31.1.09

LA BOTTINE SOURIANTE:
"En spectacle"

Es posible que, cuando algunos tuvimos la fortuna de descubrirles a finales de los 90 -'sólo' llevaban dos décadas en activo- lo que mas nos sorprendiera en el directo de La Bottine Souriante ('La bota sonriente') fuera el curioso zapateado de Michel Bordeleau. Era gratificante observar el movimiento percusivo que este guitarrista que actuaba sentado ejecutaba con los pies, logrando no solo una inusitada rapidez sino que el publico se encendiera de inmediato (se admiraba aún más al ver que se trataba de la única percusión que ofrecía la banda, y que 'pies mágicos' Bordeleau la desarrollaba a la vez que los sones de su instrumento, la mandolina). Sin embargo, y una vez asimilado lo extraño de la puesta en escena de este extravagante conjunto, que podriamos calificar mas 'rural' que tradicional, es el momento de comprender que lo que estábamos escuchando, aparte de calidad innegable, poseía una riqueza asombrosa en su conjuncion de ritmos celtas con voces francesas, amasado con otras tradiciones de la zona natal de la banda, el Quebec, la mayor provincia de Canadá, de habla mayoritariamente francesa.
Creado en 1976, este grupo comenzó tocando canciones tradicionales y piezas instrumentales del Québec, con un éxito inmediato en la zona, aunque ninguno de sus miembros pensaban que su dedicación iba a acabar siendo profesional. Enseguida llegaron unos sorprendentes arreglos celtas que junto a la herencia francesa lograron unir musicalmente dos continentes. No quedó ahí la evolución del grupo, ya que la llegada constante de nuevos miembros otorgó tintes de jazz, salsa, canción de taberna y swing, en un mestizaje donde van cobrando vida poco a poco los instrumentos de metal. La definición del estilo de La Bottine Souriante es tan incierta por esas numerosas influencias (tradicional, celta, canción francesa, jazz) que vale más la pena olvidarse del tema, sólo escucharlos y disfrutar. Sin embargo el mejor consejo que puedo aportar es que, si tenéis oportunidad, les escuchéis en el medio en el que más ganan, por su sonido festivo y su atractiva puesta en escena: el directo. Por eso, y porque el sello Resistencia preparó en 1996 una edición sublime con traducciones al castellano, es "En spectacle" el disco elegido para comentar aquí, pero repito, el complemento ideal es verles en directo y mezclarse con el colorido de su música y de su público. Así lo cuenta la banda en su web: "Este noveno álbum, grabado en vivo, subraya los 20 años de huella de La Bottine en la cultura quebequense. Este explosivo cóctel sonoro refleja la medida de La Bottine en directo. Este álbum reune numerosas piezas del repertorio del grupo: reels chispeantes, aires épicos y textos ocurrentes salidos de su patrimonio discografico y servidos en nuevos arreglos firmados por Jean Fréchette". Efectivamente, a los mandos del acordeonista, vocalista y 'maestro de ceremonias' Yves Lambert, se nos presentan reels como "Ouverture", "Suite de la sauvagesse" (un reel típico de bodas y aniversarios) o "À travers la vitre", aires como "Rêve musical" o textos como los de "Sur la route" (versión mejorada de "La tapinie", donde nos cuentan diversas anécdotas verídicas de sus viajes, como pérdidas, accidentes o borracheras), "La cuisinière" o la canción sobre solteronas "Ch'pas capable", que salpican, o posiblemente empapan, de alegría y picaresca. Una banda extensa en la que nombres destacados como Yves Lambert, Michel Bordeleau, Martin Racine, Denis Fréchette o Gilles Cantin, todos ellos actualmente fuera del grupo, son una muestra más de la continua evolución del mismo.
Si bien lo disfrutarán más plenamente los francófonos (por la traviesa profundidad de sus letras), la extraordinaria sonoridad de esta formación franco-canadiense hará las delicias de cualquier aficionado a la buena música. Dan ganas de enfundarse un atuendo quebequense, tomar un trombón y subir al escenario con una de las bandas más animadas y eclécticas de la música folclórica.

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22.1.09

RAY LYNCH:
"Nothing above my shoulders but the evening"

Si en algo, aparte de lo puramente musical, destacan los discos de Ray Lynch, es en lo original y extrañamente poético de sus títulos, provenientes de las obras del gurú Sri Da Avabhasa (conocido como Adi Da Samraj al final de sus días), y utilizados con permiso de la comunidad religiosa conocida como 'The free daist communion'. Esto expresa notablemente la profunda espiritualidad que rige la vida y la forma de componer de este músico, un artista fundamental en el auge de la new age, un estilo al que sin duda se puede aplicar perfectamente su etérea música. Después de "The sky of mind" ('El cielo de la mente'), "Deep breakfast" ('Desayuno profundo') y "No blue thing" ('Cosa no azul'), llegó en 1993 de la mano de Windham Hill "Nothing above my shoulders but the evening" ('Nada sobre mis hombros excepto la tarde'), donde volvíamos a encontrarnos con esas composiciones alegres y desenfadadas que delatan a un corazón abierto y vital, poseedoras por encima de todo de un sublime carácter, posiblemente único, y consecuentes con un misticismo que no desvirtúa la afabilidad del contenido.
 
