26.6.09

CHRIS SPHEERIS &
PAUL VOUDOURIS:
"Europa"

Pocas veces un disco alcanza tales cotas de emoción y reúne composiciones de tal calidad como lo logró el conocido y justamente valorado "Enchantment". Después del gran éxito conseguido, muchos ojos estaban puestos en el siguiente paso a dar por este dúo de orígenes griegos formado por Chris Spheeris y Paul Voudouris. Mientras tanto, y tras la extraña desaparición de Music West Records, los dos artistas habían logrado rápidamente los derechos de "Enchantment" y con ellos aumentaron considerablemente su nivel de vida y su currículum. Mientras Chris Spheeris demostraba una extraordinaria facilidad para la composición de melodías instrumentales a la guitarra en su carrera en solitario, Voudouris se recogió en un pop atrevido que pasó bastante desapercibido. Tuvieron que pasar cuatro años para que ambos volvieran a reunirse en la desértica Sedona (Arizona) y crearan un trabajo más personal, algo diferente a su disco anterior pero de nuevo de gran calidad. Su título, "Europa".

Amigos desde la infancia en Atenas, estos dos músicos de demostrada calidad recordaron su continente en este cuidado álbum, de impecable producción e innegable inspiración en sus nueve temas de parecida factura compuestos a dúo. En él continuaron desarrollando la misma fórmula de su anterior éxito, una música plácida de melodías sencillas, agradables y fácilmente tarareables, si bien esta vez de forma posiblemente más sincera, centrados casi en exclusiva en sus instrumentos primordiales, la guitarra de Spheeris y los teclados de Voudouris. En efecto, en las primeras escuchas de "Europa" se pueden echar en falta los instrumentos de viento, clarinetes, flautas, saxos y oboes que embellecieron composiciones como "Enchantment", "Across frontiers" o "Pura vida", pudiéndose escuchar aquí solamente un tímido saxofón. Otros instrumentos adicionales que no interpretan los dos protagonistas del álbum son el bajo y numerosas percusiones. Otra circunstancia destacable es el dominio de las guitarras sobre los teclados (de hecho, la estupenda portada del disco ya deja claro quién es la protagonista de la historia), presentando canciones por lo general tranquilas. Las más movidas, conjunciones además de una estupenda instrumentación, aparecen al comienzo del álbum: "Orlando" y "Seveness", inmersas en estupendas atmósferas que recrean pequeños y blancos pueblos bañados por el mar Mediterráneo -pero destacando por supuesto la gran melodía de guitarra-, o más adelante "Bellaire". Más ambientales, de guitarra adormecida, son "Laguna" o "Taiku", mientras que en "Aqualuna" o "Lanotte" escuchamos esas cuerdas sosegadas, en un estilo dulce, romántico. A los teclados, "Pavane" da una impresión más fría, mientras que "Maya" es un tema puramente ambiental bastante interesante, el único sin guitarras, en un conjunto que da que pensar cómo hubiera acabado con la presencia de los vientos. Sin ellos, nos encontramos ante un disco precioso (no hay más que escuchar "Orlando", "Seveness", "Laguna" o casi cualquier composición del mismo para disfrutar) pero sin duda un peldaño por debajo de lo esperado en esta colaboración.

La obsesión por la perfección y los diferentes puntos de vista en cuanto a detalles como la producción de algunas de las canciones, llevaron a que se creara una cierta tensión a la conclusión de este álbum. Así fue como Spheeris se encargó de la post-producción y Voudouris se perdió en un largo viaje por la lejana Asia, tras el cual recalaría en Mexico, donde fundó Hit Records. Puede parecer evidente que, si bien la amistad es fuerte, el trabajo conjunto se haya visto tan afectado que posiblemente "Europa" sea la última colaboración entre estos dos músicos. El tiempo, con su paso lento pero seguro, da la razón a este hecho y nos proviene al menos de las obras en solitario de estos artistas que nos dejaron momentos de bello recuerdo.


