudes de Luis con instrumentos como el laúd árabe, el tar y la d'rbuka: 'Más delgado que el céfiro es su aroma; su talle es pasmo de la erguida palma'. El encanto orientalizante perdurará durante todo el álbum, en piezas animadas con voz masculina (Mohamed El arabí Serghini) como "La aurora nocturna" o de ejemplar pureza instrumental como la excepcional "Bebiendo al alba", "La ruta del marfil negro" o "La luz de la Axarquía", pasaje luminoso que nos transporta a épocas remotas y lugares exóticos. Más atmosféricas, como si formaran parte de esos documentales que ha músicado Luis en varias ocasiones, son "La luna nueva", "Rosas en el estanque" o "La mirada", con esencia de sintonía, pues incluso estos interludios tienen su granito de grandilocuencia en una obra tan completa como ésta. "Epitafio" es una despedida sencilla con sones fúnebres, despojada de gran aparejo instrumental, de nuevo con la voz de El Arabí: 'De vuestro lado me robó la muerte, inexorable ley de los humanos. En ella os precedí; pero a la postre, no tardaremos en hallarnos juntos'. Es sin embargo en Aurora Moreno donde reside gran parte del embrujo del álbum, y la granadina repite ese encantamiento vocal en "El cinturón y el brazalete", hermosa balada de sones trovadores, en una maravillosa muestra de completo lirismo. Aurora llevaba años colaborando con Luis, y a Omar Metioui y Serguini El arabí les conoció en la banda Ibn-Baya, y fueron esenciales en la cuestión idiomática del álbum, un trabajo en el que la electrónica también está presente, junto a los laúdes, kumbuç, santur, saz, nei, cántara, baglamá y otra serie de instrumentos casi impronunciables a cargo de Luis, acompañado por Omar Metioui (laúd, viola y tar), Eduardo Paniagua (flauta y qanun), Javier Bergia (d'rbuka), Jaime Muñoz (kaval, flauta y clarinete) y Carlos Beceiro (mandolina). Una buena anecdóta para el disco, que confirma su calidad y proyección internacional, fue la selección por parte del importante director Ridley Scott de "Balansiya" y "Epitafio" para formar parte de la película "El reino de los cielos", aunque no se incluyeron en el CD de la banda sonora, a cargo de Harry Gregson-Williams.

"Vivo asediado por los encargos", aseguraba Luis en los 90, así que ha sido muy puntualmente cuando ha logrado reunir el tiempo necesario para preparar esos lanzamientos tan distintos como son los de música sefardí, colaboraciones con Javier Bergia o con La Musgaña o composiciones para el Planetario de Madrid. Tras trabajar con la música como soporte para imagen (televisión, ballet o teatro), en "El sueño de Al-Zaqqâq" las melodías son soporte para textos, su propósito es ser escuchadas, y las imágenes aparecen espontáneamente por la capacidad imaginativa de una música fruto de amplia investigación y alta inspiración. Hay en el cuadernillo del disco una especial dedicación hacia Beatriz, esposa de Luis, mientras que "El hechizo de Babilonia" estará dedicado a su madre, Isabel Delgado. En aquella suerte de segunda parte repetirán colaboración Javier Bergia, Jaime Muñoz y Mohamed El Arabí, y los dos últimos en "Tanger". Es necesario acabar esta reseña con una encendida recomendación, y es que aunque aquí se glose la enorme calidad de "El sueño de Al-Zaqqâq", es preciso que su escucha sea complementada con esas otras dos entregas que también puso a nuestra disposición Nubenegra, el sello de Manuel Domínguez, el que fuera creador de Guimbarda.

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