Generalmente se considera a "Nothing above my shoulders but the evening" inferior a los dos trabajos anteriores de Ray Lynch, tal vez sea verdad y, cuanto menos, no encontremos en él melodías tan conocidas por su utilización en radios y televisiones como las que poblaban esos reconocidos álbumes. Aún así, estamos ante un disco estupendo, con un mayor componente neoclásico, pleno de romanticismo, para el cual el adjetivo a usar pasaría de 'mágico' a 'onírico'. Lynch destacaba la dificultad de grabación del álbum y la satisfacción de lo conseguido, que marcó para él un punto y aparte en su carrera, sin que los siguientes renglones hayan llegado aún a escribirse varias décadas después. Así, la guitarra clásica que aprendió a dominar de joven en Barcelona hace su aparición estelar en el primer corte del disco, "Over easy", posiblemente el más cercano a sus canciones más conocidas de discos anteriores por su esencia juguetona y de sintonía. Es sin embargo el componente espiritual el que domina este álbum y abruma en cortes como "Her knees deep in your mind" -donde destaca el oboe- o "Passion song" -donde hace su aparición el inmenso violín del virtuoso Daniel Kobialka-, envueltas en una maraña de clasicismo en combinación con místicos teclados, delatando la atemporalidad de la buena música. El siguiente corte es caso aparte, pues es imposible no maravillarse con "Ivory", una delicada y exuberante composición que hará las delicias de cualquiera que la escuche, una pequeña joya auténticamente imprescindible, que llega muy adentro y que delata las influencias clásicas que inspiran a Lynch a la hora de crear. Las tres canciones restantes prolongan sin duda esa sensación de bienestar que proporcionan los discos de Ray Lynch, y lo hacen en base a influencias españolas por lo delator de los títulos "The vanished gardens of Córdoba" o "Mesquite". En definitiva una obra madurada por los anteriores éxitos de Lynch, muy sólida en su estructura e interpretación, y en el que el impulso acústico le puede al de la tecnología (desnivelando la balanza con mayor énfasis que antaño). "Yo encuentro los sintetizadores muy útiles y eficaces para ciertos tipos de sonidos y en ocasiones he producido canciones puramente electrónicas ('Celestial Soda Pop', por ejemplo), pero en general, mis obras implican una combinación de elementos acústicos y sintetizados (...) En los últimos años he utilizado instrumentos cada vez más acústicos (normalmente ayudado por los miembros de la Orquesta de San Francisco). De hecho, en "Nothing above my shoulders but the evening" el elemento acústico se convirtió en dominante". Acostumbrados como estamos a que muchos músicos de esta índole se dejen llevar por la electrónica hasta esconder buenas ideas, usurpando parte de su genio, en el caso de Ray Lynch es él mismo y sus voluptuosos arreglos los que salen triunfando en el juego de aparatos y melodías, en un magistral 'saber hacer' en el estudio. No en vano, Ray se formó en el campo clásico y en instrumentos tan tradicionales como la guitarra o el piano.
 
Estudioso de la música antigua, Lynch tocaba el laud, y tras sus estudios de guitarra se incorporó como laudista en el neoyorquino Renaissance Quartet. El estilo con el que ha pasado a la historia de las nuevas músicas fue, sin embargo, más moderno y atrevido, aunque manteniendo sus conocimientos clásicos, que en "Nothing above my shoulders but the evening" destacan profundamente. La frase del título del álbum viene a expresar la humildad desde la que se expresa Lynch; para él la palabra 'éxito' no responde a acumulación de fama y riqueza sino a poder trabajar en lo que le gusta y ser respetado por ello, así como hacer feliz a la gente, por lo que se considera un privilegiado. Nosotros también lo somos por haber tenido la oportunidad de conocer su obra.

