26.7.07

OTTMAR LIEBERT:
"Nouveau flamenco"


Con el triunfo de los Gipsy Kings en EEUU a finales de los 80 nació el fenómeno de la gipsy guitar, más tarde renombrado por la terrible mercadotecnia como 'nuevo flamenco'. Uno de sus máximos representantes (no en vano ese es el título de su primer trabajo, que sirvió para nominar el estilo) es un alemán residente en los Estados Unidos desde 1979, de edad indeterminable y sonrisa encriptada. Su nombre, Ottmar Liebert. Su cruz, ser odiado o al menos ninguneado por los puristas del flamenco (como por su admirado Paco de Lucía) por el apelativo que acompaña a su música. Pero Ottmar, como artista que es, merece un respeto más allá de esa denominación, la música es un mundo en constante evolución y el flamenco también ha conocido y conocerá fusiones, evoluciones e incluso involuciones. Considerado de una forma o de otra, este 'nuevo flamenco' existe, goza de una cierta fama en norteamérica (Liebert copaba sin problemas los primeros puestos de las listas de ventas en Estados Unidos, y su estela la han seguido muchos otros como Jesse Cook, Lara & Reyes, Miguel de la Bastide o el español José Luis Encinas) y ha de ser tenido en cuenta, incluso puede ser admirado en su rítmica y atractiva mezcolanza de flamenco, pop, jazz y músicas del mundo.

Precisamente un ciudadano del mundo es Ottmar Liebert, un alemán nacido en Colonia en 1959, de padre de ascendencia china y madre húngara, que se trasladó a Estados Unidos (a Boston, concretamente) buscando el éxito y que reside desde 1986 en esa ciudad cóctel de culturas (ubicada en Nuevo México, al sur de los Estados Unidos) que es Santa Fe. Su mezcla genética se notaba en su físico y en sus inquietudes ya desde adolescente, cuando viajó por Europa y Asia absorbiendo conceptos y tradiciones. Aunque la guitarra era su instrumento primordial, esa facilidad de asimilación le hizo grabar "Nouveau flamenco" cuando solamente llevaba un año estudiando este difícil estilo, si bien la historia fue algo más compleja: Liebert, que interpretaba su música en bares y restaurantes, entró en contacto con un artista local llamado Frank Howell, un indio que regentaba varias galerías de arte. Con la música de Liebert y los dibujos de Howell, se editaron 1000 copias del álbum "Marita: Shadows and storms", que se vendieron en las galerías de este último y en el mercado indio que se celebra cada agosto en Santa Fe. En un acuerdo con un apretón de manos, Howell le pagaba el estudio y le entregaba el master. De manera parecida a cómo los amigos de Will Ackerman le instaban a que grabase sus composiciones, Ottmar también encontró una cierta insistencia entre la gente que le escuchaba mientras cenaba o tomaba copas en Santa Fe, así que "Marita" fue la respuesta del guitarrista. La casualidad hizo que una emisora de radio californiana emitiera varios cortes del álbum, que llegaron a oídos de la discográfica Higher Octave Music, que con mucho ojo decidió regrabar las canciones y publicar el álbum, si bien con algunos cambios de aspecto: en especial el título, que se ha convertido en una referencia, pero también el orden de los temas -con la eliminación de algunos de ellos- y la mayoría de sus títulos (algunos eran originalmente en español, como "Las cartas perdidas" o "Adios a la noche"). Este cambio daba prioridad a unos ritmos más fáciles de escuchar en los 5 primeros cortes (de entrada ritmo y alegría con los rumberos compases del emblemático "Barcelona nights", otro tema pegadizo dedicado a Berlín -aunque se asome claramente a la bossa nova-, "Heart still / Beating", el claramente fronterizo "3 women walking", un muy movido "2 the night" y el más calmado y sensual "Passing storm"), para de golpe atacar con los dos grandes temas del trabajo de forma continuada, o al menos los más conocidos, radiados e incluídos en recopilaciones, el delicioso y genial "Santa Fe" y "Surrender 2 love" -rotundo corte de inicio de "Marita"- con su comienzo reflexivo y combinación de ritmos y sabores de manera aterciopelada y glamourosa. Le sigue un intento de acercamiento a lo flamenco (en especial en "Road 2 her/Home" -bulerías- y "Flowers of romance"), para concluir de manera reflexiva. "Nouveau flamenco" ha tenido unas ventas espectaculares en casi todo el mundo, alcanzando por ejemplo los dos discos de platino en los Estados Unidos (allí cada platino equivale a un millón de unidades vendidas). De hecho, en el listado de discos latinos más vendidos en Estados Unidos, "Nouveau flamenco" ocupa un puesto privilegiado, en concreto el séptimo, por detrás de trabajos superventas de Selena, Linda Ronstadt, Julio Iglesias o Gloria Estefan, y por delante de todos los demás (Maná, Shakira, Alejandro Fernández, Enrique Iglesias, Ricky Martin, Luis Miguel...). No en vano se define como el álbum de guitarra más vendido de todos los tiempos. A partir de ahí todo fue rodado para este artista, cuya música ha ido evolucionando en la producción y la composición, aportando influencias de todo tipo, incluso clásicas. Desde luego que Liebert no tiene nada que ver con la calidad de Paco de Lucía o Vicente Amigo, pero esa es la diferencia entre el flamenco y el 'nuevo flamenco', este último es de más fácil asimilación, con un componente latino, melódico y popero que lo hace atractivo, bailable y tremendamente rítmico: "Para mí, nouveau flamenco es al flamenco lo que la bossa nova es a la samba. Nouveau flamenco y bossa nova tienen sus raíces en las melodías, mientras que el flamenco y samba las tienen principalmente en el ritmo". William Aura fue el principal impulsor de este proyecto en el que, además de la guitarra flamenca construida para Liebert por Lorenzo Pimentel, se puede saborear una buena percusión de Jeff Sussmann, así como el bajo de Jon Gagan y los teclados de Stefan Liebert, todos ellos miembros del cambiante grupo que a partir de aquí acompañará al guitarrista bajo el nombre de 'Luna Negra'. Definido en el libreto como un nuevo sonido, poesía acústica con elegancia y pasión, de lo que no cabe duda es de la capacidad de enganche que posee. Diez años después de su publicación, y cuando el artista ya había cambiado de compañía, pasando a publicar con Epic Records, salió a la luz "Nouveau flamenco 1990-2000 (Special tenth anniversary edition)", una afortunada remasterización, con un diseño más elegante, en la que el ingeniero Gary Lyons remezcló, sin añadir nada nuevo, la cinta original; se optó además por otra vuelta al pasado al respetar el orden de las canciones existente en "Marita" (aunque con los títulos nuevos), y la inclusión de cuatro que habían sido eliminadas en un principio ("Surrender II", "La memoria", "Sudden shadows" y un gran tema aflamencado de título "Lonely hours") y de dos cortes nuevos, "Morning sky" y "Under blue moon", provenientes de una casete de 1989, no publicada oficialmente, de título "Got 2 Go (When love calls)".

