18.10.10

IRA STEIN:
"Carousel"


Aunque el último álbum del imaginativo dúo estadounidense formado por Ira Stein y Russel Walder, "Under the eye", fuera publicado por Sona Gaia (división de Narada Productions para la que, además de Stein y Walder, también grabaron artistas destacados como Ancient Future, Max Lasser, Michael Gettel o Alasdair Fraser y Paul Machlis), el siguiente paso de Stein en solitario iba a ser editado directamente por Narada en el subsello Narada Lotus, dedicado a la variante más acústica de las Nuevas Músicas. La apuesta funcionó, ya que "Carousel", publicado en 1992 y con fotografía de portada del reputado artista Nicholas DeVore III, era una interesante demostración de elegancia y madurez a través de diez canciones de bello acabado y diversa inspiración, como por ejemplo la ciudad de Sevilla, en la que Stein y Walder habían tocado en octubre del 91 en los Terceros Encuentros de Nueva Música.

Y no es que nos encontremos en "Carousel" con una exuberante profusión de ideas y un aluvión de conceptos, sino con una estupenda sobriedad, un buen hacer general que, como en sus trabajos con Russel Walder, envuelve al álbum en una armonía natural y tierna gracilidad. El piano es cálido y agradable, rítmico en ocasiones, pero salvo en un par de piezas no es el único protagonista, ya que el juego instrumental se complementa con guitarra, bajo (no confundir al estupendo bajista Bill Douglass con el delicioso músico canadiense Bill Douglas), chelo, saxo, violín y percusión. El resultado, completo y vistoso, es ante todo primoroso y melancólico, y se admira en mayor medida en las tres composiciones estrella del álbum: "Briarcombe", que abre el trabajo con un marcado intimismo, es un caudal de buena instrumentación al servicio de una bella melodía; "Jonathan's lullaby", que lo cierra, es la dulzura hecha canción y demuestra el gran momento por el que estaba pasando Stein como creador de formas de comunión entre él y su público; y entre medio nos encontramos con "Who's to say", una más que soberbia composición donde piano y saxo (el viento que sustituye definitivamente al oboe en la música de Ira Stein) se enredan en un juego romántico de contundente definición, y de similar desarrollo a su gran éxito "The well". De factura parecida pero en forma de solo de piano, tenemos "Sevilla", el corte de evidente inspiración española, mientras que el segundo solo de piano del álbum, dedicado a Ralph Towner, es el eficaz "Continuum". Towner, pianista del grupo Oregon, dió clases a Stein en el Naropa Institute de Boulder (Colorado), donde perfeccionó su estilo y conoció de paso a Russel Walder. Ira, que creció con el jazz y la improvisación después de haber estudiado piano clásico, define su estilo como 'jazz de cámara', "ya que 'cámara' sugiere la intimidad de un pequeño conjunto, mientras que 'jazz' otorga la idea de improvisación y espontaneidad". Precisamente la parte central del disco -posiblemente la menos agraciada- recrea fielmente esa etiqueta, a través de bases de piano sobre las que ebulle el saxo de Daniel Zinn. De todos modos hay que destacar especialmente a otro de los músicos presentes en esta grabación, el violinista Charlie Bisharat, que demuestra su buen hacer no sólo adaptando perfectamente su edificante violín a las composiciones sino colaborando también en la composición de uno de los temas, el titulado "Carousel".

No acabó con este disco la vinculación de Ira Stein a Narada, ya que dos años después esa misma compañía lanzó "Spur of the moment", casi tan recomendable como "Carousel", en su mismo estilo de jazz de cámara, con varias composiciones altamente destacables. Este pianista destaca su retorno a la acústica tras unos años de exploración electrónica (bastante suave, sin duda), y en sus propias palabras: "Este es un álbum sobre el placer de tocar con amigos y la alegría de hacer música por siempre".