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:
RAY LYNCH: "Deep breakfast"

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16.1.09

PEKKA POHJOLA:
"Keesojen lehto"

Este trabajo del finlandés Pekka Pohjola es un extraño ejemplo de multidistribución con numerosos cambios de compañía, portada, año de edición o título. Nacido en 1952, Pojohla fue uno de esos músicos que han permanecido anónimos para el gran público a pesar de contar con una más que interesante trayectoria en su país tras estudiar en la famosa academia Sibelius de Helsinky. Más centrado en el rock que en el rico folclore finlandés, comenzó una carrera como bajista y teclista en importantes bandas de rock progresivo hasta desmarcarse en solitario hacia un sonido muy particular, cercano por igual al rock y al jazz, adornando sin miedo su obra con toques de psicodelia, retazos tradicionales nórdicos y por supuesto una cierta influencia clásica. Sus dos primeros discos, de títulos dificilmente pronunciables y editados por Love Records, marcaron el camino y propiciaron que Virgin Records se hiciera cargo de la producción y edición de su tercera obra, para la cual iba a contar con el espaldarazo que sin duda proporcionaba en la década de los 70 el nombre de Mike Oldfield.
 
Oldfield no sólo iba a actuar en este disco como guitarrista sino además como productor, puesto desde el que intentaría acercar la música de Pohjola a sus ideas. "Keesojen lehto" es el título del álbum, publicado en 1977, y distribuido con hasta cinco portadas distintas y títulos como "The mathematician's air display", "The consequences of indecisions", "Mike Oldfield, Sally Oldfield, Pekka Pohjola" o "Skuggornas tjuvstart", dependiendo del país. Incluso en una de esas ediciones aparece en portada únicamente el nombre de Mike Oldfield como autor del mismo, en una hábil pero poco noble maniobra mercadotécnica. Sin embargo, si se han escuchado los anteriores trabajos de Pohjola queda clara la autoría de estos nuevos temas y se escucha "Keesojen Lehto" como la culminación de sus ideas de un modo más elaborado y mejor producido. Las canciones están mejor compuestas, no hay tanto free-jazz y la percusión se mejora con otro artista de Virgin y amigo de Oldfield, Pierre Moerlen. Nos encontramos ante un disco impredecible, una explosión de fuerza y colorido de melodías atractivas e interpretaciones superiores, no sólo por parte de Pohjola o los hermanos Oldfield (aunque la participación de Sally es casi testimonial) sino por otros músicos importantes como Georg Wadenius (guitarra), Vesa Aaltonen (percusión) o Wlodek Gullkowski (teclados). "Oivallettu matkalyhty" ("The sighted light") proporciona un inicio muy rítmico que se descontrola maravillosamente al primer minuto al aparecer una soberbia melodía principal que continúa desarrollándose por diversos caminos, siempre conducidos por una vertiente psicodélica plena de energía. Un comienzo redondo. Constituye una pequeña sorpresa comprobar que las composiciones de Pohjola han crecido en emoción e influencias, lógicas al tratarse de un músico rodeado por clasicismo en sus estudios y ese rico floclore nórdico en su entorno familiar y social. "Kädett suoristavat veden" ("Hands calming the water") es una pieza humilde y emocionante, donde un cierto medievalismo y tradición finesa desembocan en momentos mágicos, incluyendo un característico e impagable guitarreo de Mike Oldfield que, sin embargo, consigue no acaparar egoistamente toda la atención de esta pieza de esencia contemporánea, uno de los grandes descubrimientos del álbum. De nuevo un desarrollo pegadizo en el tercer corte, "Matemaatikon lentonäytös" ("Mathematical air display"), de agradable raíz jazzística donde merced a la buena composición y producción se logra un espléndido momento de caos en el que, si bien sigue destacando la poderosa guitarra, se funde en un estupendo diálogo con un teclado cíclico, al compás del bajo y la percusión. Otro momento inolvidable con el que concluye la cara A del vinilo, posiblemente la mejor, si bien aún esperan en la B otras situaciones importantes. El piano de Pekka parece improvisar desde la melancolía para el tema más suave del disco, "Pääntaivuttelun seuraukset - Sulamaan jätetty kipu" ("The consequences of indecisions Part 1: Time heals all wounds"), donde guitarra y bajo parecen fundirse en un juego de amor, cuyo clímax final enlaza con una segunda parte, "Pääntaivuttelun seuraukset - Nykivä keskustelu tuntematto man kanssa" ("The consequences of indecisions Part 2: Comfort with a stranger"), de nuevo más psicodélica y experimental, sobre todo a su mitad, merced al bajo, los teclados y las percusiones, que entre delirios psicotrópicos presenta algún momento de gran inspiración, de nuevo en una onda cercana al electro jazz. Por último, "Varjojen varaslähtö" ("False star") es un alocado final en el que muchos quieren ver una continuación de "The sailor's hornpipe" (la melodía final de "Tubular bells") aunque parece más una evocación del folclore finlandés.