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22.6.09

WIND MACHINE:
"Rain maiden"

En su búsqueda de una nueva y más completa forma de expresión musical, o queriendo llegar a otro tipo de límites técnicos o puramente sonoros no alcanzados con anterioridad, algunos grupos o solistas se convierten en improvisados luthiers y nos ofrecen nuevos sonidos surgidos de instrumentos como el arpa electroacústica (Andreas Vollenweider), el violín eléctrico de cinco cuerdas (Ed-Alleyne Johnson), el lyricon (Chuck Greenberg, el malogrado líder de Shadowfax) o la Shakti harp y la Snake guitar (de un consumado inventor de instrumentos como es Bruce Becvar). El Guitjo es otro de estos extraños artefactos musicales, y aunque nació con ese nombre en el jazz de los años 20 como un híbrido de guitarra y banjo, la banda Wind Machine se apropió del término en los 80 para continuar con esa idea y designar así a una guitarra de 6, 7 u 8 cuerdas con las más graves modificadas hacia el estilo del banjo para conseguir un sonido particular cercano al de un arpa. Fue en concreto Joe Scott el que concebió este instrumento y el que en la actualidad sigue utilizándolo, incluso con alguna mejora (el Guitjo de doble mástil), en el grupo Acoustic Eidolon.
Wind Machine comenzó a principios de los 80 desde Colorado como un dúo de guitarras acústicas entre Steve Mesplé y Joe Scott, si bien la búsqueda de nuevas sonoridades les hicieron acompañarse de una amplia banda con teclados y percusión. Publicado en 1989 por Silver Wave Records (compañía estadounidense que entre otros tipos de música ha desarrollado una especial actividad entre los nativos norteamericanos como Carlos Nakai, Robert Mirabal o Joanne Shenandoah), "Rain maiden" es posiblemente su mejor disco, repleto de canciones de notable profundidad y estupenda factura, cuyas no muy altas pretensiones encuentran un fácil acomodo en cada escucha. Blake Eberhard al bajo, Tom Capek y Taylor Mesplé a los teclados, y Larry Thompson, Gary Sosias y Ethan Mesplé en las percusiones, son los miembros de acompañamiento de Steve Mesplé (guitarras acústicas de 6 y 12 cuerdas) y Joe Scott (guitarras acústicas y guitjos de 6 y 7 cuerdas), en 14 composiciones firmadas por Steve Mesplé (sólo la titulada "Rain maiden" la comparte con Joe Scott), que parece ser el cerebro del grupo en esa faceta. Las texturas de pura naturaleza acústica que nos envuelven llenan el aire de una sugerente mezcla de aromas a folk, jazz y country -concretamente bluegrass-. La animada "Mailbox suite" y una más calmada "The christmas soldier" son el antecedente de una de las gratas sorpresas del álbum, "Nuestros hermanos de El Salvador", estupenda composición dedicada a los miembros del grupo popular salvadoreño Yolocamba I Ta, conjunto prohibido durante muchos años en su país sobre los que los miembros de Wind Machine hablan de manera entrañable. "Daybreak", "Taylor made" o "Rain maiden" son otros agradables ejemplos del sonido de las cuerdas, hasta llegar a las otras dos grandes excusas (aunque pequeñas en duración) para escuchar el disco: la alegre "High noon" y "Sand Harbor", dedicada a uno de sus lugares favoritos para tocar, a orillas del lago Tahoe.
La bonita portada del álbum refleja uno de los intereses principales de la banda, la preservación de los espacios naturales (una de las canciones, "Land of the redwoods", está inspirada en el bosque californiano Redwood National). Mesplé, que dedica otras de las composiciones a varios miembros de su familia y amigos (sus hijos Taylor y Ethan tocan en el álbum), formó junto a Joe Scott un grupo de sonido genuinamente americano basado casi exclusivamente en las cuerdas, variada influencia y un cierto reconocimiento en los círculos norteamericanos de la música instrumental de guitarra, con elementos folclóricos, jazz y bluegrass. Si la música de guitarra es lo tuyo, prueba a escuchar este "Rain maiden" de 'La máquina del viento'.