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:
IRA STEIN & RUSSEL WALDER: "Transit"

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3.10.10

JÓHANN JÓHANNSSON:
"Englabörn"

Se puede decir que en siglo XXI no hay forma de escapar de la asimilación de la electrónica en casi todos los campos de la música moderna. La música contemporánea no sólo no es una excepción sino que hay que recordar la utilización experimental de la electrónica más primigenia en las obras de músicos de la segunda mitad del siglo XX que hoy se pueden considerar como gurús de la música electrónica, como Messiaen, Varèse, Reich, Stockhausen o Cage. Esa forma casi infantil de utilizar la primitiva parafernalia ha sufrido numerosas revoluciones hasta llegar a la actualidad, este momento en el que los caminos están tan marcados que se puede hablar de una preocupante falta de ideas. Afortunadamente, de cuando en cuando nos encontramos con artistas innovadores, todoterrenos y deliciosamente transmisores como Jóhann Jóhannsson, un islandés nacido en 1969 que además de una sorprendente carrera en solitario es co-fundador del colectivo Kitchen Motors (sello discográfico, promotora de conciertos, performances y demás manifestaciones artísticas), del grupo Apparat Organ Quartet, y pertenece a otro conjunto, Evil Madness. En 2002 publicó su primera referencia bajo su nombre en el sello británico Touch, "Englabörn".

"Englabörn" era la música para una obra de teatro de Hávar Sigurjónsson en 2001, que convenientemente revisada acabó plasmada en CD. Fue su cuarta composición para teatro, aunque ya había realizado música para películas, documentales e instalaciones artísticas. El Epos String Quartet fue el cuarteto de cuerda elegido para la grabación y Matthías Hemstock se encargó de las percusiones, mientras que piano, glockenspiel, harmonium, órgano y electrónica corrían a cargo del propio Jóhannsson. Buscando frases coherentes de cortos minutajes, la totalidad del álbum se centra en una suave línea melódica con un tímido carácter folclórico en el que las cuerdas llevan en su mayoría el peso de la grabación, en cadencias lentas que en su mayoría bordean lo quejumbroso si bien en ocasiones, unidas a escasas pero vivaces percusiones, se tornan en desenfadadas, incluso festivas, en una impresión general intimista y fácilmente audible. Este atractivo juego que comienza de manera vocal se va desarrollando por medio de ese mismo tema recurrente, revestido de teclados, vientos o cuerdas, en momentos cortos y profundos que ni cansan ni aburren. El leitmotiv inicial lleva por título "Odi et amo", nombre de un poema del romano Catulo a su amada Lesbia ('Odi et amo / Quare id faciam, fortasse requiris / Nescio, sed fieri sentio et excrucior', que significa 'Odio y amo / Por qué hago esto, quizá te preguntes / No lo sé, pero así me siento y sufro'); curiosamente se trata de la escena final de la obra, y viene a representar, según el propio Jóhannsson, el contraste, la alquimia de los opuestos, para el que recordó este texto en latín de su época universitaria. Acompaña al trabajo una exquisita sobriedad, así como un regusto romántico en su tierna ambientalidad, y aunque pueda recordar a algunos compositores minimalistas o contemporáneos, cabe pensar que sus ideas se desarrollan por terrenos propios. Este prolífico personaje sorprende y emociona con preciosas miniaturas de títulos casi impronunciables, como "Eg sleppi pér aldrei" (con su impresionante cambio de ritmo), "Ég heyròi alit án pess aò hlusta" o "Englabörn - tilbrigòi" (con sabor a Nyman), posiblemente las composiciones más destacadas del álbum junto a las primeras, "Odi et amo" y "Englabörn".

Aunque resulte más académico que ambiental, la sutil electrónica aplicada le confiere un encantador aire de modernidad y hace de "Englaborn" un trabajo más ameno y agradable de lo que posiblemente se escuchara en la obra de teatro. Sin excesivas intenciones intelectuales, y a pesar de una cierta frialdad nórdica, nos encontramos con un trabajo absolutamente accesible, que la crítica definió como un debut sorprendente y mucho más que prometedor, y que volvió a aplaudir cuando el sello 4AD lo reeditó en 2007, hecho que algunos definieron como 'la reedición del año'. En la actualidad, y después de varios trabajos de indiscutible belleza de los que es preciso aconsejar una escucha total, se puede considerar que Jóhann Jóhannsson se encuentra entre la élite de esos 'músicos en la frontera', junto a nombres importantes como Max Richter o Ben Frost, así que nada mejor que comenzar por el principio, "Englabörn".






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