21.4.09

JEAN MICHEL JARRE:
"Rendez-Vous"

Tras su impresionante entrada en el mundillo musical en los setenta, el teclista Jean Michel Jarre daba muestras de una intensa inquietud durante la primera mitad de la década siguiente, con puntos culminantes como el interesante "Magnetic fields" en 1981, la sorprendente gira por China ese mismo año, la subasta de la única copia de un disco mítico titulado "Music for supermarkets" en 1983 y la publicación de un estupendo experimento con voces del mundo sampleadas en 1984 bajo el nombre de "Zoolook". Se cumplían ya diez años de "Oxygene" pero el francés no perdía comba en el negocio de la música electrónica, encontrándose de hecho en uno de sus momentos de mayor popularidad. Tanto fue así que la NASA le encargó un enorme show para celebrar sus 25 años de historia, así como el 150 aniversario de la ciudad de Houston, sede de dicha agencia. En enero de 1986, la tragedia del transbordador espacial Challenger supuso una gran rémora para dicho concierto, en el que Jean Michel Jarre pretendía presentar su nuevo trabajo; la desdicha fue incluso mayor para él, teniendo en cuenta que uno de los astronautas que viajaban en el transbordador, Ronald McNair, iba a participar en el evento desde el espacio, interpretando una pieza con su saxofón. Aunque al final el proyecto siguió adelante, el nuevo trabajo de Jean Michel Jarre iba a contar con una bonita dedicatoria hacia ese astronauta de color.

Jarre propuso en este disco un contexto más espacial, que va a conllevar momentos de celebración, de alegría, pero también de tristeza y sentido homenaje. "Rendez-vous" ('cita' en francés) fue publicado por Disques Dreyfus en 1986, una vez más con un espléndido diseño de portada de Michel Granger. De nuevo la idea del álbum (y con la excepción de su anterior trabajo, "Zoolook") es la de presentar una temática que evoluciona a lo largo del mismo sin presentar bruscos cortes en su desarrollo y bajo títulos simplemente numerados (aunque en este caso ordinalmente) que comienzan con "First Rendez-vous". Este inicio es, como suele ser habitual en la primera época de la obra de Jarre, evocativo, incluso sobrecogedor, en forma de pequeño crescendo atmosférico que nos conduce al gran leitmotiv del disco, otra de esas soberbias demostraciones tecnológicas de Jarre, melodía pegadiza usada en radios y publicidad de la época que, con el título de "Second rendez-vous", nos atrapa en una corriente que aparece y desaparece a lo largo de cuatro partes con breves interludios en los que se desarrollan otras pequeñas melodías, retomando siempre la principal (una de esas 'melodías secundarias' será interpretada en directo con la famosa arpa láser, haces de luz que suenan cuando Jarre pasa la mano por ellos, en un efecto visual futurista y enormemente atractivo). La 'tercera cita' es más intimista, pero enseguida vuelve el Jarre de melodía pegadiza en unas de sus composiciones más famosas, "Fourth rendez-vous", que admiró medio mundo gracias a un espectacular teclado semicircular que fue utilizado por primera vez en el concierto de Houston, en el que se iluminaban las teclas al ser pulsadas. El francés parece retomar por momentos sus típicas ambientaciones circenses en una juguetona 'quinta cita' que se divide en tres partes, más seria y disfrutable la primera, algo deslabazada y fuera de lugar la segunda, y extraña y aparentemente desfasada la tercera, una sucesión de secuencias en un ritmo frenético sin un sentido claro aunque verdaderamente sugestivo. Aunque la 'cara B' del disco no mantenga el nivel de atracción y posiblemente de calidad de su primera parte (a pesar de esa gran 'cuarta cita'), vale la pena mantener la escucha para detenerse en la 'cita final', un emotivo "Last rendez-vous" -subtitulado "Ron's piece"- dominado por ese triste saxofón que en Houston iba a interpretar Ron McNair y que al final tuvo que ser reemplazado por Kurk Whalum, que actuó desde lo alto de un rascacielos. Así como muchos años antes Jarre había contribuído enormemente a acercar la electrónica a la música de consumo general, logrando de hecho un increíble éxito, ese acercamiento era incluso mucho mayor al compartir con toda una ciudad la experiencia de sus macroespectáculos, enormes performances de sonido, luz e imagen que hicieron de ciudades como Paris en 1979 o Houston y Lyon este año 1986 mundos de ensoñación y fantasía durante varias horas.

Este trabajo no estuvo exento de una cierta polémica, al contener bastantes composiciones pre-existentes, tanto en esa 'única copia' de "Music for supermarkets" (una parte de "Fifth Rendez-vous") como discos de otro artista para el que Jarre compuso en los setenta, Gerard Lenorman ("Second Rendez-vous", "Third Rendez-vous"), si bien se presentaba una extraña dicotomía por la calidad de algunas de esas canciones, merecedoras sin duda de este rescate. "Rendez-vous" no es el mejor disco de Jean Michel Jarre, posiblemente no sea tan rompedor como "Oxygene", tan completo como "Equinoxe" o tan original -incluso descarado- como "Zoolook", pero los fans del de Lyon se encontraban aquí con otra eficaz muestra de las posibilidades del estudio de grabación, emocionante por los sucesos acontecidos, y más humanizada (tanto por ese toque emotivo que incluye el latido de corazón de Ron McNair como por la presencia de coros infantiles o un instrumento extraño en la música electrónica como el saxofón) que sus predecesoras.