"Barcelona nights" fue la canción elegida como single, con "Passing storm" en la cara B. Idéntica disposición nos encontrábamos en el CDsingle, con "Santa Fe" en el CDmaxi. En ambos se destacaba: "Hay un nuevo sonido espiritual que emana de Santa Fe. Su magia mezcla el corazón y el alma de la guitarra gitana española con un estilo contemporáneo. Es el nouveau flamenco... un sonido creado por Ottmar Liebert". ¿Se aprovechó Liebert de un nombre, de una etiqueta y de la posible ignorancia por parte del gran público del verdadero estilo? Es cierto que adulteraba esa raíz de la que pretende partir, pero ofrecía (y sigue ofreciendo) una música fresca en la que su único delito es la denominación, sin nada más que objetar. El mismo Paco de Lucía, al que referenciaba en este disco, habló escuetamente del tema de esta manera: "Es un niño muy guapo, que hace unas melodías muy simples y sin ningún ritmo. No vale nada y así lo he dicho en Estados Unidos y a él personalmente que me perdonara. No suelo hablar mal de nadie ni quiero hacerle daño, pero estoy luchando por mi música y por mi gente, y aquí hay muchos chavales que pasan su vida metidos en un cuarto estudiando, casi pasando hambre, y que tocan cien mil veces mejor". Posiblemente hay que decirle a esos chavales que luchen por esa pasión como lo hizo Ottmar Liebert, que supo ganarse un nombre y una fama tocando la guitarra.





