24.4.10

DAVID LANZ:
"Skyline firedance"

Aunque se tratara de uno de los pianistas new age más conocidos y reputados de las dos últimas décadas del siglo XX y consiguiera extraer en cada uno de sus trabajos lo mejor de su teclado, el sueño de David Lanz siempre fue grabar su música con una orquesta sinfónica. Por fin, y gracias al impulso de la compañía Narada, el creador de discos tan vendidos como "Cristofori's dream" o "Natural states" tuvo en 1990 la oportunidad, como él mismo dijo, "para llenar mi música con la grandeza, el poder y la riqueza de detalles que sólo una orquesta puede crear". Trabajó con el arreglista Don Davis y, aunque en todo momento tenía la idea de cómo podía sonar esta fusión, se originó un momento emocionante al escuchar el resultado final, un disco inolvidable titulado "Skyline firedance", en el que se comprueba la importante evolución como compositor del de Seattle desde que publicara "Heartsounds" en 1983. En concreto afirma Lanz que con "Skyline firedance" pasó de una fase de agua a una fase de fuego, de mayor fuerza y energía.

Nos encontramos con un proyecto muy especial, para el que un Lanz en su mejor momento no se guardó nada, y encontró inspiración en el folclore ("Masque of Togaebi" trata de un demonio coreano que asusta a los niños), la mitología ("Vesuvius", "Escapades of Pan") o la naturaleza ("The skyline firedance suite"), si bien la pieza más emotiva, "Dancing on the (Berlin) wall" es una celebración de la caída del muro de Berlín, un año antes de la publicación de este disco. La música sigue siendo muy espiritual, y las ideas generales de Lanz se mueven en ese sentido, el de los cambios en materias interiores, humanitarias y ecológicas, tan acordes con la filosofía new age, término que parece aceptar de buen grado: "Esta música expresa mi convicción de que el tiempo para pasar a la acción, a actuar con responsabilidad hacia el prójimo, hacia nuestro medio ambiente y con nuestra comunidad global, es ahora". Pero a pesar de este alegato, nada tiene que ver este disco con relajación y débiles notas de piano. Al contrario, las piezas aquí recogidas se muestran con la fuerza de esa 'fase de fuego' antes mencionada, tanto en un primer disco orquestado como en un segundo con los solos de piano (los seguidores del Lanz en solitario con su teclado se merecían también este complemento), con escasas variaciones en el repertorio de ambos. Algunos temas se respiran mejor en su forma de solos de piano ("Vesuvius", "Dark horse", "The crane" -de hecho, la única que no tiene contrapartida orquestal-), otras se aprovechan eficazmente del tratamiento sinfónico ("Masque of Togaebi", "Escapades of Pan" o las tres partes de "The skyline firedance suite"), mientras que la mayoría son disfrutables por igual de ambas formas, destacando especialmente dos composiciones: "Dancing on the (Berlin) wall" es una pieza magistral, profunda y rítmica que, al estar dedicada a la demolición del conocido como 'muro de la vergüenza', encierra de manera especial el sentido de apertura a una nueva espiritualidad al que apela el trabajo, mientras que "Nights in white satin" es una estupenda versión del recordado clásico de 1967 de The Moody blues, un recordado éxito que ya tenía originalmente un interesante tratamiento orquestal en fusión con el rock de la banda británica. "Skyline firedance", en el que podíamos ver en portada por primera vez la imagen de David Lanz, fue producido por Paul Speer y la parte orquestal grabada en Münich por la IFS Philharmonic Orchestra con Lanz al piano y sintetizadores y los complementos de guitarra, bajo, vientos y percusiones.

Es admirable la profundidad del piano de Lanz, su capacidad para transmitir y conectar con el oyente. La comparación con las piezas orquestales le otorga además en este trabajo una nueva característica, la de aparentar una mayor gama de sonidos en cada uno de sus solos ("el piano incorpora casi todo el rango dinámico de una orquesta"). Aparte de su inmaculado estilo, de una inspiración por momentos gloriosa y del indudable acierto al enrolarse en Narada o al juntar fuerzas con Paul Speer, es el carácter risueño y triunfador, el ansia de investigación y el compromiso con su público los que hicieron de este ágil pianista un superventas de la música instrumental, ya sea por sus solos de piano, sus composiciones más avanzadas y electrónicas, o como en este caso, la combinación con toda una orquesta sinfónica.