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10.4.09

PHILIP GLASS:
"The photographer"

Gracias a determinadas obras musicales podemos conocer anécdotas, curiosidades o hechos destacados de la historia. En concreto, la obra de Philip Glass "The photographer" se centra en un personaje poco conocido como Eadweard Muybridge, y concretamente en un hecho luctuoso de su existencia. Muybridge fue un fotográfo inglés que desarrolló una inventiva carrera en los Estados Unidos hasta el punto de considerarse precursor del cinematógrafo, por sus experimentos con el movimiento de los seres vivos, que llegó a reproducir en sus famosas series de fotografías. La portada de este trabajo de Philip Glass presenta una de estas series, perteneciente al proyecto "El caballo en movimiento": el experimento derivó de un enfrentamiento entre importantes magnatarios californianos, unos de los cuales defendían que en su galope, el caballo siempre apoyaba alguno de sus cascos en el suelo; Muybridge demostró con sus fotografías al caballo Occident que los que opinaban lo contrario estaban bien encaminados. La trama de esta obra viene completada sin embargo por otra circunstancia más pasional de la vida de Eadweard Muybridge, concretamente la infidelidad de su esposa, Flora, con el Coronel Larkyns. Tras encontrar ciertas cartas dirigidas por éste a su amante, Muybridge se presentó ante Larkyns donde estaba destinado y se dirigió a él con las palabras: "Buenas noches, Major, mi nombre es Muybridge y aquí está la respuesta a la carta que usted envió a mi esposa"; seguidamente mató a Larkyns de un disparo. La obra aquí reseñada de Philip Glass se inspira por igual en las técnicas fotográficas de Eadweard Muybridge como en este suceso y el consecuente juicio celebrado en San Francisco, del que acabó siendo absuelto.
He creído necesaria esta interesante introducción, al tratarse "The photographer" de una obra no sólo musical sino además de teatro y danza, concebida por Philip Glass y Rob Malasch, que fue representada por primera vez en el Royale Palace de Amsterdam en mayo de 1982, editándose en 1983 por parte de la compañía CBS. Consta de tres actos perfectamente diferenciados: el "Acto I" es una representación teatral sobre el adulterio y posterior asesinato y juicio, consistente según el propio Glass en tres piezas de música incidental, que en el disco vienen representadas unicamente por la interesantísima composición vocal "A gentleman's honor", una bella canción donde cuerdas y vientos se unen en un ritmo contínuo que otorga breves interludios para lucimiento de un sereno piano, y cuya letra representa parte de la transcripción del propio juicio; el tercer corte del disco no es sino una versión instrumental de "A gentleman's honor". El "Acto II" se trata de una larga demostración de las cualidades de la música repetitiva del mejor Philip Glass, de características marcadamente hipnóticas, con el papel protagonista del violín del afamado violinista clásico americano Paul Zukofsky; impresiona la cadencia del mismo, así como los acompañamientos, en especial de trompetas, trombones y el coro. Esa música reiterativa casa perfectamente con los motivos fotográficos que también en su repetición recrean en nuestro cerebro un falso movimiento -de personas o del caballo Occident-, y este segundo acto constaba no sólo de la música sino de la proyección de secuencias y diapositivas de la obra de Muybridge. El "Acto III" presenta casi veinte minutos de música abstracta de similares intenciones al resto del trabajo, que acompañaba en la representación a una danza final que recuperaba a los personajes del primer acto; así concluye una obra apasionante, no sólo por la música ejecutada durante su puesta en escena y felizmente grabada en este disco -no hay que olvidarse de la conducción del siempre eficaz Michael Riesman-, sino además por permitirnos conocer una parte fundamental de la historia de la fotografía y el cinematógrafo, así como morbosos pero también importantes hechos adyacentes.
El video-clip de "A gentleman's honor" (en su versión instrumental) representa una versión actualizada en el tiempo de este drama, profundizando en el hecho de la infidelidad, el asesinato y el juicio, si bien presenta también algunas de las más famosas animaciones de Muybridge, un fotógrafo adelantado a su tiempo. En este trabajo dedicado a su interesante y practicamente desconocida figura, el neoyorquino Philip Glass se reivindica como arquitecto de otra realidad sonora, distinta, extraña, pero ante todo propia, de características miméticas, una tela de pegajosa urdimbre que o se odia profundamente o se ama sin remedio.