Etiquetas: , , ,

21.7.07

STEPHEN CAUDEL:
"Wine dark sea"

Tras esa bucólica portada, acechada por un cielo rojizo que no presagiaba nada bueno para el conjunto de factores que hicieron posible el disco, nos encontramos con un trabajo de culto, uno de esos álbumes que lamentablemente están descatalogados, imposibles de conseguir de forma original salvo por la casualidad de la 'segunda mano'. El paisaje de cielo infernal -aún así precioso- es el que le tocó en suerte a Stephen Caudel en una primera serie de diez discos pertenecientes a la serie Landscape (eso mismo, 'paisaje') de la compañía inglesa Coda Records, creada por Nick Austin como respuesta europea a las grandes firmas americanas de la New Age, encabezadas por Windham Hill. Por causas dificilmente evaluables, y a pesar de la indiscutible calidad de algunas de las referencias, entre las que podíamos encontrar nombres ilustres como los de Rick Wakeman o Tom Newman, y otros prometedores como John Themis, Dashiell Rae o Claire Hamill, CODA Records dejó de editar discos en un corto margen de tiempo y Nick Austin centró sus esfuerzos en la televisión por cable, con un canal llamado landscapetv en el que sigue ofreciendo alternativas musicales (clásica, new age, jazz...) pero con acompañamiento visual. Lejos de cualquier reproche, y aunque todo quedara en un intento, hay que agradecer a Austin que pudieran llegar hasta nosotros discos como "Wine dark sea".
Stephen Caudel, un inglés enamorado desde pequeño del rock sinfónico de bandas legendarias como ELP, Yes o Génesis, se preparó a conciencia con estudios musicales avanzados en Leeds para poder emular a sus ídolos, pero a pesar de su interesante comienzo con este disco, su nombre a partir de ahí ha trascendido de manera escasa, pudiendo encontrar muy pocas referencias más en su discografía (otra de ellas, "Bow of Burning Gold", también en CODA Records). Sin embargo "Wine dark sea" tuvo una cierta relevancia en el momento de su publicación -1986-, ya que fue difundido de manera grandilocuente como la nueva panacea del rock sinfónico en su vertiente multiinstrumentista y orquestal. En definitiva, teniendo en cuenta que unas esplendorosas guitarras conducen el conjunto con mano sabia, se nos estaba vendiendo un nuevo "Tubular bells", y aunque nada tenga que ver este buen disco con la magna obra de Mike Oldfield, bien es cierto que el ardid era consecuente no sólo con ese carácter de clasicismo rock sino además con la colaboración de Tom Newman como ingeniero de sonido, amén de la construcción del disco en dos partes de más de veinte minutos cada una.
"Wine dark sea" fue estrenado en Londres, en el London's Victoria Palace, con la Wren Orchestra conducida por Louis Clark (ex de ELO y creador de la fórmula superventas "Hooked on classics"). Esta premiere fue grabada por Capital Radio y difundida dos veces en su 'Friday Night Rock Show', presentado por Alan Freeman. Pero aparte de comparaciones y pomposos estrenos, ¿qué nos ofrecía el disco? Basado en la 'Odisea' de Homero cuenta, en palabras del propio Caudel, la historia de los esfuerzos del hombre para descubrir su propio destino. Unas pocas melodías de calidad sabiamente alternadas y convenientemente aderezadas son la base de las dos largas composiciones de que consta el trabajo, y son las guitarras los instrumentos que acaparan casi todo el protagonismo del mismo, alternando estados alterados con otros más calmados, en una segura metáfora de la condición humana. Con momentos ciertamente espectaculares (y otros, por qué no decirlo, posiblemente prescindibles), "Wine dark sea" me parece un disco bastante incomprendido y de un olvido injusto. Quizás no goce de una producción sobresaliente (a pesar de Tom Newman me parece a mí que fue acabado con algunas prisas), puede que los empalmes entre melodías estén forzados en varias ocasiones (Caudel debería haber pensado en dividir la obra en cuatro o cinco temas) pero es un producto atractivo, que no ha pasado de moda, con guitarreos interesantes y digno, por su calidad, de una reedición.
Lamentablemente, y aunque el libreto del CD ofrezca un interesante catálogo de las diez primeras referencias del sello (es muy difícil encontrar información sobre la siguiente remesa), con un comentario de cada una además de la fotografía del artista en cuestión, la información de que carece totalmente es el siempre interesante listado de los instrumentos utilizados, músicos que intervienen en el mismo y demás detalles de la grabación, encontrándonos, eso sí, con una página de presentación de Nick Austin hablando de la historia de la New Age y las excelencias de la serie Landscape. "Wine dark sea" no es "Tubular bells" y Stephen Caudel no ha vuelto a demostrar una valía que se le presuponía en los 80 (probablemente, tras el cierre de Coda, no tuviera mayores oportunidades en este difícil mundillo), pero al menos nos queda ahí esta odisea homérica, aunque sea tan difícil de encontrar como fácil de escuchar.