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8.6.09

MAX RICHTER:
"The blue notebooks"

A principios de los noventa se adivinaba la más que probable progresión del original grupo Piano Circus en la escena de la música contemporánea, si bien era más difícil augurar que el nivel alcanzado por uno de sus miembros fundadores, el británico Max Richter, iba a ser de la magnitud expuesta en obras como "Memoryhouse" o "The blue notebooks". Con la base de pianos acústicos y eléctricos, los seis miembros (cambiantes, en la actualidad no queda ninguno de los originales) de Piano Circus desarrollaban principalmente obras de minimalistas americanos y británicos como Steve Reich, Graham Fitkin, Michael Nyman, Robert Moran o Terry Riley para el sello Decca. Antes de abandonar el grupo, y como avanzadilla de su futura actividad, Max Richter compuso algunos temas para el conjunto. Posteriormente colaboró brevemente con una banda electrónica como The future sound of London, lo que expone además una interesante apertura de miras en este compositor nacido en 1966, que explora en la frontera que separa musicalmente el pasado y el presente del clasicismo y se coloca en puestos importantes de una nueva horda de minimalistas, jóvenes, voraces, y sin miedo a fusionar estilos y conceptos, no sólo musicales sino además artísticos, literarios y cinematográficos.

"Memoryhouse", proyecto para la BBC del año 2002 que derrochaba una moderna elegancia en su concepto minimalista de la música contemporánea, caló muy hondo en la crítica especializada, creando una gran esperanza en los futuros proyectos de Richter. La consagración llegó en 2004 con "The blue notebooks" (publicado por 130701, filial de FatCat Records), donde Max volvió a encontrar la clave de la sensibilidad, consiguiendo una obra sentida, dotada de una sorprendente carga dramática, una eficaz tensión lograda conjuntamente por teclados y cuerdas, aunque eficazmente sostenida en estas últimas, dos violines, dos cellos y una viola. Nos recibe sin embargo el piano de Richter, tenues notas distanciadas que se apagan entre una voz y una máquina de escribir, hilos conductores de una trama que toma el nombre de la obra de Franz Kafka 'The blue octavo notebooks', así como pequeños textos de este mismo autor checo y del polaco Czeslaw Milosz. Ese primer tema, "The blue notebooks", con el recitado de la conocida actriz Tilda Swinton, es el preludio de una historia apasionante, cuyo auténtico primer episodio es el emocionante segundo tema, "On the nature of daylight", una delicia imbuída de una eficaz atmósfera de tensión al compás de las cuerdas, mientras que el piano deja hacer sin interrumpir su magnetismo. A cambio, acapara todo el protagonismo en pequeños solos como "Horizon variations" o "Vladimir's blues". El disco presenta grandes descubrimientos, como la mencionada "On the nature of daylight" o como "Shadow journal", que mantiene un extraordinario suspense en su fantasmagórica cadencia. Siempre a modo de lamento, en algunos de los capítulos de este diario, el nebuloso piano se complementa con dolientes violines en emocionantes composiciones como "The trees". Es inevitable hablar de posibles influencias, ciertas similitudes estilísticas con músicos como Philip Glass ("Shadow journal", "Iconography"), la vena folclórica de Yann Tiersen o el piano contemporáneo de Ludovico Einaudi, si bien hay que destacar el descubrimiento no sólo de un extraordinario compositor e intérprete sino de un artista fresco, innovador, que sabe lo quiere hacer y se autoproduce de manera extraordinaria ("Arboretum", "Organum").