A ratos rabioso y experimental, otros calmado, pero ante todo rítmico, incluso divertido, así era Pekka Pohjola. Su efímero fichaje por Virgin Records (solamente este disco) posibilitó que los hermanos Oldfield participaran en el mismo, y su desvinculación con la compañía impidió a la vez que se repitiera la participación de éstos en futuros álbumes, aunque lo que no se pudo evitar fue la incorporación de Pohjola como bajista en la banda que Mike Oldfield estaba preparando para su primera gran gira de conciertos, publicada por Virgin Records bajo el título de "Exposed". A destiempo, ya que Pekka Pohjola falleció a finales de 2008, puede ser el momento de reivindicar sin duda la figura de este bajista y discos como este extraordinario "Keesojen lehto".

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7.1.09

GINKGO GARDEN:
"Secret call"

Prudence Records nació en 1988 en Alemania y enseguida se convirtió en uno de los sellos europeos de new age (nueva música instrumental es la denominación elegida por la compañía) que encontraron un rápido acomodo en el mercado, en base a una buena selección de artistas que ejecutaban una música fácil, directa y optimista. Posiblemente sea Cusco el grupo más relevante del sello, pero otra serie de artistas -en su mayoría alemanes- acabaron obteniendo su mercado, como Blonker, Aschera, Potsch Potschka, Achillea, Bernd Scholl y un buen número de nombres de interés. Otro de esos grupos relevantes de Prudence que conjuga belleza y calidad en sus discos es Ginkgo Garden, poético nombre que escogió el teclista alemán Eddy F. Müller para vender su propuesta musical, muy alegre, animosa y con espíritu ecológico. Su álbum más importante, que supuso un importante éxito de ventas y popularidad en 1996, se tituló "Secret call".
Eddie Müller no podía haber elegido mejor pseudónimo para expresar la diferenciación y propiedades que desea transmitir en su música: el Ginkgo o Ginkgo Biloba es un árbol originario de China único en el mundo, con presuntas propiedades curativas, y cuyas hojas presentan una especial simetría ("la hoja del ginkgo es un símbolo de armonía y unidad, cualidades que aparecen en este disco de muchas formas", dice Müller); no en vano el título de su primer disco era "Leaves of hope" ("Hojas de esperanza"). "Secret call" no sólo es el nombre de su segundo álbum sino además de la pieza que lo abre y sin duda la más conocida y que le condujo a su pequeño éxito; se trata de una estupenda melodía basada sobre todo en los vientos, percusión programada y un coro que tararea sin palabras concretas (combinación electrónica de voces pregrabadas y de su propia voz), con ritmo bailable y ciertas sonoridades orientales, en un conjunto abierto, vital y muy alentador. "Blossoms from India" es un pequeño y estimulante viaje al país del Ganges, de sereno efectismo y calmada ejecución. El viaje de Eddy F. Mueller por la aldea global continúa por un hermoso lago, "Aquamarine lake", tras cuyo recibimiento de ritmo vivo y agradable se esconde un tema relajante, de ambientalidad basada en exclusiva, esta vez sí, en los teclados. En este punto llegamos a "Ginkgo Biloba", de desarrollo épico que nos introduce en la recitación del poema de Goethe 'Ginkgo Biloba' por dos atrayentes voces, una blanca (Reiner Bärensprung, en alemán) y otra negra (Preston Terry, en inglés), simbolizando así la unidad de los opuestos reflejada en la hoja del ginkgo. Concluye de esta espectacular manera lo que parece ser la primera parte del álbum, de sublime calidad. Sólo un peldaño por debajo encontramos un segundo bloque de canciones de armonías atrayentes y también carácter viajero, como "One and twain", "Songs from the treetop", "Woodland ride" y la estupenda "Open windows", mística composición con melodía aflautada que abre una ventana hacia paisajes en cuya lejanía está la mayor atracción. Para finalizar este trabajo que presenta catorce temas, un tercer bloque del que hay que destacar el final, una nueva versión de "Ginkgo Biloba" (toma instrumental de la épica pieza de igual título), y "The leaf", que presenta otra reminiscencia oriental con la voz de Preston Terry.
Eddy F. Müller, cuya segunda profesión es orfebre y diseñador de joyas, grabó varios discos de música para publicidad bajo el nombre de Birdy. La de Ginkgo Garden, aunque se venda como música electrónica relajada con elementos acústicos, casi se puede acabar denominando como música global acústica con elementos electrónicos, dada su pureza e intenciones de unificación de culturas desde ese símbolo de dos polos que es la hoja del ginkgo, inspiradora también de la atractiva portada de "Secret call", obra de la artista japonesa Atsuko Kato, experta en la filosofía que representa el ginkgo. El diseño gráfico, como suele ser habitual en muchos de los discos de Prudence, es de otro artista del sello, Anton Zinkl. Comparado con Vangelis, Enigma o Kitaro, este disco supone un nuevo pequeño éxito de la new age alemana, y continuó con pasos firmes la carrera musical de su autor, cuyas intenciónes reales son, ni más ni menos, "conmover los corazones de la gente sin importar en qué medios haga la música".

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