Etiquetas: , ,

14.7.07

ISAO TOMITA:
"Snowflakes are dancing"

Durante gran parte del siglo XX la electrónica que ahora es tan común fue una moderna y rudimentaria tendencia de músicos contemporáneos como Varese o Stockhausen. En 1964 Robert Moog popularizó el sintetizador y se empezaron a abrir poco a poco las puertas de su uso en la música popular. Pero antes, y casi vistos como monstruos de feria por los puristas, llegaron unos experimentos que convertían la clásica al sintetizador. El pionero fue Walter Carlos (posteriormente Wendy, con lo que a pesar del cambio de sexo mantuvo las siglas) en 1968 con "Switched on Bach", que también versionearía a Beethoven en 1971 en "La naranja mecánica", y en 1974 llegó este álbum de un japonés nacido en Tokio en 1932 llamado Isao Tomita, un álbum que en su versión española llevó por título "El nuevo sonido de Debussy" y por subtítulo: 'en versión electrónica del famoso intérprete del Moogsintetizador Tomita'.
Para Pierre Boulez Debussy es el verdadero precursor de la música contemporánea por su ruptura con la formas clásicas de su época y su descubrimiento de un lenguaje musical libre y nuevo. Por esta razón podría prestarse mejor que Bach o Beethoven a su reinterpretación por cauces modernos. Tomita había cambiado su concepción del sintetizador tras escuchar a Walter Carlos, literalmente se había impresionado con las posibilidades del instrumento, así que tras varios años de experimentación publicó con RCA en 1974 "Snowflakes are dancing". En esos años de grandes armatostes electrónicos, cuando Kraftwerk, Tangerine Dream o Emerson, Lake & Palmer ya funcionaban electrónicamente, la sensibilidad de la combinación entre el Moog y Debussy consiguió deslumbrar a unos y enervar a otros, pero ante todo constituyó un gran éxito de ventas, en parte por la inclusión de "Arabesco número 1" en importantes documentales astronómicos. En España dicho título también se hizo popular, al incluirlo como cabecera del programa "El planeta imaginario".
"Snowflakes are dancing" es como un vestigio de otra época pero que sobrevive bien al paso del tiempo, a lo que contribuye que la remasterización publicada en 2000 en la colección High Performance de la propia compañía RCA Red Seal / BMG Classics ha sido excepcional. Si a eso unimos la calidad de las composiciones originales de Claude Debussy estamos ante una combinación casi mágica, un sonido sinfónico un tanto enlatado, infantiloide, pero generoso en contundencia y fuerza expresiva, y ante todo original. Aunque es difícil superar la frialdad de los sintetizadores para interpretar una música tan cálida, el contraste es superado fácilmente por una mente abierta a la experimentación y la búsqueda de nuevas formas de expresión, aunque los instrumentos clásicos, por supuesto, sigan siendo los más adecuados (no en vano se compusieron expresamente para ellos) para estos temas. En su auténtico arsenal de teclados Moog, Tomita encontró un sonido característico, agradable, alegre, con el que rendir homenaje a Debussy. En una especie de anticipo de esos discos de versiones sintetizadas que se pusieron de moda en los 90, Isao utiliza de grata manera esa refrescante infantilidad antes comentada, sólo hay que escuchar las canciones más conocidas del álbum ("Snowflakes Are Dancing" y "Arabesque No. 1", a las que hay que unir "Gardens In The Rain" y "Passepied") para darse cuenta que esos momentos burbujeantes superan en popularidad a otros grandes temas de mayor seriedad e intento de acercamiento al auténtico clásico ("Reverie", "Clair De Lune", "Footprints In The Snow" o el conocido "Prelude To The Afternoon Of A Faun") encontrando al final el complemento entre todos por su idéntico origen y parecido tratamiento, esa diferenciación tan particular y realmente interesante, ya que las versiones orquestales siempre van a estar ahí para el que las quiera disfrutar. Tomita ofrece aquí algo nuevo, que ahora vemos de otra manera a como se veía en los setenta (muchos lo verán como un recuerdo obsoleto) pero que puede seguir siendo válido.
La escucha de este disco no deja de traslucir una curiosa sensación de irrealidad, esa misma atmósfera retro que emanan algunas películas de ciencia ficción de la época, esas que no supieron ver más allá. Podemos considerar sin embargo a Tomita como un visionario, un adelantado a su tiempo, aunque sea precisamente el avance tecnológico el que le haya acabado fagocitando sin piedad en favor de otras tendencias más modernas. Al escuchar "Snowflakes are dancing" debemos remontarnos a aquella época pretérita y disfrutar de esa caducidad de los primeros sintetizadores, así redescubriremos una obra interesante y, en cierta medida, influyente.

