PHILIP GLASS:"Glassworks"
"Glassworks" está inscrito en la obra de Philip Glass -junto a otro de sus grandes trabajos, "The photographer"- entre dos óperas, "Satyagraha" y "Akhnaten", y no muy lejos de la que le empujó en su huída de la indiferencia del mundo musical, "Einstein on the Beach". Publicado por CBS en 1982 y con los fieles Kurt Munkacsi y Michael Riesman en la producción y conducción de la orquesta respectivamente, contiene ritmos altamente adictivos en sus seis composiciones, que sumen al oyente en un profundo trance del que sólo despierta de vez en cuando por el desconcierto provocado por el cambio rítmico entre unas y otras. Seguramente en un intento de llegar a un gran público al que pudiera resultar incómoda la faceta más repetitiva e incluso estrámbotica del Glass más electrónico (no del creador de óperas o sinfonías, cuyo mercado es más limitado), su música se tranquiliza, se simplifica, pero en absoluto huye de su carácter cíclico que, aún en la actualidad y circunscrito en el desarrollo de películas de éxito, no pasa de moda en absoluto. El comienzo de piano, fácil y absorbente, nos introduce en un mundo privado, puramente neoyorquino, presa de esa mezcla de vitalidad y depresión que nos evoca la 'gran manzana'; "Opening" es como esa bienvenida a su mundo, el que en "Floe" se vuelve caótico, esta vez sí, en el clásico estilo 'glassiano' donde la combinación de teclados y vientos, entrelazados convenientemente, configuran una atmósfera agobiantemente hermosa -violas y cellos se mantienen en un tercer plano-. En "Island" la cadencia es más lenta y agradable al fondo, y los vientos dibujan sobre ella la melodía que a veces se torna principal, a veces secundaria, ya que ese mismo fondo puede nublar la razón en su reiterativo y atrayente compás. Ese doble juego se repite con mayor intensidad en la auténtica obra maestra del disco, "Facades", un prodigio de desarrollo hipnótico deudor, como gran parte de la obra de Glass, de cadencias orientales, y de una belleza embriagadora tanto en el fondo como en la entrada de un genial saxo soprano. "Rubric" se hermana a "Floe" (como "Facades" podría unirse a "Island") en su rapidez de notas que suben y bajan eternamente como una montaña rusa. Este gran exponente vivo del minimalismo americano cierra su trabajo más comercial con "Closing", que retoma la melodía de "Opening" pero no al piano en solitario -que también aparece en un plano destacado- sino con el acompañamiento orquestal del resto del disco, manteniendo el clímax hasta el final de esta pequeña fiesta para los sentidos.
Prolífico y original, poco importa que muchas de sus composiciones sean tan parecidas entre sí, ya que siguen enganchándonos sin miramientos. La maravillosa inquietud provocada por canciones como "Facades" es difícil de olvidar y constituye sin duda una de las muestras más claras de maestría del siglo XX. Por tanto, y sobre todo ahora que Sony Masterworks ha vuelto a distribuir el disco con portada diferente e irresistible precio, sería un auténtico pecado no conocer una de las obras emblemáticas y fáciles de escuchar (y aún así atrevida y en cierta medida experimental, no en vano se trata de 'trabajos de Glass' -'trabajos de cristal', en la doble intención del título-) de este músico de Baltimore.
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