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2.4.09

THE ALAN PARSONS PROJECT:
"Tales of mystery and imagination"

Provenientes de la ingeniería del sonido y la composición, y escudados en la inestabilidad tecnológica de la época, ese mismo año que Jean Michel Jarre deslumbró al mundo con "Oxygene", el imaginativo dúo británico formado por Alan Parsons y Eric Woolfson se sacó de la manga un grupo con el que llevar a la práctica sus ideas musicales manejando a importantes músicos de sesión. Buscaron un nombre legendario, The Alan Parsons Project, y sentaron las bases de un sonido propio, maravillosamente producido, basado en el pop-rock con importantes elementos sinfónicos, detalles electrónicos, tendencia al género musical y una acertadísima presencia exclusivamente instrumental. Durante muchos años, en especial en la década de los 80, desfilarán por las listas de éxitos estos discos conceptuales cuya calidad se va a ir diluyendo con el paso de los años, pero cuyas primeras entregas aún se mantienen como referentes del sinfonismo electrónico. Una de sus mayores cotas creativas fue su primer álbum, basado en la vida y obra del escritor y poeta romántico Edgar Allan Poe, para la cual un enorme logro supuso la inclusión de la voz de Orson Welles como narrador. Sin embargo esta colaboración, que se produjo sin que Welles y Parsons o Woolfson llegaran a verse las caras, llegó demasiado tarde para la primera edición del disco, que tuvo que lanzarse a la venta sin narrador en 1976 por parte de Charisma Records; fue en 1987 cuando la edición en CD (Mercury Records) mostró el proyecto original, la versión completa de "Tales of mystery and imagination" -que es la que aquí se comenta-, gozando ya en 2007 de una merecida versión extendida en doble CD (Deluxe Edition) con importante material extra.
Una espesa bruma envuelve el comienzo del álbum, el pseudo-instrumental "A dream within a dream", donde la severa dicción de Welles consigue acrecentar el efecto aterrador de la temática del álbum, y le otorga un tétrico realismo, como ya sucediera con aquella gloriosa emisión radiofónica de "La guerra de los mundos". En esta efectiva y poética introducción al álbum, marcada por hipnóticos teclados y guitarras, destaca también una línea de bajo que se va a fundir -algo típico en posteriores discos del Project- con la siguiente canción, una sorprendente "The raven", en la que hace acto de presencia un instrumento ahora obsoleto pero siempre efectivo como fue el vocoder (de hecho fue uno de los primeros usos musicales del mismo junto a Kraftwerk o Walter Carlos). "The raven" es un tema contundente y gratamente recordado, en el que Alan Parsons ejecuta la voz principal, lo que no suele ser habitual, pues prefiere dejar ese rol a Eric Woolfson o vocalistas invitados, que en este disco son concretamente Arthur Brown (genial en otra de las canciones destacadas del trabajo, "The tell-tale heart"), John Miles (en la claramente musical "The cask of Amontillado" y en otra de las rompedoras, "(The system of) Doctor Tarr and Professor Fether") y Terry Sylvester (en la suave "To one in paradise", que cierra el disco). Mención aparte merece la labor del tercer miembro en la sombra del Project, Andrew Powell, que se encarga de las orquestaciones del álbum, en especial en el instrumental largo del mismo, "The fall of the house of Usher", intrigante en su preludio, intranquilo y misterioso en la continuación, dramáticamente animado en "Pavane", misterioso en definitiva, plasmando perfectamente la decadencia de ese ambiente gótico que tan maravillosamente describió el novelista de Boston al que se intenta rendir un tributo en el que The Alan Parsons Project sacaron buena nota. Además, la presentación del CD, con cambio de portada respecto a la primera edición, es realmente interesante, con información, dibujos, fotografías y las letras de las canciones.
Alan Parsons participó en el colosal álbum de Pink Floyd "The dark side of the moon" como ingeniero, y como ayudante en "Abbey road" de The Beatles a los 18 años, donde comprobó de primera mano que el grupo de Liverpool se estaba rompiendo. Fue precisamente en los estudios Abbey Road donde se grabó parte de este "Tales of mystery and imagination", cuyos recursos para intentar emular musicalmente la prosa y poesía de Poe fueron el lirismo de un sinfonismo con esencia retro, la seriedad de tan eficaz narrador como Orson Welles, detalles como el uso del misterioso vocoder o la teatralización de las voces (en especial en "The tell-tale heart"), y sobre todo el verdadero interés por la obra de un escritor inmortal como Edgar Allan Poe, al que en 2003 Eric Woolfson volvió a rendir tributo, ya en solitario, con el musical "Poe". Aconsejando fervorosamente la escucha de este disco, también recomiendo de manera inexcusable la lectura tanto de historias que Parsons y Woolfson musicaron, como "El corazón delator", "El cuervo" o "El hundimiento de la casa Usher", como de otras que quizás dejaron para otra ocasión como "Los crímenes de la calle Morgue", "La máscara de la Muerte Roja", "El pozo y el péndulo", "El escarabajo de oro" o "El gato negro".

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