Etiquetas: , ,

5.7.07

JAN GARBAREK &
THE HILLIARD ENSEMBLE:
"Officium"

Crítica y público se han rendido en todo momento ante las cualidades del saxofonista noruego Jan Garbarek. Su estilo propio, de amplio espectro cultural (donde predominan sus raíces escandinavas), responde a la belleza de lo natural hasta alcanzar la pura magia en sus grabaciones. En 1992 declaraba su curiosidad por la electrónica aplicada a su música, pero sin embargo en 1994 realizaba una de las fusiones más extrañas con su música, en claro contraste con aquellas declaraciones. La otra parte de la colaboración era la Hilliard Ensemble, un cuarteto vocal británico dedicado a la interpretación de música antigua. Su especialidad, la música de las épocas medieval y renacentista, aunque también haya interpretado música contemporánea, de Arvo Pärt, John Cage, Gavin Bryars o Heinz Holliger, entre otros. A la lista se uniría ahora la curiosidad del nombre de Jan Garbarek.
El canto gregoriano estaba absolutamente de moda en aquella época, sólo hay que recordar la grabación del coro de monjes de Santo Domingo de Silos que alcanzó los primeros puestos de las listas de ventas en España y otros países, como por ejemplo los Estados Unidos. Tamaña sorpresa pudo ser el acicate de una nueva gama de expresiones musicales utilizando como lenguaje vocal el latín, tanto en el campo del jazz, como el folk o la más pura new age, uniéndose a los que siempre habían estado allí, los intérpretes de música antigua. Esta grabación se situa en un territorio inexplorado entre ellas, y su mentor fue el conocido productor de ECM Manfred Eicher, el cual decidió superar ciertos prejuicios -por los cuales la descontextualización podría resultar desde malsonante hasta simplemente abominable- y desmarcarse en esta propuesta novedosa y ante todo atrevida y criticable por los puristas. Eicher propuso la unión y los músicos escogieron el repertorio, polifonía religiosa medieval donde destacaba profundamente "Parce mihi domine", del principal representante de la escuela polifonista andaluza, Cristóbal de Morales -que suena tres veces en el disco, destacando sobre interesantes anónimos checos, húngaros, ingleses y gregorianos-, la canción cuya difusión enganchó a miles de oyentes que no se hubieran interesado simplemente por la polifonía de la Hilliard o por el saxo de Garbarek, sino que fue su atractiva y novedosa reunión la que consiguió esa reacción anímica que Manfred Eicher buscaba, un placer auditivo que más allá de conseguir el conocimiento y admiración hacia los artistas, provoca además una maravillosa sensación de relax, una asombrosa reacción placentera del cuerpo y la mente.
Grabado en el monasterio austriaco de San Gerold en septiembre del 93 con la formación de la Hilliard de David James (contratenor), Rogers Covey-Crump (tenor), Steven Harrold (tenor) y John Potter (barítono), ECM publicó el álbum en 1994, alcanzando enseguida importantes puestos en las listas de ventas y popularidad. En un contexto en el que nadie destacaba sobre nadie sino que las dos diferentes formas musicales se funden en una, lo conseguido fue doble, superar por parte de la Hilliard Ensemble el aislamiento de la vanguardia y consolidar la seriedad del saxo de Garbarek, en estos tiempos en que parecía que se intentaban reescribir ciertas historias, a veces con acierto y otras no tanto. Esta lo fue, y su calidad y uniformidad la hace merecedora de este recuerdo. El mío, además, incluye la imponente iglesia del Monasterio de Veruela, con dos miembros de la Hilliard Ensemble cantando mientras se desplazaban por el pasillo de la derecha, los otros dos por el de la izquierda, y Garbarek deleitándose en el ábside, en una impresionante reafirmación de las características envolventes de la conjunción entre voces y atmósfera religiosa, una experiencia que pudo vivirse en numerosas iglesias tanto durante la gira de "Officium" como la de "Mnemosyne", la segunda colaboración cinco años después de la primera, entre estos dos estilos musicales, esa exitosa fusión entre polifonía vocal y saxofón, tan extraña en su concepto como enriquecedora en su escucha
.