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10.4.10

JEAN MICHEL JARRE:
"Chronologie"

Entre las diversas acepciones de la palabra 'tiempo' en el diccionario podemos encontrar la siguiente como primera opción: "Duración de las cosas sujetas a cambio o de los seres que tienen una existencia finita". Es sin duda la más intrigante, la que nos hace plantear numerosas preguntas y extrañas posibilidades, algunas tan atrayentes como los viajes en el tiempo o cómo detenerlo. Stephen Hawking es sin duda uno de los seres humanos que más ha podido aportar a las dudas que podemos tener sobre la naturaleza del tiempo y el espacio, y fue una obra suya, "Historia del tiempo", la que inspiró al sintesista francés Jean Michel Jarre para componer una obra sencilla pero avanzada y atrayente, cuyo germen fue curiosamente el encargo de un jingle para una nueva serie de relojes de la marca Swatch (en concreto Swatch musicall), como también hicieron Peter Gabriel, Philip Glass o Paulo Mendonça. Tras la presentación en directo en septiembre de 1992, el siguiente paso fue "Chronologie", el disco en el que aparece esa pequeña melodía y que Disques Dreyfus publicó en 1993 con la distribución de Polydor.

"Chronologie" es aceptado popularmente como un pequeño retorno a las ideas que hicieron triunfar a Jarre desde mediados de los 70, no sólo por la calidad de su contenido sino por la existencia de una temática abstracta, la numeración de los títulos simplemente del 1 al 8, o la propia portada, realizada por Michel Granger, autor de las de los míticos "Oxygène", "Equinoxe" y "Rendez-Vous". Ya en la 'Parte 1' queda patente que Jarre es heredero de su propio estilo, majestuoso e inquietante, de hecho esta pieza bien podría haber formado parte de alguno de sus primeros trabajos sin apenas desentonar. La 'Parte 2', una de las mejores del álbum y que parece más bien deudora de otra etapa más cercana, la de "Rendez-Vous", desarrolla una poderosa melodía en un contínuo y sorprendente clímax pleno de efectos (entre los cuales destaca un ritmo rescatado de una época aún más lejana que "Oxygène", concretamente del single "Eros machine" de 1970), mientras que la 'Parte 3' presenta aires lentos y más clásicos con la sorprendente y destacada colaboración de la guitarra de Patrick Rondat. Es sin embargo a partir de aquí donde entran en escena nuevas tendencias -de las que realmente Jarre siempre ha sido en cierto modo un adelantado-, ya atisbadas en la 'Parte 2', que no pervierten el sonido original y le otorgan un marcado dinamismo de corte muy actual, cuyo especial estímulo se encuentra en el fenómeno de las 'raves', populosas fiestas de música electrónica de calidad que se desarrollaban de forma ilegal en lugares abandonados o al aire libre fuera de las ciudades. Sin ir más lejos, en la 'Parte 4' nos encontramos con el tema estrella del álbum, un pegadizo single como sólo Jarre sabe componer, en la línea de sus grandes éxitos como "Oxygène 4", "Magnetic fields 2" o "Rendez-Vous 4", un indiscutible éxito que contó con la ayuda de Tele 5, al seleccionarlo como sintonía del Giro de Italia de ciclismo en el mejor momento de Miguel Induráin. La tonadilla que Jarre compuso para Swatch estaba presente en ese corte y en el siguiente, una 'Parte 5' de marcado contraste entre la ambientalidad y el tecno. Otra nueva cumbre del álbum llega con la 'Parte 6', frenético tema de magnético ritmo secuenciado con esencia de los 70 y acabado de los 90, que se merecía quizás una mayor duración. El listón acaba descendiendo con una 'Parte 7' que recuerda a la ambientalidad del enorme (de duración y calidad) "Waiting for Cousteau", sólo que en poco más de dos minutos y cambiando la figura de Cousteau por la de Hawking, y un extraño final, la 'Parte 8' que engloba órganos eclesiásticos, efectos hip-hop y una cuenta atrás hacia un latido con el que había comenzado el disco, otorgándole posiblemente, en su temática temporal, un sentido de comienzo y final de la propia vida.

"Chronologie" no es un disco tan redondo como los tres primeros de Jarre pero presenta momentos geniales que bien podrían haber encajado en aquellos. De hecho, es común una lejana comparación con el idolatrado "Equinoxe". Sin el componente de músicas del mundo que humanizaba los trabajos ("Revolutions", "Waiting for Cousteau") pero alejaba a Jarre de su auténtico y triunfante estilo, "Chronologie" gozó de un reconocimiento acorde a su calidad y de paso redirigió el enfoque de los conciertos del sintesista galo (que siempre han sido realmente enormes 'raves') hacia espectáculos igual de efectistas pero recogidos en recintos adecuados previo pago de la correspondiente entrada, algo inusual en un Jarre acostumbrado a los macroespectáculos gratuitos financiados por las ciudades organizadoras. La gira 'Europe in concert' trajo a España por primera vez al músico de Lyon el 29 de septiembre de 1993 (Santiago de Compostela), 2 de octubre (Sevilla) y 6 de octubre (Barcelona), con la nota triste de la cancelación, por las lluvias torrenciales, del concierto de Madrid, que dejó a numerosa gente con las ganas de admirar el enorme montaje que, con breves momentos intercalados de sus otros discos, tenía como gran parte del repertorio a "Chronologie", un álbum ágil, compacto, que no pasa de moda, y que devolvió a Jean Michel Jarre a un lugar importante en la música instrumental.

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