En la mente de Max Richter se concentraron influencias clásicas y populares por igual, desde Bach a Kraftwerk pasando por Stravinsky o Cage, y por supuesto los minimalistas. Con ese inquieto cóctel en la cabeza, y bien recibido por la crítica, Max Richter ha sabido abandonar la inocencia de Piano Circus y asumir un papel de avanzadilla de jóvenes autores del siglo XXI con trabajos de apariencia cinematográfica como este "The blue notebooks" (de hecho, el corte "On the nature of daylight" se pudo escuchar en alguna serie de la BBC ('Dive') y de la HBO ('Luck'), y una remezcla del mismo tema fue utilizada en el film de Martin Scorsese "Shutter Island"), el posterior "24 postcards in full colour" o la banda sonora del aclamado film de animación documental "Vals con Bashir". No se puede dejar de alabar el diseño grafico de sus trabajos, una marca de la casa donde la fotografía en blanco y negro nos sumerge en los tiempos de Franz Kafka y en las amarillentas páginas de viejos diarios.

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1.6.09

MIKE OLDFIELD:
"Incantations"

Si preguntaramos a los seguidores de Mike Oldfield por sus obras favoritas entre la copiosa producción de su ídolo, sería de esperar que ninguno de ellos incluyera "Incantations" entre sus tres primeras elecciones. Sin embargo, es más que probable que este trabajo estuviera entre los diez primeros en todas las encuestas. Así es este disco publicado por Virgin Records en 1978, indeciso (Oldfield tardó tres años en crear este nuevo trabajo tras la publicación del excelente "Ommadawn" en 1975), situado cronológicamente en el punto exacto en que tanto el propio Mike Oldfield como su música cambiaron definitivamente, por lo que algunos lo unen a sus primeras e irrepetibles obras maestras ("Tubular bells", "Hergest Ridge" y "Ommadawn") y otros lo bajan del pedestal de esa gloria setentera, esa época en la que Oldfield aparte de sus trabajos de larga duración, ofrecía maravillosas tonadas folclóricas en sus singles: no había estado del todo quieto el de Reading, ya que aparte de unas cuantas colaboraciones y las remezclas que Virgin publicó en la caja titulada "Boxed", entre "Ommadawn" e "Incantations" desfilaron por las tiendas y las radios deliciosos títulos tan recordados como "Portsmouth", "Argiers" (ambos tradicionales, grabados junto al flautista Leslie Penning), "The William Tell overture" (de Rossini), "First excursion" (firmada junto a David Bedford), y los más cercanos a "Incantations", "Cuckoo song" (de Michael Praetorius) y un "Pipe tune" que ya deja entrever el sonido del nuevo álbum. 