Etiquetas: , , , , , ,

1.7.07

DAVID LANZ:
"Nightfall"


David Lanz asegura que sintió miedo la primera vez que ojeó una revista en la que aparecía un disco suyo como número 1. Este hecho sucedió cuando Billboard -la más importante revista estadounidense de rankings musicales-, tras darse cuenta de que existía un movimiento musical fuera de lo común que generaba unas inmensas ventas, decidió dedicarle por primera vez un apartado exclusivo. La creciente fama y aceptación popular del fenómeno new age elevó a David Lanz a la categoría de superventas, y en su pequeña lucha con Windham Hill, Narada Productions se apuntó el primer tanto con este pianista albino nacido en Seattle en 1950 y un álbum titulado "Cristofori's dream". Sin embargo, ese era el tercero de los discos de solo piano que Lanz editó con Narada, tras "Heartsounds" en 1983, que sirvió de aprendizaje y toma de contacto con ese mundillo (fue la segunda referencia de Narada tras "Pianoscapes" del también pianista Michael Jones, evidenciando que dicho sello apostaba también por importantes instrumentistas) y "Nightfall" en 1984.

Lanz, que provenía del mundo del rock, pop y jazz (en los cuales incluso cantaba), llegó por casualidad a la new age, por mediación de un amigo que le pidió que compusiera una música muy espiritual para un seminario en el que se hablaba de los chakras, centros de energía del cuerpo humano. Esas melodías tuvieron tan espectacular acogida que Lanz las utilizó como base de su primer disco de solos de piano, "Heartsounds", en el cual adivinó un mundo de posibilidades para su exclusiva música, por lo que se implicó al 100% desarrollando su propio estilo como solista. El cambio entre "Heartsounds" y su siguiente trabajo, "Nightfall" se evidencia en la profundidad de las piezas, mejor estructuradas y más sentidas y expresivas. En efecto, un aura de romanticismo y delicadeza envuelve el trabajo, haciendo del piano un vehículo de cálidos sentimientos, pero además cualitativamente inmensos, ya que cualquiera de las seis composiciones que pueblan el álbum son destacables, constituyendo algunos de sus grandes clásicos, desde el esplendoroso comienzo que supone "Leaves on the Seine" -sin duda una de las mejores composiciones de Lanz en toda su carrera- hasta el final en "Song for Monet", ambas piezas de evidente inspiración parisina. El piano suena distinto con David Lanz, incluso George Winston, su mayor 'competidor' de la época (y de compañía rival, de hecho), genera otro tipo de sensaciones, sin llegar a destacar especialmente a ninguno de los dos sobre el otro. "Nightfall", la composición que da título al disco, es también de las más admiradas del mismo, es difícil no quedarse completamente encandilado durante siete mágicos minutos con su lenta cadencia, algo parecido a lo que sucede con "Courage of the wind". En una línea algo más movida nos encontramos con "Water from the moon" y "Faces of the forest", de hecho esta última podemos escucharla con otro tratamiento en el posterior trabajo de Lanz y el guitarrista y productor Paul speer, "Natural states", otro de los grandes clásicos de la new age.

En su estilo pausado y romántico, Lanz propone un largo viaje con la única compañía del piano, donde descubrir un mundo de sentimientos latentes. Discos como "Nightfall" proporcionan todo lo que cualquier oyente con buen gusto desea, inspiración en la composición y calidad en la interpretación, por lo que la música de este pianista estadounidense no sólo es altamente aconsejable sino de escucha obligatoria para cualquier seguidor de las Nuevas Músicas.



OTRAS CRÍTICAS RELACIONADAS:

Etiquetas: , , ,