Como las obras de M.C.Escher que acompañaron algunas de sus giras o inspiraron las portadas de trabajos de la época como "Boxed" o "Airborne", la música de Mike Oldfield en los 70 era influyente y paradójica, incluso con atrevimientos ocasionales, como la presencia en este disco de una melodía que se puede escuchar en un sentido (en la parte uno) o en otro (al comienzo de la dos). Desde luego, no podía negarse el ansia de investigación de Oldfield y su variedad de registros e influencias: una obra de esencias clásicas en un ambiente ruidoso y urbano, otra bucólica y campestre, una tercera folclórica en un estilo celta, y ahora un cuarto álbum más ambiental con esencias medievales y minimalistas. Pero "Incantations" tiene más historia que la de un simple disco, ya que su conclusión obedece a las circunstancias que acompañaron a la gravísima situación personal de Mike Oldfield, a cuyos problemas de personalidad se unieron los que acarrea la popularidad, hasta que llegó un momento de giro radical gracias a una terapia psicológica creada por Robert Fuller, de nombre Exégesis, que ha sido considerada incluso como una secta, pero que consiguió el nacimiento de un nuevo Mike Oldfield, un personaje que de repente hablaba, reía, concedía entrevistas y llegó a casarse con la hermana de su gurú, Diana Fuller, de la que se divorció apenas un mes más tarde. Este curso provocó que se diera la vuelta a la tortilla de la racanería mediática de Oldfield, pero también tuvo destacados efectos secundarios. El más importante, la pérdida de la inspiración, esa chispa de genialidad que indudablemente provenía del carácter depresivo y maníaco del de Reading. El primer escollo supuso la vuelta al estudio para acabar "Incantations", una obra que a duras penas consiguió terminar a tiempo para su publicación. "Incantations" presenta en su larga duración una serie de ambientes que de idílicos se tornan fácilmente en confusos -aunque nunca opresivos-, entornos mágicos en los que destacan especialmente guitarreos monumentales y grandes acompañamientos de flautas, voces y una sonora trompeta. Pasajes repetitivos -que muchas veces suenan al Philip Glass más popular- y atmósferas épicas recrean un mundo de 'encantamientos', un disco doble (aunque CD simple) con cuatro largos sortilegios entre los que se incluyen las musicaciones de dos poemas, 'The song of Hiawatha' del poeta estadounidense Henry Wadsworth Longfellow y "Hymn to Diana" del inglés Ben Jonson, con los que quizás quería expresar Oldfield la seriedad de su música, con ínfulas de nuevo clásico. Ambos son bellos en su concepción coral (en la que tuvo mucho que ver, y se nota, su amigo David Bedford), si bien 'Hiawatha' consigue su objetivo y despliega una increible hermosura (no puede ser menos con las voces de Maddy Pryor y Sally Oldfield), mientras que 'Hymn to Diana', como otros extractos del disco sin duda posteriores a la exégesis, presenta momentos un poco turbios (en concreto en una descafeinada parte dos), como si Oldfield de repente no tuviera las cosas tan claras y dudara del camino a seguir. Efectivamente, a partir de aquí va a producirse un gran cambio y numerosos saltos en la perspectiva de la obra de Oldfield estilísticamente hablando. Sin embargo no se puede hablar mal de "Incantations", de hecho, más allá de situaciones extrañas y conductas anómalas, el gran problema de este trabajo para no ser recordado de mayor manera es la importancia y calidad de los tres discos anteriores. Pasajes como los comienzos de las partes primera (bonitas flautas a cargo de Sebastian Bell y Terry Oldfield) y tercera (rítmica entradilla que engalana el mejor de los cortes del disco), una especie de amanecer musical en la parte dos (del minuto tres y medio al seis), o la conocida sección de vibráfono (a cargo de un gran Pierre Moerlen), bajo y guitarra que antecede el extracto de "Hiawatha" en la parte cuatro, revelan la capacidad de este joven inadaptado, aunque son otros dos los momentos más impactantes de la obra: uno se sitúa en la parte 3 de la misma, un hipnótico clímax de guitarras desbocadas -del minuto dos al ocho y medio-, culminado por una festiva y original fanfarria; el segundo llega en la parte 4, del minuto ocho al doce, y presenta uno de los mejores solos de guitarra de la carrera del británico, de una fuerza magistral, que fue elegido como extracto del disco en la cara B del posterior single discotequero "Guilty".

Este obsesivo trabajo, cuya portada fue inmortalizada en las Islas Baleares (la reedición de 2011 la cambió por una fotografía más de diseño sin la presencia de Oldfield), no tuvo mayor repercusión a pesar de esa nueva cara de Mike Oldfield, pero para muchos lo peor, la consecuencia, fue que después de este seminario de renovación espiritual se ganó una persona pero se perdió un músico. Un músico genial, se entiende. En su ansia de reconocimiento, el siguiente paso a dar iba a ser una gira mundial y un primer asalto al mercado americano, a la sazón infructuoso, que le llevó a grabar en Nueva York y a entrar en contacto con la música disco y con la obra de un compositor en ciernes como Philip Glass (del que parecía haber escuchado algunas de sus obras, por su etérea presencia en "Incantations") y de otro idolatrado como George Gershwin. Mientras tanto, "Gulty" -un tema de ritmo disco y funky bastante movido y muy acertado, que fue publicado en single junto a un extracto de "Incantations" en la cara B- fue un paso adelante para cambiar musicalmente y volver a ganarse a un público cuyos gustos musicales estaban cambiando radicalmente.

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